sábado, 28 de agosto de 2021

Hay que movilizar el descontento


Defensores en Línea

En estos días que corren, el horizonte es reducido a la mascarada de un bicentenario colonizador, a una eliminatoria futbolera hacia el reino petrolero de Qatar y a una fanfarria electorera de noviembre. Todo transcurre en un país destartalado por la narcodictadura democrática amamantada por Bruselas, Washington y Ottawa. Un país empobrecido. Violentado. Alquilado y vendido por una generación de pisteros canallas sin identidad nacional.

En este horizonte, sin embargo, han surgido muchas voces potentes desde latitudes diversas, son gritos de posicionamiento claro en defensa de la soberanía nacional; son mensajes directos contra las zonas de empleo y desarrollo del crimen organizado internacional, zedes.

Como ya hemos hecho referencia en programas anteriores, centenares de organizaciones sociales, religiosas, políticas e inclusive empresariales, han rechazado a nivel individual la venta del territorio hondureño basados según Oliva en una ley de Hernández pasada en 2013 al estilo “matacaballo”.

También en sesiones de cabildo abierto muchos de los 298 municipios han levantado actas legalmente firmadas contra las zedes, y la población ha ratificado esas decisiones autónomas haciendo honor a las formas del poder local.

En consecuencia, la Convergencia contra el Continuismo puso el tema sobre la mesa en su última asamblea general realizada esta semana en Tegucigalpa y tomó decisiones. Más de 35 organizaciones territoriales representadas acordaron despedir agosto y saludar septiembre con acciones de rechazo colectivo a la venta de la Patria.

El tiempo de análisis de ese modelo antipatriota y criminal ya pasó, y el momento de escribir los comunicados y pronunciamientos anti-zedes también ya pasó. Es el momento de pasar a la acción colectiva. El pueblo debe continuar avanzando hacia una acción organizada que deje claro a todo inversionista pirata que Honduras se respeta.

Todas las personas y todas las instituciones públicas y privadas que justifiquen el separatismo de Honduras, la construcción de guetos, zonas exclusivas delimitadas por murallas y ejércitos mercenarios, deben saber que esos límites serán destruidos por los ancestros de Lempira, Barauda, Morazán, Sicumba y Satuyé. Tarde o temprano.

La Convergencia contra el Continuismo ha definido que todas las acciones colectivas a partir de este momento giran alrededor de la dignidad, la identidad, la soberanía, la libertad, la vida y los derechos humanos. Todos esos derechos están contenidos en los escombros de la Constitución de 1982 y en la Declaración Universal.

Sin pretensiones de ser porta-estandarte de la lucha social hondureña ni mucho menos un distractor del jolgorio electoral que ocupa el tiempo completo de los partidos, la Convergencia considera que es el tiempo de jerarquizar las prioridades nacionales. Ni selecciones de fútbol ni elecciones controladas por el Big Brother ni mucho menos esas mascaradas independentistas del 15 están por encima de la defensa inmediata de la Patria.

La presencia organizada del pueblo hondureño a partir del 30 de agosto próximo será importante. Ese día no será una actividad, serán muchas actividades. No será una movilización, serán muchas movilizaciones. Y la Convergencia aspira que todo este nivel de conciencia política contra el giro que ha tomado el crimen organizado se traduzca en resistencia activa. En lucha permanente.

El 30 de agosto es el Día Nacional del Detenido Desaparecido, razones por las cuales el comité de víctimas de ese delito de lesa humanidad estará presente en las movilizaciones de la Convergencia contra el Continuismo.

El continuismo de los golpistas en el poder ha significado un retroceso sin precedentes en la vida del país en todos los órdenes, particularmente en materia de derechos humanos.

El reposicionamiento de los militares leales al Pentágono gringo, cuidadores del tráfico de drogas desde Colombia hasta el territorio estadounidense, y tolerantes de otras formas de crimen organizado, ha sometido a Honduras a una economía de guerra dirigida por clanes y carteles, al estilo de las más antiguas mafias delincuenciales.

Ese regreso de los militares al lado de los dictadores del partido nacional y liberal ha significado nuevas desapariciones forzadas, documentadas por diferentes organizaciones del mundo y por las propias Naciones Unidas. Es una marca que viaja en el tiempo con los mismos autores, enemigos del pueblo, traidores de su Patria.

Este golpismo cívico-militar ha servido, además, para darle carta blanca a las empresas mineras depredadoras de la vida, a los monocultivadores que destruyen las tierras fértiles, a los represadores de los ríos y a los invasores fotovoltaicos de los territorios indígenas.

Es un modelo adoptado por Oliva, Hernández, Facussé y otros caciques vendepatrias avalados por la embajada de Estados Unidos, que utilizan sus servicios como operadores de intereses hegemónicos en nuestro territorio, y ahora como agentes inmobiliarios de islas y porciones territoriales de Honduras, auténticos traidores de la tierra de sus madres.

Entonces, en hora buena la Convergencia está llamando a ejercer en racimo el derecho a la libre expresión a partir del próximo 30 de agosto, y a dejar constancia una vez más que los pueblos siempre existirán y siempre vencerán. En cambio, los dictadores, los delincuentes y los violadores siempre serán registrados como tales. Pertenecen al basurero de la historia.

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