viernes, 30 de julio de 2021

Represión armada contra el virus


Defensores en Línea

El régimen ilegal e ilegítimo del clan Hernández en Honduras es el peor ejemplo continental de administración de una pandemia. Está probado.

Desde el instante que la Organización Mundial de la Salud puso el Coronavirus en condición letal en marzo 2020, la dictadura militar entregó la gerencia de esta amenaza a las fuerzas armadas.

La más elemental de las racionalidades indicaría que los científicos, la Universidad Nacional y el Colegio Médico, serían los gerentes de la emergencia sanitaria. Pero no fue así, usaron los galil para reprimir el virus.

Bueno, en realidad, las milicias cristianoides y anticomunistas dirigidas por el pastor Livio Moreno concentraron sus tácticas y estrategias contra las personas y no contra el diminuto enemigo cabeza caliente…

En el transcurso de 2020, los chafarotes y los chepos dirigidos por la narcodictadura reprimieron más de 70 manifestaciones de barrios y colonias que reclamaban acceso a la salud, agua y alimentos en distintas partes del territorio. El confinamiento con hambre ha sido imposible.

La suspensión de derechos individuales y colectivos durante continuos reprises de día y de noche no incidió en la propagación del virus, que siguió multiplicándose. Actualmente Honduras se acerca al medio millón de contagios y a la decena de miles de fallecidos. Sin embargo, la dictadura chafista insiste en los mismos métodos erráticos.

En medio de los picos elevados de propagación han sido abiertos supermercados, hoteles, restaurantes y playas, provocando un colapso de los hospitales y de las carpas móviles. Los sabios armados invitan al turismo interno y a la inversión externa, a la reactivación económica, y luego vienen los cadáveres. No escuchan la ciencia. Esto ha ocurrido repetidamente en varias ocasiones durante la pandemia.

El mensaje es claro: nos importan menos las personas muertas y las personas vivas en riesgo si la economía está en peligro.

La ciudadanía, en cambio, piensa que sería el tiempo de usar todos los capitales confiscados a los narcos corruptos para ponerlos precisamente al servicio de la colectividad, para evitar exponerse al riesgo durante el rebusque. Evitar el endeudamiento y fortalecer la economía local. Pero esos bienes son del cartel. Haciendas, residenciales, hatos, buques, aviones, condominios, playas, complejos turísticos, zoológicos, etcétera.

Entonces, llegada la segunda mitad del 2021, sin vacunas siquiera para inmunizar completamente el personal médico de primera línea, el régimen se relajó. Y el virus avanzó.

El gobierno de El Salvador tuvo que acudir en auxilio de varias municipalidades hondureñas desesperadas por la inacción de la dictadura Hernández, que priorizó chafas, activistas, voces mercenarias y la cúpula corrupta con doble dosis de vacunación.

Pero eso no sirve de nada si más del 85% de la población sigue sin protección inmunológica, y ahora que la variante Delta muerde duramente en todo el territorio nacional, la historia se repite.

La imposición del toque de queda de 10 de la noche a 5 de la mañana regresa el protagonismo a las fuerzas represivas del régimen. Quincena tras quincena, el anuncio de la secretaría de inseguridad se repite. El toque se prolonga, las calles nos pertenecen, nosotros somos sus amos, obedezcan reclutas.

El control abusivo de la población se escalona en un buen momento para evitar la creciente movilización ciudadana contra el arribo de los filibusteros atraídos por los vende patria que celebran el bicentenario de la República ofreciéndola en pedazos. En Zedes.

Los toques de queda, que son una fascinación particular para los chafas y chepos represivos que encuentran en la humillación de las personas su razón de existir, están siendo renovados también en la víspera electoral.

Todo tiene una dinámica perversa justificada con un discurso de apariencia lógica: proteger la salud pública. La medida opresiva se impone para evitar las reuniones virales durante las noches, pero sirve para la desmovilización colectiva de cara a los eventos por venir.

Todos tenemos curiosidad de ver el cinismo de los canallas celebrando el 15 de septiembre de 2021 los 200 años de la Patria vendida, con la complicidad de los gringos que han dividido Centroamérica en dos triángulos. Ese día dirán discursos patriotas en el Estadio, mientras negocian pedazos de Patria. Canallas, malinches.

La curiosidad colectiva aumenta también respecto a la decisión del Pentágono, la DEA y la CIA en noviembre próximo. ¿Van a permitir elecciones libres?, van a conducir a JOH hacia una corte federal o van a prolongar su permanencia directa o indirecta en la gestión de los asuntos gringos en Honduras?

Las respuestas a esas preguntas lamentablemente definen una soberanía territorial, jurídica y política en ruinas, a tal punto que el vocero de la Conferencia de Obispos de Honduras el cura Juan Ángel López en vez de preguntarle a Dios qué desgracia sigue en el país, decide preguntarnos a nosotras. Y se ríe.

Podríamos repr​eguntarle a Juan Ángel por qué ni siquiera su poderoso dios le contesta su línea directa, pero esa sería una discusión estéril. Aquí lo importante es entender el panorama completo, porque un día alguien va a cambiarlo, no importa cuándo ni a qué precio. El país no puede seguir endeudándose, porque no puede pagar, y no puede ser vendido porque no está en venta. Y la humillación tiene límites.

Esto es lo que queríamos decir esta noche. Es importante que sepan que lo sabemos. Los días de agitación van a llegar con el embajador gringo o sin él, con la dictadura o sin ella, con toques o con te quedas. La paciencia al golpismo se agota. No más burlas contra el pueblo de Lempira y Morazán.


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