miércoles, 15 de mayo de 2019

Un libro para entender la ira de la clase trabajadora



Por Pere Rusiñol

Portada de Safari en la pobreza, de Darren McGarvey

- Un rapero escocés ayuda a entender mejor que algunos sesudos tratados el malestar que conduce a los populismos reaccionarios

- Se trata de un trabajo muy valiente y alejado de dogmas, tópicos y de actitudes victimistas

- El autor no se limita a repartir culpas ajenas, sino que hace un ejercicio de introspección que le lleva a subrayar la responsabilidad individual para cambiar su propia vida, incluso si "el sistema" no ayuda

Darren McGarvey es un rapero escocés de 34 años que ha escrito Safari en la pobreza (Capitan Swing), un libro notable para entender al menos un poco la ira de sectores de clase trabajadora, que en ocasiones puede canalizarse a través de decisiones potencialmente tan perjudiciales para sus propios intereses como respaldar el brexit, a Trump o quién sabe si incluso a Vox.

McGarvey, conocido artísticamente como Loki, se crió en un entorno desestructurado, con la presencia cotidiana de violencia, alcohol, drogas, sentimiento de fracaso (personal y comunitario) y falta de expectativas. Su relato, construido a partir de su propia experiencia, tiene como eje la pobreza y un cierto resentimiento de clase (sobre todos hacia las clases medias) al sentir que sus problemas cotidianos no están nunca en el debate nacional, salvo cuando se salen de madre y entonces se organizan "safaris a la pobreza": unos pocos días de desembarco de personalidades en el barrio que llegan, simulan hacer algo y se van, a menudo, además, tras estigmatizar aún más al barrio.

A McGarvey le irrita especialmente que incluso en los grandes planes públicos asistenciales o de supuesta lucha contra la pobreza raramente se tiene en cuenta las opiniones de los afectados, lo que incrementa la sensación de impotencia. Lo mismo le sucede con activistas paracaidistas o supuestos revolucionarios llegados a salvarles: los pobres solo son un medio para conseguir sus fines. Al final, sostiene: "La gente acaba excluida de un debate sobre sus propias vidas", lo que incrementa la ira y la rabia.

Se trata de un trabajo muy valiente y alejado de dogmas, tópicos y de actitudes victimistas: el autor no se limita a repartir culpas ajenas, sino que continuamente hace un ejercicio de introspección que le lleva a subrayar la responsabilidad individual para cambiar su propia vida (y con ello, el mundo) incluso si "el sistema" no ayuda. La autocrítica se extiende a la izquierda política, su tradición, no solo por las actitudes paternalistas de algunos dirigentes, sino también por la autocomplacencia moral de sentirse superior y la soberbia, que aniquila el sentimiento crítico: "En una civilización global asediada por el tribalismo político y religioso, preguntarnos de vez en cuando si estamos equivocados se convierte en un acto político radical, escribe el autor, en la estela de la máxima gramsciana de que "la verdad es revolucionaria", tan citada y tan poco seguida.

Es un libro imprescindible si se quiere abordar en serio el auge de los nuevos populismos reaccionarios y no solo de boquilla para recoger unos votos extras con consignas "antifascistas".

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