martes, 24 de octubre de 2017

Una figura andante nos saluda en estos días y en los tiempos futuros

Rebelión

Por Wilkie Delgado Correa

Con su muerte, después de tejer un protagonismo histórico impulsado por su sueño justiciero y libertario, Ernesto Guevara se convirtió para generaciones en el Guerrillero Heroico tanto en Cuba como el resto del mundo, aunque su figura integral y su vida son demasiado grandes para reducirlas a los pasajes guerrilleros de su trayectoria. En esta figura integral se agrupa, por supuesto, sus gestas guerrilleras, y también el leal e íntimo compañero de Fidel en todas las batallas, el revolucionario teórico y práctico, el político estadista, el transformador social, el ideólogo ético y filosófico, el escritor depurado de urgencias periodísticas y de obras con proyecciones sociales vaticinadoras, el orador profundo, el constructor material, cultural y espiritual como cuadro político, el lector tenaz de las más variadas y complejas materias, el educador de las masas sociales, el ser social consecuente, el ser familiar en su íntima urdimbre y el ser humano sensible.
En el cincuenta aniversario de su caída en tierras bolivianas será recordado en forma especial en Cuba, en Bolivia y en muchas partes. Después de su caída, salvado de una derrota coyuntural en la historia revolucionaria, su rostro y su ejemplo se convirtieron tempranamente en un estandarte que le ha permitido ser durante estos años un personaje coetáneo que nos ha acompañado en nuestras luchas victoriosas y también en nuestros supuestos fracasos en procura de los mejores ideales para la humanidad.

Y es que los aniversarios de la caída en combate del Che en Bolivia siempre provocan que las ideas fluyan desde un surtidor inagotable. Sentimientos y pensamientos se entrelazan para tratar de mantenerlo vivo no sólo en el recuerdo, sino también en la vida diaria y en la acción revolucionaria. Su filosofía de la lucha en pos de un futuro mejor para los pueblos, nos atrapa con sus hilos de amor por los explotados de siempre. Su vida y su muerte parecen convocarnos ante la consecuencia y la generosidad de sus actos.

Después de su captura en combate el 8 de octubre de 1967 y de su asesinato un día después, sus enemigos pretendieron, además de quitarle su vida, desaparecerlo por medio del secreto criminal sobre su enterramiento. Temían el recuerdo del ejemplo de su vida acrisolada y de su muerte gloriosa.

¡Cuanta bajeza moral, cobardía e ignominia anidaban en el alma esos personajes contra los cuales luchaba la guerrilla liderada por el Che! En esos personajes estaba presente todo el odio y la ruindad que siembra el sistema capitalista para luego descargarlos contra los revolucionarios.

¡Debieron transcurrir treinta años para encontrarlo allí donde sus asesinos pretendían mantener sus restos en una tumba escondida e ignorada, colectiva, en tierra de Bolivia!

Los años transcurridos han servido como un filtro depurador de las ideas y realidades contrapuestas. La imagen del Che, a partir de su muerte, ha recorrido el mundo con el resplandor del sacrificio, el heroísmo, el ejemplo y el idealismo.

Así que hoy el caído en una humilde escuelita de la Higueras, el supuesto vencido y el supuesto aventurero, se alza en toda su enorme estatura para acompañar el proceso revolucionario en Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, en Latinoamérica y el Caribe, y en el mundo.

Pero también hoy como ayer, existen alimañas en el mundo que no se cansan de denostar lo que merece honor. Desde sus escondrijos a ras de tierras, escasos de ideas y gestos de valor, siguen su solapada o pública manifestación de encono y de odio contra el Che Guevara y la trascendencia de su legado para el presente y el futuro de la humanidad.

Ante una crítica gratuita e injusta aparecida en un diario extranjero, calificándole de figura patética al parecer irresponsable, Che reaccionó con la fuerza de su temperamento y, pensando tal vez fundamentalmente en “sus sueños de constructor” de una sociedad nueva, expresó en su Diario, justo un mes antes de su muerte, su aspiración de triunfo “nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y restregarles en el hocico sus cochinadas”.

Pienso que Che durante su corta vida desenmascaró más de una vez a cobardes y lacayos de toda ralea, pero le faltó, desgraciadamente, más vida para continuar quitando máscara de personajes de todos los ropajes.

Pero, sin embargo, al mismo tiempo, después de su heroica muerte hace cincuenta años, con su vida, su obra y su ejemplo, ha continuado reflejando su desprecio por los cobardes y lacayos de todas las banderas.

Más allá de la realidad de su muerte y de la derrota de la guerrilla, y todas las circunstancias que estuvieron presentes en estos acontecimientos, la figura del Che se levantó como gigante ante los ojos del mundo, y su presencia aún nos acompaña en los más variados escenarios, dondequiera que se alzan voces por libertad, justicia, reivindicaciones, en fin, por ansias de liberación. Su imagen y sus ideas son paradigmas del presente y seguramente lo serán del futuro, por los ideales y valores que ellas encierran y representan para conformar la esencia del hombre del siglo XXI.

A partir de la siembra de su sangre en aquellos impactantes y dolorosos días del 8 y 9 de octubre de 1967, pronto empezó la cosecha con acontecimientos revolucionarios que parecieron surgir como una reivindicación y un homenaje. Che ha continuado viviendo en el seno de los pueblos esa vida sublime de los héroes, de esos paradigmas redivivos en la conciencia y acción de sucesivas generaciones que otean el futuro con sus ojos y su luz.

Che, como el poeta Hitmet, expresó que no consideraría su muerte como una frustración, sino que solo se llevaría a la tumba la pesadumbre de un canto inconcluso. Pero los pueblos, allí en su Bolivia guerrillera y en otros países, muchos años después, al conjuro de los múltiples actos de homenaje, han culminado y entonado el canto de victoria que él soñaba como constructor y libertador contemporáneo.

Hoy y siempre una figura andante monta a horcajadas en un nuevo Rocinante. Y no siempre ha de ser un caballero de la triste figura. Por eso estemos conscientes de que una figura andante llamada Che Guevara nos saluda, estimados lectores, en estos días y en los tiempos futuros.

No hay comentarios: