viernes, 27 de octubre de 2017

Al gobierno le molesta escuchar las verdades



Por Riccy Ponce

Albertina García, una de las seis hondureñas nominadas al premio nobel de la paz en el 2005, por ser una digna representante del sector micro empresarial y  de los pueblos indígenas, calificó como excelente,  la realización de la mesa de paz en Honduras, ya que su principal objetivo es anunciar y denunciar.
“Cada mujer juega una papel importante, en su caso en la defensa de los derechos del pueblo indígena, las niñas que se empoderen de sus derechos, y el apoyo en la economía cooperativa indígena”, expresó Albertina.

También añadió que ha sido marginada por decir la verdad porque “cuando uno va a  mesas públicas, a debates, uno está siempre diciendo las verdades  de las  deficiencias del gobierno y de sus alas acciones”.

En el foro “Sin mujeres no hay paz”, García menciono que “como dicen sin mujeres no puede haber paz, porque somos las dadoras de vida, las formadoras de nuestros hijos  y somos las que estamos cerca de ellas, quienes  las formamos y tenemos que  seguir luchando en base a ellas,  para que muchos jóvenes  ya no se nos pierdan y sigamos  fortaleciendo a las familias en Honduras, porque nosotras somos las  principales embanderadas de llevar la paz, desde nuestros hogares  hasta el país entero.

Albertina agregó “también hemos  visto con mucha tristeza  como el porcentaje va disminuyendo, en el 2015 hablábamos de un 30 por ciento de la población indígena aproximadamente, en estadísticas más recientes estamos hablando de un 20 por ciento”.

Asimismo sostuvo que nos  venimos a la  ciudad, ya estudiamos un poco y nos quitamos la identidad del pueblo al que pertenecemos, ya queremos tener una forma de vida diferente  y nos da pena hablar de nuestras costumbres, de nuestras tradiciones, de ese legado tan rico que nos han dejado nuestros ancestros.

Albertina García era una  niña con unas ganas enormes de estudiar, hija de campesinos  pobres. Nació en 1962 en un caserío, en Márcala departamento de La Paz donde  solo había escuela primaria, gracias a su esfuerzo, pudo terminar el bachillerato y logró también cursar unas clases en la universidad; los logros de García  eran excepcionales, pero las limitaciones económicas la detuvieron.

Cuando Albertina regresó a su tierra, la vio desposeída, pero ella no se quedó de brazos cruzados y echó su inteligencia a andar y es así como creó un centro de capacitación, una red de apoyo  a mujeres maltratadas y gestionó ayuda a la microempresa e impulsó la cultura lenca.

Junto con Albertina García, fueron nominadas también las hondureñas María Esther Ruíz Ortega, Reina Isabel Cálix Argueta, Itsmania Pineda, Betha Oliva e Irma Leticia Silva Rodríguez de Oyuela (QEPD).

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