jueves, 20 de julio de 2017

Medios, mentiras y mediaciones

Rebelión

Por Enric Llopis

Sólo dos corporaciones, Google y Facebook, concentraron el 20% de la inversión publicitaria global en los medios durante 2016, según el Top 30 publicado anualmente por Zenith. El porcentaje en 2012 se situaba en el 12%. Así, Google captó el pasado año 79.400 millones de dólares en ingresos publicitarios, mientras Facebook obtuvo cerca de 27.000 millones. Si a los dos gigantes se les suman las digitales Zenith, Baidu, Microsoft, Yahoo, Verizon y Twitter representan el 73% de la inversión publicitaria en Internet y el 24% de la inversión publicitaria global en los medios. Se trata de considerar estas cifras, para que el análisis sobre los medios se fije en la luna en lugar de en el dedo, advierte el periodista Joaquín Ferrandis. La red social twitter aumentó los ingresos por la vía publicitaria un 734% entre 2012 y 2016. Tal vez hoy la situación haya empeorado respecto a 1980, cuando la UNESCO publicó el Informe MacBride (“Un solo mundo, voces múltiples”), añade Ferrandis. En las conclusiones se afirmaba que los desequilibrios en los sistemas nacionales de comunicación son tan “perturbadores” e “inaceptables” como las desigualdades sociales, económicas, culturales y tecnológicas en el ámbito nacional e internacional.

“Tal vez estemos peor educados”, sostiene este periodista de larga experiencia en el periódico El País, expresidente de la Unió de Periodistes Valencians y hoy Freelance en Radio Valencia (Cadena Ser), eldiario.es y Valencia Plaza. Afirma que antiguamente cuando el linotipista podía cortar la noticia, en el primer párrafo había que responder a las cinco W clásicas del periodismo (qué, quién, dónde, cómo y por qué). “Hoy se ha dejado de responder muchas veces al porqué”. Dice que los medios entran en modo bucle y reiteran lo que otros han publicado antes, con el fin de que nadie se quede atrás. “Nos hemos vuelto menos exigentes, me da un poco de grima pero en términos de audiencia les funciona”.

Actualmente asesor de la revista El Jueves, escritor, periodista y uno de los fundadores del periódico Rebelion.org, Pascual Serrano afirma que lejos de su teórica función mediadora, son los medios de comunicación los que impiden en muchos casos saber lo que piensa un político o un gobernante. En un debate sobre la relación entre poder ciudadano y poder mediático organizado por la Diputación de Valencia y la Unió de Periodistes Valencians, el autor de “Medios democráticos” y “Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo” recuerda que en diciembre de 2008 El País difundió documentación secreta que probaba el visto bueno del gobierno de Aznar a lo que constituía un escándalo: la CIA había utilizado aeropuertos y el espacio aéreo del estado español durante los vuelos clandestinos a Guantánamo. Ante las explicaciones en el Congreso del Ministro de Asuntos Exteriores, el socialista Miguel Ángel Moratinos, el 10 de diciembre de 2008, Pascual Serrano subraya que los periódicos El País, ABC y Público extrajeron en el titular una conclusión diferente de la comparecencia; pero lo sustantivo es que no se incluyó el enlace o el vínculo a la intervención ministerial.

“Los medios se dedicaron a interceptar el mensaje para adaptarlo a su línea editorial”, señala Pascual Serrano, razón por la que el periodista apela a que, en lugar de comprar el periódico, el ciudadano acuda directamente a la fuente. También defiende modelos como el inaugurado en mayo de 1999 por el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien se dirigía directamente a la audiencia –sin intermediarios- en el programa “Aló Presidente”.

Autor de “L’esquerra en el sofà” (2006), Joaquín Ferrandis defiende la labor mediadora del periodista (“en una sociedad capitalista y con todas sus limitaciones”) con el mismo ejemplo de los vuelos de la CIA. Porque fueron periodistas del Diario de Mallorca quienes en marzo de 2005 denunciaron que la CIA utilizaba la isla como una de las bases para el secuestro de supuestos terroristas, tras los atentados del 11-S. A los rehenes se les dirigía a terceros países donde supuestamente se les torturaba. Los periodistas revelaron que el aeropuerto de Son Sant Joan recibió al menos dos veces, en enero de 2004, al Boeing 737 empleado para los secuestros aéreos. La investigación de Felipe Armendáriz, Marisa Goñi y Matías Vallés cobró, incluso, forma de libro en 2006: “CIA Airlines. Cómo un periódico de provincias desveló la trama ilegal contra el terrorismo” (Debate).

“Hoy resulta esencial el buen periodismo que separe el grano de la paja, en un contexto de sobreabundancia informativa”, subraya Ferrandis, quien considera que esta labor han de realizarla profesionales cualificados y con criterio, los periodistas. Además, explica que liquidar la intermediación abarata el producto y abre la puerta a que cualquier persona con un smarthpone pueda transmitir informaciones. A estos procedimientos se les ha denominado “periodismo ciudadano”, pero el problema en estos casos reside en discriminar las informaciones veraces de las falacias; y en que a las noticias no se les agrega el contexto. “Nunca en la historia de la humanidad hemos tenido acceso a tanta información y en tiempo real, por ejemplo con el streaming”, explica, “pero ello no implica una mayor calidad informativa”. Además Ferrandis desliza otra de las cuestiones capitales: “Las grandes empresas han acumulado enorme poder y proletarizado a los periodistas”.

En cuanto al desempleo y la explotación laboral, Pascual Serrano recuerda una de las consignas de la Federación de Sindicatos de Periodistas: “Mi precariedad es tu desinformación”. También advierte de la proliferación de trolas en Internet. Una de las últimas, al calor del incendio que a finales de junio arrasó 8.500 hectáreas en el Parque Nacional de Doñana, aparece retratada en un titular del periódico Público: “Los ecologistas desmienten el bulo: Doñana no se ha quemado para recalificar terrenos”. El diario añade que las redes sociales agrandaron el rumor que atribuía a la Ley de Montes el origen del incendio provocado, posibilidad que negaron los expertos. Sobre este particular, el periodista cita una investigación del portal Politifact, en el que se destaca que en la última campaña electoral estadounidense el mensaje de Trump se situaba en un 76% de mentiras, mientras que el de Obama alcanzaba el 26%. “Si nunca pasa nada, ¿por qué no llegar al 100%?, se pregunta el autor de “Contra la neutralidad”. Los ejemplos pueden rastrearse en la hemeroteca. En febrero de 2007 durante la huelga de hambre del miembro de ETA Iñaki de Juana Chaos, El País informaba que continuaba por tercer día consecutivo sin recibir alimentos; mientras, un artículo de opinión firmado en El Mundo por la periodista Isabel San Sebastián se refería a la protesta como “pura ficción” y mencionaba supuestas “lonchas de jamón para matar el gusanillo”.

Ferrandis critica que los grandes medios hayan renunciado en buena medida a su papel fiscalizador, pero también se ven obligados a tratar ítems que las redes sociales introducen en las agendas. Ejemplos de la posibilidad de romper el cerco es la filtración de documentos que inició Wikileaks en el verano de 2007, con Julian Assange a la cabeza; o las filtraciones del exempleado de la CIA Edward Snowden en 2013, sobre diferentes programas de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense. Pascual Serrano se pregunta por las prioridades que establecen los gerentes de los medios. “¿A quién le puede interesar el desplazamiento de redactores al Foro Social Mundial celebrado en 2006 en Mali?” Agrega que hoy se da la circunstancia de ONG que pagan a los medios occidentales para que cubran con reportajes los conflictos olvidados. Cuestión distinta son las posibilidades informativas de la imagen. Pascual Serrano continúa pensando que el mundo se explica con palabras. Aunque en la revista El Jueves prepare los dosieres informativos para que los ilustradores expliquen el CETA con viñetas. Pero la idea central, concluye el autor de “La comunicación jibarizada”, es distinguir los medios en función del criterio marxista de quiénes son los bancos propietarios, los acreedores y por otro lado los anunciantes. 


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