sábado, 29 de julio de 2017

Poetas urbanos


Por J. Donadín Álvarez *

Abundan en nuestro medio y en la región latinoamericana los denominados “poetas de la calle”, o “poetas urbanos”. Cabe señalar que ha sido la juventud, principalmente, quien se ha encargado de consagrarlos y hacerles un altar social.

Antes de prepararle el infierno a esa tribu urbana conformada por “poetas” comúnmente denominados raperos y reggaetoneros es justo otorgarle el único punto válido: sus productos como el rap y el reggaetón son, al igual que cualquier otro acto humano, parte de la cultura y como tal han evolucionado.

Para quienes nacimos en una sociedad ya plagada por este género urbano habrá sin duda un ligero afecto por algunas de estas producciones que dejan entrever cierto esfuerzo por quienes las desarrollan. En lugar de abandonarnos a la crítica descarnada y a la generalización admitimos que muchos jóvenes somos parte de esa generación que también en algún momento disfruta del rap y el reggaetón.
Todo evoluciona, incluso Dios. La música no es la excepción. Desde el reggaetón primitivo denominado playero, pasando por el rap, el reggaetón romántico y ahora con el renacer del trap. Lo trágico en todo esto es que hay una pleitesía a la mediocridad. Los autores del perreo marcan la pauta con producciones musicalmente sencillas. En primer lugar, el perreo no contiene ninguna exigencia, ninguna complejidad puesto que no es más que un baile cavernícola que simula el acto sexual como copiado de los perros. De ahí que a la mujer se le denomine “perra”, “gata”, “coneja” entre otros. Y lo que en un primer momento se creyó era un baile del vulgo, estimulado para las clases bajas, también acabó impactando fuertemente en las clases medias. En segundo lugar, la pobreza artística en cada producción genera lástima hacia quienes se precian de “artistas” y además produce animadversión por melodías tan simples, tan poco originales y musicalmente demasiado elementales en su composición a través de acordes.

Por otra parte, la pobreza lingüística, la monotonía rítmica y la baja estatura moral de sus promotores parecieran ser la principal característica de los “poetas de la calle”. Sus letras asesinan al idioma español por su pésima ortografía y dicción, están plagadas de extranjerismos y lenguaje explícito que rebasa los linderos de la libertad moral. No hay mucho de constructivo en un género musical androcéntrico que constituye en buena medida una apología a la vida licenciosa. Drogas, armas, sexo y alcohol forman parte del repertorio. Tan identificados están los autores con sus diarreas verbales que en su desnutrida inteligencia se volvieron adictos a la cárcel. La ficción de sus letras les convirtió a la tragedia como su eterna invitada.

Sin embargo, no todo es malo. Hoy el rap, principalmente, ha visto la aparición de algunos talentosos raperos en cuanto a la interpretación de lo que su labor significa para la sociedad. Es interesante comprobar cómo unos pocos de ellos diluyen entre sus rimas mensajes retadores al statu quo. Claro que son excepciones puesto que algunos de estos “artistas” de evidente estancamiento intelectual con dificultad podrán diferenciar su mano izquierda de la derecha y mayor será su inhabilidad para entender lo que significa una línea ideológica.

Hoy en día, el rap especialmente, ha planteado posiciones ideológicas profundamente anticapitalistas. Es curioso cómo un género urbano adaptado para enajenar juventudes hoy transforma su letra y sonido de barrio para convertirse en un canal de manifestación del descontento de las clases bajas contra las injusticias. Algunos raperos españoles y uno que otro latinoamericano se han aventurado a escribir, cual poetas reales, con la responsabilidad que caracteriza al oficio literario cuando de interpretar la realidad social se trata.

Mientras el género urbano evoluciona en otras latitudes en Honduras se estanca. Se sigue produciendo muy poco y de baja calidad artística e intelectual. Sin embargo, ya los politiquillos en este escenario preelectoral comienzan a preparar sus cancioncitas. Y no se duda que por ahí seguirán los nacionalistas perreando con el reggaetón, tal como lo hicieron frente al Tribunal Supremo (Re)Electoral al “solicitar” la autorización de este ente para que su amo tuviera pase libre rumbo a la reelección. 

¡No más cancioncitas tontas! ¡Pueblo; a pensar!

Escritor nacional

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