miércoles, 1 de agosto de 2012

Hipócritas y medallas



Rebelión

Por Koldo Campos Sagaseta

Algunos medios de comunicación, a falta de mejores asombros ante los que mostrar su estupor, se han hecho eco en relación al equipo de baloncesto de Nigeria de lo que consideran algo inaudito: “Nigeria jugará con 9 estadounidenses”. Sólo tres jugadores, subrayaban en sus titulares, han nacido en el país africano. Y ello no obstante las declaraciones de Ike Diogu, el considerado mejor jugador nigeriano, que señalaba: “Estoy harto de oír siempre lo mismo. Todos tenemos padres nigerianos, pensamos como nigerianos, comemos alimentos nigerianos y nos sentimos nigerianos.”

Puesto a buscar motivos para su asombro, bien podrían haberse sorprendido de un dato mucho más llamativo y dramático, como la existencia, por ejemplo, de más médicos nigerianos trabajando en Estados Unidos que en la propia Nigeria.

Pero si las olimpiadas y el deporte sirven de excusa para no entrar en detalles de otra naturaleza, y dado que esos medios que apelaban a la sorna para significar la citada noticia, eran españoles, bien podrían haberse entretenido en resaltar otro hecho aún más llamativo: Más de la mitad de los integrantes de la delegación deportiva española, no son españoles. Basta para comprobarlo restarles a los 282 deportistas españoles los 82 catalanes, 31 vascos y 10 gallegos, además de los casi 30 cubanos, rumanos, marroquíes, congoleños, mexicanos, suizos, chinos, franceses, ecuatorianos, brasileños, ucranianos, serbios y dominicanos que compiten como españoles.

En alguna disciplina deportiva es tan notoria esta presencia que ni siquiera queda espacio para los “nativos” españoles. Los dos únicos deportistas españoles que compiten en boxeo son dominicanos; en judo, la mitad de los atletas son vascos; en natación, sobre 14 atletas, sólo 3 son españoles, por 8 catalanes, 2 gallegos y un brasileño; en aguas bravas los dos únicos atletas son vascos; en waterpolo, sobre 26 jugadores, sólo 6 son españoles, por 16 catalanes, un cubano, un rumano, un brasileño y un mexicano; en balonmano, entre 28 jugadores, 9 son españoles, por 13 catalanes, 4 vascos, un congoleño y un rumano; en natación sincronizada son más los catalanes (5) que los españoles (4); en piraguismo son más los vascos (1) y gallegos (2) que los españoles (2); en fútbol, sólo 6 son españoles por 5 catalanes, 5 vascos, un gallego y un brasileño; en hockey sobre hierba, de los 16 integrantes del equipo 14 son catalanes; en tenis de mesa, además de un español, también figuran un ucraniano y dos chinos; en atletismo figuran 7 catalanes, 2 gallegos, 1 vasco, 3 cubanos, 2 marroquíes, 1 ecuatoriano, 1 suizo y 1 ucraniano.

No deja de tener gracia que a Zhi Wen, representante español en tenis de mesa, le apoden “Juanito”, el mismo cariñoso apodo que se ganó aquel inolvidable esquiador alemán llamado Johan Muehlegg, que hace unos cuantos años, disgustado con su federación, mudó su ciudadanía para debutar como olímpico español portando, incluso, la rojigualda en las Olimpiadas de Invierno de ese entonces. Tras lograr la primera medalla, quien ya era conocido como Juanito, más español que el botijo o el jamón ibérico, aparecía en cualquier portada de revista o canal de televisión arrancándose por bulerías capote en mano. Tras la segunda medalla, a Juanito no le cabían más halagos: “Juanito el Grande”, “Juanito el Magnífico”. Ciudades y autonomías españolas se disputaban la gloria de nombrarlo hijo adoptivo, ciudadano meritorio, padre ejemplar. Fue elegido paellero del año, rey de la Haba… hasta que el quinto día de competición Juanito fue descalificado por dopaje y le retiraron las medallas. Nunca se ha vuelto a saber de… Johan Muehlegg.

Quienes en el Estado español se empeñan en ver en la figura del emigrante la causa y razón de todas las calamidades, bien harían en reflexionar, caso de que todavía dispongan de cerebro, sobre las variables de algunos porcentajes relacionados con los emigrantes, porque mientras en el Estado español apenas sobrepasan el 5%, se triplica el porcentaje de extranjeros que se enfundan la camiseta española para ganar medallas olímpicas y aún es todavía mayor el porcentaje de extranjeros que se enfundan el uniforme español para ganar medallas militares. Quien sabe si no serán las mismas medallas que los latinoamericanos obtienen representando a España corriendo o saltando más que nadie, las mismas que les son devueltas a sus familiares, tras dar su vida en las guerras humanitarias de la madre patria.

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