jueves, 12 de agosto de 2010

Cómo sobrevivir a las agresiones imperiales

Por Luis Britto García


Gángsteres e imperios tienen un solo argumento: la fuerza bruta. Hay métodos para  vencerla o para ser destruido por ella.

Estados Unidos envía a México colonos protestantes que arrean a sus respectivos esclavos; y como el gobierno mexicano no permite la esclavitud, los estadounidenses le arrebatan más  de la mitad de su territorio. Abrir puertas a caballos de Troya es perderse.

Estados Unidos invade Cuba con el pretexto de liberarla, establece un protectorado y deja una base militar que perdura hasta hoy. Dejar que el diablo se instale es perderse.

Colombia invade Venezuela en 1901 con 5.000 paramilitares disfrazados de venezolanos; sufre aplastante derrota, y mientras pierde el tiempo amenazando  a nuestro país, Estados Unidos le arrebata Panamá. Reconocer el verdadero enemigo es salvarse.

Inglaterra, Alemania e Italia con sus acorazados bloquean, bombardean e invaden Venezuela, pero se retiran ante la actitud inflexible de Cipriano Castro y la invocación estadounidense de la doctrina Monroe. No ceder ni un ápice es salvarse.

Estados Unidos agrede militarmente repetidas veces a las pequeñas y fragmentadas Puerto Rico, Cuba, Haití, República Dominicana, Nicaragua,  Guatemala, Colombia y Panamá, pero no pasa de influir por debajo de la mesa en la política del gigantesco Brasil. Mantenerse unido es salvarse.

Estados Unidos con todos sus marines fracasa contra el irreductible César Augusto Sandino, por lo cual lo manda a asesinar en un banquete para celebrar la paz. Saber que para el enemigo paz significa traición es salvarse.

Cuando Estados Unidos entra en un conflicto, silencia los medios favorables a su adversario y controla férreamente a la disidencia que lo apoya. Pelear contra el enemigo externo sin olvidar el interno es salvarse.

El embajador estadounidense  Braden dirige la campaña electoral contra Juan Domingo Perón, y éste gana las elecciones. Cortar de plano la injerencia en asuntos internos es salvarse.

Guatemala inicia una reforma agraria en la cual expropia tierras de la United Fruit indemnizándola con el valor que la transnacional señaló en sus declaraciones de impuestos; Estados Unidos organiza una invasión mercenaria que derroca a balazos al gobierno democrático. Intentar reformas sin  construir primero un poder popular invulnerable es perderse.

Estados Unidos invade Cuba con mercenarios por Playa Girón, Fidel los desbarata y declara la revolución comunista. Responder agresiones con medidas contundentes es salvarse.

Estados Unidos acusa a Cuba ante la OEA, y todos sus miembros menos México votan por expulsarla del sistema interamericano. Someterse a organizaciones fundadas y mantenidas por el Imperio es perderse.

Ante la colosal amenaza estadounidense, Cuba establece una red de alianzas con el mundo socialista y con los No Alineados que la equilibran y le permiten sobrevivir hasta el presente. Manejar una diplomacia multipolar es salvarse.

Tras servir incondicionalmente a Estados Unidos durante su interminable dictadura, Rafael Leonidas Trujillo es asesinado con conocimiento y consentimiento de la CIA, quien no hace nada para impedirlo. Servir al diablo es condenarse.

Confiado en su omnipotencia, Estados Unidos invade sucesivamente Corea del Norte, Vietnam, Afganistán, Irán, Irak y Somalía, y en todas partes sufre contundentes reveses. Mantener irreductibles la especificidad cultural y el sentimiento nacional es salvarse.

Juan Bosch es elegido presidente de República Dominicana, comienza una serie de reformas democráticas y como el golpe en su contra dado por el proyanqui Wessin Wessin fracasa, Estados Unidos invade Santo Domingo con el pretexto de defender sus intereses. Albergar intereses estadounidenses es perderse.

Salvador Allende inicia la vía pacífica y democrática hacia el socialismo, y Estados Unidos propicia un golpe fascista de la derecha que lo asesina. Ser pacífico ante el adversario armado es perderse.

El Departamento de Estado promueve cerca de un millar de atentados para asesinar a Fidel Castro, todos abortados por la inteligencia cubana. Conocer la malignidad del enemigo es salvarse.

Los gobiernos latinoamericanos aceptan ilusionados préstamos  con tasas de interés del 3% sin reparar que los contratos permiten a los usureros subir unilateralmente las tasas de interés, las cuales quintuplican hasta el 15% encadenando a nuestros países a la Deuda Eterna. Firmar contratos sin leerlos es perderse.

El gobierno militar de Argentina invade las Malvinas confiando en que Estados Unidos lo apoyará obligado por el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, y la potencia norteña los deja en la estacada mientras los ingleses los exterminan. Esperar que el Imperio cumpla tratados es perderse.

El presidente Omar Torrijos exige la devolución del canal de Panamá, y muere en  accidente de aviación misterioso. Volar sólo en caso de extrema necesidad y sobre seguro es salvarse.

Para pagar la Deuda, los gobiernos latinoamericanos imponen  a sus pueblos paquetes del Fondo Monetario Internacional que les prohíben proteger sus economías, y los movimientos sociales impulsan rebeliones sociales que le prohíben a los gobiernos entregarse al Fondo Monetario. Obedecer a usureros es perderse.

Tras fracasar en sus intentos de derrocar al gobierno sandinista mediante la “contra”, Estados Unidos obliga a unirse y financia mediante la USAID y la NED a los opositores, lo cual les permite ganar  las elecciones de 1990. Aceptar que Estados Unidos financie las oposiciones locales es perderse.

El presidente electo Hugo Chávez sanciona 49 leyes reformistas, y el gremio de patronos lanza un cierre patronal y un golpe de Estado, lo derroca, lo secuestra, monta un sabotaje petrolero y un bloqueo de la distribución de alimentos y un teletón en el cual todos los medios claman por el derrocamiento del gobierno legítimo, hasta que el pueblo lo restablece. Esperar el permiso de los patronos para hacer la revolución es perderse; dejar actuar al pueblo es salvarse.

Estados Unidos pretende imponer el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) para reservarse América Latina y el Caribe como inmenso mercado sin regulaciones, y fracasa estrepitosamente. Proteger las economías propias es salvarse.

Fracasada el ALCA, Estados Unidos la impone sigilosamente mediante tratados bilaterales de Libre Comercio, de Promoción y Protección de Inversiones y mediante Tratados contra la Doble Tributación que exoneran a sus transnacionales de pagar impuestos en los países donde obtienen sus beneficios. Dejar perder la batalla que se ha ganado es perderse.

La transnacional Exxon intenta embargar bienes y reservas internacionales de Venezuela esgrimiendo  la inconstitucional doctrina de que los países latinoamericanos deben someter las controversias sobre contratos de interés público interno a tribunales o árbitros extranjeros. Entregar la soberanía jurisdiccional a jurados que consistentemente fallan en contra de nuestros países es perderse.

El pequeño Ecuador se retira del CIADI y recupera el derecho a decidir las controversias sobre sus contratos de interés público con sus propias leyes y tribunales.


Reconquistar la soberanía es salvarse.

Estados Unidos mantiene la base de Guantánamo en territorio cubano, pero jamás los marines se atreven a poner un pie fuera de ella. Armar y entrenar al  pueblo es salvarse.

El pequeño Ecuador acepta que Estados Unidos le instale la base de Manta controlando la estratégica cuencia del Putumayo, y desde esa base dirigen y apoyan la agresión de Colombia contra Ecuador. Hospedar al enemigo es perderse.

El pequeño Ecuador ordena al gigantesco Estados Unidos desalojar la base de Manta, y el coloso  abandona esa guarida. No permitir que la planta insolente del extranjero pisotee la soberanía es salvarse.

Con la excusa de que colombianos armados presuntamente habrían entrado en algún país limítrofe, el gobierno de Colombia deja que estadounidenses armados ocupen totalmente el propio. Mirar la paja en el ojo del vecino y no la viga en el propio es perderse.

Si a estas alturas usted no sabe cuál es el camino de la salvación y el de la perdición, está perdido.

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