jueves, 16 de diciembre de 2010

El eterno retorno

Adital
Por Pablo Jofré Leal *


Chile-Bolivia - Nuevamente, como antaño, la pretensión boliviana de recuperar su condición de país ribereño al Pacífico, la constante diplomática chilena de sostener que esta pretensión debe ser enfocada bilateralmente y las opiniones de organismos multilaterales, en este caso de la Organización de Estados Americanos (OEA), de realizar un llamado al diálogo; vuelven a poner el contencioso marítimo en la agenda política latinoamericana.

Cuando el 22 de octubre pasado, el Senador chileno, Pablo Longueira, de la oficialista Unión Demócrata Independiente, sugirió que la idea de un plebiscito no debería descartarse para ver la posibilidad de entregar a Bolivia una salida soberana al Océano Pacífico. Tal idea, surgida en el seno de un partido que se considera "nacionalista" generó un movimiento telúrico que se notó con mayor intensidad allende Los Andes que en el propio Chile, que suele ver estas declaraciones como saludos a la bandera, más que posiciones serias destinadas a revertir años de enemistad y desencuentros entre nuestros pueblos.

También el senador socialista chileno Camilo Escalona aseguró que era necesario explorar toda alternativa que permita a Bolivia tener una salida marítima, sin descartar la posibilidad de la soberanía compartida. En el mismo plano se pronunciaron otros actores relevantes, como fue el caso del cineasta, actor y escritor chileno Alejandro Jodorowsky quien propuso que Chile realice un acto de solidaridad con Bolivia y otorgue una salida al mar "sin pedir nada a cambio". Algo parecía moverse en materia de darle fuelle a las relaciones con Bolivia.


¿Tú también Insulza hijo mío?...

Al coro político que se pronunciaba por avanzar en resolver la centenaria demanda boliviana se unió la del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza quien considero que "ya llevan mucho tiempo las negociaciones entre La Paz y Santiago, sin respuestas a la aspiración boliviana de una salida soberana al mar. Es un tema que en Chile sale a cada rato y que alguna vez hay que resolver. No sé cómo se va a resolver (...), yo siempre decía que probablemente requiera de un tiempo ir ajustando una salida, pero ya lleva mucho tiempo el diálogo de Bolivia y Chile, y creo que es hora de hacer propuestas concretas". El vicepresidente boliviano Álvaro García Linera ante los dichos de Insulza señalo que "Me parece una palabra muy oportuna y valiente la del secretario general de la OEA. El pueblo boliviano observa con "expectativa" y" mucho interés" este mensaje al gobierno chileno".

La pasada semana, Insulza amplió su llamado al diálogo y la necesidad de iniciar conversaciones entre Chile y Bolivia con vistas a buscar una solución a la mediterraneidad de nuestro vecino del norte. Conversaciones, según Insulza, que deberían efectuarse independientemente del diferendo limítrofe que enfrenta a Perú y Chile "A pesar de que el Perú tiene alguna relación con el tema, son asuntos distintos. Siempre podrán avanzar las conversaciones entre Chile y Bolivia sin esperar que se resuelva el tema del Perú", afirmó el alto funcionario internacional.

El contencioso marítimo entre Chile y Perú es visto en la política boliviana como una oportunidad para volver a poner en el tapete la propia pretensión territorial boliviana. "El conflicto Lima - Santiago por aguas territoriales puede modificar el tablero negociador y hacer que Bolivia tenga en esta materia mejores perspectivas" afirmó el ex diputado y ex Ministro de Hidrocarburos del gobierno de Evo Morales, el periodista Andrés Soliz Rada

El destacado profesional señala que "Bolivia ha sufrido, en los últimos seis años, un vertiginoso proceso de transición, también en sus relaciones exteriores. La actual cancillería no supo aprovechar la experiencia diplomática acumulada por el país. Por esta razón incurrió en graves tropiezos. Por lo menos en un primer momento, Evo dio su visto bueno para que ONGs tuvieran un peso desmedido en la política externa. Lo anterior se tradujo en errores básicos, como creer que Bolivia resolverá el problema marítimo mediante el bilateralismo excluyente lo que ha facilitado la política dilatoria de Chile. La experiencia centenaria enseña que el bilateralismo, sea de Bachelet o Piñera, no traerá soluciones a la demanda boliviana, la que tiene que estar asentada en la solidaridad latinoamericana".

Para Soliz Rada la diplomacia de su país, dirigida por David Choquehuanca debería desarrollar más fuertemente el puerto de Ilo - entregado por Perú - lo que haría que la posición boliviana frente a Chile tenga bases más sólidas pues implicaría unir esa alternativa de salida de productos bolivianos "al hecho de utilizar en proyectos internos o de exportación (cría de camélidos, cultivos de quinua, embotellamiento de agua potable, entre otros) el 50 % de los manantiales del Silala, que Chile no se atreve a cuestionar. Mientras no se desarrolle esta política, la posición negociadora boliviana también será muy débil en el objetivo de retornar al Pacífico". Soliz Rada no está tan errado a la hora de pensar el tremendo golpe que significaría para la economía del norte chileno, principalmente de los puertos de Arica e Iquique el hecho que las importaciones y exportaciones bolivianas ya no salieran por sus puertos o que las Aguas del Silala surtieran otros proyectos más allá de las empresas chilenas, principalmente mineras. La miopía nacionalista de ciertos políticos chilenos incrementa peligrosamente esa amenaza. Políticos más interesados en mantener sus cargos de representación popular apelando a sentimientos chauvinistas que de estrechar las relaciones bilaterales.

Mientras el gobierno boliviano, su clase política y sus analistas coinciden que el objetivo principal en materia de política exterior es recuperar su cualidad marítima, el gobierno chileno, encabezado por el presidente Piñera ha declarado que su administración ratifica la continuidad de la denominada agenda de Trece Puntos - iniciada por el gobierno de la ex presidenta Bachelet - donde se incluye dentro de los puntos el reclamo boliviano de recuperación de su cualidad marítima pero no como elemento principal y diferenciador de las conversaciones con Bolivia "Estamos conversando y tenemos una muy buena disposición que pasa por crear confianza y trabajar en la búsqueda de soluciones concretas, útiles y factibles como ha sido la habilitación del Puerto de Iquique junto a los terminales de Antofagasta y Arica por donde transita, actualmente el 70% de las exportaciones bolivianas".


La experiencia diplomática no se compra

Para rematar lo que todo el mundo conoce en materias económicas - y que significa que gran parte de la economía de las ciudades de Arica e Iquique se mueven gracias al comercio con Bolivia - Piñera declaró las clásicas frases para el bronce, que de tanto repetirse ya nadie las cree a menos que Bolivia efectivamente retorne a las aguas del Pacífico, lo demás es sólo retórica. "Tenemos una historia que muchas veces nos ha dividido.- afirmó Piñera.-, pero tenemos un futuro que nos une", enfatizó. A pesar de los buenos deseos del mandatario la diplomacia chilena y su inexperiencia tras la toma de posesión del actual canciller Alfredo Moreno (un experto en negociaciones comerciales y fusiones pero poco ducho en las intrincadas redes que se tejen en los pasillos diplomáticos) ha cometido errores inexcusables.

Uno de esos errores fue enviar como Cónsul General en la Paz a Jorge Canelas, quien en un correo electrónico enviado a Pedro Suckel el año 2000 - en ese momento Ministro Consejero en la embajada chilena en el Perú - afirmaba, parafraseando a aquel General estadounidense respecto al avance incontenible hacia el Oeste y las masacres de los pueblos indígenas que "el mejor estado de nuestras relaciones con Bolivia es no tener relaciones". Dicho sea de paso, Pedro Suckel es actualmente, Director de la Dirección de países limítrofes que incluye a Argentina, Perú y Bolivia. La lógica no parece ser la línea de trabajo de la cancillería y la Red Hamlet que suele tener una visión menos regional y más cercana a los polos desarrollados. Red en la cual Canelas como Suckel participan activamente.

Por el lado boliviano, un conocedor de las relaciones chileno-bolivianas, el diplomático Ramiro Prudencio Lizón da claves de lo que se vislumbra en el futuro trabajo de la cancillería Boliviana en materia de poner en la discusión su pretensión territorial "el tema marítimo, por su trascendencia, - sostiene Lizón - siempre ha dado lugar a la creación de grandes expectativas nacionales e internacionales que, en general, han sido contraproducentes para mantener una política definida y realista que nos saque de la mediterraneidad. Sabemos que actualmente existen argumentos económicos que nos acercan a Chile, principalmente derivadas de la venta de gas y de recursos hídricos a ese país. Pero para que ello se concrete, es necesario que se vayan solucionando todos nuestros problemas bilaterales, entre ellos, naturalmente, la recuperación de la cualidad marítima nacional. Nuestro país ha tenido conflictos limítrofes con otros países vecinos, pero no perdió su cualidad amazónica ni su cualidad platense, y por eso se ha podido reconciliar completamente con ellos. Mientras que nuestra relación con Chile, aunque mejore notablemente, no será suficiente para que concluyan nuestras diferencias. Para buscar una solución concreta es conveniente establecer ciertas premisas que deberían ser consideradas como fundamentos básicos para una futura negociación".

Esas premisas, tanto para Lizón como para otros analistas consultados por nuestra revista son, a grosso modo: No insistir en una revisión del Tratado de Paz entre Chile y Bolivia del año 1904. Segundo, Chile no tiene una sola política con Bolivia en materia de negar su salida al mar, "es absurdo seguir insistiendo en que Chile nunca quiso arreglar el problema de nuestro enclaustramiento -afirma Lizón- Esta es una posición que sólo sirve para engañar a los dos pueblos y para influir en la intransigencia de sus gobiernos". Como tercera premisa se considera que cualquier pretensión boliviana de retorno al Pacífico debe ser "racional" en el sentido que Bolivia cuente con una propuesta concreta que sirva de base a una futura negociación, que contenga por una parte, la condición mínima satisfactoria para Bolivia, y por otra, que sea susceptible de ser aceptada por Chile.

En cuarto lugar se encuentra la premisa de aceptar que frente a un posible retorno exista una cesión territorial "la idea sustentada por algunos políticos e internacionalistas de que nuestro país ha perdido mucho territorio y que no debe por ello ceder ningún otro, es simplemente absurda. Con un canje no se gana ni se pierde territorio" afirma Lizón. Tal vez esa política permita aunar esfuerzos y acercamientos con el sector "halcón" de la política chilena, que se niegan a cualquier cesión de territorio nacional, alegando para ello en la sangre vertida por soldados chilenos hace 130 años o en una pretendida visión de patria que a estas alturas de la vida se erige como una barrera la entendimiento bilateral. Como quinta premisa está el hecho de dejar de temer a la posición peruana frente a la posibilidad de que Bolivia retorne al Pacífico. Y, finalmente, volver a pensar como una realidad el que Bolivia recupere su cualidad marítima, apoyándose en ello en elementos negociadores como es el gas, el agua y una política exterior que busque la necesaria congruencia entre el bilateralismo exigido por Chile y una necesaria política multilateral.

El gobierno chileno se encuentra en una encrucijada tras la decisión de Torre Tagle decidió salir de su enclaustramiento diplomático y entrar de lleno en recomponer las relaciones Lima - La Paz. La cancillería chilena sabe que Perú recuperó en los últimos meses de 2010 el terreno perdido en 3 años de relaciones tirantes con Bolivia y está aprovechando el carácter de principiantes de los principales directivos chilenos en materia de política exterior que se ha dejado estar luego de negociar con intensidad histórica, entre 2006 y 2009, la Agenda de 13 puntos, impulsado fuertemente por la ex presidenta Bachelet.

A tal punto llegó el freno de esa política que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno José Miguel Insulza, llamó a la Moneda a buscar soluciones al enclaustramiento boliviano. Tal opinión generó la lógica urticaria, en una diplomacia chilena y políticos de viejo cuño, que siguen apelando a nociones diplomáticas propias del siglo XIX. En ese sentido Torre Tagle (palacio donde radica la chancillería peruana) nos lleva ventaja y prueba de ello fue el golpe de timón que dio a partir de septiembre del 2010 en las relaciones con Bolivia, al designar al ex canciller peruano Manuel Rodríguez Cuadros en la Embajada peruana en La Paz. El canciller del ex presidente Alejandro Toledo (2000-2005) revirtió, en poco menos de seis meses, las dificultades generadas por las virulentas relaciones entre los presidentes Evo Morales y Alan García y hasta desempolvó el Tratado de Ilo que, suscrito en enero de 1992, que concedía un paso sin soberanía a la mediterránea Bolivia.

Si Chile no entra de lleno en esta carrera diplomática, no sólo se quedará aislado sino con el peligro cierto de ver complicada la situación económica de la Primera región, la posibilidad de perder competitividad en materia de la política de integración regional y sobre todo, ver cercenada la posibilidad de desarrollo energético de un norte grande que necesita como elemento vital el agua y el gas que Bolivia y Perú poseen pródigamente. El eterno retorno del diferendo chileno- boliviano no debe significar la misma respuesta que ha mantenido a nuestros pueblos separados, perdiendo la oportunidad magnifica de lograr un desarrollo basado en la amistad y la mutua complementariedad.

* Corresponsal de Adital en Chile

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