viernes, 31 de diciembre de 2021

Meses​trabajando gratis, plazas vacantes y precariedad: las fallas de «Jóvenes construyendo el futuro» en Honduras


Contracorriente

Por Alberto Pradilla y Allan Bu

Fotografías: Martín Cálix y Antonio Gutiérrez

Dos años y medio después de anunciar el programa «Jóvenes construyendo el futuro», casi 4000 jóvenes hondureños reciben becas del Gobierno de México y son empleados por 130 empresas para trabajar con un estipendio que equivale a la mitad de un salario mínimo en Honduras. A pesar de la lentitud en su implementación, el presidente de México, Andrés López Obrador promueve este modelo para que Estados Unidos lo financie como un incentivo que haga desistir a los jóvenes centroamericanos de migrar hacia el norte.

Jennifer Salgado, de 19 años, quiso cobrar su primera paga como becaria del programa «Jóvenes Construyendo el Futuro» en San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande de Honduras. Llevaba un mes empleada en un local de Diunsa, una cadena de almacenes con establecimientos por todo el país, y esperaba un aviso del banco, específicamente un código, para poder recibir los 4000 lempiras (unos 180 dólares) que debía pagarle el Gobierno de México, como estipulaba el programa al que ella se había inscrito. Pero el dinero no llegaba. Un mes después de trabajar, su cuenta seguía en cero. 

Había comenzado su trabajo en mayo y las semanas pasaron mientras ella se veía obligada a trabajar «de gratis», esperando una cantidad de dinero que no llega ni al valor de un salario mínimo establecido en Honduras para esa industria: unos 12,990 lempiras (538 dólares).

Como Jennifer vive junto con su madre en Cofradía, un municipio ubicado a más de 30 kilómetros de San Pedro Sula, llegar al trabajo le demoraba más de una hora en transporte público. Cuando por la falta del pago no tuvo para pagar más el transporte, sus compañeros juntaron dinero para ajustar entre todos el autobús, con el fin de que ella no fallara en el trabajo. 

«Hace poco que me pagaron», explica. Fue en septiembre, dice, cuando recibió su primera mensualidad. Es decir, cuatro meses después de haber comenzado a trabajar. Para entonces, su supervisora le había ofrecido un trato: dejar de acudir a su puesto hasta que llegase el dinero desde México. Por suerte para ella, se abrió una plaza en la empresa, por lo que dejó la beca y se incorporó a la plantilla. Ahora, Jennifer cobra casi 13,000 lempiras, el triple de lo que recibía del Gobierno mexicano, y un salario que le ayuda a seguir estudiando Contabilidad y Finanzas en la universidad. 

«En algún momento pensé en migrar a Estados Unidos, pero el miedo no me dejó», afirma. De doce becarios que tuvo Diunsa, cuatro se quedaron con un contrato y actualmente son empleados fijos. También hay otros dos en espera. Otros dos que también tienen que decidir si entran en la beca a sabiendas que deberán pasar al menos dos meses trabajando gratis, esperando un estipendio que no cubriría sus necesidades y que tampoco les frenaría de tomar la decisión de migrar.

La ciudad de San Pedro Sula, ubicada en el departamento de Cortés, conocida como la capital industrial de Honduras debido a su fuerte actividad económica, es la ciudad más importante del Valle de Sula, que en 2020 fue afectado por dos tormentas tropicales que devastaron uno de los valles más productivos del país. San Pedro Sula, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

Porque, aunque los jóvenes digan que un salario de 180 dólares no los va a detener, frenar la migración hacia Estados Unidos es el objetivo de la expansión de los programas «Jóvenes construyendo el futuro» y «Sembrando Vida», que están en Honduras, El Salvador y Guatemala; «El Triángulo Norte», como se le conoce. 

Fue en julio de 2019 que el canciller de México, Marcelo Ebrard, anunció que se ofertarían 20,000 puestos de trabajo en cada uno de los países del Triángulo Norte de Centroamérica y que estos contarían con una inversión de 30 millones de dólares por país. En el caso de las becas juveniles, tienen una duración de un máximo de 9 meses y los beneficiarios reciben 180 dólares mensuales, igual que ocurre en México. Trabajan un máximo de ocho horas al día durante cinco jornadas semanales, y lo hacen por la mitad del salario mínimo de Honduras. El pago corre a cuenta de la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo (Amexcid) y se efectúa a través de una plataforma acordada con bancos locales que elimina los intermediarios gubernamentales. Ninguna dependencia hondureña toca un peso.

Dos años y medio después de aquellas promesas, los programas operados por la Amexcid avanzan lentamente, con algunos problemas operativos y también con casos de éxito parcial. Animal Político y Contracorriente recorrieron diversas empresas en los municipios de San Pedro Sula y El Progreso, en el norte de Honduras, así como en Comayagua, zona central del país, donde se concentra la mayor parte de estas ofertas laborales por ser algunos de los territorios con más jóvenes expulsados.

Entre las fallas detectadas está el retraso en los pagos, que obliga a los jóvenes a trabajar sin recibir salario durante varios meses, o la existencia de plazas que quedan vacantes porque ningún becario solicita un puesto de trabajo en las empresas beneficiadas. A pesar de esto, en Honduras, un país con una tasa alta de desempleo, este apoyo se ha convertido en un recurso para que jóvenes sin trabajo dispongan de un ingreso. 

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador apuesta por este modelo como base para promover el desarrollo en Centroamérica. Recientemente convenció al presidente Joe Biden para lanzar «Sembrando oportunidades», un proyecto que estaría basado en los programas sociales ya existentes y que sería operado por Amexcid y Usaid, la agencia de cooperación de Estados Unidos. Según el comunicado hecho público el 1 de diciembre, el objetivo es crear medio millón de empleos, aunque la propuesta todavía viene sin cronogramas ni dotaciones económicas. No se especifica cuáles serían las condiciones de estos trabajadores ni qué salario podrían recibir. En el caso de los becarios, reciben un ingreso que apenas llega a la mitad del salario mínimo y no existe relación contractual con la empresa más allá de la inscripción en una plataforma digital. 

Este programa vino en paralelo con el anuncio de que México recibiría nuevamente a solicitantes de asilo procedentes de Estados Unidos, dentro del denominado «Protocolo de Protección a Migrantes», que operó entre 2019 y 2021 por orden del expresidente Donald Trump. Para algunos, la insistencia de AMLO en vincular control migratorio e inversión en Centroamérica hace pensar que ambas iniciativas forman parte de la misma negociación.

Una familia que viajaba en el grupo más rezagado de la caravana migrante de octubre de 2020, pide un aventón para poder avanzar con mayor velocidad hacia el punto fronterizo de Corinto, donde la caravana fue brevemente detenida por las autoridades guatemaltecas. Omoa, Cortés, 1 de octubre de 2020. Foto: Martín Cálix.

La victoria de Xiomara Castro en las elecciones hondureñas del pasado 28 de noviembre añade una nueva silla a la mesa de negociación. La candidata izquierdista prometió negociar con Biden un programa de apoyo social para evitar la migración, y habrá que ver si se suma a los acuerdos previos entre Washington y México. 

México culpa a los servicios financieros

«El pago era un problema. Estuve dos meses trabajando y no me habían pagado. Me aguanté a ver qué pasaba. Ya me iba a salir porque no era rentable, pero me dijeron que igual me contrataban. Aguanté cuatro meses y me contrataron», dice Eddy Alejandro González Hernández, de 19 años, trabajador de Auto Repuestos S.A. de C.V., una franquicia con establecimientos en las principales ciudades de Honduras. Explica que llegó al programa de becas a través de la responsable de recursos humanos de la compañía, que es su familiar. Dice que pudo aguantar porque tenía apoyo en casa, pero que hubo otros compañeros que abandonaron porque no les compensaba. «Muchos de mis amigos se han marchado a Estados Unidos o España. Yo también quería, pero mis abuelos me dijeron que no lo hiciera», dice el joven. 

Cuestionada por estos retrasos en los pagos, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) mexicana, que es la responsable del programa, apunta a los «servicios financieros» provistos por instituciones bancarias de Honduras. «Al incorporarse al proyecto, el beneficiario es el único responsable de registrarse a los servicios financieros del banco para recibir su pago mensual. En caso de no realizarlo en el tiempo establecido antes de realizar la dispersión de recursos, la Amexcid no tiene posibilidad de dirigir los recursos a estos beneficiarios», respondió en una nota aclaratoria la Cancillería.

Teresa (18 años), Adriana (19 años), Onix (20 años) y Jenny (19 años) desde hace cuatro meses son parte del programa mexicano «Jóvenes construyendo su futuro» que ayuda a pagar los salarios de jóvenes para que no decidan migrar hacia Estados Unidos. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

«La Amexcid ha detectado que parte de los beneficiarios no tenía acercamiento previo a servicios financieros, por lo que se ha promovido la inclusión financiera al momento de incorporarse al proyecto. Se informa a los beneficiarios sobre los procesos necesarios que deben realizar para que puedan recibir su pago puntual», dijo la Secretaría de Relaciones Exteriores, que señaló que los centros de trabajo no tienen obligación de proveer a los jóvenes con incentivos económicos y que los becarios no reciben su salario si no realizan las actividades encomendadas. 

El sistema de cobro funciona de la siguiente manera: el joven trabaja y recibe el ingreso desde México a través de un banco local. Cuando el pago está listo, le llega un código al celular y debe acudir al banco a retirar sus fondos. Pero ni Jennifer Salgado ni Eddy Alejandro González Hernández refirieron haber tenido problemas con la aplicación, el problema fue que el pago no llegó a tiempo. 

Casi 4000 jóvenes trabajando según Amexcid

La lentitud en la implementación del programa es uno de los principales problemas a los que se enfrentó el Gobierno federal. López Obrador anunció los proyectos en junio de 2019, tras sendas reuniones con los presidentes Nayib Bukele (El Salvador) y Juan Orlando Hernández (Honduras). Posteriormente, el canciller Ebrard puso fecha a la primera evaluación: marzo de 2020. Llegó esa fecha y no se dio a conocer ningún avance. La irrupción de la pandemia de COVID-19 y el cierre de las fronteras obligó a Amexcid a posponer la operación. 

Actualmente, según datos proporcionados por Amexcid, hay 3942 jóvenes trabajando y recibiendo su beca en Honduras, 6058 en proceso de verificación de los documentos y 783 que ya han cumplido su ciclo de trabajo. No hay datos sobre cuántos fueron contratados finalmente por las empresas. La dependencia niega que existan jóvenes que abandonen el programa, aunque los datos de México revelados por Animal Político señalaban que solo la mitad terminaba la beca.

El presupuesto destinado a esta operación es de 31 millones de dólares, de los que 11 corresponden a «Jóvenes Construyendo el Futuro» y 20 a «Sembrando Vida», el otro programa social que también se extendió a Centroamérica. Actualmente solo se ha ejercido el 29 % del total, es decir, apenas 9 millones de dólares. 

A través de una solicitud de transparencia, Amexcid entregó el listado de 130 compañías que están inscritas en el programa. Para que las cifras se cumpliesen y casi 4,000 estuvieran ahora mismo trabajando, cada una de las empresas debería contar con 30 empleados. Sin embargo, muchas de ellas son abarrotes o pequeños comercios e incluso personas individuales que solicitaron dos, tres o cinco becarios. Además, hay compañías que se inscribieron cuando el programa se dio a conocer en Honduras pero que nunca llegaron a recibir ningún becario. Es el caso del restaurante Las Brasas, ubicado en El Progreso, departamento de Yoro. Su gerente, Sergio Portillo, confirmó que, después de meses esperando, nunca llegó algún becario. 

Sobre esta cuestión, la SRE explicó que «se brinda a los jóvenes la posibilidad de elegir el centro de trabajo y plan de capacitación que se ajusta a sus objetivos profesionales y habilidades que aspira a desarrollar», y que «cada empresa, asociación u organización recibe solicitudes de aspirantes interesados en los planes de trabajo que ha propuesto». Finalmente, dijeron que «la Amexid no interviene en el proceso de selección de centro de trabajo y plan de capacitación por parte de los jóvenes, únicamente promueve la importancia de la vinculación a estos para recibir los beneficios del proyecto». 

El listado entregado por Transparencia recoge las empresas solo con su nombre y repartidas por municipio y departamento. A pesar de que se le requirieron, Amexcid no proporcionó dirección ni identificación fiscal, lo que dificulta constatar la existencia de las empresas. Según explicó la dependencia, ellos no tienen obligación de corroborar que existe como entidad fiscal por no tener competencias en otro país. Así que la forma de asegurarse de que la empresa existe realmente es a través de la documentación que esta presenta en la plataforma web. En sus recorridos, Animal Político y Contracorriente no pudieron confirmar la existencia de empresas como Inversiones De Desarrollo Arquitectónico Y Modernización Sostenible, supuestamente ubicada en San Pedro Sula, Cortés, y que pidió 56 becarios. Su único registro está en la Cámara de Comercio del departamento, pero sin una dirección en la que localizarla.

Un caso de éxito parcial: la apuesta por Comayagua

Comayagua, un departamento del centro del país, es el objetivo prioritario del programa por su alto nivel de migración hacia Estados Unidos. Según el Instituto Nacional de Estadística hondureño (INE), la Tasa de Desempleo Abierto en el año 2020 en este departamento alcanzó el 10.9 %, mientras que el subempleo visible (trabajan menos horas) llegó al 27 %. Por eso Amexid centró sus actividades en esta zona. De los casi 4,000 jóvenes que actualmente están empleados en todo el país, 2157 trabajan en Comayagua y 1052 en el municipio de El Rosario. Este es uno de los municipios más expulsores del país centroamericano. Además, vecinos de la zona perdieron la vida en algunas de las masacres perpetradas contra migrantes en suelo mexicano, como las fosas comunes de Cadereyta, en 2012, o los asesinatos de Guanajuato en 2021. En otros lugares la oferta es más limitada. En San Pedro Sula por ejemplo, que forma parte del municipio del que partieron la mayor parte de las caravanas migrantes desde 2018, apenas fueron 201 los jóvenes que se encuentran actualmente trabajando con esta beca.

Vista general de El Rosario ubicado en el departamento de Comayagua, un municipio con una economía sustentada en los comercios pequeños y la agricultura. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

«Aquí lo más que consiguen los muchachos es trabajo en la construcción, cortar café o trabajar en la siembra de maíz y frijol, pero la mayoría del tiempo no hay  trabajo, son bien pocas las opciones. No hay donde puedan desempeñarse jóvenes que estudiaron», explica Ivis Alvarado, dueño de una pulpería (como se le llama a las tiendas pequeñas) en la comunidad. 

Aquí el principal promotor de «Jóvenes construyendo el Futuro» es la alcaldía, dice Nancy Padilla, coordinadora de la Oficina de la Niñez y Juventud de la Municipalidad, y quien explica que El Rosario fue seleccionado para albergar este proyecto por ser uno de los municipios desde donde los jóvenes más migran rumbo a Estados Unidos. «Había muy pocas oportunidades, pero con el proyecto muchos jóvenes decidieron no irse», dice, aunque reconoce que el éxodo todavía se mantiene. 

En las calles de la comunidad cualquier persona conoce del programa. En este municipio el pago por un día de trabajo oscila entre 100 y 150 lempiras (5 dólares), pero el proyecto del Gobierno mexicano es visto como una solución temporal. Existen unos 50 pequeños negocios que están recibiendo jóvenes como becarios. En realidad es una solución temporal, porque los dueños de los comercios reconocen que no tienen recursos para mantenerlos, que los emplean porque México les paga el estipendio. 

«Este pueblo no tiene gran comercio, el negocio da para sobrevivir, pero no da para emplear», explica Ivis Alvarado, dueño de una pulpería.

Durante un máximo de 9 meses, los jóvenes tienen un incentivo que los detenga de preparar las maletas y ponerse en marcha rumbo a Estados Unidos. 

Alejandra Montoya tiene 26 años, y cuenta que gracias al proyecto tiene algo parecido a una experiencia laboral. Cumple su rol como becaria en el Centro de Salud de la comunidad donde escribe las fichas a los pacientes y también colabora en otras actividades asignadas por el equipo de salud. Ella es madre soltera y se graduó de bachiller en Ciencias y Letras. «Aquí los pagos llegaron más puntuales», explica. Solo se retrasaron el primer mes.  «A mí me ha ayudado bastante», asegura. 

«Aquí hay una gran cantidad de jóvenes y es raro que haya oportunidad. Muchos caminan de ayudantes de albañil y gracias a este programa les ha ido bien», dice Onix Zepeda, de 19 años y becado para trabajar en una pequeña purificadora de agua. Junto a él, otros cuatro jóvenes más tienen cuatro meses recibiendo la beca desde México. Por el momento, Zepeda dice que no tiene intención de migrar. 

Huir al norte es la salida para miles de hondureños. Solo este año, 97,968 personas procedentes del país centroamericano fueron detenidas en México cuando migraban hacia Estados Unidos. Son casi la mitad de las 228,115 arrestadas en los últimos 11 meses, lo que convierte a Andrés Manuel López Obrador en el presidente mexicano que más extranjeros interceptó en un año.

Selvin Orellana de 19 años, como muchos jóvenes de su comunidad, es becario del programa mexicano «Jóvenes construyendo su futuro», un programa del Gobierno mexicano que busca evitar la migración de jóvenes hondureños. El Rosario, Comayagua, 3 de diciembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

«Creo que todos lo mencionamos, yo también quería irme. Es que creo que casi de todos los jóvenes de Honduras ese es el sueño, irse para Estados Unidos», dice Selvin Orellana, de 18 años. En su opinión, el único problema de la beca es que «dura muy poquito». Explica que, ahora, sus amigos no piensan en hacer las maletas. Pero que no sabe qué ocurrirá cuando el fondo se termine.


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