miércoles, 2 de febrero de 2022

Xiomara Castro afirmó fortalecimiento de lazos de unidad con México y presentarán plan migratorio a EEUU


Nodal

Los gobiernos de Honduras y México elaborarán una propuesta para el gobernante de Estados Unidos, Joe Biden, con iniciativas para frenar el éxodo migratorio de Centroamérica hacia el norte, mediante la ayuda a las personas necesitadas y la posibilidad de viajar hacia el país norteño de manera legal.

Honduras y México evalúan proyectos para el impulso a la creación de puestos laborales y estrategias frente al aumento de las caravanas migratorias hacia Estados Unidos, generadas por la desigualdad, pobreza y la búsqueda de mejores condiciones económicas a raíz de la toma de posesión de la presidenta hondureña, Xiomara Castro, el pasado día 24, informaron fuentes cercanas a las conversaciones.

Para el cumplimiento de este propósito, el gobierno del mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador anunció la puesta en marcha de un programa social, con una inversión de 630 millones de dólares, tras una reunión entre el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, y la presidenta Castro.

Procuración de los derechos

Ebrard mencionó que existe un compromiso bilateral con el objetivo de evitar las diásporas de pueblos y que ni adultos solo ni las familias completas pasen por los peligros que representa un periplo de esa naturaleza sin tener los documentos ni las condiciones necesarias. Durante la reunión, en la cual analizaron también temas de inversión y cooperación, propusieron el incremento de los proyectos mexicanos Sembrando Vida y Jóvenes construyendo el Futuro; además, reiteraron apoyo, simpatía y respaldo mutuo.

El pasado día 27, fecha de la toma de posesión de la representante del Partido Libertad y Refundación (LibRe), Xiomara Castro, y la vicepresidenta estadunidense, Kamala Harris, dialogaron sobre posibles visas de trabajo, una procuración de trato correcto para las personas retornadas y la búsqueda de mecanismos de control y disuasión de las caravanas migrantes.


Fin de la Marca País y Comienzo del tiempo X


Defensores en Línea

El miércoles por la noche salió corriendo de su despacho el dictador Juan Hernández a juramentarse electrónicamente como diputado del parlacen, en búsqueda de inmunidad y de impunidad de un foro inútil.

En las horas previas a la llegada de Xiomara Castro a reunirse con Kamala Harris en Casa Presidencial, los ex empleados de Joh barrieron las oficinas y dejaron textos de intolerancia política por todo ese edificio que sirvió de base de operaciones durante 12 años a traficantes de toda laya. Olía a azufre.

El mismo jueves 27, en Washington, la senadora Norma Torres hacía pública su petición al fiscal general de los Estados Unidos para arrimar a Hernández al poste de la justicia antinarcóticos de Nueva York, acusándolo expresamente de ser protagonista en los procesos abiertos de tráfico de drogas.

En su twitter de expresidente, el dictador Hernández le responde a la representante del pueblo estadounidense si ella sabe que la DEA aplaudió su misión de exterminio de los carteles enemigos de su hermano Tony, que traficaban a gran escala con las fuerzas armadas del país.

Nunca en la historia, un ejecutivo hondureño había salido corriendo a cobijarse en ese manto regional que abre sus puertas ipso facto a los exgobernantes. Ni Azcona, ni Facussé ni Maduro ni Pepe hicieron eso. No les interesaba, y no lo necesitaban, porque ningún tribunal los perseguía en ese momento.

Hernández salió corriendo dejando atrás un país en el desastre, sumido en una catástrofe como llamó Xiomara a este retrato de pobreza que sobrepasa el 76 por ciento, amarrado a una deuda de casi 160 mil millones de dólares con los bancos extranjeros y 20 mil millones de dólares con los bancos nacionales. Eso es impagable. Pagar ese atraco al fondo monetario internacional es matar a la gente.

Pero mientras el pueblo y la prensa internacional aguardan el ocaso político de este destructor del país, es imposible no poner en primera línea los hechos del histórico 27 de enero cuando Honduras se burló de estos canallas usando la sencilla imagen de una mujer originaria de los juncales de Santa Bárbara.

En justicia, esta noche sólo quisiéramos destacar como el elemento más importante la alegría de la gente, su emoción profunda de abrazarse a la memoria de sus mártires caídos por centenas en los últimos 12 años de régimen policiaco y militar, de crimen organizado.

Fue una alegría desbordante a pesar de la gran melé formada por el partido nacional en asocio con 17 diputados traidores del partido Libre, para desestabilizar el Congreso Nacional, trancar desde su inicio el gobierno unificador de Xiomara y asegurar la impunidad de los delincuentes narcos, sin descartar un lío mayor.

Pero sin distraerse por este conflicto, el pueblo fue una marea humana volcada a las calles, al estadio y a las plazas, a celebrar el evento político más importante de los primeros 200 años de la república. De estas higueras, que antes de 1492 eran el territorio sagrado de los pueblos originarios masacrados durante 500 años por los ancestros del Rey Felipe. Felipe VI vino al estadio a enmendar en parte el error de la vieja Europa, que en 2017 avaló sin pudor el fraude monumental del miserable hombrecito que sostenía la teniente Fulton.

En un sentido positivo, la asunción de Xiomara Castro también reunió una gran cantidad de representantes de movimientos sociales de Europa y de las Américas, que han seguido de cerca los esfuerzos de resistencia social, cultural y política de las diversidades katrachas, que no pudieron ser vencidas ni con gases ni balas, ni con calumnias ni juicios criminalizantes.

Los movimientos sociales de Argentina, Chile, Brasil, México, Estados Unidos, Haití, Bolivia, entre otros de América, y la solidaridad alemana también han estado en este momento especial que vive el pueblo hondureño. Pueblo que ha llorado, que ha sufrido pero que ha sobrevivido. Y hoy está en las plazas.

Aquí estamos todavía marcadas por el quemante sol de enero, reflexionando los hechos fundamentales ocurridos en las últimas horas. Nos gustó mucho que los militares no fueran protagónicos, porque no se les permitió. Abajo estaban sus jefas. Esta vez ni Kamala, la del imperio, ni el soberano resistente, ni Xiomara, todos no queríamos pelotones pintarrajeados haciendo piruetas en tierra ni aviones de combate sobrevolando nuestras cabezas. No, para nada.

Xiomara dijo que sus prioridades comienzan con salud, siguen con educación, luego con empleo y más adelante la seguridad comunitaria, social y humana. Eso significa que el presupuesto no se lo tragarán los batallones ni la policía represiva que formó la dictadura. Sin decirlo así, ella lo dijo y el pueblo está de acuerdo. El presupuesto no se puede botar en armas ni en burocracia uniformada.

Respecto a la influencia de los grupos criminales sobre el Congreso, la presidenta dice claramente que su gobierno no puede estar atado a la condición de obtener 86 votos cada vez que necesite reformas para darle voz al pueblo. Por tanto, ese mismo día ella solicitó al Congreso que apruebe con mayoría simple la ley para la participación ciudadana que le facultará para hacer consultas. Antes de que termine el 2022 – dijo ella — haremos la primera consulta histórica sobre reformas constitucionales.

Mientras tanto, Rixi está en Finanzas para cortar los contratos ejecutivos — incluyendo los de la empresa de energía eléctrica — que violentan la soberanía popular y que son fruto de la década corrompida, y Edmundo Orellana, el ex fiscal, ha sido nombrado para organizar en menos de 100 días la Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad. Y esas dos acciones tienen revueltas a las élites de chacales. Del pasado que se encargue la justicia, les dijo la Presidenta. Y ellos son el pasado. Son el atrás. Piensan atrás. Nos miran detrás de su armadura militar. Nos ven reír, nos ven jugar, nos ven cantar, nos ven amar.


“Ya podemos hablar de un tercer tiempo de la izquierda en América Latina”


La Diaria

Por Lucas Silva 

Un triunfo de Lula en las elecciones brasileñas de octubre “cambiaría de verdad el aire” de la política regional, según el analista argentino.

José Natanson es periodista y politólogo. Dirige la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique y esta semana estuvo en Montevideo para afinar detalles por el lanzamiento en marzo de la versión uruguaya, en acuerdo con La Diaria.

Natanson considera que el presidente electo de Chile, Gabriel Boric, enfrentará el desafío de superar la etapa del “neoliberalismo cultural” en ese país y al mismo tiempo “administrar las ansiedades” de un amplio sector de la sociedad chilena que considera que ese modelo está agotado. Sin embargo, el proceso que lidera Boric difícilmente se pueda convertir en un “faro” para el resto de la izquierda latinoamericana, algo que sí podría suceder con un triunfo de Lula en Brasil. “Con Lula ganador cambia todo, eso sería una enorme segunda oportunidad para la izquierda del siglo XXI”, afirma Natanson.

-Arranquemos por Chile. Hace un tiempo te escuché decir que en Chile había una especie de “neoliberalismo cultural”. ¿Qué implica eso para Gabriel Boric?

Lo que quise decir es que el pinochetismo perdió el plebiscito de 1989 y [Augusto] Pinochet abandonó el gobierno, pero ganó la batalla cultural. Chile se “neoliberalizó” antes y con mayor profundidad que cualquier otro país de América Latina. La sociedad chilena se “neoliberalizó” en sus costumbres, en sus valores y en sus aspiraciones. A eso me refería con que había un neoliberalismo cultural muy instalado. Pero creo también que ese neoliberalismo cultural se quebró y ahora Chile, en particular Boric, tiene que resolver cómo canalizar institucionalmente el malestar que generó el agotamiento de ese modelo. Boric va a necesitar reflejos políticos e institucionales para atender las demandas de una parte importante de la sociedad que siente que ese modelo no funciona más.

-¿Cómo viste la conformación del gabinete de Boric? Se destacó la designación del ministro de Hacienda [Mario Marcel], una decisión que se calificó de “gradualista”. ¿Eso puede chocar con las aspiraciones de esos sectores de los que hablabas?

Es que me parece que no se trata de ser más radical o menos radical en materia económica. Es cierto, Boric con la designación del ministro de Hacienda da una clara señal de moderación, continuidad macroeconómica, se puede llamar de varias maneras.

Encontró a su Danilo Astori (1) diríamos acá.

Sí, astorismo sería un término correcto. En Argentina no tenemos una palabra como “astorismo” porque nunca tuvimos un Astori. Pero lo que quiero decir es que Chile enfrenta desafíos que van más allá de lo macroeconómico y que tienen que ver con la construcción de un modelo atento a las nuevas sensibilidades de época (feminismo, cuidados ambientales), y con atacar aspectos de la desigualdad que no pongan en jaque a la estabilidad macroeconómica. Las experiencias de los gobiernos de Lula en Brasil y de Evo [Morales] en Bolivia demostraron que se puede combatir los niveles de pobreza y corregir bastante la desigualdad sin generar hiperinflación, devaluación, etcétera. Se puede hacer y ellos lo demostraron. Me parece que el camino de Boric va a ir por ahí. Y algo más: tiene la posibilidad de consolidar una fuerte identificación simbólica con un anclaje generacional, algo que hasta ahora los partidos tradicionales no habían logrado.

-Un término que está en disputa en el eje de discusión izquierda-derecha es la “rebeldía”. Boric y su generación crecieron desde ese lugar, desde las movilizaciones estudiantiles. ¿Corren el riesgo de perder esa impronta ahora que son gobierno?

Creo que las primeras señales en la designación del gabinete son mixtas. Tiene también algunas designaciones audaces, como la nieta de [Salvador] Allende en el Ministerio de Defensa, o poner a Camila Vallejo en un lugar tan relevante [la vocería de gobierno].

Boric toma el impulso del movimiento que desembocó en la Convención Constituyente, pero al mismo tiempo tiene que gobernar un país que es uno de los principales productores mundiales de cobre, que tiene salmoneras en el sur y un sector financiero recontra hegemónico y que tiene tratados de libre comercio firmados con medio mundo. Chile es uno de los países del mundo con mayor cantidad de TLC firmados. Además, Boric tiene que gobernar un país que tiene una derecha muy potente. La derecha chilena, aun habiendo perdido las elecciones, no deja de ser un sector que políticamente, culturalmente, socialmente y mediáticamente está muy representado.

-[José Antonio] Kast generó un espacio político a la derecha de la UDI. No es poco.

Es cierto, y de alguna forma se comió a la derecha tradicional. Por eso, veo al proceso chileno como muy diferente a otros procesos de reforma constitucional y de refundacionismo que hubo en América Latina, por ejemplo con [Hugo] Chávez, Evo [Morales] y, en algún sentido, [Rafael] Correa. En Chile el proceso de reforma constitucional antecedió a la candidatura de Boric, mientras que en Venezuela fue una consecuencia de la llegada de Chávez al gobierno, y lo mismo pasó en Bolivia y Ecuador.

La reforma constitucional y el movimiento en torno a su puesta en marcha impulsaron a Boric; en los otros casos fueron los presidentes quienes impulsaron las reformas constitucionales.

Los primeros meses de la Convención Constituyente en Chile no han sido nada sencillos, han aparecido muchas dificultades. ¿Ese golpe de realidad incidió en esta postura más pragmática o gradualista de Boric?

Es posible. Boric en todo el proceso de discusión constitucional tuvo diferencias con el Partido Comunista, han tenido discrepancias. Lo que vemos ahora también es una situación rara, con una especie de poder dual en Chile, porque está el poder institucional, con el presidente y el Parlamento (donde además la derecha está sobrerrepresentada, por cómo funciona el sistema electoral chileno), y hay una Convención Constituyente, en la que están más representados los movimientos sociales y también las sensibilidades que están más a la izquierda de Boric, como la Lista del Pueblo. ¿Cómo se va a compaginar todo eso? Es una duda que se instala. También es una incógnita si Boric logrará liderar todo ese proceso o si el proceso lo va a desbordar. ¿Qué va a pasar con ese malestar y esa energía de cambios que se manifestó en las protestas? ¿Por dónde se va a canalizar esa energía? ¿Podrán la Constituyente y Boric canalizar esa fuerza o habrá una nueva oleada de movimientos que lo termine desbordando? Esas son mis dudas.

-La duda es si Boric podrá administrar esa ansiedad.

Sí, porque no es sólo un tema de programas sino de tiempos. No es sólo decir que querés hacer esto y esto otro, sino que tenés que hacer todo eso, un poco más también, y además lo tenés que hacer todo rápido. Y los tiempos de las instituciones generalmente son más lentos que los tiempos de la sociedad. Por eso se generan desacoples entre la sociedad y las instituciones, que es lo que ya pasó en Chile. La sociedad, o una parte importante de ella, se descolgó de las instituciones, incluyendo a los partidos políticos de izquierda y a la Concertación. Y mirá que no quiero demonizar a la Concertación; creo que la centroizquierda chilena fue muy exitosa en un montón de cosas, es muy valorable todo lo que hicieron en materia de lucha contra la pobreza. Fue extraordinario: ningún país bajó tanto la pobreza como Chile. A veces se habla como que fueron 20 años prácticamente de cobardía, y no creo que la centroizquierda chilena haya sido eso. Ahora, sí hubo un momento en que la sociedad se descolgó de todas esas políticas. La sociedad iba por un lado y las instituciones por el otro.

-En la campaña de Boric para el balotaje hubo muchas señales hacia la centroizquierda. Se reunió con Michelle Bachelet, recibió el apoyo de Ricardo Lagos y después sumó al gobierno a casi todos los partidos de la Concertación. ¿Cómo lo analizás?

Es que él también necesitaba ese voto moderado. Es una situación recontra compleja la de Boric, que sin duda tiene un liderazgo emergente pero todavía no tiene un nivel de identificación simbólica con la sociedad chilena como sí tuvieron otros líderes latinoamericanos. Pienso en Lula, Chávez o Evo. En algún sentido, pienso que Boric tiene que lograr ser Lula. Tiene que lograr un nivel de identificación simbólico entre los sectores de la sociedad que se sienten afuera, y al mismo tiempo tiene que lograr niveles de moderación que le permitan conducir un país difícil como Chile. No creo que Boric pueda hacer lo que hicieron Chávez o Evo. Pero sí tiene que poder hacer lo que hizo Lula.

-Se está empezando a hablar de una especie de nueva ola de gobiernos de izquierda en América Latina. ¿En qué se diferencia de las anteriores?

Creo que estamos viviendo una tercera ola para la izquierda latinoamericana y cada ola tiene una explicación geopolítica. Hubo una primera ola muy clara en los 60-70, determinada por la Guerra Fría y los movimientos de radicalización que se vivieron en todo el mundo: el Mayo francés, los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos, los movimientos de descolonización en África y, por supuesto, la Revolución cubana. Ese fue el aire de época de la primera ola de la izquierda latinoamericana.

Se habla poco de eso, pero la caída del Muro de Berlín le permitió llegar al poder a la izquierda latinoamericana del siglo XXI, algo que en un contexto de Guerra Fría duro, Estados Unidos seguramente hubiera bloqueado.

Después hubo una segunda ola, que es la de Lula, Chávez, Evo, Tabaré Vázquez, que también estuvo guiada por un aire de época: el fracaso del neoliberalismo y, paradójicamente, la caída del Muro de Berlín. Se habla poco de eso, pero la caída del Muro de Berlín le permitió llegar al poder a la izquierda latinoamericana del siglo XXI, algo que en un contexto de Guerra Fría duro, Estados Unidos seguramente hubiera bloqueado. Después de la caída del muro, Estados Unidos se “distrajo” en Medio Oriente, Afganistán y también en América Latina, lo que “permitió”, muy entre comillas, que llegara al poder un indígena cocalero en Bolivia, un obispo de izquierda en Paraguay o un militar como Chávez en Venezuela. Ya no existía un campo soviético al que estos nuevos gobiernos pudieran adscribirse, no había riesgo de que se alinearan a Moscú porque Moscú ya no existía como centro de poder. Después esa segunda oleada en un momento se agotó y vino una oleada de derechas raras, de derechas breves: [Mauricio] Macri, ahora [Jair] Bolsonaro si pierde, [Sebastián] Piñera, que no logró colocar un sucesor, y hay que ver qué pasa con [Luis] Lacalle Pou y con [Guillermo] Lasso.

Eso habilitó una especie de nuevo tiempo para las izquierdas latinoamericanas, entre las que distingo dos bloques. Una es la izquierda que gana en los países donde no había gobernado la izquierda en la oleada anterior: México con Andrés Manuel López Obrador, Perú con [Pedro] Castillo, Colombia con la posibilidad de que gane [Gustavo] Petro y tal vez Chile, con esa particularidad que hablábamos recién de la discusión sobre cuánto a la izquierda estuvo la Concertación, algo en lo que no todos piensan lo mismo. Y después tenés una vuelta de la izquierda en países en los que ya había gobernado, como Argentina después de Macri, Bolivia después de [Jeanine] Áñez, probablemente Brasil después de Bolsonaro y hay que ver qué puede pasar en Uruguay. Son países en los que ya hubo ciclos largos de la izquierda en el gobierno y donde volvió o puede volver. Una particularidad es que vuelve una izquierda diferente, más moderada. No es lo mismo Alberto [Fernández] que Cristina, no es lo mismo [Luis] Arce que Evo y no es lo mismo este Lula que el anterior Lula. Todavía es un proceso incipiente, hay que analizarlo con mayor profundidad. Pero creo que efectivamente podemos hablar de un tercer tiempo de la izquierda.

-¿Cómo debería relacionarse esta nueva ola con Venezuela y Nicaragua? Las declaraciones de Boric sobre ambos gobiernos dejan la impresión de que hay una convicción en soltarles la mano definitivamente.

Leí las declaraciones de Boric y las comparto. Nicaragua está muy lejos de ser un sistema democrático y Maduro cruzó la línea que separa lo que es una democracia de algo que no es exactamente una democracia. No hay nada parecido entre lo que pasó en Nicaragua y lo que pasó en Bolivia, por ejemplo. En Bolivia tenés un gobierno democrático que fue desplazado del poder de manera autoritaria y que volvió democráticamente al gobierno. En Nicaragua tenés un gobierno que fue elegido democráticamente y que después ya no fue reelecto democráticamente. Para mí pertenecen a una familia diferente, ya no forman parte de esta familia. La duda es si la familia de países en los que no había gobernado la izquierda –Castillo, AMLO, eventualmente Petro– va a construir una familia ampliada con Lula, Alberto Fernández, Arce, o con quién van a construir familia. Creo que el rol de las izquierdas debería ser reconducir a Nicaragua y a Venezuela hacia salidas democráticas que incluyan a los partidos que hoy están en el poder. Porque tampoco es que cayeron del cielo. El chavismo sigue teniendo una representación social en Venezuela, seguramente no mayoritaria.

-Hace poco Pablo Stefanoni decía que gobiernos como los de Nicaragua y Venezuela se han beneficiado más del resto del universo progresista que viceversa.

Estoy de acuerdo con eso, creo que hoy Nicaragua y Venezuela son un peso para las izquierdas democráticas de América Latina. Y ahora, en presente, porque no es lo mismo [Nicolás] Maduro que Chávez, como tampoco era lo mismo el primer Chávez que el segundo y el tercero. Hay que hilar más fino para ir viendo esas evoluciones. Pero sí, estoy de acuerdo con Pablo en eso. Nicaragua es una cruz para la izquierda latinoamericana. Y Venezuela también.

-¿Son desmedidas las expectativas de la izquierda latinoamericana con lo que pueda pasar con Boric en Chile?

Para mí, sí. Porque Chile topográficamente es una isla, tenés una franja de tierra pegadita al mar, una cordillera y un desierto. No es, como se piensa, que los chilenos no se integran a América Latina porque son malos. No se integran porque tienen una cordillera que los separa de Argentina y un desierto que los separa de Perú y Bolivia. Siempre insisto mucho en mirar los mapas. Si uno quiere entender la importancia de Brasil en América del Sur lo único que tiene que hacer es mirar el mapa. Hay una frase famosa de [John Fitzgerald] Kennedy: en un momento le dicen que tiene que hacer algo contra la dictadura brasileña y él responde: “No puedo, mirá el mapa”. Esto es igual.

Chile está haciendo un proceso, pero avanza con relativa autonomía del resto de América Latina. Pedirle a Chile que sea un faro para América Latina es mucho. El país que realmente puede asumir ese rol para las izquierdas es Brasil. Si Lula vuelve al poder en Brasil cambia de verdad el aire en toda América Latina. El futuro de las izquierdas no se juega en Chile, no se juega en Argentina, no se juega en Bolivia, se juega en Brasil.

-¿Cuál es tu mirada sobre el proceso de la izquierda peruana?

Voy a hablar con cautela porque Perú es de los países que menos conozco de la región, pero hay que entender algunas particularidades del proceso peruano. Uno de los mayores problemas es que los presidentes vuelan por la ventana. Todos los últimos presidentes peruanos están presos, perseguidos por la Justicia o se suicidaron, como Alan García. Es un país muy complicado institucionalmente, políticamente muy centrífugo, con un sistema ridículo en el que el Parlamento puede votar la censura al presidente por incapacidad moral. En los años 80 se instaló esa idea de que había que crear un sistema parlamentario para que los partidos se llevaran mejor. Mentira, en Perú tiraron cuatro presidentes en dos años, todo un desastre.

-¿Cómo ves la figura de Pedro Castillo?

Castillo es un liderazgo de popularidad, que llega desde el margen del margen, de un pueblito perdido en medio de la montaña. Tiene ideas muy progresistas y algunas ideas muy conservadoras. En materia socioeconómica, tiene una mirada de cómo hay que apropiarse de la renta de la explotación de los recursos naturales más cercana a lo que pudo ser Evo Morales en sus comienzos, o incluso Chávez o Correa. Pero después es muy conservador en temas culturales, en valores, en el rol de la mujer y la diversidad sexual. Ahí hay una izquierda conservadora. López Obrador en México va un poco por ahí también.

En materia económica Castillo ha tomado decisiones gradualistas o “astoristas”, por volver al término. Hay continuidad en el Banco Central, y en el Ministerio de Economía puso a Pedro Francke, que es un economista más bien moderado.

En Perú pasa también que la macroeconomía funciona más allá de la política. Caen los presidentes y el país crece. El Banco Central funciona aparte, con lo bueno y lo malo que eso tiene. La mirada liberal sobre eso es que es bueno que sea así, porque la economía funciona mientras los políticos se pelean. En Chile, hasta el segundo gobierno de [Michelle] Bachelet, ningún presidente había cambiado al ministro de Economía, siempre se mantenían los cinco años de mandato. En Argentina los ministros de Economía cambian una vez por año.

La mirada positiva sobre eso es que la economía funciona al costado de la política, como pasa en Perú o Chile. El punto de vista negativo pone la mirada en qué pasa cuando la sociedad quiere cambiar la economía. En Chile pasó algo de eso: una porción importante de la sociedad no quería ese modelo económico y la política no podía procesar esa demanda. Argentina es todo lo contrario: tenemos una economía que vuela como una pluma al vaivén del humor social. Quizás estemos teniendo una conversación demasiado astorista, pero Uruguay tuvo en Astori un eje ordenador de la economía durante 15 años, y el resultado fue positivo. Esa es una fórmula que Argentina no ha logrado aplicar. Chile encontró una manera que durante muchos años funcionó y que ahora ya no funciona más.

-¿Qué pasa con Gustavo Petro en Colombia?

Es otra oportunidad para la izquierda. Colombia en algún sentido es parecido a Chile: es un país oligarquizado y muy desigual. Además, tiene en el proceso de paz un eje ordenador, que atraviesa cualquier discusión. Es un país donde nunca ganó la izquierda, como en Perú y México. Petro tiene un partido bastante constituido y eso lo puede ayudar. Hay algunas cosas que me hacen tener mucha expectativa por lo que pueda pasar en Colombia. Pero, de vuelta, no sería tampoco un faro para el resto de América Latina. Insisto, el faro que ilumina al resto es Brasil. Y es Lula. Con Lula ganador cambia todo, eso sería una enorme segunda oportunidad para la izquierda del siglo XXI. Lula es el político latinoamericano del siglo XXI, como fue [Angela] Merkel en Alemania.

-Es una figura de dimensión mundial.

Por el tamaño de Brasil, pero también por el tamaño del liderazgo de Lula. Lula es un gigante en un país gigante.

-Hablabas recién de las diferencias entre este Lula y el anterior. ¿Cuáles serían?

Lo veo con una enorme conciencia del peligro que corre la democracia brasileña con Bolsonaro en la presidencia. No sólo es un peligro para la economía, la sociedad, los pobres y las minorías sexuales; es un peligro para toda la democracia. Y lo veo con una responsabilidad muy grande en construir una propuesta ganadora, porque si está dispuesto a armar una fórmula con [Geraldo] Alckmin, que fue su rival y es un dirigente claramente de centroderecha, es porque su prioridad es ganar la elección. Se puede hacer un paralelismo con Cristina, que se corrió y puso a Alberto, en una especie de giro al centro, hacia la moderación. O con Evo, que puso al que era su ministro de Economía, también más moderado, conciliador, de clase media. Estas izquierdas latinoamericanas que vuelven al gobierno son izquierdas más moderadas. Cuando Chávez, Evo o Néstor Kirchner llegaron al gobierno, era para quedarse y construir ciclos largos de 20 años. En algunos casos fueron de diez, 15, pero la impronta era esa. Ahora uno no piensa que Alberto Fernández llegó al gobierno para construir un ciclo de dos décadas gobernando. Esta es una izquierda más modesta, en buena medida porque la correlación de fuerzas no le da, porque tiene enfrente a una derecha más potente y porque está en el centro de una disputa geopolítica entre China y Estados Unidos. Son una serie de circunstancias que hacen que esta tercera ola de izquierda sea más modesta.

-Hace un tiempo decías que los progresismos pueden sacar provecho de que la disputa sea entre China y Estados Unidos. ¿Lo ves a Lula jugando ese papel?

Claramente, 100%. Lula siempre fue un tipo confiable para Estados Unidos y va a hacer lo que hay que hacer. Cuando tenés dos gigantes en disputa, si ninguno de esos gigantes te obliga a alinearte de manera unívoca, podés coquetear con los dos y construir una agenda con cada uno. En la Guerra Fría no podías hacerlo, porque el mundo estaba partido a la mitad, estabas de un lado u otro de la Cortina de Hierro. Hoy no tenés ese escenario, sino que tenés múltiples escenarios. China no te pide que te afilies al Partido Comunista Chino.

-La disputa es entre dos capitalismos.

Dos capitalismos que compiten y cooperan, porque China compite y coopera con Estados Unidos. El principal tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos es China, algo que con la Unión Soviética era impensado. Está lleno de empresas chinas en Estados Unidos y hay muchas empresas estadounidenses en China. O sea que hay múltiples dimensiones de competencia: comerciales, económicas, políticas, en materia de defensa. Y la que todo el mundo señala como más importante: la disputa tecnológica y de la innovación.

Los países de América Latina tienen una oportunidad en ese sentido, porque China no te pide afinidad política para darte un crédito, y a Estados Unidos no le queda más remedio que entender que tal vez tengas que aceptar las antenas de Huawei de 5G porque son más baratas que las que ofrecen ellos. Entonces creo que líderes como Lula, con inteligencia, podrían jugar un partido fuerte en esa cancha.

-Recién hacías un paralelismo entre el movimiento electoral de Cristina Fernández con Alberto Fernández y el de Lula con Alckmin. Una diferencia es que Lula dice “el presidente soy yo”.

Es cierto, va él y modera la propuesta. Creo que con Alckmin va a intentar crear un gran frente democrático contra Bolsonaro, que contenga a la izquierda del PT [Partido de los Trabajadores] y a una parte del centro que votó a Bolsonaro, que después se arrepintió. Es un sector importante del establishment, empresarios, dueños de medios de comunicación. Lula tiene ahí una gran oportunidad. Es un político muy inteligente y va a querer jugar ese partido.

-La cercanía con Alckim le va a generar críticas por izquierda.

Ahí está teniendo problemas. Las negociaciones con las coaliciones de izquierda más chicas son algo complejo a nivel estadual; en algunos casos va a tener que desarmarlas para aliarse con sectores de centro. Eso va a generar algún malestar con una parte de la izquierda, que tal vez no sea la izquierda social más importante, sino con algunos partidos.

-Lo va a saber manejar.

No tengas dudas. Es Lula.


Nota

1) Danilo Asrori, fue ministro de Economía en el primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010), y vicepresidente de la República en el mandato de José Mujica (2010-2015). Durante los 15 años de gobiernos del Frente Amplio, él y su equipo comandaron, sin fisuras ni contrapesos por la izquierda, la economía del país con una orientación “social-liberal” que, en sustancia, no modificó los pilares básicos del modelo agroexportador y de exoneraciones fiscales al capital transnacional. Ejerció su función con reconocida solvencia técnica alejándose de cualquier desvarío “populista”. Fue clave en la continuidad macroeconómica neoliberal y la carta de confiabilidad para las corporaciones empresariales y las instituciones financieras internacionales. (Redacción Correspondencia de Prensa).


“Lo que hace una fake news es activar prejuicios”


Revista Cítrica

Por Iván Schuliaquer 

Natalia Aruguete, investigadora del Conicet y docente de la Universidad de Quilmes, analiza el crecimiento y la masificación de las fake news. Medios tradicionales, redes sociales y discurso político. Los dilemas y dificultades que enfrentan periodistas en Argentina y el mundo, y los horizontes posibles para los medios autogestivos y comunitarios. Cuarta entrega del ciclo “En el Medio de una disputa digital”.

Vivimos tiempos caracterizados por la polarización política, los sesgos de confirmación y la circulación por espacios fragmentados donde la mayoría de las personas piensa parecido. La confrontación con la diversidad y la conversación entre quienes tienen distintas maneras de ver el mundo es cada vez más extraña. “Hoy todas las agendas son locales”, dice Natalia Aruguete, una de las mayores especialistas argentinas en redes sociales, medios, agenda y debate público, y autora, junto con Ernesto Calvo, del libro Fake news, trolls y otros encantos.

En esta conversación para Cítrica, la investigadora del Conicet y profesora de la Universidad Nacional de Quilmes analiza el crecimiento y la masificación de las fake news, los vínculos fluidos entre medios tradicionales y redes sociales, los dilemas y dificultades que enfrentan los periodistas alrededor del planeta, y los horizontes posibles para los medios comunitarios.

—¿Qué tipo de vínculo encontrás entre la masificación de las redes sociales, su uso cotidiano y la divulgación de fake news? 

—La masificación de la circulación de discursos y sentidos públicos en redes sociales es uno de los condimentos que promueve la propagación de fake news, no es el único. Las fake news son una expresión específica de campaña negativa, que requiere una intencionalidad deliberada para generar un daño de manera directa o para limitar el debate. Vos necesitás una instancia de producción y emisión de ese tipo de discurso, pero también necesitás que eso se propague. Acá están la fragmentación y la personalización de estos discursos, que supone que haya cierta consistencia cognitiva y afectiva para que algo se comparta porque interpela al interlocutor de manera efectiva. Le das un placer cognitivo porque le confirmás sus propios prejuicios. Esa es una de las explicaciones, pero no puede ser la única. La masificación de las redes sociales no es la causa directa de la propagación de fake news. De hecho, las estrategias de desinformación están desde el origen de los tiempos. Es más, no sé si es mucho más peligrosa la actual que en otras épocas, si se lo compara con la circulación de sentidos durante nuestra última dictadura militar o durante el nazismo. Y otro de los aspectos de la condición de posibilidad es la creciente polarización política, social, discursiva a la que estamos asistiendo.

—O sea que las fake news, en un punto, se alimentan de un espacio político polarizado.  

—Encuentran su condición de posibilidad. Un argumento que sostengo enfáticamente es que aquellos valores cognitivos y afectivos que nos llevan a compartir una fake news no se distinguen mucho de los valores cognitivos y afectivos que nos llevan a compartir un contenido verificado. Por ejemplo, lo traduzco en un caso concreto: en una campaña electoral, la composición y la circulación de discursos se polariza al extremo. Eso es constitutivo de una campaña, no podría ser de otra forma porque los propios dirigentes distinguen sus propuestas como estrategia para ganar una elección. En un escenario así, vos proponés un mensaje donde activás en los otros temas latentes de su idiosincrasia: generás entusiasmo para querer compartir algo, por el placer de sentirse confirmados. En la campaña de 2019, con Ernesto Calvo y la organización Chequeado, hicimos una  investigación sobre la efectividad del fact-checking. Vimos que usuarios se sentían motivados para compartir mensajes que decían “Ofelia Fernández no terminó el secundario y gana 300.000 pesos” o “Macri estaba usando un audífono durante el debate” o “Verónica Magario justificó la no apertura de jardines de infantes ‘porque queremos un pueblo peronista’”. En realidad, esos tres mensajes no son solo informativos, son confirmatorios de idiosincrasias latentes de la ciudadanía argentina. Que además son frases muy buenas porque condensan en pocas palabras algo que activa emocionalmente. En ese mismo experimento, cuando exponíamos a esos mismos usuarios a una verificación donde se mostraba la falsedad de esa información, el mismo usuario, el mismo encuestado, ya no la quería compartir. Lo que veíamos es que la verificación de la información no es solamente un mensaje donde vos le informás al otro. Además le estás transmitiendo un mensaje sancionatorio, le decís “vos te equivocaste y compartiste algo que era falso”. Eso inhibe y genera perturbación cognitiva. Por eso lo que hace una fake news de una manera muy fácil, corta y visceral es activar prejuicios. Eso es lo que garantiza que uno se sienta entusiasmado para compartir y que, por ende, garantice su propagación. 

—Ahora, la idea de las fake news muchas veces se suele relacionar al mundo de las redes sociales. Sin embargo, al menos en Argentina, varios de los medios comerciales más importantes forman parte también de la divulgación de fake news. ¿Qué diferencias le ves y por qué pensás que es posible?

—Un primer elemento que me parece central es que, desde el análisis que yo hago en términos de circulación de sentido, para mí no hay una distinción clara entre medios tradicionales y redes sociales. Cuando hablo de esto, yo lo denomino ecosistema mediático digital porque no hay dos escenarios comunicacionales con agendas paralelas. La verdad es que las agendas se retroalimentan permanentemente en múltiples sentidos. De hecho, los medios habitan y son influencers en las redes sociales. Y también se adecuan a las reglas de personalización y segregación que propone la lógica algorítmica de las redes. Entonces, por un lado, habitan el mismo espacio. Por otro, muchas veces lo que observamos es que, para que una fake news discurra en las redes sociales, es necesario que se haya armado un contexto simbólico alrededor de ese tema en los medios tradicionales y el discurso político. Entonces no es posible que una fake news, o cualquier tipo de contenido que suponga una campaña negativa o violencia en redes sociales, tenga asidero sin un contexto comunicacional más general. En ambos lugares pueden conformarse operaciones políticas y las fake news son una de las formas novedosas de las operaciones políticas que existen desde siempre. La otra cuestión que diría es: por supuesto, los medios tradicionales también incurren en falsedades. Muchas veces a partir de nuestros razonamientos motivados, o lo que más comúnmente se llama sesgo de confirmación, reunimos evidencia que es consistente con algo que para nosotros es plausible y podemos acoger cognitivamente. Y esa regla cabe para todos y todas igual: los periodistas, los políticos, las instituciones, estamos todos alcanzados por las generales de la ley. Entonces, por qué un periodista no va a incurrir en los mismos posibles errores, producto de sus sesgos cognitivos, cuando ata cabos, descontextualiza, recontextualiza y agrega información para que tenga más sentido. Lo que pasa es que hoy no es tan fácil saber en qué parte la información incurre en una falsedad y en cuál no.

—Previamente suponíamos que parte del trabajo informativo implicaba rigurosidad informativa. Que dentro de la división del trabajo social, parte de la labor de los medios informativos era chequear y dar información verificada. Ahora, algo cada vez más común en esta época es que, aún cuando se demuestra que una información que dio un medio es falsa, no hay retractación. Y muchas veces incluso hay profundización. ¿Hay ciertas fronteras del trabajo informativo, y de un consenso profesional, que se fue erosionando? ¿Esto que pasa respecto del ecosistema digital es igual en Argentina que en otros países? 

—Yo tengo más sistematizado el caso argentino, pero estoy segura de que no es un fenómeno de un solo país. No es fácil establecer los límites de una fake news, el propósito y lo que provoca. Claramente Trump diciendo “acá hay fraude, acá hay fraude”, en los meses previos a la elección presidencial, era una ficción que quería visibilizar eso. Y lo que logró después fue que más de la mitad de los republicanos crean que efectivamente hubo fraude y obligó a los demócratas a salir a la defensiva. Bueno, la estrategia de desinformación era clara, el emisor era claro. Para un estudio que estamos haciendo, me encontré con un posteo de la BBC donde un profesor afroamericano decía: “Perdí mi trabajo por no querer vacunarme”. Y después, cuando lo volví a buscar, lo encontré en un montón de posteos de varios medios en Latinoamérica. Eso era falso: no es cierto que en Estados Unidos te echen por no vacunarte. Hay otras estrategias. Y era la BBC. No podría saber si la BBC se desdijo. Pero, ¿me voy a encontrar en redes con la verificación que dice que eso es falso? No, porque va a tener otra circulación, porque el algoritmo lo va a llevar al otro lado. Me resulta muy difícil en este momento pensar al periodismo en un contexto de terrible precarización desde una mirada de manual deontológico, respecto de cuáles son los preceptos morales del buen periodismo. No existe más eso. Si un periodista entrega ocho notas en un día para tres medios, me resulta antipático pedirle al periodista que se responsabilice por hacer una nota verificada. Además, porque muchas veces las fuentes que son habilitadoras de tu conocimiento, de tu aproximación a determinadas situaciones de la realidad, son fuentes a las que no te queda otra que creerles, porque son las únicas. Por ejemplo, las noticias sobre hechos delictivos. En muchos casos, la policía o el personal del Poder Judicial son los habilitadores de la información de lo que el periodista se entera. ¿Qué responsabilidad tiene? La actual instancia de producción de noticias hace más difícil establecer distinciones de manera prolija.

—Hay un problema que siempre existió: qué es la verdad, cómo contar la verdad o la realidad. Y esta dificultad del trabajo periodístico. Pero también algo que se ha mostrado es el crecimiento, no solo en la Argentina, sino a nivel mundial, de la intervención de los propietarios sobre las líneas editoriales de sus propios medios. Dueños de medios que son magnates hubo desde siempre. Quizás la diferencia es la incidencia que tienen sobre los contenidos respecto de lo que pasaba hace algunas, una o dos décadas. ¿Creés que ahí hay novedades? 

—No sabría decir si ahora es mayor que antes. Es probable que ahora esté más de manifiesto y que estemos prestando más atención. Yo creo que ahí están pasando varias cosas. Por un lado, es muy probable que las confrontaciones entre el ámbito político y el sistema de medios hayan puesto más de manifiesto los alineamientos por la polarización a la que asistimos en múltiples países. Supongamos que concedemos y decimos: “Sí, ahora la confrontación está más puesta de manifiesto”. Efectivamente, hay una exaltación editorialista por parte de los trabajadores de prensa. Pero esa exaltación también tiene que ver con un supuesto que no está confirmado y es que si vos exaltás tu posición editorialista, vas a generar mayor engagement (compromiso) en los intensos. De todas maneras, a los no intensos les generás un cinismo que los desconecta. Mucha gente empezó a desconectar de ciertos canales y celebrities a los que seguía por su editorialización muy exacerbada. Una pregunta más oculta es si uno de los posibles factores que explican eso también tiene que ver con la crisis por la que están pasando los medios tradicionales. En este momento, periodistas y editores están mucho más pendientes del consumo de noticias, que además lo pueden ver al minuto. Ya no son solo los canales televisivos, todos los medios digitales pueden tener eso como información al momento. Eso hace que lo que está pasando por la cabeza de tu audiencia empieza a incorporarse en tus propias decisiones rutinarias de noticiabilidad: cuándo sacás una nota, cuánto tiempo la sostenés, por cuáles canales. Probablemente a quien esté tomando estas decisiones no le importe la política. La crisis de las instituciones mediáticas tradicionales es tal que buscar una explicación política excluyente es insuficiente.

—Vos trabajaste mucho sobre el tema de la agenda. En el ecosistema digital hay un montón de actores que confluyen, disputan distintos puntos en la agenda, su construcción, los temas a los que se les presta atención, su tematización. ¿Qué rol juegan o pueden jugar ahí los medios alternativos o comunitarios? 

—Depende el tema que se pone en discusión porque eso puede polarizar o no, puede diversificar o no, puede darle voz o no a los usuarios más plebeyos. En general, lo que creo es que la agenda a la que solemos asistir y estamos expuestos como observadores no atentos es una agenda que se ha oficializado en extremo. Creo también que incluso a algunos medios alternativos y comunitarios les cuesta mucho correrse de esa agenda oficial. La relación entre la agenda política y la agenda mediática está más simbiotizada que nunca. Los del montón quedamos mirando muy de afuera cualquier posible intervención en esa agenda. Hay ocasiones en las cuales se arman eventos políticos que autores para mí muy respetados los denominan eventos críticos redefinitorios. Es cuando hay una convergencia de múltiples actores que generan tal nivel de conmoción alrededor de un evento que lo convierte en un problema público. Por ejemplo, en el primer mes de la desaparición de Santiago Maldonado, las principales autoridades para contar lo que pasaba fueron medios que no eran ni Clarín ni La Nación. Habían llegado primero a la noticia, que después tuvo muchísima visibilidad en la política argentina. Entonces, al inicio logró conmover el escenario mediático de producción informativa. Otro de los de los casos en los que nosotros vimos esto muy claramente fue en los eventos que promovieron agendas de género en la discusión alrededor de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en 2018, donde las autoridades en redes no eran ni los políticos ni los medios tradicionales de mayor visibilidad. Igual, no es de hoy para siempre. Lo de Maldonado empezó así y terminó mal: con todos los trolls copando la parada y explicando la totalidad del discurso. Hubo 77 días de activación, pero quienes ganaron fueron los que se coordinaron para desactivar la discusión.

—En base a lo que venimos hablando, hay algo que pareciera estar, y que mostraron autores como Pablo Boczkowski hace tiempo, que es la paradoja de que hoy hay muchísimos medios, pero pocos mensajes o cierta concentración de lo que se dice. ¿Cómo te parece que juegan ahí los medios autogestivos, alternativos y populares? 

—No soy especialista de medios comunitarios, pero voy a decir dos cosas. Sin ser porteñocéntricos, los medios comunitarios en algunas zonas de la Argentina son el único consumo mediático con alcance. Por supuesto, no le va a disputar la agenda Clarín, pero esos lugares son los que le cuentan la agenda a la gente o los que socializan esa agenda con esas audiencias locales. Y la otra cuestión que yo observo es que los trabajadores o los militantes de este tipo de medios están con mucha necesidad de expresarse, pero muchas veces no terminan de encontrar una audiencia. Yo creo que hay que encontrarla, necesitás un interlocutor que te ayude a terminar de armar la agenda. En este momento, las agendas son todas locales, incluso en las redes sociales. Ya no es Clarín instalando una agenda generalizada. Es la gente que consume Clarín. Además, la gente ya está proponiendo una agenda en su burbuja. En realidad, Clarín, Página/12, Telesur o Cítrica tienen lectores que buscan que le confirmen su agenda, para que aporten un grano a su agenda. Ningún medio instala ya agenda sobre una tabula rasa. Nunca la instalaron, pero ahora menos que nunca. Vos tenés usuarios muy activos que con sus reacciones en el consumo y en redes, con la dependencia de los editores de ese consumo, con su capacidad de coordinarse para compartir y difundir una agenda, contribuyen en gran medida. La correlación de fuerzas sigue siendo desigual, pero no podemos negar que todos contribuimos a conformar una agenda. La apuesta tiene que seguir siendo una agenda distinta que active a esos interlocutores locales, nacionales, de nicho. Para eso hay que tener congruencia con esos interlocutores. Es esa la forma en la que ahora circula el mensaje. Si vos tenés congruencia cognitiva con el interlocutor que habita tu misma comunidad de valores, vas a poder instalar una agenda. La agenda ya no es más nacional, no es más internacional, la agenda es local. El problema es si para preguntarnos cuál es la agenda de los medios alternativos seguimos teniendo a Clarín como parámetro.

*Por Ivan Schuliaquer para Revista Cítrica / Imagen de portada: Juan Pablo Barrientos.


Para quién miras


La Trinchera

Por Miguel Alejandro Hayes 

La práctica económica de los poderosos se encubre con una neolengua de Estado: la Macroeconomía, columna vertebral de lo que entendemos por Economía.

Desde que apareció la teoría de la relatividad, las ciencias comenzaron a recordar una pregunta olvidada en el siglo XIX: quién. Todo empezó con ¿quién mira? (desde dónde), y puede que termine en ¿para quién mira? No en vano esa interrogante marcó una ruptura en la física moderna.

Por su parte la Economía, ciencia que estudia la economía, descubrió algo similar a mitad del siglo pasado. Reconoció que le habla a alguien y que es para ese alguien.

¿Quién mira? ¿Para quién mira? La práctica económica de los poderosos se encubre con una neolengua de Estado: la Macroeconomía, columna vertebral de lo que entendemos por Economía. Se trata de un idioma burocrático que nos hace creer que si mejora el PIB mejoraremos nosotros o que si el gran capital exporta mercancías, y se exporta a sí mismo, mejoraremos nosotros.

Estamos ante unos códigos que hablan de una realidad que no conecta con la nuestra y que nos hace depender de sus signos y símbolos para validar nuestras condiciones. Pero, al mismo tiempo que nos enajena, un lenguaje más humano, más concreto, más directo, más de dejar claro los verdaderos deseos, es usado por aquellos que toman las grandes decisiones en cada nación, al servicio de los poderes que representan. Y si los poderes que representan no coinciden con los nuestros, la neolengua de Estado no es más que una cortina de humo.

Esa misma neolengua no solo nos impide explicar la realidad, sino que también nos hace arrastrar sus errores cuando nos preguntamos sobre un nuevo horizonte.

Así, las alternativas para una nueva economía hablan de rescatar el PIB, y uno se pregunta, ¿quién puede decir la relación causal entre el PIB y la proporción del aumento del poder adquisitivo del salario, o su papel en la transformación en los patrones de acumulación del capital que dependen de consumos desproporcionados? Nadie puede, porque no existe. El PIB puede ir con un sentido favorable y el salario ir en sentido inverso.

También hay economías nuevas que se proyectan en reproducción del conflicto de las causalidades del valor, es decir, de quién pone más valor a la economía, asumiendo que la eficiencia acabada en un sector es una eficiencia de cierta entidad productiva, en vez de social. ¿Acaso, los sectores más rentables de la economía no son parte de una gran cadena de procesos productivos sin los cuales no sería posible la mercancía final?

Por tanto, una nueva economía pasa por tener una nueva forma de pensar la economía. O lo que es lo mismo, por tener una nueva Economía. Y esto exige, al menos, otros sistemas de medidas y nuevas formas de entender el tejido social productivo como un todo, cuyas partes son interdependientes.

Para empezar a construir esa nueva economía, hay que medir, con o sin número, la cercanía a la meta. Para ello, la unidad de medida del valor social no debe ser la sumatoria del valor social monetario (PIB), sino la igualdad de condiciones, económicas, políticas, culturales.

Una forma de hacerlo, para la nueva economía, sería utilizando como medida el poder adquisitivo del salario mínimo. Sin embargo, sería imprescindible concebir el salario no como esa economía aún vigente (monto de dinero que paga una jornada laboral), sino como todo reconocimiento al trabajo. Así, podríamos empezar a entender el salario como la capacidad de acceder a una serie de derechos por parte del trabajador, como derechos laborales, económicos, jurídicos, culturales, lo que se traduce en el derecho a sindicalización, a vacaciones pagadas, a jornadas de trabajo no muy largas, al ocio, a la cultura, a la superación, al disfrute y a la creación del arte. Entonces, una nueva economía tendría como para quién al sujeto común, al ciudadano sin distinción. La forma de medir el avance de esa nueva economía sería la capacidad de acceso de cualquier trabajador, ya sea desde lo más básico, como puede ser la alimentación y la vivienda, hasta el acceso al arte.

Por otro lado, sería demasiado problemático detener el proceso de transformación y renovación de los ciclos de producción, ya sea en términos de dinero o de información. El saldo sería más conflictividad social, pérdida de formas de organización de la producción y escasez.

En cambio, se podría cambiar la concepción cuantitativa de los ciclos de valorización social. Si hasta ahora la meta es el más, la nueva meta puede ser añadir cualidad: destinar más a la investigación para transformar las formas de actividad productiva, sus patrones, la cultura de consumo. Para ello habría que conducir los ciclos de valorización a socializar de manera orgánica la propiedad, en vez de producir más. Quien optimice su capacidad productiva, en vez de incrementar cantidad, podría producir algo nuevo, añadir un nuevo elemento de valor, en alianza con otro. Esa fórmula de interdependencia serviría para mostrar cómo todos participamos del valor social, y que quien recibe los mejores pagos solo es un extremo de una gran cadena.

En ese mundo de la nueva economía, la contabilidad sería solo un medidor de cuánta riqueza social adquirió en el periodo registrado contable una entidad económica, por lo que serviría para valorar o planear, no para jerarquizar. Eso solo sería posible usando el potencial de valorización de las sociedades actuales para reformarse a sí mismas. Para ello, la fuerza política y los consensos podrían apuntar al mecanismo específico de limitación de la expansión cuantitativa del capital, dejando, así como único espacio su propia transformación, a la que solo le quedaría una descentralización paulatina.

El quién de una nueva economía somos nosotros. Se trata de construir nuevos rumbos a la valorización de la producción, nuevas formas de pensarlas, pero siempre valorizando, porque el bienestar, la armonía con la naturaleza, la capacidad del ser humano de ser libre no solo debe conquistarse, sino también debe valorizarse, dígase, perfeccionarse. Así, la nueva sociedad debe ser aquella de la economía que valoriza la dignidad de la vida humana y su armonía con la naturaleza.


martes, 1 de febrero de 2022

La toma de posesión de la presidenta electa Xiomara Castro es una nueva esperanza para Honduras


Contracorriente.red

Por Norma Torres

Congresista Norma Torres | EEUU | USA | Relación de estados unidos y Honduras

Primero quiero felicitar al pueblo de Honduras por el monumental éxito de unas elecciones libres, justas y pacíficas. Sabemos por experiencia -en todo el mundo y aquí en los Estados Unidos- que esto no puede darse por hecho. Solamente por ese logro deben estar orgullosos.

La presidenta electa, Xiomara Castro ha prometido revertir el curso de un país plagado por la corrupción bajo el liderazgo del supuesto narcotraficante Juan Orlando Hernández. La promesa de Castro de “sacar a Honduras del abismo en que estamos enterrados” por la administración anterior, claramente resuena en los hondureños que han sufrido por años con un presidente cuyo único compromiso es con sí mismo.

Bajo el gobierno de Hernández, los hondureños se han enfrentado a personas poderosas que han cometido asesinatos, violaciones, y tortura en total libertad e impunidad.  Se estima que una mujer es asesinada cada 16 horas. La violación sexual es generalizada y el 95% de los casos de violencia contra las mujeres no son investigados. Mientras las autoridades del gobierno, incluyendo al hermano del presidente se han enriquecido a través del tráfico de drogas, más del 66% de las familias viven en pobreza, luchando por alimentar a sus hijos.

Como resultado de su fracaso, el año pasado, 32% de todos los menores no acompañados -más de 39,000 niños- que vinieron a Estados Unidos fueron de Honduras. En total, más de 700,000 hondureños han dejado su país para migrar hacia Estados Unidos desde que Hernández tomó posesión. Inmigrantes desesperados por tener una vida mejor enfrentan un camino peligroso y arriesgado hacia nuestra frontera sur y muchos pierden sus vidas a lo largo del camino.

Se de primera mano las consecuencias que dejan en sus ciudadanos los gobiernos corruptos. Fui enviada por mis padres hacia Estados Unidos desde Guatemala durante la guerra civil. Me robaron un futuro en el país donde nací porque no era seguro para mi quedarme allí. Yo quiero que los niños centroamericanos tengan la posibilidad de tener vidas prósperas y prometedoras en sus países de origen, y que los padres no tengan que sentir la necesidad de hacer un viaje peligroso hacia otro país solo para sobrevivir.

El daño que le hizo la administración de Hernández a Honduras es amplio, institucional, y no puede ser reparado de la noche a la mañana. Durante su mandato, las raíces de la corrupción crecieron profundas y fuertes, creando un sistema dirigido por peligrosos criminales.

La elección de la presidenta Castro sugiere una gama de nuevas oportunidades y es razón para renovar la esperanza y el optimismo. Insto al electorado a mantener su determinación pero permanecer pacífico mientras expresa sus preocupaciones.

Pero es importante recordar que los mismos retos se mantienen. La presidenta electa Castro solo es una persona, y un cambio contundente requerirá del compromiso de todo el gobierno. Ella necesitará el apoyo de las autoridades electas en todos los niveles -alcaldes, gobernadores, fiscal general- para ajustar y reparar un sistema que ha estado demoronándose por años, a través de legislación responsable que responda a las personas y mantenga a los líderes electos en constante rendición de cuentas. Estos líderes deben entender que la responsabilidad principal del gobierno es proteger a sus ciudadanos no a los actores corruptos.

Recién escribí una carta al Departamento de Justicia de los Estados Unidos aconsejándole acusar y extraditar de forma inmediata al expresidente Hernández para ser enjuiciado por cargos de tráfico de drogas. Hernández fue identificado como co-conspirador en el caso de su hermano aquí en Estados Unidos y el Departamento de Justicia dijo que el presidente Hernández “tuvo un papel de liderazgo en una violenta conspiración para el narcotráfico patrocinado por el Estado”. Ahora debemos buscar justicia para todas las personas -americanas, hondureñas y otras- que fueron dañadas por su gobierno.

He invertido mi tiempo en el Congreso trabajando para mejorar las condiciones de la región. El año pasado luché por más de 45 millones de dólares en fondos de asistencia internacional para combatir la corrupción en Centroamérica, y 30 millones de dólares para programas de protección para las mujeres y los niños. Podemos consagrar estas protecciones como ley a través de la Ley bipartidista para la Protección de las mujeres y los niños, una legislación que yo introduje.

Es también crucial que tengamos una amplia supervisión de nuestra ayuda a Centroamérica, garantizando que nuestros recursos lleguen a las personas a las que se debe ayudar. Lo podemos hacer al condicionar la asistencia internacional adhiriéndola a estándares de anticorrupción y  Estado de Derecho. Continuaré demandando transparencia y rendición de cuentas para asegurar que los dólares bien ganados de los contribuyentes sean utilizados para los propósitos debidos.

Debemos asegurarnos que cuando el gobierno de Estados Unidos tenga información fiable sobre autoridades públicas comprometidas con el narcotráfico y otros crímenes, hagamos esa información pública y se sancionen a esas personas. Seguiré luchando para asegurar que los Estados Unidos ayuden a fortalecer las democracias de Centroamérica, responsabilicen a las personas cuando incumplan la ley, y que estemos comprometidos a trabajar con líderes en la región dedicados a invertir estos recursos limitados en proteger a las familias vulnerables de los aspectos más peligrosos.

Transparencia, rendición de cuentas y libertad son valores básicos en toda democracia – y esta es una emocionante oportunidad para que la nueva administración asuma estos valores y ayude a la reconstrucción de Honduras. Extiendo mis felicitaciones de todo corazón a la presidenta electa Castro. Los Estados Unidos están aquí como un aliado mientras usted se mantenga comprometida en cumplir con las promesas de su campaña y trabajar por el pueblo de Honduras.


Xiomara Castro “Refundar Honduras es una misión imprescindible e irrenunciable”


LINyM

Por Giorgio Trucchi 

Fotos Luis Méndez

Este 27 de enero, en un escenario de algarabía popular, fiesta y celebración, pero también de memoria y exigencia de justicia para las víctimas de la brutal represión golpista y postgolpista, al grito de ‘sí, se pudo’, ‘ni olvido, ni perdón’, ‘sangre de mártires, semilla de libertad’, Xiomara Castro asumió la presidencia de Honduras, acabando con doscientos años de bipartidismo y presidentes hombres.

Se rompieron cadenas y tradiciones y sólo fue posible gracias al voto masivo y la voluntad mayoritaria, determinada y resistente del pueblo hondureño, como dijo iniciando su discurso la flamante presidenta.

Castro juró ante la jueza Karla Rivera y en presencia del presidente del Congreso Nacional, Luis Redondo, quien le colocó en el pecho la banda presidencial azul turquesa y blanca. Acto seguido fueron juramentados los tres designados presidenciales (vicepresidentes) Doris Gutiérrez, Salvador Nasralla y Renato Pineda.

Casi 60 delegaciones asistieron a la ceremonia, incluyendo a las vicepresidentas de Argentina y Estados Unidos, Cristina Fernández y Kamala Harris, el rey Felipe VI de España, los ex presidentes de Brasil y Paraguay, Dilma Roussef y Fernando Lugo, y presidentes, cancilleres y altos funcionarios de Bolivia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, México, Nicaragua, Panamá, Venezuela, entre otros.

Después de la juramentación, la presidenta Xiomara Castro tomó la palabra (vea aquí el discurso completo), sin ocultar las graves dificultades que enfrentará su gobierno, a raíz del saqueo orquestado y llevado a cabo por los gobiernos continuadores del golpe de 2009.

Las “cifras reales y no maquilladas de la tragedia social y económica que enfrenta Honduras” hablan de un Estado hundido y en bancarrota, de un aumento del 700% de la deuda interna y del 319% de la externa que actualmente consumen más del 50% de los ingresos del presupuesto general, del 74% de población en pobreza, de miles de personas que siguen huyendo hacia el norte.

Un escenario espeluznante que tiene como única solución un proceso integral de reestructuración de la deuda.

“Tenemos el deber de restaurar el sistema económico sobre la base de la transparencia, la eficiencia de la producción y la justicia social en la distribución de la riqueza. Debemos arrancar de raíz la corrupción de los doce años de dictadura. Tenemos el derecho de refundarnos y de asegurar recursos económicos para invertir en la gente”, arengó Xiomara Castro.

Como ejemplo, la mandataria ilustró la destrucción de la cual fue víctima la empresa nacional de energía (Enee) durante los últimos doce años. Las pérdidas por robo alcanzan más del 38% y el impacto en el flujo de caja es de más de U$ 450 millones. Honduras supera con creces los porcentajes promedios de pérdida en la región.

“Convirtieron al Estado en opresor y violador de los derechos humanos. Han atentado contra la soberanía popular, vendieron el territorio como cualquier otra mercancía. Han modelado toda la legislación a sus propios intereses, sin importar el brutal daño sobre la población a la que han reducido a la miseria. Por eso entregó al Congreso Nacional el proyecto de decreto que deroga la Ley de las Zede (Zona de empleo y desarrollo económico)”, continuó Castro.

Pese a la crisis generada por el ‘golpe parlamentario’ de unos 18 diputados tránsfugas del Partido Libertad y Refundación (Libre), que votaron con la derecha para elegir a una junta directiva del Congreso diferente de la acordada con los aliados, Castro aseguró estar lista para avanzar con la propuesta de refundación del país porque, dijo, “refundar es una misión imprescindible e irrenunciable con la que debemos estar comprometidas, acompañadas de la voz y la opinión del pueblo a través de las consultas populares”.

Para lograrlo, la mandataria convocó al pueblo hondureño y solicitó al Congreso aprobar la Ley para la Participación Ciudadana.

“No podemos estar atados a que tengamos que obtener 86 votos, que sustituyen la voz del pueblo y que no nos permiten hacer consultas”, dijo.

“Estamos comprometidas con nuestra propuesta del socialismo democrático para sentar las bases de combate frontal a la corrupción, para que estos hechos que nos han avergonzado, jamás vuelvan a repetirse. La refundación de Honduras – continuó – comienza por el restablecimiento al respeto del ser humano. La inviolabilidad de la vida, la seguridad de ciudadanos y ciudadanas, no más escuadrones de la muerte, no más silencio ante los femicidios, no más sicariato, narcotráfico, ni crimen organizado”, aseguró.

Cuatro son los sectores que estarán al centro de las políticas públicas: educación, salud, seguridad y empleo.

En este sentido, Xiomara Castro presentó una lista de más de veinte puntos donde dio las primeras órdenes como mandataria de Honduras.

Entre los puntos destacan la gratuidad de la energía eléctrica para las familias que consumen menos de 150 kilowatt al mes (el costo será asumido por los altos consumidores), subsidio para los combustibles, disminución de los intereses bancarios para la producción, asignación de presupuesto para educación presencial, gratuidad de la matrícula, merienda escolar, vacunación y mascarillas.

La acción de gobierno se enfocará en el desarrollo agropecuario y soberanía alimentaria, se renegociarán las cláusulas del Tratado de libre comercio entre Estados Unidos, América Central y República Dominicana (Cafta), al tiempo que no se permitirán más proyectos de minería abierta, ni explotación de minerales, ni concesiones de ríos, cuencas hidrográficas, en parque nacionales y bosques.

También se pondrá especial atención al desarrollo agroforestal, industrial, promoción del turismo y a una estricta política fiscal y monetaria.

Para los primeros cien días, el nuevo gobierno implementará las medidas urgentes prometidas durante la campaña electoral, entre otras, libertad para los presos políticos de Guapinol, justicia para Berta Cáceres, especial atención a adultos mayores, personas con discapacidad, niñez y juventud, pueblos indígenas y negros, comunidad Lgbti.

Asimismo, se deberán derogar las reformas constitucionales ilegales que violentan la soberanía nacional, como las Zede, emitir leyes que condenan el golpe de 2009, la sentencia que permite la ilegal reelección presidencial, amnistía para los presos políticos y personas en el exilio.

También ordenó la restitución de la nacionalidad hondureña al padre Andrés Tamayo, quien tuvo que abandonar el país después del golpe, derogar las leyes aprobadas en los últimos días para asegurar la continuidad del aparato político-clientelar, y todas aquellas que criminalizan la protesta, promueven la corrupción y el saqueo de las finanzas públicas, destruyen la seguridad social.

Finalmente, Xiomara Castro mandó a reformar el presupuesto general, a instalar, con el apoyo de Naciones Unidas, una comisión para el combate frontal a la corrupción y la impunidad, una política exterior centro y latinoamericanista, soberana y solidaria, que apoya el multilateralismo y la complementariedad.

“Esta es una fecha que quedará en nuestra historia, como la impronta de una generación que decidió ser libre y les heredará a las generaciones venideras la posibilidad de crecer creyendo que un mundo mejor es posible. Nuestra visión del mundo antepone el ser humano por sobre las reglas del mercado.

Tenemos la mejor disposición y espíritu de diálogo. Ya no más violencia contra las mujeres. Voy con todas mis fuerzas para cerrar las brechas y generar las condiciones para que nuestras niñas puedan desarrollarse plenamente y vivir en un país libre de violencia. Mujeres hondureñas, no les voy a fallar. Voy a defender sus derechos. ¡Cuenten conmigo!”, concluyó.


Herminio Deras, 39 años de su martirio y el nuevo amanecer para la justicia en Honduras


Radio Progreso

Por Alba Deras García

Un 29 de enero de 1983, el mundo se detuvo para ella. Recibe la noticia del brutal asesinato de su hermano. La década perdida por la implementación de la doctrina de seguridad nacional golpea lo más valioso de la juventud hondureña, es la década de las desapariciones forzadas, de las torturas, de los asesinatos políticos, de las persecuciones, del exilio.

Su hermano, su amigo leal, su formador; ese ser humano de hablar pausado, de enseñanza permanente,  de una nobleza sin límites, de profundas convicciones de que otro mundo mejor es posible, – y para lo cual pone toda su inteligencia y entrega al servicio de ese pueblo que lleva en cada fibra de su ser, – es objeto de una persecución permanente por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, y una madrugada triste intentan secuestrarlo, se resiste, pelea contra sus agresores, y cae abatido por las balas de los asesinos, había jurado que nunca se dejaría llevar vivo, cumple su promesa.

Estando lejos no puede acompañar a su familia en tan doloroso momento, toca fondo, no puede asimilar tan duro golpe. Años más tarde, hace de la búsqueda de justicia para su hermano y su familia, cruelmente tratada,- perseguida, secuestrada, torturada, estigmatizada, exiliada, -un objetivo de vida, en esa búsqueda de justicia la acompaña COFADEH [1]y de la mano sabia, profesional, de una abogada (MERY), que pone su experiencia y su corazón a la representación del caso,  El Sistema Interamericano de Derechos Humanos después de muchos años, lo asume; y  más temprano que tarde el Estado de Honduras debe recibir la condena que se merece, pero, aunque justicia tardía no es justicia, cree que el descomunal esfuerzo realizado por su hermano vale la pena, y es una forma de hacerle el homenaje que él se merece, su sacrificio no puede ser en vano y confía que un día el pueblo pueda hacer suya la memoria histórica y cumpla los sueños de un mundo mejor por los cuales tantos hombres y mujeres valientes dieron la vida.

Y en este nuevo amanecer para Honduras, cuando el pueblo ha decidido asaltar con audacia y valentía la utopía, Herminio espera justicia, pero primero para su pueblo martirizado, el cual está hambriento no solo de comida, sino de esperanzas.

Herminio nos espera, paciente, pero no callado, comparte con su pueblo la alegría desbordada, pero vigilante, para que los nuevos traidores no trunquen nuevamente sus sueños.

Por Herminio, por todos nuestros mártires, juramos ser leales siempre, traidores JAMÁS.


Martí, el apóstol de América


Rebelión

Por Gustavo Espinoza M. 

Suele decirse que José Martí es el Apóstol de Cuba. La realidad lo legitima, como un Apóstol de América. Su figura, alcanza las mismas dimensiones que la de San Martín y la de Bolívar, y se proyecta en el continente porque vivió América de un extremo al otro con inteligencia y pasión.

José Martí nació en La Habana hace 169 años, un 28 de enero de 1853, Su vida corta –murió combatiendo por la Independencia de su país el 19 de mayo de 1895 con apenas 42 años cumplidos-  fue manantial cristalino;  y sus ideas y acciones alentaron la vida de los pueblos de esta región en una etapa gloriosa, que cerró el primer ciclo de la independencia de América, cuando estas tierras dieron al traste con el yugo español y abrieron cauce a un nuevo escenario de lucha,  que hoy perdura.

Tenía apenas 16 años cuando fue encarcelado y sometido a seis años de prisión y de trabajos forzados. En 1869  ya andaba con grilletes en los tobillos, pagando tributo por una causa que concibió como suya desde que vio la luz. Desterrado a España con tan solo 19  años, no asumió nunca el espíritu de los opresores sino que afirmó más bien en su alma la vigorosa llama de la libertad 

Primero en México y después en Nueva York, no perdió nunca sus raíces. Explicándolo con bellas palabras su  idea de Patria, le diría a Leonor Pérez Cabrera, su madre,  que el amor a la Patria , “no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; Es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca”.

A partir de esa concepción, Martí marcó su derrotero en la misma ruta de los Libertadores, asumiendo la idea que la Patria no era una pequeña isla perdida en el Caribe, sino América entera, por la que luchar en fila cerrada.

Fue en ese espíritu que fundó su primera herramienta de acción, el Partido Revolucionario Cubano, surgido en 1892, y que diera inicio a la gesta armada que sellaría poco después, la Independencia de la Mayor de las Antillas.  

Al tiempo que combatía infatigablemente, José Martí –ensayista, periodista y filósofo, además de político y poeta- escribió libros que dejaron huella indeleble en la conciencia de millones.-

“Nuestra América”, fue uno de ellos, y “La Edad de oro”, otro.  En el primero diseñó con asombrosa claridad el escenario que confrontaba. Dijo así: “Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

Y en el segundo, integrado por cuatro por cuatro números de la revista del mismo nombre publicados en Nueva York entre julio y octubre de 1889, rindió un homenaje prístino a los libertadores: Bolívar,  de Venezuela; San Martin, de Río de la Plata; Hidalgo de México; “tres hombres sagrados”. 

Aludiendo al deber de estos hombres, a su aporte creador y a sus acciones no exentas de errores, Martí dijo: “Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos, hablan de la luz”.

Han pasado años de aquellos fulgurantes episodios de la historia. Y es que hoy “Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

Eso explica el avance de los pueblos de nuestro continente. Así se resume lo que ahora mismo ocurre en este continente en el que se juega la suerte del universo todo.  La llama de los Libertadores, todavía está encendida y alumbra el camino por el que discurre nuestro tiempo. Y Martí –que vivió en las entrañas del monstruo y que lo conoció por dentro- dejó de ser tan sólo una figura de Cuba y se convirtió en el Apóstol de América.

Por eso se impone su voz desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia. En cada país, a su estilo, los pueblos, comparten la esencia de su mensaje y están crecientemente convencidos que “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro como hay cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Estos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres, van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”

Si miramos cada país, y analizamos cada experiencia vivida por los pueblos de nuestro continente; veremos que, en efecto, América es una sola, y que hoy puede hablarse de Nuestra América en el mismo espíritu con el que se hablaba en los años de Martí o de Mariátegui; porque la lucha sigue siendo la misma y la voluntad humana se nutre de la misma historia.

El Proceso Emancipador Latinoamericano crece en el corazón de cada ciudadano y habrá de florecer en cada recodo del camino en el que se encuentre una idea extraída del pensamiento martiano, o un concepto mariateguista que señale el derrotero de los pueblos.

Hablar de esto, no es aludir a un personaje ajeno, ni a una figura extraña.  El también encarna la voluntad de los peruanos, inmersos en una lucha en la que  otra vez asoman los criollos que vivieron a la sombra del Poder tradicional, y los libertadores que se desplazan con las ideas de San Martín, Bolívar y Martí,  agitando la conciencia de las multitudes y abriendo cauce a la modernización de nuestras sociedades


Rosa Luxemburg y la deuda como instrumento del imperialismo


CADTM

Por Eric Toussaint 

[Hace 103 años Rosa Luxemburg fue asesinada a tiros y su cuerpo arrojado al canal Landwehr de Berlín. Sin embargo, no pudo ser borrada de la historia, ya que su vida y su obra son extremadamente relevantes en nuestra búsqueda de un mundo mejor. Reproducimos este artículo para rendir homenaje a su legado, que sigue inspirando a millones de personas aún hoy – CADTM]

En su libro La acumulación del capital [1], publicado en 1913, Rosa Luxemburg [2] dedicó un capítulo entero a la cuestión de los préstamos internacionales [3] para mostrar cómo las grandes potencias capitalistas de la época usaban los créditos otorgados por sus banqueros a los países de la periferia para ejercer una dominación económica, militar y política. Prestó una especial atención al análisis del endeudamiento de los nuevos Estados independientes de América Latina tras las guerras de independencia en la década de 1820, así como al endeudamiento de Egipto y Turquía durante el siglo XIX sin olvidar el China.

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