viernes, 2 de marzo de 2018
Hondureños perciben que en Honduras crece la corrupción: IPC 2017
Imagen creada por: Revistazo
Según el Índice de Percepción de Corrupción del año 2017, presentado hoy por Transparencia Internacional, Honduras empeoró su situación con relación al año anterior. Detalla que en el 2017 este país centroamericano alcanzó 29 puntos que supera los 30 que tenía en el 2016.
¿Porque decimos que 29 supera a 30?
En su parámetro de medición Transparencia Internacional determina como rango el 0 y 100 y define al cero como muy corrupto y a 100 como muy transparente. Es decir, entre más cerca del cero se encuentra un país se percibe que es más corrupto.
El mejor año de percepción de corrupción que tuvo Honduras fue en el 2015 cuando llegó a 31 puntos.
A nivel Centroamericano, con sus 29 puntos Honduras se ubica en el tercer lugar, solo superado en corrupción por Nicaragua y Guatemala, que alcanzaron 26 y 28 puntos respectivamente. En mejor posición se sitúa el Salvador con 33 puntos y allá muy lejos, está Costa Rica con 59, ubicado como el más transparente del istmo.
En América se percibe que el país más transparente es Canadá, con 82 puntos, seguido de Estados Unidos con 75 y Uruguay con 70, mientras que como más corruptos se ubican Venezuela con 18, Haití con 22 y Nicaragua con 26 puntos.
Carlos Hernández, Secretario General de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), capítulo nacional de Transparencia Internacional en Honduras, lamentó el retroceso que vive este país centroamericano en materia de transparencia.
Para él urge que las autoridades tomen conciencia de la situación y le pide al Congreso Nacional legislar contra la corrupción y dejar de emitir leyes que lesionan la libertad de expresión.
Sostuvo que en el mundo, y en Honduras particularmente, muchos periodistas son asesinados y querellados por difamación y calumnia a causa de denunciar la corrupción.
Carlos Hernández, Secretario General de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ)
Según informe TI: Policías y presidentes percibidos como los más corruptos
En octubre de 2017, Revistazo publicó un informe elaborado por Transparencia International que revela que en Honduras los funcionarios piden más sobornos que los funcionarios públicos de muchos otros países latinoamericanos.
Detalla que en los juzgados de Honduras se exige más soborno que los tribunales de 20 países de Latinoamérica.
Los datos, que forman parte del Barómetro Global de la Corrupción, indican que uno de cada tres hondureños que en 12 meses tuvieron contacto con algún funcionario o servidor público fue obligado a pagar un soborno.
El informe dice que a los policías, los presidentes y los funcionarios del Poder Ejecutivo la población los determina como más corruptos.
¿Y porque los hondureños perciben eso?
Históricamente Honduras ha sido envuelta en tremendos actos de corrupción que no se investigan o se resuelven a favor de los imputados. Solo en este país no se han encarcelado presidentes por casos de corrupción, pese a que los señalamientos han sido bastante fuertes para varios de ellos.
Y de allí viene la percepción. Para determinar el puntaje que ahora ubica a Honduras como más corrupto que el año anterior, Transparencia Internacional entrevistó a 1200 hondureños de diferentes regiones del país. Y la gente siempre recuerda casos como el de las pastillas de harina, el robo del Seguro Social y el Trans 450, el saqueo de las medicinas en salud pública y el supuesto fraude electoral, por mencionar algunos.
La mayoría de estos casos no se investigaron ni se investigarán jamás, como tampoco se han investigado las muertes de muchos profesionales y defensores de los derechos humanos acribillados a tiros por denunciar la corrupción.
A lo anterior también se suman las leyes que se aprueban en el Congreso Nacional para castigar con cárcel y elevadas multas para quienes denuncian irregularidades en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Recientemente el Vocero de la Misión de Apoyo contra la Corrupción e Impunidad (MACCIH), fue presionado para que renunciara de su cargo luego de haber anunciado que esa Misión investigaba de varios casos de corrupción que involucran a líderes del Partido Nacional y altos funcionarios de este y gobiernos pasados.
El periodismo de contingencia deberá continuar
Por Jorge Luis Merencio Cautín
El periodismo de contingencia, enarbolado con creces en esta provincia durante la cobertura del huracán Matthew, y más recientemente en buena parte del país tras el paso de Irma, deberá continuar, tal vez de manera permanente, a partir de los nuevos avances que se avecinan en la informatización de la sociedad cubana.
Sobre esa línea de pensamiento se enfocaron varias intervenciones durante la asamblea del décimo Congreso de la Upec en esta provincia, la cual fue presidida por Denny Legrá Azahares, miembro del Comité Central y primer secretario del Partido en el territorio; Enrique Villuenda, funcionario del departamento ideológico del Comité Central; y Aixa Hevia, vicepresidenta primera de la organización.
La informatización creciente de la sociedad no es una mala noticia, pero exige más de nosotros, los periodistas, para ante las mentiras sobre nuestro país y la obra de la Revolución continuar defendiéndolos con argumentos, con información objetiva, esbozó la Dra. Rosa Miriam Elizalde.
Comentó que Cuba es una de las naciones del mundo que más ha avanzado en los últimos tiempos en la informatización de la sociedad y puso como ejemplo que solo el pasado año 2,8 millones de cubanos se incorporaron a las redes sociales, fundamentalmente facebook.
Los mejores profesionales de la prensa, los más comprometidos con la Revolución, los que no se venden por dinero, no se han ido de Cuba, puntualizó al término de su intervención.
En la reunión se reconoció especialmente el desempeño de los jóvenes periodistas y se expuso la necesidad de incrementar el trabajo de formación vocacional en quienes desean estudiar la carrera.
Otras intervenciones giraron en torno a la situación material del sector y el bajo salario, sobre todo de los profesionales de la prensa escrita.
Enrique Villuenda, al igual que Denny Legrá, reconocieron la profundidad de las opiniones y resaltaron la favorable imbricación de las diferentes generaciones de periodistas en Guantánamo.
Los miembros del gremio eligieron a sus delegados a las sesiones finales del décimo Congreso, a la comisión de ética, y al nuevo ejecutivo provincial, al frente del cual fue seleccionada Taimí Fernández Pérez, quien se desempeñaba como jefa de redacción en el Periódico Venceremos.
¿Y ahora qué hacemos con las toneladas de plástico que China ya no quiere?
Por Lucía Villa
El gigante asiático, principal vertedero del mundo, ha prohibido la importación de basura extranjera, una decisión que obliga a los países exportadores a replantearse el modelo de consumo y reciclaje de plásticos.
Es probable que en la imagen que encabeza esta información usted vea sólo una montaña de basura de algún lejano y contaminado país. Lo que no se intuye tan fácilmente es que se trata de su propia basura, la que usted arrojó al contenedor de su civilizada ciudad.
China, donde el fotógrafo Fred Dufour tomó esta instantánea en septiembre de 2015, era hasta hace dos semanas el gran vertedero del planeta. Hasta allí iban a parar cada año millones de toneladas de residuos, sobre todo papel y plásticos, que otros países –en su mayor parte desarrollados- no eran capaces de gestionar. El gigante asiático, ávido de materias primas, compraba el material para su reciclaje en fábricas altamente contaminantes y a menudo de condiciones precarias. Las naciones occidentales, por su parte, daban salida a unos desechos que no sólo les reportaban beneficios, sino que además les permitían lucir dignos porcentajes de reciclaje en sus estadísticas medioambientales. Hasta ahora.
Una nueva ley china que entró en vigor el uno de enero ha prohibido la importación de residuos desde terceros países, principalmente papel, plásticos, varios tipos de escoria de minas y restos textiles, en un intento del Gobierno de Pekín por mejorar su maltrecha reputación medioambiental. Pero la decisión supone un reto importante para los países exportadores, porque la dependencia de ese gran patio trasero de la basura -muy en especial del plástico- en el que se había convertido China, es enorme.
Un vistazo a los datos arroja cifras descomunales. Sólo el año pasado, China importó 7,3 millones de toneladas de residuos plásticos del exterior, sobre todo provenientes de Europa, EEUU y Japón. Reino Unido exporta allí el 65% de su plástico y en Irlanda la cifra alcanza el 95%. España, aunque en proporciones más pequeñas, también se ve afectada: según la Federación Española para la Recuperación y el Reciclaje, nuestro país derivó a China un millón de toneladas de residuos, de las que 138.417 (un 13%) eran plásticos. La pregunta ahora es: ¿qué hacemos con toda esa basura?
Mientras la industria del reciclaje mundial ve como “únicas alternativas viables” derivar estos excedentes a nuevos mercados como Turquía, India, Malasia, Vietnam o Tailandia –con mucha menos capacidad de recepción- no son pocos quienes interpretan la decisión china como una evidencia clara de los límites y defectos de un sistema que es necesario revisar.
“Esto lo que desvela es que el sistema no está funcionado. En lugar de plantearse el modelo de producción de plásticos o prohibir algunos materiales de mala calidad que en el 99% de los casos acaban en incineradoras, lo que se ha conseguido en las últimas décadas es incentivar el consumo, con la excusa del reciclaje”, denuncia Alodia Pérez, responsable del área de recursos de Amigos de la Tierra.
Aunque esta semana la Comisión Europea anunció por primera vez su intención de crear un impuesto al plástico para reducir su uso, las políticas europeas se han basado hasta ahora en un plan de economía circular enfocado sobre todo en el reciclaje.
Un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente reconoce, de hecho, que “al fijar objetivos de reciclado”, la política de la UE ha terminado favoreciendo el traslado de residuos a terceros países. Entre 1995 y 2007, la cantidad de envases de plástico europeos que se reciclaron aumentó de 10 a 14 millones de toneladas, mientras que la cantidad de los que terminaban en Asia se había multiplicado por 11.
La otra gran asignatura pendiente está, según Julio Barea, de Greenpeace, en un “desastroso” modelo de reciclaje que termina siendo muy ineficaz.
Lo lógico sería pensar que la basura que uno deposita en el contenedor amarillo va directa al reciclaje. Pero esto no sucede exactamente así. Las plantas recogen ese material y lo almacenan en paquetes de plástico prensado. Pero para poder darle una segunda vida a todos esos desechos se necesita de alguien que quiera comprarlos para su reutilización. Y aquí surge el problema, porque muchos de ellos son de tan mala calidad o llegan tan mezclados y sucios, que el precio se encarece y no compensa reciclarlos. Es así como parte de ellos terminan en vertederos o exportados a países que sí estaban interesados, como China.
“Hay que reinventarse. Una manera es volver a vender los envases con un depósito, así te aseguras de que el 100% se va a recuperar, y lo que recoges tiene tan buena calidad que se puede reutilizar”, dice Barea. “Es una oportunidad de replantearnos qué está pasando, porque estamos utilizando recursos ilimitados en un planeta que es limitado. No hay ni un solo océano que esté libre de plásticos”, recuerda.
jueves, 1 de marzo de 2018
¿Ley contra el odio, Ley contra la libertad de expresión, o sencillamente cortina de humo?
Por German H. Reyes R.
Durante las últimas dos semanas ha habido mucha discusión en los medios y las redes sociales sobre un cuestionado proyecto de ley que, según los diputados que lo proponen, busca regular el "discurso de odio" difundido a través de redes sociales.
Han surgido opiniones muy encontradas sobre las intenciones detrás de este proyecto y sobre el impacto que podría tener.
A continuación, le ayudamos entender este tema tan polémico.
¿De dónde surge este proyecto de Ley?
A principios de febrero el diputado nacionalista Marcos Paz presentó a la cámara legislativa un proyecto de Ley para establecer "medidas para prevenir los actos de odio y discriminación en redes sociales e internet".
Marcos Paz, diputado nacionalista.
Según el diputado Paz, fue motivado a presentar este proyecto de Ley porque las redes sociales, aunque traigan beneficios para la población, también pueden ser un medio por el cual las personas se conviertan en"víctimas de actos de discriminación o delitos de odio, inclusive injuria o difamación, u otros delitos contra la seguridad pública".
El proyecto de Paz fue revisado por el Comisión de Dictamen, integrado por los diputados nacionalistas Gerardo Tulio Martinez Pineda, Johan Guicel Bermudez, Nelson Javier Marquez y Marco Antonio Velasquez, además de Felicito Avila (Democracia Cristiana), Ronnie Richard McNab (Liberal), e Irma Aida Reyes Coello (LibRe).
El 8 de febrero, esta comisión amplió la propuesta de Ley para también abarcar el tema de"ciberseguridad".
La propuesta de Ley sigue en debate en el Congreso Nacional y hasta la fecha de esta publicación, no ha sido aprobado.
Cabe mencionar que esta propuesta vendría a sumarse a otras Leyes que regulen el varios aspectos de la actividad digital y el discurso de los ciudadanos:
En abril del año pasado el Congreso Nacional incluyó en el Código Penal la figura de los delitos cibernéticos con penas de tres a siete años de prisión, tipificando como delitos, el Hackeo de cuentas y la suplantación de identidad.
El Código Penal también ya penaliza con cárcel los delitos de difamación, injuria y calumnia, que ya han provocado que muchos periodistas y defensores de derechos humanos hayan tenido que responder en los tribunales de justicia por algunas publicaciones.
¿Qué tipo se sanciones establece la propuesta de Ley?
El proyecto de Ley califica como discurso de odio ilegal cualquiera "acción comunicativa que tiene como objetivo promover y alimentar un discurso, cargado de connotaciones discriminatorias, que atenta contra la dignidad y seguridad de las personas, y que es propagado con intención maligna para incitar al interlocutor, o lector, a que lleve a cabo acciones destructivas en contra de una persona"
También prohíbe comunicaciones que inciten la discriminación contra diversos grupos de personas, la producción y utilización de pornografía infantil, la suplantación de identidad, y el "Bullying Cibernético".
Según el proyecto, la sanción por producir este tipo de comunicación prohibida sería una multa entre 50 mil a un millón de lempiras y hasta la suspensión y bloqueo del sitio Web que haya publicado el mensaje clasificado como ilegal.
¿La Ley atenta contra la Libertad de Expresión?
En reunión con diversos representantes de la sociedad civil, el diputado nacionalista Gerardo Martínez, presidente de la Comisión de Dictamen, aseguro que con la Ley no buscan proteger a políticos ni sancionar a quienes publiquen “Fuera JOH”, tampoco violentar la libertad de expresión ni controlar a los periódicos digitales, sino, castigar a las personas que publique en sus redes mensajes degradantes al honor de las personas y que incitan al odio.
Sin embargo, muchos otros sectores de la sociedad hondureña, así como organismos internacionales, ven la propuesta de Ley como una movida para callar cualquiera voz que se oponga a los que tienen el poder en Honduras.
El Relator para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), ha manifestado que este proyecto de Ley atenta contra la libertad de expresión y le ha recomendado a las autoridades, que Honduras como Estado, tiene la obligación de cumplir los tratados internacionales.
Analizamos a fondo la propuesta de “ley contra el odio” del Congreso de Honduras con
@el_heraldohn. Un proyecto problemático que incentiva la censura privada bajo término vagos y ambiguos:
http://www.elheraldo.hn/pais/ 1150315-466/edison-lanza-un- régimen-de-censura-privada- establece-ley-que-regulará- internet …
A esa posición también se suma la del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), organismo que según han declarado no integraría el Consejo de Veeduría Social establecido en la Ley , por estar en contra de ella.
El dos de febrero pasado, el director ejecutivo del COHEP, Armando Urtecho, dijo que los empresarios ya le han manifestado a la Comisión de Dictamen que el proyecto contempla vacíos y que han declarado no integraría el Consejo de Veeduría Social establecido en la Ley “no nos hemos sentado para sugerir algunos pequeños cambios”, explicó.
Sostuvo, que el Proyecto le da la facultad a ciertas empresas del sector privado a censurar el contenido de algunas publicaciones y que eso contradice al artículo 72 de la Constitución de la Republica, que expresa: "es libre la emisión de pensamiento por cualquier medio de difusión sin previa censura".
También se han pronunciado en contra de esta legislación, organismos nacionales, como el Comité por la Libre expresión C-libre y el Colegio de periodistas de Honduras (CPH).
Para Edy Tabora, director de C-Libre es una norma con tinte político que se deriva de la crisis post electoral, e innecesaria, porque el Código Penal tipifica los mismos delitos.
Las redes sociales han sido el principal medio para generar opinión sobre la situación política y también para la denuncia de violaciones a los derechos humanos”, sostuvo Tabora.
Entre tanto, Dagoberto Rodríguez, Presidente del CPH alertó que esta disposición legal puede convertirse en bozal y limitar la libertad de expresión.
Condenamos los abusos en las redes sociales, pero que eso no signifique coartar la libertad de expresión”, expresó en su cuenta de Twitter.
Ojo. Debemos tener mucho cuidado que la "Ley para Regular los Actos de Odio en las redes sociales" se convierta en "un bozal" o una limitación a la libertad de expresión. Condenamos los abusos en las redes sociales, pero que eso no signifique coartar la libertad
de expresión.
¿Otros países tienen leyes similares?
Diversos países del mundo tienen Leyes relacionados con el discurso de odio y también sobre el tema de ciberseguridad—aunque por lo general son vistos como temas distintos.
También, por lo general en otros países estas leyes contra el discurso de odio han sido aprobados en tiempos de estabilidad política, no semanas después de la instauración de un nuevo Gobierno, resultado de elecciones cuestionados por falta de integridad por diversos actores nacionales e internacionales, como será el caso en Honduras si se apruebe el proyecto.
En cuanto al discurso de odio, tanto el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, ambos de la ONU, prohíben palabras que incitan al odio y el racismo. Varios países, principalmente de Europa, también tienen leyes nacionales que prohíben el "discurso de odio".
Estas leyes regulan el discurso de odio en general, no específicamente el discurso en las redes sociales digitales.
Por otro lado, en noviembre de 2001 el Comité de Ministros del Consejo de Europa aprobó el Convenio sobre Ciberdelincuencia, conocido también como el Convenio de Budapest. Este es el primer tratado internacional que busca hacerle frente a los delitos informáticos y los delitos en internet y otras redes donde se pueden cometer fraude, violaciones de derechos de autor y pornografía infantil.
Este Convenio que entró en vigencia en Julio de 2004, tiene como objetivo la armonización de leyes penales y las disposiciones relacionadas con el delito informático, entre los que se encuentran, ataque a la integridad de datos, ataques a la integridad del sistema, abuso de los dispositivos, falsificación informática, fraude informático, pornografía infantil y propiedad intelectual.
Aparte de los países europeos, el convenio ha sido firmado por Canadá, Japón, Estados Unidos, México, El Salvador, Costa Rica, Argentina, Uruguay, Chile, República Dominicana, Panamá.
Las publicaciones de los mismos diputados, ¿pasarían la prueba de su propuesta Ley?
Varios observadores han señalado que si llegue a ser aprobado la Ley de ciberseguridad y contra el odio, varios de los mismos diputados podrían ser sancionados por sus publicaciones en Facebook y Twiiter.
Por ejemplo, en enero pasado, la página de Facebook de Ángela Ester Bulnes Nolazco, amiga cercana de la diputada Gladys Aurora López, publica un meme con la imagen con los rostros del ex presidente Manuel Zelaya, de Salvador Nazralla y una calavera en el centro, con la leyenda: "No es un delincuente ñangara, mucho menos una damisela caprichosa quienes van a decidir por la mayoría de hondureños. Yo no me aguevo, y JOH no se agueva."
Chuy Ramos, activista nacionalista, que publica en sus redes exaltamientos al presidente Juan Orlando y demás líderes del Partido Nacional, pero que ponzoñosa mente divulga mensajes de odio en contra la oposición. Como prueba, un video, que al publicarlo dice que fue construido por la misma oposición.
El video muestra a personas consumiendo droga y a supuestos pandilleros utilizando su lenguaje mímico, también muestra imágenes del ex presidente de la República y coordinador de la Alianza de oposición, Manuel Zelaya, de Salvador Nazralla y Xiomara Castro, con tatuajes en sus cuerpos, entonado una canción llamando a votar por la Alianza para que corra más sangre y destruir a la nación.
Pero también no se puede negar que de distintos sectores de oposición también se han generado mensajes y señalamientos a líderes nacionalistas, por el otorgamiento de contratos, por el robo al seguro social y últimamente por el supuesto fraude electoral que mantiene en el poder al partido nacional.
En diciembre pasado una página de Facebook a nombre de JOH no es mi presidente, publican una imagen con dos fotografías, una de Berta Cáceres y otra de Hilda Hernández. En la de Berta dice: ella fue un orgullo para el país y en la de Hilda colocaron el mensaje, Ella participó en el saqueo de IHSS.
¿Todo esto es una cortina de humo para que la gente se olvide del "pacto de impunidad"?
Solo los diputados proyectistas saben a ciencia cierta su motivación por presentar este proyecto justo en este momento.
Como sean sus intenciones, el hecho es que la presentación de este proyecto polémico desvió la atención de los medios de comunicación de importantes casos de corrupción, como el denunciado fraude electoral y del llamado Pacto de Impunidad denunciado recientemente por la Misión de Apoyo contra Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH).
Según la MACCIH el Pacto de Impunidad consiste en la escalada del Congreso Nacional en contra de sus investigaciones buscando proteger a funcionarios y exfuncionarios corruptos, entre ellos 140 diputados, incluyendo a Mauricio Oliva, presidente del Congreso que según la MACCIH malversaron millonarios recursos públicos en los últimos años.
Estas medidas, fueron aprobadas mediante una reforma a la Ley de Presupuesto, el pasado 18 de enero y publicadas el siguiente en el Diario Oficial La Gaceta.
Hasta el día de hoy, el Congreso Nacional no ha revertido este nefasto cambio de Ley, y entre más corre el tiempo, más probable parece que salgan con la suya.
Continúan los ataques contra integrantes del Movimiento Amplio
Por Sandra Rodríguez
Esta mañana fue sacada de su vivienda, en Arizona, Atlántida, detenida y acusas por posesión y fabricación de armas de guerra la defensora de los bienes comunes y activista social Aquilina Mejía Guerra, quien forma parte del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ).
La defensora fue expuesta ante medios de comunicación como si fuera una “peligrosa delincuente” fabricante de armamento de guerra, denunció el Movimiento Amplio que dirige Martín Fernández.
Doña Aquilina es la esposa de Luis García, ex candidato a alcalde en el municipio de Arizona, Atlántida, costa norte de Honduras, también integrante del MADJ.
La captura se dio tras una serie de persecuciones contra el matrimonio, que iban desde consistente en visitas a su hogar de parte de la Dirección Policial de Investigación (DPI), en su casa de habitación.
Por estos hechos, Luís García fue sacado del país debido al riesgo que enfrentaba, denunció el MADJ en una alerta pública esta mañana. En consecuencia, hoy 22 de febrero, agentes de la DPI y de la Policía Nacional allanaron su casa de habitación y detuvieron a su esposa, acusándola por tener dos supuestas “bombas molotov” que aseguran haber encontrado en su casa, prueba prefabricada para asegurar su acusación, continuó la denuncia.
Luis García y su esposa Aquilina Mejía Guerra, son habitantes del departamento de Arizona, comprometidas con la defensa de los bienes naturales y manifestantes activos en contra del fraude electoral del pasado 26 de noviembre, cuya honorabilidad y honestidad son ampliamente reconocidos en la zona. Ambos, hoy están siendo víctimas de la criminalización empleando métodos de persecución y judicialización en su contra, afirmó el Movimiento Amplio.
La persecución contra el MADJ es continúa, pues entre el 26 de noviembre de 2017 y el 22 de febrero de 2018, ha sido víctima de tres asesinatos políticos, tres allanamientos a vivienda y oficinas, un ataque directo en contra de la comunitaria Radio Dignidad, un ataque directo con golpes y tratos crueles y degradantes en contra de integrantes, actos de vigilancia sostenida en su sede ubicada en San Pedro Sula y una grave campaña de difamación en contra de su coordinador general, Martín Fernández y el encargado de asuntos políticos, Víctor Fernández, sumando un total de al menos diez ataques, en el marco de la coyuntura de fraude electoral, que ha dejado como saldo a ocho de sus integrantes en situación de riesgo.
Jueza y militares “por las buenas” pretenden expropiar a habitantes de la isla Exposición
Por Riccy Ponce/Sandra Rodríguez
Habitantes de la isla Exposición, en la zona sur del país, han perdido la tranquilidad desde que la Jueza de Letras de Amapala, en el departamento de Valle, Iris Amanda Hernández junto a miembros de la Fuerza Naval de Honduras (FNH), les ordenó que deben abandonar sus tierras.
Son más de 15 familias que habitan las tierras de Explosión, ubicada entre la comunidad de Coyolito y la Isla del Tigre, en el Golfo de Fonseca. Aquí se encuentra la Península de Zacate Grande, dónde los y las pobladoras enfrentan persecución judicial, militar y de terratenientes por defender el suelo que habitan desde hace décadas.
Apenas inicia el año 2018, y la zozobra hace extenso enero, pues a los y las pobladoras, solo tienen este mes de plazo para abandonar la isla, sin saber para donde ir, porque allí es donde tienen su vida, dedicada al cultivo y la pesca artesanal.
Aunque no se les ha citado legalmente, el desalojo según indicación judicial debe darse en este mes de enero y “tienen que retirarse por las buenas de la isla”, denunció endefensoresenliena.com, Pedro Canales, presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Península de Zacate Grande (ADEPZA).
La orden de desalojo, -según los pobladores- se debe a que allí se instalará un destacamento militar.
Cabe señalar que desde agosto pasado hay presencia de la FNH en la comunidad de Puerto Grande, dónde opera la cabina de la radio comunitaria La Voz de Zacate Grande (LVZG) y el Campamento Internacional de Observación de DDHH.
La presencia militar es con la excusa de evitar actos delictivos y actividades de “casas locas” (centros de tortura), lo cual no han demostrado por que es inexistente, han afirmado defensores de derechos humanos y vecinos de Zacate Grande.
Es así como el nuevo ataque que reciben de parte del Poder Judicial y las Fuerzas Armadas, ha puesto en alerta a la población, y es obligatorio que se informen sobre el proceso legal y las posibles medidas a tomar en vista de proteger su hábitat.
Canales comentó que, la semana anterior se llevó a cabo un conversatorio, en Puerto Grande, a la que asistieron pobladores de isla Explosión y demás vecinos, la gente mostró su preocupación, y afirmaron que no se van a salir de allí, por lo que otras comunidades de la zona sur están dispuestas a apoyarlos.
Zacate Grande fue la primera comunidad que se manifestó y ofreció su apoyo a los habitantes de esa zona, “después del conversatorio, nos fuimos para “La Isla Exposición” y acordamos realizar una <> en la isla, invitando a todos los sectores a nivel nacional y las 24 comunidades del municipio de Amapala, anunció Canales.
La isla Exposición es la primera de las 13 islas que forman el Parque Nacional Marino del Golfo de Fonseca, donde iniciarán trabajos de instalación de la primera “ciudad modelo” o Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), a pesar del rechazo de la ciudadanía del sur de Honduras, y es la tercera isla más grande del departamento de Valle.
La gente manifiesta que van a salir de allí amarrados o muertos; aunque la amenaza de desalojo fue en los últimos días de octubre, no habían hecho bulla porque estaban confiados en que las autoridades recapacitaran, pero ahora se dan cuenta que la situación va en serio, agregó Canales.
La vigilancia militar es lo que hizo que denunciaran públicamente las amenazas de desalojo, pues los uniformados han estado tomando fotografías a las casas construidas en las diferentes playas de la isla Exposición.
La pequeña Isla, con una extensión territorial de 4,995.436 hectáreas, se sitúa en el Golfo de Fonseca y forma parte del Parque Nacional Marino del Golfo de Fonseca (PNMAGF), un archipiélago compuesto por 13 islas: Conejo, Exposición, Garrobo o San Carlos, Sirena, Inglesera, Violín, Coyote, Pacar, Comandante, Las Almejas, El Padre, Los Pájaros y Zacate Grande.
La ZEDE será exclusiva para quienes tienen el poder económico, mientras que las familias que habitan esas tierras desde varias generaciones, son desalojados y hasta encarcelados por desear una zona libre de terratenientes.
La crisis global
Rebelión
Por Rodolfo Bueno
¿Por qué nadie dice nada y no se hace caso al que habla? ¿Acaso no conocen que hoy circula demasiado papel moneda? ¿Será tal vez porque no se adquiere al mismo tiempo la totalidad de bienes?, puesto que bastaría con que algunos multimillonarios intentaran adquirir las posesiones del mundo, para que cayeran en cuenta de que para tanto dinero virtual no hay suficientes bienes terrenales. Según Chomsky, nueve de cada diez dólares que circulan por el mundo son especulativos y nada ni nadie los respalda.
Por otra parte, quien luego de su jubilación desee una buena pensión coloca su capital en un fondo de pensiones y aspira conseguir la más alta rentabilidad posible, sin que le importe lo que el banco haga con su dinero ni que ese lucro esté por encima del crecimiento real de los bienes y servicios globales. Nada le importa, sólo quiere réditos. ¿Y qué hace el banco con esos fondos? Prestarlo para obtener utilidades. Todo es legal, se trata de negocios, y de nada más.
Lo más importante, complejo y oscuro de este asunto, es que en el mundo existe una enorme deuda, contraída bajo la expectativa de que la economía mundial continuará expandiéndose como en el pasado, que existe el crecimiento continuo y que quien pide un préstamo va a vivir económicamente mejor cuando lo pague que cuando lo obtuvo, porque la probabilidad de que pague el capital y los intereses es alta. Debido a este crecimiento las corporaciones van a seguir desarrollándose y, bajo este supuesto, casi todo el mundo podrá cancelar sus deudas e intereses.
Se minimiza la posibilidad de que cuando los deudores deban reembolsar los préstamos estén en peores condiciones económicas que cuando se endeudaron, que no tengan empleo y no puedan pagar sus deudas, no se toma en cuenta el riesgo de que las empresas endeudas quiebren o sean incapaces de reembolsar sus deudas por causa de que muchos de sus deudores suspendieron sus pagos, ni la imposibilidad de cobrar los créditos otorgados, sea a bancos, a compañías de seguros o a fondos de pensión, que pudieran tener dificultades financieras; en estas operaciones se subestiman los cálculos del riesgo financiero. A mayor descuido en el manejo de los créditos, mayores beneficios para las empresas crediticias, parecería rezar este letal axioma. Los malabarismos numéricos y la falta de control del riesgo financiero han desencadenado el actual caos económico y encubren la futura crisis.
Tampoco se considera la eventualidad de que las empresas de inversión pudieran hacer estafas premeditadas, vendiendo bonos con datos distorsionados para embaucar a los tenedores. Por ejemplo, así actuó Lehman Brothers, que poco antes de su colapso ocultó en sus balances 50.000 millones de dólares de activos con problemas, método que, para evitar restricciones a su endeudamiento, fue copiado por algunos gobiernos. Grecia evadió los controles de la Unión Europea, lo mismo hizo Portugal para tomar préstamos del Deutsche Bank. Esto hizo tambalear a todo el sistema financiero mundial y desató la sensación generalizada de que pronto sobrevendría el colapso global. La pesadilla se volvió de espanto cuando Dubai cesó el pago de sus obligaciones, pues los jeques despilfarradores no pudieron cancelar sus deudas.
También pudiera pasar que para ese entonces existiera tanta deuda incobrable que los bancos, las aseguradoras y el sistema monetario se derrumbaren; entonces, para que el sistema no colapse, los gobiernos se harían cargo de las deudas, lo que probablemente conduciría a una hiperinflación. De ser así, la gente y las empresas perderían sus ahorros, ya sea porque no habría dinero disponible o porque, por la inflación galopante, el dinero valdría tan poco que no serviría para nada. En ambos casos, las transacciones simples, como son la compra de alimentos o el pago de salarios, serían muy difíciles de realizar; en cualquier caso, el mundo venidero sería bastante distinto del de ahora.
La crisis actual es el efecto directo de la globalización, porque los productores buscaron fabricar sus productos a un menor costo gracias a los bajos salarios existentes en la China e India. Esta producción, sin el adecuado salario, dificulta la venta de los bienes que se han incrementado por encima de su demanda. Se oculta, por lo pronto, que la crisis económica-financiera es la parte visible del problema, es sólo el efecto y no la causa, pues la misma tiene sus verdaderas raíces en el agotamiento de los recursos petroleros, sustento de la sociedad moderna. El modelo actual de desarrollo se está agotando pero, al mismo tiempo, está devorando la parte bella del planeta.
El abaratamiento del petróleo es momentáneo, es parte de la guerra económica que se da entre las grandes potencias; sin embargo, a medida en que sus reservas disminuyan se producirá una subida vertiginosa de los precios del petróleo. Es inevitable la escalada de los precios del petróleo, de las materias primas y de los alimentos y será provocada por el pánico especulativo, que no se rige por la racionalidad del mercado, aunque la mayoría de los economistas suponga que las leyes del mercado son inmutables. Bastaría con que se produjera un conato de guerra en el golfo Pérsico o el estrecho de Malaca, para que el mercado de alimentos tuviera poca oferta para sus clientes y los más de 300 millones de vehículos que hay en EEUU se quedasen sin combustible. La crisis energética es más dañina que la económica-financiera.
El alto precio del petróleo genera el incremento del costo de cualquier tipo de energía y, por ende, el de los alimentos, porque el petróleo se usa para producirlos, trasportarlos y consumirlos. El sistema productivo actual se vería afectado porque los derivados del petróleo se utilizan en todo medio de producción. La crisis global obligaría a la gente a adquirir los bienes indispensables y no comprar los suntuosos, lo que conlleva el cierre de empresas y que la crisis se profundice. Los que pierdan sus trabajos no podrían pagar ni las hipotecas ni las deudas. Claro que se está a tiempo para planificar modos de producción que sustituyan a los actuales, pero nadie lo hace.
El uso intensivo de los recursos naturales, el petróleo, el gas natural, el agua dulce y las tierras cultivables, contribuye a la contaminación del aire, de la tierra y del agua del planeta y parece que también, al calentamiento global. Por eso, parte importante de la crisis actual es la degradación del medio ambiente, pues el desastre climático actual es superior a todo lo conocido hasta ahora. Últimamente, el deshielo de los glaciares y el crecimiento del nivel de los océanos y mares han provocado el incremento del deterioro ambiental y ojalá que no se llegue al límite en que estas deformaciones se conviertan en un fenómeno irreversible. Es ruin que la degradación de la naturaleza se la atribuya a la irresponsabilidad del hombre, sin señalar al verdadero culpable, el sistema productivo actual que de por sí mismo es autodestructivo. La crisis ambiental es consecuencia de un sistema social basado en el lucro, y sólo en el lucro, que se sustenta en el consumo de los recursos no renovables, que emiten gases de efecto invernadero (GEI) y contribuyen al calentamiento global.
Es patética la falta de acuerdos gubernamentales para solucionar el deterioro ambiental. El Presidente Trump se niega a pagar el costo de evitar el desastre y no hay razón que escuche ni fuerza que le obligue a acordar algo; en consecuencia, las emisiones dañinas no se reducen ni se establecen mecanismos para lograr este objetivo. Estados Unidos bloquea cualquier tratado, pese a que consume el 25% de los recursos petroleros y sólo posee el 5% de la población mundial. El resto del mundo no se queda atrás y se resiste a limitar su crecimiento o a considerar controles externos sobre sus emisiones.
La concentración de GEI en la atmósfera es mucho mayor a partir de la era industrial que todo lo que hubo antes en la historia. Tal como van las cosas, el problema se seguirá complicando porque no se toman medidas correctivas para evitar que los casquetes polares y los glaciares se sigan derritiendo y que se incremente la temperatura global de la Tierra en dos décimas de grado centígrado por década. Lo peor del caso es que en la medida que el planeta se caliente, menor será su capacidad de absorción de GEI y el calentamiento global y el aumento del nivel de los océanos continuarán en los siglos venideros aunque se adopten los correctivos exigidos.
El cambio climático es en parte resultado del consumo excesivo de combustibles fósiles y la solución consiste en revertir el modelo de desarrollo actual, sustentado en la explotación inmisericorde de la población más vulnerable, con consecuencias lesivas para el habitante de las zonas de alto riesgo. La salida racional es establecer un renovado modelo de desarrollo, bajo en emisiones de GEI, o sea, la adopción de un sistema social en el que la austeridad para todos sea determinante en las normas de vida. Pero los poderosos han decidido acusar a los pobres de destrozar el planeta y culpan al exceso de población en la Tierra, mayoritariamente miserable, de ser el causante del cambio climático, lo que es una verdadera falacia, pues lo cierto es que el 10% de la población rica produce el 90% de la contaminación ambiental; un multimillonario malgasta en diez minutos de su ostentosa vida más de lo que cualquier pobre consume en el transcurso de su paupérrima existencia.
Culpables de la crisis actual no faltan: los banqueros ambiciosos, los políticos venales, los prestamistas imprudentes o una combinación de los tres. Surgen preguntas: ¿Cómo es posible que esa gente se comporte como se comporta? Si a nadie le gusta perder dinero, ni siquiera el banquero sin un ápice de escrúpulos, ¿entonces por qué tomaron tales riesgos suicidas? Tal vez la repuesta se encuentre en Epimeteo, personaje de la mitología griega que no ve más allá de sus narices y sólo reflexiona tardíamente, o el poema de Goethe según el cual el hombre es un aprendiz de brujo.
El éxito de este sistema autodestructivo significará el suicidio de la humanidad, será el inicio del caos, de un nuevo orden muy difícil de entender para los que tenemos un buen trabajo y una vida cómoda. El mundo se volverá estrecho para el género humano y no habrá cabida para todos, especialmente para los que lo hemos despedazado con nuestra vida fantoche; sus pedazos caerán sobre nosotros, cubriendo nuestras sepulturas. Lo que nos espera no es la anarquía, que sería una bendición si aconteciera, es la venganza cruel de los que heredan una naturaleza en ruinas. Desastrosa. Y será peor que las pestes del medievo; se trata del colapso global luego del sálvese el que pueda.
¿Hay salida? Sí la hay, y está en nosotros. Debemos generar un cambio de consciencia, comenzando con la nuestra propia. Para que todo cambie, uno mismo debe cambiar. No es fácil, pero es indispensable. La revolución es espiritual.
El mapa de un mundo infernal
Por Tom Engelhardt *
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García
Setenta y seis países implicados en la Guerra contra el Terror de Washington
Abandonó el avión Fuerza Aérea Two y, de repente, “envuelto en secretismo”, voló en un avión de transporte C-17 camuflado a la base aérea de Bagram, la mayor guarnición estadounidense en Afganistán. Todas las noticias de su visita fueron retenidas hasta una hora antes de dejar el país.
Más de 16 años después de que una invasión de Estados Unidos “liberase” Afganistán, estuvo otra vez allí para dar algunas buenas noticias a un contingente de soldados que participaba en una ofensiva. Ante una bandera de EEUU de más de 12 metros de largo, el vicepresidente Mike Pence se dirigió a 500 militares estadounidenses elogiándolos por formar parte de “la mayor fuerza mundial para el bien”, se vanaglorió de los ataques aéreos de EEUU –“aumentados espectacularmente” hacía poco tiempo–, juró que su país “estaba aquí para quedarse” e insistió en que “la victoria está más cercana que nunca”. Sin embargo, tal como lo hizo notar un observador, la respuestas de la audiencia fue “apagada” (varios soldados permanecieron con los brazos cruzados o con las manos tomadas en la espalda; aunque escucharon, no aplaudieron”).
Pensemos en esto como apenas el último cuento de hadas (no precisamente uno de los hermanos Grimm) geopolítico al revés, una historia para nuestra época que podría estar comenzando: Hace mucho tiempo –en octubre de 2001, exactamente–, Washington lanzó su guerra contra el terror. Entonces, solo un país estaba en la mira, el mismo en el que más de 10 años antes, Estados Unidos había librado una larga guerra por delegación contra la Unión Soviética, durante la cual había financiado, equipado y respaldado a un importante conjunto de grupos fundamentalistas islámicos, entre ellos el de un adinerado joven saudí llamado Osama bin Laden.
En 2001, tras esa guerra –que ayudó a que la Unión Soviética empezara a transitar el camino hacia su derrumbe–, Afganistán estaba en buena parte (aunque no completamente) gobernado por el Taliban. Osama bin Laden también estaba allí encabezando un relativamente modesto grupo de seguidores. A principios de 2002, bin Laden huyó a Pakistán; atrás quedaban los cadáveres de muchos de sus compañeros y su organización –al Qaeda– casi desmantelada. Los supervivientes del derrotado Taliban pidieron que se les permitiera deponer las armas y regresar a sus aldeas; un malogrado proceso descrito vívidamente por Anand Gopal en su libro No Good Men Among the Living (Ningún hombre bueno entre los vivos).
Daba la impresión de que –aparte de los vítores y, por supuesto, los planes para nuevas proezas– todo había acabado. Los funcionarios más importantes de la administración del presidente George W. Bush y el vivepresidente Dick Cheney eran unos soñadores geopolíticos de primer orden que no podían haber tenido ideas más expansivas acerca de cómo ampliar ese éxito a –como señaló el secretario de Defensa Donald Runsfeld apenas cinco días después de los ataques del 11-S– grupos terroristas e insurgentes en más de 60 países. Fue un argumento que el presidente Bush volvió a recalcar nueve meses más tarde en un triunfalista discurso de graduación en West Point. En ese momento, la lucha que ellos se habían apresurado –sin modestia alguna– a llamar Guerra Global contra el Terror todavía era un asunto de un solo país. Sin embargo, ya estaban trabajando intensamente en los preparativos para extenderla del modo más sustancial y devastador que podrían haber imaginado nunca con la invasión y ocupación del Iraq de Saddam Hussein y la dominación del centro petrolero del planeta que con toda seguridad le seguiría (en un comentario que captó el momento con toda exactitud, Newsweek citó a un funcionario británico “cercano al equipo de Bush” que decía, “Cualquiera quiere ir a Bagdad; los hombres de verdad quieren ir a Teherán”.
Con tantos años que han pasado quizá no sorprenda –como probablemente no sorprendió a los cientos de miles de manifestantes que se volcaron a las calles de las ciudades estadounidenses a principios de 2003 para oponerse a la invasión de Iraq– que esta era una de esas historias a las que les cabe el dicho “ten cuidado con lo que deseas”.
Ver las guerras
Se trata de un relato que todavía no ha acabado. Ni por asomo . Pera empezar, en la era Trump, la guerra más prolongada de la historia de Estados Unidos –la de Afganistán– no hace más que prolongarse. Están esos números de soldados estadounidenses en aumento; esos ataques aéreos que son cada vez más; el Taliban controlando importantes partes del país; los grupos terroristas con franquicia Daesh que se despliegan con creciente éxito en la región oriental; y, según el último informe del Pentágono, más de 20 grupos terroristas o insurgentes en Afganistán y Pakistán”.
Pensemos en esto: 20 grupos. En otras palabras, después de tantos años, la guerra contra el terror debería ser vista como un ejercicio permanente en el uso de la tabla de multiplicar –y no solo en Afganistán–. Después de más de una década y media que un presidente de EEUU hablara de más de 60 países como potenciales blancos, gracias al inestimable trabajo de un acreditado grupo, el Proyecto Costo de la Guerra (CWP, por sus siglas en inglés) del instituto Watson para los Asuntos Internacionales y Públicos de la universidad Brown, al fin tenemos una presentación gráfica de la verdadera dimensión de la guerra contra el terror. El hecho de que tuviésemos que esperar tanto tiempo nos dice algo de la naturaleza de esta época de guerra permanente.
La guerra de EEUU contra el terror en el planeta. Fuente: Proyecto Costo de la Guerra (CWP) *
El Proyecto Costo de la Guerra no solo ha elaborado un mapa de la guerra contra el terror en 2015-2017 (dado a conocer por TomDispatch en esta nota), sino el primer mapa de su tipo en la historia. Brinda una excepcional imagen de las guerras contra el terror llevadas adelante por Washington en todo el planeta: su amplitud, el despliegue de fuerzas de EEUU, las cada vez más numerosas misiones de adiestramiento de fuerzas de otros países, las bases estadounidenses que las hacen posible, los ataque aéreos –tanto con drones como con aviones convencionales– que forman parte de ellas y las unidades de combate de EEUU que ayudan en esa lucha (por supuesto, los grupos terroristas se han transformado y expandido notablemente como parte inherente del mismo proceso).
Una mirada al mapa nos dice que la guerra contra el terror, un conjunto cada vez más complejo de conflictos interrelacionados, es hoy un fenómeno eminentemente global. Se extiende desde Filipinas (con su propia organización con franquicia Daesh que realizó una devastadora campaña de casi cinco meses en Marawi, una ciudad de 300.000 habitantes), atraviesa el sur de Asia, Oriente Medio, el norte de África y penetra profundamente en África occidental, donde hace poco tiempo murieron cuatro Boinas Verdes en una emboscada en Niger.
No menos sorprendente es la cantidad de países afectados por la guerra contra el terror de Washington. Alguna vez, por supuesto, era solo uno (o dos, si el lector quiere incluir a Estados Unidos). En estos momentos, el Proyecto Costo de la Guerra reconoce no menos de 76 países (el 39 por ciento de los existentes en el mundo) implicados en ese enfrentamiento de ámbito mundial. Eso comprende lugares como Afganistán, Siria, Iraq, Yemen, Somalia y Libia, donde los ataques aéreos con drones o aviones pilotados son la norma y la infantería de EEUU (frecuentemente unidades de las Fuerzas de Operaciones Especiales) ha entrado en combate directa o indirectamente. También comprende a países en los que hay asesores militares estadounidenses adiestrando a fuerzas armadas locales o incluso a grupos de irregulares en tácticas antiterroristas u otros en los que existen bases militares determinantes en este creciente conjunto de conflictos. Como el mapa lo deja en claro, es frecuente que estas categorías se superpongan.
¿Quién podría sorprenderse que esa “guerra” haya estado devorando los dólares del contribuyente estadounidense a una velocidad que debería dejar pasmada la imaginación de un país cuya infraestructura está cayéndose a pedazos? Otro estudio del Proyecto Costo de la Guerra publicado en noviembre pasado estimó el costo de la guerra contra el terror (incluyendo algunos gastos futuros) ya había alcanzado la astronómica suma de 5,6 billones de dólares. Sin embargo, recientemente, sin ir más lejos, el presidente Trump –que en estos momentos se encuentra intensificando esos conflictos– tuiteó un guarismo aun más sorprendente: “Después haber gastado tontamente siete billones en Oriente Medio, ¡ya es tiempo de empezar a reconstruir nuestro país!” (en cierto modo, también esta cifra parece cuadrar con la estimación del Proyecto Costo de la Guerra, que decía que “el futuro pago de intereses de los préstamos para gastos de guerra probablemente agregará más de 7,9 billones de dólares a la deuda nacional” en la mitad del siglo).
No podría haber sido un comentario más insólito de un político estadounidense, cuando en estos años las declaraciones tanto acerca del costo económico como humano de la guerra habían sido dejadas mayormente a pequeños grupos de estudiosos o de activistas. De hecho, en este país, sobre la cuestión de la guerra contra el terror (extendida del modo que muestra el mapa) prácticamente no existe un debate serio respecto de su costo y sus resultados. Si el documento dado a conocer por el Proyecto Costo de la Guerra es de hecho, un mapa infernal, creo que también es el primer mapa importante de esta guerra jamás publicado
Pensemos un momento en eso. Durante los últimos 16 años, nosotros, los estadounidenses, que financiamos este enmarañado conjunto de conflictos bélicos con billones de dólares, carecíamos de un mapa de las guerras que Washington ha estado librando. Ni siquiera uno. Aun así, algunos fragmentos de ese conjunto de conflictos en continua transformación y expansión han estado regularmente en los medios de prensa, aunque raras veces en la primera plana (salvo cuando había algún ataque terrorista perpetrado por un “lobo solitario”, en Estados Unidos o en la Europa occidental). Sin embargo, en todos estos años, no ha habido un solo estadounidense que pudiese ver una imagen de este extraño y prolongadísimo conflicto bélico cuyo final no está a la vista.
Esto en parte puede explicarse por la naturaleza de esa “guerra”. En ella no hay frentes ni ejércitos avanzando hacia Berlín ni flotas machacando con su artillería la patria de los japoneses. Tampoco ha habido, como en Corea en los primeros años cincuenta, un paralelo que debía cruzarse o tras el cual se pudiera buscar refugio. En esta guerra no ha habido retiradas vosobles ni tampoco –salvo la entrada triunfal en Bagdad, en 2003–avances notables.
Incluso ha sido difícil situar geográficamente los distintos bandos en pugna y, cuando eso ha sido posible –como lo hizo el New York Times en agosto pasado, que dibujó un mapa de las regiones afganas controladas por el Taliban– la imagen era farragosa y su impacto limitado. Por lo general, sin embargo, en estos años, nosotros –el pueblo– nos hemos desmovilizado completamente, incluso cuando solo se trataba de hacer el seguimiento del interminable conjunto de guerras y conflictos armados que componen lo que llamamos la guerra contra el terror.
Elaborar el mapa de 2018 y más allá
Permitidme que repita este mantra: Una vez, hace casi 17 años, era un país; ahora son 76, y la cuenta sigue creciendo. Mientras tanto, hay grandes ciudades convertidas en escombros, decenas de millones de seres humanos han tenido que abandonar su casa, millones de refugiados han cruzado fronteras, se han desestabilizado cada vez más territorios, algunos grupos terroristas se han convertido en marcas en importantes partes del planeta y nuestro mundo estadounidense continúa militarizado.
Esta situación debería ser considerada como una modalidad completamente nueva de guerra mundial eterna. Entonces, miremos una vez más ese mapa. Y hagámoslo en el modo ‘pantalla completa’. Es importante tratar de imaginar visualmente lo que ha estado ocurriendo, ya que estamos ante un nuevo tipo de desastre, una militarización mundial como nunca la habíamos visto. En la guerra de Washington no importan los “éxitos”, desde aquella invasión de Afganistán en 2001 y la toma de Bagdad en 2003 hasta la reciente destrucción del “califato” del Daesh en Siria e Iraq (o, al menos, la mayor parte de él; en este momento, los aviones de EEUU siguen bombardeando y lanzando misiles en zonas de Siria): los conflictos no hacen más que transformarse y dar vueltas.
Estamos en una era en la que las fuerzas armadas de Estados Unidos son el elemento principal –con demasiada frecuencia, el único– de lo que acostumbraba llamarse la “política exterior” de este país y en la que el departamento de Estado está viendo drásticamente reducido su tamaño. Solo en 2017, las fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses se han desplegado en 149 países, y EEUU tiene tantas tropas en tantas bases en cualquier lugar de la Tierra que al Pentágono le resulta imposible informar sobre el paradero de 44.000 de sus militares. De hecho, es posible que no haya manera de trazar un verdadero mapa de todo esto, pese a que el del Proyecto Costo de la Guerra es un triunfo informativo.
Mirando hacia el futuro, roguemos una cosa: que la gente de ese proyecto tenga mucho aguante ya que es sabido que en los tiempos de Trump (y posiblemente durante bastantes años más), los costos de la guerra no harán más que aumentar. La primera asignación presupuestaria de la administración Trump, aprobada unánimemente por los dos partidos principales en el Congreso y refrendada por el presidente es pasmosa: 700.000 millones de dólares. Mientras tanto, los principales jefes militares y el presidente, intensificando los enfrentamientos armados en países como Niger y Yemen, como Somalia y Afganistán, dan la impresión de estar en la búsqueda permanente de más guerras.
Por ejemplo, señalando a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, el comandante del cuerpo de infantería de marina, general Robert Neller les ha dicha hace poco tiempo a las tropas desplegadas en Noruega que se espera una “fuerte lucha” en el futuro, y agregó: “Ojalá esté equivocado, pero veo guerra en el horizonte”. En diciembre, el asesor en seguridad nacional, teniente general H.R. McMaster sugirió también que la posibilidad de una guerra (es de imaginar que sea nuclear) con la Corea de Kim Jung-un estaba “aumentando cada día que pasa”. Mientras tanto, en una administración en la que abundan los iranófobos, el presidente Trump parece estar preparándose para romper el acuerdo nuclear con Irán, posiblemente en este mismo mes.
Dicho de otro modo, en 2018 y más allá, es posible que sean necesarios unos creativos mapas de varios tipos solo para empezar a ocuparnos de las guerras de Estados Unidos. Pensemos por ejemplo en una información reciente del New York Times de que unos 2.000 empleados del departamento de Seguridad Interior ya han sido “enviados a más de 70 países del mundo” cobre todo para prevenir ataques terroristas. Así están las cosas en el siglo XXI.
Demos la bienvenida entonces a 2018, otro año de guerra eterna, y ya que estamos en tema, una pequeña advertencia a nuestros líderes: dados los últimos 16 años, sed cuidadosos con vuestros deseos.
* Este mapa es el que el autor incluyó en su nota original en inglés. Si el lector desea verlo más claro y detallado puede hacerlo picando en: http://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/Current%20US%20Counterterror%20War%20Locations_Costs%20of%20War%20Project%20Map.pdf (N. del T)
* Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro más reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World
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