martes, 30 de julio de 2019
“Queremos seguir viviendo mediante la lucha, porque cuando dejemos de luchar nos habrán exterminado”
Por Al Mayadeen
Con la llegada de Donald Trump al gobierno de EEUU, también llegó su acelerada versión en la aplicación de lo que desde ese país han llamado la “doctrina del excepcionalismo americano”. Eso es simplemente su creencia de que Dios les ha otorgado el privilegio de interactuar con el mundo bajo la conciencia y las ideas de los más conservadores hombres y mujeres, hoy representados por Demócratas y Republicanos.
Así se autoasignaron el derecho de agredir a países en cualquier latitud, usando como excusa la defensa de la libertad y la igualdad de derechos. Esos son principios fundacionales de la nación norteamericana.
Pensadores latinoamericanos como el maestro uruguayo Eduardo Galeano demuestran que detrás de esa y otras doctrinas lo que hay es una forma de abuso permanente sobre países vulnerables pero llenos de recursos o con posiciones geográficas privilegiadas. Tomamos una expresión de Galeano: “lamentablemente, desde hace muchísimo tiempo, los Estados Unidos padecen esa suerte de enfermedad del mesianismo, esa idea de que fueron elegidos por Dios para salvar a la humanidad, para salvar a los demás. Yo lo único que pido es que nadie me salve por favor, yo no quiero ser salvado, porque además la experiencia histórica demuestra que por salvar a sus vecinos latinoamericanos, los Estados Unidos los han llenado de dictaduras militares atroces, todas en nombre de la democracia y todas nacidas para salvarnos del peligro comunista, para salvarnos del peligro terrorista, para salvarnos del peligro de ser nosotros mismos”.
Esa excepcionalidad la aplican hoy en casi todo el planeta. El país que no acepte sus condiciones políticas, económicas, comerciales o de seguridad es tratado con métodos disciplinarios, hoy mostrados como sanciones.
Desde el país vasco, el intelectual, prolífico escritor y analista internacional Iñaki Gil de San Vicente describe claramente la instrumentalización de la defensa de los derechos humanos que hace EEUU para tratar de apoderarse de los recursos de los países y detener el desarrollo de muchos de ellos. Lo entrevistamos y tratamos de encontrar elementos vinculantes entre la situación reciente por la que atraviesa Cataluña con lo que viven varios países latinoamericanos bajo el asedio imperial de EEUU.
¿Usted ve alguna similitud en las formas de dominación política en la que se encuentra Cataluña y las que enfrentan países latinoamericanos?
«Antes de entrar a Analizar en Cataluña, yo creo que hay que hacer una descripción de que lo que ha pasado en Nicaragua y otros sitios, viene de muy viejo.
Si analizáramos solamente lo de Cataluña veríamos una parte. Pero en Nicaragua, en Venezuela, incluso en Chile, en el año 73 con Allende, Siria, en otros tantos puntos, en Libia, en otros tantos sitios, el imperialismo ha utilizado un criterio ideológico, que ha sido digamos un mito, que ha sido la interpretación burguesa, la interpretación abstracta de los derechos humanos.
Hay datos concluyentes, los Estados Unidos cuando perdieron la guerra de Vietnam, y cuando vieron que en América Latina el proceso de los pueblos se les iba de las manos, pese a que habían utilizado el Plan Cóndor desde finales de los años 60, endurecido con el golpe en Chile en el 73, y lo que vino después, hay datos y el comandante Fidel Castro ya lo dijo en una intervención, con su derrota en Vietnam, los norteamericanos sacaron a la superficie una estrategia, a partir de la cual, desde entonces, todo lo que se ha llevado la guerra de cuarta generación, la contrainsurgencia, la utilización de los medios, las revoluciones naranja, las revoluciones de Jazmín, las guerras preventivas, las ONG controladas por grandes empresas capitalistas, la utilización de la prensa, la utilización de grupos religiosos -lógicamente de extrema derecha-, no me refiero a la Teología de la Liberación y a otros grupos, todo esto tiene su gran salto en la década de los 70 y a partir de ahí, a nivel mundial empieza una utilización sistemática por parte del imperialismo de una ideología abstracta, de una ideología sin una relación concreta con la realidad de los pueblos para utilizar cuestiones como son lo derechos, las libertades, en función exclusivamente de los intereses del imperialismo.
Entonces a partir de allí van utilizando una y otra vez una campaña metódica, falsa, hipócrita, presentándose ellos como defensores de la libertad, esto ya lo habían hecho en los años 60, con el Pacto por la Libertad, contra la Unión Soviética, y un montón de cosas con las que no podemos extendernos en este momento, y esto lo han reproducido. Y este es realmente el origen histórico de este problema. Luego añadiría más, que Cuba lo ha sufrido con muchísima intensidad, que es la guerra cultural. Luego añadiría más que es lo que aguantó y sufrió el heroico pueblo de Nicaragua con todo el cerco de las intervenciones de ejércitos privados, de toda la contra formada en Honduras, de toda la contra pagada por estados Unidos, precisamente con dinero del irangate y de otras cuestiones de estas. Todo esto procede a un cambio de estrategia de los Estados Unidos, cuando vieron que los pueblos del mundo se le estaban sublevando. A partir de la derrota de Vietnam los pueblos del mundo se le estaban sublevando y necesitaba tener un poco de legitimidad (falsa) un poco de credibilidad (falsa), para presentarse ante sectores de esos pueblos, sectores desorientados, sectores perdidos, sectores a los cuales no se les podía llegar con nuestra argumentación a presentarse como los defensores de unos derechos humanos abstractos. Y es a partir de allí donde viene toda esta explicación. Este hecho histórico es fundamental.
Saber los orígenes históricos de toda la contraofensiva imperialista, de toda esta vuelta basada en un mito, todos sabemos, y concluyo que el capitalismo es inhumano. Lo que han intentado es disfrazarlo de humano, para como en el caso de Nicaragua justificar un intento criminal y sanguinario de golpe de estado.»
¿Y observa alguna vinculación entre esto de América Latina con lo que sucede con Cataluña?
«Lo tenemos que ver en el contexto de las decisiones del imperialismo a nivel mundial. Esto es el análisis del fenómeno universal. Luego tenemos que entrar al fenómeno particular y al fenómeno singular.
En Cataluña y también aquí en el País Vasco, lo que se ha producido es un fenómeno histórico que venía muy de antes, venía incluso mucho antes de que el imperialismo español destrozara naciones originarias en América Latina. La nación catalana existía antes que la nación española, existía antes que la nación castellana.
En Cataluña fue uno de los focos donde surgió el sistema capitalista, existía con mucha antelación y es un pueblo muy diferente al pueblo español. Es lo mismo que, haciendo las salvedades, que yo te llamara a ti norteamericano. Pues a un Catalán le llamas español o a un vasco nos llamas españoles y Wuffffff… Soy razones muy históricas y muy profundas. ¿Sandino (líder de la independencia de Nicaragua) que diría cuando se le llamara norteamericano?
Tenemos que entender estos factores y tenemos que analizar cada situación concreta.
Hay una relación muy llamativa que no podemos pasar por alto y es que tanto los catalanes, como los vascos sufrimos la dominación del imperio español como los nicaragüenses, como los cubanos sufrieron la dominación del imperio español. Luego los españoles negociaron con los norteamericanos para entregarles Cuba, como negociaron con los norteamericanos para entregarles Filipinas. Entonces los nicaragüenses, los catalanes y los vascos tenemos históricamente el mismo enemigo común que es el imperialismo español. Vosotros (venezolanos) por heroísmo venciste al imperio español y estáis luchando contra el imperialismo norteamericano. Mientras que el pueblo catalán y el pueblo vasco seguimos luchando contra el imperialismo español.
Tenemos que ser conscientes de estas diferencias pero a la vez del lazo común que nos une a nicaragüenses, a vascos y a catalanes. Y a partir de allí tenemos que precisar una cuestión: Cataluña por razones históricas hay una división en el pueblo catalán, lo mismo que me imagino hay en el pueblo nicaragüense. Los ricos de Catalunya no quieren separarse del Estado español porque ven su futuro económico pegado al Estado español. Lo mismo que los ricos de Venezuela quieren que Venezuela sea una provincia controlada por los Estados Unidos, lo mismo que los ricos de Nicaragua apoyaron a la contra revolución, se enfrentaron a la guerrilla sandinista, apoyaron a Somoza hasta el final y aplaudirían con las orejas que Estados Unidos dominara Nicaragua. Porque el dinero, el capital sea en Cataluña, en el País Vasco, en Venezuela o en Nicaragua siempre tiende a estar donde está el poder y el poder en la Península Ibérica está en España y el poder en Latinoamérica, el poder duro, el criminal, el inhumano está en los Estados Unidos. Y eso también nos une a catalanes, vascos y nicaragüenses.
Tenemos que darnos cuenta que es el pueblo nicaragüense el que ha dicho que no a esa intervención como fue el pueblo venezolano el que dijo que no –yo estaba en Venezuela en los momentos duros de todas las guarimbas, los asesinatos cuando quemaban personas vivas-. Pero también estaba en Catalunya cuando las fuerzas represivas españolas golpearon, rompieron las urnas, aplastaron las urnas. En el fondo de todo esto, insisto, es que tanto el imperio español en su origen, antes de “descubrir” (entre comillas), antes de aniquilar a nuestra América ya estaba aniquilando al pueblo de Cataluña. Entonces el pueblo trabajador de Cataluña ha resistido. El pueblo rico de Cataluña, la burguesía catalana siempre se ha aliado con los españoles. A fin y al cabo a Sandino lo traicionaron los ricos de Nicaragua.»
¿Cuánto más debemos resistir?
«Bueno, resistir es vencer. Desde la posición de los pueblos que estamos machacados, que estamos sin recursos o que nos impiden nuestros recursos, porque a Nicaragua, una vez que entró el imperialismo ha sido, hasta la recuperación reciente, ha sido hundida en la miseria.
Los pueblos que mantenemos nuestro rol nacional, que mantenemos nuestra identidad, que mantenemos nuestro sentido de pueblo trabajador, de nación trabajadora, resistir es vencer. Porque sabemos que cada día que estamos resistiendo estamos enseñando a nuestros descendientes, a nuestros hijos, a nuestras hijas les estamos enseñando dignidad y la dignidad es contraria a la lógica capitalista. Es enemigo antagónico de la lógica capitalista.
No es que estemos condenados a sufrir siempre una lucha sino que queremos seguir viviendo mediante la lucha, porque cuando dejemos de luchar nos habrán exterminado. Aunque sigamos viviendo. Yo puedo seguir viviendo hablando castellano, un nicaragüense puede seguir viviendo hablando en inglés y comiendo en Mc Donals, y aceptando que haya bases norteamericanas en Nicaragua, pero ya no es un nicaragüense, es un esclavo de los Estados Unidos.
Nosotros resistimos porque queremos vivir y vivimos porque queremos resistir. Por tanto no es que estemos condenados a luchar sino que luchamos porque queremos vivir, y no queremos que nuestra vida sea un dólar más dentro de las sonatas de Donald Trump, ni remotamente.»
Carta a Leo Eloesser
Por Frida Kahlo
Nota de edición: El 6 de julio de 1907 nacía una mujer irremplazable, irrepetible: Frida Kahlo. Cuerpo abierto por las heridas, alma quebrantada por el dolor, pintora de su propia vida. La recordamos hoy mediante esta carta a su buen amigo, el doctor Leo Eloesser.
24 de junio de 1944
Queridísimo doctorcito Eloesser:
Realmente tienes razón de sobra para regañarme porque nunca te escribo, pero ya sabes que a pesar de todo, te quiero hartísimo y nunca te olvido.
Ahora te estoy escribiendo desde la cama porque sigo “fregada” de la espina. Cada día estoy peor. Vi al Dr. Alejandro Velazco Zimbrón que es un famoso cirujano de huesos aquí. Me ordenó un “corset” que llevo desde hace cinco meses. Al principio me costó mucho trabajo acostumbrarme, pues es de la chingada aguantar esa clase de aparatos, pero no puedes imaginarte cómo me sentía de mal antes de ponerme ese aparato. Ya no podía materialmente trabajar pues me cansaba de todos los movimientos por insignificantes que fueran. Me mejoré un poco con el “corset” pero ahora vuelvo a sentirme igual de mal, y estoy ya muy desesperada pues veo que nada mejora la condición de la espina. Me dicen los médicos que tengo inflamadas las meninges, pero yo no me acabo de explicar cómo está el asunto, pues si la causa es que la espina debe estar inmovilizada para evitar la irritación de los nervios ¿cómo es que con todo y corset vuelvo a sentir los mismos dolores y las mismas friegas?
Oye lindo, esta vez que vengas por lo que más quieras en la vida, explícame qué clase de chingadera tengo y si tiene algún alivio o me va a llevar la tostada de cualquier manera. Algunos médicos vuelven a insistir en operarme pero no me dejaría operar si no fueras tú quien lo hiciera en caso de que sea necesario.
Del caballete yo quisiera que fueras tan bueno de echarlo en un tren que me lo traiga acá, pues ahora lo necesito mucho porque les presto a veces los dos míos a los muchachos de mi clase. Yo pagaré aquí lo que cueste el transporte por express. ¿Quieres hacerme ese gran favor?
Tengo mucho gusto de que vengas pues tú sabes cómo te quiero. Perdóname que no te escriba mucho ni te cuente cosas porque aún de escribir me canso rete harto.
Te mando miles de besos y mi corazón.
Tuya, Frida.
Mi querido doctorcito. Correspondencia entre Frida Kahlo y Leo Eloesser
lunes, 29 de julio de 2019
“¡Lo queremos libre!”
Rel UITA
Mari Cruz Portillo, Juan Carlos Herrera y Gerardo Iglesias | Foto: Giorgio Trucchi
El 31 de mayo, la gigantesca movilización de la Plataforma por la Defensa de la Salud y la Educación fue brutalmente reprimida por militares y policías. Pese a la difícil situación, la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa lucía sin la acostumbrada y nutrida protección policial. Todo estaba listo para que un nuevo “falso positivo” sirviera a criminalizar la protesta pacífica y mandar un mensaje de terror a las y los jóvenes.
El joven maestro Rommel Baldemar Herrera Portillo, de 23 años, acompañaba la protesta de la Plataforma. Al pasar por la embajada de Estados Unidos vio que alguien iniciaba la quema de llantas en el portón principal.
Rommel agarró un par de llantas y la lanzó al fuego. Luego se fue. A los pocos minutos fue rodeado por policías, capturado y acusado por el Ministerio Público de los delitos de daños e incendio agravado.
El 1 de junio se realizó la audiencia de Declaración de Imputado donde el juez le dictó prisión preventiva en la cárcel de Tamara, en las afueras de la capital.
Sin justificación alguna, las autoridades penitenciarias obviaron la disposición judicial y lo enviaron a la cárcel de máxima seguridad “La Tolva”, a más de 60 kilómetros de Tegucigalpa.
El 6 de junio se llevó a cabo la audiencia inicial. A pesar de que los abogados defensores lograran desestimar todas las pruebas presentadas por la fiscalía, el juez dictó auto de formal procesamiento con prisión preventiva.
Sus padres Juan Carlos Herrera y Mari Cruz Portillo, ambos profesores, aseguran que el joven sufrió tortura, maltrato físico y psicológico y estuvo desaparecido durante 72 horas.
“Nuestro hijo es un preso político más y su encarcelamiento constituye un claro mensaje al pueblo hondureño que lucha en las calles reivindicando derechos. Con su detención intentan frenar al movimiento social y criminalizar la protesta”, escriben los padres de Rommel.
-¿Qué pasó después del 6 de junio?
–JC Herrera: Nos sumimos en un mar de dolor. Lo que decidió el juez fue profundamente injusto. Lo que más nos preocupa ahora es que le pueda pasar algo en esta cárcel de alta peligrosidad y máxima tortura.
Está con otros dos presos políticos (Edwin Espinal y Raúl Álvarez). Los tres podrían ser objeto de ataques. Sus vidas corren peligro.
-¿Cómo está Rommel?
–MC Portillo: A pesar de lo difícil que es esto y que las amenazas siempre son latentes, lo vimos fortalecido y menos tenso. Está reaccionando.
-¿Las autoridades explicaron por qué lo llevaron a La Tolva?
–MCP: La actitud de las autoridades penitenciarias ha sido lamentable. Primero lo trasladaron a La Tolva desacatando la orden judicial y desapareciéndolo durante 3 días, luego nos hicieron la vida imposible para poder visitarlo y ahora nos atacan groseramente.
En un programa de televisión donde estábamos como invitados, el subdirector del Instituto Nacional Penitenciario (INP), German McNeil, nos agredió verbalmente y estigmatizó a los tres presos políticos.
Dijo que son vándalos y reos de alta peligrosidad y que por eso los mandó a La Tolva. Todo esto es absurdo y revela que hay un factor político detrás de lo que está pasando.
-¿Cómo va a seguir esto?
–JCH: Estamos esperando que la Corte de Apelación resuelva sobre la impugnación que hicimos del fallo del 6 de junio. Luego iniciará el juicio.
Él sólo colocó unas llantas donde otras personas habían iniciado la quema. Queremos que la fiscalía recalifique el delito y que Rommel pueda defenderse en libertad.
-Ustedes han dicho públicamente que responsabilizan al presidente Hernández por lo que le pueda pasar a Rommel.
–MCP: Encerrarlo en La Tolva es un castigo, un plan de tortura. No hay seguridad. Hasta nos han dicho que si hay un amotinamiento, las autoridades no responden por la seguridad de Edwin, Raúl y Rommel.
Es una clara amenaza, tanto del régimen como del gobierno estadounidense que lo respalda, prestándose al juego sucio. Están reprimiendo y criminalizando la protesta y ahora les envían un mensaje amenazante a los jóvenes que están en las calles.
A Rommel Baldemar le ha tocado vivir este destino histórico y vamos a luchar hasta verlo en libertad.
–JCH: Introducimos varias solicitudes a Rosa Gudiel, directora del INP, para que reubique a Rommel y a los demás presos políticos. No nos hizo caso.
Si algo les pasara, Rosa Gudiel, German McNeil y su jefe Juan Orlando Hernández son los responsables.
-¿Y cómo están ustedes?
–JCH: Me siento muy mal física y mentalmente. Rommel es un cipote noble y muy empático. Me duele tanto saber que está detenido. Lo que me da fuerza es el deseo de verlo pronto en libertad.
–MCP: Me siento desestructurada. Ya no tengo con quien pelear (risas). Llevo muy dentro la esperanza de que él salga de este infierno.
Rommel está luchando, se está reinventando, renovando día tras día aún en este ambiente hostil.
Estoy más fortalecida que nunca y continuaré acompañando esta lucha que es popular y de cara a un futuro mejor.
Fuerzas políticas podrían llegar a acuerdos electorales en próximos días
De forma abierta y pública, representantes de las diversas fuerzas políticas, con mayor caudal electoral han dicho que están conversando sobre las reformas electorales. Temas divididos son la creación de las dos nuevas leyes que regirán los recién creados órganos electorales y el nombramiento de los representantes de los mismos.
La discusión se encuentra estancada porque el Partido Nacional, por una parte, apuesta a primero aprobar las leyes electorales y luego los representantes. Mientras que LibRe a través de las protestas parlamentarias, le apuesta a aplicar el proceso a la inversa, es decir, que primero se nombren a los representantes en las nuevas estructuras electorales.
“Ya estamos conversando con LibRe, para buscar un punto medio, en el que podamos retornar el próximo martes a la normalidad en el desarrollo de la agenda legislativa”, dijo el diputado nacionalista y uno de los vicepresidentes del Congreso, Antonio Rivera Callejas.
Debido a las conversaciones partidarias, las autoridades del Congreso, determinaron suspender las sesiones y convocarlas de forma oficial para el próximo martes a las 3 de la tarde.
Rivera Callejas, afirmó que las reuniones no solo son con el partido Libertad y Refundación, también tienen acercamientos con la bancada del Partido Liberal, con su junta directiva que es dirigida por Mario Segura.
Ambas negociaciones tienen su punto obstaculizador, en LibRe es el representante y en el Partido Liberal, es la división interna de este instituto político, interpretado en los que responden a la línea del Central Ejecutivo y los cercanos a Carlos Flores Facussé, en el caso de Segura es el segundo grupo, quien además es mayoría en cantidad de votos.
Insurrección legislativa continuará
Así lo han dicho varios diputados del Partido Libre, para el caso, Jari Dixon, diputado por el departamento de Francisco Morazán, quien aseguró que sin el acuerdo que indique que en la próxima sesión del martes se van a nombrar a los nuevos representantes electorales, no dejarán la insurrección.
Libre lleva más de dos meses en insurrección parlamentaria, misma que ha convertido al pleno del Congreso en un ambiente hostil, que ha imposibilitado el desarrollo de la agenda parlamentaria.
La insurrección ha causado por una parte enfrentamiento físico entre diputados y por otra la maniobra autoritaria del partido de gobierno, que les ha permito aprobar leyes o reformas sin cumplir con la mayoría necesaria o simplemente violando el procedimiento parlamentario.
“Entendemos que Libre tiene derecho a su representante, pero vamos a conversar, creo que hay que darle prioridad a eso en estos días y luego retomar las acciones legislativas”, dijo el presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, sobre los representantes que Libre pide en las recién creadas estructuras electorales.
Por su parte la autodenominada organización de sociedad civil, ASJ, a través de uno de sus directores, Omar Rivera, pidió públicamente que los políticos no deben repartirse el poder electoral, como si el mismo fuera un pastel.
Rivera dijo que es necesario cumplir con los procesos de elección a través de concurso, evaluaciones y sobre todo por fuera de los intereses particulares de los partidos políticos.
Libre contestó a esta solicitud afirmando que ASJ es un brazo civil del partido de gobierno y que es una organización de la que no tienen confianza, por el papel de acompañamiento que ellos hacen de forma muy cercana al gobierno de Juan Orlando Hernández.
Mientras tanto, Antonio Rivera, manifestó que en esta ocasión a pesar de respetar el criterio de la ASJ, no lo comparten y que en honor a la cantidad de votos sacados en el pasado proceso electoral, es que se debe nombrar a los representantes electorales de estas nuevas instituciones.
Sobre el asunto se refirió el expresidenciable del Partido PINU, Guillermo Valle, aseguró que ellos apuestan a un nombramiento de representantes que no pertenezcan a ninguna fuerza política.
Valle pide que además de discutir sobre los nuevos representantes, puedan discutir sobre la aprobación de reformas profundas, como la segunda vuelta, el voto electrónico y también el voto en el extranjero. Este fin de semana será crucial en lo que corresponde a las reformas electorales, de alcanzar acuerdos, el martes próximo las actividades legislativas regresarán a la normalidad.
Vivas y creando
Por Claudia Korol
El 28 y 29 de junio se reunieron en Vallecito más de 1200 mujeres y 350 niñas y niños, para pensar juntas los caminos recorridos a diez años del golpe de estado. Convocadas desde la voz potente de Miriam Miranda, lideresa de OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras), la chispa incendió los corazones rebeldes, y el encuentro plurinacional y pluricultural se volvió un viento de esperanza en las honduras del continente.
Diez años atrás las miradas del mundo se dirigieron a Honduras. Un golpe de Estado derrocó y expulsó del país a “Mel” Zelaya, el presidente que osó incluir a Honduras en el ALBA, anunció la decisión de que la base militar norteamericana de Palmerola pasara a manos de civiles hondureños y propuso la instalación de una “cuarta urna” en las elecciones, para que la sociedad se pronunciara sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente. No era un gobierno de izquierda ni revolucionario, pero era demasiado para lo que los Estados Unidos estaban dispuestos a tolerar en un continente que siguen considerando su patio trasero.
Las Feministas en Resistencia, y algunas lideresas de movimientos indígenas, negros, garífunas, campesinos, como Berta Cáceres (coordinadora general de COPINH, Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, asesinada el 2 de marzo de 2016), y Miriam Miranda (coordinadora general de OFRANEH -Organización Fraternal Negra de Honduras-), fueron voces claras y contundentes para denunciar lo que significaba ese golpe, no sólo para las mujeres y el pueblo de Honduras sino para todo el continente.
A días del golpe alertaba Berta Cáceres: “Los pueblos indígenas en Honduras tenemos mucho que decir sobre las causas profundas del golpe de Estado, porque está muy ligado al avance del proyecto de muerte contra nuestras comunidades. Ha marcado el afianzamiento del coloniaje más feroz, criminal e impune que hayamos visto desde hace mucho, y eso que hemos estado históricamente soportando el saqueo y el exterminio. Esto se traduce en el incremento del racismo, del femicidio con rostro indígena, de la triple dominación contra las mujeres indígenas por ser indígenas, por ser mujeres, y por engrosar el 80 por ciento de las masas empobrecidas y marginadas en Honduras… Se ha intensificado la transnacionalización capitalista en nuestros territorios y culturas, que clava sus garras con el beneficio del golpe de Estado y de sus estructuras que se mantienen intactas, con el respaldo de los Estados Unidos, de algunos países europeos, y de los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el BID, y algunas agencias de este mismo sistema de Naciones Unidas y de la Unión Europea. El régimen ha avanzado en subastar el país, y lo hace precisamente en los territorios indígenas y negros”. Decía también Berta: “No debemos permitir como pueblo hondureño que este golpe de Estado se instale. Tenemos que arreciar la movilización y la resistencia. ¿Por qué creen que fue el golpe de Estado? Porque para los ricos, los oligarcas, la ultraderecha, con asesoría de la mafia de Miami, la contrarrevolución cubana y venezolana, que están asesorando a estos golpistas, la preocupación era que el pueblo pudiera decidir sobre recursos estratégicos como el agua, el bosque, la tierra, sobre nuestra soberanía, sobre los derechos laborales, sobre el salario mínimo, sobre los derechos de las mujeres, la autodeterminación de los pueblos indígenas y negros. Este golpe de Estado es contra todos los procesos de liberación de nuestro continente. Hoy es Honduras. Mañana puede ser El Salvador, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Cuba. No podemos permitir que se trunque el sueño de Morazán, de Bolívar, de Visitación Padilla, de Martí, del Che Guevara, de Martin Luther King.”
Diez años después analiza Melissa Cardoza, escritora feminista: “El golpe de Estado se hizo para que esa propuesta neoliberal, de muerte y despojo contra los pueblos y las mujeres fuera legalizada, para que la estructura institucional del Estado sirva a esos intereses. En el Encuentro trabajamos con unos mapas, y salió muy claramente que todo el país está intervenido de esta manera, y está dispuesto para ser concesionado”.
Las mujeres de la Resistencia
En el manifiesto rebelde de Vallecito, las mujeres dicen que en el Encuentro plurinacional “se hicieron sentir las energías del pueblo Tolupán, Lenca, Misquito, Garífuna, Pech, Maya Chortí, y de los pueblos en lucha; y que se reunieron con “la presencia ancestral de Margarita Murillo, María Enriqueta Matute, Berta Cáceres, Magdalena Morales y tía Macucu, que en un sólo espíritu, pensamiento y fuerza nos acompañan en todas las acciones”.
Miriam Miranda convocó al diálogo entre mujeres, con la convicción de que ésta es una clave para levantar al país. Ella nos dice: “Fue un Encuentro único en el país. Mujeres de dieciséis departamentos de los 18 que componen el país, nos juntamos en un hecho histórico, nos hicimos presentes en un territorio liberado del pueblo garífuna. Vallecito por muchos años ha sido territorio en disputa, acaparado por los narcotraficantes, pero mediante un trabajo sin igual la OFRANEH lo ha venido recuperando”.
Melissa Cardoza subraya: “Vallecito es un símbolo de rebeldía, un símbolo de ancestralidad, un símbolo de lucha de mujeres también. Las mujeres son muy importantes en ese territorio. Vallecito, el territorio rebelde del pueblo garífuna, nos recibió con mucho cariño y con mucho trabajo. Fue un Encuentro impresionante. El pueblo garífuna construyó una estructura logística increíble. Las y los compas de OFRANEH pasaron meses levantando carpas, champas, para que estuviéramos ahí. Se decidió hacer el Encuentro en Vallecito, precisamente, para intentar descolocar de las ideas de la gente, que cree que las acciones políticas importantes siempre tienen que pasar en la capital, o en las ciudades grandes. Porque como hemos visto en los últimos años de resistencia, es en los territorios incluso desconocidos, donde están construyéndose propuestas muy interesantes a nivel político. Este Encuentro nos planteó salir de los espacios del confort en los que muchas veces hemos estado. Vallecito significaba ir a un espacio de lucha, de espiritualidad del pueblo garífuna, de donde sacamos mucha fuerza también el resto”.
Miriam Miranda afirma, pensando más allá del Encuentro: “Una de las cosas importantes para las feministas y movimientos de mujeres, es entender que hoy día no se puede centrar la mirada y el trabajo únicamente en las ciudades y urbes. Es impostergable mirar las realidades de las mujeres que luchan día a día en los territorios rurales o del campo. Entender que esa lucha no está separada de nuestra realidad, que la defensa de los bienes comunes es tan importante para las que habitan en la ciudad, porque en el campo es donde se producen los alimentos. De ahí que hoy día los Encuentros deben incorporar la visión de la diversidad de mujeres, no sólo de género, sino también lo cultural”.
Diez años después
Melissa Cardoza comparte algunas de las ideas del Encuentro: “El balance es que ha sido una década de muchos golpes. El golpe de Estado sigue estando ahí muy vivo, está profundizado este régimen extractivista. Hemos llorado mucho a nuestras asesinadas, a Berta Cáceres por ejemplo, que estaba allí muy presente, caminando en medio de las mujeres. Hemos lamentado y nos hemos indignado un montón recordando a toda la gente criminalizada, perseguida. También hemos aprendido a valorar nuestras fuerzas, hemos aprendido a nombrar a nuestras luchas de mujeres en voz alta, a decir quiénes somos y qué estamos haciendo. A poner en valor la lucha de los pueblos indígenas y negros, garífunas, que siempre han sido tratadas con mucho desprecio, con mucho racismo, incluso por el movimiento social, por la izquierda. Hemos aprendido a estar vivas. Se suponía que no debíamos estar vivas, porque el golpe, como todos los modelos de la necropolítica en este mundo, considera que algunas personas tienen derecho a estar vivas y otras no. Nosotras somos de las que no deberíamos estar vivas. Pero seguimos vivas, seguimos creando, seguimos sosteniendo la esperanza y la vida, y seguimos organizándonos juntas. Estuvimos valorando también las luchas por la defensa del bien común, la educación y la salud, lideradas por mujeres. Las mujeres luchamos en muchos espacios. Nosotras veíamos llegar a ese montón de mujeres de las comunidades, y sabemos lo que significa para una mujer venirse de su casa. A veces una negociación o un pleito a nivel familiar. Dejar ese espacio para ir al espacio público a hablar del país que queremos, es un acto muy revolucionario. Fue un balance de pérdidas, pero fue también un balance de fuerza. Y quisimos hacerlo para decir: “estamos aquí”. Por eso el lema es: “A diez años del golpe de Estado, seguimos luchando juntas por una Honduras sin dictadura””.
Frente a todos los extractivismos
Carla Paredes, integrante de la colectiva feminista lésbica Libertad nos dice: “La experiencia en Vallecito me enseñó que sí se pueden recuperar nuestras tierras, nuestra cultura, nuestras raíces. Porque el extractivismo no es sólo el de las mineras, no es sólo el de nuestras tierras. También son nuestros cuerpos. Vallecito me llenó de energía y de esperanza. Sí se puede recuperar todo lo nuestro”.
Noemí Dubon, del Foro de Mujeres por la Vida, comparte: “Estamos viviendo una dictadura, donde se ha profundizado el modelo extractivista, que atenta contra los proyectos de vida de las mujeres y los pueblos. Un modelo de despojo de los bienes comunes, identidades, que se sostiene por la corrupción, impunidad, narcotráfico, militarización, criminalización, y especialmente con la violencia, y las armas. Vivimos una crisis humanitaria producto de este despojo, que se expresa de manera cruel y contundente en el éxodo migratorio, el desplazamiento, el vaciamiento de los territorios. En el Encuentro nos llamamos a la urgente necesidad de recuperar y multiplicar las prácticas de autonomía existentes, y plantear alternativas antipatriarcales, anticapitalistas, antirracistas, inclusivas y diversas. Vimos con preocupación el aumento de la violencia normalizada contra las vidas y los cuerpos de las mujeres, y nos comprometimos a seguir juntándonos, en rebeldía colectiva, a acuerpar las luchas de todas, y a recuperar una Honduras sin dictadura, con autonomía y soberanías populares, desde las mujeres”
Coincide Melissa Cardoza: “Hablamos mucho de las mujeres migrantes, del vaciamiento del territorio donde vivimos, y de la posibilidad de que eso profundice el régimen extractivista. Salió de manera muy potente el dolor que significa la migración, el ver a la gente irse, familias, compañeras de lucha desesperadas por no poder vivir más en este país, y al mismo tiempo preocupadas porque en la medida en que la gente se va, se queda sin defensa el territorio”.
Desde la Resistencia, acuerpar las luchas
¿Cuáles fueron los temas planteados? Miriam Miranda nos comenta: “Hablamos de tareas movilizadoras, de cómo juntas podemos y debemos trabajar en temas estratégicos tales como las violencias contra las mujeres, los feminicidios, la violencia institucional del estado dictatorial. Se habló de la necesidad de ir construyendo territorios autónomos, de luchar contra la militarización de la sociedad, viendo la militarización no sólo como el incremento de los cuerpos militares, sino también el militarismo que se ha incrustado hasta dentro de los centros de enseñanza, ya que este gobierno creó el programa de los Guardianes de la Patria, que consiste en enviar a los militares a las escuelas a dar supuestas clases de civismo. Fue muy importante constatar que el rescate y el fortalecimiento de la cultura e identidad, es urgente para enfrentar este modelo depredador. El Encuentro también sirvió para que las mujeres pudieran sanarse, conectarse con la naturaleza, pensar temas como el ejercicio de la democracia, frente a la violencia galopante que ha ido en aumento después del golpe de estado. La propuesta más importante fue la articulación de las mujeres en lucha en todo el país. Creo que ése es uno de los logros más significativos. La necesidad de juntar nuestras voces, nuestras acciones, nuestros pensamientos, en la construcción de una Honduras mejor, sin violencia, que no esté militarizada, donde no se persiga a la juventud, a nuestros hijos e hijas. Una Honduras en la que podamos generar soberanía alimentaria. Salimos convencidas de que la lucha por la liberación, por la defensa de los derechos de las mujeres, es impostergable. Es un evento que nos reta como mujeres a generar espacios de discusión, pero también de formación. A entender que el plástico, por ejemplo, está agotando el planeta, y que hay que trabajar desde las comunidades, desde la base con todos estos temas. Como parte de este ejercicio, nos dimos cuenta de que, en momentos de crisis, los cuerpos de las mujeres no son solamente objeto de disputa, de asedio, sino que también se convierten en espacios de descarga de la ira, de la desesperanza, de la frustración. Por eso es que hoy día Honduras es uno de los países donde hay tantos femicidios, tantos asesinatos de mujeres. Es un Encuentro que nos hace más fuertes, y que nos convoca a seguir exigiendo la aplicación de justicia para el caso de nuestra hermana Berta Cáceres, que estuvo muy presente en todas nosotras”.
Melissa Cardoza agrega: “El Encuentro buscó también trastocar las lógicas y las dinámicas políticas del movimiento popular. La democracia liberal está fracasada, no sirve a los pueblos, no sirve a las mujeres. Tenemos una disputa importante con estos procesos electoreros que parecieran ser la única propuesta posible para cambiar, mientras los pueblos están enseñando otras cosas, y mientras estamos viendo que hay una manipulación muy grande de la gente, de las voluntades y de las esperanzas. Hablamos mucho de cómo discutir políticamente otro modo de hacer las cosas, y cómo cambiar las lógicas de los movimientos mismos. En el movimiento social hondureño hay mucha misoginia, mucho machismo. Este Encuentro fue boicoteado por algunos hombres de organizaciones que no entienden que el hacer Encuentros de mujeres no significa que se excluya la mirada de lo comunitario, de la familia, sino que necesitamos espacios nuestros para pensar y actuar. Son décadas que venimos diciendo esto, y son décadas que hombres de algunas organizaciones de una mentalidad muy conservadora, que hablan en nombre de una revolución pero no pueden revolucionar sus cabezas, no parecen entender por qué queremos juntarnos las compañeras. En Vallecito pudimos pensar juntas la democracia, pensar el poder, pensar las autonomías que ya existen, y que pasan por el territorio, por los cuerpos”.
El Encuentro concluyó. Las compañeras siguen hablando, pensando y actuando juntas. Es un nuevo momento de organización de las mujeres rebeldes, que extienden sus palabras más allá de las fronteras, para quienes quieran escucharlas, hablar y actuar juntas, y caminar a la par, y enredarse en sueños y gestos de libertad.
Los eternos deportados
Por J. Jaime Hernández
Foto/AP
Tratándose de deportados, la expulsión de mexicanos desde Estados Unidos ha sido un fenómeno multigeneracional. Un historial condenado al silencio político o al soslayo de gobernantes durante casi un siglo y en una herida que sigue sin cerrar en las relaciones de ambos países.
Desde tiempos inmemorables, los mexicanos han sido los eternos chivos expiatorios del racismo que anida en el corazón de aquellos supremacistas empeñados en el reclamo del poder y sus privilegios para la raza blanca.
Por ello, en la mayoría de los casos, las deportaciones se han convertido en una suerte de purga cíclica de raza. En un fenómeno caracterizado por su profunda discriminación, por su trágico componente de desentrañamiento familiar y por su infame agravio comparativo frente a minorías que han nutrido durante casi tres siglos ese crisol de razas y culturas que hoy es Estados Unidos.
Ahora que el régimen de Donald Trump prepara una nueva campaña de deportaciones express, vale la pena evocar las marejadas de deportados que se han mantenido como una constante en ese viejo empeño por revertir el cambio de paisaje demográfico.
Algo que, por cierto, difícilmente tendrá marcha atrás.
Según el último censo en Estados Unidos (2010), el crecimiento de la población total en Estados Unidos se vio impulsada por el aumento de las minorías étnicas. En términos absolutos, las minorías contribuyeron en un 91.7% del crecimiento de la población en el período 2000-2010, mientras la población blanca sólo representa el 8.3%.
De este gran total, la minoría hispana fue responsable por el 56% del crecimiento en la población.
En este contexto de recomposición demográfica, la minoría blanca se ha visto espoleada por el mensaje de aquellos que siguen predicando el mensaje de la “superioridad racial” para defender cotos de poder y privilegios.
Pero esta lucha no es nueva. Viene de mucho tiempo atrás.
Hacia mediados del año 2004, conocí en la ciudad de Santa Ana, California, a Doña Trinidad Rubio. Me la encontré en una manifestación contra las redadas express que ya desde entonces azotaban a la comunidad migrante:
“Mi madre me contó que yo sólo tenía dos años cuando la policía nos metió a todos en un tren como si fuéramos ganado. Me acuerdo que mi madre iba mal herida y sangrando de la cabeza porque la policía nos persiguió.
“Durante la persecución mi padre iba manejando la troca y de repente dio un vuelco. Todos salimos volando. Mi madre, por protegerme, sacó la peor parte. Un brazo se le rompió y recibió un golpe en la cabeza. Sólo le dieron ayuda de emergencia y le cosieron con un hilo y aguja la herida que tenía en el brazo.
“Después nos subieron al tren y nos expulsaron a México. Y de nada sirvió que mis padres les explicaran que todos nosotros éramos ciudadanos de Estados Unidos. La policía no nos quiso escuchar. Tenían sus órdenes, nos decían.
“Así fue como nos expulsaron y nos enviaron a un rancho en Chihuahua, donde pasaríamos 10 años olvidados y en medio de la más absoluta miseria antes de regresar a Estados Unidos”.
Con más de 90 años, Doña Trinidad sigue esperando que el gobierno de Estados Unidos le pida perdón a ella y a todos ellos que, a pesar de ser ciudadanos de Estados Unidos, se les expulsó de sus hogares entre 1929 y 1930 para aplacar el sentimiento de odio de la mayoría blanca hacia las minorías (principalmente la mexicana) en plena recesión económica.
Para tratar de aplacar ese odio y resentimiento hacia la minoría hispana, el presidente Herbert Hoover ordenó la deportación de más de un millón de personas de origen mexicano.
Más del 70% de esos deportados, según han señalado varios historiadores, eran ciudadanos de Estados Unidos.
Pero antes de ser expulsada de Estados Unidos, la familia de Trinidad Rubio había visto obligada a exiliarse de México para pagar así muy cara su lealtad a las fuerzas de Pancho Villa que huyeron hacia el norte empujadas por los ejércitos de Venustiano Carranza.
Tras un difícil peregrinar por Arizona y California (donde nacieron los cinco hijos de la familia Rubio), los padres de doña Trinidad consiguieron asentarse en este último Estado donde el cabeza de familia consiguió un empleo estable en un aserradero.
Sin embargo, la tranquilidad duraría poco ya que, a partir de 1929, la recesión desató una cacería y una expulsión sin precedentes de migrantes de origen mexicano para desplazarlos con trabajadores de raza blanca.
En 1954, en una nueva fase de deportaciones ordenadas por el presidente Dwight Eisenhower —bautizada bajo el infame nombre de WetBack o “espalda mojada”—, casi 1.3 millones de migrantes de origen mexicano fueron expulsados de Estados Unidos.
Y, más recientemente, bajo la presidencia de Barack Obama, el Departamento de Seguridad Interna (DHS) rompió el récord de las deportaciones recientes con más de 2 millones de expulsados.
Hacer recuento de estas campañas de redadas y deportaciones es un ejercicio que habla del cinismo y el oportunismo político que ha caracterizado a los sucesivos gobiernos de Estados Unidos pero, también, de la insufrible obsecuencia que ha mantenido como una constante el gobierno de México.
Es hacer, en suma, recuento de la tragedia que siempre acecha a los mismos de siempre. A los eternos vencidos. A los migrantes deportados que siguen siendo la carnaza preferida de los racistas y los miserables.
Regular y reconocer a las trabajadoras del hogar
Por Oskar De los Bueis y Ane Escondrillas *
Cuando decimos que la vida tiene que colocarse en el centro y que para sostener la vida son necesarios los cuidados, tenemos que ser conscientes de cómo está construido nuestro entorno, interpelando a quien lo condiciona que es el sistema capitalista heteropatriarcal. Somos educadas en este sistema que configura y normativiza nuestras formas de relacionarnos y condiciona nuestra forma de vivir el día a día, de tal forma que el capitalismo acapara nuestra cotidianidad y la moldea a su propio interés.
Los trabajos de cuidados han sido mercantilizados, convirtiéndolos en trabajo reproductivo con valor monetario, haciendo que una necesidad básica y elemental se convierta en negocio privado fuente de beneficios. Dentro de esta lógica, en su inmensa mayoría, quienes ofrecen su fuerza de trabajo al cuidado de los demás son las mujeres, y mayoritariamente migrantes. Vemos como un colectivo concreto atravesado por el género, la etnia, la clase y el origen, ha sido absorbido por la lógica productiva capitalista, en la que se privatizan los cuidados y se dividen por la lógica patriarcal del reparto de trabajos según el sexo, configurando así una estructura en la cual las mujeres se responsabilizan de los trabajos reproductivos y los hombres del trabajo productivo.
Desde una mirada interseccional podemos manifestar que las mujeres migrantes sufren diversas opresiones que se reflejan y las sufren en su cotidianidad. La falta de apoyo y de sostén ya sea económico, social o familiar las obliga a ocupar trabajos precarios. Presionadas a trabajar por salarios indignos, sin contrato, en situaciones de explotación y con miedo de exigir derechos por miedo a ser despedidas.
Adhiriéndonos a la consigna la vida en el centro que reivindica el movimiento feminista, pretendemos repensar y reconstruir un modelo estructural de cuidados, basado en el reconocimiento y derecho de una vida digna de todas las personas, sin la necesidad ni obligación de explotar a las mujeres.
Para ello es necesario romper con la lógica del capital y otorgar el valor y envergadura merecida al cuidado y a quienes cuidan. Es urgente un debate socio-político sobre el modelo de los cuidados de carácter integral y repensar como se deben de prestar y en que ámbitos, como se deben de financiar, quien los debe de prestar y en qué condiciones laborales, entre otras cuestiones.
Desde el Sindicato LAB, se adquirieron varios compromisos en el último congreso, donde se planteaba la necesidad de realizar una oferta sindical e incluir en agenda a aquellos sectores más precarizados y con escasa cobertura sindical.
Desde esta perspectiva denunciamos que es inasumible, política, social y sindicalmente la situación de precariedad en la que se encuentran las mujeres incluidas en el Régimen Especial del Servicio del Hogar Familiar.
Es la dimensión más perversa del modelo de privatización de servicios sociales, por la cual yo no se privatiza solo la gestión, sino que la cobertura y responsabilidad plena de los cuidados recae en la población necesitada, constituyéndose un sistema informal de servicios sociales, estableciéndose así un ámbito de cuidados no reconocidos como derechos subjetivos, un ámbito de los cuidados sin reconocimiento social. Son los cuidados fuera de la red pública, trasladados al ámbito doméstico y privado. Es el sistema de cuidados que convierte a las personas necesitadas y en situación de dependencia en empleadoras y una vez más, a cargo de las precarias condiciones laborales de las personas trabajadoras.
Un régimen discriminatorio en origen respecto de los derechos del resto de trabajadoras y sin la cobertura de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en un sector donde el cuidado a personas, con limitada o nula movilidad, expone a las trabajadoras a importantes riesgos musculo-esqueléticos, así como psicosociales, agresiones e incluso acoso sexual. Sin derecho a prestación por desempleo, en una relación laboral donde existe la figura del desistimiento y de un día para otro se encuentran en la calle. Sin derecho a que se registre y controle su jornada laboral, en un sector donde la mayoría de las trabajadoras prestan actividad más de 60 horas a la semana; exceso horario que no se reconoce ni se abona. Al despido sin causa y con menor indemnización, el de las trabajadoras vinculadas al Salario Mínimo Interprofesional en el mejor de los casos. Es el régimen de las trabajadoras internas, situación en la que se acentúan todos los factores de precariedad del régimen especial: con día y medio de libranza a la semana, plena disponibilidad durante el día, aunque no se reconozca ni se retribuya, y con obligación de pernoctar en el domicilio, aunque no se reconozca ni se retribuya.
Es el régimen laboral constituido por un sector de trabajadoras y prestadoras de un servicio fundamental, de incuestionable valor social y absolutamente infravalorada su prestación y que por las características del sector, se las ha excluido del derecho a la negociación colectiva como derecho fundamental para regular adecuadamente este servicio social y para reconocer debidamente su fundamental desempeño en el mismo.
Por ello, y dado que en los sectores en los que no existan asociaciones empresariales que cuenten con suficiente representación el artículo 87.3 del Estatuto de los y las Trabajadoras otorga legitimidad para negociar los convenios del sector a las asociaciones empresariales que cuenten con un mínimo de un 15% de las empresas o trabajadores en el ámbito autonómico, la mesa negociadora se considera válidamente constituida con ellas. En la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV), esta condición empresarial la ostenta Confebask.
A su vez, el artículo 88.2, establece que en aquellos sectores que no existan órganos de representación de los y las trabajadoras, se entenderá válidamente constituida la comisión negociadora cuando la misma esté integrada por las organizaciones sindicales que ostenten la condición de más representativas en el ámbito autonómico.
Teniendo en cuenta la total ausencia de representación de los y las trabajadoras en el ámbito de las Trabajadoras del Hogar, así como de Asociaciones Empresariales en dicho ámbito, esta función corresponde a los sindicatos y las asociaciones empresariales más representativas en el ámbito de la CAPV.
En consecuencia y ostentando LAB la consideración de sindicato más representativo en el ámbito de la comunidad autónoma vasca, instaremos a la constitución de la mesa para la negociación del primer convenio colectivo que regule las relaciones laborales en el sector del Servicio del Hogar Familiar.
En las próximas semanas presentaremos la iniciativa al conjunto de entidades y organizaciones que trabajan en el sector para que compartan esta iniciativa y la necesidad de superar la actual situación de precariedad absoluta de las trabajadoras del hogar y comenzar a trabajar conjuntamente con ellas, mediante la creación un marco de trabajo de confluencia, que acuerde diagnóstico, alternativas y se dote de una estrategia para estructurar un movimiento de trabajadoras del hogar en aras a la consecución de un convenio colectivo del sector que regule y reconozca adecuadamente las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar en el ámbito de la CAPV.
Mediante este proceso pretendemos interpelar, a la confederación empresarial vasca y al Gobierno Vasco para que se impliquen y ofrezcan una solución real y efectiva a las Trabajadoras del Hogar. Seguiremos denunciando la desprotección y explotación de estas trabajadoras, exigiendo compromisos reales, no solo voluntad, al conjunto de organizaciones responsables de las condiciones de las trabajadoras.
En este camino buscamos contar también con el apoyo del movimiento feminista de Euskal Herria y con una masa social importante, para que conjuntamente afloremos y coloquemos en el centro del debate social que la vida por encima de cualquier lógica y sistema opresor y sobre todo que se reconozca el fundamental desempeño de las trabajadoras del hogar mediante una mejora sustancial de sus derechos y condiciones laborales.
* Oskar De los Bueis - Ane Escondrillas, Sector sociocomunitario de LAB idazkaritza feminista.
El diez por ciento de los trabajadores recibe casi la mitad de la remuneración mundial
Trabajadores de la construcción en una obra en Binh Thuan, en Vietnam. Crédito: Nguyen Viet Thanh/OIT
Lo que unos ganan en un año, otros necesitarán 300. Un nuevo estudio de la OIT revela que a mayoría de la fuerza laboral subsiste con un salario notablemente bajo. A nivel mundial, el salario medio de los trabajadores en la mitad inferior de la distribución de ingresos es de apenas 198 dólares mensuales.
El nuevo estudio mundial, elaborado por el departamento de estadística de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) con datos de 189 países, constata la gran disparidad de salarios que reciben los trabajadores.
Según los hallazgos publicados el jueves 4, solamente 10 por ciento de los trabajadores reciben casi la mitad, 48,9 por ciento, de las remuneraciones globales, mientras que los trabajadores que perciben un salario más bajo solo les corresponde 6,4 por ciento de las retribuciones mundiales.
A este último dato, se le ha de añadir que 20 por ciento de los asalariados con remuneraciones más bajas, unos 650 millones de personas, cobran una cantidad inferior a uno por ciento mundial de los ingresos laborales, una cantidad que ha sufrido escasas variaciones durante los últimos trece años.
Por si estas disparidades no fueran suficientes…
Del mismo modo, las nuevas indagaciones revelan que, en general, la desigualdad en las remuneraciones laborales a escala mundial disminuyó desde el año 2004.
Pese a ello, esta situación no se produce por una reducción de la inequidad en los países, sino como consecuencia de la ascendente prosperidad registrada en las economías emergente como China e India.
Las conclusiones del estudio indican que “en general, la desigualdad en los ingresos sigue siendo un problema extendido en el mundo del trabajo”.
Un informe con nuevas estimaciones
Así, el Conjunto de datos relativo a la proporción del ingreso laboral y su distribución, elaborado por el departamento de estadística de la OIT con datos provenientes de 189 países, incluye dos nuevos indicadores que sirven para evaluar las principales tendencias en el mundo del trabajo tanto a nivel nacional como regional y mundial.
“Uno de ellos ofrece, por primera vez, cifras comparables a escala internacional del porcentaje del PIB que va a parar a los trabajadores – en lugar del capital – a través de los salarios y las rentas. El segundo analiza la distribución de los ingresos laborales”, indica.
Los resultados principales muestran que, a nivel mundial, la media de ingresos nacionales destinada a los trabajadores disminuyó de 53,7 por ciento en 2004 a 51,4 por ciento en 2017.
Distribución por clases sociales
Al mismo tiempo, si se examina la distribución del salario promedio entre países, se observa que la proporción destinada a la clase media (60 por ciento de los trabajadores) disminuyó entre 2004 y 2017, de 44,8 por ciento a 43 por ciento.
A su vez, la proporción que recibió 20 por ciento de los asalariados mejor remunerados aumentó de 51,3 por ciento al 53,5 por ciento.
Este último grupo de personas vio como crecía su participación en al menos un punto porcentual de la remuneración nacional en países como Alemania, Indonesia, Italia, Pakistán, Gran Bretaña y Estados Unidos.
“Los datos demuestran que, en términos relativos, el aumento de los salarios laborales más altos va asociado con pérdidas para todos los demás, ya que tanto los trabajadores de clase media como los de ingresos más bajos ven disminuir su participación en los ingresos”, dijo Steven Kapsos, el jefe de la Unidad de Producción y Análisis de Datos de la OIT.
“Sin embargo, cuando aumenta la parte de los ingresos laborales de los trabajadores de rentas medias o bajas, las ganancias tienden a ser generalizadas, favoreciendo a todos, excepto los que reciben los salarios más altos “, añadió
Lo que unos ganan en un año, otros necesitarán 300
Por otra parte, los países más pobres tienden a registrar niveles mucho más altos de desigualdad salarial, agravando las dificultades de las poblaciones más vulnerables.
De este modo, en el África subsahariana, el 50 por ciento los trabajadores más pobres perciben solo 3,3 por ciento de los ingresos laborales, mientras que en la Unión Europea el mismo grupo reciben 22,9 por ciento de esas ganancias pagadas a los trabajadores.
El economista del departamento de Estadística de la OIT, Roger Gomis, destacó que “la mayoría de la fuerza laboral mundial subsiste con un salario notablemente bajo, e incluso para muchos de ellos tener un trabajo no implica disponer de los medios suficientes para vivir”.
“A nivel mundial, el salario medio de los trabajadores en la mitad inferior de la distribución de ingresos es de apenas 198 dólares mensuales, y el 10 por ciento más pobre tendría que trabajar tres siglos para ganar lo mismo que gana el 10 por ciento más rico en un año”, añadió.
Esta publicación forma parte de las recomendaciones formuladas por la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo de la OIT. Los nuevos datos se usarán para seguir el progreso hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, que conforman la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Este artículo fue publicado originalmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). IPS-Inter Press Service lo reproduce por un acuerdo general con la ONU para el uso de sus contenidos.
RV: EG
sábado, 27 de julio de 2019
¿Qué hacer?
Rebelión
Por Marcelo Colussi
I.- Hace ya más de un siglo, en 1902, Vladimir Lenin se preguntaba cómo enfocar la lucha revolucionaria; así, parafraseando el título de la novela de su compatriota Nikolai Chernishevski, de 1862, igualmente se interrogaba ¿qué hacer? La pregunta quedó como título de la que sería una de las más connotadas obras del conductor de la revolución bolchevique. Hoy, 117 años después, la misma pregunta sigue vigente: ¿qué hacer?
Es decir: qué hacer para cambiar el actual estado de cosas. Si vemos el mundo desde el 20% de los que comen todos los días, tienen seguridad social y una cierta perspectiva de futuro, las cosas no van tan mal. Si lo miramos desde el otro lado, no el de los “ganadores” sino del restante 80% de la población planetaria, la situación es patética. Un mundo en el que se produce aproximadamente un 40% de comida más de la necesaria para alimentar a toda la humanidad sigue teniendo al hambre como principal causa de muerte; mundo en el que el negocio más redituable es la fabricación y venta de armamentos y donde un perrito hogareño de cualquier casa de ese 20% de la humanidad que arriba mencionábamos come más carne roja al año que un habitante de los países del Sur. Mundo que está buscando agua en el planeta Marte mientras la niega a la gran mayoría de la población mundial en esta Tierra. Mundo en el que es más importante seguir acumulando dinero, aunque el planeta se torne invivible por la contaminación ambiental que esa misma acumulación conlleva. Mundo, entonces, que sin ningún lugar a dudas debe ser cambiado, transformado, porque así, no va más, porque es el colmo de la irracionalidad, de la injusticia, de la asimetría.
Entonces, una vez más surge la pregunta: ¿qué se hace para cambiarlo? ¿Por dónde comenzar? Las propuestas que empezaron a tomar forma desde mediados del siglo XIX con las primeras reacciones al sistema capitalista dieron como resultado, ya en el siglo XX, algunas interesantes experiencias socialistas. Si las miramos históricamente, fueron experiencias balbuceantes, primeros pasos. No podemos decir que fracasaron; fueron primeros pasos, no más que eso. Nadie dijo que la historia del socialismo quedó sepultada. En la Rusia actual, por ejemplo, ahora que abrazó el capitalismo, mayoritariamente la población desea retornar a la era soviética, donde las condiciones de vida eran muy superiores. No se puede decir que ahí el socialismo fracasó; fueron los primeros pasos, simplemente. Pasos que dieron resultado, por cierto. “Hay 200 millones de niños de la calle en todo el mundo. Ninguno de ellos vive en Cuba”, pudo afirmar orgulloso Fidel Castro. Quizá habría que considerar esas experiencias del siglo XX (Rusia, China, Cuba) como la Liga Hanseática, allá por los siglos XII y XIII en el norte de Europa, en relación al capitalismo: primeras semillas que germinarían siglos después.
Los procesos históricos son insufriblemente lentos. Alguna vez, en plena revolución china, se le preguntó al líder Lin Piao sobre el significado de la Revolución Francesa, y el dirigente revolucionario contestó que… “aún era muy prematuro para opinar”. Más allá de la posible humorada, hay ahí una verdad: los procesos sociales van lentos, exasperantemente lentos. De la Liga Hanseática al capitalismo globalizado del presente pasaron varias centurias; hoy, terminada la Guerra Fría, se puede decir que el capitalismo ha ganado en todo el mundo, dando la sensación de no tener rival. Para eso fue necesaria una acumulación de fuerzas fabulosas. Las primeras experiencias socialistas –la rusa, la china, la cubana– son apenas pequeños movimientos en la historia. Apenas ha pasado un siglo de la Revolución Bolchevique, pero la semilla plantada no ha muerto. Y si hoy nos podemos (debemos) seguir planteando ¿qué hacer? ante el capitalismo, ello significa que la historia continúa aún. El sistema capitalista, más allá de su derroche consumista y su continuo bombardeo ideológico-propagandístico anticomunista, no puede solucionar problemas ancestrales de la humanidad: hambre, enfermedades previsibles, dignidad de vida para todos, seguridad.
II.- El mundo, como decíamos, para la amplia mayoría no sólo no va bien sino que resulta agobiante. Pero el sistema global tiene demasiado poder, demasiada experiencia, demasiada riqueza acumulada, y hacerle mella es muy difícil. La prueba está con lo que acaba de suceder estas últimas décadas: caída la experiencia de socialismo soviético y revertida (¿apaciguada?) la revolución china con su tránsito al capitalismo (o socialismo de mercado), los referentes para una transformación de las sociedades faltan, se han esfumado. ¿Es acaso China el modelo a seguir? Ese país puede experimentar esa rara combinación: mercado capitalista y planificación socialista, con un Partido Comunista férreo que ya tiene planes para el siglo XXII, haciendo que las cosas le marchen viento en popa. Pero China tiene 1,500 millones de habitantes y 4,000 años de historia. ¿Podrá un país como Cuba, por ejemplo, seguir ese modelo? La pregunta está abierta y es parte del debate en torno a ese ¿qué hacer?
Movimientos armados que levantaban banderas de lucha y cambios drásticos algunos años atrás ahora se han amansado, y la participación en comicios “democráticos” pareciera todo a cuanto se puede aspirar. Lo “políticamente correcto” vino a invadir el espacio cultural y la idea de lucha de clases fue reemplazándose por nuevos idearios “no violentos”. La idea de transformación radical, de revolución político-social, no pareciera estar entre los conceptos actuales. Pero las condiciones reales de vida no mejoran para las grandes mayorías; aunque cada vez hay más ingenios tecnológicos pululando por el mundo, las relaciones sociales se tornan más dificultosas, más agresivas. Las guerras, contrariamente a lo que podía parecer cuando terminó la Guerra Fría, siguen siendo el pan nuestro de cada día desde la lógica de los grandes poderes que manejan el mundo. La miseria, en vez de disminuir, crece. No está de más agregar que las guerras pasaron a constituir uno de los más redituables negocios del sistema capitalista. De hecho, la inversión en armamentos es el rubro comercial más desarrollado y que más ganancias otorga en este momento (se gastan 35,000 dólares por segundo en la industria bélica, lo cual favorece solo a un minúsculo grupo. Las mayorías siguen postergadas, hambrientas… ¡y muriendo en esas guerras!).
Una vez más entonces: ¿qué hacer? Hoy, después de la brutal paliza recibida por el campo popular con la caída del muro de Berlín y el retroceso sufrido en las condiciones laborales (pérdidas de conquistas históricas, desaparición de los sindicatos como arma reivindicativa, condiciones cada vez más leoninas, sobre-explotación disfrazada de cuentapropismo) las grandes mayorías, en vez de reaccionar, siguen anestesiadas. Una vez más también: el sistema capitalista es sabio, muy poderoso, dispone de infinitos recursos. Varios siglos de acumulación no se revierten tan fácilmente. Las ideas de transformación que surgen a partir del pensamiento labrado por Marx y Engels, puntales infaltables en el pensamiento revolucionario, hoy día parecieran “fuera de moda”. Por supuesto que no lo son, pero la ideología dominante así lo presenta.
Hoy es más fácil movilizar a grandes masas por un telepredicador o por un partido de fútbol que por reivindicaciones sociales. ¡Pero no todo está perdido! Los mil y un elementos que el sistema tiene para mantener el statu quo no son infalibles. Continuamente surgen reacciones, protestas, movimientos contestatarios. Lo que sí pareciera faltar es una línea conductora, un referente que pueda aglutinar toda esa disconformidad y concentrarla en una fuerza que efectivamente impacte certeramente en el sistema. ¿Por dónde golpear a ese gran monstruo que es el capitalismo? ¿Cómo lograr desbalancearlo, ponerlo en jaque, ya no digamos colapsarlo? Los caminos de la transformación se ven cerrados. Quizá el presente es un período de búsqueda, de revisiones, de acumulación de fuerzas. Hoy por hoy, no se ve nada que ponga realmente en peligro la globalidad del sistema-mundo capitalista. Las luchas siguen, sin dudas, y el planeta está atravesado de cabo a rabo por diversas expresiones de protesta social. Lo que no se percibe es la posibilidad real de un colapso del capitalismo a partir de fuerzas que lo adversen, que lo acorralen. El proletariado industrial urbano, que se creyó el germen transformador por excelencia –de acuerdo a la apreciación absolutamente lógica de mediados del siglo XIX cuando el auge de la revolución industrial– hoy está en retirada (la robotización lo va supliendo). Los nuevos sujetos contestatarios –movimientos sociales varios, campesinos, etnias, reivindicaciones puntuales por aquí y por allá– no terminan de hacer mella en el sistema. Y las guerrillas de corte socialista parecen hoy piezas de museo. ¿Quién levantaría la lucha armada en la actualidad como vía para el cambio social?
En medio de esa nebulosa, sin embargo, siguen surgiendo protestas, voces críticas. La historia no ha terminado, definitivamente. Si eso quiso anunciar el grito victorioso apenas caído el muro de Berlín con aquellas famosas frases pomposas de “fin de la historia” y “fin de las ideologías”, el estado actual del mundo nos recuerda que no es así. Ahora bien: ¿qué hacer para que colapse este sistema y pueda surgir algo alternativo, más justo, menos pernicioso?
III.- Es más fácil decir qué no hacer que proponer cuestiones concretas. En otros términos: es más fácil destruir que construir. Pero sabido eso, y asumiendo que no resulta nada fácil marcar un camino seguro (por el contrario ¡es tremendamente difícil!) se puede señalar, en todo caso, por dónde no ir. Eso, al menos, ya nos recorta un poco el panorama, y nos dice lo que no debemos hacer. Luego, quizá, surja la hoy día ausente propuesta concreta de qué hacer, por dónde ir.
Hoy, dada las circunstancias históricas, de ningún modo es posible:
Impulsar la lucha armada. Las condiciones nacionales de ningún país, e incluso la coyuntura internacional, tornan imposible levantar esa propuesta en este momento. El agotamiento de esta opción, la respuesta absolutamente desmedida de que fueron objeto por parte del Estado con su estrategia contrainsurgente los distintos sitios donde aparecieron focos guerrilleros, el descrédito y el miedo que dejaron estas luchas en el grueso de la población, hacen imposible, en la actual coyuntura, volver a levantar esa iniciativa. La cuestión técnica, es decir: la enorme diferencia de poderío que se ha establecido entre las fuerzas regulares de cualquier Estado y las fuerzas insurgentes, no es el principal obstáculo para proponer esta salida. Los ideales, está probado, pueden ser más efectivos que el más impresionante dispositivo técnico. De todos modos, llegado el caso, esa diferencia de potencial bélico hoy es tan grande que habría que replantear formas de lucha. Por ejemplo: ¿puede llegar a plantearse seriamente como una opción que desestabilice al sistema una “guerrilla informática”, los hackers? Quizá eso no serviría como propuesta de transformación, y debería pensarse en otras opciones, como guerra popular prolongada con una vanguardia armada. Lo cierto es que hoy, dado la reciente historia, ésta no se vislumbra como una vía posible.
Participar como partido político buscando la presidencia en elecciones generales para, desde allí, generar cambios. Sin descartar completamente la opción de la vía electoral, la opción transformadora no pasa por ocupar la administración del Estado capitalista. La experiencia lo ha demostrado infinidad de veces, a veces de manera trágica, que tomar el gobierno no es, en modo alguno, tomar el poder. Los factores de poder pueden admitir, a lo sumo, que un gobierno con tinte socialdemócrata realice algunos cambios no sustanciales en la estructura; si se quiere ir más allá, al no contarse con todo el poder real (las fuerzas armadas, el aparato de Estado en su conjunto, la movilización popular efectiva que representa un movimiento de masas siendo quien en verdad insufla la energía transformadora), al no haberse producido un cambio en las correlaciones de fuerzas reales en la sociedad, las posibilidades de cambio son nulas. Quizá pueda ser útil, sólo como un momento de la lucha revolucionaria, optar por ocupar poderes locales (alcaldías por ejemplo) o algunas bancas en el Poder Legislativo, para hacer oposición, para organizar, para constituirse en un referente alternativo. Pero en todo caso no hay que olvidar nunca jamás que esas instancias de la institucionalidad capitalista son muy limitadas: no están hechas para la democracia genuina, de base, revolucionaria. Son, en definitiva, instrumentos de dominación de clase, por eso no puede apuntarse a trabajar en ellas con la “ingenuidad” de creer poder transformar algo con instrumentos destinados a no cambiar.
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Sin tener claro por dónde, podemos ver algunos elementos interesantes, que deben llamar al análisis pormenorizado. En ese sentido, lo que sí se van dibujando como alternativas antisistémicas, rebeldes, contestatarias, son los grupos (en general movimientos campesinos e indígenas) que luchan y reivindican sus territorios ancestrales.
Quizá sin una propuesta clasista, revolucionaria en sentido estricto (al menos como la concibió el marxismo clásico), estos movimientos constituyen una clara afrenta a los intereses del gran capital transnacional y a los sectores hegemónicos locales. En ese sentido, funcionan como una alternativa, una llama que se sigue levantando, y arde, y que eventualmente puede crecer y encender más llamas. De hecho, en el informe “Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global”, del consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse: “A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas”.[1] Para enfrentar esa presunta amenaza que afectaría la gobernabilidad de la región poniendo en entredicho la hegemonía continental de Washington y afectando sus intereses, el gobierno estadounidense tiene ya establecida la correspondiente estrategia contrainsurgente, la “Guerra de Red Social” (guerra de cuarta generación, guerra mediático-psicológica donde el enemigo no es un ejército combatiente sino la totalidad de la población civil), tal como décadas atrás lo hiciera contra la Teología de la Liberación y los movimientos insurgentes que se expandieron por toda Latinoamérica.
Hoy, como dijo algún tiempo atrás el portugués Boaventura Sousa Santos refiriéndose al caso colombiano en particular, pero aplicable al contexto latinoamericano en general, “la verdadera amenaza no son las FARC. Son las fuerzas progresistas y, en especial, los movimientos indígenas y campesinos. La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos, para el capitalismo como sistema] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas”. [2] Anida allí, entonces, una cuota de esperanza. ¿Quién dijo que todo está perdido?
IV.- No hay dudas que la contradicción fundamental del sistema sigue siendo el choque irreconciliable de las contradicciones de clase, de trabajadores y capitalistas (empresarios industriales, terratenientes, banqueros), más allá que ahora se hayan “puesto de moda” los Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos: MARC’s. Es decir: Marc’s en vez de Marx. Esa contradicción –que no ha terminado, que sigue siendo el motor de la historia, amén de otras contradicciones paralelas sin dudas muy importantes: asimetrías de género, discriminación étnica, adultocentrismo, homofobia, etc.– pone como actores principales del escenario revolucionario a los trabajadores, en cualquiera de sus formas: proletariado industrial urbano, proletariado agrícola, trabajadores clase-media de la esfera de servicios, amas de casa, intelectuales, personal calificado y gerencial de la iniciativa privada, subocupados varios, campesinos. Lo cierto es que, con la derrota histórica de este round de la lucha y el retroceso que, como trabajadores, hemos sufrido a nivel mundial con el capitalismo salvaje de estos años, eufemísticamente llamado “neoliberalismo” (precarización de las condiciones generales de trabajo, pérdida de conquistas históricas, retroceso en la organización sindical, tercerización, etc., etc.), los trabajadores estamos desorganizados, vencidos, quizá desmoralizados.
De ahí que estos movimientos campesinos-indígenas que reivindican sus territorios son una fuente de vitalidad revolucionaria sumamente importante.
La pregunta era: ¿por dónde ir? Sin dudas, la organización popular sigue siendo vital. Ningún cambio puede darse si no es con poblaciones organizadas, conscientes de su realidad, dispuestas a cambiar las cosas. Las élites esclarecidas no sirven para modificar una sociedad; más allá de su lucidez, la verdadera mecha del cambio está en la fuerza de la gente, no en el trabajo intelectual de una vanguardia (sin desmerecer lo intelectual en lo más mínimo, por supuesto). Evidentemente la potencialidad de este descontento que en muchos países latinoamericanos se expresa en toda la movilización popular anti industria extractivista (minería, hidroeléctricas, monocultivos destinados a la agroexportación) puede marcar un camino. Hoy día, en que pareciera que no hay ninguna claridad respecto a las sendas a transitar para lograr cambios reales, profundos y sostenibles, hoy día en que el sistema global parece tan monolítico y sin ningún resquicio por donde atacarlo, tal vez sea oportuno recordar al poeta (¿y quién dijo que el arte no puede ser infinitamente revolucionario?): “Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.
Notas
[1] En Yepe, R. “Los informes del Consejo Nacional de Inteligencia”. Versión digital disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140463
[2] Boaventura Sousa, S. “Estrategia continental”. Versión digital disponible en https://www.uclouvain.be/en-369088.html
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