viernes, 2 de abril de 2021

La justicia hondureña se sigue ensañando con los defensores de la tierra y de la vida


Defensores en Línea

Por Riccy Ponce 

Desde hace más de tres meses Víctor Vásquez, miembro de la Coordinación General de Movimiento Indígena Lenca Independiente de La Paz Honduras (MILPA-H), y Santos Vigil, socio de la Base Campesina Nueva Esperanza, se encuentran privados de libertad en el Centro Penal de La Paz, acusados por el delito de desplazamiento forzado.

Víctor, como defensor de la tierra y el territorio, dio acompañamiento a los campesinos de la Base Nueva Esperanza, donde Santos Vigil es miembro, pero fueron acusados injustamente por los supuestos dueños de tres delitos, de los que la juez desestimó dos, pero quedan privados de libertad por el delito de desplazamiento forzado, nueva figura del Código Penal de la Impunidad.

El abogado Roger Medina señaló que “el ambientalista y líder indígena del Consejo Indígena Lenca de Simpinula, fue criminalizado el 16 de diciembre del año 2020 por tres delitos: daño agravado, desplazamiento forzado y robo agravado. En ese sentido se dio por nuestra parte una defensa en la audiencia inicial, en donde se le decretó sobreseimiento provisional por dos delitos, y quedó por desplazamiento forzado, que es una figura del nuevo Código Penal, que en este caso no se debió aplicar porque no se cumplían los elementos, pero el juez dictó un auto de formal procesamiento”.

Asimismo, señaló que ellos como parte defensora presentaron un recurso ante la Corte de Apelaciones de Comayagua, pero que lastimosamente hasta el día de hoy no se ha resuelto, ellos alegan que es por la pandemia y por el covid-19.

El abogado Medina dijo a defensoresenlinea.com que en el proceso hubo muchos abusos, ya que la jueza que conoció el caso no reconoció a Víctor como defensor.

“En el proceso hubo muchos abusos, por ejemplo, la jueza de primera instancia, la abogada Anahí Jobel, que es la que llevaba la caso, cuando se presentaron los medios de prueba donde se acreditaba que Víctor tenía las medidas de seguridad por la Secretaría de Derechos Humanos, que era parte del CEPRODEC, que como defensor de derechos humanos formaba parte de un clac de Santa María, comité local de derechos humanos, todas esas pruebas las desestimó”.

“Nuestro representado, un líder indígena defensor del medio ambiente y de los derechos humanos, fue procesado como un ciudadano común y corriente, y nos parece lamentable porque no se aceptaron esos medios de prueba, y lamentamos que, hasta el día de hoy, desde el 20 de diciembre que se presenta el recurso de apelación hasta la fecha, no se haya resuelto”.

Asimismo, el abogado defensor del líder indígena del departamento de La Paz hizo un llamado a los organismos nacionales e internacionales que se apersonen al Centro Penal de la ciudad de La Paz, así como a la Corte de Apelaciones para que resuelvan en tiempo y forma el recurso presentado a favor de los defensores, y para verificar las condiciones en las que se encuentran tanto Víctor Vásquez como José Santos Vijil.

“Hacemos un llamado a la comunidad internacional y nacional porque nos acaban de dar alguna información extraoficial que el compañero Víctor Vásquez en el Centro Penal de La Paz lo tenían en una celda aparte, por la seguridad de él, y nos están contando que ya lo colocaron con otras personas y eso pone en peligro su vida y la del joven José Santos Vijil, que es de una base de Nueva Esperanza del municipio de Santiago de Puringla y defensor también de derechos humanos”.

“Invito a los organismos de derechos humanos para que se personen a la Corte de Apelaciones y que se resuelva en tiempo y forma el recurso que nosotros hemos presentado, que hasta el día de hoy no hemos obtenido ninguna respuesta”.

Con este nuevo acto de criminalización que están siendo víctima el defensor de la tierra y el territorio Víctor Vásquez y José Santos Vigil, queda demostrado para qué y para quien fue creado el Nuevo Código Penal de la Impunidad, que desde un principio se sabía que era para favorecer a los corruptos y criminalizar a los defensores de derechos humanos y campesinos que alcen su voz en defensa de los mismos.

En Honduras defender la tierra, el agua y la vida es causa de persecución, criminalización, judicialización y hasta de asesinato.


OACNUDH condena crimen de líder indígena lenca


Defensores en Línea

La Oficina en Honduras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), condenó este miércoles el asesinato del líder indígena lenca Juan Carlos Cerros Escalante.

A través de su cuenta oficial de twitter, la OACNUDH, además de condenar el crimen del líder indígena, llamó al Estado hondureño a realizar una investigación exhaustiva y pronta sobre su muerte, que incluya la hipótesis de defensoría del ambiente y territorios, así como las amenazas previas por esta labor.

Cerros Escalante fue ultimado el pasado 21 de marzo frente a la Iglesia Católica en la comunidad de Nueva Granada, San Antonio, departamento de Cortés.

Desconocidos le salieron al paso, quienes le dispararon en reiteradas ocasiones, cuando se dirigía a su casa acompañado de sus hijos.

Cerros Escalante, quien era beneficiario de medidas de protección, era parte de un grupo de pobladores que luchaba contra la instalación del proyecto hidroeléctrico “El Tornillito”, ubicada en Chinda, de donde era originario y coordinaba las Comunidades Unidas, y fue miembro del Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS).


Las mujeres no acceden a los gobiernos locales en América Latina


Rebelión

Por Marcel Lhermitte *

Cada vez que llega marzo recordamos muchas de las problemáticas, que día a día y en forma ininterrumpida, padecen las mujeres. Lo denunciamos y como sociedad aparentamos concientizarnos, pero cuando llega el marzo siguiente notamos que los avances, en el caso que hayan existido, fueron magros. Eso también atañe a la participación política en los cargos ejecutivos más altos en América Latina.

Actualmente en la región no hay ninguna jefa de Estado dirigiendo los destinos de una nación y si visualizamos un escenario prospectivo de las elecciones presidenciales que restan en este 2021, las posibilidades existen, pero son minoritarias.

El balotaje presidencial ecuatoriano será entre dos hombres (el progresista Andrés Arauz y el conservador Guillermo Lasso); para los comicios peruanos hay casi una veintena de candidatos de los cuales solo dos son mujeres: la izquierdista Verónika Mendoza y la derechista Keiko Fujimori, que si bien tienen chances no lideran las encuestas.

En el segundo semestre del año habrá elecciones en Chile y en Nicaragua, países en los que de momento los precandidatos con posibilidades son hombres; también Honduras irá a las urnas, donde la precandidata de Libre, Xiomara Castro de Zelaya, sí tiene chances claras de alcanzar la Presidencia.

Más allá de las jefaturas de Estado, en los gobiernos locales latinoamericanos, en el segundo nivel, la participación y elección de las mujeres también es deficitaria, apenas supera el 10%, con algunas particularidades a tener en cuenta.

Paraguay tiene 17 departamentos y un distrito capital (Asunción), mientras que Perú cuenta con 26 circunscripciones de nivel regional. No hay ninguna gobernadora en estos 43 territorios, son todos varones.

En este nivel de gobierno también es sorprendente la situación de Brasil, el gigante latinoamericano presidido por un líder machista como Jair Bolsonaro tiene 27 unidades federativas y una sola gobernadora, Fátima Bezerra, del Partido de los Trabajadores, en Río Grande del Norte.

No muy diferente es la situación en el Río de la Plata. En Argentina hay 24 distritos electorales y solo dos gobernadoras: Arabela Carreras (Juntos Somos Río Negro) en Río Negro y Alicia Kirchner (Frente de Todos) en Santa Cruz. Mientras que de los 19 departamentos uruguayos también son dos las intendentas, la frenteamplista Carolina Cosse en Montevideo y la nacionalista Ana María Bentaberri en San José.

Hacia el norte del continente, Colombia cuenta con 32 departamentos y un distrito capital, Bogotá. En el país cafetero las jefas locales son tres, no llegan al 10%. La socialdemócrata Claudia López (Alianza Verde) es la alcaldesa de Bogotá, mientras que las conservadoras Elsa Noguera de la Espriella (Cambio Radical) y Clara Luz Roldán (Partido Social de Unidad Nacional) son las gobernadoras de Atlántico y Valle del Cauca respectivamente.

Solo tres países en América del Sur superan el 20% de mujeres ocupando el máximo cargo en el segundo nivel de gobierno: Ecuador, Bolivia y Venezuela.

Ecuador se subdivide en 24 provincias que son gobernadas por igual número de prefectos, seis de los cuales son mujeres: Roberta Zambrano (Partido Socialista Cristiano) en Esmeraldas; Susana González (PSC y Movimiento Cívico Madera de Guerrero) en Guayas; Rita Tunay (Pachakutik) en Mapo; Magalí Orellana (Unidad Popular) en Orellana; Paola Pabón (Fuerza Compromiso Social) en Pichincha; y Johana Núñez (Democracia Sí) en Santo Domingo de Tsáchilas.

Actualmente, de un total de nueve departamentos en Bolivia, solo dos mujeres, ambas del MAS IPSP, son gobernadoras: Esther Soria (Cochabamba) y Paola Terrazas (Pando). Este domingo 7 de marzo se celebraron las elecciones subnacionales en este país, por lo que próximamente habrá nuevas autoridades.

Uno de los mayores porcentajes de mujeres en el segundo nivel de gobierno en la región lo tiene Venezuela, que está dividido en 23 estados y un distrito capital. Hay cuatro gobernadoras: Margaud Godoy (PSUV) en Cojedes; Lizeta Hernández (PSUV) en Delta Amacuro; Yelitze Santaella (PSUV) en Monagas; y Laidy Gómez (Acción Democrática) en Táchira; y una jefa de Gobierno del Distrito Federal, Jacqueline Faría (PSUV), cuyo cargo es designado por el presidente de la República.

Un caso paradigmático es el de Chile, que elegirá este año por primera vez en su historia a los gobernantes locales. La designación hasta este momento era potestad del presidente. De los 16 intendentes regionales trasandinos Sebastián Piñera solo designó a tres mujeres: las derechistas Rebeca Cofré Calderón (UDI) en O’Higgins, Margarita Ossa Rojas (Evópoli) en Aysén y Jennifer Rojas (Renovación Nacional) en Magallanes y Antártica chilena.

También en Panamá el presidente designa los gobiernos locales. Laurentino Cortizo eligió cuatro gobernadoras para las diez provincias de su país: Stella Stephenson (Bocas del Toro), Iracema de Dale (Colón), Carla García (Panamá) y Sindi Smith (Panamá Oeste). El país centroamericano tiene además seis comarcas indígenas, en una de las cuales, Ngäbe-Buglé, la cacique Silvia Carrera fue electa –por voto popular– para ejercer el gobierno.

Con este mismo sistema de designaciones gubernamentales, el presidente guatemalteco Alejandro Giammatei, nombró gobernadora en Baja Verapaz, a María Rubidia Ascencio, la única mujer en un total de 22 departamentos.

En Honduras, que este año renovará autoridades, hay 298 alcaldías y solo el 7,4% son gobernadas por mujeres; mientras que en El Salvador que aún se encuentra realizando el escrutinio de los comicios del 28 de febrero, hay un 11,1% de alcaldesas en las 262 municipalidades, según datos de Cepal.

La mejor participación de mujeres en América Latina, en este nivel de gobierno, se encuentra en Nicaragua. De las 153 alcaldías el 42,5% está gobernado por mujeres.

Costa Rica tiene 82 municipalidades en sus siete provincias. De esos 82 alcaldes solo ocho son mujeres: Iris Cristina Arroyo en Puriscal, Provincia de San José; Ana Lorena Rovira en Tarrazú, Provincia de San José; Katerine Mayela Ramírez en Palmares, Provincia de Alajuela; Aura Yamileth López en Upala, Provincia de Alajuela; Ilse María Gutiérrez en Guatuso, Provincia de Alajuela; Lissette Fernández en Jiménez, Provincia de Cartago; Ana Lidieth Hernández en San Isidro, Provincia de Heredia; y Eva Vásquez Vásquez en Bagaces, Provincia de Guanacaste. En Costa Rica además hay diez intendencias y solo una intendenta, se trata de María Wilman Acosta en el cantón de Abangares, distrito Colorado.

México, otro de los gigantes latinoamericanos, también tiene una participación femenina exigua en este nivel de gobierno. De 32 entidades, solo en Ciudad de México y Sonora hay gobernadoras, Claudia Scheinbaum (Morena) y Claudia Pavlovich (PRI) respectivamente.

En el Caribe tampoco varía la situación. En República Dominicana el Distrito Nacional es gobernado por una mujer, Carolina Mejía (PRM), pero solo hay 19 alcaldesas en la isla de un total de 158.

En Puerto Rico, en las elecciones del 3 de noviembre fueron electas nueve mujeres para un total de 78 alcaldías, lo que significa un 11,5% de los cargos: Wanda Soler Rosario (PPD) en Barceloneta, Lornna Soto Villanueva (PNP) en Canóvanas, Rosachely Rivera Santana (PNP) en Gurabo, Julia Nazario (PPD) en Loíza, Carmen Maldonado (PPD) en Morovis, Miraidaliz Rosario Pagán (PPD) en Naguabo, Maritza Sánchez Neris (PNP) en Patillas, Karilyn Bonilla Colón (PPD) en Salinas y María Vega Pagán (PNP) en Vega Alta.

Finalmente, en Cuba los delegados de las Asambleas Municipales del Poder Popular son los encargados de elegir los gobernadores provinciales, a propuesta del presidente de la República. Actualmente hay cuatro gobernadoras de un total de 16: Tamara Valido en Mayebeque, Teresita Romero en Santi Spiritus, Yoseily Góngora en Camagüey y Beatriz Johnson en Santiago de Cuba.

Posiblemente leer los nombres de estas gobernantes en un artículo para algunos pueda resultar tedioso, pero no deja de ser sorprendente que prácticamente todas las mujeres latinoamericanas jefas de primer y segundo nivel de gobierno pueden ser mencionadas en un texto de menos de 9 mil caracteres.

Es evidente que el acceso a las jefaturas de Estado para las mujeres resulta casi hazañoso en América Latina y el Caribe, mientras que alcanzar los gobiernos de un segundo nivel también es sumamente difícil, quizás sea hora de buscar herramientas que permitan el acceso femenino a los cargos ejecutivos, tal como se hace en algunos países con las candidaturas al legislativo.

* Marcel Lhermitte es consultor en comunicación política y campañas electorales. Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y gestión de Campañas Electorales. Ha asesorado a candidatos y colectivos progresistas en Uruguay, Chile, República Dominicana, Francia y España fundamentalmente.


América Latina y el Caribe en la búsqueda de un horizonte emancipador


Rebelión

Por Julio C. Gambina 

La novedad por estas horas es la movilización popular en Paraguay, uno de los territorios habitados con una población empobrecida, sea por la historia corta o la larga. Historia larga remite a la guerra de la triple alianza, desatada por la entente entre Uruguay, Brasil y Argentina entre 1864 y 1871, contra el intento más interesante de desarrollo autónomo en el marco de la lucha contra la “colonialidad” de entonces.

La independencia y autonomía como proyecto, más allá de su posibilidad de materialización, devino en subordinación y condicionamiento cultural de la población asentada en territorio de los guaraníes al orden capitalista. Pero también debe sumarse a ese registro la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que data de 1932-35. Son casi 70 años (1864 a 1935) marcados a fuego por dos guerras devastadoras en términos de vidas y condicionante de las formas de organización económica, social y política.

Más grave aún, cuando en la historia corta, no tan corta, tenemos la dominación de la dictadura de Stroessner entre 1954 y 1989, la que se proyecta en el presente gobierno constitucional del Paraguay. Este presente está asociado al “golpe parlamentario” en junio del 2012 al gobierno de Fernando Lugo (2008 a 2012). El principal objetivo del golpe fue restablecer el poder oligárquico en el gobierno del Estado nacional, y así despejar los obstáculos de un gobierno crítico a las políticas hegemónicas. El gobierno Lugo concentró años de protestas y organización popular, que con sus luchas habilitó la posibilidad de un gobierno que generó expectativas en todo el Cono Sur de la región. Ese intento por articular un proyecto alternativo encontró la respuesta del poder local, mundialmente articulado, para restablecer el orden. Esas fuerzas que dieron sustento a ese breve interregno de búsqueda de alternativa es lo que hoy se manifiesta en las calles, sin un eje articulador de proyecto socioeconómico para el futuro cercano y más allá. Se trata de un abigarrado movimiento sociopolítico con fuerte raíz en la tradición cultural de esa historia larga comentada.

Paraguay importa por su carácter de país empobrecido por su élite y sus vecinos y aquellas confrontaciones de la historia que deben ser cerradas sobre la base de un proyecto compartido y común que recoja la tradición originaria y la emancipadora contra el colonialismo y el imperialismo. Es más, la provincia argentina vecina al Paraguay, Formosa, también se encuentra en estas horas movilizada y en protesta contra el orden económico y político. En la provincia argentina existe menos articulación popular alternativa que en Paraguay, y por eso es la oposición macrista, la que intenta, oportunismo mediante, disputar la representación de la protesta para recuperar esferas de gobierno. No lo logra porque la complicidad política asocia a gobernadores radicales y peronistas en todo tiempo constitucional, siendo alternadamente oposición u oficialismo. En Formosa u otras provincias argentinas, como en Paraguay se juegan dos planos de la discusión. Uno remite a la ofensiva política de las “derechas” y sus dependencias de la estrategia intervencionista, ejemplificada en todos los “golpes”, de viejo o nuevo tipo, financiados y pensados desde la política exterior de EEUU. Otro nos lleva a la estructura económico social asentada en un patrón primario exportador subordinado al agronegocio dominado por las transaccionales de la alimentación y la biotecnología, que se complementa con negocios ilegales.

No solo es Paraguay, ya que, con su especificidad, Haití experimenta una nueva ola de protestas y demandas contra las nuevas formas del autoritarismo de facto. Es algo que hoy se manifiesta en la extensión temporal autodefinida del gobierno, más allá de cualquier legalidad y sostenido por la represión. La violencia represiva es lo común a considerar ante los levantamientos que pongan en discusión el futuro del orden social, sea en Paraguay, Argentina, Haití o en cualquiera de los territorios de Nuestramérica. Recientemente, las protestas en Chile desafiaron el orden constitucional, legado de la sangrienta dictadura que plantó el tiempo originario de eso que ahora llamamos “neoliberalismo” en todo el planeta y que aún en crisis continúa dando letra del rumbo a seguir, con liberalizaciones diversas y ajustes que golpean a los sectores de menores ingresos.

La búsqueda no es nueva y como sostenemos, tiene historia larga y corta. A lo lejos reaparece cada tanto el proyecto de la “patria grande”, derrotado a manos de burguesías locales que privilegiaron sus negocios asociados al capital externo y al imperialismo emergente a fines del Siglo XIX. Más cerca y a comienzos de este Siglo XXI el objetivo retomó en fuerzas sociales y políticas que imaginaron un nuevo tiempo para un proyecto emancipador de carácter regional. Ese imaginario fue golpeado por los golpes de Honduras, Paraguay, Brasil o Bolivia, pero también por cambios devenidos en las urnas, los que se manifestaron en Argentina (2015) y luego Brasil (2018), incluso ahora, contradictoriamente, en Bolivia (2021). En las elecciones subnacionales recientes, la “derecha” boliviana mostró su capacidad de consenso electoral más allá del fracaso del golpe y el consenso para el retorno del MAS al gobierno del país andino. En el medio de este relato largo o corto aparece la demanda por el socialismo, inaugural en el pensamiento y acción del amauta José Carlos Mariátegui y muchos otros en los 20/30 del Siglo XX y materializadas con la revolución cubana a mediados del XX, la que sostiene el proyecto estratégico pese a las dificultades del bloqueo y las sanciones del poder mundial, especialmente desde EEUU.

Entre el proyecto de la patria grande o la aspiración socialista cubana se puede resolver un imaginario de horizonte concreto para el presente y futuro de la región latinoamericana y caribeña. Más allá de los límites de los diversos procesos nacionales en la región, ellos inspiran expectativas esperanzadas para recomponer un proyecto viable de transformaciones del orden económico y social para el “vivir bien” o el “buen vivir” al que nos convocan las constituciones boliviana y ecuatoriana, de reciente factura y que pueden alumbrar un camino en el marco de la oscuridad de la convergencia de la crisis sanitaria y económica en curso.


jueves, 1 de abril de 2021

Jóvenes encaminados al rescate de la memoria histórica en Honduras


Defensores en Línea

Riccy Ponce 

Como parte del proyecto Jóvenes Embajadores de la Memoria, impulsado por el Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras (COFADEH), se realizó un encuentro para que los jóvenes compartieran experiencias, y, sobre todo, hacer una réplica de   los foros realizados por la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos y Desaparecidos (FEDEFAM) en el marco de sus cuarenta años de fundación.

La iniciativa de este encuentro fue de Josué Escobar integrantes del proyecto Jóvenes Embajadores de la Memoria, quien luego de participar en las actividades de aniversario de FEDEFAM, le pareció interesante trasladar la información y su experiencia a sus compañeros.

“El encuentro se realizó para hablar del tema de los cuarenta años de conmemoración de FEDEFAM, donde explicamos el proceso de creación de FEDEFAM y las organizaciones que lo conforman”, expresó Josué Escobar.

Asimismo, señaló que “lo que se habló en las actividades de estos cuarenta años que fue trasmitido mediante Zoom en un intervalo de tres días, se compartieron algunos aportes de los compañeros que estaban en la presentación de Zoom, y opiniones en general sobre los afectados en todo este periodo”.

Por su parte, Laura Ramírez, quien asistió a la jornada, señaló que fue importante conocer más sobre la memoria histórica en Honduras y también sobre la FEDEFAM, y sobre todo la involucración que ha tenido el COFADEH en la misma.

“Esta jornada se trató sobre conocer un poco sobre la FEDEFAM y la involucración que ha tenido COFADEH dentro de esta, en exigir justicia durante casi cuarenta años, ante todas las desapariciones forzadas que se dieron en nuestro país, mayormente en la época oscura de los ochenta en la que el Estado ha sido responsable y después de todos estos años, no ha brindado respuesta alguna a los familiares”.

Agregó que “es bastante interesante en como los entes del estado en toda Latinoamérica han recetado la misma represión para callar a las personas que exigen un cambio en la sociedad, y el objetivo de la jornada es reconocer y sensibilizar a nosotras y nosotros los jóvenes para rescatar la memoria histórica, y seguir exigiendo una respuesta al Estado ante todas estas atrocidades, porque al son de hoy se siguen dando estos atropellos a la sociedad”.

Ramírez añadió que se siguen dando esas represiones que quizá la desaparición forzada no se ve, tan a profundidad como en la época pasada, pero se sigue dando ese terrorismo de callar todas las activistas, en meter un miedo a la sociedad para no seguir alzando la voz ante todas las injusticias.

Finalizó diciendo que “fue muy productiva la jornada porque nos ayuda a conocer el pasado, porque sin el pasado no hay un futuro, ni siquiera un presente y es necesario que nosotras y nosotros los jóvenes conozcamos todos estos temas, y ser la voz que sigue exigiendo justicia”.

Betzaida Baca manifestó que el espacio es una gran oportunidad, ya que es una escuela de formación para los jóvenes, que son el relevo para que la memoria histórica no quede en el olvido.

Además, señaló que fue muy interesante el encuentro, ya que en la charla se dio a conocer sobre la lucha durante 40 años de FEDEFAM, que aglutina muchas organizaciones en la que muchas familias víctimas encuentran esperanza y fortaleza para seguir en la búsqueda de sus seres queridos.

“En la jornada aprendí un poco sobre la historia resumida de cómo se fundó la FEDEFAM, aunque también aprendí sobre un poco de la historia de COFADEH relatada por miembros del mismo, y algunos datos que nos dan mis compañeros de equipo”, expresó Laura Aly Cárdenas.

Agregó que “la reunión me pareció muy buena y espero que logremos hacer muchas más, porque es bastante entretenido, es algo más allá. Nos enseñan cosa que no sabemos y saber más, y me parece muy importante este tipo de reuniones porque no solo dialogamos siempre de lo mismo, sino que también podemos preguntar, podemos cuestionar cosas o recomendar hacer actividades”.

Los jóvenes fueron acompañados por las procuradoras Lorena Rubí y Claudia Amaya, y el objetivo es continuar un proceso formal orientado a las nuevas generaciones, al relevo generacional y focalizado en el tema de la memoria histórica, especialmente en las desapariciones forzadas de los años ochenta.


Honduras sigue con sus venas abiertas


Rel UITA

Por Giorgio Trucchi 

En Honduras no para la ofensiva contra quienes defienden la tierra y los bienes comunes. La última víctima es Juan Carlos Cerros Escalante, dirigente indígena Lenca y ambientalista.

Cerros fue ultimado de varios disparos por desconocidos la noche del domingo pasado en la comunidad Nueva Granada, ubicada entre los municipios de Chinda (Santa Bárbara) y San Antonio (Cortés), mientras regresaba a su casa acompañado por sus hijos.

Según la Coalición Nacional de Redes y Organizaciones Ambientales de Honduras (CONROA), al momento de su asesinato, Juan Carlos Cerros se desempeñaba como coordinador de la organización Comunidades Unidas.

Junto a otros grupos luchaba contra la instalación del proyecto hidroeléctrico “El Tornillito”, sobre el río Ulua, una obra que amenaza con desaparecer gran parte del territorio municipal de Chinda y desplazar a una gran cantidad de familias.

Responsable de la construcción de “El Tornillito” es la empresa hondureña Hidroeléctrica El Volcán S.A. de C.V. (Hidrovolcán), que es parte del grupo Inversiones y Representaciones Electromecánicas S.A. de C.V. (Iresa).

“Hablar de Juan Carlos es hablar de una persona comprometida desde siempre con su comunidad, que se involucra con el tema de la defensa ambiental en virtud del otorgamiento de la concesión del proyecto hidroeléctrico”, dijo a La Rel, Betty Vásquez, coordinadora del Movimiento Ambientalista Santabarbarense (MAS).

Para Vásquez, el modelo extractivo de despojo y desplazamiento forzado que se ha implementado en Honduras después del golpe de Estado de 2009 representa una amenaza muy fuerte para los territorios, en especial para el occidente del país y el pueblo Lenca.

Criminalización, persecución, conflictividad y división comunitaria son solamente algunos de los efectos nefastos que generan estas empresas. Notas: Criminalización, persecución, conflictividad y división comunitaria son solamente algunos de los efectos nefastos que generan estas empresas.

Juan Carlos Cerros era beneficiario de medidas de protección, tras sufrir un atentado en 2019 que lo obligó a abandonar temporalmente la comunidad.

“Él era una amenaza por este sistema explotador y su vida estaba en riesgo. Condenamos y denunciamos que se trata de un asesinato político, perpetrado para sembrar el miedo y bajar la resistencia autentica y legítima de la población de Chinda.

Vamos a seguir luchando para defender nuestro territorio, nuestros ríos, nuestra agua, porque nos pertenecen, porque son parte inescindible de nuestra cultura y cosmovisión indígena”, aseveró la coordinadora del MAS.

Hasta el momento se conoce que hay una persona capturada.

“Exigimos que se esclarezcan los hechos, que haya un debido proceso y una pronta justicia. Hay que parar la persecución y represión contra defensores y defensoras. Hay que parar la impunidad.

Vamos a seguir sembrando lucha y esperanza, exigiendo justicia para Juan Carlos y por todos los caídos en el marco de la defensa territorial”, concluyó Vásquez.

Las cifras de la vergüenza

De acuerdo con el más reciente informe de Global Witness “Defender el mañana” [1], Honduras en 2019 se posicionó como el quinto país más letal en el mundo para quienes defienden la tierra y los bienes comunes.

Un total de 26 personas defensoras han sido asesinadas en los últimos dos años. Son al menos 39 las que han perdido la vida de manera violenta después del asesinato de la lideresa indígena y luchadora social Berta Cáceres (2016), más de 150 en la última década.

La impunidad es casi absoluta.

Notas:

[1] Informe de Global Witness


Piden respetar debido proceso en aseguramiento de bienes al alcalde de la capital


Radio Progreso

El Juzgado de Privación de Dominio de Bienes de Origen Ilícito ordenó el aseguramiento de tres inmuebles del alcalde capitalino, Nasry Asfura, y de otras personas implicadas en la investigación en su contra.

El abogado penalista, Elvin Carrillo, dijo en Zona Informativa que se espera que se respete el debido proceso de aseguramiento de los bienes de Nasry “Tito” Asfura, alcalde de Tegucigalpa.

Asfura, que también es candidato presidencial por el Partido Nacional, enfrentará un antejuicio por los delitos de Lavado de Activos, Malversación de Caudales Públicos, Fraude, Uso de documentos Públicos Falsos y Violación a los Deberes de los Funcionarios en Perjuicio de la Fe Pública, la Economía y la Administración Pública del Estado de Honduras.

El abogado Carrillo señaló que “Tito” podría ser inhabilitado para continuar en su carrera política por la presidencia del país.

Recomendó que en Honduras debiera iniciarse un proceso para reformar la ley para que los bienes de una persona procesada sean administrados por sus titulares hasta que haya una sentencia en firme por la justicia hondureña.

Violencia, clases y personas en el capitalismo crepuscular


El Viejo Topo

Por Roberto Fineschi 

Transcribimos aquí la intervención del filósofo Roberto Fineschi en la emisión en directo efectuada el domingo 3 de mayo de 2020 y organizada por la Rete dei Comunisti. Fineschi, ganador del premio Rjazanov, ha publicado una nueva versión del libro primero de El Capital en italiano a partir de la MEGA2, la nueva edición histórico-critica de las obras de Marx y Engels.

Espero conseguir explicarme, cosa que, generalmente, a los filósofos no se les da bien. Mi discurso es un poco más teórico [que el emitido antes por otro interviniente, N. d T.], en el sentido de que mi esfuerzo se centra en pensar las dinámicas generales de clase y en cómo se configuran los sujetos que actúan histórica, políticamente, en esta fase que llamo “capitalismo crepuscular” y cómo el nodo de la violencia nace intrínsecamente en el seno de esas dinámicas. Es decir, cómo la violencia y su exacerbación son una consecuencia necesaria del desarrollo de una estructuración social compleja.

Digamos, para explicar sintéticamente la idea, que uno de los puntos centrales es la “crisis” del concepto de persona. El concepto de persona es la clave ideológica, institucional y jurídica del mundo burgués. Y durante mucho tiempo su reivindicación ha sido una lucha progresista. Si pensamos en el período de revoluciones y conflictos de la clase burguesa contra las fuerzas del Antiguo Régimen, es precisamente la afirmación de la universalidad de la persona, del hombre como principio, lo que en esa fase histórica tiene un carácter absolutamente positivo.

En este sentido surge ya un punto clave: la historicidad de estas categorías. Esta historicidad implica que una categoría como la de persona tiene una función históricamente progresista en un determinado momento del desarrollo de las relaciones de fuerza y puede tener una función negativa o diferente en otras fases.

Porque en la teoría de Marx, que sirve de horizonte de referencia en estas consideraciones a amplios frentes de fuerzas progresistas, un concepto clave es el de la de la historicidad de los sujetos y de los modos de producción. Equivale a decir que, según Marx, el “hombre” en general no existe, la “persona” en abstracto no existe como un hecho natural, sino que ella misma es resultado de procesos históricos, cambios del modo de producción, lo que implica precisamente que este concepto de “hombre” en general se produce históricamente. Y este es un punto realmente clave porque toda la ideología burguesa se basa en el naturalismo de la persona. Es decir, en la creencia de que hombre y persona son la misma cosa.

Esta es la gran función histórica de la filosofía de Locke, por ejemplo, que teoriza como derechos naturales la igualdad, la libertad y, por supuesto, la propiedad. Porque todo va en el mismo paquete.

Si pensamos en términos de persona al hombre como tal y, por tanto, reducimos nuestras reivindicaciones políticas a las de la “condición de persona”, esto nos vincula a un contexto de sentido burgués que no somos capaces de romper porque (y aquí el discurso se complica otra vez) porque en las condiciones actuales, por ejemplo, la reivindicación de los derechos de las personas se ha convertido de nuevo en un elemento progresista porque a muchos seres humanos les es negada la condición de persona y, por tanto, reivindicar para ellos el derecho a ser persona es claramente positivo.

Pero el problema no es tanto negar la reivindicación de la condición de persona como creer que esto es suficiente. Es decir, que restablecer los derechos de la persona como tal a nivel universal nos libera del modo de producción capitalista. Al contrario, es precisamente el modo de producción capitalista el que impone la persona como estructura universal de sentido.

Y, de nuevo, Marx nos enseña, en los primeros capítulos de El Capital, pero ya antes en los Grundrisse, que la persona es la forma de subjetividad que nos viene impuesta por la circulación de las mercancías: libertad e igualdad son las precondiciones del mercado. Solo en la medida en la que se es libre, igual y titular de propiedad, se puede intercambiar. Y es el modo de producción capitalista el que universaliza este concepto a toda la especie humana.

Esto tiene una dimensión progresista, pero si nos reducimos a reivindicar la libertad y la igualdad a nivel personal volvemos a caer en Prudhomme, somos utópicos, es decir, quisiéramos los aspectos positivos del modo de producción capitalista, pero sin entender que estos conceptos son fruto del propio modo de producción capitalista. Muchos movimientos libertarios, reivindicando la libertad individual, son progresistas en determinadas fases, pero, si luego se radicaliza esta posición, se recae en una ideología individualista que es realmente el fundamento conceptual del capitalismo, del modo de producción capitalista y de la propia burguesía.

El concepto de persona tiene dos caras: tiene su dimensión progresista, y en ciertas fases históricas es una reivindicación legítima. Pero no puede ser el horizonte de sentido de una conflictividad social que pretende un cambio de estructuras.

Y, en este sentido, Marx insiste en mostrar que libertad, igualdad y propiedad son una apariencia fenoménica. Es decir, son la manera en que los sujetos del proceso se relacionan en la superficie de la sociedad.

Pero no ofrecen un análisis estructural de la dinámica histórica de transformación. Según Marx, los sujetos estructurales de esta dinámica histórica son las clases. Esta es la crítica fundamental al mundo político, económico, ideológico burgués: los sujetos históricos no son individuos, son clases.

Y también aquí hay que prestar mucha atención porque es muy sencillo proponer una interpretación reduccionista de la clase que se basa sustancialmente en parámetros sociológicos: individuos en la fábrica, individuos que tienen un determinado nivel de vida, un determinado nivel de ingresos… No se trata de clases, sino de agrupaciones de determinados individuos realizadas en base a criterios sociológicos.

Lo que Marx propone, en cambio, es una definición funcional de la clase. Es decir, que las clases como sujetos, como encarnación de las fuerzas de producción, se manifiestan en las relaciones de producción.

El nexo conceptual fundamental es la relación entre capital y trabajo asalariado. Es éste el dualismo básico que Marx propone. Es una perspectiva mucho más amplia que la figura, aunque compleja e importante, del trabajador de la fábrica. En este sentido, la funcionalidad del trabajo asalariado en la perspectiva de la valorización con todas las modificaciones que el modo de producción capitalista impone a la dinámica del trabajo son categorías que siguen funcionando. He tratado esto en otros contextos proponiendo una distinción entre formas y figuras en la que no puedo entrar ahora porque nos llevaría demasiado lejos; el punto clave, sin embargo, es entender los cambios de forma que experimenta el proceso de trabajo una vez que deviene capitalista: son, sustancialmente, el carácter cooperativo, parcial del trabajo… Y todo ello subordinado a la valorización del capital.

En estos términos, estas categorías que funcionan realmente en un amplio espectro identifican como potenciales sujetos políticos antagonistas del capital a toda una serie de sujetos que antes se excluían porque no eran el obrero de fábrica o no eran traducibles a esta figura.

Y en este sentido, esta distinción es muy importante porque abre muchísimo el espectro de aplicación de la teoría marxiana de las clases.

Digo esto como premisa al discurso propiamente dicho, que abordo ahora: el capitalismo crepuscular.

Según la teoría de Marx, el modo de producción capitalista tiene mecanismos de funcionamiento que implican una dinámica, es decir, que no repite mecánicamente el mismo proceso idéntico a sí mismo, sino que le da a este proceso una dirección. Dinámicas de fondo que, al progresar, modifican la propia estructura dinámica del proceso. El proceso no se repite nunca igual a sí mismo, sino que en su desarrollo cambia de funcionamiento, tiene ajustes estructurales a medida que avanza.

¿Cuál es la dinámica de fondo del proceso? El modo de producción capitalista funciona en la medida en que es un proceso de valorización del capital; esto, esquemáticamente, es la clave esencial del capitalismo: la inversión de dinero debe producir más dinero del que se invirtió originalmente. ¿De dónde procede este excedente del que el capital se apropia? Proviene del plustrabajo, de la explotación de los trabajadores, etc.

Es precisamente para aumentar esta explotación, para aumentar la producción de plusvalía, que el modo de producción capitalista modifica sustancialmente la forma del trabajo y modifica también su propia estructura. En la práctica, lo que hace para aumentar la productividad es aumentar la parte que se invierte en maquinaria, “capital constante” lo llama Marx, lo que no es “capital variable”, es decir, fuerza de trabajo.

Este mecanismo de aumento del capital constante y, por tanto, de aumento de la productividad del trabajo, permite, por varias razones que no se pueden resumir aquí, el aumento de la explotación y, por tanto, de la plusvalía. Se trata de una dinámica autocontradictoria porque para aumentar la plusvalía el modo de producción capitalista tiende a excluir al “trabajo vivo” del proceso de trabajo (a través de la automatización, o del incremento de la productividad del trabajo…).

Esta dinámica es básicamente constante, pero va por ciclos. Hay ciclos en los que es más fuerte y ciclos en los que se reduce. Pero, básicamente, tiende a aumentar lo que se llama composición técnica y orgánica del capital.

Esto determina las transformaciones de fondo por las que, en procesos particularmente avanzados, la necesidad del “trabajo vivo” se reduce cada vez más, porque las máquinas son capaces de realizar antes y mejor y en mayor cantidad toda una serie de producciones que antes requerían un gran empleo de trabajadores.

Todo el mundo tiene claro que, gracias a la informatización, a la inteligencia artificial, este nivel de sustitución del trabajo vivo por las máquinas está alcanzando niveles impensables, llegando incluso a sustituir el trabajo intelectual: leía hace un tiempo sobre despachos de abogados que, para hacer el trabajo de síntesis y recogida de leyes sobre un determinado caso, ahora usan un software que lo hace más rápidamente que un equipo de personas que antes tenían para hacerlo. Incluso a nivel periodístico, la recopilación de artículos sobre un tema determinado, una especie de resumen del contenido se realiza ahora mediante software. El proceso de sustitución ya no afecta solo al trabajo “material”, sino que está afectando ya al trabajo más sofisticado desde el punto de vista intelectual.

Como consecuencia de este proceso se produce un cambio estructural en el modo de producción capitalista que afecta al ejército industrial de reserva. En la teoría del capital de Marx se teoriza el desempleo; el ejército industrial de reserva forma parte de teoría del desempleo. Marx explica cómo una gran masa de trabajadores no encontrará trabajo. Esta tendencia se llama elástica, es decir, va y viene, tiene dinámicas de expulsión y reabsorción.

En el capitalismo crepuscular, precisamente a causa de este terrible aumento de la composición técnica y de la automatización, esta dinámica del ejército industrial de reserva tiende a hacerse rígida, a dejar de ser elástica; en consecuencia, el proceso de reabsorción es muy lento o incluso inexistente. Esto implica unas tasas de desempleo espantosas; la flexibilidad corresponde a esta necesidad, también los minijobs alemanes: hacemos que tres personas hagan el mismo trabajo dividiendo un salario por tres, de modo que tenemos tres ocupados en lugar de uno, pero el salario en conjunto sigue siendo el mismo. ¿Por qué? Porque, de hecho, hay una increíble sobreabundancia de fuerza de trabajo. Esta sobreabundancia es la condición previa para toda una serie de dinámicas que conducen a la violencia como último factor.

En términos generales, el modo de producción capitalista es un modo de producción basado en la violencia porque su base, el plustrabajo, es una expropiación del trabajo de los trabajadores; por tanto, está en el ADN del modo de producción capitalista. Ahora se trata de entender cómo esta dimensión de la violencia se extiende más allá de estas dinámicas de fondo hasta el punto de afectar a las mismas ideas burguesas fundamentales, al propio concepto de persona.

¿Qué quiero decir? Si la elasticidad del ejército industrial de reserva se hace rígida, si la oferta de trabajo supera con mucho a la demanda, esto significa que el trabajo cualificado también, que la potencial capacidad contractual del trabajo más sofisticado disminuye mucho. ¿Por qué? Porque hay demasiados. Hay demasiados buenos. No solo hay demasiados normales o demasiados regulares, sino que hay demasiados buenos. Quiere decir que ya no existe una conflictividad basada en “dado que esta cualidad solo la tengo yo, tienes que acercarte a lo que pido”. También esto tiende a desaparecer porque hasta el trabajo de ingeniero está infrapagado. ¿Por qué? Precisamente por ese exceso de oferta.

Y, por tanto, ¿qué pasa? Más allá de las capacidades contractuales, lo que desaparece es un concepto fundamental de la ideología burguesa, a saber, la relación entre mérito y ganancia. En la ideología burguesa se dice: “si estudias, te esfuerzas, pones de tu parte…, tendrás éxito”. No es así. Porque, teniendo esto en cuenta, en el capitalismo crepuscular incluso un trabajo altamente cualificado, una fuerte inversión en «capital humano», como les gusta decir a los ideólogos contemporáneos, no es necesariamente rentable. La relación mérito/trabajo/ganancia, uno de los conceptos fundamentales de la ideología burguesa a partir del protestantismo, es una piedra angular de este mundo ideal. Y esto se desmorona.

Volvamos a nuestras queridas personas de las que hablábamos antes. ¿Qué significa ser “persona”? Ser libres, iguales, tener propiedades, tener la capacidad de decidir qué hacer. Pero, ¿cuál es la condición estructural para que estos individuos/personas puedan hacer estas cosas? En el mundo de la producción y la circulación de mercancías la condición estructural es que tengan dinero; tener ingresos es la condición material de la práctica de la persona. Ser libre en el mercado capitalista significa poder comprar lo que quieras; pero si no tienes dinero no puedes comprar nada. Ser igual significa poder hacer lo que hace todo el mundo, pero si no tienes dinero no puedes poner en práctica esta igualdad, porque no existen las condiciones materiales. La carencia de trabajo y de ingresos pone en crisis materialmente el concepto de persona, porque si la práctica de la condición de persona pasa por disponer de ingresos, no tenerlos crea las condiciones materiales para que no se pueda ser persona.

Entonces, desde la perspectiva del individuo singular, ¿qué puedo hacer para ser persona? Tener ingresos. ¿Cómo puedo tener ingresos si no existen las condiciones para tener empleo? Aquí comienza una dinámica por la cual muchos individuos están dispuestos a tener ingresos de forma ilegal. Ilegal no quiere decir simplemente trabajar en negro, sino también buscar recomendaciones, conseguir una pensión gracias al primo del ministro… Es decir, dinámicas que me permiten ser persona por tener ingresos.  Una renta.

Pero –y este es el punto decisivo– para tener esos ingresos y ser persona se viola el propio concepto de persona, porque no se respeta, ni siquiera a nivel formal, la libertad y la igualdad de las demás personas. Yo, para tener una renta y ejercer mi libertad e igualdad, llevo a término prácticas que violan la libertad y la igualdad.

Y así, se convierte en una práctica masiva la violación de la condición de persona para ser persona.

Es una dinámica contradictoria que culmina en la destrucción ideológica del concepto de persona o, al menos, de su universalidad. Muchos individuos, en su práctica, violan sistemáticamente el concepto de persona para ser persona.

Las consecuencias de esta práctica social son fundamentales porque ideológicamente se convierten en el trasfondo del fascismo o de cualquier ideología racista: si no es posible que el concepto de persona se haga universal porque no existen las condiciones estructurales, no por capricho mío ni de ningún otro, no existen las condiciones estructurales para universalizar el concepto de persona.

Si para ser persona he de violar este concepto, entonces ¿por qué –piensa el individuo atomizado– no organizar un sistema por el que el concepto de persona no sea universal, sino sub-universal? ¿Por qué no restringir el concepto de persona en base a determinadas características? Por ejemplo, por citar algún hecho histórico, los arios; ¿por qué no consideramos persona sólo a los arios? Así, como ario, mi capacidad de acceder a la condición de persona está mejor garantizada. ¿Por qué no limitamos el concepto de persona solo a los italianos? ¿Por qué no limitamos el concepto de persona sólo a los cristianos? ¿O por qué no juntamos dos o tres principios y construimos una bonita ideología?

Aquí está la respuesta a por qué el racismo, el fascismo y la discriminación se vuelven atractivos: porque la negación de la universalidad de la condición de persona universal ya existe en la práctica. Porque ya lo hacen. Ya se viola. Y, entonces, ¿por qué no organizar esta violación como un sistema ideológico que garantice la condición de persona sólo a algunos? Así que, los italianos primero, los del norte primero, cualquiera primero; los mejores serán más rápidos en estructurar este aparato ideológico de manera que sea omnipresente y hegemónico en clave retrógrada y conservadora.

Pero no sólo ideológicamente. Está también el aspecto práctico porque, si el concepto de persona no es universal, a las no personas yo no tengo que garantizarles una pensión, no tengo que garantizarles el paro, no tengo que garantizarles la sanidad.

Esto no es mera “ideología” vaga, la implicación práctica es obvia: si el concepto de persona no es universal, los no-personas no deberían tener garantizada la pensión, el seguro de desempleo, la asistencia sanitaria. Esto suena bien para la gente, porque hay más dinero para ellos. Si yo soy italiano y el inmigrante no, yo tengo derecho a esto y aquello y el inmigrante no. Si él también tuviera derecho, entonces yo perdería algo porque lo que se gasta en él no se gasta en mí.

En resumen, esta es la base para una guerra entre los pobres. Se trata de discursos ideológicos que escuchamos todos los días en boca de políticos conocidos. El mecanismo subyacente es este y se convierte en hegemónico y de masas porque crea estructuras corporativas, crea un consenso corporativo en el confrontamiento del Estado nacional que lleva del » Socialismo nacional» al Nacional Socialismo. El alcance ideológico es realmente gigantesco.

Si nos quedamos en el contexto personal, lo que se configura son sustancialmente tres grupos: el primero está constituido por aquellos que tienen la suerte de ser personas y que, por tanto, tienen derechos; luego están los desdichados que en Occidente son iguales a los demás, pero no son personas porque están excluídos; y hay un tercer grupo enorme, el “tercer mundo”, todas aquellas naciones y poblaciones que no han tenido tiempo de entrar en la fase progresiva del modo de producción capitalista; para ellos el sueño de la persona no es ni siquiera un concepto, ni siquiera se les pasa por la cabeza. El paso a través de la condición de persona para superarla y adquirir una figura superior ni siquiera existe. Para ellos la condición de persona significa solo explotación occidental, explotación sin límite de recursos y de personas, esclavitud, etc.

De esta forma, el concepto de persona, que está yendo a menos en el propio occidente por los motivos expuestos, ¿qué implica? Implica que la no-persona no es titular de derechos: si mato a una no-persona, no he matado a un hombre. Este paso ideológico hace que, también a nivel de percepción, el umbral de tutela de otro ser humano desaparezca. Porque si el otro no es una persona, mi deber de respetar su integridad se pierde: puedo descuartizarlo, extirparle los órganos, esclavizarlo, hacerlo trabajar hasta la muerte… Violencia extrema. No es una persona.

Y por tanto, desde esta perspectiva un poco catastrofista, las actitudes posibles hacia una pléyade de individuos que en principio no pueden acceder al mundo dorado de las personas son dos: la primera opción es intentar humanitariamente que “sobrevivan” creando cualquier tipo de renta básica de supervivencia. La segunda opción es que los maten. Ambas son prácticas que hemos visto en la historia reciente.

¿Por qué, dadas las circunstancias, la reivindicación de la persona es progresista? Porque la propia ideología dominante la ha abandonado. La ideología burguesa ha optado por la neoesclavitud, directa o indirecta, abierta o encubierta, y por eso reivindicar la persona parece ahora un proyecto progresista, y de hecho lo es.

Pero, de nuevo, si nos quedamos encadenados en la dimensión de la persona como sujeto, no rompemos el círculo. Para salir es necesario comprender la dimensión de clase del conflicto, y esto debe enmarcarse en términos funcionales: el centro del trabajo es trabajo asalariado, y trabajo asalariado quiere decir muchas cosas: los autónomos, los trabajos a destajo, los becarios son trabajadores sin salario. No debemos dejarnos engañar por el enmascaramiento legal.

Sin embargo, dado que los que realmente tienen un trabajo son solo una parte de los que potencialmente podrían trabajar, debemos entender que los que están desempleados o los que trabajan en formas precapitalistas están en el mismo lado que los que trabajan: todos están funcionalmente subordinados a la extracción de plusvalía y al trabajo/no-trabajo en formas dictadas, gestionadas y orientadas por el capital. Así que este es el nodo desde el que pensar la reconfiguración de la clase: solo atando los nudos funcionales de todos estos sujetos heterogéneos podremos superar la explotación capitalista con todos sus efectos perversos.

El Viejo Topo, 399, abril de 2021.


Ya llegan los tomates


GustavoDuch.wordpress.com

Por Gustavo Duch 

“Ya llegan los tomates”. Esta es la expresión que más se repite cuando el empuje suave pero decidido de la primavera, poco a poco, va amainando al invierno.

“Ya llegan los tomates”, dice la gente de las huertas. Pero se refieren a que es ahora el momento de iniciar el semillero de tomates. Tres o cuatro minúsculas semillas se depositan en cada alvéolo relleno de una tierra receptiva –enamorada– que pulverizarán cada ocho horas – por prescripción facultativa–, durante un par de meses de preñez, para, después, llevarlas en forma de plantón recién salido del nido, a su vuelo bajo tierra. Plantados, casi sumergidos para que solo asomen sus últimas hojas, les quedan otros dos meses más de adolescencia. El tallo engordará y, enhebrado a cañas hábilmente colocadas como mástiles de barcos, crecerá si la sequía o los hongos no lo encuentran. Llegará entonces su esplendor erótico y, desnudando sus mejores flores, seducirán a amantes con alas que quieran juguetear con ellas y embadurnarse con su polen. Y ya estaremos en pleno verano cuando cada flor muera en el parto de un minúsculo huevo verde que la savia y el sol incubarán al menos otro mes.

“Ya llegan los tomates”, volverán a decir en la huerta, solo que, por fin, ya podrán, uno a uno, extirparles su cordón umbilical y, en un cesto de cañas y paja, acunarlos camino de las cocinas. O de la boca, si el deseo no se puede controlar.

“Ya llegan los tomates”, dicen los anuncios de los supermercados en verano… y también en otoño, invierno y primavera. Y no mienten, porque llegar llegan y llegan de muy lejos.

Para ser concreto y frío, como estos tomates que no han visto el sol, en el caso del Estado español, en el año 2020 llegaron mil millones de tomates procedentes (y en este orden de magnitud) de Marruecos, Portugal, Holanda, Bélgica y Francia. La otra gran producción atemporal es la de Almería, bajo plásticos y con mano de obra, importada, pero sin importancia…

La mayoría de los tomates ya no llegan, es mentira. Lo que irrita de esta falsedad es que no llegan, porque nunca se han marchado.

Revista EtsElqueMenges (article en català)


Las indias cantoras en el Reino del Revés


Revista Anfibia

Por  Pablo Alabarces 

Ilustración por María Elizagaray Estrada

María Elena Walsh y Leda Valladares viajaron a Europa en 1960 para interpretar folklore latinoamericano. Actuaban disfrazadas de “indias”, como pedía la mirada colonial. Pero cuando llevaron su material al etnomusicólogo Alan Lomax las rechazó: eran demasiado “blancas”, intelectuales mediadoras de la cultura popular. A su regreso, ambas dieron respuestas al desafío. Una, desde la recuperación del cancionero popular. La otra entendió que la solución sólo podía darse desde la cultura de masas. Adelanto de Pospopulares, de Pablo Alabarces (UNSAM Edita).

La obra de la poeta, narradora, compositora, cantante y frustrada etnomusicóloga argentina María Elena Walsh es fundadora de una zona novedosa en la cultura argentina: la cultura de masas infantil. Su obra para niños se difundió también en buena parte de América Latina, en mucha mayor medida que su obra para adultos –valiosísima, pero de mucha menor difusión en nuestro continente–. El periplo que la condujo a esa producción, entre 1960 y 1968, es un ejemplo fantástico de las relaciones complejas entre las narrativas de la cultura de masas, las prácticas populares y la cultura culta.

María Elena, formada en las tradiciones letradas cultas –las locales, pero también las anglosajonas por herencia de su padre–, se reveló a los 17 años como una prometedora poeta con su libro Otoño imperdonable, de 1947, premiado en Buenos Aires (Segundo Premio Municipal) y elogiado por la crítica. Uno de sus admiradores fue el ya famosísimo poeta español Juan Ramón Jiménez, exiliado por el régimen franquista, quien la invitó a una estancia en la Universidad de Maryland, donde él enseñaba. Al regreso de la experiencia norteamericana, María Elena entró en contacto epistolar con una intelectual nacida en la provincia norteña de Tucumán, diez años mayor: Leda Valladares –de origen burgués–, perteneciente a una familia de propietarios de tierras e ingenios azucareros en su provincia, profesora de Filosofía y a la vez música, “entendida en jazz y blues”, como arma Sergio Pujol, pero que además había comenzado a coleccionar ejemplos del cancionero popular latinoamericano, especialmente del norte argentino. Leda estaba transitoriamente en Costa Rica; se encontraron en Panamá para viajar a París e instalarse allí en 1952 –simultáneamente a Cortázar, como narramos al comienzo de este capítulo–. El peronismo se revelaba fuertemente expulsivo para los y las intelectuales argentinos. En este caso, además, homosexuales –un exceso imperdonable e impronunciable en ese contexto–.

Leda y María, como se llamó el dúo, comenzaron a actuar en la ciudad francesa interpretando el repertorio coleccionado por Leda, en espectáculos y sendos discos titulados Chants d’Argentine, de 1954, y Sous le ciel de l’Argentine, de 1955. Alcanzaron cierto éxito, en la senda abierta por el compositor, cantante y guitarrista argentino Atahualpa Yupanqui –nombre artístico de Héctor Roberto Chavero, y uno de los fundadores del folklore argentino devenido cultura de masas– y en la que también transitaba la chilena Violeta Parra. Se trataba de una suerte de descubrimiento francés y luego europeo de la canción tradicional y el folklore latinoamericanos –transformados en género de la cultura de masas–, fenómeno muy bien narrado por Pujol y luego, a través de la figura de Mercedes Sosa en los años 60, por Matthew Karush. Por supuesto, Leda y María actuaban disfrazadas de “indias” latinoamericanas, así como treinta años antes los intérpretes y bailarines del tango de Buenos Aires se vestían de gauchos. El exotismo debía ser ratificado en escena, como lo reclamaba la mirada colonial.

Pero en 1956, ambas aprovecharon un viaje a Londres para visitar al etnomusicólogo norteamericano Alan Lomax, emigrado de los Estados Unidos a causa de la persecución macartista. Lomax, cuenta Pujol, había empezado con el blues –el cantante Leadbelly era su gran rescate–, para luego abrazar los folklores del mundo mucho antes de que la etiqueta world music lavara la mala conciencia del post-colonialismo. Como asesor del sello Folkways, Lomax era toda una autoridad en la música étnica, en una época en la que la única música étnica que daba vueltas sobre una bandeja giradiscos era la rescatada por esos programas filantrópicos de la Unesco.

Le llevaron su material, ansiosas del reconocimiento científico:

Cantaron para él una baguala y un carnavalito, con la esperanza de ser incluidas en el sello, y quedar así eternizadas al lado de bluseros del Mississippi, cantores galeses, cantaores flamencos y otras especies en riesgo de extinción. Pero la cosa no anduvo. “Muy blancas para mi gusto”, sentenció el investigador. Tenía razón. O quizá no tanto.

Para Lomax, el material de Leda y María no constituía un documento musicológico, sino su recreación por dos intelectuales blancas para ser transformado en espectáculo de masas. Por cierto, como dice Pujol, Lomax era un “poco rígido”: años después, en 1965, se dedicaría a boicotear “la presentación ‘eléctrica’ de Bob Dylan en Newport”. Pero, además, tenía razón: los cancioneros populares se habían esfumado en la recreación que una nueva generación de músicos –intelectuales mediadores, como los llamamos más arriba– habían hecho desde los años 40 para producir un folklore que era, como dijimos, un nuevo género de la cultura de masas. Eso ya no era cultura popular, sino que era –¿además? ¿en su lugar? – cultura de masas.

Leda y María retornaron a la Argentina. Durante unos pocos años, continuaron actuando, ofreciendo su repertorio folklórico, al que le añadieron la tradición colonial española, como el romancero (en el disco Canciones del tiempo de María castaña, de 1958). En 1959, María Elena comenzó a incorporar canciones de su autoría dirigidas a público infantil. Grabaron un último disco juntas, de sólo cuatro canciones, en esta línea, Canciones de Tutú Marambá, y ello las llevó a producir un espectáculo teatral en 1963, Doña Disparate y Bambuco, en el que todas las canciones eran de autoría de María Elena.

Luego de ello, el “síndrome Lomax” hizo efecto definitivo. Leda optó por retornar a Tucumán y consagrarse a la recuperación del cancionero popular, especialmente a la colección de bagualas de los Valles Calchaquíes tucumanos, es decir, radicalizó el desafío de Lomax. Esto la llevó a posiciones en muchos casos profundamente conservadoras –en 1976, ya en la dictadura argentina, participó de una mesa redonda periodística en la que condenó duramente a los jóvenes músicos del llamado rock nacional argentino, afirmando que la única música auténtica argentina era el folklore–. Pocos años después, sin embargo, retrocedió hacia posturas más contemporizadoras y culminó su carrera organizando reuniones de canto colectivo de coplas, vidalas y bagualas a las que invitaba sus nuevos amigos rockeros (León Gieco, Gustavo Santaolalla, Pedro Aznar o Gustavo Cerati, que de paso pagaban con esto un tributo definitivo de nacionalización).

En cambio, María Elena decidió que el desafío de Lomax sólo podía responderse en la cultura de masas: discos, cine, televisión y libros para niños –a partir de 1968, presentaciones en teatros, discos y libros para adultos–. Pero, además, el desafío musicológico sólo podía responderse recuperando toda la cultura de masas. Aunque los ritmos folklóricos seguían presentes (bagualas, chacareras), también aparecen el rock, el twist, el blue grass, el dixieland, la ranchera, el fox trot, el madrigal, el vals. Al mismo tiempo, y no paradójicamente, la cultura de masas se propone desde la crítica a la cultura de masas. En un verso de su bellísima “Marcha de Osías”, María Elena afirma:

Quiero cuentos, historietas y novelas

pero no las que andan a botón.

Yo las quiero de la mano de una abuela

 que me las cuente en camisón.

Las “historias que andan a botón” son, obviamente, las televisivas. Todo esto salpimentado, asimismo, con referencias a la cultura culta y al non sense británico, a Lewis Carroll y a París como capital de la moda –el lugar a donde peregrina la tortuga Manuelita para seducir a su tortugo–.

No se trata de una mescolanza: se trata de una apuesta distribucionista de los bienes simbólicos, que evade la trampa tradicionalista y folklorista para, al mismo tiempo, organizarse en torno del respeto democrático por sus públicos, populares o no. Pero esa organización depende, como hemos venido diciendo, de una letrada blanca, urbana y pequeña burguesa, con un pasaje por París y dos libros de poemas cultos en sus alforjas.

Al mismo tiempo, el periplo de Leda y María nos permite ver en uno de sus recodos, como hemos señalado, el pliegue folklorizante de lo popular. Para finales de la década de 1960, toda América Latina había producido algún tipo de movimiento de recuperación de sus tradiciones populares transformándolas, en buena medida, en folklore. Esto suponía dos posibilidades: por un lado, el conservadurismo arcaizante, que señalaba hacia el pasado y hacia lo rural como únicos repertorios legítimos de lo popular –que debía, además, ser administrado por los estados nacionales o musei­ficado por sus intelectuales–. Por otro, el pasaje hacia la cultura de masas, para la que los públicos serían, no paradójicamente, las poblaciones rurales migrantes hacia las ciudades en la segunda mitad del siglo xx. Cultura de masas: pero con la garantía de una autenticidad –palabra clave en esta construcción folklorizante– de la que carecía el resto.

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