viernes, 2 de febrero de 2018
Concentración dictatorial del poder revela debilidad
Por Delfina Bermúdez
Masiva presencia de las tropas militares mientras el Congreso intenta blindar a la clase política corrupta, días antes del intento de jura como nuevo presidente del 27 de enero
En las últimas semanas el ejército de Honduras ha salido de manera masiva a ocupar sitios estratégicos y ha arreciado la persecución, violencia y el asesinato de líderes comunitarios. Durante esta semana con motivo de la instalación del nuevo congreso nacional se ha militarizado todo el centro de Tegucigalpa. Como respuesta se ha reducido la presencia de la población que, además -debido a la situación de extrema pobreza- busca el pan de cada día -literalmente- y cuenta con escasos recursos para dedicar tiempo y esfuerzos a la lucha en las calles. Estos son flujos y reflujos, mientras que amaina en Tegucigalpa, crece la protesta social en Occidente, el Sur y en la costa norte. Honduras es un hervidero político a nivel de base, la población discute, crea nuevas formas de protesta y bloqueo de calles para evitar la fuerte represión con balas y gases lacrimógenos del ejército y la “policía militar”.
La MACCIH -entidad de investigación judicial con personal y fondos de la OEA- denunció ayer -con el apoyo de los grandes grupos empresariales aglutinados en el COHEP- el intento desesperado de la clase política corrupta del bipartidismo Nacionalista – Liberal de detener las investigaciones de corrupción de más de 60 diputados - incluyendo al presidente del Congreso Mauricio Olivia; y muchos otros casos de corrupción que actualmente se investigan. Efectivamente, en la última sesión del Congreso 2014-2018 del 18 de enero se aprobó una cláusula adicional al decreto de presupuesto 2018 en el que se arrebató a la MACCIH y al aparato judicial las competencias de investigación de los casos de corrupción y se los delegó al Tribunal Superior de Cuentas (TSE) un ente de auditoría que depende directamente del presidente Hernández. Esto ha tenido incluso la condena de la vocera de la Embajada de EEUU ante la falta de un Embajador (a) desde hace más de 6 meses en Honduras.
Arrebatado un espacio más de relativa independencia y contra peso- Juan Orlando Hernández concentra el control del Congreso, la Corte de Justicia, el Ministerio Público y los puestos de comandancia de las Fuerzas Armadas. Ante tal concentración dictatorial de poder institucional, la represión y las triquiñuelas legislativas reflejan la enorme debilidad e incuestionable falta de legitimidad de su liderazgo, el consenso nacional de pobladores, empresarios y cualquier actor social; sobre el mega fraude, la corrupción y la violencia que emana desde el dictadorzuelo.
La reacción de la MACCIH (OEA-EEUU), el empresariado (COHEP) y la Embajada de Estados Unidos mostrarían el alto nivel de contradicciones del poder fáctico en Honduras y la enorme debilidad del régimen. Salvador Nasralla y Manuel Zelaya de la Alianza de Oposición contra la Dictadura han redoblado la apuesta por un paro nacional insurreccional a partir de este viernes 26 de enero para evitar la toma de posesión de JOH. Al mismo tiempo, los diputados y diputadas electos de la oposición deberían ser congruentes con el pueblo y el llamado de Salvador Nasralla a la nulidad del proceso electoral en todos los niveles de elección. Hoy es momento de arreciar la movilización, el bloqueo y el paro nacional de la oposición con sus líderes (as) y diputados(as) en las calles y no en el congreso. Es necesario arrebatar cualquier espacio de legitimidad al gobierno dictatorial de JOH, con la renuncia de los diputados (as) de la oposición y la condena al Congreso circense, para evitar la toma de posesión de JOH. Todos y todas a la insurrección nacional. ¡Vamos pueblo!
Dante y Maquiavelo
Antonio Gramsci
Nota de edición: Tal día como hoy [22 de enero] de 1891 nacía en el pueblecito sardo de Ales Antonio Gramsci. Su noción de práctica integraba todos los planos del pensamiento y de la conducta. Su obra resiste a la contingencia y permanece abierta al diálogo con generaciones futuras.
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Hay que limpiar la doctrina política de Dante de todas las construcciones posteriores, reduciéndola a su precisa significación histórica. Una cosa es el que, por la importancia de Dante como elemento de la cultura italiana, sus ideas y sus doctrinas hayan tenido una eficacia sugestiva para estimular y solicitar el pensamiento político nacional; pero hay que excluir que esas doctrinas hayan tenido un valor genético propio, en sentido orgánico. Las soluciones pasadas de determinados problemas ayudan a encontrar la solución de problemas actuales análogos, por la costumbre crítica cultural que se crea en la disciplina del estudio, pero no se puede nunca decir que la solución actual dependa genéticamente de las soluciones pasadas: la génesis de aquélla se encuentra en la situación actual y sólo en ella. Este criterio no es absoluto, o sea, no tiene que llevarse al absurdo: entonces se caería en el empirismo, porque máximo actualismo es empirismo máximo.
Hay que saber determinar las grandes fases históricas que en su conjunto han planteado determinados problemas y han apuntado desde sus comienzos los elementos de solución. Así diría yo que Dante cierra la Edad Media (una fase de la Edad Media), mientras que Maquiavelo indica que una fase del mundo moderno ha conseguido ya elaborar sus problemas y las correspondientes soluciones de un modo muy claro y profundo. Pensar que Maquiavelo dependa de Dante o esté vinculado con él es un enorme despropósito histórico. También es una pura novela intelectual la construcción actual de las relaciones entre el Estado y la Iglesia (v. F. Cappola), según el esquema dantesco "de la Cruz y el Águila". No hay ninguna conexión genética entre el Príncipe de Maquiavelo y el Emperador de Dante, y aún menos entre el Estado moderno y el Imperio medieval.
El intento de descubrir una conexión genética entre las manifestaciones intelectuales de las clases cultas italianas de las varias épocas constituye en realidad la "retórica" nacional: la historia real se sustituye por las larvas de historia. (Con eso no se quiere negar que el hecho tenga significación; lo que pasa es que no tiene significación científica, y eso es todo. Es un elemento político; o menos aún, un elemento secundario y subordinado de organización política e ideológica de pequeños grupos que luchan por la hegemonía cultural y política.)
Me parece que la doctrina política de Dante tiene que reducirse a un mero elemento de la biografía de Dante (lo cual no podría decirse en modo alguno de Maquiavelo). No en el sentido genérico de que en toda biografía sea esencial la actividad intelectual del protagonista, y que no importa sólo lo que hace el biografiado, sino también lo que piensa y lo que imagina; sino también en el sentido de que esa doctrina no ha tenido ninguna eficacia ni fecundidad histórico-cultural, porque no podía tenerla, sino que sólo es importante como elemento del desarrollo personal de Dante tras la derrota de su partido y su destierro de Florencia. Dante sufre entonces un radical proceso de transformación de sus convicciones político-ciudadanas, de sus sentimientos, de sus pasiones y de su modo general de pensar. Este proceso tiene la consecuencia de que lo aísla de todo el mundo. Es verdad que su nueva orientación puede aún llamarse gibelina, pero eso es sólo una manera de hablar: en cualquier caso, se trataría de un "nuevo espíritu gibelino", superior al antiguo, pero también superior al güelfismo; en realidad no se trata de una doctrina política, sino de una utopía política, la cual se tiñe con los colores reflejos del pasado, y ante todo se trata del intento de organizar como doctrina lo que no era más que material poético en formación, en ebullición, fantasma poético incipiente que tendrá su perfección en la Divina Commedia, tanto en la "estructura" -como continuación del intento (ahora versificado) de organizar los sentimientos en doctrina- cuanto en la "poesía", como invectiva apasionada y drama en acto.
Por encima de las luchas municipales internas, que eran una alternancia de destrucciones y exterminios, Dante sueña una sociedad superior al municipio, superior a la Iglesia que apoya a los Negros y al viejo Imperio que apoyaba a los gibelinos; sueña una forma que imponga a las partes una ley superior, etc. Es un vencido de la guerra de clases, y sueña la abolición de esa guerra bajo el signo de un poder arbitral. Pero el vencido, con todos los rencores, todas las pasiones y todos los sentimientos del vencido, es también un "docto" que conoce las doctrinas y la historia del pasado. El pasado le ofrece el esquema romano de Augusto y su reflejo medieval, el Imperio romano de la nación germánica. Quiere superar el presente, pero con los ojos vueltos al pasado. También Maquiavelo miraba al pasado, pero de manera muy diferente de la de Dante, etc.
Fuente: Cuadernos de la Cárcel. Cuaderno VIII, 1930-1932
* Traducción de Manuel Sacristán en Antonio Gramsci. Antología. Selección y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Ed., 1970.
Lo que dice el libro (y lo que no dice)
Por Silvina M. Romano, Arantxa Tirado y Aníbal García Fernández
El libro Fire and Fury. Trump inside the White House, escrito por Michael Wolff, ha causado enorme revuelo a nivel internacional. En términos generales, es un relato sobre la campaña a la presidencia y los primeros meses de la gestión Trump, centrado en una descripción de la vida personal, el perfil psicológico de Trump y de su entorno inmediato. El material de análisis son diálogos en reuniones formales e informales, conversaciones telefónicas, además de los discursos del propio Trump. Se repiten a lo largo del libro las principales características del presidente: su ignorancia, su “incapacidad mental”, su falta de respeto por las normas, el modo de hacer las cosas en la política y su superficialidad. Se remarcan sus altibajos anímicos y la tendencia totalmente autoritaria de él y sus principales asesores (como Stephen Bannon).
El actual presidente ganó por su discurso directo: una retórica llana y superficial, la utilización del twitter como herramienta de comunicación básica, la aparición repentina en shows de TV y radio. Construyó un (supuesto) vínculo inmediato con la gente “común”, criticando a “los políticos” y al “establishment”.
Las principales críticas apuntan a su costumbre a rodearse de millonarios, a su vida de “celebrity”, su objetivación de las mujeres, su trato despectivo, machista y patriarcal (incluido el acoso). Se destaca como factor sumamente negativo la presencia de familiares de Trump en el proceso de toma de decisión. Muchas de estas prácticas estuvieron presentes en presidentes y gobiernos anteriores, pero que trataban de ocultarlas y mantener las apariencias. Lo molesto y escandaloso, tal como lo sostiene Wolff, es que Trump ni siquiera considera la necesidad de hacer ese esfuerzo.
Se recuerda que el actual presidente ganó por su discurso directo: una retórica llana y superficial, la utilización del twitter como herramienta de comunicación básica, la aparición repentina en shows de TV y radio. Construyó un (supuesto) vínculo inmediato con la gente “común”, criticando a “los políticos” y al “establishment”. Así, la falta de cálculo y su inexperiencia en la política constituyeron parte de su “encanto” en la campaña, lo que hizo que un 35% de los votantes lo eligieran sin importar lo que hiciera. Esto se tradujo en la forma de gobernar: falta de experiencia, falta de planificación y ausencia de estrategias claras en la toma de decisiones ya en la presidencia. Trump no conoce las leyes, no le interesa el orden impuesto por la burocracia, no respeta los tiempos ni los modos de la vida presidencial.
Indicios sobre política interna y toma de decisión
El Despacho Oval es un caos con Trump, circula demasiada gente. Es el presidente al que más personas tienen acceso de todos los que ha tenido EEUU.
El presidente actúa como su propio jefe de Gabinete, jefe de prensa, etc.
Trump no procesa la información de una manera convencional. Trump no lee, ni siquiera hojea. Aunque sí es capaz de leer lo que le interesa (sobre todo lo relativo a él mismo). Algunos lo creen disléxico. Otros creen que el hecho de no leer es característico de su rasgo “populista”.
Vicepresidente Pence: no hay mucha información al respecto de su actividad o pensamiento porque la gente de su equipo, como él, es gente de pocas palabras.
Enfrentamiento con establishment republicano: Trump estaba poco interesado en el objetivo republicano central de tumbar el Obamacare. Pero Paul Ryan fue el que tomó la decisión final de acabar con el Obamacare. La votación de proyecto de ley sanitaria mostró las contradicciones entre el Tea Party y el establishment republicano.
Personalidades influyentes en Trump
Stephen Bannon (asesor de campaña y muy cercano a Trump, de derecha ultraconservadora)
Jared Kushner (yerno de Trump, judío demócrata liberal, círculo de los ricos judíos) e Ivanka Trump (hija)
Reince Priebus (cabeza del Comité Nacional Republicano)
Tensiones permanentes entre estos “consejeros” personales del presidente por ganar confianza y mayor impacto en la opinión de Trump. Aparentemente se impuso, por ejemplo, la influencia de Kushner e Ivanka en detrimento de influencia Bannon.
Principales gerentes de empresas cercanas al gobierno actual, y miembros de la elite del poder próximos a Trump, que participan en diferentes instancias de consultas (formales o informales). Estos vínculos son relevantes porque en cierta medida pueden explicar la toma de algunas decisiones (en el plano económico o de política exterior), en virtud de los intereses de estas empresas o sectores.
Tendencias en política exterior
Relación tensa, desde el principio, con la “comunidad” de inteligencia. Bannon y Trump le llaman Deep State.
Uno de los expertos frecuentemente consultados, a través del yerno de Trump, Kushner, es Kissinger.
Percepción general de Trump y Bannon: Rusia “está bien”, seguramente hay tipos malos ahí, como los hay en todos lados.
China es el verdadero enemigo. Según Bannon: China es como la Alemania nazi. Los chinos, como los alemanes, son extremadamente racionales, hasta que ya no lo son. Van a erigir un hiper-nacionalismo, que será difícil de contener.
Medio Oriente
El yerno de Trump, Jared Kushner (de la elite judía liberal), fue designado como encargado del tema de Medio Oriente desde los primeros días de gobierno.
Netanyahu era un viejo amigo de la familia Kushner pero cuando visitó Nueva York, también contactó a Bannon.
Kushner está vinculado a Tony Blair por sus nexos con Rupert Murdoch. Blair, tiene importantes negocios en Medio Oriente.
Según Trump y sus asesores cercanos los últimos tres gobiernos erraron en la política externa, por lo que el nuevo principio es hacer lo contrario. El esfuerzo se centrará entonces en crear un “futuro equilibrado” con una “doctrina eficaz” compuesta por tres elementos: 1) poderes con los que se puede trabajar, 2) poderes con los que no se puede trabajar, 3) poderes insuficientes a los que se puede ignorar.
Lo que no se dice en el libro
El libro se inscribe en una larga tradición liberal, de internacionalistas, politólogos y sociólogos que analizan la política desde la perspectiva de las conductas individuales, la trayectoria familiar y el perfil psicológico del político estudiado. Se centran en el individuo y su entorno próximo. Desestiman o ponen en un segundo plano la estructura económica, las dinámicas de poder y el proceso histórico que viene moldeando la política estadounidense a nivel interno y su proyección hacia el exterior. Esta estrategia se combina sin tensiones con la ideología hegemónica del “modo de vida americano” pues tiende a explicar solo una parte, una mínima parte del sistema, sin esmerarse por plantear con seriedad y contundencia el panorama político, económico, social y cultural, la realidad internacional en la que es elegido presidente como Trump.
Por ejemplo, el libro no aborda cuestiones de fondo que parecen imprescindibles para comprender el “fenómeno Trump”: si Trump es tal cual lo muestra Wolff ¿por qué lo votó la gente? ¿por qué lo votaron los representantes de los diferentes Estados? ¿a quiénes representa la democracia estadounidense? ¿qué había “oculto” en la sociedad estadounidense que salió a la luz en estas elecciones? ¿cuál es el contexto social, político, económico y cultural que habilita a que un millonario que se paga su propia campaña política, un hombre de los negocios, del espectáculo, devenga presidente con una campaña muy poco elaborada? ¿qué hicieron (o no hicieron) los demócratas para contribuir a este giro hacia la derecha y conservador? ¿cuánto aportó el liberalismo al discurso de la no política y a la celebración del perfil empresarial en la política?
Otra pregunta fundamental, especialmente en materia de política exterior ¿lo que Trump “dice”, se refleja 100% en la toma de decisión? Hasta ahora, el presidente EEUU pudo tomar varias decisiones y materializarlas en Executive Orders (Decretos), pero en muchos o la mayoría de los casos encontró obstáculos, no solo por parte de la prensa, sino por las discusiones en el Congreso y la presión por parte del Poder Judicial. El Pentágono, por el momento, no adhiere o mantiene distancia frente a los diversos discursos provocativos del presidente (respecto a por ejemplo la cuestión de Corea del Norte). Los negocios de las compañías multinacionales estadounidense, por el momento, no parecen estar en peligro “terminal”. La amenazada “libertad de comercio” en realidad, hasta ahora está siendo “revisada” para lograr un libre comercio “justo” a favor de EEUU. Lo mismo sucede con la política frente a China, con quien Trump supuestamente iba a enfrentarse de modo directo… Esto no ha sucedido hasta el momento.
Desde la perspectiva de América Latina, es bien conocido también el doble discurso y la hipocresía de administraciones anteriores, incluidas las demócratas, que difundieron un discurso de no intervención y “poder blando”, mientras en los hechos fueron partícipes de diversas estrategias para presionar a favor del “cambio de régimen” en aquellos países no alineados estrictamente a la política estadounidense.
De hecho, en el escrito, se percibe la existencia de un establishment burocrático que trasciende a todas las administraciones, el Deep State, que tiene sus propias lógicas de funcionamiento (y hasta simpatías), puede llegar a operar para socavar la presidencia de alguien como Trump si se confabula con otros sectores del poder real en la sombra (léase empresarios, banqueros, poder mediático, etc.). Por ejemplo, la mala relación de Trump con las agencias de inteligencia estadounidense lo pone en una situación realmente vulnerable. La misma publicación y promoción inusitada de este libro podría ser parte de un consenso implícito entre diversos sectores para tratar de presionar en su remoción por la vía delimpeachment o reforzar su descrédito personal/psicológico, considerando que el asunto sobre el (supuesto) “complot” con Rusia no ha calado (aún) tanto como esperaban sectores opositores. En efecto, además de un juicio político, se rumorea posible invocación de la Enmienda 25 de la Constitución estadounidense [1]. Según Wolff, fue nombrada en numerosas oportunidades por los miembros del equipo cercano a Trump.
En este sentido, valen dos apuntes. El primero, es que las instituciones permanecen, las personas no. Una cosa es lo que dice Trump (en su verborragia desatada en redes sociales y medios) y otra son los intereses materializados en una red de poder que trasciende a la Casa Blanca estadounidense y que difícilmente se quebrará en uno o dos años por las decisiones de una persona. Lo segundo, es que cabe preguntarse si los sectores a favor de un impeachment a Trump están pensando en reemplazarlo por un perfil como el de Hillary Clinton, o si buscarán un cambio como el propuesto por el programa de Bernie Sanders.
Trump es ciertamente un presidente merecedor de las críticas apuntadas en el libro y de muchas más. Sin embargo, desde la perspectiva de América Latina, es bien conocido también el doble discurso y la hipocresía de administraciones anteriores, incluidas las demócratas, que difundieron un discurso de no intervención y “poder blando”, mientras en los hechos fueron partícipes de diversas estrategias para presionar a favor del “cambio de régimen” en aquellos países no alineados estrictamente a la política estadounidense. Los árboles no deben tapar el bosque: es importante conocer el “modo de hacer las cosas” de la gestión Trump, pero es también crucial atender el modo en que operan las instituciones, las prácticas de las multinacionales estadounidenses, las doctrinas y operaciones del Comando Sur, los vínculos de las minorías privilegiadas estadounidenses con las elites locales, las redes de partidos políticos de derecha y neoliberales estadounidenses en la región, las múltiples y diversas maneras de imponer pautas de consumo material, político y cultural a través de los medios de comunicación y de entretenimiento. Dinámicas que son anteriores y a la vez trascienden a Trump.
Nota:
jueves, 1 de febrero de 2018
La historia siempre se repite dos veces
Rebelión
Por Katu Arkonada
Hegel decía que todos los grandes hechos (y personajes) de la historia universal, aparecen dos veces. Marx le complementó añadiendo que una vez como tragedia y otra como farsa.
Lo sucedido en Honduras nos confirma la tesis de los viejos filósofos de que la historia siempre se repite dos veces: el golpe de Estado a Mel Zelaya en 2009 como tragedia y el fraude electoral de 2017 como farsa.
El 28 de junio de 2009 militares encapuchados sacan en pijama al Presidente Zelaya y lo deportan ilegalmente, tras pasar por una base militar conjunta entre Honduras y Estados Unidos1, a Costa Rica. Zelaya era acusado de intentar realizar un plebiscito para consultar la posible convocatoria de una Asamblea Constituyente, aunque su verdadero delito fue un viraje desde los postulados que le habían llevado al Gobierno como representante del Partido Liberal en 2006, para girar en 2008 y promover el ingreso de Honduras primero en Petrocaribe y después en el ALBA, lo que le permitió ese mismo año elevar el salario mínimo un 60%.
El ataque no era solo contra un gobierno progresista, sino contra el eslabón más débil del ALBA, después de una década de ascenso de los gobiernos de izquierda en la región. Honduras además tiene una posición geopolítica clave en Centroamérica, siendo utilizada por la CIA en los años 80 como plataforma para entrenar a la contra nicaragüense, y convirtiéndose en 2009 en un laboratorio del smart power que defendía Hillary Clinton, en aquel entonces Secretaria de Estado; la combinación de hard power (golpe de estilo clásico, uso de las Fuerzas Armadas) con el soft power (impulso político desde el Poder Judicial junto a manipulación mediática y apagón informativo).
Ocho años después, Libre se presentaba a las elecciones en una Alianza de Oposición junto al Partido Innovación y Unidad (PINU) y el Partido Anticorrupción (PAC), llevando al líder de este último partido, el conocido presentador de televisión Salvador Nasralla, como candidato a Presidente. Enfrente, Juan Orlando Hernández, candidato del Partido Nacional y Presidente desde 2013, que se presentaba a una reelección que prohíbe la Constitución hondureña en su artículo 2392. Por mucho menos que eso Mel Zelaya fue objeto de un golpe de Estado.
EL 27 de noviembre, un día después de las elecciones, el Tribunal Supremo Electoral hace público un informe de resultados donde al 57% del recuento realizado, Nasralla y la Alianza de Oposición obtienen una ventaja de más de 5 puntos sobre JOH. En la mayor parte de sistemas electorales del mundo, una ventaja de 5 puntos con más del 50% del recuento realizado se considera tendencia irreversible. Pero no en Honduras, donde tras una más que sospechosa caída del sistema informático, donde se dejan de retransmitir 5000 actas, se ofrece un nuevo recuento donde JOH supera por 1.6 puntos a Nasralla. El fraude se consolida el 18 de diciembre cuando el TSE ofrece los resultados finales otorgando la victoria a JOH por 42’95% frente al 41’5% de Nasralla. Todo ello en medio de un toque de queda decretado el 1 de diciembre, que ha dejado hasta el momento más de 30 personas muertas por disparos de las fuerzas de seguridad.
El fraude fue tan descarado que incluso la propia OEA, nada sospechosa de simpatías por los gobiernos progresistas, cuyo Jefe de Misión Electoral era el boliviano Tuto Quiroga, exvicepresidente del dictador Banzer (menos sospechoso aún), se ve obligada a emitir un informe3 el 17 de diciembre, respaldado por un comunicado de prensa4 de su Secretaría General que señala: Intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático, eliminación intencional de rastros digitales, imposibilidad de conocer el número de oportunidades en que el sistema fue vulnerado, valijas de votos abiertas o sin actas, improbabilidad estadística extrema respecto a los niveles de participación dentro del mismo departamento, papeletas de voto en estado de reciente impresión e irregularidades adicionales, sumadas a la estrecha diferencia de votos entre los dos candidatos más votados, hacen imposible determinar con la necesaria certeza al ganador.
Un golpe de Estado que fue una tragedia para el pueblo hondureño y latinoamericano, y un golpe electoral que ha sido una farsa para toda la comunidad internacional. Aprendamos de la historia, para no volver a repetirla.
Notas:
1 Honduras tiene un acuerdo con Estados Unidos desde los años 50 por el que este último país puede utilizar libremente cualquier base militar o aeropuerto hondureño. Tan solo en la base militar de Palmerola se calcula que hay alrededor de 500 marines.
2 El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Vicepresidente de la República. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de toda función publica.
Reprimen a movilización contra investidura presidencial
Por Giorgio Trucchi
Cientos de manifestantes que protestaban contra el fraude electoral y la toma de posesión del mandatario saliente, Juan Orlando Hernández, fueron reprimidos con lujo de violencia por las fuerzas de seguridad del Estado en varios puntos de la capital y del país.
Una vez más, los cuerpos represivos hicieron un uso desproporcionado de la fuerza, lanzando cientos de bombas lacrimógenas y persiguiendo a las y los ciudadanos que rechazan el fraude electoral y la imposición de Hernández como presidente para los próximos cuatro años.
Hernández fue juramentado este sábado en un estadio nacional que lucía con visibles espacios vacíos y ante el sólo cuerpo diplomático acreditado en el país. Ningún mandatario participó del evento.
La represión dejó un saldo de varias personas heridas, otras fuertemente afectadas por los gases. En este momento la represión continúa en varios puntos de Tegucigalpa y en el norte de Honduras.
De acuerdo con el informe presentado este viernes por la Coalición contra la Impunidad, 33 personas fueron asesinadas, cientos heridas y más de mil han sido detenidas en el marco de la crisis post electoral. Más de 30 han tenido que abandonar el país. 64 defensores y defensoras de derechos humanos están sufriendo hostigamiento y persecución.
De todos estos casos, solo uno ha sido judicializado. La impunidad es total.
De acuerdo con la Coalición, existen 11 patrones de violencia que involucran a los cuerpos de seguridad del Estado, en particular la Policía Militar, las Fuerzas Armadas y los cuerpos especiales de la Policía Nacional.
Una violencia organizada y estructurada que se ha desatado a partir del 27 de noviembre pasado contra quienes protestan contra el fraude electoral, que impuso a Juan Orlando Hernández por cuatro años más en la silla presidencial.
El Ministerio de las Colonias (OEA) y el beneplácito al fraude en Honduras
OFRANEH
Rebelión
La actitud dócil asumida por la OEA, la que el día de ayer manifestó “su firme intención de trabajar en el futuro con las autoridades electas de Honduras” demuestra que a pesar de sus dudas sobre el proceso, manifestada en múltiples ocasiones, no se ha convertido en un impedimento para aceptar el gobierno espurio que surge de un fraude electoral preparado de antemano, con el asesoramiento de estrategas en materia de hackeo y adulteración de resultados a través de apagones cibernéticas.
Definitivamente los casos de Haití (2016) y Honduras(20170 forman parte de los anales de la historia de los fraudes en América Latina, sumados al legado de dictaduras militares que sacudieron el continente, especialmente en el período denominado como la “guerra fría”.
El mensaje es claro para las elecciones presidenciales en Costa Rica, Paraguay, México, Colombia, Brasil y Venezuela, además de los comicios parlamentarias en Perú y El Salvador. No importan los resultados electorales sino quien recibe el reconocimiento de los Estados Unidos y la Unión Europea. La narrativa de los derechos humanos ha entrado desde el arribo a la Casa Blanca de Donald Trump, en un severo retroceso, donde los “negocios” son más importantes que cualquier responsabilidad moral.
Queda claro que los famosos Acuerdos de Cartagena, les fue sustraída su esencia “democrática” y convertido en una simple salida política destinada a la crisis surgida por el golpe de estado del 2009, el que fue perpetrado con la venia de la administración Obama-Clinton.
Honduras en los últimos 8 ha años padecido de un estado fallido, incrementado por la simbiosis existente entre el crimen organizado y funcionarios políticos afianzados dentro del régimen. Todo parece indicar que las acciones emprendidas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos se encuentra supeditada al Departamento de Estado, dando lugar a que las supuestas órdenes de extradición emitidas en contra de ciudadanos hondureños, sean actividades de acuerdo a los intereses políticos de la Casa Presidencial en Tegucigalpa.
El uruguayo Luis Almagro al aparentemente no lograr que el Consejo Permanente de la OEA se reuniera para analizar el caso del fraude en Honduras, demostrando de esta forma el papel decorativo asumido por el organismo en cuestión, el cual ante el espaldarazo de la administración Trump, optó paulatinamente acatar las ordenes imperiales.
La reapertura de la fallida Secretaría de Derechos Humanos -surgida de los Acuerdos de Cartagena- resucita el elefante rosado creado por la administración de Porfirio Lobo, el que se se plegó durante varios años al lema propiciado por su administración de “calladitos se ven más bonitos”; dando lugar a un silencio sepulcral, mientras Honduras se convirtió en cementerio clandestino.
La OEA al conformarse con el fraude, apertura una etapa en la historia política del continente, en la cual las tiranías asumen una fachada democrática, reduciendo las elecciones a un simple trámite que se efectúa al final de cuenta en las embajadas de los países “cooperantes”.
Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH
¡Ninguna prosperidad!
Rebelión
Por Marcelo Colussi
“Lo que sucede en los países del Triángulo Norte afecta directamente la seguridad y el interés económico de Estados Unidos y otros países de la región”.
Rex Tillerson, Secretario de Estado de Estados Unidos
I.- Los tres países del denominado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador), presentan datos socioeconómicos indicativos de una tremenda situación para sus poblaciones (entre el 50 y 60% de sus habitantes bajo la línea de pobreza). A esa pobreza estructural y crónica se suma el hecho que los índices de violencia delincuencial reinantes (en buena medida producto de ese estado de empobrecimiento) son alarmantes. Toda la región sufrió en décadas atrás sangrientos conflictos armados (Guatemala con 245,000 víctimas, El Salvador con 75,000 muertes, Honduras sirviendo de base de operaciones a la Contra nicaragüense), lo cual potencia una cultura de violencia asumida como normal en muy buena medida, dado que los respectivos Estados no han trabajado adecuadamente las secuelas dejadas por las guerras. Esa explosiva combinación de pobreza y violencia, sumada a una corrupción e impunidad históricas por parte de los gobiernos, hacen la vida cotidiana sumamente difícil, por lo que infinidad de habitantes de la región marcha en circunstancias irregulares a los Estados Unidos en búsqueda de mejores condiciones de sobrevivencia.
Independientemente que esa migración sea un verdadero calvario (de cada tres personas que lo intentan solo una llega a destino, al “american dream”; otra es devuelta en alguna frontera, no logrando entrar a territorio estadounidense; y otra muere en la travesía), una vez llegados a Estados Unidos, los trabajadores precarios –indocumentados, siempre escondiéndose de las autoridades, denigrados por el racismo imperante– envían remesas a sus respectivos países. En Guatemala las mismas constituyen un 12% del PIB, en tanto que en Honduras y El Salvador representan el 15%. Los gobiernos, aun sabiendo el martirio que constituye el hecho de ser un “mojado”, intentan desentenderse del problema, pues esa entrada de divisas soluciona en alguna medida la precariedad de los presupuestos familiares locales.
La migración no se detiene, pese al empantanamiento de la economía estadounidense que viene arrastrándose desde la severa crisis del 2008. Tan voluminosa es, que en el 2014 se produjo una profunda crisis de niñas, niños y jóvenes migrantes no acompañados, con más de 40,000 detenidos en su intento de ingresar al país del norte. En el 2015 continuó ahondándose la crisis, encontrándose para fines de ese año 21,469 personas detenidas en la frontera sur de Estados Unidos. Ante todo ello, durante la presidencia de Barak Obama, como una pretendida solución a la explosión migratoria, Washington generó la iniciativa conocida como Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica.
II.- Estos tres países: Guatemala, Honduras y El Salvador, en tanto naciones dependientes y ubicadas en una zona especialmente importante para la geoestrategia de la potencia imperial de Estados Unidos, constituyen parte de lo que Washington considera su natural “patio trasero”. La frontera Sur del imperio hoy por hoy pasa por el llamado Triángulo Norte de Centroamérica; es por ello que en esa región se está bajo la hegemonía estadounidense en todo. Es por esa razón, entonces, que un principal actor de la política nacional del área –quizá el principal– sea la embajada estadounidense. “En Estados Unidos no hay golpes de Estado porque no hay embajada yanqui”, se ha dicho acertadamente. Tan es así, que el reciente candidato presidencial hondureño Salvador Nasralla pudo decir sin la menor vergüenza: (…) “ Estados Unidos, que es quien decide las cosas en Centroamérica (…)”
Estados Unidos, en tanto primordial potencia capitalista mundial, no está en la misma condición de absoluto liderazgo como cuando terminara la Segunda Guerra Mundial en 1945, siendo ella sola la creadora del 52% del producto bruto global, con una moneda incuestionable y con supremacía militar sobre el resto del planeta, único país detentador del arma atómica en ese entonces. Pero si bien hoy día su economía no se muestra en franco ascenso, lejos está de ser un imperio en decadencia. Es cierto que en la arena internacional compite con otros polos, fundamentalmente en lo económico, como es el caso de la Unión Europea o Japón; pero más aún, con las economías ascendentes –también con enorme influencia política y militar– de China y Rusia.
Esas pugnas hacen que en esta zona, considerada como su “propiedad privada”, resguarde a muerte sus intereses. De ahí que la aparición china y rusa en la región enciende sus alarmas. De hecho, la República Popular China está presente en Nicaragua a través de la construcción del canal interoceánico, llevado adelante por la empresa de Hong Kong HK Nicaragua Canal Development, y la Federación Rusa se expande por medio de sus inversiones mineras. Además, en ambos casos, de una presencia comercial y cultural crecientes.
Pese a que la economía estadounidense no es la misma locomotora de seis o siete décadas atrás, de todos modos la hegemonía de Washington sigue imponiéndose en el mundo, y mucho más aún en la región latinoamericana, en cuenta Centroamérica. Su poder militar es enorme, concentrando la mitad de los gastos bélicos de todo el planeta. Su economía en muy buena medida se basa en la industria de guerra: un 5% de su PBI proviene del complejo militar-industrial, lo que hace que haya guerras por todo el mundo (se deben renovar los inventarios, naturalmente). Pese a cierta ralentización, sigue siendo, de todos modos, líder en ciencia y tecnología, aunque ahora compitiendo de igual a igual con estos nuevos actores. Las industrias de punta, tales como las comunicaciones y todo lo que tiene que ver con las tecnologías digitales, son controladas en muy buena medida por el imperio. Es cierto que el dólar va dejando de ser paulatinamente la divisa internacional por excelencia; pero aún el sistema financiero globalizado depende en buen grado de la economía estadounidense. Y no obstante que su hegemonía global está hoy matizada/amenazada por la presencia china y rusa, América Latina continúa actuando como su reaseguro.
El continente al sur del Río Bravo sigue siendo su área de dominio, por lo que pone especial interés en mantenerla bajo su hegemonía. Para ello cuenta con más de 70 bases militares con tecnología bélica de punta que controlan el territorio (tierra, agua, aire, ciberespacio). Es de esta región de donde obtiene una muy buena parte de recursos para su economía, la que es considerada como reserva estratégica para su proyecto de hegemonía global en el presente siglo. Aquí encuentra petróleo, agua dulce, minerales estratégicos y biodiversidad de las selvas tropicales. Los países del Triángulo Norte centroamericano, para su propia desgracia, tienen mucho de esos recursos.
Si bien Centroamérica no representa un gran mercado para la economía estadounidense (apenas el 1% de su comercio exterior), tiene un valor estratégico tanto como reserva de recursos como en lo político-militar. Por eso no la descuida. Esto puede explicar, por ejemplo, la forma en que buscó a toda costa cerrarle el paso al candidato presidencial Manuel Baldizón en Guatemala en las últimas elecciones, pues éste, aun siendo un acaudalado empresario, claramente de derecha en términos ideológico-políticos, abría la puerta a las inversiones mineras rusas. O explica también cómo apoyó el virtual golpe de Estado recientemente en Honduras, ayudando a establecer un monumental fraude electoral para cerrarle el paso a un candidato socialdemócrata opositor como Salvador Nasralla, aupando a un neoliberal en la presidencia –Juan Orlando Hernández–, personaje que garantiza la continuidad de políticas pro-Washington, incluso apoyando una abierta represión para el caso.
El celo del imperio es muy grande, y su presencia sigue siendo determinante en la dinámica política de estos tres países.
III.- Esta injerencia histórica de Estados Unidos en la región, haciendo de estos pequeños países virtuales protectorados, se ha expresado también en el asesoramiento, financiamiento y hasta conducción de las estrategias contrainsurgentes y genocidas durante las guerras libradas décadas atrás –presentes aún en sus efectos– en el marco de la Guerra Fría, haciendo del área una de las zonas más calientes del planeta.
La presencia del imperialismo en ese Triángulo Norte se manifiesta abiertamente en su política injerencista, evidenciada en la ocupación militar que mantiene –con cuatro bases en Honduras, una de ellas en Palmerola, con alta tecnología capaz de facilitar ataques a Cuba y Venezuela, y con la presencia continua de asesores y misiones militares–, en las imposiciones comerciales y de tratados (como el CAFTA), en la sobredeterminación de las políticas económicas que establecen organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, todos afines a la geoestrategia de Washington. O en la imposición de iniciativas como el reciente plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte.
Este plan, al menos teóricamente, constituye un esfuerzo del gobierno de Estados Unidos para mejorar las condiciones internas de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, para evitar así el aluvión de población migrante, lo cual le representa un problema social y político en su propia casa. En los papeles –veremos que en la realidad es otra cosa– se centra básicamente en abordar los factores estructurales que impulsan el continuado éxodo de población centroamericana, dejando de centrarse en iniciativas de contención y seguridad, históricamente con un carácter más punitivo que de fomento al desarrollo. En esa perspectiva hasta podría creerse que este plan es un avance significativo, pues podría ayudar a paliar en algo la pobreza crónica de la región centroamericana.
Originalmente, cuando fue aprobado por el presidente Obama, el plan preveía una asistencia de 1,000 millones de dólares para el área, durante cinco años, a distribuirse equitativamente entre Guatemala, Honduras y El Salvador. Pero rápidamente vinieron los cambios. El Congreso estadounidense aprobó durante la anterior administración demócrata apenas 750 millones de los 1,000 solicitados, reduciendo así la cifra inicial. Esta ayuda constituiría solo el 20% de los recursos necesarios para implementar el Plan; el resto lo deberán poner los Estados del Triángulo Norte con fondos propios e inversiones privadas, más préstamos que otorgarán el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Pero ya con la presidencia del republicano Donald Trump el fondo aportado por Estados Unidos se redujo a 460 millones de dólares, cantidad que aún debe ser aprobada por el Congreso para el presupuesto 2018.
La propuesta establece cuatro líneas estratégicas: 1) el estímulo al sector productivo para crear oportunidades económicas que mejoren la situación de la población; 2) el desarrollo de oportunidades de crecimiento integral; 3) la mejora de la seguridad pública y 4) el mejoramiento del acceso al sistema legal con el fortalecimiento de las instituciones gubernamentales para aumentar la confianza de la gente en el Estado.
Supuestamente la iniciativa busca la revitalización de la economía regional, lo que traería la prosperidad al crearse un buen clima para el desarrollo de negocios. Esa bonanza serviría para hacer que la población, más “próspera” entonces, no salga en torrentes como migrante en búsqueda de mejores condiciones. Para la implementación del plan se busca la atracción de la inversión privada (en buena medida extranjera, dado que los capitales nacionales no tendrían la suficiente capacidad para promover el desarrollo anhelado), el lanzamiento de proyectos de modernización de infraestructuras a gran escala, la reducción de costos de energía y la promoción de sectores como el textil (maquilas), el turismo, y la agroindustria. Los programas sociales ocupan un lugar secundario.
Está claro que la prosperidad de la que se habla se concibe desde una lógica neoliberal. Léase entonces: “teoría del derrame”. La inversión privada generaría buenos negocios, y el crecimiento de la economía traería, por derrame, el beneficio de las grandes mayorías populares. ¡Monumental engaño!, pues está más que demostrado que eso nunca funciona así. O, al menos en los países periféricos, los llamados del Tercer Mundo, donde se invierte porque la mano de obra es sumamente barata comparada con la de los países desarrollados y donde los Estados nacionales garantizan situaciones de abierta explotación, esa teoría del derrame es una pura falacia. Quien se beneficiará serán los grandes capitales nacionales y, fundamentalmente, las inversiones estadounidenses. La actual industria extractivista (minería a gran escala, hidroeléctricas, monocultivos extensivos para la agroexportación) evidencian por dónde va la prosperidad: para la clase trabajadora no hay nada de eso.
En otros términos: habrá prosperidad para los inversionistas (nacionales y extranjeros), a costa de las grandes mayorías populares (salarios bajos y en malas condiciones –véase lo que son las maquilas–), con el agravante de un ataque directo al medio ambiente, pues la mayoría de proyectos se darán en el marco del exctractivismo más descarnado.
IV.- Pero hay algo igualmente preocupante, o más preocupante aún, junto a este expolio disfrazado de “prosperidad”. De los actuales 460 millones de dólares asignados al Plan, 348,5 millones, es decir casi el 46% del total de los fondos de la Alianza para la Prosperidad, están destinados a la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana (CARSI, según la sigla en inglés).
Uno de los puntales de la iniciativa, la mejora de la seguridad pública, pasa a ser entonces tan importante como la inversión privada que aprovecha lo bajo de los salarios locales. En realidad, la seguridad es el complemento de la inversión, del “buen clima de negocios” que deben garantizar los gobiernos de la región. En otros términos: se potencian los mecanismos represivos de los Estados nacionales, militarizando más aún las sociedades, preparando las condiciones de represión en caso la olla a presión social pueda estallar. Seguridad pública aquí debe entenderse como “seguridad para los inversionistas”.
El CARSI es una derivado de la Iniciativa Mérida, instancia militar diseñada para, idealmente, combatir el tráfico de drogas en México y el área centroamericana. Pero solo ver el costo que ha tenido en el país azteca esa guerra contra el narcotráfico, con un baño de sangre que dejó más de 100,000 muertos, espanta. Esas supuestas cruzadas contra “demonios” como los carteles de la droga, tal como fue el Plan Colombia, luego rebautizado Plan Patriota (100,000 colombianos muertos, 10,000 millones de dólares pagados a la industria armamentista de Estados Unidos), no traen el más mínimo beneficio a la población común. Son, en todo caso, monumentales operativos de control social, que engrosan las arcas del complejo militar-industrial norteamericano y, al mismo tiempo, desbaratan cualquier intento de organización popular en los países donde operan. El CARSI se inscribe en esa lógica, en esa historia. Es un descendiente del Plan Colombia.
Teóricamente esta iniciativa de seguridad, que acompaña a la Alianza para la Prosperidad, tiene cinco objetivos: 1) crear calles seguras para los ciudadanos de la región; 2) desbaratar el movimiento de criminales y el contrabando en y entre los países centroamericanos; 3) apoyar el desarrollo de los gobiernos guatemalteco, hondureño y salvadoreño como fuertes, capaces y responsables; 4) restablecer la presencia efectiva del Estado, los servicios y la seguridad en las comunidades en situación de peligro y 5) fomentar mayores niveles de coordinación y cooperación entre los países de la región, otros socios internacionales y los donantes, a fin de combatir las amenazas a la seguridad regional.
Ni siquiera se puede decir que cabe aquí aquello del “beneficio de la duda”. Inversiones privadas, muy prósperas para los inversionistas, y represión garantizada ante la propuesta popular. De eso se trata, y ninguna otra cosa. La prosperidad parece que deberá seguir esperando para las grandes mayorías de a pie. Y la migración irregular –supuesta razón de la Alianza para la Prosperidad– no parece que vaya a terminar con todo este montaje.
Autoritarismo y denuncia por corrupción marcan la instalación del nuevo Congreso Nacional
La imposición de una Junta Directiva, totalmente controlada por el Partido Nacional y los institutos políticos afines al régimen de Juan Orlando Hernández, ha marcado el inicio de la primera legislatura del nuevo Congreso Nacional.
Los nacionalistas se impusieron con 61 votos y seis votos divididos entre los partidos Unificación Democrática, Democracia Cristiana y Alianza Patriótica Hondureña.
La nueva junta directiva en propiedad del Congreso Nacional es una acción que reconfirma como se manejan los procesos políticos en Honduras y convierte al Poder Legislativo en una bolsa de valores para los diputados que buscan acumular riquezas, dijo el historiador Edgar Soriano: “siempre se negocia a espaldas del pueblo, siempre hay millones, como por ejemplo esta elección, se oferta al mejor postor porque no hay una verdadera representación del pueblo hondureño”.
El nacionalista Mauricio Oliva fue impuesto nuevamente como presidente, le acompañan en la vicepresidencia el médico forense e integrante del Partido Alianza Patriótica Hondureña, Dennis Castro Bobadilla, junto a Mario Noé Villa Franca, del Partido Unificación Democrática (UD); y en la secretaria el también nacionalista Tomás Zambrano.
Esa composición demuestra que el Poder Legislativo está bajo una dictadura parlamentaria, dice el diputado liberal, Mauricio Villeda, puesto que no se dio espacio para que las bancadas de oposición debatieran la moción presentada por Reinaldo Sánchez, presidente del Partido Nacional y representante del departamento de Olancho.
“Fue al estilo dictatorial, ese es el Partido Nacional y eso es lo que tenemos que combatir, no podemos seguir permitiendo que la dictadura este ahora en el Legislativo”, remarcó Villeda.
Doris Gutiérrez, diputada del Partido Innovación y Unidad (PINU), dijo que la conformación e imposición de la Junta Directiva del Congreso Nacional da la pauta de la polarización que caracterizará al Poder Legislativo.
El control total del Partido Nacional en el Poder Legislativo, y la regresión democrática que representa, obliga a las bancadas de oposición a implementar estrategias que impidan la aprobación de iniciativas, presentadas por el oficialismo, que requieran la mayoría calificada, advierte Gustavo Irías, director ejecutivo del Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD).
“La oposición si quiere ser oposición debe articularse en torno a una agenda mínima y por lo menos tener la posibilidad de incidir y forzar decisiones en dirección contraria al partido de gobierno en lo que se refiere a la mayoría calificada como la elección del nuevo Fiscal General”, precisó Irías.
Presidente legislativo es señalado por la MACCIH
Horas después de haber aprobado la imposición de la nueva junta directiva y previo a la instalación de la primera legislatura, el presidente reelecto Mauricio Oliva fue señalado por el vocero de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH), Juan Jiménez Mayor, de ser parte de una red de 60 diputados que han malversado fondos públicos.
Las acusaciones surgen de una denuncia de la MACCIH en la que alerta sobre el Decreto 141-2017 que da paso a la reforma de los artículos 16 y 131 de la Ley Orgánica del Presupuesto, estableciendo un nuevo proceso de liquidación de fondos públicos destinados a la ejecución de proyectos o ayudas sociales, incluyendo los dineros gestionados y administrados por funcionarios del Estado entre los periodos de gobierno del año 2006 hasta el año 2018.
En ese sentido, Jiménez Mayor dijo que una de las mayores consecuencias sería dejar sin efecto y generar impunidad en el caso “Red de Diputados” que investiga a los 60 parlamentarios.
Pese a las denuncias y en un auténtico cinismo, el presidente Oliva, rodeado de los funcionarios más allegados al régimen nacionalista, la mañana del jueves 25 de enero instaló la primera legislatura del periodo 2018-2022.
“Hoy inauguramos un Congreso con una variedad de visiones y de estilos sobre el poder. La democracia es al final de cuentas la manera de ponernos de acuerdo sobre nuestros desacuerdos. Legislaremos para modernizar el sistema electoral”, decía Oliva al momento de leer su discurso.
Mientras Oliva continuaba su discurso, la bancada del Partido Libertad y Refundación (LibRe) levantó carteles con los que pedía la salida del presidente de facto, Juan Orlando Hernández, y recordaba los nombres de los ciudadanos y ciudadanas que han sido asesinados por el Ejército y la Policía Militar y del Orden Público en el marco de la crisis post electoral.
El diputado de LibRe, Rony Martínez, manifestó y reiteró que la disertación de Oliva concuerda con el gobierno de Juan Orlando Hernández: “habló de diálogo, habló que aquí vamos a entendernos entre hermanos cuando se nos niega la palabra, cuando nos ignoran”.
“Asesinos, hipócritas, corruptos, Fuera JOH”, gritaban los diputados y diputadas de oposición frente a la cúpula del régimen y de las Fuerzas Armadas que reían y aplaudían el discurso del presidente legislativo.
Por su parte, el diputado Jari Dixon Herrera dijo que “cuantas veces sea necesario vamos a seguir con este tipo de manifestaciones, no sé si ellos quieren seguir resistiendo la protesta de los verdaderos representantes del pueblo, aquí ningún diputado puede volverse independiente del mandato del pueblo”.
La imposición de la junta directiva legislativa, la ausencia del debate y las protestas desde las bancadas de oposición, son acciones que evidencian la falta de una estrategia legislativa y de ruptura con la ciudadanía, señala el sociólogo Eugenio Sosa: “prefirieron toda la vida ver hacia la mesa principal a Oliva –Congreso 2014-2018- a ver si les concedía la palabra y hacer sus protestas internas que ver hacia la ciudadanía, yo creo que hoy más que nunca debería ver a los movimientos sociales; si quieren hacer protesta deben aportar desde su calidad de diputados y no estar cómodos en esas butacas”.
Los analistas y académicos concluyen que la reconfiguración del Congreso Nacional representa un eslabón más del golpe electoral y de la dictadura, que tendrá todas las condiciones para profundizar la política neoliberal, sin embargo, debe dar paso a un escenario de lucha en las calles.
Un vistazo al mundo
Rebelión
Por Guillermo Almeyra
Comencemos por América Latina. Honduras está al borde de la guerra civil tras un nuevo fraude electoral que provocó una insurrección popular que Manuel Zelaya, destituido por un golpe de Estado, y Salvador Nasralla, el presidente a quien le robaron la elección, deslegitiman y decapitan cuando van a la OEA y al Congreso estadounidense a pedir nuevas elecciones, como si no hubiese sido la embajada gringa la organizadora del golpe contra Zelaya y Estados Unidos no estuviera atrás del gobierno fraudulento y represor de Hernández. Donald Trump acrecienta al mismo tiempo el bloqueo a Cuba y las medidas contra Venezuela y el gobierno golpista de Michel Temer recurre a procesos amañados para evitar el triunfo de Luiz Inácio da Silva “Lula” en las elecciones presidenciales de 2018.
En Chile, gana por segunda vez la presidencia el hombre más rico del país, el pinochetista Sebastián Piñera, mientras la abstención supera el 50 por ciento del padrón. En Argentina, el gobierno de Mauricio Macri hace aprobar a sangre y fuego sus leyes reaccionarias y liberticidas e incluso un robo escandaloso a los jubilados con el apoyo indispensable de los votos peronistas en el Congreso y, dado su creciente impopularidad, recurre a la violencia policial desenfrenada y gobernará enfrentado a continuas manifestaciones. El kirchnerismo, que declaraba que las clases no existían y formó un partido –Unidad Ciudadana- buscando conciliar explotadores y explotados, opresores y oprimidos, acaba de morir en las inmensas y combativas manifestaciones pues tuvo que sumarse a los sindicatos y jubilados en lucha violenta y unirse, en la acción y en el Parlamento, a la extrema izquierda anticapitalista.
En Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega y su esposa es una caricatura proimperialista del sandinismo original y del “progresismo”. Nicolás Maduro, en Venezuela, ha ganado las tres últimas elecciones y dividido a la oposición pero depende cada vez más de las Fuerzas Armadas, que son conservadoras y golpea con ellas no sólo a los golpistas sino también a los chavistas de la primera hora y a sectores de la boliburguesía, acentuando así su bonapartismo.
En Ecuador, Rafael Correa tuvo que irse del país y sus representantes están presos por corrupción. En Bolivia, Evo Morales fue derrotado en un referéndum nacional sobre la posibilidad de ser reelegido presidente por tercera vez consecutiva pero igual vuelve a presentarse y, tras institucionalizar todos los movimientos sociales que lo hicieron presidente, se debilita cada vez más, mientras la burguesía aymara que ayudó a construir se refuerza y se le opone y su gobierno depende cada vez más del aparato estatal para gobernar y defenderse. Los gobiernos “progresistas” quedaron atrás, muy atrás, y se refuerza en cambio el bonapartismo, el cesarismo, de centro izquierda o de derecha porque “la gente de a pie”, cuando no se ve representada, toma sus distancias, como se vio en la inmensa abstención en las elecciones chilenas.
Trump sigue con sus provocaciones belicistas en escala internacional pero está aislado. El desplazamiento de la embajada estadounidense a Jerusalén en el Consejo de Seguridad de la ONU fue condenado, en efecto, por 14 votos contra uno, el de Washington. Le votaron en contra el Reino Unido y Francia, Japón, Italia, Suecia, Ucrania, Etiopía, Egipto, Senegal, Uruguay, Bolivia y Kazakstán. La Asamblea General de la ONU volvió a dar un golpe a Trump al votar por 128 contra 9 con 35 abstenciones.
Los neonazis entraron en el gobierno en Austria y crecen en Alemania, los Países Bajos y todo el centro de Europa mientras en Italia progresan los fascistas. En Francia, Emmanuel Macron impone una legislación de seguridad, refuerza los campos de concentración para los emigrantes, duplica el número de expulsiones, retira subsidios al trabajo, quita impuestos a los ricos, destruye viejas conquistas de civilización. Ante la nueva victoria del independentismo catalán, a Rajoy y la monarquía franquista no les queda sino la represión.
En México, mientras tanto, López Obrador (AMLO) reitera sus señales a Washington y a la derecha nombrando como candidatos a ministros a cuadros del PRI y del PAN que sirvieron a Zedillo, Fox y Calderón porque son servidores fieles del gran capital. Incluso se alió con el Partido del Encuentro Social que, además de su oscurantismo religioso, carga con el apoyo a la matanza en Acteal de familias indígenas que rezaban.
Adopta sus decisiones sin consultar a nadie y decide su viraje a la derecha porque espera con eso demostrar que no es peligroso para el sistema capitalista, que puede controlar a sus bases y está dispuesto a actuar como bombero contra los estallidos sociales que pudiera provocar la política de Peña Nieto.
Por lo visto ignora dónde fueron a parar los intentos de los “gobiernos progresistas” de acuerdos con las transnacionales y las grandes empresas capitalistas y de contención de los movimientos sociales. Ignora también que cuando Trump prepara una guerra mundial que incluye la invasión de Cuba y Venezuela, México es más que nunca una base de acción de Estados Unidos.
Para AMLO, parece que nuestro país es una isla de paz, democracia, armonía, exenta de corrupción y que no existe en él una feroz oligarquía racista ni los asesinados se cuentan por cientos de miles como resultado más visible de la guerra contra los trabajadores y el pueblo que terminó de militarizar el país y dio un golpe de muerte a la democracia.
Cree que si se pone de alfombra para que se limpien los pies en él podrá hacer que lo acepten y reconozcan un triunfo electoral que no tendrá detrás de sí ni siquiera una fuerza organizada para imponer el respeto por los resultados. Sólo con la autoorganización desde abajo, y construyendo una alternativa anticapitalista, se podrá hacer retroceder los planes liberticidas de la oligarquía y de Estados Unidos.
El país “Borges” y la admonición de “la palabra”
Rebelión
Por Leandro Andrini
El hombre, Horacio González, ese que “debería” ir a un taller literario para aprender a escribir –según sostienen algunxs-, decía en Página 12: “aliviamos así la vida con el recurso a la ironía y otras armas plausibles del dislocamiento de las creencias. Hacer del lenguaje un collage permanente y aludir a sus estereotipos, hayan sido o no trágicos, es una forma de salvarnos para otras conversaciones que imaginamos únicas, fuera de toda repetición” [1]. Involuntariamente se convirtió en balbuceo y farsa su palabra, en virtud de lo que algunos presuponen inteligente e irónico.
Siempre he desconfiado de los talleres literarios: un día uno se encuentra escribiendo como no escribía y sin diferencias notorias con la de todos sus compañeros y peor aún: igual al “maestro”. El taller viene a hacer borramiento de la diferencia. Y lo que molesta es la diferencia y no ya la calidad de una articulación lingüística. Eso es lo que no puede tolerarse: la diferencia, que se escriba sin los ruidos insuflados por “el sentido común”, que la escritura remita a pausas, silencios, a la dificultad de la contingencia enraizada en cadenas causales u homologables históricos, a un abanico de posibles en el campo de lo político, a fundar y/o descubrir tradiciones.
Retomo eso del “sentido común”, proceso caro a la inquisición y usado frente a la evidencia dificultosa copernicana-galileana. Bajo ese recurso no existe verdad, todo retoma canales propios de la sofística, y las condiciones veritativas son reemplazadas por condiciones sensitivas, por el “sentido” creado al que luego se designa “sentido común”. Era un evidente a priori que la Tierra no se movía. Hoy pretende ser un evidente a priori que detrás de toda puerta hay una bóveda, y que dentro de todo bolso hay dinero mal-habido, y si es un evidente a priori ¿Qué necesidad de instancias probatorias? Qué necesidad de otra cosa que un lenguaje llano que es más que la prueba es axioma. Alcanzan un par de imágenes que dan por justificado el contexto y unas maquetas para facilitar la imaginación. Por ello cuando la diferencia discursiva –siquiera refuta- pone en duda al discurso (porque eso que entendemos como realidad es, en última instancia, irreductible al discurso) surge el avasallamiento y el descrédito. Aquí tenemos un interesante ejemplo de cómo se construyen/constituyen los sectarismos. Al punto tal, que una manifestación de cientos de miles es ridiculizada en la abyección de un lenguaje que, por ramplón, exuda violencia. Y con toda la carga propia del macartismo, se argumenta cínicamente que “a pesar de todo lo que hicieron, la democracia funciona”, como si el cuerpo político por excelencia en el espacio público, i.e. la manifestación, no fuera un soporte más dentro de los discursos propios de la democracia. Este cinismo argumental parafrasea aquello que Brecht propuso en la seriedad que el teatro requiere, en esa idea que esta democracia no tiene el pueblo que se merece, por lo que estos gobernantes piden cambiar el pueblo (y al pedido, en su dimensión de sometimiento al amo autoritario, lo trafican como emanado de la autoridad democrática conferida a partir de “su” diálogo).
No debemos sustraernos de lo esencial, porque lo que emerge –antes que subyacer- es propiamente la política. Ejemplarmente en El Desacuerdo [2] J. Rancière nos indica que “hay política porque –o cuando- el orden natural de los reyes pastores, de los señores de la guerra o de los poseedores es interrumpido por una libertad que viene a actualizar la igualdad última sobre la que descansa todo orden social”. Vale usar las propias palabras de este autor para hacer aún más preciso el concepto: “no hay política simplemente porque los pobres se opongan a los ricos. Antes bien, hay que decir sin dudas que es la política –esto es, la interrupción de los meros efectos de la dominación de los ricos- la que hace existir a los pobres como entidad”. Sobre esa cisura posiblemente nos encontremos en la actualidad, en esta irrupción que intenta la interrupción temporal de los meros efectos de dominación de los ricos (inclusive con las falencias que contiene esa puesta en interrupción). De allí también se desprende el “aclamado” tema de “la libertad”, que nos retrotrae a las reflexiones prodigadas por Arturo Jauretche, dado que cuando los sectores postergados ganan derechos en virtud del exceso de privilegios de los sectores dominantes, estos últimos defienden sus privilegios apelando al sentido abstracto de pérdida de “libertad”, y ahora le han agregado la muletilla “democracia”.
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