viernes, 29 de noviembre de 2013
Y después del 24, la Resistencia ¿Qué?
Por Rodolfo Cortés Calderón
Salieron los Gorilas!!!
Nadie puede dudar que el FNRP está vivito y coleando. No está replegado como algunos piensan o quisieran; es posible que esté disperso. Hay diferentes actividades en los movimientos sociales altamente movilizados, lo mismo dentro del proceso electoral que confirma esta opinión. Cada quien haciendo lo que corresponde, pero colocando desde diferentes ángulos cimientos sólidos que edifiquen y lleven a la refundación, a una Constituyente. Existe un sentimiento y práctica de unidad y solidaridad muy marcado. Se visualiza eso sí, con preocupación, el despojo que hacen de la Patria los cachurecos de los cinco partidos tradicionales. La presencia del FNRP en el ambiente se respira y demuestra en el calor popular, en la pujanza y la fortaleza mostrada durante los últimos meses de este año. Los cierres de campaña de LibRe son más que elocuentes.
No importa cuáles sean los resultados de la contienda electoral. Inmediatamente después de las elecciones, el 25, a organizar a nivel nacional las estructuras de base del Frente que aún hace falta constituir y a consolidar las estructuras existentes, incluyendo las municipales, departamentales y nacionales. Es urgente oxigenar todas las estructuras con nuevos aires y renovadas estrategias. Darle nuevos bríos.
Algo que requerirá la ocasión es fortalecer alianzas con movimientos, plataformas y sectores populares que aún no se han comprometido de manera orgánica con el proyecto de Resistencia. Con todos los bloques podemos aliarnos, pero, ¡cuidadito con los oligarcas golpistas! Todos debemos entender que el bipartidismo y los pitufos quedarán diezmados, si no acabados.
Se gane o se pierda la presidencia de la República; se gane o se pierda la mayoría de las diputaciones al congreso nacional y se gane o se pierda la mayor parte de las alcaldías a nivel nacional, el imperativo es organizar, concienciar de manera política y movilizar a todos los sectores populares aglutinados en el FNRP y en los movimientos sociales, populares, ambientales, feministas, juveniles y étnicos de Honduras. En ambos casos se requerirá de enormes esfuerzos. La tarea, si se gana en todos los niveles, no se dejará solamente a la presidenta, a los diputados/as y a los alcaldes/as de LibRe. Y ellos y ellas deben empezar a mostrar los verdaderos beneficios que la población espera, no esperar 4 años más.
Construir una nueva Honduras requiere el concurso de todas y todos los hondureños de sentimientos nobles y patrióticos. Nadie va a venir con una varita mágica a convertir la miseria en prosperidad; la impunidad en transparencia; la violencia mortal en paz y vida abundante; el saqueo en abundancia; la injusticia en legalidad y la desesperanza en plenitud de gozo.
Se gane o se pierda -nunca habrá una pérdida total, siempre lograremos mucho o poco- se tendrán que multiplicar los esfuerzos porque la pandemia que ataca el país requerirá una cirugía magistral. Del sufrimiento y el dolor, de las gaseadas y humillaciones, de los asesinatos y represión se debe levantar la nueva Honduras con el concurso de todos sus buenos hijos e hijas. Por lo tanto el espíritu transformador y revolucionario debe de estar en el sitial más alto.
Si el partido LibRe gana la mayor parte de los puestos de elección popular, a acompañar y apoyar a nuestros líderes y lideresas, pero también a exigirles que cumplan lo que han prometido; a cuidar que los vicios del bipartidismo no les contaminen y a los que caigan en los brazos de la corrupción o la trampa a denunciarlos y lograr llevarlos a los tribunales. Para obtener esto el FNRP debe de estar debidamente estructurado y presente en cada rinconcito de Honduras.
Si el bipartidismo y sus adláteres ganan más espacios o la presidencia, por lo mismo, con mucha más razón, a mantener debidamente consolidado el FNRP para continuar dando la lucha. También denunciando todas las jugadas sucias que estos mañosos de por vida hagan. Nada debe opacar nuestro entusiasmo, ni bajar el espíritu de lucha que hemos conquistado con sangre. Reiteramos que una Honduras con bienestar y desarrollo para todos, es posible; pero requiere de nuestra entrega y entusiasmo. ¡Manos a la obra!
Honduras ante una nueva crisis política
Rebelión
Por Juan Manuel Karg *
El escrutinio que podía haber cerrado el ciclo inaugurado por el golpe de Estado de 2009, cuando fue depuesto de su cargo el legítimo presidente José Manuel Zelaya, no hizo más que profundizar las diferencias entre dos proyectos antagónicos de país.
El partido Libertad y Refundación –LibRe- denunció irregularidades e “inconsistencia en actas”, tras los primeros datos ofrecidos por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que le dan ventaja al Partido Nacional (34,1% a 28,5%, con el 46% de las actas escrutadas). De acuerdo a estas cifras el candidato del PN, Juan Orlando Hernández, se adjudicó el triunfo, y afirmó haber recibido las felicitaciones de Juan Manuel Santos, presidente de Colombia; Otto Perez Molina, presidente de Guatemala, y Roberto Martinelli, presidente de Panamá. Es decir, “construyó” su victoria frente a los medios luego de que el TSE de el primer boletín –que tenía sólo un 24% de las actas-.
José Manuel Zelaya, Coordinador Nacional de LibRe, declaró que “el que altera la paz es el que miente: nos robaron la elección”, alegando que, según las actas partidarias fiscalizadas a lo largo y ancho del país, el resultado es 30,6% a 25,6% a favor de la candidatura de Xiomara Castro. Luego afirmó que “vamos a defender cada diputación, cada alcaldía y cada urna, y sus resultados en Honduras” . De acuerdo al primer comunicado público de LibRe, más del 20% del total de actas en poder del TSE “no ha sido computado debido a supuestas anomalías”.
Crónica de un desenlace anunciado
La posiblidad de la existencia de irregularidades en esta elección fue denunciada hace semanas por diversos analistas internacionales, y medios de comunicación en todo el continente. Al parecer, el despliegue de miles de fiscales de LibRe a lo largo y ancho del país no pudo evitar las maniobras, y todas las miradas recaen en el trabajo del propio TSE. Para Rafael Alegría, dirigente de la Vía Campesina de Honduras, la explicación es sencilla: “El Tribunal Supremo Electoral responde al candidato oficialista. Es triste porque nos espera mayor crisis social y política en el país”. Tras comentar esto, Alegría declaró a públicamente que “no nos vamos a quedar de brazos cruzados, si hay que volver a las calles lo vamos a hacer”.
En tanto, desde el Partido Nacional también intentan retomar la iniciativa: Juan Orlando Hernández declaró que el triunfo “no se negocia”, y comentó que ya comenzará a conformar su gabinete. “El pueblo ya eligió, ahora a trabajar y a trabajar”, declaró el candidato del PN. El ejemplo mexicano –el fraude sobre Andrés Manuel Lopez Obrador en 2006- muestra que los primeros días pueden definir mucho en estos casos: si no se puede articular una sólida movilización en el país, y si no se puede denunciar masivamente a nivel internacional el caso, la posible reversibilidad del cuadro se hará cada vez más difícil. La derecha lo sabe, y por eso arremeterá con iniciativa durante las próximas semanas: allí está la posible sobrevida del gobierno cuestionado.
El papel de EE.UU. y los gobiernos de la Alianza del Pacífico
Cuando no, el primer gobierno que reconoció a Hernández, a través de su embajadora en Tegucigalpa -Lisa Kubiske- fue EEUU. Kubiske declaró, tras haberse conocido el segundo boletín, que “ reconozco los resultados anunciados y lo que los observadores nos reportan" . Incluso la propia Embajadora había afirmado -horas antes, el domingo, en pleno proceso de votación!- que los hondureños no debían tener “miedo” de “utilizar el poder del sufragio: ustedes deben preguntarse qué clase de país quieren construir los hondureños”.
También, como mencionábamos antes, quien primero conversó con Juan Orlando Hernández –tras el primer boletín- fue Juan Manuel Santos. El trasfondo del llamado es claro: Colombia negocia el ingreso de Honduras como miembro pleno al bloque de la Alianza del Pacífico para el año 2014. El único candidato que le puede asegurar dicha membresía es Hernández -Xiomara de Castro había declarado que, en caso de llegar libre al gobierno, optaría por otras herramientas de integración regional, autónomas, como Unasur y Celac-.
Un futuro incierto, en un país con creciente pobreza y vulneración de DDHH
La situación, por todo lo visto, es del inicio de una nueva crisis política en el país. Honduras tiene hoy dos candidatos presidenciales que se proclaman vencedores de las elecciones del domingo. Hay cifras que expresan preocupación sobre la coyuntura, y el futuro del país: a nivel económico hay un notorio aumento de la pobreza en amplias capas de la población, producto de una orientación política que privilegia menos el tratamiento de “lo social” que durante el gobierno de Zelaya.
Esto fue investigado por el “Centro de Investigaciones Económicas y Políticas”, con sede en Washington (CEPR, de acuerdo a sus siglas en inglés), quien afirmó recientemente que, de 2010 a 2012, la pobreza aumentó en Honduras 13,2% -elevando la pobreza extrema a 26,3%-. La misma investigación muestra que, durante la gestión Zelaya (2006-2009), la pobreza se había reducido un 7,7% -disminuyendo también la extrema, en 20,9%-.
También la situación de DDHH es preocupante, ya que ha habido una creciente represión sobre dos sectores específicos: el campesinado por un lado, y los trabajadores y trabajadoras de prensa, por otro. Entre varias fuentes consultadas se estima en unos 300 los asesinatos políticos en los últimos cuatro años, algo sobre lo cual la opinión pública internacional, lamentablemente, no se ha expresado.
De consumarse la “victoria autoconstruida” de Juan Orlando Hernández, el actual esquema de poder en Honduras seguirá vigente: es decir, no podrá haber avances en desmontar el régimen político impuesto desde 2009 -que era lo que se proponía, durante su campaña, Xiomara Castro, a tráves de la propuesta de una Constituyente-. Los próximos días –y el papel de las organizaciones sociales y políticas que apoyaron a LibRe- serán claves para saber cual es el futuro de millones de hondureños en relación a su gobierno.
* Juan Manuel Karg. Licenciado en Ciencia Política UBA / Investigador del Centro Cultural de la Cooperación
“La embajada” dice quién ganó
Por Atilio A. Boron *
En las últimas horas de ayer, el Tribunal Superior Electoral de Honduras consagraba como ganador al candidato del continuismo golpista, Juan Orlando Hernández. Desde el inicio, el proceso electoral estuvo lastrado por vicios irremediables que arrojaron un pesado manto de sospecha sobre su desenlace. La desembozada intervención de “la embajada” en los asuntos internos de Honduras tendría que haber sido una razón suficiente como para suspender las elecciones, rediseñar las instituciones políticas –entre ellas el propio TSE, controlado por quienes avalaron el golpe del 2009– y hacer una nueva convocatoria electoral para cuando se reuniesen condiciones mínimas requeridas para una elección, no sólo durante la campaña (ya de por sí un problema en Honduras, con su record de periodistas y militantes opositores asesinados) sino durante el recuento final de votos. Semanas antes de las elecciones, personeros gubernamentales habían declarado que el TSE ¡cotejaría sus cifras con las que aportase la embajada de Estados Unidos antes de dar a conocer los resultados definitivos! En resumen: el ganador sería proclamado por “la embajada” y el gobierno del continuismo golpista de Porfirio Lobo admitiría haber convertido a Honduras en un protectorado estadounidense.
Esta ignominiosa confesión dice mucho de la historia de ese sufrido país, ocupado por Washington y convertido en la década de los ochenta en una gigantesca retaguardia para servir de apoyo logístico a las agresiones perpetradas a la revolución sandinista por los “contras” nicaragüenses. Arquitecto de este proyecto contrarrevolucionario fue John Negroponte, una de las figuras más siniestras de las Américas y designado por Ronald Reagan embajador en Honduras, función en la cual contó con la colaboración de otro reconocido terrorista internacional, Otto Reich. Bajo su gestión, el ejército hondureño fue reorganizado de cabo a rabo, dotándolo de armamentos sofisticados, equipos y tecnología militar de última generación, y convirtiendo a la base militar Soto Cano, en Palmerola, en una de las más estratégicas de cuantas Estados Unidos posee en Centroamérica y el Caribe. Cuando el presidente Mel Zelaya trató de democratizar al sistema político y concretó su ingreso al ALBA, fue violentamente destituido mediante un “golpe institucional”, a los cuales se ha hecho tan adicto el régimen de Obama.
Uno de los analistas presentes en Honduras, Katu Arkonada, confirma la existencia de múltiples “irregularidades”, por no decir estafas a la voluntad popular. Hay por lo menos un 20 por ciento de las actas de las mesas receptoras de sufragios, en regiones en donde el partido LibRe cuenta con gran respaldo popular, que fueron arbitrariamente sometidas a auditoría y no computadas; en comunidades apartadas se observó el “voto encadenado” y la compra de credenciales electorales; hay miles de mesas en donde los partidos minoritarios obtuvieron cero votos, es decir, que ni sus candidatos habrían votado por sí mismos. Sólo resta conjeturar cuántos votos de Xiomara Castro fueron sustraídos de las urnas. LibRe ganó en las calles, pero no organizó una red de fiscales para garantizar la pureza del comicio. Confió en su amplia mayoría, certificada por todas las encuestas, y en la inverosímil “imparcialidad” del TSE y el gobierno ante una elección que el imperialismo y la oligarquía hondureña no podían perder, porque Washington jamás habría aceptado un resultado contrario a sus intereses en la zona.
El primer paso de la estrategia norteamericana para impedir un revés político fue la campaña de difamaciones en contra de Xiomara y su partido. El segundo, la organización fraudulenta de los comicios y el recuento de los votos. Tercero, si los dos anteriores no frustraban la victoria de LibRe: impugnación del proceso electoral y manipulación del Congreso para impedir su asunción y, en caso de que pudiera hacerlo, provocar su destitución “legal” al igual que le ocurriera a su esposo. Hasta ahora, la derecha se las arregló apelando al fraude, dando a conocer cifras que no se corresponden con la realidad y que los medios hegemónicos dan por buenas. LibRe tendrá que recuperar en las calles lo que le arrebataron en las urnas.
¿Cómo habría reaccionado la supuesta prensa libre e independiente del continente si los vicios, fraudes y crímenes perpetrados en Honduras hubieran tenido lugar en Bolivia, Ecuador o Venezuela? La gritería de los lenguaraces del imperialismo y sus aliados habría sido atronadora. En cambio, ahora en esos medios impera un silencio cómplice porque en Honduras todo vale. ¿Por qué? Porque así como Israel es la pieza clave para garantizar el equilibrio geopolítico de Medio Oriente, Honduras lo es para Centroamérica, al ser éste el país donde se concentra el grueso del poder de fuego estadounidense en la región. Y así como Washington no permanecería ni un minuto de brazos cruzados ante un eventual triunfo de una izquierda antiimperialista en Israel, se involucró descaradamente en el proceso político interno de Honduras para garantizar un resultado acorde con sus intereses estratégicos en la región. ¡Menos mal que hace unos días, en la OEA, John Kerry dio por superada la Doctrina Monroe!
* Atilio A. Boron es Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
América Latina, de la década ganada a la década disputada
Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico (CELAG)
Rebelión
Análisis de la fase geopolítica
Las transformaciones geopolíticas (y geoeconómicas) en curso, sin precedentes en el pasado, apuntan hacia una transición sistémica en busca de una reordenación de los equilibrios de fuerza, con nuevas configuraciones institucionales, económicas, militares, cultural-ideológicas y comerciales. En el momento actual, inicios de la segunda década del siglo XXI, la primacía estadounidense está en parsimonioso declive y con ella el orden interestatal y la economía-mundo que se derivaron de ella. En este contexto, se abre un escenario incierto, marcado por la emergencia de nuevas potencias y bloques regionales, que si bien no asumen el rol de liderazgo global, sí producen un tambaleante equilibrio multipolar.
La crisis capitalista que sacude a los países centrales de la economía-mundo -convertida en crisis orgánica por ejemplo en muchos estados del sur de la Unión Europea- abre espacio para cambios políticos inéditos, y reconfiguraciones de bloques hoy difícilmente predecibles. El rol que jueguen China y, de forma relativamente subsidiaria, las economías del sudeste asiático, puede ser decisivo en el nuevo ajedrez global. Los países (mal) llamados emergentes, representados por los BRICS (más Argentina), siguen jugando un papel protagónico en este reordenamiento mundial. Todo se mueve a gran velocidad; los recientes análisis ya quedan caducos. La celeridad en esta metamorfosis geopolítica exige actualizar la mirada global, y más para el caso de América Latina como nueva región proactiva en este proceso de reconfiguración.
De hecho, América Latina, en estos años, encara este cambio de época, global y regional, con deseos de una propuesta convergente de integración regional en plena disputa, pero a la vez, con iniciativas opuestas, que oscilan desde cambios estructurales contrahegemónicos, pasando por propuesta posneoliberales moderadas, hasta otras formuladas ya conocidas, conservadoras del orden establecido, contra progresistas.
En los últimos años, la región ha sufrido innumerables cambios en cuanto a nuevos gobiernos, nuevas políticas económicas, y fundamentalmente, nuevos espacios de articulación de las relaciones económicas entre países. La última década, una década ganada para buena parte de América Latina en términos de desarrollo social y expansión democrática, se ha caracterizado por un desplazamiento vigoroso de las relaciones comerciales/productivas/sociales/culturales/políticas. En poco tiempo, los acuerdos comerciales han ido variando de condiciones, de países, de bloques. El interés creciente por estructuras productivas más sólidas ha conllevado a repensar las diferentes formas de interactuar económicamente con el mundo, y muy particularmente, desde el propio seno de la misma región. La elevada inflación integracional es justamente resultado de eso, de la indefinición propia de múltiples objetivos, de muchas corrientes, de intentos de conciliar los diversos modelos de desarrollo y de acumulación existentes a día de hoy dentro de la región. Además, de fondo, la tensión entre políticas de corte nacional-popular y la arquitectura transnacional (regional) es siempre un hecho que ha de estar presente en cualquier análisis prospectivo.
América Latina ya no es, por supuesto, la de las décadas pérdidas, en la que las políticas neoliberales eran implementadas a través de Programas de (des)Ajuste Estructural y Planes de (des)Estabilización. Hacia mediados de la década de los años setenta, la economía-mundo hace un giro importante en relación al modelo de acumulación capitalista, abandonando el rol protagónico que había tenido el Estado y transitando a un modelo donde (eso que mal llaman) el mercado jugaría un papel central. Esta nueva etapa neoliberal logra que el Estado se reduzca pero nunca sin desaparecer; es de hecho el nuevo Estado –corporativo y privatizador- quien facilita la entrada de América latina a las lógicas de la OMC (Organización Mundial del Comercio), de los Tratados Bilaterales de Inversión, y de sometimiento al CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), juez y parte dependiente del Banco Mundial.
La expansión de los mercados financieros -motorizados por la rápida circulación de dólares- y la crisis del petróleo contribuyeron en gran medida al cambio del patrón de acumulación. La producción comienza a ponerse al servicio del capital financiero. La tendencia observada desde la década de los setenta indica una mayor movilidad geográfica del capital, producto de los cambios en la organización de los procesos de producción e intercambio. Y Latinoamérica no fue ajena a este proceso: la crisis de la deuda y la hiperinflación fueron las excusas perfectas para el desembarco de las políticas económicas neoliberales ya lideradas en el centro de los países centrales por Ronald Reagan en Estados Unidos, y Margaret Thatcher en Reino Unido. No obstante, la dictadura de Pinochet en Chile, y también la de Videla en Argentina, fueron de facto un fiel adelanto del neoliberalismo económico que vendría después.
El sistema mundo imponía nuevas condiciones a la periferia. Esta vez, era el turno de la apertura obedeciendo a las necesidades del gran capital financiero internacional. Durante estas décadas, las políticas económicas neoliberales fueron encaminadas a destruir al Estado como productor, como controlador de los sectores estratégicos, y a dejarlo (sí) como un regulador a favor de una asignación con mera lógica capitalista. Durante esos años, se implementaron todas las políticas necesarias para que se produjera una transferencia de valor de unos a otros, de una mayoría popular (empobreciéndose) a una minoría (enriqueciéndose). La soberanía era así extirpada a favor de otros intereses ajenos, a favor de inserción subordinada y desigual en el mundo. El modelo productivo, en esos años, había sido elegido para responder a las exigencias mundiales. El patrón primario exportador era fortalecido en los países de la periferia, y como tal, en América Latina; la desindustrialización fue un hecho. La demanda interna era satisfecha en gran medida por una significativa política de importaciones que generó una fuerte dependencia de la satisfacción de necesidades respecto a las empresas transnacionales. Eran éstas las que sustituían cualquier intento de producción interna. Así la transferencia de valor hacia el exterior estaba asegurada; las relaciones de intercambio eran absolutamente inequitativas; y el patrón productivo nacional, en tanto a productos y productores, estaba en fuerte grado de dependencia con los patrones productivos internacionales. El Consenso de Washington consiguió conformar una región que producía aquello que los países centrales requerían. El intercambio desigual entre centro y periferia era reforzado por la hegemonía de las políticas económicas neoliberales, y por sus instituciones internacionales (Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Banco Interamericano de Desarrollo (BID)). Esto, a su vez, generaba un intercambio ecológicamente desigual, donde los recursos naturales de los países periféricos estaban dispuestos para la expoliación de las multinacionales de los países centrales a cambio bajos salarios y una multitud de pasivos ambientales. América Latina reforzaba así su “especialización en perder”, resultado de sus grandes dotaciones en recursos naturales que eran requeridos desde los países centrales del sistema-mundo capitalista. El capitalismo (neoliberal) por desposesión, como dice Harvey, fue puesto en práctica.
En este periodo, la región nunca miró hacia sí misma, los escasos espacios de integración estaban diseñados desde el centro del sistema-mundo, atendiendo estrictamente a una óptica comercial, dejando de lado absolutamente el aspecto productivo, el financiero, el social y el cultural. Sólo y exclusivamente la integración comercial, más centrada en facilitar las reglas para que el comercio fuera asimétricamente libre, y creciera sin facilitar las mejoras estructurales requeridas en las economías nacionales para garantizar un cambio real en el patrón de acumulación a favor de las mayorías excluidas.
Las políticas económicas neoliberales tuvieron un alto impacto en la desintegración social y económica en todos los países de la región: incremento de pobreza, exclusión económica-social-política-cultural, desigualdades, desempleo, precarización de las condiciones de trabajo, erosión de la naturaleza y agudización de las exclusiones colonial y patriarcal. Ante este panorama, y con un creciente desgaste de los partidos políticos tradicionales, gran parte de la población respondió con fuertes movilizaciones originando un nuevo tejido social más organizado demandantes de cambios y transformaciones en el terreno político, económico, social y cultural. El núcleo común de todos los reclamos fue poner punto final a las políticas de corte neoliberal que resultaron fructíferas sólo para unos pocos a cambio del sometimiento de muchos. La región fue cambiando de signo político. Las acciones colectivas en algunos países de Latinoamérica han llevado a la elección de gobiernos denominados “progresistas”, que propusieron plataformas políticas “alternativas” al paradigma económico dominante. Son muchos los países que se han embarcado en este difícil pero necesario camino de construir una nueva organización económica, política, social y cultural, de fuerte profundización democrática, en medio de un mundo globalizado, que a pesar de su transición sistémica, aún conserva de fuerzas económicas y políticas que no permiten grandes disonancias respecto al orden económico constituido en el sistema capitalista mundial.
En este giro político en marcha, en medio de esta transición sistémica geoeconómica mundial, uno de los principales asuntos a destacar es que la región comenzó un largo camino para construirse a sí misma con mayor independencia de los poderes económicos dominantes a escala global. Fueron apareciendo espacios novedosos de integración, que no sólo atendían al deseo de un mayor intercambio comercial entre países vecinos (en el marco de la región), sino que comenzaron a plantear otros estadios de relacionamiento más equitativos y justos. Entre estos nuevos intentos, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) ha sido sin lugar a dudas el nuevo lugar de encuentro para que algunos países de la región comiencen a construir supranacionalmente un nuevo paradigma económico que establezca principios de justicia a la hora de relacionarse, ya sea en el ámbito comercial, en el cultural, en el social, en el financiero, y a pesar de haber llegado tarde, ahora acertadamente también con el ámbito productivo. No puede haber integración plena y virtuosa si no existe integración productiva en base a la complementariedad. Sólo así, con esa estrategia, se podrá llevar a cabo planes nacionales de desarrollo que sean sostenibles, soberanos, emancipadores y que logren verdaderamente intervenir en las razones estructurales de las asimetrías económicas.
América Latina ha aprendido en esta nueva época que “no existe cambio interno sin atender a los cambios en la relación con el exterior”; el proceso de sustitución adecuado en estos últimos años es aquel que ha dejado de tener una relación en condición monopolística con las economías centrales para transitar a una nueva estrategia de mayor afinidad con los nuevos polos económicos, pero muy especialmente, con la nueva región. Un mayor intercambio con complementariedad en la región es la única manera de emanciparse –al menos parcialmente- de las relaciones desiguales con el centro económico mundial. En este sentido, cabe dejar constancia que este requisito de mayor intercambio con complementariedad no puede ser satisfecho en exclusividad por el exceso de procesos de integración (inflación integracional) que se ha venido sucediendo en América Latina en los últimos años. No se trata de asimilar este desafío a partir de los múltiples procesos de integración regional, en los que existen solapamiento y superposición de ámbitos de integración (comercial/productiva/financiera); se trataría de ordenar virtuosamente América Latina, en forma inteligente, en un marco de integración que logre equilibrios entre soberanía nacional y arquitectura supranacional. Lo que también supondría, una política estatal que limite los intereses particulares de las empresas y las “reinserte” en nuevas relaciones económicas complementarias con empresas y emprendimientos estatales de la región, inclusive habría que pensar en la posibilidad que las nuevas integraciones establezcan actores económicos (privados, públicos o mixtos) que puedan sostener, viabilizar y defender dicha articulación regional.
Hasta hace pocos años, la región tenía dos grandes espacios de integración, mutuamente excluyente entre sí, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Mercado Común del Sur (Mercosur). Quien pertenecía a un lugar, no estaba en el otro. Pero desde la irrupción del proyecto bolivariano político, el ALBA-TCP, todo esto ha cambiado. Este nuevo espacio ha congregado a algunos países de Sudamérica, a otros de Centroamérica y el Caribe. El gran salto cualitativo de este proyecto es sin duda superar los criterios injustos para intercambios comerciales. Por primera vez en la región, nace un sistema de compensación que pretende evitar el intercambio desigual, con precios justos, a partir de un sistema de cuentas propias (vía Sistema Unitario de Compensación Regional (SUCRE)). Este hecho, unido al movimiento estratégico de Venezuela, dejando la Comunidad Andina de naciones (CAN) –definitivamente en el año 2011- para incorporarse a Mercosur, han sido determinantes para tener una región muy diferente en términos de integración. Por otro lado, la CAN después de la arremetida de la UE en relación a su propuesta de acuerdo de libre comercio, también ha quedado parcialmente desintegrada. La CAN se quedó sin Venezuela (hace décadas, en 1976, en la era pinochetista, ya se había quedado sin Chile), pero además se quedó con dos países (Perú y Colombia) atrapados en el bobo aperturismo por la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Europa, complicando así las condiciones de convivencia con otros países que no han aceptado esas asimétricas reglas del juego. Por otro lado, está un nuevo Mercosur; la llegada de Venezuela le hace ser la quinta economía del mundo, y se constituye así en un espacio muy atractivo por su potencial económico; Bolivia también aceptó entrar; y en la actualidad Ecuador aún sigue pensando formar parte; Paraguay vuelve a ser miembro de pleno después de las últimas elecciones (con la asunción presidencial ya ocurrida) pero aún con muchas cuestiones por dilucidar por nuevas preferencias neoliberales en su política exterior. Mercosur, sin duda alguna, se convierte en el nuevo protagonista del siglo XXI en cuanto a espacio integracional, en lo comercial, financiero y en lo productivo; pero a la misma vez, es un espacio caracterizado por las grandes disparidades de economías participantes. Brasil siendo parte de las nuevas economías emergidas; Argentina también forma parte del G20 y en tendencia creciente; y ahora Venezuela como otra gran potencia. A su lado, otras economías más pequeñas que peligran si no establecen condiciones que eviten intercambios desiguales, y lo que es más importante, una integración productiva desigual que de lugar a encadenamientos productivos con generación desigual de valor para unos y otros. Situación que puede empujar a estos países a percibir atractivos los tratados de libre comercio.
Por otro lado, no hemos de olvidar el papel geoestratégico de los países del Caribe, que han sido considerados por EEUU su frontera natural durante todo el s. XX, un término usado por el propio G. W. Bush, que la calificó de su “tercera frontera” Por razones obvias de geoestrategia regional, Washington siempre anheló mantener su influencia diplomática, política y económica en la región. Para ello, ha lanzado proyectos económicos y estratégicos dirigidos a crear y mantener los nexos de interdependencia con el Caribe y Latinoamérica. La Caricom (Comunidad de Estados del Caribe) ha sido el soporte natural de las políticas de Washington desde su creación. Sin embargo, esta influencia exclusiva queda actualmente cuestionada debido a la importancia creciente de la iniciativa, Petrocaribe, una alianza en materia petrolera entre algunos países del Caribe con Venezuela. basado fundamentalmente en que este país petrolero entrega crudo a los otros miembros en condiciones ventajosas, (con un financiamiento que llega a 40% cuando el precio del petróleo supera los 50 dólares; a 50% si sobrepasa los 80 dólares y a 60% cuando la barrera se sitúa en 100 dólares). Con todo ello , Centroamérica se constituye en sí mismo como otro espacio en disputa, donde Estados Unidos sigue teniendo amplia capacidad de influencia, China muestra su lado expansionista también sobre este territorio, y Venezuela ha logrado ser un aliado privilegiado en términos económicos, y a su vez, políticos. Tampoco debemos olvidar la apuesta que realiza lentamente Brasil justamente en esa área geopolítico por disputar el liderazgo de los Estados Unidos.
En este mismo sentido, el primer escenario de combate ha sido Honduras, con su reciente contienda electoral, en el que -contra pronóstico- los datos oficiales reflejan como ganador al candidato conservador del Partido Nacional frente a la lideresa progresista (Xiomara Castro; esposa del presidente derrocado Zelaya). Este país fue laboratorio de golpe militar hace pocos años (2009); y ahora, con una densa e indisimulada participación de la embajadora estadounidense (en el proceso electoral, en la formación técnica y después en calidad de observador internacional), vuelve a constituirse en un espacio de lucha de una amplia mayoría popular que resiste la hegemonía interna liderada desde afuera. Estados Unidos ha querido dejar claro que Centroamérica no era un espacio negociable. A pesar de las palabras de John Kerry, secretario de Estado de los Estados Unidos, la doctrina Monroe sigue actualizada.
Por otro lado, no se puede olvidar otro hecho determinante en esta nueva configuración de integración regional: la aparición de la Alianza del Pacífico (AP), donde Perú, Colombia, México y Chile (y Costa Rica previsiblemente en un futuro muy cercano), todos con acuerdos de libre comercio con EEUU y UE, se articulan entre sí, con sólidas afinidades en cuanto al modelo económico propuesto. De hecho, esta AP no puede ser vista ni mucho menos como un mero acuerdo comercial –como remake del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)-, sino ha de ser calificada como un proceso de integración neoliberal en busca de acabar con la Década Ganada lograda en muchos países de la región gracias a las políticas de transformación a favor de las mayorías.
Cada vez es más diáfano el deseo de Estados Unidos (y de Unión Europea): una América Latina divida en dos, desgajada en -al menos- dos grandes mitades para que así deje de ser el bloque monolítico que venía conformándose en el nuevo mundo multipolar. Recientes informes de think tanks conservadores ya constatan la “madurez” de Latinoamérica y su mayor peso global, y abogan por un espacio geopolítico trilateral Unión Europea-Estados Unidos-América Latina, en base a sus comunes raíces “occidentales”, en términos estrictamente liberales: derechos individuales y mercados “abiertos”. Esta es la pretensión, también, de buena parte de la oligarquía financiera, del poder concentrado mediático, del capital transnacional y de los grandes caciques nacionales: una región dividida en dos mitades que disipe cualquier posibilidad de levantar y consolidar una alternativa global de avance en sentido posneoliberal, en paz, sin guerras, con redistribución, mejoras sociales y profundización democrática.
Es por ello, que en los últimos meses se han acelerado los múltiples movimientos de ajedrez en el actual juego de tronos que supone el curso geopolítico en América Latina; la tensión está servida entre procesos reformistas, revolucionarios y contrarrevolucionarios. Han sido muchos los intentos fallidos del poder hegemónico mundial para destronar a las propuestas progresistas: golpes a la democracia en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010). Sin embargo, otros sí que fueron exitosos: Honduras (2009) y Paraguay (2012). Desde el rechazo al ALCA (2005), Estados Unidos a la cabeza (con la UE a su lado) no descansa hasta lograr, en una primera instancia, una América Latina dividida y partida en dos, con un bloque afín, representado en la Alianza del Pacífico, para luego, poder “colonizar” al resto, logrando así el deseo de antaño: un patio trasero que vaya desde México hasta Ushuaia. Esta Alianza del Pacífico es justamente la punta de lanza para asentar las bases del nuevo mapa geoeconómico codiciado por los intereses de los grandes capitales. Liderada por Colombia, atrayendo a países claves en Centroamérica (Costa Rica está muy cerca de ser nuevo miembro; El Salvador acaba de confirmar que se “piensa” su entrada en dicho bloque), la Alianza del Pacífico sigue construyéndose aceleradamente como bloque político regional de gran fortaleza.
Es por eso que los próximos años, después de esta década ganada que ha puesto final a las décadas perdidas neoliberales, supondrán un nuevo periodo de contienda, una suerte dedécada decisiva-década disputada, que determinará el rumbo de este nuevo polo político y económico. América latina no sólo está en disputa interna, sino también externamente como bien se explicita según la nueva estrategia marcada en el documento del Consejo Atlántico: The Trilateral Bond: Mapping a New Era for Latin America, The United States, and Europe' ('El Vínculo Trilateral: Inspeccionando una Nueva Era para América Latina, EE.UU. y Europa'). Este informe es contundente en cuanto a la importancia de América latina a nivel mundial; y por ello, se retoma así el deseo de incorporar a este bloque al “redil atlántico”, constituyéndose así en una prioridad en la política exterior de los EEUU y UE. América Latina no es ya sólo una región en disputa interna, sino un continente con mayor influencia en el sistema interestatal y que verá enfrentarse proyectos geopolíticos diferentes e incluso antagónicos para su nueva ubicación en el espacio global.
Por tanto, todo está en juego, en disputa, en movimiento: el ALBA, la UNASUR, el Mercosur, la Alianza del Pacífico, incluso la CAN, también la Organización de los Estados Americanos (OEA), y por supuesto, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
La desaparición de Chávez, Kichner y Lula del escenario político de una América Latina en la que los modelos políticos presidencialistas maximizan el peso del personalismo, sin duda pesará en detrimento del campo político progresista, construido en torno a la imprescindible retórica y relato de la transformación y la movilización de las masas, muy vinculado por otro lado a la capacidad tractora de estos liderazgos. La derecha continental por el contrario, instalada en la mediocridad política y el halo tradicional de credibilidad de sus propuestas tecnocráticas se vería beneficiada por, en ausencia de grandes liderazgos, un retorno de la “no política”.
La muerte de Chávez y la ofensiva nacional e internacional contra el chavismo liderado por Maduro; los resultados de la segunda vuelta en las elecciones de Chile que podrían beneficiar a Bachelet, empujada a llevar una agenda más progresista que en su anterior mandato –e incluso a hablar de cambiar la constitución postpinochetista- por los desplazamientos operados en la sociedad civil por los movimientos sociales; las otras elecciones en países estratégicos de Centroamérica, Costa Rica y El Salvador; la nueva apuesta de Paraguay al Pacífico; la vuelta del moderado Tabaré a Uruguay en sustitución del progresista Mújica –salvo que Constanza Moreira lo impidiera-; la nuevas elecciones en Argentina sin Cristina Fernández de Kirchner después del avance de la nueva apuesta de la derecha posneoliberal con Massa; el cada más vez sólido no aislamiento de Cuba (incluso presidiendo la CELAC); los enigmas del todopoderoso Brasil con una nueva política que deberá atender más adentro que fuera; las elecciones del 2014 en Bolivia que podrían seguir consolidando esta propuesta de cambio; los años de Correa en su último (o no) mandato con el objetivo de seguir con las transformaciones estructurales; México que vuelve a mirar hacia al Sur sin dejar de mirar al Norte; el modelo peruano tendrá que responder cuán sostenible es si sigue queriendo satisfacer a todos sin cuestionar a las injustas estructuras; la sucesión de Santos en una Colombia que vive la pugna en la propia derecha, así como un particular proceso de paz al mismo tiempo que ha ido consolidando los lazos con la OTAN; las elecciones irregulares en Honduras con un desenlace político y social aún incierto; y, además, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y los Estados Unidos de fondo.
Algunas características del cambio de época latinoamericano
Si se puede afirmar que Latinoamérica está viviendo un “cambio de época” es por la convergencia de grandes líneas de transformación que no cierran el horizonte de posibilidades futuras ni aseguran ningún destino, pero sí descartan la mera restauración del orden anterior.
Realizar un análisis, exposición crítica y discusión de los componentes de este nuevo tiempo político en la región excede con mucho la voluntad de este documento. No obstante, una somera enumeración, con más pretensión de mapeo que de exhaustividad, puede ser de utilidad para caracterizar mínimamente el escenario geopolítico en la región.
En primer lugar, uno de los rasgos más evidentes del nuevo tiempo político es la coincidencia, no casual, de gobiernos de signo democrático-progresista en la región. Pese a los diferentes ritmos, horizontes y acentos, nunca antes coincidieron en Latinoamérica y el Caribe tantos ejecutivos comandando procesos de redistribución, construcción de soberanía y ampliación del campo democrático. Además, estos gobiernos están liderando, como ya se ha explicado, procesos de integración y construcción regional que han superado los límites declarativos y apuntan en un sentido de transformación geopolítica. Este fenómeno, llamado del “giro a la izquierda”, así como las condiciones geopolíticas que lo han hecho posible, cuando en el pasado fue tantas veces truncado, merecen una atención prioritaria por las posibilidades de avance histórico y por su implicación global. Es bueno recordar que América Latina, en un momento global de violencia, desestructuración y desencanto, se ha convertido en un espacio político y cultural privilegiado para la mejora colectiva de la vida, y por tanto en una referencia mundial para las personas y los pueblos progresistas.
En segundo lugar, el panorama intelectual y cultural latinoamericano se encuentra marcado por un cierto repliegue defensivo –que no desaparición- de las ideas conservadoras-liberales y de los proyectos de las élites históricas, que están experimentando importantes mutaciones para adaptarse a los nuevos consensos en despliegue, anudados a partir de la crisis del modelo neoliberal y basados en una nueva centralidad política de “las masas” como sujeto político. Estos nuevos consensos en formación deben ser investigados, analizados y problematizadas sus dificultades, sus ángulos muertos y sus tensiones internas.
No obstante, este repliegue o necesidad de adaptación a un campo discursivo marcado por la centralidad de algunos de los términos, los valores y las propuestas progresistas, está considerablemente limitada al menos por dos elementos, que condicionan el alcance relativo de la hegemonía del relato posneoliberal y obstaculizan su sedimentación en una sociedad civil y una estatalidad que consoliden los cambios progresistas.
Por una parte, la escasez general de una nueva intelectualidad orgánica para la transición estatal, capaz de conjugar la movilización política con la gestión en clave transformadora y eficaz. La necesidad de ocupar posiciones para la disputa al interior del Estado, la ampliación de lo público y el carácter abrupto de las rupturas populares ha consumido las mejores energías de una primera hornada de militantes políticos que han tenido así muy poco tiempo para formar a sus sucesores en términos teóricos, ideológicos y políticos. Sólo esta formación es un antídoto contra las inercias de unas administraciones y sociedades civiles mayoritariamente hegemonizadas por la vieja política, el clasismo y el conservadurismo. Los procesos de cambio político de signo popular tienen entre una de sus principales dificultades la de producir, en un tiempo político marcado por la urgencia, los cuadros políticos para la construcción del nuevo Estado y los cuadros intelectuales para la renovación de la primacía cultural, moral y estética de las fuerzas emancipadoras. Además, estas dos tareas, en lo posible, deben irse entrelazando y entremezclando. Este aspecto requiere un trabajo prolongado de ir construyendo tanto las bases materiales –centros de estudio y análisis, publicaciones, becas, programas de formación, medios de difusión del pensamiento, premios literarios y científicos, estímulo a la cultura transformadora, etc.- como los mimbres conceptuales, gramaticales y simbólicos para un relanzamiento de la capacidad de las ideas del bloque popular para determinar el horizonte y los códigos de su tiempo.
Por otro lado, los hábitus culturales de las sociedades latinoamericanas, también aquellas atravesadas por procesos de acceso popular al Estado, siguen estando mayoritariamente marcados por prácticas sociales, horizontes estéticos y aspiraciones que responden a la mayor capacidad de seducción de los mitos, ficciones orientadoras y valores del capitalismo: violencia, machismo, consumismo, cultura de la indisciplina y la inmediatez, ineficacia, irresponsabilidad, etc. Esto constituye un considerable y poderoso freno –especialmente por su carácter “invisible”- a los procesos que buscan, partiendo de las comunidades de las clases populares, fundar una esfera pública socialista para el buen vivir, el vivir bien, el socialismo del siglo XXI o cualquier concepción cuya principal meta sea la expansión de la igualdad y de la libertad. Se trata aquí de afrontar una lenta modificación antropológica sin la cual las modificaciones jurídico-institucionales corren siempre el riesgo de quedar como trincheras desguarnecidas.
Al mismo tiempo, es importante recuperar un análisis sobre las derechas latinoamericanas y sobre las acciones de los grupos económicos y financieros. La mirada de las últimas décadas, colocada –principalmente- en los movimientos sociales y en el Estado nos ha hecho relegar en análisis sobre los “contrincantes” centrales que tienen estos gobiernos a la hora de la introducción de cambios económicos y políticos. Se hace necesario construir un mapa de los actores que desde el campo conservador son productores de análisis, propuestas, interpretaciones o expresiones que después se convierten en munición de primer orden para la batalla política. Este análisis no debe quedarse en identificar centros o instituciones, sino en diagnosticar sus principales estrategias en la disputa por el sentido, la interpretación y la proyección del presente.
En tercer lugar, el Estado vuelve a estar en el centro de la discusión política y social, ya no como problema, sino como espacio privilegiado –aunque no único- de la política y la vida en común. Su retorno reabre gran parte de las cuestiones históricas de los procesos emancipadores: su relación con la construcción de comunidad, con la democracia, la representación y la libertad, su articulación territorial y con la diversidad étnica, su transformación, la institucionalidad y los equilibrios de fuerzas, su autonomía relativa o sus inercias. Su condición de “máquina”, “sistema de aparatos y dispositivos” o “campo de disputa”. La cuestión del Estado es en Latinoamérica, especialmente en sus procesos de avanzada, la cuestión de la transición, que obliga al pensamiento crítico a trabajar por articular la política como conflicto y ruptura con la política como gestión y construcción de orden; el triángulo del que habla Rafael Correa para referirse a la necesaria conciliación de libertad, igualdad y eficacia.
En cuarto y último lugar, el socialismo o la propuesta de construcción de un gobierno popular, cobra una cierta importancia política no tanto como programa acabado sino como horizonte, como tensión emancipadora. Pero esta función da muestras de relativo agotamiento por cuanto los procesos de cambio y gobiernos populares se topan con dificultades que no están en los viejos manuales, mientras que, bajo la excusa de no adelantar o imponer paradigmas, la reflexión crítica no parece haber trascendido el momento de la ruptura ni haberse atrevido a sugerir líneas de desarrollo, que han sido sustituidas por la constatación de las contradicciones y la celebración del inmediatismo. La consolidación de este tiempo histórico de transformaciones exige pensar las condiciones de la “irreversibilidad relativa” –pues en condiciones de libertad nunca puede ser absoluta- los anclajes económicos, culturales e institucionales que pueden fortificar las posiciones conquistadas sin esclerotizar las posibilidades de conquista de nuevas y más ambiciosas plazas. Esto pasa, necesariamente, por la construcción de instituciones eficaces que conviertan en cotidianidad los avances realizados, que no exijan la movilización permanente y que construyan una estatalidad que responda a la emergencia de los sectores subalternos.
Un tiempo histórico tan rico, tan atravesado de desafíos, tan fértil, tan sometido a una guerra por su lectura, exige análisis, estudios e interpretaciones audaces. Es necesario aggiornarla agenda de la ruptura en la región, librar la batalla intelectual por fijar los términos de las confrontaciones por venir –entre ellas, una ya indisimulada contraofensiva conservadora regional- y atreverse a proponer rumbos estratégicos para el avance popular. Ni la academia ni quienes se dedican al trabajo intelectual pueden quedar al margen de este esfuerzo, a riesgo de convertirse en convidados de piedra de un proceso histórico, tomadores de notas, guardianes de la verdad de los textos clásicos u opinadores de ocasión.
La década decisiva-década disputada en América latina
Caracterizada la década ganada y apuntados los rasgos de este cambio de época, se evidencia la disputa que llega, la que se libra ya y que hace decisivos los años venideros, situando como primera tarea la búsqueda de esas condiciones de irreversibilidad relativa que puedan fortalecer, profundizar este cambio de época regional hacia la el mayor peso de las voluntades y el buen vivir de las mayorías.
Hace más de diez años señalábamos cómo la región reacciona en contra de la progresión de empobrecimiento de las mayorías y en contra igualmente de la renuncia a la soberanía nacional, iniciando un cambio de rumbo en el que ahora nos encontramos, en el que se consigue implementar políticas de redistribución de la riqueza, mejorar las condiciones de vida populares, recuperar la soberanía secuestrada, o incorporar a la realidad política amplias capas de población invisibilizadas.
Pero lo que está en juego ahora es la dirección de esta tangente de cambio: más allá de estas conquistas, de la década ganada, toca ahora hacer propia la década venidera, escribirla con nombres propios, con lenguaje propio, con retos propios, con placeres propios, dibujar la escena y elegir la arena de disputa. Adelantarse a los peligros y evitar enconarse en neocapitalismos amables.
Los procesos de cambio y gobiernos populares se topan con dificultades que no están en los viejos manuales, estamos en los momentos de innovar y emanciparnos de proyectos caducos. Es momento de revitalizar la reflexión y el pensamiento latinoamericano, con este deseo de seguir siendo parte del semillero de ideas progresistas, populares y democráticas para el cambio social con sentido emancipador.
* Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico (CELAG) está integrado por Alfredo Serrano Mancilla [1] , Iñigo Errejón [2] , Auxiliadora Honorato [3] , Esteban De Gori [4] , Sergio Pascual [5] , Sergio Martín Carrillo [6]
[1] Doctor en Ciencias Económicas.
[2] Doctor en Ciencias Políticas.
[3] Licenciada en Derecho.
[4] Doctor en Ciencias Sociales.
[5] Master en Antropología, Candidato a Doctor.
[6] Master en Ciencias Económicas, Candidato a Doctor.
Feminicidios
Por Pedro Miguel
Aunque el fenómeno empezó en el salinato, fue en los primeros años del desgobierno de Zedillo cuando la opinión pública tuvo la primera oportunidad de escandalizarse por la estadística acumulada de feminicidios en Ciudad Juárez. Han transcurrido más de 20 años desde los hallazgos sucesivos de los cuerpos de Alma Chavira Farel, Gladys Janeth Fierro, María Rocío Cordero y otras nunca identificadas: bárbaramente golpeadas, violadas, lesionadas, estranguladas. Una década después las organizaciones de familiares calculaban que los feminicidios en la urbe fronteriza habían sobrepasado los 300. Para el año pasado la cifra se estimaba en más de 700.
Por el palacio de gobierno de Chihuahua han pasado Francisco Barrio Terrazas, Patricio Martínez García, José Reyes Baeza y César Duarte Jáquez. En Los Pinos han calentado el asiento, además de Salinas y Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y decenas de procuradores estatales y federales han tenido en sus escritorios los expedientes de las asesinadas. Además de las policías municipal y estatal han participado en las pesquisas la General de la República y hasta la estadunidense FBI.
Los feminicidios de Ciudad Juárez fueron explicados, en un principio, como obra de un asesino serial. Luego, a punta de torturas, las corporaciones policiales obligaron a unos pobres infelices a declararse culpables de los crímenes, pero éstos siguieron ocurriendo. Se habló de rituales satánicos, de tráfico de órganos, de fiestas de narcos servidas con carne humana desechable, de la supuesta producción de películas snuff, de un machismo inveterado y exacerbado. Desde 1998 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer han emitido varias condenas contra el Estado mexicano por su tolerancia ante los feminicidios, por la indolencia y el desaseo de las investigaciones, por abdicar a su responsabilidad de garantizar la seguridad de las mujeres y por discriminación de género. Sobre los asesinatos se han producido decenas de documentales, se han montado performances y obras de teatro, se han escrito docenas de libros.
Y nada. El fenómeno no sólo no se ha frenado, sino que se ha extendido a otras ciudades y a otros estados. En el tiempo transcurrido han sido asesinadas madres y familiares de las primeras víctimas, así como activistas que denunciaban los feminicidios. Ayer, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer encontró al país sumido en un pantano de impunidad generalizada –del que buena parte corresponde a los feminicidios sin resolver– y en una inseguridad persistente –a pesar de la sordina decretada por el peñato–, en la que las mujeres resultan especialmente vulnerables. La máxima expresión de la violencia contra las mujeres es el asesinato y cada día 6.4 mujeres son víctimas de este delito en el país; más de 30 mil asesinadas desde 1993 (Violencia feminicida en México, 2012), y en no pocas de esas muertes el género de las víctimas desempeñó un papel central.
Pero el machismo y la misoginia son muy anteriores a la actual epidemia de feminicidios y no pueden, en consecuencia, explicarla por sí mismos, como no lo explican, en forma aislada, laguerra de Calderón, el auge del narco, el tráfico de órganos, los rituales satánicos o los asesinos seriales más o menos fabricados. La clave está más bien en otra parte: en el dato de que se hizo justicia sólo en 3 por ciento de los casos de mujeres asesinadas.
Formulado de otra manera: ¿por qué hay tantos feminicidios en México? Pues porque, independientemente de la motivación inmediata del verdugo –macho celoso, criminal en busca de entretenimiento perverso, explotador sexual–, es posible cometerlos con 97 por ciento de probabilidades de impunidad. Si dejas de pagarle 100 pesos a un banco seguramente acabarás embargado o en la cárcel. Pero si matas a una mujer lo más probable es que no te pase nada.
Hace más de dos décadas el fenómeno se disparó en la inminencia de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio y en el escenario preciso de los explotaderos fronterizos de la maquila, un entorno social caracterizado por la extrema indefensión de las mujeres: muchas de ellas, migrantes internas, madres solteras, trabajadoras sin sindicato. Fue la primera consecuencia del proceso de devaluación de la población que implicaba la inserción neoliberal de México en la economía globalizada: había que abaratar a la gente porque era, junto con el petróleo y las drogas, la principal mercancía de exportación; había que ser competitivos en los mercados internacionales. Y en términos de salario, de derechos, de relevancia social, las mujeres eran el sector más barato de la población y uno de los más devaluados en razón de una cultura ancestralmente misógina. En realidad, los feminicidios de Ciudad Juárez prefiguraron y anunciaron lo que vendría después: la pérdida generalizada de valor de la vida humana.
jueves, 28 de noviembre de 2013
La protesta estudiantil contra el fraude electoral
Honduras: Universitarios protestan contra fraude electoral
Por Ronnie Huete S. *
Periodista
Fotografía: Ronnie Huete S.
Los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) protestaron hoy, frente a la UNAH en contra de los resultados que emitió el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Uno de los voceros de los estudiantes que participaron en esta manifestación denunció que estuvo como custodio en un centro de votación, y señaló que las credenciales de los miembros de las mesas electorales, fueron compradas por miembros del Partido Nacional.
Alan Alvarenga es uno de los estudiantes que protestó en la UNAH, y mencionó que los universitarios están exigiendo un conteo transparente de las actas y las urnas que fueron escrutadas.
El estudiante, Percy Garcia de la carrera de Pedagogía de la UNAH
fue herido por los entes represores del Estado de Honduras.
En horas del mediodía los estudiantes comenzaron la protesta pacífica, sin embargo se hizo presente un contingente de antimotines, Policía Preventiva y Policía Militar, quienes comenzaron a reprimir a los estudiantes universitarios que protestaban pacíficamente.
Con gas lacrimógeno fabricado en Estados Unidos, los entes militares contaminaron toda la zona universitaria, poniendo en peligro la salud de los universitarios que fueron afectados con el gas lacrimógeno.
Debido a esta represión se reportó herido el estudiante de Pedagogía Percy García, quien recibió un impacto de bala del gas lacrimógeno, lo que le ocasionó una fractura en su pierna derecha, sin embargo un grupo de universitarios, rápidamente le dio la atención adecuada. Igualmente fueron detenidos por la Policía Preventiva alrededor de 20 estudiantes universitarios, que aun se desconoce su paradero.
La manifestación masiva en los predios de la máxima casa de estudios, junto con la represión de los elementos policiales y militares duro cuatro horas, por lo que las instalaciones de la UNAH, quedaron totalmente contaminadas como producto del gas lacrimógeno que lanzaron irracionalmente los entes militares y policiales.
La masa estudiantil afirmó que estaban insatisfechos con el proceso electoral, catalogando esta actividad electoral como un fraude masivo coordinado por el candidato oficialista Juan Orlando Hernández, catalogado como una persona indeseable por los universitarios.
Los estudiantes pertenecían a los partidos políticos del Partido Anticorrupción y Libertad y Refundación LibRe, y en una masiva asamblea aseguraron que seguirán protestando pacíficamente, hasta revertir el fraude del partido Nacional.
Honduras es una nación centroamericana que vive una dictadura desde hace cuatro años, después del golpe de Estado de 2009, y cuya herencia dictatorial a recaído en el actual gobierno de Porfirio Lobo Sosa, del Partido Nacional.
Bombas lacrimógenas que reprimieron a los universitarios.
* Corresponsal voluntario de la revista Caros Amigos editada en São Paulo (Brasil) para Centroamérica, de la agencia informativa Latinoamericana Prensa Latina, Kaos en la red, del portal http://desacato.info , editado en Florianópolis (Brasil) y de hondudiario.com. Cualquier atentado o amenaza para el autor de este artículo es responsabilidad de quienes representan el Estado de Honduras y sus órganos paramilitares.
Policía antimotines reprime a estudiantes y periodistas en la UNAH
Secciones:
En medio de gases lacrimógenos la periodista Bessy Marín de Radio Globo, transmitió, el angustioso relato del desalojo de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), que protestaban en contra del “fraude electoral oficialista del Tribunal Supremo Electoral”.
Según el reporte de la periodista a eso de las 2:20 de la tarde del martes 26 de noviembre, contingentes de Policías y Militares, reprimieron a estudiantes que permanecían en un plantón pacifico en protesta a los resultados preliminares de las elecciones generales del pasado 24 de noviembre que dan como ganador al oficialista Juan Orlando Hernández.
Marín narró que: “los estudiantes junto a diversos medios de comunicación que daban cobertura a la actividad sufrieron los efectos de las bombas de gas lacrimógeno lanzadas por los agentes encargados de brindar protección y seguridad a la ciudadanía.
Por otra parte el periodista Rony Huete, se comunicó con el equipo de Alertas del Comité por la Libre Expresión (C-Libre), para denunciar la detención de al menos cinco estudiantes universitarios, a quienes subieron en una patrulla con rumbo desconocido.
“Hay para-militares, contingentes de antimotines y encapuchados que están literalmente cazando estudiantes y para ello han utilizado de forma exagerada gas lacrimógeno y han lanzado agua con pimienta para reducir a la impotencia a los estudiantes”, relató Huete.
El periodista agregó que los uniformados también hicieron uso de la fuerza extrema en contra de estudiantes, “toletearon hasta el cansancio a jóvenes, uno de ellos, un estudiante de pedagogía, resultó con una quebradura de pierna producto de una paliza de un anti motín, al joven se lo llevaron como pudieron al Hospital Escuela”.
Imágenes difundidas a atreves de medios de comunicación digital, revelan agresiones a periodistas, reporteros y camarógrafos, por parte de los uniformados, entre los que resalta el ataque al foto-reportero Mario Fajardo de Diario La Tribuna.
Fuente: Comité por la Libre Expresión (C-Libre).
Estudiantes de la UNAH protestan por resultados de elecciones en Honduras
Cientos de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) protestaron este martes en las instalaciones de dicho centro estudiantil porque a su criterio lo que se dio el domingo "no revela la voluntad popular del pueblo, sino un claro fraude que favorece al candidato oficialista”.
Los jóvenes se movilizaron desde el boulevard Suyapa de la capital Tegucigalpa e iban por cada aula gritando consignas en contra de los resultados arrojados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) e invitando a los demás a integrarse a la protesta.
Algunas de las pancartas de los universitarios rezaban mensajes de “¡Mi dignidad no vale un fogón!, ¡JOH no sos mi presidente!”.
Entre los manifestantes también se encontraban simpatizantes del Partido Libertad y Refundación (LibRe), corriente política que no acepta los resultados del TSE, por desconfiar de éstos y alega un fraude electoral.
De la misma manera el presidenciable por el Partido Anticorrupción (PAC), Salvador Nasralla, no acepta los resultados emitidos por el Tribunal y pidió un conteo acta por acta. Incluso Nasralla, se declaró la mañana de este martes en un programa televisivo, como el presidente de Honduras.
De la misma forma estudiantes de la UNAH-VS convocaron a los estudiantes de este centro a protestar en contra de los resultados de los comicios.
Del golpe de estado al golpe en las urnas
Rebelión
Por Katu Arkonada *
Lo que hemos vivido los últimos días en Honduras merece un análisis mucho más profundo, pero a modo de reflexión preliminar y síntesis, podemos decir que la voluntad mayoritaria de refundar el país manifestada por el pueblo hondureño ha sido cercenada por las élites políticas y económicas. Todo ello además sufriendo un nivel de injerencia por parte de la Embajada de Estados Unidos nunca visto antes.
En estos momentos podemos hablar de una situación no resuelta en Honduras donde el Tribunal Supremo Electoral tiene 30 días para dar resultados definitivos y son ya 3 los candidatos que se han declarado ganadores de las elecciones. La diferencia entre Juan Orlando Hernández y Xiomara Castro, candidata de LibRe, que comenzó siendo de 7 puntos a favor del Partido Nacional, ha bajado en estos momentos a 5 puntos mientras el recuento continua, y todo parece indicar que se va a dar un empate con una diferencia todavía no se sabe a favor de quien, de en torno a 1 punto de diferencia. La situación y el escenario que se vislumbra son de incertidumbre y no se descarta incluso la posibilidad de repetición de las elecciones.
Mientras tanto, en un Estado fallido como Honduras donde la institucionalidad es prácticamente inexistente, los representantes políticos de los grupos económicos y los representantes económicos de los grupos políticos, continúan negociando votos y diputaciones y se han acercado a candidatos de LibRe para sugerir que si quieren que se confirme su elección debe abonar una cantidad de dinero o comprometerse a ciertos favores futuros.
Genealogía de un fraude
En las calles hondureñas no se tiene ninguna duda de que LibRe ganó las elecciones y ha sido víctima de un fraude cometido mediante una estrategia perfectamente organizada y diseñada por JJ Rendón y la Embajada de Estados Unidos. Si en algún momento llegamos a creer en la victoria de LibRe, este golpe de estado electoral dado el domingo y televisado en directo nos devuelve a la realidad y demuestra que a veces la izquierda peca de inocencia y la derecha está perfectamente articulada tanto a nivel de medios como en el plano internacional.
Son varios niveles de este fraude en el que el menos importante es la compra de votos en zonas populares y regiones más pobres mediante la entrega de bolsas con comida por parte de delegados del Partido Nacional el mismo día de las elecciones. Pero hay dos niveles en los que es preciso detenerse. Por un lado uno más central y nuclear como es el propio Tribunal Supremo Electoral, cuyo presidente David Matamoros es militante y ex diputado del Partido Nacional. El Tribunal Supremo Electoral comenzó la noche del recuento publicando actas de zonas donde ganaba los cachurecos, como popularmente se conoce al PN, mientras al mismo tiempo mandaba a auditoria en torno a un 20% de las actas (que representan 400 mil votos) de territorios como el departamento de Santa Bárbara donde el voto mayoritario es para LibRe. En el equipo de coordinación electoral del partido Libertad y Refundación se tiene la certeza de que en torno al 75% de las actas auditadas son ganadas por Xiomara. Todo lo anterior se realiza con el objetivo de crear la sensación de que el Partido Nacional estaba ganando las elecciones, sembrando descontento y desconfianza, e incitando a muchos fiscales de LibRe a abandonar las mesas electorales después del recuento de los candidatos presidenciales, dejando vía libre para la manipulación de datos en el recuento de diputados y alcaldes.
El otro nivel es precisamente el territorial, en el que desde lo local se ha cometido fraude nacional. Los candidatos presidenciales eran 8 de 9 partidos diferentes y cada partido tenía 2 credenciales para sus representantes cada una de las mesas electorales (16 mil en todo el país). Sin embargo, en centenares de mesas como hemos podido comprobar personalmente en las actas escaneadas enviadas al TSE, el voto a 4 de estos candidatos era de 0 votos. Esto significa que ni siquiera los representantes de estos partidos en cada municipio han votado por su candidato, vendiendo sus credenciales al Partido Nacional. Los candidatos de estos 4 partidos, Democracia Cristiana, Alianza Patriótica del golpista Romeo Vásquez Velásquez, Unificación Democrática y PINU, ni siquiera alcanzan entre los 4 el 1% de los votos escrutados hasta el momento. Queda claro que se han presentado a las elecciones para hacer un negocio con las credenciales electorales otorgadas por el TSE.
Todo esta estrategia de fraude vino acompañada el domingo por una, hay que reconocer perfecta, estrategia mediática en la que el clímax fue la llamada de felicitación del Presidente de Colombia Juan Manuel Santos en mitad del discurso del candidato del Partido Nacional. Asimismo el actual presidente de Honduras Porfirio Lobo también ha reconocido como vencedor al candidato de su mismo partido cuando aún falta 1 millón de votos por escrutar y la diferencia a pesar del fraude es de tan solo 100 mil votos.
Una mirada hacia delante
La posibilidad de 8 años continuados de gobierno del Partido Nacional aterra de solo pensarla, pero es más real que nunca. El pueblo hondureño ha hecho un esfuerzo inmenso, logrando construir una herramienta para la transformación y refundación de Honduras llamada LibRe y el primer objetivo en estos momentos debe ser defender la victoria de la candidata Xiomara Castro voto por voto, pero quizás hay que empezar a plantearse que en un escenario en el que el Partido Liberal (20% de los votos) no se ha hundido a pesar del golpe de Estado, y el Partido Nacional tiene mucha fuerza a pesar del fraude cometido, la izquierda necesita recorrer aun el camino hasta la madurez política que le permita ganar las elecciones con un proyecto identificado con los sectores populares que pase por encima de cualquier tipo de fraude e injerencia. También en algún momento es necesario analizar el papel del Partido Anti Corrupción, que se ha convertido en la tercera fuerza de Honduras habiendo sido en un primer momento menospreciado por todos los partidos, incluido LibRe. El PAC ha canalizado mejor que la izquierda el voto antisistema, con un discurso populista y de derecha, pero que ha calado en varios sectores, especialmente entre la juventud.
El objetivo más allá de la defensa del voto para la candidatura de Xiomara, debe ser asegurar un buen porcentaje de alcaldes y diputados de LibRe, así como mantener la cohesión de un partido frágil ideológicamente, en el que la izquierda, los movimientos sociales y sectores provenientes del liberalismo se han unido con el objetivo de romper el tradicional bipartidismo.
Es el momento de comenzar a pensar en (re)construir el partido, fortalecerlo política, ideológica y organizativamente para convertirlo de una vez por todas en el proyecto político de todo un pueblo, de toda una nación, de una Honduras libre y soberana.
* Katu Arkonada se encuentra en Honduras como observador electoral y acompañante internacional de LibRe.
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