lunes, 5 de julio de 2021

La CCC celebró cuatro años de accionar, recordando al periodista Manuel Gamero


Defensores en Línea

Por Riccy Ponce 

La Convergencia Contra el Continuismo (CCC) cumplió el martes 29 de junio cuatro años de existencia y de lucha contra el continuismo en el país.

La CCC nace el 29 de julio de 2017, como una instancia que convoca a diversas iniciativas articuladoras de la ciudadanía y sociedad civil hondureña: organizaciones, personalidades, sectores sociales, populares, sindicales y estudiantiles para hacerle frente a los diversos problemas políticos, económicos y sociales que aquejan a Honduras, procurando encaminar el país hacia una sociedad libre y refundada, y con una democracia participativa e influyente.

A cuatro años de existencia, la CCC recuerda a uno de los principales propulsores como lo es el periodista Manuel Gamero, quien murió un años después.

Gamero entabló conversaciones con Carlos H. Reyes, Berta Oliva, Ismael Moreno (Padre Melo), María Elena Méndez, Mario Membreño, quien a su vez juntaron a Normanda Martínez y Edwin Hernández, quienes pasaron a ser parte de la conformación de la Convergencia contra el Continuismo para luchar contra la irregular reelección del presidente Juan Orlando Hernández.

Para Berta Oliva, coordinadora general del Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras (Cofadeh), la Convergencia tal como se lo propusieron al inicio han ido cumpliendo su objetivo, y además recordó que surge en momentos históricos de la vida del país.

Señaló que no hay que olvidad que quien los convocó para crear la Convergencia fue el periodista Manuel Gamero, quien hizo visitas bilaterales en la oficina, “tuvimos como dos reuniones, luego me planteo la preocupación, la inquietud y la necesidad de hacer algo”.

Señaló “que Gamero llamó y se reunió con Carlos H Reyes, se reunió con el padre Ismael Moreno, y así platicamos y luego dijimos sí, creo que hay que darle vida a lo que nos propusimos, acordamos darle vida a lo que estábamos haciendo, nunca nos imaginamos que iba a durar tanto tiempo”.

La coordinadora del Cofadeh manifestó que después hablaron con María Elena Méndez,  Mario Membreño, con la profesora Normanda Martínez y Edwin Hernández, en representación del Colegio de Pedagogos de Honduras. También lo hicieron con otros colegios magisteriales, como el COPEMH, para ir viendo cómo se articulaban.

“Justo por esos momentos es que vimos la necesidad de un espacio como este, un espacio articulador, un espacio donde deberíamos de rescatar lo perdido, como era un espacio social, que tuviera las inquietudes de los diferentes movimientos sociales, y, además, que su objetivo central era luchar contra la reelección ilegal, luchar contra la dictadura, y además el continuismo del modelo neoliberal”.

Para nosotros la CCC surge con esas vertientes, la lucha contra el continuismo del modelo neoliberal y la lucha contra el continuismo del régimen dictatorial que había sido electo ilegal, irregular y en medio de un golpe de estado, eso es lo que ha caracterizado el accionar de la Convergencia Contra el Continuismo, agregó.

Además, señaló que hoy se puede decir que estos cuatro años han sido de vivencias, de aportes, de debates, de análisis de coadyuvar acciones entre organizaciones territoriales y la Convergencia, y luego entre las organizaciones o espacios como la Plataforma de Salud y Educación.

La histórica defensora de derechos humanos agregó que desde la Convergencia se propusieron ver la situación de la gente que se manifestaba en las calles, cómo la dictadura los estaba criminalizando, eso fue un motivo de preocupación, de acción y de reacción de la Convergencia.

“Mi aporte dentro de la Convergencia es la lucha por el respeto de los derechos humanos; como el tema de los derechos humanos estaba siendo vulnerado a través de la represión en las manifestaciones públicas, en la criminalización de los manifestantes, que se convertían en exiliados políticos o en presos políticos.

Señalo que al ver esta situación y en su accionar por el que surgió la CCC, vio claro el mandato, que era crear un espacio que hoy es conocido como el Comité por la Liberación de los Presos Políticos a nivel nacional.

Oliva señaló además que a la primera reunión para dar vida al Comité se realizó en el Hogar Contra El Olvido, ubicado en Santa Ana, Francisco Morazán, donde participaron nueve organizaciones convocadas por el COFADEH, en representación de la Convergencia: el STIBYS, SITRAPANI, el COLPEDAGOGOSH, COPEMH, COPRUMH, Casa Alianza y representantes de la Iglesia Ágape.

“En la CCC hemos tenido varios logros, entre ellos el comité que es un espacio que se mantiene. El hecho que tengamos el mayor de los reconocimientos como espacio articulador y como un espacio de respeto social, me parece que, si es bueno, se probó en la convocatoria reciente de la asamblea que tuvimos el 26 de junio en Siguatepeque. Y lo otro es que lograr incidir y colocar con documentos en contra la nefasta determinación de reconocer y de admitir la participación de una reelección ante el Tribunal Supremo Electoral, es un acto de dignidad y un acto que lo elevamos ante la comunidad nacional e internacional, dijo a defensoresenlinea.com.

Agregó que “otro acto es las movilizaciones que hemos hecho y que han tenido peso. La primera fue el 7 de noviembre del año 2017 cuando presentamos el recurso ante el Tribunal Supremo Electoral para que no se le diera cabida al zarpazo más grotesco en temas de permitir allí que violara la Constitución de la República”.

La coordinadora general del COFADEH finalizó diciendo que Manuel Gamero donde quiera que este ha de estar satisfecho, porque sabe que su iniciativa no se dejó caer, que está allí.

“Estos cuatro años de convergencia se los dedicamos a él, a su memoria, a su inquietud, a su amor por la patria, porque el sufría, porque decía que, si no lo hacíamos ahora, avendrían cosas peores para el país, que temíamos que rescatarlo desde los espacios sociales, desde la articulación”.

La CCC a lo largo de estos cuatro años ha realizado acciones contra el continuismo, ha visitado distintos departamentos de Honduras para articular acciones conjuntas de lucha a nivel nacional, y ha venido realizando nutridas movilizaciones y ha anunciado que el próximo 30 de agosto, que además es el Día Nacional del Detenido Desaparecido, se realizará una movilización nacional.


Refractarias: Cuando el feminismo pacifista intentó parar la Guerra Civil


Público.es

Por Eduardo Bayona

Una liga adscrita a la Internacional de Resistentes a la Guerra, con la médica zaragozana Amparo Poch al frente, difundió con un éxito insuficiente en 1936 los principios antibelicistas que comenzaban a arraigar en amplias capas de la sociedad española.

«¿Qué debemos hacer las mujeres en este nuevo trance? (…) No mantengáis una pasividad inexplicable e inexcusable. ¿Dónde estáis? No hacen falta gritos, sino pasar delante. Llevar la luz y hundir todo lo que pueda despertar el odio. No aprendáis el gesto militar, mujeres. Hay que apresurarse, hay que apresurarse y acabar con todo eso«, defendía en 1935, con la tensión prebélica disparada, Amparo Poch, la médico y activista zaragozana que unos meses más tarde sería la primera presidenta de la Liga Española de Refractarios a la Guerra, una entidad afiliada de la Internacional Resistencia a la Guerra (IRG, WIF por sus siglas en inglés) que se empleó, sin éxito, en intentar evitar una guerra civil y que supone uno de los primeros ejemplos de organización del pacifismo y el antimilitarismo en España.

Sus integrantes, conocidos como «los refractarios», aunque era más común utilizar «las refractarias» por la amplia presencia de mujeres en la organización y su relación con el incipiente movimiento feminista, protagonizaron en los años 30 el poco conocido primer brote del antimilitarismo organizado en España, que reaparecería en los años 80 con el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia) y con los insumisos para languidecer a partir de la abolición de la mili y de su prestación sustitutoria con el cambio de siglo.

El pacifismo había comenzado a arraigar en España con la Segunda República, el artículo sexto de cuya Constitución recogía una esperanzadora «renuncia a la guerra como instrumento de política nacional» y durante la que, según explica el historiador Xavier Aguirre en En legítima desobediencia, surgió un movimiento antimilitarista al confluir «los ecos pacifistas que siguieron a la Primera Guerra Mundial en general y la Internacional de Resistentes a la Guerra como su expresión organizada en particular» con «la tradición autóctona de oposición al Ejército, tanto en formas espontáneas de evasión de quintas, como en su vertiente obrera organizada (oposición a las campañas de Marruecos, huelga general de Barcelona de 1909, círculos anarquistas, etc.)».

En esa ambiente funda José Brocca en 1932 la Orden del Olivo, la cual, dentro de la IRG y bajo la idea de que «la guerra es un crimen contra la humanidad», contaba dos años después con varios cientos de activistas que lograron que algunas organizaciones sindicales y sociales llegaran a reclamar la abolición del servicio militar obligatorio.

Una organización pacifista nacida en vísperas de una guerra

En la primavera de 1936, y como afiliada a la IRG, nacía la Liga Española de Refractarios a la Guerra, con Amparo Poch como presidenta y, entre otros, José Brocca como vocal. Para entonces, el país respiraba una «atmósfera tormentosa» y prebélica, explica la historiadora Fernanda Romeu en El Viejo Topo.

Era «una etapa de inestabilidad que los antimilitaristas españoles contemplarán con verdadero desaliento», anota Aguirre, ya que «con el país al borde de la guerra, se advierte que las peores consecuencias pueden surgir de una situación en la que por todas partes hay una explosión de odio y de amenazas».

Antes de eso, el pacifismo había vivido momentos convulsos, como el distanciamiento del Gobierno republicano por el uso de medios violentos contra la revuelta obrera de Casas Viejas (Cádiz) en 1933, y otros de avance, como la negativa de un piloto de Correos a participar en los bombardeos aéreos de las posiciones obreras asturianas en 1934, relata Aguirre, o la de un centenar de jóvenes catalanes a incorporarse al servicio militar al año siguiente en medio de una campaña de apoyo pacifista.

La Liga Española de Refractarios a la Guerra, en cuyos inicios «no representa más que un grupo de convencidos entusiastas», apunta Aguirre, puso en marcha «una intensa campaña de propaganda por los principios y tácticas de la resistencia a la guerra» que tuvo una buena acogida en los ambientes libertarios, también en la CNT, el principal sindicato de la época. Sin embargo, la sublevación militar frenó en seco esa labor.

De hecho, el «grandioso mitin internacional» antibelicista convocado en Barcelona para la tarde del 18 de julio de 1936, en el que iban a participar, además de Poch, representantes de la IRG y del Bureau Internacional Antimilitarista y de varias organizaciones anarquistas, «no pudo celebrarse porque se declaró la sublevación militar fascista «, reseña el historiador.

Los antimilitaristas optan por las labores humanitarias

En ese nuevo escenario, los antimilitaristas optan por desarrollar en la zona republicana acciones humanitarias como mantener escuelas, distribuir comida y ropa o promover el cultivo de la tierra, mientras el movimiento era literalmente barrido en la zona sublevada.

La sección española de la IRG también activó sus contactos internacionales, algo que permitió a Amparo Poch organizar la salida de 500 niños refugiadoshacia México, donde serían acogidos por pacifistas locales.

Paralelamente, la organización habilitaba un fondo «para recabar información sobre familiares y amigos a los que el estallido de la guerra les sorprende en el lado franquista, facilitar intercambio de prisioneros y apoyar la creación de un hogar para los niños refugiados en la localidad catalano-francesa de Prats de Molló», relata Romeu, que anota cómo esos fondos también permitieron a Brocca comprar en 1937 en Holanda 19.200 latas de leche condensada.

Tres años después, en la primavera de 1939, el movimiento refractario a la guerra quedó disuelto de facto con el éxodo de sus miembros a distintos países, principalmente latinoamericanos como México, Colombia, Cuba y Paraguay, donde serían acogidos por miembros de la IRG.

Los estrechos vínculos del feminismo y el pacifismo

La participación destacada de mujeres como Amparo Poch en los movimientos pacifista y feminista, como ocurriría en otros países europeos con Simone Weil (Francia), Vera Brittain (Reino Unido) o Lini de Vries (EEUU) no es casual, sino que responde a la estrecha vinculación entre ambos, que a su vez llevan más de un siglo conectados con el obrerismo.

De hecho, la oposición al servicio militar, a las levas para participar en guerras y a estas en general, que habían comenzado a arraigar en el movimiento obrero europeo en vísperas de la Primera Guerra Mundial y que se implantaron con fuerza en el periodo de entreguerras, se habían situado como uno de los ejes de actuación del feminismo desde el Congreso de Mujeres de La Haya, que reunió al sufraguismo en 1915.

Y España no era para nada ajena a ese escenario: un país enfrascado en varias guerras coloniales en el tránsito del siglo XIX al XX, cuando los destinos militares a los territorios en conflicto podían eludirse con dinero y cuyos ejércitos se nutrían fundamentalmente de jóvenes procedentes de familias que carecían de él, una situación que generó revueltas y episodios como la Semana Trágica, desatada en 1909 en Barcelona por el Gobierno de Antonio Maura al ordenar una brutal represión ante el rechazo social a enviar a Marruecos tropas reservistas que, en realidad, eran padres de familia en su inmensa mayoría.

«En los años 20, tres organizaciones internacionales, dos mixtas y una de mujeres, ya aúnan los valores del feminismo y el pacifismo», explica Sandra Blasco, historiadora de la Universidad de Zaragoza. Se refiere a la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF, en inglés), al Comité contra la Guerra y el Fascismo y a la IRG, en el último de los cuales «Poch desarrolló su idea de la paz y de la cultura de la paz: rechazaba de plano cualquier guerra y consideraba que, por muy loables que pudieran ser los principios o los fines que se defienden, el uso de medio violentos los desvirtúa».

«Muchas mujeres le dieron la vuelta a los valores asociados a su género, como los cuidados y la atención, para armar un discurso contra la guerra, al que se añadirían otros componentes sobre la igualdad en las fábricas o la enseñanza, y para asociarse», añade Blasco.

La estereotipada imagen de la miliciana

«Si pensamos en las precursoras de ese pacifismo hay que ir a las librepensadoras» como Clara Campoamor, Carmen de Burgos, Ángeles de Ayala o Belén de Sárraga, que se vio obligada a exiliarse tras oponerse a una leva, anota Carmen Magallón, catedrática de Física en la Universidad de Zaragoza y expresidenta del Seminario de Investigaciones para la Paz y de WIPLF España.

«Se levantaron contra las guerras coloniales y el reclutamiento de sus hijos», señala, al tiempo que destaca dos hitos del feminismo: la entrega de seis millones de firmas en la Conferencia Pro-Desarme que la Sociedad de Nacional celebró en Ginebra en 1932 y la propuesta, en el congreso de La Haya de 1915, de «un foro internacional de resolución de conflictos, que no existía. Por eso se les señala como las precursoras de la ONU». «Todas las organizaciones de mujeres tenían entre sus objetivos pelear contra una guerra que se veía venir», añade.

La imagen de la mujer pacifista, en cualquier caso, choca con la idealizada figura de la miliciana. «La imagen de la mujer en la guerra civil está muy estereotipada», indica Blasco, que pone como ejemplos de la fuerte implantación del feminismo en el periodo de entreguerras las multitudinarias manifestaciones del 8M de 1936 y la del año siguiente en Barcelona.

En ese contexto, explica Romeu, en sus textos Poch «se dirige a las mujeres, porque está convencida de la fuerza que ellas pueden tener para detener esta trágica guerra, y por otro lado rompe con el arquetipo de la mujer combatiente, la miliciana, que con gran proliferación se representaba en los carteles de la época, como si fuera el símbolo dominante de las mujeres republicanas».


Sobre “de-colonizar”: Una nota crítica


Alainet

Por Luis Armando González 

Las expresiones envolventes son tramposas. Y la palabra “colonialidad” es una de ellas. Invita a un combate ineficaz contra algo etéreo, que está en todas y en ninguna parte.

Algunos amigos me han hecho ver que cuando escucho la palabra “de-colonizar” (y su hermana: “de-colonización”) hago un gesto de desagrado que pareciera salirme de los intestinos. Según me dicen –aunque no me lo creo mucho— no es una reacción común en mí, y que por eso les llama la atención. Pensando en el asunto, me he dado cuenta de que no es sólo la palabra –aunque también—, sino la visión histórica y cultural subyacente a la misma lo que provoca esa fea reacción que los demás perciben. En suma, al meditar sobre el tema caigo en la cuenta que hace parte de un listado de cosas que, espontáneamente, rechazo y no de la manera más amable: conductores que violan las leyes de tránsito o miran la pantalla del celular mientras manejan; personas que, en reuniones familiares (por ejemplo, en un restaurante), usan febrilmente el celular como si no existiera nadie a su alrededor; y personas que creen tener las credenciales para decir a los demás –en Facebook, por ejemplo— qué hacer y cómo hacerlo. A esta lista pertenece la palabra “de-colonizar”, pero –como ya dije—no sólo es la palabra.

Sé que es una expresión que goza de prestigio en algunos ambientes académicos y universitarios. Sé que es una especie de seña de identidad de algunas figuras intelectuales (y de sus grupos de seguidores) que dicen situarse –y son vistos por muchos— del lado de la resistencia a la opresión y a la dominación, en este caso, colonial o colonizadora. O sea, se trataría de una seña de identidad rebelde. De tal suerte que ser un “no” “de-colonizador” vendría a significar justo lo opuesto: ser un colonizador o un colonizado. Suena tentador, la verdad; pero –como se verá— ser un “de-colonizador” está lleno de trampas.

Antes de comentar por qué me parece así, apunto algo sobre lo molesto que es para mí la palabra de marras: no puedo evitar asociarla con expresiones con connotaciones destructivas como “decapitar”, “degollar”, “denigrar” y “demoler”. Entiendo –aunque a lo mejor me equivoco— que “de-colonizar” tiene un sentido destructivo, pero también creativo, en sintonía con las modas “deconstructivistas” con las que coexiste la “de-colonización”. Como anota la Real Academia, de-construir es “deshacer analíticamente algo para darle una nueva estructura”.  O sea, estructurar de nuevo un relato o un texto

¿Y “de-colonizar”? Dejando de lado el espinoso asunto de creer que la realidad social es como un texto que puede ser reescrito, el “deshacer” del “de” de-colonizador es lo colonial, pero no en el sentido de descolonización (o descolonizador) –que se enfocaba, con toda justicia, en el desmontaje del poder político colonial ahí donde este se había instalado— sino de algo de alcances mayores. Y es que los alcances del “deshacer” de-colonizador apuntan, entre otros ámbitos, hacia la cultura y el conocimiento, que se entienden como inseparables del poder. De ahí, por ejemplo, el título de uno de los muchos trabajos que circulan en Internet sobre el tema; y es este de Claudia Jaramillo: Decolonizar el ser, el saber y el poder de la universidad latinoamericana[1]. Ni más ni menos.

Para la autora, el ser, el saber y el poder de la universidad latinoamericana están colonizados, lo cual tiene como base una “colonialidad” histórica: “en América –dice— no sólo se intervino al otro desde la colonización como estructura de dominación, sino que se mantuvo este esquema a través de la colonialidad, es decir, esta última no terminó con la independencia, por el contrario prevaleció en los sujetos a través del discurso, las prácticas y las formas de comprenderse a sí mismos en la relación con los demás, en la división del trabajo, el conocimiento, la producción, la autoridad y el control de la subjetividad”. Y cita a continuación a Maldonado-Torres[2], según el cual “la colonialidad del poder alude a la interrelación entre formas modernas de explotación y dominación, y la colonialidad del saber tiene que ver con el rol de la epistemología y las tareas generales de la producción del conocimiento en la reproducción de regímenes de pensamiento coloniales, la colonialidad del ser se refiere entonces, a la experiencia vivida de la colonización y su impacto en el lenguaje”[3]. Remata sus ideas con lo siguiente:

“La colonialidad del poder produce unas relaciones de dependencia histórica estructural en la que los colonizados ‘carentes de historicidad’ se inscriben en la historia lineal del colonizador entendida como trayectoria, que va desde lo primitivo hasta lo civilizado, ubicando en este punto a Europa. De igual forma instituye la racionalidad/modernidad como única forma de conocimiento, al margen de la cual no se produce ni reconoce ningún saber y esto se consolida a través de un patrón cognitivo que impone niveles de aprendizaje de la cultura del colonizador, esto es, ofrece a los sometidos la oportunidad de participar del poder dándoles acceso a un saber, que va a contribuir con el mantenimiento de la estructura jerárquica de exclusión; tal como sucedió con los procesos de independencia en los que se inventa la latinidad como una manera de diferenciación de aquellos criollos que, asumiéndose como sometidos, ejercen el sometimiento de los que no están en condiciones de acceder a sus privilegios. La colonialidad del ser se produce cuando se han colonizado los imaginarios y las formas de entender el sujeto, el tiempo y el espacio en correspondencia con la idea de la modernidad europea, también cuando se ha colonizado el pensamiento a través de la lengua y de las maneras de concebir unilateralmente el conocimiento, lo que se tradujo en América en la creación de mecanismos de control que legitimaran identidades por medio de instituciones, discursos y legislaciones que permitieran cohesionar y hacer gobernables los territorios y las personas”.

O sea que –como se desprende de ese texto y de otros del mismo tenor que circulan por doquier— la “colonialidad” lo envuelve todo (el ser, el saber y el poder). No es ni colonia ni colonialismo ni colonización (que, en América Latina, para el caso, se pueden identificar y caracterizar con bastante precisión histórica): la “colonialidad” excede a la dominación española o portuguesa, pues involucra a Europa y su herencia cultural, simbólica, científica y tecnológica irradiada por el mundo, y a través de lo cual se impone “la racionalidad/modernidad como única forma de conocimiento, al margen de la cual no se produce ni reconoce ningún saber y esto se consolida a través de un patrón cognitivo que impone niveles de aprendizaje de la cultura del colonizador”. Con esta “cultura del colonizador” se impone la colonialidad del ser: “la colonialidad del ser se produce cuando se han colonizado los imaginarios y las formas de entender el sujeto, el tiempo y el espacio en correspondencia con la idea de la modernidad europea, también cuando se ha colonizado el pensamiento a través de la lengua y de las maneras de concebir unilateralmente el conocimiento”. En resumidas cuentas, la colonialidad a la que suelen referirse los de-colonizadores es la impuesta por la modernidad europea.

¿Debilidades en esta forma de argumentar? Muchas, y algunas no requieren, para ser identificadas, más que una somera reflexión. Para comenzar se tiene la palabra “colonialidad” que se usa como un paraguas enorme en lo que cabe un todo, igualmente enorme, pero diverso y variado, como lo es la modernidad europea, inconcebible, por cierto, sin las tradiciones hebreo-semítica y cristiana de las que se nutre. Ahora bien, la palabra “colonialidad” prácticamente lo abarca todo lo que sea dable concebir como influido por la “cultura del colonizador”; y claro está que dado ese carácter envolvente surge la inquietud acerca de si quienes están en contra de esa colonialidad –es decir, los “de-colonizadores”— no están ellos mismos atrapados en esa cultura.

Es presumible –altamente presumible— que sí, y no sólo en cosas menores, como los guiones en los apellidos, sino en asuntos de mayor calado como la lengua, la lógica, el razonamiento y las formas de argumentar, las estrategias de publicación, la competencia en las ideas, el individualismo, la responsabilidad pública y los mecanismos para divulgar-promover sus planteamientos (revistas, libros, editoriales, etc.). No hay que hurgar con demasiado rigor para caer en la cuenta de que, por esos y otros motivos, bastantes “de-colonizadores” se mueven en los marcos de la colonialidad. Les sucede como a un filósofo que escribió un libro con varios cientos de páginas en el que explicaba que había algo previo a las palabras –al logos— y más radical que ellas para fundamentar el proceso de conocimiento. Usaba palabras, y muchas, en su argumentación, con lo cual mostraba que no sólo que estaba atrapado en ellas, sino que sin palabras no podía ofrecer nuevo el conocimiento que él había producido. Este filósofo, al usar palabras para demostrar su irrelevancia, las reafirmaba en su importancia. Igual les sucede a los de-colonizadores: reafirman la colonialidad –al menos, aspectos importantes de ella— en su quehacer crítico, sus argumentos, su lenguaje y sus publicaciones. 

Además de hacer de la “colonialidad” una palabra “abárcalo todo”, sus promotores la tiñen de una connotación negativa (perversa, perniciosa); y como suele suceder cuando a una palabra-sombrilla se la da un sentido peyorativo: todo lo incluido en ella se tiñe de ese mismo color negativo. Así, los aspectos, componentes, procesos, etc., incluidos en la colonialidad vendrían a ser objeto de “de-colonización”, sin que quede piedra sobre piedra. Pero ¿es así con todo lo –se nos dice— que es parte o está influido por la “cultura del colonizador? Dejando de lado lo difícil que puede resultar separar nítidamente lo “colonizado” de lo “no colonizado” (o “colonializado”), cualquiera que examine con detenimiento los distintos rubros que se declaran “colonializados” es evidente que hay, entre ellos, conquistas que, además de ser patrimonio universal –no sólo europeo—, han contribuido a que los seres humanos nos humanicemos, sin importar nuestro origen o procedencia particulares.

Esas conquistas son parte de los recursos (lenguaje, lógica, racionalidad, pruebas empíricas, publicaciones, etc.) que tienen a disposición los de-colonizadores para criticar la colonialidad. Hay aspectos de la colonialidad –o más concretamente de la herencia colonial—que sí merecen ser desmantelados (oscurantismo religioso, conservadurismo, sumisión a la autoridad, mesianismo), pero que hasta ahora han resistido los intentos –tibios, las más de las veces— por abolirlos o limitarlos en su alcance. Marcar con la etiqueta de “colonialidad” todo lo que nos rodea –salvo algunas esferas libres, cosa discutible, de contaminación cultural— es una necedad, que impide discriminar aquello que de la modernidad –y las herencias de las que se alimenta— es acicate para humanizarnos y dignificarnos –dignidad: concepto moderno-occidental— aún más. Claro está que para hacerse cargo de esas conquistas se tiene que estudiar en serio la historia no sólo occidental, sino mundial. Y se deben evitar afirmaciones falsas como esta: “de igual forma instituye la racionalidad/modernidad como única forma de conocimiento, al margen de la cual no se produce ni reconoce ningún saber”. La “racionalidad/modernidad” no es una forma de conocimiento; y tampoco esa racionalidad/modernidad impide producir o reconocer tipos de saber distintos…como ejemplifican, precisamente, los autores “de-colonizadores”.  

Por último, ¿es recomendable, en caso de que eso fuera posible, “de-colonizar” todos los aspectos, procesos, componentes “colonializados”, es decir, afectados por la “colonialidad? Definitivamente, no lo creo posible, dado que prácticamente la colonialidad lo invade todo y, si el programa para combatirla quiere ser eficaz, debe erradicar todas sus influencias y expresiones. Algo así como lo que quiso hacer Mao Tse Tung –un líder moderno hasta los tuétanos— y su revolución cultural china, y que luego fue llevado hasta niveles demenciales por los Jémeres Rojos en Camboya. Nada positivo para avanzar hacia mayores niveles de dignidad humana saldría de un intento semejante. Las expresiones envolventes son tramposas. Y la palabra “colonialidad” es una de ellas. Invita a un combate ineficaz contra algo etéreo, que está en todas y en ninguna parte. El combate que libran los “de-colonizadores” es, después de todo, un combate imaginario. Por mi parte, encuentro en la “colonialidad” dimensiones que estoy dispuesto a defender de las arremetidas “de-colonizadoras”: la racionalidad científica y sus conquistas; la dignidad humana como fundamento de los derechos humanos, civiles y políticos; la herencia de los presocráticos y los cínicos; y la preciosa lengua española, con la que hablo y pienso todos los días y con la que forjo las ideas y palabras de mi escritura.  

Notas:

[1] Claudia Milena Jaramillo Arango, Decolonizar el ser, el saber y el poder de la universidad latinoamericana. Tesis. Medellín, Universidad de San Buenaventura, 2013. Las citas han sido tomadas de las páginas 12-13.

[2] En la bibliografía cita estos dos trabajos de este autor: Maldonado-Torres, N. (2007). “La colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto”. En S. Castro-Gómez, & R. Grosfoguel, El giro decolonial. reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global (págs. 127-167). Bogotá: Universidad Javeriana- Instituto Pensar, Universidad Central IESCO, Siglo del Hombre; Maldonado-Torres, N. (2005 de octubre de 2003). “Sobre la colonialidad del Se: contribuciones al desarrollo de un concepto”. Recuperado el 28 de marzo de 2013.

[3] Llama la atención que este autor escriba sus dos apellidos unidos por un guión: Maldonado-Torres. Se trata de una práctica medieval europea: la de los apellidos compuestos. Una visita rápida por Internet revela que “en cuanto al origen de estos apellidos [los compuestos] nos tenemos que remontar a la Edad Media, siglos XIII y XIV, cuando las familias nobles combinaron el uso primigenio de los patronímicos, los apellidos derivados del nombre paterno, con el topónimo de los señoríos o tierras de procedencia. Una fórmula que con el tiempo perdió su sentido original al hacerse fijo el patronímico, pero que sirvió para distinguir ramas entre las grandes casas, dando lugar a variantes como los Núñez de Lara, Manrique de Lara, González de Lara, etc… Fue por tanto una solución que evitaba gran parte de las homonimias resultantes al usar un solo sobrenombre”. O sea, una práctica totalmente colonial. “Los apellidos compuestos españoles: orígenes, clases y algunos mitos”.

  https://www.genealogiahispana.com/apellidos/los-apellidos-compuestos-esp…


sábado, 3 de julio de 2021

Honduras, 12 años de golpe


LINyM

Por Giorgio Trucchi 

Hace 12 años, un golpe de estado cívico-militar derrocó al entonces presidente Manuel Zelaya y dio inicio a una de las crisis más profundas de la historia reciente de Honduras.

La oligarquía hondureña, amparada por las fuerzas represivas del Estado y una clase política voraz y corrupta, y gozando del beneplácito del imperialismo estadounidense, acertó un golpe mortal a la institucionalidad, convirtiendo Honduras en tierra de nadie donde se capturaba, torturaba, desaparecía y asesinaba a quienes luchaban, incansablemente, día tras día, en las calles de todo el país.

Desde aquel 28 de junio de 2009 fue resistencia contra el golpe y contra su proyecto de muerte, que pretendía (y pretende) profundizar el modelo neoliberal extractivista depredador y asesino, poner en venta el país, aplastar bajo la bota (militar) todo intento de refundar la nación a través de una asamblea nacional constituyente, originaria y popular.

Mujeres, hombres, jóvenes, trabajadoras y trabajadores, organizaciones indígenas, negras, campesinas, sindicatos, maestros y maestras, movimientos sociales y populares, estudiantes. Miles y miles de personas se movilizaron, resistieron, lucharon. Muchos ofrecieron su vida, otros se fueron al exilio.

Lo que vemos hoy en día en Honduras no es más que el continuismo de aquella ruptura del hilo constitucional, con su carga de saqueo y expoliación de territorios y bienes comunes, bajo una devastadora estrategia de acumulación por desposesión.

La aceleración imprimida en estos días a los proyectos de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (Zede) no es más que otro pilar de esta estrategia de enajenación del territorio nacional.

Víctimas del terror

Y las víctimas siguen siendo las mismas: pueblos indígenas y familias campesinas expulsadas de sus territorios, trabajadoras y trabajadores explotados y sin derechos, defensoras y defensores perseguidos, criminalizados, judicializados y asesinados, jóvenes sin futuro ni oportunidades, mujeres y personas Lgbti víctimas de violencia y ataques mortales.

El resultado es que Honduras es el país más desigual de América Latina, donde  cada vez hay más pobres (el porcentaje ya ronda el 70% de la población) y más personas que abandonan el país ante la miseria profunda, la violencia incontrolable y la falta de oportunidades.

También es el país más peligroso para quienes defienden la tierra y los bienes comunes. Más de 140 personas defensoras han sido asesinadas entre 2010 y 2019, y se registraron al menos 2.137 ataques entre 2016 y 2017.

El caso más sonado a nivel internacional, el de la dirigente indígena y luchadora social Berta Cáceres, hizo que un mundo distraído volviera a poner los ojos sobre las barbaridades que se cometen en Honduras, así como sobre las complicidades de empresarios, políticos, autoridades públicas, bancos nacionales e internacionales, organismos financieros multilaterales.

Son más de 6.300 las mujeres que perdieron la vida de forma violenta en las últimas dos décadas (casi 278 el año pasado), 389 las personas Lgbti asesinadas en poco más de una década, y 86 los periodistas y comunicadores asesinados desde 2001.

El 35% del territorio hondureño está concesionado y el 65% de los municipios albergan algún proyecto extractivo y energético. Son más de 300 los proyectos energéticos (aprobados y por aprobar) y al menos 100 los proyectos mineros en territorios indígenas.

Golpe contra la integración latinoamericana

Pero el de 2009 fue también un golpe contra el proceso de unidad e integración latinoamericana y el sueño de una América Latina y Caribe libre del yugo imperialista norteamericano. Fue unTrucchi golpe contra los nuevos espacios del Alba, Unasur y Celac; contra las experiencias de gobiernos progresistas (con todos son aciertos y desaciertos); contra la idea que otro continente (latinoamericano), donde la relación entre países está basada en los principios de solidaridad, cooperación y complementariedad, es posible.

Honduras pagó caro su adhesión al Alba y su acercamiento a la Cuba martiana, a la Venezuela bolivariana y a la Nicaragua sandinista.

12 años después de aquel trágico parteaguas, celebramos la resistencia del pueblo hondureño, su lucha digna e incansable, la lucha de los pueblos indígenas y de las familias campesinas, de hombres, mujeres y jóvenes organizados, de trabajadores y trabajadoras, de defensores y defensoras que siguen empecinados y convencidos que otra Honduras sigue siendo posible.

(Fotos G. Trucchi | Rel UITA): https://nuevanicaraguaymas.blogspot.com/2021/06/honduras-12-anos-de-golpe-fotos.html


En saludo a las movilizaciones soberanas


Defensores en Línea

Convergencia Contra el Continuismo saluda todas las expresiones organizativas a lo largo de nuestro territorio nacional que desde sus iniciativas están saliendo a los espacios públicos a expresar su rechazo a las ZEDEs y su repudio a la administración del Estado por parte de la élite criminal, ladrona y vende patria que lidera Juan Orlando Hernández.

Nuestro saludo lo expresamos tanto a las iniciativas de instancias regionales y nacionales que se coordinan desde Convergencia Contra el Continuismo como todas aquellas que tienen sus propias estructuras, y tienen como único límite las facultades que nos permite la tan pisoteada y violada Constitución de la República. Somos convencidos que nuestras luchas sostenidas desde todas las expresiones pacíficas, ciudadanas y de no violencia activa, no solo nos fortalecen, sino que convocan y generan confianza entre los diversos conglomerados de la sociedad hondureña.

Convergencia Contra el Continuismo es consciente de que las angustias de nuestro pueblo y las decisiones antinacionales e inconstitucionales de los apátridas, son tan dramáticas que desbordan la capacidad de conducción de una única instancia convocadora. Por eso mismo, reconocemos la riqueza y creatividad que se manifiesta en diversas organizaciones y sectores territoriales, y animamos que logremos converger entre todas ellas en una lucha común por erradicar las ZEDEs y arrancar de nuestro territorio y del Estado la raíz del narco dictadura. Cada lucha e iniciativa suman en la ruta por todos diseñada.

A doce años del golpe de Estado militar y político, seguimos en pie de lucha y resistencia.

Convergencia Contra el Continuismo.


Ebal Díaz y Leonel Ayala figuran entre los nacionalistas que practican el Comité para las Mejores Prácticas de Honduras Próspera


Radio Progreso

El Comité para la Aplicación de las Mejores Prácticas de Zede o Ciudad Modelo Honduras Próspera de Roatán, Islas de la Bahía, está integrado por 21 representantes de empresas o consorcios financieros, donde figuran cuatro reconocidos nacionalistas: Ebal Díaz, Ricardo Cardona, Octavio Sánchez y Leonel Ayala.

Este comité es el encargado de establecer los regímenes jurídicos y económicos en la Zede, donde la institucionalidad hondureña no tendrá ninguna injerencia. Según el economista este grupo de personas ya avanzó en crear una carta constitucional para Honduras Próspera, que incluye un catálogo de derechos y limitaciones.

En entrevista a Radio progreso el economista explica que, las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico Zedes, que otros países han implementado, distan de la realidad que el gobierno de Juan Orlando Hernández está imponiendo en Honduras, donde claramente se está cediendo la soberanía territorial a la empresa privada, para la creación de otros estados autónomos.

En Honduras unos 65 municipios de los departamentos de Valle, Choluteca, Cortés, Atlántida, Colón, Gracias a Dios e Islas de la Bahía están amenazados con la instalación de las Ciudades Modelo. Se estima que cerca de 3 millones de personas se verían obligadas a desplazarse.

La ex ministra de Derechos Humanos, abogada Ana Pineda, dijo en Radio Progreso que, la Fiscalía de Defensa de la Constitución debería estar actuando contra los diputados que se atrevieron a modificar artículos de naturaleza pétrea, para entregar facultades al Comité para la Aplicación de las Mejores Prácticas del consorcio que instalará Honduras Próspera.

COFADEH logra que Hery Flores se defienda en libertad


Defensores en Línea

Por Sandra Rodríguez 

Con medidas sustitutivas a la prisión, Hery Geovani Flores Quiroz, se defenderá en libertad, tras la Audiencia  Inicial que duró más de dos horas y media, este viernes 25 de junio en el Juzgado de Letras Penal de la Sección Judicial de Tegucigalpa.

La apoderada legal de Hery Flores, abogada Karol Cárdenas, en representación del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), detalló que la jueza María Dolores López, determinó que el estudiante universitario no deberá salir del país e ir a firmar cada viernes al juzgado.

Así mismo, permanecerá bajo cuidado de sus apoderados legales, Karol Cárdenas y el abogado Rodolfo Zamora, ambas defensas privadas del lider del Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) y militante del partido Libertad y Refundación (LibRe).

Los documentos para que Hery sea liberado, serán enviados mañana a la cárcel de media segundad ubicada en El Porvenir, norte de Francisco Morazán, a donde fue devuelto el estudiante, y a eso del mediodía podrá regresar a su hogar, en Tegucigalpa.

Hery estará bajo cuidado de su equipo de defensa legal: Rodolfo Zamora (defensa privada) y Karol Cárdenas/COFADEH

Su madre, Lesly Quiroz, agradeció las gestiones legales del COFADEH, que estuvo desde el momento en que se denunció la detención de Hery, el pasado martes cerca de su hogar y fue llevado a las instalaciones de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), para luego ser presentado ante los Tribunales y enviado a prisión, por el supuesto delito de incendio agravado en perjuicio de una faramacia, el 24 de octubre de 2019.

También agradeció el acompañamiento estudiantil y político para con su hijo, a quien solo le falta cinco clases para egresar de las carreras Nutrición y Radiotecnologías en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Doña Lesly cargaba una bolsa con el nombre de Gery Flores, en la que tenía una colcha, chancletas (sandalias), cepillo y pasta de dientes, entre otras cosas, pero afortunadamente no fue necesario entregárselas a su hijo de 30 años de edad, a quien irá a traer mañana a la cárcel en el Valle de Siria.

Este hecho tiene tinte de persecución política, detalló Gabriela Flores, estudiante de Antropología Social del UNAH, quien no contuvo las lágrimas al saber que su compañero defensor de la educación no pasará otra noche más en la cárcel y podrá defenderse en libertad.

En su informe “Criminalizados” (2018), el COFADEH documenta 178 privados de libertad por protestar contra el régimen de Juan Orlando Hernández, sin contar con estos jóvenes presos políticos como Joseph Castillo en la cárcel de Choluteca; Rommel Herrera que ya está en libertad; cinco jóvenes defensores que protestaban exigiendo justicia para Keyla Martínez; la mayoría se defiende en libertad, tiene sobreseimiento provisional o definitivo.

Hery Flores deberá comparecer en Audiencia Preliminar el próximo 20 de julio, para continuar el proceso legal a fin de que el equipo legal demuestre su inocencia. Hoy expusieron que él no es una persona peligrosa, que por el delito que se le acusa no necesitó siquiera la presencia del cuerpo de bomberos y que no se aceptaran algunas pruebas digitales presentadas por el Ministerio Público.

Los eternos marginados


Rebelión

Por Carolina Vásquez Araya 

La juventud tiene todo el potencial, pero de nosotros depende abrirles el camino.

Si hay un segmento de la sociedad carente de autoridad sobre su vida es el de niñas, niños y adolescentes, las grandes mayorías en prácticamente todos los países de nuestra América. Somos sociedades jóvenes y en crecimiento; sin embargo, la visión imperante entre quienes recae la responsabilidad de propiciar un desarrollo basado en la justicia, equidad y el mejor aprovechamiento de todos los recursos, suele ir en contraposición con aquello que dicta la razón y cuya esencia plasmó el filósofo estadounidense Jhon Dewey: “La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida en sí misma.”

La historia de nuestros pueblos nos ha enseñado que somos sobrevivientes de sistemas adversos, hostiles e incapaces de comprender el enorme potencial implícito en el cambio generacional. Vemos a la niñez y la juventud como una carga impuesta y no una oportunidad maravillosa para generar transformaciones de gran escala, lo cual debería conducir a una consolidación de valores con la misión de fortalecer el tejido social. Y todo ello, con la educación como leit motiv de cualquier sistema de gobierno. De modo automático, asumimos la autoridad del adulto como si esta fuera una forma válida de actuar sobre quienes dependen de nosotros en la línea familiar o social, y lo hacemos sin cuestionar la validez de una autoridad muchas veces impuesta de manera legal, aunque su aplicación resulte, en muchos casos, ilegítima.

Al observar los efectos de la situación excepcional en la cual estamos inmersos desde hace ya año y medio, es posible constatar la situación riesgosa en la cual viven niñas, niños y adolescentes al enfrentarse a una pérdida de sus vínculos sociales y, simultáneamente, a un encierro obligado con adultos poco preparados para ofrecer un ambiente seguro, enriquecedor y libre de violencia. El ser adulto a cargo de personas jóvenes cuya custodia nos ha sido confiada por ley, no significa de ningún modo que tengamos el derecho para imponer nuestra voluntad de manera arbitraria ni para descargar en ellas nuestras frustraciones, sino más bien nos da una oportunidad para reforzar lazos de conocimiento mutuo, respeto y colaboración.

Sin embargo, la violencia emocional generada por el forzoso cambio de hábitos y las limitaciones provocadas por las restricciones a la movilidad, al trabajo y al estudio, cobran sus mayores víctimas entre las nuevas generaciones, por estar estas sometidas a una situación sobre la cual no poseen voz ni voto. La impunidad imperante en casos de violencia doméstica es un elemento adicional, aunque poderoso, al trastorno psicológico ocasionado por la pérdida de lazos sociales, la falta de actividad lúdica y la tensión natural provocada por un fenómeno de alcance global sobre el cual no tenemos control.

En tanto no se recobre un cierto estado de normalidad, es imperativo aprovechar la ocasión para prestar atención a este enorme contingente de nuevas y nuevos ciudadanos, cuya vida y futuro dependen, en gran medida, de quienes están a cargo de su bienestar físico y emocional, así como de propiciarles una educación de calidad. El tema no es menor: la niñez y la juventud han sido los eternos marginados en nuestras sociedades y el impacto de esa agresión -naturalizada por un concepto equivocado de la autoridad de los adultos que les rodean- tiene secuelas de largo plazo en la pérdida de oportunidades de desarrollo, pero también en forma de abuso y marginación. No repitamos el cliché de que constituyen “el futuro de la patria” mientras no seamos capaces de honrar esa promesa.

@carvasar


El ‘apartheid’ vacunal es un espejo del capitalismo neoliberal


CTXT

Por Joan Benach

Si se hubieran repartido de forma equitativa los 1.670 millones de dosis de vacunas distribuidas en el mundo, ya se habría inmunizado a los profesionales sanitarios y personas mayores del planeta.

La pandemia no sólo está generando un gran impacto mundial en pobreza, enfermedad y muerte sino también una gran desigualdad en la vacunación. A mediados de abril, se habían aplicado más de 900 millones de dosis de vacunas, pero los países ricos recibieron el 85% por sólo el 0,2% en los más pobres. En mayo, se estima que más de tres cuartas partes de las vacunas han sido administradas en apenas 10 países. Mientras tanto, el continente africano apenas ha recibido el 1% de las vacunas, aunque tiene el 15% de la población mundial. Al tiempo que en muchos países ricos entre una tercera y dos terceras partes de la población ya han recibido al menos una dosis, en países como Siria o Congo apenas una o dos de cada 10.000 personas la han recibido. De hecho, mientras en algunos países ricos ya se está vacunando a jóvenes y grupos de bajo riesgo, en países como Chad, Tanzania o Burkina Faso ni tan siquiera ha sido posible vacunar al personal sanitario. Si se hubieran repartido de forma equitativa los 1.670 millones de dosis de vacunas distribuidas en el mundo, ya se habría inmunizado a los profesionales sanitarios y personas mayores del planeta. El propio director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha denunciado que existe una desigualdad escandalosa, señalando que “un pequeño número de países que fabrican y compran la mayoría de las vacunas controlan el destino del resto del mundo”.

Si las vacunas fueran realmente un bien común de toda la humanidad, se podría atenuar (y probablemente controlar) el impacto global de la pandemia, pero, lamentablemente, ese deseo se contrapone a la realidad de un sistema neoliberal de producción y distribución de vacunas en el que grandes laboratorios farmacéuticos compiten por ganar cuotas de mercado y obtener beneficios enormes. La vacunación incluye su financiación y distribución, un proceso básicamente público, así como su control, producción y comercialización, de carácter privado. Y es que el enorme poder del complejo farmacéutico-industrial global (Big Pharma) influye decisivamente en el poder político (parlamentos, partidos e instituciones) para cambiar leyes, controlar precios y patentes, tener ganancias y con ello aumentar su poder global aún más. Por ejemplo, aunque países como India, Sudáfrica y otras decenas más trataron de suspender temporalmente los derechos de propiedad intelectual sobre las patentes durante la pandemia, la Unión Europea, los EE.UU. y otros países ricos lo han impedido tras ser presionados por el lobby farmacéutico.

En el caso concreto de la UE, la vacunación muestra a las claras las prioridades de una entidad dirigida por una elite parásita (cuando no corrupta), sujeta en gran medida al poder financiero-empresarial. No es por casualidad que en la UE la vacunación haya sido un proceso desigual y lento (tres o cuatro veces peor que en el Reino Unido o EE.UU.), lo que ha generado un elevado sufrimiento y mortalidad que en buena medida podía haberse evitado. Primero, por la opacidad de las negociaciones de los contratos con las farmacéuticas, donde la información ha sido sistemáticamente ocultada, así como por la ineficacia en las decisiones y recomendaciones tomadas por una burocracia ineficiente que han generado confusión, escepticismo o incluso perplejidad entre la ciudadanía. Ejemplos de ello son la necesidad de mantener el equilibrio de poder interno franco-alemán con un pedido inicial de 300 millones de vacunas a BioNTech (alemana) y otros tantos a Sanofi (francesa), desdeñando y posponiendo durante meses los pedidos a AstraZeneca, o la lentitud de actuación y retrasos en los trabajos realizados por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) que regula la seguridad y eficacia de los productos farmacéuticos (por ejemplo demorando la aprobación de la vacuna rusa Sputnik V). Y segundo, por la sumisión de la Comisión Europea a los lobbies al servicio de las grandes corporaciones (en la UE hay 15.000 lobistas a tiempo completo). Big Pharma gasta muchos millones de euros anuales para presionar a la UE permitiendo que las farmacéuticas reciban mucho dinero por adelantado, renegocien al alza los precios e incluso incumplan contratos firmados sin cláusulas que les obliguen a cumplir los plazos acordados o ser sancionados.

Detrás de repetidas apelaciones para lograr “salud para todos”, que “nadie quede atrás”, o que las vacunas son “un bien público universal”, el modelo neoliberal de vacunación representa un enorme negocio económico y un modelo geopolítico insolidario en el que los gobiernos de los países ricos han acaparado masivamente vacunas practicando el “yo voy primero”. Por ejemplo, tras aprobarse las tres primeras vacunas, el 85% quedó en manos de Canadá, EE.UU. y otros países ricos que reservaron muchas más vacunas de las necesarias para proteger a su población. Entretanto, la distribución caritativa de un pequeño porcentaje mediante el Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (COVAX) de la OMS no ha servido más que para encubrir cómo funciona un sistema mercantil y neocolonial que en las actuales condiciones sólo permitiría vacunar a toda la población mundial como muy pronto a finales de 2022. El actual “apartheid” vacunal es especialmente macabro porque parece probable que el coronavirus permanezca con nosotros mucho tiempo y que sigan surgiendo nuevas variantes que alarguen, compliquen o incluso empeoren la evolución de la pandemia. De hecho, la propia OMS reconoce que en apenas cinco meses de 2021 se han registrado más casos y muertes por covid-19 que en todo el año 2020. El capitalismo neoliberal no sólo es un sistema incompatible con el bienestar y salud de la población mundial, sino que, preso de su lógica mercantil y de obtener ganancias inmediatas, es incapaz de prevenir a medio y largo plazo la crisis pandémica o la emergencia climática. Ante una pandemia, las vacunas deben ser un bien común de la humanidad que no puede estar sujeto a patentes y al control privado. Como nos enseña la historia, sólo una gran movilización de ciudadanos, movimientos sociales y partidos políticos del Norte y del Sur Globalpuede permitir democratizar integralmente la investigación, desarrollo y distribución de vacunas y lograr así una “vacuna solidaria” que proteja a toda la humanidad.

+ Joan Benach es profesor, investigador y salubrista. Grup Recerca Desigualtats en Salut (Greds-Emconet, UPF); JHU-UPF Public Policy Center; Departament de Ciéncies Polítiques i Socials (Sociología, UPF); Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas, (GinTrans2, UAM).

Versión ampliada del artículo publicado en El Dobladillo 34 de CTXT, marzo-abril de 2021.


viernes, 2 de julio de 2021

Honduras cumple 12 años de una institucionalidad dirigida por criminales


Radio Progreso

El golpe de Estado de 2009 sentó las bases para que la institucionalidad hondureña pasara a ser comandada por el crimen organizado, dejando en un altísimo grado de indefensión a la ciudadanía. Esta afirmación tiene sustento en las declaraciones de hondureños extraditados y enjuiciados en Estados Unidos por el delito de narcotráfico.

En ese sentido, a doce años de inconstitucionalidad, Gilda Rivera, feminista e integrante del Centro de Derechos de Mujeres CDM, considera importante reflexionar y analizar el contexto social y político que actualmente rodea la vida y los derechos de la gente.  

Para Gilda, antes del 2009, la institucionalidad se caracterizaba por su fragilidad y por responder fundamentalmente a los intereses de los gobernantes. Las organizaciones sociales y defensoras de derechos humanos tenían acceso a algunos espacios para protestar, proponer leyes que al final eran aprobadas, pero engavetadas. Sin embargo, después del golpe se han reducido los espacios de participación y la única respuesta que da el gobierno a las demandas ciudadanas es represión y criminalización.

Radio Progreso (RP) dialogó con Gilda Rivera (LR), del Centro de Derechos de Mujeres CDM, sobre los doce años del golpe de Estado.

RP. ¿Cuánto se ha degradado la institucionalidad hondureña?

GR. Nosotras afirmamos que hay una profundización y precarización de la vida de las personas, especialmente de los sectores y poblaciones que históricamente han estado en situación de vulnerabilidad, entre ellas: las mujeres, los niños y las niñas. Hay un deterioro de la calidad de vida, una pérdida vertiginosa de derechos, un incremento de la militarización de forma terrible, que está dirigida fundamentalmente al control de las organizaciones sociales y populares que asumen su deber de defender los territorios y bienes comunes.

Existe una mayor criminalización y judicialización de activistas de derechos humanos. Vemos como hoy tenemos personas defensoras privadas de libertad en procesos completamente irregulares y en condiciones injustas. Hoy estamos enfrentando un alto grado de saqueo, corrupción e impunidad.

RP. ¿En qué nivel de indefensión está el pueblo?

GR. En un nivel de indefensión muy alto y grave. Especialmente cuando estamos participando en una acción de protesta, y eso que en pandemia se han disminuido las acciones. Sin embargo, podemos ver como la población que se vio afectada por los huracanes ha sido reprimida por exigir la reconstrucción de los bordos. Han recibido balas y presión de un régimen ilegal e ilegítimo, porque Juan Orlando se reeligió en 2017 a pesar de que la reelección no existe en Honduras, pero lo hizo con la complicidad de todas las instancias de la institucionalidad como el Ministerio Público, Corte Suprema de Justicia y Congreso Nacional.

Significa que los pocos espacios o los pequeños avances que habíamos alcanzado en la construcción de lo que se llama un Estado de derecho, con el golpe se perdieron y estamos frente a una nación donde no existen garantías para los derechos individuales y colectivos.

RP. Desde el 2009 hasta nuestros días, vemos señales evidentes de la consolidación de un proyecto de Estado comandado por los criminales, ¿qué nos llevó a esto?

GR. Lo que tenemos hoy es una profundización del narcoestado, pero desde 1990 ya se decía que éramos un territorio donde el crimen organizado y el narcotráfico actuaban ampliamente, y se señalaba a políticos vinculados a estas acciones delictivas. No era nuevo, por Honduras pasaba la droga libremente con la complicidad de políticos y miembros del Ejército.

Con el régimen de Juan Orlando Hernández, aunque podríamos decir desde el gobierno de Porfirio “Pepe” Lobo, hay una profundización de los vínculos y los políticos se convirtieron en dirigentes y principales actores en el trasiego, almacenaje  y producción de droga. A tal grado que Juan Antonio “Tony” Hernández, hermano de Juan Orlando fue condenando en Estados Unidos por narcotráfico.

RP. Si el proyecto de Estado es liderado por criminales, ¿cuál podrimos decir que ha sido el papel de la izquierda hondureña? Entiéndase por izquierda al conglomerado político en contra de las políticas del gobierno o el statu quo.

GR. El concepto de izquierda está bastante distorsionado en el país. Se dicen izquierda muchas personas y organizaciones que al final son serviles o funcionales el statu quo.  ¿Cuál ha sido el rol de ese sector de oposición? Somos un conglomerado social disperso, muy débil, y en Honduras habido poca producción de pensamiento conceptual, prácticas políticas coherente o aparejadas con una propuesta teórica. Somos un país que arrastra un déficit de pensamiento político altísimo.

Para muchos sectores organizados la respuesta a los problemas que atraviesa el país es lo electoral. Creen que lo electoral es la vía para cambiar el estado de cosas que estamos viviendo y no le apuestan por ejemplo al fortalecimiento de la organización social,  cuando un principio fundamental de la izquierda es fortalecer la organización y no los caudillismos.

Vemos en organizaciones, personas y partidos políticos de supuesta izquierda reverencia hacia el caudillo. Lo vemos en Libre que surgió como un partido que aglutinaba un pensamiento y sentimiento de resistencia, no solo contra el golpe, sino, contra el modelo del estatus quo, pero lamentablemente se quedó encerrado en lo electoral creyendo que con las elecciones se solucionaran los problemas de país.

RP. A 12 años del golpe, ¿cómo la realidad ha afectado a las mujeres? 

GR. Las condiciones históricas de saqueo, opresión y violencia nos ponen en mayor vulnerabilidad a los grupos de la diversidad sexual, niños, jóvenes, mujeres y defensores. La represión ha sido el pan de cada día. Sabemos que en todo el país hay compañeras que están enfrentando muchas veces la represión el hostigamiento, criminalización, judicialización, cárcel ilegal, muerte. Vemos el caso de las mujeres garífunas con sus compañeros desaparecidos forzamiento o las mujeres de Guapinol que sufren cárcel y persecución.

Hemos vivido las muertes de compañeras como Berta y Margarita Murillo que son los nombres más conocidos, pero hay otros casos que se quedan en el anonimato bajo este modelo perverso.

RP. Desde el comienzo en Radio Progreso hemos expresado que los que dieron el golpe vinieron para quedarse. Lo que comenzaron con violencia lo están sosteniendo con violencia. ¿Pero hasta cuándo estaremos en estas condiciones?

GR. Hasta cuando la población organizada y no organizada asuma su rol protagónico, porque nada se nos dará de gratis. No hay mejor recompensa que luchar por la construcción de un país, donde nuestros sueños de justicia y amor se hagan realidad desde la diversidad y la inclusión.

RP. ¿Cómo ve al país dentro de doce años más?

GR. Yo quiero soñar con un país sin Zedes (Zonas Especiales de Desarrollo Económico), cuyo gobierno responda a las demandas de la ciudadanía, con un nuevo marco legal, una constituyente construida colectivamente desde los sectores sociales, indígenas, pueblo negro, las mujeres, la comunidad de la diversidad social. Con una sociedad participativa, empoderada.

RP. ¿Hay algún proceso que nos lleve a salir de la realidad que vivimos?

GP. Las resistencias que están en los territorios, la juventud organizada, el trabajo que hacen medios de comunicación como Radio Progreso. Tenemos mucho que hacer. Es un proceso largo pero lo importante es reconocernos y rescatar los espacios de sanación porque somos una sociedad enferma.