viernes, 2 de junio de 2017

“El establishment cometió muchos errores por condescendencia y no volverá a hacerlo”



Por Thilo Schäfer

Los editores de la New Left Review, una de las revistas de referencia para intelectuales de izquierda, acaban de estar en Madrid para presentar la nueva edición en castellano, editada por Traficantes de Sueños y el Instituto 25 de Mayo, una fundación de Podemos. En charla con La Marea el sábado, Susan Watkins y Perry Anderson destacan que la New Left Reviewsiempre ha apostado por una persepctiva internacionalista de los asuntos que analiza, algo que se refleja también en sus autores. “Estaba muy orgulloso de que en la portada de la primera edición no saliera ni un apellido anglosajón”, recuerda el veterano Anderson.

¿Le parece que no corren buenos tiempos para el internacionalismo teniendo en cuenta el Brexit y el auge del nacionalismo en muchos países? 
Creo que el proyecto de un cosmopolitismo y una globalización liberal todavía constituye la fuerza más poderosa en el mundo. Esta gente tiene sus contradicciones, que están aumentando cada vez más. En lo económico el auge de la globalización neoliberal ha provocado un aumento dramático de la desigualdad a través de una alta concentración de la riqueza. La clase política ha sido increíblemente condescendiente durante 20 o 30 años, en los que no ha tenido ninguna oposición desde la caída de la Unión Soviética. Al mismo tiempo está creciendo la indignación por el deterioro de los niveles de vida. No me sorprende que gran parte de esta indignación se haya articulado de forma conservadora porque las personas más afectadas por este desarrollo económico están en una posición defensiva, como la antigua clase de obreros cualificados en EEUU y Europa. Solo pueden defender lo que tiene ante la deslocalización que provoca la fabricación en China. Esta posición defensiva naturalmente favorece las políticas conservadoras.

Ustedes defendían el Brexit desde un punto de vista de izquierdas. ¿Lo puede explicar? 
Yo estaba a favor de provocar un shock para las élites gobernantes en Europa, aunque no creo que el Brexit traiga mejoras para el Reino Unido. Tendrá más efectos positivos en Europa, aunque también algunos para el Reino Unido, un país muy conservador, donde el 85% de la población son ingleses y hay una alta concentración de la riqueza en Londres. En este sentido el germen democrático en Escocia es una tendencia positiva. Los partidarios de la independencia perdieron el referéndum pero el movimiento político fue algo muy positivo. También en Irlanda vemos ahora cómo el Brexit ha traído un debate político racional sobre la frontera entre norte y sur. Estos pueden considerarse desarrollos subnacionales positivos. Para Europa la ventaja es que con la salida del Reino Unido se retira el caballo de Troya de los intereses de EEUU y del sector financiero. También se plantea la cuestión de crear una alianza de los países latinos frente a la hegemonia de Alemania en Europa. Para eso Francia tiene un papel decisivo. Sin el Reino Unido, el balance del poder en Europa se inclina hacia la izquierda.

¿Creen que el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, puede lograr un cambio en esta Europa dominada por Alemania, como dicen?

Creo que ni se plantea hacerlo. Ha dicho que primero quiere hacer lo que los alemanes le piden, es decir, eliminar más beneficios sociales, flexibilizar el mercado laboral y recortar el gasto público. Una vez hecho todo esto, Macron espera que Alemania le dé algo a cambio. Pero creo que es un programa muy ambicioso.

Después del éxito del Brexit y de Donald Trump, a principios de año había en Europa mucha preocupación por un triunfo de la ultraderecha en Holanda, Francia o Alemania. A la espera de ver qué ocurre en las elecciones alemanas de septiembre, esto no se ha producido. ¿Creen que la clase política europea podría relajarse y volver albusiness as usual?

 El establishment se ha estabilizado. Cometieron algunos errores graves en los últimos años pero ahora tienen más cuidado. Cometieron estos errores por la condescendencia que ya hemos mencionado, como por ejemplo la decisión de David Cameron de convocar el referéndum sobre el Brexit. Con ello, dio la oportunidad a la gente para expresar un voto de protesta y lo aprovecharon. También fue muy condescendiente la decisión de Barack Obama de presentar la candidatura de Hillary Clinton en un momento en que tantos estadounidenses odiaban al establishment de Wall Street y le daba la culpa por sus problemas, un establishment que Clinton representaba. No volverán a cometer errores de este calibre aunque la imprevisibilidad continuará.

¿Por qué la izquierda no ha sido capaz de articular una alternativa a este modelo cosmopolita liberal que describen? 

Evidentemente, la izquierda sufrió una derrota enorme en el siglo XX. Los Estados obreros fracasaron por una serie de factores que podríamos discutir aquí pero el hecho es que sucumbieron a las fuerzas capitalistas. En 1990, la izquierda empezó casi desde cero. No hay una izquierda internacionalista y eficaz. No hay razones históricas para ello. La forma actual del capitalismo complica mucho la tarea de articular un programa alternativo a esto. Paul Mason en su libro Poscapitalismo describe como en los 1970 la izquierda todavía estaba en una posición para reclamar el mando de control de la economía capitalista porque era posible entender cómo funcionaba este sistema, con su sector productivo, el financiero y el público en manos nacionales. Hoy es mucho más complejo ya que gran parte de la economía está en manos de inversores financieros poco desconocidos. Esto constituye un gran desafío para la izquierda. Sin embargo, a la llamada nueva izquierda que ha surgido últimamente le ha ido mejor que a la izquierda en 2008, cuando hubo un silencio clamoroso ante el estallido de la crisis financiera.

Hablando de nueva izquierda, ¿qué les parece Unidos Podemos? 
Podemos da mucha más esperanza que otros partidos de izquierda en Europa, incluyendo el de Jean-Luc Mélenchon en Francia, aunque ellos hayan logrado algo que Podemos todavía no ha podido hacer, que es destruir al Partido Socialista. Sin embargo, los partidarios de Mélenchon no tienen poder institucional a nivel local, algo que permite ganar experiencia al tratar problemas concretos en contacto con la ciudadanía. Podemos sí tiene esta experiencia, lo cual es un factor clave para el futuro.

Suciedad mediática


Rebelión

Por Ramón Reig

Los padres somos los primeros responsables de la prepotencia, chulería y falta de empatía de muchos niños y jóvenes. Luego están los enseñantes y los medios de comunicación. Los padres que deseen educar a sus hijos en el respeto no pueden desde hace tiempo pugnar contra la suciedad mediática que se cuela por los medios de comunicación pero es que creo que la mayoría ni lo intenta por miedo a perder el aprobado de sus hijos. El mundo al revés.
El mercado, al considerar al niño y al joven meros consumidores, los ensalza y los coloca por encima de las diversas jerarquías y autoridades de las que debe aprender y además el juego político de atracción del voto acaba por sembrar un enorme grupo de ciudadanos que desprecia cuanto ignora y está encabronado con un sistema que le expone y le promete mucho para luego darle poco o nada, dejarlo en el paro, por ejemplo. Habrán aumentado los niños y jóvenes violentos y gamberros pero nosotros, los mayores, los hemos dejado solos frente a una elite mercantil y política que desea venderles algo, nada más. Los mensajes mediáticos son paradigmas de esta situación.

Mensaje uno. En una serie de TV para jóvenes, los padres se van a cenar y, en ese ínterin, los hijos y sus amigos hacen y deshacen en casa pero arreglan los desaguisados antes de que retornen los padres. Cuando estos regresan, todos están viendo tranquilamente la tele. Los padres no se dan cuenta de nada, son idiotas, y los jóvenes, listos.

Mensaje dos. Los smarphone son “power to you”. 

Mensaje tres. Los niños ensucian las casas con patines y otros juegos pero no importa, en lugar de colocarles normas cívicas, los dejo a su aire y ya lo limpiaré todo con un maravilloso producto. 

Mensaje cuatro. En una emisora de radio para jóvenes se les da este consejo: “Si el vecino protesta porque pones demasiado alta nuestra emisora, que se mude de apartamento”.

Mensaje cinco. En 2013, un joven que trabajaba en la City de Londres murió por exceso de trabajo. La prensa dijo que quería ser un gran banquero. ¿Quién le había metido esas ideas autodestructivas en la cabeza? 

Mensaje seis. La oferta –televisión y videojuegos- es despreciable, llena de simplicidades, payasadas y violencia. Casi toda esa oferta llega a través de canales que pertenecen a media docena de conglomerados de la comunicación, la mayoría de Estados Unidos. La unión contenidos-canales-telecomunicaciones es imparable, todo vale. Si quieres regular esto te llaman comunista. ¿Qué hacemos? ¿Cómo combatir esta dictadura totalitaria? 

Los 10 objetivos de EE.UU. en tres escenarios bélicos



Por Nazanín Armanian

Siria, Afganistán y Corea del Norte han sido elegidos por la Administración Trump para mostrar músculos y dientes y anular el poco cerebro que había exhibido hasta hoy. Esta alta tensión se debió principalmente a varios cambios en el Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU. marcados por el triunfo de la facción hostil a Rusia e Irán y la derrota de los “antichinos”:

1) el cese de Steve Bannon, que en la línea de Trump consideraba a Pekín el principal enemigo de EEUU y abogaba por una agenda aislacionista.

2) El despido de la Consejera Kathleen McFarland, por ser “prorrusa”

3) El ascenso del intervencionista y estratega militar, el general HR McMaster (ignorado por Obama), que reemplaza al destituido general Michael T. Flynn, acusado de tener contacto con Moscú. Este equipo, al que se integra el jefe del Pentágono, el “Perro Loco” James N. Mattis”, ha tomado las riendas de la política exterior de EE.UU.

Siria: el primer escenario

El 4 de abril EE.UU. lanzaba con pompa y flauta 59 misiles a la pista de aterrizaje de la base Al Shayrat sin dañar los aviones rusos allí estacionados. Moscú tampoco utilizó sus misiles S300 y S400 para impedírselo. Seis militares sirios perdieron la vida por esta agresión ilegal realizada para “castigar a Bashar Al Assad” acusado, sin prueba alguna de matar a civiles en un ataque con armas químicas tres días antes. La última versión del confuso incidente es del periodista que destapó el escándalo de “Irán-Contra”, Robert Parry, quien señala a la base de las operaciones especiales de Arabia Saudí e Israel en Jordania como el lugar del lanzamiento de aquellas armas. La agresión de EE.UU. había sido planeada antes del incidente químico para que coincidiera con la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, asestando un duro golpe al presidente chino estando en territorio hostil.

¿Por qué EE.UU. no castigó a los grupos terroristas que el día 16 de abril asesinaron en Alepo a 126 civiles chiitas, 68 de ellos niños?

Entre los objetivos del ataque a Siria estaban:

1. Iniciar la tercera fase de la operación “Desmantelar Siria”

2. Realizar una pequeña exhibición de fuerza antes del viaje del 11 de abril de Rex Tillerson a Rusia, quien pide a los rusos elegir entre Assad y EE.UU., mientras el general McMaster cuestiona la autoridad del Secretario de Estado (que insiste en que la prioridad de EE.UU. es eliminar a ISIS, no al presidente sirio) y sin dejar opciones a Moscú sentencia: “derrocar a Assad ya es inevitable”. Si no es con un acuerdo con el  Kremlin, será a través de un ataque militar. Las dos facciones del gobierno de EE.UU. coinciden en no alterar la actual dinámica de la guerra de desgaste siria, alargándola durante años, con o sin Assad.

3. Crear una fractura entre Rusia y China. Al parecer, EE.UU. había informado al presidente Xi del ataque, pero no a Putin.

4. Enviar “un mensaje a Irán” decía el jefe de lCIA Director Mike Pompeo. Pretenden provocar a Teherán para que rompa el acuerdo nuclear y así obtener un pretexto poder atacar las instalaciones militares iraníes.

Afganistán: segundo escenario

El 13 de abril Washington probaba en la provincia afgana de Kandahar su bomba “seminuclear” GBU-43, que costó 14,6 millones a los contribuyentes de EE.UU., matando a un centenar de personas. El pretexto fue destruir los túneles de los terroristas de ISIS, cuando en realidad estos hombres armados con lanza y daga no se encuentran en Afganistán, donde EE.UU. cuenta con 11 bases militares y decenas de miles de efectivos. Según The New York Times, dichos túneles habían sido construidos por los yihadistas afganos financiados por la CIA en la década de los ochenta.

Entre los objetivos de EE.UU., estaban:

1. Impresionar a los vecinos de Afganistán: China, Rusia e Irán, la posición geográfica lo convierte en el país centroasiático más estratégico del mundo para la OTAN.

2. Mantener a raya a Teherán. La “madre de todas las bombas” se fabricó para lanzarla sobre la instalación nuclear iraní de Fordow en octubre del 2009, bajo el santo y seña de TIRANNT (Teatre Iran Near Term).

3. Una advertencia a Rusia en su regreso a Afganistán y también a los viejos aliados, los talibanes, quienes se acercan a Moscú: “Roma no paga a los traidores”, es el mensaje.

4. Un ensayo general de la bomba, que contiene 11 toneladas de explosivos, sobre éste desamparado país, antes de su uso en otro país a destruir.

5. Encargar más bombas de destrucción masiva de este tipo a los fabricantes que están haciendo su agosto.

Corea del Norte: Tercer escenario

Tras las provocativas maniobras militares conjuntas de EE.UU. y Corea del Sur el 11 de abril, cerca de Seúl, la República Popular Democrática de Corea (RPDC), que las considera un ensayo para la invasión de su territorio, anunció nuevas pruebas de misiles y la sexta prueba de su bomba nuclear. El día 16 EE.UU. fingía estar muy enfadado. Y para mostrar el fin de su “paciencia estratégica” dijo haber enviado el portaviones Carl Vinson y un submarino nuclear a la península de Corea. Otra mentira, también en este tercer escenario.

Bueno, Pyongyang es inmune a las amenazas de EE.UU. Al contrario que los estadounidenses cuya memoria histórica se estanca en el 11-S de 2001, los coreanos tienen muy presente que hace 64 años EE.UU. lanzó 32.000 toneladas de napalm sobre su país, matando al 20 % de su población (cerca de 3 millones de personas) cuando aquella pequeña nación no representaba ningún peligro para el imperio.

EE.UU. no tiene plan para atacar a RPDC, porque:

1. Este país no tiene petróleo y, por ende, carece de interés económico.

2. Las armas de Pyongyang pueden convertir a Seúl y Tokio en cenizas, por lo que Corea del Sur y Japón, que temen más a Trump que a Kim Jong-un prefieren la diplomacia a la guerra.

3. Trump no puede empezar una guerra relámpago a miles de kilómetros de su tierra.

4. EE.UU. puede sacar de los jeques árabe los costos de la guerra contra Siria. ¿Pero cómo financiaría su hazaña contra RPDC?

5. El hecho de estar ambas partes armadas con bombas nucleares reduce la posibilidad de una confrontación. Nota que otros países que están en el punto de mira de Washington tendrán en cuenta.

El objetivo principal de EE.UU. aquí es aumentar la presión sobre China armando a sus aliados de la región y militarizar todavía más la zona.

La relación entre Pekín y Pyongyang es complicada: China apoya las sanciones de la ONU a RPDC por sus ensayos nucleares, ha paralizado desde febrero las importaciones de carbón y acaba de suspender sus vuelos al país. Y en esta crisis, sin condenar a EE.UU., ha pedido contención a ambos países. Es cierto que la aparente imparcialidad de China le da la posibilidad de mediar entre ambas partes, pero los lideres norcoreanos aun no han recibido al enviado especial chino Wu Dawei para tratar el tema.

Trump ha ofrecido a Xi Jinping un “buen acuerdo” comercial si colabora en detener la próxima prueba nuclear de Kim Jong-un. Quizás pensaba en aquellas décadas de la Guerra Fría cuando ambos países se unieron para debilitar a la Unión Soviética. Pero a China, más que acuerdos comerciales, lo que le interesa es que EE.UU. desmantele el escudo antimisiles THAAD instalado en Corea del Sur que apunta a China y es capaz de disparar 48 misiles de forma simultánea. RPDC es para Pekín un “Estado barrera” al proteger el noroeste del país y Manchuria de posibles ataques de EE.UU.

Pyongyang ha ofrecido a EE.UU. firmar un tratado de no agresión y suspender las pruebas nucleares a cambio de que el país occidental suspenda las maniobras que simulan su aniquilación.

Trump ahora sí que es el presidente de EE.UU.

Sólo necesitaba este dantesco clima de guerra y el espectáculo de muerte y destrucción para ser aceptado como presidente de la superpotencia. Trump, al mostrar que es capaz de bombardear a naciones débiles como sus antecesores, ha conseguido pasar de ser un personaje ridículo y odiado en EE.UU. a ser aplaudido incluso por el Partido Demócrata. ¡Recibió el apoyo del Congreso tras atacar la base siria, sin haberlo solicitado!

Donald Trump abandona su idea de “deconstrucción” del sistema para continuar con la línea que representó Hilary Clinton, convirtiéndose en el portavoz de quienes le criticaban. Así exporta la crisis interna de la Casa Blanca, entregando el poder a los militares con la frase de “La OTAN ya no está obsoleta“ y desdibuja el “Rusiagate” que ha afectado incluso a su yerno Jared Kushner por tener contacto con los rusos.

Tras el fin del orden “antiguo” en 1991 por la desaparición de la Union Soviética, el capitalismo triunfante no ha conseguido crear un orden nuevo. Siria, Irán o Corea del Norte son lugares donde se sigue librando esta batalla para diseñar un nuevo equilibrio entre las potencias mundiales.

jueves, 1 de junio de 2017

Ponencia de Berta Oliva a la Red Latinoamericana de Trabajadoras de la Educación



La violencia económica, política, sexual, física y psicológica de hombres contra mujeres dentro de la casa y en los espacios públicos– contra niñas, adolescentes y adultas –aumenta en la misma medida que el Estado levanta su discurso de represión contra la resistencia social, la delincuencia, el desorden, el narcotráfico y el crimen organizado.

Ponencia de la coordinadora general del Cofadeh, Berta Oliva, sobre violencia de género y derechos humanos en el marco del encuentro subregional de la Red de Trabajadoras de la Educación de Centro América, Brasil, México y República Dominicana, realizado en Tela, Atlántida, el 29 de mayo.

Encuentro Violencia de Género y Derechos Humanos 
Red de Trabajadoras de la Educación para América Latina
Tela, Atlántida.

Saludos
Tengo algunas ideas generales para provocar otras más específicas con ustedes.

Cualquier diferenciación basada en características físicas, el color de la piel o el sexo, si deriva en un sistema de opresión o dominación, necesariamente produce violaciones a derechos humanos. Y podemos preguntar a las mujeres indígenas lencas o a las garífunas, o a las mujeres en general cómo es vivir en Honduras. Y podemos delimitar el tiempo de 2009 hasta la fecha. Y tendremos respuestas.

El género es La construcción social y política que le da vida a la masculinidad y a la feminidad con la imposición de unos roles específicos sobre cuerpos sexuados.

El hombre trabaja y la mujer cuida los niños. La mujer es débil y el hombre es fuerte. El hombre piensa y la mujer llora. El hombre es el jefe, la mujer obedece.

La sexualidad entre hombres y mujeres es la norma para la reproducción. Las demás opciones e identidades son enfermedades que no admite la ley.

Luego, esta construcción de roles para cada uno se convierte en un mandato que distingue el trabajo del hombre y oculta el de la mujer. El hombre es valiente porque sostiene la familia con su trabajo duro, y por eso gana más.

La voz del pensante es la que hace la política, el poder y la guerra; mientras la voz prudente de la mujer reza, espera y conforta en las iglesias.

La violencia económica, política, sexual, física y psicológica de hombres contra mujeres dentro de la casa y en los espacios públicos -contra niñas, adolescentes y adultas- aumenta en la misma medida que el Estado levanta su discurso de represión contra la resistencia social, la delincuencia, el desorden, el narcotráfico y el crimen organizado.

A las vícitimas se les impone la cultura del silencio bajo el mandato que los trapos sucios se lavan en casa y que en asuntos de familia nadie debe meterse porque son asuntos privados.
Voy a detenerme aquí y retomar cada una de las ideas anteriores.

Cualquier diferenciación basada en características físicas, el color de la piel o el sexo, si deriva en un sistema de opresión o dominación, necesariamente produce violaciones a derechos humanos.

Ser hombre y ser mujer en Honduras es una medida que supone de inmediato la desigualdad y la dominación, que pone a unas en desventajas en relación a otros en el ejercicio del poder, en la propiedad de los bienes, los ingresos, el empleo, en la vida cotidiana.

Un sistema patriarcal así viola los derechos humanos con la complicidad de las iglesias, la escuela, la policía militar, los medios de comunicación, los jueces y los demás actores de la super estructura ideológica. Violaciones sistémicas. Violaciones sistemáticas.

Por ejemplo, en el departamento de La Paz donde estamos trabajando en alianza con organizaciones campesinas e indígenas, vemos el trato desigual absolutamente hacia las mujeres indígenas que participan en la defensa de su derecho a la tierra. El nivel de violencia policial y judicial hacia ellas tiene el evidente sello de la violencia de género.

En general el nivel de femicidios en Honduras – aproximadamente 4,500 mujeres asesinadas en los últimos 10 años – está rematado por la impunidad. El 90% de esos casos no fue investigado ni sancionado.

El mensaje, entonces, es que que no sirve denunciar, que la mujer no tiene seguridad, que va a seguir el círculo de violencia y que nada va a pasar a los violentos.

El Estado creó una Fiscalía Especial de la Mujer sin presupuesto; creó una Unidad Especial de Investigación de Muertes de Mujeres, sin investigadores; creó un ministerio de la Mujer y luego lo suprimió; aprobó una Política Pública de la mujer, y luego la abandonó. El Estado dijo que la mujer no puede estar aparte como sector porque integra la familia, entonces fusionó todo en el Instituto de la Niñez y la Familia. Y abandonó a todos, excepto los presupuestos de seguridad y defensa, que se comen el presupuesto nacional.

En el contexto de la desigual violencia que sufrimos las mujeres los espacios de denuncia se achicaron enormemente, la policía es antimujer, las iglesias son anti mujer, los diputados son antimujer, los jueces igualmente y la prensa suele decir que pagamos mal a los hombres, que en algo andábamos y porqué vestían así.

Lo difícil que es para una mujer no irse de casa sin tener los recursos para salir de ese círculo, no existen casas de refugio finaciadas por el estado con personal capacitado para acoger, acompañar y orientar a las mujeres vícitimas de violencia en la calle, en el trabajo, en la casa, en el partido, en las iglesias. No hay.

El género como la construcción social y política que le da vida a la masculinidad y a la feminidad con la imposición de unos roles específicos sobre cuerpos sexuados.

Los estudios sobre la materia permiten afirmar que toda agresión perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla como violencia de género. Esto significa que está directamente vinculada a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y su subordinación a lo masculino. Lo que diferencia a este tipo de violencia de otras formas de agresión y coerción es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer. La violencia de género puede adoptar diversas formas, lo que permite clasificar el delito, de acuerdo con la relación en que ésta se enmarca y el ejercicio de poder que supone, en las siguientes categorías: violación sexual e incesto, asedio sexual en el trabajo y en las instituciones de educación, violencia sexual contra mujeres detenidas o presas, actos de violencia contra las mujeres desarraigadas, tráfico de mujeres y violencia doméstica. En el presente documento se estudia en detalle esta última forma, sin dejar de mencionar y describir las otras, puesto que en los últimos años ha dado origen a nuevas e importantes instituciones y enmiendas de las legislaciones, y en torno a ella se han articulado acciones colectivas de las mujeres. La afirmación que el hombre trabaja y la mujer cuida los niños sigue vigente hasta nuestros días, aunque el neoliberalismo salvaje haya quebrado absolutamente la imagen del hombre proveedor que puede con todo y que obligó a las mujeres a trabajar dentro y fuera de casa para intentar comer, al menos.

La mujer es débil y el hombre es fuerte sigue siendo un mandato que orienta la violencia en la calle y en la casa, y que define lamentablemente las relaciones sociales entre pastores y fieles, jefes de partido y activistas, patronos y subordinadas, padres e hijos. El hombre piensa y la mujer llora. El hombre es el jefe, la mujer obedece.

Y si no es la mujer es la loca, el gay, la chica trans, la mujer lesbiana, el que cambia su genitalidad para adoptar una nueva identidad de género, y que son por razón de sexo víctimas de la violencia patriarcal de género.

La sexualidad entre hombres y mujeres es la norma para la reproducción, para la distribución de bienes, la adopción y la vida sexual. Las demás opciones e identidades son enfermedades que no admite la ley.

En base a esa exclusión más de 120 crímenes de odio fueron cometidos en Honduras en los últimos 10 años.

Crimen de Odio es “Todo acto doloso, generalmente realizado con saña, que incluye, pero no se limita a violaciones del derecho a la vida o integridad personal; el cual tiene la intención de causar daños graves o muerte a la víctima, basando la agresión en el rechazo, intolerancia, desprecio,odio y/o discriminación hacia un grupo en situación de vulnerabilidad, en este caso siendo este grupo la población LGBT”.

La voz del pensante es la que hace la política, el poder y la guerra; mientras la voz prudente de la mujer reza, espera y conforta en las iglesias. Y según Evelio reyes, el pastor de la iglesia evangélica, Vida Abundante, la diversidad sexual no debe aspirar a cargos de elección popular porque es contra la voluntad de Dios. Y según el predicador Mario Fumero a las mujeres las atacan los hombres porque se visten en forma provocadora.

Todo un discurso imponiendo los roles y mandatos. Justificando la exclusión, la violación de derechos y hasta la muerte.

La violencia económica, política, sexual, física y psicológica de hombres contra mujeres dentro de la casa y en los espacios públicos– contra niñas, adolescentes y adultas –aumenta en la misma medida que el Estado levanta su discurso de represión contra la resistencia social, la delincuencia, el desorden, el narcotráfico y el crimen organizado.

Al año 2009 más de 10 mil niñas y adolescentes hondureñas eran víctimas de explotación sexual en el trayecto de la emigración y el tráfico de personas hacia Estados Unidos, es decir El Salvador, Guatemala y México.

Las denuncias de violencia dentro de las casas y en espacios públicos aumentaron en instancias como el Cofadeh después del golpe de Estado.

Pero a las víctimas se les impone la cultura del silencio bajo el mandato que los trapos sucios se lavan en casa y que en asuntos de familia nadie debe meterse porque son asuntos privados.

Honduras tiene una población de 8 millones 385 mil habitantes, de los cuales el 50.7% somos mujeres, es decir 4 millones 255 mil mujeres.

En las dos elecciones, llamadas así, después del golpe de Estado, las mujeres prácticamente estamos fuera de los gobiernos locales y del Congreso Nacional. De 298 municipios, sólo 24 alcaldesas fueron elegidas en 2013. En el Congreso Nacional se redujo la elección de diputadas.

Con el golpe de Estado hay un desplazamiento de las mujeres del poder dentro de los partidos políticos y de los poderes públicos, pero también de los patronatos, las directivas de organizaciones sociales.

Y en general vemos un retroceso evidente; por ejemplo el tema de la píldora del día después: el derecho de elegir para sí mismas, por su cuerpo y su imagen, el derecho a la salud, el Estado lo violó al prohibir su venta.

El Estado controla el cuerpo de la mujer. Nadie prohíbe viagra para los hombres. Es un tema de respeto que los hombres y las mujeres aprendan a tener relaciones de respeto. El derecho a la salud incluye educación integral sobre contracepción preventiva que prevenga relaciones sexuales abusivas, desiguales, no consentidas en el respeto. Pero las iglesias impidieron el uso de guías de formación sexual en las escuelas y colegios.

La nueva reforma contra el aborto, la ley de cuotas de poder político que pone a las mujeres en cargos no elegiles por cumplir el texto de la ley solamente, la reducción de los presupuestos de salud y la contratación de hombres en vez de mujeres, son violaciones a derechos humanos explicadas desde la perspectiva de la violencia de género.

La falta de investigación de crímenes por ser mujeres, femicidios, o la instalación de fiscalías especiales sin  presupuesto, la falta de formación de policías, fiscales y jueces en diferencias específicas de mujeres y hombres, es otra forma de violación.

La discriminación legal, social y económica de mujeres campesinas, indígenas, empobrecidas, excluidas de los programas de salud pública, de crédito, propiedad de la tierra, educación y participación son formas de violencia y de violaciones.

Las mujeres migrantes padecen las violencias sexuales, trata de personas, explotación sexual comercial, es una de las rutas de violación masiva de sus derechos humanos por no aplicar los mecanismos que garanticen los derechos de ellas, sin mecanismos de protección garantizados el estado viola sus derechos humanos.

Si la diferenciación entre hombres y mujeres nos lleva a desigualdad y a la dominación, que pone a unas en desventajas en relación a otros, entonces hablamos de un sistema patriarcal autoritario que viola los derechos humanos y que lo hará en el contexto actual de Honduras en forma sistémica y sistemática.

Menor acceso a salud para necesidades particulares
Menor acceso a justicia
Menor acceso o ninguno a representación política

¿Por qué en Honduras hay tanta violencia? Es porque los hombres aquí son peores que el resto del mundo?, es porque el sistema no investiga y produce impunidad?

Necesitamos discutir esto y animarnos a volver por el camino andado y redoblar nuestros esfuerzos. Se puede.

El COFADEH y el COLPORSUMAH hemos buscado una articulación que nos permita avanzar en procesos de formación y solidaridad en defensa de los derechos humanos, recientemente docentes de ese gremio magisterial formaron parte de un diplomado en derechos humanos junto a representantes de al menos 15 organizaciones y redes de defensores nivel nacional, convocado por nosotros.

Necesitamos fortalecer nuestro trabajo en red, con formación política y técnicas de análisis de temas prioritarios a nivel político, social, económico, de género entre educadores y educadoras.

Por eso estamos aquí. Y para esto estamos.

De los hechos y los hechores ¡!!Ni Olvido, Ni Perdón!!!
C  O  F A  D E H

Tela, Atlántida, 29 de mayo del 2017

Alumnos de periodismo reconocen trayectoria de Miriam Mercado



Por Sandra Rodríguez

“Los periodistas no somos noticia”, fue la respuesta a la solicitud de una entrevista a la periodista Miriam Mercado, a quien se rendirá homenaje esta semana en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Este reconocimiento viene directamente de los y las alumnas de periodismo de la UNAH, quienes tiene una semana de celebración en el marco del 25 de mayo, día nacional del periodista hondureño.

Lo importante de estos eventos es que me doy cuenta que hay jóvenes con conciencia, que estudian periodismo porque les interesa generar cambios, agregó en una escueta conversación telefónica la reconocida periodista.

Ella recibió el Premio Nacional de Periodismo “Álvaro Contreras” en el año 2003, ha laborado en los periódicos hondureños Diario El Día, La Prensa, Tiempo y la emisora Radio América.

Además, fue corresponsal en Honduras por 30 años de la Agencia de Noticias del Estado Mexicano (Notimex) (1984-2014) y trabajó en Managua en 1982 en la Agencia Nueva Nicaragua.

Es reconocida por su labor en el área de derechos humanos, y jugó un papel importante en la cobertura noticiosa de la década de los ochentas en medio de la represión, tortura, detención y desaparición de líderes y lideresas sociales.

Su relación con el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), data desde hace tres décadas entre la amistad y acompañamiento a las madres y esposas de las víctimas de lesa humanidad, siendo así una periodista de mucha confianza.

Mañana se inaugura la semana del y la periodista con el nombre de “Miriam Mercado”, una periodista que continua acompañando a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, recientemente integró la mesa de trabajo de luchadores sociales históricos convocada por el COFADEH, y entre ellos estaba Oscar Aníbal Puerto, José Guadalupe Ruelas, Juan Almendares Bonilla, Isidro España, Liduvina Hernández, Elvia Zelaya, Estela Zelaya, Austra Berta Flores, Félix Cesario, Mario Argueta y Manuel Gamero, para dar a conocer a las nuevas generaciones su labor en esta área.

"Hay una mafia canadiense que se ha apoderado de nuestra tierra"



César Geovany Bernárdez, miembro de la coordinación general de la Organización Fraternal Negra de Honduras, Ofraneh, y corresponsal de Radio Progreso, ha sido acusado por el canadiense Patrick Forseth, de usurpar  un terreno que se encuentra dentro del título de la comunidad de Guadalupe en Santa Fe, Colón. 

El canadiense Patrick Forseth es dueño de la Sociedad Mercantil “Carivida”,  junto a Randy Jorgensen conocido como “el Rey del Porno”, quienes han sido denunciados por apoderarse ilegalmente de las tierras garífunas ubicadas en la bahía de Trujillo según la Ofraneh.

En 2008, la comunidad  Guadalupe interpuso una serie de denuncias ante la Fiscalía de las Etnias por la venta ilegal de tierras dentro del perímetro de su título comunitario pero pese a estas denuncias, el juez Fredy Cenen Caballero Núñez, del Juzgado de Trujillo,  acreditó legítima propiedad del terreno comunitario a la Sociedad Mercantil Carivida, de Patrick Forseth. 

En Honduras existen enormes presiones territoriales sobre la costa garífuna, siendo la bahía de Trujillo en Colón y Tela en Atlántida, las más apetecidas por empresarios extranjeros, que con la ayuda de empresarios y políticos hondureños se están apoderando de las playas y humedales para la construcción de emporios turísticos. 

Campo Vista, Coroza Alta, New Palm Beach, Alta Vista, Carivida y Banana Coast, son algunas de las empresas canadienses denunciadas por la OFRANEH por adquisición de tierras de forma indebida ante la negligencia de las autoridades encargadas de investigarlas y aplicar justicia.  

En 2016 en esa misma comunidad de Guadalupe fue detenida la dirigente garífuna Medaline Martina David Fernández por el supuesto delito de usurpación en perjuicio de Carivida. El Juzgado de Letras de la ciudad de Trujillo emitió un sobreseimiento definitivo a favor de la dirigente garífuna, pero en mayo de 2017 por el mismo delito fue detenido César Geovany Bernández, comunicador social de Ofraneh y corresponsal de Radio Progreso. 

“Hay una mafia canadiense que se ha apoderado de nuestra tierra”, dice César Bernárdez, luego de recibir medidas sustitutivas a la prisión y de conocer que debe presentarse a la audiencia inicial programada para el 14 de junio de 2017 en Trujillo. César es la voz de las comunidades garífunas que a través de las radios de Ofraneh y Radio Progreso ha venido denunciando la situación de despojo que viven producto de la implementación del modelo extractivista.   

“La venta ilegal de tierras en las comunidades ha sido provocada por la municipalidad de Santa Fe y avalada por el Instituto de la Propiedad” señala el comunicador argumentando que el gobierno y empresarios canadienses buscar diluir los títulos comunitarios para instalar complejos turísticos. 

El terreno adquirido por la empresa “Carivida” formó parte de un proyecto de ecoturismo manejado por las mujeres garífunas de Guadalupe, con el financiamiento de PNUD y AECID, pero este se vio afectado por la ola de violencia que provocó la instalación de una represa hidroeléctrica sobre el río Betulia, describe César Bernárdez.  “Ese proyecto hidroeléctrico tampoco se nos consultó y solo muerte y desgracia nos ha traído” agrega César. 

Miriam Miranda coordinadora de la Ofraneh ha dicho públicamente que todas las comunidades garífunas están amenazadas con desaparecer,  producto de la implementación de las ciudades modelo que acarrea la explotación minera, instalación de represas hidroeléctricas y mega proyectos turísticos, con el visto bueno del gobierno pasando por encima de la vida y dignidad de las comunidades. 

Un Estado Hondureño racista y violador de derechos humanos 
“Santa Fe es un paraíso terrenal y lo vamos a defender con la vida” asegura César, quien al momento de ser detenido por la policía de La Ceiba en Atlántida, fue víctima de racismo y violencia por el hecho de ser garífuna. “Todos los negros son delincuentes”, “Negro tenías que ser” y “Negro apestoso”, son las frases que la policía dijo a Cesar mientras permanecía esposado y detrás de las bartolinas pagando por ser defensor de la madre tierra. 

La Ofraneh, organización que aglutina las comunidades garífunas en las costas hondureñas, ha librado una lucha dentro y fuera del país en defensa de sus territorios ancestrales. 

En octubre de 2015, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), sentenció al Estado de Honduras por violación a varios derechos a las comunidades garífunas El Triunfo de La Cruz en el municipio de Tela, Atlántida y Punta Piedra en el departamento de Colón. 

Hasta el momento se ha formado una Comisión Interinstitucional para el “Cumplimiento de las Sentencias de las Comunidades Garífunas”, donde se ha hecho un plan de trabajo y reglamento interno para darle cumplimiento a la sentencia. 

La Comisión es una instancia de diálogo y concertación donde se coordinan acciones dirigidas al acatamiento de los puntos resolutivos de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte-IDH), dictadas el 8 de octubre de 2015, en beneficio de las comunidades garífunas de Triunfo de la Cruz y Punta Piedra, por haber encontrado al Estado de Honduras responsable en la violación al derecho de la propiedad colectiva.

A pesar de la criminalización  y las amenazas, César ha participado en todas esas reuniones para informar y animar a las comunidades garífunas a través de las radios de la Ofraneh y Radio Progreso. Sabe muy bien que la lucha por defender su territorio es difícil y que las inversiones de extranjeros canadienses son parte de la implementación de las famosas “Ciudades Modelo”. 

Feminista, intolerante y radical


Rebelión

Por Mónica Baró Sánchez *

Sobre la concepción radical del feminismo y la tolerancia de la sociedad ante las violencias machistas.

Nada justifica la violencia contra mujeres y niñas. No la justifica la embriaguez, ni el estrés, ni el miedo a perder, ni un escote, ni un vestido corto, ni el dolor, ni las inseguridades. Tan pronto comenzamos a encontrar justificaciones para la violencia, comenzamos también a naturalizarla. Expresiones como: “es que él tuvo un mal día”, “es que tiene muchas frustraciones”, “es que ese es su carácter”, “es que lo provocaste”, entre tantas otras con las que en ocasiones se intenta trivializar una agresión física o verbal, no son ni tan inofensivas como parecen en la cotidianidad, ni tan conciliadoras. Son expresiones que, muy discretamente, contribuyen a reforzar las desigualdades entre géneros, en la medida en que legitiman la idea de la superioridad del hombre con respecto a la mujer e incentivan la tolerancia al maltrato físico y psicológico. Sí es necesario ser radicales ante las distintas manifestaciones de la violencia. 
Y eso no significa que las mujeres debamos devolver las ofensas y los golpes, mucho menos que debamos ofender y golpear primero; porque estaríamos invirtiendo los roles y no superaríamos la dinámica de la dominación. Ser radicales significa no tolerar, no justificar. Así de sencillo. ¿Por qué una mujer violentada debería comprender y perdonar a su agresor, olvidar o superar lo que pasó, “poner de su parte”, no tomárselo personal, aceptar el mundo como es, asumir que “el hombre es hombre”, preguntarse qué hizo mal, sentirse culpable?
Podemos tolerar las imperfecciones o el sol de agosto, pero no lo que atenta contra la dignidad y el bienestar de un ser humano. No se trata de confrontar fuerzas. No se trata de venganzas. No se trata de enfrentar el odio que destruye con un odio superior. No se trata de resentimientos. No se trata ni de fobia al falo, ni de envidia al falo. Se trata de ir creando una cultura de paz entre géneros, donde unas y otros, sin dejar de reconocer lo que nos diferencia, podamos ejercer nuestras libertades en igualdad de condiciones. Pero la tolerancia a la violencia, lejos de promover una cultura de paz entre géneros, lo que promueve es una cultura de sumisión de la mujer al hombre violento.
Una cultura de sumisión que niega y desvirtúa algo tan básico como el derecho de una persona violentada a defender su vida y que, además, trae consigo un mal peor: la impunidad. Y la paz no se sustenta sobre la prevalencia de la impunidad sino de la justicia. No dependerá de la capacidad que desarrollen las mujeres para someter sus cuerpos y destinos a la voluntad de los hombres. 
Dependerá de que aprendamos a concebirnos y relacionarnos como personas libres. “El problema no es que haya unos asesinos que matan, sino que hay las condiciones que permiten que haya asesinos que maten”, advierte la investigadora mexicana Marcela Lagarde, en una entrevista concedida a la agencia Adital en 2010. Porque las muertes provocadas por la violencia de género no son muertes casuales ni impredecibles. Son muertes que revelan la discriminación que, desde hace siglos, enfrentan las mujeres de distintas partes del mundo. 
A pesar de las múltiples conquistas del movimiento feminista internacional, en 2013 la Organización Mundial de la Salud publicó un informe donde consideró la violencia contra la mujer como un problema de salud de proporciones epidémicas, que afecta a más de un tercio de la población femenina del mundo. Y en América Latina y el Caribe, de acuerdo con estadísticas difundidas en 2016 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, mueren cada día al menos doce mujeres por el hecho de ser mujeres. 
Sin embargo, si bien el feminicidio constituye la expresión más extrema de la violencia contra la mujer, si no comprendemos que tan grave como el asesinato es el golpe y que tan grave como el golpe es el insulto y que tan grave como el insulto es todo lo que inferioriza, nunca cambiaremos las condiciones que, como explicara Lagarde, permiten que ocurran los feminicidios. La cosmovisión que subyace en la golpiza de un hombre a una mujer es la misma que subyace en el acoso sexual a mujeres en espacios públicos: la mujer no es una persona sino un objeto del que adueñarse para obtener satisfacción. 
En cada contexto prevalece la misma mirada discriminadora. Además, casi siempre el hombre que llega al punto de asesinar a una mujer con la que mantiene o mantuvo algún tipo de relación afectiva es porque antes la golpeó, la violó, la humilló o la amenazó, sin que sus acciones recibieran una condena social o jurídica lo suficientemente efectiva como para impedir que continuaran los abusos. Cuando la muerte, sea de una víctima o de su victimario (en la minoría de los casos), se convierte en el límite de la violencia contra mujeres y niñas –no las instituciones estatales, no las autoridades, no las leyes, no los líderes políticos, no los medios de prensa, no las organizaciones sociales- es porque el sistema que organiza un país está fallando en su misión de salvaguardar las vidas. 
A las mujeres víctimas de violencia de género no las matan solo sus victimarios. No las matan solo el miedo, la pérdida de autoestima, el silencio, el desamparo. Las matan también la tolerancia y la indiferencia de la sociedad ante la violencia que sufren constantemente. Aunque ocurra primordialmente en espacios privados, en la intimidad de las familias y parejas, la violencia contra mujeres y niñas no es una problemática personal de quienes la padecen. Es una problemática social, que requiere la organización de una estructura con la que se pueda enfrentar la violencia tanto individual como socialmente. Todos debemos ser responsables de preservar la vida de cada víctima y contribuir a que se imparta justicia. 
El sistema patriarcal sin dudas constituye una cultura muy compleja, cuyos sentidos se encuentran entretejidos con el resto de los sentidos que conforman la identidad cultural de una nación. Y todas las personas, tanto mujeres como hombres, reproducimos el patriarcado una que otra vez. (Aunque ciertamente hay quienes se esmeran reproduciéndolo.) Sin embargo, el hecho de que sea parte de nuestra identidad cultural no significa que debamos resignarnos a su presencia; que debamos, por ejemplo, resolver el acoso sexual a mujeres con un displicente “así somos los cubanos”. La esclavización de afrodescendientes durante muchos años fue parte de la identidad cultural de Cuba -al igual que de tantos otros países de América, del Caribe, de Europa. Así éramos los habitantes de esta Isla: esclavistas o esclavos, descendientes de esclavistas o esclavos, violadores de esclavas o esclavas violadas, cazadores de esclavos o cimarrones, aspirantes a esclavistas. Afortunadamente, hubo movimientos abolicionistas e independistas a los cuales la esclavitud le pareció una abominable manera de ser cubanos y creyeron que la libertad era la manera correcta, digna, de ser cubanos. 
“La masculinidad violenta se aprende, no nace”, precisa la investigadora cubana Clotilde Proveyer, en una entrevista que concediera en 2008 al Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y Caribe. En otras palabras: ninguna persona nace con los paradigmas de lo que es lo masculino y lo femenino incorporados en su código genético. Esos paradigmas se incorporan progresivamente en la experiencia vital. La violencia no es una cualidad inalienable de los hombres, como mismo la sumisión no es una cualidad inalienable de las mujeres. Resulta bastante raro encontrar prejuicios en un niño, sea hacia el color de la piel, la manera de vestir o el género de alguien. Un niño no suele sentir conflictos, por ejemplo, ante una pareja homosexual. Y no porque no entienda que conforman una pareja distinta a la mayoría de las parejas sino porque no se siente amenazado por lo distinto. 
Lo que le importa es la calidad del afecto que recibe. Valora a cada persona por sus actos y por la manera en que le trata. Las personas aprenden a ser violentas en los distintos espacios de socialización de los que van formando parte en el transcurso de la vida -la familia, la escuela, la comunidad, el centro de trabajo, las organizaciones políticas- y en el consumo de productos culturales y mediáticos que reproducen el paradigma de la desigualdad. Aprenden que la mujer es quien cuida de los hijos y el hombre es quien provee el sustento económico de la familia, no necesariamente porque sea lo mejor para la familia sino porque se entiende que esa distribución de roles es lo que hace hombre al hombre y mujer a la mujer. Aprenden a ser violentadas una y otra vez. No obstante, también hemos aprendido que las mujeres pueden usar pantalones, montar bicicleta, defender sus opiniones políticas, pilotear un avión o presidir un país y continuar siendo mujeres. 
Que los hombres pueden vestirse con una camisa rosada, sacarse las cejas, arreglarse las uñas, ocuparse de los quehaceres domésticos, tejer las trenzas de sus hijas o llorar con una película y continuar siendo hombres. Entonces, si hemos conseguido aprender y, sobre todo, cambiar tanto, es porque podemos superar el patriarcado y encontrar maneras dignas de ser y relacionarnos. De eso –no de monstruos que salen con luna llena- es de lo que se trata el feminismo. Si las mujeres y hombres feministas son intolerantes ante la violencia que provoca dolor y muerte, es porque son radicales en el respeto hacia la vida.

(Sobre la Autora: La Habana, 1988. Periodista y educadora popular. Ha trabajado en la redacción internacional de la revista Bohemia y en el Instituto de Filosofía de Cuba. Actualmente, trabaja en la revista digital Periodismo de Barrio).  

El precio de la resistencia



Por Chris Hedges

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Texto de la charla que Chris Hedges ofreció el pasado lunes en la Universidad Princeton (New Jersey):

En los conflictos que como reportero he tenido que cubrir en Latinoamérica, África, Oriente Medio y los Balcanes, me he encontrado con personas excepcionales, de diversos credos, religiones, razas y nacionalidades, que se erguían de forma majestuosa para desafiar al opresor en nombre de los oprimidos. Algunos de ellos han muerto. Otros han pasado al olvido. La mayoría nos resultan desconocidos.

Esas personas, a pesar de sus inmensas diferencias culturales, tenían rasgos comunes: un profundo compromiso con la verdad, incorruptibilidad, coraje, desconfianza hacia el poder, odio por la violencia y una profunda empatía que abarcaba a la gente que era diferente de ellas, incluso a aquellos que la cultura dominante definía como enemigos. Son los hombres y mujeres más notables que he conocido en mis veinte años de corresponsal en el extranjero. Y he tratado, hasta este mismo día, de ajustar mi vida a los estándares que ellos establecieron.

Vds. han oído hablar de algunos de ellos, como Vaclav Havel , con quien otros periodistas extranjeros y yo nos reuníamos muchas tardes en el Teatro de la Linterna Mágica de Praga durante la Revolución de Terciopelo , en Checoslovaquia. A otros, no menos excepcionales, probablemente no les conozcan, como el padre jesuita Ignacio Ellacuría , asesinado en El Salvador en 1989. Y después está toda esa gente “ordinaria”, aunque, como bien dijo el escritor V. S. Pritchett, ninguna persona es ordinaria, que arriesgó su vida en tiempos de guerra para acoger y proteger a seres de una religión o etnia diferente que estaban siendo perseguidos y cazados. A algunos de esos seres “ordinarios” le debo yo mi propia vida.

Resistir frente al mal radical es soportar una vida que, según los estándares de la sociedad en general, es un fracaso. Es desafiar la injusticia a costa de tu carrera, tu reputación, tu solvencia financiera y, en ocasiones, tu vida. Es ser un hereje de por vida. Y quizá el punto más importante sea el de aceptar que la cultura dominante, incluso las elites liberales, te expulsarán hacia los márgenes e intentarán desacreditar no sólo lo que haces sino tu carácter. Cuando regresé a la redacción de The New York Times tras ser abucheado al comienzo de una ceremonia de graduación en 2003 por denunciar la invasión de Iraq y que el periódico me reprendiera públicamente por mi posición contra la guerra, los periodistas y editores a los que conocía y con los que había trabajado durante quince años bajaban la cabeza o se apartaban cuando estaba cerca. No querían contagiarse del mismo virus que había liquidado mi carrera.

Las instituciones dominantes –el Estado, la prensa, la Iglesia, los tribunales, la academia- articulan el lenguaje de la moralidad pero sirven a las estructuras del poder, sin que importe lo venales que sean, porque les proporcionan dinero, estatus y autoridad. En épocas de angustia nacional –uno sólo tiene que mirar a la Alemania nazi-, todas esas instituciones, incluida la academia, son cómplices mediante su silencio o su colaboración activa con el mal radical. Y nuestras propias instituciones, que se han sometido al poder corporativo y a la ideología utópica del neoliberalismo , no son diferentes. Los individuos solitarios que desafían el poder tiránico dentro de esas instituciones, como vimos cuando miles de académicos fueron despedidos de sus trabajos e incluidos en la lista negra de la era de McCarthy , fueron purgados y convertidos en parias.

Todas las instituciones, incluida la Iglesia, escribió Paul Tillich en una ocasión, son inherentemente demoníacas. Y una vida dedicada a la resistencia tiene que aceptar que la relación con alguna institución es a menudo temporal, porque antes o después esa institución va a exigir actos de silencio u obediencia que tu conciencia no va a permitir que aceptes. Ser rebelde es rechazar lo que significa tener éxito en una cultura consumista- capitalista, especialmente la idea de que nosotros somos siempre lo primero.

El teólogo James H. Cone escribe en su libro “The Cross and the Lynching Tree” que para los negros oprimidos la cruz era un “símbolo religioso paradójico porque invierte el sistema de valores del mundo con la buena nueva de que la esperanza llega a través de la derrota, que el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, que los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”.

Cone continúa: “Que Dios pudiera ‘crear de alguna manera una salida’ en la cruz de Jesús era realmente absurdo para el intelecto, aunque profundamente real en las almas de los negros. Los negros esclavizados que primero escucharon el mensaje del evangelio se aferraron al poder de la cruz. Cristo crucificado manifestaba el amor y la presencia liberadora de Dios en las contradicciones de la vida de los negros, esa presencia trascendente en la vida de los cristianos negros que les daba fuerzas para creer que, finalmente, en el futuro escatológico de Dios, no serían derrotados por los ‘problemas de este mundo’, sin que importara lo grande y penoso de su sufrimiento. Creer en esta paradoja, en esta afirmación absurda de fe, era sólo posible en la humildad y el arrepentimiento. No había lugar para los orgullosos y los poderosos, para aquellos que piensan que Dios les ha llamado para dominar a los demás. La cruz era la crítica de Dios al poder –al poder blanco- con el amor desamparado, arrebatándole la victoria a la derrota”.

Reinhold Niebuhr calificó esta capacidad para desafiar a las fuerzas de la represión como “una locura sublime del alma”. Niebuhr escribió que “nada sino la locura combatirá con el poder maligno y ‘la maldad espiritual en los altos lugares’”. Esta sublime locura, según Niebuhr la entendía, es peligrosa pero vital. Sin ella, “la verdad queda oscurecida”. Y Niebuhr sabía también que el liberalismo tradicional era una fuerza inútil en momentos extremos. El liberalismo, decía Niebuhr, “carece del espíritu del entusiasmo, por no decir fanatismo, que tan necesario es para sacar al mundo de los caminos trillados. Es demasiado intelectual y demasiado poco emocional como para ser una fuerza eficiente en la historia”.

Los profetas de la Biblia hebrea tenían esta sublime locura. Las palabras de los profetas hebreos, como escribió Abraham Heschel , eran “un alarido en la noche. Mientras el mundo está relajado y dormido, el profeta siente el estallido del cielo”. El profeta, porque vio y contempló una realidad desagradable, se vio obligado, como Heschel escribió, “a proclamar todo lo opuesto a lo que su corazón esperaba”.

Esta sublime locura es la cualidad esencial para una vida de resistencia. Es la aceptación de que si te mantienes al lado de los oprimidos, vas a ser tratado como ellos. Es la aceptación de que, aunque empíricamente todo por lo que luchamos durante nuestra vida puede llegar a ser peor, nuestra lucha tiene en sí misma valor.

Daniel Berrigan me dijo que la fe es la creencia en que el bien atrae al bien. Los budistas lo llaman karma. Pero él dijo que nosotros, como cristianos, no sabíamos hacia dónde estábamos yendo. Confiábamos en que fuera hacia alguna parte. Pero no sabíamos dónde. Estamos llamados a hacer el bien, al menos hasta que podamos determinarlo y, después, a dejarlo ir.

Como Hannah Arendt escribió en “Los orígenes del totalitarismo”, las únicas personas moralmente fiables no son las que dicen “esto está mal” o “esto no debería hacerse”, sino las que dicen “No puedo hacerlo”. Saben que como escribió Immanuel Kant: “Si la justicia perece, la vida humana sobre la tierra ha perdido su significado”. Y esto implica que, al igual que Sócrates, tenemos que llegar a un lugar donde es mejor sufrir el mal que hacer el mal. Debemos ver y actuar al mismo tiempo y, teniendo en cuenta lo que significa ver, esto necesitará la superación de la desesperación, no por la razón, sino por la fe.

En los conflictos que he cubierto vi el poder de esa fe, que subyace fuera de cualquier credo religioso o filosófico. Esta fe es lo que Havel llamaba en su gran ensayo “El poder de los indefensos” vivir en la verdad. Vivir en la verdad expone la corrupción, las mentiras y engaños del Estado. Es la negativa a formar parte de la farsa.

“No te conviertes en ‘disidente’ sólo porque decidas un día emprender esta carrera tan inusual”, escribió Havel. “Te lanzas a ella por tu sentido personal de la responsabilidad, combinado con un complejo conjunto de circunstancias externas. Te ves arrojado fuera de las estructuras existentes, y colocado en una posición de conflicto con ellas. Empiezas por un intento de hacer bien tu trabajo y terminas siendo calificado de enemigo de la sociedad… El disidente no actúa en absoluto en el reino del poder genuino. No está buscando el poder. No desea ocupar cargos y no busca reunir votos. No intenta encantar al público. No ofrece nada y no promete nada. En todo caso, sólo puede ofrecer su propia piel, y la ofrece únicamente porque no tiene otro modo de afirmar la verdad que defiende. Sus acciones articulan sencillamente su dignidad como ciudadano, sin que importe el coste”.

El largo, largo camino de sacrificio y sufrimiento que llevó al colapso de los regímenes comunistas se remontó a décadas. Quienes hicieron posible el cambio fueron aquellos que habían descartado todas las nociones de lo práctico. No intentaron reformar el Partido Comunista. No intentaron trabajar dentro del sistema. Ni siquiera sabían que, en todo caso, sus pequeñas protestas, ignoradas por los medios de propiedad estatal, sí lo lograrían. Pero en medio de todo creían profundamente en los imperativos morales. Actuaron así porque esos valores eran justos. No esperaban recompensa por su virtud; y, en efecto, no obtuvieron ninguna. Fueron marginados y perseguidos. Y, sin embargo, esos poetas, dramaturgos, actores, cantantes y escritores triunfaron finalmente sobre el Estado y el poder militar. Atrajeron el bien hacia el bien. Triunfaron porque, por intimidadas y rotas que estuvieran las masas a su alrededor, su mensaje de desafío no cayó en saco roto. No pasó inadvertido. El veloz redoble de la rebelión exponía constantemente el peso muerto de la autoridad y la putrefacción del Estado.

En una fría noche invernal de 1989, estuve con cientos miles de checoslovacos rebeldes en la Plaza Wenceslao de Praga cuando la cantante Marta Kubisova se asomó al balcón del edificio Melantrich. Kubisova había sido desterrada de las ondas en 1968 tras la invasión soviética por su desafiante himno “Plegaria por Marta”. El Estado había confiscado y destruido todo su catálogo, incluyendo más de 200 singles. Había desaparecido de la escena pública. Pero, de repente, su voz inundó esa noche la plaza. Concentrados junto a mí había multitud de estudiantes, la mayoría de los cuales no habían nacido cuando ella desapareció. Pero empezaron a cantar las palabras del himno. Las lágrimas corrían por sus rostros. Fue entonces cuando comprendí el poder de la rebelión. Fue entonces cuando supe que ningún acto de rebelión llega a desperdiciarse, por inútil que pueda parecer en un determinado momento. Fue entonces cuando supe que el régimen comunista estaba acabado.

“El pueblo decidirá de nuevo su propio destino”, cantaba la muchedumbre al unísono con Kubisova. (Nota del editor: Para ver las fotos de la revolución de 1989 en YouTube y escuchar a Kubisoba cantar esa canción en una grabación de estudio, pulse aquí .)

Los muros de Praga estaban cubiertos aquel frío invierno con los carteles de Jan Palach. Palach fue un estudiante universitario que se prendió fuego en pleno día en la Plaza de Wenceslao el 16 de enero de 1969, para protestar por la represión del movimiento por la democracia en el país. Murió tres días después a causa de las quemaduras. El Estado intentó borrar rápidamente su acto de la memoria nacional. No hubo mención alguna en los medios estatales. Una marcha fúnebre de los estudiantes universitarios fue reprimida por la policía. La tumba de Palach, que se convirtió en santuario, acabó siendo testigo de cómo las autoridades comunistas exhumaron su cuerpo, incineraron sus restos y se los entregaron a su madre a condición de que no colocara sus cenizas en ningún cementerio. Pero no funcionó. Su desafío siguió siendo una bandera de lucha. Su sacrificio impulsó a la acción a los estudiantes en el invierno de 1989. La Plaza del Ejército Rojo de Praga, poco después de marcharme a Bucarest para cubrir el levantamiento en Rumania, fue llamada a partir de entonces Plaza de Palach. Diez mil personas acudieron a un acto de homenaje.

Nosotros, al igual que los que se opusieron a la larga noche del comunismo, ya no tenemos mecanismos dentro de las estructuras formales del poder que protejan o promuevan nuestros derechos. Nosotros también hemos sufrido un golpe de Estado llevado a cabo no por los inexpresivos dirigentes de monolítico Partido Comunista sino por el Estado corporativo.

Podemos sentir, frente a la despiadada destrucción corporativa de nuestra nación, de nuestra cultura y nuestro ecosistema, que somos débiles e indefensos. Pero no lo somos. Tenemos un poder que aterroriza al Estado corporativo. Cualquier acto de rebelión, aunque lo emprendan unas pocas personas o sea duramente censurado, socava ese Estado corporativo. Cualquier acto de rebelión mantiene vivas las brasas para los movimientos más amplios que nos secunden. Trasmite otra narrativa que, a la vez que el Estado va consumiéndose, atraerá cada vez a un mayor número de personas. Quizá esto no se produzca durante nuestra existencia. Pero si persistimos, mantendremos viva esta posibilidad. Si no lo hacemos, se extinguirá.

El Dr. Rieux, en la novela “La Peste” de Albert Camus, no se deja llevar por la ideología sino por la empatía, por el deber de ocuparse de los que sufren sin que importe el coste. Empatía, o lo que el novelista ruso Vasily Grossman llamaba “simple amabilidad humana”, que en cualquier despotismo se convierte en un acto subversivo. Poner en marcha esta empatía –empatía hacia los seres humanos encerrados en jaulas a menos de una hora de nosotros [aquí, en Princeton], empatía con las madres y padres indocumentados arrancados de sus hijos en las calles de nuestras ciudades, empatía con los musulmanes que huyen de las guerra que creamos y que son demonizados y expulsados de nuestras costas, empatía con la gente pobre de color a la que la policía dispara en nuestras calles, empatía con las niñas y mujeres traficadas para la prostitución, empatía con todos aquellos que sufren a manos de un Estado que intenta militarizar e imponer una crueldad bestial sobre los vulnerables, empatía con el planeta que nos da la vida y que está siendo contaminado y saqueado para el lucro- se convierte en un acto político e incluso peligroso.

El mal es real. Pero también lo es el amor. Y en la guerra –especialmente cuando los pesados misiles impactaban sobre las muchedumbres en Sarajevo , una visión tan horrenda que hasta este mismo día no he podido tragar ni un pedacito de carne- puede sentirse cuando los familiares buscan frenéticamente a sus seres queridos entre los muertos y heridos; son los círculos concéntricos de la muerte y el amor, de la muerte y del amor, como los anillos de la explosión de un horno cósmico. 

Flannery O’Connor reconoció que una vida de fe es una vida de confrontación: “San Cirilo de Jerusalén, para instruir a los catecúmenos, escribió: ‘El dragón se sienta junto al camino, observando a los que pasan. Cuidad que no os devore. Vamos hacia el Padre de las Almas, pero es necesario pasar junto al dragón’. No importa la forma que adopte el dragón; es este misterioso pasar a su lado, o entre sus mandíbulas, de lo que seguirán tratando los relatos de cierta profundidad, y al ser así, exige de un considerable valor en cualquier momento, en cualquier país, para no darle la espalda al relator de historias.”

Aceptas el dolor –por quien no puede sentirse profundamente apenado por el estado de nuestra nación, el mundo y nuestro ecosistema- porque sabes que en la resistencia hay un bálsamo que conduce a la sabiduría, y si no a la alegría, a una extraña y trascendente felicidad. Sabes que si resistimos mantenemos viva la esperanza.

“He templado mi fe en el Infierno”, escribió Vasily Grossman en su obra maestra “Vida y destino”. “Mi fe ha surgido de las llamas de los crematorios, del hormigón de la cámara de gas. He visto que no es el hombre el que es impotente en la lucha contra el mal, sino que es el poder del mal el impotente en la lucha contra el hombre. En la impotencia de la bondad, de la bondad sin sentido, está el secreto de su inmortalidad. Nunca podrá ser vencida. Cuanto más estúpida, más sin sentido, más indefensa pueda parecer, más inmensa es. El mal es impotente ante ella. Los profetas, líderes religiosos, reformadores, líderes sociales y políticos son impotentes ante ella. El amor ciego y mudo es el sentido del hombre. La historia del hombre no es la batalla del bien luchando para superar al mal. Es la batalla librada por el gran mal luchando para aplastar la semilla de la bondad humana. Pero si ni siquiera ahora lo humano ha podido ser aniquilado en el ser humano, entonces el mal nunca vencerá”.

Chris Hedges fue corresponsal extranjero en Centroamérica, Oriente Medio, África y los Balcanes durante casi dos décadas. Ha informado desde más de cincuenta países y ha trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times, para el que estuvo escribiendo durante quince años.

Geopolítica de la comunicación en América Latina


Rebelión

Por Jesus González Pazos

El anterior presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pasa a la memoria colectiva en gran medida como un “presidente bueno”. De una parte por su imagen pública, de otra, al establecerse la irremediable comparación con las primeras decisiones del actual. Sin embargo, la realidad es otra. Solo dos hechos: de una parte, mantuvo a su país en todas y cada una de las guerra abiertas que tenía al llegar a la presidencia, pese a haber prometido su salida de la mayoría, y no cerró la ilegal cárcel de Guantánamo manteniendo allí a decenas de personas, nunca juzgadas en ningún tribunal y, por lo tanto, detenidas durante años en la más absoluta ilegalidad. Esto dice poco de su concepción y respeto a los derechos humanos y de los diferentes pueblos a decidir su presente y futuro sin intromisión de terceros. Pero además, en el plano interno, durante su mandato son inocultables los continuos episodios de racismo y discriminación contra la población negra a lo largo de todo el país y en especial los protagonizados por las fuerzas policiales, dando lugar a levantamientos y protestas como hacía años no se producían. Y esto durante la presidencia del primer mandatario negro de la historia estadounidense. Pues bien, a pesar de ello y tal y como se señala al principio Barack Obama se ha ido de la Casa Blanca con una cierta y popular buena imagen. Sin duda, entre otros actores, pero de forma determinante, han contribuido a ello los grandes medios de comunicación, los lobbys de la imagen y la información.
Otro dato, que ahora nos permite poner la mirada en América Latina, es el hecho de que EE. UU., durante esta presidencia, junto con las fuerzas neoliberales locales, ha tratado en todo momento de recuperar su tradicional política de dominio sobre esta parte del continente y para ello también ha hecho uso (y abuso) de los medios de comunicación masivos. Después del viraje hacia la izquierda de gran parte de América durante la primera década del siglo, se ha pretendido ganar lo que consideraron como su espacio perdido, el famoso “patio trasero”, y avanzar en la restauración neoliberal en estos países o, en el afianzamiento de aquellos gobiernos que se mantuvieron como aliados fieles en esta etapa. Y es con ese objetivo que se irán recuperando también gran parte de los instrumentos y métodos de las décadas pasadas, tales como el estrangulamiento económico, el soborno y extensión de la corrupción, el silenciamiento de defensores y defensoras de los derechos humanos, el bloqueo de financiamiento exterior, el sabotaje y, por supuesto también el sobredimensionamiento de los propios errores cometidos por estos procesos de transformación que empezaban a caminar en estos años. En suma, todas las viejas estrategias, excepto la reinstauración de regímenes dictatoriales en manos de militares como en las últimas décadas del siglo anterior. Ahora, la implantación de “democracias representativas controladas” por los tradicionales poderes políticos y económicos se considerará suficiente para la restauración antes aludida. Aunque esto no supondrá la eliminación de los llamados golpes de estado blandos cuando lo consideren necesario.

Pero, además de los métodos anteriores señalados, hay otros que han jugado, y juegan, un papel determinante y que interesa señalar de forma especial. Son aquellos que aluden al uso continuo de la propaganda, a la manipulación informativa, a la tergiversación de las noticias o a la difamación de líderes y lideresas, de gobernantes elegidos democráticamente. El insulto y la criminalización de éstos últimos o de líderes y organizaciones sociales también es un elemento constante. Todo ello con el objetivo de contribuir al desgaste de los procesos de cambio y transformación y mucho más allá del análisis informativo y político necesario al servicio de la población. Pues bien, para la puesta en marcha de estos métodos, además de los famosos “think tanks” de la derecha que definen estrategias y señalan caminos de acción, estarán los medios de comunicación masivos, en estrecha relación con las oligarquías locales y con las directrices que llegarán del norte del continente y de Europa, en especial del estado español.

Así, O Globo en Brasil, Televisa y Tele Azteca en México, Grupo Clarín en Argentina, Grupo Cisneros en Venezuela, Caracol en Colombia y otros grandes grupos mediáticos se convertirán en herramientas determinantes, controladas por las élites económicas para la nueva etapa que se desarrolla en estos últimos años. La fase del nuevo asalto al poder para la restauración (o sostenimiento) del sistema neoliberal antes derrotado por los procesos de transformación y la indignación de las mayorías sociales ante el continuo empobrecimiento y violación de derechos básicos. Estos son los grandes medios que hoy constituyen la geopolítica de la comunicación masiva en América Latina y que trabajan en alianza estrecha con diferentes grupos mediáticos de Europa y Estados Unidos (Fox, Prisa…). Determinan, definen y extienden ideología, pensamiento único, que nuevamente pretende ser dominante. Ellos definen los horizontes posibles del bienestar que la población debe anhelar; ellos construyen “las verdades” para la legitimación del sistema y su restauración.

Un repaso somero de estos años nos coloca ante la innegable beligerancia de estos medios en su combate contra los procesos de transformación. Sus líneas editoriales han definido, en muchos casos, las estrategias a seguir para acabar con ellos o para justificar las actuaciones de aquellos otros que siempre fueron aliados de las élites económicas. Incluso, en determinados golpes de estado blandos o institucionales exitosos (Honduras, Paraguay, Brasil) y en otros fracasados (Ecuador, Venezuela, Bolivia) jugaron papeles determinantes. Por ejemplo en Bolivia, septiembre de 2008, cuando desde estos medios se daban indicaciones para las actuaciones de los grupos de choque en el intento de golpe de estado y algunos de estos medios llegaban a los lugares de enfrentamiento, incluso antes de que éstos se dieran. Y esta no es una excepción en el continente sino una constante. O en otro orden, la campaña de difamación continua contra el kichnerismo en Argentina cuando el gobierno de Cristina Fernández trató de limitar el monopolio de Clarín. En el mismo sentido el periódico británico The Guardian denuncio en su momento la campaña desarrollado por Televisa a favor del candidato Peña Nieto para que alcanzara la presidencia de México; este medio llegó a poner en marcha una unidad especial secreta para impulsar ese triunfo mientras, en paralelo, articulaba campañas de difamación contra su principal rival en la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. En Venezuela, en el año 2002 cuando se dio el golpe de estado contra el presidente constitucional Hugo Chávez, el magnate de los medios de comunicación Gustavo Cisneros fue uno de los instigadores principales, hasta el punto de ser calificado por algunos como el verdadero jefe supremo de la intentona. Pero es que además, y tal y como se escribió en la prensa española de entonces (El Mundo; 24/11/04) “p oderosos medios de comunicación, en Venezuela y en el exterior apoyaron directa e indirectamente el golpe. Cuatro de los cinco canales de TV son propiedad de compañías privadas y exhortaron incesantemente a la huelga y a las manifestaciones orientadas a derrocar al presidente. Lo mismo sucede con nueve de los diez diarios más importantes. Después silenciaron cualquier información sobre la reacción popular y militar que restableció la legalidad constitucional.”

En este contexto, salvo honrosas excepciones, tres serían los objetivos de la mayoría de los grupos mediáticos en la disputa en América Latina hoy: legitimar el sistema cuando éste todavía está en manos de las élites; combatir los procesos de transformación y cambio protagonizados por las mayorías sociales; y avanzar en la restauración neoliberal. Así su ubicación, más allá de la labor periodística, les sitúa al servicio de los poderes económicos y políticos más tradicionales. Por lo que sus campañas de difamaciones y manipulaciones constantes, sus construcciones de realidades al servicio de esos poderes citados, sus ataques antidemocráticos a gobiernos democráticamente elegidos, imponen, aunque esos medios nieguen su necesidad, la ruptura de los monopolios comunicativos que encarnan y afrontar profundos y urgentes procesos de democratización de estos medios.

Jesus González Pazos. Miembro de Mugarik Gabe