viernes, 16 de septiembre de 2022

Necesitamos un nuevo paradigma para el cuidado de nuestra casa común

German Rosa, SJ, 

Director de Radio Progreso-ERIC.

Hay un refrán africano que dice que hay cosas en la vida que solo se pueden ver después de haber llorado. Se necesita llorar para tener los ojos limpios y poder ver con nitidez lo que ocurre. Las lágrimas son el colirio que limpia la vista para poder ver las cosas.

La ceguera política y económica de grupos de poder, favorece la galopante carrera industrial y comercial, causando las crisis ecológicas que se manifiestan en temporales, deslaves, inundaciones, huracanes, terremotos e incendios de bosques ardiendo que destruyen infinidad de hectáreas, animales, vidas humanas y bienes, etc. Ojos que no lloran no logran ver… Ojos que no ven, corazón que no siente… La ceguera impide ver las víctimas de las crisis ecológicas.

Minera instalada en la comunidad Azacualpa, La Unión, Copán, sangra los cerros, desplazando familias.

Una política y una economía sensibles y con los ojos limpios, nos acercan a los problemas reales del medioambiente para diseñar y aplicar estrategias sostenibles que cuiden nuestra casa común. Tener sensibilidad y los ojos limpios es fundamental para tener una visión estructural y resolver las causas de las crisis medioambientales.

En la reunión del G-20 en Roma, Italia, durante el 30 y el 31 del mes de octubre del 2021, se plantearon la urgente necesidad de lograr acuerdos para afrontar el problema real de recalentamiento global.[1] Inmediatamente, un día después, en Glasgow, Escocia, se reunieron los representantes de casi 200 países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se plantearon la crisis ecológica global y las estrategias para reducir la temperatura en 1,5 grados Celsius.[2] Pero, hubo una reacción multitudinaria exigiendo menos discursos y más acción, ejecutar políticas eficaces que reviertan las crisis ecológicas. Sin embargo, no habrá solución si no se propone seriamente un nuevo paradigma global para acabar con las crisis ecológicas.

El impacto del desarrollo económico en el medioambiente es evidente. Centroamérica tiene un territorio de 522,760 kilómetros cuadrados que concentra entre un 7% y un 10% de la biodiversidad mundial, es una región geográfica con marcados contrastes entre el Caribe y el Pacífico, y se caracteriza por su alta diversidad biológica y cultural. Además, se caracteriza por una gran variedad de climas, donde confluyen cuatro placas tectónicas y elementos que la hacen una región altamente expuesta a los fenómenos como terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierras, huracanes tropicales, inundaciones, sequías y olas de calor. Las crisis ecológicas causan grandes pérdidas de vidas humanas y también afectan la economía. Se calcula que el costo económico de los desastres climáticos, las sequías, inundaciones, entre otros, registrados en Centroamérica en los últimos 20 años es de alrededor de 37.338 millones de dólares. En el año 2018 Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador se situaban entre los 15 primeros países en el mundo con un mayor riesgo climático a largo plazo.[3]

Centroamérica enfrenta severa sequía. Foto: Diana Ulloa.

El modelo del crecimiento económico despiadado e ilimitado está incidiendo directamente para que existan estas crisis ecológicas en nuestro mundo globalizado.[4]

La carrera industrial está acelerando el deterioro del medio ambiente y también agotando los recursos naturales renovables y no renovables. La sobreexplotación de los recursos naturales no solo lleva al agotamiento de dichos recursos, sino que también fomenta la desigualdad social. No solo se trata de minerales como el hierro, el petróleo o el cobre, sino también de recursos básicos para la supervivencia de nuestra especie como el agua. Esto ha provocado la pérdida de la biodiversidad, la extinción de especies animales y el desplazamiento de millones de personas y familias, que deben migrar a otros sitios para garantizar su seguridad alimentaria y sanitaria.

¿Qué impactos tiene la industria en el medio ambiente?

La irracionalidad de maximizar los resultados en las economías no ha dado prioridad a la preservación del medioambiente. Su impacto se hace sentir en la contaminación del aire, el agua, el incremento de los desechos tóxicos y el consumo de energía insostenible que están acelerando el cambio climático.

a) Se contamina el aire. A mediados del 2015, cerca del 80% de las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) se debieron a actividades industriales. Dentro de ellas: 27% pertenece a industrias del sector energético, 25% al sector del transporte y el 17% a industrias manufactureras y de la construcción. Y el otro 20% restante, le corresponde a la agricultura. Los gases de efecto invernadero se debe al uso de combustibles fósiles para procesos industriales y medios de transporte y han obligado a que muchas personas abandonen las actividades relacionadas con la agricultura y la producción de alimentos de forma natural.

Los residuos de los procesos de fabricación, así como los gases que estos emiten, afectan cada vez con mayor gravedad a la calidad del aire y del agua, entre muchos otros aspectos. Así, también se fomentan distintos tipos de contaminación: atmosférica, hídrica, del suelo, lumínica, sonora, térmica, visual, radioactiva, electromagnética, alimentaria.

En Honduras, desde los años 90’s con la aplicación de los ajustes estructurales y la liberalización de la economía se vincularon los capitales extranjeros con las élites locales para hacer grandes inversiones y obtener ganancias de los ríos, los bosques y los minerales del territorio hondureño. Se aprobaron leyes para favorecer este proceso, facilitando la explotación ilimitada de los bienes comunes naturales, nuestros recursos ambientales, sin importar los costos humanos y sociales.[5]

El cultivo de palma africana se extiende en cientos de hectáreas de Honduras.

El modelo extractivista es un modelo de desarrollo insostenible. Este modelo de crecimiento económico se basa en la exportación o la venta de los recursos naturales poco transformados como ocurre con la minería y otros productos agrícolas. En el año 2015 había 59 concesiones mineras en el departamento de Colón, de las cuales 34 se ubican en el municipio de Tocoa: 25 estaban en la fase de solicitud, 21 en explotación, 6 con derecho otorgado y 7 en fase de explotación.[6] Mientras que en el departamento de Atlántida que se ha caracterizado por la abundancia de recursos hídricos y por una gran diversidad de flora y fauna, actualmente, esta riqueza ambiental está siendo amenazada, pues, seis de los sus ocho municipios tienen alguna de las 43 concesiones mineras registradas en el departamento. Obviamente, esto genera conflictividad social que se manifiesta con mayor intensidad en el sector Florida, donde se agrupan 16 comunidades.[7] Es muy sorprendente el expansionismo del modelo extractivista, en el departamento de Yoro existen concesiones mineras, sumando las que han sido solicitadas y las que han sido aprobadas. Este modelo no ayuda a las comunidades ni a la población donde se desarrollarán dichos proyectos. Por ejemplo, el pueblo tolupán que se sitúan en los departamentos de Yoro y Francisco Morazán, en el 2015, el 73.4% no tenía recursos suficientes para consumir alimentos variados y nutritivos; el 100% no tenía seguro médico, y el 96.7% no tenía electricidad.[8] ¿A dónde va toda la riqueza generada por el modelo extractivista?

b) No solamente se contamina el agua, sino que se está agotando. Aparte de la conocida contaminación de ríos y mares por desperdicios vertidos en ellos.

En Honduras en las regiones en donde se aplica este modelo extractivista las comunidades están preocupadas no solo por la contaminación ambiental sino porque los ríos y las quebradas se están quedando sin agua, y porque ya no hay bosques que produzcan agua. De hecho, las amenazas que sufre la población es la deforestación y las concesiones mineras.[9]

En Honduras el modelo extractivista de la industria minera ha creado innumerables problemas tales como: graves violaciones a los derechos humanos, el empobrecimiento y un acelerado deterioro de los bienes naturales y de los medios de vida de las comunidades, ha puesto en evidencia la debilidad del Estado ante las transnacionales porque se vulnera la soberanía socioambiental de las comunidades y de los pueblos indígenas, además, se observa más corrupción e impunidad y la división de la ciudadanía.[10]

El sector de la industria debería centrarse en reducir el consumo de agua y reciclar sus aguas residuales. Optimizar sus procesos productivos. Y de este modo, prevenir la escasez de agua y el tan preocupante vertido de contaminantes.

Además de la deforestación acelerada, los árboles mueren a un ritmo acelerado debido a la contaminación del aire, la sequía de fuentes hídricas aledañas y los cambios bruscos de temperatura. El 40% de la población mundial ya tiene problemas de escasez de agua.[11]

c) Se incrementan los residuos o desechos tóxicos. Se estima que en la actualidad se producen más de 3 millones de toneladas anuales de residuos peligrosos en todo el mundo. Estas son cifras preocupantes. Y, más preocupante aún es saber que la gestión de estos residuos es insuficiente. El sector industrial debería centrarse en la minimización de estos residuos. Se estima que entre 300-400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y otros desechos de instalaciones industriales se descargan anualmente en las aguas del mundo, y los fertilizantes que ingresan a los ecosistemas costeros han producido más de 400 «zonas muertas» en 245.000 km2 de océanos.[12]

El uso de los fertilizantes químicos y métodos artificiales de cultivo hacen que los alimentos sean de peor calidad y afecten negativamente a nuestra salud y la del medioambiente, pues contaminan los alimentos, la tierra y el aire.

En los últimos años se ha denunciado la contaminación en las playas de Omoa, Cortés, frontera entre Honduras y Guatemala.

Las basuras en ríos, océanos y suelos están generando graves daños para el equilibrio terrestre, además de los residuos químicos que se mezclan en el aire que respiramos. Cada año llegan cerca de 8 millones de toneladas de plástico al mar.[13]

d) El consumo de la energía en el sector de la industria ha aumentado de gran manera.  Los tipos de energía más empleados son la electricidad, el gas natural y el petróleo. Uno de los problemas más importantes que genera el actual modelo energético se encuentra en el uso de los combustibles fósiles que son más contaminantes. La producción y el uso de energía son la principal causa de las emisiones de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático. Esto provoca cambios en el ecosistema derivados, por ejemplo, de la explotación de yacimientos, la emisión de CO2 y otros gases contaminantes a la atmósfera o la contaminación de aguas o suelos. Todo ello lleva a un aumento de las temperaturas del planeta, una subida del nivel del mar, una pérdida de la biodiversidad y a un empeoramiento de la calidad del aire, entre otros.[14]

En Honduras se está creando un dinamismo y una legislación que busca generar energía limpia para evitar la contaminación ambiental y el elevado costo de los combustibles fósiles. Según el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC): “El 70% de la electricidad que se genera en Honduras es energía térmica, y el 30% restante es energía hidroeléctrica y otras formas de generación. Esto no es favorable para el ambiente ni para la economía del país, debido a la contaminación ambiental y el elevado costo de combustibles fósiles. En estas circunstancias se entiende la decisión del Estado de cambiar la matriz energética para priorizar la producción de energía limpia a partir del caudal de los ríos”.[15]

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Se está creando un tipo de legislación para la concesión de ríos para que la conversión de la matriz energética y se establece las responsabilidad y derechos del sector estatal, empresarial y de las organizaciones sociales y comunitarias. En todo el proceso de actualización jurídica es importante evaluar ahora, si la propuesta ideal para la reconversión del consumo de combustibles fósiles al uso de energías limpias que se plantea se está realizando y no se queda en papel mojado, y también es importante considerar los costos reales comunitarios y ecológicos. De tal manera que los sectores sociales más vulnerables se estén beneficiando de este gran proyecto legislativo y no se reduzcan las concesiones de aguas nacionales a otorgar el control de los recursos hídricos y ambientales estratégicos del país a los grupos económicos.

Al mismo tiempo todo este proceso de conversión de matriz energética es un factor que puede potenciar la organización comunitaria y de la sociedad civil para ejercer la soberanía de sus gobiernos locales sobre los recursos naturales. En definitiva, la crisis socioecológica pone en evidencia la necesidad de un cambio urgente de paradigma para el cuidado de nuestra casa común.


[5] Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, Radio Progreso, el Colegio de Salud Pública y Justicia Social de la Universidad de Saint Louis Missouri. (2016). Resumen. Impacto socioambiental de la minería e la región noroccidental de Honduras a la luz de tres estudios de casos. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras, p. 7.

[6] Cfr. Equipo de Reflexión y otros, 2016, p. 25.

[7] Cfr. Equipo de Reflexión y otros, 2016, p. 29.

[8] Cfr. Equipo de Reflexión y otros, 2016, p. 34.

[9] Cfr. Equipo de Reflexión y otros, 2016, pp. 41-42.

[10] Cfr. Equipo de Reflexión y otros, 2016, pp. 46-47.

[15] Víctor A. Fernández Guzmán, J. Medina, M. Fernández (2013). Concesiones de aguas nacionales para generar energía en los municipios de Tela, El Negrito y El Progreso. El Progreso, Yoro, Honduras: Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC-SJ), p. 23.

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