viernes, 5 de agosto de 2022

Personajes y Medios Alternativos


Defensoresenlinea.com

Esta semana no vamos a detenernos en la visita instrumental del ministro de seguridad nacional de Estados Unidos a Tegucigalpa ni en el Twitter censor del encargado de negocios de la Casa Blanca contra Ricci Moncada, y mucho menos en el rol asignado al ex embajador Hugo Lorens.

Tendríamos muchas razones para ocuparnos de esos temas por su impacto en los derechos humanos de niños y niñas, y sobre las relaciones de independencia o de subordinación de Honduras a la política exterior estadounidense.

Pero vamos a adoptar la medida de observación crítica para revenir más tarde sobre esos hechos, porque tienen influencia además sobre la economía, el proceso de amnistía que buscan reemplazar con su lista Engel y, de modo particular, sobre la instalación de la CICIH y la integración de la nueva Corte Suprema de Justicia.

Hoy queremos compartir palabras a las familias y amistades de la abuela Dionisia Díaz, Ubodoro Arriaga y Mario Casasús.

Comenzamos con la abuela, su megáfono, sus trajes multicolores de cada día, su juventud acumulada, su rostro cobrizo indígena castigado por el sol, su ejemplo de dignidad callejera, su historial de lucha y su partida el jueves.

En estos 13 años de luchas de resistencias la abuela Dionisia, animadora innata, sobreviviente de la huelga de 1954, nos deja 86 años de herencia para reconocer en las mujeres su fuerza, su determinación de seguir adelante, aunque la nube de gases sea densa, aunque la furia de Romeo Vásquez para imponer narcos en el poder no haya tenido límites.

Dionisia Díaz es un modelo de madre y abuela luchadora, que sin saberlo probablemente inspiró a millares de niñas y jóvenes en toda Honduras a dejar la comodidad de la casa, a vencer el miedo construido por los medios inútiles al servicio de la dictadura violenta, y a luchar sin tregua sin esperar chamba, reconocimiento ni fama.

Acostumbrada a luchar contra los cariístias, golpistas del 63 y de finales de los años 70s, la abuela enfrentó a los gorilas de 2009 con la misma energía de siempre. En Alauca, durante las noches de agosto, ella misma contaba que mientras la marea humana se reposaba rodeada de fusiles, ella avanzaba en silencio detrás de las columnas militares y súbitamente con su voz de megáfono, los asustaba. Hacía reír a los chafas. Y probablemente los educaba.

Pero Dionisia no tenía miedo, porque sabía que el miedo estaba del lado de los golpistas. Los militares de Romeo esperaban siempre que el pueblo desenfundara las armas contra ellos, porque tenían miedo, vivían con estrés, porque no estaban listos para la insurrección. Dionisia lo sabía, por eso los asustaba con su voz de abuela. Y por esta vez, sus nietos y nietas optaron por las piedras, los palos y las ideas, hasta vencer a los violentos.

En 2013, la abuela corría por un cargo de elección popular pero el fraude la despedazó. Para entonces, ella proponía a sus admiradores que si les ofrecían dinero de la kachureca que lo aceptaran, pero que votaran para liberarse. Tuvo que esperar. En 2021 vio la gesta de un pueblo que se unió para botar al carajo a los narcotraficantes que usaron aquel golpe para afianzar sus garfios sobre las instituciones públicas. Pudo ver a Xiomara subir al pódium. Que en paz descanse, abuela Dionisia. Gracias por su inspiración permanente.

En este obituario de la semana, enviamos al viento también palabras de reconocimiento a un hombre bueno, a un caballero de tiempo completo como era Ubodoro Arriaga, víctima de los violentos en Marcala, La Paz.

Sin saber aún los detalles del ataque en su residencia el martes, nos vamos a quedar con la imagen de un ser humano extraordinario, acogedor, desprendido, sabio y prudente, luchador en resistencia hasta morir.

Heredero de una profunda lista de valores universales de su padre don Ubodoro Arriaga Iraheta y su madre doña Aída, este hijo valiente supo honrar la tradición de la justicia, el respeto a la palabra, la tolerancia a las diferencias, la amistad y el amor. Fue un defensor de los derechos humanos en su sierra y en toda Honduras.

En la mirada de Ubodoro estaba siempre una pregunta: ¿qué más podemos hacer, compañeros? Y no dudaba nunca en poner sus patrimonios al servicio de la causa colectiva. A su familia y a sus amistades, nuestro abrazo institucional pleno de orgullo por haber estado entre sus contactos, entre sus compañeras.

Los restos de Ubodoro fueron velados en la colonia 15 de septiembre hasta hoy y fueron sepultados en el cementerio general, al lado de la tumba de su madre Conchita Izaguirre.

Y en otra latitud de América, en Morelos, México, la humanidad ha despedido los restos de otra extraordinaria persona que conocimos de cerca en el Cofadeh.  El periodista, escritor, investigador y promotor cultural Mario Casasús, autor de “La tumba”, despedido el jueves en Cuautla a los 42 años.

Autor del libro “La gestión de la Fundación Neruda” (2006), “Ignacio Manuel Altamirano en Morelos” (2015), “Pablo Neruda en Morelos” (2016) y “José Agustín en Morelos” (2019), Mario era además corresponsal de varias publicaciones impresas en América Latina. Fue redactor de defensoresenlinea.com.

La directora del museo de Morelos, Helena González, al enterarse del fallecimiento de Casasús lo describió como un creador polémico y agresivo, pero serio y contribuyente importante de los temas zapatistas, de la historia de la literatura, y de las resistencias en América.

En Honduras, el poeta Fabricio Estrada lo describió en sus redes sociales como un compa valiente y huidizo. Un duende de nuestra lucha popular.

Bertha Oliva, por su parte, lo recuerda como una persona crítica, que a menudo callaba sus juicios punzantes sobre protagonistas de las calles, para darle vida al proceso y no a sus dudas. Era un profesional de estirpe dura, un excelente amigo, un ser leal y admirador del trabajo del Cofadeh.

La coordinadora general de este Comité tiene presente el día que Mario Casasús se presentó a su oficina sede sobre la avenida Cervantes de Tegucigalpa. “Él era parte de aquella ola de intelectuales y trabajadores de la comunicación latinoamericanos que llegaron a Honduras tras el golpe de Estado en 2009. Se presentó como un voluntario para una semana, pero se quedó más de seis meses”.

La pluma aguda de Morelos, México, llegó a Tegucigalpa con un boleto ida y regreso para ocho días. Vino atraído por las urgencias solidarias como decenas de trabajadores de medios alternativos de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Venezuela y Centroamérica. Las luchas de resistencias en Honduras lo atraparon más de seis meses. Se enamoró de nuestra gente.

Mario Casasús llegó al COFADEH a buscar un espacio para difundir a través de nuestros medios de información. Y encontró su casa, su comunidad. Aquí se quedó.

“Tengo todo el respeto por ustedes, nos decía con frecuencia, al ver nuestra sede viva, ocupada en la búsqueda de la libertad y de la justicia, inclusive varias veces atacadas directamente por la policía y el ejército que irrespetaron la memoria de las víctimas y la presencia de niños y mujeres”, subraya Bertha.

La muerte en México de este polémico amigo universal nos deja una sensación de vacío, pero a la vez un agradecimiento con su vida fructífera, contributiva de los procesos de información alternativa en América Latina. ¡Que su viaje sea en paz!

Hasta aquí las tres personas extraordinarias de esta noche, entre otras que han partido, nos dejan el ejemplo de vocerías públicas inolvidables, de valores democráticos profundos y de compromiso universal con la verdad.

La abuela Dionisia hereda su megáfono encendido a las juventudes rebeldes, Ubodoro su gentileza y firmeza juntas para darle seriedad a las luchas, y Casasús su rudeza crítica y su lealtad a la causa para hacerla duradera.

Frente a los golpistas corruptos y narcos, y frente a las injerencias de Estados Unidos, esos tres modelos de humanidad son importantes. Un megáfono puede reemplazar todos los medios mercenarios venidos encima del pueblo, tiene el poder de quebrar el silencio. Una actitud de firmeza tiene la fuerza para enfrentar lo que sea, y un libro, un semanario o una radio popular tienen el alcance suficiente para penetrar la conciencia como un fogonazo de luz.

Que estos ejemplos sigan inspirándonos y señalando el camino. Buenas noches.


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