viernes, 5 de agosto de 2022

Germán Pérez: “Soy hijo de un desaparecido”


Defensoresenlinea.com

En casa tiene una pintura con el rostro de su padre Germán Pérez Alemán, Fidel Castro y Ernesto “El Ché” Guevara, imagen que utiliza para que su hijo de seis años vea a su abuelo.

-Se llama Germán, igual que yo-, le comenta siempre a su niño, quien lo hace volver cuatro décadas al pasado y lo convierte en aquel pequeño de tres años a quien la Doctrina de Seguridad Nacional le arrebató para siempre a su papá.

A pocas semanas de cumplir 40 años de la desaparición del líder sindical Germán Pérez Alemán, su papá, ningún recuerdo guarda en su memoria “pues a mi padre lo desaparecieron cuando yo iba a cumplir cuatro años, me estoy acercando a los 44 años en septiembre y mi papá fue desaparecido en agosto”, expresó Germán Pérez Gómez, mientras estaba en la galería de Memorias Vivas del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), junto a su madre Mary Gómez.

Una imagen en blanco y negro, tomada por algún fotoperiodista solidario en la década de 1980, le recuerda a Germán, que él desde pequeño luchó para que su papá volviera, aunque no se reconozca en la imagen, guarda esas memorias de las madres de los Pañuelos Blancos, caminando juntas, abrazándose y dándose ánimo en medios de los insultos, armas y olvido de parte de las autoridades de aquella época.

La familia Pérez-Gómez, representada por doña Bertilia López Cerrato (Bertilia Alemán), es una de las 12 fundadoras de este emblemático Comité, que el año pasado inició la campaña “40 años de impunidad”, mismo tiempo que tiene luchando por verdad y justicia, inicialmente por 184 detenidos desaparecidos por razones políticas, aunque la cantidad de víctimas es mayor, sumando las nuevas desapariciones forzadas en los 12 años de narcodictadura dirigida por el Partido Nacional de Honduras.

“Mi abuela Bertilia, mi mamá, mi hermana Linda “Milita” y yo, participamos de aquellas acciones que emprendió el COFADEH en medio de la represión armada, agregó Germán, quien tiene una fotografía exigiendo justicia por su papá frente a la antigua Casa Presidencial, en el centro de Tegucigalpa, “ante cualquier cantidad de militares que en ese tiempo pudo ser un impacto para un niño, pero salimos adelante”.

Infancia en la lucha, herederos de la dignidad

No es fácil ser hijo de un desaparecido, desde niño caminó de la mano de su madre y abuela, extendiendo su familia en los lazos del dolor y la esperanza. Los hijos e hijas de detenidos desaparecidos crearon una hermandad que los mantiene unidos en la adultez.

A fines de mayo, nuevamente posaron juntos para fotografías ahora digitales y a color, durante la Semana Internacional del Detenido Desaparecido y el II Encuentro de la Red Centroamericana de Memoria en Tegucigalpa.

Pero vuelven los recuerdos en blanco y negro de aquellas movilizaciones del Primero de Mayo en la década de 1980 y 1990, “donde COFADEH siempre ha estado y que no terminaban tan pacíficamente, porque los militares tenían la idea de eliminar la manifestación con el uso de la fuerza y salíamos corriendo”, dijo el ahora administrador de empresas. Desde entonces, el gas lacrimógeno es parte de su memoria.

Su mirada se ilumina cuando recuerda el histórico plantón en la Plaza de los Desaparecidos “íbamos los viernes con nuestras pancartas, estaba doña Fidelina Borjas (madre de Samuel Pérez-1982), doña Liduvina Hernández (Enrique López-1982) y Berta Oliva (esposa de Tomás Nativí Gálvez-1981), señoras que juntos con mi abuela empezaron esta lucha.

En ese momento pensábamos en la certeza de encontrar a nuestros familiares, por eso es el lema “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, que se lee en las mantas con los rostros de los detenidos desaparecidos, agregó Germán.

Al niño que tiene 40 años de búsqueda, le vuelve la esperanza al saber que actualmente desde otros países e instancias se aplica la justicia para violadores de derechos humanos y genocidas, sean estos militares o cómplices. En Honduras eso es difícil porque el Sistema Judicial se ha viciado del lado del poder y no de la justicia.

El silencio no era opción

En las diversas actividades que realizaba el COFADEH, los hijos e hijas de desaparecidos fueron tomando un rol histórico que mantenían vigente la memoria de sus progenitores, se les empezó a llamar “el hijo/hija de…” entre luchadores sociales y periodistas, quienes aprovechaban las oportunidades para tomarles fotografías o entrevistarlos.

“¿Dónde está mi papi?, preguntaban con inocencia y ternura. Celebro que a pesar de toda la violencia que representa la desaparición forzada de sus padres sus vidas NO están tocadas por el odio”, recordó el periodista Félix Molina, cuando vio una imagen grupal de Lenin López (hijo de Enrique), Tania Martínez (hija de Fidel Martinez-1981), Tomás Nativí Oliva (hijo de Tomás y Berta), Milita y Germán.

Recuerdo la exposición de fotografías en el parque central de Tegucigalpa y la peatonal (paseo Liquidámbar), yo estudiaba el ciclo común en el instituto “Abelardo R. Fortín”, -agregó Germán- y junto con mi hermana y Tomás, nos tomaron fotografías junto a las pancartas de los desaparecidos.

“Los medios de comunicación nos entrevistaban, éramos hijos de desaparecidos y a veces nos preguntaban cosas que desconocíamos pero que aprendíamos, no era fácil hablar del tema aun en la represión de esa década; sin embargo, tuvo un impacto positivo en mi vida, se han superado esas cosas y seguimos luchando para que cada vez sean mejor”.

Justicia negada

Son 40 años de espera por algún tipo de justicia, pero con las autoridades que hemos tenido a lo largo de la historia desde la década de los 80, no fueron gobiernos que quisieran esclarecer la situación de los detenidos desaparecidos, lamentó Germán.

Cabe señalar que existe una deuda histórica con las víctimas de “la década pérdida”, en cuanto a la entrega de informes sobre la búsqueda, pero esas promesas se fueron a la tumba junto a los ex presidentes Roberto Suazo Córdoba (1982-1986) y José Simón Azcona (1986-1990), hasta este año con el Gobierno de Xiomara Castro y el aporte del COFADEH, se han hecho actos de reparación para los mártires del Golpe de Estado de 2009 y la continuación de la dictadura, cuyos nombres figuran en la emblemática plaza “Isy Obed”, costado sur del Aeropuerto Internacional Toncontín; además con el Decreto Ejecutivo 04/2022 sobre la Ley Amnistía Política que beneficiaría a más de cinco mil personas.

Si no hubo justicia en ese entonces, fue por falta de voluntad política. Germán considera que “en algún tiempo se pudo informar a la población sobre lo que había sucedido con cada detenido desaparecido, buscando expedientes, papeles, información que ellos (responsables de las desapariciones) podían tener, pero que al final no salieron a la luz, después de tantos años cualquier justicia ya no es justicia”.

Lo que suceda con los perpetradores de estos crímenes de lesa humanidad y sus cómplices, no causa emoción alguna en el hijo de Pérez Alemán, porque ha pasado mucho tiempo, algunos ya han muerto y otros viven tranquilos.

“La justicia debe ser temprana, quizás -los criminales- solo sean cuestionados por la sociedad, pero en qué les puede afectar, si fueron capaces de desaparecer personas por tener formas diferentes de pensar a Washington, que era lo que incomodaba al Embajador de aquel tiempo, John Dimitri Negroponte”.

Entonces acuñaron la frase de los militares que “el mejor comunista era el que estaba muerto”, declaró Germán, “40 años hemos esperamos por algún tipo de justicia que no llegó, de aquí en adelante sólo es seguir luchando como familia y tener el recuerdo de lo que hemos vivido como COFADEH, desde su fundación”.

Figura paterna, responsabilidad y compromiso

Al no tener una vida a la que se llamaría “normal” igual a los demás niños, Germán preguntaba a su mamá “¿cómo era mi padre?, el hecho de no haber disfrutado esa figura paterna porque me lo llevaron a tan corta edad, me dejó la idea de ser responsable, enfocado en vivir un presente para crear un futuro que me diera tranquilad alejado de muchas cosas propias de la juventud, lo que me ha forjado fortaleza y disciplina, buscando propósitos en la vida, crecí con la educación que me dio mi mamá y mi abuela, al desaparecer mi padre fui desarrollando mi vida”.

Saber sobre la vida de su padre, le sirve en las conversaciones donde surge el tema de los detenidos desaparecidos de los 80, más si se trata de realidad nacional, entonces Germán afirma, “soy hijo de un desaparecido” se vuelve una plática amena, y cuestionan ¿por qué no se ha hecho justicia?, quienes conocieron a mi papá lo recuerdan amable, con principios e ideología firme y una personalidad inquebrantable.

Soy víctima de las desapariciones de los 80 y sigo en el país, añadió. Con el paso de los años, “No me he sentido derrotado porque la justicia divina existe, lo que molesta es que en el propio país no existe la justicia”.





El tiempo transcurrido es el mismo de la lucha del COFADEH, cuarenta años contra la impunidad y aún no hay referentes de castigos por violar derechos humanos, nunca se los llevaron a juicio quizá porque eran tan afines a los gobiernos de turno, entonces era más fácil decirles “váyanse del país hasta que esto se tranquilice y después regresa”, supone Pérez Gómez.

Se repiten los hechos

En las desapariciones forzadas en Honduras, COFADEH identifica cinco contextos distintos, que expuso al Grupo de Trabajo sobre la Desaparición Forzada o Involuntaria de Naciones Unidas, en mayo de 2021:

  1. Las desapariciones de los años 80, en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada en Honduras como en el resto de las Américas.
  2. En los años 90 con la aplicación de la Cero Tolerancia a la delincuencia, donde también ocasionaron desapariciones forzadas con patrones similares y aplicado en la década de los 80.
  3. Con el Golpe de Estado de 2009 se reactivaron las desapariciones por razones políticas.
  4. Desapariciones por el conflicto de la tierra
  5. A finales de marzo de 2020 con la suspensión de las Garantías Constitucionales como medida preventiva por el contagio de COVID-19.

“Me identifico con las nuevas víctimas de desapariciones forzadas, porque yo lo viví” declaró Germán, también con las personas asesinadas -durante la dictadura después del golpe, el COFADEH registró 148 víctimas-, que, si bien algunas personas no dejaron descendencia, son hijos de alguien.

Hizo un llamado a no caer en las pretensiones del sistema opresor, que es causar miedo para acallar la voz del pueblo, y lamentó que aun existan personas iniciando una lucha de búsqueda de sus familiares y justicia.

Como la mayoría de las madres de los pañuelos blancos, doña Bertilia falleció hace dos décadas sin cansarse de buscar a su hijo. Ese ejemplo de perseverancia y solidaridad al desaparecer Germán Pérez Alemán fue bastión para mantener unida a la familia, “tengo el ejemplo de valor, disciplina, responsabilidad de mi abuela, con eso crecí”.

Ahora como padre de familia, Germán vuelve la mirada a la pintura, le dice a su hijo que entre el Ché Guevara y Fidel Castro está su abuelo Germán.

Él es tu abuelo, le indica.

– ¿Él es mi abuelo?, pregunta el niño.

Sí, se llama Germán igual que yo. Y como está pequeño aun, solo se queda viendo la pintura que son los recuerdos que tenemos, entonces pregunta

-¿por qué tengo a mi otro abuelo y a él no?

Es muy difícil responderle a un niño, le explico nada más que él no está, pero que está feliz de saber que hay un nieto.

GERMAN PEREZ ALEMAN

Era el fiscal del Sindicato de Empleados Públicos de Mantenimiento de Carreteras, Aeropuertos y Terminales (SECAMAT), con domicilio en la colonia Suyapa de Tegucigalpa.

El 18 de agosto de 1982 fue secuestrado por seis hombres encapuchados, fuertemente armados, quienes lo introdujeron violentamente a un vehículo frente al monumento de Colón, en el Boulevard Comunidad Económica Europea. Antes de introducirlo al carro fue golpeado salvajemente y herido en la cabeza.

Los secuestradores fueron perseguidos y alcanzados por la patrulla # 12 de la Secretaría de Comunicaciones, Obras Públicas y Transporte (SECOPT) al mando de los sargentos Juan Bautista Aguilar, Porfirio Martínez y el cabo Nicolás Aguilar Carrasco, quienes cesaron su carrera después que sus colegas se identificaron como agentes de Inteligencia Militar (G-2) al frente de una operación especial.

El ministro de SECOPT para entonces era José Azcona Hoyo, quien posteriormente fue presidente de Honduras.


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