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lunes, 13 de mayo de 2019
La imputación de Julian Assange por parte del Gobierno de EE. UU. representa una grave amenaza para la libertad de prensa
Por Glenn Greenwald y Micah Lee *
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
La imputación de Julian Assange por parte del Departamento de Justicia de Trump, aún sin cerrar, representa una grave amenaza para la libertad de prensa no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. El auto acusatorio y la solicitud de extradición adjunta del Gobierno de EE. UU. utilizados por la policía británica para arrestar a Assange, una vez que Ecuador retiró oficialmente su protección de asilo, busca criminalizar numerosas actividades en el núcleo del periodismo de investigación.
Mucho de lo informado hoy sobre esta acusación está plagado de falsedades. Dos hechos en particular han sido completamente distorsionados por el Departamento de Justicia y luego propagados por numerosas organizaciones de los medios.
El primer hecho crucial de la acusación es su alegato clave: no resulta nada nuevo que Assange no solo recibió documentos clasificados de Chelsea Manning sino que trató de ayudarla a descifrar una contraseña para cubrir sus huellas. Era algo bien conocido desde hacía mucho tiempo por el Departamento de Justicia de Obama y formó explícitamente parte del juicio de Manning. No obstante ese Departamento -que no es precisamente famoso por ser el mejor guardián de las libertades de prensa- llegó a la conclusión de que no podía ni debía procesar a Assange porque acusarlo constituiría una seria amenaza para la libertad de prensa. En resumen, la acusación de hoy no contiene evidencias ni hechos nuevos sobre las acciones de Assange, hace años que todos esos detalles son bien conocidos.
El otro hecho clave del que se informa de manera errónea es que la imputación acusa a Assange de intentar ayudar a Manning a conseguir acceder a las bases de datos de documentos a los que ella no tenía acceso válido: es decir, de piratear en lugar de hacer periodismo. Pero la acusación no alega tal cosa. Más bien acusa simplemente a Assange de intentar ayudar a Manning a iniciar sesión en los ordenadores del Departamento de Defensa utilizando un nombre de usuario diferente para poder mantener el anonimato al descargar documentos de interés público y luego enviarlos a WikiLeaks para que los publicara.
En otras palabras, la acusación busca criminalizar lo que los periodistas no solo tienen permitido sino que también tienen la obligación ética de hacer: tomar medidas para ayudar a sus fuentes a mantener el anonimato. Como señaló hace mucho tiempo el abogado de Assange, Barry Pollack: “Las alegaciones de hecho... se reducen a alentar a una fuente para que le brinde información, esforzándose en proteger la identidad de esa fuente. Los periodistas de todo el mundo deberían estar profundamente preocupados por estas acusaciones penales sin precedentes”.
Esa es la razón de que la acusación represente una amenaza tan grave para la libertad de prensa. Caracteriza como delitos graves muchas acciones que los periodistas no solo tienen permitido llevar a cabo sino que también deben realizar para elaborar informes sensibles en la era digital.
Pero como el Departamento de Justicia emitió un comunicado de prensa con un titular que afirmaba que Assange estaba acusado de “piratear” hechos delictivos, los medios de comunicación repitieron tal afirmación a lo loco, aunque la imputación no contenga tal acusación. Simplemente acusa a Assange de intentar ayudar a Manning a evitar que la detectaran. Eso no es “piratear”. Se trata de una obligación fundamental del periodismo.
La historia de este caso es vital para comprender lo que realmente sucedió hoy. El Gobierno de EE. UU. ha estado dispuesto a acusar a Julian Assange y WikiLeaks desde al menos 2010, cuando el grupo publicó cientos de miles de registros de guerra y cables diplomáticos que revelaron numerosos crímenes de guerra y otros actos de corrupción por parte de EE. UU., Reino Unido y otros gobiernos de todo el mundo. Para lograr ese objetivo, el Departamento de Justicia de Obama seleccionó un gran jurado en 2011 y llevó a cabo una amplia investigación sobre WikiLeaks, Assange y Manning.
Pero en 2013, ese Departamento de Justicia llegó a la conclusión de que no podía procesar a Assange en relación con la publicación de esos documentos porque no había forma de distinguir lo que hacía WikiLeaks de lo que The New York Times, The Guardian y numerosos medios de comunicación de todo el mundo hacen de forma rutinaria: es decir, trabajar con diversas fuentes para publicar documentos clasificados.
El Departamento de Justicia de Obama intentó durante años encontrar pruebas para justificar la afirmación de que Assange hizo algo más que actuar como periodista -por ejemplo, que trabajó ilegalmente con Manning para robar los documentos- pero no encontró nada para justificar esa acusación y, por lo tanto, nunca había acusado a Assange (como se señaló, el Departamento de Defensa de Obama estaba al tanto, desde al menos 2011, del núcleo de la acusación de la imputación de hoy -que Assange trató de ayudar a Manning a eludir un muro de contraseñas para que pudiera utilizar un nombre de usuario diferente- porque eso formaba parte de los cargos contra Manning ).
Así pues, Obama puso fin a sus ocho años en el cargo sin acusar a Assange o WikiLeaks. Todo lo relacionado con la posible imputación de Assange cambió solo al inicio de la administración de Trump. A principios de 2017, los funcionarios más reaccionarios de Trump estaban decididos a hacer lo que el Departamento de Justicia de Obama se negó a hacer: acusar a Assange en relación con la publicación de los documentos de Manning.
Como informaba el New York Times a finales del año pasado: “Poco después de asumir el cargo de director de la CIA [el actual secretario de Estado], Mike Pompeo habló en privado con los legisladores sobre un nuevo objetivo para los espías estadounidenses: Julian Assange, el fundador de WikiLeaks”. The Times agregaba que “el Sr. "Pompeo y el exfiscal general Jeff Sessions desataron una campaña agresiva contra Assange, invirtiendo la visión de la era de Obama de WikiLeaks como entidad periodística”.
En abril de 2017, Pompeo, cuando aún era jefe de la CIA, pronunció un discurso desconcertante en el que afirmó: “Tenemos que reconocer que no podemos permitir que Assange y sus colegas tengan licencia para usar los valores de la libertad de expresión contra nosotros”. Y puntualizó su discurso con esta amenaza: “Darles espacio para aplastarnos con secretos que han robado es una perversión de lo que representa nuestra gran Constitución. Y eso va a terminarse ya”.
Desde el principio, el Departamento de Justicia de Trump no ha ocultado su deseo de criminalizar el periodismo en general. Al comienzo de la administración de Trump, Sessions discutió explícitamente la posibilidad de procesar a periodistas por publicar información clasificada. Trump y sus principales asesores se mostraron claramente ansiosos de desarrollar e intensificar la evolución de la administración de Obama para permitir que en Estados Unidos pueda criminalizarse el periodismo .
El arresto de hoy de Assange es claramente la culminación de un esfuerzo de dos años por parte del Gobierno estadounidense coaccionando a Ecuador -bajo su nuevo y sumiso presidente, Lenín Moreno- para que retirase la protección de asilo que concedió a Assange en 2012. Anular el asilo de Assange permitiría que el Reino Unido arrestara a Assange por el cargo menor que tiene pendiente en Londres por haberse fugado tras pagar una fianza por la libertad condicional y, mucho más significativamente, para amparar una solicitud de extradición del Gobierno estadounidense de enviarlo a un país con el que no tiene conexión (EE. UU.) y ser juzgado en relación con los documentos filtrados.
De hecho, el motivo de la administración Trump está claro. Dado que Ecuador retiró su protección de asilo y permitió de manera servil que el Reino Unido entrara en su propia embajada para arrestar a Assange, este solo se enfrentaba en el Reino Unido a un cargo menor por prófugo de la justicia (Suecia cerró su investigación de agresión sexual no porque concluyera que Assange era inocente sino porque pasaron años intentando extraditarlo sin éxito). Al acusar a Assange y exigir su extradición, se asegura de que Assange -una vez que cumpla su condena en una cárcel de Londres por el tema de violación de fianza- permanezca en una prisión británica durante todo el año o más que se demore la solicitud de extradición estadounidense. Ciertamente Assange recurrirá y tratará de abrirse camino a través de los tribunales británicos.
La imputación se lanzó no para acusar a Assange de actividades periodísticas sino de piratería criminal. Pero es un pretexto apenas disfrazado para procesar a Assange por publicar documentos secretos del Gobierno de Estados Unidos mientras pretende estar haciendo otra cosa.
Cualquiera que sea la verdad sobre la acusación, partes sustanciales del documento describen explícitamente como criminales exactamente las acciones que los periodistas realizan habitualmente con sus fuentes y, por lo tanto, constituyen un intento peligroso de criminalizar el periodismo de investigación.
La acusación, por ejemplo, pone un gran énfasis en el presunto apoyo de Assange para que Manning -después de que ella le entregara cientos de miles de documentos clasificados- intentara obtener más documentos para que WikiLeaks los publicara. La acusación formal afirma que “las discusiones también reflejan que Assange alienta activamente a Manning para que proporcione más información. Durante un intercambio, Manning le dijo a Assange que ‘después de esta carga, eso es todo lo que realmente me queda’. A lo que Assange respondió, ‘según mi experiencia, los ojos curiosos no se secan nunca’”.
Pero alentar las fuentes para obtener más información es algo que los periodistas hacen habitualmente. De hecho, sería una violación de los deberes periodísticos de uno no pedir a las fuentes vitales con acceso a información clasificada que puedan proporcionar aún más información para permitir un conocimiento más completo. Si una fuente llega a un periodista con información, es completamente normal y previsible que el periodista responda: ¿Puedes darme también X, Y y Z para completar la historia o para mejorarla? Como Edward Snowden dijo esta mañana : “Bob Woodward declaró públicamente que me habría aconsejado permanecer en mi puesto y actuar como topo”.
El periodismo de investigación en muchos, cuando no en la mayoría, de los casos implica constantes idas y venidas entre el periodista y la fuente, a la que el periodista intenta inducir a que proporcione más información clasificada, aunque hacerlo sea ilegal. Incluir ese “estímulo” como parte de una acusación penal, como hizo el Departamento de Justicia de Trump hoy, es criminalizar el quid del periodismo de investigación en sí mismo, incluso si la acusación incluye otras actividades que usted pueda pensar que quedan fuera del ámbito del periodismo.
Como explicó el profesor de periodismo de Northwestern, Dan Kennedy, en The Guardian en 2010, cuando denunció como amenaza a la libertad de prensa los intentos del Departamento de Justicia de Obama de acusar a Assange basándose en la teoría de que él hizo algo más que recibir y publicar documentos de forma pasiva, es decir, que colaboró activamente con Manning:
El problema es que no hay que hacer una distinción significativa. ¿Cómo es que The Guardian, igualmente, no se “confabuló” con WikiLeaks para obtener los cables ? ¿Cómo es que The New York Times no “colaboró” con The Guardian cuando este medio le dio una copia al Times tras la decisión de Assange de eliminar al Times del último volcado de documentos?
Por lo demás, no veo cómo puede decirse que ninguna entidad informativa no se ha confabulado con una fuente cuando recibe documentos filtrados. ¿Acaso el Times no se alió con Daniel Ellsberg cuando recibió los Papeles del Pentágono ? Sí, hay diferencias. Ellsberg había terminado de hacer copias mucho antes de comenzar a trabajar con el Times, mientras que Assange pudo haber incitado a Manning. Pero, ¿es eso realmente importante?
La mayoría de los informes de hoy sobre la imputación de Assange han sugerido falsamente que el Departamento de Justicia de Trump descubrió algún tipo de evidencia nueva que probaba que Assange intentó ayudar a Manning a hackear una contraseña para usar un nombre de usuario diferente a la hora de descargar los documentos. Aparte del hecho de que esos intentos fracasaron, nada de esto es nuevo: Como demuestran los últimos cinco párrafos de esta historia de Politico 2011 : que el hecho de que Assange hablara con Manning sobre las formas de utilizar un nombre de usuario diferente que evitara su detección formó parte del juicio de Manning, y que era algo conocido por el Departamento de Justicia de Obama desde hacía tiempo cuando decidieron no procesarle por tal motivo.
Hay solo dos elementos nuevos que explican la acusación de hoy a Assange: 1) Desde el principio, la administración Trump incluyó a extremistas autoritarios como Sessions y Pompeo, a los que no les preocupa ni lo más mínimo la libertad de prensa y estaban decididos a criminalizar el periodismo contra EE. UU., y 2) Con Ecuador a punto de retirar su protección de asilo, el Gobierno estadounidense necesitaba una excusa para evitar que Assange quedara libre.
Un análisis ténico de los demandas de la acusación demuestra de manera similar que el cargo contra Assange es una seria amenaza para las libertades de prensa que se recogen en la Primera Enmienda, principalmente porque busca criminalizar lo que en realidad es el deber central de un periodista: ayudar a la fuente a evitar ser detectada. La acusación trata de forma engañosa de convertir los esfuerzos de Assange para ayudar a Manning a mantener su anonimato en una especie de ataque siniestro de piratería informática.
El ordenador del Departamento de Defensa que Manning utilizó para descargar los documentos que luego entregó a WikiLeaks estaba probablemente ejecutando el sistema operativo Windows. Tenía varias cuentas de usuario, incluida una cuenta a la que Manning tenía acceso legítimo. Cada cuenta está protegida por una contraseña, y los ordenadores con Windows almacenan un archivo que contiene una lista de nombres de usuario y “ hashes ” de contraseña, o versiones codificadas de las contraseñas. Solo las cuentas designadas como “administrador”, una cuenta cuya denominación Manning no tenía, tienen permiso para acceder a este archivo.
La acusación sugiere que Manning, para acceder al archivo de contraseña, apagó su ordenador y luego lo volvió a encender, esta vez arrancando en un CD con el sistema operativo Linux. Desde dentro de Linux, supuestamente, accedió a este archivo lleno de hashes de contraseña. La acusación alega que Assange acordó intentar descifrar uno de estos hashes de contraseña, lo que, de tener éxito, lograría recuperar la contraseña original. Con la contraseña original, Manning podría iniciar sesión directamente en la cuenta de ese otro usuario, lo cual -como lo indica la acusación- “habría dificultado que los investigadores identificaran a Manning como la fuente de divulgación de la información clasificada”.
Parece que Assange no pudo descifrar la contraseña. La acusación alega que “Assange indicó que había estado tratando de descifrar la contraseña al afirmar que ‘hasta ahora no había tenido suerte’”.
Por lo tanto, incluso si uno acepta todas las afirmaciones de la acusación como verdaderas, Assange no estaba tratando de hackear nuevos archivos de documentos a los que Manning no tenía acceso, sino que trataba de ayudar a Manning a evitar que la detectaran como fuente. Por esta razón, el precedente que sentaría este caso sería un golpe devastador para los periodistas de investigación y la libertad de prensa en todas partes.
Los periodistas tienen la obligación ética de adoptar medidas para proteger de represalias a sus fuentes, lo que a veces incluye otorgarles el anonimato y emplear medidas técnicas para ayudar a garantizar que no se descubra su identidad. Cuando los periodistas se toman en serio la protección de la fuente, eliminan los metadatos y redactan la información de los documentos antes de publicarlos en caso de que haya riesgo de que esa información pueda utilizarse para identificar a su fuente; alojan sistemas basados en la nube como SecureDrop, ahora empleados por docenas de grandes salas de redacci ó n en todo el mundo , que hacen que sea más fácil y más seguro para los denunciantes que puedan estar bajo vigilancia enviar mensajes y documentos clasificados a periodistas sin que sus empleadores lo sepan; y usan herramientas de comunicación seguras como Signal y las configuran para eliminar los mensajes de forma automática.
Pero la acusación de Assange de hoy busca criminalizar exactamente este tipo de esfuerzos de protección de la fuente, ya que afirma que “fue parte de la conspiración que Assange y Manning usaron una carpeta especial en un buzón en la nube de WikiLeaks para transmitir registros clasificados que contienen información relativa con la defensa nacional de Estados Unidos”.
La acusación, en muchos otros pasajes, mezcla claramente las mejores prácticas estándar de una sala de redacción con una conspiración criminal. Afirma, por ejemplo, que “formó parte de la conspiración el hecho de que Assange y Manning usaran el servicio de chat online “Jabber” para colaborar en la adquisición y difusión de los registros clasificados, y para formular el acuerdo para descifrar la contraseña [...]”. No hay duda de que usar Jabber, o cualquier otro sistema de mensajería cifrada, para comunicarse con las fuentes y adquirir documentos con la intención de publicarlos, es una parte completamente legal y estándar del periodismo de investigación moderno. Las salas de prensa de todo el mundo utilizan ahora tecnologías similares para comunicarse de forma segura con sus fuentes y ayudar a sus fuentes a evitar que el gobierno las detecte.
La acusación también alega que “formó parte de la conspiración que Assange y Manning tomaran medidas para ocultar a Manning como fuente de divulgación de los registros clasificados a WikiLeaks, eliminando incluso los nombres de usuario de la información divulgada y borrando los registros de chat entre Assange y Manning”.
Eliminar los metadatos que pudieran ayudar a identificar una fuente anónima, como los nombres de usuario, es un paso fundamental para proteger a las fuentes. De hecho, en 2017, The Intercept publicó un documento muy secreto de la Agencia de Seguridad Nacional que afirmaba que la inteligencia militar rusa desempeñó un papel al hackear la infraestructura de las elecciones estadounidenses de 2016. La persona acusada y condenada por haber proporcionado el documento, la informante Reality Winner , ya había sido arrestada cuando se publicó la historia.
The Intercept fue ampliamente criticado cuando los expertos en seguridad informática descubrieron que el documento incluía “puntos de impresión” amarillos casi invisibles que rastreaban exactamente cuándo y dónde se imprimía, que las impresoras más modernas agregan a cada documento que se imprime. Si bien no hay pruebas de que estos puntos impresos contribuyeran a que Winner se convirtiera en sospechosa (la declaración jurada del FBI dice que ella era una de las seis personas que habían impreso este documento, y la única que tenía contacto por correo electrónico con The Intercept), podrían haber ayudado a la investigación, y The Intercept, como reconoció su editor-jefe, debería haber tenido más cuidado y eliminar estos metadatos antes de publicar el documento.
Esto se debe a que no solo es común, sino también éticamente necesario, que un periodista haga todo lo posible para proteger de la detección a una fuente. Prácticamente la totalidad de las acusaciones contra Assange en la acusación de hoy consisten en que él hizo exactamente eso.
Por esa razón, la acusación, en esencia, busca claramente criminalizar lo que el periodismo de investigación conlleva necesariamente para que sea eficaz. Es por eso que las organizaciones de las libertades civiles, los grupos por la libertad de prensa y las figuras políticas de todo el mundo, incluidos Jeremy Corbyn , los miembros del Congreso de Estados Unidos Ro Khanna y Tulsi Gabbard , el exsenador Mike Gravel , los partidos políticos de izquierda brasileños e hindues y la Unión Americana por las Libertades Civiles han denunciado con vehemencia el arresto de Assange de hoy.
Assange es una figura profundamente polarizadora. Es casi seguro que el motivo por el que el Departamento de Justicia de Trump cree que puede salirse con la suya es en base a una teoría que claramente pondría en peligro las principales funciones periodísticas: porque espera que la intensa animosidad personal hacia Assange cegará a la gente ante los peligros que plantea esta acusación.
Pero mucho más importante que los sentimientos personales de uno sobre Assange es el gran paso que esta acusación representa para el objetivo explícitamente establecido de la administración de Trump de criminalizar el periodismo que implique facilitar información sobre documentación clasificada. La oposición a ese objetivo amenazador no necesita de admiración o afecto por Assange. Simplemente requiere creer en la importancia fundamental de una prensa libre en una democracia.
* Glenn Greenwald, abogado constitucionalista y excolumnista de The Guardian hasta octubre de 2013, ha obtenido numerosos premios por sus comentarios y periodismo de investigación, incluyendo el Premio George Polk 2013 por la información relativa a la seguridad nacional. A principios de 2014, cofundó, junto a Betsy Reed y Jeremy Scahill, un nuevo medio informativo global: The Intercept .
* Micah Lee es ingeniero de seguridad informática y desarrollador de software de código abierto. Escribe sobre temas técnicos como seguridad operacional y digital, herramientas de cifrado, denuncia de irregularidades y piratería utilizando un lenguaje que todos puedan entender. Usuario de Qubes y Linux, desarrolla herramientas de seguridad como OnionShare. Antes de unirse a The Intercept, trabajó en la Electronic Frontier Foundation, donde explicó a periodistas y abogados cómo funcionan las tecnologías. También es fundador y miembro de la Fundación para la Libertad de Prensa.
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sábado, 11 de mayo de 2019
Assange, los informantes y la impunidad para crímenes de EE.UU.
Por Edgar Isch L.
En pocas semanas hemos tenido acontecimientos importantes que marcan la intencionalidad expresa del gobierno de Estados Unidos de garantizar la impunidad de sus crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. La impunidad siempre es protección de quién ya cometió un delito, pero es, al mismo tiempo, un impulso a nuevos crímenes por parte de quienes sienten que no deberán responder por sus faltas.
Assange o el arresto del mensajero
El primero es el arresto de Assange, en un acto que avergüenza al Ecuador y que violó la soberanía de una de nuestras embajadas. Theresa May, Primera Ministra de Reino Unido, al anunciar su arresto en la Cámara de los Comunes, dejó claro que “También ha sido arrestado en relación con una solicitud de extradición de las autoridades de los Estados Unidos”. Ese día, 11 de abril, se desbarató la justificación morenista de que había un acuerdo con Reino Unido, del cual no ha presentado ni un documento.
¿Por qué Estados Unidos lo busca? Esto es lo realmente importante. Se trata de persecución por haber difundido videos y documentos de crímenes de guerra. Por la misma razón persigue y encarcela a Chelsea (antes usaba el nombre de Bradley) Maning, quien en 2010 entregó a Wikileaks más de 92.000 documentos sobre la guerra en Afganistán, importantes al grado que la británica MaireadCorrigan-Maguire, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 1976, candidatizó a Manning a ese mismo premio, porque: “Su increíble revelación de documentos secretos a WikiLeaks ayudó a poner fin a la guerra de Irak y puede haber ayudado a prevenir más conflictos en otros lugares”.
No se puede olvidar el caso de Edward Snowden, que en 2013 dio las pruebas de violación del derecho a la privacidad y espionaje del gobierno de Estados Unidos dentro y fuera de su país.Continua perseguido aunque tiene refugio en Rusia.
En los tres casos, se trata de informantes, de gente que denuncia crímenes a riesgo de su seguridad personal, ya que ninguno lo hizo por existir un juicio en su contra. Su calidad de informantes de delitos,cuyos culpables deben estar procesados, obliga a los estados a protegerlos. Hay claros casos en la historia que demuestran la importancia judicial e histórica de estas personas (ver: El caso Snowden: entre filtraciones y neocolonialismo. por Edgar Isch L. lalineadefuego.info), por lo que se ve la necesidad de su información para conocer la verdad.
Esta es la información que los halcones de la guerra encumbrados en el gobierno de Trump quieren ocultar y, más aún, que no se pueda juzgar. Su presión es tal que los medios que reprodujeron en su momentos los documentos presentados por wikileaks, ahora atacan a Assange repitiendo cosas de segundo orden: que no es periodista, como si la verdad tuviera que entubarse en los grandes medios de comunicación; que es antipático y malcriado, como si ello significara que no merece derechos humanos incluyendo el de asilo en un embajada; que es información lograda de manera oscura, como si los delincuentes dejaran las pruebas a luz pública y no señalaran como “secretos de Estado” a los crímenes de guerra.Sin embargo, la veracidad de lo difundido por wikileaks no se discute.
Argumentos de ese tipo ponen en riesgo a todo periodismo de investigación. El tratamiento del “lava jato”, de los “papeles de Panamá”, de investigación sobre casos ocultados de acoso y violencia sexual en escuelas ecuatorianas, entre muchos otros, difícilmente podrán realizarse sin temor de juicios contra los periodistas.
Otras formas de impedir denuncias
El 23 de abril el New York Times publicó un reportaje sobre la manera en que fueron presionados siete SEAL (fuerzas de operaciones especiales de la Armada) para que “dejen de hablar” sobre acciones de su oficial en Irak, que incluyen “apuñalar hasta la muerte a un adolescente indefenso cautivo”, “escoger a una niña en edad escolar y a un anciano desde un puesto de francotiradores” y “rociar indiscriminadamente los barrios con cohetes y disparos de ametralladoras”.
A pesar de las amenazas sobre su futuro en la Armada y otros, los denunciantes mantuvieron su posición dentro y fuera de la institucion por más de un año y el oficial denunciado enfrentará un juicio desde mayo próximo.El informe de la investigación indica que varios otros SEALde alto rango también conocían las acusaciones y no las informaron. Sin embargo, ninguno está acusado de encubrimiento de los crímenes de guerra.
Las cortes secretas de EEUU
Chelsea Maning, quien ya estaba libre por haber entregado información sobre los crímenes de guerra, hoy está nuevamente detenido por haberse negado a declarar contra Assange ante un jurado a puerta cerrada. A Manning no se le dijo lo que estaba investigando el gran jurado, y una audiencia en la que ella presentó objeciones a la obligación de testificar ocurrió en secreto.
Es decir que la verdad y la justicia no son asunto de interés de ese jurado, sino armar pruebas sobre los supuestos delitos de Assange. Una declaración forzada no puede considerarse de validez y castigar a quien se niega a realizar una es prueba de que se imponen mentiras.
“Se supone que los grandes jurados deben determinar si existe una causa probable para devolver una acusación penal. Originalmente, se suponía que debían actuar como un control del poder fiscal. Sin embargo, hoy en día, se suele decir que un fiscal puede hacer que un gran jurado "condene un emparedado de jamón". Como resultado, los grandes jurados a menudo se utilizan como expediciones de pesca contra activistas políticos y movimientos sociales. Manning citó estas preocupaciones al explicar su negativa a declarar. Luego, ella señaló: "En solidaridad con muchos activistas que enfrentan las dificultades, mantendré mis principios" ... (Chip Gibbons, "Let Chelsea go", The Jacobin, 27 de marzo de 2019).
La Corte Penal Internacional cae en el lodazal
Pues bien, hasta aquí está el interés de ocultamiento de la información. Pero ¿Qué pasa si la información sale? Entonces hay que impedir los juicios. Por tanto, la noticia complementaria, del 12 de abril, es que nada menos que la Corte Penal Internacional (CPI), tras amenazas del gobierno de Trump, anunció que no investigará los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad de los que esté acusado Estados Unidos y otros actores en Afganistán. La CPI sugirió que su decisión se debía a la falta de cooperación del gobierno de Estados Unidos con la investigación, con lo que si no hay colaboración del acusado no podrá haber juicio, un antecedente terrible para la justicia en el mundo.
Esta caída de la CPI en el lodazal se da luego de amenazas de John Bolton, asesor de Trump de sanciones económicas a los miembros de la Corte y pocos días después de que el gobierno estadounidense revocó la visa de la fiscal principal, FatouBensouda que encabezaba desde 2016, la acusación contra el ejército de EE.UU. por torturas en al menos 61 presos en Afganistán durante la guerra. Dicho informe también acusaba a la CIA de someter a prácticas de tortura —incluyendo violaciones— a por lo menos 27 presos en los centros de detención de la CIA en Afganistán, Polonia, Rumania y Lituania.Estados Unidos no es parte de la CPI pero puede ser juzgado porque los crímenes se cometieron en estados miembros.
Si no se puede acusar a los criminales a pesar de la presentación de pruebas, significa que la justicia no es un interés de la CPI ni las víctimas un asunto de su atención. Y más graves porque estos no son los únicos casos, debido a que Estados Unidos y otras potencias activan guerras en muchas partes y cometen crímenes permanentes. Las guerras son, además un gran negocio de la industria de armas, pues como buenos capitalistas crean las condiciones para vender aceleradamente sus productos, de manera que nuevas guerras y crímenes de lesa humanidad vendrán.
Hay que considerar la declaración de Trump “Desde la creación de la CPI, los Estados Unidos se han negado sistemáticamente a unirse a la corte debido a sus poderes fiscales amplios e irresponsables; la amenaza que representa para la soberanía estadounidense; y otras deficiencias que lo hacen ilegítimo. Cualquier intento de atacar al personal estadounidense, israelí o aliado para ser procesado recibirá una respuesta rápida y vigorosa". Por tanto, la impunidad abarca a otros criminales, mientras estén en la lista de aliados del criminal mayor. Si es pro yanqui, está perdonado.
Enjuiciar al denunciante y proteger al criminal
En suma, el gobierno de Estados Unidos, cuando se trata de crímenes de guerra cometidos por sus militares, lo que pretende es enjuiciar a los que denuncian y proteger a los criminales. Claro, esta es parte de la naturaleza del imperialismo a lo largo de la historia. Otras potencias han actuado de la misma manera, siendo las guerras de agresión un crimen gigantesco en si mismo. Recuérdese que principalmente, pero no solo de allí, fue desde Estados Unidos y el Reino Unido que salieron las mentiras sobre las armas de destrucción masiva que justificaban destruir Irak. Aunque en ambos países más tarde y tras cientos de miles de muertes se reconoció en los respectivos congresos que fue todo mentira, no hay nadie enjuiciado por enormes daños humanos, ecológicos, culturales y otros cometidos.
La lucha por la verdad está en momentos difíciles, pero lógicamente es obligatorio continuarla. La gente debe conocer estos hechos y antecedentes, antes que caiga en la trampa de las mentiras miles de veces dichas y que justifican crímenes mayores. Pero, ante todo, comprender que a las potencias imperialistas no les importan los derechos humanos,qué si los mencionan o hablan de crisis humanitarias, es solo como coartada de sus ataques a pueblos enteros. Justificación que la vemos hoy todos los días en los noticiarios y periódicos más vendidos (en los dos sentidos de la palabra).
* Edgar Isch L. Académico y exministro de Medioambiente de Ecuador. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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miércoles, 8 de mayo de 2019
Siete años de mentiras sobre Assange no van a parar ahora
Por Jonathan Cook *
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Durante siete años, desde el momento en que Julian Assange buscó refugio por primera vez en la embajada ecuatoriana en Londres, se nos ha venido diciendo que estábamos equivocados y que éramos los teóricos de una conspiración paranoide. Se nos ha venido diciendo que no había ninguna amenaza real de extradición de Assange a Estados Unidos y que todo estaba en nuestra febril imaginación.
Durante siete años, hemos tenido que escuchar a un coro de periodistas, políticos y “expertos” diciéndonos que Assange no era más que un fugitivo de la justicia, y que podía confiarse en que los sistemas legales británico y sueco abordarían su caso en pleno cumplimiento de la ley. En todo ese tiempo, apenas alguna voz de los medios “convencionales” se levantó en su defensa.
Desde el momento en que buscó asilo, Assange fue considerado un proscrito. Su trabajo como fundador de WikiLeaks -una plataforma digital que, por primera vez en la historia, permitió que la gente común y corriente vislumbrara los rincones más oscuros de las criptas más seguras en lo más hondo del Estado profundo- desapareció de los registros.
Assange quedó reducido de una de las pocas figuras imponentes de nuestro tiempo -un hombre que ocupará un lugar central en los libros de historia si nosotros, como especie, vivimos lo suficiente como para escribir esos libros- a nada más que una alimaña sexual y un desaliñado fugitivo de la justicia.
La clase política y mediática elaboró una narrativa de verdades a medias sobre los cargos sexuales por los que Assange estaba bajo investigación en Suecia. Pasaron por alto el hecho de que el investigador original le había permitido a Assange salir de Suecia y que decidió abandonar la investigación solo para que otro investigador la recuperara con una agenda política bien documentada.
No mencionaron que Assange estuvo siempre dispuesto a que los fiscales suecos le interrogaran en Londres, como había ocurrido en docenas de casos relacionados con procedimientos de extradición a Suecia. Era casi como si los funcionarios suecos no quisieran confirmar las pruebas que afirmaban tener en su poder.
Los medios de comunicación y los cortesanos políticos hicieron incansablemente hincapié en la violación de la fianza de Assange en el Reino Unido, ignorando el hecho de que los solicitantes de asilo que huyen de la persecución legal y política no respetan por lo general las condiciones de la fianza impuestas por las mismas autoridades estatales de las que están solicitando asilo.
El establishment político y el de los medios de comunicación ignoraron la creciente evidencia de que un gran jurado secreto en Virginia había formulado cargos contra Assange, y ridiculizaron las preocupaciones de WikiLeaks de que el caso sueco podría encubrir un intento más siniestro por parte de EE. UU. para extraditar a Assange y encerrarlo en una prisión de alta seguridad, como le había ocurrido a la denunciante Chelsea Manning.
Menospreciaron asimismo el veredicto de 2016 de un panel de expertos en derecho de las Naciones Unidas de que el Reino Unido estaba “deteniendo arbitrariamente” a Assange. Los medios de comunicación se mostraron más interesados por el bienestar de su gato.
Ignoraron el hecho de que después de que Ecuador cambiara de presidente –con el nuevo bien dispuesto a ganarse el favor de Washington-, Assange fue sometido a formas cada vez más severas de confinamiento solitario. Se le negó el acceso a los visitantes y a medios básicos de comunicación, violando su estatus de asilo, sus derechos humanos y amenazando su bienestar mental y físico.
Igualmente, ignoraron el hecho de que Ecuador le había otorgado a Assange estatus diplomático, así como la ciudadanía ecuatoriana. Gran Bretaña estaba obligada a permitirle salir de la embajada, haciendo uso de su inmunidad diplomática, para viajar sin obstáculos a Ecuador. Ningún político de un partido o periodista “mayoritarios” tampoco pensó que eso fuera significativo.
Hicieron la vista gorda ante la noticia de que, después de negarse a interrogar a Assange en el Reino Unido, los fiscales suecos habían decidido abandonar calladamente el caso en su contra en 2015. En Suecia, la decisión se mantuvo en secreto durante más de dos años.
Fue una solicitud de libertad de información por parte de un aliado de Assange, no de un medio de comunicación, lo que desenterró documentos que mostraban que los investigadores suecos habían querido, de hecho, abandonar el caso contra Assange en 2013. Sin embargo, el Reino Unido insistió en que continuaran con la farsa para que Assange pudiera permanecer encerrado. Un funcionario británico les envió un correo electrónico a los suecos en estos términos: “¡¡¡No se atrevan a echarse atrás!!!”
No se dispone de la mayor parte de los documentos relacionados con estas conversaciones. Fueron destruidos por el Servicio de la Fiscalía de la Corona del Reino Unido en violación del protocolo. Pero, por supuesto, a nadie en el establishment político y mediático pareció importarle.
Del mismo modo, ignoraron el hecho de que Assange se vio obligado a refugiarse durante años en la embajada bajo la forma más intensa de arresto domiciliario, a pesar de que ya no tenía que responder a ningún caso en Suecia. Nos dijeron -aparentemente con toda seriedad- que había que arrestarle por haber infringido la fianza, algo que normalmente se solucionaría con una multa.
Y posiblemente, lo más grave de todo sea que la mayoría de los medios se negaron a reconocer que Assange era periodista y editor, aunque al no hacerlo se exponían ellos mismos al futuro uso de las mismas sanciones draconianas en caso de que ellos o sus publicaciones tuvieran que ser silenciados. Por tanto, reconocieron que las autoridades estadounidenses tenían derecho a capturar a cualquier periodista extranjero en cualquier parte del mundo y encerrarlo fuera de la vista de todos. Abrieron la puerta a una nueva forma especial de entrega extraordinaria para periodistas.
Esto nunca tuvo que ver con Suecia o con violaciones de fianza, ni siquiera sobre la desacreditada narrativa del Russiagate, ya que cualquiera que prestara la más mínima atención habría podido resolverlo. Se trataba de que el Estado profundo estadounidense hiciera todo lo posible para aplastar a WikiLeaks y dar un escarmiento a su fundador.
Se trataba de asegurar que nunca más volvería a haber una filtración como la del asesinato colateral, el video del ejército publicado por WikiLeaks en 2007 que mostraba a soldados estadounidenses jaleando y celebrando mientras asesinaban a civiles iraquíes. Se trataba de asegurar que nunca volvería a haber un volcado de cables diplomáticos estadounidenses, como los publicados en 2010 que revelaron las maquinaciones secretas del imperio estadounidense para dominar el planeta a cualquier coste en violaciones de derechos humanos.
Ahora los pretextos se acabaron. La policía británica invadió el territorio diplomático de Ecuador -a invitación de este país tras romper el estatus de asilo de Assange- para trasladarlo ilegalmente a la cárcel. Dos Estados vasallos cooperan para cumplir con las órdenes del imperio estadounidense. El arresto no tuvo nada que ver con ayudar a dos mujeres en Suecia ni con aplicar una infracción a una violación de fianza menor.
No, las autoridades británicas estaban actuando en virtud de una orden de extradición de Estados Unidos. Y los cargos que las autoridades estadounidenses se han inventado están relacionados con el primer trabajo de WikiLeaks divulgando los crímenes de guerra del ejército estadounidense en Iraq, aquello en lo que todos estuvimos de acuerdo una vez que era de interés público y que los medios de comunicación británicos y estadounidenses clamaban por publicar ellos mismos.
Sin embargo, los medios de comunicación y la clase política están haciendo la vista gorda. ¿Dónde está la indignación por las mentiras que han intentado hacernos tragar durante los últimos siete años? ¿Dónde está el remordimiento por haber vivido dopados durante tanto tiempo? ¿Dónde está la furia porque la libertad de prensa más básica -el derecho a publicar- esté siendo arrasada para silenciar a Assange? ¿Dónde está la voluntad de hablar finalmente en defensa de Assange?
Están desaparecidos. No veremos indignación en la BBC, ni en The Guardian, ni en la CNN. Simplemente una información curiosa, impasible -incluso suavemente burlona- sobre el destino de Assange.
Y esto se debe a que esos periodistas, políticos y expertos nunca creyeron realmente en lo que decían. Supieron todo el tiempo que Estados Unidos quería silenciar a Assange y aplastar a WikiLeaks. Lo supieron siempre y no les importó. En realidad, conspiraron alegremente para allanar el camino para el secuestro de Assange de hoy.
Lo hicieron porque no están ahí para representar la verdad, ni para defender a la gente común, ni para proteger una prensa libre, ni siquiera para hacer cumplir el imperio de la ley. No les importa nada de eso. Están ahí para proteger sus carreras y el sistema que los recompensa con dinero e influencias. No quieren que un advenedizo como Assange les dé una patada en sus planes.
Ahora nos ofrecerán un nuevo conjunto de engaños y confusiones sobre Assange para mantenernos anestesiados, para evitar que nos indignemos cuando nuestros derechos se vean afectados y para evitar que nos demos cuenta de que los derechos de Assange y los nuestros son indivisibles. O nos mantenemos en pie o caemos juntos.
* Jonathan Cook es un periodista británico que reside en Nazaret desde 2001. Es autor de tres libros sobre el conflicto israelí-palestino. Ha sido galardonado con el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Su sitio web y su blog se encuentran en: www.jonathan-cook.net
viernes, 13 de julio de 2018
Julian Assange debe ser repatriado a Australia
Por John Pilger
Esta es una versión abreviada del discurso pronunciado por el australiano, John Pilger, en la concentración celebrada en Sydney, Australia, para conmemorar los seis años de reclusión de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres.
La persecución de Julian Assange debe terminar. O acabará en tragedia
El Gobierno australiano y el primer ministro Malcolm Turnbull tienen una oportunidad histórica de decidir cuál será el desenlace.
Pueden permanecer en silencio, lo cual la historia no les perdonará. O pueden actuar en interés de la justicia y la humanidad y traer a este destacado ciudadano australiano a casa.
Assange no solicita un tratamiento especial. El Gobierno tiene claras obligaciones diplomáticas y morales para proteger a los ciudadanos australianos en el extranjero frente a situaciones de injusticia flagrante: que en el caso de Julian, sería frente a una grave falta judicial y al peligro extremo que le espera si sale de la embajada ecuatoriana en Londres sin protección.
Sabemos, por el caso de Chelsea Manning, lo que le espera en caso de que Estados Unidos logre una orden de extradición. Un relator especial de las Naciones Unidas lo calificó de tortura.
Conozco bien a Julian Assange; lo considero como un amigo cercano, una persona de extraordinaria fortaleza y valor. Lo he visto envuelto en un tsunami de mentiras y difamaciones, interminables, vengativas, infames, y sé por qué lo calumnian.
En el 2008, un documento ultra secreto, con fecha del 8 de marzo, expuso un plan para destruir tanto a WikiLeaks como a Assange. Los autores eran de la rama de Evaluaciones de Contrainteligencia Cibernética del Departamento de Defensa estadounidense. Detallaban lo importante que era destruir el “sentimiento de confianza” que es el “centro de gravedad” de WikiLeaks.
Esto se lograría, según escribieron, con amenazas de "exposición [y] persecución penal" y un asalto implacable a la reputación. El objetivo era silenciar y criminalizar a WikiLeaks, su editorial y su editor. Era como si planificaran hacer la guerra a un solo ser humano y al principio mismo de la libertad de expresión.
Su principal arma sería la difamación personal. Sus tropas de choque se reclutarían en la prensa —precisamente entre quienes supuestamente deben esclarecer los acontecimientos y decirnos la verdad—. La ironía es que nadie les dijo a estos periodistas qué debían hacer. Yo los llamo periodistas de Vichy —refiriéndome al Gobierno de Vichy que sirvió y permitió la ocupación alemana de Francia durante la guerra—.
En octubre pasado, la periodista de Australian Broadcasting Corporation, Sarah Ferguson, entrevistó a Hillary Clinton, a quien lisonjeó como "ícono de su generación".
Esta fue la misma Clinton que amenazó con "destruir por completo" a Irán y que, como Secretaria de Estado de los Estados Unidos en 2011, fue una de los instigadores de la invasión y destrucción de Libia como Estado moderno, con la pérdida de 40,000 vidas. Al igual que la invasión de Iraq, esta se basó en mentiras.
Cuando el presidente libio fue asesinado pública y horrendamente a cuchillazos, se filmó a Clinton celebrando a gritos. En gran parte, gracias a ella Libia se convirtió en un caldo de cultivo para ISIS y otros yihadistas. En gran parte, gracias a ella, decenas de miles de refugiados huyeron corriendo peligro a través del Mediterráneo y muchos se ahogaron.
Wikileaks ha publicado correos electrónicos filtrados que revelan que la fundación que Hillary Clinton comparte con su esposo recibió millones de dólares de Arabia Saudita y Qatar, los principales patrocinadores de ISIS y del terrorismo en todo Oriente Medio.
Como secretaria de Estado, Clinton aprobó la mayor venta de armas de todos los tiempos, valorada en $ 80 mil millones, para Arabia Saudita, uno de los principales benefactores de su fundación. Hoy, Arabia Saudita está utilizando estas armas para aplastar a personas hambrientas y golpeadas en un ataque genocida contra Yemen.
Sarah Ferguson, una reportera muy bien remunerada, no mencionó ni una palabra de esto cuando Hillary Clinton estuvo sentada frente a ella.
Más bien, ella invitó a Clinton a describir el "daño" que Julian Assange le hizo "personalmente" a ella. En respuesta, Clinton difamó a Assange, un ciudadano australiano, al afirmar que era "muy claramente una herramienta de la inteligencia rusa" y "un oportunista nihilista que está al servicio de un dictador".
No ofreció ninguna prueba, ni se le pidió ninguna, para respaldar sus graves acusaciones.
En ningún momento se le ofreció a Assange el derecho de réplica a esta escandalosa entrevista, que el organismo de radiodifusión público australiano tenía el deber de brindarle.
Como si eso no fuera lo suficiente, a continuación de la entrevista, la productora ejecutiva de Ferguson, Sally Neighbour, hizo un retuit malicioso: "Assange es la puta de Putin. ¡Todos lo sabemos!"
Hay muchos otros ejemplos del periodismo de Vichy. The Guardian, que antaño fue conocido como un gran periódico liberal, llevó a cabo una vendetta contra Julian Assange. Al estilo de un amante despreciado, The Guardian dirigió sus ataques personales, mezquinos, inhumanos y cobardes contra un hombre, cuyo trabajo alguna vez publicó y se aprovechó.
El ex editor de The Guardian, Alan Rusbridger, llamó a las revelaciones de WikiLeaks, que su periódico publicó en 2010, "una de las mejores primicias periodísticas de los últimos 30 años". Pero los premios fueron prodigados y celebrados como si Julian Assange no existiera.
Las revelaciones de WikiLeaks se convirtieron en parte del plan de marketing de The Guardian para aumentar el precio de cobertura del periódico. Ganaron dinero, a menudo mucho dinero, mientras WikiLeaks y Assange luchaban por sobrevivir.
Sin que un céntimo vaya a WikiLeaks, un libro de The Guardian, altamente promocionado, culminó en un lucrativo negocio para producir una película de Hollywood. Los autores del libro, Luke Harding y David Leigh, difamaron gratuitamente a Assange como una "personalidad dañada" e "insensible".
También revelaron la contraseña secreta, diseñada para proteger un archivo digital que contiene los cables de la embajada de los Estados Unidos, que Julian Assage le había dado al Guardian en confianza.
Con Assange ahora atrapado en la embajada ecuatoriana, Harding, que se había enriquecido a costa de Julian Assange y Edward Snowden, se colocó entre los policías delante de la embajada y se regodeó en su blog de que "Scotland Yard tal vez tendrá la última palabra".
La pregunta es por qué
Julian Assange no ha cometido ningún crimen. Nunca ha sido acusado de un crimen. El episodio sueco fue falso, una farsa y él ya ha sido vindicado.
Katrin Axelsson y Lisa Longstaff, de Women Against Rape (Mujeres contra la Violación), lo resumieron al escribir: "Las acusaciones contra [Assange] son una cortina de humo detrás de la cual varios gobiernos están tratando de reprimir a WikiLeaks por haber revelado audazmente al público su planificación secreta de guerras y ocupaciones con sus secuelas de violaciones, asesinatos y destrucción... A las autoridades les importa tan poco la violencia contra las mujeres que manipulan acusaciones de violación a voluntad".
Esta verdad se perdió o se enterró en una cacería de brujas mediática que asoció deplorablemente a Assange con la violación y la misoginia. La caza de brujas incluía voces que se describían a sí mismas como de izquierda y como feministas. Ellas deliberadamente ignoraron la evidencia de peligro extremo si Assange fuera extraditado a los Estados Unidos.
De acuerdo con un documento publicado por Edward Snowden, Assange está en una "lista de objetivos de persecución". Una nota oficial filtrada dice: "Assange va a hacerse una bonita novia en la cárcel. Que el terrorista se joda. Comerá comida para gatos por siempre".
En Alexandra, Virginia, el hogar suburbano de la élite belicista estadounidense, un gran jurado secreto, --algo reminiscente de la edad media-- ha pasado siete años tratando de fabricar un crimen por el cual Assange podría ser enjuiciado.
Esto no es fácil; la Constitución de Estados Unidos protege a editores, periodistas y denunciantes. El crimen de Assange es haber roto el silencio.
Ningún periodismo investigativo, en lo que va de mi vida, podría equipararse con la importancia de lo que WikiLeaks ha logrado al llamar a los poderes voraces a rendir cuentas. Es como si una cortina moral unidireccional se corriera para dejar expuesto el imperialismo de las democracias liberales: su compromiso con las guerras interminables y la división y degradación de las vidas “sin valor”: desde la Torre Grenfell hasta Gaza.
Cuando Harold Pinter aceptó el Premio Nobel de Literatura en 2005, se refirió a "un vasto tapiz de mentiras del que nos alimentamos". Preguntó por qué "la brutalidad sistemática, las atrocidades generalizadas, la represión implacable del pensamiento independiente" de la Unión Soviética eran bien conocidos en Occidente, mientras que los crímenes imperiales de Estados Unidos " nunca sucedieron ... incluso mientras sucedían, nunca ocurrieron".
En sus revelaciones de guerras fraudulentas (Afganistán, Irak) y las mentiras descaradas de los gobiernos (las Islas Chagos), WikiLeaks nos ha permitido vislumbrar cómo se desenvuelve el juego imperial en el siglo XXI. Es por eso que Assange está en peligro de muerte.
Hace siete años, en Sydney, pedí reunión con un prominente miembro liberal del Parlamento Federal, Malcolm Turnbull. Quería pedirle que entregara una carta de Gareth Peirce, el abogado de Assange, al Gobierno. Hablamos de su famosa victoria: en la década de 1980, cuando, como joven abogado, había luchado contra los intentos del Gobierno británico de suprimir la libertad de expresión e impedir la publicación del libro Spycatcher, a su manera, un WikiLeaks de la época ya que reveló los crímenes del poder del estado.
La primera ministra de Australia era entonces Julia Gillard, del Partido Laborista, que había declarado que WikiLeaks era "ilegal" y quería cancelar el pasaporte de Assange, hasta que le dijeron que no podía hacer eso: que Assange no había cometido ningún delito; que WikiLeaks era un editorial, cuyo trabajo estaba protegido por el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la que Australia fue uno de los signatarios originales.
Al abandonar a Assange, un ciudadano australiano, y coludir en su persecución, el escandaloso comportamiento del primer ministro Gillard forzó el tema de su reconocimiento, bajo el derecho internacional, como un refugiado político cuya vida estaba en riesgo. Ecuador invocó la Convención de 1951 y otorgó refugio a Assange en su embajada en Londres.
Gillard ha aparecido recientemente en un mitin con Hillary Clinton; ellas son consideradas como feministas pioneras. Peor si hay algo por el cual recordar a Gillard, fue su discurso belicoso, obsecuente y vergonzoso que hizo ante el Congreso de los EE.UU. poco después de que ella demandó la cancelación ilegal del pasaporte de Julian.
Malcolm Turnbull es ahora el primer ministro de Australia. El padre de Julian Assange ha escrito a Turnbull una carta conmovedora, en la que ha pedido al primer ministro que traiga a su hijo a casa. Él se refiere a la posibilidad real de una tragedia.
He visto cómo la salud de Assange se ha ido deteriorando en sus años de encierro sin luz solar. Tiene una tos implacable, pero ni siquiera se le permite un tránsito seguro desde y hacia un hospital para una radiografía.
Malcolm Turnbull puede permanecer en silencio. O puede aprovechar esta oportunidad y usar la influencia diplomática de su Gobierno para defender la vida de un ciudadano australiano, cuyo valiente servicio público es reconocido por innumerables personas en todo el mundo. Él puede traer a Julian Assange a casa.
John Pilger, periodista de origen australiano y renombre internacional, ha ganado más de 20 premios por su labor periodístico.
John Pilger Biografía
sábado, 7 de octubre de 2017
¿Trump negocia inmunidad de Assange a cambio de información?
ANSA
El presidente Donald Trump le dará inmunidad a Julian Assange a cambio de información reservada sobre Rusia, informó el Wall Street Journal, según el cual el fundador de Wikileaks teme ser extraditado y procesado en Estados Unidos por haber publicado documentos reservados de este país.
El Wall Street Journal reveló el acuerdo de la Casa Blanca que podría garantizar la inmunidad al fundador de Wikileaks a cambio de la evidencia que demostraría que Rusia no fue la fuente de los correos electrónicos de Hillary Clinton, publicados durante la campaña electoral de las presidenciales 2016.
Quien intercedió para que sea posible el acuerdo es un congresista republicano de California, Dana Rohrabacher, considerado cercano a Moscú.
Según el WSJ, el diputado republicano se reunió con Assange en la Embajada de Ecuador en Londres, en la que se encuentra hace cinco asilado por temor a ser extraditado a Estados Unidos.
De acuerdo a la información, Rohrabacher telefoneó al jefe de personal de Donald Trump, John Kelly, para darle a conocer los términos del rescate de Assange. El plan prevé que el gobierno de Trump reciba un archivo en manos de Assange, que contendría la evidencia que quitaría a Moscú del centro de las acusaciones de haber intentado influir en las elecciones estadounidenses de 2016 a través de WikiLeaks.
"Sin entregar estas pruebas, por supuesto, él no obtendría nada", dijo el republicano, refiriéndose a Assange. Fuentes de la Casa Blanca confirmaron al WSJ que Rohrabacher les presentó esa propuesta. Sin embargo, aclaró el matutino, Kelly se habría negado a negociar, alegando que "sería mejor discutirlo con inteligencia".
Las revelaciones del Wall Street Journal plantean nuevas dudas acerca de la línea que adoptaría la Casa Blanca con Assange. A lo largo de la campaña electoral, e inclusive después de haber asumido en la Casa Blanca, Trump se refirió repetidamente a Assange como un criminal por haber revelado secretos estadounidenses. "Su arresto es una prioridad", dijo en abril pasado el fiscal general Jeff Sessions.
En junio de 2012, Julian Assange se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, donde solicitó asilo político. El gobierno ecuatoriano afirmó haber analizado la petición de asilo en términos de defensa de los derechos humanos más que por cuestiones políticas, considerando que la vida de Assange peligra ante una hipotética extradición a Estados Unidos, donde está vigente la pena de muerte.
WikiLeaks publicó, entre otras cosas, más de 90.000 documentos clasificados relacionados con la guerra de Afganistán (en la mayor filtración desde los Papeles del Pentágono durante la Guerra de Vietnam) y cerca de 400.000 documentos militares clasificados de la guerra de Irak.
Assange también fue requerido por las autoridades suizas bajo acusaciones de un supuesto abuso sexual.(ANSA).
lunes, 5 de junio de 2017
Julian Assange acusa a los demócratas de culpar a Rusia y a Wikileaks por la derrota de Clinton
Por Amy Goodman y Juan González
La presidencia de Trump está cerca de cumplir sus primeros 100 días [Entrevista realizada el 10 de abril de 2017.] Mientras tanto, se están llevando a cabo múltiples investigaciones sobre él y su campaña, con el objetivo de averiguar si durante la campaña existió una conspiración con funcionarios rusos para incidir en el resultado electoral. En una entrevista exclusiva con Democracy Now! hablamos con un hombre que en gran medida ha sido el epicentro de la discusión sobre la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses: Julian Assange, fundador de Wikileaks.
Justo antes de la Convención Nacional Demócrata, en julio del año pasado, WikiLeaks publicó 20.000 correos electrónicos internos del Comité Nacional Demócrata. Luego, entre el 7 de octubre y el día de las elecciones en Estados Unidos, WikiLeaks decidió publicar otros 20.000 correos electrónicos del presidente de campaña de Clinton, John Podesta, lo que dio lugar a muchas historias negativas sobre la campaña de Clinton. Las agencias de inteligencia han adjudicado la filtración de estos correos electrónicos al gobierno ruso. WikiLeaks, sin embargo, sostiene que no fue Rusia la fuente de los documentos.
Para ampliar esta información, hablamos con Assange, que se comunica con nosotros desde la embajada ecuatoriana en Londres.
Transcripción Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.
Juan González: En el programa de hoy entrevistamos a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Han pasado casi cinco años desde que ingresó en la embajada ecuatoriana de Londres en busca de asilo político, temiendo que una orden de arresto de Suecia pudiera dar lugar a su extradición a Estados Unidos. A pesar de estar encerrado en la embajada, el impacto de Assange todavía se hace sentir en todo el mundo. Su caso de asilo político jugó un papel relevante en las recientes elecciones presidenciales de Ecuador. El candidato derechista, Guillermo Lasso, se había comprometido a expulsar a Assange de la embajada en caso de ganar. Pero Lasso perdió frente al vicepresidente del expresidente Rafael Correa, Lenín Moreno, quien afirmó que Assange es bienvenido a quedarse en la embajada. Mientras tanto, WikiLeaks ha divulgado una cantidad inmensa de documentos secretos de la CIA que exponen cómo la agencia ha ido desarrollando herramientas para piratear y espiar teléfonos personales, computadoras y televisores de todo el mundo. WikiLeaks describió la filtración como la publicación más significativa de documentos confidenciales sobre la CIA jamás expuesta.
Amy Goodman : Las operaciones de WikiLeaks antes de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 también siguen generando titulares. Justo antes de la Convención Nacional Demócrata, en el pasado mes de julio, WikiLeaks publicó 20.000 correos electrónicos internos del Comité Nacional Demócrata ( DNC , por sus siglas en inglés). Al cabo de dos días, la presidenta del comité, Debbie Wasserman Schultz, renunció a su cargo, debido en parte a que los mensajes de correo electrónico mostraron que el DNC había trabajado en secreto para desacreditar y derrotar a Bernie Sanders, el candidato opuesto a Hillary Clinton en las primarias demócratas. Menos de tres meses después, WikiLeaks comenzó a publicar correos electrónicos internos del presidente de la campaña de Clinton, John Podesta. Donald Trump no tardó en alabar a WikiLeaks durante la campaña.
Donald Trump: Esto acaba de salir. Esto acaba de salir. WikiLeaks... Adoro a WikiLeaks.
Amy Goodman: Entre el 7 de octubre y el día de las elecciones, WikiLeaks llegaría a publicar 20.000 correos electrónicos de Podesta, generando una ola de reportes negativos acerca de la campaña de Clinton.
Juan González: Las agencias de inteligencia de EE.UU. han acusado a Rusia de piratear las cuentas del Comité Nacional Demócrata y de John Podesta, pero todavía quedan muchas preguntas sin contestar sobre lo que pasó. Durante una audiencia reciente en el Congreso, el director del FBI , James Comey, echó la culpa a la inteligencia rusa cuando fue interrogado por el congresista Adam Schiff.
Adam Schiff: ¿Sabe usted si los servicios de inteligencia rusos negociaron directamente con WikiLeaks o si se valieron de un intermediario ellos también?
James Comey: Calculamos que utilizaron algún tipo de mediador. Ellos no trataron directamente con WikiLeaks, en contraste con DC Leaks y Guccifer 2.0.
Amy Goodman: Ese era el director del FBI , James Comey, hablando el 20 de marzo. Pues bien, el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, se conecta con nosotros ahora desde la embajada ecuatoriana en Londres. Julian, bienvenido a Democracy Now! de nuevo.
Julian Assange: Buenos días, Amy.
Amy Goodman: ¿Filtró Rusia los documentos, bien los documentos del DNC o los de John Podesta a WikiLeaks?
Julian Assange: Hemos expresado muy claramente que nuestra fuente no es ningún miembro de ningún Estado, incluyendo el gobierno ruso. Ahora, si nos fijamos en estas declaraciones de James Comey, de James Clapper, si nos remontamos a un par de meses, a las declaraciones de Barack Obama, todos ellos están de acuerdo con nuestra explicación. Ahora bien, lo que la investigación estadounidense por parte de James Comey parece estar tratando de decir, al menos públicamente, es que ellos perciben que o bien desde Rusia, o bien desde algún otro sitio, se realizó algo de piratería contra el DNC y otras instituciones estadounidenses. De hecho, las acusaciones apuntan a que las comunicaciones de varios miles de personas fueron interceptadas en esas operaciones.
Amy Goodman : Pero, ¿cómo sabe usted que no fue Rusia? ¿Cómo sabe usted que no se trata de un agente estatal, dado que generalmente usted afirma que desconoce quién le pasa los documentos?
Julian Assange: Prestamos mucha atención a nuestras publicaciones. Tenemos la costumbre de llegar a una buena comprensión de las mismas. Así las cosas, no estamos dispuestos a entrar en detalles acerca de nuestra fuente, porque podría describir el tipo de persona de que se trata, el tipo de competencia en la que se encuentran, lo que podría ponerlos en riesgo. Pero hemos dicho claramente que nuestra fuente no es un miembro del Estado ruso. Ni siquiera el gobierno de Estados Unidos sugiere que nuestra fuente sea un miembro del Estado ruso. Lo que parece estar sucediendo es que existe la percepción de que se han interceptado las comunicaciones, o se ha intentado hacerlo, de miles de personas. Nada fuera de lo normal en cuanto a recopilación de inteligencia ante unas elecciones. Es de suponer que ha sido llevada a cabo por muchos Estados. Me sorprendería si eso no incluyera a Rusia. Y aquí están las publicaciones de WikiLeaks; lo que no hay es algo entre medias. Por lo tanto, se da el siguiente alegato: "Bien, si por un lado ha habido piratería, y por otro hay publicaciones, entonces deben estar directa, causal e intencionalmente relacionadas". Pero hasta ahora, no hay evidencia de ello.
Juan González: Julian, quiero que escuchemos al congresista demócrata Adam Schiff hablando en una audiencia del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes el mes pasado.
Adam Schiff: En julio, después de la convención, los primeros correos electrónicos robados que perjudicaban a Hillary Clinton aparecieron en WikiLeaks. Un hacker conocido bajo el apodo de Guccifer 2.0 asumió la responsabilidad por el pirateo del Comité Nacional Demócrata y la entrega de los documentos a WikiLeaks. Las principales firmas de seguridad cibernética privadas, incluyendo CrowdStrike, Mandiant y ThreatConnect, revisaron las pruebas derivadas del pirateo y llegaron a la conclusión, con alto grado de certeza, de que se trataba del trabajo de APT 28 y APT 29, que son conocidos por ser servicios de inteligencia rusos. La comunidad de inteligencia estadounidense también confirmó posteriormente que los documentos fueron, en efecto, robados por la inteligencia rusa, y que Guccifer 2.0 actuó como una fachada. También a finales de julio el entonces candidato Trump elogió a WikiLeaks, dijo que los adoraba, y apeló abiertamente a los rusos a que hackearan los correos electrónicos de su oponente, diciéndoles que serán generosamente recompensados por la prensa.
Juan González: Escuchábamos al congresista Adam Schiff. Julian, me pregunto si podría dar respuesta a algunas de las cosas que Schiff afirma en esa declaración.
Julian Assange: El Sr. Schiff es un congresista demócrata tratando de promover una especie de fervor neomacartista con el fin de distraer la atención del épico fracaso de Hillary Clinton y el equipo demócrata cuando perdieron, de entre todas las personas, contra Donald Trump. Así que no es particularmente interesante. Creo que deberíamos mirar atrás y situar las cosas en contexto. El gobierno de Estados Unidos, desde 1950, ha intervenido en 81 elecciones o, como diría Schiff, ha interferido en 81 elecciones. Y eso sin incluir los golpes de Estado que han derrocado gobiernos. Así que Estados Unidos tiene una larga historia de este tipo de actuaciones por todo el mundo, de modos infames, y, más recientemente, con la supuesta interferencia en las elecciones de Israel. Por lo tanto, creo que deberíamos comprender que Estados Unidos no se encuentra en posición de acusar a otro de intentar interferir o influir en los resultados electorales. Pero vayamos a lo que es el verdadero meollo de esta cuestión. ¿De qué modo se supone que Rusia ha interferido en el proceso electoral en Estados Unidos? Por un lado se afirma que hubo una serie de hackeos, lo cual es un proceso habitual de recopilación de inteligencia, en la medida en que eso se pueda comprobar, y unos pocos sitios web extremadamente ineficaces, tales como DC Leaks o Guccifer 2.0, a los que en realidad nadie prestó atención; por otro están nuestras publicaciones, a las que la gente sí prestó atención. Ahora bien, ¿qué contienen nuestras publicaciones? Pues bien, desde nuestra perspectiva, simplemente publicamos, de manera precisa y justa, lo que Hillary Clinton reconoció como sus posturas en sus discursos secretos ante Goldman Sachs; y las informaciones relacionas con el Comité Nacional Demócrata y su intento de manipular las elecciones primarias para excluir de ellas a Bernie Sanders. Así las cosas, en el centro de este asunto se encuentra la cuestión de si a la gente se les dijo la verdad sobre Hillary Clinton y el CND . Si no hubiera habido una verdad amarga al respecto, todo esto no habría marcado una diferencia, pero había una verdad amarga. Y nosotros la publicamos de forma justa y precisa. Ahora bien, nuestra fuente no era del Estado ruso. Pero si hubiera venido de algún Estado, ¿habríamos ocultado esa información antes de unas elecciones?, ¿o la habríamos publicado de forma justa y precisa? Por supuesto que la habríamos publicado.
Juan González: Bueno, pero, Julian, quería preguntarle algo en relación a lo que ha dicho. Hemos tenido a otros invitados, por ejemplo, Scott Horton, que han afirmado que efectivamente Estados Unidos ha estado involucrado en los intentos de desestabilización de gobiernos y ha derrocado a gobiernos del mundo entero. Pero Horton dice que hay una diferencia entre lo que Rusia intentó hacer y si alguien en el equipo de Trump colaboró con Rusia o ayudó o cooperó o tuvo conversaciones con los rusos a medida que ellos intentaban desestabilizar las elecciones en Estados Unidos. Y Scott Horton afirma que sería definitivamente una cuestión problemática para Trump. Me pregunto cuál es su opinión acerca de todo esto.
Julian Assange: Yo estaría de acuerdo. Eso sería algo interesante y poco frecuente. No creo que sea verdad. Creo que es interesante que, desde el principio, Trump y gente alrededor de él tomaran una postura de acercamiento hacia Rusia, un postura muy fuerte de acercamiento hacia Rusia, y no la postura tradicionalmente republicana. Creo que eso es interesante. No deja de ser compatible con las declaraciones de Trump remontándonos en el tiempo. Pero me sorprendería si esto resultara en algo relevante. ¿Por qué digo eso? Bueno, Trump tuvo muy poco éxito con los negocios en Rusia. No ha logrado construir un solo hotel en ese país. Hasta donde se puede comprobar, no ha conseguido realizar ningún buen negocio en Rusia. Y cuando le vimos haciendo declaraciones durante la campaña electoral del tipo: "Oye, Rusia, si tienes esos correos electrónicos, dáselos a nuestra prensa. Van a agradecerlo mucho"; cuando se escuchan afirmaciones como esta, no es la clase de declaración que uno hace si ya cuenta con un canal de comunicaciones y ya está involucrado en una conspiración activa. Para gente como Paul Manafort, que es el tipo de persona perfectamente capaz de participar en, digamos, actividades dudosas, y tienen un largo historial de trabajo para diversos partidos de diferentes maneras. ¿Pidieron ellos apoyo a través de Paul Manafort? Tal vez. Pero si nos fijamos en el nivel superior, que integra a Trump, lo que veo es una gran debilidad, una incapacidad para conseguir que cualquier negocio llegue a completarse en Rusia.
Amy Goodman: Mientras que es posible o no que Trump tenga inversiones en Rusia, lo que está muy claro es que los oligarcas en Rusia lo rescataron por una suma de decenas de millones de dólares, si no más, en Estados Unidos, cuando él estaba construyendo edificios, habiéndose declarado en quiebra en repetidas ocasiones, con dificultades para conseguir una línea de crédito, en lugares como mismamente cerca de los estudios de Democracy Now!, con Trump SoHo, un importante proyecto de construcción en el sur de Manhattan. Pero yo quisiera que volviéramos al congresista demócrata Adam Schiff hablando en una audiencia del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes el mes pasado. REPS .
Adam Schiff: El 8 de agosto, Roger Stone, un veterano asesor político de Trump y autoproclamado sucio estafador político, alardeó en un discurso que se había comunicado con Assange y que más documentos estarían de camino, incluyendo una sorpresa en octubre. A mediados del mes de agosto, también se comunicó con el mediador de Rusia Guccifer 2.0 y con los autores de un artículo de Breitbart que deniega los vínculos de Guccifer con la inteligencia rusa. Más tarde, en agosto, Stone hizo algo verdaderamente sorprendente al predecir que los correos electrónicos personales de John Podesta serían pronto publicados. "Confíen en mí", dijo, "pronto le llegará el momento a Podesta, #CrookedHillary (#HillaryRetorcida)". En las semanas posteriores, Stone mostró una clarividencia llamativa: "Tengo plena confianza en que WikiLeaks y mi héroe, Julian Assange, educarán al pueblo estadounidense pronto", dijo, utilizando la etiqueta, "#LockHerUp" (#Enciérrenla). "Se acerca una carga explosiva", predijo. Y dos días más tarde, así ocurrió: WikiLeaks publica su primer lote de mensajes de correo electrónico de Podesta. La publicación de los correos electrónicos de John Podesta continuó después produciéndose a diario hasta las elecciones.
Amy Goodman: Este es el asesor de Trump, Roger Stone, hablando el 8 de agosto. REPORTERO : Bien, en relación a la sorpresa de octubre, ¿cuál sería su previsión al respecto, dado lo que Julian Assange ha dado a entender que va a hacer?
Roger Stone: Bueno, podría ser cualquier cosa. De hecho, me he comunicado con Assange. Creo que el próximo tramo de los documentos que publique están relacionados con la Fundación Clinton. Sin embargo, no se sabe lo que puede ser la sorpresa de octubre.
Amy Goodman: Ese era Roger Stone hablando el 8 de agosto en el condado de Broward, Florida. ¿Podría usted, Julian, dar una respuesta sustancial a lo que están diciendo, y explicar cuál es su relación con Roger Stone?
Julian Assange: Bueno, yo no quiero hacer apología de esta gente pero, de verdad, la política de partidos estadounidense es algo de lo que todos se deberían alejar: el establecimiento de estas dos polaridades por parte de diferentes élites que luego succionan toda la energía política en el país. Bueno, pero podemos hablar un poco más adelante acerca de lo que ha sucedido con el gobierno de Trump y con este proceso fascinante que hemos estado viendo acerca de cuántos días tarda el sector de la seguridad en digerir a un presidente. Parece que la respuesta es algo así como 75 días. Respecto a Roger Stone, nunca me he comunicado con ese tipo, y él nunca se ha comunicado conmigo, excepto recientemente para decir: "¿Qué haces diciendo que nos hemos comunicado? Por favor, explícate, porque, de acuerdo a nuestros registros, no lo hemos hecho". Él se ha insertado a sí mismo brillantemente en esta ecuación. Ahora, recordemos que Stone fue expulsado en 2015 de la campaña de Trump. Cuando WikiLeaks estaba ocupado con sus publicaciones que exponen la intromisión en el proceso de las primarias en el comité demócrata, eso fue lo más grande en el radar político de ese período de tiempo. Y así, Stone, que no tenía cabida en ningún sitio, decidió sugerir que tenía contacto con nosotros. Pero analicemos sus predicciones. Predijo que nuestras publicaciones iban a ser acerca de la Fundación Clinton. Estaba equivocado. Todas sus otras predicciones, a pesar de ser exactas, son declaraciones que nosotros hicimos públicas. Dijimos que teníamos información sobre Hillary Clinton y que la íbamos a publicar. Por lo tanto, cuando escuchamos a Adam Schiff comentando que Roger Stone dijo que las publicaciones de WikiLeaks iban a producirse, nosotros dijimos en entrevistas de televisión que teníamos publicaciones acerca de Hillary Clinton en camino. Stone predijo que íbamos a publicarlas el 4 de octubre. Nosotros no publicamos el 4 de octubre. Ese día era nuestro 10º aniversario, etc. Literalmente, no existen predicciones que él haya hecho en relación a nosotros que se hayan hecho realidad, fuera de las que eran públicas. Por lo tanto, creo que es preciso admirar el descaro de la forma en que ha jugado dentro de sus deseos demócratas para ver una conexión, y cómo lo ha aprovechado con el fin de vender sus libros y con el fin de ganar protagonismo: es impresionante. Él simplemente pone a disposición un trozo de cebo que él cree que la prensa alineada con los demócratas picará servilmente y pone el gancho en su boca.
Amy Goodman: Julian, vamos a hacer una pausa.
Julian Assange: Porque le conviene a él.
Amy Goodman: Pero vamos retomar esta conversación.
Julian Assange, fundador y editor jefe de WikiLeaks, nos habla desde el interior de la embajada de Ecuador en Londres, donde ha permanecido encerrado desde hace casi cinco años. Esto es Democracy Now! Volveremos con Julian en un momento.
Traducido por Carolina Flórez. Editado por Igor Moreno y Democracy Now! en Español.
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viernes, 21 de abril de 2017
Las herramientas de hackeo de la CIA que filtró Wikileaks fueron usadas en al menos 16 países
Por Eduardo Marín
Hace un mes Wikileaks llevó a cabo una filtración muy importante acerca de los programas de vigilancia de la CIA y las herramientas que usa para hackear dispositivos. Un nuevo estudio asegura que esas herramientas han sido usadas en al menos 40 casos de hackeo por todo el mundo.
El estudio fue llevado a cabo por la firma de expertos en seguridad informática Symantec, quienes analizaron los datos e informes publicados por Wikileaks y verificaron que, efectivamente, las herramientas de la CIA han sido utilizadas en 40 ocasiones para hackear diferentes tipos de organizaciones en 16 países diferentes.
Según Symantec, estos hackeos fueron llevados a cabo por un grupo conocido como Longhorn, el cual ha estado activo desde el año 2011. Sus misiones de espionaje les habrían permitido infiltrarse en gobiernos, organizaciones financieras, energéticas, aeroespaciales, de recursos naturales y de educación, la mayoría ubicada en el Medio Oriente, Europa y Asia.
De los 40 hackeos, solo uno se llevó a cabo a un dispositivo en los Estados Unidos, aunque no queda claro a qué organización o individuo pertenece.
Los expertos aseguran que este hallazgo permite conocer qué tipo de personas e instituciones han estado en la mira de la CIA, y cómo la agencia de inteligencia procede a hackearlos, infiltrándose en sus sistemas y dispositivos. Symantec también asegura que no es la primera vez que se encuentran con el trabajo de Longhorn, dado que en el 2014 los relacionaron a una serie de hackeos usando un exploit de día cero en un documento de Word.
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