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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Por qué debemos seguir leyendo la obra de Manuel Sacristán

Rebelión

Por Salvador López Arnal

El filósofo, profesor, lógico, luchador político antifranquista, traductor y maestro y referente de varias generaciones Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) falleció un 27 de agosto, hace ahora 28 años. Fue enterrado en Guils de Cerdanya, junto a su primera esposa y compañera, Giulia Adinolfi.
¿Tiene sentido leer (o releer) su obra décadas después? ¿Es fructífero ponerse en ello, treinta años después de su fallecimiento? Lo es. Señalaré algunas razones que justifican en mi opinión su lectura o relectura:

1. Manuel Sacristán [MS] fue un filósofo (no sistemático ni practicante de ninguna ortodoxia en su filosofar) decisivo en la consolidación de los estudios de lógica formal en España. Con trabajos inéditos pendientes de publicación, sin olvidar que sus obras principales (didácticas, no de investigación) están fechadas a mediados de los sesenta, puede aprenderse mucho –de lógica, historia y filosofía de la ciencia y de la lógica- leyendo, estudiando más bien, su Introducción a la lógica y al análisis formal y su Lógica elemental, este último, un ensayo póstumo y publicado por su hija, Vera Sacristán Adinolfi, a mediados de los 90 en la editorial Vicens Vives.

2. Traductor, editor y prologuista de la obra del revolucionario sardo (como su discípulo y amigo Francisco Fernández Buey), MS nos dejó, además de numerosos artículos (el último, su escrito de presentación de la traducción castellana de su discípulo y compañero Miguel Candel del undécimo cuaderno) un libro interrumpido sobre la obra y la vida de Antonio Gramsci, El orden y el tiempo, una pequeña obra maestra (editada y presentada por Albert Domingo Curto) de lectura imprescindible en tiempos, como los nuestros, en los que la figura y la obra del autor de los Quaderni es objeto de revisión sesgada e indocumentada. Giulia Adinolfi y su compañero de estudios en el Instituto de lógica y fundamentos de la ciencia de la Universidad de Münster, el gran lógico pisano Ettore Casari, le aproximaron a la vida, obra y praxis del compañero de su admirado Palmiro Togliatti.

3. Aspecto no siempre recordado y destacado, MS fue un excelente crítico teatral, literario y musical. Desde joven, en revistas barcelonesas de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo como Qvadrante y Laye. Una amplia muestra de sus aportaciones en este ámbito puede verse actualmente en Lecturas, el cuarto volumen de sus Panfletos y Materiales. Sus trabajos sobre la obra de Heine, Goethe, Joan Brossa, Thornton Wilder o Eugene O’Neill siguen siendo excelentes muestras de su creatividad artística. Del mismo modo, sería injusto olvidarse de sus investigaciones sobre la obra musical y el significado poliético del cantautor valenciano Raimon y de su elogiada crítica del Alfanhuí, del Premio Cervantes, y amigo suyo de juventud, Rafael Sánchez Ferlosio (ambos trabajos también en Lecturas).

4. Sus textos sobre epistemología marxiana, su escrito sobre “Karl Marx como sociólogo de la ciencia” y su conferencia-artículo sobre “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, objeto de estudio de un joven analista, el profesor salmantino José Sarrión, están entre lo más destacado de lo publicado sobre la obra del revolucionario y científico de Tréveris desde el punto de vista de la filosofía y la sociología de la ciencia. Su forma de entender los clásicos de la tradición queda reflejada en este paso, magnífico en mi opinión, de su prólogo a su propia traducción castellana del Anti-Dühring engelsiano. “Por regla general, un clásico -por ejemplo, Euclides- no es, para los hombres que cultivan su misma ciencia, más que una fuente de inspiración que define, con mayor o menor claridad, las motivaciones básicas de su pensamiento”, señala MS. Empero, los clásicos del movimiento obrero habían definido, además de unas motivaciones intelectuales básicas, “los fundamentos de la práctica de aquel movimiento, sus objetivos generales”. Los clásicos del marxismo eran clásicos de una concepción del mundo (una categoría posteriormente abandonada por él), no de una teoría científico-positiva como Euclides o Newton. La anterior diferencia tenía como consecuencia, en el caso del marxismo, “una relación de adhesión militante entre el movimiento obrero y sus clásicos”. Dada esta relación, necesaria en principio, era bastante natural “que la perezosa tendencia a no ser crítico, a no preocuparse más que de la propia seguridad moral, práctica, se imponga frecuentemente en la lectura de estos clásicos”, consagrando injustamente cualquier estado histórico alcanzado en la teoría con la misma intangibilidad que tenían para el movimiento político-social los objetivos programáticos que lo definían poliéticamente. Si a esto se sumaba que la lucha contra el marxismo, desde afuera y desde dentro del movimiento, lo que solía en aquel llamarse entonces “revisionismo”, mezcla a su vez, señalaba MS, "por razones muy fáciles de entender”, la crítica (pertinente) de desarrollos teóricos más o menos caducados con la traición (no pertinente) a las finalidades del movimiento, “se comprende sin más por qué una lectura perezosa y dogmática de los clásicos del marxismo ha tenido hasta ahora la partida fácil”. La partida fácil se convirtió en partida ganada, concluía MS en este punto, “por la simultánea coincidencia de las necesidades de divulgación -siempre simplificadora- con el estrecho aparato montado por Jdhanov y Stalin para la organización de la cultura marxista.”

5. La tesis doctoral de MS sobre la gnoseología de Heidegger, editada por el CSIC en 1959 y reeditada en 1995 por la editorial Crítica con un prólogo ineludible de Francisco Fernández Buey, escrita en un castellano magnífico, deslumbrante en ocasiones, sigue siendo de referencia obligada. Su capítulo final crítico, como ha señalado Emilio Lledó, una de las grandes figuras de la filosofía española contemporánea, está entre sus mejores páginas. Todo ello, además, cuando apenas nadie en el ámbito marxista osaba aproximarse críticamente a los nudos más esenciales de la obra filosófica del ex rector de Friburgo en tiempos de huracanes de odio y acero (Sí lo hicieron por cierto, pocos años después, en 1964, dos de sus discípulos: el ya citado Francisco Fernández Buey y Joaquim Sempere en un artículo, de título “ Heidegger ante el humanismo ”, publicado en la revista clandestina del PCE, Realidad ). Con las siguientes palabras finalizaba MS su tesis doctoral: “ Sirva en todo caso esa discusión para mostrar cómo la interpretación propuesta debe ser entendida cum grano obscuritatis . Y sirva también para proporcionar más elementos de juicio para contemplar la andadura del pensamiento de Heidegger, el cual, en último término y por encima de toda interpretación, navega como la nave que vio el conde Arnaldos y cuyo piloto cantaba: “yo no digo mi canción / sino al que conmigo va”, significando aquí “ir con él” la adhesión sin crítica -ni siquiera textual interna- al pensamiento del filósofo. Para una lectura como la presente, interesada por lo gnoseológico o lógico en general, no hay empero himnos misteriosos, sino sólo vulgares canciones al alcance de cualquier oído.”

6. Traductor, interlocutor, editor y prologuista del gran filósofo y revolucionario húngaro, MS no sólo dictó una conferencia imprescindible sobre las Conversaciones del último Lukács –publicada en el libro póstumo Seis conferencias- sino que es autor de una de las aproximaciones más equilibradas y críticas a El asalto a la razón (“Nota sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo por Georg Lukács”), escrito recogido en el primer volumen –Sobre Marx y marxismo- de sus “Panfletos y Materiales”. En su necrológica sobre el autor de Historia y consciencia de clase señalaba: “Esta lección del imperturbable viejo, alegre, activo, tremendo fumador de habanos -”el único lujo de un país socialista” decía- hasta el momento mismo de entrar en la clínica de que no saldría, tiene algo de aplastante. Pero lo que más impone es que la coherencia de esa realización del plan vital no parece haber tenido nunca nada de crispación de la voluntad. Estaba más bien basada, a pesar de todos los pesares, en la convicción precisa del curso socialista de los hechos conocidos. Este Aristóteles marxista, que ha sido también él un polihístor, ha tendido no simplemente a un blanco cualquiera, sino al de adecuarse al sentido en que él veía discurrir las cosas a escala histórico-universal, por usar un adjetivo que le era querido”. Ésta era probablemente, señalaba finalmente, el secreto de la serenidad inverosímil, de la alegre fuerza nestoriana del último Lukács.

7. MS fue, sin atisbo para ninguna la duda, uno de los primeros filósofos y activistas marxistas europeos y no europeos que tomó consciencia de la importancia de las problemáticas ecológicas, incluyendo la decisiva lucha antinuclear, cuando eran pocas las voces atentas a esta dimensión destructiva del capitalismo tardío. Hay numerosas y ricas huellas de ello en los trabajos incluidos en Pacifismo, ecologismo y política alternativa, un volumen editado en 1987 por su discípulo Juan-Ramón Capella que recoge una gran parte de sus últimos textos. Sacristán había acuñado la siguiente definición de sociofísica ya a principios de los años setenta: “El concepto de sociofísica es propio de director de la colección [una colección de ensayos propuesta a la editorial Grijalbo]. No se ha utilizado nunca. Significa los temas en que la intervención de la sociedad (principalmente de la sociedad industrial capitalista) interfiere con la naturaleza (urbanismo, contaminación, etc).” La irrupción de todas estas problemáticas obligaban, en su opinión, a revisar fuertemente las ideas desarrollistas implícitas en el concepto, entonces vigente, de sociedad comunista. Wolfgang Harich fue uno de sus maestros en este nudo esencial. Su amigo Francisco Fernández Buey desarrolló y amplió en muchos de sus trabajos algunas de sus ideas y sugerencias. La colaboración del científico franco-barcelonés Eduard Rodríguez Farré fue decisiva en sus propias elaboraciones críticas sobre la industria nuclear y la guerra atómica.

Cuando leemos actualmente a Michael T. Klare, profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College y colaborador habitual de TomDispatch.com, afirmar que, a pesar de toda la verborrea de Obama sobre la revolución de la tecnología verde, seguimos profundamente atrincherados en un mundo dominado por los combustibles fósiles, al tiempo que “la única (contra)revolución verdadera que hay ahora en marcha implica el cambio de un tipo de esos combustibles fósiles a otro, la fórmula ideal para la catástrofe global” y que “para poder sobrevivir a esta era, la humanidad debe ser muy consciente de las implicaciones de este nuevo tipo de energía y después dar los pasos necesarios para comprimir la tercera era del carbono y acelerar la Era de las Renovables antes de que nos extingamos a nosotros mismos de este planeta”, la importancia del esencial giro eco-comunista en el Sacristán tardío aumenta su relevancia.

8. La ciencia con consciencia (en ocasiones sin ella por supuesto) y las potencialidades fáusticas de la tecnociencia contemporánea (“lo malo de la ciencia actual es que es demasiado buena” solía comentar), fueron una de las preocupaciones centrales últimas de MS, que nunca alentó ningún tipo de irracionalismo anticientífico. También con escritospendiente de publicación, algunos de sus trabajos sobre política de la ciencia (originales, críticos, muy avanzados en su momento) se han recogido en Papeles de filosofía, segundo volumen de sus PyM, y en Seis conferencias. Un ejemplo representativo de sus reflexiones: “(....) creo que el primer principio orientador de una política de la ciencia para esa otra sociedad, para esa comunidad o federación de comunidades, debería ser una rectificación de los modos dialécticos clásicos de pensar, hegelianos, sólo por negación, para pensar de un modo que incluyera una dialecticidad distinta con elementos de positividad... Una dialecticidad que tenga como primera virtud práctica la de Aristóteles... es decir, el principio del mesotes, de la cordura, de la mesura, dimanante del hecho de que las contradicciones en las que estamos no las veo como resolubles al modo hegeliano sino al modo como se apunta en el libro primero de El Capital,es decir, mediante la creación del marco en el cual pueden dirimirse sin catástrofe”.

9. Crítico del capitalismo desde joven, pueden verse una excelente muestra de sus reflexiones en este ámbito en Pacifismo, ecologismo y política alternativa, una plural antología que no está afectada ni por los años transcurridos ni por sus referencias puntuales. Su enérgica e informada pulsión anticapitalista es manifiesta en este paso de un artículo -“Intoxicación de masas, masas intoxicadas”- de 1981. “[…] Pero ¿qué diferencia a esos prohombres enriquecidos y ejemplares del aceitero homicida que no supiera que su mezcla era tóxica? No el móvil -el beneficio, la vocación capitalista, por todos legitimada, de “sacar un honrado penique” del ejercicio de su listeza- ni la moralidad: no su sistema de valores, no su cultura. Sencillamente, el empresario honrado ha tenido suerte y el empresario homicida ha tenido desgracia en el desempeño de una misma función: el complicado fondo causal último de la intoxicación española de 1981 [por aceite de colza] es la necesidad capitalista de mantener lo más bajo posible el valor de la fuerza de trabajo”. No había por qué decir lo anterior más suavemente, ni siquiera por consideraciones prácticas: “no vale la pena intentar persuadir a los empresarios privados de que es su sistema el que lleva en sí la necesidad indeterminada de esas catástrofes...”

10. Comentarista de, entre otros, Lenin, de Rosa Luxemburg, de los dos grandes clásicos (tradujo los dos primeros libros de El Capital al igual que la mitad del tercero), de Labriola, de Lukács por supuesto, de Meinhof (a quien conoció en Münster), de Dutschke (con quien se carteó), de Harich (amigo suyo), de Berlinguer, de su muy admirado Togliatti, de Bujarin, de Mattick, de Marcuse y Adorno (a quienes tradujo), autor de un excelente texto sobre –y contra- el estalinismo recogido en Seis Conferencias, de unas excelentes observaciones de antropología política y cultural incorporadas a su traducción de la biografía de Gerónimo (recientemente editadas por la editorial de El Viejo Topo con el título Sobre Gerónimo) o de una excelente aproximación a Russell y el socialismo, a la ecodinámica de Boulding o a la idea de dialéctica (una de sus poderosas aportaciones en el ámbito de la filosofía marxista), todos estos trabajos deberían merecer también nuestra atención. Hay en ellos siempre análisis rigurosos, informados, singulares, nada triviales y sugerentes. La libertad con la que MS se enfrentó a esos grandes pensadores queda plasmada en las líneas con las que abría su conferencia (texto más tarde) sobre el filosofar de Lenin de 1970, posterior prólogo deMaterialismo y empiriocriticismo: “La insuficiencia técnica o profesional de los escritos filosóficos de Lenin salta a la vista del lector. Para ignorarla hacen falta la premeditación dl demagogo o la oscuridad del devoto.” Ni que decir tiene que, en su caso, la aproximación crítica no conllevó la ubicación de todo el legado leninista en el archivo de lo inútil y trasnochado. Lenin, como gran parte de los autores citados, nunca fue para él un perro muerto.

Añado, para concluir en algún punto, consciente de mis numerosos olvidos, una arista a veces olvidada: su magnífica, rica y políticamente antisectaria aproximación al diálogo abierto, sincero y no servil entre comunistas y cristianos. Actual y fructífero donde los haya.

Los decálogos suelen exigir un resumen. Cabe intentarlo del siguiente modo:

Comentando un artículo del finalmente berlusconiano, y exitoso filosofo marxista en años anteriores, Lucio Colletti, Sacristán anotó uno de sus excelentes aforismos (otra de sus poderosas facetas): “No se debe ser marxista. Lo único que tiene interés es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradición que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan.”

No conozco una definición mejor de las tradiciones emancipatorias ni de la práctica política transformadora.

Francisco Fernández Buey, fallecido el 25 de agosto de 2012, y despedido por todos nosotros dos días más tarde, también un 27 de agosto en una ceremonia inolvidable, hizo muy suya esta anotación sacristaniana. Sigue tan vigente como entonces: avanzar por la cresta entre el valle de nuestros deseos y el de una realidad cada día más injusta y terrible, intentando –tarea enorme que exige la participación de todas y todos- su confluencia en un mar oceánico, moldeado por nuestros esfuerzos y nuestros ideales más consistentes de justicia, libertad, equidad y fraternidad. “Hic Rhodus, hic salta”, como solía escribir el que fuera maestro de nuestro gran maestro y también de todos nosotros.

PS. Para nuestro tiempo y nuestras preocupaciones más esenciales, vale la pena recordar también un paso de la última entrevista que se le realizó (diciembre de 1984). Fue publicada enMundo Obrero, el órgano de expresión del Partido Comunista de España, en febrero de 1985. Dice así: “A mí me parece que los nacionalismos ibéricos están más vivos que nunca, los tres (paradójicamente el menos vivo es el español, por eso no he dicho los cuatro [Sacristán reflexiona en 1984]). Lo digo en el sentido de que en el caso español los nacionalistas son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad. En cambio, en los otros tres nacionalismos, por razones obvias, por siglos de opresión política y opresión física, el nacionalismo no es estrictamente de derechas, sino que hay también nacionalistas de izquierda (...)”. La vitalidad de los tres nacionalismos no españoles de la Península era de tan alcance que, en su opinión, “aunque parece tópico yo no creo que se clarifique nunca mientras no haya un auténtico ejercicio de derecho a la autodeterminación. Mientras eso no ocurra, no habrá claridad ni aquí [Cataluña], ni en Euskadi, ni en Galicia. Sólo el paso por ese requisito aparentemente utópico de la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación y a la formación de Estado, nos dará una situación limpia y buena, ya se trate de un Estado federal o de cuatro Estados”. Todas las técnicas políticas y jurídicas que se quisieran aplicar para hacer algo que no fuera eso no darían nunca un resultado satisfactorio. Eso siempre, añadía, sería “una justificación para el mayor mal que sufre España, que es tener un Ejército político como el que tenemos.”

Repasen en las hemerotecas lo que en aquellos momentos decían y sostenían muchos de los defensores actuales (o sus padres políticos respectivos) del actual “independentismo” neoliberal, comparen y extraigan consecuencias.

Ni que decir tiene que tanto Sacristán como Francisco Fernández Buey, en ocasiones en minoría de uno, unían al derecho de autodeterminación de los pueblos, su unión fraternal en una República federal y la información contrastada y crítica sobre una larga historia en común y unos enfrentamientos sesgadamente abonados en muchos casos.

Y, por si fuera necesario, con estas otras palabras abría Sacristán su presentación de la edición catalana de El Capital de Jordi Moners: “La aparición de esta traducción catalana de El Capital puede parecer intempestiva. En efecto, este libro se edita poco más o menos un siglo después que empezase a estar presente en la vida social y cultural de Catalunya; y, además, en un momento que no se puede considerar de excesivo predicamento de la obra del autor, sobre todo si se compara con lo que pasaba hace quince o veinte años. Es obvio que la primera circunstancia está muy ligada a los obstáculos con que ha chocado la cultura superior catalana durante estos cien años, desde los de más lejana raíz histórica hasta los particularmente difíciles que provocó el franquismo. Desde el punto de vista de esta consideración, la publicación de El Capital en catalán, como la de cualquier otro libro clásico, es una buena noticia para todos los que se alegren porque los pueblos y sus lenguas vivan y florezcan”.

* Salvador López Arnal es miembro del Front Cívic Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra, director Jordi Mir Garcia)


martes, 11 de diciembre de 2012

¿Un golpe estadounidense en Egipto?



Por As'ad AbuKhalil

Lo que está sucediendo en Egipto requiere una contextualización histórica. Cuando Sadat se hizo con el cargo por primera vez después de Naser, en 1970, sus posibilidades de sobrevivir en el poder eran nulas. No tenía altura política ni base de poder propia. Comenzó a edificar su poder en 1971, cuando anunció la existencia de una amplia conspiración izquierdista por parte de los asesores principales de Naser (él los llamó “marakiz al-qiwa”, centros de poder). El caso se fundó en grabaciones secretas de conversaciones telefónicas. Nunca se supo si antes el gobierno de Estados Unidos había suministrado a Sadat las “pruebas” para ayudarle a eliminar a sus rivales naseristas. Solo un año después, Sadat ordenó la expulsión de los asesores soviéticos de Egipto, probablemente como pago al gobierno estadounidense. El resto de la historia de Sadat y Mubarak es demasiado bien conocida: el gobierno de Estados Unidos ayudó a construir y supervisar el estado de seguridad represiva de Egipto, que se convertiría en la piedra angular de las políticas de Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo.
Es demasiado pronto para analizar la naturaleza del régimen egipcio de Mubarak pero hay algunas señales e indicaciones claras. El gobierno de Estados Unidos ha llegado a la conclusión de que él (e Israel) pueden hacer negocios con los Hermanos Musulmanes siempre y cuando no toquen ni interfieran en la política exterior de Sadat y Mubarak. El servicio de inteligencia egipcio lo ha construido Estados Unidos y opera como una extensión de la agencia de la CIA en Egipto. Es justo decir que la Hermandad Musulmana ha permitido al servicio de inteligencia mantener el control sobre la política exterior de Egipto. Los nombramientos de altos cargos en el Ministerio de Asuntos Exteriores se han llevado a cabo por el aparato de la mujabarat [servicios secretos] y los ministros de Asuntos Exteriores del nuevo Egipto son graduados de la escuela diplomática de Sadat. El gobierno y el Congreso estadounidenses han dejado muy claro que el único criterio que le importa a Estados Unidos es que se preserve el tratado entre Egipto e Israel.
Pero la Hermandad Musulmana necesitaba tiempo para demostrar su lealtad y sumisión a los intereses de seguridad de Estados Unidos y a sus órdenes. Estados Unidos observaba muy de cerca y los observadores árabes tenían muy claro que los Ijuan [Hermanos Musulmanes] se estaban sometiendo a un rápido cambio de imagen. Atrás quedaron los discursos sobre la yihad con su grotesca retórica antisemita y las habituales referencias islamistas a “los descendientes de los simios y los monos”; apareció una nueva insistencia en la necesidad de respetar “los tratados y obligaciones internacionales”. Obviamente, las referencias redundantes por parte del nuevo gobierno egipcio a respetar los “tratados internacionales” no estaban relacionadas en modo alguno con los tratados bilaterales de Egipto con los países africanos y asiáticos. Se convirtió en un eufemismo o en un mediocre lenguaje codificado para el nuevo gobierno de los Ijuan: se envió como señal a Estados Unidos de que están dispuestos a mantener las mismas políticas exteriores de Mubarak y Sadat a cambio de apoyo en el poder.
La Hermandad envió emisarios a Washington DC y mantuvo conversaciones con destacados miembros del establishment sionista en la ciudad. El senador John McCain (un hombre a la derecha de Ariel Sharon), se convirtió en un repentino defensor de los Hermanos Musulmanes en Estados Unidos y fue regularmente a la Fox News para promover la idea de una “Hermandad musulmana moderada”. El FMI (un mero instrumento de la política exterior estadounidense) se unió al coro rápidamente y prometió un préstamo generoso a cambio de un buen comportamiento.
Pero la guerra de Gaza fue la oportunidad de oro: pasarían años antes de que realmente supiéramos cómo estalló la guerra de Gaza y cómo se gestionó, pero los Ijuan se ganaron la confianza de Estados Unidos y de Israel con gran rapidez. Tras la salvaje guerra de Israel contra Gaza, los Hermanos Musulmanes y los predicadores de la guerra santa contra los judíos —esa es la retórica clásica de los Hermanos Musulmanes— argumentaron que la llamada del gobierno de Mursi al embajador egipcio en Israel es la respuesta más fuerte posible, muy parecida a la línea de argumentación de la política exterior de Mubarak. La Hermandad trabajó muy de cerca con el gobierno de Obama y los sionistas de Estados Unidos colmaron de elogios al gobierno de Mursi y al nuevo comportamiento responsable de los Hermanos Musulmanes.
Fue sólo unos días después de la guerra de Gaza cuando Mursi presentó sus decretos. Y la reacción de Estados Unidos fue bastante similar a su reacción cuando alguno de sus clientes represivos de la región recurre a medidas represivas. Peor aún, el gobierno de Estados Unidos reaccionó de la misma manera que reaccionó cuando los manifestantes salieron a las calles por primera vez contra el régimen de Mubarak. Al igual que el gobierno de Obama condenó con celeridad la “violencia” de los manifestantes egipcios contra Mubarak (y no viceversa), el gobierno de Obama volvió a advertir a los manifestantes (y no al régimen) contra el recurso a la violencia. Los medios sionistas rápidamente siguieron el ejemplo. The New York Times publicó una imagen en primera plana de un activista de la Hermandad Musulmana rescatando a un herido: los árabes ridiculizaron extensamente la imagen porque en el mismo día, la prensa árabe mostraba varias imágenes de matones de los Ijuan golpeando a manifestantes pacíficos en El Cairo. Y The New York Times se ha mostrado tan complacido con el comportamiento de Mursi vis-à-vis Israel que ha considerado el montaje de tiendas de campaña y los garabatos de los graffiti anti-Mursi como actos de violencia por parte de la oposición.
No hay pruebas hasta el momento de que Estados Unidos haya estado involucrado en el golpe de Mursi, pero hay una clara evidencia de que los dos gobiernos han estado trabajando en estrecha colaboración. Varios emisarios de Mursi fueron enviados a Washington DC y Mursi notificó al gobierno estadounidense su decisión antes de que el decreto fuese anunciado a la opinión pública egipcia. No es improbable que Estados Unidos haya actuado en connivencia con Mursi con el fin de reconstruir el estado de seguridad represiva que tan útil ha resultado a Israel durante décadas. Es posible que Estados Unidos ajuste sus relaciones en la región a fin de incorporar a los regímenes de los Ijuan en el sistema represivo regional pro-estadounidense establecido. La sospecha de un papel estadounidense en el gobierno de Mursi es ampliamente compartida entre los egipcios, y ello explica que muchos de los manifestantes fueran a la embajada de Estados Unidos a protestar, pero fueron apartados por los matones de la seguridad de Mubarak-Mursi.

sábado, 1 de diciembre de 2012

¿Qué está pasando en Egipto?




Por Olga Rodriguez

Que el tejido social de protesta en Egipto está vivo llevamos comprobándolo casi dos años. Esta semana es una buena prueba de ello. Decenas de miles de personas han tomado las calles en ciudades como El Cairo, Alejandría, Suez, Port Said o Aswan, para mostrar su rechazo al presidente Mohamed Morsi, que tan solo lleva cinco meses en el poder.
Todo empezó hace unos días. Varios grupos de jóvenes se congregaron en la calle Mohamed Mahmoud de El Cairo -una de las vías que desembocan en la plaza Tahrir- para conmemorar el primer aniversario de la muerte de decenas de manifestantes que hace un año perdieron la vida a manos de las fuerzas de seguridad egipcias, entonces bajo el mando del gobierno en transición dominado por el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. Los responsables de aquellas muertes siguen en libertad.

Los manifestantes colgaron a la entrada de la calle un cartel que se ha mantenido hasta hoy. En él se lee: 'Prohibida la entrada a los Hermanos Musulmanes'.

Hubo enfrentamientos entre manifestantes y policía, que de nuevo usó de gases lacrimógenos en un intento por disolver las protestas, y la tensión creció. La brutalidad de las fuerzas de seguridad quedó en evidencia en vídeos como este:

Mientras tanto, el presidente egipcio Mohamed Morsi, ultimaba como mediador las negociaciones para frenar la ofensiva israelí contra Gaza.
No es casualidad que justo un día después del anuncio del alto el fuego en la Franja, Morsi anunciara una mayor concentración de poderes, situándose por encima de la ley y de todas las instituciones del Estado. A través de la firma de cuatro decretos, estableció que ninguna de sus decisiones o leyes podrían ser revocados por nadie, ni siquiera por el poder judicial.

El momento era perfecto. El presidente egipcio acababa de erigirse como actor influyente en la región: Había actuado como interlocutor de Hamás y de Estados Unidos y como anfitrión en la reunión entre Qatar, Turquía y Hamás. Los propios Barack Obama y Hillary Clinton le habían felicitado públicamente por su labor como mediador en las negociaciones por el alto el fuego en Gaza. 
Con su decretazo, Morsi blindaba la Asamblea Constituyente, encargada de redactar la futura Carta Magna, dominada por las corrientes islamistas y amenazada por dos demandas que estudia el Tribunal Constitucional. El columnista Fahmy Huwaydi, uno de los más leídos en el mundo árabe, decía este martes que lo que motivó a Morsi a impulsar esta medida fueron las amenazas de un golpe 'legal' contra su gobierno. 
Es probable que el presidente egipcio tratara de evitar otro movimiento de la Corte Suprema Constitucional, que el pasado mes de junio, tan solo dos días antes de las elecciones presidenciales, disolvió el Parlamento dominado por los islamistas, en un gesto favorable al Consejo militar Supremo. Ante la amenaza de un movimiento similar contra la Asamblea que redacta la Constitución, Morsi optó por dar un golpe encima de la mesa.

Al margen de las razones del presidente, lo cierto es que la calle habló de nuevo. En los días pasados se registraron manifestaciones en contra de Morsi en varias ciudades del país. En ellas falleció un menor de edad, con varias heridas de bala provocadas por las fuerzas de seguridad.

Su padre llamó a las protestas contra Morsi en este vídeo que ha circulado ampliamente por la Red.

En otro incidente, falleció un joven seguidor de los Hermanos Musulmanes.

Los jueces, contra Morsi

Al mismo tiempo, los sindicatos de jueces y de periodistas anunciaron huelgas en todo el país en contra del 'decretazo'. El Club de Jueces -la agrupación más importante de magistrados- fue especialmente beligerante contra el presidente egipcio. Cuando un asesor de este anunció que suavizarían lo anunciado, la agrupación judicial insistió en que la concentración de poder del presidente seguía siendo inaceptable.

En el año 2005 el Club de Jueces ya puso en dificultades al entonces presidente Hosni Mubarak, y de hecho aquellas protestas marcaron un capítulo importante en el crecimiento de los movimientos sociales contrarios al régimen. 

Y finalmente, Tahrir....
Después de días de manifestaciones, este martes Tahrir se llenó de nuevo, al grito de 'la gente quiere la caída del régimen' y 'Morsi ilegítimo'. Algunos de los activistas más destacados de las revueltas de 2011 no podían evitar cierta emoción.

"Otra cosa increíble es que ya no hay espacio en Tahrir y las marchas todavía no han llegado! Morsi, Egipto es demasiado grande para ti", escribía la activista Gigi Ibrahim en Twitter.

'Con cada marcha que llega, Tahrir se viene arriba con pitidos y júbilos', celebraba el pintor Ahmed El Massry.

Desde las redes sociales, la Hermandad Musulmana ha restado importancia a las manifestaciones, asegurando que eran minoritarias y con una baja participación, lo que ha causado indignación entre los manifestantes.
'El tono de los Hermanos de hoy me recuerda a la televisión estatal egipcia el 25 de enero de 2011', se lamentaba una internauta, Noha Mahmoud Ali.

En las calles adyacentes a Tahrir hubo enfrentamientos con la policía. Un hombre falleció como consecuencia de la exposición a los gases lacrimógenos empleados por las fuerzas de seguridad.

Mahalla
Las protestas se han extendido a varias ciudades del país, entre ellas, Mahalla el Kubra, histórico bastión del movimiento obrero, donde en 2006 tres mil mujeres trabajadoras de una fábrica textil, al grito de ‘aquí estamos las mujeres, ¿dónde están las hombres?’, dieron el pistoletazo de salida a una oleada de huelgas que fueron el prólogo de las revueltas de 2011.
En las últimas horas en Mahalla se han registrado duros enfrentamientos entre partidarios y detractores de la Hermandad musulmana, con el resultado de 300 de heridos. Tanto en Mahalla como en otras ciudades se han producido ataques a sedes de la organización islámica.

Duros enfrentamientos en Mahalla, bastión del movimiento obrero (Foto de Noai Lagati)

Las 'ayudas'

El aumento de la tensión puede erosionar la imagen de Morsi e incluso hacer peligrar las negociaciones que su gobierno mantiene con el Fondo Monetario Internacional, con el que está a punto de cerrar un préstamo de 4.800 millones de dólares, al que se oponen los movimientos sociales de Tahrir. 
La Unión Europea ya ha advertido que podría recortar sus 'ayudas' a Egipto si Morsi mantiene vigente el decretazo.
No es ningún secreto que los Hermanos Musulmanes y el propio Morsi son conservadores en lo político y neoliberales en lo económico. Aunque la Hermandad Musulmana criticó durante años el intervencionismo occidental en la región, ahora el sector gobernante da la bienvenida a las ayudas ofrecidas por los organismos financieros internacionales. 
Este pragmatismo ha decepcionado a algunos votantes de la Hermandad, pero sin duda satisface a actores internacionales como Estados Unidos, siempre dispuestos a cuidar las ventajas de la inversión extranjera en el país árabe.

La polarización 
El desgaste de Morsi lo están aprovechando sectores cercanos al antiguo régimen de Hosni Mubarak y personalidades como el ex presidente de la Liga Árabe y ex candidato presidencial Amr Musa, quienes ven en esta coyuntura una oportunidad para ganar influencia.

'El problema es que hay gente cercana al antiguo régimen que quiere adueñarse de la situación, y que hay gente de Tahrir dispuesta de repente a tender la mano a personas como Amr Musa, que fue ministro con Mubarak!', advierte el periodista y activista egipcio Hossam El Hamalawy.
Una vez más Egipto corre el riesgo de verse dividido en una ecuación simplista entre los islamistas y los 'feloul', término que se usa para hacer referencia a los integrantes del antiguo régimen o a aquellos cercanos a él, y que están intentando capitalizar las protestas. 
La polarización está servida. 'La polarización es inevitable en cualquier revolución. La pregunta es en torno a qué líneas se produce esta polarización', afirma El Hamalawy.
En medio de todo, hay agrupaciones sociales y activistas muy destacados de las revueltas de 2011, decepcionados con ambos bandos e indignados por que los 'feloul' estén intentando apropiarse de las manifestaciones. La fuerza de la calle no está dispuesta a aceptar los discursos que presentan a uno u otro bando como males menores y necesarios.

La credibilidad de la Hermandad
La Hermandad Musulmana ya ha sufrido varias escisiones, producto de sus divisiones internas y de las tensiones existentes entre los jóvenes y las clases dirigentes. A medida que el tiempo avance y muestre que las demandas de las revueltas no figuran en el programa de la organización islámica, los Hermanos Musulmanes pueden verse expuestos a una crisis de credibilidad entre la sociedad egipcia. 
Que su popularidad no es de hierro, lo prueban los resultados de las elecciones. En los comicios legislativos iniciados en noviembre de 2011, la Hermandad obtuvo el 37,5% de los apoyos, unos 11 millones de votos. En la primera ronda de las elecciones presidenciales de junio de 2012 el candidato de los Hermanos, Mohamed Morsi, solo obtuvo el 24,7% de los apoyos, algo más de 5 millones de votos. 
Por el momento, las exigencia de la llamada revolución egipcia - 'pan, libertad y justicia social'- siguen sin cumplirse. Y en las redes sociales algunos ya sugieren que Egipto sigue bajo el yugo de un régimen autoritario. El chiste amargo que circula estos días lo resume así: Nombre: Mohamed Morsi. Profesión: Hosni Mubarak.

sábado, 5 de marzo de 2011

Egipto: los movimientos sociales, la CIA y el Mossad

Rebelión
Por James Petras


Robert García

Los límites de los movimientos sociales
Los movimientos de masas que obligaron a la retirada de Mubarak revelan a la vez la fortaleza y las debilidades de los levantamientos espontáneos.

Por una parte, los movimientos sociales han demostrado su capacidad para movilizar a cientos de miles de personas, quizás millones, en una exitosa lucha sostenida que culminó con el derrocamiento del dictador de una manera que los partidos de oposición y las personalidades preexistentes no pudieron o no quisieron hacer.

En cambio, por otra parte, a falta de un liderazgo político nacional, los movimientos no fueron capaces de tomar el poder político y hacer realidad sus demandas, lo que permitió a los altos mandos militares de Mubarak tomar el poder y definir el post mubarakismo, garantizando la continuidad de la subordinación de Egipto a los EE.UU., la protección de la riqueza ilícita del clan Mubarak (70 millones de dólares), el mantenimiento de las numerosas empresas en propiedad de la élite militar y la protección de las clases altas.

Los millones de personas movilizados por los movimientos sociales para derrocar a la dictadura han sido excluidos en la práctica por la nueva junta militar, autoproclamada “revolucionaria”, a la hora de definir las instituciones y las políticas, por no hablar de las reformas socioeconómicas necesarias para atender las necesidades básicas de la población (el 40% de la población vive con menos de dos dólares al día y el desempleo juvenil asciende a más de 30%). Egipto, como en el caso de los movimientos sociales y estudiantiles populares contra las dictaduras de Corea del Sur, Taiwán, Filipinas e Indonesia, es una demostración de que la falta de una organización política de ámbito estatal permite que personajes neoliberales y conservadores “de oposición” reemplacen al régimen. Estos personajes proceden a establecer un régimen electoral que continúe sirviendo a los intereses imperiales dependientes y defienda el aparato estatal existente. En algunos casos, sustituyen a los viejos compinches capitalistas por otros de nuevo cuño. No es casual que los medios de comunicación alaben la “espontánea” naturaleza de las luchas (no las demandas socioeconómicas) y presenten bajo una luz favorable el papel de los militares (sin tener en cuenta los 30 años en los que han sido un baluarte de la dictadura). Las masas son alabadas por su “heroísmo” y los jóvenes por su “idealismo”, pero en ningún caso se les reconoce como actores políticos centrales en el nuevo régimen. Una vez caída la dictadura, los militares y la oposición electoralista “celebraron” el éxito de la revolución y se movieron rápidamente para desmovilizar y desmantelar el movimiento espontáneo, con el fin de dar paso a las negociaciones entre los políticos liberales electoralistas, Washington y la élite militar en el poder.

Mientras la Casa Blanca puede tolerar o incluso fomentar movimientos sociales que conduzcan al derrocamiento (“sacrificio”) de las dictaduras, tienen todo el interés en preservar el Estado. En el caso de Egipto, el principal aliado estratégico del imperialismo de EE.UU., no es Mubarak, es el ejército, con el que Washington ha estado en constante colaboración antes, durante y después del derrocamiento de Mubarak, asegurándose que la “transición” a la democracia (sic) garantice la permanente subordinación de Egipto a los intereses y las políticas para Oriente Próximo de EE.UU. e Israel.

La rebelión del pueblo: los fracasos de la CIA y el Mossad
La revuelta árabe demuestra una vez más varios fallos estratégicos en instituciones tan cacareadas como la policía secreta, las fuerzas especiales y las agencias de inteligencia de EE.UU., así como en el aparato estatal israelí, ninguno de los cuales fue capaz de prever, no digamos ya intervenir, para evitar esta exitosa movilización e influir en las políticas de sus gobiernos hacia los gobernantes lacayos que estaban en peligro.

La imagen que la mayoría de escritores, académicos y periodistas proyectan de la imbatibilidad del Mossad israelí y de la omnipotente CIA ha sido sometida a una dura prueba, con su fracaso en reconocer el alcance, la profundidad y la intensidad del movimiento de millones de personas que ha derrocado la dictadura de Mubarak. El Mossad, orgullo y alegría de los productores de Hollywood, presentado como un “modelo de eficiencia” por sus bien organizados compañeros de viaje sionistas, no fue capaz de detectar el crecimiento de un movimiento de masas en un país vecino. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se mostró sorprendido (y consternado) por la precaria situación de Mubarak y el colapso de su cliente árabe más prominente, precisamente a causa de errores de inteligencia del Mossad. Del mismo modo, a Washington, con sus 27 organismos de inteligencia además del Pentágono, lo pillaron desprevenido, a pesar de los centenares de miles de agentes pagados y sus presupuestos de miles de millones de dólares, los masivos levantamientos populares y los movimientos emergentes.

Varias observaciones teóricas se imponen. Se ha demostrado que la idea de unos gobernantes ferozmente represivos que reciben miles de millones de dólares de ayuda militar de EE.UU. y que cuentan con cerca de un millón de policías, militares y paramilitares para garantizar la hegemonía imperial no es infalible. La suposición de que mantener vínculos a gran escala y largo plazo con tales gobernantes dictatoriales salvaguarda los intereses imperiales de EE.UU. ha sido refutada.

El globo de la arrogancia de Israel y la presunción de superioridad judía en materia de organización, estrategia y política sobre “los árabes”, ha sido seriamente pinchado. El Estado de Israel, sus expertos, sus agentes encubiertos y sus académicos de las mejores universidades estadounidenses permanecieron ciegos a las realidades emergentes, ignorantes de la profundidad del descontento e impotentes para evitar la oposición masiva a sus clientes más valiosos. Los publicistas de Israel en EE.UU., que no suelen resistirse a cualquier oportunidad de glosar la “brillantez” de las fuerzas de seguridad de Israel tanto si se trata de asesinar a un líder árabe en Líbano o Dubai o bombardear una instalación militar en Siria, se quedaron temporalmente sin habla.

La caída de Mubarak y el posible surgimiento de un gobierno independiente y democrático significarían que Israel podría perder su principal aliado policial. Una opinión pública democrática no va a cooperar con Israel en el mantenimiento del bloqueo de Gaza ni condenar a los palestinos a morir de hambre para quebrar su voluntad de resistir. Israel no podrá contar con un gobierno democrático para respaldar sus violentas ocupaciones de tierras en Cisjordania y su régimen títere palestino. Tampoco podría contar EE.UU. con un Egipto democrático para respaldar sus intrigas en Líbano, sus guerras en Iraq y Afganistán o sus sanciones contra Irán. Por otra parte, el levantamiento de Egipto ha servido de ejemplo para otros movimientos populares contrarios a otras dictaduras clientes de EE.UU. en Jordania, Yemen y Arabia Saudí. Por todas estas razones, Washington apoyó el golpe militar con el fin de dar forma a una transición política de acuerdo con su gusto y sus intereses imperiales.

El debilitamiento del principal pilar del poder imperial de EE.UU. y del poder colonial israelí en el Norte de África y Oriente Próximo ponen de manifiesto el papel esencial de los regímenes colaboradores del Imperio. El carácter dictatorial de estos regímenes es un resultado directo del papel que desempeñan en defensa de los intereses imperiales. Y los grandes paquetes de ayuda militar que corrompen y enriquecen a las élites dominantes son las recompensas por su buena disposición a colaborar con los estados imperiales y coloniales. Dada la importancia estratégica de la dictadura egipcia, ¿cómo explicar el fracaso de las agencias de inteligencia de EE.UU. e Israel para anticipar las revueltas?

Tanto la CIA como el Mossad colaboraron estrechamente con los servicios secretos de Egipto y se basaron en ellos para su información, confiando en sus conformistas informes, según los cuales todo estaba bajo control. Los partidos de oposición son débiles, están diezmados por la infiltración y la represión, sus militantes languidecen en la cárcel o sufren fatales “ataques al corazón” a causa de severas “técnicas de interrogatorio”, afirmaban. Las elecciones fueron manipuladas para elegir a los clientes de EE.UU. e Israel, de modo que no hubiera sorpresas democráticas en el horizonte inmediato o a medio plazo.

Los servicios secretos egipcios son entrenados y financiados por agentes israelíes y estadounidenses, y tienen una natural tendencia a complacer la voluntad de sus amos. Eran tan obedientes para producir informes que complacieran a sus mentores, que ignoraban cualquier información sobre un creciente malestar popular o la agitación vía Internet. La CIA y el Mossad estaban tan incrustados en el vasto aparato de seguridad de Mubarak que fueron incapaces de obtener cualquier otra información sobre los movimientos populares, descentralizados y florecientes, todos ellos movimientos independientes de la oposición electoral tradicional que controlaban.

Cuando los movimientos de masas extraparlamentarios estallaron, el Mossad y la CIA contaban con el aparato estatal de Mubarak para tomar el control a través de la típica operación de la zanahoria y el palo: dar concesiones simbólicas transitorias y sacar a la calle al ejército, la policía y los escuadrones de la muerte. A medida que el movimiento crecía de decenas de miles a cientos de miles y a millones de personas, el Mossad y los principales congresistas estadounidenses partidarios de Israel instaban a Mubarak a “aguantar”. La CIA se limitó a presentar a la Casa Blanca los perfiles políticos de funcionarios militares fiables y de personajes políticos flexibles, “de transición”, dispuestos a seguir los pasos de Mubarak. Una vez más, la CIA y el Mossad demostraron su dependencia del aparato estatal egipcio para conseguir información sobre quién podría representar una alternativa viable pro estadounidense e israelí, haciendo caso omiso de las exigencias elementales de las masas. El intento de cooptar a la vieja guardia electoralista de los Hermanos Musulmanes a través de negociaciones con el vicepresidente general Omar Suleiman fracasó, en parte debido a que los Hermanos Musulmanes no tenían el control del movimiento y en parte debido a que Israel y sus seguidores estadounidenses se opusieron. Por otra parte, el ala juvenil de los Hermanos presionó para que la organización se retirara de las negociaciones.

Los fallos en materia de inteligencia complicaron los esfuerzos de Washington y Tel Aviv de sacrificar el régimen dictatorial para salvar el Estado: ni la CIA ni el Mossad tenían vínculos con ninguno de los nuevos líderes emergentes. Los israelíes no pudieron hallar ningún “nuevo rostro” que tuviera un seguimiento popular y que estuviera dispuesto a desempeñar el poco decoroso papel de colaborador de la opresión colonial. La CIA había estado totalmente comprometida en el uso de los servicios secretos egipcios para torturar a sospechosos de terrorismo (las “entregas extraordinarias”) y en la vigilancia de los países árabes vecinos. Como resultado, tanto Washington como Israel buscaron y promovieron el golpe militar para adelantarse a una mayor radicalización.

En última instancia el fracaso de la CIA y el Mossad para detectar y prevenir el surgimiento del movimiento democrático popular pone de manifiesto la precariedad de las bases del poder imperial y colonial. A largo plazo, no son las armas, los miles de millones de dólares, la policía secreta, ni las cámaras de tortura las que deciden la historia. Las revoluciones democráticas se producen cuando la gran mayoría de un pueblo se alza y dice “basta”, toma las calles, paraliza la economía, desmantela el Estado autoritario y exige libertad e instituciones democráticas sin la tutela imperial o la sumisión colonial.

jueves, 3 de marzo de 2011

La reforma migratoria, Egipto y Obama


Umpierrez

Los sin papeles, los más vulnerables
El conocido lingüista e intelectual estadounidense Noam Chomsky habló sobre la razón por la cual no hay una reforma migratoria; opinó que Estados Unidos siempre ha apoyado a dictadores por todo el mundo y que Egipto no fue la excepción y trazó un balance de los dos años de la presidencia de Barack Obama.

La mente de Chomsky, profesor del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), se pone más filosa con el paso del tiempo, aún a sus 82 años. Ha escrito más de 150 libros y su análisis es certero aunque polémico.

Univision.com habló con Chomsky sobre tres temas: Reforma migratoria, la crisis en Egipto y la presidencia de Obama.

‘La administración de (Barack) Obama ha deportado muchos más inmigrantes indocumentados que durante la gestión de Bush hijo. Empujaron un poco el Dream Act pero no pasó nada, lo que considero trágico’, dijo.

‘La razón por la cual considero que no hay una reforma migratoria es muy simple. Cuando se tiene una seria crisis económica, aquellos que son responsables como las corporaciones ricas, los bancos, la industria financiera y el gobierno, ellos mismos no quieren que la gente preste atención a la causa de la crisis, o sea ellos mismos, y entonces quieren desviar la atención y el enojo a otro lugar’.

‘Y hay una manera rutinaria de hacer esto, que es: Apuntas a la gente que es más vulnerable. Así que el problema es el indocumentado, los docentes y sus pensiones, la policía que gana más de lo que debe. Desviar la atención es la salida y los inmigrantes son el blanco porque ellos son los más vulnerables. Y en ese contexto hay tremenda bronca en el país. Y si la atención se desvía a los más vulnerables, será muy difícil hacer algo por ellos. Por eso no hay reforma migratoria’.

¿Cuál es su opinión sobre los hechos en Egipto y la postura de EE.UU., que durante 30 años apoyó a Mubarak?
Hay una respuesta estándar para estas situaciones que surgen una y otra vez. EE.UU. apoya dictadores en todo el mundo y no sólo en el Medio Oriente. Y llega un momento en que comienzan a derrumbarse y no pueden mantenerse, o se independizan demasiado y EE.UU. entonces no los tolera más. En estos casos hay un procedimiento estándar; Marcos en Filipinas, Suharto en Indonesia, Duvalier en Haití... hay una lista larga. Los apoyas hasta que puedes y cuando se torna imposible, como cuando el ejército se rebela, los jubilas, como en el caso de Duvalier, los pones en un avión de la Fuerza Aérea rumbo a Francia con la mitad del tesoro en su bolsillo. Los mantienes hasta que puedes y luego te los quitas de encima.

¿Esto pasó en Egipto?
Eso es lo que pasa en Egipto. Están viendo cómo mantener la situación. Los militares han estado manejando el país desde 1952. Los jefes militares son dueños de la economía, pertenecen a la elite corrupta y los oficiales más jóvenes los miran con recelo, lo que puede ser caldo de cultivo para una rebelión.

‘El movimiento popular es espectacular, pero desorganizado. Lo que pasa dentro de Egipto pasa muchas veces en las dictaduras. Algo hace chispa y las cosas ocurren.

¿Ese movimiento popular puede extenderse en la región?
Argelia es para mantenerla en la mirilla. Tiene una dictadura brutal. Marruecos por el momento está calmo. Libia aparenta estar bajo control. Pero si hay una revuelta en Libia, EE.UU. la apoyaría porque no le gusta Gadafi. En Jordania hay protestas, pero tienen un ejército muy fuerte y el apoyo de EE.UU., Arabia Saudí está bastante callada, es el país más importante y más reaccionario, es el centro del fundamentalismo islámico y el mayor patrocinador de los terroristas.

Obama y sus dos años en la Casa Blanca
Los dos primeros años de Obama en la Casa Blanca recibieron una tibia, sino fría, calificación por parte de Chomsky.

‘Obama parece una persona con pocos principios. Hubo algunas cosas que debían hacerse y las hizo. Llegó en medio de una crisis económica y obviamente había que hacer algo sobre eso’, dijo.

‘La mayoría de quienes lo apoyaron en las elecciones fueron de la industria financiera. Y esperaban que les fuera devuelto el favor. Y se les devolvió. Cuando Obama formó su equipo económico lo hizo casi completamente con gente que compartió una considerable responsabilidad por la crisis y que en gran parte pertenecía a la industria financiera. Esas personas desarrollaron un programa que evitó un empeoramiento de la crisis y pusieron unas ‘curitas’ pero esencialmente terminaron restaurando el sistema tal como estaba antes.
Hoy las principales firmas de inversiones y bancos son más ricos y más poderosos que antes’.

‘El CEO de Goldman Sachs recibió un bono de 12 millones y medio de dólares y su salario cuadruplica eso. Y culpan a los docentes como una de las causas de la crisis por sus grandes pensiones’, dijo irónicamente.

‘Lo que la gente ve es un alto nivel de desempleo y culpan a la administración. Y poco se ha hecho para mejorar los trabajos. Se aprobó una reforma de salud, que es mejor que lo que teníamos'.

Con respecto al déficit que se prevé para este año y que llega a 1.64 billones de dólares  –una cifra récord- dijo que ‘la mitad lo generan los gastos militares. EE.UU. gasta casi lo mismo que todo el resto del mundo junto. El resto del déficit es atribuible a un sistema de salud completamente disfuncional. EE.UU. tiene un sistema privatizado terriblemente caro. Y es una sangría en el presupuesto federal’.

Para Chomsky, Obama se ha entregado muchas veces pese a su retórica progresista. ‘La gente estaba a favor de la opción pública de la reforma de salud, pero Obama claudicó. Lo mismo con la extensión de las deducciones impositivas a los más ricos. La gente se oponía pero Obama claudicó. Y así están las cosas. Obama es como una mezcla’.

domingo, 27 de febrero de 2011

La revolución egipcia abre un océano de posibilidades en el mundo árabe

Rebelión

Por Bruno Lima y Rafael Cavalcanti

Observación inicial a lectoras y lectores Independiente de los rumbos políticos de Túnez y Egipto, estas revueltas convocadas como una mezcla de pobladas y redes de Internet abrieron cancha para que el pueblo ocupe un lugar en la gran política de esta macro-región. Como quien tuvo una modesta militancia en el Comité por la Liberación de la Presa Política Brasileña-Palestina Lamia Maruf Hassan, en la primera mitad de la década del ’90, nos sentimos más que gratificados con tales acontecimientos. Ojala que venga la victoria de las mayorías, aunque sea puntual con el derrocamiento en las calles de las dictaduras de toda y cualquier especie, también en Argelia, Libia, Yemen, Bahrein, Siria, Jordania y en los demás países del Mundo Árabe. No hay conflicto entre derrotar a los gobiernos autocráticos y monárquicos y dar el combate al Imperio y a sus títeres. Es justo lo contrario. Atención para el link en el final de este texto, del programa radiofónico donde se profundiza este debate.


Cuando un joven tunecino se autoinmoló como prueba extrema de protesta contra la dictadura de Ben-Allí, encendió una centella que una vez mediatizada, puso fuego a toda la región. Lo comenzó en Túnez en 14 de enero fue un acto extremo de decir “¡Basta!”. En la punta de la estructura de poder del país, una policía corrupta y abusando de autoridad opera contra el orgullo de un hombre de poca edad, ejerciendo una sub-función de vendedor de frutas en la búsqueda de la supervivencia, no pudiendo vivir de sus años de estudio y menos aún del entorno de ideas que en las instituciones educacionales lo cercaban. Este joven era uno de millones en aquel país, y uno entre miles de millones en el mundo árabe.

Mientras son escritas estas líneas, el poder aún se disputa en el Centro de Cairo, en Argel, en Yemen a la moda bíblica, a base de pedradas. El Egipto victorioso de hoy y el Túnez que aún arde en las calles, son la prueba viva de que la capacidad de movilización es un factor decisivo en los rumbos políticos de un país. Al contrario de lo que acostumbra predicar la visión común, la calma en la sociedad equivale a la perpetuación de esferas mínimas de participación, exagerando la presencia de pequeños grupos de interés y fracciones de clases dominantes.

Es esencial notar el factor de los márgenes de maniobra de cada operador político en escenarios tan complejos y de realismo político como el Magreb y el Norte de la África, además del Oriente Medio y la Península Arábica. Egipto es el fiel de la balanza, conforme estos mismos analistas ya escribieron antes de las piedras volaran. También habíamos evaluado –en el aire– que si aconteciera la caída de Mubarak, sería más allá de los pactos combinados a la manera del Pacto de la Moncloa español. El impasse político que resultó en la caída del odiado heredero del también traidor a la causa árabe Anwar El-Sadat (eliminado físicamente en 1981 por mudjahiddins de la Hermandad Musulmana) inflamaría a Marruecos, y aún más a Túnez, Yemen, Jordania y en menor escala la Siria de los Assad Alauí. La lucha argelina sería -y continúa siendo- una incógnita en la región. En el panorama del odio popular alimentado también por la prohibición de organizaciones fundamentalistas, está la Argelia de la Nomenklatura de los veteranos de la FLN, arrepentidos de la herencia política de los años de Ben Bella y Cia. Pero, como también preveíamos (en comentarios radiofónicos), los factores concomitantes del poder en Egipto no resbalarían de las manos como aconteció en Túnez. Los más de 300 asesinados y las batallas de la Plaza Tahrir dan carne viva a la hipótesis comprobada.

En las redacciones del Occidente, la gritería también llegó “descubriendo” que las fuerzas de seguridad y represión dedicadas a secuestrar sospechosos –sin ningún procesamiento legal– también se dedican a reprimir periodistas y comunicadores. En este grupo entraron activistas de la Web egipcios, un ejecutivo de Google y decenas de hombres y mujeres de los medios, incluyendo profesionales brasileños. Lo “curioso” es la ausencia de analogías comparativas –técnicas básicas de estudios de profundidad y reportajes de análisis – cuando nadie de “peso” en las industrias de comunicación del Brasil toma el coraje de decir la verdad. Es regla de cualquier análisis institucional. La misma fuerza represora y operadora de los designios del Ejecutivo es también la espina dorsal del crimen, de la violencia entre las mayorías y en el nuevo régimen será parte de la basura autoritaria a reciclar, migrando de la represión política al crimen organizado por dentro del aparato de Estado. ¿Por qué la policía y la inteligencia egipcias, fieles a Mubarak, leales al Departamento de Estado, a la agencias de espionaje de los EUA y de Israel, habrían de tener un comportamiento diferente frente de los reporteros extranjeros?

Fueron estas mismas fuerzas y con esa mentalidad de desprecio a la inteligencia popular lo que llevó al Ejecutivo a buscar una salida desesperada. Tal vez en con la intención de causar conmoción por el caso, generando inseguridad en la espina dorsal de la oficialidad en condición de mando de tropas y del generalato del consejo militar, Mubarak realizó una maniobra clásica a lo largo de su caída. El empleo de funcionarios, policías y operarios de los órganos de seguridad, además de trabajadores aleatorios -y aislados socialmente- para elevar los niveles de enfrentamiento, dando a entender hacia el exterior que habría un riesgo concreto de guerra civil y una total desorganización social. El efecto se dio al contrario, intensificando los ánimos de quienes estaba en las calles y aumentando la presencia de manifestantes y redes de apoyo.

Aunque con intensidades distintas, hay elementos comunes entre las rebeliones populares tunecinas y egipcias, comenzando con la comparación de las victorias parciales, por conseguir derrumbar el jefe del Ejecutivo, proscribir parcialmente al bando de gobierno y marcar elecciones sin prohibición de una serie de partidos políticos. Ambos países donde se obtuvo esta conquista parcial contra dictaduras corruptas, represivas y pro-occidentales son repúblicas –al menos en la denominación formal– aunque con muy poca independencia y autonomía entre los poderes. No deja de ser un punto positivo –la condición republicana– considerando la cuestión-llave de aumentar los márgenes de maniobra para derrumbar la tiranía. Tal estatuto republicano no se encuentra en las monarquías marroquí, saudita y jordana. Es de suponerse una menor circulación de ideas igualitarias, o de “nacionalidad” (en el sentido del Estado-nación como institución que atiende a todos) en las monarquías despóticas con base familiar y tribal.

Como punto poco o nada positivo –llegando a poner en duda de este mismo estatuto republicano está la presencia de las Fuerzas Armadas –en especial de sus fuerzas terrestres- como Poder fiador del orden y de la transición, de modo de no fragmentar las garantías de última instancia de un Estado. Hubo la preservación de estas fuerzas en el Túnez y lo mismo ocurre en Egipto. El orgullo “nacional” de una fuerza que tuvo como mejor logro el empate de 1973 con Israel, mantenido con recursos del Imperio y que también se dedica a reprimir y controlar la frontera con Gaza. Son 460 mil profesionales militares, afianzados en las garantías de la transición y de la integridad institucional –de aquello que existe como remedo de Estado– en bases laicas.

Del otro lado de la historia para levantar hipótesis de arreglos complejos y salidas no laicas está la presencia de islamitas –jihadistas o no– y específicamente en el caso del Egipto, la muy respetable y ahora “reciclada” Hermandad Musulmana. Hay combustible de retro-alimentación más allá de los vecinos del integrismo sunita del Hamás. Abundan veteranos afganos, voluntarios fundamentalistas que fueron a luchar en el Afganistán ocupado por la Unión Soviética, fruto de la coordinación de la red de Bin Laden con las estructuras capilares de la fe y con la triangulación promovida por la CIA. Es sabido, público y notorio, tanto el efecto boomerang que estos veteranos tuvieron en el montaje de estas redes fundamentalistas en el norte de la África (con mayor énfasis en la década del 90 del siglo pasado, cuando fuerzas políticas fundamentalistas ganarían en el voto elecciones egipcias y argelinas) –esto sin hablar en el propio Pakistán, al borde de una guerra civil– o el odio visceral de los altos mandos de inteligencia y represión leales a sus gobiernos despóticos y autoritarios –aliados de los EUA, como Jordania y el propio Egipto– para con estas mismas redes y sus respectivos veteranos afganos.

Específicamente en el caso egipcio, se nota (aún a la distancia) que la Hermandad Musulmana tal vez sea hoy la única fuerza por fuera del aparato de Estado (al menos, fuera de los centros decisorios del gobierno nacional) con capilaridad y estructura permanente en toda la sociedad, fruto de presencia y penetración entre las masas movilizadas. Otras fuerzas de inmediato serían alguna disidencia de dentro del propio (ex) gobierno Mubarak y, por supuesto, el Consejo Militar del ejército que dio soporte a Nasser y desde 1978 tiene su presupuesto parcial o totalmente cubierto por el Pentágono.

Algunas gotas en el océano de posibilidades
De un océano de posibilidades, destacamos tres proyecciones hasta el advenimiento de la promesa de elecciones en septiembre próximo. Es innegable que el referido ejército aún opera como fiel de la balanza interna. El sube-y-baja puede pendular para la propuesta que atraviesa toda la región, que está dentro del mundo árabe retornando a la propuesta de la Umma pan-islámica, lejos del pan-arabismo nacionalista (tipo tercermundismo poco o nada alineado) y con dos polos concurrentes. Un sunita, por dentro de la red (Al Qaeda) y otro chiíta, polo éste llegado del Estado líder, Irán. Esta misma ausencia de referencia árabe se nota en la ausencia justamente de un Estado líder y árabe, como en su tiempo lo fueron tanto Egipto como Argelia. El tono discursivo y la ayuda material concreta provienen de un Estado con régimen casi teocrático (Irán), no-árabe, pero con una política externa más aceitada en el tono del discurso antiimperialista y anti-occidental. En el caso de Palestina, el apoyo dado explícitamente al gobierno de Gaza del Hamás da pruebas de la visión de la política externa iraní, más allá del sectarismo religioso, operando como un agente con poderes de veto en toda el área.

Las argumentaciones de análisis de coyuntura basadas en trayectorias histórico-estructurales de agentes y entorno de la política egipcia nos llevan a un cálculo bastante simple. Para los intereses del Imperio en la región, perder Egipto es tan complicado –o más– que perder Arabia Saudí. Y, para perder el país de Nasser, este tiene que dejar de ser el Estado que se alineara con Israel y EUA después de los acuerdos de Camp David. Mubarak debe sus treinta años al frente del mayor de los países árabes a este alineamiento que motivó la acción de eliminación física del sucesor de Gamal Andel Nasser, Anwar El Sadat. Considerando tal opción fuera de las posibilidades (lo que sería el mejor de los mundos para el Imperio), el “menos peor” de los mundos sería una propuesta modernizadora e institucionalista, venida de las fuerzas armadas y de fuerzas políticas nuevas, surgidas de la movilización masiva y alimentadas por las redes sociales. Ya el peor de los mundos (para el Imperio) serían elecciones ganadas por los fundamentalistas (aunque ponderados, como es el caso de la casi centenaria Hermandad Musulmana) o una alianza de tipo laica y antioccidental.

La unidad de los pueblos árabes depende hoy necesariamente del derrumbe de gobiernos autoritarios, monárquicos-autocráticos y esencialmente represores y corruptos. Existiendo la composición de nuevas fuerzas –de tipo secular– que se acercarían de la izquierda Palestina actual (diminuta, pero con la coherencia interna necesaria para asegurar su condición de existencia) estas necesariamente pasarían por el acumular de experiencias en las victorias y embates en las calles de Túnez y El Cairo. Esto en el corto plazo no brota de lo concreto, pues organizar una fuerza política pan-árabe es un desafío superior a convocar gente airada a través de redes sociales del Internet.

En el ocaso de la dictadura pro-occidente y antiárabe, tuvieron fuerza fundamental las estructuras sindicales y movimientos de tipo juventud. En el caso egipcio, los sindicatos vinculados al servicio público y el Movimiento Juvenil 6 de Abril tuvieron heroica presencia y una buena capacidad de convocatoria. En general, en el vacío político de la representación formal, de estas fuerzas puede surgir un nuevo espacio de estructuras organizativas de tipo secular y con arraigo –pues de allá vinieron en los episodios hoy ya épicos de la Batalla de la Plaza Tahrir. Cualquier expectativa de una renovación política, en el sentido de ratificar derechos y radicalizar la democracia de masas y con intervención directa de la población, viene de estos espacios de aglutinación y militancia.

¡NOVEDAD!
Para profundizar en el tema, la perspectiva libertaria desde el programa radiofónico La Visión del Día
Los y las lectores (as) pueden profundizar el debate en este tema escuchando la última edición del programa La Visión del Día, con Manolo Gallego y Bruno Lima Rocha que sale por Radio Klara, desde el País Valenciá todos los lunes. Radio Klara es la más antigua radio comunitaria en funcionamiento directo en el Estado Español. El contenido es libre y basta con bajar el archivo desde este podcast.
http://poderato.com/visiondeldia/la-vision-del-dia/la-vision-del-dia-21-de-febrero-de-2011


Bruno Lima Rocha es politólogo (phd), docente universitario y periodista profesional; contactos en blimarocha@gmail.com / skype: bruno.lima.rocha

Rafael Cavalcanti está concluyendo el curso de grado en periodismo y actúa en la comunicación sindical; correo electrónico: butigahn@gmail.com/ skype: rafael.butigahn

Los dos son militantes libertarios y concentran sus trabajos analíticos en portugués, inglés y en castellano en el portal Estratégia & Análise - www.estrategiaeanalise.com.br

Publicación Barómetro 21-02-11
Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores
Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la pagina donde esta publicado.
Gracias. barometrointernacional@gmail.com
Bruno Lima Rocha, poliótolo radicado en el sur de Brasil (blimarocha@gmail.com) y Rafael Cavalcanti, periodista radicado en el noreste de Brasil (Butigahn@gmail.com)

lunes, 14 de febrero de 2011

Una inmensa alegría

Javier Ortiz

Samuel

Hoy nadie puede dar lecciones a los rebeldes egipcios. Que se callen los cínicos, los agoreros que piensan que todo está siempre atado y bien atado, los expertos que nada previeron y los turistas que solo querían ver monumentos. La multitud egipcia nos ha desbordado a todos. Desde Hosni Mubarak al mismísimo Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, ese que acaba de tomar las riendas del Estado, que no del poder, que de momento continúa en la calle. Pasando por los gobiernos occidentales, cuyas declaraciones suenan tan huecas y oportunistas como las del depuesto presidente. Y sus rostros, igual de acartonados.

Que se callen los aguafiestas, los vendedores de resignación que desean que venga la resaca cuanto antes. Es la hora de la celebración, del júbilo, de la algarabía. De recobrar una autoestima que había sido pisoteada. De compartir con el resto del mundo, no sólo con los hermanos árabes.

Egipto no cabía en una plaza. Y así fue. En los últimos días los egipcios salieron a las calles en Alejandría, Damanhour, Mansoura, Suez y Port Said. Pero la exigencia de un cambio también se extendió a las ciudades sureñas de Assiut, Luxor, Aswan, y a lugares donde nunca irán los periodistas, como el oasis de al-Kharga, a 500 kilómetros al suroeste de el Cairo, donde arrasaron la comisaría y las instalaciones del gobierno. En los últimos días se sucedieron las huelgas y protestas en los centros de trabajo: desde los trabajadores textiles de Kafr al-Dawwar, Helwan y Mahalla -como en 2008- a los trabajadores de la Autoridad del Canal de Suez, uniéndose a los jóvenes precarios y sin empleo. La punta de un iceberg que se venía formando desde hacía años. Algunas estimaciones elevan a dos millones el número de trabajadores egipcios que llegaron a participar en más de tres mil acciones colectivas, un 40 % de ellas en el sector privado. La libertad solo es posible desde lo común, desde aquello que hace posible una vida digna. Y las vidas de los egipcios se han transformado en estos días de euforia.

Harían bien en medir mejor sus palabras quienes, como el célebre empleado de Google Wael Ghonim, hablan con muy poca fortuna de "misión cumplida" y piden que los egipcios vuelvan a trabajar para "desarrollar el país". En la misma línea, el escritor Alaa El Aswany afirmó que "la gente que está en la calle no hace política, sólo quieren liberar a su país." Pero si Tahrir representa el principio de algo es porque los egipcios decidieron ocupar el espacio público y desde allí apropiarse de la política. Su alegría es una alegría constituyente.

sábado, 29 de enero de 2011

Las élites confiscan la revolución en Túnez


Cuba Debate

Decenas de ciudadanos acampan frente al palacio del primer ministro. Foto: AP

En Túnez, el carro de la revolución está ya tan lleno de conversos que quienes la empezaron, los desheredados del olvidado interior del país, corren el riesgo de ser excluidos una vez más, algo a lo que se están resistiendo a golpe de manifestación diaria. Mientras, los mismos hombres que hasta hace dos semanas le suplicaban al dictador Ben Alí que se presentara de nuevo a las elecciones tratan ahora de confiscar las riendas del cambio e intentan relegar a un segundo plano a aquellos tunecinos como los que desde hace días acampan al raso frente al Palacio del primer ministro.

Sus manifestaciones, con las muertes de más de un centenar de ellos por las balas de la policía de Ben Alí, expulsaron al autócrata. Una huida que provocó que quien fue su mano derecha durante años, el primer ministro Mohamed Ghanuchi, se hiciera a medida una nueva chaqueta de demócrata. Un ejemplo seguido por unas élites “que desgraciadamente habían llegado a un compromiso con la dictadura que las ha desacreditado”, reconoce a Público el realizador tunecino Hichem Ben Ammar.

En la Plaza del Gobierno de Túnez, donde cientos de personas seguían ayer pasando frío y penalidades para borrar “cualquier resto de la tiranía de Ben Alí del Gobierno”, explicaba uno de los manifestantes, Noureddine Ammar, son legión quienes temen que los hombres del viejo régimen y las élites que los apoyan “roben” su revolución.

También están dolidos porque aún están esperando a que alguno de los líderes de los partidos políticos a los que las protestas populares han liberado de la represión aparezca por allí.

Ni Ahmed Brahim, del movimiento Ettajdid, ni Nejjib Chebbi, del Partido Democrático Progresista (PDP), ahora flamantes ministros de Educación Superior y de Desarrollo Local, respectivamente, han subido hasta el lugar de la protesta para hablar con las personas que pusieron en fuga al dictador tras 23 años en el poder, según denuncian los acampados. Y ello a pesar de que representan a dos formaciones que se definen como miembros de la familia de la izquierda.

“Brahim y Chebbi ya tienen su pedazo de la tarta y ahora nadie ha venido a preguntarnos nuestra opinión. Los líderes de la oposición sólo querían que alguien les llamara señor ministro’ y ahora pretenden presentarse como revolucionarios”, explica Ammar.

El periodista Saif Eddine Amri coincide en parte con este punto de vista: ”¿Por qué Chebbi ha elegido el supuestamente menor Ministerio de Desarrollo Local? Para hacerse propaganda de cara a las elecciones: sabe que tiene que parecer que da un buen servicio a las regiones pobres para ganar las elecciones”.

Maya Jribi, la secretaria general del PDP, la formación de Chebbi, aseguró a este diario que los manifestantes de la Plaza del Gobierno “tienen derecho a expresarse, pero no tienen representantes”, un argumento paradójico viniendo de unos partidos que, en los primeros días tras la caída de Ben Alí, aseguraron que aspiraban a “canalizar” la protesta popular.

La oposición no es la única que está obteniendo réditos de la revolución mientras olvida a quienes la empezaron. Según explicó a este diario Mejri Mokdad, coordinador de la acampada de protesta en la Plaza del Gobierno, ninguna asociación, a excepción del Colegio Nacional de Abogados de Túnez, ha ofrecido aún su solidaridad ni su ayuda a los manifestantes. “Ni siquiera el Creciente Rojo Tunecino (sección nacional de la Cruz Roja)”, se lamenta.

Vetan comida y agua
Tahar Cheniti, secretario general de esta organización, explicó a Público que la organización no está presente en la acampada por “la neutralidad” que debe regir la labor de la Cruz Roja y el Creciente Rojo internacional. “Nosotros no hacemos política”, subrayó.

Las autoridades, por supuesto, van aún más lejos. Desde el miércoles, la policía trata de impedir a los ciudadanos que llevan agua y comida a los acampados que accedan a la plaza. El Gobierno no olvida que esta y otras protestas contra la permanencia de los hombres de Ben Alí en el poder han ido arrancando, una por una, las enormes concesiones que la vieja guardia se ha visto forzada a hacer. Y a no pocos de ellos les ha costado ya sus cargos.

(Con información de Público, España)

viernes, 28 de enero de 2011

Más de medio millón de manifestantes asumen el control de la ciudad de Alejandría, segun Al Jazeera

El control de la ciudad egipcia de Alejandría ha pasado a manos de la población civil después de que más de medio millón de manifestantes expulsaran a las fuerzas de seguridad del presidente Hosni Mubarak y asaltaran posteriormente la sede de Gobierno, según informa la cadena panárabe Al Jazeera.

“La ciudad está en manos de los manifestantes”, informó un corresponsal de la emisora, quien explicó que los participantes de las protestas han conseguido echar “a botellazos” a la Policía egipcia antes de tomar por la fuerza la Gobernación de la ciudad. “No hay presencia policial en la sede de Gobierno. Todos se han marchado”, indicó.

Previamente, la corresponsal había informado de que habría al menos un muerto en los enfrentamientos, en los que los manifestantes han prendido fuego a numerosos coches y camiones de Policía.

Las protestas, según la enviada de Al Jazeera, se han concentrado en torno a la mezquita en la que se produjeron violentos enfrentamientos con la Policía el pasado junio después de la muerte de un joven tras ser golpeado por agentes.

Manifestantes incendian sede de partido gubernamental en El Cairo

Cuba Debate


Manifestantes en El Cairo



La sede central del gobernante Partido Nacional Democrático (PND) ha sido incendiada, según imágenes difundidas por la cadena qatarí de televisión Al Jazeera.

La cadena explicó que no puede detallar si el fuego fue iniciado por los manifestantes que están en los alrededores desde este mediodía o fue originado desde el interior de la sede política.

Hace minutos, el presidente egipcio, Hosni Mubarak, decretó toque de queda en El Cairo y en otras ciudades del país y también ordenó al Ejército a que apoye a la Policía para garantizar la seguridad, informó hoy un comunicado oficial.

El anuncio se hizo poco antes de las 17.30 hora local (15.30 GMT), al comenzar la noche en Egipto, después de una jornada de intensos enfrentamientos entre agentes policiales y manifestantes en las calles de El Cairo y otras ciudades del país.

En las protestas, que inicialmente exigían reformas políticas en Egipto, han derivado en la petición para que Mubarak renuncie al cargo.

El comunicado oficial, recibido en las oficinas de Efe por fax, dice textualmente:

“Debido a que algunas provincias han sido escenario de acciones de violencia, infracciones a la ley, saqueo, incendio, destrucción y ataques a las propiedades públicas y privadas, incluidos algunos bancos y hoteles, el gobernador militar ha ordenado el toque de queda en las provincias de el Gran Cairo, Alejandría y Suez, desde las 18.00 (16.00 GMT) a las 07.00 horas (05.00) y hasta nuevo aviso”.

“Asimismo, el gobernador militar emitió un decreto para que las Fuerzas Armadas colaboren con la Policía a cumplir con esta resolución y mantener la seguridad, y proteger los servicios públicos y propiedades particulares”, se dice en el comunicado.


Manifestantes en El Cairo, el 28 de enero de 2011. Foto: AFP

Tensión en Egipto: protestas se extienden a varias ciudades, dejan 3 muertos y varios detenidos

Miles de egipcios salieron hoy a las calles para protestar contra el gobierno del presidente Hosni Mubarak, pese a la prohibición de manifestaciones emitida por las autoridades, desencadenando enfrentamientos con la policía que se saldaron con al menos tres muertos y numerosos heridos y detenidos.

Los manifestantes incendiaron oficinas del Partido Democrático Nacional (PDN) de Mubarak y puestos de vigilancia policial, mientras en el centro de El Cairo lanzaron piedras a la policía, después de que ésta intentara dispersarlos con gases lacrimógenos y balas de goma. Las protestas en demanda de mejores condiciones de vida y democracia se consideran las peores contra el gobierno desde 1977.

Soldados egipcios lanzaron disparos de advertencia al aire. Según informó la televisión Al Jazeere, al menos una persona murió en los enfrentamientos en la plaza de Moneim Riyad, el centro de El Cairo, y otra más en la ciudad de Suez. Testigos contaron a dpa que otro manifestante murió en el distrito de Ain Shams, al este de la capital, cuando la multitud intentó quitar las armas a las fuerzas de seguridad. La policía atacó también a periodistas y quitó sus grabaciones a los equipos con cámaras.


Manifestantes en El Cairo, el 28 de enero de 2011. Foto: AFP

Al Arabiya informaba que algunos policías se quitaron el uniforme y se unieron a los manifestantes. La emisora qatarí aseguró también que uno de sus periodistas fue golpeado y otros reporteros extranjeros fueron heridos.

Medios locales aseguraban que cientos de personas intentaron llegar al palacio presidencial en el barrio de Heliopolis en la capital, pero fueron frenados por la policía. Según una testigo, nadie llegó al palacio.

Ante una mezquita en el barrio de Giza la policía retuvo a un grupo de manifestantes, entre ellos al líder de la oposición, el premio Nobel de la Paz Mohamed El Baradei. El Baradei llegó el jueves a El Cairo, indicando que está dispuesto a liderar un gobierno de transición si Mubarak dimite.

Antes se había hablado de decenas de detenciones, sobre todo en las céntricas plazas de Tahrir, Ramsis y en el barrio de Al Isaaf.

Por las principales plazas de El Cairo circulaban carros blindados de la policía. En las calles colindantes había estacionados a su vez numerosos coches de policía, mientras se bloqueó el acceso a la plaza de Tahir, donde se concentraron las protestas de las últimas jornadas.

También se registraron protestas en la provincia sureña de Minia. En la ciudad portuaria de Alejandría hubo también enfrentamientos entre manifestantes y la policía. En la ciudad de Al Arish, en la península del Sinaí, protestaron varios miles de personas, mientras las mujeres repartían dulces entre los manifestantes. También hubo protestas masivas en las provincias de Somiat y Dmanhur.


Manifestantes en El Cairo, el 28 de enero de 2011. Foto: AFP

Según Al Arabiya, opositores al régimen atacaron la central del PND de Mubarak en Islamiliyaa y los disturbios se extendieron a las provincias de Mansura y Manufija. En la ciudad portuaria de Suez se produjeron también choques, cuando las fuerzas de seguridad intentaban repeler a los manifestantes, que casi tomaron la ciudad, contaron testigos. Según Al Yazira, hay un muerto en esa ciudad.

Más pacíficas fueron las manifestaciones en Luxor, Kena y Assuán, en el sur del país.

Varios partidos egipcios en la oposición y asociaciones independientes llamaron a musulmanes y cristianos del país a protestar de nuevo tras los rezos del viernes en mezquitas e iglesias.


Manifestantes en El Cairo, el 28 de enero de 2011. Foto: AFP

Las autoridades restringieron las telecomunicaciones, principalmente de teléfonos móviles y servicios de Internet.

La operadora Vodafone Egipto emitió un comunicado asegurando que fue obligada a suspender servicios en el país, mientras numerosos números de teléfono no funcionaban y las webs antigubernamentales tenían problemas para actualizarse. Los activistas utilizaron las redes sociales y twitter para organizar las protestas.

Las manifestaciones contra la corrupción y el alza de los precios y en demanda de la retirada del presidente Mubarak y su gobierno comenzaron el martes, inspiradas en la revuelta de Túnez, que acabó con el derrocamiento de su presidente, Zine el Abidine Ben Ali.

(Con información de Europa Press, EFE y AFP)