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martes, 4 de abril de 2017

Cuba, problemas y desafíos


Rebelión

Por Guillermo Almeyra

La lucha de los revolucionarios cubanos que culminó en 1959 formó parte de la ola revolucionaria anticolonialista y antiimperialista mundial que tuvo sus puntos más altos en la victoria de la revolución china en 1950, la derrota de Estados Unidos en la guerra de Corea de 1952, la aplastante derrota de los colonialistas franceses en 1954 en Dien Bien Phu y el comienzo de la revolución independentista argelina en ese mismo año. En América Latina la revolución guatemalteca de 1944-54 - y el gobierno antiimperialista de Perón en Argentina que duró hasta 1955- demostraron la debilidad de Estados Unidos y en la aún primera potencia militar mundial –la Unión Soviética- con la muerte de Stalin en 1952 comenzaba el deshielo.

Cuba contaba entonces con algo menos de seis millones de habitantes (hoy tiene el doble, a pesar de la emigración). Las tradiciones revolucionarias eran muy fuertes. Guiteras, muy popular, había sido anti-imperialista y antistalinista y el trotskismo tenía una fuerte presencia en los sindicatos. El clima mundial y el carácter rural de la mayoría de la población isleña permitían por su parte el autoabastecimiento en alimentos.

La revolución cubana fue una revolución democrática y antiimperialista socialmente radical pero no socialista dirigida por el M26 y otros grupos revolucionarios menores y con diferentes líneas. Su primer gobierno tenía una mayoría de dirigentes burgueses moderados, la mayoría de los cuales huyeron después a Miami. La revolución contó con la hostilidad del Partido Socialista Popular (stalinista, que desde 1935 a 1944 había apoyado a Batista) y despertó la desconfianza de todos los partidos comunistas y de la Unión Soviética la cual sólo la reconoció en 1961. El M26 unificó sólo después a las diversas direcciones revolucionarias –entre las cuales, un sector minoritario del PSP- en un partido Comunista que, a diferencia de todos los demás, era pluralista, no era stalinista ni estaba sometido a Moscú.

Su único apoyo internacional real inicial fue el del entusiasmo mundial que despertó pero la amenaza imperialista obligó a Cuba a pasar a depender dos años después de la Unión Soviética pagando por eso un gran precio económico, cultural y político.

El bloqueo imperialista hasta ahora le ha causado a Cuba pérdidas superiores a los 125 873 millones de dólares y la obligó a cambiar toda su tecnología productiva estadounidense (y a volver a cambiarla después del derrumbe de la Unión Soviética). Washington organizó, además, una invasión fracasada y sus amenazas permanentes de invasión forzaron a Cuba a mantener y armar grandes contingentes de jóvenes sacados de la producción lo cual favoreció al mismo tiempo la escasez y el consiguiente desarrollo de una frondosa burocracia estatal ineficiente y privilegiada. Las políticas económicas de Estados Unidos sumaron además a los sabotajes y atentados los enormes daños causados por el recalentamiento global que modificó el clima, provoca sequías e inundaciones y huracanes cada vez más devastadores, como el ciclón Matthew.

Hasta los 80, la revolución elevó enormemente el nivel de vida, de consumo, de salud y de cultura en la isla donde la mayoría de la población es hoy urbana pero no resolvió el problema de la producción de alimentos al cual se suma que hay pocos menores de 30 años y la población envejece saliendo de la producción ya que tiene una expectativa de vida de 79.5 años (uno más que Estados Unidos).

Según cifras oficiales1, Cuba tiene como principal ingreso el del turismo el cual aporta tres mil millones de dólares anuales (pero que acarrea graves consecuencias sociales y obliga a importar alimentos, bebidas, combustibles y productos de lujo para satisfacer a los más de cuatro millones de visitantes).

Todos los demás rubros son deficitarios. La producción de níquel se redujo a 5 600 toneladas al caer el precio y por desperfectos en una usina. La producción azucarera disminuyó y la última zafra sólo produjo un millón y medio de toneladas (400 mil menos de lo programado). La venta de derivados del petróleo cayó un 68.9, el agotamiento de los pozos petroleros redujo la producción a 3 690 millones de toneladas y la importación de petróleo venezolano bajó un 4.4 por ciento. La producción de energía eléctrica, por su parte, cayó el 6 por ciento provocando apagones. Las inversiones, por su parte sumaron 1 300 millones de dólares, pero para el desarrollo se considera que son necesarias entre 2 000 y 2 500 millones anuales. En 2015 las exportaciones totales cayeron un 30 por ciento y en 2016 volvieron a caer el 16.3 por ciento. Las exportaciones de servicios (médicos, maestros) disminuyeron en 11 por ciento, la importación de alimentos en cambio crece y ascendió a 1 688 millones de dólares mientras que la de bienes cayó en 3.3 por ciento. Además, el país pagó 5 299 millones de dólares de su deuda externa para seguir teniendo crédito. Tras un crecimiento del 4 por ciento en el 2015, el de 2016 se estima en la mitad.

El año próximo Raúl Castro dejará el gobierno aunque seguirá dirigiendo el partido y el ejército. Con la agresión de Donald Trump (que quiere anular incluso las pequeñas concesiones de Obama) se agravarán el bloqueo y las amenazas bélicas. Los fenómenos climáticos empeorarán. Los grandes nudos son asegurar la independencia de la isla, la soberanía alimentaria, el de la energía, la vivienda y el transporte, la baja productividad y la despolitización y el desinterés de buena parte de la juventud urbana.

Todos ellos tienen un denominador común en la necesidad de una gran participación popular que elimine el poder paralizador de la burocracia, eleve la creatividad y la inventiva de un pueblo que ya es desde hace rato culto y preparado y haga florecer la democracia. Sobre eso volveremos.

Nota:

1  Rodríguez, José Luis, La economía cubana 2016-17.

viernes, 10 de febrero de 2017

Frustrada obsesión por asesinar a Fidel

Por Manuel E. Yepe


“En 41 años, los organismos de seguridad cubanos conocieron y desmantelaron 634 complots homicidas contra Fidel Castro, en diferentes estadios de elaboración, sin contar los que pudieran no haber sido descubiertos, un record que ningún otro líder mundial ha alcanzado en la historia de la Humanidad”. De ellos, 60 estaban ejecutivamente dirigidos por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) y 10 contaban con participación del crimen organizado estadounidense”.
La información -rigurosamente verídica- ha sido aportada por el ex General de los servicios de inteligencia cubanos retirado en 1996 Fabián Escalante Font, en un artículo con su firma divulgado en al sitio CubaDebate con título de La obsesión yanqui por matar a Fidel. Escalante investigó a tal efecto los archivos de la Seguridad del Estado de Cuba, los procesos penales incoados a los autores y a los juzgados por los Tribunales, así como documentos diversos desclasificados en Estados Unidos.
Venenos sofisticados, dardos mortales, fusiles para cazar elefantes, armas modernísimas, y otros artilugios fueron diseñados, preparados, o utilizados, entre otros, por los frustrados asesinos para concretar tales macabros planes.
Pero, no sólo trataron de asesinar físicamente a Fidel Castro sino también moral e intelectualmente, afectar su imagen y desacreditar sus ideas. Para ello utilizaron, entre otros medios, polvos con drogas que afectaran sus sentidos, campañas mediáticas para denigrar su pensamiento y ejecutoria. Toda la creatividad y el poderío tecnológico y científico de la superpotencia fueron puestos a disposición de ese objetivo.
Películas, documentales, historietas infantiles, conferencias en Universidades de todas las latitudes, lanzamiento de cientos de falsos rumores sobre su muerte para promover inestabilidad, campañas radiales y televisivas, en fin, lo posible y lo imposible fue realizado con abultados presupuestos. Pero fracasaron una y otra vez; la imagen y el pensamiento del líder cubano se hicieron cada vez más fuertes en los pueblos de América Latina y el resto del tercer mundo.
“En estos días, a propósito de su desaparición física –dice el General Escalante– ha sido la personalidad, impronta y legado de Fidel Castro, la huella dejada en sus contemporáneos, el ejemplo de tenacidad, disciplina, valentía, solidaridad, optimismo y su visión de futuro lo que más se ha hecho resaltar al recordar los numerosos planes, complots y conspiraciones que urdió Washington durante más de medio siglo para asesinarlo”.
Son muchas las personas en todo el mundo que se preguntan el motivo de esta formidable obsesión criminal en un poderoso gobierno – la única superpotencia mundial actual- por eliminar, asesinar y sepultar las ideas de un hombre que, encabezando un pequeño país empeñado en ejercer su soberanía y alcanzar niveles superiores de vida para sus compatriotas, jamás le agredió.
Escalante considera que las razones para este odio visceral habría que buscarlas en la ejecutoria de la Revolución cubana a solo 90 millas y a que Washington no estaba preparado para ceder en un desafío que eventualmente podría conducir a la pérdida de América Latina como su patio trasero.
Durante años, el control de Cuba por Estados Unidos se ejerció con la complicidad de gobiernos corruptos en la Isla que mantenía aquel paraíso para sus inversiones y su ocio, mientras, según sus proyectos, la isla se convertía en al “Las Vegas del Caribe”.
El primer día de enero de 1959 se encontraron que en aquella apacible y hasta entonces bucólica Isla del Caribe, se había desencadenado, tras más de 25 meses de lucha armada en las sierras y llanos, una verdadera Revolución, que muy pronto transformaría el “status quo” existente, llevando a cabo un programa de transformaciones sociales, políticas y económicas sin precedentes en el continente americano.
El 6 de agosto de 1960 Fidel Castro proclamó al mundo, la nacionalización de todas las empresas norteamericanas y la finalización de sus operaciones en Cuba. En septiembre de ese año, aprovechando una visita del líder cubano a la ONU en Nueva York, la CIA contrató a la Mafia para asesinarlo. Comenzó así la cacería que se prolongaría infructuosamente por medio siglo. La Revolución continuaría profundizándose, meses después proclamó su carácter socialista… y la cacería continuó.
Sin embargo, fracasaron una y otra vez sus tramas criminales contra la vida del líder de la revolución cubana.
“No pudieron eliminarlo físicamente, murió cuando y como él quiso, después de una larga y provechosa vida al servicio de su pueblo y de la Humanidad. Fidel estará por siempre en nuestro corazón, nuestro pensamiento y nuestro actuar” -concluye el ex General Fabián Escalante.


lunes, 6 de febrero de 2017

No hay Cuba sin Fidel porque Fidel es Cuba



Por Ilka Oliva Corado

La Revolución Cubana, es una de las hazañas emblemáticas de la humanidad, con propiedad única en humildad y bravura. Decir Cuba es decir conciencia, memoria histórica, es decir identidad, lealtad y solidaridad. Fecundidad. 
Desde hace 58 años surge la pregunta de rigor en el imaginario colectivo, manipulado por la mediatización, ¿qué será de Cuba sin Fidel? ¿Fracasará la Revolución? La respuesta se encuentra en el mar bravío, en las montañas, en los caseríos, en el malecón, en la raíz de los árboles: Cuba sin Fidel es Cuba con Fidel, porque Fidel es Cuba, Cuba es Fidel. Como Cuba también es cada uno de los que hicieron posible la Revolución. 
No hay Cuba sin Fidel, porque Fidel es el pueblo mismo, es la mano del campesino, la voz de los abuelos, es la poesía de los caminos reales, la sombra de las palmeras; la energía de la juventud, la inocencia de los niños, es el abrazo hermano. La Revolución Cubana es el grito sonoro de los ríos indómitos, de los campos en flor, de la dignidad vuelta aguacero y fogón. 
La Revolución Cubana nos ha demostrado durante 58 años que la resistencia es posible, que es posible la liberación de los pueblos, su desarrollo y progreso. Que la utopía y la locura juntas, son la poción perfecta para llevar a cabo las grandes rebeliones. Porque solo los locos en su demencia son libres. 
La Revolución Cubana nos enseña que la integridad, el escrúpulo y la honra son innegociables. La Revolución Cubana ha sido calumniada desde que los barbudos deschavetados liberaron la isla, sin embargo Cuba sigue educando al mundo; cada segundo, día a día, demostrándole su humildad, su solidaridad internacional, su memoria histórica y su amor a los pueblos en desarrollo. 
Por más que digan, por más que inventen, por más millones que gasten en difamarla en cuanta plataforma se preste para el atraco, Cuba sigue siendo libre, país entero, próspero y saludable. 
En el aniversario 58 de la Revolución Cubana, honramos a quienes se atrevieron a soñar, a luchar y a entregar sus vidas por la liberación del pueblo cubano. A los ancestros, a los mártires, a los anónimos, a todos los que desde su lugar en la lucha han hecho posible la Cuba de hoy. Hoy más que nunca, que retumbe el nombre de Fidel en el eco de las montañas y en las tempestades de los mares despiertos. 
¡Larga vida a la Revolución Cubana! ¡Viva Fidel! ¡Viva Cuba! ¡Viva la Patria Grande!

jueves, 2 de febrero de 2017

El arma principal de Cuba es su memoria histórica

Rebelión

Por Patricio Montesinos

“El arma principal de Cuba es su memoria histórica”, aseguró una estudiante universitaria de Relaciones Internacionales en un interesante y conmovedor conversatorio que sostuvieron futuros jóvenes diplomáticos de la nación caribeña con dos grandes hombres agradecidos, el Héroe antiterrorista Gerardo Hernández, y su gran amigo el afamado actor norteamericano Danny Glover.
Esa frase, entre tantas estremecedoras escuchadas en el decano archipiélago antillano tras la desaparición física de su líder histórico, Fidel Castro, retumbó en un auditorio informal en el que los interlocutores coincidieron en que el eterno Comandante en Jefe permanecía allí, entre ellos.

La emocionada estudiante, como todos los presentes en el encuentro escenificado en el Instituto de Relaciones Internacionales (ISRI) de la bautizada Isla de la Dignidad, afirmó: Fidel está aquí y fue quien nos enseñó que la memoria histórica ha sido y será el arma fundamental de nuestro pueblo en su largo batallar por su independencia y soberanía.

Por su parte, el destacado cineasta estadounidense manifestó en su dialogar estar comprometido con la Cuba de Fidel y del presidente Raúl Castro, y que todo lo que ha encontrado en sus visitas a la mayor de las Antillas ha sido agradecimientos y más gratitudes.

Aseguró que los jóvenes del país caribeño ocupan hoy un lugar prominente en el mundo, y por esa razón viajó a La Habana en esta ocasión para escuchar e intercambiar con las nuevas generaciones.

El incansable luchador norteamericano por la liberación de Los Cinco Héroes cubanos, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, condenados injustamente a largas penas de cárcel en Estados Unidos, recordó que Fidel prometió que volverían y lo cumplió.

Rememoró, con inmensa alegría en su rostro, cuando el ahora vicerrector del ISRI lo llamó por teléfono desde La Habana, hace poco más de dos años, el 17 de diciembre de 2014, y le dijo: hermano estoy en casa, soy libre.

A su vez, Gerardo resaltó la sincera amistad y entrañable solidaridad hacia Cuba demostradas por Glover, quien lo visitó en 11 ocasiones cuando permanecía preso en Estados Unidos.

El actor norteamericano pudo constatar, como muchos visitantes que por estos días de tristeza han convivido con el pueblo cubano, que su juventud está presta a hacer realidad el inmenso legado dejado por Fidel, y defender la invicta Revolución del 1 de enero de 1959 que él lideró y a la cual le entregó toda su vida.

Precisamente fueron los más jóvenes quienes, acompañados por sus abuelos y padres, se convirtieron en los principales protagonistas del multitudinario e impresionante tributo que los habitantes de la nación caribeña le rindieron a su Comandante en Jefe, luego de su partida física el pasado 25 de noviembre.

Demostraron así al mundo que las nuevas generaciones de cubanos están armadas de ideas y de la memoria histórica necesarias para enfrentar cualquier “turbulencia” que se pretenda generar en lo adelante contra su Revolución victoriosa, la cual en pocos días cumplirá su 58 aniversario.


lunes, 30 de enero de 2017

Cuba, Fidel y la batalla contra la desigualdad


Por Rafael de la Garza Talavera

El reciente fallecimiento de Fidel Castro ha provocado innumerables reflexiones sobre la dimensión de su legado para Cuba y el mundo. En general, se pueden clasificar entre las positivas y las descalificaciones liberales, éstas últimas siempre atentas para difundir la supremacía de su libertad por sobre todos los demás valores; por su parte, las primeras se mueven en el marco de la defensa de la soberanía cubana y su eficaz resistencia al imperialismo yanqui hasta su importancia en la historia de Latinoamérica y del mundo, sobre todo al hacer visible la necesidad y posibilidad histórica de defender el legado de Bolívar y Martí. En todo caso, aquí se pretende señalar que un rasgo fundamental de la revolución cubana está representada por su terca defensa de la igualdad, aun a costa de limitar libertades, lo que le valió la descalificación de las buenas conciencias liberales y la crítica de los desencantados de la revolución.
Un rasgo central de las sociedades latinoamericanas desde la conquista y hasta nuestros días es sin duda la desigualdad. Los virreinatos establecieron una segregación de hecho, que operaba por encima de leyes especiales, a pesar de la graciosa concesión de la corona de considerar a los habitantes originarios como súbditos con derechos y personalidad jurídica. En realidad, los tres siglos del colonialismo implantaron una sociedad de castas que, con reformas y constituciones se ha mantenido hasta la fecha en prácticamente todo el subcontinente.

Los procesos independentistas y el consecuente surgimiento de estados liberales paradójicamente profundizaron la marginación y la desigualdad gracias al despojo sistemático de tierras comunales pero eso sí, con la marca de la casa: las libertades y la inconsistente igualdad ante la ley. Surgieron así conflictos que se mantienen hasta hoy, como el de la nación mapuche en contra del estado chileno, el cual una vez consumada la independencia se dedicó a despojar de tierras a los mapuches para otorgárselo a inmigrantes europeos con todas las ventajas, profundizando la desigualdad y la marginación no sólo entre los herederos de Caupolicán sino entre la mayoría de la población. Hoy por hoy, Chile junto con México son campeones de la desigualdad en la región y la tendencia se fortalece. Es por eso que se puede decir sin faltar a la verdad que los estados liberales en Latinoamérica profundizaron la desigualdad heredada por la colonia. Ya ni para que mencionar a los estados neoliberales contemporáneos, que han sistematizado el despojo y la depredación a niveles nunca vistos en el pasado.

El caso de Cuba no es una excepción pero habría que agregar que la isla fue la última en ‘independizarse’ de España aunque sólo para caer en las garras de los Estados Unidos y el colonialismo moderno. Y si bien Cuba no fue un estado libre asociado como lo es Puerto Rico, sus recursos naturales y humanos estuvieron siempre en función de los intereses yanquis. Sólo con la revolución cubana en 1959, la larga noche colonial en Cuba dio paso a la independencia. Pero en lugar de conformarse un estado liberal surgió un estado que con el liderazgo de Fidel se encaminó por los rumbos de un socialismo de estado que, al contrario del resto de los estados latinoamericanos, poco a poco fue alejándose de la defensa a ultranza de la libertad para poner el centro el valor de la igualdad, identificando claramente que la única manera de romper con la marca de nacimiento de los pueblos latinoamericanos era precisamente liberar de la desigualdad y la marginación a la mayoría de la población.

Fue así como la revolución cubana promovió las nacionalizaciones de los bienes de las compañías extranjeras, el reparto de casas y departamentos a los que las alquilaban , la reforma agraria y sobre todo, el orgullo de Cuba: sus sistemas de salud y de educación que son por mucho los mejores del continente. Porque la igualdad es un medio y no un fin en sí mismo para arribar a un mundo más justo. Sólo a partir de generar condiciones de igualdad se puede lograr una sociedad más justa. No se trata de que todos tengan lo mismo sino que todos tengan una oportunidad para desarrollar sus capacidades partiendo del mismo lugar. Y si es necesario limitar libertades para lograrlo no se puede dudar ni un instante pues de otro modo se repetirá indefectiblemente el círculo vicioso que invierte la cuestión y que dicho sea de paso, es impulsado vehementemente por los dueños del dinero: el sacrificio de la igualdad para garantizar la libertad… de unos cuantos.

Al respecto, los liberales en general no dudan en aceptar que el costo de la libertad debe ser pagado incluso con la vida de los que no están listos para definir prioridades, o que se empecinan en poner primero a la igualdad. Así es como por encima de la vida de millones está la libertad de unos cuantos para hacer lo que les venga en gana, con la promesa de que tarde o temprano dicha libertad será patrimonio de todos. No es este el lugar para profundizar sobre temas axiológicos pero lo que está claro es que el sueño liberal no sólo ha marginado a la inmensa mayoría de la población mundial sino que ha puesto en entredicho la sobrevivencia de la humanidad y del planeta. El fundamentalismo del mercado, esa quimera tan útil a los poderosos, se basa precisamente en la libertad de los agentes económicos a costa de lo que sea. Y sin embargo lo único que se puede observar es una mayor concentración de la riqueza en pocas manos, lo que redunda en una mayor desigualdad.

Se argumenta que la revolución cubana no sacó de la pobreza a la población aunque sin mencionar el bloqueo económico que aún persiste. Pero al respecto es necesario distinguir entre la pobreza y la desigualdad: la primera concierne sobre todo con el nivel de consumo mientras que la segunda tiene que ver con las posibilidades de vivir con dignidad, más allá de cuanto se pueda comprar. La pobreza limita el consumo pero la desigualdad deshumaniza. Tal vez por ello el pueblo cubano siga siendo un pueblo pobre –como lo son todos los pueblos latinoamericanos habrá que reconocer- pero solidario y consciente de su dignidad, sobre todo en un mundo en donde el consumo de mercancías inútiles es sinónimo obligado de libertad.

Sin duda que el balance de los logros y fracasos de la revolución cubana y del liderazgo de Fidel está por hacerse por el propio pueblo cubano y no por los que desde afuera promueven la libertad capitalista a costa de lo que sea. Sin embargo, es necesario subrayar que el pueblo cubano ha logrado resistir por medio siglo al imperialismo yanqui y su libertad como valor superior para seguir cultivando el valor de la igualdad contra viento y marea. Sin duda que este hecho ha exasperado a los dueños del dinero y sus lacayos, que desde sus trincheras académicas o políticas han descalificado semejante esfuerzo, negando que tenga algún valor o peor aún que no ha servido para nada.

El tiempo pondrá en su lugar el legado del valiente pueblo cubano y su insistencia en crear un país en donde, gracias sobre todo a los fundamentos del sistema mundo en el que vivimos, existe la pobreza pero la batalla contra la desigualdad es permanente. Cuba es sin duda la nación menos desigual del continente. Y en eso Fidel tuvo mucho que ver, nos guste o no.

sábado, 28 de enero de 2017

Fidel y Cuba: Preguntas y respuestas


Rebelión

Por Wilkie Delgado Correa

El futuro de Cuba está garantizado por su pueblo, así que no habrá derrota.

La desaparición física de Fidel ha sido ocasión para muchas afirmaciones y certidumbres que han tenido como fundamentos recientes las extraordinarias manifestaciones de duelo a todo lo largo y ancho de Cuba, en las cuales hubo el desbordamiento del sentimiento agradecido del pueblo ante la caravana que condujo sus restos desde La Habana hasta la tumba en el cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Todavía siguen las hileras de cubanos y extranjeros que llegan hasta allí, frente a la roca que preserva sus cenizas, para rendir el tributo que merece una vida consagrada al combate y la virtud y a favor de hombres y pueblos de toda la humanidad.

Este momento crucial de la historia de Cuba ha sido también objeto de múltiples especulaciones de signos diversos. Sin embargo, existieron y existen interrogantes naturales ante una coyuntura excepcional en la historia de la Revolución Cubana que requieren las respuestas condignas con la naturaleza de las mismas.

¿Podría señalarse una sola cosa esencial que dejará Fidel como legado al pueblo cubano? 
– En lo que se refiere al legado habría que mencionar tantas cosas que lo merecerían que ello requeriría muchas páginas. Pero englobándolas todas ellas en una sola cosa, en un todo, diría que le dejó una patria grande, libre, digna, unida y solidaria como la que soñaron sin alcanzarla nunca los patriotas de las épocas pasadas. Y, por supuesto, deja un caudal inmenso de ideas que pueden alimentarlo en lo ideológico y espiritual y constituirán una antorcha de luz para iluminar el futuro.

¿Cuál fue el sentimiento de la gente en la calle al conocer la noticia del deceso de Fidel: tristeza, desamparo, soledad? 
– Los sentimientos de la gente pueden ser variados, sabemos que esa parte íntima es mucho más rica que lo que uno pueda imaginar. Pero ese sentimiento fue y ha sido como el de quien pierde un ser muy querido, pero nunca la gente manifestó el desamparo. El dolor sí se compartió en esta hora, pero la fe en la siembra, la obra y los ideales que Fidel cimentó con la participación de cada uno y de todo el pueblo, eso permanece intacto, y quizás sirva en el futuro como un acicate mayor para desarrollar a la nación. La gente se manifiesta con patriotismo y un alto sentido de cariño y lealtad por Fidel. Aunque a veces en mucha gente ha brotado el llanto externo o se presienta el interno, que llega hasta las honduras del corazón. Para calibrar mejor todo esto habría que observar las imágenes de las personas durante el tributo grandioso que le rindieron los cubanos en esa marcha fúnebre desde la Habana hasta Santiago.

¿Que va cambiar en Cuba de ahora en adelante? 
– Primero, debe quedar claro que no van a cambiar los principios políticos, revolucionarios y éticos de la Revolución, esos que permitieron salir triunfantes después de más de sesenta años, a partir del ataque al cuartel Moncada.

En cuanto a los cambios, la Revolución después de su triunfo, fue generando cambios, aquellos necesarios según las realidades nacionales y las circunstancias de la política imperialista generalizada contra Cuba. Estos cambios nunca estuvieron regidos por presiones externas de nadie, y menos por las presiones o amenazas de los Estados Unidos. Así deben comportarse en el presente inmediato y en el futuro.

Si se pudieran analizar esos cambios, que han sido naturales del desarrollo, se podría constatar que durante cada década aproximadamente en Cuba se hicieron cambios sustanciales, pues el socialismo en Cuba y la construcción social y su proyección internacional, nunca tuvieron bases ideológicas dogmáticas y rígidas.

Por demás, esto tiene una respuesta clara en el concepto de Revolución de Fidel, que en pocas palabras recoge la esencia política y humana de un proceso verdaderamente revolucionario, y dialéctico por filosofía y naturaleza, cuando dice que revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado.

También cambiarán los dirigentes, y quizás en determinados momentos los cubanos tendrán la nostalgia por la ausencia de Fidel, por su modo de hacer y decir, pero el tiempo y la realidad se impondrán como algo natural en la vida de los seres humanos y de los pueblos.

Esta época de diez años en que el país ha vivido bajo el liderazgo de Raúl Castro confirma que la Revolución se ha mantenido incólume, así como su rumbo.

¿Qué puede llegar a suceder después que ascienda al poder Donald Trump en Estados Unidos? 
– Por sus declaraciones actuales puede esperarse, aunque eso está por ver, un cambio hacia la confrontación con determinados matices. Tal vez no llegue a la ruptura de relaciones diplomáticas. Ya veremos.

A partir de enero, Trump puede hacer lo que quiera. Si asume, al fin, su papel de cawboy y se decide a implantar la vieja política de enfrentamiento, fracasada como ha reconocido Obama, ya puede pedir el último, detrás de Bush, en la larga cola de presidentes fracasados que quisieron vencer por la fuerza a los cubanos.

Porque aquí está el mismo pueblo que inspiró y alentó a Fidel con sus voces: “Para lo que sea, Fidel, para lo que sea”, y que si ayer, cuando Reagan lo amenazaba, voceaba en lo individual: “Yo soy la Revolución”, hoy retoma la consigna: “Yo soy Fidel”. Y detrás de esas frases hay convicciones profundas y valentías probadas en las tribunas, en las trincheras, y en los campos de batallas, y, por supuesto, en la vida cotidiana del hogar, del trabajo y la escuela, en esta vida difícil, sencilla y modesta de la mayoría del pueblo cubano.

¿Les da miedo a los cubanos el futuro que se acerca?

– Para las personas, para cada una, el futuro, sea más cercano o distante, siempre puede entrañar o significar una inmensa incógnita o pregunta.

Por sus experiencias, los cubanos ya están curados de espantos, y en general ven con optimismo ese porvenir, a pesar de tantos desafíos o amenazas. En tal sentido, puede afirmarse que poseen una vacuna especial, llamémosla optimina, que no es otra cosa que un extracto de buena ideología y altos ideales. Con dicho optimismo innato y adquirido se pueden prevenir todos los miedos y las calamidades capaces de debilitar tanto a los hombres como a los pueblos. El futuro de Cuba está garantizado por su pueblo, así que no habrá derrota. El pueblo espera hacer realidad en el futuro el perfeccionamiento y engrandecimiento de la obra realizada bajo la dirección de la Revolución de Fidel, y seguir concibiendo sueños para ese futuro previsible de Cuba y el mundo.


martes, 17 de enero de 2017

El factor Fidel. El pensamiento político del Comandante

Dyskolo

Por Katrien Demuynck y Marc Vandepitte



El factor Fidel
El pensamiento político del Comandante

Katrien Demuynck y Marc Vandepitte

Ediciones Dyskolo

Traducción a cargo de Batriz Morales Bastos

Edición 1.0. diciembre 2016

epub: 734 Kb. / mobi: 876 Kb. / pdf: 242 pág.


A principios de 1957 un joven abogado vagaba por algún lugar de la selva de Cuba con una veintena de inexpertos compañeros de armas. Perdidos, sin comida ni municiones, pero decididos a hacer la revolución. Si en aquel momento alguien hubiera pensado que ese grupito de rebeldes iba a vencer dos años después al ejército mejor equipado de América Latina y que más tarde sería capaz de hacer frente a Estados Unidos y de resistir durante al menos cincuenta años, probablemente se le habría tachado de loco.
¿Por qué los revolucionarios cubanos han triunfado ahí donde otros han fracasado? ¿Cómo han logrado construir una sociedad socialista a menos de doscientos kilómetros de Estados Unidos? ¿Cómo han resistido el bloqueo más largo de la historia y las continuas agresiones militares de una superpotencia nuclear? ¿Por qué no hubo explosiones sociales durante la dramática crisis económica de la década de 1990? ¿Qué incita a este país del tercer mundo a enviar, él solo, más médicos a todo el mundo que el conjunto de la Organización Mundial de la Salud?

La mejor manera de formarse una opinión al respecto es estudiar lo que ha pasado en Cuba. Este libro reconstruye las ideas de uno de los dirigentes más destacados desde la Segunda Guerra Mundial.

El factor Fidel, el pensamiento político del Comandante es el fruto de años de trabajo y de investigación de la obra colosal y muy dispersa de Fidel Castro.

Sobre los autores

Marc Vandepitte. Filósofo y economista. Es profesor de educación y economía mundial en diferentes universidades de Flandes y de historia en la Escuela Técnica Mechelen. Autor de varios libros, entre otros La apuesta de Fidel (1998) y Cuba en los años noventa: el socialismo tropical y la crisis peculiar (1999). Publica regularmente en rebelion.org.

Katrien Demuynck. Historiadora y autora de varios libros y artículos sobre Cuba y Fidel Castro. Recibió en 2006 la distinción Felix Elmusa de la Unión de Periodistas de Cuba.

Ambos autores han escrito juntos Cuba, otro mundo es posible (2002), Encuentros con Fidel Castro (2009) y El factor Fidel, el pensamiento político del Comandante (2016).

Página de descarga del libro: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib025/

lunes, 16 de enero de 2017

De regreso con Fidel hasta el fin de todos los tiempos

Rebelión

Por Lidia Fagale *

En esas nueve lunas, la última roja, Cuba fue la imagen de una conjunción entre “lo real maravilloso y esa inesperada alteración de la realidad, una revelación privilegiada, una iluminación inhabitual, una fe creadora de cuanto necesitamos para vivir en libertad; una búsqueda, una tarea de otras dimensiones de la realidad, sueño y ejecución, ocurrencia y presencia", una definición de Alejo Carpentier que ocupa el lugar de mi falta de palabras que rechazan ser apenas parte de una crónica, que no desean ser reducidas a retazos de una noticia. Murió Fidel, un hombre de carne y hueso que hizo realidad las utopías negadas por siglos a millones de seres humanos.
Fui a esa tierra revolucionaria que es Santiago de Cuba. Un lugar donde todas las generaciones convergen en un mar inmenso de agradecimiento al Comandante. Allí y también en La Habana los jóvenes estudiantes saben que Fidel pensó en ellos antes que nacieran. Vio el futuro apenas bajó de las sierras y recorrió el camino de la gloria.

Casualidad o no, aquel 25 de noviembre Fidel volvió a su barco revolucionario como lo había hecho hace más de medio siglo atrás y transformó el mar en tierra y la volvió a transitar con el mismo polvo de sus huesos. “Fidel es Cuba. Cuba es Fidel. Fidel soy yo” era el grito que rompía el paradójico silencio devenido en un estallido de dolor.

Y atravesó los cuerpos de cada cubano y se quedó en ellos esperando como un niño ser acunado en las ideas que hoy nos deja para defenderlas hasta el final.

Fueron nueve lunas, un embarazo que volvió a parir el sentimiento revolucionario de Fidel y Martí en millones de cubanos. No creo en la magia, pero sí en esa conjunción de la que nos habla Carpentier, cuando lo real maravilloso, es tan real que impacta inicialmente como metáfora, pero deviene en pura realidad concreta, tangible. Fidel existe como existe el perseverante deseo de autonomía e independencia del pueblo cubano.

Ese sincretismo cultural que navega como el Granma buscando convertir el deseo, la promesa en realidad. Allí están todas las creencias que vienen de lejos, de épocas de esclavitud y de dolor, de velas que protegen, de inciensos que buscan ahora mezclarse con las cenizas de Fidel, de otras que lo resucitan en sus ideas, de aquellos que sin dogmatismos hicieron práctica de un marxismo particularmente cubano. De todos aquellos que convergen en esta gesta heroica que se llama revolución.

Dicen que es época de Cocuyos, de esos bichitos que en la noche iluminan los campos y los ojos. Ojalá que esa luz que vio Fidel en su infancia en Birán se esparza en cada rincón de esta tierra llevando el mensaje de un hombre que existió para hacernos más felices.

***

Mi más profundo agradecimiento por haberme permitido compartir fraternalmente el saludo final al Comandante Fidel Castro Ruz a todos los compañeros de la Unión de Periodistas de Cuba en La Habana, Camagüey y Santiago. Mi abrazo fraternal por la solidaridad recibida a todas las compañeras y compañeros del Hotel El Costillar del Rocinante

* Lidia Fagale -Secretaria General de la UTPBA

martes, 10 de enero de 2017

La herejía revolucionaria


Punto Final

Por Manuel Cabieses D.

“En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola”. 
Lenin (El Estado y la Revolución, capítulo I). 

Una de las lecciones que nos dejó Fidel fue su herejía a toda prueba, tanto en la teoría como en la práctica. Su ejemplo de más de medio siglo de lucha y pedagogía revolucionaria, es una invitación a pensar con cabeza propia, a descubrir las vías de la revolución antimperialista y a actuar como se piensa. Todo esto reviste sin duda un carácter herético. Una revolución es acto de herejía porque despedaza dogmas y manuales. Los grandes revolucionarios del siglo XX, Lenin, Mao Zedong y Fidel Castro fueron estigmatizados como herejes y aventureros. Sus peores enemigos fueron los sacerdotes de la ortodoxia amenazada por bolcheviques, maoistas o fidelistas.
Sucedió con Lenin, artífice de la primera revolución proletaria. Una verdadera proeza en un país atrasado como la Rusia de 1917. En respuesta al desafío bolchevique, la burguesía internacional organizó una invasión con 14 ejércitos. Pero también a Lenin lo calificaron de “aventurero” y “apóstata” del marxismo los seniles administradores de la ortodoxia doctrinaria. Veinte años después, el fenómeno se repitió con Mao Zedong, el líder de la revolución china. El maoísmo se fundamentaba en el marxismo-leninismo pero en las condiciones de China, y planteaba hacer la revolución con los campesinos. Mao rompió con la dirección del partido comunista, dócil instrumento de Stalin. El dictador soviético apoyaba al Kuomintang, un movimiento nacionalista dirigido por Chiang Kai-shek. Cuando el partido comunista fue aniquilado a traición por el Kuomintang, Mao y sus seguidores emprendieron la larga marcha que culminó, en 1949, con la victoria de la primera revolución socialista de campesinos en un país inmenso pero atrasado y pobre.
Lo mismo -no podía ser de otro modo- ocurrió con Fidel. No solo fue atacado y calumniado por las clases opresoras de todo el mundo. También fue criticado con virulencia desde la “izquierda” que lo consideró un aventurero cuyas metas eran inalcanzables. Abogado y ex dirigente estudiantil, Fidel tenía 26 años cuando se separó del Partido Ortodoxo y se dio a la tarea de organizar un movimiento clandestino para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista. El 26 de julio de 1953 -al frente de 131 combatientes-, Fidel asaltó el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. La derrota costó las vidas de muchos prisioneros asesinados por la soldadesca batistiana. Fidel libró con vida gracias a un oficial honorable. La acción, que pretendía insurreccionar al pueblo, no encontró apoyo en las organizaciones políticas. Más bien la reprobaron por “aventurera”. Lo mismo hicieron numerosos partidos comunistas en el mundo. En Chile un columnista del diario El Siglo sugirió que el asalto lo había organizado la CIA. Pero el heroísmo de los combatientes del Moncada dio origen al Movimiento 26 de Julio, que menos de seis años después consumó la victoria revolucionaria. 
La historia me absolverá se convirtió en la piedra angular de la conciencia revolucionaria del pueblo. Fidel no solo fue comandante en jefe del Ejército Rebelde que derrotó al ejército de Batista. A la vez fue mentor ideológico del M-26-7 y educador político del pueblo. El rojinegro guerrillero se convirtió en bandera de millones. Sin embargo el liderazgo de Fidel y del M-26-7 se vieron disputados por otras organizaciones. Las críticas del Partido Socialista Popular, comunista, subrayaban que los dirigentes del M-26-7 eran elementos radicalizados de la pequeña burguesía. A su vez, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo -de origen estudiantil- montó una guerrilla en el Escambray. Sin embargo, en 1958 el PSP modificó su línea e incorporó algunos cuadros al Ejército Rebelde, reconociendo la conducción del Comandante Fidel Castro. La decisión del PSP liberó también a sus dirigentes sociales para apoyar a las milicias urbanas del M-26-7. La corrupta Central de Trabajadores de Cuba, controlada por el mafioso de origen catalán Eusebio Mujal, permaneció leal a Batista. En julio de 1961, tres años después del triunfo de la revolución, se dio un primer paso hacia la unidad de los revolucionarios. Se crearon las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), con el M-26-7, PSP y Directorio Revolucionario, que respetó -de los dientes para afuera- el liderazgo de Fidel. Sin embargo, el secretario de organización de las ORI, Aníbal Escalante, viejo cuadro del PSP, tramó una maniobra para desplazar a Fidel, acusándolo de “anti sovietismo”. 
Fidel venía criticando el sectarismo del PSP que intentaba copar la estructura orgánica de las ORI. En marzo de 1962 se fundó el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y en octubre de 1965 el Partido Comunista de Cuba (PCC). No obstante estos avances hacia la decantación ideológico-política de la conducción revolucionaria, la oposición interna a Fidel se mantenía invocando los principios más puros del marxismo-leninismo y el ejemplo de la URSS. Esa tendencia consiguió hacer la vida insoportable a los cubanos en el oscuro periodo conocido como “el sectarismo”. Muchos revolucionarios fueron expulsados del partido. A otros se les impidió acceder a cargos de mayor responsabilidad. Se intentó reproducir en Cuba una burocracia partidaria al estilo de las “democracias populares” europeas. Se calificaba a Fidel de aventurerismo por su política de confrontación con el imperialismo y por su apoyo a la lucha revolucionaria en otros países. Se argumentaba que esto llevaría al aislamiento de Cuba del campo socialista. La crisis de los misiles que crispó las relaciones con la URSS, avivó las críticas de la ortodoxia marxista. En 1966 Raúl Castro denunció las maniobras de la “microfracción”, responsable del sectarismo. El grupo lo componían antiguos militantes del PSP que impugnaban las herejías ideológicas de Fidel. La “microfracción” había hecho contactos con dirigentes de los partidos comunistas de la URSS y Checoslovaquia. En septiembre de ese año, Fidel criticó los convenios financieros de la URSS con los gobiernos de Chile y Brasil, que a su juicio ayudaban a las oligarquías latinoamericanas. El diputado Orlando Millas, miembro de la comisión política del PC chileno, respondió a Fidel, lo que originó una dura réplica del lider cubano. 
Cuba es la primera revolución socialista en América Latina. Si se miraba esa experiencia con el catalejo del reformismo parecía una aventura. Desafiar por más de medio siglo el bloqueo del imperio ubicado a tiro de cañón de esta pequeña isla (su tamaño es similar a la Región de Tarapacá), parecía una meta imposible. Pero Fidel y el pueblo cubano demostraron que sí se podía convertir a esa nación, cohesionada por una ideología revolucionaria, en una potencia mundial del internacionalismo. Numerosos países de América Latina, Africa y Asia recibieron -y reciben- la ayuda cubana en médicos y otros profesionales. Miles de soldados cubanos aseguraron la independencia de Angola y Namibia y dieron un golpe de muerte al régimen delapartheid en Sudáfrica.
La oposición del reformismo se basaba en que Cuba impulsaba la vía armada como forma principal de lucha por la independencia de América Latina. Todas las otras formas, incluyendo la electoral, debían contribuir a fortalecer la vía fundamental. En enero de 1966 se constituyó en La Habana la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que hizo suyos esos principios. En agosto del año siguiente tuvo lugar la conferencia de la Tricontinental, para articular la solidaridad con la lucha armada. OLAS y Tricontinental fueron creaciones políticas de Fidel. Esas experiencias dejan en claro que Fidel y el Che compartían la misma visión estratégica sobre la lucha en América Latina, lo cual desmiente la trajinada hipótesis de que se había producido una ruptura entre ambos. 
Un mes antes de su caída en Bolivia, el Che anotaba en su Diario de Campaña: “Un diario de Budapest critica al Che Guevara, figura patética, y, al parecer, irresponsable y saluda la actitud marxista del partido chileno que toma actitudes positivas frente a la práctica. Cómo me gustaría llegar al poder nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas”.(*)
Los tiempos han cambiado y las circunstancias también. Pero la consigna “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, sigue vigente. El desafío es el mismo que enfrentó Fidel en los años 50: descubrir el camino correcto y volcar todas las fuerzas a esa tarea aunque alborote las polillas del sectarismo. El prestigio de la revolución cubana y de su líder, Fidel Castro, creció en América Latina en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado. Muchas experiencias nacieron bajo su influencia. El fidelismo y su símil, el guevarismo, se convirtieron en corrientes innovadoras del pensamiento revolucionario. Punto Final, por ejemplo, es tributario político de la revolución cubana. Ella fue el factor ideológico que cohesionó al grupo fundador de la revista. Proveníamos de los partidos comunista, socialista y mirista, de sectores cristianos e independientes, y éramos muy críticos de la Izquierda tradicional y del reformismo. La confianza de Fidel -que siempre respetó nuestra independencia, tal como hizo con todos los que recibieron la solidaridad cubana-, permitió a PF acometer su propia herejía. Por eso lloramos la muerte de Fidel como la de un hermano, sabio y siempre abierto a las nuevas ideas.
¡Gracias Fidel!
(*) Ver Diario del Che, en PF Nº 59.
Editorial de “Punto Final”, edición Nº 866, 9 de diciembre 2016, Chile. www.puntofinal.cl

lunes, 9 de enero de 2017

En la muerte de Fidel Castro



Por Joaquim Sempere

El asalto en 1953 del Cuartel Moncada por Fidel Castro y un puñado de jóvenes revolucionarios cubanos fue el preludio de la lucha armada que culminó con la entrada en La Habana del ejército rebelde, con Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara a la cabeza, el 1 de enero de 1959. El gobierno que se impuso tenía rasgos poco definidos, entre nacionalistas, socialistas y populistas. Pero pronto tomó un cariz claramente socialista debido a los inmediatos intentos yanquis de derribar el nuevo régimen cuando éste dejó clara su voluntad de proceder a una reforma agraria de verdad y a otros ataques a los intereses norteamericanos.
Estos intentos y el bloqueo comercial de la isla empujaron al gobierno cubano a los brazos de la Unión Soviética de Jruschov, dispuesta a apoyarlo. A este apoyo siguió la asunción por los revolucionarios cubanos de una ideología que no formaba parte de su cultura inicial: recuérdese la animadversión del PC cubano hacia quienes veían como aventureros durante la lucha en Sierra Maestra. El marxismo-leninismo proporcionó una doctrina ya codificada, con sus textos sagrados, y la influencia soviética llegó a impregnar buena parte del discurso y la práctica política del nuevo régimen. Por desgracia esta influencia tuvo un coste no insignificante para el pensamiento político: deriva dogmática y anquilosamiento. Sin embargo, el grupo dirigente cubano, en el que destacaban Ernesto Che Guevara y el propio Fidel Castro, impusieron su impronta. A diferencia de otros regímenes apoyados por la URSS, Cuba nunca fue un país vasallo de la Unión Soviética, pese a la proximidad de los Estados Unidos. Frente al estilo rígido y burocrático soviético, conservaron un frescor y unos planteamientos más románticos y radicales en una línea igualitarista y antiimperialista. El antiimperialismo no fue un adorno retórico, sino que dio lugar al apoyo activo de distintos focos guerrilleros en América Latina y de otros países del Tercer Mundo implicados en luchas de liberación, como Angola, por donde pasaron miles de militares cubanos como asesores y como luchadores, así como educadores y personal sanitario. Nelson Mandela reconoció la contribución cubana a la emancipación africana.

Fidel Castro fue también una figura clave en la Tricontinental (reunida por vez primera en La Habana en 1966 para unir a los pueblos excolonizados en un frente mundial liberador) y, en general, se convirtió en una figura destacada del antiimperialismo a escala mundial. Cuba ha facilitado también procesos de paz en Guatemala en 1992 y en Colombia en la actualidad. El igualitarismo teórico se tradujo en un esfuerzo práctico permanente para impedir la cristalización de una casta privilegiada. El intento no llegó a buen puerto: la Cuba socialista vio el surgimiento de una nueva clase de funcionarios, encuadrados en el Partido Comunista, que gozaban de privilegios políticos, con acceso exclusivo a tiendas especiales y mayor libertad para viajar al extranjero, pero con niveles materiales muy poco diferenciados de los del resto de la ciudadanía. Los observadores extranjeros de la grave crisis que representó la desaparición de la URSS en 1991, el llamado "Período especial", destacan que el igualitarismo real vigente en el país hizo mucho para mantener la cohesión social y la confianza popular en el equipo dirigente en un contexto de súbita escasez.

Fidel tuvo un papel muy importante en la conservación de esta confianza popular. Claves de esta confianza fueron su carisma personal y su voluntad pedagógica, expresada en sus arengas interminables, que eran a la vez educación político-moral y ritual de comunión entre líder y masas. Fidel Castro y Che Guevara pensaban y sentían por su cuenta, más allá de las anteojeras del marxismo-leninismo oficial. En el caso de Fidel, la veracidad de sus palabras llegaba al corazón de la gente, tanto de las masas como de los innumerables visitantes extranjeros que conversaron con él. Uno de esos visitantes describía al “Comandante” como “el ama de casa de Cuba” por su preocupación por los problemas concretos de la existencia cotidiana de sus conciudadanos. Esta preocupación, loable e infrecuente en los jefes de estado, tenía sus pros y sus contras. Entre sus contras cabe señalar un estilo de gobernar que ha hecho daño en la vida pública de la Cuba socialista: la tendencia de la dirigencia política a resolver todos los problemas, en detrimento de la iniciativa de la gente y de su capacidad de autogestión. Esperar las consignas de arriba se convirtió en vicio nacional y en factor inhibidor del desarrollo del socialismo, impensable sin la iniciativa de la ciudadanía.

Los éxitos en la alfabetización universal y la escolarización, así como en el sistema nacional de salud, que, además, resistieron bien las calamidades del Período especial, son tan evidentes que ni siquiera los más acérrimos enemigos del socialismo cubano han podido negarlos. Son éxitos que revelan el compromiso real del régimen con el bienestar de la población. No son los únicos. Cuba ha desarrollado una capacidad científica sorprendente: con el 2% de la población de América Latina tiene el 11% del personal científico del subcontinente. Esto explica su potencial en las áreas de la medicina y la biología, que le ha permitido convertir en objeto de exportación estos servicios (clave en los intercambios con la Venezuela bolivariana). Otro logro ha consistido en desarrollar un sentido de comunidad que marca también una diferencia con los demás países de América Latina. El documental filmado en 2006 por Faith Morgan titulado The Power of Community revela que la supervivencia de la población cubana tras la caída de la Unión Soviética y el corte brusco del suministro de petróleo y otros artículos, entre ellos los fertilizantes para la agricultura, debió mucho a la cooperación espontánea de una población que había crecido con valores solidarios y colaborativos.

El Período especial reveló también otras cosas. Reveló que no se había adoptado un modelo económico más resiliente y autosuficiente, sino que se seguía dependiendo demasiado del monocultivo de la caña de azúcar y de su exportación, junto con la de otros pocos productos: café, tabaco y níquel. Depender de un solo proveedor de energía, la URSS, acentuaba la fragilidad de la economía del país. Al hundirse el régimen soviético, Cuba vivió un grave colapso energético y alimentario y se vio obligada a adoptar una agricultura más libre de maquinaria y agroquímicos, de manera que hoy Cuba es el país del mundo con mayor cuota de agricultura ecológica, aunque el cambio se haya debido más a la pura necesidad que a planteamientos deliberados. El cambio, sin embargo, vino facilitado por el hecho de que existían varios departamentos universitarios y centros de investigación que llevaban años trabajando en la agricultura ecológica, dato que sorprende en una sociedad donde la doctrina oficial era un marxismo insensible a los problemas ecológicos, e indica que en Cuba había vida intelectual más allá del oficialismo. Con la experiencia del colapso energético posterior a 1991 algunos observadores han lamentado que Cuba no emprendiera una línea coherente de corte ecologista, pero seguramente es pedir demasiado cuando la primera preocupación es la supervivencia. ¿Qué otro país del mundo ha emprendido esa línea?

La prensa del mundo entero no cesa de hablar del “dictador” a propósito de Fidel Castro. Es indiscutible que el régimen cubano niega la libertad de prensa y otras libertades, pero el problema va más allá del país caribeño. Cuba ha vivido durante más de medio siglo sometida a un asedio que obligaba a cerrar filas y defenderse de ataques inmisericordes. Se ha recordado estos días que Fidel fue víctima de 638 tentativas de asesinato y que hubo varios intentos de invasión. El más duro fue el de Bahía de Cochinos, con el desembarco de 1.600 combatientes, en fecha tan temprana como 1961. El bloqueo comercial, además, ha tenido efectos graves. Pero es que en América Latina todos los intentos serios de cambio social hacia la izquierda han sido derribados por la violencia directa o indirecta de los Estados Unidos: Arbenz en Guatemala en 1954, Allende en Chile en 1971, el sandinismo en Nicaragua cayó en 1990 tras diez largos años de hostigamiento militar de la “contra” financiada por los Estados Unidos. Por no hablar de la represión brutal de los milicos en Brasil, Uruguay y Argentina para exterminar la oposición radical de izquierdas, el régimen militar de Stroessner en Paraguay y del hostigamiento de iniciativas sociales emancipadoras más modestas y locales, con el secuestro, tortura o asesinato de miles y miles de sindicalistas, miembros de comunidades indígenas, líderes vecinales, sacerdotes y activistas de muchas causas a manos de bandas mercenarias al servicio de unas oligarquías implacables aliadas de los Estados Unidos —que, por cierto, no suscitan ninguna protesta de quienes ven la paja en el ojo cubano y no la viga en los ojos de nadie más. De hecho, vista la escasísima violencia política de estos sesenta años, Cuba aparece como un oasis entre los regímenes latinoamericanos, tal vez comparable sólo a Jamaica y Costa Rica. ¿Qué otro país de la región puede mostrar un balance tan pacífico? Narcotráfico, paramilitares, escuadrones de la muerte, golpismo: la historia reciente de América Latina ofrece escenarios estremecedores. Es fácil desde las atalayas europeas juzgar severamente la falta de libertades —y otras lacras, como la homofobia— de un régimen como el cubano, y es posible que se hubiera podido mejorar la situación en este orden de cosas. Pero a cien millas del gigante imperialista las amenazas se perciben con más apremio y aconsejan protegerse cuando lo que persigue el enemigo es la rendición incondicional, la renuncia a la soberanía y a la dignidad nacional. Quienes claman por la falta de libertades en Cuba deben legitimar este clamor exigiendo a los Estados Unidos y al imperialismo capitalista que dejen de una vez a los pueblos seguir su camino sin interferir ni masacrar a sus poblaciones y cesen de apoyar a los golpistas y matones que completan su trabajo sucio.

En años recientes, con la retirada de Fidel de los organismos del estado y el acceso al gobierno de Raúl Castro empezó a abrirse la economía cubana al mercado siguiendo en parte la política vietnamita del Doi Moi. Gracias a esta política, Vietnam, que antes debía importar arroz, se ha convertido en el tercer exportador mundial de este cereal, y ha experimentado mejoras en su desempeño económico. En Cuba, en varias ocasiones, se había permitido a los campesinos vender parte de su producción en mercados libres, y así habían tenido lugar incrementos significativos de la producción alimentaria. Pero los dirigentes, impregnados de un igualitarismo extremo, veían con malos ojos las desigualdades que generaban estos mercados libres: se daba marcha atrás, con el consiguiente retroceso en la producción de alimentos y el empeoramiento de las condiciones de vida de la población. La desconfianza doctrinaria hacia el mercado en general ha hecho daño; sigue paralizando o frenando los intentos recientes de Raúl Castro, más decididos que los intentos anteriores pero también erráticos. Es fácil imaginar el vértigo que se debe de apoderar de los dirigentes cubanos cuando observan la evolución de China hacia un capitalismo irrestricto. Vietnam no ha llegado tan lejos, y por eso infunde menos temor. Pero ¿cómo acabaría un Doi Moi caribeño, sobre todo teniendo en cuenta a los numerosos cubanos de Florida, dispuestos a desembarcar con sus fortunas en dólares a la primera ocasión? Fidel llegó a personificar la integridad de la Revolución, su voluntad numantina de preservar sus conquistas, incluso al precio de menoscabar el bienestar de su pueblo por un igualitarismo mal entendido. Es comprensible que mientras ha vivido haya sido un valladar frente a reformas percibidas como demasiado audaces y, en todo caso, de final incierto. Ahora la decisión estará en manos de sus sucesores.

La experiencia terrible del Período especial y de los años subsiguientes hizo sufrir una escasez dolorosa durante años, erosionó la moral pública, fomentó la corrupción, agrietó la solidaridad colectiva: por eso ha dejado tal vez un país con menos defensas y menos voluntad para seguir una senda demasiado asociada a sacrificios personales. ¿Cómo actuarán las nuevas generaciones? ¿Habrá en el país una masa crítica suficiente para sostener un socialismo renovado capaz de resistir y asumir los nuevos retos? Es posible que Cuba, como experiencia socialista, acabe naufragando también, aunque dejando muchas menos heridas que la URSS y la China maoísta y tal vez una evolución ulterior menos traumática. Ya se verá. En cualquier caso, la historia de la Cuba de Fidel Castro quedará como un ejemplo de generosidad colectiva, de solidaridad con otros pueblos y como una tentativa de mejorar la vida y de salvar la dignidad nacional en un mundo de hienas y buitres dispuestos a impedir a toda costa cualquier tentativa de emancipación de los pueblos y, de paso, a sacrificarnos a todos al servicio de sus ambiciones malsanas.

sábado, 7 de enero de 2017

El destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano

Rebelión

Por Roberto Herrera

Ahora que Fidel Castro Ruz ha muerto, diez años más tarde de lo que los detractores de la revolución cubana hubieran deseado, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Qué pasará en Cuba? ¿Se derrumbará la revolución al estilo de la Unión Soviética en 1991?
La burguesía cubana radicada en Miami y los sectores más duros de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos todavía albergan la esperanza que algún día no tan lejano, la Habana vuelva a ser lo que fue en el pasado antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959: El centro de operaciones de Charly “Lucky” Luciano, Santo Trafficante Sr., Meyer Lansky y otros mafiosos de poca monta, y el antro de la prostitución.

Obcecados en derrotar a la revolución cubana lo han intentado todo. Absolutamente todo. Empezando por el bloqueo comercial, político y diplomático, pasando por la invasión militar en Bahía de Cochinos hasta conjurar y atentar contra la vida de ciudadanos cubanos con actos terroristas y culminar con los planes de la CIA para asesinar al Comandante en Jefe.

¿Qué ha dejado de hacer la burguesía cubana y el gobierno de los Estados Unidos para derrotar a la revolución cubana?

Nada. Pero ni a las malas ni a las buenas lo han logrado. No obstante, la amenaza es permanente.

«No se puede confiar en el imperialismo, pero, ni tantico así», exclamó categórico Ernesto Guevara en 1961 y mucha razón tenía el Che. No se puede confiar en nada y nadie. Ni en los cantos de sirenas neoliberales ni en las Circes socialdemócratas que prometen el vellocino de oro a cambio de olvidar la epopeya del Pico Turquino, que es el símbolo del esfuerzo y la perseverancia de un pueblo por alcanzar su verdadera independencia. Es el símbolo de la revolución.

Eso lo sabía Fidel y los que lucharon con él. Hay que estar siempre alerta, pues el enemigo brutal no duerme. Por esa razón, el jefe de la revolución cubana fue claro y explícito el 17 de noviembre del 2005 en su mensaje a los estudiantes universitarios de la Habana, cuando apeló a la audiencia ahí presente a reflexionar dialécticamente acerca de las siguientes hipótesis:“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: “¡No!”) ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?”.

Efectivamente, las revoluciones pueden derrumbarse. Incluso la cubana.

Cuba no es la Unión Soviética

En ese mismo discurso Fidel hace un repaso histórico del desarrollo de las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin vistos desde la perspectiva dialéctica del desarrollo de la sociedad. Con sentido crítico comenta Fidel en su discurso que: “Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”.

También habló Fidel de los errores cometidos en la construcción del socialismo, los propios y los ajenos. Explícitamente se refirió a los cometidos por los revolucionarios bolcheviques, sin mencionar nombres, pues, al fin y al cabo, a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero el avezado lector sabe a quién se refiere.

La afirmación que Cuba no es la Unión Soviética no es antojadiza ni voluntarista. La historia político-económica, social y multicultural de la Unión Soviética es muy diferente a la de Cuba y, por consiguiente, las características particulares de la revolución fidelista – guerra de guerrillas y toma del poder – son únicas y no pueden compararse con los de la revolución de octubre y su posterior desarrollo. Más allá de lo común – ideología, partido único, propiedad social a través del estado de los medios de producción y la aspiración por construir el socialismo – Cuba no es la Unión Soviética. Cuba es Fidel y además, una isla.

El fracaso del proyecto histórico “revolución socialista bolchevique” o, dicho en otras palabras, el triunfo de la contrarrevolución burguesa internacional en la Unión Soviética, no se debió solamente a la incapacidad política de las máximas autoridades o al “reformismo” de Mijaíl Gorbachov, sino esencialmente a la acumulación de errores político-económicos e ideológicos al interior del partido comunista soviético a partir de la muerte de Lenin en 1924. Errores tácticos y estratégicos que no se supieron corregir a tiempo.

Por otra parte, el derrumbe del “modelo soviético de desarrollo al socialismo”, demostró que la teoría marxista, y la leninista acerca del Estado y la Revolución no pueden aplicarse mecánicamente como si se tratara de un recetario de cocina. Tanto la teoría como la experiencia de las revoluciones socialistas son simplemente una guía para la acción revolucionaria, pero no la fórmula mágica para resolver los problemas que genera la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Por lo tanto, la aplicación dialéctica de la teoría revolucionaria en los momentos concretos de desarrollo de la lucha de clases no tiene nada que ver con revisionismo político-ideológico, sino más bien con el verdadero quehacer político revolucionario.

¿Cómo evitar un posible derrumbe?

Una de las formas para evitar la involución o reversión de la revolución –así lo postuló Fidel– es la corrección a tiempo de errores en el trabajo de partido y en la administración del estado, la rectificación de tendencias económicas que conducen a modelos de desarrollo capitalistas y la puesta en marcha de medidas adecuadas para evitar la corrupción, el despilfarro, el subterfugio, la mentira, los privilegios y la malversación de los bienes públicos.

Pero, además, Fidel añade en su discurso un elemento esencial en la construcción del socialismo: La ética revolucionaria. Muchos de los abusos de poder, la corrupción y los privilegios derivan de la ausencia de ética revolucionaria y falta de conciencia de clase. Aunque también apostilla que no son solamente problemas derivados de la falta de ética revolucionaria de funcionarios de gobierno y miembros del partido, sino que también son causa y efecto de un problema económico todavía no resuelto. Fidel está consciente que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene que corresponderse con un desarrollo económico integral del modo de producción socialista. Pero Fidel también deja claro en su discurso lo que él no quiere para Cuba: Un desarrollo capitalista de las relaciones de producción.

Es precisamente en este punto neurálgico sobre el cual dependen y dependerán todos los acuerdos y tratados comerciales bilaterales con los Estados Unidos y la Unión Europea. Parafraseando a Rosa Luxemburg podría decirse que el dilema de la sociedad cubana en el futuro mediato será elegir entre avanzar hacia la meta socialista o regresar a la barbarie capitalista. Esta será la encrucijada en los próximos años en Cuba: Socialismo o renunciar a la herencia de Fidel y el Che (El legado de Fidel y el Che). En Cuba la suerte todavía no está echada.

En todo caso, sea cual fuera la opción –revolución o involución– que el pueblo elija, lo que sí quedó bien claro en el discurso del 17 de noviembre del 2005 es que el único sujeto histórico que puede hacer sucumbir la revolución cubana es el pueblo cubano. Es decir, que el destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano y de nadie más.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Magnífico artículo, declaraciones o denuncias del periodista y escritor Ignacio Ramonet



Por Pedro Echeverría V.

1. Magnífico artículo, declaraciones o denuncias de Ignacio Ramonet que la Jornada Nacional publicó el día de hoy viernes 9. Pensé que esto “la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes”, era sólo “natural” en los países atrasados como México y que en Europa estos había sido superado. La realidad es que sigo siendo un triste iluso al pensar que el capitalismo “avanzado” era otra cosa. Las denuncias de Ramonet –periodista y escritor que admiro y he seguido desde hace unos 15 años- me ayudan (aunque en pequeño) a comprender lo que me ha sucedido en por lo menos otros 15 medios con los que he colaborado durante años con mis artículos y de una u otra manera, me han corrido.
2. Escribe Ramonet: “La muerte de Fidel Castro ha dado lugar –en algunos grandes medios occidentales– a la difusión de cantidad de infamias contra el comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido, por tanto, aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país. Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes, es natural, efectivamente, que hablemos de ‘‘represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes? Un sistema que no acepta la contradicción, por muy argumentada que sea”.

3. Cuando Ramonet publicó un libro reconociendo que Fidel Castro era un gran gobernante en favor de su pueblo, El diario El País de España, La Voz de Galicia y un programa de radio, en los que llevaba muchos años escribiendo artículos y saliendo su voz al aire, sin argumentos válidos, lo despidieron diciéndole que era imposible que “un amigo de un tirano” siguiera expresándose. En la Universidad de París VII le dijeron que “un amigo de un dictador no podrá más dictar sus clases”. En Le Monde Diplomatique, del grupo Le Monde, así como en el diario Liberación, lo obligaron a retirarse. Así que de los muy “democráticos países europeos”, España y Francia, lo despidieron por pensar diferente y, obviamente por realizar acciones que no agradaban al capitalismo. A mí en México me ha pasado lo mismo -guardando las proporciones- por lo menos en 15 medios.

4. Después de 40 años de bregar en los medios, he decidido escribir sólo tres breves párrafos para facilitar su lectura, que no me sigan corriendo y obtener libertad total. He preferido estar en las redes de Internet y en tribunas muy diversas como Rebelión, Aporrea, Kaosenlared, Latinpress, Mexileaks, Argenpress, Zenzontle, Libertad de Expresión, etcétera.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Fidel y el cambio climático *


Rebelión

Por Hedelberto López Blanch

Millones de personas y numerosos gobiernos del mundo han tomado conciencia en las últimas décadas de los graves peligros que amenazan a la humanidad debido a los violentos cambios climáticos que están teniendo lugar en todo el orbe, y en ese magisterio universal han jugado un papel fundamental las denuncias y explicaciones efectuadas por el líder histórico de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
En períodos recientes han ocurrido desastrosos terremotos en Japón, Haití, China, Chile, Indonesia, Pakistán, Ecuador, Italia; inundaciones en Bolivia, Colombia, Venezuela, Brasil, Australia, China, Vietnam, Bangladesh, Filipinas, Mali, Níger, Burkina Faso; enormes incendios en Rusia, América del Sur, Asia; desproporcionadas nevadas en Estados Unidos, México, Europa, elevación del nivel del mar y la casi segura desaparición de islas y grandes extensiones de tierra.

No por conocidas dejan de ser estremecedoras las conclusiones que el Grupo II del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas que sesionó en 2014 en la ciudad japonesa de Yokohama bajo el título ¿Cuáles son los impactos del cambio climático y cómo podemos gestionar los riesgos?

El Panel, considerado la red científica mas extensa del mundo dedicada al estudio de ese fenómeno aseguró que los cambios derivados del ascenso de las temperaturas en el planeta “ya son visibles en todos los continentes y en la mayor parte de los océanos”.

La temperatura media global se ha elevado 0,88 grados, un incremento que se ha acentuado en las últimas tres décadas.

Según estudios de todos los países del orbe que posteriormente fueron revisados por el IPCC, muchas regiones del globo terráqueo están experimentando con mayor frecuencia fenómenos -sequías, olas de calor, inundaciones-junto a severos impactos sobre la salud, la extinción de especies, la degradación de hábitat y una menor productividad de las cosechas. En 2100, asegura el documento con miles de páginas del IPCC, de no adoptarse medidas, “centenares de millones de personas” serán víctimas de inundaciones costeras y se verán obligadas a abandonar sus hogares.

Prácticamente desde la década de 1960, el líder cubano Fidel Castro, comenzó a llamar la atención sobre ese grave problema que amenazaba al mundo y en la Cumbre de la Tierra efectuada en Río de Janeiro en 1992 su discurso estremeció el auditorio cuando afirmó:

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo. Es necesario señalar que las sociedades desarrolladas son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente”.

A continuación, Fidel explicaba que con solo el 20 % de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer.

Y añadió en Río de Janeiro hace ya 24 años: “Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto.”

La revista Geophysical Research Letters, perteneciente a la Unión Geofísica Americana, informó en un reciente estudio que seis enormes glaciares en la Antártida Occidental se están moviendo más rápido de lo que lo hacían hace 40 años, causando una mayor descarga de hielo en el océano y aumentando así el nivel global del mar. El primero de los resultados estableció que la cantidad de hielo desprendida conjuntamente desde estos glaciares aumentó en un 77 % desde 1973 hasta 2013.

La publicación asegura que "casi el 10 % de aumento del nivel del mar en el mundo cada año proviene de solo estos seis glaciares y lo que encontramos fue un incremento sostenido de la descarga de hielo, que tiene un impacto significativo en el aumento del nivel del mar". Si en 2016 los miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) suman 193, se estima que dentro de pocos años la cifra se reducirá por la desaparición física de varias Islas-Estados.

El motivo de esa aseveración es que debido al cambio climático, varios archipiélagos quedarán inundados por las aguas como son los casos de Vanuatu, Tuvalu, Marshall, Gilbert y Kiribati en el Océano Pacífico y de las Maldivas en el Océano Índico. Otras islas del Caribe también están gravemente amenazadas por la subida del mar.

Plagados de desafíos naturales se halla el globo terráqueo y para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), la región de l Caribe se enfrenta a agresivas sequías y ya la baja disponibilidad de agua impacta a la agricultura y los recursos hídricos, generando además un número significativo de incendios forestales.

Fidel explicó en la llamada Cumbre de la Tierra de Río: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre.”

Doce años más tarde, en un discurso que pronunció en enero de 2004 en ocasión del 45 aniversario del Triunfo de la Revolución, Fidel alertaba: “Han pasado ya más de diez años desde la Cumbre de Río de Janeiro convocada por Naciones Unidas, y pese a la habitual proliferación de discursos, compromisos y promesas, muy poco se ha hecho. Sin embargo, la conciencia del mortal peligro crece. Debe crecer y crecerá la lucha. No hay alternativa”.

Ojala los gobiernos de los países desarrollados del orbe acaben de aprender las lecciones para salvar al planeta y a la humanidad emitidas en disímiles ocasiones por Fidel.

“Han pasado ya más de diez años desde la Cumbre de Río de Janeiro convocada por Naciones Unidas, y pese a la habitual proliferación de discursos, compromisos y promesas, muy poco se ha hecho. Sin embargo, la conciencia del mortal peligro crece. Debe crecer y crecerá la lucha. No hay alternativa”.

* Discurso pronunciado en ocasión del aniversario 45 del triunfo de la Revolución Cubana, teatro Carlos Marx, 3 de enero 2004.