Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas
lunes, 14 de marzo de 2011
Qué es y cómo se forma un tsunami
Cuba Debate
El “tsunami”, como el desatado tras el potente terremoto registrado en Japón, es una gran ola o una serie de olas producidas en una masa de agua por el empuje violento de una fuerza que la desplaza verticalmente.
Este término es de origen japonés -compuesto de “tsu” que significa “puerto” y de “nami” que significa “ola”- y fue adoptado en un congreso de 1963.
Las olas que forman el “tsunami” llegan a la costa separadas entre sí por unos quince o veinte minutos.
Después de la primera ola, el mar desciende
La primera no suele ser la más alta, sino que es muy parecida a las normales; después se produce un impresionante descenso del nivel del mar seguido por la primera ola gigantesca, y a continuación por varias más.
Antiguamente se les llamaba “marejadas”, “maremotos” u “ondas sísmicas marinas”, pero estos términos han ido quedando obsoletos, al no describir adecuadamente el fenómeno. Los dos primeros implican movimientos de marea, un fenómeno diferente provocado por la atracción gravitacional ejercida por los planetas, el Sol y la Luna.
Los terremotos son la mayor causa de “tsunamis”, aunque también pueden provocarlos volcanes, meteoritos, derrumbes costeros o subterráneos e incluso explosiones de gran magnitud.
Para que un terremoto origine un “tsunami” el fondo marino debe ser movido abruptamente en sentido vertical, de modo que el océano es impulsado fuera de su equilibrio normal. Cuando esa inmensa masa de agua trata de recuperar su equilibrio, se generan las olas.
El tamaño del “tsunami” está determinado por la magnitud de la deformación vertical del fondo marino.
Escalas y alertas
Existen escalas para describir la energía de los “tsunamis”, aunque, a diferencia de los terremotos, se basan fundamentalmente en las manifestaciones en la costa.
Aunque no hay mecanismos para predecir terremotos, sí los hay para alertar del “tsunami” antes de su llegada a la costa, pues su velocidad de propagación es mucho menor que la de las ondas sísmicas.
La alerta de “tsunamis” funciona eficazmente y desde hace años en Japón y en EEUU. El sistema de alarma en el Pacífico se estableció después de que en 1946 el “tsunami” que siguió a un terremoto en las islas Aleutianas causara 165 muertos en Hawai y Alaska.
Aunque cualquier océano puede experimentar un “tsunami”, es más frecuente que ocurran en el Pacífico, cuyas márgenes son asiento de terremotos de magnitudes considerables (especialmente las costas de Chile, Perú y Japón). Sin embargo, también hubo olas gigantes importantes en el Atlántico e Indico, y en el mar Mediterráneo.
Un gran “tsunami” acompañó los terremotos de Lisboa en 1755, del Paso de Mona de Puerto Rico en 1918 y de Grand Banks de Canadá en 1929.
El seísmo de Lisboa, el 1 de noviembre 1755, tuvo su epicentro en el mar, al suroeste del Cabo San Vicente, y sus olas de doce metros arrasaron las costas de españolas Huelva y Cádiz causando unos 2.000 muertos.
El “tsunami” más devastador hasta ahora ocurrió el 26 de diciembre 2004, tras un terremoto de 8,9 grados en la escala Richter con epicentro frente a la isla indonesia de Sumatra, y causó casi 230.000 muertos, la mayoría de ellos en Indonesia, aunque también afectó a Sri Lanka, India, Tailandia, Somalia y las Islas Maldivas, entre otros países. (Con información de AFP)
Así evoluciona el Tsunami
Las siguientes imagenes facilitadas por la Administración Nacional de Atmósfera y Océanos de Estados Unidos muestra un pronóstico de la evolución del tsunami provocado por el potente movimiento telúrico y posterior maremoto que sufrió Japón.
Más de una veitena de países en la región del Océano Pacífico, entre ellos 10 de América latina, están bajo alerta de tsunami emitida por el NOAA.
EFE/NATHAN BECKER/NOAA HANDOUTMapa EFE
Imagen de la Administración de Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. hoy, viernes, 11 de marzo de 2011, que muestra la situación del mar generada por el terremoto de 8,8 grados Richter vivido hoy en la zona noreste de Japón. EFE/NOAA
Imagen facilitada por la Administración de Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. hoy, viernes, 11 de marzo de 2011, que muestra lo niveles de energía en el océano Pacífico generados por el terremoto de 8,8 grados Richter que hoy ha asolado la zona noreste de Japón. EFE/NOAA
Imagen facilitada por la Administración de Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. hoy, viernes, 11 de marzo de 2011, que muestra un mapa de la zona noreste de Japón donde un hoy se ha vivido un terremoto de 8,8 grados Richter, el de mayor intensidad de los registrados en las últimas décadas en este país. EFE/NOAA
El “tsunami”, como el desatado tras el potente terremoto registrado en Japón, es una gran ola o una serie de olas producidas en una masa de agua por el empuje violento de una fuerza que la desplaza verticalmente.
Este término es de origen japonés -compuesto de “tsu” que significa “puerto” y de “nami” que significa “ola”- y fue adoptado en un congreso de 1963.
Las olas que forman el “tsunami” llegan a la costa separadas entre sí por unos quince o veinte minutos.
Después de la primera ola, el mar desciende
La primera no suele ser la más alta, sino que es muy parecida a las normales; después se produce un impresionante descenso del nivel del mar seguido por la primera ola gigantesca, y a continuación por varias más.
Antiguamente se les llamaba “marejadas”, “maremotos” u “ondas sísmicas marinas”, pero estos términos han ido quedando obsoletos, al no describir adecuadamente el fenómeno. Los dos primeros implican movimientos de marea, un fenómeno diferente provocado por la atracción gravitacional ejercida por los planetas, el Sol y la Luna.
Los terremotos son la mayor causa de “tsunamis”, aunque también pueden provocarlos volcanes, meteoritos, derrumbes costeros o subterráneos e incluso explosiones de gran magnitud.
Para que un terremoto origine un “tsunami” el fondo marino debe ser movido abruptamente en sentido vertical, de modo que el océano es impulsado fuera de su equilibrio normal. Cuando esa inmensa masa de agua trata de recuperar su equilibrio, se generan las olas.
El tamaño del “tsunami” está determinado por la magnitud de la deformación vertical del fondo marino.
Escalas y alertas
Existen escalas para describir la energía de los “tsunamis”, aunque, a diferencia de los terremotos, se basan fundamentalmente en las manifestaciones en la costa.
Aunque no hay mecanismos para predecir terremotos, sí los hay para alertar del “tsunami” antes de su llegada a la costa, pues su velocidad de propagación es mucho menor que la de las ondas sísmicas.
La alerta de “tsunamis” funciona eficazmente y desde hace años en Japón y en EEUU. El sistema de alarma en el Pacífico se estableció después de que en 1946 el “tsunami” que siguió a un terremoto en las islas Aleutianas causara 165 muertos en Hawai y Alaska.
Aunque cualquier océano puede experimentar un “tsunami”, es más frecuente que ocurran en el Pacífico, cuyas márgenes son asiento de terremotos de magnitudes considerables (especialmente las costas de Chile, Perú y Japón). Sin embargo, también hubo olas gigantes importantes en el Atlántico e Indico, y en el mar Mediterráneo.
Un gran “tsunami” acompañó los terremotos de Lisboa en 1755, del Paso de Mona de Puerto Rico en 1918 y de Grand Banks de Canadá en 1929.
El seísmo de Lisboa, el 1 de noviembre 1755, tuvo su epicentro en el mar, al suroeste del Cabo San Vicente, y sus olas de doce metros arrasaron las costas de españolas Huelva y Cádiz causando unos 2.000 muertos.
El “tsunami” más devastador hasta ahora ocurrió el 26 de diciembre 2004, tras un terremoto de 8,9 grados en la escala Richter con epicentro frente a la isla indonesia de Sumatra, y causó casi 230.000 muertos, la mayoría de ellos en Indonesia, aunque también afectó a Sri Lanka, India, Tailandia, Somalia y las Islas Maldivas, entre otros países. (Con información de AFP)
Así evoluciona el Tsunami
Las siguientes imagenes facilitadas por la Administración Nacional de Atmósfera y Océanos de Estados Unidos muestra un pronóstico de la evolución del tsunami provocado por el potente movimiento telúrico y posterior maremoto que sufrió Japón.
Más de una veitena de países en la región del Océano Pacífico, entre ellos 10 de América latina, están bajo alerta de tsunami emitida por el NOAA.
EFE/NATHAN BECKER/NOAA HANDOUTMapa EFE
Imagen de la Administración de Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. hoy, viernes, 11 de marzo de 2011, que muestra la situación del mar generada por el terremoto de 8,8 grados Richter vivido hoy en la zona noreste de Japón. EFE/NOAA
Imagen facilitada por la Administración de Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. hoy, viernes, 11 de marzo de 2011, que muestra lo niveles de energía en el océano Pacífico generados por el terremoto de 8,8 grados Richter que hoy ha asolado la zona noreste de Japón. EFE/NOAA
Imagen facilitada por la Administración de Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. hoy, viernes, 11 de marzo de 2011, que muestra un mapa de la zona noreste de Japón donde un hoy se ha vivido un terremoto de 8,8 grados Richter, el de mayor intensidad de los registrados en las últimas décadas en este país. EFE/NOAA
domingo, 27 de febrero de 2011
Gilles E.Seralini: "La ciencia independiente triunfó sobre la industria de los transgénicos"
Por Mae-Wan Ho
Un científico muy renombrado por su investigación acerca de los riesgos de los transgénicos acaba de ganar un proceso contra asociaciones de biotecnología que habían desencadenado una campaña para desacreditarlo.
Gilles-Eric Séralini, docente de biología molecular en la Universidadde Caen, en Francia y presidente del Consejo Científico de Investigación Independiente en Ingeniería Genética (CRIIGEN), es un investigador de primera línea acerca de los riesgos de los transgénicos. No hay mucha sorpresa que él y su equipo se convirtieran en blanco de una concertada campaña difamatoria en la cual fueron muy activos Monsanto, EFSA (la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa), y asociaciones científicas representando la biotecnología en Francia, la Asociaciòn Francesa de Empresas de Biotecnología y el Consejo Superior Francés en Biotecnología.
Este ataque fue gatillado a partir de que el equipo coordinado por Séralini realizó escrupulosamente la información que había puesto Monsanto a disposición con motivo de obtener la autorización comercial en Europa de tres líneas de maíz transgénico, MON 863, MON810 y NK603, permisos sobre las cuales la mencionada EFSA había dado su dictamen favorable. El equipo en cuestión publicó sus conclusiones estableciendo que “los datos disponibles revelan toxicidad hepatorrenal, posiblemente a causa de los nuevos pesticidas diseñados específicamente para cada maíz transgénico. Sumado a esto se observan consecuencias metabólicas directa o indirectamente provocadas, para las cuales la modificación genética no puede ser excluida.”
Séralini y sus colegas recibieron un amplio apoyo de científicos y desde la sociedad civil. Pero Séralini se decidió a demandar por calumnias: estaba convencido de que los investigadores Claude Allegre, Axel Kahn y Marc Fellous, estaban manejando desde las sombras la campaña de insidia e intimidación que se desplegaba en Francia y ése fue el motivo por el cual demandó judicialmente a Fellous, miembro pleno de la Asociación Francesa de Empresas de Biotecnología (AFBV). Séralini argumentó que la campaña había dañado su reputación y con ello habían disminuido sus oportunidades laborales y sus posibilidades de obtener fondos para investigación.
El 18 de enero pasado la corte judicial de París dictó sentencia y lo hizo a favor de Séralini, en medio de una sorpresa generalizada.
Durante el juicio salió a luz que Fellous, que se presentaba a sí mismo como un científico “neutral” sin intereses personales en juego y que acusaba a quienes critican u objetan a los productos transgénicos de ser “ideológicos” y “militantes”, en verdad poseía patentes de productos genéticamente modificados, de su propiedad, a través de una empresa con base legal en Israel. Esta compañía le vende patentes a corporaciones transnacionales como Aventis.
El abogado de Séralini demostró que varios otros miembros de la AFBV también tienen estrechos vínculos con compañías deagribusiness, con lo cual su pregonada imparcialidad científica y su integridad profesional quedaron muy bajo la lupa.
El juez sentenció a AFBV a una multa de mil euros, a un euro de compensación por reclamo del demandante y a 4000 euros en costas.
Corinne Lepage, presidente de CRIIGEN, estaba entusiasmada con la victoria judicial, sobre todo porque no era muy optimista del resultado luego de la primera sesión que habían tenido el 23 de noviembre [info para argentinos en particular y probablemente latinoamericanos en general: del 2010; n. del trad.]. “La vida te da sorpresas: es la primera vez que un alborotador (soplón) [whistleblower] no está a la defensiva sino a la ofensiva.”
Comentando el triunfo judicial, Pete Riley de la organización UK’s GM Freeze [“Congelar” los transgénicos en el Reino Unido; suspenderlos definitivamente] declaró: “Saludamos calurosamente este juicio y estamos encantados con el profesor Séralini. Esperemos que ahora empecemos a ver el fin de este tipo de campañas sucias y vacías que hemos visto en este caso y en otros en la última década, aproximadamente. La libertad de los científicos independientes para desafiar los hallazgos científicos financiados por una industria que procura vender semillas y agroquímicos constituye un elemento vital para cualquier sociedad. La historia de desastres tecnológicos nos dice que la industria y los reguladores estatales son los últimos que reconocen o admiten que hay un problema. Apoyamos plenamente el derecho de Séralini a proseguir sus investigaciones sobre semillas transgénicas y le deseamos más capacidad de decisión.”
El médico Brian John de FM-Free Cymru dijo: “Éste es un desenlace más que gratificante ante un caso que jamás tendría que haberse planteado si los industriales de la biotecncología hubiesen seguido las tradiciones de larga data de respeto a los investigadores y hubiesen aceptado honestos debates con académicos cuyos puntos de vista y hallazgos en la investigación no coinciden con los propios de la industria. Hace ya años que la industria de la biotecnología y sus apologistas han tenido la lengua suelta para calumniar e intimidar a quienes han tenido la temeridad de cuestionar la seguridad de los productos genéticamente modificados… algunos señorones académicos trabajando para la industria biotecnológica se han comportado más como thugs[miembros de una secta de la India, a la que se le atribuyen asesinatos por fanatismo] que como científicos. Su filosofìa ha sido siempre: ‘maten al mensajero’. La lista de víctimas es larga: Arpad Pusztai, Ignacio Chapela y David Quist, Irina Ermakova, Judy Carman, Manuela Malatesta, Andrés Carrasco y muchos otros.
”Felicitamos al profesor Séralini por haber tenido el coraje de mantenerse firme ante la campaña y de haber devuelto el golpe. Esperemos que su triunfo haga que las compañías transnacionales de biotecnología y los reguladores públicos le otorguen a los investigadores independientes el respeto que merecen.”
Y lo más importante, que nuestros reguladores presten mucha atención a los hallazgos de Séralini y de aquellos científicos independientes que alrededor del mundo luchan persistentemente contra la introducción subrepticia de alimentos transgénicos en la gente.
Fuente: http://www.i-sis.org.uk/
Traducción del inglés: Luis E. Sabini Fernández
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





