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jueves, 29 de julio de 2021

Otra vez colapsan los hospitales públicos ante casos de Covid 19


Radio Progreso

La muerte de un hombre de 68 años de edad en el centro de triaje del bulevar del Norte en San Pedro Sula, Cortés, desnuda nuevamente la precariedad del sistema de salud en Honduras.

Pero, además, pone en alerta al Valle de Sula, pues los casos de Covid-19 siguen incrementado y los cupos en los hospitales están agotados. Tal es el caso del Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula.

Tegucigalpa no se queda atrás. De acuerdo a médicos y personal de enfermería, las salas Covid-19 están abarrotadas y los pacientes que llegan graves a un centro de triaje deben esperar un cupo.

La Directora de neumología del Hospital El Tórax, doctora Suyapa Sosa, dijo en Radio Progreso que la situación es cada vez más preocupante porque ni la población toma las medidas ni el Gobierno aplica un verdadero y eficiente programa de contención de la pandemia.

Relató que han visto casos en los que los familiares de pacientes graves piden ayuda para que se abra un cupo y poder ingresar a sus seres queridos al centro médico.

Tan dramática está la situación que aseguró que los únicos cupos disponibles para los próximos días serán luego de que las personas graves fallezcan o que milagrosamente se recuperen.


martes, 20 de julio de 2021

El gobierno debe tomar medidas urgentes para reducir casos de Covid


Radio Progreso

Los centros asistenciales del país están colapsados, esta situación encendió las alarmas en el gremio médico, y piden al gobierno tomar medidas drásticas y urgentes para frenar la ola de contagios del Coronavirus.

En entrevista a Radio Progreso, la doctora Miriam Aguilera, sugirió que se retorne a la circulación por dígito y que se prohíba el transito durante al menos dos fines de semana, desde su punto de vista, una medida de este tipo ayudará a bajar un poco la carga de pacientes infectados.

La doctora advirtió que, si el gobierno sigue omitiendo las sugerencias de especialista en salud, deberá atenerse a un escenario más complejo del que se vive en la actualidad, pues las personas con Covid-19 hospitalizada y las muertes por la enfermedad aumentarán de forma desmedida en los próximos días.


jueves, 8 de julio de 2021

Cómo el afán de los países ricos por acaparar vacunas arruinó el esfuerzo y la inversión pública por lograr la equidad

Público.es

Por Beatriz Asuar Gallego 

Foto: Un trabajador de salud prepara dosis de la vacuna de Astrazeneca contra la covid-19, en la cuadra de Portela, una de las comparsas de carnaval más tradicionales de Río de Janeiro (Brasil). — Archivo. André Coelho / EFE]

Un informe de «No Es Sano» desgrana todas las iniciativas que realizaron los organismos internacionales y los distintos gobiernos para que las vacunas contra la covid-19 se produjeran en tan poco tiempo. Solo la inversión en investigación y desarrollo que se ha podido contabilizar llega casi a los 5.000 millones de euros.

El logro inédito de conseguir tantas vacunas contra la covid-19, tan efectivas y en tan poco tiempo, no hubiera sido posible sin la gran inversión pública y filantrópica que se realizó, tal y como desgrana un reciente informe de No Es Sano. Las autoras del estudio, Irene Bernal y Eva Iráizoz, realizan un gran repaso de todas las iniciativas que han permitido acelerar la innovación en vacunas, tratamientos y diagnósticos. Según los datos del documento, tan solo la inversión en investigación y desarrollo de este tipo en las vacunas que se ha podido contabilizar llega casi a los 5000 mil millones de euros. La mayor parte de ella, más de un 98%, es procedente de los Estados y está liderada por Estados Unidos y Alemania. Las empresas que más dinero público han recibido han sido Moderna, Janssen, CureVac y la alianza Pfizer/ BioNTech: juntos suman más de la mitad de la financiación pública contabilizada.

Esta enorme inversión pública se hizo por la necesidad de afrontar la pandemia de forma global y coordinada, aunque el resultado no ha sido tan excepcional como la ocasión lo requiere: el nacionalismo de vacunas ha enmarañado muchos de los esfuerzos. Se empezó a trabajar asumiendo que las vacunas tenían que ser un bien de acceso público global, pero ni las iniciativas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) u otras colectivos han conseguido garantizar el acceso justo a las dosis.

¿Cómo empezó todo? En informe de No Es Sano hace un gran repaso de las reuniones e iniciativas del último año. En abril de 2020 se activó la cooperación internacional en una encuentro sobre el que la OMS dijo que no había «precedentes» . Diversos gobiernos, organizaciones internacionales —como la Coalition for Epidemic Preparedness Innovation (CEPI) y la Global Alliance for Vaccines and Inmunization (GAVI)— y filántropos relevantes en la salud global suscribieron un «compromiso de colaboración para acelerar el desarrollo y la producción de nuevas vacunas, pruebas y tratamientos contra la covid-19 y garantizar un acceso equitativo a escala mundial», según dijo la OMS.

Poco después llegó una de las primeras inversiones directas de los Estados. El 4  de mayo, la Comisión Europea —con distintos Gobiernos, CEP, GAVI y otras instituciones como el Foro Económico Global o el Foro Mundial— anunció que se habían recaudado hasta 16.000 millones de euros para la inversión en vacunas y medicamentos, en otros. Fue el gran primer impulso desde el sector público desde Europa—aunque en esta recaudación también participó el sector privado—que servía para acelerar la investigación y el desarrollo de las dosis.

Pero ya antes, el 24 de abril, la OMS presentó el Access to COVID-19 Tools Accelerator (ACT-A), una estructura que reúne a gobiernos, organizaciones sanitarias, científicos, empresas, organizaciones de la sociedad civil y filántropos con el objetivo de acelerar el desarrollo y la producción de vacunas y el acceso equitativo a los mismos. Como señalan en el informe de No Es Sano, fue un gran paso que supuso el «primer compromiso público». Se construyó en torno a cuatro pilares básicos que están siendo fundamental ahora: vacunas, tratamientos, diagnósticos y fortalecimiento de los sistemas sanitarios. El pilar de las vacunas es Covax, que tiene el objetivo de garantizar un acceso justo y equitativo para todos los países y está constituido por la OMS, UNICEF, CEPI Y GAVI.

CEPI gestionó un portafolio de las vacunas candidatas ya el año pasado con el objetivo de analizar las mejores e invertir en varias de ellas para contar con varias que fueran eficaces. Así, desde CEPI se financiaron las vacunas de AstraZeneca, Novavax, Inovio, CureVac y Moderna, entre otras. Mientras que GAVI trabaja en la parte que gestiona la compra anticipada de las vacunas en nombre de los países participantes. Hay 192 países en COVAX y son 92 los llamados «elegibles», los que deben ser los principales beneficiarios de las vacunas a través de donaciones de este mecanismo por ser países de renta baja que no tienen acceso a las vacunas como los de renta media y alta. Cabe señalar que entonces Estados Unidos, bajo el Gobierno del ultraderechista Donald Trump, no participaba en Covax.

Según el informe, hasta la fecha, GAVI tiene acuerdos con seis farmacéuticas, AstraZeneca, Novavax, Pfizer, Janssen, Sanofi/GSK y Moderna, además de un contrato con el Serum Institute de India (SII) para producir dos vacunas, la de AstraZeneca y la de Novavax. El total de acuerdos firmados garantiza unos 1500 millones de dosis que esperan ampliar a más de 2000 millones de dosis para cumplir con el objetivo de alcanzar el 20% de la población vacunada en los países elegibles en 2021. También cuenta con la posibilidad de que los países autofinanciados puedan donar un 5% de sus vacunas asignadas en el reparto —España ya ha manifestado su compromiso de hacerlo—. Pero este objetivo no se va a conseguir. Pero los resultados se han quedado muy lejos de los objetivos: solo ha administrado un tercio de las dosis que se comprometieron en marzo. 

¿Por qué no sirvieron estos esfuerzos?

A la vez que se hacían estos compromisos públicos, los países comenzaron a asegurarse sus vacunas a través de acuerdos bilaterales o de compras centralizadas, como es el caso de la UE. Estos acuerdos sirvieron para asegurar millones de vacunas y financiar fases de investigación, así como atender necesidades de producción y distribución que permitieran responder a los compromisos adquiridos, pero también para impedir el acceso a las vacunas a los que menos podían pagar ya que cada dosis ha costado un precio distinto para cada Estado. El nacionalismo se extendió también a la propia financiación de la I+D cuando gobiernos, como los de EEUU y de países de la UE, invirtieron prioritariamente en compañías nacionales de manera directa o a través de las compras avanzadas.

A fecha de mayo, EEUU se había asegurado más de 1200 millones de dosis. La Comisión Europea, 1885 millones de dosis, con la posibilidad de añadir 1000 millones adicionales.

¿Qué es lo que falla? La limitada producción de las vacunas y el monopolio de las farmacéuticas. El objetivo de llegar en torno a los 11 mil millones de dosis, según investigadores de la Universidad Duke, que serían necesarios para cubrir al 75% de la población mundial, asumiendo dos dosis por vacuna. Los últimos datos de abril de la OMS dicen que se han administrado 2.000 millones de dosis. Es un número bajo para la situación actual, pero aún un problema más grande si se mira la distribución. En los países ricos ya se planea la inmunización de los menores mientras en otros no han recibido ni una dosis ni los mayores ni los sanitarios de primera línea. 

Ante el proceso tan desigual de vacunación, han surgido más propuestas. Una de ellas fue el COVID-19 Technology Access Pool, más conocido como C-TAP, una iniciativa global impulsada a finales de mayo de 2020 por la OMS a petición del Gobierno de Costa Rica. Su objetivo es crear un repositorio voluntario para compartir el conocimiento, los datos y la propiedad intelectual, facilitando procesos de transferencia de tecnología —en términos de no exclusividad— a productores de todo el mundo. Hasta este mes de mayo no había recibido ninguna aportación. Fue España el país que estrenó la plataforma: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha registrado aquí la tecnología de un test de anticuerpos para que puedan ser fabricados en África y otros países en vías de desarrollo.

Sin embargo, que tras un año de trabajo desde esta plataforma no se hayan recibido más apoyos, es una noticia negativa y que muestra que hacen falta más propuestas para cambiar el escenario actual porque, de seguir así, las farmacéuticas las únicas que se beneficiarán de la iniciativa pública al mismo nivel que si hubiera sido privada: marcando todo el proceso de producción y distribución según los intereses comerciales.

Las autoras del informe, así como defienden los países que piden liberar las patentes como India y Sudáfrica, defienden que los intereses de las farmacéuticas están provocando que la producción de las vacunas se concentre geográficamente en países de renta alta, pero que existe una «potencial capacidad de producción en países de Asia, América Latina y África que está siendo desaprovechada». Una capacidad perdida que está costando vidas.

@BEAASUARGALLEGO


martes, 22 de junio de 2021

Covid-19 evidencia que la salud humana y del planeta van de la mano


IPS Noticias

Por Marina Aizen 

Fuentes: IPS [Infografía: Pablo Omar Iglesias /PxP]

Ahora que varios países de América Latina enfrentan una nueva ola de covid-19, volvemos a sentir cuál es el costo terrible de la pandemia: no solo en vidas, que es algo irrecuperable, sino también en dinero.

Los expertos calculan que prevenir futuros desastres como el causado por este virus de origen zoonótico es cien veces más barato que insistir en el actual modelo basado en la destrucción de la naturaleza, que es el que está detrás de la emergencia de patógenos con capacidad de globalizarse.

Hay unos 1,7 millones de gérmenes conviviendo con mamíferos y aves en todo el mundo. Y una gran mayoría de ellos nos puede infectar si entramos en contacto con las especies que los portan en ambientes silvestres.

Ya no quedan lugares lo suficientemente remotos porque estamos todos conectados por el comercio y el tránsito de personas. O sea que si Brasil, Paraguay o Argentina destruyen sus bosques, o si China avanza con sus planes de urbanización en áreas salvajes, no es un mero asunto interno, de soberanía de cada uno de estos países.

Los virus viajan: ya lo vemos. La división de nacionalidades son simples categorías humanas. Estamos unidos biológicamente, de la misma manera en que estamos contenidos dentro de un solo planeta, con una atmósfera. Nadie se salva.

La situación mundial es más crítica de lo que se asume, porque ya trasvasamos todos los límites planetarios y no tenemos muchos más lugares para seguir expandiéndonos.

Según el informe de 2019 de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, en inglés), el organismo científico que estudia el estado de la biodiversidad mundial, 75 % de la superficie terrestre ya ha sido transformada.

La paradoja es que arrasamos la vida con toda su compleja historia evolutiva para producir un puñado de animales cuya cría hemos dominado y para plantar un par de especies vegetales que apenas podemos contar con los dedos de la mano.

“Commoditización” de la naturaleza

Un buen ejemplo esto lo vemos en Argentina, sobre todo en el Gran Chaco Americano, el segundo sistema boscoso en tamaño y biodiversidad de América latina, detrás de la Amazonia, un mundo riquísimo de árboles y animales únicos, un patchwork de culturas ancestrales.

Se han perdido más de ocho millones de hectáreas de este bello ecosistema, de donde salen el quebracho y el tatú carreta, en solo tres décadas. ¿Y para qué? Para vender soja con agroquímicos que, convertida en harina, será exportada por la hidrovía para alimentar en granjas esparcidas por Europa desde salmones y pollos a vacas y cerdos.

¿Vale la pena cambiar osos hormigueros por salchichas, para que el Estado cobre retenciones? ¿Aún a costa de posibles enfermedades y más muerte?

Este proceso de “commoditización” de la naturaleza se reproduce a escala mundial. Y por eso hay tantos frentes calientes abiertos en materia sanitaria.

Antes de la covid, habíamos visto viajar en barco o en avión a otros virus, que dieron la vuelta al globo a veces de manera que resulta difícil entender.

Un ejemplo de esto sucedió en 2016, cuando el mundo quedó espantado por unas imágenes que llegaban desde Brasil con unos bebés que nacían con el cráneo deformado, una patología causada por una enfermedad desconocida hasta entonces: el zika.

Antes de tener nombre de virus, zika era solo una selva de Uganda, muy densa hace 50 años. Sin embargo, se fue desmontando de a poco y el lugar que fue un bosque tupido y frondoso, quedó raleado por la agricultura. El subproducto fue la emergencia de un patógeno que llegó a América latina vía China. Así que el vector del germen no solo fue el mosquito: también lo fue el comercio.

Futuras y peores pandemias

Los científicos advierten que la próxima pandemia puede ser todavía más seria, porque se están desmontando complejísimos sistemas tropicales para plantar café, cacao, azúcar, palma para hacer aceite, o para criar vacas o cerdos.

Mucha comida barata, que es mala para la salud. Y que, además, nos damos el lujo de desechar:  30% va al cubo de basura. ¿Eso es desarrollo?

“La deforestación rampante, la expansión descontrolada de la agricultura, la cría intensiva de animales, el desarrollo de la infraestructura, así como la explotación de animales silvestres han creado una tormenta perfecta para el desborde de enfermedades”, concluyeron hace poco un grupo de científicos internacionales, entre ellos Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, una organización que estudia la emergencia de patologías.

“Las futuras pandemias posiblemente sucedan con mayor frecuencia, se dispersen más rápidamente, tengan mayor impacto económico y maten a más gente sino somos lo suficientemente cuidadosos con las decisiones que tomamos”, añade.

En el proceso de comernos al mundo no sólo desplazamos animales increíbles, como orangutanes o jaguares. También pasa algo que vemos con claridad en muchos países de América Latina: que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Nunca brilla el oro que, se supone, nos tiene que salvar. Este es un sistema transmite enfermedades y reproduce injusticia.

No es culpa del murciélago

Todavía no se ha determinado cuál fue el origen exacto del virus SATS-CoV-2 que causa la covid, aunque probablemente provino de un murciélago en algún bosque del Asia.

El sistema inmunológico de los murciélagos les permite convivir paralelamente con una gran carga viral, mientras están amuchados el uno con el otro en espacios cerrados como cavernas, intercambiando fluidos corporales todo el tiempo.

Como toda especie en la Tierra, cumplen una función esencial en los ecosistemas, como la de la polinización, sin la cual no tendríamos comida. El problema es cuando entramos en contacto con ellos, ya sea abriendo rutas o poniendo granjas de animales.

“Las infecciones virales siempre han sido parte de la naturaleza, pero esta pandemia fue creada por nosotros, o mejor dicho, por nuestro modelo de apropiación de la naturaleza. Estamos avanzando sobre ecosistemas en donde nunca antes hubo contacto estrecho y frecuente entre las personas y animales silvestres», dice una carta firmada por investigadores de la argentina Universidad Nacional de Córdoba.

«Lo hacemos, por ejemplo, al deforestar, al abrir caminos a través de bosques, selvas y humedales, y al establecer poblaciones humanas, generalmente en condiciones precarias, en fronteras forestales y mineras”, indican los investigadores, encabezados por la prestigiosa ecóloga Sandra Díaz.

Y agrega: “Ahí los animales silvestres entran en contacto con los animales domésticos y con la gente, todos en condiciones de alta vulnerabilidad, frecuentemente inmunodeprimidos. Bajo estas condiciones, es muy fácil que los virus muten e invadan nuevas especies, salen a otros animales silvestres cautivos a los animales domésticos y a las personas».

«El resto lo hace la globalización del tránsito de mercancías y personas, la persistencia de focos de pobreza, el hacinamiento y la vulnerabilidad en muchas regiones no cercanas a la fuente original del virus, como ocurre en nuestro país”, asegura.

Una salud

La pandemia de covid abrió el debate sobre la necesidad de enfocar nuestras economías bajo el precepto de “una salud” y derribar así el paradigma de desarrollo versus naturaleza.

Algo de esa discusión movió el amperímetro internacional. Se notó con la aparición de compromisos todavía alarmante débiles de reducción de emisiones de gases que causan el cambio climático, que, dicho sea de paso, es otro propagador de enfermedades terribles. Te regalo las enfermedades en un mundo con una subida de 3°C de la temperatura respecto de la era preindustrial, que es al que parecemos estar marchando con paso firme y seguro.

Sin embargo, en América Latina, donde tenemos científicos de porte internacional que nos advierten sobre los peligros de destruir la naturaleza con un lenguaje como el que usaría la activista sueca Greta Thunberg, estamos muy lejos aún de entender las dimensiones que este desatado capitalismo angurriento ha infligido en nuestra vida.

Lo vemos en la agenda política todos los días: más minería, más agricultura, más desmonte y más hidrocarburos con vergonzosos subsidios estatales. Una manera explícita de seguir en el camino a la autodestrucción y con más virus. O mutamos nuestra cabeza o los virus mutantes nos llevarán puestos.

La ideología de que hay que sacrificar a la naturaleza en nombre del desarrollo está tan arraigada que hasta la tenemos incorporada en el lenguaje cotidiano. Hablamos de “recursos naturales”, como si los humanos fuéramos algo distinto del mundo que nos rodea y la naturaleza, una mercancía que sólo sirve para comerciar y lucrar.

A quienes se opongan a esta narrativa, que para los pueblos originarios es un sacrilegio, se lo tildará de “ambientalistas bobos”, aunque el costo de arrasar ecosistemas esté allí, mordiéndonos en la propia carne.

Este artículo es parte de un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América latina, que IPS publica por un acuerdo especial con PxP.


jueves, 17 de junio de 2021

Lluvia de críticas contra el gobierno por retrasar la aplicación de la segunda dosis de la vacuna contra el Covid


Radio Progreso

A través de un comunicado, la Secretaría de Salud, informó que las personas que se vacunaron contra la Covid-19 a inicios del mes de mayo, recibirán su segunda dosis hasta el mes de agosto. Es decir, tres meses después de la primera.

El doctor Marco Girón, especialista en salud pública, dijo en Radio Progreso que, en el fondo, el gobierno busca justificar que no tienen la segunda dosis de la vacuna, lo que demuestra la incapacidad gobierno para gestionar y manejar bien la pandemia.

Los especialistas se preguntan cuál es la justificación para dicho atraso porque científicamente no se ha comprobado que entre más se tarde la segunda dosis mayor efecto de protección tendría, tal y como lo señala el gobierno.

El retraso en aplicación de segunda dosis es una estrategia de la Secretaría de Salud para ganar tiempo porque ya no hay vacunas, señala el doctor Fidel Barahona, otro especialista en salud pública.

Las nuevas variantes de la Covid-19 mantienen preocupados a los médicos en Honduras. Frente a un lento proceso de vacunación, el peligro para el país es enorme, dijo en Radio Progreso el doctor Carlos Umaña, Presidente de la Asociación de Médicos del Seguro Social en San Pedro Sula.

Umaña aseguró que el problema de tener una sola dosis de la vacuna es que no se logra inmunidad alguna. Y cuando se separa mucho el tiempo de la aplicación de las mismas, se corre el riesgo que no se adquiera inmunidad. Esa situación frente a las nuevas variantes es extremadamente peligrosa, advirtió.


martes, 8 de junio de 2021

Solo 352 mil dosis de la vacuna contra el Covid 19 han sido aplicadas en Honduras


Radio Progreso

La jefa del Programa Ampliado de Inmunizaciones, PAI, Ida Berenice Molina, en una comparecencia de prensa, aseguró que, hasta el 31 de mayo, en Honduras se habían aplicado más de 352 mil dosis de la vacuna contra la Covid-19.

Molina afirmó que, entre febrero y mayo, han recibido 509 mil dosis de la vacuna contra el Coronavirus, cantidad que durante junio aumentará a 949 mil.

Descontrol

Honduras inicia la mitad del año sin lograr controlar los casos de covid-19. La doctora Miriam Aguilera, vocera del Colegio de Microbiólogos de Honduras, dijo en Radio Progreso que los casos no han descendido y al contrario han incrementado.

La experta explicó que, en los primeros cinco meses del 2021, se sobrepasará hasta en un 30% el total de casos en comparación con los registrados durante todo el 2020.


lunes, 7 de junio de 2021

Vacíos en la Ley Electoral violentan el derecho a elegir en Honduras


Radio Progreso

El artículo 213 de la Ley Electoral establece que, “en caso de renuncia o muerte de un candidato inscrito, la autoridad partidaria deberá realizar el reemplazo correspondiente”, en otras palabras, queda a discrecionalidad de los partidos políticos elegir quienes son los candidatos, pese a que la ciudadanía ya eligió a sus candidatos en un proceso electoral primario que le cuesta al Estado de Honduras cientos de millones de lempiras.

Pero ese irrespeto al derecho ciudadano de elegir no es algo nuevo, ya estaba contemplado en la Ley Electoral desde 2004, solo que en las recientes reformas fue incluido de manera más clara. La práctica es que muchos diputados son electos y después se les quita la diputación para ser nombrados en otros cargos públicos.

Un claro ejemplo es la reciente renuncia del candidato a diputado por el Partido Nacional en Atlántida, Ramón Antonio Leva Bulnes, quien se supone sería nombrado en un cargo diplomático en los próximos días. En su lugar se inscribió al ex ministro de finanzas, Marco Antonio Midence Milla, a quien se le da la primera posición en la planilla de diputados por el departamento de Atlántida.

El secretario del Consejo Nacional Electoral, Alejandro Martínez, dijo en Radio Progreso que no entiende por qué los medios de comunicación hacen un escándalo sin sentido sobre ese artículo, porque no es novedad y no altera el proceso electoral.

Por su parte, el Director del Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, Luis León, manifestó que en Honduras los vacíos de la Ley Electoral continuarán irrespetando el derecho que tiene la gente a elegir, porque siempre serán los partidos políticos, especialmente los mayoritarios, quienes impongan a sus candidatos.

León no descartó que esos vacíos sean aprovechados por el cuestionado presidente Juan Orlando Hernández, porque no existen sanciones jurídicas para quienes violenten la Constitución de la República.


viernes, 4 de junio de 2021

¿Volverán los locos años veinte?


Sin permiso

Por Michael Roberts 

Los últimos datos sobre la recuperación económica en China y EEUU sugieren que ambas economías deberían volver a los niveles de producción nacional previos a la pandemia o por encima de estos a finales de este año (en el caso de China probablemente un 10% por encima).  Se ha renovado el optimismo de que la depresión pandémica puede revertirse rápidamente.  

Keynesianos como Larry Summers y Paul Krugman han argumentado ya que la economía de EEUU se recuperará rápidamente porque la crisis del COVID se parece al cierre estacional de los sitios turísticos en los complejos vacacionales durante el invierno. Una vez que llega el verano, las empresas de servicios vuelven a abrir y las economías vuelven a funcionar a medida que las flores florecen.

Como lo expresó un think-tank de economía ortodoxa: “Juntas, estas mejoras en las perspectivas han llevado al fondo a predecir que, en su conjunto, las economías avanzadas perderán menos del 1% de la producción ya en 2024 en comparación con su pronósticos previo a la pandemia, un resultado que parecía apenas plausible en octubre pasado. Estados Unidos está en la cima del grupo y ahora tiene pronósticos que muestran que está en vías más sólidas que antes de la pandemia, pero otras economías avanzadas no se quedan atrás en el medio plazo».

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miércoles, 26 de mayo de 2021

Periodistas se preparan para recibir la vacuna contra la Covid 19


Radio Progreso

Las autoridades de la Secretaría de Salud y del Colegio de Periodistas de Honduras, oficializaron que los comunicadores empezarán a ser inmunizados desde el próximo domingo.

La Secretaria de Salud, Alba Consuelo Flores, dijo que el proceso será ordenado y secuencial y se hará en coordinación con el Colegio de Periodistas y los medios de comunicación.

Se espera que los medios terminen de enviar los listados del personal prioritario y con enfermedades de base que están reporteando en la calle, y luego recibirán una cita con fecha y horario para que se aplique la dosis.

El Presidente del Colegio de Periodistas, Osman Reyes, manifestó que la medida es necesaria porque los comunicadores sufren exposición diaria por mantener informada a la ciudadanía.


Verdad en una época confusa


Rebelión

Por Ignacio Escañuela Romana 

Existe una sensación persistente de confusión: de múltiples opiniones y relatos que impiden formar una idea clara de hechos y alternativas. Conforme acumulamos las fuentes accesibles por internet y las redes y media donde ver, oír y leer, más difícil se hace formarse una idea clara y coherente de los hechos. Sin embargo, una democracia se basa en la información plural y veraz, ya que, sin ésta, los electores no pueden tomar decisiones como sujetos de plenos derechos políticos; ni los partidos, grupos o ciudadanos que se presenten a las elecciones tienen posibilidad de ver reflejadas sus alternativas.

Entendamos que la democracia es un sistema cuyo objetivo es solucionar el conflicto social y político a través del debate y el voto. Luego implica, por un lado, un esfuerzo de todas las partes para definir, en su beneficio, la agenda pública de problemas y soluciones; y, por el otro lado, la elección mayoritaria entre las opciones existentes. Estos dos elementos entran en conflicto a menudo. En definitiva, el poder es la capacidad que tenemos de hacer que otras personas hagan lo que nosotros queremos, incluso contra sus propios intereses. Es muy eficaz un poder que se expresa haciéndonos partícipes: que lo defendemos como propio, aunque nos sea ajeno.

Ahora bien, la clave de la democracia, en términos filosóficos, es la incertidumbre epistemológica (salvo la certeza de que no podemos quitar derechos y libertades fundamentales): no sabemos quién tenga razón con seguridad, votar no es dar la verdad a un artículo científico, no es una prueba por confirmación o falsación.

Pero el voto y la participación, las libertades políticas y de expresión y manifestación no pueden ser reales si no conocemos el marco. La información plural y veraz significa que el marco de los hechos es cierto y es aceptado (Arendt) y, entonces, sobre ese escenario, se dan las opiniones e interpretaciones. Tal y como recoge Arendt como anécdota, Clemenceau afirmó sobre el inicio de la Gran Guerra: los historiadores “seguro que no podrán decir nunca que Bélgica invadió Alemania”. Claro que la imagen de Trotski fue borrada en una famosa foto junto a Lenin. En este caso, lo sabemos. Pero ¿es siempre así?

¿Sabemos los datos? Por ejemplo, debemos conocer la distribución de riqueza en la sociedad para plantear qué políticas de redistribución deseamos. Ahora bien, Norton y Ariely hicieron un interesante estudio (Building a Better America—One Wealth Quintile at a Time, 2011, Perspectives on psychological science) donde demostraban que la mayoría de las personas desconoce, y mucho, hasta qué punto nuestras sociedades son desiguales (creen que son más equitativas), y proyectan una distribución ideal que no se cumple. Pero entonces el voto que emiten está condicionado por una percepción errónea de hechos. O, igualmente significativo, ignoramos quién tiene la propiedad de los medios de comunicación de masas a cuya influencia estamos sometidos. Entonces, los hechos pueden ser conocidos, mas, simplemente, no los sabemos. ¿Por qué es esto así?

Bradshaw y Howard (2019, The global disinformation order: 2019 global inventory of organised social media manipulation) explican cómo cada vez, en más países, se dan campañas de manipulación a través de los medios: por un partido o una agencia gubernamental. Por supuesto, el uso es sistemático en muchos regímenes autoritarios, como modo de suprimir derechos humanos fundamentales y atacar a la posible oposición política. Se incluyen, además, manipulaciones desde Estados extranjeros.

Asimismo, en España, en los Estados Unidos, en fin, en todas las sociedades democráticas que conocemos, los grandes medios de comunicación son propiedad de grandes fortunas y grandes grupos empresariales. A lo que se suma la influencia que produce depender de la publicidad. Asimismo, nacidas para una expresión directa e individual, las redes sociales se someten a la acción de cuentas mercenarias y programas informáticos: el impacto de grupos que quieren influir decisivamente en la opinión pública.  Todo el conjunto de acciones de los medios ha sido estudiado y se conocen cuestiones como la siguiente reflexión: “La predilección de los principales medios de comunicación por el sensacionalismo, la necesidad de novedad constante y el énfasis en las ganancias sobre la responsabilidad cívica los hizo vulnerables a manipulación estratégica” (Marwick y Lewis, Media manipulation and disinformation online, 2017, p. 47).

Abundando en lo ya apuntado, una campaña electoral no debe basarse en negar los hechos, sino en presentar diferentes soluciones a partir de ese estado de cosas. Pero no puede haber alternativa política significativa si los hechos no se conocen y sólo tenemos confusión. La elección racional no es posible a partir de esa situación. ¿Cuáles son las ideas fundamentales en discusión?, ¿en qué se diferencian?

No hay varitas mágicas para lograr un mundo donde el marco de los hechos sea ampliamente conocido y no pueda ser negado, donde los medios de comunicación y redes sociales no sean objeto de esfuerzos sistemáticos para lograr la desinformación. Pero termino este artículo con algunas propuestas que pueden ser simplemente positivas. La primera, es crear y tener medios públicos de información, sobre los que se asegure un control plural por todas las fuerzas políticas significativas (y un posterior control jurisdiccional). Un ejemplo lo tenemos en la Organización Mundial de la Salud y los esfuerzos continuados que está haciendo para luchar contra los bulos sobre el virus Covid. Pero aquí es preciso ser muy cautos, para evitar la creación de una verdad política oficial. Sólo los datos pueden ser defendidos siempre. La opinión queda bajo la incertidumbre epistemológica. No que el medio público tenga una verdad dogmática: sino que ofrecería datos para quien quisiera tenerlos.

En segundo lugar, debería existir un registro público de intereses acerca de los medios de comunicación y de las empresas que ejercen influencia sistemática en redes sociales. Es posible, asimismo, crear leyes antimonopolio particularmente estrictas en este campo: para garantizar la pluralidad. Finalmente, es de seguridad nacional que no haya influencia sistemática de otros países que busquen crear corrientes de opinión para influir en unas elecciones. A todo ello se añade un esfuerzo para la educación en la racionalidad crítica y los derechos y libertades.

En fin, hace más de doscientos años que Kant reclamó, bajo la pancarta de “Sapere Aude”, atrévete a saber, la salida de la minoría de edad del ciudadano: que comenzase a pensar, opinar y decidir por sí mismo, frente a cualquier influencia. Sin embargo, múltiples poderes de información luchan diariamente por utilizar todos los medios para imponer ideas externas, para condicionar en definitiva la opinión y el voto. Arendt nos dice: “En términos conceptuales, podemos llamar verdad a lo que no logramos cambiar” (Verdad y Política). Es ahora una prioridad defender el derecho a saber de todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas.


Qué sabemos de las infrecuentes y raras trombosis asociadas a las vacunas


Público

Por Alberto Sicilia

Apenas un año después de que se desatase la pandemia tenemos ya cuatro vacunas diferentes aprobadas en Europa. Este milagro científico se ha visto algo empañado en las últimas semanas por los mensajes y decisiones algo confusas sobre algunos casos de trombosis extremadamente raros asociados a las vacunas de AstraZeneca y de Janssen.

En este post os propongo que veamos en primer lugar las probabilidades con las que se producen esas trombosis y exploremos luego los mecanismos biológicos de este fenómeno.

Poniendo las probabilidades en contexto: 1) La vacuna de AstraZeneca

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) publicó el 7 de abril un análisis explicando que existe un posible vínculo entre algunos casos de trombosis «extraordinariamente raros» y la vacuna de AstraZeneca. El análisis de la EMA consideraba 86 casos de trombosis (18 de los cuales acabaron en fallecimiento) entre 25 millones de dosis administradas en Europa hasta el 22 de marzo. En una rueda de prensa el 20 de abril actualizó la cifra hasta los 142 casos en Europa y 287 en todo el mundo entre quienes recibieron la vacuna hasta el 4 de abril.

La Agencia del Medicamento Británica estima que la trombosis asociada a la vacuna de AstraZeneca aparece en alrededor de 4 personas por cada 1 millón de dosis administradas.

Comparemos esta probabilidad con los 1.600 fallecidos por cada 1 millón de habitantes por covid en nuestro país.

Poniendo las probabilidades en contexto: 2) La vacuna de vacuna de Janssen

El día 13 de abril los reguladores estadounidenses paralizaron el uso de la vacuna de Janssen para revisar 6 casos de trombosis (entre los que una persona falleció) después de que 6,8 millones de dosis hubiesen sido administradas.

En este caso el riesgo de trombosis sería de alrededor de 1 caso por cada 1 millón de dosis, muy por debajo de las probabilidades de fallecer por covid.

¿Y qué hay de las otras vacunas como la de Pfizer y la de Moderna?

La EMA anunció en la rueda de prensa del 20 de abril que también había recibido 25 notificaciones de trombosis después de la vacuna de Pfizer y 5 en el caso de Moderna, pero que estos números eran muy pequeños y no se diferenciaban estadísticamente del número de casos esperados entre la población aunque nadie se hubiese vacunado.

¿Qué son los trombos sanguíneos?

Un trombo sanguíneo es una pequeña masa de sangre que se vuelve sólida y forma un «tapón» que impide la circulación normal en una vena o arteria.

¿Importa la zona del cuerpo donde se forme el trombo?

Sí. Por ejemplo, una trombosis del seno venoso cerebral (CVST por sus siglas en inglés) impide la normal retirada de la sangre del cerebro y en algunos casos puede ser mortal.

Una trombosis venosa esplénica (SVT por sus siglas en inglés) ocurre en el abdomen y afecta a la circulación de la sangre entre los órganos del aparato gastrointestinal.

El análisis inicial de la Agencia Europea del Medicamento sobre la vacuna de Astra Zeneca incluía 62 casos de CVST y 24 casos de SVT.

En el caso de la vacuna de Janssen, los 7 de los 8 casos notificados corresponden a CVST.

Estas trombosis tienen una característica muy particular y eso ha dado una pista a los investigadores 

Además de la trombosis, en estos pacientes también se detecta un nivel muy bajo de plaquetas en la sangre: una afección llamada «trombocitopenia».

Normalmente las trombosis no se dan a la vez que las trombocitopenias. Esta combinación de trombosis y trombocitopenia se parece a un efecto (también extraordinariamente raro) que aparece en algunas personas tratadas con un anticoagulante llamado heparina.

En dos artículos publicados en el New England Journal of Medicine, médicos alemanes, austriacos y noruegos explican que los pacientes presentaban niveles muy altos de anticuerpos frente a una proteína que secretan las plaquetas (llamada «factor plaquetario 4»).

Es decir: algo extraño ocurre con el sistema inmune que se pone a atacar a células a las que no debería atacar.

¿Cuál es el mecanismo biológico por el que las vacunas producen esta extraña reacción en algunas personas?

Esta es una pregunta para la que los científicos aún no han encontrado respuesta.

Una pista que se investiga tiene que ver con las características que comparten la vacuna de AstraZeneca y la vacuna de Janssen: ambas utilizan un adenovirus para transportar hasta nuestras células el pedazo de material genético del coronavirus con las que entrenar al sistema inmunitario.

Las vacunas de Pfizer y Moderna usan una tecnología diferente.

Pero el adenovirus que utiliza AstraZeneca (un adenovirus modificado de chimpancé) es diferente del adenovirus en la vacuna de Janssen (un adenovirus humano del llamado serotipo 26). Así que habrá que seguir investigando por qué estas vacunas desencadenan la reacción en algunas personas.


lunes, 24 de mayo de 2021

Advierten que al paso que se avanza, Honduras tardará 7 años en acabar con la pandemia


Radio Progreso

El personal de salud sigue lamentando la lentitud con la que avanza el proceso de inmunización contra el coronavirus en Honduras, esto a criterio de los especialistas, se debe a la mala gestión del Gobierno central.

Sólo un pequeño porcentaje de la población, personal médico y mayores de edad, han sido inmunizados con la vacuna anticovid-19.

“Así como estamos manejando las vacunas, un día sí y un día no, un poquito por acá y otro poquito por allá, nos vamos a tardar entre 7 a 8 años en el que podamos, científicamente, decir que ya está controlada la pandemia porque ya está vacunado entre el 75 y 80% de la población que tiene la posibilidad de infectarse con la Covid-19”, dijo en Radio Progreso el doctor Denis Chirinos.

El epidemiólogo Fidel Barahona cuestionó el papel del gobierno en las gestiones para adquirir las vacunas. Dijo que los atrasos presentados en varios centros de inmunización como la falta de jeringas o que las dosis vienen incompletas sólo dan la razón a quienes afirman el mal manejo de la pandemia.

“Refleja lo mal que andamos en la planificación. Si en la práctica usted tiene todo ese tipo de situaciones es porque improvisaron en muchas cosas y eso ha sido la muleta que este gobierno ha tenido”, dijo Barahona.

Miriam Aguilera del Colegio de Microbiólogos de Honduras demandó del gobierno no quedarse de brazos cruzados sino acercarse a los gobiernos amigos y a organismos que puedan agilizar la adquisición de las vacunas.

“Tuvo que haberse hecho con anticipación porque todos los países hicieron sus arreglos y sus convenios desde el año anterior, si ahora ya se cuenta con el financiamiento creo que hay que hacer gestiones con los gobiernos amigos y con otros diplomáticos como Japón, Canadá, el mismo Estados Unidos”, dijo Aguilera.


miércoles, 19 de mayo de 2021

Mayo podría ser el mes con más muerte por el Covid 19


Radio Progreso

Según el Presidente los médicos del Seguro Social de San Pedro Sula, doctor Carlos Umaña, mayo puede convertirse en el mes más catastrófico de la historia de Honduras, por el número de personas que están falleciendo producto de la Covid-19.

Según la asociación de funerarias en Honduras, en los primeros 8 días de mayo, unas 420 personas murieron por Covid-19 en el país, reflejando que a diario 52 personas están perdiendo la vida ante el virus, lo que significa que el mes lo podrían cerrar con más de mil 700 muertes.

El doctor Umaña dijo en Radio Progreso que Honduras necesita un golpe de timón en el manejo de la pandemia, una política transparente en el manejo de los recursos y una ciudadanía que se tome en serio las medidas de bioseguridad, porque al gobierno no le interesa la vida de la gente.


EEUU apoya suspender las patentes de las vacunas anti-COVID

El Diario

Por Icíar Gutiérrez 

Foto: Varios viales de AstraZeneca en un laboratorio del Serum Institute de la India. Rafiq Maqbool / AP / Gtres

Katherine Tai, representante de Comercio Exterior, ha anunciado el apoyo de la administración Biden a la exención de la protección de la propiedad intelectual en las vacunas contra la COVID-19, una medida a la que EEUU llevaba meses oponiéndose. La OMS califica la decisión de «histórica»

Estados Unidos apoya la suspensión temporal de la protección de la propiedad intelectual en las vacunas contra la COVID-19. El cambio de posición ha sido anunciado este miércoles Katherine Tai, representante de Comercio Exterior, que ha hecho público el respaldo de la administración Biden a la medida, defendida en la Organización Mundial del Comercio (OMC) por decenas de países, principalmente empobrecidos, que argumentan que puede ayudar a expandir el acceso a las vacunas.

«Estos tiempos y circunstancias extraordinarios exigen medidas extraordinarias», ha dicho en Twitter. «Estados Unidos apoya la exención de la protección de la propiedad intelectual en las vacunas contra la COVID-19 para ayudar a poner fin a la pandemia y participaremos activamente en las negociaciones en la OMC para que eso suceda».

«El Gobierno cree firmemente en las protecciones de la propiedad intelectual, pero en aras de poner fin a esta pandemia, apoya la exención de esas protecciones para las vacunas COVID-19», reza el comunicado compartido por Katherine Tai.

Hasta ahora, EEUU, como otros países ricos, entre ellos el bloque de la Unión Europea, Japón o Canadá, se habían opuesto sistemáticamente a la medida, propuesta el pasado octubre por India y Sudáfrica en la OMC, a favor de una exención temporal de derechos de propiedad intelectual, entre ellos las patentes, de vacunas y otros productos contra la COVID-19.

Sin embargo, la presión por parte organizaciones de la sociedad civil, expertos y líderes mundiales hacia los Gobiernos y las farmacéuticas ha sido cada vez mayor, a medida que el virus hace estragos en lugares como India y la escasez y la desigualdad en la distribución de las vacunas continúa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha venido abogando por la medida. Según sus datos, hasta ahora, se han administrado más de 1.100 millones de dosis en todo el mundo, pero más del 80% de ellas se han administrado en países de renta alta y media-alta, mientras que solo el 0,3% se ha administrado en países de renta baja. 

El debate en la OMC llevaba meses estancado, con posiciones muy alejadas entre decenas de naciones, principalmente del sur, que apoyan la medida sugiriendo que podría ayudar a aumentar el suministro, y un grupo de miembros, principalmente aquellos con industrias farmacéuticas y biotecnológicas importantes, que se habían negado hasta ahora.

«Llevará tiempo»

Las medidas en la OMC se adoptan por consenso de todos los miembros, por lo que, aunque un cambio en Washington –la principal potencia económica del mundo– es importante, requiere el apoyo también del resto de países.

«Participaremos activamente en las negociaciones basadas en el texto que sean necesarias para conseguirlo. Dichas negociaciones llevarán tiempo, dada la naturaleza de la institución, basada en el consenso, y la complejidad de las cuestiones implicadas», dice Katherine Tai en el comunicado.

Tal y como está planteada la propuesta en este momento, si saliera adelante, se suspenderían de manera temporal, mientras dure la pandemia, varias provisiones del Acuerdo de los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC): derechos de autor y derechos conexos, dibujos y modelos industriales, patentes y protección de la información no divulgada.

Según informan fuentes de Ginebra, se aplicaría durante un número determinado de años, que deberá acordar el Consejo General, y hasta generalizar la cobertura de la vacunación a nivel mundial y lograr que la mayoría de la población del mundo sea inmune.

Los países impulsores de la propuesta anunciaron el viernes que revisarán el texto en un intento de conciliar posiciones. Según fuentes de Ginebra, los países impulsores de la exención (que ya ascienden a 60) no «han dado más detalles ni del alcance ni la naturaleza de la revisión, pero dijeron que se pondrán en contacto inmediatamente con otros miembros –tanto a favor como en contra de la propuesta– para encontrar un terreno común y avanzar en las discusiones».

El embajador Dagfinn Sørli de Noruega, presidente del Consejo de los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), dijo que hay razones para un «optimismo cauto», en particular tras la revisión de la propuesta.

El Consejo General, el órgano de toma de decisiones de más alto nivel de la OMC, se ha reunido este miércoles y también lo hará este jueves. Los impulsores de la propuesta han dicho que están trabajando en un calendario para discutir y distribuir el nuevo texto. Sobre la mesa está la posibilidad de reunirse en la segunda quincena de mayo. El texto revisado se presentaría entonces, según las mismas fuentes, en la reunión formal del Consejo de los ADPIC, prevista para principios de junio.

La medida se ha debatido nueve veces desde octubre, tanto de manera formal como informal. Los miembros discrepan sobre el papel de la propiedad intelectual en el acceso a vacunas y medicamentos de alta calidad, seguros, eficaces y asequibles para todo el mundo.

Las naciones a favor defienden que los retos actuales solo pueden abordarse eficazmente mediante la exención, pero algunas delegaciones siguen sin estar convencidas y otras argumentan que podría ser contraproducente. En general, las voces detractoras de la medida sostienen que una exención no sería una panacea. Insisten en que la producción de vacunas es compleja, argumentan que no se puede aumentar mediante la relajación de la propiedad intelectual, y dicen que el levantamiento de las protecciones podría dañar la innovación en un futuro.

En su giro, el Gobierno de EEUU dice que su objetivo al apoyar la medida es hacer llegar» el mayor número de vacunas seguras y eficaces al mayor número posible de personas con la mayor rapidez posible». «A medida que se asegure el suministro de vacunas para la población estadounidense, la administración seguirá intensificando sus esfuerzos –trabajando con el sector privado y todos los socios posibles– para ampliar la fabricación y distribución de vacunas. También trabajará para aumentar las materias primas necesarias para producir esas vacunas», dice Tai.

La OMS: «Es una decisión histórica»

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que ha empujado por la medida, ha sido uno de los primeros en celebrar el cambio de posición de EEUU. «Este es un momento trascendental en la lucha contra la COVID. El compromiso de apoyar la exención de las protecciones de la propiedad intelectual en las vacunas es un poderoso ejemplo del liderazgo de Estados Unidos para abordar los desafíos de la salud mundial», ha dicho en Twitter.

«Felicito a EEUU por esta decisión histórica para la equidad en vacunas, priorizando el bienestar de todas las personas en todas partes en un momento crítico. Ahora vamos a avanzar todos juntos rápidamente, en solidaridad, aprovechando el ingenio y el compromiso de los científicos que produjeron las vacunas contra la COVID-19 que salvan vidas», señala el jefe de la OMS. «El apoyo de la Casa Blanca a la renuncia temporal a la propiedad intelectual de las vacunas contra la COVID-19 refleja la sabiduría y el liderazgo moral de EEUU para apoyar la equidad en vacunas y trabajar para acabar con esta pandemia».

La Alianza Vacuna para el Pueblo, que engloba a ONG, expertos y líderes mundiales que han abogado en los últimos meses por la medida, también ha celebrado el paso de EEUU. «Esta es la decisión que el mundo necesitaba», ha dicho la coalición.

No obstante, han recalcado que son necesarias más medidas, entre ellas que las compañías fabricantes transfieran tecnología. Hasta la fecha, ningún fabricante de vacunas eficaces contra el coronavirus se ha unido al Acceso Mancomunado a Tecnología contra la COVID-19 (C-TAP) de la OMS, plataforma creada para facilitar la puesta en común de estos avances. 

«Aunque es un paso audaz hacia una vacuna popular, es un primer paso. La administración Biden debe combinar su apoyo a la exención de las normas de propiedad intelectual con la exigencia urgente de transferencia de tecnologías a través de C-TAP, e invertir estratégicamente en la fabricación en todo el mundo en desarrollo», dice la Alianza.

También, consideran que EEUU debe garantizar que la exención se aplique no solo a las vacunas, sino a todas las tecnologías relacionadas con la COVID-19. Y señalan: «La administración estadounidense del presidente Biden debe resistir la intensa presión que ahora enfrentará por parte de la industria farmacéutica para diluir los acuerdos en la Organización Mundial del Comercio, y debe garantizar que los textos de negociación se hagan transparentes y públicos».

Asimismo, piden a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la canciller Merkel, el presidente Macron y el primer ministro Boris Johnson que sigan los pasos de EEUU.

@iciar_gutierrez


martes, 18 de mayo de 2021

"Para que las vacunas sean un bien común hace falta una respuesta geopolítica que libere las patentes"


CTXT

Por Elena Parreño 

Foto: Joan Benach en una imagen reciente. Cedida por el entrevistado

Hace un año, una crisis global de salud pública sacudió los cimientos de nuestras vidas. ¿Qué ha dejado al descubierto la pandemia del coronavirus? ¿Cuán determinante es la realidad económica y social para nuestra salud? La covid-19 ha mostrado la gran vulnerabilidad humana y también las deficiencias de un sistema donde quien nace pobre sufrirá las consecuencias también en su salud. Entrevistamos al investigador Joan Benach, que ha publicado el libro La salud es política (Icaria, 2020). Benach es director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud-Employment Conditions Network (GREDS-EMCONET), subdirector del Johns Hopkins University-UPF Public Policy Center y catedrático del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra.

Hace un año de la llegada de la pandemia e inicialmente parecía un “virus democrático”.  A menudo hemos oído que afectaba a todo el mundo por igual. ¿Ha sido así?

En sí mismo, el virus puede ser “democrático”, pero las condiciones sociales de las personas y grupos sociales que lo transmiten y generan sus efectos no lo son. La palabra pandemia hace referencia a la extensión masiva de una epidemia y esto puede hacer pensar que afecta a todo el mundo. Y es cierto, pero no en la misma medida. Por tanto, hay que mirar el problema de manera diferente a como habitualmente nos lo presentan los medios de comunicación. Estamos ante una pandemia desigual, esparcida y amplificada por la desigualdad social que, como he señalado muchas veces, es la peor de las epidemias que estamos sufriendo. Por lo tanto, hay desigualdades pandémicas o, si lo queremos decir con Mike Davis, hay una “constelación de epidemias” que viene determinada sobre todo por factores socioeconómicos y sanitarios inequitativos.

Entonces ya apuntaba a las desigualdades en salud como un factor clave de los desiguales efectos de la covid-19. ¿Qué hace que las personas más pobres sufran más los efectos de la pandemia?

Casi todas las enfermedades interactúan dentro de un contexto social caracterizado por la pobreza, las privaciones materiales y desigualdades sociales crecientes. Por ejemplo, el mayor riesgo de contagio que sufren grupos de población precarizados, desahuciados, migrantes, etc. Además, estos grupos sociales tienen más dificultades para protegerse, por ejemplo, al no poder cambiar a menudo las mascarillas, y tienen más factores de riesgo y enfermedades (hipertensión arterial, obesidad, diabetes, enfermedades del corazón, etc.) que los hacen más susceptibles a que el coronavirus produzca un impacto más grave. Los estudios científicos muestran con claridad cómo los factores sociales actúan sinérgicamente aumentando la probabilidad de ser contagiado, de enfermar y morir. Es por eso que decimos que la covid-19 más que una pandemia es una sindemia. Quizá la pandemia actual se podrá resolver con medidas biomédicas, pero el coronavirus probablemente seguirá con nosotros y aparecerán nuevas infecciones y pandemias. Más tarde o más temprano frenaremos esta pandemia, pero si no somos capaces de detener las causas políticas profundas que la han originado y las desigualdades sociales, las sindemias seguirán actuando con nuevas enfermedades y problemas de salud que afectarán mucho más, como decíamos en un artículo con Juan M Pericàs, a una población “vulnerada”.

El epidemiólogo británico Dave Gordon hizo una lista de las recomendaciones que se suelen hacer en salud y que al final culpabilizan a la víctima, como no fumar o hacer ejercicio… ¿Qué capacidad de elección tenemos en nuestras condiciones de vida?

No se puede comprender –ni resolver– un problema social y colectivo como es la salud pública con una mirada que haga hincapié en los factores personales, por relevantes que estos sean. La ideología liberal nos dice que la libertad es “hacer lo que queremos”, pero no hacemos lo que queremos sino lo que podemos o nos dejan hacer. En 1999 Dave Gordon difundió un texto en forma de broma que me gusta mucho repetir. En su artículo “Consejos alternativos para tener una salud sana” criticó la visión tradicional de los gobiernos que dan consejos “asociales” de los “estilos de vida”. El decálogo de su texto decía cosas como: “No sea pobre, pero si es pobre, procure no serlo por mucho tiempo”, o bien “no trabaje en un trabajo estresante, mal pagado y precario”. Las enfermedades y la muerte prematura se dan en personas, pero determinados grupos sociales las padecen con más frecuencia. Al tener menos derechos, recursos, oportunidades o poder, nuestros grados de libertad se reducen. Cuanto más difícil es la vida familiar, laboral, etc., más probable es que se generen sacudidas y problemas de todo tipo. Por ejemplo, las adicciones no son, como muchos creen, una simple “elección” personal, sino a menudo una respuesta para aliviar algún trauma que sufrimos que nos está generando dolor emocional y sufrimiento. Vale decir que las conductas compulsivas son hoy una verdadera pandemia social, donde nos “enganchamos” a casi todo (el juego, las compras, el sexo, la comida, el trabajo, los juegos de internet, etc), mediante los móviles, las redes sociales, internet, y todo tipo de productos y servicios donde, bajo el neoliberalismo, las grandes empresas y la publicidad nos empujan a ser adictos para así conseguir hacer más ganancias.

A menudo atribuimos la buena o mala salud a elementos biológicos o genéticos, pero según explica en su libro hay muchas más causas… ¿Qué otros factores, más relevantes que nuestros genes, nos generan el tener buena o mala salud?

Más tarde o más temprano frenaremos esta pandemia, pero si no somos capaces de detener las desigualdades sociales, las sindemias seguirán actuando con nuevas enfermedades

Al mencionar las causas de la salud, los medios de comunicación difunden una visión que pone excesivamente el acento en los factores biomédicos y la genética. Tanto es así, que en los últimos años se ha puesto de moda decir: “Es parte de nuestro ADN”, o expresiones similares, al hablar de temas laborales, deportivos y de todo tipo. Los factores genéticos son relevantes para la salud, pero juegan un papel menor en la producción colectiva de la enfermedad. ¿Por qué? Pues porque hay pocas enfermedades exclusivamente genéticas y porque la biología interactúa constantemente con un ambiente, que puede o no compensar una determinada desventaja biológica o genética. Estar predispuestos no quiere decir que estemos predeterminados. ¿Por qué enfermamos? La salud de la población, la salud colectiva, depende fundamentalmente de los llamados determinantes ecosociales de la salud. Por citar algunos, la precarización laboral, la pobreza, los problemas de vivienda, las injusticias ambientales o la debilidad de la “salud pública”, aquella disciplina que tiene por objetivo prevenir la enfermedad, y proteger, promover y restaurar la salud de toda la población. A su vez, estos determinantes dependen de las políticas públicas, sociales, laborales, ambientales, etc., que se elijan y, a su vez, estas políticas dependen de la distribución del poder político en sentido amplio, es decir, de la política.

Cuenta en su libro que desde antes de nacer y hasta la muerte incorporamos en los cuerpos y mentes los determinantes políticos y sociales que más tarde expresamos en forma de salud o enfermedad… ¿Tan relevante es de dónde venimos y dónde crecemos?

Es fundamental, tanto a nivel personal y familiar, como del grupo social (clase, género, etnia, situación migratoria) al que pertenecemos y del lugar (barrio, región, país) donde vivimos. Los humanos somos “seres totales”, todo está integrado, pero el modelo biomédico hegemónico separa la mente del cuerpo, desconecta las emociones de la salud física, y separa al individuo de su entorno, de manera que las personas quedan “separadas” de sus contextos. Sin embargo, la enfermedad y la salud son el resultado de muchas causas interrelacionadas de tipo sistémico e histórico que no deberían separarse. Por ejemplo, si una mujer migrante llega a urgencias de un hospital con un infarto de miocardio, es porque su cuerpo y su mente expresa todos los problemas y factores de riesgo acumulados durante su vida que, finalmente, se reflejan en su psicología y en su biología. Su historia personal es también la historia de su clase social, de su género, de su situación migratoria, y del colectivo social, comunidad y país al que pertenece.

La evolución de las ciencias lleva a una creciente superespecialización que, a pesar de ser útil y necesaria, a la vez nos hace difícil comprender de forma completa la realidad “integrada” que va desde los genes hasta la política. Como si de un virus se tratara, lo político y lo social “entra” dentro de nuestros cuerpos y se “expresa” en forma de daño psicobiológico mediante enfermedades, sufrimiento y muerte prematura. Aunque hay excepciones, los estudios de epigenética muestran que no somos “máquinas biológicas” aisladas de la sociedad donde hay efectos genéticos inevitables, sino animales sociales fuertemente condicionados por el entorno. Pongamos un ejemplo ya clásico. Durante el hambre invernal holandesa de 1944 provocada por los nazis al desviar los alimentos hacia Alemania, las mujeres embarazadas apenas si tenían casi alimentos. Los estudios científicos han mostrado como aquellos que aún no habían nacido (especialmente los que estaban en el primer trimestre del embarazo) al cabo de los años desarrollaron más obesidad y problemas de corazón. ¿Por qué? Pues porque madres y fetos “aprendieron” a “ahorrar” calorías. El cuerpo de estas personas fue “programado”, y más tarde “recuerda”, por decirlo así, la historia sufrida en el seno materno.

¿Cuál es entonces la causa original de esta pandemia? En el libro habla de “las causas de las causas”.

La salud de la población depende fundamentalmente de los llamados determinantes ecosociales como la precarización, la pobreza, los problemas de vivienda o las injusticias ambientales

Siempre ha habido –y siempre habrá– pandemias, pero durante los últimos decenios hemos visto un aumento de brotes producidos por enfermedades infecciosas. Por varias razones. Una urbanización masiva, la alteración de ecosistemas, y la deforestación y pérdida de biodiversidad que interpone especies entre los patógenos y el ser humano. Además, hay un modelo industrial de agricultura y producción ganadera mercantil donde hay un gran número de animales hacinados, así como el crecimiento del turismo de masas, con viajes que en pocas horas esparcen virus por todo el mundo, y la mercantilización y precarización de los sistemas de salud pública. Y un factor muy preocupante es el deshielo de glaciares y el permafrost debido a la crisis climática que puede poner en circulación virus hasta ahora desconocidos. Detrás de todo ello está la lógica de acumulación, crecimiento, beneficios y desigualdad de un capitalismo que choca con los límites biofísicos planetarios. De ese modo, todo apunta a pensar que esta no será la última pandemia, sino que vendrán otras y seguramente serán más virulentas. Es pues fundamental que lo sepamos y que nos preparemos.

Hay datos en su libro que impresionan, por ejemplo: una niña nacida en Suecia puede vivir 43 años más que una niña nacida en Sierra Leona. Con ello parece casi inmoral hablar tanto de la covid. ¿Hemos perdido la perspectiva o es que nunca la hemos tenido?

Sabemos que la covid-19 es un problema de salud pública, económico y social muy serio, pero hay muchos efectos que apenas empezamos a conocer. Hay una parte no visible del iceberg que oculta un número de muertos muy superior al oficial, con muchas enfermedades no atendidas, y problemas de salud mental, sufrimiento, violencia y desigualdades. Además, la pandemia amplifica las desigualdades de una gran parte de la población mundial que ya sufría una “pandemia” de desigualdad. ¿Por qué? Pues, porque 2.500 millones de personas sobreviven con cinco dólares al día, cientos de millones de personas no tienen agua potable ni electricidad, la mitad de las personas no pueden acceder a medicamentos esenciales, y 5.200 millones no tienen un sistema de seguridad social mínimamente adecuado. Ahora la pandemia también nos ha tocado a nosotros, y ha frenado la economía global, pero las olas de crisis post-pandémica seguirán matando más a los pobres, y especialmente a las pobres.

Entre las muchas formas de desigualdad existentes, la desigualdad de salud es la más inhumana de todas: no hay peor desigualdad que saber que enfermarás o morirás prematuramente por ser pobre. Es por ello, que a menudo decimos que la equidad en la salud, calidad de vida y bienestar es el mejor indicador de justicia social de una sociedad. Si bien es cierto que han hecho alguna fortuna frases como “es peor tu código postal que tu código genético”, el tema aún se conoce muy poco, y muy en especial en lo que se refiere a las causas que la provocan, que es un tema capital. Desde el punto de vista moral, lo peor es que se trata de desigualdades cada vez más evitables. Como comenta el filósofo Thomas Pogge, debemos valorar la capacidad de hacer frente a la pobreza en comparación con los medios que tenemos. Por ejemplo, eliminar la pobreza en 1990 habría costado el 10,5% del PIB mundial mientras que en 2013 solo habría costado el 3,3%.

Ahora que tenemos vacunas también sabemos que los países del primer mundo han acaparado prácticamente toda la producción en detrimento de los países económicamente empobrecidos. ¿Cree que puede haber solidaridad en la “nueva normalidad”?

La de salud es la desigualdad más inhumana de todas: no hay peor desigualdad que saber que enfermarás o morirás prematuramente por ser pobre

Los medios de comunicación han creado una visión distorsionada de las vacunas generando la sensación de que la pandemia ya está casi resuelta. A corto plazo, las vacunas disponibles son seguras y efectivas, pero a medio y largo plazo todavía hay muchas incertidumbres y sabemos poco sobre las nuevas variantes de los virus. Además, el ritmo de vacunación todavía es muy lento y desigual, y puede costar mucho tiempo hasta que toda la humanidad esté vacunada. Si dejamos de lado el siempre relevante tema de hacer una buena gestión, gran parte del problema se debe a las políticas neoliberales. Aunque las inversiones en investigación de vacunas han sido básicamente públicas, la producción y comercialización se halla en manos privadas. ¿Por qué? Por la puesta en marcha en 1995 del acuerdo sobre los derechos de propiedad intelectual asociados al comercio por la Organización Mundial del Comercio (OMC). La India, Sudáfrica y muchos otros países han tratado de suspender estos derechos durante la pandemia, pero la UE y los EE.UU. se han opuesto. La exitosa creación de vacunas esconde que la pandemia es un espejo de la geopolítica mundial y de cómo funciona el capitalismo neoliberal. Es necesario que las vacunas sean un bien común para la humanidad, pero para que eso ocurra será necesaria una respuesta geopolítica que libere las patentes, o una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir masivamente vacunas.

Nos sentíamos invulnerables… ¿Podemos sacar algo positivo de este sentimiento de vulnerabilidad?

La pandemia deja lecciones importantes: tener más conciencia del trabajo de una clase trabajadora siempre despreciada; que la sanidad pública y los cuidados son cruciales; y que somos una especie frágil y esencialmente dependiente de los demás y de la naturaleza de la que formamos parte. Desafortunadamente, esto no es suficiente para hacer los cambios profundos que necesitamos. Vivimos en una sociedad pasiva a la que le cuesta aprender y hacer cambios. Las inercias económicas, políticas y culturales conllevan que hacer cambios profundos sea muy difícil. Vivimos en una sociedad que precariza, que genera alienación, adiciones y muerte, que nos roba el tiempo, que no deja reflexionar sobre el mundo en que vivimos. Durante la pandemia han muerto millones de personas de hambre, han muerto cientos de miles de niños por enfermedades diarreicas… fácilmente evitables. ¿Estamos dormidos? ¿Por qué no se habla más de ello? Paulo Freire decía que la ideología dominante enmascara la realidad y nos hace miopes. El neoliberalismo no solo destruye la vida, sino que “infecta” nuestras mentes y hace difícil comprender la realidad y sus causas.

El trastorno que ha supuesto la pandemia en todo el mundo, ¿puede ser bueno para despertarnos masivamente?

Si no crece la conciencia social sobre las causas y efectos profundos de la pandemia, sobre la posibilidad de que haya nuevas pandemias, o sobre la crisis ecosocial sistémica que padecemos, será muy difícil cambiar la realidad. Olvidamos y olvidamos rápido. El historiador Jacques Le Goff decía que una de las máximas preocupaciones de las clases dominantes es “apoderarse de la memoria y del olvido”. La pandemia ha producido una conmoción general que ha cambiado la sociedad, pero eso no quiere decir que el mundo vaya a cambiar a mejor. Habrá que intentarlo, habrá que cambiar radicalmente mediante una lucha organizada, inteligente y persistente, donde sepamos juntar muchas fuerzas locales y globales. Thatcher hablaba de la TINA (There is No Alternative), de que no había alternativa al capitalismo neoliberal. La paradoja es que ahora no hay alternativa: o cambiamos o vamos camino del ecocidio y el genocidio.

Hará falta una transformación ambiciosa para que la humanidad no acabe colapsando… ¿Cuáles serán las claves?

La pandemia es un baño de humildad que nos debería hacer comprender que somos naturaleza, y que al dañarla también nos dañamos. Hay que resolver la emergencia climática generada por los países, empresas y clases sociales más ricas, y hacer frente a la crisis ecológica que provoca que “gastemos” 1,7 planetas, y una próxima crisis de energía. Todo esto es infinitamente peor que la pandemia. El peor “virus” que tenemos es un capitalismo fosilista que necesita una acumulación constante, un crecimiento ilimitado y despojar de los bienes comunes, lo que quiere decir que la “vacuna” más efectiva debe ser un cambio político profundo. Por ello, además de hacer frente a la crisis pandémica y post-pandémica que frenen la precarización laboral y vital, y la desigualdad, y fortalecer los servicios de salud y sociales golpeados por las políticas neoliberales, hay que salir de la lógica económica y cultural de un capitalismo “tecno-feudal” –dice Varoufakis– que está en guerra con la vida. Las reformas son importantes e imprescindibles, pero muy pronto nos enfrentaremos con situaciones límite que obligarán a hacer cambios sistémicos muy profundos para evitar el colapso.

¿Vienen tiempos convulsos, pues? 

El escritor Carl Amery planteó que la lucha por los recursos escasos en una tierra finita era el tema crucial del siglo, y que un grupo superior neofascista trataría de imponer una sociedad autoritaria, represiva y racista para defender su forma de vida ante grupos “inferiores”. La pandemia ha producido miedo, mucho miedo, un miedo que oculta el dolor y el malestar. Es probable que cuando el miedo se desvanezca surja con mucha fuerza un sufrimiento oculto ahora reprimido. Las consecuencias de este dolor, con un sufrimiento que se ha ido multiplicando y con la falta de expectativas laborales y vitales, puede manifestarse en forma de diversas violencias: hacia dentro, en forma de suicidio, o hacia fuera, en forma de agresividad y destrucción. En un tiempo lleno de inseguridades, miedos, pérdida de legitimidad, desconfianzas y desigualdades crecientes donde, como ya ha anunciado el FMI, aumentarán las revueltas sociales, los movimientos populistas y neofascistas tienen un campo abonado. La alternativa es luchar por una sociedad más democrática y fraterna que tenga cuidado de la vida en todos sus niveles, con una economía homeostática y un decrecimiento selectivo y justo adaptado a los límites biofísicos de la Tierra. Tenemos que aprender a vivir mejor con muchos menos recursos y bienes y eso significa crear una sociedad no capitalista, ecofeminista y anticolonial. No será fácil. Habrá que crear una sociedad consciente y organizada, que aprenda a hacer políticas sistémicas complejas, que haga frente a los que no querrán renunciar a sus privilegios… aunque el mundo se acabe. Menciono cuatro puntos clave. Que mucha gente tome conciencia de la dimensión de la crisis actual y de que es posible vivir bien de otra manera, con mucho menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible, con más tiempo libre y energías para aprender, crear, meditar, desarrollar relaciones más fraternas y ser más conscientes de nuestra vida y de nuestra muerte. Esto significa una reeducación ciudadana política y cultural muy profunda. Hay que seguir experimentando vivir de una manera diferente, con cooperativas de producción y consumo, nuevas formas de vida y relaciones. Es necesario disponer de grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan análisis y propuestas para arrinconar las fuerzas reaccionarias y neofascistas. Y hay que juntarse, ganar fuerzas, y movilizarse sostenidamente con movimientos a la vez locales y globales, descentralizados y coordinados, ágiles, resistentes y capaces de adaptarse a los cambios y presionar a los gobiernos.

Versión ampliada de la entrevista publicada originalmente en catalán en la revista Crític

Elena Parreño (Crític)


Cuba será Covid-free: Cinco vacunas y suma y sigue

 

Counterpunch.org

Por Helen Yafee

Si los resultados son satisfactorios, a finales de agosto seis millones de cubanos, más de la mitad de la población, estarán protegidos. Cuando termine 2021, Cuba será de los primeros países del mundo en vacunar a todos sus residentes.

El 23 de marzo de 2021 el primer ministro británico Boris Johnson dijo ante un grupo de partidarios del Partido Conservador: “La razón de nuestro éxito con la vacuna es el capitalismo, es la codicia, amigos”. Johnson estaba expresando la creencia de que la búsqueda del beneficio privado a través de mercados libres capitalistas genera buenos resultados. Sin embargo, en realidad, los logros de Gran Bretaña en el desarrollo de la vacuna Oxford-AstraZeneca y en el lanzamiento nacional de la vacunación tienen más que ver con las inversiones estatales que con los mecanismos del mercado. El dinero del Gobierno subvencionó el desarrollo de la vacuna en la Universidad de Oxford y es el Servicio Nacional de Salud, financiado por el Estado, el que ha llevado a cabo el programa de vacunación. Lo que Johnson no reconoció es que el motivo por el que Gran Bretaña tiene actualmente el quinto peor índice de mortalidad por Covid-19 en el mundo, con más de 125.000 muertes (casi 1.857 por millón de habitantes), y suma y sigue, es el capitalismo y la codicia.

El Gobierno británico, como la mayoría de los regímenes neoliberales, se negó a tomar las medidas necesarias para ralentizar y detener la transmisión comunitaria; desde el principio fue incapaz de proporcionar a los trabajadores del sector de la salud y de la asistencia social los EPI adecuados y otros recursos que podrían haber salvado la vida de cientos de personas que trabajaron en primera línea y que fallecieron a consecuencia de ello. El gobierno británico contrató a empresas privadas para que llevaran a cabo actividades esenciales, la mayoría con poca o ninguna experiencia; por ejemplo, en lugar de equipar al sistema comunitario de médicos de cabecera del Servicio Nacional de Salud para que se hicieran cargo del “seguimiento y localización” de casos, el Gobierno repartió 37.000 millones de libras a Serco para administrar parte del sistema. Desde el punto de vista de la salud pública, ha sido un desastre; sin embargo, según los celebrados principios del capitalismo y la codicia de Boris Johnson, en efecto se ha lucido. Los mayores beneficiarios de la respuesta de Gran Bretaña a la pandemia han sido las corporaciones privadas, que han obtenido enormes beneficios. La tarifa media diaria, de los aproximadamente 2.500 consultores de Accenture, Deloitte y McKinsey, es de 1.175 euros, y algunos cobran 7.780 euros al día.

Johnson ya ha trazado una hoja de ruta para reabrir la economía. Como consecuencia, incluso el escenario más optimista predice una tercera ola entre septiembre de 2021 y enero de 2022, que comportará al menos 30.000 muertes más en Gran Bretaña. Estas muertes son evitables. Sin embargo, precisamente porque el Gobierno británico funciona movido por el capitalismo y la codicia, insiste en que tenemos que aprender a “vivir con el virus” para que el negocio empresarial pueda continuar.

Contrariamente a las afirmaciones de Johnson, esta pandemia ha ratificado que las necesidades de la atención médica pública no pueden satisfacerse adecuadamente con un sistema basado en la búsqueda de beneficios. De hecho, es en la ausencia del afán de lucro capitalista en lo que se basa la extraordinaria respuesta nacional e internacional a la COVID-19 por parte de la Cuba socialista, que ahora tiene cinco vacunas en fase de ensayo clínico, y está lista para ser una de las primeras naciones en vacunar a toda su población.

Al reaccionar con rapidez y determinación, al movilizar su sistema de salud pública y un sector biotecnológico líder en el mundo, Cuba ha mantenido un número bajo de contagios y muertes. En 2020, Cuba confirmó un total de 12.225 casos de coronavirus y 146 muertes en una población de 11,2 millones, lo cual la sitúa entre los índices más bajos del hemisferio occidental. En noviembre de 2020, se abrieron los aeropuertos, lo que provocó un aumento de contagios: en enero de 2021 se contabilizaron más infecciones que en todo el año anterior. El 24 de marzo de 2021, Cuba había registrado menos de 70.000 casos y 408 muertes. La tasa de mortalidad fue de 35 por millón y la tasa de letalidad fue tan solo del 0,59 por ciento (2,2 por ciento en todo el mundo; 2,9 por ciento en Gran Bretaña). En un año, 57 brigadas de médicos especialistas del Contingente Internacional Henry Reeve cubano habían tratado a 1,26 millones de pacientes con la COVID-19 en 40 países; se adhirieron 28.000 profesionales de la salud cubanos que ya trabajan en 66 países. Los logros de Cuba son todavía más extraordinarios si se tiene en cuenta que, desde 2017, la administración de Donald Trump lanzó punitivamente 240 nuevas sanciones, acciones y medidas para endurecer el bloqueo de 60 años a Cuba, incluidas casi 50 medidas adicionales durante la pandemia, que solo al sector de la salud le costaron más de 200 millones de dólares.

¿Qué caracteriza a las vacunas cubanas?

En todo el mundo, se están desarrollando unas 200 vacunas para la COVID-19; el 25 de marzo de 2021, 23 candidatas habían avanzado a ensayos clínicos de fase III. Dos de ellas eran cubanas (Soberana 2 y Abdala). Ningún otro país latinoamericano ha desarrollado su propia vacuna hasta ese punto. Cuba tiene tres vacunas candidatas más en ensayos en fases anteriores (Soberana 1, Soberana Plus y una vacuna intranasal sin aguja llamada Mambisa). ¿Cómo se explica este logro? El sector biotecnológico de Cuba es único: de propiedad y financiación totalmente estatal, libre de intereses privados, los beneficios no se buscan a escala nacional, y la innovación se canaliza para satisfacer las necesidades de salud pública. Decenas de instituciones de investigación y desarrollo colaboran compartiendo recursos y conocimientos en lugar de competir entre ellas, lo que facilita una vía rápida desde la investigación y la innovación hasta los ensayos y la aplicación. Cuba tiene la capacidad de producir entre el 60 y el 70 por ciento de los medicamentos que consume el país, un imperativo derivado del bloqueo de Estados Unidos y del coste de los medicamentos en el mercado internacional. También hay fluidez entre las universidades, los centros de investigación y el sistema de salud pública. Estos elementos han demostrado ser vitales en el desarrollo de las vacunas cubanas para la COVID-19.


A escala mundial se están desarrollando cinco tipos de vacunas para la COVID-19:

—Vacunas de vectores virales que inyectan un virus inofensivo no relacionado modificado para entregar material genético del SARS-CoV-2 (Oxford AstraZeneca, Gamaleya y SputnikV).

—Vacunas genéticas que contienen un segmento de material genético del virus SARS-CoV-2 (Pfizer, Moderna).

—Vacunas inactivadas que contienen virus SARS-CoV-2 desactivado (Sinovac/Butantan, SinoPharm, Bharat Biotec).

—Vacunas atenuadas que contienen virus SARS-CoV-2 debilitado (Codagenix).

—Vacunas proteicas que contienen proteínas del virus que desencadenan una respuesta inmunitaria (Novavax, Sanofi / GSK).

Las cinco vacunas cubanas en fase de ensayo clínico son todas vacunas proteicas; llevan la parte de la proteína de la espiga del virus que se adhiere a las células humanas; genera anticuerpos neutralizantes para bloquear el proceso de unión. La doctora Marlene Ramírez González explica que son “vacunas de subunidades, uno de los métodos más económicos, y el tipo para el cual Cuba tiene el mayor conocimiento e infraestructura”. De la proteína S –el antígeno o parte del virus SARS-CoV2 en el que se centran todas las vacunas para la COVID, porque induce la respuesta inmune más fuerte en humanos– las candidatas cubanas se basan solo en la parte involucrada en contacto con el receptor de la célula: el dominio receptor-obligatorio (RBD, por sus siglas en inglés), que es también el que induce la mayor cantidad de anticuerpos neutralizantes. Esta estrategia no es exclusiva de las vacunas cubanas. Sin embargo, Soberana 02 sí se distingue del resto de candidatas del mundo como la única “vacuna conjugada”. Actualmente, está en la fase III de los ensayos clínicos, combina RBD con toxoide tetánico, que potencia la respuesta inmune. Cuba ya había desarrollado otra vacuna con este principio. Se trata de Quimi-Hib, “la primera de su tipo en ser aprobada en América Latina y la segunda en el mundo”, contra el Haemophilus influenzae tipo b, cocobacilo responsable de enfermedades como meningitis, neumonía y epiglotitis.

Las vacunas Soberana las produce el Instituto Finlay en alianza con el Centro de Inmunología Molecular (CIM) y el Centro de Biopreparados. En su nombre viene implícita su importancia económica y política; sin un producto nacional, Cuba tendría dificultades para acceder a vacunas extranjeras, ya sea por el bloqueo de Estados Unidos o por el coste de las mismas. Las vacunas Soberana insertan información genética en células superiores de mamíferos. Soberana Plus es la primera vacuna del mundo para pacientes convalecientes de la COVID-19 que llega a los ensayos clínicos.

Las otras vacunas, Abdala y Mambisa, nombres que también rinden homenaje a la lucha de Cuba por la independencia, las produce el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Estas vacunas insertan información genética en un organismo menos evolucionado, un microorganismo unicelular (la levadura Pichia Pastoris). Se apoyan en el extraordinario historial del CIGB, incluidas sus vacunas contra la hepatitis B, utilizadas en Cuba durante 25 años.

Al desarrollar diferentes plataformas de vacunas, esas instituciones evitan competir por los recursos. Caballero explica que “Cuba tiene la capacidad de producir dos cadenas vacunales independientes, con más de 90 millones de vacunas anuales, manteniendo la producción requerida de otros productos para el mercado interno y para la exportación”. Las vacunas cubanas requieren tres dosis y, al ser estables a temperaturas de entre dos y ocho grados, no requieren costosos equipos especiales de refrigeración.


Ensayos en fase III y “estudios de intervención”

A finales de marzo, los ensayos de fase III estaban en marcha para Soberana 2 y Abdala, cada uno de los cuales incorporaba a más de 44.000 voluntarios mayores de 19 años en regiones con alta incidencia de la COVID-19. Soberana 2 se administra en La Habana, y Abdala en Santiago de Cuba y Guantánamo. El análisis y seguimiento de los pacientes del ensayo de fase III continuarán hasta enero de 2022 para investigar si previenen la transmisión, cuánto dura la inmunidad y otras preguntas que ningún fabricante de vacunas puede responder aún. Sin embargo, otros 150.000 sanitarios en La Habana están recibiendo inyecciones de Soberana 2 como parte de un “estudio intervencionista”, una forma de ensayo clínico que puede autorizarse después de que se haya demostrado la seguridad de los medicamentos en la fase II. Los estudios de intervención no incluyen pruebas de doble ciego ni placebos. Otros 120.000 sanitarios del oeste de Cuba recibirán Abdala en las próximas semanas. A finales de mayo de 2021, otros estudios intervencionistas en la capital administrarán la vacuna a 1,7 millones de personas en La Habana, la mayoría de la población adulta, lo que significa que dos millones de cubanos estarán completamente vacunados.

Los científicos médicos cubanos confían en tener la capacidad y la experiencia para adaptar sus formulaciones, tecnologías y protocolos de actuación vacunales para abordar nuevas variantes. Los próximos pasos son que Soberana 1 y Soberana Plus entren en ensayos de fase II y se lanzará un nuevo estudio con jóvenes de 5 a 18 años.

Cuba y China forman equipo con Pan-Corona

El CIGB de Cuba se ha asociado con colegas en China para trabajar en una nueva vacuna llamada Pan-Corona, diseñada para ser efectiva en diferentes cepas del coronavirus. Utilizará partes del virus que se conservan, no expuestos a variaciones, para generar anticuerpos, combinados con partes dirigidas a respuestas celulares. Los cubanos aportan la experiencia y el personal, mientras que los chinos aportan los equipos y recursos. La investigación se llevará a cabo en el Centro Conjunto de Innovación Biotecnológica de Yongzhou, en la provincia china de Hunan, que se instauró el año pasado con equipos y laboratorios diseñados por especialistas cubanos.

Gerardo Guillén, director de ciencias biomédicas del CIGB, afirmó que la propuesta “podría proteger contra emergencias epidemiológicas de nuevas cepas de coronavirus que puedan darse en el futuro”. El proyecto se basa en casi dos décadas de colaboración en ciencias médicas entre Cuba y China, incluidas cinco empresas conjuntas en el sector biotecnológico.

Una vacuna para el hemisferio sur

Los profesionales cubanos han recibido diez medallas de oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) durante 26 años; sus productos biotecnológicos se exportaban a 49 países antes de la pandemia, incluidas las vacunas utilizadas en los programas de inmunización infantil en América Latina. Cuba ha manifestado que sus vacunas para la Covid-19 se exportarán a otros países. Esto brinda esperanza a las naciones con ingresos bajos y medianos, que simplemente no pueden permitirse vacunar a sus poblaciones a los precios elevados (entre 10 y 30 dólares por dosis) exigidos por las grandes farmacéuticas. En febrero de 2021, la Oficina de Periodismo de Investigación informó que la empresa estadounidense Pfizer ha estado “intimidando” a los países latinoamericanos para que pongan activos soberanos, como edificios de embajadas y bases militares, como garantía contra el coste de cualquier causa judicial futura en relación con sus vacunas para la COVID-19.


A través de un acuerdo con el Instituto Pasteur, de Irán, 100.000 iraníes participarán en los ensayos clínicos de fase III de Soberana 2 y otras 60.000 personas participarán en Venezuela. Otros países, incluidos México, Jamaica, Vietnam, Pakistán e India, han manifestado su interés en recibir las vacunas cubanas, al igual que la Unión Africana, que representa a las 55 naciones de África. Es probable que Cuba aplique una escala variable a sus exportaciones de vacunas para la COVID-19, como lo hace con la exportación de profesionales médicos, por lo que lo que cobra refleja la capacidad de pago de los países.

Lo que ha logrado Cuba es notable, pero como afirma Caballero: “Sin el injusto bloqueo de Estados Unidos, Cuba podría tener más resultados y mejores”. Cuba se ha convertido en un líder mundial en biotecnología, porque tiene un Estado socialista con una economía de planificación centralizada, que ha invertido en ciencia y tecnología, y antepone el bienestar humano a las ganancias; es decir, con la ausencia de capitalismo y codicia que celebra el primer ministro británico Johnson.

Traducción de Paloma Farré para CTXT