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miércoles, 31 de octubre de 2018

Guevara como mito



Por Francisco Fernández Buey

I

Ni que decir tiene que Ernesto Guevara no se consideraba un mito. Tampoco le habría gustado que la gente hablara de él con esa palabra. Si se le hubiera preguntado al respecto probablemente habría contestado como Brecht acerca de las lápidas: “No necesito lápida, pero/ si vosotros necesitáis ponerme una/ desearía que en ella se leyera: /Hizo propuestas. Nosotros/ las aceptamos. /Una inscripción así/nos honraría a todos.” O tal vez habría dicho algo parecido a lo que decía hace poco Rossana Rossanda al ponerse a escribir sus recuerdos de comunista del siglo XX: “Los mitos son una proyección ajena con la que no tengo nada que ver. No estoy honrosamente clavada en una lápida, fuera del mundo y del tiempo. Sigo metida tanto en el uno como en el otro”. Bastaría con cambiar los tiempos de los verbos.

Nadie en su sano juicio pretende ser un mito o convertirse en mito. Y de la vida y la obra de Guevara se podrán decir muchas cosas, a favor o en contra, pero no se podrá decir que el hombre no estuviera en su sano juicio. Lo que él quería dar de sí o dejar a los otros en herencia lo dejó dicho en un poema que escribió a Aleida Mach desde Bolivia y que tituló “Contra viento y marea”. Dice así:

Este poema (contra viento y marea) llevará mi firma. // Te doy seis sílabas sonoras,// una mirada que siempre lleva (como un pájaro herido) ternura, // una ansiedad de agua tibia y profunda, // una oficina oscura donde la única luz es la de estos versos míos, // un dedal muy usado para tus noches aburridas, // una fotografía de nuestros hijos. // La bala más hermosa de esta pistola que siempre me acompaña, // la memoria imborrable (siempre latente y profunda) de los niños // que, un día, tú y yo concebimos, // y el pedazo de vida que me resta, // esto lo doy (convencido y feliz) a la Revolución. // Nada que pueda unirnos tendrá mayor poder. 

II

La creación de mitos es, como se sabe, cosa del pensamiento religioso, prefilosófico, preilustrado. Guevara era un comunista marxista, un revolucionario laico. Y en principio el comunista marxista, el revolucionario laico, no necesita mitos. Se da a los otros, a los próximos, a los de abajo por los que lucha, con la fuerte convicción de que la revolución liberadora es inevitable y de que él mismo es parte de la revolución en marcha. No espera nada de los suspiros religiosos de la criatura oprimida. Lo espera todo de la razón apasionada de quienes quieren emanciparse y, a lo sumo, se piensa a sí mismo como parte de la chispa que producirá el incendio que cambiará el mundo. Busca la coherencia entre el decir y el hacer en el plano individual y en el plano colectivo.

Pero dicho eso, también sabemos: la revolución no es, no ha sido, no será pura racionalidad. Es pasión razonada o razón apasionada. Y en la medida en que la pasión es parte esencial de la actividad revolucionaria el comunismo marxista, como toda tradición emancipatoria, ha tenido también una dimensión que enlaza con la del pensamiento religioso, prefilosófico y preilustrado. No se puede negar eso. Por muy racional que haya sido el pensamiento de los clásicos de la tradición comunista marxista y por mucho que éstos se hayan negado de la manera más explícita a ser convertidos en mito, lo cierto es que, en unos casos más y en otros menos, lo han acabado siendo. La identificación comunitaria, por abajo, con los padres fundadores de una tradición emancipatoria lleva a eso. Hasta es posible que la tendencia a la creación de mitos, también en el mundo moderno y post-ilustrado, tenga que verse como prolongación de una de las “ilusiones naturales” de los humanos de las que no podemos prescindir. Algo así intuyó ya Sorel (y con Sorel, el joven Gramsci).

Si hubiera que hacer teoría del mito comunista esto que estoy esbozando aquí se podría formular así: independientemente de su intención racionalista e ilustrada (basta con pensar en aquello, tan repetido, del paso del socialismo utópico al socialismo científico), toda tradición que incluye praxis emancipatoria de los de abajo acaba incorporando en su desarrollo una dimensión para-religiosa que impulsa a la creación de mitos. Por eso también el revolucionario comunista marxista ha tenido (y sigue teniendo) “santos” (por laicos que éstos hayan sido) de su devoción. Y, vista la cosa con la distancia que da el tiempo transcurrido, se podría añadir, para que no haya lugar a dudas, que esto no es un hecho histórico determinado sólo, como a veces se ha dicho, por el “atraso” (económico, cultural, etc.) del lugar, país o circunstancia en que cuajan las ideas. Pues también la posmoderna crítica de todos los grandes relatos, que se presenta a sí misma con ínfulas desmitificadoreas, parece abocada a construir sus propios mitos. 

III

Desde esta perspectiva nada tiene de extraño, por tanto, la mitificación de Che Guevara, el cual, por lo que había hecho durante la revolución cubana, era ya algo así como una leyenda antes de su muerte. La creación del mito Guevara tiene particularmente que ver, como se sabe, con dos fotografías: la que se tomó inmediatamente después de su muerte, ya cadáver; y la que le hizo Korda en La Habana.

De la primera se ha dicho muchas veces que recuerda tanto a la imagen del Cristo yacente de Andrea Mantegna, el pintor de Quatrocento italiano, que remite inmediatamente a lo que toda persona familiarizada con la tradición cristiana conoce: la idea de la resurrección del salvador. Y no es casual que eso mismo haya estado tan presente en tantas y tantas celebraciones conmemorativas del día de la muerte de Guevara: “Che vivo, como nunca te quisieron”, decía una pintada en Cochabamba, muchas veces repetida también. Por supuesto que, para los amigos de la revolución social, este estar vivo del guerrillero revolucionario no puede ser la resurrección real del otro, en la que creen los cristianos que tienen fe. Pero la diferencia es poco relevante en la creación del mito (que, por lo que se sabe ahora, es seguramente un mito precristiano). Lo importante es el estar vivo del personaje en el imaginario precisamente en la medida en que esto remite a la vigencia del ideal que el personaje representó.

Sobre la otra foto, la que más ha contribuido a la conversión de Guevara en mito, la foto tomada por Alberto Díaz (Korda) el 5 de marzo de 1960, cuando Guevara tenía 31 años, se ha escrito tanto que me puedo ahorrar el comentario ahora. Todo el mundo la recuerda. Es el Che vivo en su mejor momento, la mejor de las imágenes posibles del revolucionario. Ya era tan buena en el momento en que, gracias a Feltrinelli, se hizo pública por vez primera, siete años después de la muerte del Che, que ni siquiera han hecho falta las técnicas de la manipulación informática para mejorarla. Todas las demás fotos conocidas del Ché remiten a ella, e incluso las fotos que hemos conocido muchos años después, en alguna de las cuales se ve a Guevara calvo y ridículamente disfrazado o roto ya definitivamente por la enfermedad y las penalidades, nos hacen pensar, por comparación, en la apostura del personaje que retrató Korda, en aquellos ojos suyos, en la profundidad de su mirada atenta.

Algunos hemos tenido otras fotos de otros revolucionarios colgando de las paredes de nuestros cuartos y a veces compitiendo allí con la foto de Guevara. Ninguna es comparable. Y cuando uno ve las fotos de actos conmemorativos, de ayer o de hoy, presididos por el póster con aquella imagen del Che, fotos en las que se ve en primer plano a personajes que merecen nuestra admiración y nuestro respeto, en lo primero en que suele fijarse, de todas formas, es en la prestancia del personaje del fondo; hasta el punto de que, por lo general, ante fotos así tendemos a pensar enseguida si lo que habrán dijo estos otros personajes que hoy se sientan a la mesa conmemorativa estará en consonancia con lo que fue e hizo aquél.

Esto es lo que habitualmente sienten las personas que siguen apreciando sus ideales, viejos o jóvenes. 

IV

Pero no hablemos sólo de los amigos de la revolución social. Luego están los otros, los jóvenes y no tan jóvenes que en todo el mundo han tenido o tienen aquella misma imagen en sus cuartos o que la lucen en sus camisetas, chapas e iconos sin haber leído nunca nada de Guevara, sin tener más que una vaga idea de quién fue o simplemente porque también esa imagen es un objeto de consumo. Como eso también existe, ha habido y hay polémica sobre la conversión del Che en mito. Y es ahí, en la identificación con el mero objeto de consumo, donde surge el problema de la apropiación.

Personalmente creo que no hay que rasgarse las vestiduras ante la apropiación de la imagen del Che por jóvenes apolíticos (suponiendo que lo sean) que combinan su chapa o su póster con la chapa o el póster del cantante o la cantante de moda. Esa combinación forma parte de una subcultura juvenil extendidísima y generalmente ajena a valoraciones políticas, aunque no necesariamente a valoraciones estéticas o relacionadas con la cuestión del gusto. Tiene escaso sentido, en mi opinión, exigir moralísticamente coherencia a quien no sabe ni sospecha con qué tienen que concordar los propios actos o actuaciones.

Más sentido tiene, en cambio, la crítica a la apropiación de la imagen del Che con una finalidad mercantil, contraria además a todo lo que él defendió, o sea, la crítica a las empresas que hacen o pretenden hacer negocio con una imagen que saben que vende entre los jóvenes consumidores. Y en este sentido me parece tan interesante como aleccionadora la batalla jurídica que Korda y el gobierno cubano emprendieron en su momento contra la apropiación de la célebre foto por una marca de vodka.

Interesante y aleccionadora, digo, porque ahí, en esa batalla jurídica, sí estaba implicada una cuestión político-cultural de importancia. Tanto más cuanto que, en los últimos tiempos, las multinacionales del consumo capitalista han hecho habitualmente un uso tan mercantil como insultante de iconos robados a las culturas y movimientos emancipatorios o de resistencia. El propio Korda dejó claro, durante aquella batalla jurídica, de qué derechos de autor se estaba hablando, a qué se oponía y a qué no: “Como defensor de los ideales por los que el Che Guevara murió, no me opongo a la reproducción de la imagen para la difusión de su memoria y de la causa de la justicia social en el mundo”.

Ese es un caso, por tanto, y hablando con propiedad, de apropiación indebida no sólo desde el punto de vista jurídico sino también desde el punto de vista moral. El que la crítica a la manipulación capitalista de palabras y símbolos de la izquierda revolucionaria sea casi tan antigua como la manipulación misma no quita justicia a la crítica ni implica que, por antigua, haya que dejar de hacerla, como postulan a veces los cínicos de hoy. Al contrario: cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, repetir y repetirse suele más novedoso que ciscarse en la repetición de lo olvidado o lo ignorado. 

V

Para valorar lo que representa esa batalla contra el uso indebido de la imagen o del icono, incluso en el plano político, basta con comparar. Podemos poner a un lado esta batalla que digo contra el uso indebido de la imagen del Ché por la marca de vodka y al otro el uso consentido de la imagen del artífice de la Perestroika, Gorbachov, por tal o cual anunciante fuera de vodka o de automóviles. Con todos los respetos que desde el punto de vista político nos haya merecido en su momento el intento de Gorbachov por dignificar el socialismo en la URSS, parece evidente que su consentimiento en esto no sólo contribuye a la destrucción de otro mito (en el caso de que éste haya llegado a crearse) sino a la trivialización definitiva del socialismo mismo.

Moralmente, la cosa está clara. De la comparación que estoy proponiendo sale la confirmación a posteriori de algo que escribió el poeta salvadoreño Roque Dalton no mucho después de la muerte de Guevara: “La guerrilla es lo único limpio que queda en el mundo”. Desde ahí, o sea, desde este punto de vista aún pre-político, se comprende la persistencia del mito y se comprende incluso la paradoja de que el mito revolucionario comunista haya cuajado entre jóvenes que no lo son ni quieren serlo ni sueñan en ello.

Pero políticamente, la cosa es, desde luego, más complicada. Primero por la paradoja trágica que mató al poeta que escribió la frase: asesinado por una parte de la guerrilla en la que él estaba, y asesinado además, según todos los indicios, por orden de alguien que luego iba a abominar de la guerrilla. Y segundo, porque tampoco la apropiación de la imagen del Ché por otras guerrillas que vinieron después de su muerte, algunas de las cuales han pervivido hasta hoy, es agua clara. Hubo un momento, ya bastante lejano, en que el vínculo, comprobado, entre guerrilla y narcotráfico, obligaba a considerar como mínimo dudosa la drástica afirmación del poeta Roque Dalton, tan inspirada por el recuerdo de Guevara.

Así las cosas, creo que se podría concluir en este punto que de todas las apropiaciones de Guevara como mito que se han producido en estos cuarenta años la menos mala, la menos indebida, ha sido la que viene haciendo desde entonces el gobierno de Cuba. Y esto, a pesar de las discrepancias, sobre las que tanto se ha insistido en ensayos y biografías, entre Castro y Guevara. Pues estas discrepancias (sobre el papel de la Unión Soviética en la construcción del socialismo, sobre los incentivos materiales y espirituales en la planificación económica o sobre la táctica a seguir en los procesos revolucionarios de la época), vistas con perspectiva histórica, apenas fueron nada si se las compara con lo que fue la crítica del Ché a las instituciones y corporaciones capitalistas, colonialistas e imperialistas que luego, con los años, han tratado de sacar beneficio del mito. Y son muy poca cosa también, si las compara con la crítica del Ché a las alienaciones, despolitizaciones y manipulaciones que la misma sociedad capitalista genera entre los jóvenes. 

VI

Nuestra época, la época que estamos viviendo ahora, se distingue precisamente por la pretensión de desmitificar. Esta pretensión ha dado muchas veces en un exceso: romper todos los espejos en los que mirarnos para ser mejores. El exceso queda de manifiesto, en este caso, cuando nos damos cuenta de que, al final, presuntamente rotos todos los espejos, aún nos queda uno: el de la “mala” del cuento de Blancanieves, el “espejito, espejito” que nos repite, porque nosotros ponemos en él las palabras, que somos los más guapos, los más hermosos. Sintomáticamente, una época que dice querer romper todos los espejos, acaba quedándose en el narcisismo y en el infantilismo.

Pues bien, una de las cosas más notables de las que están ocurriendo en esta época de desmitificaciones es precisamente que, cuarenta años después de su muerte, el mito Guevara sale reforzado, agrandado como ningún otro. De todos nuestros mitos de los años sesenta (Mao, Ho Chi Minh, Ben Bella, Fidel Castro, Giap, Cohn Bendit, Rudi Dutschke…), Guevara, es, sin ninguna duda, el que mejor se ha mantenido, el que sigue suscitando hoy más adhesiones entre jóvenes y viejos.

Creo que puede decirse incluso que los libros publicados en estos últimos años, con motivo de las conmemoraciones de la muerte del Che, están contribuyendo a enaltecer su leyenda. Estoy pensando, por ejemplo, en el libro del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, en el del catedrático y corresponsal del diario “Le Monde” en Chile, Pierre Kalfon, (Una leyenda de nuestro siglo), en el del periodista norteamericano Jon Lee Anderson (Una vida revolucionaria) e incluso en el de Jorge Castañeda (La vida en rojo).

Ninguno de esos libros es una hagiografía de Guevara; ninguno de sus autores se caracteriza por la intención de escribir una vida de santos para uso de devotos, una biografía de aquellas en que se presenta al héroe biografiado, como decía Unamuno de las hagiografías cristianas, absteniéndose de mamar los primeros viernes ya en la más tierna infancia. Al contrario: estos son libros gruesos, que no se pueden leer de un tirón, escritos con espíritu analítico y crítico; que entran sin beatería en los detalles más controvertidos y oscuros de la vida de Guevara; que aportan datos nuevos, desconocidos hasta hace muy poco no sólo por el gran público sino también por los guevaristas de ayer. Libros que se basan en testimonios y entrevistas de y con personas que trataron al Che en los momentos decisivos de su vida: en Argentina, en Guatemala, en México, en Cuba, en el Congo, en Bolivia. Libros escritos por autores que no siempre comparten los ideales del Che o que tienen muchas objeciones que hacer a la revolución cubana.

Siempre que se entra en el detalle, analítico y crítico, de la vida de los hombres que han sido leyenda, ésta, la leyenda heredada, se complica. Y tampoco hay duda de que el Che que ahora conocemos es otro Che, un Guevara muy distinto del que apenas entrevimos hace cuarenta años cuando leíamos algunos de sus escritos más teóricos sobre la guerra de guerrillas, sus opiniones sobre el socialismo después del conflicto chino-soviético o las primeras ediciones del Diario de Bolivia. Esto ha sido subrayado por Paco Ignacio Taibo II. Y con razón.

Pues bien: cuando uno acaba de leer estos libros o las memorias de los que fueron compañeros del Che, más allá de las dudas sobre tales o cuales detalles y por encima de las preferencias políticas de sus autores (que son, a pesar del esfuerzo historiográfico, muy evidentes), queda la impresión de que, a pesar del afán desmitificador, perviven el mito y la leyenda que hicieron de Guevara el personaje más admirado por los universitarios norteamericanos y europeos del 68. El Che que aparece en esas páginas sigue siendo un ejemplo de revolucionario que, incluso en su estoicismo o en el fatalismo de las horas malas, o justamente por eso mismo, nos conmueve, nos sigue conmoviendo. Conmueve, quiero decir, a todos aquellos que hoy en día no quieren reconciliarse con la realidad de este mundo y desean arrimar el hombro en la lucha en favor de los que menos tienen, de los desheredados, de los excluidos, de los humillados y ofendidos por los poderosos de nuestra época. 

VII

No querría acabar sin hacer referencia a la controversia que se produjo con motivo de las conmemoraciones del cuarenta aniversario de la muerte de Guevara, controversia suscitada por una nota editorial del diario El País, titulada “Caudillo Guevara”, que salió el 10 de octubre del año pasado.

Dije entonces y repito ahora que no hacía falta haber sido guevarista para considerar aquella intervención un insulto a la inteligencia y a la sensibilidad, un ejemplo más del tipo de discurso “autorizado por la policía y vedado por la lógica”, que decía Marx; que era de una ignorancia supina atribuir en exclusiva al romanticismo europeo el prejuicio de que entregar la vida por las ideas es digno de admiración y elogio; que es sectario denominar muerte al asesinato de Guevara en La Higuera y encima atribuirle el propósito de dotar al crimen de un sentido trascendente; que es una manipulación incalificable identificar lo que hizo el internacionalista Guevara con movimientos terroristas, nacionalistas o yihadistas de ahora; que es un infundio presentar la vida y la acción de Guevara y de sus seguidores como mera coartada para un autoritarismo de signo contrario; que es absurdo presentar a Guevara como puesta al día del caudillismo latino-americano; y que es falso que hoy ya sólo se conmemore la muerte de Guevara en Cuba, Venezuela o Bolivia.

Tengo que añadir ahora que aquel editorial inauguraba un cambio de fase en la consideración de Guevara. Hace once años los ideólogos del neoliberalismo y del social-liberalismo todavía preferían algo así como una aproximación historicista para acabar con el mito Guevara; preferían la desmitificación pensando que las ideas y el hacer de Guevara eran, al fin y al cabo, cosas de un pasado definitivamente superado; y preferían reírse o sonreírse de que el mito aún siguiera presente entre los jóvenes. Pero no parecía preocuparles.

Como todo el mundo sabe, en los años transcurridos desde entonces han pasado algunas cosas importantes en América Latina (y no sólo en Venezuela y en Bolivia). Y así, con las transformaciones en curso, la frase Guevara vivo toma otra dimensión, tiene otra connotación. Vuelve a hablarse allí de socialismo. Y aquí molesta y preocupa. El que se esté vinculando el nombre de Guevara al socialismo del siglo XXI es ya un peligro para el mantenimiento del privilegio de los mandamases. Aquí y allí. Por ello, para los ideólogos del gran poder, ya no se trata sólo de desmitificar al personaje, de mostrar sus contradicciones y debilidades, que las tuvo, como todo hijo de vecino, sino de tergiversar lo que hizo y de manipular sus ideas y sus actos abiertamente, para presentarle como antecedente de lo que llaman “caudillismo”, “populismo” y “terrorismo” los mismos que aún tienen en la memoria a su Caudillo, que denominan “popular” a su partido conservador y que apoyan abiertamente el terrorismo de estado allí donde éste actúa.

Ahí tenéis un motivo más para valorar en su justa medida lo que dijo e hizo Guevara y para desconfiar, de paso, de los desmitificadores que mitifican la ideología propia por el procedimiento de desmitificar las de los otros. Mientras eso siga existiendo, o cuando se reduplica, como hoy, la primera palabra del discurso del pensamiento laico, racionalista e ilustrado, que con razón se siente molesto con la conversión de Guevara en mito, tendrá que ser esta: primero leerlo y estudiarlo; luego hablamos. Y, por supuesto, comparamos.

Nota de Rebelión:

El que fuera maestro, compañero y amigo de FFB, Manuel Sacristán, escribió el siguiente texto tras el asesinato de Ernesto Guevara (“En memoria de Ernesto Che Guevara”, Nous Horitzons 16, 1er trim, 1969, p. 39):

sábado, 27 de octubre de 2018

En La Higuera, un 9 de octubre, asesinaron al Che



Por Víctor Arrogante

La tarde del 9 de octubre, el cuerpo del Che Guevara fue llevado en helicóptero a Vallegrande y colocado en el lavadero del hospital Nuestro Señor de Malta, donde fue exhibido públicamente hasta el día siguiente.

Monumento Che Guevara en La Habana.

El 7 de octubre de 1967 escribió el Che las últimas líneas en su diario. Al día siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada, el reducido grupo de hombres que componían ya el destacamento, esperaban la noche para romper el cerco, cuando una numerosa tropa enemiga hizo contacto con ellos y fueron hechos presos. Al día siguiente, el gobierno de Bolivia ordenó su fusilamiento sin juicio previo

Los prisioneros, fueron trasladados al pueblo de Higueras, donde permanecieron con vida alrededor de 24 horas. El Che se negó a discutir una sola palabra con sus captores. Mientras, en La Paz, reunidos Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron la decisión de asesinarlo. Todo parece que la Cia estaba presente en el lugar del crimen. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al suboficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, el Che, que había escuchado los disparos con los que acababan con dos guerrilleros, viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!”

Tuve la fortuna de mantener una entrañable relación, hasta su muerte, con Hilda Beatriz Guevara Gadea (1956-1995), la hija mayor del Che y entre ron y ron, conversar y escuchar sus recuerdos sobre su padre. Contaba Hildita que el Che, como ella siempre le mencionaba, "era un padre muy preocupado por el bienestar de sus hijos, no en el sentido material, sino de que fuéramos niños alegres, contentos, que disfrutáramos de la vida y a la vez nos formáramos como nuevas personas". El Che quería que sus hijos fueran niños iguales a los demás, con sus ocurrencias, sus travesuras, pero disciplinados. "Siempre nos inculcó que estudiáramos, que ante todo había que superarse, porque sin conocimiento no se podía hacer nada, por ser la base del dominio de la naturaleza". Tuve en mis manos la última carta que el Che escribió a su hija el 15 de febrero de 1966 y lo recuerdo con emoción.

"Un hombre que me dio pena, estaba sucio, herido, desmoralizado...". Así describía a Ernesto Guevara el capitán del ejército boliviano que lo capturó. El 9 de octubre por la mañana el gobierno de Bolivia anunció que Ernesto Guevara había muerto en combate el día anterior. La tarde del 9 de octubre, el cuerpo del Che Guevara fue llevado en helicóptero a Vallegrande y colocado en el lavadero del hospital Nuestro Señor de Malta, donde fue exhibido públicamente hasta el día siguiente. En la noche del 10, cortaron las manos al cadáver para conservarlas como prueba de su muerte. Se ordenó la cremación, que no fue posible por carecer de los medios adecuados. Su cadáver fue enterrado en la madrugada del 11, en una fosa con otros seis guerrilleros.

En junio de 1997 se produjo un cambio de poder en Bolivia, que junto con las presiones internacionales, favoreció la búsqueda de los restos de los guerrilleros. El hallazgo se produjo treinta años después, el 28 de junio de 1997 . Un equipo de científicos cubanos encontró, en una fosa común situada en la pista auxiliar del aeropuerto de Valle Grande, los restos óseos del Che y los de sus seis hombres: (Alberto Fernández Montes de Oca "Pacho", René Martínez Tamayo "Arturo", Orlando Pantoja Tamayo "Olo", Aniceto Reinaga "Aniceto", Simeón Cuba "Willy") y Juan Pablo Chang "El Chino".

Ernesto Guevara, nació en Argentina, en el seno de una familia acomodada. Estudió la carrera de medicina. Su compromiso político le llevó por otros derroteros y se convirtió en compañero de Fidel Castro. Participó en la revolución cubana, que propició la caída del dictador Fulgencio Batista, títere de Estados Unidos, que tenía en la isla su feudo de mafia y corrupción. En el gobierno, dirigió el Ministerio de Industria y el Banco Nacional. Su vocación le hizo participar en otros movimientos de liberación e intervino en acciones guerrilleras en el Congo y Bolivia. Su ejecución en este país, tras meses de acoso por parte del Gobierno y de la CIA, acrecentó su leyenda. Entregó su vida a la lucha contra el imperialismo y la dictadura, convirtiéndose en el máximo mito revolucionario del siglo XX. Fue un icono de la juventud del Mayo del 68 y símbolo de unos ideales de libertad y justicia que juzgó más valiosos que su propia vida.

El Che escribía en su diario el 6 de Octubre : "Las exploraciones demostraron que teníamos una casa muy cerca pero también que, en una quebrada más lejana, había agua. Hacia allí nos dirigimos y cocinamos todo el día bajo una gran laja que servía de techo, a pesar que yo no pasé el día tranquilo, pues nos aproximamos a pleno sol por lugares algo poblados y quedamos en un hoyo. Como la comida se retrasó, decidimos salir por la madrugada hasta un afluente cercano a este arroyito y de allí hacer una exploración más exhaustiva para determinar el rumbo futuro. La radio chilena informó de una noticia censurada que indica que hay 1.800 hombres en la zona buscándonos."

Día 7 de Octubre . Ultima página del diario "Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las 12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe. Sólo dio información sobre los caminos; de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. Salimos los 17 con una luna muy pequeña y la marcha fue muy fatigosa y dejando mucho rastro por el cañón donde estábamos, que no tiene casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo. A las 2 paramos a descansar, pues ya era inútil seguir avanzando".

Mientras el Che se encontraba prisionero nada se hizo hasta que el presidente boliviano Barrientos dio la orden de su ejecución directa y sin juicio. El Che moría fusilado con una ráfaga de disparos en el pecho, para corroborar la versión de su muerte en combate.

"Aquí se queda la clara, / la entrañable transparencia, / de tu querida presencia, / Comandante Che Guevara» (Versos de Carlos Puebla)

Ernesto Guevara de la Serna; universalmente conocido como El Che; combatiente revolucionario, estadista, escritor y médico argentino-cubano. Su vida, conducta y su pensamiento se ha convertido en paradigma de millones de hombres y mujeres en todo el mundo. "Hasta la victoria siempre".

miércoles, 11 de abril de 2018

Ni una bala de más, ni se dijo una mentira



Por Pedro de la Hoz

La credibilidad y la confianza de las transmisiones de Radio Rebelde radicaba en el contacto directo de los líderes de la gesta, comenzando por Fidel, con el pueblo, mediante un lenguaje ajeno a formalismos retóricos, y sobre la base de la más absoluta transparencia

A la opinión pública de Cuba y a los pueblos libres de la América Latina.

He marchado sin descanso días y noches desde la zona de operaciones de la Columna No. 1, bajo mi mando, para cumplir esta cita con la emisora rebelde.

Duro era para mí abandonar mis hombres en estos instantes, aunque fuese por breves días, pero hablarle al pueblo es también un deber y una necesidad que no podía dejar de cumplir.

Odiosa como es la tiranía en todos sus aspectos, en ninguno resulta tan irritante y groseramente cínica como en el control absoluto que impone a todos los medios de divulgación de noticias, impresas, radiales y televisadas.

La censura, por sí sola tan repugnante, se vuelve mucho más, cuando a través de ella no solo se intenta ocultar al pueblo la verdad de lo que ocurre sino que se pretende, con el uso parcial y exclusivo de todos los órganos normales de divulgación, hacerle creer al pueblo lo que convenga a la seguridad de sus verdugos.

Mientras ocultan la verdad a toda costa, divulgan la mentira por todos los medios.

Comandante en Jefe Fidel Castro
Radio Rebelde, Sierra Maestra
14 de abril de 1958


La cita que encabeza este texto fueron las primeras palabras pronunciadas por Fidel ante los micrófonos de Radio Rebelde, emisora fundada muy poco antes, el 24 de febrero de ese año, por el Comandante Ernesto Che Guevara.
No solo se trataba de dar a conocer la vitalidad del foco guerrillero en la Sierra Maestra y su expansión progresiva hacia otras zonas del territorio oriental –la apertura del Segundo y el Tercer Frente por los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, respectivamente–, y de otras provincias del país –se combatía en Las Villas y Pinar del Río, mientras se resistía en las ciudades, pese al fracaso de la huelga del 9 de abril–; ni de romper el cerco mediático que impedía a la población tomar el pulso a la creciente actividad revolucionaria.

Con Radio Rebelde se perfilaba entre nosotros un inédito modelo de comunicación asociado a las luchas populares, basado en principios que en el tiempo han demostrado su plena vigencia.

Ante todo se tuvo en cuenta la capacidad multiplicadora de un medio que por entonces, además de su inmediatez, era el de mayor impacto potencial en las audiencias y podía superar las dificultades de la circulación de la prensa clandestina impresa, sin renunciar, obviamente, a esta última. Abundan los testimonios de la extraordinaria penetración de las transmisiones de Radio Rebelde y sus ramificaciones –al final de la guerra operaban 32 emisoras integradas en la Cadena de la Libertad–; en muchas casas, con el volumen atenuado y en los sitios más resguardados, la gente oía a diario los partes de la planta guerrillera.

Pero lo esencial de la credibilidad y la confianza de las transmisiones de Radio Rebelde radicaba en el contacto directo de los líderes de la gesta, comenzando por Fidel, con el pueblo, mediante un lenguaje ajeno a formalismos retóricos, y sobre la base de la más absoluta transparencia y probidad informativas.

Todos los mensajes estaban avalados por la verdad. «En la Radio Rebelde –afirmó Fidel– no se puso nunca ni una bala de más, ni se dijo una mentira».

El valor movilizativo y orientador del medio se afianzó como parte sustantiva de la propuesta comunicativa, como quedó demostrado en los días finales de la gesta de liberación, cuando desde las ondas de la emisora el líder de la Revolución conjuró el intento de golpe de Estado y llamó a la huelga general.

Llama la atención la línea inicial de aquella primera alocución de Fidel por la radio. La referencia a los «pueblos libres de América Latina» indica, de manera explícita, tanto la vocación integradora, de raigambre martiana, de la lucha revolucionaria, como un reclamo solidario que la Revolución hizo recíproco tras el triunfo de Enero de 1959 y ha estado presente invariablemente en las plataformas mediáticas cubanas.

Del poder arrollador de la radio dio fe el propio Fidel cuando, al analizar muchos años después sobre el terreno, el enfrentamiento a la ofensiva lanzada a mediados de 1958 por el régimen contra las fuerzas insurrectas, señaló como «el máximo punto de penetración en la ofensiva, el más próximo a Radio Rebelde y a la Comandancia General, que no distaba de aquí en línea recta ni siquiera dos kilómetros, de modo que los morteros podían disparar sobre Radio Rebelde debido a la corta distancia en que se encontraba el enemigo», y recordó cómo «con muy pocas fuerzas, prácticamente con escuadras, fue necesario defender todos los accesos a la Comandancia General y a Radio Rebelde…».

La instalación de Radio Rebelde en Altos de Conrado se revela con aires de leyenda. El Che supo que un técnico que reparaba receptores domésticos en Bayamo, militante del Movimiento 26 de Julio, Eduardo Fernández, había expresado su disposición de dotar a la guerrilla de un transmisor. Pero había que buscar las piezas, subirlas a la montaña mediante un arriesgado tráfico clandestino y luego armar la emisora y hacerla funcionar. «Aquí Radio Rebelde, la voz de la Sierra Maestra, transmitiendo para toda Cuba en la banda de 20 metros diariamente a las cinco de la tarde y nueve de la noche…», se escuchó al fin el día señalado.

En realidad fue magro el resultado inaugural. Con su peculiar ironía, el propio Che narró el episodio: «Los únicos oyentes que tuvimos fueron Pelencho, un campesino cuyo bohío estaba situado en la loma de enfrente a la planta, y Fidel que estaba de visita en el campamento…».

Muy pronto, sin embargo, se enmendaría técnicamente la situación. En pocas semanas, la emisora se convirtió en una herramienta imprescindible en el fragor de la lucha. Sobre su naturaleza y alcance, Raúl Castro expresó el 24 de febrero de 1973:

«Con la creación de Radio Rebelde, el Che proseguía los esfuerzos por divulgar las ideas revolucionarias, iniciados con el pequeño periódico El Cubano Libre, así denominado en honor del ejército mambí. A su vez, estos medios de propaganda revolucionaria, surgidos en territorio rebelde, continuaban la senda de las publicaciones clandestinas que a partir de El Acusador, La Historia me absolverá y los manifiestos número 1 y 2 del Movimiento 26 de Julio, concretaban el principio firmemente sostenido por Fidel de esclarecer, orientar y movilizar a las masas, ante todo diciéndoles la verdad».


lunes, 5 de marzo de 2018

Che Guevara en Congo



Por David Seddon *

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Introducción
La reciente muerte de Fidel Castro el 25 de noviembre de 2016 me llevó a revisar la extraordinaria historia de la Revolución cubana y en particular el papel del gobierno cubano bajo Castro apoyando lo que consideraban movimientos progresistas y gobiernos radicales de todo el mundo, incluida África, a lo largo de tres décadas, desde la de 1960 a la de 1980. Cuba proporcionó reconocimiento diplomático, apoyo político y asistencia militar a luchas de liberación nacional y a Estados independientes en Argelia, Sáhara Occidental, Eritrea y Etiopía, Zanzibar y a las colonias portuguesas de Guinea-Bissau, Angola y Mozambique. Las victorias militares de los soldados cubanos en Angola en 1975-76 y de nuevo en 1987-88 contra el ejército sudafricano fueron, en mi opinión, una parte fundamental de la finalmente victoriosa lucha contra el dominio blanco en Namibia y en la propia Sudáfrica.

Cuba contribuyó a la lucha de liberación de Argelia por primera vez en 1961 enviando una gran cantidad de armas estadounidenses capturadas durante la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos y una vez que Argelia obtuvo la independencia en julio de 1962 los argelinos correspondieron ayudando a adiestrar a un grupo de guerrilleros argentinos e incluso enviaron a dos agentes con las guerrillas desde Argel a Bolivia en junio de 1963. Pero el intento más temprano de proporcionar apoyo sistemático a un movimiento potencialmente revolucionario en África consistió en el envío de un grupo de élite de guerrilleros cubanos (todos ellos voluntarios y en su mayoría negros) al este de Congo en 1965. Uno de los pocos guerrilleros cubanos blancos era Ernesto “Che” Guevara.

Antecedentes de Congo

Tras la independencia de Congo respecto a Bélgica siguió en 1960 fue elegido un primer ministro de izquierda, Patrice Lumumba, tras lo cual se produjo en rápida sucesión un motín del ejército, la secesión de la provincia rica en mineral de Katanga bajo Moise Tshombe, la vuelta de los soldados belgas y la llegada de las fuerzas de paz de la ONU a petición de Lumumba para proteger la integridad territorial del país y su nuevo régimen. Cuando Lumumba también solicitó a los soviéticos ayuda militar fue derrocado por el presidente Kasavubu, cuya decisión apoyó el comandante en jefe Joseph Mobutu. El subsiguiente asesinato de Lumumba y la muerte en un accidente de aviación del Secretario General de la ONU, Dag Hammarskjold, sumió a Congo en una situación caótica.

A principios de 1964 el país quedó en manos de un primer ministro débil e impopular, Cyrille Adoula, que había cerrado el parlamento congoleño; la ONU planeaba su retirada y habían estallado cuatro rebeliones diferentes, la mayoría de las cuales operaba bajo el paraguas de un grupo de oposición de izquierda llamado Consejo de Liberación Nacional, que había sustituido de hecho al parlamento. Uno de los movimientos rebeldes, que operaba en el noreste del país, estaba dirigido por un político local, Gaston Soumaliot, cuyo lugarteniente, Laurent Kabila, dirigía un movimiento afín más al sur. Durante unas pocas semanas a mediados de 1964 estas fuerzas rebeldes controlaron gran parte de la región oriental de Congo. Mientras tanto, un excompañero de Lumumba, Christophe Gbenye, al que apoyaban China y la Unión Soviética, controlaba la mayor parte del resto del país.

En marzo de 1964 el presidente [estadounidense] Lyndon Johnson envió a Averell Harriman a Leopoldville (Kinshasa) para valorar la situación. Junto con Cyrus Vance, vicesecretario de defensa estadounidense, Harriman planeó establecer un puente aéreo a Congo y en mayo empezaron a llegar aviones y helicópteros. En julio Moise Tshombe se hizo con el poder en sustitución del incompetente Adoula y pidió ayuda a Estados Unidos, Bélgica y Sudáfrica para apoyar su régimen. Se escuchó su petición y el ejército de Congo se vio reforzado con oficiales belgas y mercenarios blancos de Rhodesia y Sudáfrica. Su principal tarea inmediata fue aplastar la rebelión de Gbenye, que había establecido su cuartel general y su gobierno en Stanleyville (Kisangani). En noviembre varios paracaidistas belgas volaron desde la base británica del Atlántico sur en la isla Ascensión con permiso del recién elegido gobierno laborista de Harold Wilson y saltaron sobre Stanleyville al mismo tiempo que llegaban los mercenarios.

Guevara mira a África

E n respuesta a estos movimientos u n grupo de Estados africanos radicales “de primera línea” encabezados por Argelia y Egipto anunció que iban a suministrar armas y soldados a los rebeldes congoleños, y pidió ayuda a otros Estados. El gobierno cubano anunció que estaba dispuesto a responder a la petición . En diciembre Guevara, que ya era uno de los dirigentes cubanos más internacionalistas, hizo un discurso vehemente en su condición de delegado cubano ante la Asamblea General de la ONU en el que habló del “trágico caso de Congo” y denunció “la inaceptable intervención” de las potencias occidentales, refiriéndose a los “ p aracaidistas belgas, transportados por aviones norteamericanos que partieron de bases inglesas ” * .

Tras salir de Nueva York Guevara emprendió una gira por diferentes Estados africanos: primero visitó Argelia y a continuación Mali, Congo-Brazzaville, Senegal, Ghana, Dahomey, Egipto y Tanzania. En Dar es Salaam se reunió con Laurent Kabila, que buscaba ayuda para mantener lo que quedaba de la zona liberada en el este y sudeste de Congo; en El Cairo se reunió con Gaston Soumaliot, que pedía hombres y dinero para el frente de Stanleyville en Congo, y en Brazzaville se reunió con Agostinho Neto, que pidió a los cubanos que apoyaran al ejército de liberación de Angola, el MPLA. Guevara estaba entusiasmado por lo que estos hombres le contaron acerca del potencial de una lucha de liberación efectiva en estos tres casos y por el papel de Cuba a la hora de proporcionar apoyo.

En febrero de 1965 Guevara voló a Beijing para ver qué ayuda podía proporcionar la República Popular China a las rebeliones en Congo. Allí se reunió, entre otras personas, con Chou en Lai (que entre diciembre de 1963 y febrero de 1964 había visitado algunos países africanos con el fin de valorar cómo podría intervenir mejor China). Inmediatamente después de su reunión con el Che en Beijing Chou iba a visitar por segunda vez Argel y El Cairo en marzo de 1965, posiblemente para reunirse con los dirigentes rebeldes congoleños acerca de los cuales le había informado el Che. Después, en junio, voló a Tanzania donde seguramente se reunió con Kabila y Soumaliot.

Mientras tanto, el propio Guevara volvió a El Cairo, donde habló con el coronel Nasser acerca de su plan de liderar él mismo un grupo de guerrilleros. Según un informe de la reunión elaborado por el yerno de Nasser, el editor y periodista Mohammed Heikal, Nasser no se mostró demasiado entusiasmado, advirtió a Guevara acerca de los peligros del romanticismo y le advirtió que “no se convirtiera en otro Tarzán”. “No se puede hacer”, afirmó. Es evidente que esta escéptica respuesta no impresionó a Guevara. Sospecho que ya era un hombre con una misión, que era llevar su propia experiencia personal de contribuir a construir un movimiento revolucionario (que, en su opinión, tanto éxito había tenido en Cuba y había sido la obra de unos pocos guerrilleros comprometidos) para influir en otras situaciones en el mundo.

Guevara volvió a Cuba y fuer recibido por Fidel Castro en el aeropuerto . E sta sería la última vez que se iban a ver en público antes de la muerte de Guevara dos años después, en octubre de 1967, e n Vallegrande, Bolivia. Antes de abandonar Cuba escribió una carta de despedida a Fi idel, que sería leída en público en La Habana seis meses después, en octubre de 1965. En efecto, en la carta Guevara declaraba que ya no se sentía obligado con la Revolución cubana sino con el proyecto de extender la influencia y el impacto de esta a todas partes: “ Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. [ … ] he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando” ** .  Eran las palabras de un hombre que consideraba que su destino era en ese momento “exportar” la revolución dirigiendo un movimiento de guerrilla en África . Si él, que era una persona ajena, un argentino, había sido capaz de integrarse con los revolucionarios cubano s , ¿por qué no con los revolucionarios africanos, ya fuera en Angola o en Congo?

Tres semanas después salió en secreto de La Habana con un pequeño grupo de soldados cubanos. Primero fue a El Cairo y después a Dar es Salaam, en Tanzania. En aquel momento Tanzania un importante Estado radical bajo la presidencia de Julius Nyerere, que acababa de crear una unión con la revolucionaria Zanzibar. Mientras una “columna” formada por 120 cubanos iba a ir poco a poco por barco a Tanzania y a través del lago Tanganica hasta el norte de Katanga, una segunda “columna” formada por 200 hombres (el “batallón Patrice Lumumba”) iba a volar a una base situada al otro extremo del país, cerca de Brazzaville, al otro lado del río Congo, desde Leopoldville (Kinshasa), la capital de Congo. La “columna” oriental iba a ser dirigida oficialmente por el capitán Victor Dreke, un cubano de ascendencia africana acerca del cual el Che escribió después a Fidel: “Fue […] uno de los pilares en los que me apoyé. La única razón por la que no recomiendo que sea ascendido es porque ya ostenta el rango más alto”. Guevara formaba parte de esa “columna”. La “columna” occidental iba a ser dirigida por Jorge Risquet Valdés Santana, miembro del Comité Central del Partido Comunista Cubano.

El nuevo embajador cubano, Pablo Rivalta, recibió al grupo de Guevara en el aeropuerto a las afueras de Dar es Salaam. Hacía solo unos meses que se había establecido la embajada. Guevara temía que la CIA tuviera noticias de su llegada, aunque los estadounidenses acababan de retirar a su embajador de Dar es Salaam y estaban ocupados en otros lugares. Pero los congoleños que había en Dar es Salaam también le prestaron poca atención. Los líderes rebeldes, incluidos Kabila y Soumaliot, se encontraban en El Cairo, supuestamente tratando de reducir las divisiones políticas dentro de su movimiento revolucionario y solo estaba disponible un personal relativamente joven. Parece ser que la planificación de la intervención cubana en la lucha armada africana fue algo deficiente desde el principio y la coordinación con los líderes africanos un tanto limitada.

No obstante, el 22 de abril de 1965 Guevara y su pequeño grupo de cubanos viajaron a la ciudad ribereña de Kigoma, donde establecieron una base de suministro. Cerca de Kigoma está el pueblo de Ujiji, donde un siglo antes, en 1871, se habían reunido el dr. David Livingstone y Henry Stanley. Se desconoce si Guevara era consciente de este conocido episodio de la historia del imperialismo en África o de la proximidad de Ujiji a su base antiimperialista en Kigoma, pero tuvo el acierto de dar a cada uno de los líderes cubanos un número en lengua suajili: Dreke era Moja (uno), Tamayo, un colaborador cercano de Guevara durante varios años y una de las figuras más significativas de las actividades militares internacionalistas de Cuba, era Mbili (dos) y el propio Guevara, de forma confusa y engañosa, era Tatu (tres).

Los cubanos cruzaron el lago y fueron recibidos en el poblado de Kibamba por un grupo bien armado del Ejército de Liberación Popular ataviado con trajes de faena color caqui suministrados por los chinos. Se comunicaron en francés con los cubanos, que establecieron su campamento a las afueras del poblado. Aquello fue el inicio de lo que iba a ser una campaña de siete meses en lo que el líder mercenario, el coronel Mike Hoare***, denominó “el bolsillo de resistencia de Fizi Baraka” al régimen de Tshombe, de una extensión el doble de grande que Gales. En los meses siguientes, entre abril y octubre de 1965, fueron llegando poco a poco más cubanos desde el otro lado del lago Tanganica para unirse a sus compatriotas. Los cubanos y congoleños elaboraron juntos un plan para explorar el terreno que “ocupaban” y los cubanos empezaron a valorar los puntos fuertes y débiles de sus aliados y de sus enemigos.

Respecto a estos últimos, en sus exploraciones constataron que las bases de vanguardia de sus enemigos estaban bien defendidas, con el apoyo de aviones pequeños y de mercenarios blancos; por lo que se refiere a los cubanos, consideraban que la moral y competencia de los rebeldes congoleños eran bajas, y que sus líderes, incluido Kabila, eran considerados extraños o incluso más peyorativamente, “turistas”. Los comandantes del campamento “pasaban los días bebiendo y haciendo comidas enormes sin ocultar sus planes a la gente que había alrededor. Gastaban gasolina en expediciones sin sentido”. El 7 de junio el líder rebelde más antiguo presente en el campamento (Kabila continuaba en Dar es Salaam) se ahogó en el lago Tanganica en un accidente inexplicable.

Poco tiempo después llegaron órdenes de Kabila de que los cubanos tenían que organizar un ataque a una guarnición en Bendera, en la carretera interior que protegía una central hidroeléctrica. A Guevara no le gustaba el plan, pese a lo cual se decidió seguir adelante. El 20 de junio de 1965 salió una fuerza combinada de cubanos, congoleños y tutsis (algunos de los cuales eran originarios de Ruanda) con la idea de atacar la central y las barracas. A los cubanos les pareció que la operación fue un desastre: muchos de los tutsis huyeron, los congoleños se negaron a participar y fallecieron cuatro cubanos, lo que reveló al enemigo que Cuba estaba involucrada en la rebelión. Por otra parte, al parecer el coronel Mike Hoare estaba impresionado y señaló en sus memorias que “los observadores habían notado un cambio sutil en el tipo de resistencia que ofrecían los rebeldes al gobierno de Leopoldville […]. Ese cambio coincidía con la llegada a la zona de un contingente de asesores cubanos especialmente adiestrados en el arte de la guerra de guerrilla”.

Los cubanos, sin embargo, estaban muy deprimidos y desilusionados. Todos los cubanos habían enfermado en un momento u otro desde que habían llegado. El propio Guevara había tenido ataques de asma y malaria. A pesar de que hubo pequeños éxitos militares, como la emboscada a un grupo de mercenarios en agosto, los progresos parecían insignificantes y el clima político se estaba deteriorando a todas luces. Las diferencias entre las distintas facciones rebeldes y sus líderes perecían haber llegado a su culmen y un golpe de Estado en Argelia que había sustituido a Ben Bella – uno de los principales apoyos de Guevara – por el comandante del ejército Houari Boumedienne llevó a que los Estados radicales redujeran su compromiso con la rebelión congoleña. Pero Guevara se reservó para sí mismo sus preocupaciones y cuando a principios de septiembre de 1965 Soumaliot fue a La Habana pudo convencer a Castro de que la revolución iba bien, con lo que no se detuvo el flujo regular mensual de guerrilleros recién adiestrados que llegaban a Tanzania desde Cuba.

Los mercenarios blancos y las tropas congoleñas de Tshombe emprendieron entonces un contraataque, que amenazó a toda la posición cubana. Sin embargo, el adiestramiento cubano debió de servir de algo porque, como recordó más tarde Hoare, “el enemigo era muy diferente de cuanto habíamos conocido antes. Llevaba equipamiento, empleaba tácticas de campo normales y respondía a las señales del silbato. Era obvio que estaba dirigido por oficiales adiestrados. Interceptamos mensajes inalámbricos en castellano […] y parecía claro que […] los cubanos estaban organizando la defensa”. Pero para octubre, cuando los cubanos llevaban en Congo solo seis meses, tanto ellos como sus aliados congoleños estaban en desventaja. Guevara se vio obligado a retirarse a su campamento base de Luluabourg y previó una larga y última resistencia.

No obstante, los acontecimientos demostraron ser tan impredecibles como siempre. El presidente Kasavubu finalmente se convenció de que nunca conseguiría la aprobación de la mayoría de los Estados africanos en la Organización de la Unidad Africana (OUA) si Tshombe seguía como primer ministro y era de hecho el señor de Katanga, así que Tshombe fue destituido y sustituido por Evariste Kimba. Por un momento parecía que la rebelión se había salvado, pero en realidad el “derrocamiento” del gobierno de Tshombe fue la verificación del preludio de una reconciliación política que minaría la rebelión y acabaría con el apoyo recibido de los Estados africanos.

El 23 de octubre de 1965 Kasavubu asistió a un encuentro de jefes de Estado africanos en Accra presidido por Kwame Nkrumah. Kasavubu anunció que la rebelión en Congo estaba prácticamente terminada y que, por consiguiente, era posible prescindir de los servicios de los mercenarios blancos y enviarlos a casa.

Aquello bastó para convencer a muchos dirigentes africanos. Fue una señal de derrota para los Estados africanos radicales, permitió que surgiera una alianza más conservadora en el seno de la OUA y marcó un punto de inflexión en los últimos años de la historia colonial de África. Al considerar que el clima era entonces favorable, el 11 de noviembre de 1965 el líder blanco de Rhodesia, Ian Smith, declaró unilateralmente la independencia respecto a Reino Unido. En Sudáfrica se produjo un nuevo ataque contra el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) que de hecho aplastó al movimiento de masas contra el apartheid durante media década y se animó a los portugueses a mantener su dominio en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau durante otra década, hasta 1975. Como indicamos antes, Ben Bella había sido derrocado. A principios de 1966 Nkrumah fue destituido mientras se encontraba de visita en China y “Mehdi’” Ben Barka, el líder radical marroquí que había estado organizando la Conferencia Tricontinental (una reunión de los movimientos revolucionarios de todo el mundo que se celebró en La Habana en enero de 1966) fue secuestrado en París y asesinado.

Mientras tanto, en Congo, cuando Mike Hoare oyó el discurso de Kasavubu y su promesa de enviar a los mercenarios a casa, acudió a Leopoldville a ver a Mobutu en persona. “El general estaba furioso”, recuerda, “no se le había consultado […] y se amargó por ello”. Se persuadió al nuevo primer ministro, Kimba, de que hiciera una declaración afirmando que no había intención de enviar a los mercenarios a casa hasta que Congo estuviera totalmente pacificado. Guevara también luchaba contra el cambio de la tendencia política en África. El 1 de noviembre de 1965 recibió un mensaje urgente de Dar es Salaam advirtiéndole de que a consecuencia del encuentro de Accra el gobierno tanzano había decidido cancelar la fuerza expedicionaria cubana. Demasiado consciente de las luchas internas dentro de la dirigencia congoleña y preocupado por las implicaciones que esto pudiera tener, el presidente tanzano Nyerere consideró que no tenía demasiadas opciones.

Pero Guevara ya había considerado la opción de permanecer en la retaguardia, pasara lo que pasara, “con veinte hombre bien escogidos”. Entonces habría seguido luchando hasta que se desarrollara el movimiento o hasta agotar las posibilidades de este y en ese caso habría decidido buscar otro frente o pedir asilo en alguna parte. Daba la impresión de que Guevara consideraba que todavía tenía una misión fuera de Cuba. Pidió ayuda a China y Chou en Lai le aconsejó permanecer en Congo formando grupos de resistencia, pero sin entrar en combate. Sin embargo, el 20 de noviembre tocó a retirada y organizó el paso del lago Tanganica de vuelta a Tanzania. “Todos los líderes congoleños estaban en plena retirada, los campesinos se habían vuelto cada vez más hostiles”, escribió.

El propio Fidel Castro afirmaría años más tarde que “en definitiva, fueron los líderes de Congo los que tomaron la decisión de interrumpir la lucha y los hombres se retiraron. En la práctica aquella decisión fue correcta; habíamos comprobado que las condiciones para el desarrollo de aquella lucha, en aquel momento particular, no existían”. Es discutible si, en efecto, era el caso o simplemente fruto de un hecho consumado. Pero, de cualquier modo, al cabo de unos días en Dar es Salaam la mayoría de los cubanos volvió vía Moscú a casa, a La Habana, donde informaron de su misión. Victor Dreke volvió a Cuba para dirigir una unidad militar que preparaba a voluntarios internacionalistas y en 1966 encabezó la misión militar cubana a Guinea-Bissau/Cabo Verde, donde sirvió junto Amílcar Cabral. A continuación desempeñó una función similar en la República de Guinea. Volvió a Guinea-Bissau en 1986 encabezando la misión militar cubana hasta 1989 [1]. Jorge Risquet se convirtió en el jefe de la Misión Internacionalista Civil Cubana en la República Popular de Angola entre 1975 y 1979, en apoyo de Agostino Neto y al MPLA [2]. Otros miembros de la fuerza de guerrilleros de Guevara volverían a implicarse más tarde en África.

Después de la misión militar cubana Che Guevara permaneció en la embajada cubana de Dar es Salaam para escribir su relato de la “campaña congoleña”. A principios de 1966 viajó a Praga y volvió finalmente a Cuba, donde ayudó a preparar la fuera expedicionaria que en noviembre de 1966 se iba a establecer al este de Bolivia. A diferencia de la situación en Congo donde aceptó ser el número tres (como Tatu), por el motivo que fuera en Bolivia insistió en dirigir abiertamente la fuerza. Eso hizo que no le apoyara el Partido Comunista Boliviano, lo que en la práctica dejó aislados a los guerrilleros cubanos.

En marzo de 1967, solo tres meses después de llegar a la zona, los cubanos y sus aliados bolivianos fueron descubiertos por los bolivianos y en abril se vieron obligados a entrar en acción contra el ejército boliviano. Sin ayuda externa los miembros del grupo de guerrilleros fueron cayendo poco a poco y su moral fue disminuyendo. En octubre de 1967 Guevara fue capturado y fusilado al día siguiente.

En un sentido se podría afirmar que cuando decidió seguir luchando en unas condiciones desesperadas no había aprendido nada de su experiencia en Congo; en otro, se podría decir que ya había contemplado esa situación en Congo cuando consideró seriamente la posibilidad de quedarse a seguir luchando con “veinte hombres bien elegidos” y probablemente incluso desde abril de 1965 cuando escribió su carta a Castro renunciando a sus puestos en la jefatura del partido, al de ministro, a su rango de comandante y a la ciudadanía cubana. Recordemos que, a fin de cuentas, era argentino y no cubano. Hasta cierto punto siempre había sido una persona ajena. También era un idealista que había viajado por toda América Latina en moto cuando era un médico joven, había conocido de cerca la vida de las personas pobres y se había convencido de que se podía hacer algo para cambiar esas vidas por medio de la revolución. Había participado en el extraordinario éxito de la revolución cubana y había visto lo que se podía hacer con unos pocos hombres decididos.

Resulta revelador que ya en 1965, cuando se marchó a Congo, escribiera lo siguiente a sus padres, que vivían en Argentina: “Otra vez más siento bajo mis talones el costillar de Rocinante”. La idea de Guevara como un Don Quijote actual, que emprende aventuras en su viejo caballo para revivir la caballería, enmendar entuertos, traer la justicia al mundo, y, a pesar de una serie de encuentros desastrosos, lograr sobrevivir con la moral intacta hasta el final apela a lo romántico en todas aquellas personas que se consideran revolucionarias. Sin embargo, siempre fue un sueño, algo que Guevara reconoce en sus diarios de “la guerra revolucionaria en Congo”.

Véase Ernesto ‘Che’ Guevara, The African Dream: the Diaries of the Revolutionary War in the Congo, Grove Press, N ueva York, 1999, traducido del castellano por Patrick Camiller; primera edición en Gran Bretaña de The Harvill Press, Londres, 2000. Prólogo de Richard Gott, introducción de Aleida Guevara March, pp. 244. [Obra original en castellano, Pasajes de la Guerra Revolucionaria. El Congo, Ocean Sur, 2009;   véase la introducción de Aleida Guevara, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95850]


NB. Este artículo se inspira en gran medida en la introducción de Richard Gott al relato de Ernesto Che Guevara procedente de sus diarios acerca de la participación de los cubanos en las rebeliones o guerras revolucionarias en Congo a mediados de la década de 1960. Pero algunos de los comentarios son míos y de ello Gott no es, por supuesto, responsable.

Notas:

* Véase el discurso completo, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=146532 (N. de la t.).




*** Mike Hoare fue un líder mercenario irlandés al que en 1964 contrató el primer ministro congoleño Moise Tshombe para dirigir una unidad militar. Posteriormente se vanaglorió de que él y sus hombres habían asesinado a “entre 5.000 y 10.000 rebeldes congoleños en los 20 que pasé en Congo. Pero no es suficiente. Hay 20 millones de congoleños y creo que aproximadamente la mitad de ellos fueron rebeldes en uno u otro momento mientras estuve ahí”. (N. de la t.)

[1] En 1990 el general Dreke se retiró del servicio militar activo tras una exitosa carrera militar. Ejerció entonces como representante en África de las corporaciones cubanas ANTEX y UNECA en proyectos de comercio y construcción, y fue vicepresidente de la Asociación de Amistad Cuba-África.

[2] A pesar de que la campaña de Congo encabezada por Che Guevara no logró derrotar a la contrarrevolución en 1965, una década después el gobierno cubano respondió a una petición del líder del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), Agostino Neto, de ayudar al movimiento de independencia a derrotar una invasión de las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica (SADF, por sus siglas en inglés), apoyadas por la CIA estadounidense, cuyo objetivo era instalar en Luanda un régimen títere apoyado por occidente. Entre noviembre de 1975 y principios de 1976 se desplegaron unos 55.000 soldados cubanos que ayudaron al ala militar del MPLA (FAPLA) a derrotar la intervención de las SADF y a consolidar la independencia nacional de Angola. Las unidades militares cubanas permanecieron en Angola 16 años luchando tanto con las fuerzas del FAPLA como con los cuadros militares de la Organización Popular de África Suroccidental (SWAPO, por sus siglas en inglés) del Ejercito popular de Liberación de Namibia (PLAN, por sus siglas en inglés) y el ala armada del ANC, Um Khonto We Sizwe (MK).

Estados Unidos y sus aliados en Pretoria armaron, financiaron y proporcionaron cobertura diplomática tanto a Jonas Savimbi de UNITA como a Holden Roberto del FNLA establecido en el entonces Zaire, que adoptó otro nombre tras el triunfo de la contrarrevolución en Congo-Kinshasha. UNITA demostró ser el más imponente de los enemigos ya que recibía asistencia directa de la CIA y de las SADF que entonces operaban en África del Sudoeste (Namibia) antes de su independencia en 1990. Esta batalla llegó a su punto culminante en 1987-1988 con las batallas centradas en torno a Cuito Cuanavale donde las SADF fueron derrotas de forma aplastante en Angola. Estas batallas convencieron al régimen racista de Pretoria y a quienes lo apoyaban en los gobiernos de Reagan y Bush de que no era posible derrotar militarmente a los movimientos de liberación sudafricanos. En 1988 se declaró un alto el fuego y se entablaron negociaciones entre el gobierno del MPLA en Angola y el régimen de apartheid.

Estados Unidos y Sudáfrica no querían que el gobierno cubano participara en las negociaciones orientadas a la retirada de las SADF del sur de Angola y el proceso de indecencia en Namibia. No obstante, debido al apoyo abrumador de la Organización de la Unidad Africana (OUA) y de las fuerzas progresivas del mundo, no solo se permitió a los cubanos participar en las negociaciones sino que desempeñaron un papel fundamental. El papel clave de Jorge Risquet en las negociaciones aumentó su talla internacional, que ponía de manifiesto la trascendencia de Cuba en el proceso revolucionario africano. Risquet encabezó la delegación cubana en las negociaciones que dieron como resultado la retirada del ejército del apartheid del sur de Angola y la liberación de la vecina Namibia de una ocupación de asentamiento colonial que había durado un siglo. A finales de 1989 se celebraron unas elecciones bajo supervisión internacional en Namibia que llevaron a la declaración de independencia el 21 de marzo de 1990 bajo el liderazgo del presidente Sam Nujoma del SWAPO, vencedor en las elecciones por una abrumadora mayoría.

La independencia de Namibia y las continuas luchas de masas y armadas en Sudáfrica dirigidas por el ANC forzaron la caída de P.W. Botha, entonces presidente del régimen apartheid, y el ascenso de F.W. DeKlerk. El nuevo régimen empezó a mostrar su voluntad de negociar el fin de la crisis política en Sudáfrica: el 2 de febrero de 1990 fueron legalizados el ANC, el Partido Comunista de Sudáfrica (SACP) y otras organizaciones que habían estado prohibidas. Nueve días después, el 11 de febrero Nelson Mandela quedó en libertad tras 27 años de cárcel en las prisiones del racista sistema de apartheid.

  • David Seddon es coautor (junto con David Renton y Leo Zeilig) de Congo: plunder and resistance, editado por Zed Books. También es coordinado de una serie de artículos sobre “protestas populares, movimientos sociales y lucha de clases” dentro del proyecto con el mismo nombre [Popular protest, social movements and the class struggle] publicado en la página web RoAPE entre 2015 y 2016.



sábado, 27 de enero de 2018

Che Guevara, apóstol de los oprimidos


Rebelión

Por Salim Lamrani  *

El cincuentenario del asesinato del Che en Bolivia el 9 de octubre de 1967 ofrece la ocasión de evocar la trayectoria del revolucionario cubano-argentino que dedicó su vida a defender a los humillados.

III. Un revolucionario integral  

¿Cómo se convirtió el Che en Presidente del Banco Nacional de Cuba?

El Che no era economista de formación sino médico. Aunque tenía conocimientos en este campo, adquiridos gracias a diversas lecturas, el mundo bancario le era ajeno. Pero hacía falta una personalidad íntegra a la cabeza de una institución que había visto sucederse los ladrones, y el Che era la persona ideal. Aceptó la responsabilidad por deber revolucionario. Firmaba los nuevos billetes con su apodo “Che”. Siempre sintió un soberano desprecio por las riquezas materiales.

¿Cuándo fue nombrado Ministro de Industria?

El Che fue nombrado Ministro de Industria en febrero de 1961 con el objetivo de desarrollar y reforzar ese sector, vital para la economía cubana. Gracias a su experiencia en el Instituto Nacional de Reforma Agraria, y particularmente en el Departamento de Industrialización, fue considerado el más apto para el cargo. Lo ocuparía durante varios años.

Confrontado a la realidad del poder, el Che se volvió más pragmático, sin renunciar a los principios que constituyen el fundamento de su acción política. Según él, el Estado debe tomar el control de los medios de producción y de los sectores estratégicos del país y diversificar su economía para llegar a la soberanía energética, alimentaria, técnica y científica.

El Che tuvo que desarrollar su tarea en un contexto de lucha de clases sumamente marcado contra un viejo orden anticuado y moribundo que se negaba a admitir la nueva realidad revolucionaria. Cuba también tuvo que hacer frente a la escasez de especialistas y técnicos quienes en mayoría optaron por emigrar a Estados Unidos, atraídos por las condiciones de trabajo que ofrecían las autoridades estadounidenses. En su guerra ideológica contra La Habana, Washington lanzó una campaña destinada a saquear el país de su capital humano. El caso más emblemático y dramático fue el de los médicos: de los 6.000 médicos que tenía Cuba en 1959, más de 3.000 abandonaron el país en los primeros meses, ocasionando una grave crisis sanitaria en Cuba.

Como ministro el Che impuso disciplina y rigor predicando con el ejemplo. La eficiencia era la gran prioridad. Como miembro del Gobierno, el Che tenía algunas ventajas materiales. Una anécdota permite ilustra qué tipo de hombre era el argentino. Durante una reunión pública cuyo objeto era la libreta de abastecimiento, un ciudadano intervino para contradecir al Che diciéndole lo siguiente: “Comandante, usted dice esto porque su familia no vive con la libreta de abastecimiento”. Conviene recordar que la libreta de abastecimiento se estableció en 1960 tras las sanciones económicas que impuso Estados Unidos. El objetivo del Gobierno revolucionario era suministrar a toda la población con productos alimentarios básicos para una vida decente y evitar el desarrollo de la hambruna. El Che no respondió nada. Al día siguiente, convocó al ciudadano y le dijo: “Hasta ayer usted tenía razón”. El argentino, entonces ministro, exigió que su familia viviera en las mismas condiciones que los cubanos y que se alimentara mediante la libreta de abastecimiento. Esto ilustra la gran rectitud moral del Che.

¿Por qué Che Guevara escribía siempre en un diario?

El Che era un intelectual y, como hombre de ideas, le gustaba consignar sus reflexiones por escrito con el fin de desarrollarlas y transmitirlas. Tenía la preocupación de la transmisión del conocimiento. Su gran prioridad era hacer del pueblo cubano un pueblo educado y culto, pues estaba convencido de que la ignorancia sojuzgaba a los hombres y reforzaba los privilegios establecidos y las jerarquías sociales. Sin cultura no hay libertad posible y el argentino compartía la máxima de José Martí según la cual había que ser culto para poder emanciparse de las cadenas de la explotación y la opresión. Desde los tiempos iniciales del proceso revolucionario, el Che tuvo un diario en las montañas de la Sierra Maestra que tiene hoy un gran valor histórico. Ilustra las grandes facultades intelectuales del Che, particularmente su capacidad de síntesis. Pero había tomado la costumbre de anotar sus impresiones desde su primer viaje en motocicleta a través de América Latina en los años 50.

¿Cuál es el legado intelectual del Che?

El Che legó a la posteridad numerosos discursos entre los cuales los más famosos son el de Argel, el de la Tricontinental y su célebre discurso a la juventud. Escribió varios ensayos, particularmente su diario de campaña en Cuba, un libro sobre la guerra de guerrillas, y su famoso diario de Bolivia, entre otros. También redactó toda una serie de reflexiones que reflejan su pensamiento económico bajo el título “Apuntes críticos a la economía política”.

Una de sus obras maestras es “El socialismo y el hombre en Cuba” publicado en 1965. Analiza el comportamiento de los hombres y las mujeres en el desarrollo del proceso revolucionario, sus características y sus aspiraciones. Elabora la teoría según la cual el desarrollo económico del país debe avanzar al mismo ritmo que el desarrollo de la conciencia revolucionaria entre los ciudadanos para crear un hombre nuevo cuyo motor sería una base de valores morales, éticos y espirituales y no las gratificaciones de orden material. El hombre nuevo colocaría el interés general por encima de sus consideraciones personales y estaría movido por la generosidad, la solidaridad, el altruismo y el esfuerzo, el sentido colectivo y el desinterés. En una palabra, todas las virtudes que tenía el Che, que en ese campo era un hombre del futuro. Para él sólo el hombre nuevo será capaz de edificar el socialismo en Cuba y en otras partes. Sólo un trabajo político, ideológico y cultural podía forjar al hombre nuevo.

¿El Che estuvo en el origen del trabajo voluntario?

El Che era un hombre de pensamiento y acción que predicaba con el ejemplo. Era la mejor manera de conquistar la autoridad moral necesaria para hacer partícipe de sus exigencias al pueblo. Para el Che el trabajo es un deber social y la expresión máxima de este deber social es el trabajo voluntario, que es la mejor escuela para crear una conciencia revolucionaria. El Che estableció el trabajo voluntario y el objetivo era incitar a los cubanos, una vez que terminaran su jornada laboral reglamentaria, a presentarse voluntarios para realizar tareas a favor del país sin esperar una recompensa material a cambio, sino la simple satisfacción moral del deber cumplido.

El Che no rechazaba la retribución material, pero consideraba que el hombre nuevo debía alimentarse de esta satisfacción moral. Para el Che, el internacionalismo era la forma más avanzada del trabajo voluntario. Era a la vez un deber y una necesidad revolucionarios. El hombre nuevo, dotado de todas esas virtudes morales, se convertiría en revolucionario integral.

¿Qué significa la consigna “Trabajo, estudio, fusil” del Che?

Esta consigna, que es hoy día la máxima de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, la lanzó el Che en octubre de 1962 cuando se creó dicha institución. En una palabra, la juventud debía ser la vanguardia revolucionaria en todos los sectores de la sociedad y constituir el primer contingente de voluntarios para cubrir las necesidades del país. Los jóvenes debían ser los mas dedicados en el trabajo, los primeros en el estudio y sobre todo la primera línea para la defensa de la nación.

¿En qué contexto conoció el Che a Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir?  

El encuentro tuvo lugar en 1969 en Cuba en la oficina del Presidente del Banco Central, ya que el Che ocupaba el cargo en esa época. Sartre y Simone de Beauvoir realizaron una estancia de un mes en Cuba. Para Sartre, el Che era el símbolo de la joven revolución cubana. Conviene recordar que en 1960, Fidel Castro tenía apenas 34 años y era el más viejo de los lideres revolucionarios. Para Sartre, sólo la juventud disponía de la energía y de la pureza necesarias para realizar una revolución. El filósofo se quedó muy impresionado por la vitalidad del proceso emancipador cubano y por la esperanza y el entusiasmo que suscitaba en el pueblo. Una sociedad nueva, más justa, se estaba edificando y se retaba a lo imposible. Sartre y Simone de Beauvoir sentían admiración por la inteligencia del Che y estaban asombrados del aspecto insólito de su cargo, que no se correspondía para nada con su personalidad.

¿Era el Che un revolucionario crítico?

El Che siempre fue muy exigente y se aplicaba ese criterio primero a su propia persona. No soportaba el diletantismo y el trabajo mal hecho. Odiaba la burocracia, que era la plaga del proceso revolucionario. Con su humor cáustico y su franqueza, no vacilaba en señalar las disfunciones de la administración y la tendencia funesta a copiar modelos inadaptables a la realidad cubana. Según él, la Revolución debía crear su propio modelo de sociedad inspirándose en las experiencias históricas del mundo pero sin caer en un dogmatismo destructor. Fue uno de los primeros en denunciar los lastres burocráticos que se convertían en aliados objetivos de la contrarrevolución.

¿Cuáles eran las críticas del Che a la Unión Soviética?

El Che siempre criticó el dogmatismo intransigente e inconsistente. Estaba convencido de que la liberación del Tercer Mundo sólo ocurriría a través de un cambio estratégico radical de los países socialistas. Para el Che, el modelo soviético llevaba a un callejón sin salida pues pretendía ser universal mientras que la construcción del socialismo dependía de la realidad de cada país. De hecho reprochó a Cuba la importación de los manuales soviéticos de filosofía política cuyo principal efecto fue impedir que los cubanos pensaran por ellos mismos. Por su parte, el Che era la antítesis del dogmatismo y un ferviente partidario del debate crítico, único medio de asumir los retos impuestos por la edificación de una nueva sociedad. El pensamiento del Che era un pensamiento en acción y en perpetua construcción.

¿Cómo percibía el mundo al Che?

Por su trayectoria, el Che era el arquetipo del revolucionario internacionalista. Era un dirigente de alto nivel, una figura emblemática de la Revolución Cubana, un hombre recto, honesto, intransigente sobre los principios, leal a Fidel Castro y a la dirección cubana y partidario de una solidaridad inquebrantable con los pueblos en lucha contra la opresión. El Che viajó varias veces a Argel, pues en los años 1960-70 Argelia era la Meca de los revolucionarios. Argelia era un refugio de todos los movimientos independentistas del Tercer Mundo y suministró ayuda material, humana, logística y financiera a todos los que llevaban la lucha anticolonial. Es uno de los capítulos más bellos de la historia de Argelia. Los gobiernos de Ahmed Ben Bella y de Houari Boumediene fueron amigos fieles y agradecidos de la Revolución Cubana y compartían los mismos ideales.

En su discurso de Argel del 24 de febrero de 1965, el Che recordaba que sólo se alcanzaría el socialismo con la abolición de la explotación del hombre por el hombre y que el mejor medio para alcanzar ese objetivo era que el Estado se apoderara de los medios de producción. Recordaba también que la gran prioridad era el desarrollo de la agricultura para asegurar la subsistencia alimentaria de los pueblos. El Che reprochaba a los países socialistas que impusieran relaciones capitalistas a las naciones del Tercer Mundo y las explotasen. Exigía más solidaridad de la URSS con los países que luchaban contra el imperialismo, particularmente el Congo y Vietnam.

¿Hubo una ruptura entre Che Guevara y Fidel Castro?

Nunca hubo una ruptura política o ideológica entre el Che y Fidel Castro. Al revés, siempre hubo una gran afinidad intelectual entre ambos. Los dos sentían un inmenso respeto el uno por el otro. El Che se consideraba un ferviente discípulo de Fidel Castro y lo recordaría en su carta de despedida. Fidel compartía las críticas del Che a la URSS. Sus destinos simplemente eran distintos. Fidel tenía la misión histórica de dirigir la Revolución Cubana y el Che deseaba hacer la revolución en Argentina. De hecho habían establecido un pacto durante su primer encuentro en México en 1955. El Che había pedido a Fidel que una vez que triunfase la Revolución en Cuba le permitiera ir a luchar por la liberación de su país de origen.



* Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016. http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html 

sábado, 11 de noviembre de 2017

La vigencia internacionalista del Che


Rebelión

Por Roher Quispe

A 50 años de caída del Comandante Ernesto Che Guevara sus ideales de ser el hombre nuevo, sigue vigente y presente junto a su internacionalismo. La causa principal que origina su mundialización de la figura del Comandante Guevara es su conducta e ideal que pregono, lo demuestra en su internacionalismo, vivió y murió para los pobres del mundo. Su entrega plena a la causa, la sustento con argumento sólidos, lo demostró con la práctica y en su quehacer diario, así mismo demostró su convicción con coherentes argumentos que en la actualidad permiten comprender la importancia de su figura para los del campo popular.
Comprender el internacionalismo del Che es ver su vida, que con sus actos e ideales dedico su mayor esfuerzo para alcanzar la victoria, para construir una nueva patria. El símbolo del Che recae en su solidaridad con los pobres y su constante optimismo en el triunfo de la revolución continental, lo demostró con su entrega a la causa de los oprimidos del mundo y por sus ideas científicas. El internacionalismo del Che es auténtico y puro plasmado en su prédica teórica y práctica, tuvo como fin acabar y superar a la sociedad capitalista para instaurar una nueva sociedad a escala mundial. La decisión de incorporarse a la expedición de Fidel en México, su incorporación a la lucha guerrillera, miembro de la dirección cubana, su contribución a la economía política y su presencia en el Congo y Bolivia, son eslabones muy altos que puede llegar un ser humano para cambiar la sociedad, para él la toma del poder es un objetivo de las fuerzas revolucionarias a estala mundial. De esto desprendemos que el revolucionario de hoy debe ser internacionalista o sino no es revolucionario, el internacionalismo proletario es una necesidad revolucionaria.

El Che fue un defensor incansable de la unidad entre los pueblos explotado, que luchan por su liberación y estos con los países socialistas, cuyo factor unificador es la derrota del imperialismo. A través de la revista Tricontinental hizo un llamado al pueblo y a las vanguardias revolucionarias; “Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha”. Así mismo en este documento importante, pone en evidencia las consecuencias negativas que traería la fragmentación para el pueblo oprimido, las vanguardias revolucionarias y los países socialistas.

El Che pensaba sin duda en la necesidad de enfrentar y derrotar al imperialismo, la solidaridad entre los pueblos para la formación del nuevo hombre con nuevos valores, esto lo menciono en la una carta a sus hijos antes de partir a Bolivia: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo”. Esto es recalcado en El Socialismo y el Hombre en Cuba. Si nos olvidamos del internacionalismo, la revolución deja de ser una fuerza impulsora. Para evitar esta situación el Comandante Guevara recalca estas premisas del internacionalismo en una carta enviada a Carlos Quijano “Todos los días hay que luchar por ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos”. Ese es el ejemplo que nos dejó el Che, asumir el internacionalismo desde todos los ángulos y asumir con toda la voluntad revolucionaria, la lucha de los pueblos para su liberación.

El ejemplo del Comandante Guevara radia en el internacionalismo humanista que cada día se hace presente en la vanguardia revolucionaria, en los sueños y certezas de millones de hombre y mujeres que aprecian en su ideario una luz promisoria para construir un mundo nuevo sin enigmas ni distorsiones.