Mostrando entradas con la etiqueta Venezuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Venezuela. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de julio de 2021

Cuba, el bloqueo y la crisis


Página/12

Por Atilio A. Boron 

Washington cree que ha llegado el momento de intensificar sus ataques a cuanto gobierno díscolo ante sus órdenes existe en la región.

En los últimos días hemos visto el sospechoso asesinato del presidente de Haití, con un modus operandi que lleva la impronta de la CIA. También el brutal ataque de paramilitares y narcos colombianos, equipados con armas de guerra, en la Cota 905 en los alrededores de Caracas y disparando a mansalva a pobladores sorprendidos por la insólita e inesperada agresión. La ofensiva en contra de Nicaragua fue adquiriendo fuerza a medida que las encuestas de opinión anticipaban una rotunda victoria del sandinismo en las próximas elecciones presidenciales.

Y ahora Cuba, sometida desde hace sesenta años a una campaña de agresiones de todo tipo que, obvio, no podía dejar de tener profundos impactos sobre la vida económica cubana. Imaginemos lo que hubiera ocurrido en cualquier otro país que hubiese estado sometido a tan brutal acoso durante tanto tiempo. Se dice fácil pero, ¡no hay antecedentes en la historia universal de una nación que haya sido agredida sin pausa por otra a lo largo de sesenta años! Tengo para mí la convicción de que ni siquiera Estados Unidos habría resistido ese ataque durante tanto tiempo. Seguramente habría implosionado peor que la Unión Soviética, en una orgía de sangre impulsada por el gigantesco arsenal de armas de fuego en manos de la población civil. Para ni hablar de lo que hubiera ocurrido en Argentina, Brasil, México o Colombia de haber sufrido el acoso que viene padeciendo Cuba.

Lo que Washington ha estado haciendo se llama genocidio porque el bloqueo, condenado casi con absoluta unanimidad por la comunidad internacional, provoca enormes sufrimientos en la población. Esas políticas matan, enferman, provocan hambre y privaciones indecibles. Son, en pocas palabras, un crimen de lesa humanidad. Estados Unidos fue preparando el terreno para el asalto actual en los últimos años, con un bombardeo sistemático, multimillonario, comprando endebles o ambiciosas voluntades, apelando a las redes sociales y sus fatídicos alroritmos, las “fake news” y el coro formado por su peonada de politiqueros de pacotilla y pérfidos agentes de propaganda disfrazados de “periodistas serios e independientes.” Con una maldad inconmensurable Washington intensificó las medidas del bloqueo cuando estalló la pandemia, gesto que es suficiente para desnudar el infamia moral del imperio, su verdadera naturaleza.

Algunas protestas actuales son comprensibles; otras, probablemente la mayoría, son producto de los dineros y la enorme campaña de desestabilización urdida por la Casa Blanca. Si bien tienen una magnitud muchísimo menor de lo que dice la corrupta prensa hegemónica, la dirigencia de la Revolución se hizo cargo de las mismas y explicó la génesis de esos padecimientos que movilizaron a las calles a pocos cientos de cubanas y cubanos. Que han habido errores de gestión macroeconómica; o que las recientes medidas de la unificación cambiaria fueron inoportunas, tal vez tardías; o que los precios relativos se descuadraron considerablemente es indudable. Pero sería absolutamente incorrecto tratar de explicar esos problemas y la reacción de algunos sectores sociales ante ellos sin tomar en cuenta los desquiciantes efectos de un bloqueo que se extiende por seis décadas. He visto y oído estos días a sesudos analistas hablar de los problemas de la economía cubana sin pronunciar ni una sola vez la palabra “bloqueo”. Su ansiedad por recibir la afectuosa palmadita del Tío Sam es tan grande que los lleva a soslayar por completo el papel fundamental que aquél desempeña en el (mal)funcionamiento de la economía cubana. 

Restricciones para importar y exportar, para adquirir alimentos, medicamentos, insumos médicos, repuestos para el transporte o la energía eléctrica; o debiendo pagar fletes extravagantes por los bienes que entran o salen de la isla, con bancos y agentes comerciales renuentes a hacer negocios con Cuba por las sanciones que el brutal Goliat del Norte promete a quienes violen el bloqueo. Si bajo esas condiciones la Revolución Cubana fue el único país de la región con capacidad de producir sus propias vacunas para combatir a la covid-19 (para vergüenza de Argentina, Brasil, Chile o México) y si durante todas estas décadas pudo garantizar acceso universal y gratuito a elevados estándares de atención médica, educación, seguridad social, deporte, la música y la cultura es porque la Revolución ha sido tremendamente exitosa. De lo contrario nada de esto se habría conseguido. 

Por lo tanto, quienes se erigen en jueces de Cuba y no tienen en cuenta en sus explicaciones el papel decisivo, insoslayable, que en sus actuales infortunios ha jugado la obsesión estadounidense por apoderarse de esa isla no merecen más consideración que la que podría tener un comentarista que al hablar de la Segunda Guerra Mundial y sus estragos obviara mencionar la palabra “Hitler”. ¿Cómo calificaríamos a ese personaje? Como un inmoral, un charlatán a sueldo, en este caso del imperio que reproduce, con aires de “objetividad científica,” el discurso legitimador de un genocidio.

A lo largo de la historia Cuba -la patria de Martí y Fidel, de Camilo y el Che- ha dado sobradas muestras de patriotismo. Podrá su gente reclamar con fuerza por los problemas actuales, pero de ahí a ponerse de rodillas para ser sometido al yugo de los herederos de los marines que orinaron la estatua del Apóstol en el Parque Central; o de la oligarquía que sólo ambiciona retornar Cuba a su condición colonial; o de los blogueros e “influencers” dispuestos a arrojar su dignidad nacional a los perros por un puñado de dólares hay un enorme paso. Y el pueblo cubano jamás lo dará, aunque tenga que morir en el intento.     


Estados Unidos bloquea las vacunas del covid para Venezuela


Counterpunch.org

Por María Páez Victor *

Rafael Urdaneta en Pixabay. Fumigación en los “ranchos” de Caracas

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Según el secretario general de las Naciones Unidas Antonio Gutiérrez, el 75% de las vacunas distribuidas desde febrero de 2021 han ido a parar a los 10 países más ricos del mundo. En la reunión de la hermandad del G7 la pasada semana, los dirigentes se comprometieron a “compartir” hasta 2.000 millones de dosis de sus vacunas “sobrantes”. La OMS ha declarado que no son suficientes, pues se necesitan 11.000 millones de dosis (1). La organización World Vision también teme que sea muy poco y llegue muy tarde (2).

Biden promete apenas medio millón de dosis, pero ninguna para Venezuela (3). Y no solo eso, sino que EE.UU. está intentando por todos los medios que no llegue ninguna vacuna al país. Si esto no es un crimen contra la humanidad, nada lo es.

Estados Unidos ha intentado derribar el gobierno del presidente Nicolás Maduro con golpes de Estado, ciberataques, sabotajes a las infraestructuras, intentos de asesinato, invasiones “humanitarias”, invasión por paramilitares y mercenarios, manipulación de la moneda nacional, financiación de bandas urbanas violentas y una infame campaña mediática de calumnias. Ahora, en mitad de una pandemia, Estados Unidos no vacila a la hora de utilizar la enfermedad como arma. Ha presionado a la alianza COVAX de la ONU, cuya única misión es facilitar el acceso a las vacunas a países de renta baja y media, para que no permita que lleguen a Venezuela. Estados Unidos ha bloqueado cuatro transferencias de Venezuela a la COVAX por valor de 10 millones de dólares pendientes de cobro, del total de 120 millones destinado a pagar 11 millones de dosis. Esta despreciable interferencia ha sido confirmada por la propia COVAX y por la Organización Panamericana de la Salud (4).

El presidente Maduro lo ha llamado robo. El banco suizo UBS alega con desvergüenza que se limita a seguir los requisitos legales y reguladores, lo cual es una farsa y un embuste, pues las llamadas sanciones de EE.UU. son ilegales, unilaterales y coactivas, y no tienen ninguna base en el derecho internacional. Pero los bancos suizos no tienen ningún escrúpulo en aceptar el blanqueo de dinero, el dinero de criminales, mafiosos y narcotraficantes, pero cumplen servilmente las medidas de odio de EE.UU. contra un país que solo pretende comprar vacunas en mitad de una pandemia devastadora de alcance mundial.

Así que mientras los “líderes” se comen una barbacoa y posan para las fotos en la pintoresca localidad de Cornualles, mientras descargan su bilis contra China y Rusia, no hacen sino adoptar una pose sobre cómo dirigen el mundo, mientras los acontecimientos reales les pasan de largo.

China y Rusia les eclipsan a todos ellos en términos de solidaridad internacional y humana. Desde los mismos inicios de la pandemia Rusia y China han compartido medicinas, mascarillas, oxígeno, equipamiento médico y ahora vacunas, con las naciones pobres. Rusia y China han donado millones de vacunas a los países más necesitados. Casi la mitad de los 250 millones de dosis producidas en China han sido enviadas a 49 países (118 millones). Rusia ha donado a 22 países: Italia, Serbia, China, Irán, Corea del Norte, las naciones de la antigua Unión Soviética y, por supuesto, Venezuela. Y está cooperando con Sudáfrica para la producción de la Sputnik V. Comparemos estos datos con Estados Unidos, donde de los 164 millones de dosis producidas, solo han ofrecido 4 millones a México, y son las sobrantes, que EE.UU. no necesita (5).

La historia ya ha reservado un lugar para estos hombres y mujeres del G7 por su incapacidad para dirigir. Deberían abrir los ojos y ver lo que está escrito en la pared: su actuación es muy deficiente. Pretenden actuar como Lady Bountiful, que daba limosna a los pobres, cuando lo que deberían hacer es renunciar a las patentes –llamadas eufemísticamente derechos de propiedad intelectual– y colaborar con los países para que pudieran producir ellos mismos las vacunas. Pero eso desmerecería el gran espectáculo humanitario de su supuesta generosidad.

La sitiada Venezuela no puede comprar o vender en el mercado internacional. Se le ha despojado de los activos que posee en 33 bancos internacionales, Estados Unidos le ha robado su compañía petrolera CITGO, le han incautado ilegalmente sus depósitos de oro en Gran Bretaña y ni siquiera puede vender su propio petróleo. La crisis económica no tiene parangón, y no ha sido causada por el socialismo sino por las sanciones económicas y financieras y la manipulación de la moneda de Estados Unidos –que ha sido admitida abiertamente por el senador Murphy (6) y por el New York Times (7).

En medio de esta crisis económica y ahora de la pandemia de coronavirus ¿de dónde ha venido la ayuda? De Rusia, China y Cuba. Ya han llegado a Venezuela 2.730.000 dosis de vacunas en 9 remesas: 7 de Rusia y 2 de China. En unas pocas semanas se espera que lleguen otras 900.000 dosis de Rusia y 1,3 millones de China. Y cuando empezó la pandemia estos países donaron a Venezuela todo tipo de medicamentes y equipos que eran necesarios. Irán también ayudó con alimentos y especialmente con la muy necesaria gasolina.

Pero lo mejor de todo es que estos países verdaderamente humanitarios van a ayudar a Venezuela a producir sus propias vacunas. El país acaba de firmar un contrato con la compañía rusa GeoPharm para producir 10 millones de dosis de la EpiVacCorona, la segunda vacuna rusa tras la Sputnik V. Además, Venezuela fabricará también la vacuna cubana Abdala en un laboratorio de Caracas ya identificado.

Hay 77 puntos de vacunación en todo el país y ha habido un alto nivel de participación en el proceso de vacunación. Casi el 11% de la población ha recibido ya la primera dosis de la vacuna Sputnik V o la VeroCell china.

Estaba previsto que COVAX enviara más vacunas en julio y agosto. Venezuela ya ha pagado la mayor parte de los 64 millones de dólares necesarios para sufragar 11 millones de dosis, que cubrirían otro 20% de la población. Sin embargo, los 10 millones que constituían la última cantidad adeudada han sido retenidos por el banco suizo UBS por orden de Estados Unidos. Con las dosis del COVAX, Venezuela esperaba completar la vacunación del 70% de la población.

Pero Venezuela es un caso singular, pues tiene uno de los datos de contagio más bajos de la región. Las estadísticas internacionales de Worldometer a fecha de 15 de junio de 2021 indican que Venezuela, con una población de 28,5 millones había tenido:

* 252.883 casos de covid-19 y 2.845 muertes. Eso significa 8.917 casos por millón de habitantes y solo 100 muertes por millón.

El número de casos en los países de la región son del orden de millones y el número de muertes por millón es incluso más desastroso:

Perú encabeza la lista con 5.655 muertes por millón de habitantes y el resto de los países están entre 1.000 y más de 2.000 por millón (véase el cuadro).


Si la economía venezolana se encuentra en una situación tan deplorable y el gobierno ha perdido el 90% de los ingresos por petróleo ¿cómo pueden ser sus estadísticas tan envidiables en comparación con las de los países vecinos? ¿Cómo obtiene unos resultados tan buenos un país bloqueado que  no puede comprar medicamentos o equipos médicos en el mercado internacional? ¿Por qué ha habido tan pocos casos y muertes en Venezuela, muchos menos que en los países vecinos?

Estos datos indican que las medidas preventivas adoptadas para salvaguardar a la población venezolana parecen haber dado muy buenos resultados, a pesar del bloqueo económico que EE.UU., Canadá y la Unión Europea le han impuesto ilegalmente y a pesar de no contar con suficientes vacunas. Corrobora la lección de que, aunque sea importante y necesario, tener equipo y servicios médicos no es suficiente.

Las investigaciones muestran de manera consistente que la salud de una población se basa en la organización de su sociedad, en el modo en que se distribuyen los recursos y en el apoyo y los cuidados de que dispone la colectividad. A estos factores clave se les denominan los determinantes sociales de la salud y entre ellos están no solo los servicios sanitarios y médicos específicos, sino también la seguridad alimentaria, la educación y la alfabetización, la vivienda, la renta, una red de protección social y respaldo comunitario, así como la eliminación de la exclusión y la desigualdad social y un sentido de pertenencia social.

Durante los últimos 21 años, la transformación social experimentada en Venezuela con la Revolución Bolivariana ha actuado más concertadamente sobre estos determinantes sociales de la salud general de la población. No ha logrado por completo alcanzar sus metas, ha sufrido serios contratiempos, algunos debidos a la ardua tarea de transformar un país arruinado política y económicamente por las élites que utilizaban la inmensa riqueza petrolera en beneficio propio, dejando a la abrumadora mayoría de la población en la pobreza. Pero, además de ese tremendo desafío, los gobiernos de Chávez y de Maduro han tenido que defenderse continuamente de la agresión económica y política del imperio más poderoso de la Tierra, Estados Unidos, Canadá y sus otros aliados. A esa agresión externa ha contribuido desde el interior una élite supremacista, rica y antidemocrática, empeñada en debilitar los avances de la revolución y aliada con los enemigos del país con la esperanza de que estos les retornen al poder.

Venezuela ha sido capaz de hacer frente a la pandemia mejor que los países vecinos con una economía centrada en el mercado por muchas razones:

* Tiene un gobierno cohesionado que ha centralizado la campaña contra el covid-19 siguiendo los mejores consejos de sus expertos médicos y epidemiológicos.

* Ha promovido la cooperación de todas las jurisdicciones: gobernadores, alcaldes y consejos municipales.

* Ha desarrollado durante dos decenios un sistema público de salud accesible e integral, desde las clínicas de barrio y de pueblo hasta los hospitales secundario y terciario, financiados íntegramente por el Estado.

* Ha obtenido la cooperación de las clínicas privadas con los hospitales públicos, lo cual, en un entorno polarizado políticamente, ha sido una auténtica bendición para la población.

* Ha compartido las medicinas y equipos médicos que ha sido capaz de obtener con pacientes de la sanidad privada: todas las medicinas para el covid-19 son gratuitas para los individuos.

* Las escuelas, todas las instituciones públicas, la radio y la televisión, el ejército, los bomberos y la policía han desarrollado una incansable campaña de salud pública para informar a la población sobre la enfermedad y sus medidas de protección.

* Innumerables organizaciones de voluntarios se han unido a esta campaña: consejos comunales, comunas, todo tipo de colectivos, organizaciones de base y comités de barrio.

* El sistema de confinamiento 7×7 ha demostrado su eficacia: siete días de confinamiento absoluto seguidos por otros siete de menores restricciones pero, en cualquier caso, manteniendo la distancia social y las mascarillas.

* Las calles y los edificios públicos se limpian y desinfectan regularmente; los visitantes extranjeros que llegan a los aeropuertos u otros puntos de entrada al país se someten a un examen médico y deben pasar cuarentena. Hay un seguimiento y rastreo de todos los pacientes covid.

* Ha promovido la agricultura y realizado fuertes inversiones en seguridad alimentaria.

* El gobierno ha sido capaz de desempeñar estas funciones gracias a la admirable dedicación y trabajo de voluntarios y organizaciones populares.

Pero todo este trabajo no quita que, por culpa de las sanciones de EE.UU. y sus aliados, los venezolanos diabéticos no puedan conseguir insulina, los pacientes con glaucoma sus gotas oculares esenciales, los enfermos de sida los antirretrovirales y muchas operaciones quirúrgicas no puedan realizarse por falta de los medicamentos necesarios. El Dr. De Zayas, experto en Derechos Humanos de la ONU, ha afirmado que más de 100.000 venezolanos han muerto directamente a causa de la falta de medicinas producto de las sanciones ilegales de EE.UU. (8).

El presidente Biden, que se presenta como demócrata y católico, tiene sus manos manchadas de sangre venezolana, lo mismo que su predecesor, pues está continuando su agresión asesina contra un país que no ha causado ningún daño a Estados Unidos o a su pueblo.


Notas:

[1]  TELESUR, https://www.telesurenglish.net/news/G7-Vaccine-Donation-Is-Not-Enough-To-Fight-COVID-19-WHO-Says-20210615-0003.html.

[2] Palabras del portavoz de World Vision Michael Messenger, citado in M. Brewster, “G7 meeting ends with promise on covid-19, climate, mentions China”, CBC News, 13 junio 2021)

[3] Biden afirma “No Strings Attached” to Vaccine Donations, But Venezuela Is Blocked from Getting Any”, Democracy Now, 11 June 2021

[4] “Outrage as COVAX Reports Blocked Vaccine Payments, US Sanctions Blamed”, Paul Dobson, Venezuelanalysis.com, 15 June 2021

[5] https://www.nbcnews.com/news/world/russia-china-are-beating-u-s-vaccine-diplomacy-experts-say-n1262742, https://healthpolicy-watch.news/russia-and-chinas-bilateral-vaccine/

[6] “US-Venezuela Policy has been an unmitigated disaster”,

https://www.murphy.senate.gov/newsroom/press-releases/murphy-us-venezuela-policy-has-been-an-unmitigated-disaster-we-played-all-our-cards-on-day-one-and-its-been-an-embarrassment-ever-since, 4 agosto 2020

[7] “Even The New York Times Now Admits That It’s US Sanctions, Not Socialism, That’s Destroying Venezuela” Peter Bolton, 8 junio 2021, COUNTERPUNCH

[8] Alfred De Zayas, “ Former Un Rapporteur on Human Rights: US Sanctions Have Killed more than 100,000 Venezuelans”, Black Agenda Report, 4 marzo 2020,

https://www.blackagendareport.com/former-un-rapporteur-human-rights-us-sanctions-have-killed-more-100-thousand-venezuelans


* María Páez Víctor es una socióloga nacida en Venezuela y residente en Canadá.


sábado, 10 de julio de 2021

Biden: Injerencia, hipocresía, intervencionismo bajo la coartada del combate a la corrupción


CLAE - Rebelión

Por Aram Aharonian 

Pueden disfrazarla de Blancanieves, pero es apenas una nueva doctrina para el permanente injerencismo de Washington en otros países, proveniente de un presidente demócrata.

De eso se trata la coartada del combate a la corrupción, fuera de fronteras, lanzada por el octogenario mandatario estadounidense Joe Biden. 

Biden proclamó la última semana que la corrupción es un riesgo para la seguridad nacional de su país, por lo que elevó la lucha contra este flagelo al rango de pilar de la política exterior de Washington.

No es nada nuevo para nuestra región, porque esta política imperial se remonta al nacimiento mismo de Estados Unidos como nació, a finales del siglo 18 y que ha tenido durante siglos a las naciones y pueblos de América Latina y el Caribe como sus principales víctimas. Ahora EEUU combará la corrupción (obviamente no la propia), como antes tuvo pretexto de injerencismo el destino manifiesto, la lucha contra el comunismo, la guerra contra las drogas, el impulso al progreso y el desarrollo y el combate al terrorismo.

El mandatario ordenó a las diversas agencias de su gobierno elaborar recomendaciones para el combate contra la corrupción, y afirmó que Estados Unidos será líder por medio del ejemplo y en asociación con aliados, la sociedad civil y el sector privado e informó que como parte de este esfuerzo continuará financiando a organizaciones no gubernamentales (ONG) y periodistas de investigación en otros países. Es cierto que las declaraciones de Biden no fueron dirigidas a ninguna nación o persona en particular, pese a que hasta antes de la asunción presidencial, ya había calificado de corruptos a los presidentes de Rusia y China, sus competidores en la lucha por la hegemonía mundial.

En México se ha leído como una respuesta al reclamo del presidente Andrés Manuel López Obrador para que la Casa Blanca cese el financiamiento ilegal a mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y otros grupos políticos disfrazados de asociaciones civiles, que, y tratan de desestabilizar al gobierno, apoyando a políticos corruptos de los últimos 20 años de historia mexicana.

En el documento, la Casa Blanca proclama que se arroga el derecho a impulsar o crear actores extralegales de combate a la corrupción en otros países, con total arbitrariedad en la selección de sus personeros. México ya es testigo del tipo de formaciones con las que Washington gusta de asociarse: diversas investigaciones periodísticas denunciaron a MCCI por sus prácticas fiscales opacas, por su sesgo político, por sus vínculos oscuros en el mundo empresarial y por ser una proyección encubierta de poder económico en los asuntos públicos, señala La Jornada. 

Hay más. Obviamente la administración demócrata recurrirá a personajes y ONGs con oscuros antecedentes ungiéndolos como instrumentos de su injerencia en los asuntos de otras naciones. Cabe preguntarse por el papel que habrá de jugar el sector privado en el combate a un conjunto de prácticas ilegales o antiéticas de las que es un exponente de primer orden, plantea el diario mexicano.

Además de injerencista e intervencionista, la decisión de Biden es totalmente hipócrita. Anuncia su apoyo a periodistas de investigación, pero los últimos tres presidentes de su país estuvieron persiguiendo a Wikileaks, que puso en manos de periodistas, medios y del público mundial el mayor cúmulo de información sobre violaciones a los derechos humanos y otras formas de abuso de poder. 

Principalmente por parte de Estados Unidos. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, siga preso en Londres por una petición de extradición de Washington, lo que pone en evidencia que tras el verso de la honestidad y la transparencia, se esconde un incurable empecinamiento en intervenir en asuntos internos de otros países y la voluntad de coartar la libertad de expresión cuando su ejercicio resulta lesivo para los intereses de los mandamases de Washington. 

Fueron periodistas (y no el gobierno estadounidense) quienes develaron los escándalos de Odebrecht, los Papeles de Panamá o la Banca Privada d’Andorra, que dejaron al descubierto que muchas empresas trasnacionales y dueños de grandes fortunas están en la permanente búsqueda de formas y de oportunidades para estafar al fisco, obtener ventajas y pode político mediante sobornos y lavar dinero proveniente de actividades ilícitas.

Percepción de corrupción

-El Índice de Percepción de Corrupción (IPC) publicado en enero de 2021, clasifica a aproximadamente 180 países en una escala de 0 (muy corrupto) a 100 (muy limpio) según la situación determinada para cada país, donde EEUU aparece en el puesto 25, detrás de Uruguay Chile, por ejemplo. 

El índice lo cofinancia Estados Unidos. “Nuestra investigación establece un vínculo claro entre tener una democracia saludable y combatir con éxito la corrupción en el sector público”, expresó Delia Ferreira Rubio, presidenta de Transparency International. “Es mucho más probable que la corrupción florezca cuando las bases democráticas son débiles y, como hemos visto en muchos países, donde los políticos antidemocráticos y populistas pueden usarla en su beneficio”.

El auge de los líderes nacionalistas ha provocado un deterioro de la transparencia en lo que respecta a las finanzas públicas, incluso a través del desmantelamiento de los controles y balances en el poder, según el organismo de supuesta vigilancia de la corrupción, que solo sirve a las excusas del gobierno estadounidense para imponer su prepotencia e injerencia.

– La operación Lava Jato, que destapó una red regional de sobornos y llevó a prisión (y suicidio) hasta a presidentes, se debilita en Brasil tras el cierre de su equipo de fiscales y un fallo del Tribunal Supremo sobre la parcialidad del exjuez Sergio Moro, apadrinado por FBI estadounidense, al juzgar al expresidente Luis Inacio Lula de Silva. Conjunción de persecución policial, fake news por los medios masivos, y lawfare. Todo para imponer y sostener a gobiernos de derecha en la región.

– “Ahora estamos investigando activamente a la Organización Trump en calidad de criminal, junto con el fiscal de distrito de Manhattan”, comunicó el portavoz de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, sobre la naturaleza de las indagaciones que las autoridades realizan sobre las actividades de las empresas del multimillonario. Trump habría inflado el valor de sus activos inmobiliarios frente los bancos en el momento de buscar préstamos, pero subestimó su valor para reducir el pago de impuestos. El dinero oscuro es una forma “secreta” de influencia electoral en la que no se sabe quién pone el dinero para las campañas.

– Esta “corrupción” electoral es legal en EEUU. Mary Bottiny, del Center for Media and Democracy (CMD), que investiga el uso de fondos por corporaciones y políticos, explica que este tipo de corrupción se producen cuando millonarios, multimillonarios o corporaciones donan dinero para apoyar -o ir en contra de- ciertos candidatos a través de grupos de bienestar social, ONGs o asociaciones comerciales.

Estas organizaciones, según un dictamen de 2010 de la Corte Suprema, pueden recibir donaciones ilimitadas de empresas o individuos, aunque no están obligados a revelar sus donantes. En algunas elecciones, estos grupos hayan gastado más dinero en los comicios que los propios comités de acción política corporativa. 

-En clara actitud chantajista, injerencista e hipócrita, cada año el gobierno estadounidense certifica o descertifica a otros países por lo que sea, seguridad aérea, pesca de langostinos, armas nucleares, derechos humanos y hasta cooperación antinarcótica, campo en el que Colombia, el principal socio sudamericano de Washington, fue descalificado dos veces por narcocorrupción. 

-El fiscal general de El Salvador, Rodolfo Delgado, anunció que pone fin al convenio que mantenía con una comisión contra la corrupción y la impunidad de la OEA porque el secretario general del organismo, Luis Almagro, nombró como asesor a Ernesto Muyshondt, exalcalde de San Salvador que afronta un proceso penal por corrupción en el país centroamericano. “Como Fiscalía no podemos recibir apoyo técnico de una entidad que va a estar asesorada por una persona que negoció con la vida de los salvadoreños a cambio de beneficios electorales”, sostuvo Delgado. 

-En las sesiones contra la corrupción de la Asamblea General de la ONU, Venezuela aseguró que el “despojo ilegal” de la empresa petrolera Citgo, filial en EEUU de la estatal petrolera venezolana Pdvsa, provocó una trama de corrupción internacional de millones de dólares, y que habría sido reconocido, incluso, por autoridades del gobierno estadounidense. Parte de los recursos que han sido bloqueados en el exterior “han caído en cuenta de políticos corruptos, escritorios jurídicos y hasta en manos oscuras en el gobierno de EEUU”, dijo el canciller Jorge Arreaza.

(*) Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).


sábado, 2 de enero de 2021

El presidente de todos los futbolistas

El Cohete a la Luna

Por Carlos Ulanovsky 

Maradona con Hugo Chávez en Mar del Plata, en 2005.

El interés de Maradona por la política, que eligió y defendió con absoluta conciencia.

La vida de Maradona estuvo signada por la política en su mejor y más genuino sentido. Primero por la decisión de no olvidar sus orígenes tan humildes en Villa Fiorito, también como homenaje a sus padres y además por sus elecciones ideológicas permanentes sintetizada en uno de sus dichos: “Yo soy zurdo del todo: de pie, de fe y de cerebro”.

Revisar aspectos de su existencia permite verificar su abierto afecto y libre adhesión por gobiernos populares, como los de Lula y Evo, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Ni hablar de su incondicional amor por Cuba, país que lo recibió y protegió en momentos difíciles de su vida. Esa cercanía con la isla la llevaba en la piel: en su brazo derecho mostraba con orgullo un tatuaje del Che Guevara, así como en la pierna izquierda dejó para siempre una imagen de Fidel Castro. A propósito: vaya coincidencia, el comandante de la revolución murió en la misma fecha. Y, ampliando las casualidades, en otro 25 de noviembre pero de 1956 (todavía faltaba para que Diego llegara a este mundo) partía del puerto de Veracruz, México, el legendario barco Granma con 82 revolucionarios a bordo, entre ellos Fidel.

Nunca le gambeteó al compromiso. Lo demostró en el 2005 integrando la comitiva del llamado Tren de la Esperanza que trasladó a Mar del Plata a miles de militantes que rechazaban la Cumbre de las Américas que, con la repudiada presencia del Presidente norteamericano George Bush, se llevaba a cabo en Buenos Aires. En diversas circunstancias estuvo en los despachos más encumbrados, como asistente principal y porque todo líder sumaba prestigio si obtenía una fotografía al lado suyo. En 1995 la Universidad de Oxford lo distinguió con el título de “maestro inspirador de los estudiantes soñadores”. Apoyó con devoción y convicción a las gestiones de Néstor y de Cristina así como el 26 de diciembre de 2019 llegó a la Casa Rosada para saludar y manifestar su pertenencia al nuevo gobierno del Presidente Alberto Fernández, que como hincha de Argentinos Juniors lo tuvo como ídolo. En esa circunstancia salió al más simbólico de los balcones, como lo había hecho 33 años antes, en 1986, de regreso como campeón mundial. Esta última vez tiró besos, se tocó el corazón, saludó con el puño izquierdo erguido y jugó con una réplica de la copa que había ganado en México. Y hace muy poco, cerca de su cumpleaños, volvió a marcarle territorio a Macri. Fue cuando el ex Presidente había sugerido al peronismo desligarse de Cristina “así como yo, cuando era presidente de Boca, me tuve que desprender de Maradona”. Esta declaración fue velozmente respondida por Diego: “Vos, Mauricio, no me echaste de ningún lado. Fui yo el que dejó el fútbol para proteger la salud de mis viejos… Vos sabés que tus decisiones les cagaron la vida a dos generaciones de argentinos… Hacete cargo, querido, ya lo dijo tu padre”.

A mediados de la década del 90, con colegas como el francés Eric Cantoná, el liberiano Weah, el colombiano Valderrama, el brasileño Bebeto, el italiano Vialli, el búlgaro Stoichkov, el sueco Brolin y el danés Laudrup, entre otros, participó de la fundación de la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales. Tenía claro que la FIFA, por su avidez por los negocios, había transformado al fútbol en un enorme negocio y había condenado a los jugadores a ser, en el mejor de los casos, una mercadería, y en el peor un esclavo.

Las que se leerán a continuación son frases de Diego Armando Maradona que tienen inequívoca afinidad con uno de sus principales intereses, que eligió y defendió a absoluta conciencia: la política.

“Todos saben lo mismo que yo, pero pocos se atreven a poner la cara contra Blatter, Havelange y Grondona. El jugador de fútbol es lo más importante y vamos a defender sus reivindicaciones hasta la muerte”.

“Crecí en un barrio privado de Buenos Aires. Privado de luz, de agua, de teléfono”.

“Cuando entré al Vaticano y vi todo ese oro, me convertí en una bola de fuego”.

“El juez Bernasconi (Hernán, juez del famoso caso del jarrón de Guillermo Cóppola) es muy rápido. Es capaz de meterle un supositorio a una liebre”.

“No soy ningún mago. Magos son los que en Villa Fiorito viven con mil pesos por mes”.

“Mi viejo fue peronista; mi vieja adoraba a Eva y yo fui, soy y seré siempre peronista”.

“Yo quería ir a los Estados Unidos, pero el cabeza de termo de Clinton no me deja entrar”.

“Cuando viví en Cuba, en el inodoro tenía la foto de Clinton. Un día se la mostré a Fidel y me dijo, refiriéndose a Bush: ‘El que viene es peor’. Y no se equivocó”.

“Yo, al Presi (se refiere a Fernando de la Rúa, en el 2001) le pediría que se despierte… sé que es capaz, pero la siesta terminó”.

“Se le escapó la tortuga”. (Inspirada en algo que le pasó al hijo del embajador norteamericano en la Argentina James Cheek cuando se le extravió una tortuga. Varias veces se la dedicó a Julio Grondona).

“Pensé que el que venía era Berlusconi, pero me encontré con el cartonero Báez” (La frase aludía a quien entonces era el presidente de Boca, Mauricio Macri. Maradona era jugador).

“A Neustadt le digo sanguchito, porque está siempre cerca de la torta”.

“Si lo veo a Duhalde en el desierto, le tiro una anchoa”.

“Bush es un asesino. Prefiero ser amigo de Fidel”.

“Mi ídolo es el Che Guevara, y Néstor tenía muchas cosas del Che”.

“A los políticos les saco una ventaja. Ellos son públicos. Yo soy popular”.


lunes, 30 de noviembre de 2020

La democracia en América


Rebelión

Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda 

A pesar de los datos económicos y sociales, la democracia en los EE.UU. sigue considerándose como un patrimonio histórico.

En 1831 el francés Alexis de Tocqueville (1805-1859), junto con Gustave de Beaumont, fue enviado a los Estados Unidos de América, para informarse sobre el sistema penitenciario, que despertaba enorme interés. Tras nueve meses de recorrer el país, Tocqueville escribió Del sistema penitenciario de los Estados Unidos y de su aplicación en Francia (1832), que mereció el Premio Montyón, de la Academia Francesa; pero luego publicó el primer tomo de una voluminosa obra titulada La Democracia en América (1835), cuyo segundo tomo apareció cinco años más tarde (https://bit.ly/3kSn6Gj). 

El éxito de La Democracia en América fue inmediato, además de haber sido premiado con 8.000 francos por la Academia Francesa. Se transformó en un “best-seller” entre políticos y estudiosos, porque descubrió para el mundo europeo de la época un régimen republicano y presidencialista, con un tipo de “democracia” inédita. De hecho, Tocqueville inicia la obra señalando: “De las novedades que durante mi estancia en los Estados Unidos atrajeron mi atención, ninguna sobresale tanto entre mis recuerdos como la igualdad de clase, común a todos los ciudadanos. Descubrí allí sin trabajo la influencia provechosa que ejerce este hecho primordial en la sociedad. Él da al espíritu del pueblo una determinada dirección y cierto curso a las leyes; a los gobiernos máximos nuevas en que inspirarse, y particulares hábitos á los gobernados”. 

La obra de Tocqueville ha pasado hasta el siglo XXI como un clásico de las ciencias sociales para la comprensión de las relaciones entre Estado y sociedad civil, sobre el valor de las libertades y la democracia, sobre el sentido de la “igualdad de clases” a la que alude su autor. Hay centenares de estudios sobre el tema. Esquematizando en algo las ideas, Tocqueville se refiere al tipo de “democracia” que encontró no solo en la institucionalidad y las leyes, sino, ante todo, en la “asociatividad” de los ciudadanos, para crear comunidades de base igualitarias, que garantizan su “libertad”. Desde luego, son conceptos con sentido propio del autor, porque Tocqueville encuentra, al mismo tiempo, sus límites en el dominio de las elites o en la existencia de la esclavitud. Pero advierte la tendencia a la “democratización” general, que la interpreta posible y deseable también para Europa: “Una gran revolución democrática se realiza entre nosotros”. 

Si Tocqueville habría visitado la América Latina naciente de aquellos tiempos, sin duda habría tenido que escribir sobre la ausencia de toda democracia y el estrangulamiento de las libertades, a consecuencia del despegue de regímenes con dominación oligárquica y exclusión social. En 1831 gobernaba en Ecuador el general Juan José Flores, vinculado al conservadorismo de los hacendados serranos. Pero actuaba también un político de enorme formación intelectual: el millonario guayaquileño Vicente Rocafuerte (1783-1847), quien sería presidente del país entre 1835-1839. Por haber estudiado en Europa y haber vivido varios años en los EE.UU., forjó una conciencia más adelantada que el común de sus connacionales, de modo que fue el primer mandatario ecuatoriano en preocuparse por el fortalecimiento del Estado y de la institucionalidad, la construcción de caminos y otras obras públicas (único presidente en la historia que puso su propio dinero para financiar algunas obras), el desarrollo de la educación, la implantación del laicismo (no lo logró), el crecimiento económico y la sujeción de los intereses privados al interés nacional, debiendo emplear una férrea autoridad para imponer la ley. Por cierto, Rocafuerte también escribió un folleto titulado “Ensayo sobre el nuevo sistema de cárceles” (1830), en el que destacó el sistema penitenciario estadounidense, que admiraba tanto como a ese país. 

A casi dos siglos de aquella época, la democracia en los EE.UU. sin duda cuenta con otro tipo de estudios, tanto como la que se ha cultivado en América Latina y, desde luego, en Ecuador. La igualdad ya no es el rasgo característico de la gran nación otrora admirada en Europa y en el propio continente. La obra Capitalismo Progresista (2020), de Joseph E. Stiglitz resulta demoledora, pues verifica que el crecimiento del PIB del país no acompañó necesariamente al mejoramiento social y que se alteró desde 1980: la economía se ralentizó, el nivel de vida decayó, la desigualdad se volvió creciente, incluyendo las desigualdades de raza, condición étnica, género y oportunidades, la desigualdad en sanidad y, desde luego, en riqueza, pues el 1% de la cima dispone de más del 40% de la riqueza total del país. 

El panorama en América Latina es aún más desalentador, según todos los estudios sobre el tema realizados por CEPAL, FMI, BM o PNUD. En Ecuador, si bien la tendencia hacia una mayor equidad se estancó desde 2014, ha recuperado el camino de la concentración acelerada de la riqueza desde 2017, con la reimplantación del modelo empresarial de desarrollo, y se agravó radicalmente desde 2020 bajo la pandemia del coronavirus, que privilegió supuestas políticas de “empleo”, pero a costa de los derechos laborales. Las condiciones de vida y de trabajo en el país se deterioraron como nunca antes, conforme puede seguirse en los distintos estudios que realiza la Unidad de Análisis y Estudios de Coyuntura del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Central del Ecuador (https://bit.ly/2UMM8Md), así como en los diversos informes internacionales de las mismas entidades antes citadas. Y a la economía acompañó el descalabro inevitable de la democracia.

Stiglitz comprobó que el ritmo de las desigualdades en los EE.UU. es fruto de la confianza desmedida en los supuestos del mercado libre. Cuestiona severamente la conducción presidencial de Donald Trump, demostrando los niveles aún mayores de concentración de la riqueza a los que se llegó durante este gobierno. Pero lo mismo que dice Stiglitz es posible encontrar en América Latina, región en la cual las ideas del “neoliberalismo” se ajustaron bien a los intereses y visiones de empresarios conservadores, atrasados y rentistas, que son responsables, junto a los gobiernos que los han representado, del derrumbe de las condiciones de vida y de trabajo en la mayoría de los países.

A pesar de los datos económicos y sociales, la democracia en los EE.UU. sigue considerándose como un patrimonio histórico. Este rasgo, que es una especie de herencia ideológica de la valoración que realizara Tocqueville, se advierte de inmediato en A Promised Land (hay traducción al español), el reciente libro de Barack Obama, presidente de los EE.UU. entre 2009 y 2017. Se trata del primer tomo de sus memorias (1.129 páginas), que resulta importante para entender la historia inmediata de la potencia americana, escrito como un relato enganchador para quien lo sigue. Allí se inserta la idea de que la democracia, la libertad y la igualdad constituyen la esencia del sistema norteamericano. En ese marco, la “era Trump”, como lo ha destacado el mismo Obama en diversas entrevistas a propósito de su libro (por ejemplo, la que publicó “El País”: https://bit.ly/3ft3Ga5), evidentemente ha representado una especie de “ruptura” con la tradición histórica. Y ha resultado inédita su intemperante posición en torno a los resultados electorales, pues Trump proclamó, como si lo hubiera aprendido de algún otro político latinoamericano, que se había producido un escandaloso “fraude” en su contra.

Lo insólito es que el gran fraude, según Rudy Guliani (exalcalde de New York y abogado de campaña de Trump) y Sydney Powell (otra abogada), habría sido orquestado desde Cuba, con máquinas de Venezuela y Hugo Chávez de por medio (https://bit.ly/35PTGEj). Esto demuestra no solo que América Latina tiene particular importancia estratégica para los EE.UU., sino que la diplomacia Trump siempre ha estado muy clara que en la región resultan “enemigos” los gobiernos que no se alinean con sus políticas. 

En América Latina, en cambio, el fantasma de Venezuela y de Cuba no llama la atención, porque lo han usado las derechas políticas y económicas cada vez que quieren evitar o paralizar caminos sociales que corten el poder que ha estado bajo su hegemonía. De modo que, aunque en los propios EEUU esa acusación suena ridícula y en el mundo ha provocado burlas, en nuestra región resulta convincente para quienes quieren defender un tipo de “democracia” puesta al servicio de las elites conservadoras. 

Historia y Presente – blog: www.historiaypresente.com


lunes, 2 de noviembre de 2020

La tercera década latinoamericana

Rebelión

Por Emir Sader 

Kirchner, Morales, Lula y Chávez, protagonistas del cambio en la primera década latinoamericana. 
Créditos: Antonio Scorza/AFP via Getty Images. Fotos Públicas

El siglo XX se anunciaba como un siglo de revoluciones y contrarrevoluciones ya en su primera década, con la masacre de la Escuela de Santa María de Iquique y la Revolución Mexicana. La segunda década contó con la Reforma Universitaria de Córdoba y las movilizaciones populares que propiciaron la fundación de los Partidos Comunistas y Socialistas. La tercera década fue abierta con las sublevaciones populares lideradas por Sandino y por Farabundo Marti, en Nicaragua y en Salvador. Todo confirmaba los presagios del cambio de rumbo del siglo.

El siglo XXI comenzaba en un contexto de viraje conservador en el mundo, con sus reflejos en Latinoamérica, territorio dónde se concentra la mayor cantidad de gobiernos neoliberales, en sus modalidades más radicales. La última década del siglo XX fue la del auge de la hegemonía neoliberal en el continente, que se imponía como consenso, en el marco internacional del Consenso de Wáshington y del pensamiento único. El ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, que aceptó sacar los zapatos para entrar en un aeropuerto de los EE UU [N. de ed.- en referencia a Celso Lafer, ministro de Fernando Henrique Cardoso], y el deseo de Carlos Menem de establecer “relaciones carnales” con EE UU, son símbolos de la postura de total subordinación de los gobiernos del continente con Washington en aquella década.

Pero la primera década del siglo XXI en Latinoamérica sorprendió, con una ola de reacción a los gobiernos neoliberales, cambiando radicalmente el escenario político en el continente y constituyéndose, una vez más, en el epicentro de las luchas en el plano internacional. Al solitario triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela, todavía a fines del siglo, vino a sumarse la victoria de Lula en Brasil. Chávez compareció en la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, manifestando que, finalmente, dejaría de estar solo en la lucha.

El abrazo de Lula a Néstor Kirchner, en la toma de posesión de NK, durante el transcurso del primer año del nuevo gobierno brasileño fue un hecho que marcaría la primera década del siglo en Latinoamérica. Los dos gobiernos se convertirían en el eje de los procesos de integración regional que nacían en aquel momento. Cuando los dos fueron a la toma de posesión de Tabaré Vázquez, en Uruguay, ya tenían claro que nacía un proyecto con dimensiones estratégicas para Latinoamérica. A ese proceso se sumarían después Bolivia, con el extraordinario triunfo de Evo Morales, y Ecuador, con el de Rafael Correa, quién ha manifestado que ya no se trataba de una nueva época de cambios, sino de un cambio de época.

Esos seis gobiernos han protagonizado, en la primera década del nuevo siglo, la lucha contra el neoliberalismo y la construcción de gobiernos postneoliberales. A contramano del capitalismo a escala mundial, lograron disminuir las desigualdades en esos países, fortalecieron la presencia del Estado y desarrollaron procesos de integración regional e intercambio Sur-Sur. Tuvieron un extraordinario éxito, haciendo de ésa, la década más importante de la historia de esos países.

Con el tránsito hacia la segunda década del siglo XXI se empezaban a notar elementos de recuperación de la iniciativa de la derecha y algunas debilidades de esos gobiernos postneoliberales, que supusieron que la segunda década estuviese marcada por una contraofensiva de la derecha, que logró restablecer gobiernos neoliberales en países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia e Uruguay, desarticulando el eje de gobiernos antineoliberles que macara la primera década.

A lo largo de la década, el neoliberalismo demostró el escaso recorrido que tienen sus políticas, hasta el punto de que, en Argentina, en las primeras elecciones presidenciales que tuvieron lugar, el neoliberalismo ha sido desplazado de nuevo del gobierno. En otros países como Ecuador y Brasil, se ha confirmado que la derecha sólo dispone del modelo neoliberal, puro y duro, que les está llevando al fracaso. Que tienden a ser derrotados en disputas electorales democráticas, frente a lo cual han puesto en práctica su estrategia de judicialización de la política, poniendo en práctica nuevas formas de golpes, como ejemplifican los casos de Brasil y de Bolivia, que muestran la debilidad de la derecha antes que su fuerza.

Cuando llegamos al final de la segunda década, hay una disputa abierta sobre el carácter que tendrá la tercera década en Latinoamérica. Las elecciones en Bolivia y Ecuador, así como el desenlace de la crisis brasileña, definirán los rasgos de esa nueva década. En caso de que la izquierda triunfe, esos nuevos gobiernos se sumarán al de Argentina, contando, en cierta medida también con el de México –limitado por los tratados de libre comercio que tiene con EE UU-, así como el de Venezuela, para recomponer el eje de gobiernos antineoliberales. En la medida que la derecha mantiene el neoliberalismo como su bandera, esos gobiernos tendrán que caracterizarse, ante todo, por su antineoliberalismo.

Cuando surgió la crisis de esos gobiernos, hace algunos años, Rafael Correa convocó a una reunión en Guayaquil, una reunión de balance sobre los cambios que se aproximaban, en la que participaron también, entre otros, Pepe Mújica y representantes de Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay. Se tomó la decisión de publicar un libro con el balance de la situación y las perspectivas de los seis gobiernos. Yo coordiné en aquel momento la publicación del libro que tomó por título Las vías abiertas de América Latina (Octubre, 2016), publicado en Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

En ese libro Álvaro García Linera, Rene Ramírez, Ricardo Forster, Constanza Moreira, Alfredo Serrano, Manuel Canelas, Juan Guijaro y yo, presentamos nuestras visiones de cada país, introducidos por un análisis general de la tendencia en todo el continente. Este es el momento de hacer algo semejante, con un proyecto de investigación ambicioso, que haga el balance de la primera y la segunda décadas en esos países y proyecte la tercera década.

Es hora de convocar a los intelectuales del pensamiento crítico latinomericano para sumarse a ese proyecto, que analice y apoye a las fuerzas políticas antineoliberales en la reconstrucción del eje de gobiernos con esa orientación, además de ofrecer análisis sobre las debilidades que han permitido la restauración de la derecha y los reveses de la izquierda, para retomar el proyecto antineoliberal con más profundidad y ampliación de sus plataformas de trasformación económica, política, social y cultural de Latinoamérica.

Un proyecto que puede tomar el libro Las vías abiertas de América Latina como referencia inicial, pero con mayor amplitud de análisis hacia atrás y hacia adelante. Que puede ser uno de los más importantes ejes de investigación en la era pospandemia, más allá de iniciativas más concretas y puntuales, que permita además recomponer un eje del pensamiento crítico latinoamericano, que tanta falta hace a día de hoy. Un proyecto que puede desembocar en un seminario –virtual o, a lo mejor, el primer seminario de nuevo presencial– y en un libro, publicado en América Latina y en otras regiones, dado que tenemos las experiencias más importantes de lucha antineoliberal. La tercera década lationoamericana puede ser el título que defina los marcos de ese proyecto, condición esencial para que volvamos a avanzar en Latinoamérica.


jueves, 30 de julio de 2020

De Golpe y Lágrima



Estos días “La historia de Honduras puede resumirse en una lágrima”, tal vez el llanto sea uno de los hilos que une los días de Rafael Eleodoro Valle con los que hoy estamos vivimos. Nos llevan de golpe y lágrima en esta pandemia.

En medio de las angustias por el Coronavirus, brotan nuevos dolores como el secuestro de tres garífunas de la comunidad de El Triunfo de la Cruz y la condena a casi tres años de cárcel a la diputada y Comisionada en condición de retiro, María Luisa Borjas, por el delito de calumnias constitutivas de difamación, en perjuicio del empresario Camilo Atala.

Según organizaciones defensoras de derechos humanos, su acción fue contraria a la decisión de la Corte Suprema de Justicia, ella simplemente compartió información que ayuda al debate nacional sobre la situación de impunidad y la participación de funcionarios policiales, militares, profesionales del derecho y empresarios en el asesinato de Alfredo Landaverde, el Fiscal Orlan Chávez y la reconocida lideresa indígena Berta Cáceres.

Para nuestro compañero, Joaquín Mejía, experto en derechos humanos la intención de Borjas no era dañar la imagen del empresario, sino poner en debate público una información de interés general. Al tiempo afirma que el informe es público y que de acuerdo la Convención Interamericana de los Derechos Humanos no hay responsabilidad de parte de la diputada, sino que era el empresario, el que debía probar que ella tenía la intención de dañarlo. Algo que la defensa del empresario no hizo en el juicio.

Estamos nuevamente ante una decisión de la Corte Suprema no sustentada en lo jurídico sino en “esa sensación de ternura que produce el dinero”. Algo que bien se sustenta en el sondeo de Opinión pública del ERIC, donde se establece que para el 80 por ciento de la población cree que los magistrados, jueces y fiscales defienden los intereses de los ricos y poderosos, y los intereses de los corruptos. Una afirmación que está sintonía con que el 80 por ciento de la población no tiene confianza en la Corte Suprema de Justicia y un 74 por ciento considera que la corrupción está muy extendida en dicha institución.

La condena de la María Luisa solo reafirma la necesidad de seguir fortaleciendo la articulación de todos los sectores sociales para echar ese grupo de criminales disfrazados de funcionarios públicos cuadrados con la dictadura financiera. Cada día los caminos se cierran, pero cada día puede ser una oportunidad para abrirlos. El mejor regalo para el país es que todos aportáramos una hora cada día a pensar y accionar en abrir caminos a la crisis que hoy vivimos. El encierro es una sentencia a muerte.

miércoles, 22 de julio de 2020

George Floyd, el asesinato que rebasó el vaso en “la tierra de la libertad”



Por José Antonio Gutiérrez D. 

El asesinato de Floyd no es un hecho fortuito. El año pasado 1.099 personas fueron asesinadas por la policía en Estados Unidos, de las cuales muchísimas eran negras. El 99 % de estos asesinatos están en la más escandalosa impunidad. Una tasa alarmante que compite con las cifras de otras “lumbreras” de los derechos humanos como Colombia. Esto demuestra que la violencia policial, lejos de ser una anomalía, es aupada por las élites de los EE.UU., tanto por republicanos como por demócratas.

Por fin se agotó la paciencia de las masas en la autoproclamada “tierra de la libertad”. El brutal asesinato de George Floyd, quien fue torturado hasta morir de asfixia durante 10 minutos a plena luz del día, se convirtió en la chispa que incendió la pradera. La vida de Floyd era más barata para la policía que el miserable billete falso de U$20 que lo acusaron de tener. En todo el país hay protestas que se han enfrentado a una impresionante violencia estatal, y que han desafiado las amenazas del presidente Donald Trump de militarizar, de disparar, de enviar perros rabiosos.

Imaginémonos por un segundo que fuera Maduro en Venezuela o Rouhani en Irán quienes estuvieran utilizando este lenguaje violento y quienes estuvieran reprimiendo así a su pueblo. Con toda seguridad, en estos momentos, se estarían imponiendo sanciones económicas, se estarían convocando a reuniones extraordinarias del Consejo de Seguridad de la ONU, se estaría hablando de intervención militar o incluso de bombardeos “inteligentes” en contra de estaciones policiales para proteger a los “pobres ciudadanos” de los carniceros gubernamentales. Tal vez el G-7 ya habría designado a dedo a un presidente pelele y espurio al estilo de Guaidó como autoridad legítima. 

La hipócrita de Michelle Bachelet, desde su oficina de Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, deplora el asesinato de Floyd pero no dice nada de la violencia del Estado en contra de los manifestantes. Qué diferencia con la vehemencia con la que ataca lanza en ristre a Venezuela. Mientras tanto Almagro en la OEA –el mismo que monta una bulla inmamable cada vez que a Maduro se le arranca un pedo- ha mantenido un silencio sepulcral. ¿No resulta obvio que en este flamante orden mundial hay una ley para el cártel de los países ricos y otra muy diferente para los demás?

El asesinato de Floyd no es un hecho fortuito. El año pasado 1.099 personas fueron asesinadas por la policía en Estados Unidos, de las cuales muchísimas eran negras. El 99 % de estos asesinatos están en la más escandalosa impunidad [1]. Una tasa alarmante que compite con las cifras de otras “lumbreras” de los derechos humanos como Colombia. Esto demuestra que la violencia policial, lejos de ser una anomalía, es aupada por el establishment de los EEUU. Por todos, tanto republicanos como demócratas. 

Como se vienen elecciones, los oportunistas del Partido Demócrata ya están oliendo votos en el humo de las barricadas. Pero, ¿quién entre los demócratas tiene autoridad moral para protestar por el racismo o la violencia? ¿Obama? ¿El presidente que más personas ha deportado en la historia de los EEUU? ¿Quién presidió la represión racial en Ferguson? ¿el hombre que derramo lágrimas de cocodrilo por el asesinato de Eric Garner en el 2014, en circunstancias calcadas al asesinato de Floyd, sin tomar ninguna acción al respecto? ¿Los Clinton? ¿La pareja de “demócratas” que empezó la construcción del muro con México (aunque ahora parece que no se acuerdan de eso), que hambreó a Haití e Irak y bombardeó este último, pavimentando así el camino a la guerra de Bush? ¿Los que financiaron, armaron y apoyaron a esas bellezas fundamentalistas de Al-Qaeda mientras masacraban a diestra y siniestra en Siria? ¿Sanders? ¿El que se llena la boca hablando de socialismo y que no es capaz siquiera de enfrentarse a los líderes de su partido? Es hora de llamar a esta pandilla de “demócratas” como lo que son, un fraude. Son parte del problema, no de la solución. Todo lo que les importa son las próximas elecciones. Les importan un bledo el racismo estructural y la violencia policial, como lo han demostrado una y otra vez cuando han llegado al poder. 

La violencia racial y de clase en los EEUU es un problema estructural que requiere transformaciones radicales en las instituciones. Cualquier cambio cosmético no sirve para nada. El asesinato de Floyd está empezando a corroer la farsa de la “tierra de la libertad”, de la “tolerancia”, construida por inmigrantes supuestamente libres, amorosos e igualitarios. Este mito es una mentira burda, una de las mentiras favoritas de los “demócratas” en las protestas anti-Trump del 2016. El inmundo hedor del racismo estructural, que es dos siglos más viejo que Trump, está saliendo a flote, dejando al descubierto la fetidez de un país construido sobre el genocidio de millones de indígenas y esclavos. Un país construido sobre las deportaciones masivas de “radicales” e “izquierdistas” en la década del 1920. Un país que ha linchado a miles de negros, chinos y sindicalistas. Un país donde un descerebrado supremacista blanco como John Wayne es reverenciado como un ídolo, mientras que los artistas de verdad eran censurados y perseguidos en medio de la fiebre macartista. Un país cuyo sistema judicial, que ejecuta a tantas personas como las más eficientes tiranías del planeta, tiene en su saldo de muerte los linchamientos judiciales de los mártires de Chicago, Sacco y Vanzetti, así como de los Rosenbergs, entre tantos otros, tras parodias judiciales. 

El pueblo tiene derecho a estar enojado. Muy enojado. No se trata sólo de Floyd. Se trata de más de 200 años de opresión y salvajadas. Aquellos que exigen que la protesta sea “civilista” y “pacífica”, y por lo mismo inocua, aquellos que condenan el “vandalismo” en términos mucho más fuertes que con los que nunca han condenado al racismo, no son sino hipócritas defensores del statu quo. Los verdaderos vándalos son aquellos que piensan que tener un uniforme policial les da derecho de mutilar, torturar, arrancar ojos y asesinar según sea su capricho. No podemos permitir que se desnaturalice lo que realmente está ocurriendo y la razón por la que millones han salido a tomar las calles. Como dijo Albert Camus, lo que realmente debemos condenar no son tanto los actos de violencia de los oprimidos como la violencia que engendran las instituciones [2]. Es hora de cuestionar y trasformar esas instituciones, las estructuras de la violencia que están arraigadas en el Estado y en este modelo económico que, en estos precisos instantes, condena a millones a la muerte por inanición y desempleo. 

El problema es el sistema, no tal o cual policía, ni tal o cual presidente, ni tal o cual partido político. Se requiere de transformaciones profundas de las instituciones políticas que son producto de este legado de brutalidad, segregación, exclusión, explotación, guerra, militarismo, invasiones e imperialismo. Trump ha denunciado la presencia de “anarquistas profesionales” entre los manifestantes. Bien por ellos. El mundo civilizado los debería aplaudir de pie. Esperemos que su presencia ayude a las masas que hoy se rebelan a imaginar un país diferente, construido desde abajo, en paz con el resto del mundo, pero en guerra permanente contra sus injusticias domésticas. Un país que se libere de las lacras del racismo, del sexismo, de la explotación de la clase trabajadora, de la tentación imperial. Que sea una alternativa real a un mundo hoy en peligro inminente de colapsar en gran medida por las acciones de los EE.UU. en cuanto superpotencia. Es el pueblo en las calles quien tiene las respuestas, mientras que las élites gobernantes, sean republicanas o demócratas, ni siquiera saben las preguntas que hay que hacerse.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La manipulación sistemática de El País con Venezuela


Por Antonio Campuzano

Hace muchos años, prácticamente desde la llegada al poder democráticamente de Chávez, El País ataca sistemáticamente al Gobierno de Venezuela. Para ello, en su sección de Internacional, le dedica todos los días más espacio que el que le correspondería por su importancia política y económica para los españoles y la mayoría de las veces en tono negativo e incluso a veces insultante. Ya en 2008 hice un recuento de la información internacional de este diario por países y daba este mismo resultado.

Entre los ocho grandes accionistas de Prisa, según la propia empresa, hay un fondo americano (Amber Capital con el 29,8%), el HSBC (9,1%), el banco más multado del mundo; un fondo qatarí (5,1%) y dos grandes empresarios mexicanos: Carlos Slim, al que está vinculado Felipe González, y Carlos Fernández. Entre todos estos grandes accionistas extranjeros suman el 52,3% del accionariado de PRISA. Puede haber más accionistas extranjeros de menor importancia, pero todos estos, por distintas causas, son contrarios al Gobierno de Venezuela. Teniendo en cuenta que PRISA está en pérdidas desde hace bastantes años, podemos preguntarnos por qué estas empresas invierten en ella. Esta puede ser una “razones” para la política desinformativa de El País.

Felipe González, siendo presidente del Gobierno, “vendió” a la familia Cisneros -magnates de la prensa y el petróleo venezolano y copartícipes en el golpe fallido contra Hugo Chávez-, “Galerías Preciados”, con un precio muy ventajoso. Carlos Andrés Pérez -expresidente de Venezuela condenado por corrupción y huido a EEUU, y expresidente de la Internacional Socialista- fue el “padrino” de Felipe González en Latinoamérica. Así se entiende la diferencia de puntos de vista sobre el tema de Felipe González y Zapatero.

La vinculación de PRISA con Felipe González puede ser otra de las “razones” de la política desinformativa de El País.

Lo cierto es que, con una enorme deuda -como todos los grandes medios españoles- este diario “de referencia” en España ha pasado de formar parte del “cuarto poder” a ser “la voz de su amo” y un intoxicador de la opinión pública española.

La entrevista en El País de Lucía Abellán a la Ministra de Exteriores acusándola de que el Presidente Sánchez no recibiera al autoelegido “Presidente de Venezuela”, nos muestra un periódico que defiende una “democracia” en la que autonominaciones como las de Venezuela y Bolivia sean admitidas como normales, porque favorecen sus intereses, en perjuicio y sin ningún respeto para los españoles.

martes, 9 de julio de 2019

Hermandad bolivariana


Rebelión

Por Cristóbal León Campos *

Los pueblos latinoamericanos urgidos de su liberación, conformaron su esencia en la mezcla del ser original y la construcción histórica surgida de la hibrida realidad colonial, la ruptura con las metrópolis dominantes en lo político, no significó la superación total de la dependencia económica y cultural que hasta nuestros días persiste, el llamado emancipador de los próceres signó la necesidad de romper las cadenas lacerantes en el devenir cotidiano, erradicar la sumisión requiere borrar todas las formas de las estructuras anteriores para poder edificar una nueva realidad, los resabios retrasan los procesos y se anclan en lo profundo de las mentalidades de manera silenciosa; sigilos impuestos como amparo de lo que fue. La voz vigente de la independencia repica las campanas de los nuevos tiempos, defender nuestras soberanías y culturas ante las amanzanas y adversidades sigue siendo el apelativo del programa por construir, la hermandad latinoamericana es el ideal soñado desde los primeros llamados a la autonomía, somos latinoamericanos y seguimos necesitando la conciencia cultivada en lo común, el porvenir de unidad e integración reconfigurará el orden continúo de la fragmentación.
Simón Bolívar, el padre libertario de nuestros pueblos, llamó desde su Carta de Jamaica de 1815, a la construcción de la América nuestra, de la Patria Grande conformada por la historia compartida y las necesidades afines, su esfuerzo prosiguió a lo largo de su actuación a favor de las independencias, su Discurso de Angostura de 1819 y la propuesta de conformar a toda América Latina como una gran nación y potencia mundial presentada en el Congreso de Panamá de 1826, son ejemplos y documentos necesarios de releer en esta nueva luz del siglo XXI, su sueño de la integración tuvo el mayor eco en las ideas de José Martí plasmadas en su ensayo Nuestra América de 1891, en el que define la historia y el futuro de nuestras naciones como un concepto fundacional de la realidad venidera.

Los valores que sustentan la propuesta bolivariana de unidad retomados como eje central para enfrentar el reto que sigue significando la política imperialista de los Estados Unidos y las potencias europeas al tiempo en que fomentan el desarrollo social interno de cada uno de los países latinoamericanos, ha sido la apuesta efectuada por la República Bolivariana de Venezuela desde 1999 cuando inicio la era que se vive con la llegada al poder de Hugo Chávez, el proyecto retomado reconfiguró y reinstauró la utopía bolivariana para ser puesta en práctica y actualizada, los progresos que en diferentes momentos se han podido observar en las últimas décadas con la fundación de organizaciones internacionales, acuerdos regionales y la divulgación del ideario emancipador, si bien presentan un complejo andar de avances y retrocesos, son señales de la posibilidad real de concretar la instauración de otro orden social basado en la hermandad entre naciones que Bolívar impulsara.

Los últimos acontecimientos en el orden político son significativos y ejemplos puntuales para el análisis de los caminos por los cuales continuar, la defensa del pueblo venezolano de su soberanía y autodeterminación ha dejado claro que los intentos de implantar nuevamente la dependencia y la sumisión rompiendo todo lo logrado y destruyendo los cimientos de la conciencia fracasaran mientras los pueblos permanezcan unidos y se fortalezcan las conquistas sociales, el sentir del pueblo venezolano reclama su deseo de continuar el camino andado hacia su liberación total, sumados en términos regionales a la defensa de la Revolución cubana que el heroico pueblo hace desde su triunfo en 1959, dan esperanza a nuestros países sumergidos por las políticas neoliberales del capitalismo vigente, gobiernos van y vienen, pero los pueblos se mantienen firmes luchando por su propia sobrevivencia.

El llamado de Bolívar que retomaron y retoman como suyo tantos hombres y mujeres desde la constitución de nuestras repúblicas sigue vigente, se sustenta en la necesidad de poner fin a las desigualdades sociales que se mantienen presentes pero también en los esfuerzos compartidos de resistencia e integración, su perspectiva de inicio es el reconocimientos de la riqueza diversa que nos hace particulares con rasgos comunes compartidos, el socialismo y el sueño de unidad latinoamericana marchan como ideales complementarios por los senderos de la urgencia y el deseo de superación popular: la hermandad bolivariana se refuerza a cada paso como identidad y como conciencia.

* Cristóbal León Campos es integrante del Colectivo Disyuntivas

martes, 21 de mayo de 2019

EEUU reconoce su responsabilidad en la crisis de Venezuela



Por Pablo Siris Seade

El descaro y el robo llevado al rango de política de Estado 
La información volaba en las redacciones. ¿Viste lo que encontró GrayZone? El Departamento de Estado reconocía -y se ufanaba de ello- su responsabilidad en la crisis que hoy vive el pueblo venezolano. Nadie podía creerlo. El descaro convertido en relaciones exteriores y el robo llevado al rango de política de Estado. 
La publicación original de este fact sheet -como se denomina en inglés a un boletín- fue realizada por el State Department en su portal pero rápidamente retirado, hasta que la periodista Anya Parampil lo ubicó y lo publicó en el periódico digital Grayzone (puede leer la nota en https://thegrayzone.com/2019/05/06/us-state-department-publishes-then-deletes-sadistic-venezuela-hit-list-boasting-of-economic-ruin/ y puede descargar el documento original en https://thegrayzone.com/wp-content/uploads/2019/05/US-Department-of-State-Venezuela-actions.pdf).
“El 24 de abril, seis días antes de que el autoproclamado “presidente interino” venezolano, Juan Guaidó, intentara derrocar violentamente al gobierno electo democráticamente de Venezuela junto con un puñado de desertores militares, el Departamento de Estado de los Estados Unidos publicó un boletín que mostraba el papel central de Washington en el intento de golpe de Estado en curso. Después de darse cuenta de la naturaleza incriminatoria de su error, el Departamento de Estado actuó rápidamente para eliminar la página”, escribe Parampil.
Consultado Samuel Moncada, representante permanente de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre este informe, respondió el diplomático que el boletín era “una lista de confesiones”. 
“Imagínese si cualquier otro país dice (que) está orgulloso de decir que estamos destruyendo la economía de nuestro vecino; estamos orgullosos de haber destruido el sistema político de nuestro vecino; estamos orgullosos de que estén sufriendo. Dicen que estamos librando una guerra contra Venezuela”, enfatizó Moncada.
El embajador acusó a Estados Unidos de participar en un “acoso” contra Venezuela en lugar de dar espacio a la diplomacia internacional, publicó Parampil.
“Ellos dicen que son nuestros logros “clave”, comentó Moncada. “Están diciendo que están causando problemas en nuestro ejército e induciendo un golpe militar, que hasta ahora no han logrado, pero están trabajando para lograrlo”.
“Si cualquier otra persona lo dice”, concluyó el embajador, “y si usted realiza esa confesión en la corte, irá a prisión”.
El boletín publicado y luego retirado dice que “la política de los Estados Unidos sobre Venezuela se enfoca en garantizar elecciones libres, justas y transparentes que traigan prosperidad y democracia al pueblo de Venezuela. Para cumplir con este objetivo, los Estados Unidos han emprendido una serie de acciones políticas firmes desde 2017 con el fin de presionar al antiguo régimen de Maduro (sic) y apoyar a los actores democráticos”.
Señala también las acciones adoptadas por el Departamento de Estado que incluirían “más de USD 213 millones en respuesta humanitaria” y “USD 43 millones en asistencia económica y para el desarrollo”. “El 24 de enero, el Secretario Pompeo anunció que Estados Unidos está listo para proporcionar $ 20 millones adicionales en asistencia humanitaria inicial a las personas dentro de Venezuela”, cierra el documento, que no destina más que unas pocas líneas a señalar lo que habrían hecho para responder a la crisis humanitaria.
Es de destacar que los 256 millones de dólares no habrían sido entregados en Venezuela, sino a gobiernos y entidades fuera del país. La “asistencia humanitaria inicial a las personas dentro de Venezuela” no supera los 20 millones. Nada en comparación con la guerra y el expolio al que ha sido sometido el pueblo venezolano a raíz de la postura injerencista de los Estados Unidos.
El capítulo más extenso del boletín son sin duda las sanciones, entre las que se destacan organismos y personas venezolanas. “Tales acciones aseguran que el régimen de Maduro no puede contar con el sistema financiero de los Estados Unidos para sus prácticas destructivas”, dice el documento.
Si eso no es un bloqueo financiero, es algo muy parecido, porque además se sanciona a entidades y personas de terceros países que hagan negocios con Venezuela. El objetivo es sin duda asediar al pueblo y Gobierno de Venezuela para someterlos por hambre y privaciones.
Mientras tanto, se ofrecen esos milloncitos como “ayuda humanitaria”. 
Las sanciones tienen justificaciones como que se dirigen “a quienes participan en socavar procesos o instituciones democráticas, actos de violencia o violaciones de derechos humanos, acciones contra la libertad de expresión o reunión pacífica, corrupción pública por parte de altos funcionarios del gobierno” (actuales o antiguos), pero no hacen sino impedir las normales operaciones económicas y financieras de cualquier gobierno a lo largo y ancho del planeta entero.
“Sanciones que niegan la financiación del régimen y protegen al sistema financiero de los Estados Unidos de la complicidad en la corrupción”, que es un eufemismo para decir que bloquean los fondos que Venezuela tenga en cualquier lugar del mundo, incluyendo organismos internacionales de los que participe Estados Unidos.
“El objetivo son las personas que operan en cualquier sector de la economía venezolana en el que el régimen de Maduro saquea la riqueza de Venezuela para sus propios fines corruptos”. Según lo que ellos mismos sostienen, todo. O sea que el bloqueo es indiscriminado.
En el boletín, el Departamento de Estado se apropia de las maniobras que se realizaron en contra de Venezuela en algunos organismos internacionales, particularmente la OEA y el Grupo de Lima, que aunque es vox populi y explícito en sus resoluciones que responden a los intereses de Estados Unidos, el texto deja claro qué tanto. 
Quizás lo más interesante sea la sección dedicada a lo que el Departamento de Estado considera “resultados claves” de sus propias acciones.
Entre estos “resultados claves” del accionar de la organización dirigida por Mike Pompeo están: la autoproclamación de Guaidó, el reconocimiento de 54 países (de los 198 que tiene la ONU) a la misma, la designación de representantes de ese “gobierno” en 36 países y tres organismos y la deserción de “más de 1.000 miembros del Ejército” que huyeron a Colombia. 
También se ufana de que ahora “la refinería estadounidense Citgo (propiedad de la venezolana PDVSA) está ahora bajo el control del gobierno interino (sic)”, “aproximadamente 3.2 mil millones (de dólares) de los activos de Venezuela en el extranjero están congelados” y “en marzo, la producción de petróleo de Venezuela cayó a 736.000 barriles por día (bpd), menos de la mitad de la producción en marzo de 2018, y redujo sustancialmente los ingresos para el régimen de Maduro. Dos de los cuatro mejoradores se reiniciaron, luego de que los cortes de energía en todo el país dejaran a los mejoradores inoperables”. “Se estima que 25 petroleros de crudo con 12 millones de barriles permanecen varados frente a las costas de Venezuela, debido a las dificultades para encontrar compradores”.
“La presión diplomática resultó en menos mercados para el oro venezolano. Un banco de los Emiratos Árabes Unidos canceló la compra de oro de Venezuela y hay indicios de que las exportaciones de oro a Turquía han disminuido”, concluye sin más el boletín.
Lo que esto no dice es cuánta leche se hubiera podido comprar con esos fondos, o cuánto arroz, o cuánta carne. 
Tampoco dice cuántos antirretrovirales, o tratamientos para el cáncer, o material quirúrgico para el sistema de salud dejaron de adquirirse.
Por supuesto que el boletín tampoco menciona los repuestos e insumos para el transporte y la industria que no se pudieron comprar. 
No señala el documento cuál ha sido el costo en derechos económicos, sociales y culturales afectados para todas las venezolanas y venezolanos. 
Y mucho menos indica quién se está enriqueciendo con todo esto. 

miércoles, 15 de mayo de 2019

Mentiras y silencios sobre Venezuela



Por Pascual Serrano

A estas alturas esperar que los grandes medios españoles informen con rigor de lo que sucede en Venezuela y a que llamen golpe de Estado al intento de que una persona, que no es reconocida como presidente por el gobierno actual ni por las Naciones Unidas, intente con la ayuda de militares tomar el poder es misión imposible. Sin embargo, no por ello debemos dejar de analizar las falsedades y omisiones de la cobertura e información sobre lo sucedido el pasado 30 de abril en Caracas. Mentiras

Comenzaron contando que Juan Guaidó estaba en una base militar de la capital, La Carlota, y le presentaban rodeado de militares. De ese modo se aparentaba que había tomado el control de una parte de la estructura militar y que, tras él, había un sector del ejército. Era falso, estaban en una autopista, llamada Francisco Fajardo, cercana a una base aérea.

Dijeron que Leopoldo López había salido en libertad en cumplimiento de órdenes del “presidente” Juan Guaidó (La Razón), “Juan Guaidó firmó su indulto y sus custodios del Sebin y Dgcim (la contrainteligencia militar) acataron la orden de liberación” ( ABC ). Salió porque unos militares no obedecieron la cadena de mando y en su sublevación liberan a un preso que está en arresto domiciliario, Guaidó no tiene ninguna autoridad ni en el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) ni en Dgcim (Dirección General de Contrainteligencia Militar) ni en la estructura militar ni policial venezolana, no puede ordenar nada.

La operación le presentaron como “acompañada de las Fuerzas Armadas” (ABC). Incluso la enviada a Caracas de Antena3 afirma ante la pregunta del presentador, que no se sabe cuántos militares apoyan a Maduro y cuántos a Guaidó, solo que la cúpula militar apoya al primero. De ese modo aparentan un ejército dividido. Pues bien, al final el “ejército” que apoyaba a Guaidó fueron 25 soldados rasos que acabaron refugiados en la embajada brasileña.

Además, los militares rasos fueron engañados a apoyar el golpe, según declararon ante las cámaras de Telesur y en otras imágenes recogidas en las redes . Les dijeron primero que iban a recoger unas condecoraciones y luego a un penal a un traslado de presos, pero les llevaron a cortar una avenida y protagonizar un golpe de Estado. Esas declaraciones, con imágenes disponibles, no se recogieron en los medios españoles.

A unos cientos de personas rodeando a Guaidó y Leopoldo López le llaman multitud (El País).


Algunas veces descubrimos cuál es su estructura periodística para informar con rigor: alguien que vive frente al palacio presidencial les cuenta que no ve nada.

Pocas veces una fotografía dice lo contrario que la realidad del titular


“El régimen lucha por su supervivencia con una dura represión en las calles”, afirma La Razón en su portada. El balance de heridos en la dos jornadas golpistas de Caracas fue de 27 según los servicios de salud el primer día y 50 el segundo, en cuanto a los detenidos fueron menos de diez en la capital, según las ONG’s. Hubo más detenidos por la policía argentina en Buenos Aires por protestar contra el golpe de Estado en Venezuela. Al día siguiente, en París con motivo del 1 de mayo hubo 40 heridos y 300 detenidos . Resultó casi más agresiva la acción del Estado en Francia para sofocar una manifestación del día del trabajador que la de Venezuela para desactivar un “levantamiento” popular para derrocar al gobierno.

Silenciamientos
Silencian informaciones que casan mal con un gobierno dictatorial. Por ejemplo, el llamamiento del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente , Diosdado Cabello, a que los venezolanos vayan al Palacio Presidencial. En los levantamientos populares contra las dictaduras, los gobernantes no sacan gente a la calle sacan militares, la gente va a los palacios presidenciales a pedir la dimisión de los gobernantes no a apoyarlos. Tampoco emitieron las imágenes de esa respuesta con manifestantes apoyando a Maduro frente al palacio.

La televisión venezolana también emitía coberturas de su corresponsal desde el interior de una base militar donde las cámaras registraban a los opositores sitiando el cuartel y lanzando piedras, bengalas e incluso disparos, un oficial y algunos soldados resultaron heridos. Nada de ello merecía interés a las televisiones españolas a pesar de que las imágenes las tenían disponibles y eran espectaculares.

El ministro de Cultura venezolano, Ernesto Villegas, difundió imágenes de los opositores y soldados golpistas con armas semiautomáticos con silenciador que no son las utilizadas por el ejército venezolano ni se pueden conseguir en el país.

Los medios españoles no recogieron ni una imagen de ninguna marcha o manifestación a favor del gobierno a pesar de que las hubo. Tampoco de la masiva manifestación del 1 de mayoque se convocó contra la injerencia extranjera y en apoyo al gobierno venezolano.

Cuando una corresponsal española en Caracas, la de Telecinco, dice en directo que no percibe que Maduro sea un dictador, se tiene que enfrentar a Cristina Seguí , de profesión “diseñadora gráfica” y fundadora de Vox, con la que tiene que iniciar una discusión en directo.

Durante el intento de golpe de Estado, las únicas intervenciones contra la libertad de expresión venezolana fueron las suspensiónes por parte de la empresa Twitter, con sede en San Francisco, de las cuentas periódicos e instituciones venezolanas afines al gobierno: El Correo del Orinoco (correoorinoco), el Diario Vea (@DiarioVEAVen) y de la televisora ViVe Televisión( @ViVetvoficial ), así como las cuentas del Ministerio del Poder Popular para la Mujer (@MinMujer); del Ministerio del Poder Popular para la Educación (@mppeducacion) y del Ministerio del Poder Popular para el Petróleo (@MinPetroleoVE).

Lenguaje
El lenguaje también es importante. A llamar a los militares a tomar el poder le denominaron “convocar” (“Guaidó convoca a los militares y al pueblo tras liberar de sus arresto a Leopoldo López”. El País). El término utilizado para referirse a una acción militar que derroque al gobierno, fue “levantamiento” ( La Vanguardia ), “insurrección” ( Marca ) o “alzamiento” ( RTVE , El Mundo, Atlántico). Los españoles reconocemos muy bien el uso de término “alzamiento nacional” cuando se quiere legitimar un sublevación militar contra las instituciones elegidas.

La persona que llevan semanas intentando presentar como presidente sin que despierte apoyos masivos en Venezuela lo denominan “líder en construcción” (El País), curiosamente como las páginas web caídas. Lo de Venezuela, una vez más, es régimen de Maduro (“El régimen de Maduro informa de enfrentamientos”. El País), término que no se plantearon usar ese mismo día para referirse a Japón, donde se relevaba al cargo de emperador, un sistema más digno del término régimen.

Comienzan a aparecer titulares con el término “intervención humanitaria” (“Una intervención humanitaria”, ABC), que es el paraguas con el que llevan unos años invadiendo Iraq, Afganistán, Yugoslavia, Somalia, Siria o Libia. Con consecuencias muy poco humanitarias.

Los medios hacen suyo (sin ni siquiera comillas) el término con el que los golpistas denominan la acción: “Sigue en vídeo, en directo, la Operación Libertad” (ABC).

Llamaban al ejército del país y a su policía, «fuerzas de Maduro» (TVE1). Ningún medio se plantea llamar «fuerzas de Sánchez» a la guardia civil española y el ejército de España, o “fuerzas de Trump” a los marines.

La portavoz del gobierno español también juega con las palabras cuando dice que está en contra de un golpe de Estado pero apoya a la persona que lo está intentando: “ El Gobierno de España mantiene el apoyo a Guaidó, pero asegura que «no respalda ningún golpe militar»” .

Desde el primer momento, algunas firmas piden sin pudor que un comando estadounidense entre en Caracas asesine a los miembros del gobierno y lance sus cuerpos al océano como hicieron con Bin Laden:

“Sin la intervención de los marines, o el secuestro de la dirección chavista en una operación quirúrgica como que la que acabó con Bin Laden, difícilmente será posible el derrocamiento de Nicolás Maduro. Los alzamientos militares parciales no prenden en la tropa”.

Los medios se refieren al presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, como “líder chavista” o “número dos del chavismo” (El País). De este modo evitan recoger el conflicto de competencias que hay entre esa Asamblea y la que mantiene como presidente a Juan Guaidó, la asamblea partidaria del gobierno directamente la desaparecen.

Los titulares de las portadas de las ediciones en papel dan una idea de cómo asistimos al apoyo a un golpe más que a un ejercicio de periodismo: “La libertad guía al pueblo” (La Razón), “Venezuela intenta echar al dictador Maduro (La Voz de Galicia), “La revuelta popular contra Maduro, encienda las calles de Venezuela (La Región), “Venezuela entere la esperanza y la violencia” (El Comercio), “Mirando de frente a Maduro” (ABC), Es imposible que, desde esas premisas, se pueda informar en el interior del diario con veracidad.

El balance del intento de golpe de Estado no pudo ser más patético. Los militares movilizados fueron escasamente 25 soldados rasos, no tomaron ningún cuartel, solo se plantaron en una autopista, a pesar de tener toda la presencia y llamamientos en los grandes medios de comunicación y el apoyo de grandes potencia apenas salieron en su apoyo unos cientos de ciudadanos. A las fuerzas orden les bastaron algunas bombas lacrimógenas para contener los disturbios (ninguno de los dos muertos de las primeras 48 horas fue en enfrentamiento con fuerzas del orden, uno de ellos ni siquiera murió en Caracas). Las víctimas mortales siguientes son el resultado de disturbios y violencia posterior al intento del golpe de Estado. El cambio de denominación que le han dado los organizadores es bastante elocuente. De Operación Libertad a Protesta Sostenida.