jueves, 29 de julio de 2021

Miles de millones de personas pueden quedar sin agua potable


IPS Noticias

Foto: OMS

El acceso al agua potable y a facilidades para lavar las manos, indispensable para el combate de la pandemia covid-19, seguirá vedado a millones de personas a menos que se multipliquen las inversiones que lo hagan posible en los países más pobres.

Miles de millones de personas en el mundo se quedarán sin acceso a servicios seguros de agua potable, saneamiento e higiene en el hogar antes de 2030, a menos que el índice de progreso se multiplique por cuatro, indicó este jueves 1 un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef.

Esa carencia precede a la covid-19 porque “incluso antes de la pandemia millones de niños y familias ya estaban sufriendo debido a la falta de agua limpia, saneamiento y un lugar donde lavarse las manos”, señaló Henrietta Fore, directora del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

La covid, según el reporte, puso de relieve la necesidad urgente de garantizar que todo el mundo tenga acceso al menos a una higiene de manos adecuada: cuando comenzó la pandemia, tres de cada 10 personas del mundo no podían lavarse las manos con agua y jabón en sus hogares.

El informe “Progresos en materia de agua para el consumo, el saneamiento y la higiene en los hogares”, de OMS-Unicef, presentó estimaciones de acceso de los hogares a servicios de agua potable, saneamiento e higiene gestionados de manera segura a lo largo de los últimos cinco años.

En 2020, alrededor de una de cada cuatro personas carecía de una fuente de agua potable gestionada de modo seguro en su hogar, y casi la mitad de la población mundial no tenía acceso a servicios de saneamiento gestionados de esa manera.

“Llegó la hora de acelerar drásticamente nuestros esfuerzos a fin de atender las necesidades más básicas de los niños y las familias, y proteger su salud y su bienestar a través de, entre otras medidas, la lucha contra enfermedades contagiosas como la covid-19”: Henrietta Fore.

Esas carencias contrastaron con el avance de la actual pandemia y al respecto Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, recordó que “lavarse las manos es una de las formas más efectivas de evitar la transmisión de la covid-19 y de otras enfermedades infecciosas”.

“Sin embargo, en el mundo hay millones de personas que no tienen acceso a una fuente de agua potable segura”, por lo que “las inversiones en agua, saneamiento e higiene deben ser una prioridad mundial si queremos ponerle fin a esta pandemia y crear sistemas de salud más resilientes”, dijo Tedros.

El informe indica que se han registrado algunos avances para conseguir un acceso universal a los servicios básicos de agua, saneamiento e higiene, pues entre 2016 y 2020 el porcentaje de la población mundial que disponía de una fuente de agua potable gestionada de manera segura en su hogar aumentó de 70 a 74 por ciento.

Los servicios de saneamiento gestionados de modo seguro aumentaron de 47 a 54 por ciento, y las instalaciones para lavarse las manos con agua y jabón de 67 a 71 por ciento entre los 7800 millones de habitantes del planeta.

También en 2020 por primera vez más personas utilizaron servicios de saneamiento mejorados sobre el terreno (como letrinas de pozo y tanques sépticos, que pueden contener y tratar los residuos de manera efectiva) que conexiones de alcantarillado.

Pero de acuerdo con las tendencias actuales, hacia 2030 solo 81 por ciento de la población mundial tendrá acceso a agua potable salubre en su hogar, un bien del que no podrán disfrutar 1600 millones de personas.

Solo 67 por ciento dispondrá de servicios de saneamiento adecuados, pero carecerán de ellos 2800 millones de personas, y solo 78 por ciento contará con instalaciones básicas para lavarse las manos, lo que significa que 1900 millones de personas no tendrán acceso a ellas.

El informe recoge “las profundas desigualdades que afectan especialmente a los niños y las familias vulnerables”, y asegura que conseguir el acceso universal a fuentes de agua potable gestionadas de manera segura antes de 2030 requiere “multiplicar por 10 el índice actual de progreso en los países menos adelantados”.

En los contextos frágiles en los que existe el doble de probabilidades de que la gente no tenga acceso a agua potable salubre, ese índice debería multiplicarse por 23.

“A pesar de los increíbles avances que se han registrado hasta la fecha para ampliar estos servicios que salvan vidas, las alarmantes y crecientes necesidades siguen superando nuestra capacidad de respuesta”, dijo Fore.

Otros datos del reporte indican que ocho de cada 10 personas que carecían de acceso a servicios básicos de abastecimiento de agua vivían en zonas rurales, y los servicios seguros de saneamiento llegaron a 62 por ciento de la población urbana mundial, pero solo a 44 % de la rural.

En África subsahariana se registra el índice de progreso más lento del mundo. Apenas 54 por ciento de la población utilizaba agua potable salubre, y solo 25 por ciento de la que se encontraba en contextos frágiles.

Los últimos datos sobre la salud menstrual revelaron que, en muchos países, una proporción significativa de mujeres y niñas no pueden atender sus necesidades de salud menstrual. Las diferencias más notables se dan entre los grupos vulnerables, como las niñas pobres y las que tienen discapacidad.

El informe afirma que para ampliar la cobertura en estas áreas será preciso darle prioridad en los niveles más altos de la adopción de decisiones por parte de los organismos internacionales, los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado.

Para la directora de Unicef “llegó la hora de acelerar drásticamente nuestros esfuerzos a fin de atender las necesidades más básicas de los niños y las familias, y proteger su salud y su bienestar a través de, entre otras medidas, la lucha contra enfermedades contagiosas como la covid-19”.

A-E/HM

miércoles, 28 de julio de 2021

El Congreso Nacional aprobó nuevo préstamo por 9 mil millones de lempiras


Radio Progreso

Un nuevo préstamo ha sido otorgado por el Congreso Nacional. La Junta Directiva presentó una iniciativa para buscar fondos frescos para que la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, pueda cubrir sus obligaciones con los proveedores de electricidad.

El préstamo fue criticado por los diputados de oposición, quienes afirmaron que este es un tema de nunca acabar, y que lejos de poner fin a la crisis de la estatal, la profundiza.

De la mano del dictamen también se aprobó un subsidio para amortiguar el incremento energético en el país. El diputado de Libre Jari Dixon, afirmó que estos subsidios son solo para disimular la aprobación del préstamo y el beneficio que seguirán obteniendo los generadores energéticos.

Por otra parte el Congreso Nacional, otorgó una concesión para el manejo de los servicios portuarios, en la terminal marítima de Omoa, Cortés. Las empresas beneficiadas son Inversiones Estratégicas Portuarias S. A y Servicios Consolidados S. D R. L.

El diputado liberal Mauricio Villeda se mostró indignado por la forma en la que se aprobó el contrato, pues calificó la medida de dictatorial, porque la Junta Directiva, que en esta ocasión dirigió el nacionalista Mario Pérez, ni siquiera dio la palabra a los legisladores.

Villeda cuestionó que el dictamen no fue entregado a tiempo, y tampoco se socializó el contrato aprobado, lo que se presta a suspicacias y sospechas.

En el cierre de la sesión se aprobó el contrato de préstamo 2262, entre el Banco Centroamericano de Integración Económica, en su condición de Prestamista y el Gobierno de la República de Honduras, en su condición de Prestatario del financiamiento de hasta un monto de US$9,459,622.95, recursos destinados a financiar la ejecución del “Proyecto de Modernización del Documento de Identificación en Honduras (Identifícate) Tramo C”.


Piden a un Fiscal Especial para investigación y búsqueda de garífunas desaparecidos


Radio Progreso

La Organización Fraternal Negra de Honduras, Ofraneh, solicitó al Ministerio Público el nombramiento de un Fiscal Especial para la investigación y búsqueda de los cuatro pobladores de la comunidad garífuna El Triunfo de la Cruz, Tela, Atlántida.

En ese sentido, la abogada Kenia Oliva, acompañante legal de la Ofraneh  en el caso, dijo que los criterios a tomar en cuenta para el nombramiento de un Fiscal Especial es que entienda de la autodeterminación de los pueblos y la capacidad de dirigir una investigación.

La Coordinadora de Ofraneh, Miriam Miranda, señaló que si el fiscal general, Oscar Fernando Chinchilla, no nombra un Fiscal Especial y no incorpora al Comité Garífuna de Investigación SUNLA, estaría demostrando una vez que Honduras es un país impune.


Sanción para Lobo, mensaje para los que están en el poder


Radio Progreso

La sanción como no elegible para entrar a Estados Unidos contra el expresidente hondureño, Porfirio Lobo, es considerada como un mensaje para quienes están en el poder y siguen actuando como intocables, pero, además, demuestra que el Ministerio Público está cooptado por los intereses políticos al no investigar los señalamientos criminales.

A través de un mensaje en su red social de twitter, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, informó que tanto el expresidente de Honduras, Porfirio Lobo Sosa y su familia, no son elegibles para ingresar a territorio norteamericano.

“A mí no me van a andar asustando con papadas de listas y de nada… creo que están protegiendo a JOH y está el tema de la Maccih. Yo denuncié a Guimarães ante la fiscalía, ante el Comisionado y lo denuncié en Washington porque él me violentó mi derecho a la inocencia cuando salió injuriándome y calumniándome, y no presentó el requerimiento fiscal”, dijo Pepe Lobo.

Para el director de Transparencia Internacional en Honduras, Carlos Hernández, las declaraciones del expresidente Lobo responden a la prepotencia del poder que tuvo durante años, pero además considera que la sanción es un mensaje para quienes están en el poder y siguen actuando como intocables.

“Han estado sufriendo varios reveces, y eso debe servir de lección para los que están en el poder que siguen actuando como que son intocables, tarde o temprano la justicia llega”, dijo Hernández.


Trabajadores latinoamericanos y derechos laborales del siglo XXI


Rebelión

Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda 

En general, se reconocen cuatro revoluciones industriales (RI): la primera, a mediados del siglo XVIII (Inglaterra), con la que se inició el régimen capitalista, se basó en la máquina de vapor, aplicada especialmente a la producción textil, la minería, el transporte (ferrocarriles y vapores) y en parte la agricultura; la segunda, a fines del siglo XIX y comienzos del XX (EEUU y Europa), asociada al desarrollo del imperialismo, se basó en la electricidad y los derivados del petróleo, trasformó no solo las fábricas, sino toda la vida social, particularmente con automóviles, aviones, electrodomésticos, teléfonos, radio, periódicos impresos en rotativas y más tarde televisión; la tercera (sobre todo EEUU), a mediados del siglo XX, nacida de la energía atómica y la extensión de la electrónica y la informática, igualmente alteró las sociedades mundiales y repercutió sobre amplias esferas del trabajo y de la vida cotidiana, especialmente con la difusión de los computadores. La cuarta (nuevamente los EEUU a la cabeza) es reciente, vinculada al avance del siglo XXI y basada en una gama de desarrollos de la inteligencia artificial (AI), el internet de las cosas (IoT), robótica, realidad aumentada y virtual, “Big Data”, “fábricas inteligentes”, impresiones 3D y 4D, nanotecnología, biogenética.

Por su condición de región subordinada al desarrollo del capitalismo mundial y, además, porque las estructuras internas permanecieron como “pre-capitalistas” hasta bien entrado el siglo XX, caracterizándose permanentemente como zona primario-exportadora, América Latina no generó ninguna revolución industrial, de manera que lo que hizo es aprovechar de los avances originados en los países centrales para traerlos, aplicarlos y adaptarlos al desarrollo de su industria y sus tecnologías. Con distintos ritmos, países como Argentina, Brasil o México, ya iniciaron su industrialización desde fines del siglo XIX, mientras los más “atrasados” (Bolivia, Ecuador, otros centroamericanos) apenas tenían unas contadas industrias hasta inicios de la década de 1960, cuando todavía predominaban las haciendas, los latifundios o las plantaciones basadas en relaciones de servidumbre y no en el trabajo asalariado típicamente capitalista. La región ha logrado asimilar las tecnologías de la 3-RI y de la 4-RI en los tiempos actuales, pero en forma contradictoria, pues la modernización solo ha operado en sectores limitados, ha provocado mayores diferencias productivas y ha agudizado diferencias sociales y laborales, porque lo común en América Latina es la existencia de reducidos sectores propiamente proletarios (obreros fabriles), diversificados trabajadores en el sector de servicios (comercio, bancos, infraestructuras, educación, salud, seguridad, profesionales), numerosos “informales” y subocupados, junto con amplios sectores de desocupados.

En el marco de ese panorama general, las organizaciones obreras o de trabajadores, nacieron y se fortalecieron en asocio a las demandas tradicionales generadas por los avances de la 1-RI y de la 2-RI en los distintos países. Conquistar una legislación laboral favorable fue el espacio de su actuación y de sus luchas. De modo que gracias al sindicalismo y a las organizaciones tradicionales de los trabajadores fue posible conquistar códigos del trabajo, que garanticen el principio pro-operario, así como los derechos a la jornada máxima, salario mínimo, contrato individual y colectivo, seguridad social, indemnizaciones, sindicalización, huelgas y garantías específicas para las mujeres trabajadoras. Pero se han quedado cortas las reivindicaciones, demandas y luchas por nuevos derechos laborales, que exigen los procesos de expansión y asimilación de la 3-RI y de la 4-RI. Además, la pandemia del Covid-19 potenció, en forma rápida, los productos de la 4-RI, obligando al nacimiento de formas de trabajo inéditas: teletrabajo o Smart-working, provisión de bienes y servicios a domicilio (“uberización”), labores semi presenciales, tele-oficinas, horarios variados y flexibles, jornadas intermitentes o parciales. Hasta se ha creado un lenguaje económico y social que trata de conceptualizar las nuevas situaciones, a menudo en forma engañosa: Plattform Capitalism, Gig Economy, Economy on Demand, Intelligent Manufacturing System, Ciberusina, Smart-Cities, Cebots, Machine Learning…

La mayoría de los países latinoamericanos están lejos de llegar a los niveles del espectacular desarrollo de la 4-RI que demuestran empresas como Google, Amazon, Uber o Apple, pioneras en el mundo. La región carece de capas empresariales o de líderes innovadores capaces de lograr revoluciones semejantes. Simplemente asumen tecnologías extranjeras o desarrollan aplicaciones a las que bautizan como “innovaciones”. Pero, además, en la región las dirigencias y organizaciones de trabajadores tampoco se han mostrado ágiles para las nuevas conquistas de derechos ante el avance bien sea limitado o bien sea amplio, de las nuevas cyber-tecnologías, del “capitalismo inteligente”. No hay idea sobre los trabajos del “futuro” (como White-hackers, Growth-hackers, expertos en IA o también en IoT, desarrolladores de sistemas, diseñadores robóticos, etc.). En América Latina, en medio de la pandemia del Coronavirus, se afirmaron sectores empresariales que están aprovechándose del trabajo a casa sin límites horarios y en cualquier momento, lo que merece demandar el derecho a la desconexión, que en Europa ya se implementa. Informes, como el del Banco Mundial en 2016 (https://bit.ly/35TFidG) calculan que la 4-RI desplazará a cientos de miles de trabajadores, reemplazados por robots, máquinas inteligentes y drones. Por eso, igualmente en Europa se discute y se avanza en el derecho a una renta básica universal, apenas pensada en reducidos círculos intelectuales de América Latina.

Mientras los capitalistas de la nueva era hablan de “jornada emocional” y de “salarios emocionales”, particularmente atribuibles a los jóvenes, que supuestamente no desean ni jornadas fijas, ni salarios obligados, los gobiernos conservadores, empresariales y neoliberales quieren ajustar los códigos del trabajo ya existentes a las nuevas realidades, pero arrasando con los derechos históricos conquistados por décadas de movilización social. De modo que las organizaciones de trabajadores se ven en la obligación de defender los derechos logrados, pero también están forzadas a entender las nuevas dinamias del trabajo y, por tanto, a generar las nuevas garantías y derechos para esos nuevos trabajos.

Los trabajadores “uberizados”, los trabajadores “emocionales” (también se los llama “knowmads” o knowledge nomads), no tienen seguridad social, por lo que se acentúa el derecho a la seguridad social universal pública; los trabajadores ya no se concentran en grandes fábricas, como para afirmar las luchas colectivas en sindicatos, porque se extiende el trabajo individualizado y autónomo, sin salarios mínimos ni jornadas máximas. Con mayor razón, es necesario crear más garantías para estos trabajadores, utilizados por capitalistas que ya no asumen riesgos laborales propios, sino que contratan “servicios” por horas, tareas u objetivos predeterminados. Su rentabilidad se ha vuelto más “fácil” y se multiplica.

Como nunca antes, las condiciones contemporáneas creadas por las revoluciones industriales del siglo XX y particularmente la 4-RI, imponen una triple necesidad histórica: uno, Estados fuertes, capaces de garantizar los derechos individuales, laborales, colectivos, ambientales y creen la renta básica universal; dos, urgente redistribución de la riqueza, a fin de que ella no se siga concentrando en unas elites capitalistas que ahora superexplotan a “trabajadores emocionales”, al mismo tiempo que se liberan de responsabilidades frente a jornadas, salarios y seguridad social ultraflexibles; tres, fuertes impuestos a las capas ricas, un asunto que han comenzado a ver los EEUU y Europa, que ahora se deciden a incrementar impuestos a las grandes corporaciones y se fijan en los paraísos fiscales, donde se evaden impuestos.


El círculo cuadrado

ElDiplo.org

Por Daniel Schteingart *

Îmagen gstudioimagen (Freepik.es)

Desde la Revolución Industrial la humanidad ha logrado importantes avances en materia de salud, educación y calidad de vida. Sin embargo, descuidó la cuestión ambiental, que hoy emerge como un problema urgente. En esta nota, Daniel Schteingart se mete en el debate entre desarrollismo y ambientalismo para proponer una visión –y una serie de orientaciones –que contribuyan a conciliar ambos desafíos, reconociendo las complejidades económicas y las relaciones de poder global.

Por mucho tiempo una de las preguntas fundamentales de la economía fue cómo hacer crecer la producción, esto es, cómo agrandar la torta. Sin embargo, este interrogante -que por supuesto sigue vigente en la actualidad, más aún en países en vías de desarrollo– rara vez fue acompañado de la pregunta por el impacto ambiental derivado de las actividades productivas. Quienes venimos de una tradición desarrollista –que considera el desarrollo económico y productivo como algo fundamental para mejorar la calidad de vida de las mayorías– recién hace unos años empezamos a tener en cuenta esta pregunta. Llegamos tarde a un abordaje al cual debimos haber arribado bastante tiempo atrás, y no en el medio de una crisis ambiental global que incluso amenaza la prosperidad alcanzada por muchas sociedades.

Lo que la Revolución Industrial nos dejó

Los últimos 200 años han implicado extraordinarios avances. De acuerdo al sitio Our World in Data (1), la esperanza de vida en el mundo pasó de 28 a 72 años (superando los 80 en la mayoría de los países desarrollados). El analfabetismo mundial cayó del 88% en 1820 al 14% en la actualidad, con muchos países (entre ellos Argentina) por debajo del 1%. El porcentaje de la población en situación de pobreza extrema pasó del 89% en 1820 a menos del 10% en la actualidad (con regiones en donde dicha cifra es 0% y otras, sobre todo del África Subsahariana, en donde todavía supera el 30%). La aplicación de tecnología en el agro (vía uso de maquinarias, agroquímicos y, más recientemente, biotecnología) permitió un inédito incremento de la productividad agrícola, que elevó la población mundial de 1.000 millones a casi 8.000 millones. Esto también explica que estemos atravesando la era de mayor seguridad alimentaria de la historia y la de menor riesgo de hambrunas de la historia (2). La cantidad de horas trabajadas –producto tanto del fenomenal avance de la productividad como de las luchas sociales– cayó en gran parte del mundo, liberando tiempo para el ocio. Esa mejora fue particularmente marcada en los países desarrollados: en Alemania, por ejemplo, en 1870 se trabajaba 3.284 horas al año y hoy 1.354 horas. El avance de la infraestructura fue notable en gran parte del mundo, y más aún en los países desarrollados, con una creciente parte de la humanidad que accede hoy a servicios como electricidad, agua potable, telecomunicaciones y cloacas.

Sin embargo, estas mejoras tuvieron dos características. En primer lugar, no se dieron al mismo ritmo entre países, lo que dio lugar a países desarrollados y a otros en donde dichos avances fueron más acotados. El aumento de la desigualdad mundial y la baja de la pobreza fueron características comunes de los últimos 200 años, mostrando que ambas variables pueden correr por carriles separados.

La segunda característica es que estas mejoras en la calidad de vida de gran parte de la humanidad se hicieron a expensas de un dramático deterioro ambiental, habida cuenta de que el crecimiento económico derivado de la Revolución Industrial acarreó crecientes presiones sobre los recursos naturales (insumos fundamentales de dicha Revolución) y un enorme stock de residuos (sólidos, líquidos y gaseosos, siendo estos últimos los responsables del calentamiento global). A modo de ejemplo, de acuerdo a Our World in Data, en 1800 el 50% de la superficie habitable del planeta eran bosques. El crecimiento demográfico, a pesar de las mejoras en la productividad agrícola, requirió más tierras para producir alimentos, todo lo cual derivó en un incremento notorio de la deforestación. Así, en 2018 la superficie habitable del planeta cubierta con bosques llegó al 38%. Y, si bien parece haber entrado en un proceso de estabilización en lo que va del siglo XXI, el deterioro ha sido profundo. A su vez, entre 1800 y la actualidad se incrementó un 45% la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, dando como resultado un proceso de calentamiento global.

En resumidas cuentas, el modelo de desarrollo que ha imperado en los últimos dos siglos, si bien ha generado una enorme prosperidad (particularmente en los países desarrollados y en los sectores medios y altos de otros países, entre ellos Argentina), no es sostenible. Quienes venimos de la tradición desarrollista hemos prestado mucha atención a la sostenibilidad macroeconómica de los procesos de desarrollo. Está claro que también tenemos que incorporar urgentemente la variable ambiental.

Ambiente y desarrollo a lo largo de la historia

En su documental “Mi vida en el planeta”, el naturalista David Attenborough señala: “En este mundo, una especie solo puede prosperar cuando todo lo que la rodea prospera también”. Y eso justamente parece haber ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad.

En su célebre libro Armas, gérmenes y acero, el biólogo Jared Diamond se pregunta por qué Europa conquistó América y no al revés. La explicación es ambiental. La zona de la Creciente Fértil (hoy Irak y alrededores) fue riquísima en cierto tipo de especies vegetales (trigo, cebada) y animales (ovejas, cabras) que pudieron ser domesticadas. Esa ventaja ambiental les permitió a los habitantes de esa zona tener tempranamente excedentes alimenticios. Esta mayor producción de alimentos permitió, a su vez, incrementar la población, al tiempo que una parte de ella no tenía que dedicarse a producir su propio alimento. Se produjo, por lo tanto, una división del trabajo, la cual permitió que muchas personas se dedicaran a tareas no agrícolas, como las artes, las industrias y, también, la guerra. Todo ello terminó resultando en la creación de sociedades estratificadas con Estados fuertes.

La disposición Este-Oeste de Eurasia permitió que esas especies se difundieran con facilidad, al compartir rasgos climáticos y de horas de luz. En contraste, en América y África, con disposición Norte-Sur, esa difusión de especies fue más complicada. Por eso el surgimiento de grandes imperios sedentarios fue más tardío, dando como resultado un mayor rezago tecnológico (cuando surgen las grandes civilizaciones precolombinas en América, Eurasia ya contaba con siglos de experimentación en cierto tipo de tecnologías, producto de la temprana división del trabajo derivada de los mencionados factores ambientales). A su vez, el contacto cotidiano con animales domesticados (como cerdos, caballos, vacas u ovejas, presentes en Eurasia pero no en América, donde solo existió la llama domesticada) expuso a los euroasiáticos a gérmenes de origen animal, a los que se volvieron resistentes con el paso del tiempo. Cuando los europeos desembarcaron en América, el intercambio de enfermedades fue totalmente asimétrico, dando como resultado una brutal reducción de la población nativa.

La influencia de los factores ambientales en el desarrollo también está presente en otro libro de Jared Diamond, Colapso, donde intenta explicar por qué ciertas sociedades (como los mayas o los vikingos de Groenlandia) desaparecieron a lo largo de la historia, y otras perduraron. De acuerdo al autor, la deforestación, la destrucción del hábitat y la biodiversidad, la erosión, la salinización del suelo, la escasez de agua, la caza y la pesca excesivas o la introducción de especies invasoras explican el colapso de las sociedades a lo largo de la historia.

Todos estos problemas ambientales resultan familiares hoy. Eso nos lleva a dos preguntas: ¿es posible congeniar desarrollo y ambiente? Y en ese caso, ¿cómo lo hacemos?

Ambiente y desarrollo en el presente

Entender la crisis ambiental actual requiere poder discernir sus principales causas. Para ello es ilustrativa una ecuación llamada “Identidad de Kaya”, desarrollada por el economista energético japonés Yoichi Kaya. Está pensada para las emisiones de dióxido de carbono (responsables del calentamiento global) pero vale para otros problemas ambientales.

Básicamente, esta ecuación dice que el total de emisiones de carbono depende de: 1) la población, 2) el ingreso per cápita y 3) la tecnología, que puede subdividirse en: a) intensidad energética de la matriz productiva, y b) intensidad de carbono de la matriz energética.

El primer punto (la población) es sencillo de comprender: más población en el planeta implica más producción de alimentos, vehículos, vivienda, indumentaria, etc., todo lo cual requiere energía y, por ende, más emisiones. Esta tensión entre crecimiento demográfico y sostenibilidad data del siglo XIX, cuando Thomas Malthus sostenía que mientras la producción de alimentos crecía en forma aritmética (1, 2, 3, 4…), la demográfica lo hacía en forma geométrica (1, 2, 4, 8…). Para Malthus, esto terminaría creando un cóctel explosivo que produciría hambrunas y miseria y, de este modo, reduciría ulteriormente la población. En el siglo XX, y ante la creciente preocupación por la sostenibilidad ambiental, emergieron voces que recogieron los postulados malthusianos. Por ejemplo, en 1968 Paul y Anne Ehrlich escribieron el best seller La explosión demográfica, que predecía una hambruna masiva en los años 70 y 80 causada por el aumento de la población mundial.

Las previsiones de los Ehrlich no se cumplieron. El mundo ha desacelerado su tasa de crecimiento demográfico, que llegó al máximo en 1968 (el mismo año en que se publicó el libro), con un 2,1% anual. En 2019, el crecimiento demográfico mundial fue del 1,1%, y la tendencia es que para 2100 la población mundial tenderá a estabilizarse en torno a los 11.000 millones de habitantes. Las principales razones de esa desaceleración son el crecimiento económico y el empoderamiento social de las mujeres, que históricamente han acarreado una caída drástica en la cantidad de hijos. De todos modos, aunque la cantidad de personas en el planeta va camino a estabilizarse, es cierto que el fenomenal incremento demográfico de los últimos dos siglos ha sido un gran motor de las emisiones.

El segundo motor de las emisiones es el ingreso per cápita. A medida que las sociedades se enriquecen, el consumo se incrementa, y ello hace que se requieran más insumos y más demanda de energía para producir, lo cual incide sobre las emisiones (y sobre los ecosistemas). Un país con una renta per cápita baja consume alimentos y no mucho más; por el contrario, en un país de altos ingresos, la población, además de ingerir alimentos, adquiere automóviles (que demandan combustibles), viaja, consume más electricidad, etcétera. Todo ello requiere más energía y recursos, lo que deriva en mayores emisiones y presiones ambientales. Asimismo, genera mayores residuos.

Es por ello que desde ciertas vertientes se ha abogado por el “decrecimiento”, particularmente en los países desarrollados, y por cambios radicales en la forma en que consumimos. La propuesta del decrecimiento tiene varios problemas: en primer lugar, asume que gran parte de las sociedades desarrolladas (y las clases medias y medias-altas de países como Argentina) estarían dispuestas pacíficamente a reducir sus ingresos y consumir menos para permitir un mayor desarrollo de los países pobres, algo a todas luces poco probable. En segundo lugar, en tanto la economía global está interconectada, un menor ingreso en las economías avanzadas incidiría negativamente en la demanda global, limitando las exportaciones de los países más pobres. Respecto a los cambios en los patrones de consumo, es cierto que es necesario un replanteo integral de la forma en que consumimos cierto tipo de bienes y servicios, con variables que van desde la dieta hasta la forma en que nos transportamos, pasando por la rápida obsolescencia de muchos de los bienes que compramos.

El tercer motor de las emisiones tiene que ver con la tecnología. Como señalamos, tiene dos componentes. Por un lado, la intensidad energética refiere a cuánta energía necesitamos para producir un bien o un servicio. Por ejemplo, a medida que la economía global pasa de ser predominantemente industrial (rama muy demandante de energía) a basarse en servicios (rama no tan demandante de energía) se tenderá a tener una menor intensidad energética. A su vez, las mejoras tecnológicas que permiten una mayor eficiencia energética en las fábricas, las viviendas, los electrodomésticos y los vehículos de transporte (por poner algunos ejemplos) suponen una menor presión sobre los recursos energéticos. Por ejemplo, si un país implementa una política para cambiar todas las lámparas de las viviendas por unas de bajo consumo o si incentiva la construcción de viviendas que permitan aislar mejor los cambios de temperatura del exterior podrá gastar menos energía para hacer las mismas actividades. En las últimas décadas, la eficiencia energética ha mejorado considerablemente, pero no lo suficiente como para compensar el incremento de la población y del ingreso per cápita.

El segundo componente del motor energético de las emisiones pasa por la cantidad de carbono que emitimos para producir energía (lo que se conoce como la intensidad de carbono que tiene la matriz energética mundial). De acuerdo a Our World in Data, el 73% de las emisiones de carbono mundiales vienen de la energía (necesaria para la electricidad, la calefacción y el transporte), de modo que lo que ocurra con la forma en la que generamos energía es determinante para las emisiones. El carbón explica el 25% de la generación energética mundial. Si bien ha sido clave para la industrialización de muchos países (debido a que suele ser más barato que otras fuentes de energía), es la fuente de energía que más gases de efecto invernadero genera (además de contaminar el aire con partículas, generando problemas de salud por ello). El petróleo, en tanto, explica el 31% de la generación energética mundial y también tiene un impacto muy negativo en las emisiones (aunque no tanto como el carbón). En tercer lugar, el gas natural genera el 23% de la energía global y, aunque también genera muchas emisiones, es la fuente más limpia (dentro de las fósiles). Es por ello que hoy se lo considera “de transición” hacia fuentes de energía que producen menos emisiones. Sumando carbón, petróleo y gas natural encontramos que hoy casi el 80% de la generación energética mundial proviene de los combustibles fósiles.

En este marco, reducir la intensidad de carbono de la matriz energética mundial implica la migración hacia otras formas de energía, como las renovables (eólica, solar o hidroelectricidad) y la nuclear. Respecto a esta última, vale aclarar que históricamente tuvo mala prensa en una parte importante de los movimientos ecologistas, como por ejemplo el Partido Verde alemán, que en su coalición con Angela Merkel logró impulsar el cierre de las centrales atómicas de ese país, dando como resultado un mayor uso de centrales de… carbón (3). Sin embargo, en los últimos tiempos varios activistas antinucleares, como Michael Shellenberger, han cambiado de opinión y se han vuelto pronucleares.

¿Qué pasó en las últimas décadas con las emisiones globales? Siguieron aumentando, debido a que las mejoras tecnológicas (como la intensidad energética o la intensidad de carbono) fueron insuficientes para compensar el incremento de la población y del ingreso per cápita.


¿Hacia dónde ir?

 La principal forma de alargar esta “manta corta” entre desarrollo e impacto ambiental es el cambio tecnológico, hacia una mayor eficiencia energética y hacia una matriz productiva más limpia que la actual. El concepto de “crecimiento verde” (green growth), cada vez más en boga, refiere justamente a la necesidad de acelerar los cambios hacia el tan necesario desacople entre crecimiento y deterioro ambiental.

Lograr que el “crecimiento verde” –o, lo que es similar, que “desarrollo sustentable” – no sea un oxímoron requiere ir más allá de la descarbonización de la matriz energética. Por ejemplo, exige un replanteo integral de la forma en que nos movemos: menos vehículos a combustión interna (que usan combustibles de origen fósil) y más vehículos eléctricos o a hidrógeno. También necesitamos rediseñar ciudades para poder transitarlas a pie o en bicicleta. La construcción de viviendas y oficinas debe ser más sustentable, mejorando el aislamiento del exterior por la mejora de materiales (o doble vidrio) y minimizando así la cantidad de energía necesaria para calentarlas (en invierno) o para refrigerarlas (en verano). Ciudades con más verde (con más parques y/o con jardines verticales) ayudan a refrescar las zonas urbanas cuando hace mucho calor, por el efecto de la evapotranspiración que provoca la vegetación. Todo eso podría ayudar a consumir menos energía en verano.

Otro eje es la economía circular, que supone que los desperdicios se reintroduzcan como insumos. Un ejemplo clásico es la chatarra, que se puede fundir en una acería para fabricar acero. La separación de la basura es un engranaje importante de la economía circular. Los recuperadores urbanos (los llamados “cartoneros”) son un eslabón fundamental de la economía circular urbana. De todos modos, también hace falta cambiar el modo en que las empresas conciben el proceso productivo, premiando cada vez más a quienes diseñen productos efectivamente “circularizables”. Esto a su vez requiere cambios regulatorios en los que el residuo deje de ser visto como algo a destruir o a disponer y a pase a ser un potencial insumo.

Pero la tecnología no lo es todo. También hacen falta cambios culturales, que pueden incluir desde la separación de basura (sin la cual la economía circular se complica) hasta cambios en los patrones de consumo. Modificaciones en la dieta (hacia más vegetales) son importantes, ya que los alimentos basados en plantas requieren menos tierra para ser producidos, todo lo cual permitiría una mayor reforestación y recomposición de los ecosistemas. Dentro de las carnes, la bovina es la que exige más tierras (además de que los eructos de las vacas liberan metano, que son gases de efecto invernadero), por lo que se buscan alternativas como la llamada “ganadería regenerativa” o también la “carne de laboratorio”, aunque esto último introduce en el debate una idea que vale la pena poner en cuestión: la idea, que no analizaremos aquí, de que “lo artificial” es malo y “lo natural” es bueno. Por fuera de la dieta, es razonable la crítica de gran parte del ambientalismo a la cultura del consumismo de “chucherías”, particularmente de los sectores medios y altos (y sobre todo en los países desarrollados), que termina generando un cúmulo de desperdicios innecesarios.

Desarrollarnos puede ayudar al ambiente

 La relación entre desarrollo y ambiente lejos está de ser lineal. Así como el desarrollo económico hasta ahora generó grandes problemas ambientales, también es cierto que produce condiciones para mitigarlos. Los países desarrollados tienen muchas más herramientas para lidiar con problemas ambientales que los países pobres. Las catástrofes ambientales que se cobraron miles de vidas a lo largo de la historia (y antes de la Revolución Industrial) resultan más fáciles de enfrentar en un país desarrollado. A modo de ejemplo, un huracán caribeño puede causar estragos en Haití y destrucciones acotadas en Miami.

A su vez, hay una serie de gravísimos problemas ambientales (de los que se habla poco) que están estrechamente relacionados con la pobreza, es decir con la falta de desarrollo. Un ejemplo de ello es la cantidad de plomo en sangre de los jóvenes de los barrios pobres de las periferias de las grandes ciudades, producto del mal uso de residuos peligrosos provenientes de actividades industriales, del uso de pinturas con plomo y del reciclado de baterías viejas hecho por pequeñas unidades productivas cuya capacidad de generación de excedente económico es bajo. Lo pequeño no necesariamente es hermoso, como muchas veces se sugiere: la capacidad de fiscalización por parte del sector público sobre empresas pequeñas es baja y la generación de excedentes económicos, muy reducida, todo lo cual dificulta que esas unidades productivas puedan invertir en mejorar sus prácticas ambientales.

Es más difícil aplicar políticas ambientales si un país es pobre y tiene un sinnúmero de necesidades básicas insatisfechas por resolver en simultáneo con una gran escasez de recursos. La gestión de residuos es más eficaz en los países ricos que en los pobres. Si bien los países desarrollados consumen más plástico per cápita, lo cierto es que gran parte de los plásticos que terminan en los mares (con un impacto muy negativo en la fauna marina) se deben a una mala gestión de los residuos y –de acuerdo a un estudio publicado en Science– se explican en su gran mayoría por países no  desarrollados, como China (27,7%), Indonesia (10,1%), Filipinas (5,9%), Vietnam (5,8%), Sri Lanka (5%), Tailandia (3,2 %) (4).

La deforestación es otro ejemplo. La evidencia histórica muestra que tiene forma de “U” invertida. A medida que los países pasan de ser muy pobres a ser de ingresos medios, la deforestación avanza debido a que se talan miles de hectáreas de bosque/selva para ampliar la frontera agropecuaria y producir alimento y energía. Sin embargo, una vez que pasan cierto nivel de desarrollo, la tendencia es hacia una lenta pero gradual reforestación. La razón es la mejora de la productividad agrícola (que permite producir más alimento en menos tierra) y de la matriz energética (tanto las fósiles como la nuclear y las renovables permiten producir mucha más energía por hectárea que la leña tradicional). Por ejemplo, en 2019 en Francia el porcentaje de la superficie cubierta por bosques llegó al 32%, la mayor cifra en cinco siglos, y en Inglaterra al 10%, la mayor cifra desde 1350 (5).

El desarrollo también tiende a provocar cambios en la forma en la que se concibe lo ambiental. De acuerdo a los datos que surgen de la Encuesta Mundial de Valores (en donde se pregunta por la priorización entre el ambiente –a expensas del crecimiento y la creación de empleos– y el crecimiento y la creación de empleos –a expensas del ambiente–), la priorización de la variable ambiental por sobre el crecimiento tiende a ser mayor cuanto más alto es el ingreso per cápita. En Suecia, el 89% elige la preservación ambiental sobre el crecimiento; en Túnez, Egipto, Armenia, Bosnia y Herzegovina, Líbano o Lituania esa cifra no llega al 40%. Si se observa al interior de los países, la mayor demanda de crecimiento se da en la población desocupada, en la de menor nivel educativo y en la que trabaja en el sector privado (en todos los casos, el común denominador es la incertidumbre material derivada de la posible falta de ingresos), en tanto que la mayor preocupación ambiental se registra en los jóvenes, los profesionales, en quienes tienen mayor nivel educativo y quienes trabajan en el sector público. De 79 países analizados, en 74 la población de mayor nivel educativo (y por ende de mayores ingresos) tiene mayor propensión a priorizar el cuidado ambiental por sobre el crecimiento y el empleo. De esto no debe concluirse que el desarrollo por sí solo generará automáticamente una agenda ambiental, pero sí que incrementa las probabilidades de que esta se acelere, del mismo modo que ocurre con variables como la secularidad o el aborto.


Del oxímoron a una realidad posible

 La crisis ambiental actual es uno de los mayores desafíos que alguna vez experimentó la humanidad. El desarrollo desde la Revolución Industrial fue responsable de grandes mejoras de la calidad de vida de miles de millones de personas, pero es insustentable desde el punto de vista ambiental. Si bien el desarrollo brinda herramientas para lidiar con problemas ambientales, no hace magia. La trayectoria actual es insostenible y hay que cambiarla urgentemente.

Los países desarrollados tienen la principal responsabilidad, ya que han sido los grandes responsables del grueso del calentamiento global actual: el 55% de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono las explican Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Japón, Corea del Sur y Australia, siendo que “apenas” dan cuenta de un séptimo de la población mundial. Son, por lo tanto, quienes más esfuerzo deben hacer. Si miramos al interior de las sociedades, también las clases medias y altas deben hacer un mayor esfuerzo, ya que son las que más han contribuido a las emisiones. Además, sería hipócrita pedir restringir el consumo a personas/países que nunca consumieron. También sería injusto que los países desarrollados utilicen el argumento ambiental como un nuevo ejemplo “patear la escalera” a los países en desarrollo, que van a enfrentar dificultades para lograr niveles de desarrollo suficientes sin aplicar las laxas políticas ambientales que aplicaron los hoy desarrollados a lo largo de su historia.

El porvenir requiere de una fuerte coordinación entre los países y una cooperación importante para que el Sur global no pague la cuenta por las emisiones generadas por el Norte. ¿Podrá darse? ¿Podrá el desarrollo sustentable dejar de ser un oxímoron y convertirse en una realidad palpable para cada vez más países? Ese es el gran desafío.

Notas:

1. https://ourworldindata.org/famines

2. https://ourworldindata.org/famines

3. https://www.wired.com/story/germany-rejected-nuclear-power-and-deadly-emissions-spiked/

4. https://slacc.org.uk/wp-content/uploads/2017/12/10.-Jambeck2015.pdf

5. https://ourworldindata.org/deforestation

* Daniel Schteingart. Director del Centro de Estudios para la Producción del Ministerio de Desarrollo Productivo de Argentina.

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


martes, 27 de julio de 2021

ZEDE Mariposa: ¿Un paraíso para el tráfico de órganos y las personas


Radio Progreso

Crear una ciudad nueva que brinde la más “alta calidad de vida” a través de un sistema policéntrico de gobernanza y un “santuario de salud” que fomente el turismo médico y de nacimiento, es la oferta Mariposa.

Mariposa, lanzada en 2021 a través de la página web www.mariposa.hn , es una propuesta de ciudad nueva o “proyecto posible de realizar en el país como parte del Programa ZEDE de Honduras”.

“Esta página ha sido creada para atraer a futuros residentes, inversionistas y miembros del equipo mientras aún estamos trabajando en nuestro plan maestro que se presentará al gobierno hondureño en un futuro cercano”, indican los fundadores del proyecto, Daniel Morin y Katerina Morin.

Daniel Morin es presentando como un arquitecto de software y fundador de GenoPro.com, una empresa dedicada a la creación de software para dibujar árboles genealógicos y genogramas. Mientras que Katerina Morin es exhibida como una psicóloga, de origen ruso, con estudios de comunicación que se dedica a “ayudar a las mujeres a crear embarazos saludables y experiencias de parto poderosas”.

De acuerdo al Movimiento Nacional Contra las ZEDE y por la Soberanía, a nivel mundial existen 5,400 proyectos de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), en Latinoamérica han sido aprobados varios, pero ninguno es tan agresivo como los establecidos en Honduras: ZEDE Morazán, ZEDE Próspera, ZEDE Orquídea y ZEDE Mariposa.

Según Daniel y Katerina Morin, fundadores del proyecto, la ciudad fue nombrada como Mariposa “porque una mariposa es un símbolo poderoso que representa resistencia, cambio, esperanza y vida”.

En ese sentido, Christopher Castillo, coordinador de la Alternativa de Reivindicación Comunitaria y Ambientalista de Honduras (ARCAH) e integrante del Movimiento Nacional Contra las ZEDE, cuenta que Mariposa funciona con un esquema electrónico, el cual promueve la apertura de empresas e industrias a través de la web.

El portal en internet de Ciudad Mariposa establece que se visualiza cerca del mar Caribe “con playas limpias y rodeada de granjas orgánicas para establecer leyes que garanticen soluciones ecológicas”.

Castillo comenta que, desde el Movimiento Nacional Contra las ZEDE, no se descarta que Ciudad Mariposa se ubique sobre “esos 353 kilómetros cuadrados que se quieren expropiar para una ZEDE que hasta el momento no tiene nombre”.

Agrega que están apostando a otras formas de industria como el turismo médico y el turismo de maternidad, “en donde se plantea que las personas puedan dejar a sus hijos en una ciudad completa”.

“Santuario de salud”

Los ideólogos plantean a la ZEDE Mariposa como una ciudad que se convierta en “un santuario de salud con clínicas que utilizan una combinación de enfoques médicos holísticos que fomenten el turismo médico”, pero, además, “prácticas de vanguardia para la atención de la maternidad segura” que impulsen el turismo de nacimiento.

En opinión de la doctora Suyapa Figueroa, presidenta del Colegio Médico de Honduras, la orientación al turismo médico y de nacimiento se estaría prestando a realizar prácticas al margen de la ética profesional del ejercicio médico.

“Esto tiene que ver con las buenas prácticas de ética, pero, además, el respeto de derechos humanos y evitar que se convierta el turismo de medicina en prácticas como la fertilización in vitro, la maternidad subrogada o vientres de alquiler y la práctica de la eutanasia”, interpreta la doctora Figueroa.

La presidenta de los médicos, no duda que esas prácticas se prestarán para el tráfico de personas y el tráfico de órganos: “máxime cuando se autorizó en el Congreso Nacional que en el documento de identidad se colocara si está de acuerdo con ser donante o no”.

Tras la aprobación del nuevo Documento Nacional de Identificación (DNI), el Poder Legislativo, a iniciativa del diputado Dennis Castro, determinó que en la cédula se informe si el portador es donador de órganos. A finales de 2020, el Registro Nacional de las Persona informó que 181 mil hondureños y hondureñas estaban dispuestos a donar sus órganos al morir.

En abril de 2014, entró en vigencia la Ley de Donación y Trasplante de Órganos Anatómicos en Seres Humanos; la normativa dispone que todo órgano, tejido, derivados o materiales anatómicos derivados de seres humanos pueden estar a disposición para fines terapéuticos, de investigación y de docencia. Sin embargo, la Ley no es aplicada porque no existe un reglamento, el cual debe elaborar la Secretaría de Salud.

La doctora Figueroa señala que organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han catalogado a Honduras como unos de los países de mayor tráfico de órganos a nivel mundial.

“Esto es una práctica perversa por parte de este régimen, para poder legalizar prácticas de este tipo, pero también es una situación de vulnerabilidad de nuestra gente, para que experimente con medicamentos y con la sustracción de órganos”, reiteró Figueroa, al referirse al concepto de “santuario de salud” que proponen los creadores de Ciudad Mariposa.

Gobierno policéntrico

El turismo médico y el turismo de nacimiento estarán enmarcados en un sistema de gobernanza policéntrico “que el incentivo para los debates políticos permita que el mercado decida qué es lo mejor para sus ciudadanos”, indica los ideólogos Daniel y Katerina Morin.

En ese sentido, el abogado constitucionalista, Oliver Erazo, indica que el sistema de gobernanza policéntrico elimina la forma de gobierno y las decisiones serán tomadas de forma horizontal, “eso es sumamente peligroso, porque son narco Estados”.

“En esas ZEDE, donde no habrá jurisdicción por parte de la Corte Suprema de Justicia, no estará nuestra Policía y Fuerzas Armadas, podría ser un santuario de muchos delitos”, advierte Erazo, y plantea que los delitos estarían encaminados al tráfico de órganos y de personas.

Según el portal web de Ciudad Mariposa, en los últimos años, “más Zonas se han enfocado en reformas institucionales, legales y regulatorias. Hoy, la versión más atrevida es la Zona Hondureña de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE). Estos proyectos permiten a las empresas privadas crear zonas económicas especiales con sus propios sistemas administrativos, legales, regulatorios y tributarios».

El abogado Erazo indica que la forma de gobierno de Ciudad Mariposa es totalmente contraria a la establecida en la Ley Orgánica de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE): “esto solo responde al hecho que Ciudad Mariposa está vendiendo una idea de no intervención del Estado de ningún tipo”.

Ciudad Mariposa, además de ser regida por un gobierno policéntrico, trabajará con un sistema monetario digital, el cual se basa en blockchain y las billeteras electrónicas que permiten las transacciones con criptomonedas.

La página de Ciudad Mariposa, en la red social Facebook, indica que “el primer gran negocio” interesado en domiciliarse es un hospital de 14,000 metros cuadrados, el cual planean realizar operaciones complejas como trasplante de médula ósea. Además, aseguran que han recibido una propuesta de una empresa de seguridad y una carta de intención de una granja local que produce únicamente carne y vegetales orgánicos.


No se pudo iniciar la repetición del juicio contra la ex primera dama


Radio Progreso

El Tribunal de Sentencia había programado, desde hoy 20 de julio hasta el 06 de agosto, la repetición del juicio oral y público contra la ex primera dama, Rosa Elena Bonilla de Lobo. Pero no fue posible iniciarlo debido a que la ex primera dama no pudo hacerse presente y su abogado defensor presentó un certificado médico que argumenta que se encuentra mal de salud.

Dos fiscales del Ministerio Público que llevan el caso también no asistieron al reportarse enfermas. Las autoridades judiciales han dado 48 horas de plazo para hacer las evaluaciones médicas forenses tanto a la ex primera dama como a dos fiscales que se declararon estar infectados por Covid-19.

La ex primera dama Rosa Elena Bonilla de Lobo es acusada como coautora de apropiación indebida y autora de ocho delitos de fraude, en el caso conocido como “Caja Chica de la Dama”.

Ya el 04 de septiembre de 2019, el Tribunal de Sentencia de la Corte Suprema de Justicia había condenado a 58 años de cárcel a Rosa Elena como coautora de apropiación indebida y autora de 8 delitos de fraude por haber desviado más de 12 millones de lempiras desde el Despacho de la primera dama hasta sus cuentas bancarias.

Pero en marzo de 2020, la Sala de lo Penal ordenó repetir el juicio tras analizar el recurso de casación presentado por la defensa de Rosa Elena de Lobo en el cual alegaron un quebrantamiento de forma.


Iniciativa Ciudadana para derogar las ZEDE ya está en el Congreso Nacional


Radio Progreso

El Consejo Nacional Anticorrupción, CNA, presentó una iniciativa con más de 15 mil firmas a la Secretaría del Congreso Nacional, mediante la que esperan que el Poder Legislativo, pueda derogar las ZEDE.

La solicitud se dio a través de un acto público en los bajos del hemiciclo legislativo en Tegucigalpa. A la entrega de los documentos llegaron activistas de diversos partidos políticos de oposición así como integrantes del CNA, quienes afirmaron que esperan que el Congreso dé el trámite correspondiente y que voten en favor de la soberanía nacional.

La iniciativa presentada deberá ir en primera instancia al Registro Nacional de las Personas, para verificar las firmas presentadas, luego la Junta Directiva deberá someterla a comisión de dictamen y al pleno, para que se tome la decisión que deberá contar con mayoría calificada, es decir 86 votos.

Según la Coordinadora del CNA, Gabriela Castellanos, la iniciativa cuenta con el respaldo de varios líderes políticos y ciudadanos, pero lamenta que la mayoría de los candidatos presidenciales, no estamparan su firma en la propuesta.

Por su parte la dirigente comunitaria Sua Martínez, dio a conocer que en las comunidades se están organizando para enfrentar este proyecto de venta del territorio impulsado por el Gobierno.

Recalcó que en el departamento de Atlántida siguen sosteniendo reuniones con representantes de varias corporaciones municipales, para poner en marcha cabildos abiertos, y extender las declaratorias de municipios libres de ZEDE.

El panorama no es nada prometedor para esta Iniciativa Ciudadana. Una vez que llegue al pleno del Legislativo, necesita al menos 86 votos para tener incidencia, eso quiere decir que más de 20 diputados nacionalistas deben traicionar la línea partidaria para que se haga realidad.

Esta situación es reconocida por el diputado liberal, Mauricio Villeda, quien aseguró que los nacionalistas o cualquier diputado de otro instituto político que voten en contra serán calificados como traidores a la patria.


Cuba inclina la balanza de América Latina

Rebelión

Por Claudio Katz


https://youtu.be/5XFu-yeZMi0

CUBA : El eterno retorno / l'éternal retour

CASTELLANO / FRANCAIS- En su programa 10'/HCO, Hernando Calvo Ospina nos cuenta brevemente la historia de mentiras y manipulaciones contra Cuba...- Dans son ...

Las protestas callejeras son datos cotidianos de América Latina que no sorprenden a ningún analista. Pero su irrupción en Cuba ha generado un inusual impacto por las consecuencias de esas marchas para el futuro de la región. Todos los actores políticos del hemisferio saben lo que se juega en la isla.

La doble vara de los medios de comunicación volvió a operar a pleno. Movilizaciones significativas, pero no multitudinarias, sin víctimas ni destrozos de significación fueron difundidas con títulos catástrofe. En las mismas pantallas y diarios apenas se menciona el asesinato habitual de manifestantes en Colombia, los disparos para cegar jóvenes en Chile o el brutal apaleamiento de los que protestan en Perú.

La pandemia y el derrumbe de la economía han potenciado en Cuba el mismo descontento que se verifica en todas partes. Pero estos dos terribles agobios del último año han sido terriblemente agravados en la isla por la singular pesadilla del bloqueo. Ningún otro país afronta el Covid y la recesión con una restricción tan brutal para adquirir alimentos, medicamentos o repuestos. Debe pagar costosos fletes o seguros y conseguir financistas dispuestos a lidiar con las sanciones de Estados Unidos.

Trump agravó el cerrojo obstruyendo los viajes y las remesas de los familiares que había flexibilizado Obama. Biden no modificó ese ahogo, luego de desplegar una campaña electoral macartista en la Florida. Mantiene la tipificación de Cuba como estado terrorista para acentuar el cerco sobre la isla.

UN AHOGO PREMEDITADO

Cuba sufrió un derrumbe del 11% del PBI el año pasado. Esa caída perforó el piso de la aguda depresión sufrida por América Latina. La desaparición del turismo privó al país de las pocas divisas que tenía para sobrevivir y el gobierno se vio obligado a implementar la unificación cambiaria para recaudar dólares. Necesita esos fondos para importar alimentos, medicinas y repuestos. Como las autoridades no cuentan con muchos mecanismos para obtener esos recursos, autorizaron mayores operaciones con las ansiadas divisas.

Esa decisión condujo a una devaluación que acrecentó la inflación y agravó la carencia de productos de primera necesidad. También se profundizó la desigualdad entre las familias que tienen o no acceso a los dólares. Las medidas posteriormente adoptadas para paliar los efectos del ajuste cambiario no compensaron el deterioro del poder adquisitivo.

Esta fragilidad externa de la economía cubana es muy conocida en todos los países latinoamericanos. Pero Cuba sufre el peculiar agravante de un ahogo premeditado impuesto por el bloqueo. Estados Unidos reforzó ese torniquete en plena pandemia. Ratificó las sanciones contra empresas del estratégico consorcio estatal GAESA, impuso el cierre de los servicios de Western Union, afianzó el drástico recorte de las remesas y reafirmó la prohibición de los vuelos. La frutilla del postre fue el cierre de los servicios consulares de la embajada norteamericana por los presuntos «ataques sónicos”.

Los voceros de la Casa Blanca presentan el bloqueo como un justificado embargo. Pero no ofrecen ningún argumento para explicar la brutal asfixia que imponen a los habitantes de la isla. Ese cerco contradice incluso los elogiados principios neoliberales de libre comercio. Ni siquiera pueden alegar la subsistencia de una involuntaria rémora de la guerra fría. El bloqueo fue acentuado en 1992 y 1996 y reforzado por Trump con 243 cláusulas adicionales.

Esta macabra ingeniería de sanciones tiene severos efectos sobre la provisión de energía. Cuba pudo aguantar sin apagones durante un tiempo, pero la aplicación del capítulo III de la Ley Helms-Burton afectó duramente el abastecimiento de combustible.

Mucho más dramática es la agresión en el plano sanitario. Cuba logró un manejo extraordinario de la pandemia durante el primer año, con un bajísimo indicador de muertes por millón de personas. Un país totalmente cercado vacunó al 34 % de la población mayor de 19 años con una dosis y logró la increíble proeza de crear las dos primeras vacunas elaboradas en la región. Ya consiguió la autorización para el uso de Abdala y Soberana.

Pero las autoridades no pudieron mantener esa misma eficacia frente al reciente rebrote de Covid. Algunos expertos atribuyen esa falla a la reanudación parcial del turismo. Un problema más crítico se verifica en la carencia de otros remedios y en la sub-ejecución de los presupuestos de salud. Para una isla que importa la mitad de los medicamentos básicos el bloqueo es doblemente criminal.

El gobierno estadounidense ha multiplicado los sufrimientos de Cuba en el pico del Covid para forzar su rendición. Busca provocar un desastre humanitario para presentar la intervención ulterior como un acto de socorro. Genera víctimas adrede para exhibirse luego como un gran salvador. El músico Rogers Waters ilustró muy bien este operativo, con la imagen de un vándalo que encierra y ahoga a los propietarios de una casa, para capturarla alegando que sus habitantes no saben gestionar esa unidad.

Biden ha obstruido también las donaciones y exige canales privados para concretar envíos a la isla sin ningún control de las autoridades. Coronó esa presión publicando un infame documento del Departamento de Estado, que presenta a las misiones de los médicos cubanos en el exterior como un ejemplo de “trabajo forzado”.

Ese texto denuncia que los profesionales de la isla son obligados a cumplir contra su voluntad, con una actividad destinada a exaltar los méritos del régimen. Los escribas de Washington están tan habituados a la codicia, el egoísmo y el maltrato imperial, que no conciben la existencia de actitudes de solidaridad internacional. Han naturalizado el modelo de acaparamiento de vacunas y robo de remedios que consumó Trump.