sábado, 25 de febrero de 2017
No para la masacre de dirigentes indígenas
Por Giorgio Trucchi
El viernes 17 de febrero, desconocidos acabaron con la vida de José de los Santos Sevilla, dirigente tolupán de la comunidad de La Ceiba, en Montaña La Flor. Este nuevo asesinato se enmarca en una masacre impune y tenaz contra los pueblos originarios hondureños.
José de los Santos Sevilla fue presidente de la Asociación de Comunidades Indígenas Tolupanes de la Montaña de la Flor, se desempeñaba como maestro de primaria y formaba parte de la red de Facilitadores Judiciales.
De acuerdo con una primera reconstrucción de los hechos, el dirigente tolupán fue atacado por cinco desconocidos que irrumpieron en su vivienda situada en la comunidad La Ceiba, municipio de Orica.
Un equipo de la Unidad Especial de Homicidios de la Dirección Policial de Investigaciones se desplazó de inmediato a la zona para recolectar indicios e iniciar las investigaciones.
Según una nota publicada por la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh) pocas horas después de este asesinato que enluta nuevamente a la comunidad indígena hondureña, el pueblo Tolupán ha sido uno de los más asolados por la violencia.
“Desde hace dos décadas han sido asesinados más de un centenar de tolupanes por la defensa de sus territorios y bienes comunes. La persecución a la que se han visto expuestos los más de 20 mil tolupanes que viven en Honduras está relacionada con el manejo del bosque y la minería ilegal”, explica la Ofraneh.
Honduras hacia el abismo
Defensores de la tierra y los bienes comunes en la mira
El reciente informe de la organización británica Global Witness “Honduras: El lugar más peligroso para defender el planeta”(1) advierte que 123 defensores y defensoras de la tierra y los bienes comunes han sido asesinados tras el golpe de Estado de 2009.
Otros han sido amenazados, perseguidos y encarcelados. Más del 90 por ciento de estos crímenes ha quedado en la impunidad.
Estos niveles de violencia e intimidación impactan con fuerza en las comunidades rurales, indígenas y campesinas, donde se desarrollan formas de resistencia y lucha contra proyectos extractivos y el saqueo de los bienes comunes.
Una situación -asegura Global Witness- que es consecuencia directa de un cóctel letal donde se combinan corrupción generalizada, intereses del gran capital nacional e internacional coludido con miembros de la clase política y funcionarios estatales, ausencia del derecho a la consulta previa, libre e informada de las comunidades y la impunidad.
Entre los casos emblemáticos presentados por el informe, destaca el de la masacre de cinco activistas tolupanes de la comunidad de San Francisco Locomapa, en medio de una fuerte lucha contra la minería y la tala ilegal.
El nombre de José de los Santos Sevilla se agrega ahora al de Vicente Matute, asesinado en 1991, y de Armando Fúnez Medina, Ricardo Soto Fúnez, María Enriqueta Matute, Erasio Vieda Ponce, Luis Reyes Marcía, dirigentes tolupanes masacrados entre 2013 y 2015.
“Los pueblos indígenas en Honduras enfrentamos una guerra de exterminio”, lamenta la Ofraneh.
“Mientras el Estado por un lado impulsa controvertidas reformas al código penal, que convierten la protesta social en terrorismo, por el otro es incapaz de frenar la violencia en contra de los defensores de los bienes comunes.
Esperamos -continúa la organización garífuna- que el asesinato de José de los Santos Sevilla no quede en la impunidad, como ha sucedido con el de Vicente Matute, Berta Cáceres y otras muertes de indígenas que han defendido el territorio de su pueblo”, concluye.
Nota:
(1) https://www.globalwitness.org/documents/18726/Defenders_Honduras_full_report_Spanish_spreads.pdf
Convocatoria del COPINH a la Jornada "A 1 Año de su Siembra"
El 2 de marzo de 2016, asesinaron a nuestra hermana Berta Cáceres. Creían de esta forma acabar no solo con la lideresa reconocida en todo el continente latinoamericano y el mundo, sino acabar con una idea, con una lucha, con un proyecto político; acabar con una organización de la que fue fundadora e hija a la vez, elCOPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras).
Berta Vive , Copinh Sigue
Al cumplir un año de su siembra, del crimen que quiso arrebatarnos su claridad y su liderazgo, los pueblos del mundo que reconocemos su legado estamos presentes, caminando tras sus huellas; enfrentando el sistema capitalista, patriarcal, racista colonial y racista que se impone en nuestros pueblos.
Hace ya casi un año se cometió el crimen que acabó con la existencia física de nuestra compañera y guía Berta Cáceres, temibles intereses se confabularon para diseñar y ejecutar la acción con la que se quiso acallar la voz de la lideresa y fiel exponente de la resistencia ancestral indígena y hondureña.
Este próximo 2 de marzo, a un año de su siembra, todavía las autoridades de Honduras pretenden justificar su ineficacía para atrapar a quienes mandaron, desde sus cómodos puestos, a asesinar a Berta Cáceres, con la captura y presentación ante tribunales de 4 jóvenes sicarios y 3 intermediaros entre estos y quienes les pagaron. Advertimos que este caso esta siendo manipulado desde altas esferas y que las acusaciones presentadas no soportan un mediano y responsable análisis. Todo lo que rodea a la investigación apunta a la impunidad.
En marzo no solo recordamos con dolor aquel horrendo crimen, sino que sobretodo celebramos la vida: la de Berta, que nació un 4 de marzo; y la del COPINH, que el 27 de marzo cumple 24 años de su fundación.
Convocamos a que este 2 de marzo de 2017, a 1 año de su siembra, el mundo vibre con el grito: “Berta Vive, COPINH sigue”.
Además invitamos a que, durante la jornada, Compartan sus fotografías, videos y audios de las acciones a la dirección: copinh@copinh.org
Aqui el evento en Facebook
Transmisión en Vivo
Radio en vivo
Convocatoria a movilizarnos este 2 de Marzo
Desde la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras, les convocamos este 2 de marzo a movilizarse a las embajadas de Honduras en los diferentes países, a exigir justicia para nuestra compañera Berta Cáceres a un año de su asesinato.
Escucha la convocatoria aquí:
Internacionalistas de las guerras y de la memoria
Desinformémonos
Por Jaime Quintana Guerrero
“Si dejamos de recordar, olvidamos”. Así comienza el Libro Dos pueblos a los que amar, un mundo por el que luchar, una compilación de testimonios de combatientes internacionalistas caídos en la guerra de liberación de El Salvador, que José Luis Estevez, Carlos Tabares y Héctor Ibarra, recuperan.
“A nosotros nos tocó una época con particulares características, la Guerra Fría, la revolución cubana, los países socialistas y la revolución en Nicaragua, y teníamos la idea de la revolución internacional”, explica en entrevista con Desinformémonos Héctor Ibarra, alias “Genaro”, internacionalista mexicano que combatió desde 1982, y durante una década, en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) durante la guerra civil en El Salvador (1981-1991).
Este libro, aclara Héctor Ibarra, “es parte de lo que nos tocó ver y vivir, el andar a salto de mata por otros países y otros procesos. No esperamos dar recetas a nadie. No le vamos a decir a nadie la táctica y la estrategia, pues cada periodo tiene su propio análisis”.
Dos pueblos a los que amar fue realizado por el Comité de Recuperación de la Memoria Histórica sobre los Internacionalistas en El Salvador. Lo realizaron “con esmero y dignidad”, y recoge las experiencia de combatientes internacionalistas caídos de tres fuerzas guerrilleras en el país centroamericano. “Nosotros fuimos con la raza, con los compas, a buscar la información”.
Ibarra considera que “el internacionalismo sigue siendo válido. Ante tantas desgracias que suceden, los jóvenes deben sentir la solidaridad”. Comenta que a le correspondió recuperar la memoria de de José Luis “el Chileno”, quien fue jefe de la tropas especiales del FMLN, y de Jorge Quezada del Río, quien llegó en 1987, fue comando urbano y cayó en 1989. “Me tocó recuperar la memoria de un compañero mexicano del que nunca supimos su verdadero nombre, lo único que tenemos es cuándo llego y cuándo murió”, relata el ex combatiente.
En México, “la revolución cubana motivó a nuestra generación para impulsar otras opciones y alternativas. En México, en ese tiempo, hubo cerca de 30 grupos guerrilleros, y no hubo país en América Latina que no tuviera alguno bajo el ejemplo cubano”.
Héctor Ibarra valora la importancia de recuperar la memoria y menciona a su compañero vasco, José Luis Estevez, “El Gato”, quien realizó un trabajo “muy importante en el País Vasco, sobre los que fueron a luchar en la guerra en El Salvador. Ellos trabajaron mucho sobre esto y construyeron monumentos como reconocimiento a su lucha”.
Es importante que las nuevas generaciones conozcan la historia y sepan de las luchas de otros países y de la acción internacionalista, considera el ex guerrillero, también autor del libroHistorias de barro y otros cuentos de la guerra de El Salvador. “En España, por ejemplo, después de la guerra, los internacionalistas salieron primero y nadie supo de ellos, como si no hubieran existido. Hoy, después de mucho tiempo, se les trata de recordar. En Nicaragua, después de la revolución sandinista, los internacionales quedaron ‘chiflando en la loma’, nadie se acuerda de ellos. ¡Si ellos mismos no se acuerdan de sus propios caídos!”, agrega.
Héctor Ibarra fue responsable de la escuela militar revolucionaria y diversas tareas en el Frente Nororiental “Francisco Sánchez”, del FMLN. También fue técnico de Radio Venceremos. “Para la gente de nuestra época es muy importante el referente guevarista y su internacionalismo. En el siglo diecinueve, durante las luchas de independencia, fueron muchos los que lucharon por un país que no era el suyo. En México fue Francisco Xavier Mina, y después, en otros países, fue El Che, el referente más importante de la gente que se fue a combatir a otro país por razones de conciencia y convicción”.
El libro Dos pueblos a los que amar, un mundo por el que luchar, tiene prólogo de James Petras, quien menciona que “una larga tradición de dos siglos de internacionalistas revolucionarios sigue viviendo en la historia y biografías publicadas en este libro, escritas por y para los portadores de esa gran tradición de Marx, Bolívar, Martí, Guevara, Roque Dalton, a los miles de combatientes anónimos que lucharon por la libertad en todas partes”.
“Con la revolución sandinista, en 1978, vino un fenómeno masivo de solidaridad en México. Hubo comités de solidaridad en todo el país. Yo estaba en Sonora, y tenía mi comité. Cuando empezó la guerra en El Salvador se dio el mismo fenómeno, se crearon movimientos amplios que trataron de aglutinar las inquietudes de solidaridad -como el Movimiento por la Paz-, y llenaron la solidaridad desde el terreno de la logística, la manifestación y el pronunciamiento, hasta el apoyo físico de gente capaz de ir a combatir”.
Héctor Ibarra, combatiente internacionalista del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en El Salvador, recuerda cómo surgió la idea de tener un libro sobre sus caídos. “A mí me contactaron ‘El Gato’ y Carlos Tabares, ‘Javier’ para ver la idea de la memoria. Después construimos la idea de hacer una jornada de homenaje a los que murieron. Hicimos tres eventos en los principales frentes de guerra de las organizaciones -en Chalatenango, en Morazán y Guazapa- y un evento en la capital del país. Fueron convocatorias realizadas por las comunidades, que eran la base social histórica”.
Ibarra rememora que “en Chalatenango, en San Antonio del Rancho, la gente se convocó y hubo música y baile. En ese lugar participaron personas del País Vasco y se habló del papel tan importante de los compañeros de este país. En Guazapa -una de la zona de guerra más reconocidas-, en el cerro de Palo Grande, se montó una placa en honor a los caídos, pertenecientes a la organización Resistencia Nacional. En Morazán se realizó un homenaje a los caídos del Ejercito Revolucionario del Pueblo, hubo una misa y llegaron muchos veteranos de la guerra. Y el último se realizó en el Museo de la Palabra, en la capital, San Salvador”.
Con la caída de El Che, en 1967, señala Ibarra, “se motivó más el flujo de combatientes que cruzaron fronteras de un lado para el otro y se apoyaron entre sí. En Guatemala se unieron mexicanos a la guerrilla de Yon Sosa, y en El Salvador y Nicaragua se unieron de muchos países. Algunos teníamos ideas radicales y eso también motivó a ir a combatir. Después, las cosas fueron cambiando”, concluye Héctor Ibarra, ex combatiente e historiador de la memoria.
El verdadero rostro de Washington (y Estados Unidos)
Por Tom Engelhardt *
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García
Gracias, Donald Trump
Conócete a ti mismo. Esta frase acudió a mi mente poco después del triunfo de Donald Trump al observar la sorprendente reacción mía ante el acontecimiento. Cuando la tan conocida frase apareció en mi cabeza, yo no tenía idea de que fuera tan antigua, ni que proviniera de Grecia, ni que –según el escritor griego Pausanias (de quien nada sabía hasta que leí su nombre en Wikipedia)– en realidad era una máxima délfica labrada en la piedra del patio delantero del templo de Apolo. Esto podría ser visto como la triple hélice de mi ignorancia extendiéndose hacia el pasado hasta... bueno, mi nacimiento en un Estados Unidos muy diferente hace 72 años.
De tos modos, la cuestión es que yo no sabía de mí ni la mitad de lo que imaginaba. Puedo agradecer a Donald Trump el que me recordara esa verdad fundamental. Por supuesto, es imposible que sepamos nunca qué está rondando dentro de la cabeza de las personas con que nos cruzamos en este nuestro curioso planeta, pero nosotros ¿somos unos extraños? Supongo que si ahora mismo estuviera grabando algo en el patio delantero de mi propio templo délfico, podría ser: ¿Quién me conoce? (Yo no.)
Plantéese esto el lector como una breve introducción a un misterio con el que tropecé en las primeras horas del día siguiente al de nuestras recientes elecciones. Sencillamente, no podía aceptar que Donald Trump hubiese ganado. No, precisamente él. No, en este país. No; ni en un millón de años.
Tenga en cuenta que durante la campaña yo había escrito varias veces sobre Trump, dejando siempre abierta la posibilidad de que, en el trastornado (y trastornante) Estados Unidos de 2016, él pudiera ciertamente derrotar a Hillary Clinton. Era una conclusión que dejé de lado cuando, en las últimas semanas de la campaña, como tantos otros, me quedé enganchado en las encuestas y los dichos de los expertos que las comentaban.
Sin embargo, en la estela de las elecciones, no fue el impacto producido por los errores de los encuestadores lo que me golpeó. Fue algo más, en lo que caí en la cuenta muy lentamente. En algún profundo sitio dentro de mí, simplemente yo no creía que fuese Estados Unidos –entre todos los países de este planeta– el que pudiese elegir a un ególatra, una celebridad multimillonaria, que además era –al estilo del italiano Silvio Berlusconi– un “populista” de derechas e incipiente autócrata.
En esa convicción acechaba demasiada ironía que sobreviviría a las elecciones y por tanto a la realidad misma. En estos años, he escrito críticamente del modo que todos los políticos estadounidenses –excepto Donald Trump– se han sentido obligados a insistir que la nuestra es una nación “excepcional” o “indispensable”, “el país más grandioso” del planeta, por no hablar de la historia (remarquemos también la afirmación de los últimos presidentes y tantos otros que decía que Estados Unidos representa la “mayor fuerza de combate” de esa misma historia). El presidente Obama, Marco Rubio, Jeb Bush, John McCain... no importa. Cada uno de ellos ha sido un diligente o entusiasta excepcionalista estadounidense. En cuanto a la oponente de Donald Trump, Hillary Clinton, planteó la tríada perfecta más uno en un discurso de campaña que pronunció en la convención nacional de la Legión Americana. Dijo que Estados Unidos es “el país más grande de la Tierra”, “una nación excepcional” y “la nación indispensable” que, por supuesto, tenía “las más grandes fuerzas armadas” de todos los tiempos (“Amigos míos, somos muy afortunados siendo estadounidenses. Esta es una bendición extraordinaria.”). Solo Trump, con su frase “hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande” parecía admitir que había algo más, algo así como la decadencia estadounidense.
Después de las elecciones tuve un shock: resultó que yo también era un estadounidense excepcionalista. Estaba profundamente convencido de que nuestro país era demasiado especial para Donald Trump; su triunfo hizo que yo retrocediera en el tiempo hasta llegar al mundo de mi niñez y de mi juventud, que volviera a los años cincuenta y primeros sesenta del pasado siglo cuando (a pesar de la Unión Soviética), en varios sentidos, Estados Unidos quedó solo en la Tierra. Por supuesto, en esos años, nadie tenía por qué decir esas cosas. Entonces, todos esos “los más grandes”, “excepcionales” e “indispensables” eran prescindibles; la necesidad política de insistir públicamente en ellos –tan propia de los últimos tiempos– sin duda refleja una actitud defensiva que indica que hay algo que está decayendo.
Obviamente, en aquellos años de poderío, y solidez, y riqueza, e impulso, y dinamismo (y macartismo, y segregación racial, y niebla tóxica, y...) de Estados Unidos, los mismos años a los hoy Donald Trump anhela hacernos regresar, yo hice mío el sentimiento de la particularidad estadounidense en unas formas difícilmente captables. Que eran por qué, décadas más tarde, cuando menos lo esperaba, no pude quitarme de encima la sensación de que aquí eso no podía pasar. En la actualidad, el acceso al poder de figuras trumpianas –Rodrigo Duterte, en Filipinas; Viktor Orban, en Hungría; Recep Tayyip Erdogan, en Turquía; Vladimir Putin, en Rusia– se ha convertido en algo normal por todas partes y parece ser una tendencia mundial. Es justamente eso: yo asociaba esos acontecimientos con países de pacotilla o con muy mala suerte.
Por lo tanto, tuve que pasar algunas semanas bastantes duras para poder aceptar mi propio excepcionalismo y enfrentarme con el hecho de que algo como Donald Trump podía suceder aquí –y ciertamente ha sucedido–.
Puede pasar aquí
Entonces, ¿cómo es que ha pasado en este país?
Admitámoslo: Donald Trump no era un fenómeno de la naturaleza. Él no hizo más que presentarse en escena y hacerse con el Colegio Electoral (aunque no con el voto popular) porque nuestro mundo estadounidense estaba preparado de variadas formas para su surgimiento. Tal como yo lo veo ha habido por lo menos cinco grandes cambios en la vida y la política de Estados Unidos; estos cambios han preparado el terreno para el surgimiento del trumpismo.
1. La llegada de la economía y la política del 1 por ciento. Una cosa va con la otra. Una realidad propia de este siglo es la forma en que la desigualdad se ha incrustado en la vida de este país y que tanto dinero haya estado fluyendo sin cesar hacia las arcas el 1 por ciento especulador. Mientras tanto, ha crecido una enorme grieta entre el salario básico de los CEO y el de los trabajadores de a pie. En estos años –yo he sido casi el primero en señalarlo–, el país entró en una nueva época dorada. En otras palabras, el momento Mar-a-Lago ya había llegado antes de que Donald se lanzara a ese proyecto.
Sin la llegada de la economía de timba a una escala descomunal (en la que Donald Trump resulto ser un as), el trumpismo habría sido algo impensable. Y si en 2010 la Suprema Corte no hubiese fallado a favor de la ley Citizens United y no hubieran quedado tan abiertas las puertas para la llegada de esa pandilla del 1 por ciento, ¿qué probabilidades habría tenido semejante celebridad multimillonaria presentase su candidatura a presidente o se convirtiera en un favorito de la clase trabajadora blanca?
Visto con cierta perspectiva, Donald Trump merece el crédito por hacer visible la verdadera cara de la plutocracia estadounidense en Washington al seleccionar sobre todo a billonarios y multimillonarios para que se pongan al frente de los distintos ministerios y agencias de su futuro gobierno. Después de todo, ¿no es razonable que una economía del 1 por ciento, una sociedad del 1 por ciento y una política del 1 por ciento acaben produciendo un gobierno del 1 por ciento? Pensemos en lo que tan a la vista ha hecho Trump como versión de ‘la verdad en la publicidad’ de la democracia de Estados Unidos. Y, por supuesto, si los multimillonarios no se hubieran reproducido como conejos, ¿dónde hubiese encontrado él la necesaria reserva de plutócratas elegibles?
Algo parecido podría decirse de su elección de tantos generales retirados y otras figuras con importantes antecedentes militares (desde graduados en West Point hasta un ex SEAL* de la Marina) para importantes cargos “civiles” del gobierno Trump. Pensemos en esto, también, como un momento ‘la verdad en la publicidad’ que conduce directamente al segundo cambio en la sociedad de Estados Unidos.
2. La llegada de la guerra permanente y un Estado y una sociedad cada vez más militarizados. ¿Hay alguna posibilidad de que, en los más de 15 años después del 11-S, lo que en un principio se llamó la “Guerra global contra el terror” se haya convertido en una guerra permanente que abarca el Gran Oriente Medio y África (con daños colaterales en un arco que va desde Europa a Filipinas)? En estos años, se han volcado pasmosas sumas de dinero –mucho más de lo que otro país o conjunto de países podrían imaginar gastanto– en las fuerzas armadas de Estados Unidos, y la industria armamentística que sostiene y monopoliza el comercio mundial de armas. Como consecuencia de esto, Washington se ha convertido en una capital de guerra y el presidente, como Michelle Obama señaló recientemente mientras conversaba sobre Donald Trump con Oprah Winfrey, ha pasado a ser –por encima de todo– el comandante en jefe (“Es importante para la salud de esta nación”, le dijo a Winfrey, “que apoyemos al comandante en jefe”). En tiempos de guerra, naturalmente, la función de presidente ha sido la de comandante en jefe, pero hoy en día ese es precisamente el cargo que muchos votamos (con el que están de acuerdo incluso los periódicos); Dado que el estado de guerra se ha incrustado tan permanentemente en el modo de vida de este país, Donald Trump tiene garantizado que será comandante en jefe durante la totalidad de su mandato.
Esta función se ha ampliado sorprendentemente en los últimos años, en la medida que la Casa Blanca obtuvo el poder para hacer la guerra prácticamente en cualquier forma sin participación significativa del Congreso. En estos momentos, el presidente tiene su propia fuerza aérea de drones asesinos a los que puede despachar a casi cualquier lugar del planeta para eliminar casi a cualquier persona. Al mismo tiempo, albergada dentro de las fuerzas armadas de Estados Unidos, otra fuerza armada de elite, secreta –las fuerzas de Operaciones Especiales– ha estado creciendo en personal, presupuesto e interminables operaciones; el más secreto de sus componentes, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales, podría muy bien ser considerado el ejército privado del presidente.
Mientras tanto, las armas y la tecnología con las que este país se ha estado batiendo en sus guerras de nunca acabar (y notablemente fracasados conflictos en el extranjero) –desde los drones Predator hasta el sistema de espionaje Stingray, que simula ser una torre de telefonía celular para conseguir que los teléfonos móviles en la zona se conecten con ella– empezaron a trasladarse al ámbito nacional, al mismo tiempo que las fronteras y las policías de Estados Unidos eran militarizadas. La policía fue dotada de armamento y otros equipos llegados directamente de los campos de batalla de Irak y Afganistán; en tanto, los veteranos de esas guerras han ido integrándose al cada día más grande conjunto de fuerzas equipos SWAT**, la versión de uso interno de los grupos de operaciones especiales; hoy, en Estados Unidos, ninguna policía local es capaz de renunciar a tener su propio SWAT.
No es una coincidencia que Trump y sus generales estén impacientes por recuperar unas fuerzas armadas estadounidenses supuestamente “diezmadas”; para ello, hará falta todavía más dinero y el nombramiento de más generales retirados en puestos “civiles” clave. En cuanto a sus milmillonarios, Trump está dibujando en Washington la verdadera cara del Estados Unidos del siglo XXI.
3. El crecimiento del Estado de Seguridad Nacional. En estos años, el estado de la seguridad nacional ha experimentado algo similar. Se han volcado enormes sumas de dinero (además de los fondos secretos) en los 17 organismos de seguridad del país, en el departamento de Seguridad Interior*** y otros por el estilo (antes del 11-S, los estadounidenses podrían haber asociado la palabra “patria” con la Alemania nazi o la Unión Soviética, pero jamás con nuestro país). En los últimos años, se han creado nuevas agencias y construido cuarteles generales y otros complejos para albergar a una parte de ese Estado dentro del Estado, lo que ha costado miles de millones de dólares. Al mismo tiempo, ha habido una suerte de “privatización”: se han abierto las puertas a la contratación de empleado y una panoplia de corporaciones cuyo especialidad es la guerra. Y, por supuesto, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) montó un aparato de vigilancia global; de este modo, todas las fantasías de los regímenes totalitarios del siglo XX quedaron reducidas a polvo.
De este modo, el estado de seguridad nacional crecía en Washington bajo un manto de total secretismo (y la feroz caza o persecución legal de cualquier denunciante) y de hecho se convertía en el cuarto poder del Estado. En estas circunstancias, no sería casual que las elecciones de 2016 hubiesen sido arregladas con 11 días de anticipación gracias a la intervención de James Comey, director del FBI; históricamente, esta agencia ha sido la número 1 del estado de seguridad nacional. Más allá de lo que se pueda argumentar sobre hasta qué punto fue crucial la interferencia de Comey en la cantidad final de votos, es cierto que captó la atmósfera de la nueva era que había visto la luz en Washington mucho antes del triunfo de Donal Trump. Tampoco debe verse como algo casual que el teniente general Michael Flynn, posiblemente la figura militar más cercana al nuevo comandante en jefe, sea su asesor en cuestiones de seguridad nacional; Flynn presidió la agencia de inteligencia de defensa (DIA, por sus siglas en inglés) hasta que la administración Obama le obligó a renunciar. No importan las discrepancias que Trump pueda tener con la CIA u otras agencias; ellas serán decisivas durante su gobierno (una vez que las personas que él nombre las hagan entrar en vereda).
Esos milmillonarios, generales y jefazos de la seguridad nacional ya han sido solidamente instalados en nuestro mundo estadounidense antes de que Trump empezara su carrera presidencial. Ahora, ellos formarán parte de su mundo por venir. Aunque no del todo institucionalizado todavía, el cuarto cambio en el paisaje está en marcha; es el más difícil de identificar.
4. La llegada del Estado monocolor. A partir de la evolución política de los últimos años y con un hombre visiblemente inclinado hacia la autocracia a punto de entrar en el Despacho Oval, es posible empezar a imaginar una versión estadounidense de un Estado monocolor emergiendo desde el centro de nuestro antiguo sistema democrático. Después de todo, los republicanos ya controlan la Cámara de Representantes (manipulación mediante, más o menos a perpetuidad), el Senado, la Casa Blanca y, supuestamente en los años próximos, la Corte Suprema. También controlan el gobierno de 33 de la 50 estados de EEUU, han batido otro récord al ganar en 68 de las 98 cámaras legislativas estatales, y otro récord más al obtener el control de 33 de de las 50 legislaturas completas. Además, como mostró recientemente la legislatura de North Carolina, las ganas de los republicanos del estado de concederse nuevos –y extrademocréticos y extralegales– poderes (como también el viejo deseo republicano de limitar de cualquier manera la segunda vuelta electoral, reclamando por un fraude inexistente) deberían considerase señales inequívocas de una orientación en la que podríamos estar avanzando hacia un país con un Trump imbatible en el futuro.
Además, el Partido Demócrata ha estado viendo durante años que unas cuantas de sus tradicionales bases de apoyo se debilitaban, se marchitaban o, en las últimas elecciones, sencillamente optaban por que un candidato que ni siquiera era demócrata compitiera por la nominación partidaria. Sin embargo, hasta la última derrota electoral, el Partido demócrata al menos era una enorme burocracia política que funcionaba. En este momento, nadie sabe muy bien qué es. No obstante, está claro que uno de los dos partidos políticos dominantes de este país está en una etapa de confusión y notable debilidad. El otro, mientras tanto, el Partido Republicano, presumiblemente la base futura para el trumpiano Estado monocolor, está viviendo su propio desmelenamiento; un partido de ‘aparatos’ e ideólogos en Washington y fracciones en pugna en el interior del país.
De modos diversos, el incipiente colapso del sistema bipartidista como consecuencia de la inundación de dinero proveniente del próspero 1 por ciento allanó el camino del triunfo de Trump. Sin embargo, a diferencia de los tres cambios anteriores en la vida de Estados Unidos, este último todavía no está consolidado. En cambio, la sensación de caos partidario y debilidad tan decisiva para el surgimiento de Donald Trump aún se mantiene; podría decirse que la misma sensación de caos está presente en el quinto cambio que deseo comentar.
5, La llegada del nuevo momento mediático. Entre las cosas que prepararon el camino transitado por Trump, ¿quién puede dejar de lado el hundimiento de los periódicos clásicos y el mundo de las noticias televisadas? En estos años, este sector perdió buena parte de su base publicitaria tradicional, las redes sociales le pasaron por encima, y su parte televisiva se encontró a sí misma en una interminable caza de la noticia bomba, normalmente en la modalidad acontecimientos ‘24 horas por día durante toda la semana’, normalmente desproporcionados pero apropiados para ser cubiertos en forma ininterrumpida por sorprendentes equipos de eruditos. Como alternativa, está la búsqueda de cualquier cosa o cualquier persona (preferiblemente de la especie famoso) no puede dejar de mirar, entre ellos algún famoso-devenido-político-devenido-provocador con el sentido más astuto del mundo de qué es lo que necesitan desesperadamente los medios: él mismo. Parecería que Trump inauguró nuestro nuevo momento mediático transformándose en el primer humorista del tweet electo y el primer dueño del grito de ese universo, pero en realidad él no ha hecho más que entender la naturaleza de nuestro nuevo y caótico momento mediático y aprovecharse de él.
Milmillonarios corrientes y generales prescindibles
Agreguemos un sexto punto a los otros cinco: Donald Trump heredará un país que ha sido vaciado por la nueva coalición que le hizo exitoso y le permitió alzarse con una victoria que, para muchos expertos parecía improbable. Heredará un país que nunca ha tenido nada de especial, una nación que –como el mismo Trump lo señaló– tiene un sistema de transporte cada vez más tercermundista (ni un solo kilómetro de ferrocarril de alta velocidad y un transporte aéreo que ha visto mejores días), una infraestructura que ha sido drásticamente degradada y una economía del día a día que ofrece menos puestos de trabajo a cada vez menos de sus ciudadanos. Será un Estados Unidos en el que solo crece su capacidad de destrucción pero cuya habilidad para traducir eso en algo parecido a una victoria está cada día más lejos.
Con sus ordinarios milmillonarios, sus prescindibles generales, sus irrisorios funcionarios de la seguridad nacional, sus deprimentes políticos y sus magnates de los medios al acecho de cualquier dólar que pase cerca, es probable que sea un país a punto de incendiarse de un modo que parece cada vez más conocido para muchos en otros sitios de este planeta y cada vez más desconocido para el joven Ton Engelhardt que todavía existe dentro de mí.
Es este Estados Unidos el que caerá en las –discutiblemente pequeñas pero de ninguna manera delicadas– manos de Donald Trump el próximo 20 de enero.
* SEAL: la principal fuerza de operaciones especiales de la Marina de Estados Unidos. (N. del T.)
** SWAT, acrónimo de Special Weapons and Tactics; se refiere a las unidades policiales entrenadas en el uso de armas y tácticas de guerra. (N. del T.)
*** En inglés, Department of Homeland Security que, traducido literalmente, sería “departamento de la seguridad de la patria”. (N. del T.)
* Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fría, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro más reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World
viernes, 24 de febrero de 2017
"Aumento de crímenes podrían ser escenarios creados para facilitar proyecto reeleccionista"
El tenebroso hallazgo de dos personas, madre e hijo, decapitados en la colonia La Soledad Dos, de Tegucigalpa, tras ser raptados en horas de la madrugada del jueves y el incendio de carros repartidores, son la muestra que la presente semana ha estado marcada por crímenes y hechos delictivos de alto impacto mediático.
A criterio de la Comisionada de Policía en condición de retiro, María Luisa Borjas, no se puede descartar que estos crímenes y demás acciones delictivas sean escenarios creados para generar zozobra en la población, y a partir de allí presionar para que en el Congreso Nacional se genere un ambiente flexible para que se aprueben las reformas al Código Penal impulsadas desde el oficialismo.
“Resulta curioso que mientras el gobierno mantiene una campaña de estigmatización contra la los partidos de oposición que se oponen a las reformas penales, resulten carros quemados, incremento en las masacres y extorsiones. Sin duda alguna esto refleja que el presidente Juan Orlando Hernández busca garantizar por todos los medios posibles su proyecto reeleccionista”, indicó Borjas.
A renglón seguido dijo que cuando se quería aprobar la “Ley Antimaras” se incrementaron los asesinatos, cuando se hizo la campaña sobre la implementación de la pena de muerte se produjo una masacre en bus de Cofradía, Cortés y en este momento que se promueven las reformas penales se han registrado 17 masacres en lo que va del año.
En su cuenta de Facebook el diputado Jari Dixon, escribió el siguiente mensaje: “después que se aprueben las reformas penales con votos de los diputados liberales, los actos terroristas de los últimos días desaparecerán como por arte de magia”, además dejó a los seguidores de las redes sociales una pregunta “¿Quién quiere apostar?”.
Organizaciones de derechos humanos y varias personalidades de la oposición política hondureña, se han pronunciado en contra de las pretensiones del presidente Juan Hernández, de aprobar las reformas al código penal, ya que según la opinión de los expertos, en estos cambios se pretende criminalizar la protesta social.
El presidente del Partido Innovación y Unidad (Pinu), Guillermo Valle, ha expresado que lo que se quiere lograr es “criminalizar la protesta de la oposición, de estudiantes y a los que están en contra de los peajes”. “Que se tipifique como terrorista como lo dice textualmente el decreto a todo aquel que se oponga a las acciones que un gobierno haga, eso es nefasto”, indicó el diputado Jari Dixon.
Por su parte Jorge Díaz, integrante de la Mesa de la Indignación de El Progreso, dijo que “terrorista no es el que lucha contra los peajes o enciende una antorcha en la calle para protestar contra la corrupción y la impunidad. Al contrario este tipo de protestas son luces de patriotismo que alumbran el camino y por lo tanto tenemos que protegerlo”, indicó.
Hechos delictivos de la semana
Una madre y su joven hijo fueron encontrados decapitados la mañana de ayer jueves en la colonia La Soledad de Comayagüela. Arely Palencia Fuentes y Allan Cerrato, habrían sido raptados de su casa y luego fueron encontrados decapitados y atados de pies y manos. Versiones de testigos indican que las víctimas fueron sometidas a la impotencia por sujetos que se transportaban en un vehículo y que portaban uniformes policiales y chalecos antibalas.
Horas después en la siempre caliente zona de la Rivera Hernández, en la norteña San Pedro Sula, se informó de la muerte violenta de dos personas una de las cuales apareció embolsada. Un día antes se conoció el encuentro de dos osamentas en un cementerio clandestino en la zona sur del país.
El lunes varios sujetos quemaron un camión repartidor de leche en la colonia Cerro Grande, mientras el martes en otro sector de la capital el crimen organizado quemó otro camión de la misma empresa de lácteos.
Así mismo el martes se dio a conocer el cierre de “Instituto Modelo” ubicado en la colonia Tiloarque, en Comayagüela, debido a que los antisociales solicitan el pago de extorsiones, incluso a los estudiantes, los esperan a la hora que salen de clases para amenazarlos. El responsable del colegio, confirmó que eran extorsionados y les piden 300 mil lempiras de prima y 25 mil al mes.
Aparte de otras muertes violentas, este viernes el líder tolupan José Santos Sevilla fue asesinado de varios disparos en el interior de su casa, ubicada en la Montaña de la Flor en el departamento de Francisco Morazán. De acuerdo al reporte policial al menos 5 malhechores le dieron muerte.
Todos estos hechos ocurren precisamente en la etapa que el Congreso Nacional se apresta a debatir sobre las reformas penales que el presidente Juan Orlando Hernández pide que se aprueben para luchar contra la criminalidad. El mandatario hondureño considera que la quema de buses y extorsión debe considerarse como acto de terrorismo y quiere que la ley sea más fuerte contra ellos.
A nivel nacional se reportan a diario alrededor de 15 muertes violentas, según informes del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y de estas más del 90% quedan en la impunidad. Para varios sectores esto representa el fracaso en las políticas de seguridad del Gobierno.
La extorsión un negocio de altos personajes
“Cuando se refieren al delito de extorsión no hay que hacerlo específicamente a las maras y pandillas, ahí hay muchas figuras públicas y empresarios detrás de ese magno delito”, indicó recientemente en un foro televiso el retirado comisionado de Policía, Henry Osorto Canales.
Según el comisionado retirado “esto es porque la extorsión es uno de los mayores delitos que generan más ganancias”. Añadió “por lo tanto estamos cometiendo un error al decir que son las maras MS o la 18. Todos se escudan detrás de esas maras pero la realidad no es esa”, comentó Osorto Canales.
La extorsión es una pirámide de siete escaleras: hay figuras importante del engranaje político por tal razón se da ese fenómeno que capturan solo al que llega a cobrar. En tal sentido dijo “la estructura de la extorsión es una pirámide que tiene siete escaleras y en ese sentido a la figura principal nadie la conoce. Es donde está el político, el alto funcionario y entonces es porque existe el delito de la impunidad.
“Aun poniendo la pena de muerte no funcionará porque será al menor de edad que fue a cobrar la extorsión el que pagará. Los dueños del dinero son aquellas grandes personalidades que salen a reuniones en hoteles de cinco estrellas que son los que aportan millones a campañas políticas”, añadió.
Asimismo indicó que en la extorsión están metidos policías, militares, magistrados y funcionarios de Gobierno. Por lo que comentó “aquí las leyes existen pero lo que no se hace es aplicarlas. El problema es que el poder político domina Honduras y en manos de ellos estamos y desgraciadamente está contaminado con el crimen organizado”, concluyó.
Cómo vivió Estados Unidos su primer día sin inmigrantes
En el propio edificio del Congreso en Washington no hubo café para mantenerse despierto, ni comida para alimentarse. Allí la cafería cerró para unirse a la convocatoria Un Día sin inmigrantes. “Esto es lo que pasa cuando los inmigrantes no están presentes, la misma cafetería del Senado de los Estados Unidos está cerrada, se paralizó”, dijo a los medios el senador Robert Meléndez del Estado de Nueva Jersey.
Otras ciudades como Virginia, Nuevo México, Houston, San Francisco, Boston, Nueva Orleans, Filadelfia, New York, Los Ángeles, Austin y Chicago se sumaron a la iniciativa de paralizar labores para demostrar la contribución que los migrantes hacen a la economía y vida de Estados Unidos.
La convocatoria girada a través de las redes sociales y acuerpada por miles de migrantes y ciudadanos estadounidenses en las distintas ciudades se hizo en rechazo a las medidas anti migratorias aprobadas por el presidente Donald Trump en su primer mes al frente de la Casa Blanca.
“Este día es muy importante para dar a conocer a este país, no solo el aporte económico que la población migrante hace a Estados Unidos, sino que tenemos derechos, que somos seres humanos y que no podemos permitir que los derechos constitucionales y civiles continúen siendo violentados”, dijo a Radio Progreso la hondureña Patricia Montes directora del Centro Presente, una organización que acompaña a migrantes centroamericanos en Boston, Massachusetts.
Para esta joven activista Un día sin inmigrantes, es la primera de las muchas acciones que se harán en reclamo de los derechos de la comunidad migrante que aporta enormemente en el sostenimiento de esa nación. “Valoramos enormemente la cantidad de personas que se paralizaron este 16 de febrero en tantas ciudades, porque mucha de la gente que dejaron de ir a la escuela o a sus centros de trabajo corre el riesgo de ser despedidos, de no recibir el día de salario, pero saben que con esta acción se hacen sentir, le dicen al mundo que su trabajo cuenta”.
Hacer sentir su voz
Un Día sin inmigrantes busca que los inmigrantes en Estados Unidos hagan sentir su voz y fuerza, dice Karla Rivas de la Red Jesuita con Migrantes- RJM-en Honduras. “La jornada demostró que los migrantes hacen un aporte sumamente importante para que Estados Unidos sea un país tan importante. Este aporte tiene que ver con la fuerza laboral, la fuerza cultural que tienen los latinos. Siete millones de personas que trabajan en el área de restaurantes son de origen latino, es hacer sentir lo que pasa en la industria del servicio cuando estos trabajadores se paran. Es recordar el poder y la responsabilidad que esa comunidad tiene en la construcción del país donde ahora están viviendo”, dijo Rivas.
Información del Migration Policy Institute, detalla que los inmigrantes forman cerca del 14% (45 millones de personas) de la población que está viviendo en Estados Unidos. De ellos, la mitad provienen de países latinoamericanos. En el mercado laboral, los inmigrantes componen el 17% y sus empleos se condensan en el sector servicios, sobre todo restaurantes, hostelería y pequeños establecimientos.
“Tenemos miedo”
Cargando una pequeña pancarta, Josué Orellana un joven de 28 años de edad, junto a su pequeña de 4 años, se unieron a la movilización que organizaciones en Charlotte, Carolina del Norte organizaron este 16 de febrero.
El hondureño que lleva viviendo en Estados Unidos seis años, confiesa que tiene mucho miedo. Ayer con más dudas que respuestas decidió no ir a trabajar y salir a protestar junto a su hija, porque sabe que las amenazas de deportación del presidente Trump se pueden cumplir en cualquier momento.
“Las cosas se están poniendo muy serias en este país. Desde que entró el nuevo presidente las leyes que ha firmado han sido en contra de los inmigrantes, así como yo que vivo desde hace 6 años. Yo me vine por las condiciones de mi país (Honduras), que está completamente en la violencia y la pobreza, no hay trabajo. Yo migré para construir una nueva vida para mí y mi familia”, dice Josué al compartir su historia.
El joven hondureño confiesa que participar en la movilización le generó muchos temores, sobre todo que la policía de migración los pudiera identificar, ya que en la ciudad donde vive los actos y comunidad racista están muy presentes. Pero el temor más grande que le invade es que las redadas sigan, provocando más deportaciones de compatriotas que tienen su vida y su familia en Estados Unidos.
Ese temor lo tienen la mayoría de los migrantes, dice Patricia Montes. “Sabemos que las comunidades de inmigrantes, sobre todo aquellas que no tiene documentación ya estaban viviendo una crisis en los Estados Unidos por el legado que dejó la administración del presidente Barack Obama, alrededor de 3 millones de personas deportadas, y políticas migratorias que criminalizaban fuertemente las poblaciones migrantes, pero con Donald Trump las amenazas vienen cargadas de mensajes xenófobos.
Las organizaciones que acompañan a los migrantes calificaron la acción como positiva ya que todo cuenta en esta lucha por organizar, denunciar y responder ante las amenazas del nuevo inquilino de la Casa Blanca.
Resistencia en el peaje de San Manuel
En una piedra en el zapato se ha convertido la población del Valle de Sula para la política privatizadora de carreteras impulsada desde el gobierno. La lucha contra la instalación del peaje en San Manuel, Cortés, es hasta el momento la única experiencia permanente que le hace frente a la concesión de las vías públicas a la empresa privada.
El gobierno a través de los proyectos: Corredor Logístico y Turístico le apostó en los últimos años a la entrega abierta de las carreteras a la administración privada, generando un golpe duro a la economía de la población en varias regiones del país.
Por el momento la carretera más afectada es la CA5, que conduce de San Pedro Sula a Tegucigalpa, contando con tres casetas; una a la altura de Santa Cruz de Yojoa, Siguatepeque y Zambrano. Paulatinamente a esa concesión se ven afectadas las vías que conectan de El Progreso, Yoro a La Barca, con la construcción de casetas en esa zona y en Santa Rita.
En ese sentido, en la carretera que conduce de La Ceiba a El Progreso, se promueve la construcción de dos casetas que también entrarían en funcionamiento como parte de la política privatizadora del gobierno.
Por el momento, el principal obstáculo para el gobierno en esta proyección se ha registrado en San Manuel, Cortés, donde la población indignada ha impedido el cobro del mismo, con una lucha que lleva más un año, que ha generado plantones, protestas y campañas de concienciación para que en la actualidad la gente se niegue a pagar el impuesto cada vez que circula por ese tramo carretero.
El gobierno ha implementado varias estrategias para ablandar el rechazo de la gente, entre estas cartas jugadas se han dado pactos con empresarios de la zona, diálogo con transportistas y propuestas para que los usuarios paguen tarifas con descuentos. A pesar de eso el rechazo de la gente no claudica y la negación a ser víctima de pago se mantiene vigente.
“Seguiremos en lucha, no nos detendremos hasta que quiten ese peaje de San Manuel y el gobierno retroceda en su política de privatizar lo público”, expresó Karina Flores integrante de la Mesa de Indignación en El Progreso.
La Mesa de Indignación ha presentado dos recursos de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ), ambos fueron rechazados y declarados inadmisibles por parte de ese poder del Estado.
“Es lamentable que el gobierno sea tan descarado y desestime un recurso que debería, en una institucionalidad eficiente, detener una iniciativa como esta, que además de ser ilegal, se hizo sin consultar previamente a la población de las zonas afectadas”, manifestó el abogado Omar Menjivar, quien interpuso junto a la Mesa de Indignación el recurso ante la CSJ.
Por el momento la lucha sigue intacta, por una parte el gobierno busca mecanismos y aliados que faciliten implementar el cobro del peaje y por otra las acciones de protestas semanales del sector indignado del Valle de Sula continúa. El capítulo está abierto, con dudas sobre el desenlace final de esta situación.
Amenazas y hostigamiento
Durante más de ocho meses de lucha contra el peaje de San Manuel, Cortés, la Policía Nacional se ha convertido en la principal amenaza de los manifestantes, a tal punto de ser los responsables de varias jornadas de represión, donde se han registrado detenidos, personas golpeadas e intimidaciones.
En la actualidad, un grupo de ciudadanos instalaron un campamento contiguo a las casetas, donde diariamente llegan con megáfonos, pancartas para hacer un llamado a los conductores para que no paguen el impuesto.
Ante la presencia permanente de ciudadanía indignada, también hay un campamento policial, que a diario asigna elementos de seguridad para amedrentar a los manifestantes; en repetidas ocasiones las denuncias de los protestantes se han hecho públicas, asegurando que la Policía quiere sacarlos del campamento instalado en la zona.
Asimismo, los integrantes de este movimiento de protesta, afirman que la Policía además de hostigarlos ha iniciado una investigación selectiva de varias personas que llegan a protestar a diario, tal es el caso del escritor Hector Flores, quien denunció en Zona Informativa de Radio Progreso que un oficial de Policía consultó a sus compañeros datos sobre él.
“Un policía preguntó a la gente que llega al campamento sobre mí, les consultó que a qué me dedico, quién soy yo, donde trabajo y más datos que son personales y que viniendo de un ente de seguridad sin credibilidad como éste, genera lejos de confianza, miedo”, declaró Flores.
Asimismo la población hace un llamado a organismos defensores de derechos humanos, para que de forma permanente acompañen con vigilancia a la gente que protesta a diario en esa zona.
Oposición de diente a labio
En la lucha contra el peaje de San Manuel, hay sectores claramente definidos, grupos que mantienen su constancia y persistencia y que aseguran sostener su beligerancia hasta que el gobierno retroceda en su política.
Pero el ejemplo de lucha de la población de la zona norte, todavía no es tomado por la ciudadanía de otras regiones, que también se ven afectados por las concesiones viales, tampoco los usuarios de las carreteras expresan acciones de rechazo contundentes contra el problema.
Un ejemplo de ello, son los transportistas del sector público, quienes se limitan a expresar su rechazo solo con discursos y no con acciones, misma situación evidencian los transportistas de carga.
“El peaje nos está matando, es un golpe fuerte para nuestra economía, pero por ahora no haremos nada, tenemos otras prioridades”, dijo el dirigente del transporte pesado Benjamín Castro.
Castro manifestó que ha conversado el tema con el gobierno, pero que su propuesta gira a que sea el usuario el que pague los peajes; es decir su postura no es que se eliminen sino que suavicen el pago para su gremio.
“Esperamos que el gobierno haga caso a nuestra solicitud, por ahora no queremos, ni haremos un paro, porque el país no está preparado para eso, pero es un tema de agenda pendiente por resolver”, sentenció Castro.
Ante la política nacional de privatización de carreteras, la oposición general de la población es una tarea pendiente para las regiones afectadas, que al sufrir la implementación del cobro, registrarán golpes directos en el incremento a otros productos que van ligados al transporte.
La globalización y los trabajadores del mundo
El viejo topo
Por Prabhat Patnaik
La globalización fue anunciada como algo beneficioso para todos, como un vigoroso paso adelante hacia una mejora económica universal. Era claramente falso, y no fueron solo los economistas de izquierdas, sino también muchos economistas de la línea “dominante” como Paul Samuelson los que lo dijeron desde el primer momento.
El motivo que aducían era muy sencillo: si el régimen económico mundial permitía la libre importación en Estados Unidos de mercancías procedentes de China o de la India, ello afectaría negativamente a los salarios reales de los trabajadores norteamericanos, porque los trabajadores norteamericanos, con unos salarios mucho más altos, tendrían que competir, en detrimento suyo, con los salarios más bajos de los trabajadores chinos o indios. Por consiguiente, el hecho de que la globalización perjudicaría necesariamente a los trabajadores de Estados Unidos y de otros países avanzados, les parecía obvio a ellos, y de hecho a todos, de lo que se seguía que no era posible que beneficiase a todos los segmentos de la clase trabajadora mundial. Ahora bien, de acuerdo con esta argumentación, se consideraba que la globalización beneficiaría a los trabajadores de países como China o la India, es decir, de aquellos países del tercer mundo con los salarios bajos.
Formulando este argumento de otro modo, ya que la libre circulación de mercancías y de capitales por todo el mundo intensifica la competencia entre los trabajadores de los diferentes países, se produciría una tendencia hacia una disminución de las diferencias salariales entre estos países, y si bien esto representaría un cierto incremento en los salarios reales de los trabajadores del tercer mundo, también representaría una reducción en los salarios reales de los trabajadores metropolitanos.
Este mismo argumento puede formularse de un modo más preciso, de acuerdo con las categorías de la economía marxiana, del siguiente modo: la globalización, al transferir determinadas actividades económicas desde los países avanzados a los países del tercer mundo (debido a los salarios más bajos de estos últimos) agotaría las reservas de mano de obra en estos últimos al tiempo que produciría un aumento de las reservas de mano de obra en los primeros. Esto, si no cambian otras circunstancias, provocará una subida de los salarios en los últimos y un descenso de los mismos en los primeros. La globalización, por ejemplo, mientras que no beneficia a todos los trabajadores, reduce las diferencias relativas entre los trabajadores de los países avanzados y los trabajadores del mundo subdesarrollado. Pero, según este argumento, no es posible que empeoren las condiciones de los trabajadores en las dos partes del mundo.
6 claves sobre Trump y el futuro, según Noam Chomsky
Por Rodrigo Riquelme
Chomsky encuentra varias similitudes entre Trump y otras figuras demagógicas de la historia, como Adolfo Hitler.
El fin de la República de Weimar, en 1933, es el escenario que se asemeja más a la situación que está viviendo Estados Unidos con el arribo de Donald Trump al poder, de acuerdo con Noam Chomsky, profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts y una de las figuras más contestatarias frente a las políticas neoliberales de diversas administraciones estadounidenses.
En una entrevista con Truthdig, en el 2010, Chomsky hizo una predicción que parece estarse cumpliendo: “Si llega alguien carismático y honesto, este país está en problemas, sobre todo debido a la frustración, la desilusión, el enojo justificado y la ausencia de una respuesta coherente (...) Se nos dirá que los hombres blancos son una minoría perseguida. Nos dirán que tenemos que defender el honor de la nación. La fuerza militar será exaltada. La gente será golpeada. Esto podría convertirse en una fuerza abrumadora”.
Chomsky se interesó desde muy pequeño por dos cosas: el lenguaje y la política. Sus estudios lingüísticos lo llevaron a convertirse en el fundador de toda una rama de esta ciencia, la gramática generativa, la cual cimbró los cimientos de la lingüística tradicional. Pero desde hace varias décadas, su intenso activismo político y social han hecho que sea uno de los intelectuales más contestatarios del siglo XX. En una conversación con Sam Fragoso, de la revista Pacific Standard, Chomsky detalló su opinión sobre lo que espera que ocurra con el ascenso al poder de un hombre cuya demagogia compara con la política de Adolfo Hitler.
1. Es un estafador
A la pregunta de Fragoso sobre si un personaje con una personalidad vacía y con una política confusa, como Chomsky ha definido a Trump en repetidas ocasiones, puede llegar a los votantes, el profesor en lingüística del Instituto Tecnológico de Massachusetts respondió que el presidente electo de Estados Unidos es “como un estafador. Fue capaz de decir cosas a un sector de la población que, de alguna manera, articuló sus propias preocupaciones y sentimientos, y lo hizo con bastante eficacia”.
Chomsky encuentra una contradicción crucial en el carácter de Trump al comparar la retórica de éste cuando le habla a la clase trabajadora con los nombramientos de su gabinete. Cuando habla con la clase trabajadora “él es anti-establishment, él va a enfrentar a Wall Street (…) Él dice que va a traer de vuelta trabajos (...) ¿Cómo va a hacer eso? Al elegir a un secretario de Trabajo (Andrew F. Puzder) que es sumamente anti-laboral”.
2. Para Trump, todo es culpa de los demás
Muchas de las personas que votaron por Donald Trump también votaron por Barack Obama en el 2008 y en el 2012. El periodista de Pacific Standard le preguntó a Chomsky el estado al que tendría que llegar Estados Unidos para que las personas se den cuenta de que Trump no está actuando con las mejores intenciones. Para el activista y escritor, el eslogan de Trump “Make America Great Again” le dio a los votantes la misma sensación que ofreció el discurso de Obama durante sus campañas electorales, una sensación de esperanza y cambio, la cual fue disminuyendo conforme avanzaba su administración.
Pero cuando las personas se den cuenta de que el gobierno de Trump tampoco puede ofrecer esa esperanza y ese cambio, hay varias alternativas que, de acuerdo con Chomsky, no son nada alentadoras. Una de estas alternativas es “una usual acción de las figuras y de las estructuras autoritarias cuando no pueden cumplir sus promesas, buscar un chivo expiatorio: ‘Vamos a culpar a las personas más vulnerables y que están sufriendo. Hagamos que sea culpa suya’”, explica Chomsky. El investigador recuerda que Trump ya ha comenzado con esta práctica, ya que ha culpado a los inmigrantes por los problemas que enfrenta la Unión Americana.
3. La educación está bajo ataque
En palabras de Chomsky, el sistema educativo estadounidense, del que ha formado parte desde hace más de 65 años, no motiva la curiosidad de los estudiantes. Por el contrario, las escuelas y universidades han convertido a este sistema en una estructura que fomenta el control del aprendizaje y la falta de curiosidad entre sus miembros, fortaleciendo un sentimiento de pasividad en ellos. Además, de acuerdo con el lingüista, con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos el sistema educativo estadounidense se encuentra bajo ataque, sobre todo si se considera que el presidente electo ha elegido a una persona que está en contra de la educación pública, la empresaria Betsy DeVos, como su próxima secretaria de Educación.
4. Hay sólo fragmentos de verdad en el panorama
Las palabras de Trump han conducido a Estados Unidos y a buena parte del mundo a vivir en una era post-factual, es decir, que los hechos y la realidad han dejado de tener importancia; son las palabras y su interpretación la moneda de cambio de una era en la que la opinión vertida en redes sociales es más relevante que los hechos reales. Para Trump, “si yo digo que es falso, entonces es falso”.
Chomsky compara esta actitud con la propaganda nazi que llegó 10 años después de que Alemania alcanzara la cumbre de la civilización occidental. “El pico de la civilización occidental, en muchos sentidos, fue Alemania en los años 20 en las artes, las ciencias e incluso como un modelo para la democracia. En 10 años, había descendido a las profundidades de la barbarie en una sociedad post-factual”. Para Chomsky, al igual que durante el régimen nazi, flotan en el aire fragmentos de una verdad que confunden más que esclarecen.
5. Estamos en una situación histórica específica
Chomsky encuentra varias similitudes entre Trump y otras figuras demagógicas de la historia, como Adolfo Hitler. La diferencia que existe entre la Alemania nazi de Hitler y Estados Unidos con Trump, es que en este caso existen formas efectivas de evitar los peligros que implica que un personaje como él llegue a la Oficina Oval y de aprovechar las oportunidades que se presenten para construir la base de un mejor futuro. El activista pone como ejemplo el plan de infraestructura que Trump ha anunciado que llevará a cabo durante su mandato. Según Chomsky, el plan de infraestructura de Trump implica que las empresas les quitarán dinero a los contribuyentes para construir la infraestructura que ellos creen es la necesaria. Sin embargo, para Chomsky esto no es más que un acto de corrupción.
“Una alternativa sería un programa de infraestructura que desarrolle cosas que realmente necesitamos, como un tren de alta velocidad, por ejemplo, o sistemas de escuelas públicas con salarios docentes dignos y con respeto por los maestros (...) Esto requeriría la inversión del gobierno, lo que significa el compromiso popular de utilizar los fondos para el beneficio del público en general”, refiere.
6. Debemos defender los derechos fundamentales
Las últimas preguntas de Fragoso a Chomsky tienen un matiz más personal, más cercano. La voz del escritor y activista social es una de las más escuchadas y reconocidas en el ámbito de las prácticas políticas estadounidenses. Pero para el investigador, perder su voz, es decir, ser censurado, no es un problema relevante. “Ha habido tiempos mucho peores, y hay muchas oportunidades y mucha protección para la libertad de expresión y asociación, si defendemos estos derechos enérgicamente, lo mismo que las oportunidades que tenemos”.
De acuerdo con Chomsky, sus opiniones no son complejas y en realidad no importa quién las diga, sino que sean dichas, para que sean escuchadas. Uno de los intelectuales más importantes del último siglo concluyó la entrevista apelando a la responsabilidad que tienen todos los estadounidenses para cumplir objetivos comunes. “ Todos tenemos cosas que podemos hacer. Tenemos oportunidades, debemos perseguirlas en la mayor medida posible”.
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