martes, 28 de junio de 2016

Comunicación y política, la imposibilidad de separarlas


Por María Cristina Mata *

Hace alrededor de 15 años, uno de los más lúcidos intelectuales argentinos, Sergio Caletti, señalaba que una de las dificultades para pensar críticamente las vinculaciones y entrecruzamientos entre los fenómenos comunicacionales y políticos era la naturalidad misma de esos cruces aunada a la persistencia de una “concepción en última instancia técnica de la comunicación y la política”[1]; es decir, a la identificación de la comunicación con estrategias de producción y diseminación de mensajes y de la política con un aparato o maquinaria social y, por consiguiente, como institucionalidad regulada.
A pesar de las muchas complejizaciones realizadas desde entonces, ese modo de pensar la comunicación y la política sigue hoy predominando. Esa persistencia se refleja en las numerosas producciones que se interrogan acerca del modo en que la comunicación –en términos de tecnologías y estrategias- afecta a la política en términos de actividad institucionalizada. Así proliferan los estudios que culpan a medios y tecnologías del deterioro de la política convertida en espectáculo o entretenimiento o, en las antípodas, los que auguran avances democratizadores y participativos gracias a las redes y la interactividad.

No es posible superar esas perspectivas restringidas y dicotómicas si se opera con concepciones instrumentales de la comunicación y la política. El horizonte se modifica, en cambio, cuando además de tener en cuenta las dimensiones institucionales de la política –sus organizaciones, sus momentos de deliberación y decisión-, la pensamos como esfera y práctica de la vida colectiva en la cual se diseñan y discuten los sentidos del orden social, es decir, los principios, valores y normas que regulan la vida en común y los proyectos de futuro. Y se modifica cuando, sin negar sus dimensiones operativas, pensamos la comunicación como esos complejos intercambios a través de los cuales los individuos y grupos sociales producimos significaciones en permanente tensión y confrontación. Es en ese tipo de nociones que se sostiene la sexta tesis de aquel texto de Caletti, que afirmaba que la comunicación constituye la condición de la política en un doble sentido: porque no puede pensarse el quehacer de la política como discusión de ideas sin actores que discutan, y porque no puede pensarse esa práctica en términos de construcción de proyectos de futuro sin la colectivización de intereses y propuestas.

Esa particular y necesaria articulación entre comunicación y política se produce hoy en un espacio público constituido tanto por lo que yo he llamado “la plaza”, es decir, los espacios tradicionales de agregación y acción colectiva –espacios que van adquiriendo nuevas formas con el paso del tiempo-, y “la platea”, es decir, las prácticas mediáticas que se sostienen en nuestra condición de públicos de medios y usuarios de tecnologías de información y comunicación [2]. Ese espacio público mediatizado es uno de los ámbitos principales donde se dirimen hoy las luchas por el poder político, las luchas por la conducción de la sociedad, que no son independientes del poder comunicativo-cultural, es decir de la posibilidad de construir ideas hegemónicas. Una posibilidad en la que intervienen decididamente los dispositivos técnicos que permiten la aparición y representación mediática de temas y actores. De ahí que John Thomspon postule que “la lucha por hacerse oír y ver (y de evitar que otros hagan lo mismo) no es un aspecto periférico de las conmociones sociales y políticas del mundo moderno; todo lo contrario -dice Thompson-, es su característica central” [3].

En nuestras sociedades latinoamericanas, que a pesar de la institucionalidad democrática están atravesadas por desigualdades y exclusiones notorias, esas luchas por hacerse ver y oír, que son luchas contra quienes buscan impedirlo, no son nuevas. Se expresaron históricamente tanto en la resistencia de los pueblos originarios como en las búsquedas culturales alternativas. Sin embargo, en lo que va de este siglo, varios países de nuestro continente han sido escenario de unos particulares esfuerzos por someter a discusión los sistemas de medios masivos y sus regulaciones legales, transformando los derechos a la comunicación en una de las problemáticas donde con más fuerza se expresan las luchas por el poder.

Puedo sostener esa afirmación en las confrontaciones que se vivieron y se viven aún hoy en Argentina en torno a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o a las que se han dado y se dan en otros países de la región, como Ecuador o Uruguay, en el mismo sentido. Esas confrontaciones se articularon en muchos casos con una larga tradición de medios populares, alternativos y comunitarios construidos desde la necesidad y vocación de recuperar la capacidad y legitimidad de expresarse, tanto para minorías excluidas pero también para las mayorías desposeídas de las condiciones necesarias para acceder a medios y tecnologías. En todos esos casos es posible reconstruir discursos y prácticas que identifican claramente intereses antagónicos y sus consecuentes justificaciones ideológicas: es decir, intereses encontrados que afirman o niegan la universalidad de los derechos a la comunicación. Y es ahí donde la articulación comunicación-política se revela con inédita potencia, socavando como nunca antes aquellas alardeadas nociones de independencia y objetividad de los medios que integran los sistemas masivos de comunicación.

Más allá de las características particulares de cada uno de nuestros países, la existencia de situaciones monopólicas u oligopólicas que lejos de disminuir se acrecientan con los procesos de desarrollo y convergencia tecnológica, produce efectos bien conocidos: agendas únicas, voces concentradas, insuficientes espacios para la expresión y representación de diferentes actores y sectores sociales y políticos. Pero además, esas empresas que buscan acaparar para sí los derechos a la comunicación que son del conjunto de la sociedad, no encubren ya sus motivaciones y estrategias en las luchas por el poder. De manera desembozada intervienen como un actor político que propone ideas y proyectos, que convoca a participar o a abstenerse de hacerlo, que denuncia o apaña a personajes políticos o empresariales, que promociona candidatos o los estigmatiza, que enjuicia a los movimientos sociales que confrontan el orden establecido, que juzga a la mismísima justicia aunque ella –en muchos de nuestros países- no sea precisamente aquella dama ecuánime con ojos vendados, sino un instrumento más de construcción de inequidad. Los casos del multimedio Clarín en el reciente proceso electoral argentino y el de la Red Globo en el proyecto destituyente que se gesta en Brasil, son ejemplos claros de este nuevo papel.

Sin embargo, no creo que sea adecuado afirmar que la política se “hace” hoy en los medios masivos de comunicación, cargando ese hacer de un contenido negativo o perverso. Históricamente, las construcciones políticas tuvieron dimensiones interactivas y recurrieron a medios expresivos. Siempre la política fue acción práctica y discursiva. Lo que hoy ocurre es que se han producido transformaciones que es necesario comprender para poder actuar sin complacencia pero sin melancolía. Por un lado, como ya señalé, el hecho de que prácticamente sin intermediaciones, sin velos, las corporaciones mediáticas han asumido su innegable participación en la construcción de democracias formales y excluyentes. Por otro, el hecho de que las instituciones políticas –pienso en los partidos, los poderes del Estado, las campañas y procesos electorales- se han transformado en el marco de lo que se ha dado en llamar “democracia demoscópica” [4]; un orden democrático donde la opinión pública mediática y las técnicas de medición y predicción de comportamientos sociales cobran peso decisivo en definiciones estratégicas y tácticas.

El cuestionamiento crítico de esa nueva matriz político-cultural no equivale a negarlo. Nada peor que las actitudes voluntaristas cuando lo que se pretende es intervenir en los conflictos por la hegemonía. Por eso, reconociendo que el sistema comunicativo es un actor más de las contiendas por el poder en nuestras sociedades, tenemos que atrevernos a asumir esa situación desde dos lugares complementarios y mutuamente necesarios: desde la búsqueda de regulaciones que atemperen la concentración mediática y aseguren condiciones más equitativas para la gestión de medios de comunicación y el acceso a tecnologías adecuadas para diferentes y plurales actores sociales; y a partir del desarrollo de prácticas organizativas y políticas que, sin negar la existencia de medios y tecnologías, definan renovados modos de instalar temas, agendas, líderes, proyectos, desde lógicas asociativas y culturales capaces de confrontar los cauces prefijados por quienes pretenden controlar las iniciativas emancipadoras.

En los tiempos que corren, ya no se trata sólo de contar con medios alternativos para que otras voces puedan escucharse y otros rostros puedan verse, sino de asumir que una de las nuevas y decisivas batallas es la de definir colectivamente cuál deseamos que sea el orden político-cultural de nuestras sociedades. Porque ciertamente no hay orden político nuevo sin un nuevo modo de comunicar, pero no es sólo un renovado modo de comunicar el que nos permitirá construir democracias con derechos plenos y modalidades genuinas de participación y representación. 

Notas
[1] “Siete tesis sobre comunicación y política”, en Diálogos de la Comunicación N° 63 (37-49). FELAFACS, Lima, 2001

[2] Nociones desarrolladas en “Entre la plaza y la platea”, en Schmucler H. y Mata,M. (Coord.), Política y comunicación. ¿Hay un lugar para la política en la cultura mediática? (pp. 61-76). Catálogos- UNC, Buenos Aires, 1995

[3] Los media y la modernidad, p. 398, Paidós, Barcelona, 1998.

[4] Ver Alain Minc, La borrachera democrática, el nuevo poder de la opinión pública, Ed. Temas de hoy, Madrid, 1995

* María Cristina Mata es investigadora y docente de comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba Argentina. Acompaña a medios y proyectos de comunicación popular y alternativa en el continente.

Artículo publicado en la revista “La comunicación en disputa”, América Latina en Movimiento No. 513-514, mayo-junio 2016, http://www.alainet.org/es/revistas/513-514


lunes, 27 de junio de 2016

A 2 años y medio del asesinato del periodista Juan Carlos Argeñal, no hay ninguna investigación



Por Marvin Palacios

“Hasta el día de hoy después de 29 meses, después de su vil asesinato el caso permanece en la impunidad, las autoridades del Ministerio Público (MP), las autoridades de este estado que marca impunidad, que condicionan impunidad; no hacen absolutamente nada por un caso emblemático”.

Así se expresó el maestro de educación media Mario Argeñal, hermano del periodista, al ser consultado por www.defensoresenlinea.com, sobre si hay algún avance en las investigaciones concernientes al crimen.
“Porque a mi hermano lo asesinan por denunciar actos de corrupción en dos instituciones, en la Alcaldía Municipal de Danlí y en el hospital Gabriela Alvarado”, expuso Mario Argeñal.
Argeñal indicó que ni siquiera se efectuaron los vaciados telefónicos, y un policía que estuvo a cargo de la investigación de mi hermano; que fue retirado de esa institución, me señalaba: “hay una mano que impide que se de con los responsables del asesinato de su hermano profesor”.
“Y me señalaba puntualmente, cuando hay políticos metidos en asesinatos de ésta índole es difícil dar con los responsables”.
El señor Juan Hernández debe asumir con responsabilidad, si es que la tiene, la investigación de este caso; que gire instrucciones a los órganos competentes para que se de con los responsables porque él bien sabe, que los responsables del asesinato de mi hermano, están en su partido político, los que protegen a los sicarios, los que protegen a los autores intelectuales; están en su partido político”, dijo el maestro.
El docente indicó que no existe ninguna línea de investigación, el caso fue trasladado a la capital de la República y es manejado desde el año 2014 por una unidad que asumo se llama crímenes de impacto, ahí se encuentra engavetado el caso de Juan Carlos Argeñal, ahí se encuentra engavetada la esperanza de que se de con los responsables del asesinato de mi hermano.
“Frente a esto viene Juan Orlando Hernández a hacerle creer a la comunidad internacional, que aquí se respetan derechos humanos. Si aquí no se respeta la verdad, si aquí no se respeta el derecho a la denuncia como lo hizo Juan Carlos, si aquí no se respetan los anhelos de los parientes de Juan Carlos de que se siga con los procesos de investigación y que se de con los responsables materiales e intelectuales del caso, aquí no podemos hablar de defensorías ni de respetos en derechos humanos, Juan Hernández tiene una deuda impresionante con este pueblo en materia de derechos humanos”, subrayó.
El profesor Mario Argeñal es catedrático del departamento de Letras del Instituto Departamental de Oriente, es también un comunicador por excelencia y como tal, ha estado al frente de programas radiales y televisivos relacionados a las luchas del magisterio y de otros temas que involucran la problemática nacional.
Es un líder dentro de la comunidad magisterial del departamento de El Paraíso y por sus críticas contra los abusos que se cometen contra los docentes y las docentes, ha sido objeto de amenazas.
“Nosotros continuamos en la administración del canal de televisión que fuera de nuestro hermano, y ahí tenemos un espacio, nosotros no renunciamos a los espacios de lucha, no renunciamos a la verdad, tenemos un espacio en ese canal de televisión que esperamos no nos lo cierren, que se llama Educación Popular en canal Vida TV”, explicó el maestro.
“Vamos a tratar de seguir incidiendo a través de esa primicia fundamental, que es un derecho humano, y que es la verdad”, sostuvo Mario Argeñal.
 El comunicador social Juan Carlos Argeñal, fue asesinado a tiros por un sicario el 7 de diciembre de 2013 en la puerta de su casa de habitación, en danlí, departamento de El paraíso, lugar donde funciona el canal Vida TV.
La Fiscalía del Ministerio Público de Danlí, remitió el expediente a Tegucigalpa, a la fiscalía de Delitos contra la Vida, y hasta el momento no hay ningún avance en la investigación sobre el crimen contra Argeñal.
En sus espacios informativos Juan Carlos Argeñal denunció una serie de irregularidades cometidas en el el Hospital Gabriela Alvarado de Danlí, así como denuncias de abusos de parte de funcionarios municipales.
Juan Carlos Argeñal además de ser propietario de Vida TV se desempeñaba como corresponsal de Globo TV, medio al cual el Estado le suspendió la licencia para operar y había sido uno de los medios de comunicación más críticos hacia el gobierno.
Argeñal sacó a la luz pública el caso de corrupción del hospital regional  “Gabriela Alvarado” en Danlí,  consistente en un desfalco de fondos y hurto mayor de suministros que vinculaban a un administrador y a un político local.
Una semana antes de su muerte en diciembre de 2013, Juan Carlos Argeñal le dijo a su familia que había recibido amenazas de muerte de personas que estaban relacionadas con la administración del hospital.

Argeñal se contactó con el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) para documentar las amenazas el 14 de noviembre de 2013.
La familia de Juan Carlos Argeñal entregó a la policía toda la información sobre estas amenazas en el momento de su muerte. Sin embargo, de acuerdo con las declaraciones de su hermano Mario, a casi 3 años del crimen; las autoridades siguen sin realizar la petición para verificar las grabaciones del teléfono del periodista, a pesar de que testigos afirman que el comunicador, recibió una llamada de una persona que quería contratar publicidad en su canal, pero que se reunieran en su casa. Y esa tarde se cometió el asesinato.
El 1 de abril de 2014, el entonces ministro de seguridad, Arturo Corrales, prometió enviar a un equipo especialista de Tegucigalpa a investigar el asesinato de Juan Carlos Argeñal que tendría base en Danlí. Según se informó, tanto el fiscal regional como el investigador del caso sugirieron que se pidiera ayuda externa ya que ellos estaban muy asustados para investigar por sí solos, puesto que en el caso hay gente involucrada con un poder político y económico significativo que hace que la investigación no siga su curso.

Amenazan contra la vida de los estudiantes de la UNAH


Rebelión

Por Ronnie Huete S.

Unidos en el Movimiento Estudiantil Universitario (MEU), en la UNAH, los universitarios protestan pacíficamente, haciendo su pleno uso del derecho universal a la protesta, como lo estipula la Carta Universal de los Derechos Humanos, sin embargo la persecución, tortura pública y amenazas a muerte, ha sido la respuesta que han recibido de las autoridades del Alma Mater. 
A través de una llamada internacional hasta la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), con un universitario que por razones de seguridad no se revela su nombre, denunció que las autoridades de esa institución superior, comenzaran una fumigación interna. 
Esto se efectuara sin importar la vida de los universitarios, que allí se alojan en son de protesta pacífica. 
Sumado a este grave atentado, contra la vida de los estudiantes universitarios que serán expuestos a un gas toxico, como si no fuesen seres humanos, los guardias de seguridad privada de la UNAH, amenaza con armas de fuegos a los estudiantes. 
Según la información transmitida por el universitario, una fuerte cantidad de estudiantes, mantiene tomado varios edificios del Alma Mater de Honduras, en respuesta a las medidas arbitrarias que las autoridades de la UNAH, aprobaron y que tienen como objetivo la privatización paulatina de este centro. 
Por tal motivo una masiva cantidad de estudiantes se han aglutinado en el Movimiento Estudiantil Universitario (MEU), para protestar pacíficamente, pero la rectora de la UNAH, Julieta Castellanos, alejada de su vestimenta académica, les ha respondido con fuertes represiones. 
En las protestas efectuadas en este mes de junio dentro de los predios de la UNAH, los estudiantes han sido víctimas de disparos con bala de plomo, gas lacrimógeno, amenazas a muerte, lesiones físicas entre otras torturas de carácter militar. 
Por tal motivo el día de hoy como parte de las acciones que están tomando los universitarios para protestar, se sigue con la toma de varios edificios. 
Los universitarios aglutinados en el MEU, se están alojando día y noche dentro de los predios, con el propósito de defender la autonomía de la UNAH, puesto que en los recientes atentados de los que han sido víctimas, se ha comprobado la terrible militarización de la UNAH. 
Hasta el momento la rectora Julieta Gonzalina Castellanos, no ha respondido a las exigencias de los universitarios y ha decidido que las fuerzas militares y policiales de Honduras, se encarguen de la vida de los estudiantes, como si se tratase de un presidio. A su vez, Julieta Castellanos, en los últimos días, ha puesto en duda a la opinión pública nacional e internacional, puesto que no ha presentado su título académico superior de pregrado, maestría ni mucho menos un doctorado, para que ostente el cargo de rectora. 
Esta denuncia la hizo pública el investigador y académico de la UNAH, Jorge Palma, quien fue entrevistado en una radio local de Honduras y hasta el momento la rectora Castellanos no ha aclarado este hecho, por lo que según las leyes de Honduras sería ilegal que ella esté al frente de una Universidad. 
Ante este panorama, los universitarios de la UNAH solicitan la presencia de organismos internacionales de derechos humanos para que acuerpen el legítimo derecho universal de la protesta, según lo establece la Carta Universal de los Derechos Humanos. 
De igual forma, hacen un llamado para que los organismos de Derechos Humanos responsables de que se respete la vida en el mundo, tomen nota de que en este momento las vidas de los universitarios de la UNAH se encuentran en constante amenaza. 
Así mismo, la noche del 17 de junio y la madrugada de hoy, los estudiantes fueron víctimas de torturas psicológicas, puesto que cortaron la energía eléctrica de la UNAH, y automóviles circularon de forma extraña y amenazante dentro de los predios de la Máxima Casa de Estudios. 
Una de las respuestas de la rectora Julieta Castellanos ha sido interponer una denuncia judicial contra un grupo de estudiantes universitarios, criminalizando de está forma la protesta estudiantil, quienes son tratados como si se tratase de delincuentes comunes. 

Una visita incómoda para el gobierno de la vida mejor



Del 23 al 27 de mayo de este año, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre las Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, visitó el país con el objetivo de examinar el nivel de protección del derecho a la vida, la integridad personal y el acceso a la justicia y la rendición de cuentas cuando se vulneran tales derechos.

Como producto de esta visita, el Relator Especial publicó una serie de observaciones preliminares, que serán ampliadas y detalladas en un informe que presentará en el año 2017 al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Para el Relator Especial, a pesar de la reducción de la tasa de homicidios, el problema en Honduras tiene dos dimensiones paralelas: por un lado, el elevado número de personas que son asesinadas y por otro, el bajo número de presuntas personas responsables intelectuales y materiales que son investigadas y sancionadas.

En este sentido, la “impunidad es el distintivo y gran parte la causa de la continua violencia”, y a su vez, “es el resultado de una arraigada corrupción, extorsión y debilidad de las instituciones” que se profundizó con el golpe de Estado de 2009.

El Relator Especial es enfático al señalar que el problema de inseguridad se complica por la creciente militarización de la seguridad pública y los conexos episodios de uso excesivo de la fuerza por los miembros de la policía nacional, de la policía militar y de las fuerzas armadas,“ a veces en confabulación con el crimen organizado”.

A esta misma conclusión llegó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al señalar en su más reciente informe sobre Honduras que la situación de violencia y criminalidad resulta exacerbada cuando parte de ella proviene “del mismo cuerpo policial, y de la policía militar y del ejército a través del uso ilegítimo de la fuerza, en algunos casos en complicidad con el crimen organizado”.

El Relator Especial nos da la razón al hacer esta afirmación pues desde hace años hemos venido alertando que la remilitarización de la seguridad provoca más problemas que los que supuestamente pretende resolver y coloca a la ciudadanía en una situación de mayor vulnerabilidad frente a unos soldados que no tienen la capacidad de distinguir entre ciudadanos para proteger y enemigos que eliminar.

Los datos registrados por Human Rights Watch en su informe 2015 son contundentes al respecto: desde que el presidente Juan Orlando Hernández incrementó la participación militar en la lucha contra la criminalidad, las denuncias de violaciones a derechos humanos cometidas por militares han aumentado considerablemente.

La violencia y la criminalidad solo podrá ser arrancada de raíz de nuestra sociedad si se adopta una política de seguridad que incluya programas orientados a intervenir en las condiciones de extrema pobreza, exclusión y negación de derechos tan básicos como la educación, la salud, la vivienda, el empleo, etc., cuya intolerable negación provoca que la conflictividad aumente y se ponga en riesgo el régimen democrático.

Heroísmos hondureños



El panorama cotidiano urbano parece una fotografía invariable: en semáforos, puntos de buses, atrios de templos religiosos, y en general en las calles del centro de nuestras ciudades, niños, niñas, jóvenes y adultos vendiendo chicles, bolsas de agua, plátanos, lichas, naranjas, verduras, estuches de celulares y hasta pastillas para el dolor de cabeza. Las calles cada vez más llenas de ventas de chancletas, ropa interior, latas, ollas, juguetes plásticos puestos a la vista de los transeúntes que en su mayoría pasan como viendo para ninguna parte, y menos para las ventas.  

Esto es lo que se llama economía subterránea, informal y que expresa las ganas de vivir que tiene la gente pobre. Y ganas de vivir con honradez. La inmensa mayoría sale a ganarse la vida. Todos los días una señora se sienta con su canasto repleto de tortillas en una calle de la ciudad, con la ayuda de su nieta. Sabe a carta cabal que esa actividad no le quitará el hambre y mucho menos le dará para resolver otras necesidades básicas. Es el heroísmo cotidiano de un pueblo honrado en una sociedad conducida por un puñado de gente rica que siendo corrupta aparece como honorable.

El heroísmo hondureño reúne a millones de personas anónimas, solo saben hacer el bien sin que siquiera sepan que lo hacen y cada cuatro años van a votar y que se emocionan con un color político y más todavía con un equipo de fútbol. Son millones de compatriotas muertos de hambre, que no tienen conciencia de nación, que lloran cuando pierde su partido favorito, que se ponen a maceta cuando gana la selección nacional. Son millones que prefieren vender en las calles y regresar sin haber alcanzado siquiera pagar la deuda del día que caer en el delito y en hacer daño a los demás.

Este sistema no tiene desperdicio. Los auténticos héroes de la vida cotidiana son tratados con desconfianza y son mal vistos, mientras los auténticos ladrones, los evasores de impuestos, los que tuercen las leyes, los que se meten en los corredores subterráneos del crimen organizado, todos esos son vistos como honorables. Algunos de ellos son hasta religiosos que abren su boca para juzgar y señalar. Todos ellos son premiados como personas honradas y defensoras de la democracia. 
Nuestra economía tiene solución, pero nunca desde arriba, desde los pudientes. No es con ciudades modelos ni con ese modelo extractivista, ni con eso que llaman flexibilización de leyes, exoneraciones y privilegios a las multinacionales, como vamos a salir del atolladero económico.

Nuestra realidad nos dice que es el comercio y los negocios, las empresas y la producción de la mediana y la pequeña empresa lo que está dando la oportunidad a miles de hondureños y hondureñas. Esa es la respuesta, aquí está la solución a mediano y largo plazo.  Cualquier cambio solo puede venir desde un compromiso profundo con los héroes y heroínas que salen a la calle todos los días para hacer el bien.

La ciencia (en general) no es un departamento servicial del Capital y el mal

Rebelión

Por Rosa Guevara Landa

Aunque convencidos de que las contradicciones entonces aludidas se han agudizado, sin embargo, ahora nos sentimos un poco menos perplejos (lo que no quiere decir más optimistas) respecto de la tarea que habría que proponerse para que tras esta noche oscura de la crisis de una civilización despuntara una humanidad más justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radiactivo. La tarea, que, en nuestra opinión, no se puede cumplir con agitada veleidad irracionalista, sino, por el contrario, teniendo racionalmente sosegada la casa de la izquierda, consiste en renovar la alianza ochocentista del movimiento obrero con la ciencia. Puede que los viejos aliados tengan dificultades para reconocerse, pues los dos han cambiado mucho: la ciencia, porque desde la sonada declaración de Emil Du Bois Reymond -ignoramus et ignorabimus, ignoramos e ignoraremos-, lleva ya asimilado un siglo de autocrítica (aunque los científicos y técnicos siervos del estado atómico y los lamentables progresistas de izquierda obnubilados por la pésima tradición de Dietzgen y Materialismo y Empiriocriticismo no parezcan saber nada de ello); el movimiento obrero, porque los que viven por sus manos son hoy una humanidad de complicada composición y articulación.
Editorial del número 1 de la revista mientras tanto (1979)

Agradezco a Jesús García Blanca [JGß] el tono de su réplica crítica. Más, si cabe, su “apreciada Rosa”. Algunas observaciones sobre el texto del “apreciado Jesús”: “Fundamentalismos científicos contra la salud” [1]:

1. Lo abre con dos citas: a) “Lo que mueve a la Ciencia no es la voluntad de saber sino la voluntad de dominar”. Humberto Galimberti b) “Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares, lo que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica”. Emmanuel Lizcano.

No acabo de ver la veracidad general de ninguna de las dos reflexiones. No veo qué voluntad de dominar moviera a Einstein, Gauss, Szilard o Gödel ni veo que esa desmesura criticada por Lizcano valga para la mayor parte de los científicos y prácticas científicas (aunque tal vez para algunos). Presentar a la ciencia como la ideología dominante de nuestro mundo es estar muy alejado de la realidad real.

1.1. No entro en el asunto ciencia-ideología, tema de complejo desarrollo que exige muchos matices. Por si fuera necesario: los científicos, como el resto de ciudadanos (sociólogos, filósofos, escritores, ingenieros, etc), suelen moverse en determinadas coordenadas ideológicas (algunas de ellas, ciertamente, muy masculinas). Pero no veo que eso afecte a las conquistas epistemológicas de la teoría de los números, de la epigenética o de la física cuántica. Otra cosa es como se presente en sociedad, como se “venda” la ciencia por parte de algunos de sus practicantes o de sus vendedores.

1.1.1. No hay ninguna que algunos “divulgadores de la ciencia” (como ocurre en tantas otras disciplinas) juegan a eso que se critica. Algunos, no todos, ni la ciencia. 

2. JGB presenta así a los fundamentalistas científicos, “cuyas características y pautas de actuación resumo”:

A. “Proclaman constantemente su supuesto escepticismo mientras su actitud, comportamiento e ideas lo traicionan dejando al descubierto su auténtica naturaleza de cerrado dogmatismo”. ¿Algún ejemplo por favor? ¿De qué dogmatismo hablamos cuando hablamos de dogmatismo?

B. “Conceden a la ciencia el mismo estatus que una religión poseedora de la verdad absoluta fuera de la cual no existe salvación. Para ellos la Ciencia es la única vara de medir, el único camino al conocimiento”. Si existe esos fundamentalistas, no son científicos; son otra cosa, vendedores de humo tal vez. La ciencia es otra cosa, nada que ver con verdades absolutas, lo contrario del espíritu científico.

C. “Se consideran inmersos en una guerra santa. Su vocabulario, discurso y concepto de la realidad es de corte religioso-paranoide. Por supuesto, ellos están en el bando correcto y en posesión de la verdad frente a un enemigo que es irracional y a quien hay que combatir o convertir al precio que sea”. ¿Guerra santa? Sinceramente, no sé de qué se habla. ¿Criticar el irracionalismo anticientífico, el discurso que afirma que se cura el cáncer teniendo pensamiento positivo y mirando nuestro interior es mantener un discurso de carácter religioso-paranoide? Ningún científico que se precie considera que posee la verdad, ninguno. La descripción muestra un conocimiento muy externo de las ciencias.

D. “Su discurso está impregnado de intolerancia, fanatismo, etnocentrismo científico y fascismo subyacente”. ¿Fascismo subyacente? ¿Leo mal o se afirma que el discurso de los científicos tiene esas características? ¿El discurso de todos los científicos, incluso de aquellos que combatieron el fascismo y fueron asesinados en comisarías o en campos de exterminio? ¿Afirmar la validez del principio de incertidumbre, por ejemplo, es estar impregnado de intolerancia fanatismo, etnocentrismo? ¿Cuando los científicos advierten de los peligros atómicos emiten también un discurso fascistoide? ¿Lo mismo cuando alertan del cambio climático o de la existencia de la capaz de ozono o de los límites del crecimiento? ¿Barry Commoner también emitió un discurso impregnado de esas características?

E. “No buscan la verdad sino defender lo establecido. No dudan, niegan”. ¿Qué nudos de lo establecido defienden las comunidades científicas de manera transversal? ¿Un ejemplo? ¿Las desigualdades sociales como en el caso de V. Navarro, Joan Benach, Carles Muntaner, Carme Valls y tantos otros y otras?

F. “Su estrategia básica es la descalificación, el ataque personal, la ridiculización y la difamación. Su “argumentación” –cuando la hay- es una suma de falacias y prejuicios: apelación a la autoridad, a la mayoría, al consenso, al academicismo y hasta a la generalización más burda”. Cualquier científica sabe que todo eso no vale un pimiento, que las falacias son la destrucción de todo saber.

G. “Carecen de capacidad de autocrítica. Todas las cualidades que proclaman como necesarias -dudar, analizar, examinar y racionalizar- jamás las utilizan con sus propias creencias que, curiosamente, coinciden siempre con lo establecido, con los intereses del Poder”. ¿Con los intereses del Poder? Por ejemplo, en los casos de Galileo, Servet, Darwin, Vavilov,.. ¡Vivir para leer!

3. Un campo de actividad particularmente intenso, señala mi crítico, es el de la salud. “Los fundamentalistas son una pieza clave de la guerra contra cualquier alternativa al modelo médico dominante y vienen desplegando una gran actividad en ese sentido: artículos en sus webs, participación en medios de comunicación, intervención en redes sociales, intentos de boicot a todo tipo de actos relacionados con las medicinas naturales...”. ¿Alternativas al modelo médico dominante? ¿Por ejemplo? ¿Las corrientes antivacunas? ¿Las que negaron y niegan a existencia del SIDA?

4. Lo que le preocupa a mi interlocutor “es que una autora que ha demostrado en estas páginas ser una persona crítica con el poder, reproduzca de modo directo o indirecto las diatribas de grupos y personas que se amparan en la ciencia para atacar otras formas de conocimiento y en particular otros enfoques de la salud”. ¿Qué cosas he reproducido? ¿A qué otras formas de conocimiento se refiere? ¿A qué otros enfoque en salud? ¿Las de cuentistas con cuentos sin ningún fundamento que sacan grandes tajadas crematísticas engañando a gentes desesperadas (tengo ejemplos muy próximos)? ¿Está hablando de estas prácticas médicas alternativas?

Lo que explica del caso, del terrible caso de Julián Rodríguez, me parece totalmente desenfocado. Más aún, impropio incluso de un compañero con mirada crítica. Pero no entro en ello. El tiene razón en su descripción y yo estoy equivocada. Eso sí, sus palabras finales -que me producen temblor y algo de horror- resumen su posición:

“Conste que no creo que cualquier cosa sea válida y menos aún en el campo de la salud y de su cuidado y prevención, pero teniendo en cuenta el evidente fracaso de una medicina que se autodenomina científica mientras mantiene su alianza con una industria que pisotea los más elementales criterios del método científico controlando toda la cadena –investigación, publicación, autorizaciones de agencias, formación e información de masas- para que sirva a los fines económicos de unos y académicos de otros, teniendo en cuenta la innegable catástrofe sanitaria que esto viene provocando y teniendo presente las enormes posibilidades de numerosas disciplinas y técnicas alternativas honestas, eficaces y seguras, esta lucha contra ellas es una guerra contra nuestra propia salud”.

Desde mi punto de vista, éste es un ejemplo más de la confusión que domina algunos sectores de izquierda. ¿Alianza de la ciencia con la industria? Pienso en amigos y maestros míos médicos y me escandalizo. ¿Amigos ellos de la industria, gentes que se le han jugado una y mil veces criticando manipulaciones y despropósitos? ¿A qué desastres hará referencia mi interlocutor? ¿De qué disciplinas y técnicas alternativas honestas está hablando? ¿Eficaces, seguras? ¿En qué? ¿Guerra de médicos comprometidas durante décadas en guerra contra nuestra propia salud? ¿Pero de qué estamos hablando?

Notas:


Del club Pulse y otras masacres y violencias

Rebelión

Por Ángel Guerra Cabrera

La masacre en el club gay Pulse, de Orlando, con su cauda de homofobia y terrorismo, acaso vinculado en alguna forma al autodenominado Estado Islámico, continuará ocupando durante semanas los espacios estelares de los grandes oligopolios mediáticos. La exprimirán mientras aumenten el rating y el tiraje, aprovechando el luto de los familiares y la solidaridad de la población estadunidense y del mundo. A la vez, continuarán escondiendo a la sociedad de la ganancia y el egoísmo, única alternativa que ofrecen, como la principal causante de la tragedia.
Desde el lado del pensamiento crítico hemos leído valiosos análisis de la masacre en sí en La Jornada, Telesur, Cubadebate, RT y Rebelión. Por solo citar algunos de los más importantes en castellano.

Mientras, siguen ocurriendo diariamente muertes por armas de fuego y otros medios bélicos en Estados Unidos y, no se diga, en Medio Oriente y África, donde cientos de vidas segadas no pasan de ser una estadística cotidiana sin nombre y sin rostro que no merecerá más que una nota, apenas perceptible por rutinaria, aunque aparezca en prime time.

Como las de Orlando, esas y también decenas de miles de muertes por hambre o enfermedades prevenibles o curables, en ocasiones causadas no solo por la pobreza endémica sino por el calor y la sequía originados en el cambio climático, se deben exclusivamente a la naturaleza explotadora, antidemocrática, violenta, de saqueo, depredación ecológica, racista, sexista, xenofóbica y guerrerista inherente al capitalismo.

Estados Unidos y su complejo financiero-industrial-militar-mediático son los más grandes adalides de ese horrendo sistema de exclusión, empobrecimiento y exterminio, aunque muchos no se den cuenta todavía.

Precisamente, el que ese Estado se atribuya la misión divina de llevar e imponer, cuando y donde lo crea necesario, sus “valores universales” y su democracia, a qué doloroso costo para tantas naciones, no es más que un cuento de hadas que su hegemonía cultural ha hecho creer a millones para justificar su intervencionismo.

Por eso, América Latina y el Caribe deben permanecer vigilantes, pues aunque Washington no ha realizado ninguna intervención militar directa en ella desde la ilegal y mortífera invasión a Panamá, en 1989, sí aplica la llamada guerra de cuarta generación a los gobiernos que no son de su agrado, la que en otras latitudes ha ocasionado verdaderas carnicerías. O supuestos programas contra el narco, como la Iniciativa Mérida y el Plan Colombia, a un cuantioso costo ya en vidas humanas

Existen cada vez más evidencias del involucramiento imperialista en los planes desestabilizadores, contra los principales gobiernos revolucionarios, progresistas y populares de nuestra América, a partir de la llegada de Hugo Chávez al gobierno en 1998, a la vez que un aumento de su presencia militar. Otro tanto debe decirse de los frecuentes asesinatos, represión y prisión política con cargos inventados, de que son objeto los movimientos y líderes populares. Ello llevó a la ejemplar mártir indígena hondureña Bertha Cáceres a atribuir por adelantado la culpabilidad por su probable asesinato a la hoy candidata presidencial Hillary Clinton, considerando su enorme responsabilidad en la consolidación del golpe de Estado contra el presidente Zelaya.

Justamente por eso, hay que divulgar a los cuatro vientos y defender sin tregua, la gran conquista civilizatoria de nuestra región al aprobar la Proclama de América Latina y el Caribe como zona de Paz (www.granma.cu/file/sp/ii-cumbre-de-la-celac-la-habana-2014.../cumbre-109.htm), con la firma estampada en La Habana por los jefes de Estado y Gobierno de la CELAC.

Junto a la movilización de nuestros pueblos, esa proclama es el mejor escudo que podemos esgrimir frente a la agresiva conducta del imperialismo y las oligarquías, concentrada en este momento contra los gobiernos de Venezuela y Brasil.

En la Asamblea General de la OEA celebrada en República Dominicana, comprobamos que la miserable conducta antivenezolana del secretario general Almagro se vio reflejada el discurso del secretario de Estado John Kerry, pese a la posterior voltereta de este al reunirse con la canciller venezolana Delcy Rodríguez y proclamar que no favorece la aplicación de la Carta Democrática Interamericana ni la exclusión de Caracas de la organización. La propuesta de iniciar un nuevo canal de diálogo hecha por Washington y aceptada por Caracas se debe en gran medida a la heroica resistencia del chavismo. Hay mucho por decir de Brasil, queda en el tintero.

sábado, 25 de junio de 2016

Activista de derechos indígenas de Honduras gana el Premio Front Line Defenders para defensoras/es de derechos humanos en riesgo 2016



Durante casi una década de defensa de la tierra y los ríos de su comunidad ante la destrucción causada por las empresas, la hondureña Sra. Ana Mirian Romero ha sido objeto de ataques armados, agresiones físicas, amenazas de muerte y campañas de difamación. A principios de 2016 su casa fue completamente quemada, y sus hijos se han visto obligados a abandonar la escuela debido al constante acoso del que son objeto.

El día de hoy, en Dublín, la Sra. Mary Robinson, quien fue presidente de Irlanda y Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y actual presidenta de la Fundación Mary Robinson – Climate Justice, entregó a Ana Mirian el Premio Front Line Defenders para defensoras/es de derechos humanos en riesgo 2016.
"Ana Mirian, su marido y sus hijos son objeto de ataques armados, amenazas y acoso debido a su lucha por los derechos a la tierra de su comunidad indígena y el medio ambiente local, lo cual en última instancia tiene un impacto global. Las/os defensoras/es como Ana ponen en riesgo sus vidaspara proteger el medio ambiente, no sólo para la generación actual, sino para las generacionesfuturas. A pesar de los riesgos que amenazan la vida de las/os defensoras/es de derechos humanos en Honduras, Ana ha perseverado. El Premio Front Line Defenders es un reconocimiento altrabajo que Ana y tantas mujeres como ella llevan a cabo por el bien común, y tengo el honor deentregarle el premio aquí hoy ", dijo la señora Robinson en la ceremonia en el Dublin’s City Hall.
Ana Mirian es una mujer lenca e integrante del Movimiento Indígena Lenca de La Paz Honduras, MILPAH, y del Consejo Indígena de San Isidro Labrador. Ella ha luchado por el reconocimientolegal de las tierras indígenas de su comunidad, y en contra de la instalación de la presa de Los Encinos hidroeléctrica, la cual destruiría sus medios de vida. En consecuencia, ella, su familia y los demás miembros de MILPAH son ahora blanco de repetidos ataques por parte de la policía, militares y civiles armados vinculados a la empresa hidroeléctrica.
En su discurso de aceptación del Premio Front Line Defenders hoy en Dublín, Ana Mirian hizo un llamamiento hacia la protección de los/as defensores indígenas en todo el mundo, los cuales se enfrentan a riesgos personales extremos debido a su trabajo contra la destrucción corporativa de su tierra.
"No luchamos. Defendemos. Defendemos el río, los bosques, y el aire puro que respiramos. Eso es todo lo que queremos - tierra, aire y agua que no se contaminen por las presas. Estamos perseguidos y amenazados por esto, pero lo hacemos por el futuro de nuestros hijos. No sabemos qué más nos va a pasar, pero estamos dispuestos y listos para defender lo que tenemos ", dijo Ana Mirian en Dublín.
Presentado anualmente, el Premio Front Line Defenders para defensoras/es de derechos humanos en riesgo honra la labor de defensores y defensoras que, de manera no violenta, contribuyen de formaextraordinaria a la promoción y protección de los derechos humanos en sus comunidades, a menudo bajo serios riesgos personales.
"Este año, tuvimos el honor de apoyar el increíble trabajo de seis defensoras/es de derechos humanos en todo el mundo, quienes fueron seleccionados como finalistas para el premio. Cada una/o de ellos/as demuestra todos los días un compromiso con las luchas de sus comunidades, las cuales no se han interrumpido, a pesar de las constantes detenciones, hostigamientos e intentos de intimidación de los que han sido objeto", dijo la Sra Mary Lawlor, Directora Ejecutiva de Front Line Defenders.

A un año del Movimiento Indignado la clase política replantea mecanismos de acumulación



El movimiento de indignación ciudadana, que surgió del empacho de la población hondureña al salir a la luz pública el desfalco al Instituto Hondureño de Seguridad Social –IHSS-, cumple un año de haber salido a las calles. 

Después de 54 movilizaciones de las antorchas, en los últimos meses con menos gente de la que arrancó, la persistencia, la continuidad intentando articularse y la politización del tema corrupción son algunas de las características que sobresalen de las diferentes expresiones o movimientos, comenta el sociólogo  Eugenio Sosa.

“Hace algunos años la corrupción se creía que era un asunto de pastores y curas, llevado al ámbito religioso por los desfiles que hacía el Cardenal; la corrupción ahora la gran parte de la ciudadanía la asume como un problema político, como un problema de unas élites económicas y políticas corruptas que han hecho de la impunidad y la corrupción su principal forma de acumulación de capital”, analiza Sosa.

En el último año, ha quedado visibilizado que la corrupción está articulada a la estructura de una élite política tradicional del país; el analista Hugo Noé Pino considera que el surgimiento del movimiento de indignación ha orillado a la clase política y económica a replantear sus mecanismos: “hasta ahora son pocos los mecanismos los que se han dado a conocer de esa vinculación entre corrupción y élite económica y política, pero hay nuevos mecanismos, la corrupción se reproduce de diferentes formas y eso es lo que hay que estar vigilantes”.

Explica que los nuevos mecanismos de acumulación no son “tan abiertos y burdos” como se dieron en el Seguro Social, sino que son a través de concesiones de 20 y 30 años a empresas con muy poca credibilidad y en donde están involucrados “gente de la misma élite económica que tradicionalmente ha gobernado el país”.


Durante los primeros meses de indignación en las calles, se pudo comprobar que los partidos políticos de oposición se desarrollan en una lógica tradicional que solo busca ser partícipe de procesos electorales, desde ese sentido, se abandona el frente de lucha en las calles, opina el historiador Edgar Soriano.

“El frente de hacer presión y poner a temblar a un régimen y decirle aquí existe una ciudadanía que está indignada, una ciudadanía que necesita reforma, eso es la falencia que se ha tenido desde los partidos políticos, no tener una articulación clara con los distintos movimientos sociales”, apunta.

Ana Ortega, politóloga y feminista, considera que las movilizaciones no surtirán el efecto necesario si no se parte de una reflexión profunda, un esfuerzo de pensamiento y análisis.

“Creo que la lucha en las calles tiene un papel, tiene un impacto pero no se puede seguir en las calles sin una evaluación, aquí se ha hablado de volver y retomar la idea de la praxis que implica estar en las calles pero también repensarnos como un sujeto de cambio”, apuntó. 

El gobierno, junto a los grupos económicos y de poder, realizaron una salida mediática al solicitar la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras -MACCIH- que se ha empantanado en reformas electorales no integrales, que no es la demanda principal del pueblo: comenzar a atacar la corrupción y la impunidad que carcome la institucionalidad hondureña.

Junio de aprendizajes y resistencias



Comenzamos junio esperando la lluvia de mayo, una lluvia que ha ido variando por el cambio climático y por los gorgojos incrustados, no solo en los pinares, sino también en la burocracia estatal.

Cada junio recordamos aquel junio de 2009 marcado por la conflictividad política y la polarización social y política. Toda la ebullición política de aquellos días alcanzó su máximo nivel con el golpe de Estado.

De aquel junio de 2009 a este junio de 2016, la bitácora -esa caja de la brújula política y social- que recogemos es la de un país con altos niveles de corrupción, impunidad y violencia, con sus ríos y cerros concesionados para proyectos mineros e hidroeléctricos; tenemos la deuda externa más alta de la historia y un presidente decidido a prolongare indefinidamente en su puesto de mandamás. Una bitácora que se resume en aumento de la desigualdad social y un gobierno exitoso en una sociedad desangrada y destartalada.

En ese junio de 2009 se cayeron muchas máscaras.  Desde las políticas hasta las religiosas y piadosas. Como si fuera un concierto de opera bien afinado con el mismo tono y argumento, defendían lo indefendible, justificaban la violencia en nombre del Estado y de la Constitución. Y los medios de comunicación corporativos sirvieron de amplificadores de ese concierto de avaricia, corrupción e impunidad.

Pasaron siete años y la elitista casta política no solo no aprendió. Se fortaleció en la impunidad y en la mentira. Comenzamos este junio con las mismas polarizaciones de siete años atrás. La reelección presidencial sigue siendo la expresión política de las confrontaciones inútiles. El problema de la consulta no es si lo de ayer fue malo y lo de ahora es bueno. El problema es el desprecio a la ley.

Una lección hemos de aprender de los últimos siete años: a los políticos nuestros lo que menos les importa es la constitución de la República o el Estado de Derecho. Mucho menos les interesa si la gente pobre come o no come este día o al día siguiente. Nuestros políticos siguen viendo a la gente como simples números para ganar elecciones. Y punto.

Sin embargo, aquel junio de 2009 también contribuyó al despertar ciudadano. Ese despertar sigue calentando las resistencias e indignaciones comunitarias en defensa de sus territorios y bienes naturales, y muchos jóvenes están impulsando procesos de formación que van sentando las bases para la construcción de una nueva cultura política ciudadana y una nueva generación de gente comprometida desde la ética.

Han pasado siete junios después del aciago junio de 2009. Es inevitable: cada junio será ocasión para aprender de nuestras luchas, y una oportunidad para preguntarnos cómo construirnos como pueblo organizado desde nuestras convicciones.