miércoles, 30 de marzo de 2016

Todos contra la guerra

Rebelión

Por Antonio Ruiz *

De tanto repetirse a lo largo de la historia, los conflictos bélicos parecen consustanciales a los seres humanos. ¿Es así? ¿Somos los humanos, en general, los que generamos y queremos la guerra? ¿Es la gente sencilla la que está detrás, o más bien la que la padece? Se diría más bien que esta violencia obedece a intereses concretos, a intereses que se intentan esconder pero que no siempre se consigue, a pesar de que vivimos en una época de globalización en que la referencia a cualquier acto bélico está sometida a una manipulación informativa controlada y dirigida por los poderosos. Los mismos que son incitadores o agentes directos de la agresión bélica, y el motivo siempre es el interés por mantener su poder hegemónico. Pero al tiempo siempre existe la información libre, valiente, que intenta escudriñar los problemas y acercarse a la realidad.
Si repasamos los conflictos bélicos de los últimos 25 años: Irak, enero de 1991 y marzo de 2003; Afganistán, octubre de 2001 hasta la fecha; Libia febrero de 2011, Ucrania 2014, Yemen, marzo de 2015, Siria desde 2011 ..., las guerras africanas, etc., todos ellos encubren ante la opinión mundial bajo declaraciones que proclaman que la guerra se hace en nombre de la libertad. Pero no pueden ocultar que, en general, son consecuencia de los intereses imperialistas. En este momento se está dando un escenario altamente preocupante en Siria. Hace cinco años que perdura este conflicto bélico y en sus inicios ya surgieron análisis que apuntaban su importancia global por los países involucrados, directa o indirectamente, al lado de los intereses opuestos y alianzas divergentes, al no haber acuerdo entre los que poseen la hegemonía de veto en la ONU, (EEUU-Reino Unido-Francia, por un lado y, Rusia-China, por otro), algo que no había pasado desde el final de la guerra fría. La realidad de hoy es que, EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes ... con la última incorporación de la OTAN (de la que forma parte el Estado español de un total de 28 países), están involucradas. Esto representa más del 80% de la inversión armamentista del planeta. ¿No es esto una guerra mundial?
Si intentamos analizar el complejo frente bélico del territorio sirio, vemos por un lado su ejército, al que se le enfrenta el Estado Islámico (compuesto inicialmente por ex militares iraquíes) y otros grupos formados por sirios y miembros de otros países del área que los medios occidentales definen "moderados", ambos son apoyados mediante armamento y logística para Arabia Saudí y aliados, las armas los compran a estos (EEUU, Francia ...). Por otro la do están los kurdos, que defienden su territorio histórico, y Turquía que controla su extensa frontera con Siria e interviene en la contienda según sus intereses; controlar y atacar los movimientos militares del pueblo kurdo, y utilizar a los ciudadanos sirios, que huyen del terror bélico, como medio de presión sobre la Comunidad Europea (refugiados). En lo único que coinciden todos, sólo desde hace unos meses, es ir contra el Estado Islámico, pero es una expresión sólo verbal, en la práctica, estos, siguen controlando zonas de territorio sirio y esto no sólo es cinismo y demagogia, son intereses, ya que el Estado Islámico es producto y creación del área Saudí y sus aliados, como ha quedado claro y público el "negocio" de Turquía y el Estado Islámico con el petróleo sirio para financiar sus atrocidades. Ante este conflicto intentar encontrar "los buenos" es perder el tiempo, porque sencillamente no existen, a pesar de la manipulación diaria de los medios de las potencias que están implicadas y que tratan de esconder sus intereses. Hablemos claro: sólo hay una realidad: víctimas; pueblos que intentan defenderse por conservar su integridad física, cultural y territorial; familias, grupos que debiendo dejar trozos irrecuperables de su vida, huyen de la barbarie sin saber que el enemigo está en todas partes, en la primera frontera, en la segunda ...; muertos, miles de muertes humanas, de familias destrozadas física y culturalmente. El cinismo anti humano del imperio que produce el caos le dirán "daños colaterales".
¿Qué motivos o intereses de fondo?, ¿qué objetivos tiene la guerra, todas las guerras? Son varios: dominio sobre las materias primas -petróleo, minerales-; reorganización geopolítica, -dominio de vías de comunicación, control de zonas- así como los vinculados directamente al negocio de la venta de armas, etcétera. No es posible en esta breve exposición responder a estos interrogantes y dar cuenta del entramado de conveniencias que se mueven después de esta larga guerra continuada. Los intereses de los poderosos con la guerra consiguen su objetivo, y la preservación de sus beneficios económicos. La consecuencia para los pueblos son los muertos, la miseria, el sufrimiento humano. La guerra no tiene justificación. Se puede entender que un pueblo, por decisión conjunta y directa, se defienda por medios bélicos para conservar su integridad. Pero en absoluto es aceptable la intervención exterior, que siempre deja tras ella caos y desolación. Es ingenuo pensar que en la actual situación de mundialización capitalista en que vivimos, en la que el poder mundial está concentrado en muy pocos centros de decisión, nosotros no estemos afectados ni concernidos por la guerra, y no tengamos nada que ver con ella. Tanto con las guerras anteriores acaecidas durante los últimos 25 años, como con las presentes y las del futuro. Lo estamos y lo estaremos, si no lo evitamos entre todos. Somos partícipes en las agresiones, mediante la participación militar, política y económica (de España), así como en las alianzas militares -OTAN- que promueven la intervención. También, nuevamente, mediante las bases militares extranjeras instaladas en la Península Ibérica. Somos responsables, por acción u omisión, de esta barbarie que está destruyendo culturas, familias y cuerpos. Sufrimos también sus consecuencias materiales y ecológicas, que nos afectan, las veamos o no. ¿Cómo podemos ser indiferentes ante esta realidad tan brutal? Debemos reaccionar, debemos recuperar el no tan lejano grito de NO A LA GUERRA, NO en nuestro nombre, NO a las organizaciones que nos afectan directamente y sólo son aparatos de guerra como la OTAN. Utilizamos nuestra inteligencia y solidaridad con los pueblos para evitarla. Hablemos alto y claro y no dudemos en emplear Todas las plataformas para denunciar y expresar nuestro rechazo valiente y sincero. Se trata de poner freno a la guerra y por eso todas las voces y todos los esfuerzos de la gente común son necesarios. Nuestros gobiernos liberales no lo harán, no tienen voluntad, son parte del problema. Sólo los pueblos movilizados lo podemos conseguir. Alcemos nuestra voz para que los gobiernos que dicen representarnos no apoyen ni participen en la Guerra. 
* Antonio Ruiz. Espacio Marx.

Ética y semiótica en pantalla


Rebelión/Universidad de la Filosofía/FILM

Por Fernando Buen Abad Domínguez

Para que la crítica cinematográfica no se trafique como anecdotario de gustos y caprichos, exhibidos con tono erudito y desparpajo de sabiondos y para que no sea catarsis impúdica de petulantes… se requiere método y auto-crítica. Cuanto más cerca de la ciencia1 mejor. No es exagerado decir que una de las herramientas más poderosas que el Cine generó al lado de su despliegue semántico, estético, tecnológico e industrial es el campo fértil del filosofar crítico basado en películas. Herramienta poderosa no siempre usada para emancipar cabezas porque no todos los sedicentes “críticos” están a la altura de la crítica que se necesita. Veamos.
Si “críticos” se hacen llamar los que -para cobrar un salario- rinden pleitesía a la lógica del mercado fílmico; si para llamarse “crítico” ha de reducirse el trabajo a sólo hablar de los “logros en taquilla” las productoras y las distribuidoras monopólicas2; si para exhibirse como conocedor hay que recitar el santoral bibliográfico de las “academias” de moda… o si para llamarse “crítico” se ha de pontificar con esnobismo festivalero y pedantería de ignorantes… lo que realmente queda a la vista es la pobreza enorme -y realmente existente- de la ceguerafuncional que reina. También la “crítica cinematográfica” fabricó sus mercados y sus mercaditos. Una regla no escrita parece indicar que cuanto más “masivo” es el medio más simplona es la crítica y ha proliferado la, por definición, monstruosa manía de calificar películas con “estrellitas” en lugar de ideas. Y hay quien gana dinero por hacer eso.

Mientras tanto en la realidad los pueblos necesitan de un movimiento numeroso y vigoroso de críticos cinematográficos dispuestos a poner en su lugar el basurero fílmico con que se ha sobresaturado el imaginario colectivo. Es que ese imaginario es uno de los campos de batalla más codiciados por la burguesía. Ahí se disputa (entre mil cosas) la forma del conocimientodel mundo y sus procesos de nominación, incluidas las formas de la nominación al lado de las herramientas de producción de enunciados fílmicos. Ahí se diputan los imaginarios y las conductas que de ellos se derivan. Se disputan los modelos del goce estético, de los placeres y de la subjetividad expuesta a todo género de estímulos. Se disputan para someterlos y para convertirlos en negocio. Impunemente.

Bajo el disfraz de “entretenimiento”, legitimado y legalizado, el aparato ideológico de la industria cinematográfica ha desplegado su batalla alienante casi ni oposición y casi sin regulaciones gubernamentales. Eso no descarta el fardo burocrático parasitario. Con el territorio liberado, “la diversión” fílmica se adueñó de latifundios audiovisuales enormes (salas cinematográficas, centimetraje impreso, comentaristas de radio y T.V.) decorados con los anzuelos del negocio del “espectáculo” y santificados por una estética del nihilismo más a-critico dispuesta a tragarse cualquier película “chatarra” mientras sirva para complacer ilusiones y alucinaciones propias del individualismo burgués, su estética y su lógica consumista. El objetivo ideológico oligarca es que agradezcas que te exploten, que aplaudas cuando te humillan y que aceptes que ellos tienen la razón.

Visto con perspectiva el “tsunami” audiovisual de cada semana, desatado desde la industria cinematográfica y sus monopolios, pone en evidencia una guerra asimétrica en la que no alcanzan las pocas buenas plumas (ni las buenas intenciones) que son capaces de poner orden, (es decir hacer crítica seria) suficientemente rica como para neutralizar los dispositivos alienantes administrados en cada film. (Violencia espuria, belicismo mercantil, padrotismo de soldaditos, policías, detectives y autoritarios adláteres, en una lógica autoritaria, racista sexista y clasista con banderas imperiales desplegadas).

No tenemos ni el 10% de los críticos cinematográficos que necesitamos. No tenemos a los críticos que luchen desde las bases. No tenemos los talleres, las escuelas ni los movimientos sociales suficientes empeñados en fundar núcleos de acción crítica en cada barrio. No tenemos la infraestructura ni tenemos la metodología social de base que se requiere para aspirar, en el plazo medio y largo, a dar una batalla semiótica emancipadora contra ese cine que nos aplasta el imaginario mientras nos roba millones dólares entre palomitas y refrescos.

Tampoco tenemos acceso al otro cine, al que se produce como se puede con lo que se tiene. Al cine que interpela la situación social, las condiciones inhumanas a que nos somete el capitalismo y el arsenal de municiones ideológicas con que nos humillan y acomplejan sistemáticamente. Sálvense todas las excepciones honrosas. No tenemos a la mano ni los medios ni los modos para ver ese cine que nos espeja con honestidad y que nos impulsa a mirar más allá de las apariencias fílmicas. No sabemos quiénes son, dónde están, cómo trabaja ni cómo viven los trabajadores del cine que no están contentos con el mundo que nos impone la burguesía. Y no lo sabemos, entre otras muchas razones, porque no contamos con ese movimiento internacionalista de críticos cinematográficos que podrían salvar a los imaginarios colectivos con ayuda de las herramientas científicas de una semiótica revolucionaria. Que tampoco está a la vista todavía.

Aquí podríamos decir que sólo cundo el capitalismo haya sido superado podremos transformar las superestructuras. Pero eso es relativamente incompleto sin un programa de lucha semiótico capaz de romper las falsas dicotomías entre la forma y el contenido, entre la ética y la estética, entre el trabajo manual y el intelectual. El debate capital-trabajo está vivo en los campos de batalla fílmicos -hacia adentro y hacia afuera- y no podremos hacerlo visible si nos sentamos a esperar a que pase ante nuestra puerta el cadáver de la industria cinematográfica dominante. Hay que darle una ayudada. Esa es, apenas, una parte de la tarea que la crítica cinematográfica emancipadora habrá de librar… otra es animarse a producir índices que marquen rumbos de lucha nuevos hacia un cine liberado del arsenal ideológico predominante, gracias a un método dialéctico afinado en la refriega metodológica diaria de mirar películas, sin concesiones, y de aportar herramientas de análisis en los que, de una vez por todas, la crítica cinematográfica deje de ser tarea de “iluminados” y sea acción social encarnada en el placer de hacer la revolución cinematográfica que la historia nos exige, también. ¿Lo veremos? 

Notas

1 Elí de Gortari definió la ciencia como “la explicación objetiva y racional del universo”. Elí de Gortari, El método de las ciencias. Nociones elementales, 12a. ed., México, Editorial Grijalbo, 1996, p. 11. (Tratados y Manuales Grijalbo)


martes, 29 de marzo de 2016

Las masacres reflejan el fracaso de las políticas de seguridad gubernamentales



El espiral de violencia que vive el país es estimulado por las políticas represivas del Estado y de los círculos del crimen organizado tanto el ligado al tráfico de las drogas como al delito de la extorsión, lo que demuestra que la estrategia de seguridad implementada por gobierno de Juan Orlando Hernández fracaso”, indicó el analista e investigador en temas de seguridad pública, Víctor Meza. 
A renglón seguido dijo que el ciclo de violencia se repite, se reproduce y se amplía a pesar del triunfalismo y las cifras optimistas que el gobierno repite todos los días en una campaña mediática que se ha convertido en incómoda porque se sabe de sobra que le están mintiendo al pueblo, agregó Meza al referirse que en lo que va de 2016 Honduras ya registran 13 homicidios múltiples o masacres que han dejado al menos 57 víctimas mortales. 
Con el último evento donde perdieron la vida doce personas ya se contabilizan cuatro masacres solo en la Tegucigalpa, capital hondureña. Otras masacres ocurrieron en San Pedro Sula,  Comayagua La Ceiba, Locomapa, Yoro y Tocoa, Colón. 
“En los cuatro años de gobierno del nacionalista Porfirio Lobo Sosa y los dos años del presidente Juan Orlando Hernández, en el país se han registrado 718 matanzas dejando 2,639 muertos lo que hace un promedio de una masacre cada tres días”, manifestó Meza. 
Por su parte la directora del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Migdonia Ayestas indicó que casi todos los crímenes múltiples se cometieron con armas de fuego y lamentó que el 96% de los asesinatos queden en impunidad por falta de capacidad de investigación de las autoridades. 
"En San Pedro Sula como en muchas zonas del país la droga es distribuida como maíz y en cuanto a la extorsión hay un control bárbaro  porque se lleva un registro de negocios, autobuses y taxis en circulación y se calculan la cantidad de dinero a recibir", indicó un ex pandillero que reside en San Pedro Sula. 
Dijo que  oponerse a este esquema de funcionamiento o simplemente denunciarlo significa la muerte. La policía y las autoridades gubernamentales saben todo lo que pasa en el país y no hacen nada porque hay gran complicidad y compadrazgo. 

Honduras vive una ola de violencia que lo ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo, con cerca de 60 muertos con por cada 100,000 habitantes, según datos oficiales.

Huyen del país para no ser asesinados 
En Honduras desde hace años corre la sangre, se fuga el dinero y se respira el miedo. Datos oficiales indican que en El Salvador se pagan más de $390 millones por extorsión al año, en Honduras más de $200 millones y en Guatemala $61 millones. Aunque para algunos analistas estos datos son minúsculos en comparación con las verdaderas cifras. 
La desesperación de muchas personas de San Pedro Sula y otros municipios del Valle de Sula,  agobiados por la extorsión los obliga a buscar la forma de abandonar el país, informaron con preocupación las autoridades del Comisionado Nacional de Derechos Humanos (Conadeh).
De acuerdo al abogado Wilfredo Castellanos, comisionado regional del Conadeh, únicamente en su oficina se recibe un promedio de dos personas al día pidiendo ayuda porque temen por su vida. 
“Deciden abandonar el país por la incomodidad que le acusa el hostigamiento de grupos delictivos de la extorsión, el acoso de pandilleros para despojarlos de sus viviendas y otros problemas que representan una amenaza a la vida”, indicó Castellanos. 
Dijo que las personas en su mayoría prefieren no hacer la denuncia a la Policía, ya que desconfían que podría estar involucrada con las bandas criminales. Las personas que se van de Honduras dejan abandonadas sus viviendas, trabajos y demás cosas que tienen en el país. 
“Para cambiar la inseguridad se requiere de estrategias combinadas que incluyan diversos factores, entre estos;  políticas adecuadas de prevención, generación de oportunidades, generación de empleos, tratamiento de los problemas sociales más agudos en las  zonas marginales, hasta una investigación para acabar con las estructuras criminales que generan la inseguridad y la violencia en  el país”, concluyó el analista e investigador en temas de seguridad, Víctor Meza. 


Berta Cáceres: Hija de la Diosa Ceres



Por Rodolfo Cortés Calderón *

Nadie dudará que Berta Isabel Cáceres Flores con su vocación indigenista, amor a la humanidad,  prestigio, fama y reconocimiento mundial entró al Olimpo por la puerta majestuosa. El lugar destinado dentro de la mitología griega a los dioses y diosas. Ella es hija primigenia de Ceres, la diosa de la naturaleza y de la agricultura; de las cosechas, de la fecundidad, de la vida y de la abundancia dentro de la mitología romana. Ceres y su hija Proserpina son las equivalentes griegas de Deméter y Persófene.

Del nombre de la diosa Ceres se deriva la palabra “cereal” que corresponde a todas las gramíneas que dan existencia a la humanidad. El maíz entre ellos. Pero también lo son el arroz, el trigo, el centeno, el maicillo y la cebada. Berta y su pueblo maya lenca son parte de la cultura indígena mesoamericana. De las mujeres y hombres de maíz.

Pero ella también es hija de la Pachamama, la Madre Tierra, que es fuente de vida, salud y bienestar. Por eso dedicó sus 45 años a amarla, a respetarla, a acariciarla, a cuidarla y a defenderla. Por eso la mató el sistema imperial capitalista neoliberal y sus peones transnacionales dispersos por todo el mundo. Destructores del Planeta y causantes del calentamiento global que está contaminando y acaparando  sus semillas nativas, su biodiversidad, sus aguas, su aire, su suelo y  subsuelo.

Por eso los dueños del averno la asesinaron el propio Día Mundial de la Naturaleza, el 3 de marzo, y un día antes de cumplir sus 45 años, el 4 de Marzo.

Pero tus razas Lenca, Misquita, Pech, Garífuna, Tawahka, Tolupán, Chortí y tantas otras venidas de diferentes lugares del Planeta en un hermoso rito propio de las diosas y dioses te entregaron con júbilo y agradecimiento al vientre de la Pachamama y al Olimpo, el 5 de marzo.

Berta:

Tus aguas envenenadas, tu suelo empobrecido, tu foresta talada, tu atmósfera contaminada, tus entrañas dinamitadas, tu vida silvestre depredada, tus mares inundados de basura y tus razas humilladas y sometidas serán siempre nuestro grito permanente de protesta e indignación desde las profundidades ignotas.

Berta Isabel:

¡Tu valentía, constancia y ejemplo vivirán para siempre en nuestras luchas indígenas, populares, ambientales y políticas, hija meritísima de Ceres!

* Ingeniero agrónomo hondureño


Marzo para nunca olvidar



El 12 de marzo recordamos la memoria de un Grande, así es: Rutilio Grande. Sacerdote jesuita asesinado en el municipio de Aguilares de El Salvador. Han pasado casi 4 décadas de tan horrendo acto.
La lucha del padre Tilo se caracterizó por defender a los más empobrecidos y denunciar las injusticias y atropellos de las autoridades contra su pueblo. Lo que le valió los calificativos de ser un cura comunista, ser un cura agitador, y finalmente ser asesinado por los cuerpos represores del Estado salvadoreño.

“Vamos todos al banquete,
a la mesa de la creación;
cada cual con su taburete
tiene un puesto y una misión”.

Así dice un canto de entrada de las misas, que nos recuerda muy bien el pensamiento del padre Grande. Cada uno y cada una tienen una misión, una tarea que realizar en la vida para generar más vida. Berta tenía clara su misión.

Por eso marzo también nos recuerda la ofrenda de vida de Berta Cáceres: “La madre tierra martirizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar. Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y los espíritus”, nos dice la compa Bertita.

Rutilio y Berta nunca se conocieron, pero sí coincidieron en que el pueblo solo se salva en racimo. Coincidieron en la lucha por la vida, desde la gente chuña, desde la gente de las montañas, de los valles, de las colonias y barrios marginales. La vida se construye desde los olvidados, desde los sin tierra, desde los ojos hambrientos y sedientos de esperanza. Desde los espesos sueños de nuestros pueblos.

Marzo es la oportunidad del grito desde la vida, del recuerdo martirial, de la esperanza sembrada en la juventud, en la mujer, en el campesinado, en los pueblos originarios. Marzo es el mes del agua, esa sangre de la tierra, esa sangre que es vida, esa sangre de donde brotan los más puros sentimientos de lucha, amor y esperanza por los hombres y mujeres que viven hoy metidos en el pueblo.

Este marzo para nunca olvidar la memoria martirial de Bertita y el padre Tilo.

Honduras “Bertha nos enseñó a luchar por la vida sin detenerse ante el miedo a la muerte”



Por Giorgio Trucchi

Durante una entrevista reciente, dos de las hijas de Bertha Cáceres, dirigente indígena Lenca, luchadora incansable contra el modelo patriarcal colonial extractivista, que privatiza y saquea los bienes comunes naturales de Honduras, me decían que la lucha de su madre nunca fue algo individual, sino profundamente enraizada en el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, Copinh, la organización que ella coordinaba.
Bertha fue atacada y asesinada cobardemente la madrugada del 3 de marzo pasado. Un golpe que ha sacudido la sociedad hondureña hasta sus cimientos y que obliga, tanto al Copinh como al amplio espectro de organizaciones sociales y populares de Honduras, a repensar una estrategia unitaria para hacerle frente a esta nueva escalada de violencia y persecución.
La conformación, este sábado 12 de marzo, de la Articulación Popular Hondureña “Bertha Cáceres” con el propósito de impulsar una agenda unitaria de movilización y lucha, es una primera respuesta, desde los movimientos, a las manos asesinas que ultimaron a Bertha.
La gran movilización de pueblos indígenas y negros del próximo 17 de marzo es una muestra más de la voluntad firme del pueblo hondureño de exigir justicia.
Desde que Bertha Cáceres comenzó a multiplicarse en las luchas cotidianas de las y los hondureños, Tomás "Tomasito" Gómez Membreño, actual secretario de Organización del Copinh, se ha mantenido al lado de la familia de la dirigente indígena, exigiendo al unísono justicia verdadera para Bertha, castigo para los responsables intelectuales y materiales, y un alto a la persecución contra el sociólogo ambientalista Gustavo Castro Soto.
Para el Copinh no ha sido fácil procesar lo que ha ocurrido en esta última semana, tampoco va a serlo el futuro. Sin embargo, la organización Lenca asegura estar lista para lo que venga. “Bertha nos enseñó a luchar por la vida, sin importar el miedo a la muerte. ¡Eso es lo que seguiremos haciendo!”, dijo Tomás Gómez.
- El golpe ha sido duro. ¿Cómo está viviendo el Copinh este momento y cómo se está reorganizando? 
- Ha sido un duro golpe tanto por el Copinh como por el pueblo Lenca y el mundo entero. Nosotros estamos reorganizándonos para reiniciar con nuevas acciones. El Copinh siempre ha tenido una dinámica de lucha fuerte y vamos a seguir así, esta vez con el impulso que nos da la memoria de nuestra compañera Bertha Cáceres.
Nuestra lucha es para que no haya más privatización de los bienes comunes naturales, y para que se vayan de nuestras comunidades todos estos proyectos de muerte, tanto hidroeléctricos como mineros.
Privatizaciones y concesiones sólo generan más violencia, más asesinatos y más criminalización de la protesta.
- ¿A quién responsabiliza el Copinh por el asesinato de Bertha? 
- Sabemos que el asesinato de Bertha responde a estas mismas políticas de privatización, impulsadas por quienes están dispuestos a otorgar más concesiones y vender los recursos naturales de nuestro país.
Son los mismos que creen que al asesinar a la compañera Bertha Cáceres la lucha se termina. Se han equivocado, porque tras su muerte nosotros continuamos con más luchas, más acciones y vamos a mantenernos movilizados de forma permanente.
- ¿Se la esperaban esta escalada de violencia? 
- Nuestra organización y la propia Bertha hemos sufrido repetidas amenazas, ataques, atentados. Nos han hecho de todo. No descartábamos la posibilidad de que pudiesen atentar contra la vida de líderes del Copinh, de líderes de las comunidades Lenca, como ya había ocurrido en Río Blanco y ahora con Bertha.
- En varias ocasiones el Copinh ha acompañado a las hijas de Bertha Cáceres, las únicas autorizadas a hablar en nombre de la familia, y juntos han denunciado varias irregularidades en el proceso de investigación. 
- Desde un inicio han querido criminalizar y desarticular al Copinh, presentándolo como un delito pasional o el resultado de conflictos internos a la organización. Los operadores de justicia están tejiendo una trama perversa para inculpar a miembros del Copinh y así lavarle la cara al gobierno, aliviándolo de tanta presión nacional e internacional.
- ¿Cuál es el legado que deja Bertha? 
- El legado que deja al pueblo Lenca, a Honduras, al mundo, es la lucha fuerte, tenaz, para doblegar a estas empresas nacionales e internacionales, a estos institutos financieros que invierten en proyectos de muerte, al financiamiento de Estados Unidos a los países del Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala, Honduras) a través de la Alianza para la Prosperidad, que incluye recursos económicos para represas.
El legado que deja Bertha es el Copinh y su capacidad de seguir adelante.
- ¿Tras el asesinato de Bertha, no tienes temor por tu vida? 
- El asesinato de nuestra compañera Bertha trascendió fronteras y ha impactado al mundo entero. Sin embargo, la estrategia sigue siendo la misma: destruir a nuestra organización, dividiéndola, criminalizándola y descabezándola.
Tras el asesinato trataron de involucrarme a mí y a otros líderes, de echarnos presos, pero no pudieron. Entonces creemos que el próximo paso podría ser atacarnos físicamente.
Aprovecho la ocasión para denunciar que hace pocos días llegaron a buscarme a mi casa 4 hombres fuertemente armados, vestidos de civil. Afortunadamente yo no estaba.
Tengo miedo, ¿por qué negarlo? Pero tengo también que seguir esta lucha que nos ha heredado nuestra compañera Bertha Cáceres. Ella siempre nos decía que sentía temor por las amenazas de muerte que recibía, pero que había que continuar en la lucha, sin detenerse ante el miedo a la muerte.
Vamos a seguir su legado.

40 años después (1976-2016)

Rebelión

Por Julio C. Gambina

Cuando me preguntan sobre el orden económico social del presente no hay más remedio que hacer historia, especialmente desde el Golpe de Estado de 1976.
El fenómeno visible tiene que ver con las torturas, los asesinatos, las desapariciones, las detenciones, los exilios. Todo ello remite al dolor, físico y mental, de afectados directos, familiares, amigos, compañeros de militancia y destino en la vida. Un poco menos se visibiliza la desorganización social y política buscada por los ejecutores materiales e ideológicos del golpe, lo que supone indagar en las motivaciones del ejercicio del terrorismo de Estado.

Lo esencial de la iniciativa política de las clases dominantes hacia 1976 apuntaba a reestructurar el orden económico, social y político de funcionamiento del capitalismo en Argentina, como parte de un proceso similar en la región. En 1973 en Chile y en Uruguay, luego en 1976 en Argentina y otros procesos similares en la región darán inicio al ensayo de restauración liberal del orden social en el ámbito mundial, más conocido como neoliberalismo. Un ensayo que buscará generalizarse luego con la restauración conservadora liderada por Thatcher y Reagan en los 90´ y que se extenderá con renovada fuerza a la ruptura de la bipolaridad entre 1989 y 1991.

De la defensiva capitalista a la ofensiva

El diagnóstico apuntaba a cerrar el ciclo defensivo de las políticas keynesianas instrumentadas en el capitalismo a la salida de la crisis del 30 del siglo pasado y generalizadas, más allá de matices, luego de la segunda guerra mundial. El carácter defensivo devenía de la fuerte iniciativa y organización de sectores subalternos que en Europa podían imitar el ejemplo soviético de construir el socialismo. En EEUU se necesitaba superar la crisis del 30, surgida desde Wall Street, por lo que el “new deal” (nuevo acuerdo), con su planificación y diferente papel del Estado favoreció la construcción de la nueva hegemonía estadounidense en el sistema mundial, creando las condiciones de la bipolaridad.

La crisis de los 70´ había dado la vos de alarma de los límites del desarrollo capitalista bajo la orientación kerynesiana y el gasto estatal pasó a ser el objeto de la crítica de las clases dominantes. Había que abandonar las políticas defensivas, porque ya afectaba a la rentabilidad de las empresas dominantes. Bajo esas condiciones se hace fuerte la restauración del liberalismo, bajo la denominación “neoliberalismo”, y las matizadas interpretaciones de cómo salir de la crisis de los 70. Es en esas condiciones que la corriente neoliberal de pensamiento acude como sostén teórico y formuladores y ejecutores de la política económica de los regímenes terroristas en el cono sur. Con matices, la escuela de Chicago difunde sus pensamientos para una política de transformación reaccionaria del orden capitalista.

En las condiciones de la Argentina y otros países de la región, se impuso el proceso de desarme del orden capitalista bajo el formato anterior. Si las décadas previas fueron las de la industrialización sustitutiva de importaciones, con aliento al mercado interno y la construcción de un amplio proletariado, especialmente industrial y por ende una burguesía también extendida en la producción agraria, industrial y de servicios, la reversión económica suponía la desarticulación social y política de ese entramado social. Por eso el golpe, las prohibiciones, el amedrentamiento y la manipulación de la opinión pública y el sentido común instalado.

La política neoliberal anticipada en el último tramo del gobierno constitucional (por ejemplo: el “rodrigazo” en julio de 1975) se consolidó en 1976 con el Plan Martínez de Hoz, expresión del sector más concentrado de la economía local, cuyos efectos se sienten aún con los cambios institucionales, estructurales, acecidos desde entonces y muy especialmente en los años 90´ del siglo pasado. Es la base material para pensar la liberalización en curso y la inserción subordinada en nuevos tratados de libre comercio que sellan la presencia de Barack Obama en esta Argentina gobernada por Macri.

¿Qué cambió desde 1975/76?

Las relaciones laborales mutaron sustancialmente, con flexibilización, precariedad, tercerización, subempleo, desempleo y su correlato en desorganización y de-sindicalización. En materia de Estado se promovió un fuerte cambio de función, con privatizaciones, desregulaciones y aliento a la mercantilización de derechos sociales, tales como la educación y la salud, entre otros. La inserción internacional subordinada fue la forma de relacionar a la Argentina con el mundo, con tratados de libre comercio y la extensión de tratados bilaterales en defensa de las inversiones, tanto como la generalización de la prórroga de jurisdicción soberana, que hoy se sufre con la sentencia Griesa.

Instrumentos económicos privilegiados que llegan hasta nuestros días fueron la ley de entidades financieras y una política monetaria y financiera de subordinación a la lógica del sistema mundial liderado por los organismos internacionales. También el régimen de inversiones externas que nos somete a la decisión transnacional sobre el modelo productivo y de desarrollo, con soja y transnacionales de la alimentación y la biotecnología; con inversiones mineras para mega minería a cielo abierto con explotación de bienes comunes y contaminación. Es la industria de armaduría para la exportación y los servicios privatizados y altamente concentrados. Es el mecanismo del endeudamiento externo en ciclos sucesivos adoptados por los gobiernos constitucionales en una continuidad con el pecado original de la dictadura genocida.

Las clases dominantes en la Argentina reorganizaron la cotidianeidad del desarrollo capitalista desde el terrorismo de Estado y ya bajo formas constitucionales de gobierno se someten y profundizan la institucionalidad heredada. Por eso continúa la prórroga de jurisdicción soberana, en los acuerdos por nueva deuda, en los contratos con China y con Chevron. Por lo mismo se afianzan las tendencias aperturistas y condicionadas de los instrumentos del libre comercio y la subordinación a los organismos multilaterales. Ese es el sentido de las relaciones internacionales que se fomentan en el presente, con reuniones y presencias de jefes de Estado de Italia, Francia, Inglaterra, la Unión Europea, el Foro Económico Mundial, y claro, con EEUU.

No alcanza con la crítica o la prédica de un relato que evidencia las motivaciones del golpe genocida del 76, si en simultáneo no se construyen las bases materiales y subjetivas para una lucha anti capitalista. 

¿Estancamiento, retroceso, involución?

Rebelión

Por Atilio A. Boron

La región vive una coyuntura muy especial: al anunciado cambio de época proclamado con total acierto por el presidente Rafael Correa hace ya unos cuantos años lo acechan amenazas de una insólita gravedad. Proliferan las voces que pregonan -con indisimulada alegría algunos en la izquierda, con alivio otros en la derecha- el “fin de ciclo progresista”, más una expresión de deseos que un argumento sólidamente fundado. Pero más allá de esta disyuntiva, es indudable que el gran impulso ascendente de las luchas sociales y las fuerzas progresistas que desde finales del siglo pasado conmovieron a la región se ha ralentizado. La derrota del ALCA en Noviembre del 2005 aparece ahora, en perspectiva histórica, como el cénit de un proceso que luego iría debilitándose paulatinamente. Sin embargo, la inercia histórica era tan fuerte que ese auge de masas hizo posible las victorias de Evo Morales en Bolivia a finales del 2005 y de Rafael Correa en Ecuador también a fines del 2006. No sólo eso: también hubo un impulso suficientemente vigoroso como para desbaratar la intentona de golpe y secesión ensayada en Bolivia en el 2008 y el golpe de estado en Ecuador en Septiembre del 2010. Pero, posteriormente, ese antiguo vigor fue menguando hasta llegar a una situación de estancamiento y, en ciertos casos, de abierto retroceso. El más importante, sin duda, fue el caso de la Argentina: este es el primer, y hasta ahora único, país gobernado por una coalición progresista que fue derrotado en una elección presidencial. En su lugar ascendió al poder una heteróclita fuerza de derecha, que hizo de su subordinación a Estados Unidos y a los cánones del neoliberalismo el principio rector de todas sus políticas. En Venezuela el oficialismo sufrió una durísima derrota en las elecciones de la Asamblea Nacional de Diciembre del pasado año pero el chavismo aún conserva el gobierno. No obstante, surgen muchas dudas acerca de su estabilidad en el mediano plazo y la gobernabilidad del orden democrático venezolano ante el abismo que separa un Ejecutivo acosado por innúmeros problemas de gestión y corrupción y un Legislativo dominado por una derecha rabiosa y vengativa, y cuya lealtad a las reglas del juego de la democracia es más que dudosa. Y apenas hace unos días, la ajustada derrota, pero derrota al fin, sufrida por el gobierno del presidente Evo Morales en el referendo constitucional viene a completar una trilogía de fracasos que se torna aún más preocupante si se tiene en cuenta que hace pocos meses las fuerzas de izquierda en Colombia perdieron la Alcaldía Mayor de Bogotá y la de otras importantes ciudades. Agréguese a lo anterior la tambaleante situación del gobierno de Dilma Rousseff en Brasil, cuya continuidad en el cargo parece cada vez más pender de un delgado hilo, para comprender la gravedad del momento actual de la política sudamericana.
Autocrítica y debate: la gran ausencia

Una coyuntura como esta, descrita a grandes rasgos dado que es por todos conocida, exige llevar a cabo un análisis en profundidad de las causas que la explican. Para ello es necesario ejercer, como punto de partida, una sana y profunda autocrítica, huyendo de los discursos autocelebratorios que por demasiado tiempo prosperaron en la región. Quisiera señalar que hay en nuestros países una resistencia enorme a la autocrítica, tanto en la izquierda “en el llano”, renuente a examinar las causas de su ineficacia y de su inoperancia históricas como fuerza política, como en la “izquierda gobernante”, que se resiste a revisar críticamente lo actuado y a tratar de entender la génesis de su desventura actual.2 Tal como lo manifestara en su momento el ex presidente Raúl Alfonsín al autor de estas líneas: “en nuestros países la autocrítica se desliza velozmente hacia la antropofagia, con las desastrosas consecuencias que se desprenden de ello”. En el caso argentino luego de la inesperada (para el entorno presidencial) derrota del kirchnerismo representado en la candidatura de Daniel Scioli surgieron algunas voces reclamando que se explicara lo que parecía ser inexplicable. Pero a tres meses de producida la debacle del 22 de Noviembre del 2015 ni uno sólo de los dirigentes del Frente para la Victoria, comenzando por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, dijo una palabra acerca del asunto, y eso que muchos cuadros medios del kirchnerismo y algunos analistas independientes, como el autor de estas líneas, han venido reclamando insistentemente, y en vano, una autocrítica. La respuesta ha sido el más absoluto silencio.3 Creo que sin abandonar esta actitud va a ser muy poco probable que las fuerzas de izquierda y progresistas recuperen el papel protagónico que supieron tener en el pasado. Estas líneas pretenden hacer un pequeño aporte en esa dirección

El papel de los medios hegemónicos

Avanzando en esta línea primero que nada quisiera descartar un tranquilizador argumento utilizado hasta el cansancio en los últimos tiempos y según el cual la causa de este retroceso obedece a la perversidad de los medios concentrados que dispararon toda su artillería en contra de los gobiernos populares y manipularon eficazmente a la opinión pública. Sin duda que eso fue lo que hicieron, y de una manera brutal. Pero antes también lo habían hecho: ¿o acaso no ganaron Evo, Correa, el propio Chávez, Cristina, Lula, en contra de la presión de los medios hegemónicos? ¿Por qué entonces su prédica no surtió efectos tan deletéreos como los que demuestran al día de hoy? ¿Qué fue lo que potenció su gravitación? ¿Qué hubo en el medio? Repasemos: Una gestión de gobierno, con sus aciertos y errores4; una campaña electoral, pobre y mal concebida en Argentina, Bolivia y Venezuela, a contrapelo de los avances registrados en esa materia; la personalidad de los líderes, siempre sometida a intensas presiones, que pueden provocar reacciones desafortunadas o extemporáneas; el counseling de “la Embajada” asesorando a través de sus redes de ONGs a la oposición en la elaboración del discurso político, la presentación de los candidatos, la agenda a ser promovida, etcétera, todo lo cual constituye el marketing político cuya importancia no hace sino crecer de la mano, como lo subraya una y otra vez Noam Chomsky, de los avances en los estudios de la psicología del consumidor; las “campañas sucias” desacreditando a los candidatos progresistas que si bien jurídicamente quedan en la nada inciden en la opinión de una porción del electorado; el terrorismo mediático, amedrentando a la población sobre los males que sobrevendrán ante la insistencia de proseguir marchando por el “rumbo equivocado” a la vez que se agigantan los problemas actuales y se ocultan los logros de esos gobiernos; la “guerra económica”, de la cual Venezuela es la principal si bien no la única víctima, y que genera desabastecimientos, largas colas de los consumidores para adquirir productos de primera necesidad y ataques especulativos contra la moneda entre otras cuestiones; el agotamiento del boom de lascommodities producido por la persistencia de la crisis general del capitalismo y, por último, la “fatiga política” de sociedades cada vez más partidarias del cambio y la renovación de caras, programas, estilos de gobierno.

En suma: no se trata de negar el importantísimo papel de los medios pero sería un ejercicio de autocomplacencia quedarnos allí y no ver el cúmulo de otros factores intervinientes, entre ellos nuestros propios errores, que en el caso argentino fueron de tal gravedad que echaron por la borda doce años de gobierno y beneficiaron a un político, Mauricio Macri, que menos de un año antes no tenía chance alguna de salir victorioso en cualquier contienda electoral que tuviera lugar fuera de la ciudad de Buenos Aires. No sería exagerado aventurar que en este terreno el error principal –cometido no sólo en la Argentina sino en todos los países ya mencionados- fue carecer de una correcta política de comunicaciones; no haber comprendido los gobiernos populares que la comunicación política es un arte y una ciencia, que fue cultivada con esmero por la derecha bajo la asesoría de sus mentores norteamericanos y que nuestras respuestas fueron meramente instintivas, intuitivas, amateurs en más de un sentido. No supimos contrarrestar esa ofensiva, ni en los medios ni en las redes sociales. Estas últimas, sobre todo, podrían haber sido aprovechadas de modo mucho más eficaz para nuestra causa y no lo fueron. Y sin una adecuada comunicación política lo mucho y bueno que hicieron estos gobiernos quedó sepultado bajo una campaña de mentiras, tergiversaciones y descalificaciones orquestada por los oligopolios mediáticos, manipulando el sentir y la percepción de grandes sectores de la opinión pública. Encarar seriamente el desafío del tema comunicacional es una de las asignaturas pendientes más decisivas que enfrentarán los gobiernos y las fuerzas progresistas y de izquierda en los próximos meses. Hace tiempo que somos varios los que venimos insistiendo en este tema, sin que hasta ahora nuestras exhortaciones hayan sido tenidas en cuenta. La realidad actual nos obliga, en este terreno, a pegar aquel “golpe de timón” –para usar una expresión acuñada por Hugo Chávez- para elaborar, de conjunto, una estrategia continental de comunicaciones para librar en mejores condiciones la batalla de ideas, que es el núcleo fundamental de la batalla política. La derecha tiene una estrategia continental; nosotros no, y ni siquiera tenemos adecuadas estrategias comunicacionales a nivel nacional. Esto debe ser remediado sin más demora.

El cambio cultural y el impacto del “vulgorepublicanismo”

Dicho lo anterior y descartada la utilidad heurística y práctica de la unicausalidad mediática queremos llamar la atención a una segunda cuestión, muy importante y muy poco estudiada: el fenómeno del cambio cultural que ocurrió en los países latinoamericanos en los últimos quince años y que modificó en gran medida el entramado de valores, actitudes y creencias de las clases y capas populares. Esta es una dimensión que desgraciadamente no ha sido hasta ahora tenida en cuenta en los análisis de la izquierda y del progresismo, más centrados en torno a los componentes más crematísticos de la lucha de clases: salarios, ingresos, ganancias, plusvalías, desempleo, inflación. Estas dimensiones económicas son cruciales, pero desgraciadamente no son las únicas que cuentan porque todos los procesos vinculados a ellas están mediados por la ideología, el lenguaje y la cultura.

A partir de esa premisa quisiera sugerir que hay un elemento novedoso en la cultura de las clases y capas populares que permite formular algunas conjeturas acerca de las razones por las cuales tres gobiernos que llevaron a cabo ambiciosos programas de política social, que redistribuyeron ingresos, incluyeron a poblaciones secularmente oprimidas y excluidas, repartieron viviendas, abrieron las universidades al pueblo, protegieron minorías (o, en Bolivia, mayorías secularmente marginadas) fueron derrotados por los voceros del neoliberalismo que representaban la perpetuación de aquellas condiciones de opresión y explotación. ¿Cómo explicar este disparate?

Creo, en primer lugar, que ciertos componentes del discurso del “vulgorepublicanismo”, desdeñados por la izquierda, penetraron muy profundamente en el suelo popular. Por aquél debe entenderse un discurso que exalta las virtudes de la alternancia de los gobernantes como el test ácido de cualquier régimen democrático y, por consiguiente, la perversidad de cualquier propuesta política que pretenda abrir el camino a la perpetuación en el poder de un líder o de una fuerza política, por más popular que sea. Otro componente de aquel discurso exalta las bondades del cambio, no importa en qué dirección ni para hacer qué o en beneficio de quienes. El mundo está en constante mutación; el vértigo del progreso tecnológico hoy lo experimenta cualquier que acceda a un teléfono celular, cosa que no ocurría en el pasado. Y si el mundo cambia así de rápido en la esfera de la tecnología de la vida cotidiana, y en los usos y costumbres de la sociedad, ¿por qué no debería también cambiar en la política? Lo importante es cambiar. Lo que está, estuvo, y debe ser dejado atrás, hay que ir para adelante, confiados en el rumbo que señala el progreso técnico. El macrismo en la Argentina captó con mucha astucia este nuevo estado de ánimo cultural arraigado fuertemente en la sociedad argentina, al punto tal que la coalición que encabezó se denominó Cambiemos. Y tengo para mí que un fenómeno no muy distinto se está experimentando en casi todos nuestros países, incluyendo Cuba.5

Otro componente muy fuerte del “vulgorepublicanismo” es la idea de que existe una prensa independiente, que dice la verdad y que los gobiernos progresistas quieren acallar apelando a las más canallescas estratagemas: asfixiándolas negándoles la publicidad oficial, impidiendo su libre circulación, amenazando periodistas, etcétera. Tanto penetró esta idea que muchas gentes de los sectores populares, por lo menos en la Argentina, se sentían representados e interpretados por lo que la oligarquía mediática decía o emitía por radio o televisión. La prensa oficialista, u oficiosa, prestó un inestimable servicio a la derecha al presentar imágenes idílicas de la realidad, aumentando de ese modo el repudio de amplios sectores sociales al gobierno que, según los medios hegemónicos, “mentía” al pueblo. Por ejemplo, sostener que la inflación anual era de un dígito cuando el mismo gobierno homologaba convenios colectivos de los trabajadores con aumentos del 28 o el 30 por ciento; o admitiendo que el nivel de pobreza de la Argentina era equivalente al de Alemania, lo cual provocó no sólo el rechazo sino el enojo de los sectores populares que sentían que estaban siendo objeto de burlas por parte del gobierno nacional. Lo único que se logró con esa actitud fue que la sociedad perdiera totalmente confianza en lo que decía el gobierno. El poder mediático ni siquiera necesitaba mentir: simplemente ponía la noticia de los índices oficiales de inflación en primera plana, con resultados devastadores porque los asalariados sentían en sus bolsillos cuál era la dimensión real de ese flagelo.

La percepción de las políticas sociales y los derechos sociales

Más allá de los estragos del “vulgorepublicanismo”, creo también que los receptores populares de las políticas sociales ya no tienen la respuesta de antaño ante las mismas. Con aquellas políticas, precozmente implementada en los años cuarentas y cincuentas el peronismo, sin ir más lejos, conquistó la lealtad del pueblo durante tres generaciones. No ocurrió lo mismo con el kirchnerismo.6 Lo que puedo percibir, en función de observaciones dispersas pero en profundidad, es una suerte de fatiga ante el asistencialismo y ante la inefectividad, socialmente percibida, de las políticas sociales que no extraen a sus beneficiarios de la pobreza. Gentes del “conurbano profundo” de la Argentina, “targets” preferenciales de múltiples programas sociales del kirchnerismo, me confiaban días antes de las elecciones que votarían a Macri porque estaban hartos del clientelismo, de que los intendentes los llevaran de aquí para allá para vitorear a Cristina o a algún candidato, de tener que recibir una dádiva. Y además, señalaban muchos, “seguimos siendo pobres, muy pobres. Queremos trabajo genuino, y para eso tienen que venir inversiones. Y Macri puede traerlas”. La exigencia de “trabajo genuino” y la desconfianza en relación a los programas sociales aparecen como elementos novedosos en la escena popular argentina, sobre todo la segunda, cuando tales programas eran antes vistos como un derecho legítimo y suficiente. Puede ser que la superación del abismal desamparo social de los años noventas haya contribuido a “naturalizar” programas tales como la asignación universal por hijo y embarazo, la formalización del empleo doméstico acabando con las contrataciones no-registradas (“en negro”) para las trabajadoras del hogar y la universalización de la jubilación y que ahora sus beneficiarios, con toda razón, exijan nuevos derechos. Lo paradojal es que lo hagan apelando a una fuerza conservadora que jamás se preocupó por el bienestar de las clases y capas populares. En todo caso, y sin abundar tanto en detalles, el “trabajo genuino” aparece como una reivindicación de primer orden. El asistencialismo está bien por un tiempo pero cuando en función del mismo “mi familia hace tres generaciones que no trabaja y vive de planes sociales y mis hermanos terminan transando droga”, como me dijo un joven de José C. Paz, un distrito muy pobre del Gran Buenos Aires, la demanda se dirige a otro lado: a un trabajo estable, formal, registrado, rompiendo la dependencia de punteros, intendentes y jefes políticos.

Creo que algo similar ha ocurrido en Bolivia, aunque hay aspectos que emparentan más este caso con el de Venezuela. En efecto, en estos dos países la clase media como grupo de referencia, que no de pertenencia, irrumpió con fuerza en el imaginario popular. Dado que “el Comandante Chávez nos ha dado esta casa” -decía un caraqueño que participaba en un acto de Henrique Capriles con su franela ‘roja-rojita’ distintiva del chavismo- “ahora somos clase media y tenemos que cuidar lo que es nuestro. Chávez seguirá protegiendo a los más pobres, pero nosotros, como clase media, tenemos la obligación de cuidar lo que es nuestro. Y para eso nada mejor que Capriles.” Este fenómeno creo que también se reprodujo en cierto grado también en Bolivia.

En otras palabras, y sintetizando un razonamiento que podría ser muy largo, la tesis que quisiéramos compartir aquí es que, en ausencia de una intensa labor de educación política y concientización al estilo freiriano la expansión del consumo popular o el acceso a ciertos bienes y servicios no crea lealtades políticas duraderas ni es material confiable para la construcción de hegemonía política en el mediano plazo. El caso de Brasil demuestra más o menos lo mismo, y la matriz profunda creo que se encuentra precisamente ese cambio cultural que no hemos sabido interpretar en toda su significación. Cambio que ha tornado a las clases y capas populares más receptivas a interpelaciones “vulgorepublicanas” y a la seducción del consumismo y los valores mesocráticos, o clasemedieros, y por lo tanto, más reacias a aceptar las propuestas de gobiernos que exaltan las virtudes de la solidaridad, los derechos colectivos, la cooperación y la justicia social. Esto, va de suyo, constituye un enorme desafío a futuro.

La problemática de la organización

Un tema también insoslayable es la cuestión de la organización. No es un dato menor que la densidad organizativa de los países que estamos analizando se haya debilitado significativamente. En el caso de la Argentina ni el Frente para la Victoria, ni La Cámpora, ni Unidos y Organizados lograron plasmar estructuras organizativas dotadas de un mínimo de eficacia militante. Fueron creaciones burocráticas que no llegaron a calar en la profundidad del suelo popular. El debilitamiento de quien otrora fuera el mayor partido de masas de Occidente, el PT brasileño, salta a la vista, y dejó tanto al presidente Lula como, sobre todo, a la presidenta Dilma Rousseff indefensos ante los viciosos ataques de sus enemigos. En Bolivia también es fácil de observar el enflaquecimiento de los movimientos sociales, surcados por divisionismos, denuncias y ambiciones personalistas de todo tipo. Y otro tanto cabe decir si se examina la experiencia de Alianza País en Ecuador. No todos estos cuatro casos son iguales, hay matices, hay sumas y restas, pero el común denominador apunta hacia los problemas del enflaquecimiento y anemia de las estructuras organizativas, acompañadas por la deserción de importantes aliados, una pérdida de la mística militante y el impulso utópico de otros años. También, por la incapacidad para neutralizar la labor de socavamiento interno realizado por numerosas ONGs norteamericanas y europeas cuya función real es introducir divisiones en los movimientos populares y fomentar el enfrentamiento con las autoridades gubernamentales. Tal vez el PSUV venezolano pueda representar un caso más atenuado, pero igualmente inscripto en la misma línea tendencial.

De lo anterior se desprende la enorme importancia práctica, y la urgencia, por reconstruir las estructuras organizativas del campo popular. Para gobiernos que pretenden cambiar un estado de cosas injusto en la región más injusta del planeta la organización de lo que Maquiavelo llamaba “la calle” es de una enorme importancia estratégica. No basta con ocupar las “alturas del Estado”, como recordaba Nicos Poulantzas, para llevar adelante un programa siquiera moderadamente reformista. La inercia conservadora del estado, de todos los estados, cualesquiera que sea el signo político del gobierno, acabará por frustrar la posibilidad de un cambio. Para que este sea posible es preciso que el pueblo, “la calle”, se organice eficazmente. Desgraciadamente hay una tentación que reaparece una y otra vez en los gobiernos y que los lleva a desestimar la importancia de esto último: la “tentación tecnocrática”, pensar que hay quienes saben más y saben mejor, y que si se los deja obrar sin los ruidos y las molestias de la calle gobernarán mejor. Craso error. Aislado de un pueblo organizado y militante, el gobierno más radical es fácil presa de sus enemigos. Estos tienen bajo su control gran parte del personal de la administración pública, de las fuerzas armadas, de las policías, de la judicatura, del Congreso y aparte cuentan con el apoyo de los medios hegemónicos, del gran capital, de los poderes internacionales, comenzando por “la Embajada”. Además, estos grupos de poder pueden movilizar a amplios sectores populares en contra de los gobiernos a través de campañas de terror o de sus fábricas de mentiras. Lo ocurrido en Ecuador en relación a las leyes de herencia y plusvalía es de una elocuencia que ahorra mayores palabras. En suma, una correlación de fuerzas extraordinariamente desfavorable, aunque las apariencias electorales señalen lo contrario. Pero la correlación de fuerzas no se mide sólo por el veredicto de las urnas. Y para ello se requiere invertir grandes esfuerzos para desarrollar nuevas estructuras de organización del campo popular: más autónomas y plurales, menos verticalistas y personalistas, y diversas aunque no dispersas. Esto sin caer en un “basismo” paralizante a fuerza de pura catarsis, capaces de ejercer la crítica de sus propios gobiernos y, al mismo tiempo, ganar la calle para defenderlo de sus enemigos de clase. Estructuras, por último, que cumplan una crucial función de “dirección intelectual y moral”, como decía Antonio Gramsci, y que sean el semillero de nuevos liderazgos para las lides electorales, sindicales, universitarias. De lo contrario seguiremos cosechando derrotas. 

Salir del neoliberalismo, salir del capitalismo

Otro tema relacionado con el anterior es la subestimación en la que incurrieron las más diversas (y encontradas) corrientes de la izquierda y el pensamiento crítico de las enormes dificultades que se interponen a la construcción de un orden no sólo posneoliberal sino también pos-capitalista. Lo que los datos de la experiencia demuestran irrefutablemente es que la sola tarea de dejar atrás la gravosa herencia del neoliberalismo constituye casi una hazaña y que, precisamente por eso, nada podría ser más dañino que la alegre y complaciente celebración de la presunta llegada del posneoliberalismo a nuestras playas. Planteamiento este que parece ignorar que todavía hoy la liberalización financiera, la desregulación de los mercados, la privatización, la precarización laboral, la desindustrialización, la especialización productiva siguen teniendo una presencia definitoria en casi todos los gobiernos progresistas y de izquierda de la región y que estos aún se encuentran sumergidos en el neoliberalismo y lejos de las promisorias aguas del posneoliberalismo. Así como Marx y Engels, y después Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburg subestimaron la resiliencia del capitalismo como sistema y su formidable capacidad para absorber desafíos de todo tipo, el pensamiento crítico latinoamericano y las fuerzas de izquierda fueron también ellas víctimas de la misma ilusión. No era tan fácil derrotar al neoliberalismo y mucho menos iniciar el tránsito hacia el poscapitalismo. Este reconocimiento de ninguna manera es una concesión derrotista o una exhortación a abandonar la tarea ante la supuesta inexpugnabilidad del sistema sino que pretende enfatizar la necesidad de mejorar nuestro conocimiento del capitalismo como sistema mundial y en sus diversas concreciones nacionales. Quien no conoce no puede cambiar lo desconocido. Por eso recordaba Lenin que “nada hay más práctico que una buena teoría”. La tarea, por supuesto, es mucho más dura de lo que se pensaba porque el ataque a una ciudadela capitalista en la periferia -digamos Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela- no sólo es repelido por una vigorosa, multifacética y policlasista coalición interna sino que pone en funcionamiento las redes globales de defensa del sistema: las normas e instituciones internacionales (capitalistas hasta la médula) que regulan el funcionamiento de la economía mundial y que acuden rápidamente a socorrer a la fortaleza sitiada por las fuerzas anticapitalistas. El caso de los “fondos buitre” en Argentina ilustra con extraordinaria nitidez los nefastos alcances de este entramado capitalista mundial que cancela la soberanía de algunos estados nacionales; la arbitrariedad con que la legislación internacional penaliza a países de la periferia (Ecuador, con lo de la Chevron; Argentina, con los “fondos buitre”, y así sucesivamente; el papel del Departamento del Tesoro de Estados Unidos al penalizar a los bancos que viabilizan el comercio exterior de Cuba es otro ejemplo de lo mismo, así como las reglas de la OMC, la perniciosa influencia del CIADI del Banco Mundial o las regulaciones no-arancelarias que descaradamente protegen las economías de los gobiernos autoproclamados como voceros de una economía mundial regida por la libertad de comercio. Si a lo anterior le sumamos, para seguir con esta metáfora gramsciana de las trincheras, fortificaciones y casamatas, el crucial papel de los medios de comunicación, controlados por la burguesía imperial y sus aliados locales (que han creado una suerte de “Plan Cóndor de la Información” para desaparecer a la verdad) así como su victoria en la batalla de ideas comprobaremos que la superación del capitalismo es una tarea bastante más complicada de lo pensado. 

Sobre el “fin del ciclo progresista”

El complicado y amenazante tablero geopolítico mundial ha lanzado a Washington a la reconquista de América Latina, por cualquier método: “golpes blandos”, como en Honduras y Paraguay (que de blandos no tienen absolutamente nada); “guerras económicas”, como contra Venezuela; chantajes vía la demolición del precio del petróleo, para hundir a los principales enemigos del imperio: Rusia, Venezuela e Irán. “Desestabilizaciones continuas y acosos permanentes” a los gobiernos populares de la región, y así sucesivamente. Es que Estados Unidos necesita de una América Latina subordinada por completo, sin fisuras, para poder arremeter contra sus enemigos extracontinentales en Oriente Medio, Ucrania y el Mar del Sur de la China. Se comprende entonces la desesperación de la reacción imperial, desde el Tea Party hasta los exabruptos de Donald Trump y la urgencia de Barack Obama por “normalizar” las relaciones con Cuba, obstáculo fundamental para avanzar en la construcción de un nuevo consenso imperialista en el hemisferio.

Se comprende también la premura por redibujar el mapa sociopolítico de la región, para volver a una Latinoamérica también “normal”, es decir, acorde con la vieja historia en la cual los gobiernos del área se encolumnaban sin chistar detrás de las posturas de Washington. En otras palabras, regresar a la situación imperante hasta el anochecer del 31 de Diciembre de 1958, víspera de la Revolución Cubana. Tal intento está destinado al fracaso, pero eso no quiere decir que el imperio vaya a desistir de sus propósitos. Por eso los países de América Latina y el Caribe han ingresado en una zona de fuertes turbulencias. Algunos se apresuran a profetizar un supuesto “fin de ciclo” de los gobiernos progresistas y de izquierda, pero los datos duros de la experiencia no avalan ese pronóstico.7 Son gobiernos acosados y hostilizados y, en el caso de la Argentina, se sufrió una lamentable –e innecesaria, gratuita- derrota. El panorama venezolano no es alentador pero nada autoriza a pensar en la inminencia de un recambio constitucional del Ejecutivo a favor de la MUD. En las elecciones parlamentarias del 6 de Diciembre del 2015 hubo más de dos millones de chavistas que, enojados por la ineficacia oficial para controlar la situación económica, no acudieron a las urnas, pero sería poco sensato pensar que en una futura compulsa presidencial votarían por la derecha. En suma: estamos transitando una nueva fase económica (agotamiento del boom de las commoditieslatinoamericanas) y estancamiento o retrocesos de la movilización social y política, fase que plantea nuevas contradicciones y renovadas tensiones creativas, como recuerda Álvaro García Linera.8 Pero sería imprudente descartar ab initio la posibilidad de una recuperación del impulso ascendente de masas acicateado por la continuación de la crisis general del capitalismo y las penurias que este derrama sobre la periferia, potenciadas por la brutalidad de los ajustes neoliberales como los que se han puesto en marcha en la Argentina y, en menor medida, en Brasil. Una periferia, digámoslo brevemente, que no sólo experimentó un avance social y político sin precedentes en los últimos quince años, reduciendo las enormes brechas de desigualdad de antaño y adquiriendo una amplia gama de derechos ciudadanos que difícilmente puedan ser conculcados sin desencadenar enormes resistencias. Más importante aún, si algo ocurrió en América Latina y el Caribe, al calor de las grandes luchas en contra del ALCA y en pro de las transformaciones que modificaron significativamente el paisaje económico, social y político de los países de la región, fue el nacimiento de una difusa conciencia política antiimperialista y anticapitalista -intuida más que intelectualmente elaborada- tal vez confusamente expresada pero aún así dotada del suficiente vigor como para erigirse en un obstáculo nada desdeñable para los proyectos restauradores patrocinados por el imperio en la región.

De acuerdo a lo expresado más arriba podría hipotetizarse que más que la redistribución de bienes materiales el legado más significativo de estos años también ha sido un significativo cambio en la conciencia de las clases y capas populares, acompañando la expansión de los derechos ciudadanos y la construcción de estados democráticos basados en su activo protagonismo. Para los gobiernos neoliberales seguramente que será más sencillo reconcentrar los ingresos que abolir nuevos derechos recientemente conquistados y desciudadanizar a capas y grupos sociales que con estos procesos adquirieron por primera vez su condición de miembros de la comunidad política e internalizaron, si bien de manera difusa, el ideario emancipatorio y latinoamericanista del bolivarianismo. Por otra parte, no estaría demás interrogarse si las condiciones internacionales facilitarían un retorno al pasado, al tipo de ordenamiento hemisférico que esta parte del mundo conocía cuando se produjo el derrumbe de la Unión Soviética y los estrategos norteamericanos se engañaban con “un nuevo siglo americano”. La respuesta es obvia, todo lo cual nos conduce a preguntarnos si sería concebible hablar de un “fin de ciclo” a partir del sólo análisis del momento económico de una formación social. No nos parece convincente ni razonable. Todo pronóstico tiene un margen de error más o menos grande y no será este autor quien incurra en temerarias profecías. Digo sí, empero, que la historia sigue su curso, y mientras discurrimos en torno a estas posibilidades el viejo topo sigue haciendo su trabajo. En suma, son cuestiones abiertas que ameritan un examen minucioso que apenas si hemos esbozado aquí.

Notas

2 Un ejemplo es lo ocurrido en la Argentina con “Carta Abierta”. En ese espacio algunos de los más distinguidos intelectuales del país acompañaron la gestión gubernamental sin dejar trascender el menor asomo de crítica ante algunos groseros errores de gestión y de concepción que jamás deberían haber sido convalidados con su silencio. Sólo muy al final del mandato de Cristina, cuando el lamentable desenlace estaba a la vista, esbozaron algunas críticas, tardías y más bien superficiales. La justificación para esta complacencia era la virulencia del ataque de la derecha y sus grandes medios, chantajeando a quienes con sus críticas constructivas “le hacían el juego a la derecha”. La misión de los intelectuales no es nada fácil, y quedó demostrado en el caso que nos ocupa. Y no creo que sea exagerado agregar que este fenómeno está lejos de haber sido un mal exclusivamente argentino. Tengo para mí que, con distintas variantes, se reprodujo en otras latitudes.

3 Papel esencial, y que refuerza el de los intelectuales, es el que juegan los “entornos” presidenciales que, casi siempre con la mejor de las intenciones, impiden que el gobernante acceda a informaciones y opiniones que podrían inducirlo a cambiar de rumbo. Por algo Maquiavelo en El Príncipe recomendaba a este huir de sus consejeros y aduladores, que pavimentaban el camino hacia su propia perdición.

4 En relación a esto y para despejar cualquier duda me apresuro a expresar enfáticamente que en todos los casos que nos ocupan los aciertos históricos superan ampliamente los yerros en que puedan haber incurrido los gobiernos populares .

5 Esto remite a un tema arduo y complejo que no podemos sino mencionar aquí: la relación entre el cambio tecnológico o, dicho en el lenguaje clásico, “el desarrollo de las fuerzas productivas” y las actitudes, valores, sentimientos de la población. El fenomenal avance de la informática y las telecomunicaciones es de crucial importancia en la conformación de las identidades y opiniones políticas. Así lo comprueba, para el caso de las rebeliones de la fracasada “primavera árabe” Zbigniew Brzezinski en su más reciente obra, Strategic Vision .

6 El caso del primer peronismo requeriría un análisis muy extenso que no podemos hacer aquí. Basta con señalar, a modo de preámbulo para un estudio más pormenorizado, que la perdurabilidad de la identidad peronista refleja la radicalidad de sus políticas sociales y de la acelerada incorporación a la comunidad política de vastas masas populares hasta ese momento marginadas, todo lo cual ocurrió, además, en un contexto de rápida descomposición del estado oligárquico. Situación muy diferente a la que enfrentara el kirchnerismo y que podría ser una clave interpretativa de la distinta encarnadura social de sus legados.

7 Sobre este tema ver el dossier especial de ALAI, Revista No. 510 (Diciembre 2015), dedicado al tema “¿Fin del ciclo progresista?” http://www.alainet.org/es/revistas/510#sthash.Cq62hr5u.dpuf

8 Cf. su Socialismo Comunitario (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2015)

* Atilio A. Boron, Investigador Superior del CONICET. Profesor Titular Consulto de la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular de la Universidad Nacional de Avellaneda. Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales.

Vargas Llosa, su novela y el periodismo



1. El escritor peruano Mario Vargas Llosa ha presentado una nueva novela que ha intitulado: Cinco esquinas. Según opiniones, una mezcla de thriller y retrato social y político de los últimos días de la dictadura peruana de Fujimori (personaje que le ganó electoralmente la Presidencia peruana en 1990 al novelista). En su nueva novela critica el mal periodismo, "el amarillo y chismoso," y donde el sexo sirve de válvula de escape. Sin embargo este escritor como novelista es un gigante, pero como político se ha entregado a los intereses de los gobiernos de los EEUU y de las poderosas burguesías del mundo. Tras él, por su indiscutible prestigio, se han agrupado intelectuales y escritores que se han dedicado a combatir a los movimientos sociales.

2. Vargas Llosa, el afamado novelista peruano/francés y Premio Nobel, ha realizado declaraciones acerca del periodismo; aunque lo dicho no es nada nuevo, pero apuntado por él, es importante: “Quiero mucho al periodismo, pero me apena mucho la deriva que el periodismo tiene en este tiempo, que es entretenimiento sin límites, utiliza el escándalo, husmea en la basura humana para un público ávido de ese material”. ¿Entretenimiento?, como decía Azcárraga –dueño de Televisa- “Entretenimiento, como es y tendrá que ser la televisión”. Hace escarnio contra los pobres y miserables, como si fuera “basura humana”; exactamente, como hace Televisa y toda la TV en todas sus horas, “educando” así al pueblo.

3. Señala Vargas Llosa: “Nada socava tanto a las instituciones como un periodismo que delinque y convierte las mentiras en verdades”. ¿Olvida acaso que el objetivo de todas las empresas es ganar dinero valiéndose de todos las “mentiras y verdades” y los medios de información (en primer lugar la TV) se valen de ello? En la escuela se pasan los niños cuatro horas buscando verdades y frente a la TV 10 horas de manipulación ideológica. En México el 100 por ciento de la TV, el 99 por ciento de la radio y el 90 por ciento de la prensa escrita están absolutamente controlados por empresas y gobierno. Y, aunque la verdad no existe porque todas son interpretaciones, el poder de los medios, el económico y política, determina lo que es “verdad” y lo que es “mentira”.

4. El novelista peruano señaló que “el periodismo es necesario para la democracia y una prensa independiente es difícil de callar”. ¿Olvida que el problema es que en América Latina “la prensa independiente” –fuera de los esfuerzos de pequeños periódicos marginales de 2 mil ejemplares o mil lectores- no existe? Competir así con los poderosos medios de información que abarcan a decenas de millones, es un iluso entretenimiento. Los medios sirven de manera eficiente a eso que llaman democracia burguesa o formal, al juego electoral y parlamentario, pero para que el pueblo aprenda a ser crítico, analítico y rebelde, no sirven para un carajo mientras la dominación del sector minoritaria siga vigente.

5. Por último señala Vargas Llosa que “el problema actual surge del propio periodismo”. No comprendí esta idea porque no sé si se refiera a la honradez de los periodistas o a la posición de los empresarios de cada medio. Vargas sabe que -como enseña el periodista Jenaro Villamil- todo se reduce al “Poder del Rating” o índice de audiencia y si ésta baja, “significa la muerte sin paliativos” en lo económico, político, periodístico. El problema de los medios no será nunca de los periodistas o reporteros que son simples trabajadores al servicio del patrón que les exige subordinarse a “la línea del periódico”, esto es, a la ideología de la gran empresa. Mi experiencia, por haber estado en siete u ocho periódicos impresos, es suficiente.

lunes, 28 de marzo de 2016

Alerta!



A la comunidad nacional e internacional, organizaciones de derechos humanos ; por medio de la presente hacemos del conocimiento público que esta mañana jóvenes de la comunidad Guadalupe Carney, Trujillo, Colón, Honduras, Centro América, miembros del Movimiento Campesino del Aguán ,MCA, entraron a recuperar tierras que pertenecen al movimiento Campesino, dichas tierras están en las cercanías a la comunidad.

Como organizaciones defensoras de derechos humanos hacemos el llamado a estar alerta para evitar que se de represión y se asesine a los jóvenes así como se asesinó a 5 Campesinos en finca el Tumbador por guardias de Miguel Facuse y corporación Dinant.
Responsabilizamos al gobierno de Juan Orlando Hernández, junto al ejercito, Base Naval y Guardias de seguridad de lo que puedas pasar a estos jóvenes campesinos que demandan oportunidad donde trabajar y un derecho de sus padres y su futuro mismo.
Hacemos el llamado a las autoridades correspondientes para que resuelva esta problemática que genera tanto conflicto, pobreza y muerte a campesinos y campesinas en el valle del Aguan en Honduras.
Estemos Alerta ya que este gobierno reprime y asesina con toda impunidad ya que controla y manipula la justicia dejando desprotegida la población. Por el derecho a la vida y la justicia, acompañemos estos jóvenes. MCA presente.
Coordinadora de organizaciones populares  Aguan . COPA. Los Campesinos Asesinados, Carlos Escaleras y Berta Cáceres Vive, la lucha Sigue.
Informa/ Coordinadora de Orhanizaciones Populares del  Aguan. Copa Aguan