viernes, 29 de enero de 2016

Lo que depara el capitalismo para el futuro


Manuel Yepe

Economistas estadounidenses de diversa orientación política han estado opinando en estos días acerca del nuevo libro de Robert Reich titulado Salvando al capitalismo: para los muchos, no para los pocos, presentado en la Revista de Libros de Nueva York el 17 de diciembre de 2015.

Para Paul Krugman fue gratificante constatar la sinceridad descarnada que expresa el título de libro de Reich porque “salvar el capitalismo” implica que el capitalismo está contra las cuerdas, o sea, en peligro de extinción, “consideración en la que creo, saludo y comparto”. El marxista Zoltan Zigedy señala que Robert Reich, Paul Krugman y Joseph Stiglitz comparten altos logros en la economía académica y constituyen un triunvirato intelectual no marxista bien informando. Aunque ellos no estén de acuerdo en todo, comparten un conjunto básico de creencias en la viabilidad del capitalismo y su necesidad de reforma. No obstante es raro ver a algunos sugiriendo manifiestamente la urgencia de salvar el orden burgués.

La urgencia deriva del espectacular aumento de la desigualdad económica en los principales países capitalistas, particularmente en Estados Unidos. Krugman confiesa que la desigualdad era una cuestión que Reich y él “empezaron a tomar en serio” ya hace veinticinco años. “Pero creo que es justo decir que no tomamos en serio ese crecimiento de la desigualdad como una característica estructural del capitalismo hasta que apareció el importante trabajo de Thomas Piketty hace dos años”.

Según Zigedy, los economistas no marxistas Krugman y Reich han modificado su interpretación de las causas del crecimiento de la desigualdad durante las últimas décadas. Krugman, afirma Zigedy, describe un capitalismo desarrollado actual que se asemeja al capitalismo que los marxistas vienen describiendo desde hace más de medio siglo.

Hace décadas, los economistas liberales sostenían que el aumento de la desigualdad era resultado de que había sectores de la clase obrera que no reunían los requisitos tecnológicos o carecían de las habilidades exigidas por el “cambio tecnológico basado en la habilidad” (SBTC, por sus siglas en inglés). La educación era vista por ellos como el gran nivelador, estabilizador de la riqueza y el avance de los atrasados. Pero con la actual ruptura de la correlación ente nivel de educación y compensación, todos rechazan el SBTC como explicación adecuada y clave para detener el crecimiento de la desigualdad. El aumento del número de graduados universitarios abrumados de deudas rompió esa ilusión. Así, Krugman sustituye la explicación tecnológica para el crecimiento de la desigualdad, por algo que es eje central del estudio de Reich, el poderío monopólico. Es la concentración del poder económico en manos de pocos jugadores corporativos lo que lleva al aumento de la desigualdad económica. Según Krugman y Reich: “… es evidente que nuestra economía se asienta mucho más en los monopolios y oligopolios que en la competencia atomística.”
Zigady pregunta ¿Por qué Reich y Krugman tardaron tanto tiempo en llegar en esta consideración a la que Lenin arribó hace más de cien años? Escritores marxistas como Paul Baran y Paul Sweezy dedicaron hace casi cincuenta años un influyente libro al capitalismo monopolista.

Así, los economistas no marxistas y sus aliados políticos hasta hace poco desdeñaban el concepto de poder de monopolio, que los marxistas han hecho pieza central de sus análisis.

Pero Krugman y Reich revelan otros acoplamientos cruciales: entre el poder político y el poder económico (poder monopólico) y los del mercado con el poder político. Ellos observan que el poder monopólico es sostenido, protegido y ampliado por actores políticos, así como que los actores políticos son seleccionados, alimentados y guiados por el poder de monopolio. Esto crea un preocupante problema para aquellos que buscan la reforma del capitalismo.
En palabras de Krugman, la conclusión a que llega Reich es que la creciente riqueza en el segmento poblacional superior incrementa su influencia política mediante contribuciones de campaña, cabildeo y recompensas. La influencia política, a su vez, sirve para reescribir las reglas del juego en la sociedad. El resultado es una especie de espiral, el círculo vicioso de la oligarquía.

Para los marxistas, la concentración engendra necesariamente capitalismo de monopolio, que posteriormente se funde con el Estado, creando una síntesis que convierte a las normas del Estado en policías en el terreno económico encargados de maximizar la viabilidad y el éxito del capital monopolista.

Nada demuestra mejor ese maridaje que los rescates de las mega-corporaciones (“supuestamente demasiado grandes para quebrar”) ante las crisis y el evidente incremento del dominio del capital monopolista en el sistema político de dos partidos que rige en Estados Unidos.

jueves, 28 de enero de 2016

En Honduras la justicia es una mercancía



Nosotras, hijas de nuestra Heroína Nacional Visitación Padilla, ante el pueblo hondureño en general  y a las mujeres en particular, hacemos saber nuestra inmensa indignación y dolor provocado por la arrogancia, soberbia e irrespeto con que nos trata Estados Unidos de Norteamérica, nunca, ni en la época del Enclave bananero habíamos sentido el peso humillante de ser un país ocupado económica, política y militarmente, jamás aceptaremos perder nuestra dignidad, si así fuera, negaríamos la histórica gesta de todas aquellas que en 1924 junto con Visitación Padilla, lucharon contra la presencia de marines norteamericanos, en nuestro territorio.

Hoy, cuando se está a punto de elegir una ”nueva” Corte Suprema de Justicia cabe el llamado de nuestras ancestras, para rechazar el sometimiento al invasor prepotente, que ha hecho pasarela con los dizque dirigentes de los partidos políticos, diputados y diputadas para dictarles las pautas de la política de justicia en Honduras.
Es manifiesto el irrespeto a la población por parte de los políticos, cuando sin la menor vergüenza abren los mercados de ofertas, obviamente se disputan ese poder del estado para beneficio propio cambiando votos por canonjías disfrazadas, sin pensar en cambiar un sistema de justicia sexista, por uno que por lo menos respete los derechos humanos de las mujeres y de la población en general, no como ocurre actualmente, donde los privilegios son los que deciden la culpabilidad o la inocencia de los acusados o acusadas.
Es casi imposible pensar que los dueños de los partidos ignoren que avalan este sistema jurídico discriminativo tomando en cuenta la realidad que vivimos en el país. La intervención descarada del gobierno de los Estados Unidos en nuestros asuntos internos; el avance de la militarización o de la industria extra activista; la instalación de las ciudades modelo; los continuos delitos sexuales o el asesinato de mujeres, niños y niñas, la persecución contra los indígenas y Garífunas que luchan por la tierra de la cual son sus legítimos propietarios, nada de eso es vital para hacerse sentir como oposición.
Nosotras como mujeres organizadas en el Movimiento “Visitación Padilla”, Exigimos Justicia para que resuelvan y condenen a los responsables de cientos de Femicidios, mujeres que han sido asesinadas, violadas, ultrajadas, Exigimos Justicia para cientos de denuncias por violencia doméstica o  pensiones alimenticias, Exigimos Justicia  para 800 mujeres campesinas  que  permanecen presas injustamente, Exigimos Justicia para las obreras de las maquilas que cargan en su cuerpo el resultado de la explotación, por esto  y más humillaciones que vivimos y sufrimos, consideramos que este tipo de  elección no nos sirve, se agotó casi  sin practicarla, porque los políticas convirtieron esta justa aspiración de Justicia en un juego de ruleta, donde prevalecen las ambiciones personales o de grupo, que rompen con cualquier método ético y profesional.
La importancia de la Justicia merece hacer una elección vía voto popular, es decir que los miembros de la Corte Suprema de Justicia se elijan vía directa por la población, sin la intervención de los partidos políticos, de tal forma que el compromiso de los electos sea con el pueblo y no con ellos -los  partidos políticos- así  mismo se promueva una discusión abierta y pública donde cada ciudadano o ciudadana pueda expresar lo que piensa sobre ese poder del Estado y  regular de manera democrática  los requisitos que se deben cumplir para integrarlo y de esa manera acercarnos a la Justicia que hasta ahora no existe porque tiene valor de cambio.
Exigimos paren Ya el manoseo de esta elección, que ha sido objeto desde sus inicios sin importarles absolutamente nada, solo sus intereses como partidos. Ratificamos aun a costa de nuestra propia seguridad, que seguiremos siendo oposición, denunciando públicamente a los agresores, femicidas, acosadores, violadores, padres irresponsables y cualquier acto que viole nuestros derechos  humanos.
iii Una Justicia Arreglada, Producirá Una Corte Suprema Fracasada!!!

¿Voto de confianza?



De acuerdo a los reportes de las agencias internacionales de noticias, la Organización de Estados Americanos, OEA, ha pedido a la sociedad hondureña un “voto de confianza” en la conducción de la Misión de Apoyo en la lucha Contra la Corrupción y la Impunidad, MACCIH.

“Le pedimos a la sociedad hondureña que nos dé un voto de confianza”, dijo textualmente el secretario para el fortalecimiento de la democracia, Francisco Guerrero. Y a renglón seguido manifestó que, y citamos íntegramente sus palabras, “el secretario general, Luis Almagro, ha acreditado que es un hombre que defiende la democracia y que ha tratado de transformar la OEA con un discurso activo”.

¿Hemos de dar ese voto de confianza como si fuese un voto en blanco? Existen importantes sectores de la sociedad hondureña, entre quienes nos situamos el ERIC y Radio Progreso, que no podemos dar así sin más un voto de confianza a un organismo como la OEA que ha dado muestras palpables de haber parcializado en extremo su presencia en el actual conflicto hondureño. Es muy difícil que ahora, sin signos históricos que lo demuestren, confiemos en sus palabras, porque, a fin de cuentas, las palabras de la OEA que no han sido acompañadas de evidente independencia ante el gobierno, son como esa paja que, sin la semilla que le da contenido, se la lleva el viento.

¿Hemos de dar ese voto de confianza a la OEA? No podemos olvidar que esta entidad se hizo presente en Honduras para acompañar un diálogo tan necesario entre los diversos sectores de la sociedad hondureña, pero se decantó hacia el respaldo y aval de la versión del diálogo parcializado que lideró el gobierno del ciudadano presidente de la República, sin duda alguna, el personaje con más alto cuestionamiento por los diversos sectores indignados que se movilizaron a lo largo de varios meses exigiendo respuestas a la corrupción y a la impunidad.

Un amplio abanico de organizaciones de los sectores hondureños –entre los que nos situamos nosotros como ERIC y Radio Progreso—no solo no fuimos convocados, sino que todas las propuestas y cuestionamientos nuestros fueron invisibilizados, ignorados o estigmatizados.

No dudamos de la vocación democrática del Señor Secretario de la OEA, Don Luis Almagro. De lo que dudamos es de la capacidad que pueda tener una instancia como la MACCIH para llegar al fondo de las investigaciones, si justamente fue impulsada como resultado de una alianza entre el cuestionado gobierno que preside Don Juan Orlando Hernández y la OEA.

Mientras no nos expliquen por qué la MACCIH y no la CICI-H al modo como se instaló en Guatemala, y mientras esta propuesta no alcance un notable consenso entre diversos sectores que hemos cuestionado de frente el involucramiento del grupo de gobierno en actos de corrupción, puede resultar hasta una ofensa que el Señor Secretario de la OEA nos venga a pedir un voto de confianza.

Seguimos demandando un auténtico diálogo nacional con la participación de todos los sectores de la sociedad y sin ser condicionado por el cuestionado gobierno. Del mismo han de surgir los acuerdos e instancias que mejor contribuyan a investigar a fondo a los responsables de la impunidad y la corrupción. Todo lo demás, solo puede ser visto y acompañado por los sectores que no participaron en ningún proceso de diálogo, con desconfianza y escepticismo.

José Martí y su correspondencia epistolar: Odas a la amistad, al periodismo y a la independencia de América Latina





Introducción  

La correspondencia epistolar representa una parte sustancial de la inmensa obra de José Martí, que a menudo privilegió este tipo de comunicación característico de su época. El Apóstol cubano intercambió así, a lo largo de su vida, centenas de cartas y esta abundante correspondencia se explica, entre otros, por el hecho de que pasó una gran parte de su vida en el exilio, lejos de los suyos y de sus seres queridos. La mayor parte del contenido epistolar es de orden político, pero también hay correos más personales, más íntimos, en los cuales expresa sus sentimientos amistosos.

La amistad es importante para José Martí. En una entrevista con un periodista estadounidense confiaba lo siguiente: “ Si me preguntan cuál es la palabra más bella, diré que es patria; y si me preguntan por otra, casi tan bella como patria, diré amistad”. [1] Pues “para todas las penas, la amistad es remedio seguro”. [2] El patriota cubano intercambiaría así una sólida correspondencia con el mexicano Manuel Mercado, su confidente y mejor amigo, su apoyo moral en los momentos difíciles, con el cual mantendría un fuerte lazo fraternal y a quien dedicaría versos poéticos. [3]

Así, dos cartas dirigidas a Mercado en 1884 y 1889 son reveladoras del estado de ánimo de José Martí, de sus momentos de debilidad y de sus vicisitudes cotidianas. Del mismo modo otras cuatro cartas enviadas respectivamente a Valero Pujol, director del periódico El Progreso de Guatemala, Fausto Teodoro de Aldrey, director del periódico La Opinión Nacional de Caracas, Bartolomé Mitre y Vedia, director del periódico La Nación de Buenos Aires, al director del diario La República de Honduras, ilustran la rica y abundante colaboración periodística del Apóstol. Por fin, los correos a Roque Sáenz Peña, representante de Argentina en la Conferencia de Washington, Pío Víquez, director del periódico El Heraldo de Costa Rica, y Federico Henríquez y Carvajal, ardiente defensor de la emancipación de Cuba, arrojan una luz sobre la dedicación constante del cubano a la libertad de América Latina.  

Manuel Mercado  

Una amistad de más de veinte años unió a Manuel Mercado, abogado mexicano, a José Martí. Manuel Mercado conoció al patriota cubano el 10 de febrero de 1875 cuando ése llegó a México. Ambos intercambiaron una correspondencia variada de más de 140 cartas entre 1875 y 1895. Martí abordó tanto los problemas políticos del continente como temas más personales. Prueba de esta indefectible amistad, la última carta que redactaría Martí en vísperas de su muerte el 18 de mayo de 1895, la dirigiría a su “hermano muy querido, el más querido”. [4]

Resulta interesante analizar la carta del 13 de noviembre de 1884 que el Maestro escribió a Mercado desde Nueva York. José Martí expresa su estado de ánimo a su confidente y amigo y le hace partícipe a la vez de sus proyectos y de sus dificultades económicas. La misión de su vida sigue siendo la independencia de Cuba, sobre todo tras el fracaso de la primera guerra de liberación entre 1868 y 1878, por la cual se entrega cuerpo y alma en detrimento de su existencia personal. Martí evoca los límites financieros a los cuales se enfrenta en su búsqueda de los recursos necesarios para la consolidación del proyecto patriótico. Sabe que la lucha será “ desesperada y larga”. La causa de la libertad devora sus escasos ingresos y, leal a sus principios, su conciencia lo obligó a renunciar al cargo de cónsul interino de la República Oriental de Uruguay –su “único modo de vivir”–, por la “amistad” de Montevideo “con España”, la opresora de Cuba. [5]

Relata a su “hermano” mexicano su encuentro con Máximo Gómez y Antonio Maceo, los dos principales líderes, “valientes y puros”, del movimiento independentista cubano. La reunión es tempestuosa y José Martí se opone a los dos jefes, que desean emprender la batalla por la emancipación de la isla rápidamente. El exilado cubano estima, con razón, que no están reunidas las condiciones para librarse del yugo español. Para él está fuera de cuestión emprender “una campaña incompleta y funesta si no cambia de espíritu”. Hace falta primero federar a las fuerzas patrióticas en una misma estructura para conseguir la unidad necesaria para la victoria de la causa de la libertad. Del mismo modo es imprescindible echar las bases de la futura república antes de lanzar la epopeya revolucionaria, con el fin de evitar que la independencia desemboque en una nueva autocracia. [6]

Su opinión respecto a los dos patriotas cubanos es severa y expresa sus reservas: “¿A qué echar abajo la tiranía ajena para poner en su lugar, con todos los prestigios del triunfo, la propia?” Martí acusa a Maceo y a Gómez de querer hacer de la guerra de independencia una “empresa propia” y lamenta la “desdeñosa insolencia” de los dos veteranos respecto a él, cuando dedica todos sus esfuerzos desde hace años a la empresa revolucionaria, “al servicio de mi patria”. [7]

En esta misiva, Martí solicita la ayuda de su amigo Mercado para que le consiga una colaboración periodística semanal en el Diario Oficial de México sobre los asuntos estadounidenses, lo que le permitiría asegurar su subsistencia y la de su familia. Su contrato con el periódico Sun, en el cual escribe en francés, no le alcanza para hacer frente a los gastos diarios. El exilado cubano propone también a Mercado lanzar una revista mensual desde Nueva York que trataría de política, economía, literatura y arte, y que se distribuiría con una decena de diarios latinoamericanos. Para ello pide una retribución mensual de 120 dólares, sin lograr ocultar su sentimiento de malestar: “¿No ve que me debe estar dando vergüenza hablarle de esto?” Para sobrevivir, Martí se ve obligado a realizar una actividad comercial que le provoca “disgusto”. Para enfatizar la urgencia de la situación, termina su carta con un implorante “ayúdeme”. [8]

Esta carta a su amigo mexicano es doblemente interesante. Ilustra primero el profundo desacuerdo político de José Martí con Antonio Maceo y Máximo Gómez sobre la estrategia a adoptar para poner fin al colonialismo español y edificar una patria soberana. Por otra parte, este intercambio epistolar muestra la dura vida cotidiana del exilado cubano en Nueva York, confrontado a regulares vicisitudes al punto de que no logra asegurar su propia subsistencia ni la de sus seres queridos.

Otra carta a Manuel Mercado de diciembre de 1889 muestra hasta qué punto el amigo mexicano es el verdadero confidente de Martí. “¿Por qué no he de hablarle más que de mí en mis cartas?”, pregunta el cubano. El patriota se disculpa por la escasez de los intercambios epistolares. Se dedica por completo a la defensa de sus “ideas queridas” y de sus “deberes públicos”. Sólo tiene una cosa en mente: “mi tierra y mis otras tierras americanas”. El año es importante ya que Martí participa como delegado en la Conferencia Panamericana de Washington y pronuncia su famoso discurso “Madre América”. Ya no hay tiempo para “escribir a la madre enojada, o al hermano ejemplar, o al generoso hermano literario, o a los entusiastas amigos”. Pero en cuanto coge la pluma no puede dejar de hablar de su propia persona, como si desease satisfacer esa irreprimible necesidad de confesión. [9]

Martí informa al amigo mexicano de que dedica toda su energía y sus limitados recursos a luchar contra la “la política de intriga y división” que lleva Estados Unidos “con daño general de nuestra América”. “¡Qué esfuerzos para hacerles entender que México no es su enemigo, sino en cuanto ellos se presten a ser aliados de los enemigos de México!”, lamenta el cubano. “Quiero libre a mi tierra –y a mi América libre”. [10]  

La amistad –profunda y sincera– fue el vector de la relación entre José Martí y Manuel Mercado. El cubano encontró en el mexicano al asesor precioso, al confidente fiable y al hermano que siempre quiso tener.  

Colaboraciones periodísticas  

José Martí desarrolló a lo largo de su vida una intensa actividad periodística y colaboró en muchos diarios y revistas. Esta relación profesional también se transformó en relación amistosa con los directores de los periódicos que publicaron sus trabajos. Las cartas intercambiadas con ellos tienen a la vez un contenido profesional y, a veces, un lado más íntimo.

En una carta a Valero Pujol, director del periódico El Progreso de Guatemala, del 27 de noviembre de 1877, Martí expresa su agradecimiento por la publicación de un artículo elogioso sobre el discurso que pronunció el 15 de septiembre de 1877 por la conmemoración de la independencia de Guatemala. En efecto, Martí había rendido homenaje a la nación centroamericana que ofrecía al exilado perseguido una generosa hospitalidad: “Canté a la Guatemala laboriosa […].Canté una estrofa del canto americano”. [11]

No obstante Martí rechaza la crítica que aparece al final del artículo y recuerda algunos hechos. En su discurso vibrante pero sin concesiones, el Maestro defendió la causa indígena, recordando que los pueblos precolombinos constituían el alma de la patria guatemalteca: “Volví los ojos hacia los pobres indios, tan aptos para todo y tan destituidos de todo, herederos de artistas y maestros, de los trabajadores de estatuas, de los creadores de tablas astronómicas, de la gran Xelahú, de la valerosa Utatlán”. [12]

El cubano defendió esta “América fabulosa”, denunciando las “rencillas personales, fronteras imposibles, mezquinas divisiones”, que constituyen obstáculos al progreso humano y a la unión continental. “Ensalzando a la trabajadora Guatemala, y excitándola a su auge y poderío, ¿habré obrado contra ella? Rogando a una hermana que sea próspera ¿habré obrado en mal de la familia?”. He aquí las respuestas interrogativas de Martí a sus detractores. No vive para brindar alabanzas halagüeñas, sino para decir la verdad: “Un hombre nace para vencer, no para halagar”. La pasión explica su vehemencia y sólo lo mueve el amor que siente por Guatemala. [13]

El orador concluye su carta con ardor:  

Estoy orgulloso, ciertamente, de mi amor a los hombres, de mi apasionado afecto a todas estas tierras, preparadas a común destino por iguales y cruentos dolores. Para ellas trabajo, y les hablaré siempre con el entusiasmo y la rudeza […] de un hijo amantísimo, que no quiere que sus amigos llamen a la energía necesaria, inoportunidad; a las resistencias sordas, circunstancias.

Vivir humilde, trabajar mucho, engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas, pagar a los pueblos el bien que me hacen: éste es mi oficio. Nada me abatirá; nadie me lo impedirá. Si tengo sangre ardiente, no me lo reproche U., que tiene sangre aragonesa.

Ud. me ha hecho mucho bien: –hágame aún más. No diga U. de mí, –que eso vale poco: “Escribió bien”, “habló bien”. –Diga U., en vez de esto: “Es un corazón sincero, es un hombre ardiente, es un hombre honrado”. [14]  

Decir la verdad, sin hipocresía, a los seres estimados y para quienes uno desea lo mejor. Tal es la concepción de la amistad de José Martí.  

En una carta de despedida a su amigo Fausto Teodoro de Aldrey, director del diario La Opinión Nacional de Caracas, del 27 de julio de 1881, José Martí le anuncia la inminencia de su salida de Venezuela para Nueva York y le expresa en términos cálidos su amistad y gratitud. Su apego a la tierra de Bolívar donde vivió varios meses es sincero. Se lleva las “ tiernas muestras de afecto” que recibió, los “hidalgos corazones” y “los ideales enérgicos”. Martí se reivindica hijo de Venezuela e hijo de América, dispuesto a servir la causa de la emancipación. Informa también a Aldrey de que deja de aparecer su Revista Venezolana y se despide con hermoso homenaje: “A este noble país, urna de glorias; a sus hijos, que me han agasajado como a hermano; a Ud., lujoso de bondades para conmigo, envía, con agradecimiento y con tristeza, su humilde adiós José Martí ”. [15]

En otra misiva a Bartolomé Mitre y Vedia, director del periódico La Nación de Buenos Aires, del 19 de diciembre de 1882, Martí expresa su alegría al recibir la correspondencia de sus amigos, sobre todo cuando una comunidad de ideales y pensamientos une a las personas. [16]

El cubano responde positivamente a una propuesta de colaboración mensual en el diario argentino. A partir de enero de 1883 mandará sus crónicas sobre Estados Unidos desde Nueva York, pero usará su pluma para emitir críticas constructivas: “ Suelo ser caluroso en la alabanza […]. Cuando haya cosas censurables, ellas se censurarán por sí mismas”. Lamenta por ejemplo “este amor exclusivo, vehemente y desasosegado de la fortuna material”, que corrompe las sociedades de América. [17]

Martí aprovecha la carta para revelar detalles más íntimos. Así, confiesa que no ha visto a su mujer y a su hijo desde hace “dos años” hasta su visita de diciembre de 1882. Martí resulta perturbado por esa ausencia familiar y afectiva, así como por su aclimatación difícil a la ciudad de Nueva York que le han quitado “el sosiego de espíritu y claridad de mente necesarios para escribir con honradez y serenidad cosas que han de leer gentes sensatas”. También le hace partícipe de sus aprietos económicos ya que apenas dispone del “papel” necesario para redactar la carta. [18]

Por otra parte, en una carta del 8 de julio de 1886 al director de La República de Honduras, José Martí lo informa de que redactará “periódicamente” para el diario una revista sobre la vida en Estados Unidos que sería de interés para la nación centroamericana. “ La cultura no ha tenido todavía tiempo de distribuirse en la masa con la abundancia necesaria”, apunta el cubano. Es necesario brindarla a “nuestros pobres pueblos nuevos, bautizados en la ignorancia y en el odio”. [19]

José Martí denuncia también las “resistencias de los privilegios”, las “acumulaciones de poder en los caudillos populares”, el “desdichado servimiento de los hombres cultos”, las “mismas guerras frecuentes” que llevan a América Latina a la ruina y al deshonor. Al contrario es preciso sustituir ello por “la fe en nuestras fuerzas propias, el conocimiento de nuestras necesidades verdaderas, el desdén de los combates inútiles, y las virtudes de los trabajadores”. [20]

Martí, respetando las conveniencias, alaba el camino escogido por Honduras aunque peque de exageración: “Acá en Nueva York, por ejemplo, apenas hay país hispanoamericano que esté ante el público con más gallardía que Honduras”. Apunta con placer evidente que ese país, cuyos intereses se representan en “uno de los más bellos edificios de Nueva York”, suscita la apetencia de los hombres de negocios por sus riquezas naturales. El cubano concluye su misiva informando al director de que transmitirá todas las noticias de interés sobre todos los aspectos de la sociedad estadounidense. [21]  

Las colaboraciones periodísticas de José Martí dan una idea de su impresionante actividad intelectual y de su prestigio por todo el continente. Los diarios latinoamericanos más importantes solicitaron regularmente los análisis del patriota cubano.  

La independencia de América Latina  

La independencia de América Latina fue la obra de toda la vida de José Martí. La corta misiva del 10 de abril de 1890 a Roque Sáenz Peña, representante de Argentina en la Conferencia de Washington y futuro presidente de Argentina (1910-1914), ilustra la dedicación constante de Martí a la libertad del continente. Es sólo un ejemplo entre muchos. [22]

En una carta del 8 de julio de 1893 a Pío Víquez, fundador del diario El Heraldo de Costa Rica, amigo íntimo que le tendió una mano fraterna en momentos difíciles, el Maestro llama a “ mantener a esta América nuestra”. Aprovecha la ocasión para rendir tributo a Costa Rica que le abrió brazos acogedores: “Yo llegué ayer, insignificante e ignorado, a esta tierra que siempre defendí y amé, por culta y viril, por hospitalaria y trabajadora, por sagaz y por nueva”. [23]

José Martí también tuvo un intercambio epistolar con el dominicano Federico Henríquez y Carvajal, gran partidario de la independencia de Cuba. Su carta más célebre sigue siendo la enviada el 25 de marzo de 1895, el mismo día que redactó el Manifiesto de Montecristi con Máximo Gómez, que echa las bases de la Segunda Guerra de Independencia. En esta carta de despedida, Martí expresa su sentimiento. En vísperas de su salida para Cuba (el 11 de abril), se muestra lúcido en cuanto a los peligros: es tiempo de “ encarar la muerte ” para salvar a “ la patria cuajada de enemigos”. Era inconcebible para el patriota cubano no participar en “la guerra necesaria” pues no se puede “predic[ar] la necesidad de morir y no empez[ar] por poner en riesgo su vida”. Martí es consciente de lo que le reserva el porvenir y no aspira a nada más que realizar su sueño de libertad: “Para mí la patria, no será nunca triunfo, sino agonía y deber […].Quien piensa en sí, no ama a la patria […]. Mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora”. Visionario, Martí sabe que el futuro de América Latina, amenazada por un poderoso vecino, depende de la libertad de Cuba: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa […]. Si caigo, será también por la independencia de su patria”. [24]  

El Apóstol cubano dedicó así todas sus fuerzas a dos grandes misiones durante su existencia: la libertad de América latina y la realización del proyecto bolivariano de una unidad continental.  

Conclusión  

En estos intercambios epistolares a la vez políticos, profesionales y amistosos, se ve el lado humano y frágil del exilado cubano, atormentado por las dudas y las dificultades financieras, lejos de sus seres queridos, que solicita la ayuda material y sobre todo moral de Manuel Mercado, el amigo íntimo, el confidente. Cabalmente dedicado a la causa suprema de la libertad, José Martí atravesó la vida cual un sacerdocio y el sufrimiento y la soledad marcaron el camino tortuoso de su existencia.

Se descubre también al periodista perspicaz, prolijo e informado, sutil observador de la sociedad estadounidense y de las sociedades latinoamericanas, que multiplica las colaboraciones en el continente, y cuyo análisis fino e implacable es apreciado por las elites intelectuales latinoamericanas.

Se ve finalmente al José Martí patriota, plenamente dedicado a la causa de la independencia de Cuba y del continente latinoamericano. Clarividente en cuanto al peligro que representan las ambiciones expansionistas de Washington, obra para despertar las conciencias e impedir el desarrollo del tenebroso proyecto estadounidense.  

Notas: 

[1] José Martí, “Dedicatoria a Lorraine S. Brunet », Obras completas, tomo 20, p. 510.

[2] José Martí, “Los lunes de La Liga”, Patria, Nueva York, 26 de marzo de 1892.

[3] José Martí, Versos sencillos (XLIV).

[4] José Martí, « Carta a Manuel Mercado », 12 de abril de 1885.

[5] José Martí, « Carta a Manuel Mercado », 13 de noviembre de 1884, in José Martí, Nuestra América, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] José Martí, « Carta a Manuel Mercado », diciembre de 1889, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[10] Ibid.

[11] José Martí, « Carta a Valero Pujol », 27 de noviembre de 1877, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] José Martí, « Carta a Fausto Teodoro de Aldrey », 27 de julio de 1881, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[16] José Martí, « Carta a Bartolomé Mitre y Vedia »,19 de diciembre de 1882, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] José Martí, « Carta al Director de La República », 8 de julio de 1886, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] José Martí, « Carta a Roque Sáenz Peña », 10 de abril de 1890, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[23] José Martí, « Carta a Pío Víquez », 8 de julio de 1893, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

[24] José Martí, « Carta a Federico Enríquez y Carvajal », 25 de marzo de 1895, in José Martí, Nuestra América, op. cit.

* Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano. http://monthlyreview.org/books/pb4710/ Contacto: [email protected] ; [email protected] Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Aruskipasipxañanakasakipunirak Ispawa *


Por Adalid Contreras Baspineiro **

La Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir está buscando su legitimación en la comunicología latinoamericana-caribeña, dando continuidad, profundidad y actualidad a corrientes de pensamiento abonadas en nuestro continente y asumidas en el mundo académico y político como paradigmas de comunicación. Me refiero a la Comunicación Popular que contiene a la Horizontal y Participativa y tiene la capacidad de desestabilizar la linealidad del Difusionismo, engarzando las construcciones discursivas en la praxis transformadora con la energía de la palabra ciudadana y de las luchas de las organizaciones sociales. También las Mediaciones que amplían la noción de la participación y las interdiscursividades en el mundo denso y amplio de la cultura hecha en la vida cotidiana, son un referente paradigmático de nuestra comunicología.
Ambas son corrientes que surgen como respuestas a sus tiempos históricos y que logran trasponer sus fronteras territoriales, políticas y culturales, para convertirse en referentes del pensamiento comunicacional no solo continental, sino universal, edificando así una comunicología latinoamericana-caribeña que, para considerarse tal, consideramos que requiere cumplir al menos tres requisitos básicos: 
1) ser expresiones de una epistemología del sur;
2) sostener un paradigma comunicacional; y 
3) insertarse en el campo político y del desarrollo.
En el presente ensayo nos hemos propuesto demostrar cómo la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir responde a estos tres requerimientos, incluyéndose en el mapa de la ecología comunicacional latinoamericana-caribeña contemporánea. En este cometido, el presente trabajo se subdivide en tres acápites que recogen los tres requisitos mencionados.
En el primer punto vamos a ver cómo el Vivir Bien/Buen Vivir, desde su cosmovisión integral de la vida buena en plenitud y armonía, es una de las expresiones más emblemáticas de las “epistemologías del sur”, que Boaventura de Sousa Santos las entiende como expresiones de subversión y ruptura con el pensamiento occidental eurocéntrico, cuna y hogar del colonialismo y el capitalismo. Estas epistemologías emergen desde la resistencia y desde las respuestas y propuestas desterradas a la sombra intelectual y del poder, gestándose en el seno de los pueblos, las organizaciones y los movimientos sociales en su cotidianeidad comunitaria y la búsqueda de su inclusión en un mundo al que lo aspiran más equitativo. 
El segundo factor que define la cualidad de una comunicología es la existencia de un paradigma de comunicación coherente con las epistemologías que lo sustentan. En este trabajo entendemos el paradigma en el mismo sentido que lo define Thomas Kuhn, condicionando la formulación de un marco conceptual y metodológico para organizar una disciplina, en este caso centrada en la interacción discursiva que construye, de/construye y re/construye sentidos de sociedad, de cultura, de política y de espiritualidad. Siguiendo la tradición latinoamericana, la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir, como se verá en el segundo punto de este trabajo, reivindica la trascendencia de la participación ciudadana en la expresión propia de la palabra y proyectos de sociedad acuñados en la cotidianeidad y las luchas de los pueblos. Esto implica –como sugiere Benjamin- valorizar la experiencia, espacio donde los sensoriums se realizan en materialidades del discurso que están exigiéndole a la academia que se desburocratice de su racionalismo clásico y se abra al aporte de las gnosis libertarias para una justicia cognitiva.
El tercer punto revisa cómo la historicidad de las epistemologías y de los paradigmas se evidencian en la intervención de la acción comunicativa en el espacio de la acción política que la entendemos en el sentido definido por Bordieau, con la intervención de actores, organizaciones y sistemas políticos de lucha por relaciones de poder que suponen batallas por la significación y por la hegemonía. La comunicología latinoamericana-caribeña es prolífica en sus aportes al cuestionamiento del desarrollo clásico y la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir va más allá del desarrollo, en tanto genera relatos y propuestas de alteración de las raíces históricas que sostienen las relaciones coloniales y capitalistas, por lo que sus enfoques y acciones encaminan un conjunto constructor de una nueva era civilizatoria. En este sentido, la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir es expresión del camino de superación del desarrollo clásico confundido con crecimiento, al mismo tiempo que se convierte en la expresión de la civilización de la vida buena en plenitud con inclusión y justicia. 
* Aruskipasipxañanakasakipunirak Ispawa es una palabra aymara que significa “Necesariamente debemos siempre comunicarnos unos a otros”. El presente documento fue expuesto en el Primer Congreso Internacional: Comunicación, Decolonización y Buen Vivir, CIESPAL, Quito, 16 al 18 de septiembre de 2015.
** Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano. Consultor internacional en integración. Ex Secretario General de la Comunidad Andina – CAN.

miércoles, 27 de enero de 2016

¿Puede seguir por un período más la actual Corte Suprema de Justicia?


Por German H. Reyes R. 

12 de los 15 magistrados a reelección

El período para el cual fueron electos los magistrados de la actual Corte Suprema de Justicia (CSJ) termina el 25 de este mes. Sin embargo, a pocos días de que el Congreso Nacional elija a las nuevas autoridades, del escenario político resurgen opiniones encaminadas a evitar la elección de las nuevas autoridades.

En ese contexto, los políticos mencionan la idea de que en caso de no elegirse la nueva Corte, continúen en sus cargos por un periodo más los actuales magistrados. Sin embargo, de acuerdo a la con la Constitución y la Ley, esto no sería posible.

“El período de los magistrados de la CSJ será de siete años a partir de la fecha en que presten la promesa de Ley, pudiendo ser reelectos”, dice el artículo 314 de la Constitución de la República. No obstante, teóricos de la materia opinan que para que esto suceda el funcionario debe someterse al proceso de evaluación y que la Junta Nominadora lo incluya en la lista de los 45 candidatos que debe presentarle al Congreso Nacional.

En otro sentido, el artículo 80 de la Ley orgánica del Congreso Nacional también establece que cuando concluye el periodo para el cual fueron electos los funcionarios que nombra ese poder del Estado y no se han designado los sustitutos, permanecerán en sus cargos hasta que se realice la elección. Es decir, no hay asidero jurídico para que los magistrados continúen por un periodo más, como viene manejando los círculos políticos.


Al contexto se suman las declaraciones que en febrero de 2015 vertiera en los medios de comunicación, el presidente la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera Avilés, en el sentido de haber recibido ofrecimientos para continuar en su cargo. “Me lo han propuesto instituciones como el Colegio de Abogados de Honduras, los miembros de la empresa privada y algunos miembros del Poder Ejecutivo y Legislativo” expresó Rivera Avilés.

A renglón seguido, el funcionario dijo que “eso no cruza por mi mente, estoy completamente enfocado a darle cumplimiento al período para el cual fui electo”.

Ante tal situación, organizaciones de la sociedad civil, como la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), la Coalición contra la Impunidad y la Alianza por la Paz y la Justicia, entre otras, en reiteradas ocasiones le han solicitadoa la Junta Nominadora y al Congreso Nacional, utilizar criterios objetivos en la escogencia de los magistrados, a fin de logar la despolitización del Poder Judicial.

“Estamos pidiendo que puedan definir indicadores de forma transparente, objetiva, que les permita valorar o hacer el análisis de cada uno de los candidatos”, manifestó Carlos Hernández, director ejecutivo de la ASJ. Para él, es importante que la lista que presente la Junta Nominadora ante el Congreso Nacional excluya a personas vinculadas a la corrupción y crimen organizado.

A esa petición también se suma la Coalición contra la Impunidad, organismo que ha instado a la Junta Nominadora a que en el listado de los 45 candidatos no se incluyan profesionales relacionados con actos de corrupción, bien sea a través del ejercicio profesional o por actuaciones en la judicatura. “Especialmente si se trata de vínculos con el crimen organizado, delincuencia común o saqueo de las instituciones estatales” destaca, en un manifiesto emitido recientemente.

De igual forma se han referido al tema organismos internacionales, como la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) y El Observatorio Internacional de la Elección Judicial en Honduras, conformado por la Fundación para el debido Proceso (DPLF), el Centro para la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) e impunity Watch, quienes hacen el llamamiento a la transparencia y rendición de cuentas en la elección de Magistrados y Magistradas a la Corte Suprema de Justicia.

Para estos organismos, la calidad del proceso de elección es un factor determinante para que Corte Suprema de Justicia pueda ser independiente e imparcial, en beneficio de todos los hondureños.

Pago de favores
Cabe mencionar que la actual Corte Suprema de Justicia ha sido duramente criticada por mantener una mora judicial arriba del 60% y por la tomar decisiones favorables a grupos privilegiados. En tal sentido, se menciona el apoyo que los 15 magistrados le dieron al empresariado y a los partidos tradicionales para perpetrar el golpe de Estado de junio del 2009.

El 21 de abril de 2015, la Sala de lo Constitucional, por unanimidad de votos, falló a favor de la reelección presidencial, al resolver la petición del expresidente Rafael Leonardo Callejas, 15 diputados del Partido Nacional y uno de la Unificación Democrática, que solicitaron declarar inaplicable el artículo 239 de la Constitución de la República, que prohibía la reelección de los presidentes y expresidendentes de la república.

“Juan Orlando Hernández, puede participar en las próximas elecciones generales, porque ya es permitida la reelección y es permitido que el presidente actual se inscriba como candidato”, dijo el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera Avilés, días después de haberse emitido el fallo.

El último fallo que la Corte emitió, corresponde al seis de enero pasado, y como regalo del Día de Reyes, el más alto tribunal del Poder Judicial, falló para que los partidos políticos, Alianza Patriótica y Faper puedan seguir participando en elecciones de autoridades, a pesar de no llenar los requisitos exigidos por la Ley Electoral vigente.

Trascurridas las elecciones pasadas, estos dos institutos políticos no fueron capaces de reunir ni los votos de sus representantes en las mesas electorales, por lo que de acuerdo a la Ley, el Tribunal Supremo Electoral los declaró desaparecidos.

La Sala del Constitucional los ha revivido, pese a que son señalados de vender las credenciales que emite el Tribunal Supremo Electoral, a representantes de los partidos tradicionales, en las mesas de recepción de voto. Para muchos sectores de la sociedad, esta es una jugada política de los nacionalistas para seguir controlando las mesas electorales.  

Embajada americana pide investigación de otros 19 aspirantes a magistrados de la CSJ


Por German H. Reyes R. 

ProTablets
расширения joomla 3.5
Una fuente de todo crédito informó a Revistazo que en las últimas horas la Embajada de Estados Unidos en Honduras envió a la Junta Nominadora de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) un nuevo listado de 19 aspirantes a magistrados, con propósitos de que sean investigados por su participación en supuestas irregularidades.

Con éstos ya suman 43 los candidatos a magistrados que la Embajada Americana pide investigar. No obstante, de acuerdo a la Constitución de la República, es la Junta Nominadora, quien tiene las facultades para determinar si los incluye o no, en la lista de los 45 que presentará ante el Congreso Nacional.
La nueva Corte Suprema de Justicia debió ser electa por el poder legislativo a más tardar el 25 de enero, por lo que desde mediados de 2015 la Junta Nominadora ha venido desarrollando un proceso de selección y ha escogido a 97 aspirantes, que de acuerdo a sus criterios aprobaron el primer filtro contemplado en la realización de audiencias pública. 

Muchas cosas se dicen en torno a la elección de la nueva corte, pues nadie desconoce que procesos anteriores estuvieron viciados por la politización extrema, al grado que los partidos tradicionales negociaron la repartición de magistrados con vistas a la posible cuota de poder. Sin embargo, los miembros de la Junta Nominadora han reiterado que proceso ha sido trasparente.

Cabe mencionar que a inicios del mes pasado, el 9 de diciembre para ser exactos, los medios de comunicación dieron a conocer un listado de 24 aspirantes a la Corte, que la Embajada Americana solicitaba investigar antes de ser nominados.

Primer Listado

Celino Arístides Aguilera

Manuel Enrique Alvarado castro

Iris Ondina Andino Aguilar

Conan Rafael Argueta Bourdett

Miriam Suyapa Barahona Rodríguez

Gustavo Enrique Bustillo Palma

Rafael Bustillo Romero

Ivis Antonio Discua Barillas

Felipe Teobaldo Enamorado Suazo

José Roberto Espinal Ramos

Jorge Alberto García Martínez

Gina María Gonzales Domínguez

Raúl Antonio Henríquez Interiano

Alejandro Hernández Oyuela

Carlos Rubén López Oliva

Nelson Danilo Mairena Franco

Lilian Emelina Maldonado Sierra

Roxana Liceth Morales Toro

Carlos Roberto Ortega Medina

José Francisco Quiroz Mejía

Douglas Moisés Ramírez Avilés

Ignacio Israel Rodríguez Orellana

Juan Rafael Soto Aguilar

José Heliodoro Zamora Flores

Segundo listado

Jacobo Antonio Calix Hernández

Yolani Isabel Cambar Palada

María Fernanda Castro Mendoza

Norma Iris Coto Santos

Malcon Eduardo Guzmán Valladares

María delia Merino Conde

Rosa Lourdes Paz Haslam

Suyapa Petrona Thumann Conde

Claudina Cecilia Cantarero Dubón

José Antonio Fernández Flores

Alma Consuelo Guzmán García

Fernán Núñez Pineda

Edwin Francisco Ortez Cruz

Marlene Suyapa Pérez Valle

Ada Ester Rivera Sorto

Daysi Rodríguez

Jorge Abilio Serrano Villanueva

María consuelo Wilims Castro

José María Alemán Avila

El seguro Social sigue igual



Por estos días se cumplieron dos años de la intervención al Instituto de Seguridad Social. Recordemos que fue en los últimos días del gobierno de Porfirio Lobo Sosa. Era una intervención ordenada por el presidente entrante Juan Orlando Hernández. La comisión integrada por Vilma Morales, Roberto Salinas y Germán Leitzelar, recibieron la misión de destapar los grandes problemas del Seguro Social que le impedía a sus afiliados obtener la atención médica efectiva y de calidad.

El secreto que se dejaba escuchar a grandes voces fue confirmado, meses después, por la junta interventora: la corrupción se comió las bases principales de la economía que sostenían al Seguro Social. Luego se conocieron capturas de personajes vinculados a la administración del Seguro como su director Mario Zelaya, y otros, y hasta el sol de hoy siguen más requerimientos.

Muy poco se han cumplido los objetivos con que fue creada esta institución en 1959 cuando se dijo que sería un instrumento del Estado al servicio de la justicia social a efecto de garantizar el derecho humano a la salud, asistencia médica, protección de los medios de subsistencia y los servicios sociales necesarios para el logro del bienestar individual y colectivo de los trabajadores en general.

De pronto, el Seguro Social, pasó a ser una institución de beneficio particular y al servicio de unos cuantos políticos sinvergüenzas. Su función pasó a ser otra. Se convirtió en un nido de activistas impuestos por los políticos y en la mina de oro para sacar dinero que ha servido incluso para financiar campañas políticas.

Dos años han pasado y la realidad del Seguro Social, una conquista de la gran lucha de la clase obrera y sobre todo fruto de la gloriosa huelga de 1954, sigue siendo tan cruel como inhumana. Un ejemplo claro es lo que se vive en el Seguro Social de El Progreso que ni la presión le pueden tomar al paciente porque no está el aparato que se usa para ello. Igual que los exámenes médicos algunos se hacen y otros no, y para depositar las muestras hay que comprar los recipientes necesarios.

A dos años de la intervención del Seguro Social nada ha cambiado. Los derechohabientes siguen reclamando pago de sus incapacidades, protestan porque no hay medicinas, las atenciones siguen siendo pésimas. La realidad de problemas del seguro sigue intacta.

El gobierno de la vida mejor prometió un nuevo modelo de seguridad social pero muy poco se está trabajando en la construcción de dicho modelo. No se pretende que en dos años, la junta interventora cambie de un porrazo la seguridad social del país, pero dos años sí es un tiempo idóneo en el que deben verse luces, caminos y salidas a esta grave crisis que tiene como único perdedor al pueblo hondureño. Pero al paso que vamos solo falta que los interventores terminen intervenidos.

La izquierda del siglo XXI es antineoliberal



Por Emir Sader

La izquierda realmente existente es una categoría histórica, que varía conforme las condiciones concretas de lucha. Ya fue una izquierda de clase contra clase, que incluía a corrientes anarquistas, socialistas y comunistas. Ya fue antifascista, conforme las corrientes de ultra derecha se fortalecían, especialmente en Europa. Ya fue democrática y popular, socialista, conforme las fuerzas propias que tenía y los enemigos a enfrentar.

Conforme el capitalismo ha ingresado en su era neoliberal y ha asumido la centralidad de las tesis del libre comercio, de la mercantilización, se planteó a la izquierda el desafío de la ruptura con el modelo neoliberal y la construcción de alternativas superadoras de ese modelo, que se han denominado posneoliberales.

Hace década y media esa perspectiva no estaba clara. las ONG, algunos movimientos sociales e intelectuales planteaban la lucha en el nuevo periodo como una lucha antipolítica, anti-Estado, anti-partidos, proponiendo como su centro una sociedad civil, con límites no claramente definidos frente al liberalismo. Proponían que los movimientos populares mantuvieran unaautonomía respecto a la política, al Estado, a los partidos. Han impuesto esa orientación como predominante en los foros sociales mundiales, con algunos movimientos como los piqueteros argentinos y los zapatistas mexicanos, como los ejemplos de esa orientación.

Una década y media después, el campo de lucha quedó mucho más claro, no sólo teóricamente, sino principalmente en el campo político concreto. Las fuerzas que se han fortalecido –especialmente en América Latina, pero tambien en Europa– han sido las que han centrado su lucha en la superación del neoliberalismo. Han redefinido el papel del Estado, en lugar de oponerse a él. Han recuperado el lugar de la política y de los partidos, en lugar de rechazarlos. Tesis como las de Tony Negri y de John Holloway sobre el carácter reaccionario del Estado y la posibilidad de transformar el mundo sin tomar el poder, entre otras, personificaban esas teorías, que han quedado superadas por la realidad, mientras el FSM se ha vaciado en manos de las ONG.

Son los gobiernos que han logrado un inmenso proceso de democratización social, en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, eligiendo y reeligiendo gobiernos con amplio apoyo popular, los que han surgido como las referencias de la izquerida en el siglo XXI. Han logrado la hazaña de avanzar a contramano de las corrientes predominantes en el capitalismo en escala mundial, disminuyendo la miseria, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.

Se han proyectado así como el eje y la referencia de la izquierda en escala mundial, con líderes reconocidos como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros. La realidad concreta ha probado quien tenía razon en el debate sobre la naturaleza de la izquierda en el nuevo periodo histórico.

Mientras esos liderazgos se han afirmado, las que debieran ser las referencia han desaparecido –como es el caso que debiera ser paradigmático del autonomismo piquetero– o han quedado reducidos a la intrancendencia, como es el caso de los zapatistas. Todo ha pasado sin que los intelectuales que han propuesto a esa vía como alternativa hayan mínimamente hecho un balance de ese fracaso. Como son intelectuales desvinculados de la práctica política concreta no tienen responsabilidades por lo que han escrito ayer y se dedican a otras tesis.

Muchos de ellos, fracasadas las tesis autonomistas, se han dedicado a la crítica de los gobiernos que han avanzado concretamente en la superación del neoliberalismo. Sin captar el caracter nuevo de esos gobiernos, los han tildado de traidores, de extractivistas, de neodesarrollistas, muchas veces aliándose con la derecha –la verdadera alternativa a esos gobiernos– contra las fuerzas progresistas en esos países. No han captado la naturaleza esencialmente antineoliberal de esos gobiernos. Algunos intelectuales, latinoamericanos o europos, pretenden ser la conciencia crítica de la izquierda latinoamericana, con sus posiciones desvinculadas de las luchas y las fuerzas concretas, sin que sus tesis hayan desembocado en la construcción de ninguna fuerza alternativa. Las opciones a los gobiernos posneoliberales –como queda claro en Venezuela, en Argentina, en Brasil, en Uruguay, en Bolivia, en Ecuador– siguen siendo las viejas fuerzas de la derecha, mientras que las posiciones de ultra izquierda siguen en sus posturas críticas, sin ninguna injerencia en las luchas concretas. No por acaso sus defensores son intelectuales, que hablan desde sus cátedras académicas sin ningún arraigo en las fuerzas sociales, políticas y culturales reales.

Mientras tanto, los únicos gobiernos que han avanzado en la superación de las políticas de centralidad del mercado, de eliminación de los derechos sociales, en la subordinación a la hegemonía imperial estadunidense, han sido los que han sabido definir la centralidad de la lucha contemporánea como la lucha antineoliberal.

No sólo en América Latina, incluso en Europa, la definición de la centralidad de las luchas contemporáneas de la izquierda alrededor de la superación del modelo neoliberal, se impone, sea en España, en Portugal, en Grecia, con la conciencia de que al lucha contra la austeridad es la forma que asume en Europa la lucha antineoliberal, relegando otras posiciones a los libros y a las cátedras académicas.

Incluso en el momento en que gobiernos posneoliberales enfrentan dificultades reales para pasar de la primera a una fase más avanzada de sus luchas, las posiciones ultra izquierdistas, que hablan del fracaso de esos gobiernos, no explican su propio fracaso, al no lograr construir ninguna fuerza alternativa a esos gobiernos, lugar ocupado por fuerzas de derecha. Hablan de fin de ciclo, cuando lo que se presenta no es la superación de un ciclo, sino formas de recomposición conservadora, de retroceso neoliberal, que no superan un ciclo, sino, al contrario, se proponen retroceder a un ciclo anterior.

La izquierda del siglo XXI es, así, antineoliberal: es la que logra construir fuerzas concretas, alternativas bajo la forma de gobiernos, de plataformas, de grandes liderazgos contemporáneos. El resto son palabras que el viento lleva, sin cambiar ni la realidad y, al parecer, ni la cabeza de los que las escriben y son derrotados junto con ellas.

La historia de la izquierda contemporánea está escrita y protagonizada por los que logran avanzar en la construccion de alternativas concretas al neoliberalismo.

El círculo vicioso de la izquierda pensándose a sí misma


Rebelión

Por Armando B. Ginés

Desde la caída del Muro de Berlín, la izquierda que pretende situarse más allá de la socialdemocracia parlamentaria adosada al orden capitalista no ha dejado de moverse inquieta y nerviosamente para hallar un espacio genuino de transformaciones sociales y políticas más o menos rupturistas o radicales en sus contenidos pragmáticos e ideológicos.
Innumerables nuevas izquierdas se han sucedido en las últimas décadas hasta hoy mismo. Y ya hay otras operaciones similares en camino. Eso sí, ninguna ha logrado en Europa, salvo Syriza, el sorpasso claro y rotundo sobre el gran hermano socialdemócrata tradicional. Y Syriza, más tarde, se ha convertido en una versión digitalizada del analógico PASOK.

La izquierda de base comunista y libertaria se resiente aún de la hecatombe del mundo soviético y del reflujo del movimiento obrero y sindical, buscando fórmulas modernizadas mediante rodeos y eufemismos como anticapitalista y eurocomunista en su tiempo para sortear la vergüenza interiorizada de sus propias raíces históricas.

Lo comunista y lo libertario no vende, razones de peso para inventarse otras raíces transversales en los movimientos sociales puntuales o sectoriales, con incursiones parciales en el ecologismo, la solidaridad oenegé, lo friki o cool contestatario y el feminismo underground. Los réditos de estos buceos circunstanciales no han forjado todavía una alternativa fuerte y poderosa ni han supuesto el advenimiento de un sujeto político compacto y coherente. La dispersión de impulsos se ha venido en llamar pluralismo, pero en el fondo encierra una incapacidad manifiesta para crear un espacio común de carácter unitario y unificador. Da miedo escénico oponerse al capitalismo en vigor con armas audaces para su desmantelamiento progresivo.

Repensar la izquierda es un suceso recurrente, un intento de crear una izquierda transformadora que nada tenga que ver con el pasado. ¿Es ello posible? Lo que hemos venido observando es que más tarde o más temprano muchas de esas iniciativas se han integrado a la larga en las socialdemocracias mayoritarias electorales.

Lo que resulta evidente es que el capitalismo sigue en pie, las desigualdades en aumento, la precariedad vital al alza y la explotación laboral en índices más que preocupantes para los estándares occidentales del estado del bienestar. Los datos son elocuentes. Si analizamos la situación política de los países denominados emergentes, de los estados fallidos y de los más pobres, el análisis se torna de una oscuridad casi total o trágica.

Los territorios comunes y públicos se están desmantelando como la espuma desde el agresivo ultraliberalismo privatizador de los años 80 del siglo XX en EE.UU. y Gran Bretaña, senda que ha continuado abriendo boquetes enormes para la clase trabajadora a escala internacional.

Sin embargo, las izquierdas mundiales no han podido enfrentar una posición ideológica y política que seduzca a las masas contra los cantos de sirena de las derechas en sus distintas advocaciones o versiones nacionales. Mientras tanto, los sindicatos mayoritarios se han olvidado de los trabajadores y trabajadoras más en precario, poniendo su mayor énfasis en sus plazas-fortaleza industriales y en los funcionarios. Su sindicalismo de clase se ha ido desvaneciendo paulatinamente al tiempo que decaía la negociación colectiva y sus reivindicaciones sociopolíticas.

El ambiente descrito ha debilitado, sin duda alguna, las opciones de la izquierda transformadora, habilitando una clase media de presuntos privilegiados laborales que han podido sortear la crisis con mayor decoro, refugiándose políticamente a la defensiva en los partidos de referencia socialdemócrata, de índole tecnócrata e incluso en formaciones de derechas o nacionalistas. Tal análisis vale tanto para España como para otros países de su entorno.

El reflujo de la izquierda que aspira a un mundo nuevo ha aumentado considerablemente en los años recientes. Los estallidos callejeros de cierta resonancia usan eslóganes muy radicales, al estilo del mayo del 68, pero a la hora de la verdad acuden a la responsabilidad como justificación de su suavidad parlamentaria escorada hacia posiciones pactistas de cálculo táctico.

En realidad, esas nuevas izquierdas de súbito surgimiento representan a sectores aburguesados que han conseguido auparse a un estatus de vértigo ficticio a lomos de las generaciones anteriores de la clase trabajadora que conquistaron a trancas y barrancas un pacto de largo recorrido con las élites dominantes después de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque los políticos de nuevo cuño anti-casta provengan de la clase trabajadora, sus perfiles en muchos casos no han vivido o sufrido en sus carnes la oposición central empresa-trabajo a la manera tradicional. Las libertades civiles y las subvenciones públicas de que han disfrutado desde su nacimiento han obnubilado su conciencia de clase original. Hoy son personas formadas, globalizadas, con un discurso radical que solo busca equilibrar la desigualdad actual a través de medidas reformistas en muchos casos inocuas o amistosas con los poderes establecidos.

La revolución del neoliberalismo ha sido completa, en lo económico y en lo ideológico. Las mentes contemporáneas funcionan dentro de su lógica. El mundo de cierta equidad y estabilidad inaugurado por el bienestar occidental se ha venido abajo. Ya nadie desea mentar las bichas comunistas y libertarias o anarquistas. Eso es antiguo, aunque lo verdaderamente viejo y anticuado sea el régimen capitalista.

Dígase lo que se diga, el derrumbe del comunismo oficial o real no clausuró la lucha de clases sino que dio a luz otra una fase más del orden capitalista imperante en el mundo. No hay que confundir una mayoría electoral con un sujeto histórico autoconsciente de su propio poder. La amalgama de ideas nuevas no conforma por sí misma una estrategia vencedora. Es imprescindible que lo sindicatos de clase vuelvan a ofrecer una visión conjunta y unificada del movimiento obrero y de sus intereses particulares.

Sin ideología, el horizonte seguirá nublado para las capas populares. Craso error el de aquellos que confunden un puñado de votos como una victoria definitiva. Los sufragios se van como vinieron si no tienen un sustento ideológico fuerte que les haga ver más allá de la coyuntura inmediata. Y, en último extremo, suelen tomar partido por lo malo conocido antes que lo bueno por conocer, esto es, por lo que más suena y aparece en los medios de comunicación de abrumadora presencia social.

Sería necesario volver a llamar a las cosas y las auténticas relaciones entre ellas por sus verdaderos nombres antes que perderse en el encanto de neologismos blandos que no esconden más que los prejuicios de sus propios inventores y portadores. Repensar la izquierda, sí, pero no para crear de la nada nuevos espacios estéticos condenados al fracaso seguro de diluirse en el redil ideológico de lo ya consabido: más renuncias políticas y sociales, más capitalismo, más ideología entregada al poder hegemónico.