martes, 28 de abril de 2015
El Premio Goldman a Bertha Cáceres es un reconocimiento a la lucha de los indígenas contra el despojo
Bertha Cáceres, coordinadora del Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, COPINH dice que la entrega del reconocimiento es una muestra de apoyo a la valiente lucha que realiza la comunidad de Río Blanco, Intibucá. El premio Goldman que se entregó a personajes del mundo, incluida Cáceres es un reconocimiento a tenaces activistas que trabajan contra viento y marea para proteger el medioambiente y a sus respectivas comunidades.
En entrevista para Radio Progreso, Bertha Cáceres dice que el premio significa un apoyo a la lucha de las comunidades e indígenas que diariamente se aferran a la vida, a pesar de la amenaza de expropiación y muerte que significa la instalación de la industria extractiva. La lideresa agrega que en contexto de remilitarización y despojo las comunidades deben estar más unidas y fortalecidas, porque la amenaza se agranda con propuestas como Alianza para Prosperidad.
El Copinh ha librado luchas en medio de violencia, militarización y un Estado que defiende el capital de las grandes empresas trasnacionales. Una de esas luchas es la de Río Blanco, una comunidad indígena en Intibucá que ya lleva dos años de lucha pacífica contra la empresa DESA y Sinohydro que pretenden instalar una represa hidroeléctrica en el río Gualcarque, sagrado para los lencas.
Los organizadores del premio aseguran que Cáceres es merecedora del premio porque "en un país con una creciente desigualdad económica y violaciones a los derechos humanos, Berta Cáceres organizó al pueblo lenca de Honduras y emprendió una campaña de base que triunfó en su esfuerzo de presionar al constructor más grande de represas a nivel mundial para que éste retirara su apoyo del proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca".
Honduras continúa en deuda por el crimen de Juan Humberto Sánchezhon
Por Sandra Rodríguez
Breidy Maybeli Sánchez Argueta y Norma Iveth Sánchez Argueta
“No se puede describir lo difícil y triste que es crecer sin papá, es un vacío que nadie puede llenar, aunque mamá, mis abuelos y tíos me hayan llenado de cariño, siempre me hizo falta mi padre”.
Son las declaraciones de dos jóvenes, quienes hasta los 12 años de edad, se dieron cuenta que eran hermanas, además tienen iguales apellidos, nacionalidad, son hijas del mismo papá, quien las conoció recién nacidas, pero que no las vio crecer, porque fue asesinado por el cuerpos represores del Estado de Honduras, en 1992.
Ellas son Breidy Maybeli Sánchez Argueta y Norma Iveth Sánchez Argueta, ambas de 23 años de edad, e hijas de Juan Humberto Sánchez, un joven hondureño con muchos sueños e ideales por una sociedad igualitaria, y era operador de “Radio Venceremos” del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador, donde procreó a sus hijas.
Luego de la amnistía número 87-91, decretada en el gobierno del Presidente Rafael Callejas, Juan Humberto regresó a Honduras donde fue detenido ilegalmente por el Ejército el 10 de julio de 1992 en horas de la noche, fue liberado y vuelto a capturar. Su cuerpo fue encontrado el 22 de julio del mismo año en las riberas del Rio Negro (límites de Honduras y El Salvador), con un disparo en la frente y señales de tortura.
Sus hijas eran unas niñas de meses, sus madres no volvieron a saber nada de Juan Humberto, y en ese silencio ellas crecieron, imaginando como sería tener un papá, “porque ese es un vacío que nadie puede llenar”, manifestó Breidy.
Durante 10 días el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, COFADEH, realizó diligencias para dar con su destino; interpuso dos Habeas Corpus en su favor, pero sin resultado alguno.
“Es muy triste crecer sin papá, no saber nada de él, imaginar cómo sería la vida, por lo que no hemos visto la verdadera justicia”, compartió Norma.
La denuncia e investigación sobre la desaparición de Sánchez fue presentada por el COFADEH ante la CIDH, en octubre de 1992.
En el año 2003, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte IDH, emitió Sentencia de 7 de junio de 2003, declarando al Estado de Honduras, responsable por su ejecución, y debía cumplir algunas disipaciones, entre ellas el Estado pidió perdón a los familiares en el año 2004, este reconocimiento presidencial fue el segundo paso en el cumplimiento de la sentencia emitida por el máximo órgano de justicia interamericano.
El primero se realizó el 25 de agosto de ese mismo año, cuando el Estado exhumó los restos de Sánchez.
Bertha Oliva
Y el 10 de mayo del 2007, acatando El fiscal general del Estado, Leónidas Rosa Bautista, encabezando a otras autoridades hondureñas, entregó a la familia Sánchez los restos de Juan Humberto Sánchez, y pidió disculpa a sus parientes y prometió continuar las investigaciones del caso.
Pero eso solo fue promesas, han pasado casi 23 años de los hechos en Colomoncagua, Intibucá, frontera con El Salvador, su familia tuvo que cambiar de domicilio, sus hijas guardan muchas lágrimas e incertidumbre, al no entender porque trataron de una forma tan inhumana a su papá, y todos coinciden en que, si bien es cierto el Estado de Honduras fue condenado internacionalmente por su asesinato, no ha cumplido a cabalidad con la sentencia.
La sentencia, en el punto resolutivo número 10, la Corte-IDH decide que, “El Estado debe continuar investigando efectivamente los hechos del presente caso en los términos el párrafo 186 de la presente Sentencia, identificar a los responsables tanto materiales como intelectuales, así como a los eventuales encubridores, y sancionarlos administrativa y penalmente según corresponda; que los familiares de la víctima deberán tener pleno acceso y capacidad de actuar, en todas las etapas e instancias de dichas investigaciones, de conformidad con la ley interna y las normas de la Convención Americana sobre Derechos Humanos; y que los resultados de las investigaciones deberán ser públicamente divulgados”.
Aunque si ha cumplido con otros puntos, el anterior no ha tenido ningún avance, el Estado no ha investigado el caso, por lo tanto no hay responsables materiales mi intelectuales que respondan por el cruel asesinato de Juan Humberto Sánchez, recordado como el mártir del Río Negro.
Breidy manifiesta que no es fácil explicar a cuando su pequeña le pregunta por su abuelo, situación que hace pensar a Norma, pues aunque su hijo es más pequeño, también le hará la misma pregunta, y al igual que su hermana, será difícil encontrar una respuesta.
“Mi papá se puso muy emocionado cuando yo nací” manifiesta Norma, mientras que a Breidy, hay personas que la encuentran en la calle de su ciudad natal y le dicen “yo conocí a tu papá” y es que Juan Humberto Sánchez, luchaba por el bien de los demás y por una mejor sociedad, comentan a sus hijas.
Otro punto, por el que el Estado permanece en deuda, el numeral 12. “El Estado, debe implementar un registro de detenidos que permita controlar la legalidad de las detenciones, en los términos del párrafo 189 de la presente Sentencia”.
Aunque el Estado ha manifestado su implementación, mencionando dos casos, el Manejo Nacional Automatizado de Casos y Sistema de Información (NACMIS) que es un proyecto de comunicación inalámbrica que provee soporte técnico y de información a las estaciones policiales a nivel nacional, e inició en 2000, por lo tanto no podría ser el cumplimiento de una sentencia que se emite varios años después.
También está el Centro Electrónico de Documentación e Información Judicial (CEDIJ), que tiene como misión sistematizar y divulgar, en forma continua y actualizada, la jurisprudencia y autos acordados de la Corte Suprema de Justicia para contribuir a la transparencia, la formación de doctrina y la seguridad jurídica del país y preparar a los operadores de justicia, litigantes, sociedad civil y estudiantes de derecho respecto a la importancia del conocimiento y utilización de la jurisprudencia nacional, no se refiere tampoco aun registro de detenidos.
Según la sentencia del Corte-IDH, en este caso, el Estado violó el derecho a la libertad personal, a la integridad personal, a la vida, a los derechos y garantías judiciales y a la protección judicial, que no solo afectó a Juan Humberto Sánchez, sino a su madre María Dominga Sánchez, Juan José Vijil, Reina Isabel Sánchez, María Milagro Sánchez, Rosa Delia Sánchez, Domitila Vijil Sánchez, María Florinda Vijil Sánchez, Juan Carlos Vijil Sánchez, Celio Vijil Sánchez, Julio Sánchez, Donatila Argueta Sánchez, Breidy Maybeli Sánchez Argueta, Velvia Lastenia Argueta Pereira y Norma Iveth Sánchez Argueta.
Asimismo, la Comisión señaló que hasta la fecha ninguna persona ha sido juzgada ni sancionada por “el secuestro, tortura y ejecución” del señor Juan Humberto Sánchez, por lo que subsiste una situación de impunidad en relación con el caso. En este sentido, la Comisión también manifestó que el proceso penal que se ha seguido se ha caracterizado por “falta de seriedad y eficacia”, ha sido insuficiente y tropezó desde el comienzo con numerosos obstáculos, entre los que se pueden contar intimidaciones y amenazas a testigos y a familiares de la presunta víctima.
Con el paso de los años, las hijas de Juan Humberto Sánchez, han creado una relación muy estrecha, conversan, se visitan, por temporadas estudian juntas, “ella es mi mejor amiga” expresa rápidamente Norma, señalando a su hermana Breidy, quienes planean sus vacaciones para visitar a sus abuelos en Intibucá.
Ambas disfrutan de la cocina y sueñan con ser mujeres independientes, profesionales, además dar el mejor ejemplo para sus hijos e hijas, y continuar estos lazos familiares dentro y fuera del país, que ha logrado mantener el espíritu de lucha se su papá, Juan Humberto Sánchez, con quien el Estado continúa en deuda, y es que aún no imparte justicia, aun no se conoce a los responsables de este crimen de lesa humanidad.
Oliva en el país de las maravillas
Asesinato de estudiantes es terrorismo de Estado contra jóvenes, según analista
O el presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, es un cínico o realmente cree que vive en un país de paz y de dignidad, pues según él, Honduras es un país respetuoso de los derechos humanos.
Sin más preámbulos, le recordamos al señor Oliva que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su más reciente visita constató alarmantes niveles de violencia, la existencia de una práctica de desapariciones, altos niveles de violencia de género y conflictos agrarios que también producen hechos de violencia, entre otros graves crímenes.
La Comisión destacó el grave contexto de impunidad que es el resultado de la debilidad institucional, la corrupción y la falta de independencia del Poder Judicial. Esta impunidad caracteriza tanto a hechos de violencia como a una amplia gama de violaciones a los derechos humanos, tal como la ocupación ilegal de tierras de comunidades indígenas, rurales y afrodescendientes, la violación de los derechos laborales, y actos de discriminación.
Para la Comisión la falta de investigación y la impunidad en la que permanece la enorme mayoría de las violaciones a los derechos humanos, alimentan una espiral creciente de violencia. Además de dejar a las víctimas sin acceso a la justicia, la impunidad afecta negativamente a toda la sociedad hondureña, que recibe el mensaje de que esta violencia es inevitable.
La Comisión constató además que quienes buscan justicia, quienes denuncian e informan, y quienes defienden sus derechos o los de otros, frecuentemente son amenazados e incluso asesinados, y en ocasiones también sus familiares son amenazados, secuestrados, golpeados o asesinados.
A la Comisión le preocupa que uno de los ejes centrales en la respuesta estatal frente a los graves problemas estructurales de violencia, impunidad, corrupción y crimen organizado en el país, sea la intervención de las Fuerzas Armadas en múltiples ámbitos y funciones, lo cual representa un riesgo para la vigencia del Estado de derecho.
Sin duda alguna, el señor Oliva como cabeza de uno de los 3 poderes del Estado tiene la obligación de conocer esta realidad, por lo que es fácil deducir que sus declaraciones son una muestra de los altos niveles de cinismo de una clase política ciega, sorda y prepotente.
Raymond Chandler y Rodolfo Walsh, dos visiones sobre el policial
Por Santiago Asorey
Kike
En Operación Masacre hay un crimen social, pero no todos son culpables. Es un crimen que una clase social comete sobre otra. Hay un salto cualitativo de paradigma, es una trasformación vertical y dialéctica. En El sueño eterno, de Raymond Chandler también hay una transformación, pero esta ocurre dentro del mismo paradigma, es una transformación horizontal.
En el policial negro norteamericano de Raymond Chandler, el detective no se construye sobre una experiencia intelectual de deducción. Su cualidad no es la inteligencia deductiva lógica, sino el valor y la astucia para manejarse en los circuitos peligrosos que se le presentan como obstáculo. La figura del detective pasa a ser la figura del hombre con coraje y solitario que investiga arriesgando su vida. Es una aventura física lo que construye El sueño eterno, la aventura de Marlowe desarmando hombres peligrosos y rechazando la seducción de Carmen Sternwood. Podríamos interpretar Operación Masacre de Rodolfo Walsh a partir de este esquema de detective solitario que se aventura sobre el crimen, saliendo de la diferencia obvia de que Marlowe responde a una ficción y Walsh a hechos históricos verídicos; los dos se encuentran unidos por el riesgo y el valor y no por una cualidad meramente racional abstracta como en el policial clásico.
“Ahora, durante casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa en el Tigre, llevaré conmigo un revolver.” [1]
La lógica que funciona en este pasaje de Operación Masacre es la de la supervivencia. Algo que comparte con Marlowe, pues para sobrevivir se necesita aprender a codificar los signos del juego lingüístico propuesto por ese universo narrativo. A diferencia del policial negro de Chandler, lo que funda el relato de Walsh y convierte al escritor en detective es un acto ético nacido de la indignación ante la impunidad. Marlowe es aparentemente un cínico pero mantiene un relativo espacio de ética (por ejemplo, solo cobra veinticinco honrados dólares como honorarios). Sin embargo, solo identifica la decadencia moral a nivel particular. Su lenguaje responde a un mundo que no parece recuperable: policías corruptos, contrabandistas, jueces estafadores, etc. Walsh parte de un crimen particular, las víctimas, los hechos, pero su relato es la historia de cómo lo particular se vuelve universal. En última instancia: se trata de como se articula la estructura criminal en un orden social jerárquico. Esas relaciones de poder se constituyen de determinadas jerarquías sociopolíticas: de lo particular a lo social, a lo histórico, a lo judicial, a lo político. Ese es el relato de Operación Masacre. El detective se vuelve invisible, los personajes principales son las víctimas (los herederos políticos de las víctimas). En última instancia ellas dejaran de ser víctimas e intentaran defenderse de forma organizada. El personaje individual de detective se relega para priorizar al pueblo y a la clase trabajadora peronista como personaje colectivo.
Marlowe no puede desalienarse, salir a la superficie y ver estos mecanismos dentro de una totalidad. Comparte con Walsh detective la identificación de un mal social, aunque Marlowe no lo piensa en términos de jerarquías políticas. La crítica social de Chandler a través de Marlowe se da en los hechos particulares, en el asesinato de Rusty Regan, en el asesinato de Owen Taylor y en la trama social que se oculta detrás las apariencias de la alta sociedad. Es una crítica al entramado que une la riqueza, el juego, la especulación y el crimen. El problema de las apariencias en El sueño eterno es determinante. Nada es solamente lo que parece. La riqueza se encadena al ocio y el ocio finalmente al crimen. Las hermanas Sternwood aparentan vulnerabilidad, inocencia, pero son tan culpables como los demás criminales del universo de Chandler. En la escena del casino, vemos como se configura al personaje de Vivian Regan que juega miles de dólares porque está aburrida y tiene demasiado tiempo libre.
En la cosmovisión de Operación Masacre hay una reorganización discursiva de lo político y lo moral; hay un crimen social, pero no todos son culpables. Es un crimen que una clase social comete sobre otra. Hay un salto cualitativo de paradigma, es una trasformación vertical y dialéctica. En El sueño eterno también hay una transformación en el relato, pero esta ocurre dentro del mismo paradigma, es una transformación horizontal. La revelación de Carmen, de la inocencia a la culpabilidad, de las apariencias a la verdad. Es una transformación horizontal dentro del mismo paradigma discursivo. En el final de la novela, Marlowe en un tono intimista dice:
“…Muerto, uno dormía el sueño eterno y esas cosas no importaban… No importaba la suciedad donde uno hubiera muerto… Ahora yo era parte de esa suciedad.” [2]
En este pasaje se pone en juego toda la novela. La idea del sueño, la imposibilidad de salir de una dimensión de ensueño se encuentra de principio a fin en la aventura. Es un mundo de apariencias, del cual Marlowe no puede salir. En donde el bien y el mal ya no son discernibles. Todas las descripciones materiales de las casas de los ricos guardan una relación miserable que se oculta atrás. La resignación final de Marlowe es la del hombre que ha tomado la decisión de legitimar ese mundo de apariencias y falsedades, dejando ir a una victimaria. Marlowe sabe ahora que esa “suciedad” no lo deja volver atrás. Para él es imposible salir de la dimensión del sueño y la apariencia, y la banalidad que reina en ella.
[1] Walsh, Rodolfo,”Operación Masacre”, Ediciones de la flor, Buenos Aires, Argentina (2005)
[2] 247 Chandler, Raymond, “El Sueño Eterno”, Barral Editores, Barcelona, España (1973).
¿Viene una catástrofe y tormenta, o con pequeñas variaciones todo sigue igual?
Rebelión
Por Pedro Echeverría V.
Artsenal
1. Marcos, el dirigente del EZLN, pregunta: ¿Viene (en México, en el mundo) una catástrofe y tormenta, o con pequeñas variaciones todo sigue igual? Muchos nos hacemos en serio, a diario, esas preguntas fundamentales y, como él, hemos sido críticos de que estemos usando en el movimiento social y la izquierda radical los mismos métodos de hace 50 años para luchar contra la explotación y opresión capitalista. Pero, ¿es que hay otros métodos de lucha fuera del oportunismo electoral, la guerrilla radical, pacifismo gandhiano, el movimiento social y las grandes huelgas generales? Por ello me ha parecido muy inteligente el seminario acerca de “El pensamiento crítico y la hidra capitalista”, siempre y cuando se preparen las condiciones para que no sea uno más de los 100 mil exhibicionistas y vacíos que se han realizado en el mundo.
2. ¿No sería mejor acaso que La Jornada –el único diario con que hasta hoy hemos contado- publicara todas las ponencias internacionales acerca de las estrategias y tácticas de lucha, armando un debate acerca de cada ponencia? Obvio, las reuniones sirven para saludarnos e intercambiar correos, pero las pláticas entre amigos, suelen ser distractoras que evitan escuchar las ponencias. Sólo como ejemplo: ¿Qué puede decir Chomsky, Petras, Wallerstein, Samir Amin, Ramonet, Dieterich, que no hayan expuesto en los últimos meses? ¿O los más jóvenes que pueden decir que no sea publicable en los medios? Mi deformación es que prefiero mil veces leer que oír ponencias y desde hace unos años prefiero estar solo que en medio de la bulla incontrolable. Pero si la reunión en Oventic se realiza no tengo duda de que allí estaré llueva o truene.
3. Marcos, del Ejército Zapatista, indicó: Los zapatistas, (con su concepción ideológica y forma de vida) vemos una cosa y ellos ven otra; vemos que se sigue recurriendo a los mismos métodos de lucha y de manera concomitante surgen y se desarrollan los nuevos parámetros de ‘éxito’, una especie de aplausómetro que, en el caso de las marchas de protesta, es inverso: mientras más bien portada sea (es decir, mientras menos proteste), mayor su éxito. Y se hacen organizaciones partidarias, se trazan planes, estrategias y tácticas, haciendo verdaderos malabares con los conceptos’’. ¿Tiene razón Marcos? Pienso que sí y no. Sí en la crítica del “aplausómetro” y en el “éxito” de las luchas; pero no al no decir que la gente hace lo que puede, lo que está acostumbrada a hacer y a que faltan métodos renovados para derrotar a la clase dominante.
4. Advierte Marcos: ‘‘lo que vemos no es nada bueno. Vemos que viene algo terrible, más destructivo si posible fuera, pero otra vez vemos que quienes piensan y analizan nada dicen de eso; siguen repitiendo lo de hace 20 años, 40 años, un siglo. ¿Habrá algo más terrible que la miseria, el hambre, el despojo capitalista, la destrucción del medio ambiente, la privatización del agua, la total imposición de gobiernos fascistas, la guerra imperialista para adueñarse del mundo? Obviamente, desde la selva se ven las cosas más claras y muy distintas; en las ciudades están más recargadas por el aire contaminado y la visión complicada de quienes vemos el monstruo y no alcanzamos comprenderlo. ¿Por ello entonces –para afinar la puntería- realizaremos el seminario de pensamiento crítico contra la hidra capitalista?
5. Pero también, por otro lado de su pensamiento, Marcos señala; ‘‘siempre pensamos que podemos estar equivocados. Que tal vez todo sigue sin cambios fundamentales. Que tal vez elMandón sigue mandando igual que hace décadas, siglos, milenios. Que puede ser que lo que viene no es algo grave, sino apenas una descompensación, un reacomodo de ésos que ni la pena valen”. Puta, obvio, el izquierdista (como se llame) que piense que no se equivoca, que posee la verdad absoluta y con ella puede mandar, es un desquiciado mental. ¿Puede olvidarse que la llamada verdad no existe y que ésta siempre ha sido impuesta por el poder? ¿Por qué siempre de manera triunfal gritamos que vamos ganando en nuestras luchas cuando las burguesías y el imperio siguen fortaleciéndose? ¿Para no desanimar a la gente por falta de educación política?
6. Confieso que estoy enredado en mi ignorancia, tontería o no se: ¿Cuál es la causa profunda del desplome de países como Rusia, China, Cuba, que hicieron sus revoluciones en nombre del “socialismo” y sólo pudieron construir un capitalismo de Estado? ¿Por qué los actuales países antimperialistas (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador) no han podido dar pasos hacia el socialismo, anclándose en capitalismo “sui géneris”? ¿A qué se debe que el imperio yanqui –después de 150 años de dominación- sigue imponiendo su fuerza en el mundo? ¿Por qué incluso los musulmanes e islámicos -a pesar de sus grandes batallas- no han podido hacer retroceder al imperio de los EEUU? Ese enredo mi obliga a seguir protestando en las calles, pensar en la fortaleza de los opresores, pero al mismo tiempo a ser crítico de las diferentes tipos de lucha que parecen estancadas.
7. Pienso desde hace mucho que no hay claridad de rumbo; que muchos estamos en el activismo político por aquello de que “algo hay que hacer para ayudar a transformar el capitalismo opresor en una sociedad igualitaria”. La gente está “haciendo cosas” bien o mal; no hay experiencias buenas porque casi todos los movimientos han sido derrotados o silenciados por la clase en el poder; en México: ferrocarrileros, campesinos, electricistas, mineros, indígenas, estudiantes, partidos radicales, guerrillas; la pregunta debería ser: ¿Qué lucha social en serio no ha sido derrotada por la clase dominante? Creo que los que se dedican a pensar deben participar en los movimientos sociales y los dirigentes honestos –que pienso que sí los hay- deben dedicarse también a pensar. ¿Cuántos se anotan para el seminario contra la hidra capitalista?
Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com
lunes, 27 de abril de 2015
Observatorio insta a proteger a todos los defensores y defensoras de Derechos Humanos
Señor Presidente, Señor Ministro de Seguridad y Señor Canciller:
El Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, programa conjunto de la FIDH y la OMCT, se dirige a Ustedes para solicitar la implementación inmediata de medidas efectivas de protección de los defensores y defensoras de derechos humanos en Honduras, incluyendo una declaración pública de apoyo y reconocimiento al trabajo que realizan.
El Observatorio expresa su preocupación en relación con las recientes declaraciones públicas realizadas por su gobierno en las que se denuncia una “campaña de desprestigio” en su contra por parte de dirigentes políticos de la oposición y de las ONG, en materia de derechos humanos.
El Observatorio rechaza las alusiones hechas hacia los defensores y las defensoras en términos de “malos hondureños ” que quieren “denigrar al país”; o que realizan “una trama perversa y tendenciosa en donde se distorsiona la realidad”. Nos preocupa que estas afirmaciones puedan ser una represalia en contra de la actividad de varias ONG con miras a su participación en el Examen Periódico Universal (EPU) sobre Honduras, que se realizará el 8 de mayo de 2015 en Ginebra ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
La descalificación pública del trabajo de los defensores, además de estigmatizar su trabajo y vulnerar su libertad de expresión y su derecho a defender los derechos humanos, aumenta los ya de por sí altos niveles de vulnerabilidad que padecen las organizaciones de derechos humanos y pone en riesgo la vida y la integridad de los defensores y las defensoras, tal y como el Observatorio ha denunciado en el pasado.
Conforme a los compromisos internacionales adoptados por el Estado de Honduras en materia de protección de Derechos Humanos, un deber fundamental es el de velar por la protección de los defensores y defensoras, cuyo trabajo de denuncia y control social es primordial para el correcto funcionamiento de un Estado democrático y de derecho, tal y como lo reconoce la Declaración sobre los Defensores de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 9 de diciembre de 1998.
Es necesario igualmente que su gobierno tome en cuenta, lo dispuesto en la Resolución adoptada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas el 9 de octubre de 2013 en la que se reafirma el derecho de cada persona a comunicarse con las organizaciones internacionales, en particular con las Naciones Unidas y sus mecanismos especiales como el EPU, así como con los mecanismos regionales de derechos humanos. Este derecho es indispensable para el pleno desarrollo de los mandatos de dichos mecanismos. Del mismo modo, en la Resolución se solicita a los Estados “ que prevengan y se abstengan de todo acto de intimidación o represalia contra: (a) quienes traten de colaborar o hayan colaborado con las Naciones Unidas, sus representantes y mecanismos en la esfera de los derechos humanos, o hayan prestado testimonio ante ellos o les hayan proporcionado información”.
Es por lo anterior que le solicitamos a su gobierno:
1. Adoptar de manera inmediata las medidas más apropiadas para garantizar la seguridad y la integridad física y psicológica de todos los defensores de derechos humanos en Honduras;
2. Emitir una declaración pública en la que se exprese el apoyo y reconocimiento al trabajo legítimo de los defensores de derechos humanos, conforme a lodispuesto en la Declaración sobre los Defensores de Derechos Humanos, en particular en lo referenteal:
- Artículo 1: ”Toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, a promover y procurar la protección y realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales en los planos nacional e internacional”.
- Artículo 5.a: “A fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales, toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, en el plano nacional e internacional a reunirse o manifestarse pacíficamente”.
- Artículo 12.2: “El Estado garantizará la protección por las autoridades competentes de toda persona, individual o colectivamente, frente a toda violencia, amenaza, represalia, discriminación, negativa de hecho o de derecho, presión o cualquier otra acción arbitraria resultante del ejercicio legítimo de los derechos mencionados en la presente Declaración”.
Confiando en su compromiso con los derechos humanos y agradeciendo Su atención a la presente, nos suscribimos de Usted muy respetuosamente.
Karim Lahidji
Presidente de la FIDH
Gerald Staberock
Secretario General de la OMCT
Un oportuno premio
El premio mundial otorgado a Berta Cáceres es mucho más que oportuno. Ante todo porque en Berta Cáceres se está premiando la lucha de las comunidades lencas de Río Blanco que han resistido ante las amenazas a sus ríos, sus bosques, su territorio y su cultura. Se hace por igual un reconocimiento a una mujer encarnada en la lucha del pueblo lenca, de Copinh. De manera muy especial, con su premio se reconoce a las personas asesinadas por su entrega a la lucha de resistencia en defensa de sus bienes naturales.
De igual manera, este premio a Berta Cáceres es un reconocimiento a la lucha de las organizaciones y comunidades que a lo largo del país siguen en pie de testimonio resistiendo las presiones, chantajes, amenazas por parte de empresarios nacionales, funcionarios públicos y empresas multinacionales que tienen en la mira la explotación de las riquezas naturales.
En el mes de octubre del año 2013, cuando Berta Cáceres estaba siendo frontalmente amenazada, procesada y perseguida, Radio Progreso publicó una Nuestra Palabra en reconocimiento a su lucha y la del pueblo lenca la cual citamos textualmente en algunos de sus párrafos:
“Bertha Cáceres está en la mira de DESA y de los chinos. Junto con la policía, el ejército, la fiscalía y el poder judicial le han echado la vaca. Bertha Cáceres se ha convertido en un objetivo político. Ella simboliza la tenaz resistencia de COPINH, la fuerza de las indias y la capacidad de resistencia de las mujeres.
Bertha no cabe en ningún molde. Los rompe todos. No cupo en el molde patriarcal. Lo hizo añicos. No cupo en el molde de mujer tradicional. Lo mandó al carajo. No cabe en el molde de una organización popular: va más allá que el propio COPINH y que el molde de las organizaciones feministas. Cabe en todos ellos, pero no se reduce a sus medidas ni tamaños.
No cabe en el molde de un partido político. Dice las cosas sin tapujos enfrente de quien sea. Más fuerte se vuelve cuando quien está enfrente es un político tradicional o un dirigente de la oligarquía o un oficial militar o un oficial de la policía. Los empresarios hondureños y los chinos, en complicidad con todas las autoridades hondureñas, están convencidos que quitando de en medio a Bertha el asunto se puede resolver.
Un error. La podrán encerrar en una cárcel, pero Bertha Cáceres no nació para dejarse amoldar por los barrotes de una prisión. Bertha Cáceres se hizo así gracias al molde de las comunidades lencas. Ellas sí son más que el molde de Bertha. Por eso ella representa las voces, el espíritu y las luchas del pueblo lenca, porque ha sido este pueblo quien la amoldó para que fuera mujer del pueblo lenca.” y hasta aquí citamos esa Nuestra Palabra.
Y es mujer hondureña, de un pueblo en pie de lucha en defensa de sus comunidades, sus bienes, sus territorios y sus culturas. Radio Progreso y el ERIC nos unimos a la alegría de este premio a Berta porque así la lucha hondureña por su dignidad alcanza un reconocimiento universal.
La “Chula” obstáculo para la reforma educativa
Por Javier Suazo
Marlon Escoto y Manuel Zelaya. Fuente: elarticulista.com
Después del golpe de Estado, las políticas neoliberales se han posesionado con mayor fuerza en la economía y sociedad hondureña, desconociéndose por funcionarios del gobierno y academia las malas experiencias y los impactos negativos en el nivel de vida la población, institucionalidad democrática y derechos humanos tal como ocurrió en países del Cono Sur.
Al gobierno de la República, un grupo de ONGs y fundaciones privadas en el negocio de la educación, no le interesa conocer de estas malas experiencias, sino los beneficios que tuvo para los grupos y poder fácticos aliados al gran capital transnacional. El ascenso de una educación chárter en manos de empresas privadas, no solo debilitó la práctica de la educación pública y las competencias del Estado, sino también el pensamiento crítico ya que las propias universidades públicas se convirtieron en voceras de las políticas e ideología neoliberal, al grado de sustituir la enseñanza de la economía política clásica y marxista por la teoría económica marginalista.
El Chile de Pinochet es visto por funcionarios del gobierno del presidente Juan Orlando Hernández, como la referencia obligada para adoptar dicho modelo neoliberal y seguir aplicando políticas fracasadas, tal como es el caso de la reforma educativa impuesta en aquél país por un gobierno autoritario que penalizó el acceso a la educación para jóvenes de bajos recursos económicos, y volvió la educación superior de élite.
En Honduras, el Ministro de Educación Marlon Escoto, una especie de fanático del modelo educativo chileno, se presenta a los ojos de la sociedad hondureña y de las agencias de cooperación internacional, como el gran reformador. De acuerdo a él, en su gestión se han ejecutado tres reformas educativas cuyo mayor logro ha sido que los alumnos de escuelas y colegios públicos asistan a 200 días de clase al año y que los maestros trabajen más y cobren menos.
Su trabajo empezó por perseguir a los dirigentes de los colegios magisteriales, muchos de ellos activistas y dirigentes del partido LibRe; acompañado de una política de represión generalizada por el Estado causante de violaciones de derechos humanos como el derecho a la participación, protesta pública y la huelga. Continuó con el asalto al Estatuto del Docente, los colegios magisteriales, el fuero sindical y el control de las aportaciones, acompañado del control por el gobierno de los fondos de previsión social y uso de los mismos para campañas políticas y corrupción.
Rápidamente alistó baterías para extender la jornada de trabajo del docente y regular la asistencia a clase o trabajo comunitario los días sábados. Desarrolló un nuevo sistema de control del trabajo del docente, registro de entradas y salidas, trabajos fuera de la escuela pública y control de las aportaciones de los padres de familia para garantizar el funcionamiento mínimo de los centros educativos, donde cerca del 70% de la infraestructura escolar está deteriorada. Es más, avaló el programa guardianes de la patria que ejecutan las FFAA para formar jóvenes y niños con “valores” democráticos.
Lo más reciente es su empeño porque los maestros de las escuelas y colegios públicos cubran un horario de 45 minutos cada clase y no de 40 minutos, igual que no se tomen esos 5 minutos como compensación de salida para llegar temprano (marcar tarjeta) a la hora indicada en la otra escuela (mayormente privada) donde un número de ellos prestan también sus servicios. Aunque no tienen “vela en ese entierro”, esta medida afecta a los alumnos que se desplazan de colonias marginales y de la periferia de las ciudades a los centros educativos, por lo cual han realizado varias protestas pidiendo diálogo y comprensión para ellos y sus padres.
En vez de buscar el diálogo oportuno, el Señor Escoto denunció que detrás de las protestas callejeras de los estudiantes se encuentra la “Chula”, una especie de demonio que asusta a los niños sino se duermen o se portan mal con sus padres. Sin embargo, la “Chula” en Honduras tiene nombre: Manuel Zelaya Rosales y su partido LIBRE, que además de asustar a políticos y empresarios es también responsable de todo lo malo que sucede en Honduras, incluyendo la crisis económica, dengue hemorrágico, invasiones de tierra y del caos en el sector educativo nacional. Incluso, en este cuento de la “Chula” cayó también la rectora universitaria, cuando los estudiantes de secundaria decidieron protestar frente a la Universidad Nacional.
Al parecer, el Ministro Escoto se dio cuenta tarde que la solución al problema educativo en Honduras pasa por el diálogo franco entre los actores del sector, incluyendo a los padres de familia y los estudiantes. Decimos tarde porque ya murió una estudiante en impunidad, Soad Nicole Ham una niña de 13 años encontrada estrangulada frente al colegio donde estudiaba; y las alarmas que empezaron a sonar en casa de gobierno acerca de los resultados reales de la gestión de Escoto en educación y la lucha política que se avecina.
Manuel Zelaya Rosales denunció que detrás de estas ejecuciones están escuadrones de la muerte para sembrar miedo y terror en la población hondureña. La coalición de partidos políticos en oposición sigue a la espera del llamado al gran diálogo nacional propuesto por el presidente Hernández, siendo un tema de agenda la violencia y la impunidad; otro tema, una evaluación de las reformas educativas ideadas por Escoto y el modelo educativo que necesita Honduras en la coyuntura actual.
Las utopías no han muerto. ¿Quién dijo eso?
Rebelión
Por Marcelo Colussi
Kalvellido
"La imaginación al poder".
Mayo Francés, 1968
I
La vida cotidiana, en todo tiempo y lugar, no es fácil. Al contrario: sobran los problemas. Ante esa dureza de la realidad los seres humanos necesitamos de antídotos que la tornen más llevadera. He ahí el principio de las religiones. (“La religión es el opio de los pueblos”, afirmó Marx).
Las relaciones sociales, siempre en esta lógica de lo problemático de todo vínculo interhumano, no son fáciles. La historia de las sociedades humanas nos muestra un eterno malestar, al menos hasta ahora, basado en injusticias estructurales, en diferencias de clases antagónicas donde una subyuga a otra, donde siempre hay -incluso en la relaciones dentro de esas clases- jerarquías de dominación. Aquí la posibilidad de buscar paliativos se torna más difícil: aunque también lo intenten, ya no bastan las religiones. Estas diferencias se dirimen en el campo de lo político; son, de definitiva, diferencias de poder, luchas de poder.
Por milenios, las transformaciones políticas se fueron dando en el transcurso de las relaciones sociales sin teoría académica que las pusiera en marcha, que las avalase o justificase; simplemente se dieron. Desde hace un par de siglos, sin embargo, con el desarrollo del pensamiento político occidental, estos cambios se pretenden matematizables, previsibles; y más aún: se los puede dirigir en un sentido dado. Aparece en Europa el pensamiento político moderno, y en esa dinámica nace el materialismo histórico, -popularizado luego como marxismo-, desde el inicio con la pretensión de saber científico, por tanto, de guía para la acción.
Fundándose en una teoría científica de la sociedad, de su estructura y de su historia (pero faltando, sin dudas, una teoría del sujeto con similar rigurosidad en su formulación) el pensamiento socialista apareció como propuesta de comprensión de la realidad humana, y mucho más aún, como propuesta de transformación de la misma.
Formulada con valor de teoría, sin ningún lugar a dudas tuvo características de utopía. Es decir: funcionó como la presentificación de una aspiración, de un deseo puesto como meta alcanzable. Hoy -más aún luego de la caída del muro de Berlín- la palabra "utopía" está cargada de connotaciones negativas; es, en todo caso, sinónimo de quimera, fantasía, mera ilusión. En el socialismo clásico, por el contrario, era el horizonte de llegada de un proceso racional, estaba plena de positividad.
"Sociedad sin clases", "reino de la igualdad", "solidaridad sin fronteras": sin dudas han sido y siguen siendo utopías. Pero utopías no en el sentido de sueños vanos, evanescentes fantasías sin asidero. Utopías como aspiración de un mundo más justo, más equitativo. Utopías -ahí está su fuerza justamente- como proceso de búsqueda.
Hoy, caídas las primeras experiencias que transitaron la senda socialista, y con una sumatoria de hechos criticables en aquellas otras que sobreviven como modelo no capitalista, es pertinente plantearse en qué medida esas aspiraciones son utopías en sentido negativo o positivo.
Por lo pronto parece demostrarse que, en tanto especie humana, necesitamos siempre esta dimensión de búsqueda de un ideal, de un paraíso que funciona como horizonte que nos llama. La diferencia que se da con el socialismo científico, con el marxismo, es que esta construcción pretende tener los pies sobre la tierra. Es la búsqueda de un ideal, quizá de un paraíso, sobre la base de una formulación matemática y asentada en una realidad material.
"Utopía, te odio y te quiero. Te odio porque sólo has existido en la cabeza de los hombres, no en sus manos. Te quiero porque permaneces en la esperanza de una segunda oportunidad" , nos dice Marcos Winocur. En este sentido el socialismo es una utopía éticamente válida; si sus primeros pasos no dieron todos los resultados que se esperaba, tampoco puede desvirtuárselos. De lo que se trata es de revisar por qué no funcionó como se esperaba, por lo que es necesario entonces una relectura de sus principios y de sus posibilidades. Dicho en otros términos: ¿son posibles las utopías? ¿Qué valor tienen las mismas? Podría decirse que son como las estrellas: inalcanzables, pero marcan el camino.
II
El socialismo es, en esencia, la aspiración a un mundo más justo. En sus albores hacia el siglo XIX -y durante las primeras experiencias de su construcción ya en el XX- esa justicia se interpretó en términos de equidad económica. Hoy día, a partir de la enseñanza histórica, podríamos ampliar la mira: la justicia tiene que ver además con la democratización de los poderes, con su horizontalización. Problemas como las injusticias de género o la discriminación étnica no fueron especialmente consideradas en el pensamiento clásico, carencia que en la actualidad debe revisarse.
"Es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?" , se preguntaba Einstein, que además de físico genial era un agudo pensador social -faceta que le es bastante desconocida por cierto-.
Si algo podemos decir que debe criticarse severamente de las experiencias socialistas conocidas hasta la fecha es justamente su falta de democratización del poder. Que su concentración suceda en las sociedades no-socialistas no debe sorprender; en ellas más allá de la declamada democracia formal -que encierra básicamente una perversa hipocresía- el poder absoluto queda en manos de las grandes empresas (hoy transformadas en monstruos multinacionales con presupuestos mayores al de muchos países pobres, y con un poder político descomunal, a veces más grande que el de los aparatos estatales). La cuestión se plantea en el manejo del poder que ha tenido el socialismo. Algo ahí no funcionó; ¿era una tonta utopía suponer que se iba a poder horizontalizar el poder?
Poder popular: ese es el gran desafío. ¿Cómo?
El hecho que posibilitó pensar en una alternativa real para la construcción del socialismo fue la Comuna de París, intensa experiencia de poder popular espontáneo de sólo un breve tiempo de duración ocurrida en el ya lejano 1871. Fue a partir de esta circunstancia inaugural que los fundadores teóricos del socialismo científico, Marx y Engels, conciben la "dictadura del proletariado" como mecanismo para la subversión del poder de la clase actualmente dominante e inicio de la edificación de una sociedad sin clases.
El espíritu de la Comuna es lo que ha guiado y sigue guiando este tipo de iniciativas autogestionarias. Hoy, caídos los modelos de partido único con que se dieron los primeros pasos del socialismo, es necesario reflexionar sobre aquella experiencia histórica. La cual, a su vez, se emparienta con otra gesta no menos importante que también tuvo lugar en París casi un siglo después: el mayo francés de 1968. Y, por supuesto, con numerosas experiencias de autogestión popular que han tenido y están teniendo lugar a lo largo y ancho del planeta, de las que se puede aprender mucho: fábricas recuperadas, cooperativas diversas, colectivos horizontalizados, movimiento okupa y un largo etcétera.
Definitivamente el sistema pluripartidista que nos trajo la democracia parlamentaria moderna, si bien constituye un avance con relación al absolutismo monárquico y las estructuras feudales, lejos está de ser una auténtica representación de todos los sectores sociales. En forma disfrazada, no deja de ser una dictadura de la clase capitalista. Para la gran mayoría de la población mundial ya no es tanto el látigo el que intimida sino el fantasma de la desocupación (un látigo más sutil, por cierto. La esclavitud ahora es asalariada).
Ahora bien: ¿puede la utopía socialista ir más allá de este corrupto sistema de partidos políticos y generar un auténtico poder popular?
III
Según concibió la teoría marxista clásica debe ser un partido revolucionario en manos de las fuerzas sociales más progresistas quien lidera el proceso transformador. Y ahí se abre un debate hasta ahora nunca saldado. ¿Partido obrero? ¿Movimiento campesino? ¿Vanguardia armada? ¿Frente popular multiclasista? No faltó quien -y no es chiste- llamara a estrechar vínculos con los extraterrestres, en el entendido que si estos visitantes tenían un tal grado de desarrollo técnico que les permitía llegar hasta nuestro planeta, sin dudas también lo tendrían en la dinámica social, por lo que ya habrían alcanzado la organización superadora de las clases, y en consecuencia de ellos podíamos nutrirnos entonces.
Como vemos los pasos que deben llevar a la construcción de un orden nuevo son diversos, debatibles, incluso cuestionables. La "teoría" de la alianza con los alienígenas, sin dudas; pero ¿y el partido revolucionario único?
"La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad. La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente" , decía hace ya casi un siglo Rosa Luxemburgo. Sin dudas la "dictadura del proletariado" tuvo más de dictadura que de otra cosa. Dicho esto, sabido y sufrido todo esto (yo no me atrevo a decir que "hasta aquí he llegado" con respecto a alguna revolución, pero me quedan profundas dudas respecto a cómo se estructura el poder en todas ellas: ¿por qué nunca hay mujeres comandantes?, ¿por qué los comandantes comandan tan longevamente, siempre hasta que se mueren?) debemos abrir la autocrítica.
Sin dudas no es una quimera, una utopía en sentido despectivo, la intención de cambiar las relaciones entre los seres humanos. Es, si se quiere, un imperativo ético: la sociedad de clases es un atentado contra la especie humana, y el capitalismo desarrollado lo es también contra el planeta. Por tanto no es un sueño infantil el aspirar a su modificación. De hecho, además, de forma lenta pero sin pausa, la humanidad va cambiando, va buscando mayores cuotas de justicia, de participación popular (las monarquías no están en ascenso y la esclavitud física, aunque no desapareció totalmente, tampoco está en crecimiento). Lo que se visualiza como utopía -en el sentido que prefiramos- es el camino a seguirse para conseguir el fin. Dicho en otros términos: ¿cuál es el instrumento que posibilita cambiar la sociedad a favor de las mayorías explotadas?
La Comuna de París y el mayo francés se proponen como referentes: el "pobrerío" al poder, la imaginación al poder. Podemos estar de acuerdo con que otro mundo es posible ; la cuestión es cómo construirlo. Es decir: ¿cómo se afianzan y tornan sustentables las experiencias autogestionarias? Más allá de la reacción, la protesta, la lucha contestataria (momentos imprescindibles en esta construcción), a la luz de lo que fueron esos intentos de edificación de algo nuevo, las preguntas siguen abiertas.
¿Habrá que convencerse que el poder popular, el poder horizontalizado, es una pura quimera, una utopía en sentido negativo? La figura del Amo y del Esclavo que Hegel inmortalizara en el capítulo IV de su Fenomenología del Espíritu como modelo de la dialéctica definitoria de la relación interhumana ¿no se equivoca entonces? Con lo que tenemos de ejemplo hasta ahora, con todo lo que las experiencias humanas nos han aportado a lo largo y ancho de la superficie de nuestro planeta y en lo que llevamos de historia como especie (al menos lo que conocemos desde que existe propiedad privada, no más de 10.000 atrás), en principio todo ello nos autoriza a decir que sí, efectivamente, Hegel no parecía muy equivocado.
IV
El poder fascina. Esto, parece, es válido universalmente. Cualquier experiencia de ejercicio de poder nos confronta con la dificultad tan grande de lograr evitar caer en similares tentaciones, desde el Gengis Khan a Ceauscescu, del poder que confiere manejar un automóvil respecto al peatón al hecho que un sirviente nos abra la puerta del ascensor, del profesor en su cátedra a Idi Amin con todo su despliegue de abusos impunes. Renunciamientos al halo mágico del poder, aunque de hecho puedan darse, no son fáciles. Por otro lado, ¿por qué habrían de serlo?, si justamente lo humano es tal en torno a esa dialéctica, se constituye sobre ese paradigma amo-esclavo.
Si el Che Guevara renunció a su puesto en la Revolución Cubana, ¿fue realmente para seguir con la causa universal de la lucha revolucionaria, o porque no había lugar para dos grandes en la isla? Eva Perón, en la década de los 50 del siglo pasado en Argentina, ¿renunció a la vicepresidencia por lealtad con su pueblo, o porque la oligarquía vernácula y la embajada estadounidense la obligaron?
En la tradición socialista nunca se ha debatido seriamente el tema del poder, de la fascinación del poder. La sola mención de "poder popular" como fórmula mágica no excusa -la historia lo constata- de la necesidad de mantenerse alertas ante las recaídas en las mismas repeticiones de siempre. ¿Por qué siempre las revoluciones socialistas estuvieron ligadas a la figura de un gran líder? (por cierto, siempre varón). ¿Por qué estos líderes se permiten legar herederos políticos? ¿Por qué siempre los mismos errores? Se podría haber pensado que en la construcción del mundo nuevo las purgas en masa de Stalin quedaban en la historia estigmatizadas como lo que nunca debería repetirse, y que ya nunca volvería a verse un abuso de autoridad por parte de un dirigente revolucionario. Pero no: el verticalismo y las decisiones autoritarias aún persisten como práctica en buena parte de las organizaciones de izquierda.
Cuando se ha pensado en transformar el mundo (utopía en el sentido literal que el inventor de la palabra -Tomás Moro- le dio: "lugar que no está en ningún lugar"), cuando la tradición socialista apuesta por la construcción de una cosa nueva, ahí es donde surgen los problemas.
Los problemas son de dos tipos: por un lado -esto no es ninguna novedad obviamente- la reacción de las fuerzas conservadoras, de aquellos que perderían con un cambio. Obstáculo de enormes proporciones a vencer, mucho más grande que hace un siglo, cuando se comenzaba a hablar de poder popular, de la comuna de París. Obstáculos que hoy, con un poder militar inconmensurable por parte del capitalismo desarrollado, y más aún de su potencia hegemónica, son de una naturaleza casi insalvable (hoy quizá sea más fácil molestar a la lógica capitalista por medio de un hacker que con un llamado a la toma de las armas por parte del pueblo unido).
"Todos sabemos lo que hay que hacer, pero no hay voluntad política de hacerlo", dijo recientemente, en una reunión del Foro Mundial Económico de Davos, Suiza, la por ese entonces ministra de finanzas de Nigeria Okonjo-Iweala. Es decir, si bien las fuerzas conservadoras no quieren en lo absoluto cambiar nada, desde las izquierdas se sabe por dónde empezar; y también desde la derecha se sabe qué cosa no se desea cambiar. La cuestión por así decir "técnica" de una transformación es más que sabida: tocar el gran capital a favor de las masas paupérrimas (expropiaciones, reforma agraria, políticas sociales a favor de las mayorías). Pero esto lleva al segundo tipo de problemas: ¿cómo se logra?
Descartando -al menos en principio- que los extraterrestres puedan sernos de provecho en la edificación de nuestra utopía terrena, ¿qué hacer? La pregunta que se formulara Lenin en 1902 dándole título a una de sus más connotadas obras y pensando la situación de la Rusia de ese entonces, sigue vigente en nuestros días, ¡radicalmente vigente!
Por cierto la naturaleza en la dificultad de los dos problemas es diversa; sin dudas el primero de ellos es más acuciante. ¿Cómo enfrentarse al Fondo Monetario Internacional, a las bombas inteligentes, a los satélites de espionaje, al fantasma de la desocupación? El mundo de hoy, luego de la caída del muro de Berlín, está inclinado de modo escandalosamente unipolar hacia el lado del gran capital, y por cierto que no se ve muy fácil cómo golpearlo. La derecha ha aprendido de sus errores más rápido y mejor que la izquierda, y hoy día ya no son concebibles ni una comuna de París ni un mayo francés, sencillamente porque el poder dominante lo puede controlar con relativa suficiencia.
Pero si eventualmente la correlación de fuerzas permitiera -concédasenos jugar un momento a las utopías- realizar los cambios pertinentes, surge con no menos fuerza el otro problema: confiscadas las empresas industriales, repartidas las tierras, promovido el estado de bienestar por medio de iniciativas populares (salud y educación públicas y de calidad, créditos hipotecarios, arte y cultura para todos), ¿cómo organizamos el poder popular? ¿Cómo evitar que se repitan las purgas stalinistas o el machismo y la impunidad de "un comandante"? (que también, a veces, son todo eso).
V
Quizá no haya antídoto contra mucho de lo que conocemos como experiencia humana. Si el poder fascina a todos por igual, si el sujeto se constituye contra la imagen del otro, parece que es utópico buscar una "bondad natural" entre los seres humanos. Pero más aún: quizá sea desubicado, tonto, inconducente, mantener un maniqueísmo de buenos y malos, de carácter más bien religioso, donde el poder y los poderosos son intrínsecamente "malos" y los desposeídos son los "buenos". El "hombre nuevo" -que por definición tiene que ser "bueno"- no está cerca de prosperar. ¿Hay ya "hombres nuevos" por algún lado? ¿Puede haberlos? ¿"Nuevos" en qué sentido: que ya no se fascinan con el poder? No debemos olvidar que el Che, por ir a luchar al África en nombre de la revolución universal, dejó abandonada su familia en Cuba. ¿Qué decir de eso desde una lectura crítica con perspectiva de género? Además, ya que hablamos de "hombre nuevo", ¿no se filtra ahí un prejuicio machista?: "hombre" como sinónimo de Humanidad. Sin dudas, hay cosas que revisar, y la distribución de poderes sigue siendo una agenda pendiente en el campo de la izquierda.
Quizá lo que podemos plantear, con mayor simpleza, sin aspirar a algo tan monumental como un "hombre nuevo", es la necesidad de la participación popular como un camino importante, tal vez de la más vital importancia para la construcción de un mundo distinto.
Que "otro mundo es posible" está fuera de discusión; posible e imperiosamente necesario. Sobre lo que debemos seguir profundizando es en el cómo lograrlo. Participación popular, poder popular, son conceptos que van más allá de la concurrencia a las urnas cada tanto tiempo, o la participación en un acto público el 1º de mayo. La experiencia de los intentos socialistas habidos nos va demostrando que la construcción del partido revolucionario presenta significativas contradicciones. La supuesta pluralidad partidaria de las democracias burguesas no tiene absolutamente nada que ver ni con la participación ni mucho menos con el poder popular. Autogobierno local, autogestión obrera de la producción, movimientos cooperativos -y en esa línea también: comuna de París y mayo del 68- son hitos que ya existen y deben potenciarse. He ahí donde debemos nutrirnos para ver por dónde caminar. Alimentando el debate sobre el tema del partido revolucionario, decía Rosa Luxemburgo en 1904: "El ultracentralismo preconizado por Lenin no nos parece impregnado de un espíritu positivo y creador, sino del espíritu estéril del vigilante nocturno. Toda su atención se concentra en el control de la actividad del partido y no en su fecundación, en su restricción antes que en su despliegue, en el recelo y no en la puesta en marcha del movimiento". Debate que, un siglo después, probablemente haya que seguir dando.
Entiendo que para quienes damos por supuesto que hay que seguir buscando modelos más justos de vida, el problema se nos plantea al abordar cómo impulsar ese poder popular. Debemos estar conscientes que cada individuo es, ante todo, parte de una masa; y que la masa tiende a ser conservadora, no crítica, fácilmente exaltable. La idea de "hombre nuevo" es casi la antípoda del hombre-masa. En algún sentido todos somos masa, y la organización de una sociedad tiene mucho que ver con ese fenómeno. De todos modos el capitalismo desarrollado llevó esa formación a niveles jamás vistos anteriormente en la historia; no puede haber sistema capitalista eficiente si no hay masa, tanto como productora como consumidora. La masa, preciso es reconocerlo, difícilmente pueda proponer, sopesar, decidir con sutileza. La masa es amorfa, sigue a un líder, prefiere el inmediatismo. De eso se aprovechan hoy las técnicas de manipulación del capitalismo, y ahí están la publicidad omnipotente y los espectaculares manejos de masas (hoy la política es básicamente un espectáculo mediático, igual que el llamado deporte profesional, o las religiones de los telepredicadores). Hay que reconocerlo: ¡se aprovechan muy bien!
Ahí está el reto justamente: ¿cómo lograr que ese conjunto incordiando y manipulable como es la masa pueda ejercer el poder? ¿Cómo puede gobernarse a sí misma? "Las masas" -como decía una pintada callejera durante la guerra civil española- "no son revolucionarias sino que, a veces, se ponen revolucionarias". Insistamos con el interrogante: ¿es posible perpetuar ese espíritu revolucionario de la masa? ¿Es posible construir una sociedad a partir de ese espíritu? ¿Cómo hacer para que en realidad la imaginación tome, conserve y ejerza productivamente el poder? Resolver esto es el desafío que nos espera.
La dictadura del proletariado, es decir: un gobierno revolucionario sin jefes dispuesto a cambiar el curso de la historia, fue lo que hizo pensar a Marx un siglo y medio atrás en la pertinencia de ese mecanismo luego de entusiasmarse con los hechos de París de 1871. Las contadas ocasiones en la historia del siglo XX en que esas masas dejaron de acatar las reglas establecidas y derrocaron regímenes que las agobiaban (Rusia, China, Cuba, Nicaragua), se pusieron en marcha procesos que significaron mejoras. Claro que siempre esos movimientos tuvieron una figura fuerte (masculina) que terminó poniéndose al frente. ¿Es posible prescindir de los líderes acaso? Si no lo es en un primer momento (en Venezuela, por ejemplo, toda la revolución depende de la carismática figura de Hugo Chávez, vivo o ahora muerto), ¿cuándo dejan de ser pieza clave? ¿Cómo y en qué momento el poder popular sigue adelante, más allá de una burocracia ya constituida?
Hecho el balance de lo que significaron tales experiencias sociales, está claro que hubo grandes avances populares (se redujo o extinguió el hambre crónica, creció el bienestar cotidiano, la población tuvo acceso a salud, educación, tierras y viviendas, aumentó la producción y la investigación científica, hubo acceso para todos al arte, la cultura y el deporte), definitivamente más que retrocesos. Aunque se pueda criticar la burocracia y la falta de derechos individuales en China, por ejemplo, ¿quién podría negar que las grandes masas tienen hoy un mejor nivel de vida que con los mandarines? Aunque no falten cubanos que abandonan la isla hastiados de la monocromía del partido único y la crónica escasez buscando el presunto paraíso adorado de Miami, ¿quién podría negar que la situación socioeconómica y cultural de la población de Cuba es hoy absolutamente más digna que la de cualquier país latinoamericano?
De todos modos la pregunta sigue en pie: ¿y el poder popular?
VI
Quizá debemos poner un especial énfasis en la pequeña célula de autogestión, en el pequeño grupo que se organiza y se autogobierna, y no tanto en la idea de gran proyecto universal que cambia el mundo y abre las puertas del nuevo paraíso. Eso, por lo que vemos, no funcionó en ese sentido.
Ante esos experimentos fallidos -no sé si decir fracasos, pero sí tanteos a revisar- está claro que hay que presentar otras alternativas. Lo que podemos extraer como primeras conclusiones es que si de cambios se trata, la masa debe ser crítica, acompañar e involucrarse en los procesos sociopolíticos, ser un contralor riguroso. Tal vez a principios del siglo XX, en Rusia, un campesinado casi feudal, muy poco desarrollado educativa y políticamente, lejos de la cultura industrial urbana, no estaba en condiciones de ser el garante de un proceso autogestionario genuino; por eso, más allá de los soviets, pudo aparecer un Stalin.
Esa es una forma de interpretar un fenómeno muy complejo, y quizá una forma errónea; en esa dimensión podría preguntarse: ¿pero por qué una clase obrera como la alemana, o la japonesa, altamente desarrolladas, con buenos niveles educativos, con tradición de organización sindical, no proponen entonces el control de la producción en sus países? ¿Por qué no toman en sus manos el control de sus Estados y organizan una sociedad nueva? Ahora bien: ¿quién dice que esas clases sociales quieren cambiar su estatus? Tal vez cada trabajador individual querría, ante todo, devenir funcionario de la fábrica donde labora, duplicar su ingreso, incluso tener personal a su cargo. En países de alto consumo el ideal es poder consumir más todavía y la solidaridad es una exótica pieza de museo. El actual neoliberalismo se ha encargado de elevar la tendencia a su máxima expresión haciendo del individualismo una religión obligada.
Tanto en el norte hiper desarrollado como en el sur famélico, hoy por hoy, caídos los modelos del socialismo clásico y entronizado el "sálvese quien pueda" de un capitalismo salvaje y voraz, replantearse los términos del poder es de vital importancia. En el ánimo de aportar alternativas en este debate, entiendo que la cuestión básica estriba en pensar en procesos micro, locales, en pequeños poderes realmente horizontales y democráticos: la comunidad barrial, la unidad sindical, la cooperativa puntual, el grupo de consumidores, los colectivos particularizados. Experiencias de autogestión hay numerosísimas a lo largo y ancho del planeta, y de ahí debe salir la nueva savia revolucionaria.
En un mundo globalizado con poderes descomunales de impacto planetario, buscar alternativas especulares a esos poderes no se ve conducente. La Guerra Fría, por cierto, terminó asfixiando en su monstruosa, loca carrera de dos gigantes -uno más que el otro, evidentemente- a uno de los polos, el que, mal o bien, podía servir como contrapeso al capitalismo; por tanto, volver a oponer misil nuclear contra misil nuclear en tanto método de lucha no parece lo más fructífero.
No podemos ser ingenuos y pensar que una comunidad rural organizada en alguna provincia de Tanzania, o un colectivo de madres solteras en Rawalpindi, puedan ser inquietantes para los grandes bancos que manejan la economía mundial, o para las fuerzas armadas de Estados Unidos o de la OTAN. Seguramente no. Pero dado que estábamos hablando de cómo darle forma a la utopía, entiendo que he ahí el germen del que debemos nutrirnos. Pensar en las utopías significa creer que son posibles (si no, no vale la pena siquiera considerarlas).
"La arena es un puñadito, pero hay montañas de arena" , dijo algún poeta latinoamericano. La organización comunitaria, el trabajo de hormiga en la base, la resistencia de los cristianos en las catacumbas del imperio romano si queremos decirlo con una figura legendaria, ese fermento de poder popular es lo que puede vislumbrarse como camino.
Luego del derrumbe de la Unión Soviética, del mundo unipolar vivido estas últimas décadas y del mensaje triunfal del neoliberalismo individualista -coronado con algo simbólico como la invasión a Irak por parte de los Estados Unidos pasando por sobre la Organización de Naciones Unidas- todos, y la izquierda en especial, hemos quedado golpeados, sin referentes, profundamente asustados. El fantasma de la desocupación no es poca cosa, y los cerca de 200 millones de desocupados en el mundo ayudan a mantener la precariedad laboral en un bochornoso proceso de retroceso social (hasta en el seno de las Naciones Unidas los contratos son por tiempo limitado, sin prestaciones ni derecho sindical). Si "la historia ha terminado" -según se nos informó pomposamente- ¿para qué pensar en utopías?
No es utópico decir que hay que enfrentarse a todo esto: es, en todo caso, una obligación, un imperativo ético. Durante la comuna de París era más claro -pero no por ello más sencillo- fijar el norte: la clase obrera industrial debía ser el motor de cambio universal tomando el poder y construyendo una sociedad nueva (claro que esa conclusión se sacaba en uno de los países más industrializados del mundo, en muy buena medida rector de la historia global por su influencia política y cultural. Quizá una sublevación indígena en América -que en 1871 también ocurrían- no hubiera permitido sacar la misma conclusión).
Hoy, seguramente el panorama no permite aquella misma claridad. ¿Contra quién lucha el campo popular en la actualidad? Si bien sigue siendo claro que contra un sistema injusto, como mínimo hay que formular algunos matices: en el capitalismo desarrollado un trabajador no tiene mucho por lo que protestar, o no tanto, al menos, como cuando la comuna parisina en el siglo XIX. Allí, quizá, el mayor enemigo es el mismo consumismo. En el sur, por el contrario, dada la complejidad e interdependencia planetaria a que se fue llegando, se hace casi imposible pensar en procesos de autonomía nacional antiimperialistas (¿cuánto podría resistir hoy una revolución socialista en un estado africano, por ejemplo?, o ¿hasta dónde podrá llegar la Revolución Bolivariana en Venezuela si decide radicalizarse más?); en el Tercer Mundo, tal vez lo más revolucionario hoy es no pagar la deuda externa. Hablar de antiimperialismo pasó a ser casi una reliquia. ¡Pero el imperialismo sigue siendo una cruda realidad!
Ante todo esto, entonces, ¿hay que olvidarse de las utopías?
VII
¡De ningún modo! El solo hecho de escribir estas líneas, de intentar hacerlas circular, de contribuir a este debate, está mostrando que la utopía nos sigue convocando. Y estoy seguro que no somos pocos los que así pensamos.
Desde hace unos años ya ha pasado a ser costumbre realizar encuentros internacionales alternativos a las cumbres de los super poderes: el G-8 alternativo, el Foro Social Mundial. Sin dudas tienen, antes que nada, un valor político: hacer ruido al lado de los factores de poder dominadores del mundo. Hasta ahora no ha salido de ahí un claro programa de acción para oponernos al capitalismo salvaje que nos agobia. Incluso es probable que nunca salga; que no aparezca un plan concebido como guía para implementar. Y ahí está su fuerza quizá.
Estos espacios alternativos pueden ser lugares de encuentro, de intercambio, de aprendizaje, donde las fuerzas progresistas de la Humanidad (que las sigue habiendo, pese al post modernismo depresivo que nos invade) pueden ver que no todo está perdido. Con un espíritu de horizontalidad, de democracia, es importante seguir creyendo en que otro mundo es posible, que no todo se reduce a asegurar el propio empleo, tomar Coca-Cola y olvidarse del vecino.
Si algo tienen de positivo estos encuentros es que constituyen una invitación a repensar las cuestiones sobre el poder y su fascinación. Que el capitalismo y su expresión imperial máxima dada por los Estados Unidos son el enemigo, eso no es novedad. Que el stalinismo es una vergüenza histórica para la izquierda, eso tampoco es novedad. Lo que nos debe unir como movimiento popular es la búsqueda de alternativas viables al modelo miserable que hoy se presenta vencedor.
La utopía no ha muerto porque ni siquiera ha terminado de nacer.
Radioapología
Por Maciek Wisniewski *
Vicman
Me despierto escuchando la radio y me duermo escuchando la radio. Es algo tan normal –e integral– para la vida cotidiana como respirar, comer, beber o... leer; una manera –por cierto– suplementaria, pero a la vez sumamente natural de “ingerir” música (clásica), información (política/cultura) o literatura (novela en capítulos). Uno ya ni lo piensa. Pero a veces cuando sí me pongo a pensar en todo esto o por ejemplo en la relación entre la radio y la política, me da un repentino ataque de memorias perversas y me acuerdo del papel central que le asignaba Hitler en su plan de la colonización de los pueblos eslavos.
¿La radio, una herramienta de la colonización? Así es.
Para Hitler los eslavos eran unos “salvajes” –“como los hindúes o los aztecas” (sic)– a quienes, exterminando simultáneamente sus élites políticas e intelectuales, había que negar toda la educación o la literatura.
El único “pasatiempo” permitido –pensado como un método del control y la despolitización– era “la radio y la música hasta hartar” ( Hitler's table talk, 1941-1944 , Enigma Books, 2000, p. 237).
En este momento siempre se me quitan las ganas de escuchar lo que ya voy escuchando y lo apago.
Entonces agarro un libro. Normalmente solo para ahondar el desasosiego y seguir leyendo sobre el tema (y no: por fortuna nunca es tan grave como para que tenga que ser Mein kampf...).
El otro día era una hojeada de Adorno que huyendo de los nazis a los Estados Unidos (1938) se dedicó a estudiar los efectos que tenía la radio –algo novedoso en aquel entonces– en la percepción y el funcionamiento de la música.
Partiendo de las observaciones de su amigo Walter Benjamin (“lo emancipatorio del arte en los tiempos de la reproductibilidad técnica”), se mostraba no obstante escéptico sobre su potencial: p.ej. su efecto de “aquí y ahora” era, para él, “puramente ilusorio” (Current of music: elements of a radio theory, Cambridge Press, 2009, p. 93).
Otro alivio a mis periódicas “depresiones radiofónicas” llegó hace poco con la selección de programas para la radio escritas –y presentadas– por el mismo Benjamin en los años 1927-1933, una faceta poco conocida de él (Radio Benjamin, Verso, 2014, pp. 424).
En total fueron casi 90: la mayoría en forma de pláticas “para niños” (aunque bastante exigentes y con conexiones con el resto de su obra: El origen del drama barroco alemán, Libro de los pasajes, La obra de arte en la época de su..., etc.); más unas piezas de radioteatro y algunos “modelos experimentales”.
Fascinado con el impacto de las “nuevas tecnologías” –apenas en 1920 se transmitió el primer programa de noticias por la radio– Benjamin disfrutaba los momentos pioneros de este medio y las condiciones particulares de la joven República de Weimar (más una fuente estable de ingresos).
Leyendo estas colaboraciones (preservadas en manuscritos; no se conservó ninguna grabación de su voz...) uno casi siente la atmósfera de la efímera libertad intelectual y cultural weimariana que se esfumó con la llegada de Hitler.
Si bien Benjamin estuvo bastante entusiasta sobre la radio y su potencial –mucho más que Adorno– veía unos claros peligros: su ab-uso por el poder y su conversión en la herramienta de la ideología (vide: la máquina propagandística nazi).
Para mí, la radio existía desde siempre; desde que me acuerdo: ocupaba un lugar central en la casa de mis abuelos. Se encendía en la mañana y apagaba antes de ir a dormir cuando el abuelo regulaba los relojes según el tiempo oficial.
Me acuerdo que a veces llegaba un amigo suyo para jugar ajedrez y se ponían a discutir sobre la prohibida Radio Free Europe –¿escuchar o no?– la emisora financiada por la CIA en el marco de la “guerra fría” (como Radio Martí para Cuba).
Estoy seguro de haber escuchado a mi abuelo una vez decir:
– “No confío en a la propaganda de Varsovia o de Moscú y tampoco en la de Washington”.
En aquel entonces las emisoras y las ondas de radio eran unas de las principales herramientas y terrenos de la lucha ideológica. Hoy, en los tiempos de la “nueva guerra fría” (¡sic!), ya es un poco diferente.
La radio –pasando por una serie de cambios tecnológicos: ¡Internet!– ya perdió su centralidad y la lucha se trasladó a las plataformas digitales que combinan varios medios, canales de noticias 24 horas y servicios de agencia (RT/Sputnik, Telesur, etc., vs. el aparato de la “dictadura global mediática”).
En un texto corto, no pensado para la emisión, pero que también forma parte del tomo –Reflections on radio (1931)– Benjamin subraya que la debilidad fundamental de la radio y el obstáculo para cumplir con su potencial es la separación entre el locutor y el público, una “falla de origen” localizada en su base tecnológica.
Como tal la radio solo reproduce los malos hábitos y la “mentalidad consumista” sin ser capaz –a pesar de sus herramientas formales y tecnológicas– de influir en ellos; y lo que debería hacer es formar un nuevo tipo de radioescuchas: activos y con pericia (p. 364).
Cambiar la radio del aparato “unidireccional” a uno “bidireccional”, convirtiendo a un radioescucha pasivo en un productor también fue el postulado de Brecht, igualmente dedicado a la tarea de expandir las fronteras de la radio en tiempos de Weimar.
Hoy tal vez lo más cercano a esta propuesta es la práctica y la experiencia de las radios comunitarias –indígenas y populares– a lo largo y ancho de Nuestra América (y no solo). Como siempre, lo más interesante ocurre “abajo” (véase: www.aler.org y www.amarceurope.eu).
La radio para muchas comunidades y organizaciones es parte integral de su proyecto político y de la vida: la capacitación y la participación de hombres, mujeres, jóvenes y ancianos son procesos de empoderamiento tecnológico-cultural y de la concientización política.
Los antes radioescuchas pasivos se vuelven productores activos con conocimientos nuevos y capacidades para transmitir y articular –mediante los programas y reportajes que preparan– los problemas de sus pueblos.
Si hay un denominador común de todo esto, es la descolonización de los saberes y el afán de independizarse de la influencia y la manipulación mediática de los “malos gobiernos”.
¿La radio, una herramienta de la descolonización? Así es.
Hitler se revuelve en la tumba.
* Maciek Wisniewski es periodista polaco
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