lunes, 27 de febrero de 2012
Organizaciones internacionales expresan profunda preocupación por aprobación de proyecto MDL que favorece a Miguel Facussé
Por Giorgio Trucchi
El pasado 17 de febrero, 95 organizaciones de 31 países, entre ellas la Rel-UITA, enviaron una carta al ministro de Recursos Naturales y Ambiente de Honduras, Roberto Cuellar, para expresarle su profunda preocupación en relación a la aprobación (11/2008) de parte de esta instancia gubernamental del proyecto del Mecanismo de desarrollo limpio (Mdl) Nº 3197.
Ese proyecto, situado en el Valle del Aguán, fue presentado por Exportadora del Atlántico SA, empresa que junto a Corporación Dinant conforman el Grupo Dinant, controlado por el terrateniente y productor palmero Miguel Facussé Barjum.
Durante los últimos años, el Bajo Aguán ha ocupado los titulares de importantes medios nacionales e internacionales, por la sistemática represión desatada contra las organizaciones campesinas que exigen el acceso a la tierra y a una vida digna.
Carta y lista de organizaciones internacionales Según los firmantes, diferentes organizaciones nacionales e internacionales de la sociedad civil, de derechos humanos, así como reportes de las fiscalías de Tocoa y Trujillo, la Fiscalía especial de derechos humanos, de medios locales y nacionales ¹, y pronunciamientos públicos de otras instituciones del Estado, han señalado "una situación grave de violencia contra comunidades campesinas, violaciones severas de derechos humanos y la impunidad de los perpetradores".
El pasado 5 de noviembre 2011, la Comisión interamericana de derechos humanos, Cidh, expresó su profunda preocupación por la situación que se vive en esta zona de Honduras.
Durante su 143º periodo de sesiones, la Cidh señaló que se recibieron informaciones sobre "la criminalización de la lucha campesina y la militarización de la zona, lo que habría puesto a los campesinos y a defensores y defensoras de derechos humanos en la zona del Bajo Aguán en una situación de alto riesgo" ².
Las 95 organizaciones internacionales recalcaron que el propietario del proyecto, "es uno de los actores claves en el conflicto agrario del Bajo Aguán", ya que sus guardias de seguridad "han sido denunciados como principales agentes de la violencia emprendida contra las comunidades campesinas y como autores directos de asesinatos de cinco campesinos" (caso El Tumbador).
Impunidad
"Estamos consternados -se lee en la carta- porque, según la información proporcionado por las autoridades, hasta la fecha no han avanzado las investigaciones de los crímenes cometidos y ha crecido el riesgo de que éstos se queden en la impunidad", expresan las organizaciones internacionales.
Según la Misión Internacional de investigación sobre los derechos humanos en el Bajo Aguán, entre septiembre de 2009 y enero de 2012 son 45 los campesinos organizados asesinados en el marco del conflicto agrario.
La grave crisis de derechos humanos que se vive en la zona hizo que el pasado 14 de abril 2011, la empresa EDF Trading, subsidiaria en Londres de la sociedad anónima francés de capital público EDF SA e integrante de EDF Group, emitió un comunicado informando sobre su retiro de los acuerdos en la compra de créditos de carbono en el Bajo Aguán a la empresa Exportadora del Atlántico SA.
Esta decisión del gigante energético francés de no seguir participando en el proyecto Nº 3197, representó un segundo duro golpe en pocos días para las empresas de Facussé.
En efecto, el pasado 12 de abril 2011, la Sociedad Alemana de Inversión y Desarrollo (DEG) -que es parte del estatal Banco de Crédito para la Reconstrucción (KfW Bankengruppe)- decidió retirar un financiamiento de 20 millones de dólares a la Corporación Dinant. La decisión fue tomada después de analizar en profundidad la situación del conflicto agrario en el Bajo Aguán.
Finalizando su carta, las 95 organizaciones internacionales de 31 países pidieron que la Serna (Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente) "re-examine en detalle si el proyecto 3197 respeta todos los criterios necesarios para la otorgación de una carta de aprobación de su parte".
También pidieron que, al término de su proceso de revisión, se divulguen los resultados junto a los criterios de otorgación correspondientes, y que las autoridades "investiguen y sancionen de forma expedita todos los crímenes y demás violaciones graves de derechos humanos cometidos en el Bajo Aguán, incluyendo la persecución de los autores materiales e intelectuales de estos hechos".
Notas:
¹ Ver por ejemplo el informe final de la Misión Investigadora “Honduras: Violaciones de Derechos Humanos en el Bajo Aguán” y la nota de la Rel-UITA
Nos aplican la terapia del shock
Rebelión
Por Ollantay Itzamná
La conmoción y el pavor se apoderan de la población hondureña, hasta el límite de una colectiva coma epiléptica. Y no es para menos. Incendios infernales consumieron, en el lapso de menos de una semana, centenares de vidas humanas encarceladas (en Comayagua, cerca de Palmerola, la base militar norteamericana más importante de Centroamérica) y varios mercados populares (en la zona más populosa del corazón político de Honduras, Tegucigalpa).
A más de una semana de la aterradora incineración colectiva, los restos humanos de cerca de 360 presos asesinados en la cárcel, arrumados en bolsas plásticas, se exponen en Tegucigalpa, como una aterradora muestra ejemplar para infundir pánico y colapso psicológico en familiares y vecinos que exigen se les entregue el cuerpo de sus seres queridos.
El sábado pasado, mientras familiares de las víctimas e insumisos defensores de derechos humanos denunciaban la masacre carcelaria a mansalva en Honduras, desde diferentes rincones se inició un fuego colosal que convirtió en cenizas a 5 mercados populares de Tegucigalpa, dejando en el peor shock psicológico a más de 20 mil comerciantes, ahora, sin nada que vender e ingentes deudas que pagar.
Aprovechando el pánico popular, aparecieron en el lugar de los mercados convertidos en cenizas, el Presidente de Honduras y el Alcalde de la capital, como los mesías redentores prometiendo “ayuda económica inmediata” bajo el slogan de “primero los pobres”.
De esta manera, los principales responsables de la masacre carcelaria de Comayagua, limpiaron su imagen y repudio en el conmocionado imaginario colectivo de la teledirigida sociedad hondureña. En instantes los verdugos se convirtieron en redentores populares. Y, para limpiar “con profesionalidad” las evidencias criminales, confiaron las pruebas de los delitos (restos de reclusos, mercados y cárcel en cenizas) a investigadores y militares norteamericanos.
Todo hace ver que dicha investigación sólo servirá para que a futuro los delincuentes perfeccionen mejor el crimen y no dejen cuerpos perforados con balas en escenas de “incendios carcelarios”.
Doctrina del shock y capitalismo del desastre
Cuando uno/a observa el tétrico paisaje hondureño, convertido por sus verdugos en un aleccionador laboratorio del terror, replicable en los insumisos países vecinos de América Latina, desfila por la memoria el contundente contenido del libro de la canadiense Naomi Klein, titulado: Doctrina del Shock, el auge del capitalismo del desastre, publicado en 2008.
En dicho libro, la autora sostiene que: “El desastre original - llámese golpe, ataque terrorista, colapso del mercado, guerra, tsunami, o huracán- lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo. Las bombas, los estallidos de terror, los vientos ululantes preparan el terreno para quebrar la voluntad de las sociedades tanto como la música a toda potencia y las lluvias de golpes someten los prisioneros en sus celdas. Como el aterrorizado preso que confiesa los nombres de sus camaradas y reniega de su fe, las sociedades en estado de shock a menudo renuncia a los valores que de otro modo defenderían con entereza” (KLEIN, 2008:23-24).
Esta doctrina es una práctica recurrente del gobierno de los EEUU en América Latina y Medio Oriente. Con esta doctrina, primero se genera el caos, la conmoción colectiva, para convertir a los pueblos en resistencia en tumultos desorientados, asustado y sin deseos de luchar. Una vez que se consigue ese estado de shock psicológico colectivo, se procede a implementar (imponer) las “soluciones” económicas (terapia económica) para los supuestos problemas que generaron el caos. Estas soluciones consisten en la destrucción (achicamiento) del Estado, privatización de los bienes comunes, servicios y empresas públicas. Si la población en estado shock se resiste, entonces, se le aplica la represión-tortura colectiva, como otro remedio añadido. Todo esto se hace en nombre de la “democracia” y de los “pobres”.
Si bien la finalidad de esta doctrina es saquear, mercantilizar y someter el planeta entero al poder de las corporaciones, en el fondo también busca borrar los recuerdos, la profunda memoria colectiva, de los pueblos, para que acepten con docilidad las más inhumanas y matricidas terapias económicas y políticas. Esta doctrina busca anular la capacidad de soñar de las personas. Convertir a los pueblos en harapientos zombis consumistas.
¿Cómo se aplica doctrina del shock en Honduras?
Lo que está ocurriendo en Honduras no es más que una reiterada aplicación disciplinada de los pasos de la doctrina del shock impuesto por el gobierno de los EEUU.
En 2009, ante la ampliación de la frontera rebelde del Sur hacia el Norte, el gobierno de los EEUU defendió incluso con un reiterado golpe de Estado su territorio de portaviones, Honduras. El golpe de Estado, en lugar de amedrentar y causar pánico en la población hondureña, fecundó la fuerza efusiva de resistencia popular sin precedentes en la región, que desafió al poder fáctico bajo la apabullante consigna de: “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”. Así se convirtió Honduras en un país donde se juega no sólo la frontera continental de la dignidad del Sur, sino la efectividad de la terapia del shock colectivo.
Si bien, durante y después del golpe de Estado se afianzó el sistema neoliberal en Honduras, hasta el límite de transferir ríos, playas y territorios a las empresas y corporaciones privadas. Sin embargo, la resistencia popular no desapareció. Más al contrario se convirtió en un “mal ejemplo” para la región, y desveló permanentemente la sistemática violación de los derechos humanos en el país, contribuyendo a deslegitimar la falsa imagen democrática y promotora de derechos humanos del gobierno de los EEUU. La consecuencia nefasta más inmediata del shock del golpe de Estado en Honduras fue y es la disolución estatal, desintegración social y la evaporación del sentido de nación.
A esta resistencia popular (algunas veces bulliciosa, otras veces silenciosa), que ahora se organiza electoralmente para desafiar en las urnas a las élites ejecutoras de la doctrina del shock, permanentemente se le aplicó y aplica la represión policial-militar como método de intimidación. Pero la resistencia, lejos de desaparecer, continúa fortaleciéndose social y políticamente.
Esta inesperada dignidad de un empobrecido y saqueado pueblo en resistencia le enfada al Imperio norteamericano. Pero más enfadados y avergonzados se encuentran sus títeres en el territorio hondureño quienes sienten que más temprano que tarde correrán la misma suerte que sus colegas de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Por eso, ahora, el imperio del desastre y sus títeres hondureños aplican al país una sobredosis de tortura colectiva recargada, con la finalidad de infundir miedo y acobardar al pueblo en resistencia.
¿Cómo entender los últimos dos “incendios”?
Veamos en qué circunstancias se ejecutaron los dos últimos actos macabros. El pasado 11 de febrero, el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), en la ciudad de Tegucigalpa, realizó una inesperada y multitudinaria proclama política para participar en las próximas elecciones nacionales, con su propia organización política llamada Libertad y Refundación (Libre). Al tercer día, el 14 de febrero, los criminales ejecutan el macabro crimen colectivo de la matanza en la cárcel de Comayagua.
Desde hace algunos meses atrás, los movimientos sociales y organizaciones del FNRP, en su cometido de gritarle al mundo de que “el golpe de Estado continúa vigente en Honduras”, decidieron organizar el primer Encuentro Internacional de Derechos Humanos, nada menos que en Bajo Aguán (lugar donde se materializa la tiranía brutal y asesina de terratenientes en Honduras) entre los días 18 y 20 de febrero. Mientras se realizaba dicho encuentro, con cerca de mil defensores, activistas y comunicadores/as de derechos humanos provenientes de Latinoamérica, Europa y Norteamérica, los criminales incendian los mercados populares de Tegucigalpa para opacar dicho encuentro, y aparecer ellos como redentores de los pobres. De ese modo, el encuentro internacional sobre derechos humanos pasó casi desapercibido en los medios masivos.
De esta manera el Imperio del desastre y sus siervos intentan escarmentar al pueblo hondureño en su demanda de la democracia participativa. Pero, en Centroamérica y en la América del Sur del Siglo XXI no existe otro camino que no sea la democracia participativa y comunitaria para vencer en las urnas y desde las casas y calles al Imperio de la muerte. Honduras no caerá presa de la violencia armada fratricida, pero tampoco renunciará a su postergado sueño de transformaciones estructurales mediante una revolución democrática participativa. Honduras no está dispuesta más a seguir siendo la Malinche de Abya Yala, y seguir heredándole la vergüenza continental a sus hijos/as.
Jari Dixon: mediante incendios se aplica teoría de choque en Honduras
El Libertador
Los siniestros ocurridos en Honduras en los últimos días y la reacción inusual de los políticos, hacen pensar que “en Honduras se está aplicando la teoría de choque”, sostuvo el exfiscal Jari Dixon Herrera.
Esta teoría consiste en generar hechos de gran magnitud que estremezcan la conciencia popular y luego intervenir como héroes para generar algún tipo de conductas sociales planificadas, advirtió Herrera.
El exfiscal llegó la tarde de hoy, al Instituto Nacional de Formación Profesional (Infop), donde permanecen los familiares de casi 400 víctimas, quemadas en la Penitenciaría Central de Comayagua.
El entrevistado señaló que los familiares son tratados “como si estuvieran en un campo de concentración” y que tanto en la muerte de personas en Comayagua como en el incendio en los mercados, ya se perfilan héroes.
Coincidentemente, cuando Herrera salía de Infop, arribó el presidente, Porfirio Lobo Sosa.
El mandatario prometió camas, ventilación y consultó cuáles son las necesidades de los familiares para garantizar una permanencia adecuada de los dolientes.
Los siniestros ocurridos en Honduras en los últimos días y la reacción inusual de los políticos, hacen pensar que “en Honduras se está aplicando la teoría de choque”, sostuvo el exfiscal Jari Dixon Herrera.
Esta teoría consiste en generar hechos de gran magnitud que estremezcan la conciencia popular y luego intervenir como héroes para generar algún tipo de conductas sociales planificadas, advirtió Herrera.
El exfiscal llegó la tarde de hoy, al Instituto Nacional de Formación Profesional (Infop), donde permanecen los familiares de casi 400 víctimas, quemadas en la Penitenciaría Central de Comayagua.
El entrevistado señaló que los familiares son tratados “como si estuvieran en un campo de concentración” y que tanto en la muerte de personas en Comayagua como en el incendio en los mercados, ya se perfilan héroes.
Coincidentemente, cuando Herrera salía de Infop, arribó el presidente, Porfirio Lobo Sosa.
El mandatario prometió camas, ventilación y consultó cuáles son las necesidades de los familiares para garantizar una permanencia adecuada de los dolientes.
Investigados investigadores, rápidos y furiosos
La Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), de los Estados Unidos (EEUU), que investiga las causas del incendio en la penitenciaría de Comayagua, en Honduras, es a su vez, investigada por el Congreso estadunidense, por trasiego ilegal de armas a México, y a la propia Honduras y a Guatemala.
La ATF, dependiente del Departamento de Justicia de los EEUU, habría vendido en Phoenix, Arizona, más de dos mil rifles de asalto y 50 de tipo francotirador, además de miles de municiones, a narcotraficantes en México, que serían posteriormente rastreadas alegando operativos encubiertos del programa, Rápido y Furioso.
Los operativos, supuestamente fracasados, consistían en una estratagema de infiltración de la ATF, de miles de armas entre grupos criminales con el propósito deliberado de darles un seguimiento que descubriría vínculos entre compradores del armamento en EEUU y los capos de los carteles de drogas en México.
Pero, la ATF alega haber perdido el rastro de las armas, desde que estas ingresaron a México. La operación es también investigada por separado por el inspector general del Departamento de Justicia de los EEUU.
Armas trasegadas por el Prófugo en Honduras se vinculan a crímenes en el mundo
Medios estadunidenses indicaron que la ATF, estableció una operación similar a Rápido y Furioso, que denominaron, Castaway [prófugo], mediante la que infiltró armas a pandillas criminales en Honduras, y probablemente a los Zetas, en Guatemala, con las mismas técnicas y tácticas del Rápido y Furioso.
Un reporte del periodista, Mike Vanderboegh, reveló que en Honduras, unas mil pistolas, fusiles y municiones del Castaway, llegaron a poder de la Mara Salvatrucha (MS-13). Se sabe que este tipo de operaciones venían siendo realizadas por Estados Unidos desde el 2009.
Algunas de las armas son identificadas como usadas por grupos paramilitares. El Fiscal de los Estados Unidos, Brian Albritton, dijo, en septiembre de 2010, que la investigación sobre el Castaway, indica que el trasiego a Honduras también sirvió para distribuir armas a carteles de narcotráfico y grupos paramilitares.
Varias de las armas de fuego del tráfico ilegal en la Operación Castaway se han vinculado a crímenes violentos en todo el mundo, según los informes.
ATF se burló del estado de Honduras y el de México
Ni la ATF, ni el gobierno de los EEUU han pedido disculpas, ni han dado ninguna explicación al régimen en Honduras. Al que tampoco parece importarle solicitarlas, ante la grave violación a su autonomía y su territorialidad. De ahí, que resulta difícil creer que no lo supieran.
Las acciones estadunidenses fueron ejecutadas, sin que se informara a los gobiernos respectivos, han asegurado estos mismos. Sin embargo, un Comité especial del Congreso habría interrogado a agentes de ATF destacados en México, quienes reafirmaron se les prohibió informar del operativo, en el caso de las autoridades mexicanas.
ATF, corresponsable por la violencia del crimen en Honduras y México
El caso de la ATF se sumó a las insistentes denuncias, en especial del gobierno mejicano, de que una buena parte del arsenal en la región, relaciona a los EEUU con el tráfico de armas a Centroamérica y Colombia, incrementado los altos niveles de violencia que se viven en esa zona hemisférica, y Washington debería impedirlo.
Un incremento sorpresivo de armas de fuego y de crímenes ocurrió en ambos países. Entonces los gobiernos, el de Felipe Calderón y el de Porfirio Lobo, buscaban reformar las tareas constitucionales de las fuerzas armadas.
Justo cuando en Honduras el régimen pretendía asignar un mando único que integrara a los policías y militares al resguardo de un superministro. Lo que consiguió estableciendo un Consejo de Defensa y de Seguridad que concentra poderes en el presidente. Al estilo de la oficina creada por George W. Bush, en la Casa Blanca.
Así también, tanto en México como en Honduras, una supuesta depuración policial se realiza en períodos muy cercanos. Con la diferencia de que en México, la reforma deriva de un proceso continuado de más de cuatro años.
Ambos gobiernos pretendieron aprobar una ley de discrecionalidad que diera a una autoridad máxima de la Policía, potestad de separar agentes mediante regulaciones que eviten corresponsabilidad del Estado.
La investigación se produce en el intento de EEUU por investigar, en su propio país, el arma con la que fue asesinado uno de sus agentes en la carretera de San Luis Potosí, México... Era una de sus propias armas.
Rápido y Furioso, sí fue un abuso de poder
El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, John Boehner, sostuvo, justo el pasado jueves, 16 de febrero de 2012 que la operación Rápido y Furioso, fue un “abuso de poder del gobierno” estadounidense, según Notimex.
Boehner demandó que el Departamento de Justicia, que preside el procurador general, Eric Holder, debe rendir cuentas, al tiempo que sigue la investigación del presidente del Comité de Supervisión, Darrell Issa.
Un régimen falto de carácter
A pesar de cuestionada, que limitaría a la ATF para investigar en Honduras, el alcalde, Ricardo Álvarez, y presidente del partido en el gobierno, se apresuró a la sede diplomática de los Estados Unidos, y pidió a la embajadora, Lisa Kubiske, que esa misma oficina investigue, también, el incendio que destruyó parcialmente seis unidades de mercado en Comayagüela, Honduras, el sábado, 18 de febrero de 2012.
Álvarez pidió a la diplomática, una “profunda investigación”, para conocer las causas del siniestro. Pues, ha asegurado que “...hay algo raro”, en la quema parcial de los mercados: Colón, Álvarez, Galindo, San Isidro, San Miguel y Quinta Avenida.
Hace unos años que Álvarez viene sugiriendo y pidiendo al gobierno central, que le entregué el edificio actual de la Secretaría de Educación Pública, aledaño al área siniestrada. En donde, de nuevo, se ha sugerido que se trasladen los mercados.
México, escándalo y reclamos de inmediato
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) elevó de inmediato su pedido de información detallada al gobierno estadunidense, sobre la operación Fast and Furious, conducida por la ATF, en marzo de 2011, inmediatamente después de que la noticia fuera divulgada por varios medios de comunicación, estadounidenses y mexicanos.
Reclamó que el gobierno de México y el de Estados Unidos habían llegado a un acuerdo para detener el tráfico de armas sobre la base del principio de responsabilidad compartida y trabajar ambos para fortalecer la cooperación bilateral en ese asunto.
El diario estadunidense, Los Angeles Times, citó documentos internos de la ATF, que indican que otro operativo, White Gun [Arma Blanca] comenzó en el otoño de 2009, junto con Rápido y Furioso.
Surtidos
Por Gabriel Giorgi y Mariano López Seoane
Se ha dicho hasta el cansancio: Sur fue una de las revistas faro de la modernidad sudamericana en lo que respecta a las artes y a las letras, un actor decisivo del campo intelectual argentino durante buena parte del siglo XX y la editorial responsable de la importación de títulos y nombres que tonificarían la escritura en y desde el sur (Faulkner, Sartre, Camus, para mencionar algunos). Se ha dicho menos, o no se ha dicho, que, comandada por Victoria Ocampo, la publicación reunió a lo largo de cuatro décadas a un número notable de escritores y críticos queer, desde José Bianco hasta Sylvia Molloy y Alejandra Pizarnik, pasando por Severo Sarduy, Virgilio Piñera, Silvina Ocampo y Enrique Pezzoni, en una demografía de la disidencia sexual que carece de muchos ejemplos comparables en nuestra historia intelectual. Al mismo tiempo, las políticas de traducción e importación que mencionamos arman una suerte de canon europeo queer, en el que se destacan André Gide, Virginia Woolf y Jean Genet. Estos datos vuelven aún más llamativo que hasta el momento ninguna aproximación crítica a Sur haya postulado una mirada de conjunto sobre las políticas y éticas de la sexualidad que atraviesan el proyecto de la revista.
Se impone, entonces, una relectura invertida de Sur. La revisión es urgente no sólo en términos de reparación histórica sino porque además permitiría discutir ciertas cronologías de la historia intelectual que se dan como evidentes. Los relatos que han tomado a Sur como signo de los tiempos modernos coinciden en señalar que hacia principios de los años ’60 la publicación pierde contacto con las discusiones intelectuales y las intervenciones políticas y culturales que empezaban a definir un nuevo paisaje de la modernidad, lo que explicaría una progresiva pérdida de relevancia. Sin embargo, una mirada con foco en las prácticas de la disidencia sexual pone de manifiesto que al interior de Sur se cultivaban relaciones y se gestaban perspectivas con puntos de contacto con las luchas identitarias de los ’70. Algunos detalles dan testimonio de la existencia de continuidades: Juan José Hernández, colaborador de la revista, formó parte del Frente de Liberación Homosexual, y José Bianco, durante años secretario de redacción de Sur, tradujo materiales (como una carta de las Black Panthers sobre las luchas de liberación sexual) que aparecieron en la primeras publicaciones del Frente.
Las políticas del silencio
De manera interesante, esta suerte de represión crítica hace máquina con las políticas del silencio que puso en práctica la propia publicación durante su larga actividad: los maricas, las lesbianas y sus perspectivas encuentran en Sur un hogar, pero al precio de aceptar las reglas de la casa. Esas reglas tienen como principio rector una noción de decoro que revelan a Sur como órgano de su clase. El decoro implica un régimen de visibilidad para la disidencia sexual que en parte puede entenderse desde la perimida imagen del closet. La disidencia es permitida, admitida, incluso invitada y encumbrada, siempre y cuando sepa no nombrarse, reprimirse, decir a medias, retacear. El decoro implica en este punto regulaciones tanto estéticas como morales, un verdadero entrelazamiento de lo estético y lo moral. Este entrelazamiento le confiere impensada hondura a la categórica observación trivial de Diana Vreeland: elegance is refusal. Mostrar de más, exhibir de más, como hablar de más, es poco elegante. Este dictum estético asume dimensiones éticas o morales porque aparece patrullando las fronteras entre lo público y lo privado, porque de hecho define lo que una sociedad, como mínimo una clase social, debe entender por asunto privado, impropio para la discusión pública.
Lo interesante, sin embargo, no es lamentar la evidente instalación de un dispositivo represor sino preguntarse por las trayectorias y redes que esta política del silencio no sofocó (y que acaso alentó). Para ello es necesario dejar de entender la disidencia sexual exclusivamente en términos de identidad individual y empezar a pensarla en términos de sociabilidad. Es la trampa que concibe Douglas Crimp en sus investigaciones sobre la Factory de Warhol: subraya la existencia de una forma de vida queer aun antes de la consolidación de una identidad gay. Del mismo modo, mientras se constata que en efecto era muy complicado que el yo apareciera en Sur ligado a los términos que nombraban la diferencia (homosexual, lesbiana), también se comprueba que era enorme el campo de acción de una sociabilidad disidente que sin necesidad de nombrarse se alejaba de las normas de conducta establecidas. Dicho de manera simple: mientras desde las páginas de la revista Victoria Ocampo censuraba a André Gide por el tono de su Corydon y Héctor Murena asociaba el “homosexualismo” a la crisis de la modernidad occidental, las alianzas y los pactos de colaboración disidentes entre sus miembros permitían que Gide, Virginia Woolf y Genet fueran traducidos y publicados. En este sentido cobran especial valor las cartas que circulaban entre los miembros de la revista, cartas que documentan la vitalidad de una verdadera cofradía queer en la Buenos Aires del siglo XX.
Cosmopolitismo y desvío
Quizá la intervención cultural más evidente de Sur se juegue alrededor de la construcción de una cultura cosmopolita: una idea de cultura que conecte las identidades nacionales con los desarrollos del resto del globo que, para la revista, se concentraban en la modernidad europea. Abrir canales de comunicación y de intercambio con Europa y EE.UU. significaba contrarrestar tendencias nacionalistas y localistas, para lo cual Sur construye toda una estrategia de traducciones y de reflexiones sobre la relación entre cultura y cosmopolitismo y sobre los modos en que la cultura permite reinventar los límites de la identidad nacional para ponerla en sintonía con una modernidad global, universal, humanista. Claro: una porción muy significativa de esas traducciones y de esas puestas al día con la cultura europea incluyen textos de figuras que van desde Virginia Woolf hasta Jean Genet, pasando por Vita Sackwille West, D.H. Lawrence, o por un texto de temática lésbica como Olivia, traducido por la Editorial Sur en 1958; el canon que define la modernidad cultural y estética europea está atravesado por cuerpos y subjetividades queer. La revista acoge estos materiales, desde luego, sin tematizar ni politizar esas inscripciones de sexualidades disidentes; pero al traducirlos y legitimarlos abre una posibilidad de visibilidad y de reflexión que no abundaba en la cultura argentina de esas décadas. Cabe recordar que se trata de décadas que, tanto a nivel nacional como internacional, asisten a la intensificación del control sobre la sexualidad y sobre la subjetividad, donde los nacionalismos se traducen frecuentemente en rígidos mecanismos de normalización social. En ese contexto, el cosmopolitismo de Sur abre una línea de apertura.
Este impulso cosmopolita no está desprovisto de tensiones. Si, por un lado, el “buen gusto” y el decoro que marcan el tono prevalente de la revista difícilmente admitían referencias explícitas a sexualidades disidentes, por otro, muchos de los materiales que circulan por la revista no se dejan de-sexualizar ni higienizar sin más. Un caso significativo es la traducción y publicación de Las criadas, de Jean Genet, cuyos derechos había adquirido José Bianco, y que genera una airada reacción de Victoria Ocampo. En una suerte de respuesta también aparecida en la revista, Ocampo señala que Genet era un autor muy discutido y celebrado en Francia (lo cual hace justificable que Sur se interese en él), pero al mismo tiempo condena lo que ella ve como “el culto del estiércol como estiércol”. Ahí aparece un límite, que es también un desvío y una interferencia, algo que no se deja recuperar por concepciones universalistas de la cultura que se defendían desde Sur, pero que la revista de todos modos acoge y vuelve materia de un debate. Si Genet llega con el halo de una modernidad desafiante –y francesa–, trae una intensidad que no circula fácilmente y que excede y desvía ciertos ideales culturales normativos.
Leer la cuestión queer en Sur (como también en otras zonas culturales que le hicieron lugar a la disidencia sexual, como la del grupo Contorno) es una entrada para pensar esa memoria moderna que quedó fuera de los archivos de la historia, pero que insiste en la imaginación de la cultura (si pensamos, por ejemplo, en la novela de Sylvia Molloy, El común olvido, recientemente reeditada por Eterna Cadencia): circuitos de sociabilidad y de deseo “invisibles”, modos de resistencia subjetiva y de invención de formas de vida, lenguajes para hablar de eso que se nombra siempre de maneras oblicuas, sensibilidades que quieren imaginar alternativas ante sociedades cada vez más normalizadas... Esas relecturas permiten pensar, quizás, otras versiones de la cultura moderna argentina, y al hacerlo activan una memoria que no se conforma con corroborar el presente sino que, al contrario, lo interrumpe, lo desvía, le marca sus puntos ciegos, que son también las líneas de su propia rareza.
"¿Somos periodistas o ensambladores de declaraciones?"
Por Luisa Segura Albert
“Para escribir hace falta valor, y para tener valor hace falta tener valores. Sin valores más vale callar”. Son palabras de Pascual Serrano, periodista especializado en información internacional y en el análisis de los medios de comunicación.
Nacido en Valencia en 1964, este exasesor editorial de Telesur y “alma máter” de Rebelion.org ha publicado hace poco su octavo libro, Contra la neutralidad (Península), un manifiesto que rinde homenaje a John Reed, Ryszard Kapuscinski, Rodolfo Walsh, Edgar Snow y Robert Capa y que defiende a aquellos periodistas que adoptan una posición haciendo su trabajo y que están implicados con la sociedad.
En estos tiempos en los que a los periodistas se nos acusa de poca objetividad y de parcialidad, en RTVE.ES hemos querido hablar con él para que nos aclare por qué ve lícito “tomar partido” y que nos cuente cómo ve el panorama periodístico actual ante un horizonte tan poco nítido.
"Los poderes económicos están acabando con el Periodismo"
- ¿En qué situación se encuentra, a tu juicio, el periodismo actual en España?
Bueno, yo creo que el periodismo se encuentra ahora mismo sumergido en una crisis de valores, de principios. Los poderes económicos, desgraciadamente, están acabando con nuestra profesión. Y esto se ve todos los días: no tenemos más que encender la televisión o la radio o leer el periódico para comprobar que se está haciendo un periodismo que tiene por objetivo contentar a los accionistas de los medios de comunicación y a las empresas que invierten en publicidad.
Es decir, se hace periodismo para que sea rentable y para que tenga mucha audiencia. Y, claro, conlleva que la profesión esté en un círculo perverso que difícilmente se va a detener.
- ¿Crees que esto no tiene marcha atrás, entonces?
Sí, sí podría tener marcha atrás. Pero para eso hace falta que los poderes públicos apuesten por un buen periodismo. El ejemplo lo tenemos en América Latina. Allí, los gobiernos están cambiando la legislación, de tal manera que –por ejemplo, en Venezuela y en Ecuador– las entidades financieras no puedan ser accionistas de los medios de comunicación. En Argentina y en Ecuador también se están poniendo en marcha medidas de este tipo.
"RTVE: desmantelamiento y liquidación" - ¿Cómo ves el futuro de esta casa, RTVE, que como sabes va a ver recortado su presupuesto?
Pues, lamentablemente, RTVE está en la misma dinámica política que las demás estructuras públicas del país: desmantelamiento, derribo y liquidación. Hay unos "buitres" que están atentos para quedarse con las audiencias y con la producción de los programas.
El problema de todo esto creo que viene de un error: los políticos, ya sean de izquierdas o de derechas, creen que invertir en RTVE es sinónimo de hacer propaganda política, discurso que cala mucho en la sociedad. Entonces ningún partido se atreve a decir que va a invertir más en RTVE. Porque saben que los ciudadanos no creen que sea posible no hacer propaganda.
Por tanto, vienen con el discurso de “¡vamos a reducir los gastos de RTVE, porque esto es un despilfarro!”, y así ganan votos. RTVE no se puede autofinanciar, al igual que no se autofinancian los hospitales.
Así que va a haber más control por parte de los grupos económicos y el periodismo tendrá cada vez peor calidad. Yo creo que cuando el mercado entra por la puerta, el periodismo sale por la ventana. Y tenemos las puertas abiertas de par en par.
"Estamos haciendo un Periodismo de Pilatos" - ¿Conoces a muchos periodistas valientes?
Sí, pero pocos. Yo creo que un periodista debe dar rigor, contexto y pluralidad a su trabajo y también implicarse más con la sociedad. Deberíamos dedicarnos a hacer periodismo al margen del mercado.
- Comentas en tu libro que algunos medios de comunicación piensan que está mal visto que los periodistas hablen en primera persona. No lo entiendes, ¿verdad?
No, no lo entiendo. Esto es una trampa. Como saben que la gente desconfía de los medios, éstos intentan marcar una distancia ridícula para presumir de objetividad y de rigor. De sobra sabemos, por ejemplo, que en muchos editoriales se escribe eso de “dice la gente que”, cuando en realidad el que lo dice es el mismo periódico, que no se atreve a dar su opinión.
Entonces yo creo que, muchas veces, el periodista es un ensamblador de declaraciones y un jugador de la equidistancia para quedar bien con todo el mundo. Estamos haciendo un periodismo de Pilatos: “Yo me lavo las manos y ya está”.
- De esto también quería hablar contigo, porque, además de explicar que la imparcialidad y la objetividad no existen, en el libro también criticas la equidistancia…
Claro, me refiero a esos periodistas que dan 2 informaciones incompatibles (una verdadera y otra falsa) para no mojarse. Por ejemplo, el periodista que está junto a una familia iraquí que ha sido bombardeada por la OTAN y dice en su información: “Hay 2 versiones, la de la familia, que dice que ha sido bombardeada por la OTAN, y la oficial, que asegura que han sido terroristas”. ¡Pero bueno! Así no nos enteramos de nada.
- Escribes también que un buen periodista no tiene por qué ocultar sus emociones… ¿Tú crees que a los lectores, oyentes o espectadores les gusta saber lo que sentimos ante un determinado hecho que les contamos?
No. Me refiero a que el periodista debería despertar la indignación cuando vemos que la OTAN ha matado a media familia que estaba celebrando una boda, por seguir con el ejemplo de antes. Hay que expresar esa rabia.
Yo me sorprendo cuando veo que el mismo periodista que hace este tipo de noticias, luego escribe en el Twitter: “¡qué hijos de puta los de la OTAN, que han bombardeado a esta gente!”
"¿Cuántos corresponsales en Libia saben árabe?"
- Al hilo de los que comentas, has escrito también que periodistas como Edgar Snow o Richard Kapuscinski se mezclaban con la gente del lugar que visitaban, vivían con ellos lo que les ocurría. ¿Los corresponsales que vemos actualmente no lo hacen?
No. Para empezar, ¿cuántos de los corresponsales que hay ahora mismo en Libia saben árabe? Porque digo yo que es una cualidad bastante interesante para estar allí contando lo que ocurre… ¿Cuántos?
- Pocos, sí.
Pues eso. Te pongo un ejemplo: cuando los estadounidenses derribaron la estatua de Sadam Husein, estaban allí todos los corresponsales españoles de los principales medios. Y a ninguno se le ocurrió ir a preguntarle a ningún bagdadí que qué pensaba de aquello. A ninguno. ¿Esto es normal? Yo quería saber qué les parecía, por qué estaban tan enfadados con Sadam. Y me quedé con las ganas.
- Pues ya que estamos hablando de corresponsales, ¿Quiénes te parecen a ti los más comprometidos, los que se “mezclan” con los ciudadanos de los países en los que están?
Pues Robert Fisk (The Independent) es uno de los mejores, a mi juicio, de Oriente Medio.
- ¿Y españoles?
Pues… (se muestra reacio a dar nombres) Olga Rodríguez (estuvo en la Ser y en Cuatro), Mónica Prieto (El Mundo), Roberto Montoya (exdirector de la sección de Internacional de El Mundo) –aunque ya no está–, José Manuel Martín Medem (TVE) –se prejubiló– y Vicente Romero (TVE).
- ¿Se ha convertido la televisión en un circo?
Sí, lo que pasa es que es la imagen es tan dada a la espectacularidad que es difícil alejarse del circo. El problema son las audiencias. Las televisiones no quieren dar información a los ciudadanos, sino dar audiencias a los publicistas.
"Tele 5 marcó escuela en la degradación y el mal gusto"
- Pero, al margen de la imagen, ¿qué opinas de los “debates”, por llamarlos de alguna manera, que se ven en ciertas cadenas?
Bueno, pues si te refieres a Tele 5, este canal ha marcado escuela en la degradación y el mal gusto. Pero tiene alumnos aventajados.
- ¿Quiénes?
Pues Antena 3, por ejemplo.
- Entonces tiene que haber mucha degradación para ti, porque si Cuatro se ha fusionado con Tele 5 y La Sexta lo ha hecho con Antena 3…
Sí. Hay muy pocas opciones aquí. En Cuba, por ejemplo, hay más. En cualquier régimen comunista, vamos.
- Y en el resto del mundo, ¿qué medios te parecen una referencia del periodismo?
Hablaría de La Jornada (México), Il Manifesto (Italia), Democracy Now (EE.UU), The Nation (EE.UU.) y Telesur (América Latina).
- También dices que en los últimos años hemos asistido en el periodismo a una carrera por la inmediatez y por la brevedad que se ha visto acelerada por la presencia de Internet. ¿Qué te parece el periodismo digital? ¿Se está haciendo bien, tiene calidad?
Bueno, creo que los errores del periodismo en Internet los está reproduciendo el otro periodismo. El periodismo digital es incompatible con la profundidad y el contexto. El que entra en Internet no quiere leer más que unos cuantos caracteres, no páginas y páginas. Quiere saber lo que acaba de pasar ahora. El problema está en que el periódico escrito ahora quiere hacer lo mismo. Cada vez profundizan menos. Y las televisiones, igual. ¿Qué profundidad tienen los informativos de las televisiones? Ninguna.
domingo, 26 de febrero de 2012
Mensajes de muerte le envían a Wilfredo Paz, defensor de derechos humanos en El Aguán
“Lee bien? Juan Chinchilla, tu nombre está en la lista buscamos tu cabeza, estás ejecutando cosas que no debés, pero te vamos a buscar como tú buscas el socialismo pinche puto (muerte para el socialismo del Aguán)", esta es la amenaza que recibió en su celular Wilfredo Paz, miembro del Observatorio Permanente de Derechos Humanos del Aguán, apenas a unas cuantas horas de que terminara el Encuentro Internacional de Derechos Humanos en Solidaridad con Honduras que se realizó en el Aguán del 17 al 20 de febrero.
En dicho encuentro participaron delegaciones de varios países del mundo y llegaron para contrarrestar una campaña de miedo contra los campesinos y campesinas, que luchan por la tierra.
Paz dijo a defensoresenlinea.com que “en el último mes estamos teniendo un seguimiento en vehículos sin placa que con toda seguridad pertenecen a los terratenientes de la zona, son carros que se desplazan con gente armada en su interior , se han ubicado frente al colegio donde laboro por la noche”.
Agregó que a veces camina cuando sale de dar sus clases en el Instituto Froylán Turcios de Tocoa, colón, precisamente donde se desarrolló el Encuentro, y a dos cuadras se parquean vehículos que le dan seguimiento, también ha tenido seguimiento en motocicletas que se estacionan por unos 20 minutos a una cuadra de su casa y en horas de la madrugada hacen disparos con arma pesada.
Al preguntarle qué han hecho los operadores de justicia sobre estas graves amenazas manifestó que nada en absoluto y ejemplificó que el delegado del Comisionado de Derechos Humanos, CONADEH, está cerca de su casa casa que se ha limitado a decirle que me cuide porque su vida está en peligro, pero no hace ninguna acción que conlleve protección para el afectado.
Paz denunció que las amenazas también son recibidas por otros miembros y miembras del Frente Nacional de Resistencia Popular, defensores y defensoras de derechos humanos como Esly Banegas, Haydeé Saravia y otros compañeros que están siendo hostigados.
“Estamos en defensa de los derechos de las comunidades a través del Observatorio Permanente de Derechos Humanos en el Aguán, también estoy en el Frente Nacional de Resistencia Popular y como periodista mantengo una línea de denuncia tanto a nivel nacional como internacional y local, creo que eso es parte por lo cual nos tienen vigilados ".
En relación al impacto que las amenazas y hostigamientos tienen en su familia, señaló que “mis hijos se ven limitados a salir , ellos viven en Tegucigalpa, incluso a uno de ellos le han seguido con un vehículo y víctimas de asalto constantemente”.
En el caso de su esposa ha sido impactada sicológicamente por la presencia permanente de hombres armados que le vigilan la casa, en el solar vecino se ubicaban los policías y tiraban piedras a la vivienda, por lo que ella ha sufrido el impacto del hostigamiento, en los momentos más cruentos del golpe de Estado.
Denunció además que durante estuvo el Encuentro Internacional de Derechos Humanos escondieron a los militares, suspendieron durante 48 horas los operativos en la zona, pero hay a partir del domingo un fuerte operativo militar en la Finca Panamá.
Se suma a ello que un vehículo de los mismos que le dan seguimiento a él lo hizo con un grupo de garífunas de la Organización Fraternal Negra de Honduras, OFRANEH y miembros del Consejo de Organizaciones Campesinas e Indígenas de Honduras, COPINH, que venían del Parque Central , de Tocoa, a eso de las 12 de la noche hacia el colegio Froylán Turcios, después de terminado el Concierto que se dio en dicho parque, como parte del programa del Encuentro.
Alertó que quizá hasta hubo miembros de inteligencia militar en el Encuentro para ver lo que se estaba abordando allí, por lo que adelantó que creía que después que se fueran los y las participantes, en una semana podrían haber acciones represivas nuevamente en El Aguán.
El domingo 19 de febrero, miembros del ejército miliar intimidaron a unos 20 periodistas de medios de comunicación internacionales que le daban cobertura a dicho evento.
Una caravana de seis vehículos con aproximadamente 50 personas se dirigía hacia el asentamiento humano de la comunidad de “Marañones”, cuando fueron detenidos por un retén militar a la altura del desvío hacia Paso Aguán.
Que se quemen los reos
El Faro
Por Daniel Valencia Caravantes
Fotos: Frederick Meza
Los sobrevivientes del incendio en la granja-penal de Comayagua, en Honduras, lloran cuando recuerdan a sus amigos o a los reos más viejos que les rogaban una ayuda que no les podían dar. Una semana después de la tragedia que dejó 359 muertos, lo único cierto es que los guardias y el director de la prisión no hicieron nada para impedir que los reos se quemaran vivos. "Se dio esa orden", dice uno de los custodios.
“¡Dios santo! ¡Dios los perdone a todos!”.
Carlos Alfredo García, reportero ciudadano que grabó el incendio en la granja-penal de Comayagua, Honduras. Minuto 1:30 de la grabación que subió a Youtube.
Quique y Coli
Coli subió hasta la cuarta cama de la litera, se acostó boca arriba y comenzó a presionar con las piernas, a dar patadas con las plantas de los pies contra la lámina que le impedía escapar del infierno. Antes de subir, le había dicho a su amigo Quique que aguantara, que abriría el techo de su celda y luego regresaría para sacarlo de ahí. El problema era que Coli dormía en la celda 5, ubicada enfrente de la celda 6. El problema era que los separaban dos rejas de hierro, cerradas con candado. El problema era que solo uno de los dos tenía verdaderas posibilidades de sobrevivir, porque en la celda 6, donde se inició el fuego y donde dormía Quique, las llamas estaban a punto de consumirlo todo.
No se dijeron nada, solo se miraron a los ojos. Muy adentro sabían que era mejor así. ¿Qué podían haberse dicho? Si a Quique las llamas ya estaban lamiéndole la diminuta espalda, y Coli sabía que por más que intentara doblar los barrotes de su propia celda, ubicada frente a la de Quique, jamás lo conseguiría. Lo único que lograba era que su cabeza rapada sudara cada vez más, mientras el fuego se esparcía hasta la celda 10, que ya ardía como el infierno, y ahora lanzaba lengüetazos hacia los barrotes desde donde Coli miraba a los ojos, quizá por última vez, de su amigo. Cuando Coli desapareció en medio del hoyo que había en el techo, Quique cerró los ojos, apretó los barrotes de su celda y sintió que iba a morir.
* * *
Quique y Coli se habían conocido hacía muchos años, luego de que Coli desertara de la Policía -para lucrarse con el tráfico de drogas- en 2002. Coli cayó en 2006, y Quique -por robo- ingresó a la Granja-Penal de Comayagua en 2007. El reclusorio está ubicado a 90 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa, la capital del país más violento del mundo. Decir que dentro de la prisión Quique y Coli eran los mejores de los mejores amigos quizá no sea del todo cierto. Pero es significativo que pasado el incendio, a Coli se le empañen los ojos cuando recuerda esa escena trágica: Quique vencido, aferrado a los barrotes, con el naranja y amarillo de las llamas al fondo, a punto de tragárselo. En el penal, Quique y Coli se las arreglaban igual que el resto de los presidiarios. En las cárceles de Honduras, como en las de El Salvador o Guatemala, se sobrevive si se tienen buenas relaciones con los carceleros, si se consiguen privilegios derivados de la buena conducta o dinero para pasarla. Un reo vale lo que vale cada centavo que carga consigo, y en Comayagua esta regla también se cumplía.
Para tener un celular al alcance, por ejemplo, se necesitaban 500 lempiras (26 dólares). Dormir en litera se ganaba con el tiempo o el respeto, dormir en el suelo era para los más nuevos o los menos afortunados. En todas las celdas había conectores, extensiones y cables de televisores o de cargadores de celular. Si no fuera porque Comayagua tenía un sistema de rehabilitación “modelo”, esta cárcel sería como cualquier otra: una donde se compran voluntades, se sufren muchas carencias y donde los derechos de los reos le importan solo a los reos. El sistema de rehabilitación, por el otro lado, consistía en tener los siete días de la semana mano de obra barata para que regentaran una porqueriza, una granja pollera y un invernadero. En medio de esas paredes, y del día a día de ese presidio, de ese estira y encoge, dos viejos conocidos se hicieron muy buenos amigos. Quizá no los mejores de toda la granja-penal, pero es significativo que a Coli, de 36 años, le afecte recordar que su amigo estuvo a punto de morir, y que Quique, de 40, conmovido por su amigo, le diga que no se preocupe, que nada podía hacer por él.
- Mejor agradezcamos que podemos contar la historia, y que vamos a seguir viéndonos la cara.
* * *
La colcha en la que se había envuelto ya se había desintegrado: Quique moría parapetado en el suelo, junto a la reja. En su celda ya nadie gritaba, el olor a carne quemada era el de su propia carne, quemándose, y aquello que no alcanzaba a distinguir bien eran los gritos en las celdas 7, 8, 9 y 10. Él no lo sabía, pero Coli ya se había brincado del techo hacia una pulpería (una tienda) que otro reo tenía en un corredor contiguo a las celdas. Quique no lo recuerda, pero en el momento en que los reos comenzaron a abrir los techos de las celdas, y a escapar del fuego brincando entre las láminas, y luego entre los muros, los guardias de la prisión dispararon al aire una y otra vez, previniendo una fuga.
Quique no lo supo al principio, pero el que llegó con una banca de madera a romper el candado de su celda no era ningún guardia, sino otro reo.
Quique todavía no entiende cómo es que los guardias dejaron que se quemaran vivos.
Héctor y Jhony
Adentro de esos cuatro módulos se respira un olor que penetra hondo, pero al cabo de un rato el olfato se acostumbra. Tres días después del incendio en Comayagua, en medio de uno de esos módulos, uno de los sobrevivientes toma un huevo y lo coloca en un cartón. Luego otro, y otro y otro. Unas 400 gallinas ponedoras cacarean a su alrededor.
Es la primera vez desde la tragedia que a Jhony le autorizan salir del penal. Jhony no ha dormido bien. Dice que nadie ha dormido bien allá adentro. Apesta a carne quemada, y cuando cierran los ojos todos recuerdan lo que ocurrió la noche del 14 de febrero. “Nadie puede dormir. Hay unos que todavía se levantan gritando: ¡Abran, que me quemo, me quemo!”.
Jhony es uno de los reos que ha ganado privilegios a fuerza de buena conducta, según dice. Entró a Comayagua cuando tenía 20 años, en 1999. Lo condenaron por un asesinato. Este año cumple su decimotercer año preso.
Por trabajar en la granja ponedora recibe 1,600 lempiras al mes, un poco más de 84 dólares. Al mediodía del viernes 17, Jhony tiene una docena de cartones llenos. Este viernes, por la mañana, había respirado aire fresco por primera vez en tres días.
Jhony estaría mejor si en la pollera estuvieran todos los que ahí trabajaban, pero dos de sus compañeros murieron en la celda 7, en la noche del incendio. “Acabo de darme cuenta de que perdí a los dos compañeros con los que más platicaba aquí adentro”, dice.
Uno de ellos era "Ventura". Le faltaban nueve meses para salir libre. El otro era "Ponce". Este todavía no estaba condenado. En Comayagua solo el 40% de los 852 reos tenía condena.
* * *
En la tarde del 14 de febrero, Jhony, Ventura, Ponce terminaban un partido de futbolito macho junto con otros reos antes de que el centinela los llamara para el encierro. Aunque era día del amor y la amistad, en la cárcel nadie celebró nada, excepto un reo que consiguió que los guardias dejaran entrar a su mujer, para que pasara la noche con él en la celda número 10. Horas más tarde, ese reo se salvaría de milagro, y su mujer moriría, hervida, adentro de una pila.
Los guardias llamaron al encierro a las 6 de la tarde, y como era costumbre, contaron uno por uno a los reos de la celda 1 a la 12. También se cercioraron de que los reos con privilegios se metieran en sus cuartos, ubicados contiguos a las celdas 6 y 5, cerca de la comandancia de guardia.
Jhony no recuerda a qué hora se inició el incendio, porque cuando se despertó, el humo lo sofocaba y una llamarada se había metido por el techo de su cuarto, un diminuto espacio en donde solo cabía una cama y un taburete de madera. Jhony intentó alcanzar sus llaves y su celular, pero una lengua de fuego lo empujó hacia afuera, al patio que conducía hacia la hilera de celdas que se incendiaban.
Desde el patio, Jhony vio cómo el cuarto que estaba contiguo al suyo se desplomó por completo, y desde la celda 6 escuchó unos gritos: "¡Auxilio! ¡Fuego! ¡Guardia!"
Cuando Jhony escuchó esto, corrió hasta el portón de la comandancia de guardia, gritando para que los ayudaran, para que los dejaran salir. Por la ventana de la comandancia de guardia no se asomó ninguna cara ni tampoco se vio una tan sola sombra.
Lo normal, si todo hubiese sido normal esa noche, es que por el pasillo que divide las hileras de celdas, un guardia del penal hiciera rondas cada 30 minutos, y que un llavero (otro guardia) estuviera atento ante cualquier emergencia, desde la comandancia de guardia. La comandancia de guardia es la única entrada y salida que tiene el penal.
Aquella noche, sin embargo, y desde que inició el incendio en la celda 6, la celda en donde se quemaba Quique, ningún guardia hizo sus rondas, y el llavero había desaparecido de la comandancia. Cuando Jhony se percató de que nadie les ayudaría, corrió hasta el patio ubicado detrás de las celdas que se incendiaban. En ese patio había unas pilas, y cerca estaba el centinela de una de las cuatro torres que custodian el penal. En el patio también había otros que, como él, habían escapado de sus cuartos.
- ¡Hey! Denos cancha para brincar por el muro. ¡No nos deje perder! –le gritó Jhony al guardia, pero el guardia le respondió moviendo la cabeza en señal de negación. Tres veces le rogó Jhony y las tres veces el guardia impidió que los reos se las arreglaran para trepar el muro que los alejaba de la zona del incendio.
* * *
En las celdas todavía se escuchaban gritos cuando Jhony y los otros reos refugiados en el primer patio del recinto se echaron agua los unos a los otros, y echaron agua en el piso del patio, para mitigar el calor. Cuando la torre de fuego ardía con más fuerza, estar parados adentro de la prisión era como si estuvieran parados, con los pies descalzos, encima de una plancha caliente.
Al cabo de unos minutos, los reos privilegiados, ilesos, vieron llegar al patio a otros compañeros que caminaban lento, como si estuvieran congelados. Al primero que vio Jhony fue a uno de sus excompañeros en la granja ponedora de huevos. Se llamaba Nery Padilla.
- Venía lento, con la calzoneta caída, medio desnudo. Le aventamos agua, y cuando le cayó en la cara, se la cayó un pedazo del cuero (cabelludo).
“¡Ay, Dios mío!”, murmuraba Nery Padilla, con el cuerpo desfigurado. “¡Ay, Dios mío!”.
Jhony se acercó a Nery para ayudarle, para vestirlo, para que no agonizara desnudo, y cuando terminó de ponerle una calzoneta jeans medio chamuscada, nadie más se le acercó a Nery.
- Cuando lo toqué se le caían los cueros del abdomen –recuerda Jhony.
Al rato llegó otro, también quemado. Ese sí venía completamente desnudo, irreconocible. Luego otro, y luego otro… en las celdas que se consumían ya nadie gritaba nada.
* * *
A las 12 del mediodía del 17 de febrero -dos días y medio después de la tragedia-, Héctor guardó la carretilla con la que se deshace de la basura que desechan las gallinas de la granja ponedora de huevos. Héctor es el único compañero que le ha quedado a Jhony. Héctor se dedica a alimentar a las gallinas y a limpiar la granja.
Héctor recuerda que la noche del 14 de febrero, como a las 9 p.m. se vino un apagón, seguido de otro apagón. Héctor no duerme adentro de los muros de la cárcel, sino justo detrás del muro, adentro de una carpa levantada con sacos de yute, en el interior de una bodega. Aunque no lo puede precisar, cree que el incendio y los gritos de los reos empezaron alrededor de las 10:45 de la noche. Unos 15 minutos después el cielo ya estaba iluminado, y luego comenzó a escuchar disparos.
A un costado del penal, frente a la granja ponedora, hay un terreno baldío extenso, un campo cercado en la lejanía por una alambrada que nadie custodia. De tanto moverse entre la granja y el basurero que hay detrás de la granja, Héctor ha concluido que fugarse de la prisión sería una tarea sencilla, porque solo hay dos centinelas en las dos torres del flanco derecho del penal, a quienes les costaría apuntarle a un blanco en movimiento, entre los arbustos, de noche. Héctor, sin embargo, prefiere salir libre “en orden”, y por eso nunca esa reflexión se ha convertido en plan de fuga para él, que va por la libre en la parte trasera del penal.
Cuando escuchó los disparos, la noche del incendio, se asomó al muro, y vio en dirección de los talleres de cerámica cercanos al dormitorio de los custodios.
- Los compañeros se estaban brincando el muro, huyendo del fuego. Ahí caían, medio quemados, adoloridos, unos se quebraron. Ahí afuera también había una fila de guardias esperándolos. Entre esos que brincaron y se quebraron estaban Coli y Quique.
* * *
Los que se salvaron recuedan los mismos gritos: ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Llavero! ¡Llavero! ¡Se está incendiando! ¡Sáquennos! ¡Llavero! ¡No nos dejen morir! ¡Llavero! ¡Nos estamos quemando! ¡Vengan a abrir! ¡Abran los portones! ¡Llavero! ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Sáquennos de aquí! ¡Llaverooo!
Los que se salvaron también saben que hubo uno que tuvo que auxiliarlos. Al menos uno. Héctor, el limpiador de la granja de gallinas ponedoras, conoce al llavero que estuvo de turno esa noche.
- Pobrecito -dice Héctor-, él al final seguro tuvo que seguir órdenes, y ahora le está cayendo todo el clavo. Recuerde que así es eso. Ellos reciben órdenes de arriba. Él es buena gente. Era de los pocos que acá se interesaban por ayudarle a uno. Yo creo que no lo dejaron. Como que la orden fue que no dejaran salir a nadie.
Al llavero le decían “El brujo”, solo por el sobrenombre lo conocía Héctor. El nombre verdadero de ese policía está en reserva por la Fiscalía de Comayagua. Es, en la investigación del incendio, uno de los más investigados, junto al comandante de guardia, que mandaba por sobre el llavero, y el director del penal, Federico Ponce.
Junto a ellos, otros 27 policías que había en el penal están siendo investigados por negligencia. En Honduras los centros penales son regentados por la Policía Nacional, una institución ahora tildada de corrupta, que ha cambiado dos cúpulas en menos de dos meses, y que ahora tiene a 80 elementos investigados por la Fiscalía. 52 están siendo investigados desde octubre por colusión con el crimen organizado, las pandillas, el narcotráfico, por sicariato, estafa, secuestro y asesinato. La otra treintena ahora ha comenzado a ser investigada por un posible acto de negligencia, al permitir que un incendio se convirtiera en la peor tragedia del sistema carcelario no solo de Honduras, sino de toda la región latinoamericana, con 359 fallecidos y decenas de heridos.
Esta no es la primera vez que se le señala a la Policía como responsable directa por la muerte de decenas de reclusos. En 2003 murieron decenas de presos en la ciudad de La Ceiba, y en 2004 murió un centenar de reos en San Pedro Sula. Entre esos incendios y el de Comayagua, las víctimas mortales han sido más de 500.
Adentro de la granja-penal de Comayagua, entre la comandancia de guardia y las celdas que se incendiaron, no hay ni 30 metros de distancia. Si el El Brujo hubiera evacuado a los internos, muchos más se hubieran salvado en el patio en donde Jhony y otros más se echaban agua para mitigar el calor. Pero el llavero no llegó, y todos los sobrevivientes no se explican por qué. ¿Por qué los dejaron quemarse vivos?
Álex y Liro
Las celdas de la cárcel de Comayagua que se quemaron eran unas galeras de unos 25 metros de largo por siete de ancho. En las orillas estaban ancladas dos filas de literas con cuatro pisos cada una. Un colchón por reo. Por las noches, entre las filas de las literas, y debajo de ellas, también había reos durmiendo. La del 14 de febrero no fue la excepción. Liro, un peseta (pandillero retirado) de la pandilla Barrio 18, dormía en la cuarta cama de la litera número cuatro, en la celda 10 de Comayagua.
La celda 10 fue la última en quemarse por completo. Álex, un joven de 18 ingresado hace dos meses, por posesión de libra y media de marihuana, dormía en la cama tres de la litera número tres. A ambos los despertó el humo que se colaba entre las rejas y los gritos que provenían de las celdas contiguas. Liro, en su cama, se puso los zapatos y pegó un brinco hacia el suelo. Álex vio que las llamas ya habían entrado al corredor principal, y Liro descubrió lo mismo cuando cayó al suelo. Como si fuera un gato, brincó de nuevo de la cama dos a las tres, y de regreso a la cuatro, cuando sintió que Álex le rozó la espalda con las piernas. Liro decidió salvarse en el techo y Álex en las rejas de la puerta.
Desde la cama cuatro, Liro comenzó a hacer lo mismo que allá cerca de la entrada, en la celda cinco, había conseguido Coli: romper el techo. Se afanó rompiendo la madera, pero para cuando llegó a una canaleta, y al techo de zinc, había perdido las fuerzas, el colchón de su cama se había desintegrado y la celda entera, debajo de él, estaba envuelta en llamas. Liro, entonces, se dio la vuelta, boca abajo, trabó los pies entre los barrotes y se sostuvo de la canaleta ardiente para no caer al río de fuego que ahogaba todo.
Mientras tanto, en la reja, Álex luchaba con otros por mantenerse en los barrotes. Otros reos querían ocupar esa posición, para salvarse del fuego que les lamía la espalda, como también lo había hecho con Quique, que en la celda 6 estaba a punto de salvarse.
Detrás suyo tenía a Tiberio, el dueño de una de las pulperías del penal. Tiberio jalaba al flaco Álex, quería arrancarlo para ponerse él ahí, pero Álex se había hecho nudo con los barrotes, y no aflojaba.
- En poquísimo tiempo, mire, de a uno por uno fueron aflojando, y yo sentía cómo caían a mis espaldas -recuerda Álex.
Luego volvió a ver hacia atrás, y observó que un grupo hacía lo mismo que los del portón a los que se habían refugiado cerca de la pila ubicada en los baños de la celda. En ese grupo estaba Katya Figueroa, de 30 años, quien esa noche había llegado a pasarla con Jaime Aguirre, un nicaragüense de 49 años que coordinaba esa celda, y tenía buenas relaciones con los guardias y con los reclusos.
En lo que llevaba preso, Jaime había equipado un gimnasio en el reclusorio, y tenía los contactos para dejar que su mujer llegara a quedarse a dormir, cuando lo normal es que las visitas íntimas lleguen solo los miércoles, porque las de sábado y domingo están destinadas para los familiares.
Álex y Liro recuerdan haber visto entre el grupo que corrió hacia la pila a Jaime y a la mujer.
- Todos corrían del portón para los baños, para salvarse en el baño, pero era de balde. El agua estaba hirviendo y ahí murieron cocidos -dice Liro.
Jaime, que metió a su mujer a la pila, se cayó mientras intentaba guindarse del techo. Quedó debajo de muchos otros, y quizá puede ser eso lo que lo haya salvado.
* * *
Hubo un momento en el que Liro pensó que era mejor dejarse caer, porque ya no tenía fuerzas, porque se las quitaban los viejos que se morían debajo de él. Abelino Canales y Mario Guevara, "otro señor que también daba consejos", le gritaban que los ayudara, pero Liro no podía hacer nada.
En la celda 10 también había dos jóvenes a quienes una mala decisión de sus padres les quitó la vida, y verlos quemarse devastó a Liro.
- Hay mamás que por querer enmendar a sus hijos los mandan a que pasen una temporada a granjas como esta. Yo les decía a estos loquitos que les dijeran a sus mamis que los sacaran, porque aquí podían encontrar la muerte…
De esos de los que habla Liro había uno en la celda 7. Se llamaba José Reynaldo Romero, de 22 años. Por drogadicto, vago y borracho, en ese orden, su mamá lo metió a la granja-penal cinco meses antes del incendio. A Noelia Suazo ahora no hay quien la consuele. Sabe que condenó a su hijo a la muerte. Lo lloró el jueves 16, mientras olía los cuerpos que se descomponían en las afueras de la morgue de la ciudad de Tegucigalpa. Dos días después del incendio, solo se habían reconocido tres cuerpos, y los cadáveres, que no cabían en el recinto, seguían apilados adentro de un furgón que intentaba mantenerlos congelados. Pero 48 horas después la descomposición hizo estragos, inundaba el ambiente y de la cama del furgón goteaba un líquido acuoso y rojizo, que luego fue lavado y se escurrió a los pies de los cientos de familiares que esperaban a sus muertos, que respiraban a sus muertos, que miraban irse los fluidos descompuestos de sus muertos por la alcantarilla.
* * *
- ¡Liro, Liro, ayúdenos, Liro! ¡Ayúdenos, Liro! –le decían los viejos Abelino y Mario Guevara, extendiéndole los brazos, al peseta que se guindaba del techo, sin poder hacer nada. Liro se retuerce, llora, y se para, con cuidado, porque tiene quemados los brazos, el cuello y la espalda, cuando recuerda esos últimos momentos de los viejos.
- Yo no los podía ayudar, y de paso les caí encima, porque en lo que volteé a ver para abajo, en lo que cambiaba de posición, me resbalé, y terminé de hundirlos.
Cuando se supo entre el suelo, Liro todavía no entiende cómo sacó fuerzas para brincar sobre la litera, y luego al techo. Debajo de él ya nadie gritaba y todo se estaba consumiendo.
En los barrotes, Álex presintió lo peor:
- Esa llama parecía un remolino adentro. Parecía un infierno. La gente que corría se perdía entre las llamas. Por eso no me quise mover del portón. Si me voy, solo a morir voy a ir, pensé. Si me toca morir, aquí voy a morir. Y de ahí solo me acordé de Dios.
* * *
Nadie sabe cómo El Chaparro consiguió las llaves. Hay algunos sobrevivientes que creen que el llavero de turno las tiró, otros dicen que quizá El Chaparro rogó lo suficiente –y justo a tiempo- para rescatar a la mitad de la prisión. Lo cierto es que Marcos Bonilla, El Chaparro, se convirtió en héroe esa noche.
Primero llegó a la celda 6, con una banca, y rompió a la fuerza el candado, liberando a Quique, que ya estaba quemándose, y a otros dos más. Luego hizo lo mismo en el resto de las celdas, hasta que llegó a la 10, donde Álex sintió que Dios lo había escuchado, pero poco le duró la alegría.
- El Chaparro traía una banca y le dio con ganas al candado, pero no abrió. Ahí fue cuando dije: bueno, hoy sí, aquí me tocó morir –recuerda Álex.
Desahuciado, vio cómo El Chaparro desapareció entre el humo del pasillo, y segundos después vio cómo venía de regreso. Pero Álex solo reaccionó hasta cuando escuchó el tintineo de unas llaves. Cuando El Chaparró logró abrir, Álex corrió hacia el patio, y todavía recuerda que echaba humo de la espalda. Detrás suyo venía Liro, que al ver el portón abierto se tiró a las llamas porque sabía que esa era la única ruta para escapar de la muerte.
* * *
En un cantón de Comayagua, Juana Evangelista Ventura, de 84 años, frente al fenétro que espera la llegada del cuerpo de su nieto Jorge Alberto Ventura, de 34 años, quien tenía 11 años preso por robo y murió en la celda 7.
Marcos Bonilla, El Chaparro, es un reo de la cárcel de Comayagua que a fuerza de buena conducta, de ganarse méritos, se ganó el respeto de las autoridades, estudió medicina y se dedicó a curar a sus compañeros de prisión. Tiene ocho años como enfermero. El Chaparro llegó al penal hace 17 años, y le faltan cinco para purgar una pena por homicidio.
En el penal, El Chaparro vivía afuera de las celdas, en un cuarto contiguo a la clínica de la prisión, con acceso a medicamentos. Si alguien se enfermaba o necesitaba atención en las noches, todos sabían a quien acudir: al llavero de turno para que este llamara a El Chaparro.
El Chaparro tiene ese apodo por su estatura. Tiene 50 años y hoy se ha convertido en héroe. No ha querido decir cómo obtuvo las llaves de las celdas porque dice que no quiere recordar y porque no ha cesado de trabajar. El Chaparro pasó las 72 horas después del incendio atendiendo a los heridos.
El Chaparro, el reo-enfermero, hizo lo que no pudieron hacer los guardias de la prisión, porque los guardias de la prisión recibieron la orden de no dejar salir ni dejar entrar a nadie para evitar una fuga.
El presidente hondureño, Porfirio Lobo, es uno de quienes aseguran que algunos reos aprovecharon para escapar. No se sabe de dónde saca esa información, porque los fiscales a cargo de la investigación lo niegan de manera rotunda.
Los bomberos a los que ningún guardia llamó
Entre la estación de bomberos de Comayagua y la granja-penal hay una distancia que en vehículo se recorre en menos de cinco minutos. Un kilómetro -calcula el comandante de bomberos Leonel Silva- es lo que separa a la estación de bomberos del peor incendio que muchos de sus hombres han visto en toda su vida.
El comandante Leonel Silva es un hombre de 50 años, con 35 dedicados a los bomberos. Sí él con tantos años dice que el fuego de Comayagua es lo peor a lo que se ha enfrentado, qué decir de sus hombres, un nutrido grupo de fornidos jóvenes que sin quererlo, para muchos de los familiares de las víctimas, se han convertido en villanos.
“¿Por qué no llegaron a tiempo los bomberos?”, se preguntaban las hermanas de Rubén Garrido Machado, Elsa y Gloria María. Su hermano, que ahora se presume fallecido, tenía 52 años, y recién había cumplido cinco años de una pena de 15 por secuestro.
“¡Mirá los bomberos a qué horas aparecen, vo!”, se escucha que cuestiona el reportero ciudadano que grabó seis minutos del incendio de la granja-penal de Comayagua, mientras al fondo se ve el voraz fuego y se escucha una sirena.
Pero eso pasa, según el comandante Silva, porque muy pocos saben lo que en realidad pasó: y lo que pasó fue que a las 10:56 de la noche los bomberos recibieron la primera alerta, y esta no venía de la granja-penal.
En la cárcel, mientras todo se quemaba, y los reos clamaban auxilio, no solo no había ningún policía en la comandancia de guardia, sino que ninguno de los agentes, ni el director, se tomaron la molestia de levantar el teléfono para pedir auxilio a los bomberos.
- ¿La llamada que recibieron venía del penal?
- No. Era de un ciudadano de la localidad –dice el comandante Silva.
Para cuando los bomberos llegaron frente al portón de la cárcel, a las 11 de la noche, según la bitácora de la estación, por supuesto que ya era poco lo que podían hacer, porque ya todo estaba consumido, y ya ni siquiera se escuchaban los gritos que hasta el minuto 1:40 de la grabación del reportero ciudadano todavía salían del penal.
Cuando el equipo de 21 bomberos llegó al portón de la cárcel, con sus tres motobombas, una ambulancia, un pick uno y 12 mil galones de agua, El Chaparro ya había rescatado a los que pudo –una docena de las celdas incendiadas, más los reos de las celdas 1 a la 4– y los guardias seguían disparando para prevenir una fuga.
- ¿Por qué no entraron de inmediato, si había gente quemándose?
- Porque no teníamos autorización. Hasta que ellos controlan la situación es cuando nos dejan entrar –responde el comandante Silva.
Cuando los bomberos comienzan a tirar agua, ignoran que el agua está cayendo sobre 356 cuerpos calcinados.
Horas más tarde, con el fuego apagado, el comisionado Danilo Orellana, hasta ese momento director de las cárceles de Honduras, admitió: "Los custodios creyeron en un principio que se trataba de una fuga masiva de reos, por eso cumplieron la ley y no permitieron el ingreso de nadie a la cárcel, para evitar muertes innecesarias".
Hace 22 días, un fuego amenazaba con devorar el invernadero de la granja-penal y esa vez los bomberos sí tuvieron vía libre para ingresar y apagar las llamas.
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"Esa orden se dio"
Al mediodía del viernes 17 de febrero, en la oficina del Ministerio Público de Comayagua, solo cinco de una docena de custodios habían logrado dar su versión de los hechos, frente a un equipo compuesto por cuatro fiscales.
Afuera de la oficina de la Fiscalía -una gran casa de tres plantas, en un barrio alejado del centro de la ciudad de Comayagua- un grupo de custodios, vestidos de civil, bromeaban entre ellos luego de que una motocicleta y su conductor se estrellaran contra un pick up que llevaba el derecho de vía en ese tramo, cercano a una cruz calle.
Minutos antes, ninguno quiso entablar palabra sobre lo sucedido en la cárcel, a sugerencia del defensor que los asiste, que también se negó a comentar nada.
Uno de ellos, sin embargo, quería hablar, y se acercó hasta la sala de espera.
- ¿Ha leído los periódicos? ¿Es cierto que había un plan de fuga, un pago para matar al “doctor”? –preguntamos.
El custodio, moreno, bajito, fornido, sin nombre, rio. Con una carcajada amplia. La pregunta venía a colación por el gran rumor que se desató en Honduras, luego de que dos supuestos reos-prófugos dieran esta versión a un programa de comentaristas llamado Hable Como Habla: Los supuestos reos-prófugos dijeron que en la celda 6 había un doctor, llamado Constantino Ypsilanti, ex líder de la oposición política en Comayagua, y ex candidato a alcalde en el municipio. El “doctor”, como le llamaban en el presidio, fue condenado por el asesinato de un ciudadano español en 2009, y en la cárcel era famoso porque cuando alguien se enfermaba le conseguía medicinas, y porque un día aportó plata para mandar poner piso cerámico en todas las celdas de la prisión.
- Esas son tonterías. ¿Se iba a hacer tanto alboroto por un solo hombre? –respondió el custodio.
- ¿Qué opina de lo que dijo la gobernadora?
La gobernadora del departamento de Comayagua, Paola Castro, dijo en la noche del 14 de febrero que un reo le había hablado para decirle que provocaría un incendio en la celda 6. El custodio rió de nuevo.
- Mire, solo los que estuvimos ahí sabemos lo que pasó.
- ¿Y qué pasó? ¿Por qué no dejaron salir a los reos?
- Se dio esa orden, esa orden se dio. Solo eso le puedo decir…
En eso un fiscal bajó a la recepción, llamó al custodio, subieron al tercer piso y se lo llevó al interrogatorio.
Vea fotogalerías sobre la tragedia de Comayagua Las otras víctimas de Comayagua y La Carga de los sobrevivientes
Por Daniel Valencia Caravantes
Fotos: Frederick Meza
Los sobrevivientes del incendio en la granja-penal de Comayagua, en Honduras, lloran cuando recuerdan a sus amigos o a los reos más viejos que les rogaban una ayuda que no les podían dar. Una semana después de la tragedia que dejó 359 muertos, lo único cierto es que los guardias y el director de la prisión no hicieron nada para impedir que los reos se quemaran vivos. "Se dio esa orden", dice uno de los custodios.
“¡Dios santo! ¡Dios los perdone a todos!”.
Carlos Alfredo García, reportero ciudadano que grabó el incendio en la granja-penal de Comayagua, Honduras. Minuto 1:30 de la grabación que subió a Youtube.
Quique y Coli
Coli subió hasta la cuarta cama de la litera, se acostó boca arriba y comenzó a presionar con las piernas, a dar patadas con las plantas de los pies contra la lámina que le impedía escapar del infierno. Antes de subir, le había dicho a su amigo Quique que aguantara, que abriría el techo de su celda y luego regresaría para sacarlo de ahí. El problema era que Coli dormía en la celda 5, ubicada enfrente de la celda 6. El problema era que los separaban dos rejas de hierro, cerradas con candado. El problema era que solo uno de los dos tenía verdaderas posibilidades de sobrevivir, porque en la celda 6, donde se inició el fuego y donde dormía Quique, las llamas estaban a punto de consumirlo todo.
No se dijeron nada, solo se miraron a los ojos. Muy adentro sabían que era mejor así. ¿Qué podían haberse dicho? Si a Quique las llamas ya estaban lamiéndole la diminuta espalda, y Coli sabía que por más que intentara doblar los barrotes de su propia celda, ubicada frente a la de Quique, jamás lo conseguiría. Lo único que lograba era que su cabeza rapada sudara cada vez más, mientras el fuego se esparcía hasta la celda 10, que ya ardía como el infierno, y ahora lanzaba lengüetazos hacia los barrotes desde donde Coli miraba a los ojos, quizá por última vez, de su amigo. Cuando Coli desapareció en medio del hoyo que había en el techo, Quique cerró los ojos, apretó los barrotes de su celda y sintió que iba a morir.
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Quique y Coli se habían conocido hacía muchos años, luego de que Coli desertara de la Policía -para lucrarse con el tráfico de drogas- en 2002. Coli cayó en 2006, y Quique -por robo- ingresó a la Granja-Penal de Comayagua en 2007. El reclusorio está ubicado a 90 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa, la capital del país más violento del mundo. Decir que dentro de la prisión Quique y Coli eran los mejores de los mejores amigos quizá no sea del todo cierto. Pero es significativo que pasado el incendio, a Coli se le empañen los ojos cuando recuerda esa escena trágica: Quique vencido, aferrado a los barrotes, con el naranja y amarillo de las llamas al fondo, a punto de tragárselo. En el penal, Quique y Coli se las arreglaban igual que el resto de los presidiarios. En las cárceles de Honduras, como en las de El Salvador o Guatemala, se sobrevive si se tienen buenas relaciones con los carceleros, si se consiguen privilegios derivados de la buena conducta o dinero para pasarla. Un reo vale lo que vale cada centavo que carga consigo, y en Comayagua esta regla también se cumplía.
Para tener un celular al alcance, por ejemplo, se necesitaban 500 lempiras (26 dólares). Dormir en litera se ganaba con el tiempo o el respeto, dormir en el suelo era para los más nuevos o los menos afortunados. En todas las celdas había conectores, extensiones y cables de televisores o de cargadores de celular. Si no fuera porque Comayagua tenía un sistema de rehabilitación “modelo”, esta cárcel sería como cualquier otra: una donde se compran voluntades, se sufren muchas carencias y donde los derechos de los reos le importan solo a los reos. El sistema de rehabilitación, por el otro lado, consistía en tener los siete días de la semana mano de obra barata para que regentaran una porqueriza, una granja pollera y un invernadero. En medio de esas paredes, y del día a día de ese presidio, de ese estira y encoge, dos viejos conocidos se hicieron muy buenos amigos. Quizá no los mejores de toda la granja-penal, pero es significativo que a Coli, de 36 años, le afecte recordar que su amigo estuvo a punto de morir, y que Quique, de 40, conmovido por su amigo, le diga que no se preocupe, que nada podía hacer por él.
- Mejor agradezcamos que podemos contar la historia, y que vamos a seguir viéndonos la cara.
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La colcha en la que se había envuelto ya se había desintegrado: Quique moría parapetado en el suelo, junto a la reja. En su celda ya nadie gritaba, el olor a carne quemada era el de su propia carne, quemándose, y aquello que no alcanzaba a distinguir bien eran los gritos en las celdas 7, 8, 9 y 10. Él no lo sabía, pero Coli ya se había brincado del techo hacia una pulpería (una tienda) que otro reo tenía en un corredor contiguo a las celdas. Quique no lo recuerda, pero en el momento en que los reos comenzaron a abrir los techos de las celdas, y a escapar del fuego brincando entre las láminas, y luego entre los muros, los guardias de la prisión dispararon al aire una y otra vez, previniendo una fuga.
Quique no lo supo al principio, pero el que llegó con una banca de madera a romper el candado de su celda no era ningún guardia, sino otro reo.
Quique todavía no entiende cómo es que los guardias dejaron que se quemaran vivos.
Héctor y Jhony
Adentro de esos cuatro módulos se respira un olor que penetra hondo, pero al cabo de un rato el olfato se acostumbra. Tres días después del incendio en Comayagua, en medio de uno de esos módulos, uno de los sobrevivientes toma un huevo y lo coloca en un cartón. Luego otro, y otro y otro. Unas 400 gallinas ponedoras cacarean a su alrededor.
Es la primera vez desde la tragedia que a Jhony le autorizan salir del penal. Jhony no ha dormido bien. Dice que nadie ha dormido bien allá adentro. Apesta a carne quemada, y cuando cierran los ojos todos recuerdan lo que ocurrió la noche del 14 de febrero. “Nadie puede dormir. Hay unos que todavía se levantan gritando: ¡Abran, que me quemo, me quemo!”.
Jhony es uno de los reos que ha ganado privilegios a fuerza de buena conducta, según dice. Entró a Comayagua cuando tenía 20 años, en 1999. Lo condenaron por un asesinato. Este año cumple su decimotercer año preso.
Por trabajar en la granja ponedora recibe 1,600 lempiras al mes, un poco más de 84 dólares. Al mediodía del viernes 17, Jhony tiene una docena de cartones llenos. Este viernes, por la mañana, había respirado aire fresco por primera vez en tres días.
Jhony estaría mejor si en la pollera estuvieran todos los que ahí trabajaban, pero dos de sus compañeros murieron en la celda 7, en la noche del incendio. “Acabo de darme cuenta de que perdí a los dos compañeros con los que más platicaba aquí adentro”, dice.
Uno de ellos era "Ventura". Le faltaban nueve meses para salir libre. El otro era "Ponce". Este todavía no estaba condenado. En Comayagua solo el 40% de los 852 reos tenía condena.
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En la tarde del 14 de febrero, Jhony, Ventura, Ponce terminaban un partido de futbolito macho junto con otros reos antes de que el centinela los llamara para el encierro. Aunque era día del amor y la amistad, en la cárcel nadie celebró nada, excepto un reo que consiguió que los guardias dejaran entrar a su mujer, para que pasara la noche con él en la celda número 10. Horas más tarde, ese reo se salvaría de milagro, y su mujer moriría, hervida, adentro de una pila.
Los guardias llamaron al encierro a las 6 de la tarde, y como era costumbre, contaron uno por uno a los reos de la celda 1 a la 12. También se cercioraron de que los reos con privilegios se metieran en sus cuartos, ubicados contiguos a las celdas 6 y 5, cerca de la comandancia de guardia.
Jhony no recuerda a qué hora se inició el incendio, porque cuando se despertó, el humo lo sofocaba y una llamarada se había metido por el techo de su cuarto, un diminuto espacio en donde solo cabía una cama y un taburete de madera. Jhony intentó alcanzar sus llaves y su celular, pero una lengua de fuego lo empujó hacia afuera, al patio que conducía hacia la hilera de celdas que se incendiaban.
Desde el patio, Jhony vio cómo el cuarto que estaba contiguo al suyo se desplomó por completo, y desde la celda 6 escuchó unos gritos: "¡Auxilio! ¡Fuego! ¡Guardia!"
Cuando Jhony escuchó esto, corrió hasta el portón de la comandancia de guardia, gritando para que los ayudaran, para que los dejaran salir. Por la ventana de la comandancia de guardia no se asomó ninguna cara ni tampoco se vio una tan sola sombra.
Lo normal, si todo hubiese sido normal esa noche, es que por el pasillo que divide las hileras de celdas, un guardia del penal hiciera rondas cada 30 minutos, y que un llavero (otro guardia) estuviera atento ante cualquier emergencia, desde la comandancia de guardia. La comandancia de guardia es la única entrada y salida que tiene el penal.
Aquella noche, sin embargo, y desde que inició el incendio en la celda 6, la celda en donde se quemaba Quique, ningún guardia hizo sus rondas, y el llavero había desaparecido de la comandancia. Cuando Jhony se percató de que nadie les ayudaría, corrió hasta el patio ubicado detrás de las celdas que se incendiaban. En ese patio había unas pilas, y cerca estaba el centinela de una de las cuatro torres que custodian el penal. En el patio también había otros que, como él, habían escapado de sus cuartos.
- ¡Hey! Denos cancha para brincar por el muro. ¡No nos deje perder! –le gritó Jhony al guardia, pero el guardia le respondió moviendo la cabeza en señal de negación. Tres veces le rogó Jhony y las tres veces el guardia impidió que los reos se las arreglaran para trepar el muro que los alejaba de la zona del incendio.
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En las celdas todavía se escuchaban gritos cuando Jhony y los otros reos refugiados en el primer patio del recinto se echaron agua los unos a los otros, y echaron agua en el piso del patio, para mitigar el calor. Cuando la torre de fuego ardía con más fuerza, estar parados adentro de la prisión era como si estuvieran parados, con los pies descalzos, encima de una plancha caliente.
Al cabo de unos minutos, los reos privilegiados, ilesos, vieron llegar al patio a otros compañeros que caminaban lento, como si estuvieran congelados. Al primero que vio Jhony fue a uno de sus excompañeros en la granja ponedora de huevos. Se llamaba Nery Padilla.
- Venía lento, con la calzoneta caída, medio desnudo. Le aventamos agua, y cuando le cayó en la cara, se la cayó un pedazo del cuero (cabelludo).
“¡Ay, Dios mío!”, murmuraba Nery Padilla, con el cuerpo desfigurado. “¡Ay, Dios mío!”.
Jhony se acercó a Nery para ayudarle, para vestirlo, para que no agonizara desnudo, y cuando terminó de ponerle una calzoneta jeans medio chamuscada, nadie más se le acercó a Nery.
- Cuando lo toqué se le caían los cueros del abdomen –recuerda Jhony.
Al rato llegó otro, también quemado. Ese sí venía completamente desnudo, irreconocible. Luego otro, y luego otro… en las celdas que se consumían ya nadie gritaba nada.
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A las 12 del mediodía del 17 de febrero -dos días y medio después de la tragedia-, Héctor guardó la carretilla con la que se deshace de la basura que desechan las gallinas de la granja ponedora de huevos. Héctor es el único compañero que le ha quedado a Jhony. Héctor se dedica a alimentar a las gallinas y a limpiar la granja.
Héctor recuerda que la noche del 14 de febrero, como a las 9 p.m. se vino un apagón, seguido de otro apagón. Héctor no duerme adentro de los muros de la cárcel, sino justo detrás del muro, adentro de una carpa levantada con sacos de yute, en el interior de una bodega. Aunque no lo puede precisar, cree que el incendio y los gritos de los reos empezaron alrededor de las 10:45 de la noche. Unos 15 minutos después el cielo ya estaba iluminado, y luego comenzó a escuchar disparos.
A un costado del penal, frente a la granja ponedora, hay un terreno baldío extenso, un campo cercado en la lejanía por una alambrada que nadie custodia. De tanto moverse entre la granja y el basurero que hay detrás de la granja, Héctor ha concluido que fugarse de la prisión sería una tarea sencilla, porque solo hay dos centinelas en las dos torres del flanco derecho del penal, a quienes les costaría apuntarle a un blanco en movimiento, entre los arbustos, de noche. Héctor, sin embargo, prefiere salir libre “en orden”, y por eso nunca esa reflexión se ha convertido en plan de fuga para él, que va por la libre en la parte trasera del penal.
Cuando escuchó los disparos, la noche del incendio, se asomó al muro, y vio en dirección de los talleres de cerámica cercanos al dormitorio de los custodios.
- Los compañeros se estaban brincando el muro, huyendo del fuego. Ahí caían, medio quemados, adoloridos, unos se quebraron. Ahí afuera también había una fila de guardias esperándolos. Entre esos que brincaron y se quebraron estaban Coli y Quique.
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Los que se salvaron recuedan los mismos gritos: ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Llavero! ¡Llavero! ¡Se está incendiando! ¡Sáquennos! ¡Llavero! ¡No nos dejen morir! ¡Llavero! ¡Nos estamos quemando! ¡Vengan a abrir! ¡Abran los portones! ¡Llavero! ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Sáquennos de aquí! ¡Llaverooo!
Los que se salvaron también saben que hubo uno que tuvo que auxiliarlos. Al menos uno. Héctor, el limpiador de la granja de gallinas ponedoras, conoce al llavero que estuvo de turno esa noche.
- Pobrecito -dice Héctor-, él al final seguro tuvo que seguir órdenes, y ahora le está cayendo todo el clavo. Recuerde que así es eso. Ellos reciben órdenes de arriba. Él es buena gente. Era de los pocos que acá se interesaban por ayudarle a uno. Yo creo que no lo dejaron. Como que la orden fue que no dejaran salir a nadie.
Al llavero le decían “El brujo”, solo por el sobrenombre lo conocía Héctor. El nombre verdadero de ese policía está en reserva por la Fiscalía de Comayagua. Es, en la investigación del incendio, uno de los más investigados, junto al comandante de guardia, que mandaba por sobre el llavero, y el director del penal, Federico Ponce.
Junto a ellos, otros 27 policías que había en el penal están siendo investigados por negligencia. En Honduras los centros penales son regentados por la Policía Nacional, una institución ahora tildada de corrupta, que ha cambiado dos cúpulas en menos de dos meses, y que ahora tiene a 80 elementos investigados por la Fiscalía. 52 están siendo investigados desde octubre por colusión con el crimen organizado, las pandillas, el narcotráfico, por sicariato, estafa, secuestro y asesinato. La otra treintena ahora ha comenzado a ser investigada por un posible acto de negligencia, al permitir que un incendio se convirtiera en la peor tragedia del sistema carcelario no solo de Honduras, sino de toda la región latinoamericana, con 359 fallecidos y decenas de heridos.
Esta no es la primera vez que se le señala a la Policía como responsable directa por la muerte de decenas de reclusos. En 2003 murieron decenas de presos en la ciudad de La Ceiba, y en 2004 murió un centenar de reos en San Pedro Sula. Entre esos incendios y el de Comayagua, las víctimas mortales han sido más de 500.
Adentro de la granja-penal de Comayagua, entre la comandancia de guardia y las celdas que se incendiaron, no hay ni 30 metros de distancia. Si el El Brujo hubiera evacuado a los internos, muchos más se hubieran salvado en el patio en donde Jhony y otros más se echaban agua para mitigar el calor. Pero el llavero no llegó, y todos los sobrevivientes no se explican por qué. ¿Por qué los dejaron quemarse vivos?
Álex y Liro
Patio de la penitenciería de Comayagua donde los lesionados deberan pasar el proceso de curación de sus quemaduras.
Las celdas de la cárcel de Comayagua que se quemaron eran unas galeras de unos 25 metros de largo por siete de ancho. En las orillas estaban ancladas dos filas de literas con cuatro pisos cada una. Un colchón por reo. Por las noches, entre las filas de las literas, y debajo de ellas, también había reos durmiendo. La del 14 de febrero no fue la excepción. Liro, un peseta (pandillero retirado) de la pandilla Barrio 18, dormía en la cuarta cama de la litera número cuatro, en la celda 10 de Comayagua.
La celda 10 fue la última en quemarse por completo. Álex, un joven de 18 ingresado hace dos meses, por posesión de libra y media de marihuana, dormía en la cama tres de la litera número tres. A ambos los despertó el humo que se colaba entre las rejas y los gritos que provenían de las celdas contiguas. Liro, en su cama, se puso los zapatos y pegó un brinco hacia el suelo. Álex vio que las llamas ya habían entrado al corredor principal, y Liro descubrió lo mismo cuando cayó al suelo. Como si fuera un gato, brincó de nuevo de la cama dos a las tres, y de regreso a la cuatro, cuando sintió que Álex le rozó la espalda con las piernas. Liro decidió salvarse en el techo y Álex en las rejas de la puerta.
Desde la cama cuatro, Liro comenzó a hacer lo mismo que allá cerca de la entrada, en la celda cinco, había conseguido Coli: romper el techo. Se afanó rompiendo la madera, pero para cuando llegó a una canaleta, y al techo de zinc, había perdido las fuerzas, el colchón de su cama se había desintegrado y la celda entera, debajo de él, estaba envuelta en llamas. Liro, entonces, se dio la vuelta, boca abajo, trabó los pies entre los barrotes y se sostuvo de la canaleta ardiente para no caer al río de fuego que ahogaba todo.
Mientras tanto, en la reja, Álex luchaba con otros por mantenerse en los barrotes. Otros reos querían ocupar esa posición, para salvarse del fuego que les lamía la espalda, como también lo había hecho con Quique, que en la celda 6 estaba a punto de salvarse.
Detrás suyo tenía a Tiberio, el dueño de una de las pulperías del penal. Tiberio jalaba al flaco Álex, quería arrancarlo para ponerse él ahí, pero Álex se había hecho nudo con los barrotes, y no aflojaba.
- En poquísimo tiempo, mire, de a uno por uno fueron aflojando, y yo sentía cómo caían a mis espaldas -recuerda Álex.
Luego volvió a ver hacia atrás, y observó que un grupo hacía lo mismo que los del portón a los que se habían refugiado cerca de la pila ubicada en los baños de la celda. En ese grupo estaba Katya Figueroa, de 30 años, quien esa noche había llegado a pasarla con Jaime Aguirre, un nicaragüense de 49 años que coordinaba esa celda, y tenía buenas relaciones con los guardias y con los reclusos.
En lo que llevaba preso, Jaime había equipado un gimnasio en el reclusorio, y tenía los contactos para dejar que su mujer llegara a quedarse a dormir, cuando lo normal es que las visitas íntimas lleguen solo los miércoles, porque las de sábado y domingo están destinadas para los familiares.
Álex y Liro recuerdan haber visto entre el grupo que corrió hacia la pila a Jaime y a la mujer.
- Todos corrían del portón para los baños, para salvarse en el baño, pero era de balde. El agua estaba hirviendo y ahí murieron cocidos -dice Liro.
Jaime, que metió a su mujer a la pila, se cayó mientras intentaba guindarse del techo. Quedó debajo de muchos otros, y quizá puede ser eso lo que lo haya salvado.
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Hubo un momento en el que Liro pensó que era mejor dejarse caer, porque ya no tenía fuerzas, porque se las quitaban los viejos que se morían debajo de él. Abelino Canales y Mario Guevara, "otro señor que también daba consejos", le gritaban que los ayudara, pero Liro no podía hacer nada.
En la celda 10 también había dos jóvenes a quienes una mala decisión de sus padres les quitó la vida, y verlos quemarse devastó a Liro.
- Hay mamás que por querer enmendar a sus hijos los mandan a que pasen una temporada a granjas como esta. Yo les decía a estos loquitos que les dijeran a sus mamis que los sacaran, porque aquí podían encontrar la muerte…
De esos de los que habla Liro había uno en la celda 7. Se llamaba José Reynaldo Romero, de 22 años. Por drogadicto, vago y borracho, en ese orden, su mamá lo metió a la granja-penal cinco meses antes del incendio. A Noelia Suazo ahora no hay quien la consuele. Sabe que condenó a su hijo a la muerte. Lo lloró el jueves 16, mientras olía los cuerpos que se descomponían en las afueras de la morgue de la ciudad de Tegucigalpa. Dos días después del incendio, solo se habían reconocido tres cuerpos, y los cadáveres, que no cabían en el recinto, seguían apilados adentro de un furgón que intentaba mantenerlos congelados. Pero 48 horas después la descomposición hizo estragos, inundaba el ambiente y de la cama del furgón goteaba un líquido acuoso y rojizo, que luego fue lavado y se escurrió a los pies de los cientos de familiares que esperaban a sus muertos, que respiraban a sus muertos, que miraban irse los fluidos descompuestos de sus muertos por la alcantarilla.
* * *
- ¡Liro, Liro, ayúdenos, Liro! ¡Ayúdenos, Liro! –le decían los viejos Abelino y Mario Guevara, extendiéndole los brazos, al peseta que se guindaba del techo, sin poder hacer nada. Liro se retuerce, llora, y se para, con cuidado, porque tiene quemados los brazos, el cuello y la espalda, cuando recuerda esos últimos momentos de los viejos.
- Yo no los podía ayudar, y de paso les caí encima, porque en lo que volteé a ver para abajo, en lo que cambiaba de posición, me resbalé, y terminé de hundirlos.
Cuando se supo entre el suelo, Liro todavía no entiende cómo sacó fuerzas para brincar sobre la litera, y luego al techo. Debajo de él ya nadie gritaba y todo se estaba consumiendo.
En los barrotes, Álex presintió lo peor:
- Esa llama parecía un remolino adentro. Parecía un infierno. La gente que corría se perdía entre las llamas. Por eso no me quise mover del portón. Si me voy, solo a morir voy a ir, pensé. Si me toca morir, aquí voy a morir. Y de ahí solo me acordé de Dios.
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Nadie sabe cómo El Chaparro consiguió las llaves. Hay algunos sobrevivientes que creen que el llavero de turno las tiró, otros dicen que quizá El Chaparro rogó lo suficiente –y justo a tiempo- para rescatar a la mitad de la prisión. Lo cierto es que Marcos Bonilla, El Chaparro, se convirtió en héroe esa noche.
Primero llegó a la celda 6, con una banca, y rompió a la fuerza el candado, liberando a Quique, que ya estaba quemándose, y a otros dos más. Luego hizo lo mismo en el resto de las celdas, hasta que llegó a la 10, donde Álex sintió que Dios lo había escuchado, pero poco le duró la alegría.
- El Chaparro traía una banca y le dio con ganas al candado, pero no abrió. Ahí fue cuando dije: bueno, hoy sí, aquí me tocó morir –recuerda Álex.
Desahuciado, vio cómo El Chaparro desapareció entre el humo del pasillo, y segundos después vio cómo venía de regreso. Pero Álex solo reaccionó hasta cuando escuchó el tintineo de unas llaves. Cuando El Chaparró logró abrir, Álex corrió hacia el patio, y todavía recuerda que echaba humo de la espalda. Detrás suyo venía Liro, que al ver el portón abierto se tiró a las llamas porque sabía que esa era la única ruta para escapar de la muerte.
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En un cantón de Comayagua, Juana Evangelista Ventura, de 84 años, frente al fenétro que espera la llegada del cuerpo de su nieto Jorge Alberto Ventura, de 34 años, quien tenía 11 años preso por robo y murió en la celda 7.
Marcos Bonilla, El Chaparro, es un reo de la cárcel de Comayagua que a fuerza de buena conducta, de ganarse méritos, se ganó el respeto de las autoridades, estudió medicina y se dedicó a curar a sus compañeros de prisión. Tiene ocho años como enfermero. El Chaparro llegó al penal hace 17 años, y le faltan cinco para purgar una pena por homicidio.
En el penal, El Chaparro vivía afuera de las celdas, en un cuarto contiguo a la clínica de la prisión, con acceso a medicamentos. Si alguien se enfermaba o necesitaba atención en las noches, todos sabían a quien acudir: al llavero de turno para que este llamara a El Chaparro.
El Chaparro tiene ese apodo por su estatura. Tiene 50 años y hoy se ha convertido en héroe. No ha querido decir cómo obtuvo las llaves de las celdas porque dice que no quiere recordar y porque no ha cesado de trabajar. El Chaparro pasó las 72 horas después del incendio atendiendo a los heridos.
El Chaparro, el reo-enfermero, hizo lo que no pudieron hacer los guardias de la prisión, porque los guardias de la prisión recibieron la orden de no dejar salir ni dejar entrar a nadie para evitar una fuga.
El presidente hondureño, Porfirio Lobo, es uno de quienes aseguran que algunos reos aprovecharon para escapar. No se sabe de dónde saca esa información, porque los fiscales a cargo de la investigación lo niegan de manera rotunda.
Los bomberos a los que ningún guardia llamó
Entre la estación de bomberos de Comayagua y la granja-penal hay una distancia que en vehículo se recorre en menos de cinco minutos. Un kilómetro -calcula el comandante de bomberos Leonel Silva- es lo que separa a la estación de bomberos del peor incendio que muchos de sus hombres han visto en toda su vida.
El comandante Leonel Silva es un hombre de 50 años, con 35 dedicados a los bomberos. Sí él con tantos años dice que el fuego de Comayagua es lo peor a lo que se ha enfrentado, qué decir de sus hombres, un nutrido grupo de fornidos jóvenes que sin quererlo, para muchos de los familiares de las víctimas, se han convertido en villanos.
“¿Por qué no llegaron a tiempo los bomberos?”, se preguntaban las hermanas de Rubén Garrido Machado, Elsa y Gloria María. Su hermano, que ahora se presume fallecido, tenía 52 años, y recién había cumplido cinco años de una pena de 15 por secuestro.
“¡Mirá los bomberos a qué horas aparecen, vo!”, se escucha que cuestiona el reportero ciudadano que grabó seis minutos del incendio de la granja-penal de Comayagua, mientras al fondo se ve el voraz fuego y se escucha una sirena.
Pero eso pasa, según el comandante Silva, porque muy pocos saben lo que en realidad pasó: y lo que pasó fue que a las 10:56 de la noche los bomberos recibieron la primera alerta, y esta no venía de la granja-penal.
En la cárcel, mientras todo se quemaba, y los reos clamaban auxilio, no solo no había ningún policía en la comandancia de guardia, sino que ninguno de los agentes, ni el director, se tomaron la molestia de levantar el teléfono para pedir auxilio a los bomberos.
- ¿La llamada que recibieron venía del penal?
- No. Era de un ciudadano de la localidad –dice el comandante Silva.
Para cuando los bomberos llegaron frente al portón de la cárcel, a las 11 de la noche, según la bitácora de la estación, por supuesto que ya era poco lo que podían hacer, porque ya todo estaba consumido, y ya ni siquiera se escuchaban los gritos que hasta el minuto 1:40 de la grabación del reportero ciudadano todavía salían del penal.
Cuando el equipo de 21 bomberos llegó al portón de la cárcel, con sus tres motobombas, una ambulancia, un pick uno y 12 mil galones de agua, El Chaparro ya había rescatado a los que pudo –una docena de las celdas incendiadas, más los reos de las celdas 1 a la 4– y los guardias seguían disparando para prevenir una fuga.
- ¿Por qué no entraron de inmediato, si había gente quemándose?
- Porque no teníamos autorización. Hasta que ellos controlan la situación es cuando nos dejan entrar –responde el comandante Silva.
Cuando los bomberos comienzan a tirar agua, ignoran que el agua está cayendo sobre 356 cuerpos calcinados.
Horas más tarde, con el fuego apagado, el comisionado Danilo Orellana, hasta ese momento director de las cárceles de Honduras, admitió: "Los custodios creyeron en un principio que se trataba de una fuga masiva de reos, por eso cumplieron la ley y no permitieron el ingreso de nadie a la cárcel, para evitar muertes innecesarias".
Hace 22 días, un fuego amenazaba con devorar el invernadero de la granja-penal y esa vez los bomberos sí tuvieron vía libre para ingresar y apagar las llamas.
* * *
"Esa orden se dio"
Al mediodía del viernes 17 de febrero, en la oficina del Ministerio Público de Comayagua, solo cinco de una docena de custodios habían logrado dar su versión de los hechos, frente a un equipo compuesto por cuatro fiscales.
Afuera de la oficina de la Fiscalía -una gran casa de tres plantas, en un barrio alejado del centro de la ciudad de Comayagua- un grupo de custodios, vestidos de civil, bromeaban entre ellos luego de que una motocicleta y su conductor se estrellaran contra un pick up que llevaba el derecho de vía en ese tramo, cercano a una cruz calle.
Minutos antes, ninguno quiso entablar palabra sobre lo sucedido en la cárcel, a sugerencia del defensor que los asiste, que también se negó a comentar nada.
Uno de ellos, sin embargo, quería hablar, y se acercó hasta la sala de espera.
- ¿Ha leído los periódicos? ¿Es cierto que había un plan de fuga, un pago para matar al “doctor”? –preguntamos.
El custodio, moreno, bajito, fornido, sin nombre, rio. Con una carcajada amplia. La pregunta venía a colación por el gran rumor que se desató en Honduras, luego de que dos supuestos reos-prófugos dieran esta versión a un programa de comentaristas llamado Hable Como Habla: Los supuestos reos-prófugos dijeron que en la celda 6 había un doctor, llamado Constantino Ypsilanti, ex líder de la oposición política en Comayagua, y ex candidato a alcalde en el municipio. El “doctor”, como le llamaban en el presidio, fue condenado por el asesinato de un ciudadano español en 2009, y en la cárcel era famoso porque cuando alguien se enfermaba le conseguía medicinas, y porque un día aportó plata para mandar poner piso cerámico en todas las celdas de la prisión.
- Esas son tonterías. ¿Se iba a hacer tanto alboroto por un solo hombre? –respondió el custodio.
- ¿Qué opina de lo que dijo la gobernadora?
La gobernadora del departamento de Comayagua, Paola Castro, dijo en la noche del 14 de febrero que un reo le había hablado para decirle que provocaría un incendio en la celda 6. El custodio rió de nuevo.
- Mire, solo los que estuvimos ahí sabemos lo que pasó.
- ¿Y qué pasó? ¿Por qué no dejaron salir a los reos?
- Se dio esa orden, esa orden se dio. Solo eso le puedo decir…
En eso un fiscal bajó a la recepción, llamó al custodio, subieron al tercer piso y se lo llevó al interrogatorio.
Vea fotogalerías sobre la tragedia de Comayagua Las otras víctimas de Comayagua y La Carga de los sobrevivientes
La gente no tiene confianza en el Gobierno
Por Roberto Quesada
“…la gente está muy enojada con las autoridades del Gobierno (de Honduras)”
Guillermo Arduino, periodista CNN.
“¿Quién manda en Honduras?”, se preguntó la rectora Julieta Castellanos recién le habían asesinado a su hijo, junto a su amiguito, lanzándolos luego en unos matorrales, dejados de tal forma que solo el recuerdo de esas imágenes encrespa los vellos de la piel, incrementa el resentimiento y la impotencia, y deja a un pueblo conocido mundialmente como pacifista, en tremenda desolación. Esto solo son dos de tantos asesinatos en similares circunstancias y que hasta el sol –o el fuego—de hoy, no tienen ninguna respuesta.
Cuando Porfirio Lobo Sosa llegó a la presidencia en unas cuestionadas elecciones, cuando todo se manejaba a nivel de hipótesis, la misma que ya ha sido aclarada por uno de sus protagonistas, el ex candidato Elvin Santos, quien, en extensa entrevista a Radio Globo, no dudó en afirmar que había habido componendas, fraudes, y luego deslealtades, es decir, lo que todos sabíamos, en las mencionadas elecciones, así mismo afirmó que lo acaecido el 28 de junio del 2009 no fue otra cosa que golpe de Estado. Esta aseveración del Sr. Santos reafirma la convicción que después de un golpe de Estado la única posibilidad de retomar el camino de la paz es el llamado a una nueva Asamblea Nacional Constituyente, a un nuevo pacto social.
Aun cuando no éramos ciegos ante la forma de realizar elecciones al vapor, decidimos, pues no quedaba alternativa, confiar en Pepe Lobo, como la posibilidad de encontrar una relativa paz, que debía comenzar con sacar al presidente Zelaya de la embajada de Brasil y luego resarcir los daños, en la medida de lo posible porque ante los asesinatos no hay remedio posible, que el golpe había causado al pueblo hondureño.
Para el caso, trabajábamos en las Naciones Unidas, teniendo como jefe de misión al abogado Jorge Arturo Reina, quien nos llamó a reunión para apoyar el gobierno de Lobo, con la sana intención, dijo él, de que Honduras no cayera en el deterioro extremo, al cual hoy por hoy avanza de forma acelerada. También coincidía con las directrices del derrocado presidente Zelaya, quien, a través de su asesor y vocero, abogado Rasel Tomé, pedía darle a Pepe Lobo “el beneficio de la duda”, lo que se traduce en darle apoyo a ver si es cierto que lograría enderezar el país y llevarlo en busca de mejor destino.
El tiempo pasaba y hay que reconocer que Lobo pudo devolver, con la ayuda del presidente Zelaya y muchos de nosotros, a Honduras a la OEA, lo que se considera un logro en política exterior. De él, no del ex canciller. A este nuevo canciller, Arturo Corrales, quien ya lleva casi seis meses en el cargo, no se le ve arranque, no termina de despegar.
En cuanto a la pregunta de doña Julieta, de ¿quién manda en Honduras?, tengo una respuesta. Ya en el relevo de Jorge Arturo Reina, a través de un amigo que sirvió de enlace, conversé con Pepe Lobo para buscarle solución a un asunto en la Misión de Honduras ante las Naciones Unidas. Pepe dio el visto bueno, el enlace me llamó y me dijo que todo estaba solucionado. Cinco minutos después me volvió a llamar, para decirme que Pepe se había echado atrás, porque habló con uno de los siniestros golpistas (sé su nombre, por cierto, pero no es ahora el momento de darlo), quien dijo que no, que no quería esa solución. Pepe dijo que no podía hacer nada porque no quería tener problemas con el siniestro individuo. Desde entonces no quedó duda, doña Julieta, que quien manda en Honduras es el golpe de Estado. Una pequeña cosa Pepe Lobo no tuvo potestad para resolverla, ¿qué puede pensarse de los grandes problemas, de las grandes situaciones que encara un gobierno?
Así como me convencí yo de que Pepe Lobo tiene un gobierno de accionar limitadísimo, mucho más de lo que suele ser habitual, también lo ha ido descubriendo el pueblo hondureño. Y con la desgracia que la dependencia histórica hondureña es tal que no creemos en lo nuestro, siempre lo y los/as de afuera es mejor, pues les ilustro el presente con este tremendo cuestionamiento, desde afuera, que el periodista de CNN, Guillermo Arduino, hizo en vivo, en entrevista vía telefónica, al ministro Miguel Pastor: “Si usted ve la reacción de la gente en las redes sociales, anoche con Gabriela Frías estaba haciendo el programa Reflexiones, justamente sobre la otra tragedia sobre el penal de Comayagua… la gente está muy enojada con las autoridades del Gobierno ¿Ustedes están al tanto de eso? La gente no tiene confianza en que ustedes están haciendo lo suficiente para garantizar que este tipo de tragedias no sucedan ¿Cómo les puede contestar a estas cientos de personas que realmente están preocupadas? Tienen que ver los cientos de comentarios de desilusión, frustración, con este tipo de situaciones, hace cuatro días en el penal de Comayagua y hoy en este mercado de Tegucigalpa”.
Si usted no ha visto esta entrevista y desea verla, entre a mi Facebook (Roberto Quesada hondureño). Hay quienes dicen que es una campaña mediática para desestabilizar el Gobierno y que entre los Estados Unidos a militarizarlo y tomar posesión del país (en lo personal dudo de esa teoría, si EEUU solo tiene que dar un silbido y salen corriendo presidente del Congreso, del Ejecutivo y otras “autoridades” a recibir órdenes que cumplen de inmediato, como la ley de extradición, ¿entonces, para qué EEUU debe complicarse teniéndolo todo tan fácil?
También en mi Facebook no se han hecho esperar los comentarios, como el de Velinda Fiol: “¿Ahora sí, no? Cuando el golpe de Estado fueron (CNN) cómplices de callar lo que verdaderamente pasaba en Honduras.” Otro más, de Luis Edgardo Soliz Lobo: “La lógica política establece que después de un golpe de Estado sigue una Asamblea Nacional Constituyente, porque de lo contrario entraríamos a un Estado fallido…Y esa es la realidad de Honduras… Si me equivoco, mencióneme algo que funcione a la perfección en el Estado aparte de la corrupción”.
Hay tantas teorías sobre el caos en Honduras, como que estos recientes incendios es la respuesta del crimen organizado a la firma de la ley de extradición, también se especula que la produce el mismo gobierno para que en la memoria de los hondureños quede engavetado el arrozazo, aeropuertazo, otros azoz y, sobre todo, el golpe de Estado, con miras a las próximas elecciones, pero mientras dura la “distracción” el Congreso se dedica a aprobar leyes que van contra los intereses del pueblo hondureño.
Si realmente Pepe Lobo quiere, adora, a su pueblo hondureño como suele manifestarlo, pues en vez de hacer perder el tiempo a la gente en kilométricas cadenas radiotelevisivas que poco o nada dicen, debería de hacer un llamado al pueblo hondureño: nacionalistas de la clase pobre, liberales si es que quedan (al único que le veo pueblo es a Yani Rosenthal); campesinos y obreros; al Frente Nacional de Resistencia Popular y al Partido Libre; a la UD; a las etnias; a todos y todas, a que le respalden, solo con el apoyo del pueblo, unidos/as todos/as en una causa común, podremos hacerle frente a las fuerzas del mal, fuerzas del golpe, que en la actualidad, con toda la connotación de la palabra, incendian a nuestra Patria.
De no actuar así: o el Gobierno de Pepe Lobo es cómplice o impotente para defender a su pueblo.
Solidaridad y unidad en la lucha en el Bajo Aguán
Por Giorgio Trucchi
Con el objetivo de denunciar y visibilizar la grave situación de violencia y violación a los derechos humanos e impunidad en el país y en el Bajo Aguán, solidarizarse con las víctimas de la represión e intercambiar experiencias para buscar estrategias comunes de lucha, del 16 al 20 de febrero la ciudad de Tocoa, Colón, fue anfitriona del Encuentro Internacional de derechos humanos en solidaridad con Honduras.
La actividad fue convocada por el Observatorio permanente de derechos humanos en el Aguán y un nutrido grupo de organizaciones nacionales e internacionales.
Galería fotográfica mártires del Aguán
Galería fotográfica represión militar
Galería fotográfica inicio Encuentro
Durante cuatro días, los más de 1,200 delegados y delegadas provenientes de todo el territorio hondureño y de diferentes países del mundo, pudieron conocer, analizar e intercambiar sobre la crisis de derechos humanos que vive el país, de manera particular el Bajo Aguán.
También compartieron los desgarradores testimonios de las víctimas del hostigamiento y la represión, así como las diferentes formas de luchas implementadas por las organizaciones campesinas, que exigen el acceso a la tierra y el derecho a la seguridad alimentaria, ante un modelo monocultivista depredador y explotador, financiado por los organismos financieros internacionales.
“La solidaridad internacional respondió masivamente al llamado. Ahora nos queda el desafío de seguir tejiendo esta articulación solidaria y avanzar hasta plantearnos un movimiento internacional en contra del golpismo, la violación de los derechos humanos y la impunidad”, dijo a Sirel, Bertha Cáceres, coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).
Durante el Encuentro, en diferentes asentamientos campesinos se realizaron talleres temáticos con enfoques de género, niñez y pueblos indígenas y afrodescendientes.
“El resultado ha sobrepasado cualquier expectativa. La presencia de un centenar de delegados y delegadas internacionales y más de treinta periodistas extranjeros nos anima y nos da mucha esperanza para el futuro”, aseguró Cáceres.
También hubo momentos muy conmovedores, como por ejemplo el homenaje que se les rindió a las víctimas y mártires del Bajo Aguán y los testimonios de los y las sobrevivientes. En poco más de dos años suman 45 los campesinos organizados que perdieron la vida en el marco del conflicto agrario en esta región.
“Fue un momento desgarrador. En los rostros de los familiares de las víctimas se percibía la necesidad de justicia y el sentido de impotencia. El reto es ahora canalizar y convertir este dolor en lucha y articulación”, afirmó la dirigente indígena.
Para Esly Banegas, dirigente de la Coordinadora de Organizaciones Populares del Aguán (COPA), el Encuentro permitió desenmascarar la hipocresía del régimen.
“Quieren dar a creer a nivel internacional que, por haber firmado acuerdos con algunos grupos campesinos, el conflicto en el Bajo Aguán está resuelto. Sabemos que no es así y que el régimen va a continuar su política de violencia y terror.
Debemos seguir visibilizando lo que está ocurriendo en la región, multiplicando la solidaridad, combatiendo la impunidad, promoviendo la unidad”, dijo la también presidenta de la seccional de Tocoa del SITRAINA, quien agradeció la presencia de la Rel-UITA en el Encuentro y la cobertura sistemática que se dio al conflicto en el Bajo Aguán.
Declaración final
Finalizando la actividad, el comité organizador dio a conocer la Declaración Final del Encuentro, en la que se pidió, entre otros, una solución definitiva del conflicto agrario en el Bajo Aguán “sin negociaciones indignas de compra y venta de tierra”.
También se exigió la libertad inmediata para el detenido político del Movimiento Campesino del Aguán (MCA), José Isabel Morales, el sobreseimiento de los más de 500 campesinos demandados en los tribunales, así como la desmilitarización del territorio, el fin de la impunidad y el fortalecimiento del Observatorio permanente internacional de derechos humanos en el Aguán.
Finalmente, los delegados y delegadas nacionales e internacionales acordaron impulsar varias acciones, cuyo cumplimiento será monitoreado por una Comisión Ad Hoc.
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