lunes, 29 de agosto de 2011

Central de riesgos para los ladrones de cuello blanco


Rebelión

Por Guido Eguigure

Hace más o menos dos años y medio, nuestro casero de los últimos seis años, con mucha pena nos informó que tenía que pedirnos desocupáramos la casa. Nunca en ese tiempo nos atrasamos en el pago del alquiler y nos llegó a tener mucho aprecio por varias cosas. Su razón era entendible. Al final, una necesidad de su familia prácticamente lo obligó a pedirnos la casa. Nosotros entendimos y así se lo explicamos. El nos dijo que tomáramos el tiempo necesario para buscar una casa donde irnos.
Empezamos a buscar casa y acudimos a una empresa de bienes raíces. Una de tantas que llenan la sección de anuncios clasificados de los diarios con una letra casi imposible de leer. Acudimos a ellos porque vimos una casa que nos interesó, cuyo costo podíamos pagar. Estaba el anuncio en la web. Llamamos, acordamos una cita para verla y nos dieron los requisitos. Además de capacidad de pago certificado por una carta de trabajo con antigüedad mayor a un año, referencias comerciales, bancarias y de los antiguos inquilinos. También había que tener dos avales y cada uno de ellos con sus respectivas constancias de trabajo, referencias comerciales y bancarias. A esto había que sumar un mes de adelanto y un mes de depósito. Solo faltó que nos pidieran el nombre del perro de los vecinos y de sus cachorritos con su tipo de sangre, pedigrí y demás.
Pensamos en ese más de un millón de familias sin vivienda en Honduras y en cómo hacen para resolver su problema. Pensamos que si a nosotros que en ese momento estábamos en uno de los estratos asalariados mejor pagados nos había costado tanto alquilar una casa de siete mil quinientos Lempiras (aproximadamente US$ 400), qué pasaría con la mayor parte de compatriotas que no pueden cumplir todos esos requisitos, mucho menos, los que piden para comprar una vivienda.
Hace un par de décadas se estableció por Ley en nuestro país el Régimen de Aportaciones Privada (RAP), mecanismo a través del cual, las personas con sus aportaciones de 1% sobre su salario más las aportaciones salariales, podrían de varias formas adquirir o mejorar sus viviendas o comprar un terreno y construir una nueva. El asunto como muchos otros nació viciado. El negocio definido por los parásitos empresarios y elevado a categoría de ley por sus empleados en puestos de decisión, fue comprar el dinero barato de los aportantes, depositarlo en la banca privada y prestárselo a los mismos aportantes, por supuesto cobrándole jugosos intereses disfrazados de tasas atractivas. En conclusión, alquilar una casa decente para una familia de clase media que no ha podido construir o comprar la propia, está fuera de su alcance, no solo por los precios, sino por un modelo perverso que se ha establecido y que penaliza la pobreza.
Ese sistema se llama Central de Riesgos y funciona en una oficina adscrita a la Comisión Nacional de Banca y Seguros, ente regulador de los bancos y financieras y que ahora ha tomado un papel inquisidor de la vida de los ciudadanos comunes. El sistema funciona sobre una base de datos. Inicialmente de quienes solicitan un crédito en un banco, financiera, cooperativa e incluso una casa comercial. Si alguna vez, te atrasaste en el pago de una o más cuotas, ipso facto, su nombre pasa a una lista negra que puede ser consultada automáticamente desde cualquier rincón del país. Nadie sabe cuán grande es dicha lista, pero, tal como están las finanzas y la crisis que abate al país y a su población trabajadora, no es difícil imaginarse su enorme magnitud. Alquilar una casa ya no es tan sencillo como dar la palabra como hacíamos no hace mucho tiempo.
El sistema es tan absurdo, que si solicitas un préstamo para pagarlo en un año, y un día decide uno pagarlo de una vez, digamos seis meses antes de finalizar el plazo, el banco te penaliza, porque no podes dejar de pagar los intereses a que te habías comprometido cuando firmaste, sin importar que ellos dispondrán de nuevo del dinero para prestarlo nuevamente. Es lo que dicen en mi pueblo: “si enchutas pierdes y si no, también”.
Todo esto invariablemente nos lleva a pensar también en el sistema de corrupción e impunidad establecido desde hace mucho en nuestro país. Políticos, empresarios, militares, policías y sus comparsas hacen del estado su instrumento predilecto para enriquecerse. Se calcula que el cincuenta por ciento del presupuesto anual del estado (aproximadamente tres mil doscientos millones de dólares) va a parara manos de los corruptos. El monto es tal, que el estado podría funcionar perfectamente con la mitad del personal y bajar a la mitad todos los impuestos que desangran a la población, en especial a los asalariados. ¿Qué pasa con estos ladrones de cuello blanco con permiso para robar sin temor a ser enjuiciados por sus crímenes? ¿Qué hace la famosa Central de Riesgos cuando un corrupto estafa al estado y se roba millones? En realidad nada. Siguen tan campantes como si nada.
En el otro extremo un 85% de la población se debate en la miseria, buscando un poco de comida para satisfacer sus más elementales necesidades. La vivienda por todo lo mencionado está lejos de ser una. Pululan en las ciudades grandes e intermedias casas, si así puede llamárseles hechas de ripios, cartones y cualquier tipo de material usable, en los cerros mas escarpados, en los cauces y en los lugares más inverosímiles, donde el riesgo, es el pan de cada día.
Ahora que se habla de refundación, es imposible no pensar en la injusticia personificada en el modelo de sociedad que hoy persiste en Honduras. El apartheid contra los pobres es hoy una realidad lacerante. Cada una de las facetas que presenta se nos estrella en la cara y nos reclama el desmontaje de esta injusticia que no puede seguir. El oprobio con que los poderosos de este país han tratado a quienes les han enriquecido no puede continuar. La central de riesgos es solo un mecanismo que ellos han inventado para sojuzgar y afrentar aún más a las personas comunes. Ya no solo basta con empobrecerlas sino que hay que hacer escarnio de su pobreza.
Este perverso y maligno sistema ha sido creado por los poderosos para que la pobreza más abyecta se acompañe de la burla hacia los más pobres. Pero como estos son muchos, es imposible olvidarlos. Lo que es más que seguro es que un día –más temprano que tarde- bajarán de los cerros para decir basta.
Parafraseando a Naomi Klein, les aseguro que esto no es político, es pura física. Imposible seguir postergando el cambio cuando ya no se puede vivir.

¿Repartición o distribución?



Rebelión

Por Hugo Salinas

Nuestros antepasados vivían de lo que cogían de los centros de alimentación (ríos, lagunas, bosques, praderas). Digo de una manera eufemística “nuestros antepasados” porque, actualmente, después de 200 mil años de grandes descubrimientos, incrementos de productividad, abundancia de bienes materiales, una gran parte de la población mundial vive todavía de esta manera.
Pero, bueno, todos se dedicaban a la misma actividad: recolección, caza o pesca. La creación de las herramientas de trabajo no cambia en nada el modus vivendi de nuestros antepasados. En cambio, la aparición de la agricultura facilita el desglose de la actividad socio-económica: unos se dedican a la agricultura y otros, a la ganadería; aún cuando muchos de aquellos grupos sociales eran agricultores y pastores a la vez. No obstante, ellos seguían viviendo de lo que producían. Eran economías de autoconsumo.

El progreso humano no se detiene. Esa es la particularidad del Homo Sapiens. Probablemente se comienza por la alfarería, luego sigue en importancia la textilería. Los alfareros, tejedores, en plena expansión, ya no consumen lo que producen. Para vivir deben vender su productos y con el dinero recibido comprar los bienes alimenticios y otros que requieren.

Se ha ingresado a una nueva forma de producir y de vivir. Los intercambios con precios expresados en unidades monetarias se imponen. No hay escapatoria.

Y los centros de producción se convierten en inmensas fábricas, en donde los obreros convierten los productos intermediarios y las materias primas en bienes para consumo final o, incluso, para nuevos bienes intermediarios. El patrón de la fábrica tiene que tener mucho cuidado en los costos de producción a fin de obtener un margen de ganancia o utilidad. Y es ahí que nuestros economistas estándar nos han venido engatusando, por ignorancia o por mala fe. Veamos.

De una manera bastante simple digamos que para producir un bien se necesita efectuar gastos en materias primas y salarios. Una vez vendido el bien se obtiene el margen de beneficio o utilidad. Si a estos tres rubros de las cuentas de un empresario le descontamos las materias primas que ya habían estado producidas, lo que queda es precisamente el Valor Agregado por la actividad socio-económica; es decir, salarios + utilidades. A la suma de los dos se le llama también Producto Bruto Interno (PBI) de un país.

Y cuando nuestros gobernantes, políticos y economistas oficiales nos dicen que hay que incrementar el PBI para disminuir o, peor aún, eliminar la pobreza, es un cuento chino como lo diría Andrés Oppenheimer. Incrementar el PBI es, sin lugar a dudas, incrementar la masa de salarios y de utilidades del país. Los salarios se reciben como contraprestación a un esfuerzo realizado. Y las utilidades se reciben como contraprestación ¿de qué esfuerzo? Ninguno. De esta forma, los propietarios de las empresas o sus accionistas se hacen más millonarios de lo que ya son, con el esfuerzo de la fuerza de trabajo del país, y con el aliento de políticos y gobernantes corrompidos e intelectuales al servicio del “Establishement”.
El argumento que oponen para justificar ese robo que se viene practicando desde hace diez mil años es el de que, actualmente, las empresas se crean y desarrollan con el dinero y otros activos de sus propietarios o accionistas. Supongamos que así sea. Entonces, ¿por qué no crear y desarrollar empresas, las empresas más importantes del país, aquellas que producen ingentes utilidades, con el dinero del país? De esta forma, la masa de utilidades pertenecerá a todos los habitantes del país, y en partes iguales.

Si así fuera, pienso, todos los habitantes del país estarían de acuerdo en que el PBI crezca de más en más. Y todos, o la mayor parte, harían lo necesario para que ese PBI crezca de más en más. Me interesaría en que todos trabajen, que se llegue al pleno empleo de los recursos humanos por que, con ello, la parte que me correspondería sería aún más grande.

Es decir, generaría un mecanismo de inter-acción humana positiva.

Aparte del incremento creciente que recibiría proveniente de mi parte de la masa de utilidades, mis salarios subirán una vez llegado al pleno empleo. Es la dinámica de las fuerzas de mercado. Y así estaríamos viviendo una economía de mercado con rostro humano.

Las consecuencias mundiales de la decadencia de Estados Unidos

Jornada

Por Immanuel Wallerstein

Hace 10 años, cuando algunas personas y yo hablábamos de la decadencia de Estados Unidos en el sistema-mundo, a lo sumo nos topábamos con sonrisas de condescendencia ante nuestra ingenuidad. ¿No era Estados Unidos la única superpotencia, involucrada en cada uno de los rincones más remotos de la Tierra, haciendo lo que quisiera casi todo el tiempo? Ésta era una visión compartida a todo lo ancho del espectro político.

Hoy, la visión de que Estados Unidos está en decadencia, en seria decadencia, es una banalidad. Todo el mundo lo dice, excepto algunos políticos estadunidenses que temen ser culpados por las malas noticias de la decadencia si la discuten. El hecho es que prácticamente todo el mundo cree hoy en la realidad de esa decadencia. Sin embargo, algo que está menos discutido es cuáles han sido y serán las consecuencias en el mundo de esta decadencia. La decadencia tiene raíces económicas que siguen su curso. Pero la pérdida del cuasi monopolio del poder geopolítico que Estados Unidos ejerció alguna vez tiene consecuencias políticas importantes en todas partes.

Empecemos con una anécdota contada en la sección de Negocios del New York Times el 7 de agosto. Alguien que gestiona inversiones en Atlanta apretó el botón de pánico en nombre de dos acaudalados clientes que le dijeron que vendiera todas sus acciones y que invirtiera el dinero en un fondo común de inversión más o menos blindado. El gestor dijo que, en los 22 años que llevaba en el negocio, nunca había recibido una petición como ésa. Era algo sin precedentes. El periódico le llamó a esto el equivalente “Wall Street” de la opción nuclear. Iba en contra del consagrado consejo tradicional de asumir un enfoque firme y constante conforme se avanza ante los vaivenes del mercado.

Standard & Poor’s ha reducido su calificación crediticia de Estados Unidos de AAA a AA+, también algo sin precedentes. Pero esto fue una acción bastante leve. La agencia equivalente en China, Dagong, ya le había reducido la credibilidad crediticia a Estados Unidos en noviembre pasado a A+, y ahora se le redujo a A-. El economista peruano Oscar Ugarteche ha declarado que Estados Unidos es una república bananera. Dice que Estados Unidos ha optado por la política del avestruz para no espantar a las expectativas (de crecimiento).

Y en Lima, la semana pasada, los ministros de finanzas de los estados sudamericanos, reunidos, han discutido urgentemente cómo aislarse de la mejor manera ante los efectos de la decadencia económica de Estados Unidos. El problema para todo el mundo es que es muy difícil aislarse de los efectos de la decadencia estadunidense. Pese a la severidad de su decadencia económica y política, Estados Unidos continúa siendo un gigante en el escenario mundial, y cualquier cosa que pase ahí sigue provocando grandes olas en todas partes.
Con toda certeza, el impacto más fuerte de la decadencia estadunidense ocurre y seguirá ocurriendo al interior de Estados Unidos. Los políticos y los periodistas hablan abiertamente de la disfuncionalidad de la situación política estadunidense. ¿Pero qué otra cosa puede ser sino disfuncional? El hecho más elemental es que los ciudadanos estadunidenses están aturdidos por el mero hecho de la decadencia. No es sólo que los ciudadanos estadunidenses sufran ellos mismos, materialmente, por la decadencia, y que estén profundamente asustados de que sufrirán más conforme el tiempo avance. Es que habían creído a nivel muy profundo que Estados Unidos es la nación elegida, designada por Dios o la historia para ser el país modelo en el mundo. El presidente Barack Obama sigue tratando de tranquilizarlos diciendo que Estados Unidos es un país triple A.

El problema para Obama y para todos los políticos es que muy pocas personas siguen creyendo eso. El golpe al orgullo nacional y a la imagen propia es formidable, y es también muy repentina. El país está tomando muy mal este golpe. La población busca chivos expiatorios y ataca muy a lo loco, y no con demasiada inteligencia, a los supuestos culpables. La última esperanza parece ser que alguien sea culpable, y como tal el remedio sea cambiar a las personas con autoridad.

En general, las autoridades federales son vistas como las que hay que culpar: el presidente, el Congreso, ambos partidos principales. La tendencia es muy fuerte hacia tener más armas a nivel individual y a ejercer un recorte del involucramiento militar fuera de Estados Unidos. Culpabilizar de todo a la gente de Washington conduce a una volatilidad política y a luchas intestinas locales cada vez más violentas. Estados Unidos es hoy, diría yo, una de la entidades políticas menos estables en el sistema-mundo.

Esto hace de Estados Unidos no sólo un país cuyas luchas políticas son disfuncionales, sino uno que es incapaz de consolidar mucho poder real en la escena mundial. Entonces, hay una caída importante en la fe en el país, y en su presidente, por parte de los aliados tradicionales de Estados Unidos fuera y por la base política del presidente en casa. Los periódicos están llenos de análisis de los errores políticos de Obama. ¿Quién puede argumentar con esto? Con suma facilidad, yo podría enlistar docenas de decisiones que Obama hizo, y que desde mi punto de vista fueron equivocadas, cobardes o algunas veces directamente inmorales. Pero me pregunto si, de haber tomado las mucho mejores decisiones que su base supone que debió tomar, habría habido mucha diferencia en el resultado. La decadencia de Estados Unidos no es el resultado de decisiones pobres por parte de su presidente, sino de las realidades estructurales en el sistema-mundo. Obama puede ser el individuo más poderoso del mundo todavía, pero ningún presidente estadunidense es tan poderoso hoy como los presidentes de antaño.

Hemos entrado en una era de agudas, constantes y rápidas fluctuaciones –en las tasas de cambio de las divisas, en las tasas de empleo, en las alianzas geopolíticas, en las definiciones ideológicas de la situación. El grado y rapidez de estas fluctuaciones conduce a la imposibilidad de contar con predicciones de corto plazo. Y sin alguna estabilidad razonable en las predicciones de corto plazo (tres años más o menos) la economía-mundo se paraliza. Todo el mundo tendrá que ser más proteccionista e introspectivo. Y los estándares de vida bajarán. No es un cuadro bonito. Y aunque hay muchos, muchos aspectos positivos para muchos países a causa de la decadencia estadunidense, no hay certeza de que en el loco bamboleo del barco mundial, otros países puedan de hecho beneficiarse como esperan de esta nueva situación.

Es tiempo de un análisis de largo plazo mucho más sobrio, de juicios morales mucho más claros acerca de lo que el análisis revela, y de acciones políticas mucho más efectivas en el esfuerzo, en los próximos 20 o 30 años, para crear un mejor sistema-mundo que en el que estamos atorados ahora.
Traducción: Ramón Vera Herrera
©Immanuel Wallerstein

domingo, 28 de agosto de 2011

Reaccionó la reacción


TeleSUR


Por Obdulio M. Segura

La ofensiva mediática de la derecha llegó más temprano de lo que habíamos pensado. Iniciaron utilizando a los que escriben en las redes de Internet enmascarados como opositores a las elecciones y mártires de la resistencia.

Ahora entran en el escenario los que ocupan cargos importantes en el Ejecutivo y el Legislativo gracias a la recomendación de la embajada norteamericana para que jueguen el papel de sumisos servidores al imperio, las transnacionales y la oligarquía; siempre con apoyo de recursos de distinta naturaleza.

El vicepresidente del Congreso, Marvin Ponce, es ahora promotor de la venta de Honduras, con lo que demuestra a la embajada norteamericanos que no se equivocó, que le es útil, como cuando fue fiel a la SAG/FENAGH. César Ham, otro de los recomendados de los gringos, consume recursos del pueblo como ningún otro director del INA en la época post reforma agraria y ha logrado que se le entregue a Miguel Facussé nada menos que 540 millones de lempiras, con lo que le ha resuelto problemas de liquidez.

Su compromiso con el régimen y su benefactor lo obliga a ir más allá y de ahí que deba contribuir a la división del FNRP y desprestigiar a sus más connotados dirigentes de izquierda a quienes hay que desnudar (como decía el director de prensa de Radio Globo) haciendo coro con todos los medios que tradicionalmente han sido arma ideológica de los más destacados enemigos del pueblo.

Ningún espacio de noticia/agresión de Radio Globo hace diferencia. Hay un guión a seguir que identifica claramente a las víctimas y a quienes hay que levantarles el perfil no importando si éstos últimos se subordinan al régimen sucedáneo del golpe de Estado.

Escandalosa la agresión contra Juan Barahona. El miércoles recién pasado por la tarde César Ham se tomó, o más bien pagó, alrededor de 40 minutos en un espacio de la tarde en Radio Globo y se destapó repitiendo a su antojo cualquier grosería contra el dirigente sindical sin importar el tiempo (así se gasta la plata del pueblo). Señaló la necesidad de hacer prevalecer la ética y la moral y combatir la corrupción de los dirigentes del SITRAINA. Sí, eso dijo el dirigente de la UD, connotado precisamente por la venta de dispensas y de pelarse la cara como colaborador de los promotores y ejecutores del golpe de Estado. Y esto, apenas, lo que es imposible ocultar.

Tiene que descontar lo que le pagan y le han pagado. También se llevó de encuentro a Manuel Zelaya en tono suave pero que seguramente irá apretando con agresiones del estilo vulgar acostumbrado en la medida y en el tiempo que le convenga al titiritero. A otros, el titiritero los llevó a quemarse totalmente hace ratos hasta llevarlos a abrazarse con el enemigo, y con sorpresa sabemos que no ha pasado nada: siguen incrustados bajo cualquier denominación en la resistencia, llámense frente o no.

Hay que leer, oír y ver con detenimiento lo que de hoy en adelante manifiesten el enemigo y los “amigos”. Debe tomarse nota y analizar con detenimiento la línea de pensamiento que hay detrás de esta ofensiva porque aunque las expresiones de los portavoces sean grotescas, con mala lectura y dicción, causan daño porque hay una estrategia mediática que apunta a objetivos precisos, elaborada por el titiritero.

No esperemos discusión, no hay capacidad ni interés de discutir, ya lo demostró Dick Emanuelson cuando retó públicamente a varios locutores. Hay que apurar y mejorar la comunicación con las organizaciones del pueblo e incentivar la discusión. El andar se hace más duro cuando los medios vuelven a estar totalmente al servicio de los adversarios, pero al mismo tiempo forma carácter y alecciona; la izquierda, la verdadera izquierda, cuenta con esa experiencia.

Juan debe seguir actuando como lo ha hecho hasta ahora. ¿De qué vivirían nuestros dirigentes sindicales sino de sus reivindicaciones a la patronal, sea privada o pública la empresa en que trabajan? ¿Cómo se mantendrían los sindicatos de segundo y tercer piso sino con el trabajo de los dirigentes de esa clase? No debe sorprendernos que las agresiones son acciones tácticas que se une a otras con el propósito de destruir lo poco que queda del sindicalismo y, desde luego, debilitar el FNRP.

El fuero sindical debe defenderse con orgullo, es parte de las conquistas que a la clase obrera le han costado grandes sacrificios en todo el mundo, incluso la vida de muchos de miles o millones de sus miembros.

El fuero sindical ha evolucionado, en un inicio significó la protección del dirigente sindical contra el despido, mientras que ahora es la protección de todo trabajador que desarrolla actividad sindical contra cualquier acto perjudicial a la libertad sindical. Ahora se entiende como “un conjunto de medidas de protección del dirigente y del militante sindical que tiende a ponerlos a cubierto de los perjuicios que puedan sufrir por su actuación y a posibilitar un desarrollo normal y eficaz de la actividad sindical”. De tal manera que el fuero sindical esta dentro de la norma moral y la legalidad.

Oponerse a estas reivindicaciones es in contra del sindicalismo, es ir contra los trabajadores, es hacer causa común con los neoliberales que gritan por todos los medios que los sindicatos no tienen razón de ser porque distorsionan el precio de la mercancía fuerza de trabajo, y que el Estado no debe proteger a los trabajadores. Sin embargo, en este país el Estado subsidia a la misma empresa privada.

Inmoral es que el COHEP tenga funcionarios cuyo sueldo proviene del Estado y los periodistas de este país –que trabajan para la empresa privada- no solo reciban sueldos del Estado sino que conocen otros países porque el Estado los ha financiado. Eso si es inmoral. Cuanto bien haríamos si se sacara las planillas de los periodistas de todas las instituciones del Estado, incluido el INA.

Cuanta ignorancia revuelta con maledicencia es utilizada por los enemigos del pueblo, al grado tal que algunos connotados miembros de la izquierda intelectual se quejan de que el gremialismo del FNRP no les permite conducirlo. Son ellos los que por obra de un cartón de la universidad creen que son los elegidos para conducir al pueblo.

La lucha es dura y hay que pelearla en los planos ideológicos y políticos, hay que enfrentar la teoría revolucionaria a la de los neoliberales que en estos momentos intentan camuflarla bajo figuras otrora dizque comprometidas con el cambio y los tradicionales provocadores tarifados.

Esperamos la solidaridad de todos los gremios y de aquellos intelectuales honestos y serios con la causa del pueblo con las reivindicaciones del sindicalismo, con Juan Barahona y cualquier otro compañero comprometido con la clase obrera.

Central de riesgos para los ladrones de cuello blanco


Rebelión

Por Guido Eguigure

Hace más o menos dos años y medio, nuestro casero de los últimos seis años, con mucha pena nos informó que tenía que pedirnos desocupáramos la casa. Nunca en ese tiempo nos atrasamos en el pago del alquiler y nos llegó a tener mucho aprecio por varias cosas. Su razón era entendible. Al final, una necesidad de su familia prácticamente lo obligó a pedirnos la casa. Nosotros entendimos y así se lo explicamos. El nos dijo que tomáramos el tiempo necesario para buscar una casa donde irnos.

Empezamos a buscar casa y acudimos a una empresa de bienes raíces. Una de tantas que llenan la sección de anuncios clasificados de los diarios con una letra casi imposible de leer. Acudimos a ellos porque vimos una casa que nos interesó, cuyo costo podíamos pagar. Estaba el anuncio en la web. Llamamos, acordamos una cita para verla y nos dieron los requisitos. Además de capacidad de pago certificado por una carta de trabajo con antigüedad mayor a un año, referencias comerciales, bancarias y de los antiguos inquilinos.

También había que tener dos avales y cada uno de ellos con sus respectivas constancias de trabajo, referencias comerciales y bancarias. A esto había que sumar un mes de adelanto y un mes de depósito. Solo faltó que nos pidieran el nombre del perro de los vecinos y de sus cachorritos con su tipo de sangre, pedigrí y demás.

Pensamos en ese más de un millón de familias sin vivienda en Honduras y en cómo hacen para resolver su problema. Pensamos que si a nosotros que en ese momento estábamos en uno de los estratos asalariados mejor pagados nos había costado tanto alquilar una casa de siete mil quinientos Lempiras (aproximadamente US$ 400), qué pasaría con la mayor parte de compatriotas que no pueden cumplir todos esos requisitos, mucho menos, los que piden para comprar una vivienda.

Hace un par de décadas se estableció por Ley en nuestro país el Régimen de Aportaciones Privada (RAP), mecanismo a través del cual, las personas con sus aportaciones de 1% sobre su salario más las aportaciones salariales, podrían de varias formas adquirir o mejorar sus viviendas o comprar un terreno y construir una nueva. El asunto como muchos otros nació viciado. El negocio definido por los parásitos empresarios y elevado a categoría de ley por sus empleados en puestos de decisión, fue comprar el dinero barato de los aportantes, depositarlo en la banca privada y prestárselo a los mismos aportantes, por supuesto cobrándole jugosos intereses disfrazados de tasas atractivas. En conclusión, alquilar una casa decente para una familia de clase media que no ha podido construir o comprar la propia, está fuera de su alcance, no solo por los precios, sino por un modelo perverso que se ha establecido y que penaliza la pobreza.

Ese sistema se llama Central de Riesgos y funciona en una oficina adscrita a la Comisión Nacional de Banca y Seguros, ente regulador de los bancos y financieras y que ahora ha tomado un papel inquisidor de la vida de los ciudadanos comunes. El sistema funciona sobre una base de datos. Inicialmente de quienes solicitan un crédito en un banco, financiera, cooperativa e incluso una casa comercial. Si alguna vez, te atrasaste en el pago de una o más cuotas, ipso facto, su nombre pasa a una lista negra que puede ser consultada automáticamente desde cualquier rincón del país. Nadie sabe cuán grande es dicha lista, pero, tal como están las finanzas y la crisis que abate al país y a su población trabajadora, no es difícil imaginarse su enorme magnitud. Alquilar una casa ya no es tan sencillo como dar la palabra como hacíamos no hace mucho tiempo.

El sistema es tan absurdo, que si solicitas un préstamo para pagarlo en un año, y un día decide uno pagarlo de una vez, digamos seis meses antes de finalizar el plazo, el banco te penaliza, porque no podes dejar de pagar los intereses a que te habías comprometido cuando firmaste, sin importar que ellos dispondrán de nuevo del dinero para prestarlo nuevamente. Es lo que dicen en mi pueblo: “si enchutas pierdes y si no, también”.

Todo esto invariablemente nos lleva a pensar también en el sistema de corrupción e impunidad establecido desde hace mucho en nuestro país. Políticos, empresarios, militares, policías y sus comparsas hacen del estado su instrumento predilecto para enriquecerse. Se calcula que el cincuenta por ciento del presupuesto anual del estado (aproximadamente tres mil doscientos millones de dólares) va a parara manos de los corruptos. El monto es tal, que el estado podría funcionar perfectamente con la mitad del personal y bajar a la mitad todos los impuestos que desangran a la población, en especial a los asalariados. ¿Qué pasa con estos ladrones de cuello blanco con permiso para robar sin temor a ser enjuiciados por sus crímenes? ¿Qué hace la famosa Central de Riesgos cuando un corrupto estafa al estado y se roba millones? En realidad nada. Siguen tan campantes como si nada.

En el otro extremo un 85% de la población se debate en la miseria, buscando un poco de comida para satisfacer sus más elementales necesidades. La vivienda por todo lo mencionado está lejos de ser una. Pululan en las ciudades grandes e intermedias casas, si así puede llamárseles hechas de ripios, cartones y cualquier tipo de material usable, en los cerros mas escarpados, en los cauces y en los lugares más inverosímiles, donde el riesgo, es el pan de cada día.

Ahora que se habla de refundación, es imposible no pensar en la injusticia personificada en el modelo de sociedad que hoy persiste en Honduras. El apartheid contra los pobres es hoy una realidad lacerante. Cada una de las facetas que presenta se nos estrella en la cara y nos reclama el desmontaje de esta injusticia que no puede seguir. El oprobio con que los poderosos de este país han tratado a quienes les han enriquecido no puede continuar. La central de riesgos es solo un mecanismo que ellos han inventado para sojuzgar y afrentar aún más a las personas comunes. Ya no solo basta con empobrecerlas sino que hay que hacer escarnio de su pobreza.

Este perverso y maligno sistema ha sido creado por los poderosos para que la pobreza más abyecta se acompañe de la burla hacia los más pobres. Pero como estos son muchos, es imposible olvidarlos. Lo que es más que seguro es que un día –más temprano que tarde- bajarán de los cerros para decir basta.

Parafraseando a Naomi Klein, les aseguro que esto no es político, es pura física. Imposible seguir postergando el cambio cuando ya no se puede vivir.
Portada

Sindicatos del sector público realizan primer encuentro por el rescate y la vigencia de las empresas patrimonio del pueblo hondureño



Red Morazánica de Información

Ante la constante amenaza del modelo neoliberal por hacer desaparecer la intervención del Estado en el manejo de los servicios públicos, los sindicatos del sector estatal realizaron el Primer Encuentro Sindical por el Rescate y la Vigencia Pública de las Empresas Patrimonio del Pueblo Hondureño, en el que participaron el SITRAUNAH, SITRAIHNFA, SITRABANASUPRO, SITRATEL, SITRARENAPE, SITRADEI, SITRAHONDUCOR, SITRASANAAYS, SITRAENP y STENEE.

En el debate de los retos y desafíos, las organizaciones sindicales exigieron al régimen Lobo- Hernández un alto a las amenazas de municipalización o privatización de las empresas públicas a través de leyes que atentan contra la autonomía y vigencia pública de las mismas, en este sentido exigieron la derogación de diferentes leyes, entre ellas la ley marco del subsector eléctrico, ley marco de aguas y saneamiento, ley de inversión público- privado, ley de eficiencia de los ingresos y gastos públicos y el estatuto constitucional de las regiones especiales de desarrollo (ciudades modelo), asimismo demandaron la aprobación de la ley de fortalecimiento, cargos de acceso asimetría, plan maestro de Hondutel y la no privatización de la educación pública en todos los niveles.

Los representantes sindicales manifestaron que los trabajadores de las empresas públicas no son los responsables de la ineficiencia o quiebra de las mismas, al contrario responsabilizan del debacle a los diferentes gobiernos que han patrocinado el modelo neoliberal privatizador que tiene agonizando a las empresas del pueblo.

De igual manera las organizaciones sindicales exigieron el cese a la escalada de persecución contra sus dirigentes y manifestaron su solidaridad y apoyo al Presidente de la FUTH y Subcoordinador del FNRP, Juan Barahona, quien en los últimos días ha sido objeto de persecución política y sindical por parte del Director del INA, César Ham.

También los sindicatos demandaron un alto a la represión y asesinatos de campesinos en el Bajo Aguán.

El encuentro concluyó con el compromiso de unificar los esfuerzos en una plataforma unitaria de lucha articulada con propuestas y acciones, acompañados de las Confederaciones y demás sectores organizados en el país.


De cómo se castiga a Haití

Página/12

Por Juan Gelman

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declaró en 2004 que la crisis política y humanitaria de Haití convertía al país en una amenaza para la paz y la seguridad internacional. Un golpe de Estado había derrocado al presidente Jean-Baptiste Aristide, elegido en 2004 por el 91,69 por ciento del electorado y sacerdote adepto a la teología de la liberación. EE.UU. y Francia se encargaron de “salvarlo” mediante un verdadero secuestro a bordo de un avión estadounidense que lo dejó en Sudáfrica. En ejercicio del capítulo VII de la Carta de la ONU, el Consejo estableció la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah, por sus siglas en francés) conformada hoy por unos 9000 militares y más de 3700 policías de 40 países.

No se entiende bien por qué el Consejo de Seguridad recurrió al capítulo VII, titulado “Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión”, que lo faculta a “ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener la paz y la seguridad internacionales”: Haití no atravesaba entonces una guerra civil, no estaba en guerra con nadie y difícilmente podría haber iniciado alguna. A instancias de Washington, el presidente Lula propuso la intervención de la ONU en Haití, pero más bien en aplicación del capítulo VI de la Carta, “Arreglo pacífico de controversias”, que se abstiene de cualquier acción armada. No le hicieron caso y la Minustah se ha ido convirtiendo en una suerte de ejército de ocupación abrigador de la represión oficial.

Esto empezó temprano: “Tropas de la Minustah y paramilitares haitianos emboscaron y mataron a más de 4000 miembros del Fanmi Lavalas (el partido de Aristide) inmediatamente después de su deposición en el 2004” (www.canadahaitiaction.org, 18-8-11). Los presuntos encargados de garantizar la paz y la seguridad han llevado a cabo numerosas incursiones en villas miserias como Cité Soleil, siempre en persecución de partidarios de Aristide. Está claro que el depuesto presidente es el objetivo: Edmond Mulet, ex jefe de la Misión de la ONU, llegó a recomendar que se le imputara la comisión de delitos para impedir su regreso (//mrzine.monthlyreviem.org, 21-7-11).

Los funcionarios estadounidenses culparon de estos hechos a pandillas saqueadoras de los barrios pobres, pero se han documentado los operativos de contingentes jordanos y brasileños de la Minustah que han dejado víctimas tiradas en las calles de Puerto Príncipe con un tiro en la cabeza (www.teledyol.net, 7-5-06). El general brasileño Augusto Ribeiro Pereira, primer jefe militar de la Misión, renuncia a poco andar por la matanza de civiles del 6 de julio del 2005. Lo sucede el general brasileño Urano Texeira de Matta, quien muere cinco meses después de ocupar el cargo “por un accidente con arma de fuego”. No deja de ser una forma elegante de definir el suicidio. La Misión ha introducido en Haití otras maneras de acabar con la gente.

El 21 de octubre del 2010, el Ministerio de Salud Pública de Haití registró mil casos de cólera, los primeros que se producían en seis décadas. El 9 de febrero, informó que la enfermedad había causado la muerte de 4549 personas y que ascendían a 231.070 los contagiados. Hoy se estima que el número de víctimas aumentó de dos a cuatro veces desde entonces. La fuente de contaminación es muy probablemente la base de tropas nepalesas de Artibonita, que siguen tirando sus heces al río del mismo nombre. A pesar de las protestas diarias, la Minustah se niega hasta ahora a investigar el origen de la epidemia y a ponerle remedio. Desde luego, no está para cuidar la salud de la población, sólo su incierta seguridad.

En noviembre del 2007, 111 soldados y tres oficiales del batallón enviado por Sri Lanka fueron repatriados por explotar y abusar sexualmente de menores haitianas. Pero ninguno de estos abusadores pudo ser juzgado por los tribunales haitianos: el acuerdo vigente entre la ONU y el gobierno de Haití que establece el estatuto legal de la Minustah garantiza una amplia inmunidad a sus efectivos que cometen delitos. Por ejemplo, a los autores de 640 violaciones cometidas desde el terremoto del año pasado, según contabilizó Kofaviv, una organización de mujeres del país. No todos los cascos azules de la ONU se dedican allí a guardar la paz.

En vísperas de la renovación del mandato de la Minustah por un año más, cabe recordar la opinión que formulara el diplomático brasileño Ricardo Seitenfus, representante de la OEA en Haití: “El sistema actual de la ONU destinado a prevenir disputas es inapropiado para Haití. Haití no es una amenaza internacional. No estamos en medio de una guerra civil. Haití no es Irak o Afganistán. Pero, a mi entender, en la escena internacional, Haití está pagando sobre todo su proximidad con EE.UU. Hace mucho que el sistema internacional presta una atención negativa a Haití. Le tocó a la ONU coaligarse con ese poder y transformar a los haitianos en prisioneros de su propia tierra”. El diario suizo Le Temps publicó estas declaraciones el 20 de diciembre último. Dos días después, Seitenfus fue renunciado.

Los dos capitalismos


Rebelión


Galapagos

El capital está desunido ante la crisis. Y se demuestra por la discusión de estos días abierta por el multimillonario Warren Buffett según el cual los ricos deberían pagar más impuestos. En la misma posición, en Italia, se ha colocado Rossi di Montelera (1), mientras en el lado opuesto Murdoch y, en Italia, Berlusconi no quieren ni oír hablar de impuestos sobre el patrimonio o sobre el capital o la riqueza; sólo aceptan la llamada “contribución solidaria”. En el espíritu de Berlusconi, la palabra solidaridad equivale a la limosna que los ricos entregan a los pobres, algo voluntario y revocable.

Hay una pugna dentro del capitalismo, no sólo ideológica: todos están convencidos de su superioridad, pero la viven de manera diferente y las diferencias están también influenciadas, en parte, por los ámbitos en los que operan los contendientes. Para Berlusconi y Murdoch el sistema productivo es la comunicación, en el que, entre otras cosas, no hay grandes problemas salariales pero sí de acopio de cerebros. A diferencia del caso de la persona que se enfrenta al mercado con productos que incorporan un producto social que se tiende a sustraer al trabajo. Quien consigue hacerlo más y mejor es un óptimo capitalista, pero cuando todos los capitalistas tienden a expropiar el trabajo es inevitable que estalle la crisis por la desproporción entre el exceso de capacidad productiva y la baja capacidad de consumo.

Sucedió en 2008, a pesar de que el detonante fue la burbuja financiera, y está pasando ahora, porque todos o la mayoría de recursos de los Estados los recursos han sido desviados al salvamento de las finanzas mismas. Es decir a la conservación de las relaciones de clase y no a la ayuda al empleo y los ingresos de aquellos que fueron expulsados ​​del sistema de producción. El número de desempleados, en EE.UU. como en Italia, es superior a la tasa oficial de desempleo.

En este contexto, con el fin de salvar el capitalismo hay personas que están dispuestas a compromisos como la introducción de la Tasa Tobin. La ideología no tiene nada que ver, lo que cuenta es ser pragmático. He aquí el impuesto sobre el patrimonio y la Tasa Tobin, que la izquierda propone en vano desde hace 40 años y que ahora tal vez imponga el eje París-Berlín. Pero, mucha atención: al volver la esquina de este redescubrimiento “reformista” de exaltación de la producción y de absoluta condena de la especulación financiera, es probable que se oculte una consecuencia fatal para el trabajo: un capitalismo progresista en lucha contra la especulación y que hace que los ricos paguen más impuestos, pero que somete el trabajo de modo que no discuta las opciones de inversión, el aumento de la productividad y la flexibilidad de un sistema salarial subordinado. Un retorno al capitalismo puro y duro, no sujeto a las sacudidas financieras.

Federico Caffè (2) escribió sobre la “soledad del reformista”, de su ridiculización por la opción por los pequeños pasos. El reformismo y los pequeños pasos en el corto plazo pueden estar bien, pero con una condición: no molestar al maquinista.

Notas del traductor:
(1) Una de las mayores fortunas de Italia y del mundo, aristócrata y ex propietario de Martini-Rossi, vendida a Bacardi en 1994 por 1.400 millones de dólares. 
(2) Economista y profesor italiano, ya fallecido, representante del reformismo keynesiano en el pensamiento económico italiano de posguerra. Fue columnista en Il Manifesto. 

La conexión entre el robo nocturno en las calles y el robo diario perpetrado por las elites

Alternet

Por Naomi Klein

Oigo todo el tiempo comparaciones entre los disturbios de Londres y los que suceden en otras ciudades europeas, destrozo de vitrinas en Atenas o incendios de coches en París. Y hay paralelos, sin duda: una chispa provocada por la violencia policial, una generación que se siente olvidada.
Pero esos eventos estuvieron marcados por destrucción masiva; los saqueos fueron menores. Ha habido, sin embargo, otros saqueos masivos en los últimos años, y tal vez deberíamos hablar también de ellos. Fue en Bagdad después de la invasión estadounidense, un frenesí de incendios y de saqueos que vaciaron bibliotecas y museos. Las fábricas también fueron afectadas. En 2004 visité una que fabricaba refrigeradores. Sus trabajadores la despojaron de todo lo que tenía algún valor, luego la incendiaron tan a fondo que el almacén era una escultura de planchas de metal retorcidas.
En esos días la gente en las noticias por cable pensó que los saqueos fueron altamente políticos. Dijo que es lo que pasa cuando un régimen carece de legitimidad a los ojos del pueblo. Después de ver durante tanto tiempo cómo Sadam y sus hijos se servían de todo y de todos a su gusto, muchos iraquíes de a pie pensaron que habían ganado el derecho a apoderarse de unas pocas cosas para sí mismos. Pero Londres no es Bagdad, y el primer ministro británico David Cameron está lejos de ser Sadam, de modo que es seguro que no se puede aprender nada del asunto.
¿Y si consideramos un ejemplo democrático? Argentina, casi en 2001. La economía estaba en caída libre y miles de personas que vivían en vecindarios difíciles (antiguas zonas industriales prósperas antes de la era neoliberal) invadieron supermercados de propiedad extranjera. Salieron empujando carritos de compra abarrotados de bienes que ya no podían permitirse, ropa, electrónica, carne. El gobierno proclamó un “estado de sitio” para restaurar el orden; a la gente no le gustó y derrocó al gobierno.
El saqueo de Argentina fue políticamente significativo porque era la misma palabra utilizada para describir lo que las elites de ese país habían hecho al vender los activos nacionales del país, en tratos de privatización, de una corrupción flagrante, ocultando su dinero en el exterior, pasando luego la cuenta a la gente mediante un brutal paquete de austeridad. Los argentinos comprendieron que el saqueo de los centros comerciales no habría sucedido sin el mayor saqueo del país, y que los verdaderos gángsteres eran los que estaban a cargo.
Pero Inglaterra no es Latinoamérica, y sus disturbios no son políticos, o por lo menos es lo que se nos dice. Solo tienen que ver con muchachos ingobernables que aprovechan una situación para apoderarse de lo que no es suyo. Y la sociedad británica, nos dice Cameron, detesta ese tipo de conducta.
Y lo dice con toda seriedad. Como si los masivos rescates de los bancos no hubieran sucedido jamás, seguidos de las descaradas bonificaciones récord. Seguidos de las reuniones de emergencia del G-8 y del G-20, cuando los dirigentes decidieron, colectivamente, no hacer nada para castigar a los banqueros por parte de todo esto, no hacer nada serio para impedir que una crisis similar vuelva a ocurrir. En lugar de hacerlo, todos volverían a sus respectivos países e impondrían sacrificios a los más vulnerables. Lo harían despidiendo a trabajadores del sector público, convirtiendo a los maestros en chivos expiatorios, cerrando bibliotecas, aumentando el coste de la educación, rechazando los contratos con los sindicatos, creando privatizaciones aceleradas de activos públicos y disminuyendo las pensiones: mezclad el cóctel según vuestro país. ¿Y quién se presenta en la televisión sermoneando sobre la necesidad de renunciar a esos “beneficios”? Los banqueros y los administradores de los fondos de alto riesgo, por supuesto.
Estamos ante un saqueo global, días de gran toma de beneficios. Alimentado por un sentido patológico de los derechos a beneficios, este saqueo se realizó a plena luz del día, como si no hubiera nada que ocultar. Sin embargo, existen algunos molestos temores. A principios de julio, el Wall Street Journal, citando un nuevo sondeo, informó de que un 94% de los millonarios temen la “violencia en las calles”. Resulta que ése era un temor razonable.
Evidentemente, los disturbios de Londres no fueron una protesta política. Pero la gente que comete robos nocturnos está endemoniadamente segura de que sus elites han estado cometiendo robos a plena luz del día. Los saqueos son contagiosos.
Los conservadores tienen razón cuando dicen que los disturbios no tienen que ver con los recortes. Pero tienen mucho que ver con lo que representan esos recortes: que te recorten como si fueras una sobra. Ser excluido en una clase baja en rápido crecimiento, y que los pocos escapes que existían –un empleo sindicalizado, una buena educación asequible– se cierran rápidamente. Los recortes son un mensaje. Dicen a sectores completos de la sociedad: te vas a quedar donde estás, como los migrantes y refugiados que rechazamos en nuestras fronteras cada vez más fortificadas.
La respuesta de David Cameron a los disturbios es hacer que esta exclusión sea literal: desalojos de viviendas sociales, amenazas de cortar los medios de comunicación y condenas indignantes (cinco meses a una mujer por recibir un short robado). Vuelven a enviar el mismo mensaje: desapareced, y hacedlo en silencio.
En la “cumbre de la austeridad” del G-20 del año pasado en Toronto, las protestas se convirtieron en disturbios y se quemaron numerosos coches policiales. No fue nada en comparación con los sucesos de Londres 2011, pero fue chocante para nosotros, los canadienses. La gran controversia entonces fue que el gobierno había gastado 675 millones de dólares en la “seguridad” de la cumbre (pero a pesar de todo parece que no pudieron apagar esos incendios). Entonces, muchos de nosotros subrayamos que el costoso nuevo arsenal adquirido por la policía –cañones lanza-aguas, cañones de sonido, gas lacrimógeno y balas de goma– no se había adquirido solo para reprimir a los manifestantes en las calles. Su uso a largo plazo era: disciplinar a los pobres, los que en la nueva era de austeridad tienen tan poco que perder que se vuelven peligrosos.
Es lo que no comprende David Cameron: no se pueden recortar los presupuestos de la policía al mismo tiempo que se recorta todo lo demás. Porque cuando se roba a la gente lo poco que tiene, a fin de proteger los intereses de los que tienen más de lo que cualquiera merece, hay que contar con que haya resistencia, sean manifestaciones organizadas o saqueos espontáneos.
Y no es política. Es física.
Naomi Klein es una periodista galardonada, columnista publicada en numerosos periódicos y autora del éxito de ventas internacional del New York Times, La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre (septiembre de 2007); y de un éxito de ventas internacional anterior: No logo: El poder de las marcas; y de la colección: Vallas y Ventanas: Despachos desde las trincheras del debate sobre la globalización (2002). Lea más en Naomiklein.org. La puede seguir en Twitter: @naomiaklein
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viernes, 26 de agosto de 2011

En Libia y en Honduras se cuecen habas



Resistencia Honduras

Por Gustavo Zelaya

Casi nada de lo que está ocurriendo en Libia es nuevo, los viejos oligarcas, ahora con pinta de rebeldes y con ropa nueva, otra vez al poder. Y son celebrados por todos los aliados como en una fiesta en donde se van a estrenar trajes, zapatos, armas, presupuestos, condecoraciones a granel, oropel por todas partes y la gente común, los sirvientes, los desempleados, los que pescan algo, los que viven de la rebusca, los hechos mierda van a comer de lo mismo. Sólo es de mirar ahora lo que pasa desde algunos días atrás en las ciudades principales de Libia: los rebeldes parece que derrocan al dictador, loco, extravagante, incoherente, un cabrón bien hecho depuesto por rebeldes financiados por la OTAN y la bendición militante de Obama.

Dijeron que tenían en sus manos a uno de los hijos de Kadafi y al rato ese heredero aparece paseando por Trípoli ¿Qué sucesos son verdaderos y cuáles son reales en nuestros tristes trópicos? Desde hace meses equipos de inteligencia británicos y franceses estaban operando en Libia preparando los sitios estratégicos para los bombarderos equipados con proyectiles inteligentes, de esos que nunca atinan en blancos militares, pero si dan con mucha precisión en hospitales, edificios de apartamentos y en puertos secundarios, manteniendo a salvo refinerías y pozos petroleros; los que pagan los platos rotos, como siempre, objetivos civiles y cientos de civiles muertos, mutilados por montón.

El problema es complicado porque no se puede creer mucho en rebeldes financiados por la OTAN y respaldados por los yanquis. Más bien, no se puede creer en absoluto en rebeldes de esa calaña. El asunto es bastante claro. El subsuelo libio es un inmenso mar de petróleo, y la separación de Kadafi deja toda una amplia geografía que abarca desde Marruecos hasta Egipto, sin enemigos visibles para Israel, los demás asuntos son simples y superficiales pretextos. Así que supuestas ferocidades de dictadores árabes como el de Siria o el de Egipto siempre han sido conveniencias, coyunturas imperiales que a veces tienen gran utilidad por aquello de las relaciones públicas y de garantizar los negocios de inversionistas en comunicaciones, energía y armas. Se trata, pues, de asegurar la llamada economía de mercado a como de lugar y en ningún momento ha sido resultado de discusiones democráticas del pueblo que lucha por sus derechos y su soberanía.

Si los europeos y los gringos realmente se interesaran en las personas y en sus derechos atropellados, ya ratos hubieran invadido España y Grecia por el atropello contra los que protestan por el desastre económico. Si el asunto fuera los derechos humanos los tendríamos en el Aguan combatiendo a los guardias de seguridad de Miguel Facusse. Mientras tanto en buena parte del mundo árabe y en las grandes ciudades del primer mundo se celebra la posible caída de Kadafi y en nuestro país los estudiantes, esos despijes según ciertos cultos comunicadores, nos siguen dando lecciones de valentía, frescura, alegría, sin pensar para nada en procesos electorales, interesados en la defensa de la educación pública. Otros, autonombrados revolucionarios en sus boletines socialistas o desde las oficinas del humanista gobierno continuador del golpe de Estado, atacan a Juan Barahona o a Manuel Zelaya y los tildan de traidores, burócratas, oportunistas, corruptos que se aferran al sistema electoral burgués olvidando los intereses del pueblo. Se ataca a esos personajes y se cree defender al pueblo y se habla en nombre de él cuando en verdad estamos mencionando una concepción muy particular, creemos defender La Revolución sin siquiera tener respaldo alguno más que un teclado y buena letra.

Hay pocas novedades en el patio: nos aventamos piedras entre nosotros mismos y desde el INA se lleva a cabo la necesaria y profunda transformación del agro, prometida por Lobo y por su aliado César Ham, es decir, desde esa instancia del gobierno del lobo se ejecutan profundas excavaciones en donde se están depositando cuerpos de hondureños asesinados, y para ello cuentan con el respaldo de un despliegue militar publicitado como eficaz antes de saber sus resultados. Desde los tiempos de Micheleti estamos viendo en qué consiste tal eficacia: más asesinatos selectivos y ahora con la conciente contribución del director del INA se conspira contra el movimiento sindical y contra la dirigencia del Bloque Popular, en nombre de la democracia y de la honestidad en el manejo de los asuntos públicos. Nada raro en el ambiente: los funcionarios del humanismo cristiano como Oscar Álvarez y César Ham, de la mano, pacifican regiones rurales en conflicto y nos alertan sobre la presencia de subversivos extranjeros que deben ser eliminados. Es el mejor ejemplo del desarrollo nacional con seguridad para los inversionistas.

Parecido a lo que ocurre en Libia, en donde desde la cabeza imperial y con el soporte militar de la OTAN, derriban dictaduras, bombardean ciudades, asesinan civiles, sacrifican personas, y todo en nombre de la democracia y de las prácticas honestas. Y en el Aguan incendian casas, acribillan dirigentes populares, desalojan pobladores, atemorizan personas, para salvaguardar la propiedad de los grande agroindustriales y, por supuesto, las libertades públicas y la democracia.
Y los demás, organizaciones populares y los individuos ¿seguimos desmovilizados?
23 de agosto de 2011