domingo, 27 de febrero de 2011
La revolución egipcia abre un océano de posibilidades en el mundo árabe
Rebelión
Por Bruno Lima y Rafael Cavalcanti
Observación inicial a lectoras y lectores Independiente de los rumbos políticos de Túnez y Egipto, estas revueltas convocadas como una mezcla de pobladas y redes de Internet abrieron cancha para que el pueblo ocupe un lugar en la gran política de esta macro-región. Como quien tuvo una modesta militancia en el Comité por la Liberación de la Presa Política Brasileña-Palestina Lamia Maruf Hassan, en la primera mitad de la década del ’90, nos sentimos más que gratificados con tales acontecimientos. Ojala que venga la victoria de las mayorías, aunque sea puntual con el derrocamiento en las calles de las dictaduras de toda y cualquier especie, también en Argelia, Libia, Yemen, Bahrein, Siria, Jordania y en los demás países del Mundo Árabe. No hay conflicto entre derrotar a los gobiernos autocráticos y monárquicos y dar el combate al Imperio y a sus títeres. Es justo lo contrario. Atención para el link en el final de este texto, del programa radiofónico donde se profundiza este debate.
Cuando un joven tunecino se autoinmoló como prueba extrema de protesta contra la dictadura de Ben-Allí, encendió una centella que una vez mediatizada, puso fuego a toda la región. Lo comenzó en Túnez en 14 de enero fue un acto extremo de decir “¡Basta!”. En la punta de la estructura de poder del país, una policía corrupta y abusando de autoridad opera contra el orgullo de un hombre de poca edad, ejerciendo una sub-función de vendedor de frutas en la búsqueda de la supervivencia, no pudiendo vivir de sus años de estudio y menos aún del entorno de ideas que en las instituciones educacionales lo cercaban. Este joven era uno de millones en aquel país, y uno entre miles de millones en el mundo árabe.
Mientras son escritas estas líneas, el poder aún se disputa en el Centro de Cairo, en Argel, en Yemen a la moda bíblica, a base de pedradas. El Egipto victorioso de hoy y el Túnez que aún arde en las calles, son la prueba viva de que la capacidad de movilización es un factor decisivo en los rumbos políticos de un país. Al contrario de lo que acostumbra predicar la visión común, la calma en la sociedad equivale a la perpetuación de esferas mínimas de participación, exagerando la presencia de pequeños grupos de interés y fracciones de clases dominantes.
Es esencial notar el factor de los márgenes de maniobra de cada operador político en escenarios tan complejos y de realismo político como el Magreb y el Norte de la África, además del Oriente Medio y la Península Arábica. Egipto es el fiel de la balanza, conforme estos mismos analistas ya escribieron antes de las piedras volaran. También habíamos evaluado –en el aire– que si aconteciera la caída de Mubarak, sería más allá de los pactos combinados a la manera del Pacto de la Moncloa español. El impasse político que resultó en la caída del odiado heredero del también traidor a la causa árabe Anwar El-Sadat (eliminado físicamente en 1981 por mudjahiddins de la Hermandad Musulmana) inflamaría a Marruecos, y aún más a Túnez, Yemen, Jordania y en menor escala la Siria de los Assad Alauí. La lucha argelina sería -y continúa siendo- una incógnita en la región. En el panorama del odio popular alimentado también por la prohibición de organizaciones fundamentalistas, está la Argelia de la Nomenklatura de los veteranos de la FLN, arrepentidos de la herencia política de los años de Ben Bella y Cia. Pero, como también preveíamos (en comentarios radiofónicos), los factores concomitantes del poder en Egipto no resbalarían de las manos como aconteció en Túnez. Los más de 300 asesinados y las batallas de la Plaza Tahrir dan carne viva a la hipótesis comprobada.
En las redacciones del Occidente, la gritería también llegó “descubriendo” que las fuerzas de seguridad y represión dedicadas a secuestrar sospechosos –sin ningún procesamiento legal– también se dedican a reprimir periodistas y comunicadores. En este grupo entraron activistas de la Web egipcios, un ejecutivo de Google y decenas de hombres y mujeres de los medios, incluyendo profesionales brasileños. Lo “curioso” es la ausencia de analogías comparativas –técnicas básicas de estudios de profundidad y reportajes de análisis – cuando nadie de “peso” en las industrias de comunicación del Brasil toma el coraje de decir la verdad. Es regla de cualquier análisis institucional. La misma fuerza represora y operadora de los designios del Ejecutivo es también la espina dorsal del crimen, de la violencia entre las mayorías y en el nuevo régimen será parte de la basura autoritaria a reciclar, migrando de la represión política al crimen organizado por dentro del aparato de Estado. ¿Por qué la policía y la inteligencia egipcias, fieles a Mubarak, leales al Departamento de Estado, a la agencias de espionaje de los EUA y de Israel, habrían de tener un comportamiento diferente frente de los reporteros extranjeros?
Fueron estas mismas fuerzas y con esa mentalidad de desprecio a la inteligencia popular lo que llevó al Ejecutivo a buscar una salida desesperada. Tal vez en con la intención de causar conmoción por el caso, generando inseguridad en la espina dorsal de la oficialidad en condición de mando de tropas y del generalato del consejo militar, Mubarak realizó una maniobra clásica a lo largo de su caída. El empleo de funcionarios, policías y operarios de los órganos de seguridad, además de trabajadores aleatorios -y aislados socialmente- para elevar los niveles de enfrentamiento, dando a entender hacia el exterior que habría un riesgo concreto de guerra civil y una total desorganización social. El efecto se dio al contrario, intensificando los ánimos de quienes estaba en las calles y aumentando la presencia de manifestantes y redes de apoyo.
Aunque con intensidades distintas, hay elementos comunes entre las rebeliones populares tunecinas y egipcias, comenzando con la comparación de las victorias parciales, por conseguir derrumbar el jefe del Ejecutivo, proscribir parcialmente al bando de gobierno y marcar elecciones sin prohibición de una serie de partidos políticos. Ambos países donde se obtuvo esta conquista parcial contra dictaduras corruptas, represivas y pro-occidentales son repúblicas –al menos en la denominación formal– aunque con muy poca independencia y autonomía entre los poderes. No deja de ser un punto positivo –la condición republicana– considerando la cuestión-llave de aumentar los márgenes de maniobra para derrumbar la tiranía. Tal estatuto republicano no se encuentra en las monarquías marroquí, saudita y jordana. Es de suponerse una menor circulación de ideas igualitarias, o de “nacionalidad” (en el sentido del Estado-nación como institución que atiende a todos) en las monarquías despóticas con base familiar y tribal.
Como punto poco o nada positivo –llegando a poner en duda de este mismo estatuto republicano está la presencia de las Fuerzas Armadas –en especial de sus fuerzas terrestres- como Poder fiador del orden y de la transición, de modo de no fragmentar las garantías de última instancia de un Estado. Hubo la preservación de estas fuerzas en el Túnez y lo mismo ocurre en Egipto. El orgullo “nacional” de una fuerza que tuvo como mejor logro el empate de 1973 con Israel, mantenido con recursos del Imperio y que también se dedica a reprimir y controlar la frontera con Gaza. Son 460 mil profesionales militares, afianzados en las garantías de la transición y de la integridad institucional –de aquello que existe como remedo de Estado– en bases laicas.
Del otro lado de la historia para levantar hipótesis de arreglos complejos y salidas no laicas está la presencia de islamitas –jihadistas o no– y específicamente en el caso del Egipto, la muy respetable y ahora “reciclada” Hermandad Musulmana. Hay combustible de retro-alimentación más allá de los vecinos del integrismo sunita del Hamás. Abundan veteranos afganos, voluntarios fundamentalistas que fueron a luchar en el Afganistán ocupado por la Unión Soviética, fruto de la coordinación de la red de Bin Laden con las estructuras capilares de la fe y con la triangulación promovida por la CIA. Es sabido, público y notorio, tanto el efecto boomerang que estos veteranos tuvieron en el montaje de estas redes fundamentalistas en el norte de la África (con mayor énfasis en la década del 90 del siglo pasado, cuando fuerzas políticas fundamentalistas ganarían en el voto elecciones egipcias y argelinas) –esto sin hablar en el propio Pakistán, al borde de una guerra civil– o el odio visceral de los altos mandos de inteligencia y represión leales a sus gobiernos despóticos y autoritarios –aliados de los EUA, como Jordania y el propio Egipto– para con estas mismas redes y sus respectivos veteranos afganos.
Específicamente en el caso egipcio, se nota (aún a la distancia) que la Hermandad Musulmana tal vez sea hoy la única fuerza por fuera del aparato de Estado (al menos, fuera de los centros decisorios del gobierno nacional) con capilaridad y estructura permanente en toda la sociedad, fruto de presencia y penetración entre las masas movilizadas. Otras fuerzas de inmediato serían alguna disidencia de dentro del propio (ex) gobierno Mubarak y, por supuesto, el Consejo Militar del ejército que dio soporte a Nasser y desde 1978 tiene su presupuesto parcial o totalmente cubierto por el Pentágono.
Algunas gotas en el océano de posibilidades
De un océano de posibilidades, destacamos tres proyecciones hasta el advenimiento de la promesa de elecciones en septiembre próximo. Es innegable que el referido ejército aún opera como fiel de la balanza interna. El sube-y-baja puede pendular para la propuesta que atraviesa toda la región, que está dentro del mundo árabe retornando a la propuesta de la Umma pan-islámica, lejos del pan-arabismo nacionalista (tipo tercermundismo poco o nada alineado) y con dos polos concurrentes. Un sunita, por dentro de la red (Al Qaeda) y otro chiíta, polo éste llegado del Estado líder, Irán. Esta misma ausencia de referencia árabe se nota en la ausencia justamente de un Estado líder y árabe, como en su tiempo lo fueron tanto Egipto como Argelia. El tono discursivo y la ayuda material concreta provienen de un Estado con régimen casi teocrático (Irán), no-árabe, pero con una política externa más aceitada en el tono del discurso antiimperialista y anti-occidental. En el caso de Palestina, el apoyo dado explícitamente al gobierno de Gaza del Hamás da pruebas de la visión de la política externa iraní, más allá del sectarismo religioso, operando como un agente con poderes de veto en toda el área.
Las argumentaciones de análisis de coyuntura basadas en trayectorias histórico-estructurales de agentes y entorno de la política egipcia nos llevan a un cálculo bastante simple. Para los intereses del Imperio en la región, perder Egipto es tan complicado –o más– que perder Arabia Saudí. Y, para perder el país de Nasser, este tiene que dejar de ser el Estado que se alineara con Israel y EUA después de los acuerdos de Camp David. Mubarak debe sus treinta años al frente del mayor de los países árabes a este alineamiento que motivó la acción de eliminación física del sucesor de Gamal Andel Nasser, Anwar El Sadat. Considerando tal opción fuera de las posibilidades (lo que sería el mejor de los mundos para el Imperio), el “menos peor” de los mundos sería una propuesta modernizadora e institucionalista, venida de las fuerzas armadas y de fuerzas políticas nuevas, surgidas de la movilización masiva y alimentadas por las redes sociales. Ya el peor de los mundos (para el Imperio) serían elecciones ganadas por los fundamentalistas (aunque ponderados, como es el caso de la casi centenaria Hermandad Musulmana) o una alianza de tipo laica y antioccidental.
La unidad de los pueblos árabes depende hoy necesariamente del derrumbe de gobiernos autoritarios, monárquicos-autocráticos y esencialmente represores y corruptos. Existiendo la composición de nuevas fuerzas –de tipo secular– que se acercarían de la izquierda Palestina actual (diminuta, pero con la coherencia interna necesaria para asegurar su condición de existencia) estas necesariamente pasarían por el acumular de experiencias en las victorias y embates en las calles de Túnez y El Cairo. Esto en el corto plazo no brota de lo concreto, pues organizar una fuerza política pan-árabe es un desafío superior a convocar gente airada a través de redes sociales del Internet.
En el ocaso de la dictadura pro-occidente y antiárabe, tuvieron fuerza fundamental las estructuras sindicales y movimientos de tipo juventud. En el caso egipcio, los sindicatos vinculados al servicio público y el Movimiento Juvenil 6 de Abril tuvieron heroica presencia y una buena capacidad de convocatoria. En general, en el vacío político de la representación formal, de estas fuerzas puede surgir un nuevo espacio de estructuras organizativas de tipo secular y con arraigo –pues de allá vinieron en los episodios hoy ya épicos de la Batalla de la Plaza Tahrir. Cualquier expectativa de una renovación política, en el sentido de ratificar derechos y radicalizar la democracia de masas y con intervención directa de la población, viene de estos espacios de aglutinación y militancia.
¡NOVEDAD!
Para profundizar en el tema, la perspectiva libertaria desde el programa radiofónico La Visión del Día
Los y las lectores (as) pueden profundizar el debate en este tema escuchando la última edición del programa La Visión del Día, con Manolo Gallego y Bruno Lima Rocha que sale por Radio Klara, desde el País Valenciá todos los lunes. Radio Klara es la más antigua radio comunitaria en funcionamiento directo en el Estado Español. El contenido es libre y basta con bajar el archivo desde este podcast.
http://poderato.com/visiondeldia/la-vision-del-dia/la-vision-del-dia-21-de-febrero-de-2011
Bruno Lima Rocha es politólogo (phd), docente universitario y periodista profesional; contactos en blimarocha@gmail.com / skype: bruno.lima.rocha
Rafael Cavalcanti está concluyendo el curso de grado en periodismo y actúa en la comunicación sindical; correo electrónico: butigahn@gmail.com/ skype: rafael.butigahn
Los dos son militantes libertarios y concentran sus trabajos analíticos en portugués, inglés y en castellano en el portal Estratégia & Análise - www.estrategiaeanalise.com.br
Publicación Barómetro 21-02-11
Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores
Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la pagina donde esta publicado.
Gracias. barometrointernacional@gmail.com
Bruno Lima Rocha, poliótolo radicado en el sur de Brasil (blimarocha@gmail.com) y Rafael Cavalcanti, periodista radicado en el noreste de Brasil (Butigahn@gmail.com)
Por Bruno Lima y Rafael Cavalcanti
Observación inicial a lectoras y lectores Independiente de los rumbos políticos de Túnez y Egipto, estas revueltas convocadas como una mezcla de pobladas y redes de Internet abrieron cancha para que el pueblo ocupe un lugar en la gran política de esta macro-región. Como quien tuvo una modesta militancia en el Comité por la Liberación de la Presa Política Brasileña-Palestina Lamia Maruf Hassan, en la primera mitad de la década del ’90, nos sentimos más que gratificados con tales acontecimientos. Ojala que venga la victoria de las mayorías, aunque sea puntual con el derrocamiento en las calles de las dictaduras de toda y cualquier especie, también en Argelia, Libia, Yemen, Bahrein, Siria, Jordania y en los demás países del Mundo Árabe. No hay conflicto entre derrotar a los gobiernos autocráticos y monárquicos y dar el combate al Imperio y a sus títeres. Es justo lo contrario. Atención para el link en el final de este texto, del programa radiofónico donde se profundiza este debate.
Cuando un joven tunecino se autoinmoló como prueba extrema de protesta contra la dictadura de Ben-Allí, encendió una centella que una vez mediatizada, puso fuego a toda la región. Lo comenzó en Túnez en 14 de enero fue un acto extremo de decir “¡Basta!”. En la punta de la estructura de poder del país, una policía corrupta y abusando de autoridad opera contra el orgullo de un hombre de poca edad, ejerciendo una sub-función de vendedor de frutas en la búsqueda de la supervivencia, no pudiendo vivir de sus años de estudio y menos aún del entorno de ideas que en las instituciones educacionales lo cercaban. Este joven era uno de millones en aquel país, y uno entre miles de millones en el mundo árabe.
Mientras son escritas estas líneas, el poder aún se disputa en el Centro de Cairo, en Argel, en Yemen a la moda bíblica, a base de pedradas. El Egipto victorioso de hoy y el Túnez que aún arde en las calles, son la prueba viva de que la capacidad de movilización es un factor decisivo en los rumbos políticos de un país. Al contrario de lo que acostumbra predicar la visión común, la calma en la sociedad equivale a la perpetuación de esferas mínimas de participación, exagerando la presencia de pequeños grupos de interés y fracciones de clases dominantes.
Es esencial notar el factor de los márgenes de maniobra de cada operador político en escenarios tan complejos y de realismo político como el Magreb y el Norte de la África, además del Oriente Medio y la Península Arábica. Egipto es el fiel de la balanza, conforme estos mismos analistas ya escribieron antes de las piedras volaran. También habíamos evaluado –en el aire– que si aconteciera la caída de Mubarak, sería más allá de los pactos combinados a la manera del Pacto de la Moncloa español. El impasse político que resultó en la caída del odiado heredero del también traidor a la causa árabe Anwar El-Sadat (eliminado físicamente en 1981 por mudjahiddins de la Hermandad Musulmana) inflamaría a Marruecos, y aún más a Túnez, Yemen, Jordania y en menor escala la Siria de los Assad Alauí. La lucha argelina sería -y continúa siendo- una incógnita en la región. En el panorama del odio popular alimentado también por la prohibición de organizaciones fundamentalistas, está la Argelia de la Nomenklatura de los veteranos de la FLN, arrepentidos de la herencia política de los años de Ben Bella y Cia. Pero, como también preveíamos (en comentarios radiofónicos), los factores concomitantes del poder en Egipto no resbalarían de las manos como aconteció en Túnez. Los más de 300 asesinados y las batallas de la Plaza Tahrir dan carne viva a la hipótesis comprobada.
En las redacciones del Occidente, la gritería también llegó “descubriendo” que las fuerzas de seguridad y represión dedicadas a secuestrar sospechosos –sin ningún procesamiento legal– también se dedican a reprimir periodistas y comunicadores. En este grupo entraron activistas de la Web egipcios, un ejecutivo de Google y decenas de hombres y mujeres de los medios, incluyendo profesionales brasileños. Lo “curioso” es la ausencia de analogías comparativas –técnicas básicas de estudios de profundidad y reportajes de análisis – cuando nadie de “peso” en las industrias de comunicación del Brasil toma el coraje de decir la verdad. Es regla de cualquier análisis institucional. La misma fuerza represora y operadora de los designios del Ejecutivo es también la espina dorsal del crimen, de la violencia entre las mayorías y en el nuevo régimen será parte de la basura autoritaria a reciclar, migrando de la represión política al crimen organizado por dentro del aparato de Estado. ¿Por qué la policía y la inteligencia egipcias, fieles a Mubarak, leales al Departamento de Estado, a la agencias de espionaje de los EUA y de Israel, habrían de tener un comportamiento diferente frente de los reporteros extranjeros?
Fueron estas mismas fuerzas y con esa mentalidad de desprecio a la inteligencia popular lo que llevó al Ejecutivo a buscar una salida desesperada. Tal vez en con la intención de causar conmoción por el caso, generando inseguridad en la espina dorsal de la oficialidad en condición de mando de tropas y del generalato del consejo militar, Mubarak realizó una maniobra clásica a lo largo de su caída. El empleo de funcionarios, policías y operarios de los órganos de seguridad, además de trabajadores aleatorios -y aislados socialmente- para elevar los niveles de enfrentamiento, dando a entender hacia el exterior que habría un riesgo concreto de guerra civil y una total desorganización social. El efecto se dio al contrario, intensificando los ánimos de quienes estaba en las calles y aumentando la presencia de manifestantes y redes de apoyo.
Aunque con intensidades distintas, hay elementos comunes entre las rebeliones populares tunecinas y egipcias, comenzando con la comparación de las victorias parciales, por conseguir derrumbar el jefe del Ejecutivo, proscribir parcialmente al bando de gobierno y marcar elecciones sin prohibición de una serie de partidos políticos. Ambos países donde se obtuvo esta conquista parcial contra dictaduras corruptas, represivas y pro-occidentales son repúblicas –al menos en la denominación formal– aunque con muy poca independencia y autonomía entre los poderes. No deja de ser un punto positivo –la condición republicana– considerando la cuestión-llave de aumentar los márgenes de maniobra para derrumbar la tiranía. Tal estatuto republicano no se encuentra en las monarquías marroquí, saudita y jordana. Es de suponerse una menor circulación de ideas igualitarias, o de “nacionalidad” (en el sentido del Estado-nación como institución que atiende a todos) en las monarquías despóticas con base familiar y tribal.
Como punto poco o nada positivo –llegando a poner en duda de este mismo estatuto republicano está la presencia de las Fuerzas Armadas –en especial de sus fuerzas terrestres- como Poder fiador del orden y de la transición, de modo de no fragmentar las garantías de última instancia de un Estado. Hubo la preservación de estas fuerzas en el Túnez y lo mismo ocurre en Egipto. El orgullo “nacional” de una fuerza que tuvo como mejor logro el empate de 1973 con Israel, mantenido con recursos del Imperio y que también se dedica a reprimir y controlar la frontera con Gaza. Son 460 mil profesionales militares, afianzados en las garantías de la transición y de la integridad institucional –de aquello que existe como remedo de Estado– en bases laicas.
Del otro lado de la historia para levantar hipótesis de arreglos complejos y salidas no laicas está la presencia de islamitas –jihadistas o no– y específicamente en el caso del Egipto, la muy respetable y ahora “reciclada” Hermandad Musulmana. Hay combustible de retro-alimentación más allá de los vecinos del integrismo sunita del Hamás. Abundan veteranos afganos, voluntarios fundamentalistas que fueron a luchar en el Afganistán ocupado por la Unión Soviética, fruto de la coordinación de la red de Bin Laden con las estructuras capilares de la fe y con la triangulación promovida por la CIA. Es sabido, público y notorio, tanto el efecto boomerang que estos veteranos tuvieron en el montaje de estas redes fundamentalistas en el norte de la África (con mayor énfasis en la década del 90 del siglo pasado, cuando fuerzas políticas fundamentalistas ganarían en el voto elecciones egipcias y argelinas) –esto sin hablar en el propio Pakistán, al borde de una guerra civil– o el odio visceral de los altos mandos de inteligencia y represión leales a sus gobiernos despóticos y autoritarios –aliados de los EUA, como Jordania y el propio Egipto– para con estas mismas redes y sus respectivos veteranos afganos.
Específicamente en el caso egipcio, se nota (aún a la distancia) que la Hermandad Musulmana tal vez sea hoy la única fuerza por fuera del aparato de Estado (al menos, fuera de los centros decisorios del gobierno nacional) con capilaridad y estructura permanente en toda la sociedad, fruto de presencia y penetración entre las masas movilizadas. Otras fuerzas de inmediato serían alguna disidencia de dentro del propio (ex) gobierno Mubarak y, por supuesto, el Consejo Militar del ejército que dio soporte a Nasser y desde 1978 tiene su presupuesto parcial o totalmente cubierto por el Pentágono.
Algunas gotas en el océano de posibilidades
De un océano de posibilidades, destacamos tres proyecciones hasta el advenimiento de la promesa de elecciones en septiembre próximo. Es innegable que el referido ejército aún opera como fiel de la balanza interna. El sube-y-baja puede pendular para la propuesta que atraviesa toda la región, que está dentro del mundo árabe retornando a la propuesta de la Umma pan-islámica, lejos del pan-arabismo nacionalista (tipo tercermundismo poco o nada alineado) y con dos polos concurrentes. Un sunita, por dentro de la red (Al Qaeda) y otro chiíta, polo éste llegado del Estado líder, Irán. Esta misma ausencia de referencia árabe se nota en la ausencia justamente de un Estado líder y árabe, como en su tiempo lo fueron tanto Egipto como Argelia. El tono discursivo y la ayuda material concreta provienen de un Estado con régimen casi teocrático (Irán), no-árabe, pero con una política externa más aceitada en el tono del discurso antiimperialista y anti-occidental. En el caso de Palestina, el apoyo dado explícitamente al gobierno de Gaza del Hamás da pruebas de la visión de la política externa iraní, más allá del sectarismo religioso, operando como un agente con poderes de veto en toda el área.
Las argumentaciones de análisis de coyuntura basadas en trayectorias histórico-estructurales de agentes y entorno de la política egipcia nos llevan a un cálculo bastante simple. Para los intereses del Imperio en la región, perder Egipto es tan complicado –o más– que perder Arabia Saudí. Y, para perder el país de Nasser, este tiene que dejar de ser el Estado que se alineara con Israel y EUA después de los acuerdos de Camp David. Mubarak debe sus treinta años al frente del mayor de los países árabes a este alineamiento que motivó la acción de eliminación física del sucesor de Gamal Andel Nasser, Anwar El Sadat. Considerando tal opción fuera de las posibilidades (lo que sería el mejor de los mundos para el Imperio), el “menos peor” de los mundos sería una propuesta modernizadora e institucionalista, venida de las fuerzas armadas y de fuerzas políticas nuevas, surgidas de la movilización masiva y alimentadas por las redes sociales. Ya el peor de los mundos (para el Imperio) serían elecciones ganadas por los fundamentalistas (aunque ponderados, como es el caso de la casi centenaria Hermandad Musulmana) o una alianza de tipo laica y antioccidental.
La unidad de los pueblos árabes depende hoy necesariamente del derrumbe de gobiernos autoritarios, monárquicos-autocráticos y esencialmente represores y corruptos. Existiendo la composición de nuevas fuerzas –de tipo secular– que se acercarían de la izquierda Palestina actual (diminuta, pero con la coherencia interna necesaria para asegurar su condición de existencia) estas necesariamente pasarían por el acumular de experiencias en las victorias y embates en las calles de Túnez y El Cairo. Esto en el corto plazo no brota de lo concreto, pues organizar una fuerza política pan-árabe es un desafío superior a convocar gente airada a través de redes sociales del Internet.
En el ocaso de la dictadura pro-occidente y antiárabe, tuvieron fuerza fundamental las estructuras sindicales y movimientos de tipo juventud. En el caso egipcio, los sindicatos vinculados al servicio público y el Movimiento Juvenil 6 de Abril tuvieron heroica presencia y una buena capacidad de convocatoria. En general, en el vacío político de la representación formal, de estas fuerzas puede surgir un nuevo espacio de estructuras organizativas de tipo secular y con arraigo –pues de allá vinieron en los episodios hoy ya épicos de la Batalla de la Plaza Tahrir. Cualquier expectativa de una renovación política, en el sentido de ratificar derechos y radicalizar la democracia de masas y con intervención directa de la población, viene de estos espacios de aglutinación y militancia.
¡NOVEDAD!
Para profundizar en el tema, la perspectiva libertaria desde el programa radiofónico La Visión del Día
Los y las lectores (as) pueden profundizar el debate en este tema escuchando la última edición del programa La Visión del Día, con Manolo Gallego y Bruno Lima Rocha que sale por Radio Klara, desde el País Valenciá todos los lunes. Radio Klara es la más antigua radio comunitaria en funcionamiento directo en el Estado Español. El contenido es libre y basta con bajar el archivo desde este podcast.
http://poderato.com/visiondeldia/la-vision-del-dia/la-vision-del-dia-21-de-febrero-de-2011
Bruno Lima Rocha es politólogo (phd), docente universitario y periodista profesional; contactos en blimarocha@gmail.com / skype: bruno.lima.rocha
Rafael Cavalcanti está concluyendo el curso de grado en periodismo y actúa en la comunicación sindical; correo electrónico: butigahn@gmail.com/ skype: rafael.butigahn
Los dos son militantes libertarios y concentran sus trabajos analíticos en portugués, inglés y en castellano en el portal Estratégia & Análise - www.estrategiaeanalise.com.br
Publicación Barómetro 21-02-11
Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores
Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la pagina donde esta publicado.
Gracias. barometrointernacional@gmail.com
Bruno Lima Rocha, poliótolo radicado en el sur de Brasil (blimarocha@gmail.com) y Rafael Cavalcanti, periodista radicado en el noreste de Brasil (Butigahn@gmail.com)
Gilles E.Seralini: "La ciencia independiente triunfó sobre la industria de los transgénicos"
Por Mae-Wan Ho
Un científico muy renombrado por su investigación acerca de los riesgos de los transgénicos acaba de ganar un proceso contra asociaciones de biotecnología que habían desencadenado una campaña para desacreditarlo.
Gilles-Eric Séralini, docente de biología molecular en la Universidadde Caen, en Francia y presidente del Consejo Científico de Investigación Independiente en Ingeniería Genética (CRIIGEN), es un investigador de primera línea acerca de los riesgos de los transgénicos. No hay mucha sorpresa que él y su equipo se convirtieran en blanco de una concertada campaña difamatoria en la cual fueron muy activos Monsanto, EFSA (la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa), y asociaciones científicas representando la biotecnología en Francia, la Asociaciòn Francesa de Empresas de Biotecnología y el Consejo Superior Francés en Biotecnología.
Este ataque fue gatillado a partir de que el equipo coordinado por Séralini realizó escrupulosamente la información que había puesto Monsanto a disposición con motivo de obtener la autorización comercial en Europa de tres líneas de maíz transgénico, MON 863, MON810 y NK603, permisos sobre las cuales la mencionada EFSA había dado su dictamen favorable. El equipo en cuestión publicó sus conclusiones estableciendo que “los datos disponibles revelan toxicidad hepatorrenal, posiblemente a causa de los nuevos pesticidas diseñados específicamente para cada maíz transgénico. Sumado a esto se observan consecuencias metabólicas directa o indirectamente provocadas, para las cuales la modificación genética no puede ser excluida.”
Séralini y sus colegas recibieron un amplio apoyo de científicos y desde la sociedad civil. Pero Séralini se decidió a demandar por calumnias: estaba convencido de que los investigadores Claude Allegre, Axel Kahn y Marc Fellous, estaban manejando desde las sombras la campaña de insidia e intimidación que se desplegaba en Francia y ése fue el motivo por el cual demandó judicialmente a Fellous, miembro pleno de la Asociación Francesa de Empresas de Biotecnología (AFBV). Séralini argumentó que la campaña había dañado su reputación y con ello habían disminuido sus oportunidades laborales y sus posibilidades de obtener fondos para investigación.
El 18 de enero pasado la corte judicial de París dictó sentencia y lo hizo a favor de Séralini, en medio de una sorpresa generalizada.
Durante el juicio salió a luz que Fellous, que se presentaba a sí mismo como un científico “neutral” sin intereses personales en juego y que acusaba a quienes critican u objetan a los productos transgénicos de ser “ideológicos” y “militantes”, en verdad poseía patentes de productos genéticamente modificados, de su propiedad, a través de una empresa con base legal en Israel. Esta compañía le vende patentes a corporaciones transnacionales como Aventis.
El abogado de Séralini demostró que varios otros miembros de la AFBV también tienen estrechos vínculos con compañías deagribusiness, con lo cual su pregonada imparcialidad científica y su integridad profesional quedaron muy bajo la lupa.
El juez sentenció a AFBV a una multa de mil euros, a un euro de compensación por reclamo del demandante y a 4000 euros en costas.
Corinne Lepage, presidente de CRIIGEN, estaba entusiasmada con la victoria judicial, sobre todo porque no era muy optimista del resultado luego de la primera sesión que habían tenido el 23 de noviembre [info para argentinos en particular y probablemente latinoamericanos en general: del 2010; n. del trad.]. “La vida te da sorpresas: es la primera vez que un alborotador (soplón) [whistleblower] no está a la defensiva sino a la ofensiva.”
Comentando el triunfo judicial, Pete Riley de la organización UK’s GM Freeze [“Congelar” los transgénicos en el Reino Unido; suspenderlos definitivamente] declaró: “Saludamos calurosamente este juicio y estamos encantados con el profesor Séralini. Esperemos que ahora empecemos a ver el fin de este tipo de campañas sucias y vacías que hemos visto en este caso y en otros en la última década, aproximadamente. La libertad de los científicos independientes para desafiar los hallazgos científicos financiados por una industria que procura vender semillas y agroquímicos constituye un elemento vital para cualquier sociedad. La historia de desastres tecnológicos nos dice que la industria y los reguladores estatales son los últimos que reconocen o admiten que hay un problema. Apoyamos plenamente el derecho de Séralini a proseguir sus investigaciones sobre semillas transgénicas y le deseamos más capacidad de decisión.”
El médico Brian John de FM-Free Cymru dijo: “Éste es un desenlace más que gratificante ante un caso que jamás tendría que haberse planteado si los industriales de la biotecncología hubiesen seguido las tradiciones de larga data de respeto a los investigadores y hubiesen aceptado honestos debates con académicos cuyos puntos de vista y hallazgos en la investigación no coinciden con los propios de la industria. Hace ya años que la industria de la biotecnología y sus apologistas han tenido la lengua suelta para calumniar e intimidar a quienes han tenido la temeridad de cuestionar la seguridad de los productos genéticamente modificados… algunos señorones académicos trabajando para la industria biotecnológica se han comportado más como thugs[miembros de una secta de la India, a la que se le atribuyen asesinatos por fanatismo] que como científicos. Su filosofìa ha sido siempre: ‘maten al mensajero’. La lista de víctimas es larga: Arpad Pusztai, Ignacio Chapela y David Quist, Irina Ermakova, Judy Carman, Manuela Malatesta, Andrés Carrasco y muchos otros.
”Felicitamos al profesor Séralini por haber tenido el coraje de mantenerse firme ante la campaña y de haber devuelto el golpe. Esperemos que su triunfo haga que las compañías transnacionales de biotecnología y los reguladores públicos le otorguen a los investigadores independientes el respeto que merecen.”
Y lo más importante, que nuestros reguladores presten mucha atención a los hallazgos de Séralini y de aquellos científicos independientes que alrededor del mundo luchan persistentemente contra la introducción subrepticia de alimentos transgénicos en la gente.
Fuente: http://www.i-sis.org.uk/
Traducción del inglés: Luis E. Sabini Fernández
Celebración de las utopías indias de la América
La Jiribilla
Por Stefano Varesse
El 18 de enero de 2011 se cumplieron exactamente cien años del nacimiento en Andahuaylas (Sur-Andino peruano), de José María Arguedas, poeta de las lenguas quechua y castellana, escritor, novelista, ensayista, etnólogo, y sobre todo héroe cultural andino e indígena que se definía a sí mismo como “un demonio feliz (que) habla en cristiano y en indio, en español y en quechua… (y añadía) Yo no soy un aculturado”.
Treinta años antes de su muerte, en 1966, Arguedas publicaba el poema en quechua, “Huk Ducturkunaman Qayay” (“Llamado a algunos doctores”) 1 , que define su relación ambigua y torturada con la Academia y la intelectualidad criolla europeizante, cito:
“Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.
Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella; que por eso es impertinente;Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos. Que estén hablando, pues; que estén chismeando si eso les gusta.
De qué están hechos mis sesos? De qué está hecha la carne de mi corazón?
Los ríos corren bramando en la profundidad. El oro y la noche, la plata y la noche temible forman las rocas, las paredes de los abismos en que el río suena; de esa roca están hechos mi mente, mi corazón, mis dedos.
Qué hay a la orilla de esos ríos que tú no conoces, doctor?
Saca tus binoculares, tus mejores anteojos. Mira, si puedes.
Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan. Esas quinientas flores, son mis sesos, mi carne.
Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flor se ha convertido la negra ala del cóndor y de las aves pequeñas.”
Creo que es legítimo afirmar que la elite intelectual criolla del Perú consideró a José María Arguedas como un traidor de clase y de etnia. Nacido “blanco” (wiracocha-misti), de padre abogado y juez, miembro de la pequeña burguesía provinciana andina, fue relegado por su madrasta a vivir con los sirvientes quechua de la hacienda. Allí, el niño José María fue nutrido en lengua quechua por el calor y la comprensión de los comuneros andinos. Estos años formativos, transformaron a Arguedas en un runa andino, de ojos azules y piel clara, capaz de usar con igual soltura el castellano y el runasimi quechua, la cultura andina y la versión criolla de la cultura del coloniaje euroamericano; pero sobre todo se formó el hombre comprometido con toda su pasión en la lucha de liberación de los pueblos indígenas andinos.
La paradoja —y tragedia— de la vida de Arguedas es que, en su posición de intérprete, traductor y activista político-cultural del mundo indígena, ha sido impugnado tanto por la elite intelectual criolla, como por el emergente academicismo indígena en vía de asimilación cultural.
De Arguedas algunos críticos literarios andinos han podido decir que fue un wakcha, un huérfano, un solitario, un abandonado, mientras la izquierda desvariada de Sendero Luminoso lo acusaba de “andino lloriqueante” y la derecha fundamentalista, en su versión literaria, le reprochaba ser un pasadista y un utopista arcaico. El diálogo político, literario, cultural que Arguedas quiso establecer entre los pueblos indígenas, la antropología académica y la inteligencia criolla peruana fracasó. La formación colonial y eurocéntrica de la intelectualidad urbana no estaba preparada, ni lo está, para aceptar una conversación que implique un auténtico proceso de descolonización, el reconocimiento de la existencia de diferentes epistemologías y axiologías, la plena legitimidad y viabilidad de cosmologías otras, de visiones y reinterpretaciones del mundo que pertenecen a otros paradigmas de civilización.
Un caso obvio. La ineptitud de Mario Vargas Llosa para ver, reconocer, interpretar y finalmente comprender al Perú profundo, al Perú indio, al Perú multiétnico milenario y contemporáneo, al Perú que es precolonial, colonial y neocolonial; tradicional, moderno y posmoderno al mismo tiempo. Esta incapacidad de estructural nos revela el grado de sumisión acrítica de la intelectualidad liberal latinoamericana a la ficción de una “Historia Universal”, que es finalmente la historia de la expansión del Occidente euroamericano sobre el resto de la humanidad mundial a golpes de fierro y fuego y de los embustes del capital. Para que los “pueblos sin historia”, los indígenas de América y del mundo puedan seguir sometidos y desinterpretados, los José María Arguedas tienen que ser silenciados, desvirtuados o arrinconados a las márgenes de la intelectualidad oficial bajo el rubro de nostálgicos del pasado y enemigos de la modernidad.
No es extraña, pues, la coincidencia histórica de José María Arguedas con otro pensador indígena quechua que tres siglos y medio antes escribiera una carta de más de mil folios al rey de España Felipe III denunciando los abusos de los españoles invasores del estado Inca y las virtudes de la sociedad y civilización indígena de los Andes. La Nueva Corónica y Buen Gobierno (1615) del intelectual andino Huamán Puma de Ayala intentaba establecer un puente de diálogo civilizacional entre la España posmedieval y el estado indio de Tawantinsuyo, a través de la primera crítica sistemática del colonialismo europeo en las Américas. Huamán Puma se oponía con fuerza al poder y gobierno de los invasores extranjeros argumentando a favor de la restitución de las tierras y territorios indios así como del restablecimiento del modo de gobierno indígena. En su aceptación de la irrevocable presencia del cristianismo cultural y político español Huamán Puma de Ayala llega a reconocer —como lo hiciera siglos después José María Arguedas con la cultura urbano- criolla— unas cuantas virtudes de los ideales del Occidente.
Huamán Puma reconoce que no todo es rapacidad, robo, engaño y violencia en la fe de España traída al Perú, sin embargo, la cristiandad del nuevo país criollo-indio-mestizo con su supuesta ética de compasión debe ser capaz de reinterpretar la cosmología que sustentaría este “renovado contrato social”.
En su dibujo del “Mapamundi del Reino de las Indias” (1615) Huamán Puma pone al centro del mundo no a Jerusalén, sino el Cusco, como debe ser, y los seis ejes cósmicos —norte, sur, oriente, occidente, nadir y cénit— corresponden al ordenamiento del Tawantinsuyo y de la Pacha (janac pacha, mundo de arriba y uju pacha, mundo de abajo). Tres siglos y medio después de las anotaciones de Huamán Puma, en los pueblos indígenas andinos perdura el principio de que espacio y tiempo son dos conceptos indivisibles, ambos recogidos en los términos y prácticas sociales tales como turpay pacha (el tiempo-espacio de la cosecha); kay pacha (el tiempo-espacio en que vivimos) y el concepto fundante del tiempo-espacio andino: ñawpa pacha que es definición del pasado y al mismo tiempo marcador de futuro, el tiempo por venir 2 .
En esta concepción tan indoamericana de un futuro que se dibuja desde atrás, desde el pasado, desde un pasado que se encuentra en el presente y que generamos todos los días con nuestro actuar cósmico, que hay que discernir e interpretar el pensamiento y la práctica utópica india. La “utopía arcaica” a la que se refieren con cierto desprecio los criollos posmodernos neoliberales existen y habitan los Andes, el Amazona, Mesoamérica y el Mapu, las tierras yoemé y diné y los barrios indios de San Francisco, California, es decir, la América indígena toda. Se trata del futuro de justicia social, de una comunalidad (un ayllu, una parawa, una guzún), una comunalidad de reciprocidades y de un mundo relacional igualitario entre todos los entes del universo —tangibles e intangibles/ físicos y bióticos—, es decir, un universo de parientes, con los que hay que ponerse de acuerdo todos los días.
Lo arcaico, en los proyectos indios, es el principio fundante del orden, tal como le dijo a José María Arguedas un campesino quechua iletrado respondiendo a la pregunta: —“¿Qué es Inka?” —“Inka es el principio fundante de todas las cosas”, fue la respuesta. De allí la plena vigencia hoy día de la narrativa andina de Inkarí, el otro gran aporte de Arguedas a la comprensión del mundo indígena. Inkarí, el ser desmembrado, cuarteado, enterrado en pedazos a lo largo de los Andes que se va recomponiendo en el ñawpa pacha: tiempo-espacio/presente- pasado-futuro. Cuando el cuerpo completo de Inkarí se haya recompuesto, es decir, remembrado, el proyecto social andino volverá a resurgir.
Deseo concluir estas palabras con una advertencia de antropólogo. Hay en las Américas del tercer milenio entre 40 y 50 millones de indígenas, millón más, millón menos. Durante seis siglos los pueblos indígenas se han resistido a desaparecer y se han adaptado a todos los cambios impuestos a la fuerza, de atrocidad en atrocidad, de abuso en abuso, de injusticia en injusticia. La tragedia y masacre de los pueblos awajún y wampis en Bagua, en la Amazonía peruana, en 2009 es un hito más en la larga historia de resistencia de los pueblos indígenas de las Américas. Lo que revela la insurrección de Bagua es que el paradigma indígena de una civilización más humana, igualitaria, de justicia relacional con el paisaje históricamente construido (el ñawpa pacha), se está confrontando con fuerza, inteligencia y organización a la alternativa política destructora y genocida del capitalismo salvaje globalizado impuesto desde el imperio.
Añado dos consideraciones finales: una pesimista y otra esperanzada, la quiero expresar de manera radical: yo no creo que sea posible concesión y negociación alguna con la propuesta distópica del capitalismo global de los fundamentalistas neoliberales. La descivilización impuesta por el capital ha tenido más de 500 años de tiempo para demostrar su capacidad de civilización justa y humanística, moral con la humanidad y el cosmos, atenta al espíritu y a la belleza. No lo ha logrado, ni parece desear lograrlo.
La segunda consideración y proposición esperanzada es que el diálogo inviable con el capitalismo de la distopía hay que sustituir una conversación honesta y profunda con el otro paradigma de civilización —el paradigma indígena— y repensar el futuro común, el socialismo, la justicia social, la ética ambiental, la democracia cultural y la misma belleza de la vida (“el buen vivir”) juntos, en solidaridad y en aprendizaje compartido con los pueblos indígenas de las Américas.
Y esta me parece ser una enseñanza que nos dejó José María Arguedas y esta es también es la propuesta que nos ofrece hoy Casa de las Américas con el lanzamiento de su Programa de Estudios sobre Culturas Originarias de América.
Con razón José María Arguedas lanzaba desde el avión que lo traía a Cuba estos versos el día 16 de enero de 1968:
“A Cuba” —Cubapaq
Estoy llegando a ti, Pueblo que ama al hombre; Pueblo que ilumina al hombre, pueblo que libera al hombre, amado pueblo mío. Dentro del avión-águila escucho tu palabra, la voz, el grito de setecientos maestros y poetas, palabras inspiradas en ti, tan altas como el Sol. Eres tú, ahora, pueblo de Cuba, simiente del mundo del cielo y de la tierra. Chayamushkayki runa kayaq, runa kanchariq, runa qespichik, llaqtallay, llaqta Kay wamani avionpa qasqon ukupi uyarini rimayniyta qanchis pachak amautakunapa, harawikunapa rimasqanta qaparinqanta. Inti sasyayta rimaykamusqanku
qamrayku
Qanmy kanki, kunan, Cuballaqta mundupa rurun hanaqpachapa, kaypachapa.
Notas:
1.- Cito textualmente de una carta que me ha enviado mi amigo y colega el antropólogo boliviano quechua-hablante Guillermo Delgado, profesor en la Universidad de California, Santa Cruz. Guillermo ha hecho la traducción al castellano y al inglés de los poemas J. M. Arguedas que cito en este texto.
2.- Gran parte de este párrafo se sustenta sobre el extraordinario ensayo de Eusebio Manga Quispe titulado: “Dos concepciones espacio-temporales para dos mundos. Ñawpa y ñawpa-n: encaminadores de kay pacha” publicado en Ciberayllu (7 marzo, 2010) http://www.ciberrayllu.org.
Por Stefano Varesse
El 18 de enero de 2011 se cumplieron exactamente cien años del nacimiento en Andahuaylas (Sur-Andino peruano), de José María Arguedas, poeta de las lenguas quechua y castellana, escritor, novelista, ensayista, etnólogo, y sobre todo héroe cultural andino e indígena que se definía a sí mismo como “un demonio feliz (que) habla en cristiano y en indio, en español y en quechua… (y añadía) Yo no soy un aculturado”.
Treinta años antes de su muerte, en 1966, Arguedas publicaba el poema en quechua, “Huk Ducturkunaman Qayay” (“Llamado a algunos doctores”) 1 , que define su relación ambigua y torturada con la Academia y la intelectualidad criolla europeizante, cito:
“Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.
Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella; que por eso es impertinente;Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos. Que estén hablando, pues; que estén chismeando si eso les gusta.
De qué están hechos mis sesos? De qué está hecha la carne de mi corazón?
Los ríos corren bramando en la profundidad. El oro y la noche, la plata y la noche temible forman las rocas, las paredes de los abismos en que el río suena; de esa roca están hechos mi mente, mi corazón, mis dedos.
Qué hay a la orilla de esos ríos que tú no conoces, doctor?
Saca tus binoculares, tus mejores anteojos. Mira, si puedes.
Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan. Esas quinientas flores, son mis sesos, mi carne.
Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flor se ha convertido la negra ala del cóndor y de las aves pequeñas.”
Creo que es legítimo afirmar que la elite intelectual criolla del Perú consideró a José María Arguedas como un traidor de clase y de etnia. Nacido “blanco” (wiracocha-misti), de padre abogado y juez, miembro de la pequeña burguesía provinciana andina, fue relegado por su madrasta a vivir con los sirvientes quechua de la hacienda. Allí, el niño José María fue nutrido en lengua quechua por el calor y la comprensión de los comuneros andinos. Estos años formativos, transformaron a Arguedas en un runa andino, de ojos azules y piel clara, capaz de usar con igual soltura el castellano y el runasimi quechua, la cultura andina y la versión criolla de la cultura del coloniaje euroamericano; pero sobre todo se formó el hombre comprometido con toda su pasión en la lucha de liberación de los pueblos indígenas andinos.
La paradoja —y tragedia— de la vida de Arguedas es que, en su posición de intérprete, traductor y activista político-cultural del mundo indígena, ha sido impugnado tanto por la elite intelectual criolla, como por el emergente academicismo indígena en vía de asimilación cultural.
De Arguedas algunos críticos literarios andinos han podido decir que fue un wakcha, un huérfano, un solitario, un abandonado, mientras la izquierda desvariada de Sendero Luminoso lo acusaba de “andino lloriqueante” y la derecha fundamentalista, en su versión literaria, le reprochaba ser un pasadista y un utopista arcaico. El diálogo político, literario, cultural que Arguedas quiso establecer entre los pueblos indígenas, la antropología académica y la inteligencia criolla peruana fracasó. La formación colonial y eurocéntrica de la intelectualidad urbana no estaba preparada, ni lo está, para aceptar una conversación que implique un auténtico proceso de descolonización, el reconocimiento de la existencia de diferentes epistemologías y axiologías, la plena legitimidad y viabilidad de cosmologías otras, de visiones y reinterpretaciones del mundo que pertenecen a otros paradigmas de civilización.
Un caso obvio. La ineptitud de Mario Vargas Llosa para ver, reconocer, interpretar y finalmente comprender al Perú profundo, al Perú indio, al Perú multiétnico milenario y contemporáneo, al Perú que es precolonial, colonial y neocolonial; tradicional, moderno y posmoderno al mismo tiempo. Esta incapacidad de estructural nos revela el grado de sumisión acrítica de la intelectualidad liberal latinoamericana a la ficción de una “Historia Universal”, que es finalmente la historia de la expansión del Occidente euroamericano sobre el resto de la humanidad mundial a golpes de fierro y fuego y de los embustes del capital. Para que los “pueblos sin historia”, los indígenas de América y del mundo puedan seguir sometidos y desinterpretados, los José María Arguedas tienen que ser silenciados, desvirtuados o arrinconados a las márgenes de la intelectualidad oficial bajo el rubro de nostálgicos del pasado y enemigos de la modernidad.
No es extraña, pues, la coincidencia histórica de José María Arguedas con otro pensador indígena quechua que tres siglos y medio antes escribiera una carta de más de mil folios al rey de España Felipe III denunciando los abusos de los españoles invasores del estado Inca y las virtudes de la sociedad y civilización indígena de los Andes. La Nueva Corónica y Buen Gobierno (1615) del intelectual andino Huamán Puma de Ayala intentaba establecer un puente de diálogo civilizacional entre la España posmedieval y el estado indio de Tawantinsuyo, a través de la primera crítica sistemática del colonialismo europeo en las Américas. Huamán Puma se oponía con fuerza al poder y gobierno de los invasores extranjeros argumentando a favor de la restitución de las tierras y territorios indios así como del restablecimiento del modo de gobierno indígena. En su aceptación de la irrevocable presencia del cristianismo cultural y político español Huamán Puma de Ayala llega a reconocer —como lo hiciera siglos después José María Arguedas con la cultura urbano- criolla— unas cuantas virtudes de los ideales del Occidente.
Huamán Puma reconoce que no todo es rapacidad, robo, engaño y violencia en la fe de España traída al Perú, sin embargo, la cristiandad del nuevo país criollo-indio-mestizo con su supuesta ética de compasión debe ser capaz de reinterpretar la cosmología que sustentaría este “renovado contrato social”.
En su dibujo del “Mapamundi del Reino de las Indias” (1615) Huamán Puma pone al centro del mundo no a Jerusalén, sino el Cusco, como debe ser, y los seis ejes cósmicos —norte, sur, oriente, occidente, nadir y cénit— corresponden al ordenamiento del Tawantinsuyo y de la Pacha (janac pacha, mundo de arriba y uju pacha, mundo de abajo). Tres siglos y medio después de las anotaciones de Huamán Puma, en los pueblos indígenas andinos perdura el principio de que espacio y tiempo son dos conceptos indivisibles, ambos recogidos en los términos y prácticas sociales tales como turpay pacha (el tiempo-espacio de la cosecha); kay pacha (el tiempo-espacio en que vivimos) y el concepto fundante del tiempo-espacio andino: ñawpa pacha que es definición del pasado y al mismo tiempo marcador de futuro, el tiempo por venir 2 .
En esta concepción tan indoamericana de un futuro que se dibuja desde atrás, desde el pasado, desde un pasado que se encuentra en el presente y que generamos todos los días con nuestro actuar cósmico, que hay que discernir e interpretar el pensamiento y la práctica utópica india. La “utopía arcaica” a la que se refieren con cierto desprecio los criollos posmodernos neoliberales existen y habitan los Andes, el Amazona, Mesoamérica y el Mapu, las tierras yoemé y diné y los barrios indios de San Francisco, California, es decir, la América indígena toda. Se trata del futuro de justicia social, de una comunalidad (un ayllu, una parawa, una guzún), una comunalidad de reciprocidades y de un mundo relacional igualitario entre todos los entes del universo —tangibles e intangibles/ físicos y bióticos—, es decir, un universo de parientes, con los que hay que ponerse de acuerdo todos los días.
Lo arcaico, en los proyectos indios, es el principio fundante del orden, tal como le dijo a José María Arguedas un campesino quechua iletrado respondiendo a la pregunta: —“¿Qué es Inka?” —“Inka es el principio fundante de todas las cosas”, fue la respuesta. De allí la plena vigencia hoy día de la narrativa andina de Inkarí, el otro gran aporte de Arguedas a la comprensión del mundo indígena. Inkarí, el ser desmembrado, cuarteado, enterrado en pedazos a lo largo de los Andes que se va recomponiendo en el ñawpa pacha: tiempo-espacio/presente- pasado-futuro. Cuando el cuerpo completo de Inkarí se haya recompuesto, es decir, remembrado, el proyecto social andino volverá a resurgir.
Deseo concluir estas palabras con una advertencia de antropólogo. Hay en las Américas del tercer milenio entre 40 y 50 millones de indígenas, millón más, millón menos. Durante seis siglos los pueblos indígenas se han resistido a desaparecer y se han adaptado a todos los cambios impuestos a la fuerza, de atrocidad en atrocidad, de abuso en abuso, de injusticia en injusticia. La tragedia y masacre de los pueblos awajún y wampis en Bagua, en la Amazonía peruana, en 2009 es un hito más en la larga historia de resistencia de los pueblos indígenas de las Américas. Lo que revela la insurrección de Bagua es que el paradigma indígena de una civilización más humana, igualitaria, de justicia relacional con el paisaje históricamente construido (el ñawpa pacha), se está confrontando con fuerza, inteligencia y organización a la alternativa política destructora y genocida del capitalismo salvaje globalizado impuesto desde el imperio.
Añado dos consideraciones finales: una pesimista y otra esperanzada, la quiero expresar de manera radical: yo no creo que sea posible concesión y negociación alguna con la propuesta distópica del capitalismo global de los fundamentalistas neoliberales. La descivilización impuesta por el capital ha tenido más de 500 años de tiempo para demostrar su capacidad de civilización justa y humanística, moral con la humanidad y el cosmos, atenta al espíritu y a la belleza. No lo ha logrado, ni parece desear lograrlo.
La segunda consideración y proposición esperanzada es que el diálogo inviable con el capitalismo de la distopía hay que sustituir una conversación honesta y profunda con el otro paradigma de civilización —el paradigma indígena— y repensar el futuro común, el socialismo, la justicia social, la ética ambiental, la democracia cultural y la misma belleza de la vida (“el buen vivir”) juntos, en solidaridad y en aprendizaje compartido con los pueblos indígenas de las Américas.
Y esta me parece ser una enseñanza que nos dejó José María Arguedas y esta es también es la propuesta que nos ofrece hoy Casa de las Américas con el lanzamiento de su Programa de Estudios sobre Culturas Originarias de América.
Con razón José María Arguedas lanzaba desde el avión que lo traía a Cuba estos versos el día 16 de enero de 1968:
“A Cuba” —Cubapaq
Estoy llegando a ti, Pueblo que ama al hombre; Pueblo que ilumina al hombre, pueblo que libera al hombre, amado pueblo mío. Dentro del avión-águila escucho tu palabra, la voz, el grito de setecientos maestros y poetas, palabras inspiradas en ti, tan altas como el Sol. Eres tú, ahora, pueblo de Cuba, simiente del mundo del cielo y de la tierra. Chayamushkayki runa kayaq, runa kanchariq, runa qespichik, llaqtallay, llaqta Kay wamani avionpa qasqon ukupi uyarini rimayniyta qanchis pachak amautakunapa, harawikunapa rimasqanta qaparinqanta. Inti sasyayta rimaykamusqanku
qamrayku
Qanmy kanki, kunan, Cuballaqta mundupa rurun hanaqpachapa, kaypachapa.
Notas:
1.- Cito textualmente de una carta que me ha enviado mi amigo y colega el antropólogo boliviano quechua-hablante Guillermo Delgado, profesor en la Universidad de California, Santa Cruz. Guillermo ha hecho la traducción al castellano y al inglés de los poemas J. M. Arguedas que cito en este texto.
2.- Gran parte de este párrafo se sustenta sobre el extraordinario ensayo de Eusebio Manga Quispe titulado: “Dos concepciones espacio-temporales para dos mundos. Ñawpa y ñawpa-n: encaminadores de kay pacha” publicado en Ciberayllu (7 marzo, 2010) http://www.ciberrayllu.org.
viernes, 25 de febrero de 2011
Misión internacional evaluará situación de derechos humanos en el Bajo Aguán
Por Giorgio Trucchi
Del 25 de febrero al 4 de marzo una nutrida representación de organizaciones y redes nacionales e internacionales se trasladará hacia el Valle del Aguán, en el noreste de Honduras, para realizar una atenta evaluación de la situación de los derechos humanos, y sensibilizar la comunidad internacional ante el estado de desamparo en que viven miles de familias campesinas. Rel-UITA integrará la misión y brindará una puntual cobertura periodística de esa importante iniciativa.
El proceso de despojo y concentración de tierras y la implementación de monocultivos, sobre todo de palma africana, han venido socavando el derecho a la seguridad alimentaria de miles de familias campesinas del Bajo Aguán, generando una grave situación de violencia y represión.
De acuerdo con datos presentados por Rel-UITA y FIAN Internacional (Foodfirst Information & Action Network), son 18 los activistas de comunidades campesinas asesinados en el 2010.
Una situación altamente dramática que se enmarca en un contexto generalizado y sistemático de hostigamiento, represión y desalojo violento, contra las organizaciones campesinas que siguen exigiendo el acceso a la tierra y una reforma agraria integral.
“Ante estos hechos, varias organizaciones1 decidieron que era importante emprender una misión de seguimiento de la situación en el Bajo Aguán”, explicó Claudia Pineda, miembro de FIAN Internacional en Honduras.
Según Pineda, entre los objetivos de la misión se destaca evaluar la situación de los derechos humanos en la zona, expresar apoyo y atención internacional a las organizaciones campesinas y sociales de la región y dar visibilidad a la situación de derechos humanos en el Bajo Aguán ante la comunidad internacional.
“También queremos contribuir con un análisis específico del conflicto a la preparación del estudio preliminar que será presentado a la Corte Penal Internacional (CPI) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)”, expresó la activista de FIAN Internacional.
Las organizaciones que integran la misión desarrollarán visitas de campo a los asentamientos campesinos afectados por la represión y se entrevistarán con organizaciones sociales, populares y sindicales, y con profesionales del Derecho para analizar el nivel de impunidad que existe en la región.
También están previstas reuniones con funcionarios del Instituto Nacional Agrario (INA), la Fiscalía de Derechos Humanos y representantes del cuerpo diplomático y organizaciones internacionales.
El informe final será presentado ante la CIDH y se hará referencia a sus resultados en el contexto de la reunión del Examen Periódico Universal sobre Honduras del Consejo de Derechos Humanos.
“Además, será trasmitido al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH), a las diversas instituciones competentes de la Organización de Estados Américanos (OEA) y de la Unión Europea, de sus Estados miembros y a la Corte Penal Internacional”, concluyó Pineda.
1- Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), Swiss Interchurch Aid (HEKS), Rel-UITA, Iniciativa de Copenhague para América Central y México (CIFCA), FIAN Internacional, Via Campesina Internacional, MS Dinamarca y organizaciones de derechos humanos hondureñas
Rel-UITA integrará y dará cobertura a esa importante iniciativa
Del 25 de febrero al 4 de marzo una nutrida representación de organizaciones y redes nacionales e internacionales se trasladará hacia el Valle del Aguán, en el noreste de Honduras, para realizar una atenta evaluación de la situación de los derechos humanos, y sensibilizar la comunidad internacional ante el estado de desamparo en que viven miles de familias campesinas. Rel-UITA integrará la misión y brindará una puntual cobertura periodística de esa importante iniciativa.
El proceso de despojo y concentración de tierras y la implementación de monocultivos, sobre todo de palma africana, han venido socavando el derecho a la seguridad alimentaria de miles de familias campesinas del Bajo Aguán, generando una grave situación de violencia y represión.
De acuerdo con datos presentados por Rel-UITA y FIAN Internacional (Foodfirst Information & Action Network), son 18 los activistas de comunidades campesinas asesinados en el 2010.
Una situación altamente dramática que se enmarca en un contexto generalizado y sistemático de hostigamiento, represión y desalojo violento, contra las organizaciones campesinas que siguen exigiendo el acceso a la tierra y una reforma agraria integral.
“Ante estos hechos, varias organizaciones1 decidieron que era importante emprender una misión de seguimiento de la situación en el Bajo Aguán”, explicó Claudia Pineda, miembro de FIAN Internacional en Honduras.
Según Pineda, entre los objetivos de la misión se destaca evaluar la situación de los derechos humanos en la zona, expresar apoyo y atención internacional a las organizaciones campesinas y sociales de la región y dar visibilidad a la situación de derechos humanos en el Bajo Aguán ante la comunidad internacional.
“También queremos contribuir con un análisis específico del conflicto a la preparación del estudio preliminar que será presentado a la Corte Penal Internacional (CPI) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)”, expresó la activista de FIAN Internacional.
Las organizaciones que integran la misión desarrollarán visitas de campo a los asentamientos campesinos afectados por la represión y se entrevistarán con organizaciones sociales, populares y sindicales, y con profesionales del Derecho para analizar el nivel de impunidad que existe en la región.
También están previstas reuniones con funcionarios del Instituto Nacional Agrario (INA), la Fiscalía de Derechos Humanos y representantes del cuerpo diplomático y organizaciones internacionales.
El informe final será presentado ante la CIDH y se hará referencia a sus resultados en el contexto de la reunión del Examen Periódico Universal sobre Honduras del Consejo de Derechos Humanos.
“Además, será trasmitido al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH), a las diversas instituciones competentes de la Organización de Estados Américanos (OEA) y de la Unión Europea, de sus Estados miembros y a la Corte Penal Internacional”, concluyó Pineda.
1- Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), Swiss Interchurch Aid (HEKS), Rel-UITA, Iniciativa de Copenhague para América Central y México (CIFCA), FIAN Internacional, Via Campesina Internacional, MS Dinamarca y organizaciones de derechos humanos hondureñas
Una razón más para no tomar la decisión sobre lo electoral en la Asamblea del 26 de febrero
Por Tomás Andino
Uno de los aspectos menos atendidos en el debate actual es el internacional. En este campo es necesario preguntarse qué impacto tendrá en la correlación de fuerzas internacional la definición que adopte el FNRP el próximo 26 de febrero y si ese impacto favorecerá o afectará negativamente nuestra causa y la de otros países hermanos.
Como lo he sostenido en otro trabajo 1, la Resistencia en Honduras no es, en los actuales momentos, un desafío de peso a lo interno del país porque, por estar metidos de cabeza pensando en la coyuntura electoral, hemos dejado de responder en la práctica a las agresiones constantes contra nuestras conquistas, las cuales están siendo derribadas una por una por este régimen; al extremo que hemos dejado de lado nuestro instinto de conservación porque ni reaccionamos contra los asesinatos de nuestros propios compañeros(as). Esto, por supuesto, deberíamos revertirlo en la próxima Asamblea del 26 de febrero aprobando un Plan Unitario de Lucha. Tal es mi primera premisa.
La importancia del retorno a la OEA para el imperio y el golpismo
Por ahora, el principal desafío que este régimen tiene para su consolidación económica y política se encuentra en el plano internacional, donde está fuertemente condicionado para su retorno a la OEA, no solo por los países aliados de la Resistencia (ALBA, UNASUR, etc.) sino por el mismo gobierno norteamericano.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos atribuye una gran importancia a esta reinserción de Honduras al sistema interamericano, por varias razones:
La primera es que sumaría un voto más como gobierno títere a todas sus iniciativas. Por ejemplo, consolidaría el círculo contra Nicaragua en el istmo centroamericano (el único Estado miembro del ALBA en Centroamérica) y fortalecería la posición de Estados Unidos que trata de impedir el surgimiento de un nuevo organismo regional Latinoamericano y Caribeño, que es la propuesta venezolana. Ademas que necesita ese voto para la eleccion de la nueva Presidencia Pro Tempore.
En segundo lugar, necesita que Honduras no sea un estado “ilegal” cuando el Comando Sur de la Fuerzas Armadas norteamericanas pretenden hacer operativas las bases militares que ha comenzado a construir en nuestro territorio, en el marco de su estrategia militar en Latinoamérica y específicamente para hacerle, con Costa Rica, un “sándwich” a Nicaragua.
Y en tercer lugar necesita que el gobierno títere de Pepe Lobo tenga una gama más amplia de fuentes financieras para sacarlo del atolladero en que lo metió el Golpe de Estado, para no depender demasiado del apoyo gringo, en momentos en que Estados Unidos tiene dificultades para dar grandes cantidades para la reconstrucción de su economía.
Por su parte, el gobierno de Pepe Lobo también necesita esa reinserción porque, si bien los organismos multilaterales han comenzado a desbloquear el apoyo económico a su gobierno (consecuencia de la firma del Acuerdo de San José, de la realización de las elecciones de noviembre 2009 y de la readmisión al SICA), hay una amplia gama de capitalistas de varios países europeos y latinoamericanos que tienen paradas sus inversiones hasta no tener “seguridad jurídica” en nuestro país.
Para poner un ejemplo, lograr ese reconocimiento es importante para el éxito de su proyecto de “Ciudades Modelo” que requiere de Honduras un estatus jurídico internacional confiable. Una muestra de la importancia que el régimen le da a este tema es la ofensiva internacional que ha emprendido buscando estados inversores a este nefasto plan enviando a Singapur, Corea del Sur y Kuwait una enorme delegación (incluidos dos funcionarios de la “resistente” UD), para mostrar que en Honduras “todas” las fuerzas políticas han reconocido su régimen.
Por consiguiente, el retorno del Estado de Honduras a la OEA afianzara al régimen en lo económico, diplomático y militar. Y a la inversa, la consolidación internacional del gobierno de Porfirio Lobo atentara contra la causa y la existencia de la Resistencia Popular.
Las condiciones que Pepe y Juan Orlando aparentan cumplir
¿Qué necesita hacer Pepe Lobo para lograr esa meta? Necesita demostrar interés en cumplir con las condiciones que le impuso la OEA en 2010. Varias de esas condiciones Pepe Lobo aparenta haberlas cumplido, aunque en el fondo solo se trate de medidas político diplomáticas: 1) Aparenta hacer lo posible por eliminar los procesos jurídico-políticos que sirvieron de argumento para la expulsión del Presidente Zelaya y así “despejar el camino” para que Mel retorne a Honduras; 2) ha aceptado la incorporación de Mel al PARLACEN; 3) creo el Ministerio de Derechos Humanos y Justicia, aunque no haga nada para proteger realmente los derechos humanos; 4) da pasos para aparentar cumplir con las Medidas Cautelares llegando a acuerdos con los organismos de derechos humanos para su aplicación, aunque no los cumpla en la práctica; 5) apoya la Comisión de la Verdad, creada unilateralmente, así sea para validar “su” verdad; y, 6) convoco a la Resistencia al “dialogo nacional” en 2010, a lo cual se prestaron algunos dirigentes liberales.
Es decir que Pepe está haciendo méritos para lograr su reinserción a la OEA. La presión del Departamento de Estado de los Estados Unidos ha sido decisiva para que el régimen haya avanzado en ese terreno. Solo recordemos el desfile de funcionarios norteamericanos de alto nivel que se ha dado desde el año pasado: María Otero, Arturo Valenzuela y William Brownfield entre otros.
Sin embargo, el régimen no ha podido avanzar en temas mucho más sensibles porque para ello necesita la cooperación de los golpistas recalcitrantes así como la cooperación de Mel y de la Resistencia Popular. Esos temas son : 1) el retorno del Presidente Zelaya; 2) mostrar avances en el castigo a los violadores de derechos humanos y a los perpetradores del Golpe de Estado; y, 3) lograr la “reconciliación” con la oposición política, es decir con la Resistencia.
Sobre el primer punto, Mel en forma correcta se ha negado a colaborar. Ha denunciado el carácter tramposo del proceso por el cual le pretenden “limpiar” expedientes para hacerlo aceptar su sometimiento a un sistema judicial golpista. Así que, mientras Mel mantenga esa posición, lo único que puede hacer Pepe en este punto es acreditar que hace “todo lo posible” por lograr su retorno pero que si Mel no regresa, seria porque no quiere hacerlo. Este es un argumento de peso en el terreno político diplomático, como lo muestran las declaraciones de Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, que alaba “los esfuerzos” de Pepe por lograr ese retorno, y que los gringos se encargan de respaldar.
Sobre el segundo tema, el régimen, de la mano con la Embajada Norteamericana, busca hacer méritos dando pasos para sacrificar a algún chivo expiatorio entre los golpistas para mostrar que se hace “justicia”; los mejores candidatos son el Fiscal General del Estado y algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, aunque pueden haber más. Eso explica el estira y encoje político entre Juan Orlando Hernández y estos funcionarios dado que el primero cuenta con el poder de hacerlo desde el Congreso Nacional. Los gringos siguen presionando para vencer el temor del régimen a dar ese paso, a tal punto que suspendió la asignación de la ayuda a Honduras de la Cuenta del Milenio. Así que por los vientos que soplan es posible que en los próximos días veamos caer a alguno de estos funcionarios y a otros.
Y sobre el tercer tema, que es el que nos interesa (la “reconciliación con la oposición”) Pepe pretende acreditar como argumento a su favor demostrando la decisión de la Resistencia a participar en la aplicación de sus reformas al artículo 5 constitucional (que se refiere al plebiscito y referéndum) y a participar en el próximo proceso electoral, pues esto supondría que el FNRP reconoce al régimen, independientemente de cual sea su modalidad de participación.
Habiendo logrado Pepe estos pasos, nuestros aliados en el continente se quedarían prácticamente sin argumentos para impedir el retorno de Honduras a la OEA y ese pilar de nuestra Resistencia se vendría abajo. Sin mencionar el tremendo efecto que tendría en los movimientos de solidaridad que nos están apoyando a nivel internacional.
La Asamblea el 26 y la Asamblea General de la OEA de Junio 2011
El análisis anterior me lleva a sugerir a la Resistencia Popular que, independientemente de la posición que se tenga sobre si participar o no en el próximo proceso electoral, bajo las condiciones que sea, no sería prudente tomar esa decisión antes de la realización de la Asamblea General de la OEA prevista para realizarse en junio de este año en EL Salvador, porque eso precipitaría la readmisión del régimen sucedáneo del Golpe de Estado en ese organismo regional. En ese sentido, sugiero que la decisión se tome después de junio.
Solo recordemos que la firma del Acuerdo de San José Tegucigalpa por el ex Presidente Manuel Zelaya y el proceso electoral de noviembre de 2009, fueron vendidos a los ojos del mundo como el comienzo de la “reconciliación” en Honduras –aunque nosotros sabemos que no es así--, redundando en beneficio del régimen con el desbloqueo de más de 500 millones de dólares retenidos por el BID, BCIE y BM. El retorno a la OEA tendría un efecto similar y culminaría la consolidación de su situación internacional.
Una vez que Pepe haya logrado ese objetivo, no habrá nada que detenga su brazo represivo por que ya no tendrá la presión de quedar bien en el tema de los derechos humanos y cuando eso suceda mas vale que estemos confesados.
Por consiguiente, lo que tenemos que hacer de aquí a Junio (y en adelante) es arreciar la lucha para retomar la iniciativa dentro del país para minar al régimen e impedir su consolidación interna y externa. Denunciarlo en lugar de acudir a sus convocatorias; desenmascarar sus mentiras, en lugar de prestarse a su demagogia; movilizarnos para defender nuestras conquistas en lugar de cooperar con nuestro silencio y pasividad.
Para ello necesitamos salir fortalecidos de la Asamblea Nacional del 26 de febrero acordando unánimemente un PLAN DE LUCHA UNITARIO para defender nuestras conquistas y dar seguridad a nuestros compañeros y compañeras contra la represión.
Eso no significa abandonar el apasionado debate que hemos iniciado, pues tendremos mas tiempo para desarrollarlo. Solo significa que debemos discutir lo prioritario y actuar con inteligencia en la toma de decisiones.
En estos momentos, necesitamos pensar con la cabeza fría, pues nuestro futuro esta de por medio.
1 Ver: “Una Reflexión y una Autocritica necesarias”, divulgada en la red FIAN y en www.rebelion.org
Uno de los aspectos menos atendidos en el debate actual es el internacional. En este campo es necesario preguntarse qué impacto tendrá en la correlación de fuerzas internacional la definición que adopte el FNRP el próximo 26 de febrero y si ese impacto favorecerá o afectará negativamente nuestra causa y la de otros países hermanos.
Como lo he sostenido en otro trabajo 1, la Resistencia en Honduras no es, en los actuales momentos, un desafío de peso a lo interno del país porque, por estar metidos de cabeza pensando en la coyuntura electoral, hemos dejado de responder en la práctica a las agresiones constantes contra nuestras conquistas, las cuales están siendo derribadas una por una por este régimen; al extremo que hemos dejado de lado nuestro instinto de conservación porque ni reaccionamos contra los asesinatos de nuestros propios compañeros(as). Esto, por supuesto, deberíamos revertirlo en la próxima Asamblea del 26 de febrero aprobando un Plan Unitario de Lucha. Tal es mi primera premisa.
La importancia del retorno a la OEA para el imperio y el golpismo
Por ahora, el principal desafío que este régimen tiene para su consolidación económica y política se encuentra en el plano internacional, donde está fuertemente condicionado para su retorno a la OEA, no solo por los países aliados de la Resistencia (ALBA, UNASUR, etc.) sino por el mismo gobierno norteamericano.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos atribuye una gran importancia a esta reinserción de Honduras al sistema interamericano, por varias razones:
La primera es que sumaría un voto más como gobierno títere a todas sus iniciativas. Por ejemplo, consolidaría el círculo contra Nicaragua en el istmo centroamericano (el único Estado miembro del ALBA en Centroamérica) y fortalecería la posición de Estados Unidos que trata de impedir el surgimiento de un nuevo organismo regional Latinoamericano y Caribeño, que es la propuesta venezolana. Ademas que necesita ese voto para la eleccion de la nueva Presidencia Pro Tempore.
En segundo lugar, necesita que Honduras no sea un estado “ilegal” cuando el Comando Sur de la Fuerzas Armadas norteamericanas pretenden hacer operativas las bases militares que ha comenzado a construir en nuestro territorio, en el marco de su estrategia militar en Latinoamérica y específicamente para hacerle, con Costa Rica, un “sándwich” a Nicaragua.
Y en tercer lugar necesita que el gobierno títere de Pepe Lobo tenga una gama más amplia de fuentes financieras para sacarlo del atolladero en que lo metió el Golpe de Estado, para no depender demasiado del apoyo gringo, en momentos en que Estados Unidos tiene dificultades para dar grandes cantidades para la reconstrucción de su economía.
Por su parte, el gobierno de Pepe Lobo también necesita esa reinserción porque, si bien los organismos multilaterales han comenzado a desbloquear el apoyo económico a su gobierno (consecuencia de la firma del Acuerdo de San José, de la realización de las elecciones de noviembre 2009 y de la readmisión al SICA), hay una amplia gama de capitalistas de varios países europeos y latinoamericanos que tienen paradas sus inversiones hasta no tener “seguridad jurídica” en nuestro país.
Para poner un ejemplo, lograr ese reconocimiento es importante para el éxito de su proyecto de “Ciudades Modelo” que requiere de Honduras un estatus jurídico internacional confiable. Una muestra de la importancia que el régimen le da a este tema es la ofensiva internacional que ha emprendido buscando estados inversores a este nefasto plan enviando a Singapur, Corea del Sur y Kuwait una enorme delegación (incluidos dos funcionarios de la “resistente” UD), para mostrar que en Honduras “todas” las fuerzas políticas han reconocido su régimen.
Por consiguiente, el retorno del Estado de Honduras a la OEA afianzara al régimen en lo económico, diplomático y militar. Y a la inversa, la consolidación internacional del gobierno de Porfirio Lobo atentara contra la causa y la existencia de la Resistencia Popular.
Las condiciones que Pepe y Juan Orlando aparentan cumplir
¿Qué necesita hacer Pepe Lobo para lograr esa meta? Necesita demostrar interés en cumplir con las condiciones que le impuso la OEA en 2010. Varias de esas condiciones Pepe Lobo aparenta haberlas cumplido, aunque en el fondo solo se trate de medidas político diplomáticas: 1) Aparenta hacer lo posible por eliminar los procesos jurídico-políticos que sirvieron de argumento para la expulsión del Presidente Zelaya y así “despejar el camino” para que Mel retorne a Honduras; 2) ha aceptado la incorporación de Mel al PARLACEN; 3) creo el Ministerio de Derechos Humanos y Justicia, aunque no haga nada para proteger realmente los derechos humanos; 4) da pasos para aparentar cumplir con las Medidas Cautelares llegando a acuerdos con los organismos de derechos humanos para su aplicación, aunque no los cumpla en la práctica; 5) apoya la Comisión de la Verdad, creada unilateralmente, así sea para validar “su” verdad; y, 6) convoco a la Resistencia al “dialogo nacional” en 2010, a lo cual se prestaron algunos dirigentes liberales.
Es decir que Pepe está haciendo méritos para lograr su reinserción a la OEA. La presión del Departamento de Estado de los Estados Unidos ha sido decisiva para que el régimen haya avanzado en ese terreno. Solo recordemos el desfile de funcionarios norteamericanos de alto nivel que se ha dado desde el año pasado: María Otero, Arturo Valenzuela y William Brownfield entre otros.
Sin embargo, el régimen no ha podido avanzar en temas mucho más sensibles porque para ello necesita la cooperación de los golpistas recalcitrantes así como la cooperación de Mel y de la Resistencia Popular. Esos temas son : 1) el retorno del Presidente Zelaya; 2) mostrar avances en el castigo a los violadores de derechos humanos y a los perpetradores del Golpe de Estado; y, 3) lograr la “reconciliación” con la oposición política, es decir con la Resistencia.
Sobre el primer punto, Mel en forma correcta se ha negado a colaborar. Ha denunciado el carácter tramposo del proceso por el cual le pretenden “limpiar” expedientes para hacerlo aceptar su sometimiento a un sistema judicial golpista. Así que, mientras Mel mantenga esa posición, lo único que puede hacer Pepe en este punto es acreditar que hace “todo lo posible” por lograr su retorno pero que si Mel no regresa, seria porque no quiere hacerlo. Este es un argumento de peso en el terreno político diplomático, como lo muestran las declaraciones de Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, que alaba “los esfuerzos” de Pepe por lograr ese retorno, y que los gringos se encargan de respaldar.
Sobre el segundo tema, el régimen, de la mano con la Embajada Norteamericana, busca hacer méritos dando pasos para sacrificar a algún chivo expiatorio entre los golpistas para mostrar que se hace “justicia”; los mejores candidatos son el Fiscal General del Estado y algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, aunque pueden haber más. Eso explica el estira y encoje político entre Juan Orlando Hernández y estos funcionarios dado que el primero cuenta con el poder de hacerlo desde el Congreso Nacional. Los gringos siguen presionando para vencer el temor del régimen a dar ese paso, a tal punto que suspendió la asignación de la ayuda a Honduras de la Cuenta del Milenio. Así que por los vientos que soplan es posible que en los próximos días veamos caer a alguno de estos funcionarios y a otros.
Y sobre el tercer tema, que es el que nos interesa (la “reconciliación con la oposición”) Pepe pretende acreditar como argumento a su favor demostrando la decisión de la Resistencia a participar en la aplicación de sus reformas al artículo 5 constitucional (que se refiere al plebiscito y referéndum) y a participar en el próximo proceso electoral, pues esto supondría que el FNRP reconoce al régimen, independientemente de cual sea su modalidad de participación.
Habiendo logrado Pepe estos pasos, nuestros aliados en el continente se quedarían prácticamente sin argumentos para impedir el retorno de Honduras a la OEA y ese pilar de nuestra Resistencia se vendría abajo. Sin mencionar el tremendo efecto que tendría en los movimientos de solidaridad que nos están apoyando a nivel internacional.
La Asamblea el 26 y la Asamblea General de la OEA de Junio 2011
El análisis anterior me lleva a sugerir a la Resistencia Popular que, independientemente de la posición que se tenga sobre si participar o no en el próximo proceso electoral, bajo las condiciones que sea, no sería prudente tomar esa decisión antes de la realización de la Asamblea General de la OEA prevista para realizarse en junio de este año en EL Salvador, porque eso precipitaría la readmisión del régimen sucedáneo del Golpe de Estado en ese organismo regional. En ese sentido, sugiero que la decisión se tome después de junio.
Solo recordemos que la firma del Acuerdo de San José Tegucigalpa por el ex Presidente Manuel Zelaya y el proceso electoral de noviembre de 2009, fueron vendidos a los ojos del mundo como el comienzo de la “reconciliación” en Honduras –aunque nosotros sabemos que no es así--, redundando en beneficio del régimen con el desbloqueo de más de 500 millones de dólares retenidos por el BID, BCIE y BM. El retorno a la OEA tendría un efecto similar y culminaría la consolidación de su situación internacional.
Una vez que Pepe haya logrado ese objetivo, no habrá nada que detenga su brazo represivo por que ya no tendrá la presión de quedar bien en el tema de los derechos humanos y cuando eso suceda mas vale que estemos confesados.
Por consiguiente, lo que tenemos que hacer de aquí a Junio (y en adelante) es arreciar la lucha para retomar la iniciativa dentro del país para minar al régimen e impedir su consolidación interna y externa. Denunciarlo en lugar de acudir a sus convocatorias; desenmascarar sus mentiras, en lugar de prestarse a su demagogia; movilizarnos para defender nuestras conquistas en lugar de cooperar con nuestro silencio y pasividad.
Para ello necesitamos salir fortalecidos de la Asamblea Nacional del 26 de febrero acordando unánimemente un PLAN DE LUCHA UNITARIO para defender nuestras conquistas y dar seguridad a nuestros compañeros y compañeras contra la represión.
Eso no significa abandonar el apasionado debate que hemos iniciado, pues tendremos mas tiempo para desarrollarlo. Solo significa que debemos discutir lo prioritario y actuar con inteligencia en la toma de decisiones.
En estos momentos, necesitamos pensar con la cabeza fría, pues nuestro futuro esta de por medio.
1 Ver: “Una Reflexión y una Autocritica necesarias”, divulgada en la red FIAN y en www.rebelion.org
Declaración de los pueblos de la tierra y el mar, Mártires de San Juan
Nosotros y nosotras de los pueblos indígenas y negros de Honduras: Pech, Tawahka, Chorti, Tolupanes, Lencas, Miskitu, Creoles y Garínagu, procedentes de la tierra y el mar, autoconvocados en la comunidad de San Juan Durugubuti, Tela, Atlántida, durante los días 20, 21, 22, 23 y 24 de febrero de 2011, para juntar nuestros pensamientos, sentimientos, palabras e instalar nuestra asamblea plurinacional constituyente y multicultural, elevamos la siguiente declaración:
1.- Declaramos que nos hemos encontrado en diferentes ceremonias de nuestra espiritualidad para recibir la energía y la orientación de nuestros ancestros y ancestras, fortalecer la resistencia milenaria de nuestros pueblos para la defensa de la vida y la madre tierra.
2.- Declaramos que el régimen continuador del golpe de estado del 28 de junio de 2009, profundiza la invasión a los territorios indígenas y negros, mediante el concesionamiento de los ríos para construir represas privadas como el proyecto denominado PATUCA 1, 2 y 3, así como las multiples represas que se pretenden construir en los ríos de los territorios lencas en donde se libra una histórica batalla , explotación minera, militarización de nuestros territorios, proyectos turísticos como el de la Bahía de Tela, la implementación de las ciudades modelos , que son enclaves que lesionan la soberanía de Honduras como país para el servicio del narcotráfico internacional.
3.- Declaramos nuestra solidaridad con los pueblos que habitan la Moskitia hondureña que están siendo objeto de represión, militarización y saqueo de sus bienes naturales por parte de la oligarquía y las transnacionales, de igual manera manifestamos nuestro apoyo rotundo al llamado a la auto demarcación de su territorio. Asumimos la declaración de los pueblos de la Moskitia UPINH y desde ya nos auto convocamos a las siguientes sesiones de trabajo de nuestra asamblea plurinacional constituyente multicultural en el territorio indígena Miskitu.
4.- Declaramos que es urgente que Honduras como estado, asuma la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, como parte del marco jurídico interno.
5.- Declaramos nuestra condena al régimen que impulsa la privatización de la educación, la salud, que ejecuta desalojos de comunidades indígenas como la Nueva Estanzuela del pueblo Maya Chortí, que permite el asesinato de indígenas tolupanes así como líderes de otros pueblos, mismos que quedan en la impunidad.
6.- Declaramos nuestra preocupación por los atentados y amenazas contra los medios de comunicación comunitarios, violentando el derecho a la libre emisión del pensamiento y al derecho de nuestros pueblos de crear sus propios medios de comunicación alternativos tal como lo establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo OIT, y la Declaración de la Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos Indígenas y Negros.
7.- Declaramos que esta asamblea plurinacional constituyente multicultural será continua y la misma se mantendrá hasta lograr la emisión de una nueva constitución que permita la refundación de Honduras.
8.- Declaramos nuestro respaldo al Primer Hospital Garífuna de Honduras, mismo que funciona en la comunidad de Ciriboya, municipio de Iriona, Colon, y denunciamos el manifiesto sabotaje del régimen. Exigimos la incorporación del mismo en el presupuesto de salud pública.
9.- Declaramos nuestra solidaridad con el Magisterio hondureño en la lucha por la defensa de la educación pública y la defensa del Estatuto del Docente, nos solidarizamos con el movimiento campesino que sufre la derogación del Decreto Legislativo 18-2008, nos solidarizamos con las familias de las víctimas de las y los asesinados por el régimen golpista, exigimos el retorno incondicional y seguro de los exiliados entre ellos José Manuel Zelaya, Presidente de Honduras 2006-2010.
10.- Declaramos la auto convocatoria a la gran asamblea de mujeres indígenas y negras de Honduras que se realizara en Copan Galel en el mes de mayo próximo.
11.- Los 1,800 delegados y delegadas participantes de esta Asamblea plurinacional constituyente multicultural, expresamos nuestro agradecimiento a la comunidad de San Juan Durugubuti, Tela, Atlántida, al pueblo Garífuna y su Organización Fraternal Negra de Honduras OFRANEH, por su hospitalidad, hermandad y alegría con la que nos han acogido.
Dado en la comunidad de San Juan Durugubuti,
Tela,
Atlántida
a los veintitrés días de Febrero de dos mil once.
La democracia asamblearia de los pueblos indígenas y negros
Por Ollantay Itzamná
Las teorías políticas modernas asumieron la democracia representativa como el único mecanismo políticamente correcto. El argumento principal fue: “La multitud puede deliberar, pero es casi imposible que se ponga de acuerdo para tomar decisiones, si no es mediante sus representantes”. De esta manera, todas las otras formas de democracia se invisibilizaron. Pero las consecuencias fueron fatales. La democracia se convirtió en un rito de las urnas, vacío de contenidos. La corrupción pública fue y es el negocio más seguro lucrativo para los funcionarios públicos. Y la participación política retrocedió en la ciudadanía.
En estos días se reúnen, en San Juan, Tela, más de 1500 representantes indígenas y negros/as de Honduras en una Asamblea Constituyente Refundacional. Según las teorías políticas tradicionales sería descabellado convocar y reunir a esta cantidad de gente para debatir y consensuar los contenidos de una nueva Constitución Política de Estado. Además, para cualquier dirigente social o político, sea de derecha o de izquierda, esta asamblea multitudinaria sería sencillamente inviable. Sin embargo, los pueblos indígenas y negros, no sólo en Honduras, sino en diferentes latitudes de Abya Ayala, desafían las teorías políticamente correctas. ¿Por qué?
Entre las muchas verdades que le cuesta aceptar a la socio analítica liberal o marxista es la vocación democrática de los pueblos indígenas y negros. No tanto por racismo, sino porque se asume que la democracia es de origen occidental. Por tanto, a las y los indios y negros se les debe educar en la virtud de la democracia. Además, se asume que los de arriba (pensadores, políticos, dirigentes, activistas) saben de democracia, los indios, las mujeres, los negros, no. Quizás porque los pueblos indios y negros jamás fueron asumidos como sujetos en la construcción de los estados nacionales mestizos.
Pero, la verdad es que de un tiempo a esta parte, y ante el fracaso de la democracia representativa occidental, los pueblos indígenas y negros se han convertido en la reserva de una democracia asamblearia y comunal. Sí. Multitudes de indios y negros dan lecciones de prácticas democráticas que incluso asuntan a las y los dirigentes tradicionales. Ni qué decir a los caudillos. Y uno pregunta, ¿dónde aprendieron los indios? Pues, es su práctica casi cotidiana. Sólo que la democracia asamblearia y comunal, por su alta peligrosidad, jamás fue reconocida como una forma de gobierno por los bicentenarios estados de Latinoamérica.
La auto convocatoria a la Asamblea Constituyente Refundacional de los pueblos indígenas y negros de Honduras nos dejan grandes lecciones. No sólo para el país, sino para el mundo entero que asiste al fracaso de la democracia representativa excluyente.
Observar centenares de hombres y mujeres debatiendo sus problemas y buscando propuestas de soluciones, casi con una mística estoica, a la sombra de los árboles, despierta asombro y admiración. En estas asambleas los intereses y la ética individual está supeditada a los intereses y a la ética colectiva, por tanto las divergencias, en lugar de fraccionar al grupo, fortalecen el desenvolvimiento de la asamblea.
Estos encuentros no son las manifestaciones multitudinarias donde desfilan oradores al calor de las emociones y aplausos de las masas. Son verdaderas jornadas de trabajo, en las que disciplinadamente las y los participantes, en asambleas pequeñas, debaten por horas enteras. Luego acuden a plenarias generales para poner en común las conclusiones consensuadas. Quizás no con un lenguaje exquisito y técnico como lo harían las élites de revolucionarios o de conservadores. Pero, lo cierto es que lo que expresan lo dicen con convicción y de corazón. Que al final eso es lo que cuenta. Las formas siempre se pueden suplir con el asesoramiento.
En los próximos días, el Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras celebrará su asamblea nacional anual. Sería muy importante considerar esta metodología asamblearia de los pueblos indígenas y negros para dicha asamblea popular. Después de todo, estos pueblos milenarios y centenarios (en el caso de misquitos y garífunas) son el núcleo duro de la resistencia en las repúblicas de Latinoamérica. Por tanto, sus prácticas democráticas se constituyen per se en un imperativo ético ineludible para los nuevos movimientos sociales emergentes en Honduras y América Latina.
Las teorías políticas modernas asumieron la democracia representativa como el único mecanismo políticamente correcto. El argumento principal fue: “La multitud puede deliberar, pero es casi imposible que se ponga de acuerdo para tomar decisiones, si no es mediante sus representantes”. De esta manera, todas las otras formas de democracia se invisibilizaron. Pero las consecuencias fueron fatales. La democracia se convirtió en un rito de las urnas, vacío de contenidos. La corrupción pública fue y es el negocio más seguro lucrativo para los funcionarios públicos. Y la participación política retrocedió en la ciudadanía.
En estos días se reúnen, en San Juan, Tela, más de 1500 representantes indígenas y negros/as de Honduras en una Asamblea Constituyente Refundacional. Según las teorías políticas tradicionales sería descabellado convocar y reunir a esta cantidad de gente para debatir y consensuar los contenidos de una nueva Constitución Política de Estado. Además, para cualquier dirigente social o político, sea de derecha o de izquierda, esta asamblea multitudinaria sería sencillamente inviable. Sin embargo, los pueblos indígenas y negros, no sólo en Honduras, sino en diferentes latitudes de Abya Ayala, desafían las teorías políticamente correctas. ¿Por qué?
Entre las muchas verdades que le cuesta aceptar a la socio analítica liberal o marxista es la vocación democrática de los pueblos indígenas y negros. No tanto por racismo, sino porque se asume que la democracia es de origen occidental. Por tanto, a las y los indios y negros se les debe educar en la virtud de la democracia. Además, se asume que los de arriba (pensadores, políticos, dirigentes, activistas) saben de democracia, los indios, las mujeres, los negros, no. Quizás porque los pueblos indios y negros jamás fueron asumidos como sujetos en la construcción de los estados nacionales mestizos.
Pero, la verdad es que de un tiempo a esta parte, y ante el fracaso de la democracia representativa occidental, los pueblos indígenas y negros se han convertido en la reserva de una democracia asamblearia y comunal. Sí. Multitudes de indios y negros dan lecciones de prácticas democráticas que incluso asuntan a las y los dirigentes tradicionales. Ni qué decir a los caudillos. Y uno pregunta, ¿dónde aprendieron los indios? Pues, es su práctica casi cotidiana. Sólo que la democracia asamblearia y comunal, por su alta peligrosidad, jamás fue reconocida como una forma de gobierno por los bicentenarios estados de Latinoamérica.
La auto convocatoria a la Asamblea Constituyente Refundacional de los pueblos indígenas y negros de Honduras nos dejan grandes lecciones. No sólo para el país, sino para el mundo entero que asiste al fracaso de la democracia representativa excluyente.
Observar centenares de hombres y mujeres debatiendo sus problemas y buscando propuestas de soluciones, casi con una mística estoica, a la sombra de los árboles, despierta asombro y admiración. En estas asambleas los intereses y la ética individual está supeditada a los intereses y a la ética colectiva, por tanto las divergencias, en lugar de fraccionar al grupo, fortalecen el desenvolvimiento de la asamblea.
Estos encuentros no son las manifestaciones multitudinarias donde desfilan oradores al calor de las emociones y aplausos de las masas. Son verdaderas jornadas de trabajo, en las que disciplinadamente las y los participantes, en asambleas pequeñas, debaten por horas enteras. Luego acuden a plenarias generales para poner en común las conclusiones consensuadas. Quizás no con un lenguaje exquisito y técnico como lo harían las élites de revolucionarios o de conservadores. Pero, lo cierto es que lo que expresan lo dicen con convicción y de corazón. Que al final eso es lo que cuenta. Las formas siempre se pueden suplir con el asesoramiento.
En los próximos días, el Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras celebrará su asamblea nacional anual. Sería muy importante considerar esta metodología asamblearia de los pueblos indígenas y negros para dicha asamblea popular. Después de todo, estos pueblos milenarios y centenarios (en el caso de misquitos y garífunas) son el núcleo duro de la resistencia en las repúblicas de Latinoamérica. Por tanto, sus prácticas democráticas se constituyen per se en un imperativo ético ineludible para los nuevos movimientos sociales emergentes en Honduras y América Latina.
Los marxistas y los islamismos
Por Nazanín Amirian
La repercusión de las protestas que ocurrieron en Irán bajo el nombre de “Movimiento Verde” (MV) en junio de 2009 pusieron de manifiesto las discrepancias dentro de la izquierda a nivel mundial en cuanto a su visión acerca de los movimientos islamistas, en el poder o en la oposición.
Un importante sector de la izquierda europea y latinoamericana dejó solos entonces a millones de iraníes que se echaron a las calles pidiendo unas elecciones limpias dentro del propio marco de la RI. Todavía acusan al Movimiento Verde de ser otro montaje de EE.UU. como sus revoluciones de colores en el espacio exsoviético.
¿Tenían esos compañeros suficiente información para llegar a una conclusión tan grave? Fueron (son) varios los motivos de este tipo de posicionamiento:
* Un maniqueísmo cuasi religioso que divide el mundo entre los “pro y los contra” estadounidenses. Se espera a que Washington adopte su postura en un asunto para colocarse enfrente, rebajando así el análisis científico del marxismo y la dialéctica de observar los acontecimientos en toda su complejidad al nivel del suelo. Así, si EE.UU. está en contra de la Revolución Islámica, ésta es progresista y quienes luchan contra ella están a sueldo del Mossad y la CIA.
* Otros consideran que la República Islámica es un contrapeso de Israel en la zona y no hay que debilitarla. Ignoran que Irán y Estados Unidos comparten el gobierno chií del Irak ocupado y, en parte, el de Afganistán. Y aunque fuera como dicen, una cosa son las alianzas estratégicas (incluso con el mismísimo diablo) y otra bien distinta confundir a la audiencia y denominarlas progresistas
* Niegan que en Irán o en otro país “amigo” haya lucha de clases. Como si por arte de magia ésta se hubiera paralizado, o debería paralizarse, por el bien de la paz (?) regional. En Irán todos los partidos políticos y sindicatos están prohibidos. ¿Representan los ayatolás y los militares los intereses de los trabajadores? ¿Dónde están las enseñanzas del marxismo sobre la independencia de la postura de los comunistas?
* Que fuesen los jóvenes (que además de universitarios vestían “a la occidental” en vez de ir en chanclas) y no los desharrapados quienes encabezaban las protestas, fortalecía todavía más la idea de la conspiración de la clase media y alta contra el gobierno de los desheredados. Otro de los pecados del MV fue el uso de la tecnología moderna para convocar las protestas. ¡Qué extraño que ahora nadie cuestione este punto en las rebeliones de los países árabes!
Desconocen que la mayoría de la población de Irán es menor de 30 años y que casi el 65% de los universitarios son mujeres. Irán es el primer país de Oriente Medio (OM) que consiguió tener un parlamento y una constitución, en 1911, tras la Revolución Constitucional (1906). La modernidad está presente en Irán. El resto lo hacen su milenaria civilización preislámica, la racionalidad y la idea de la justicia introducida en el Islam desde el chiísmo. Es un país en el que el 8 de marzo se celebraba desde 1921 y tuvo el partido comunista más fuerte de Asia por el apoyo popular. Por eso Irán fue la vanguardia de la lucha (en la región) contra la dictadura secular del Sha en 1979 y contra el totalitarismo religioso y por los derechos de la ciudadanía en 2005. Las singularidades de la historia de Irán y su compleja sociedad moderna imposibilitan que acepte el gobierno de una teocracia militar oscurantista y corrupta que legaliza la tortura y aplica la pena de muerte por una veintena de pecados y delitos (incluso a los niños de 15 años), lapida y corta manos y pies bajo la Ley de Talión. Ni en la Edad Media iraní hubo tanta barbarie.
* La debilidad y la pasividad de las fuerzas de la izquierda han llevado a ésta a buscar desesperadamente otra fuerza, la islamista, para que luche por ella contra el imperialismo. Espejismo total. Los talibanes, además de aliados tradicionales de los colonialistas británicos y franceses, y ahora de los estadounidenses, son más reaccionarios que la derecha laica de sus países. (Lean la historia de los Hermanos Musulmanes, por ejemplo, y su colaboración con los nazis).
Algunos analistas, en su amor incondicional hacia los islamismos, han llegado a tergiversar la realidad para justificar su postura. Thierry Meyssan negaba la existencia de la ley de lapidación en el código penal de la RI (ver mi artículo (www.nazaninamirian.es/?p=4739www.nazaninamirian.es/?p=4739) y otro, para denunciar al racista gobierno israelí, llegó a alabar a la RI como el paraíso de las minorías religiosas, donde “viven 25.000 judíos”, la mayor comunidad judía de Oriente Medio, después de Israel. No sabía que en 1978 había cerca de 100.000 hebreos en Irán y que unos 75.000 han abandonado el país (igual que otros 5 millones de personas en el mayor éxodo de la historia del país); o que muchos bahaies (fe que nació como una reforma del chiísmo a finales del siglo XIX), solo por serlo, han sido ejecutados, expulsados de sus trabajos y universidades y sus casas se han confiscado. Nos decía la propaganda que el templo bahaí estaba en Israel, sinónimo de que millones de sus fieles eran la quinta columna de Netanyahu. Ocultaban que su templo fue construido en Palestina y no en Israel, y aunque así fuera, nada justificaba el dolo que sufrieron estas personas. Ahora siete de ellos pueden ser ahorcados en cualquier momento.
Es incomprensible su trato benévolo hacia los dirigentes islamistas comparado con la actitud hacia la iglesia católica o los rabinos judíos. Escriben, por ejemplo, del abuso sobre menores por parte de miles de curas, pero nada sobre estos mismos delitos si los cometen religiosos musulmanes que legitiman el matrimonio con niñas de 6 u 8 años por mandato de Dios. Los libros sagrados de las tres religiones tienen el mismo contenido, sus sacerdotes la misma actitud con respecto a los problemas sociales y su solución, y su base social es la misma en general (mirad la fuerza de la iglesia en América Latina).
La RI tiene apoyo popular. Vale, pero lo tiene en un sector, como lo tuvieron, incluso más amplio, el nacionalsocialismo alemán o el nacionalcatolicismo de Franco. Esto no le confiere legitimidad ni la convierte en progresista.
El régimen de Irán es una de tantas formas de fascismo, sistemas que al contrario de las dictaduras, que se apoyan en las élites, crean una base social. Conviene volver a estudiar la composición de las masas que formaron las camisas pardas, los faccios, etc.
En Irán, con la guerra contra Irak (1980-88) y la paralización de la actividad industrial y agrícola, millones de jóvenes sólo encontraron trabajo en las instituciones militares, paramilitares, de seguridad y religiosas promovidas por el régimen. (Para conocer cómo fue este proceso y a qué clase representa el régimen actual, ver mis dos libros “Entre coronas y turbantes”, editorial Flor del viento, y “Afganistán, Irak e Irán” de lengua de Trapo)
La postura de los comunistas con respecto a la RI:
El Partido Tudeh de Irán (PTI), decidió apoyar al ayatolá Jomeini, a finales de 1978, tras importantes discrepancias en el Comité Central (en el exilio desde 1953) que terminaron con el cese del mítico Secretario General Iraj Eskandari (1907-1985), contrario a la defensa de los islamistas, y su sustitución por el gran estratega Nureddin Kianuri (1915-1999), nieto de un ayatolá, con una postura contraria que defendió hasta la muerte, basada en “alcanzar el socialismo, previo paso por la revolución nacional-democrática”, que a nuestro pesar caía en manos del clérigo.
Hay que recordar que la totalidad de las fuerzas democráticas de Irán (desde los musulmanes reformistas hasta la totalidad de la izquierda –maoísta, anarquista, marxista-leninista, trotskista, etc.-, los partidos nacionalistas kurdos y azerbaiyano), consideran que hoy la RI es un totalitarismo religioso, profundamente reaccionario y retrógrado, cuyas acciones en la región justifican la militarización de Oriente Medio y potencian las opciones no progresistas en los países donde tiene influencia. La principal discrepancia entre ellas consiste en determinar la fecha en la que la RI dejó de ser progresista. ¡Fechas arbitrarias que suelen situarse en el momento en que dichas fuerzas fueron atacadas por la RI, no antes!
Factores determinantes del apoyo del PTI a la RI:
* El desconocimiento acerca del Islam y el Islam político. Era la primera vez que la casta clerical chií tomaba el poder. Que el Corán estuviera escrito en árabe imposibilitaba el acceso directo a su contenido a los estudiosos. Tampoco conocíamos la Sharia que luego fue introducida en el código penal y civil, o no sabíamos de qué se trataba.
* La caída del Sha y la ausencia de una alternativa democrática a su régimen, por la durísima represión ejercida por aquel déspota durante décadas, no dejaba otra alternativa. Pensábamos que un régimen peor que el del Sha era imposible. Pero sí fue posible.
* Las promesas de Ayatolá Jomeini, desde Paris, de respetar las libertades políticas, incluyendo la del partido comunista (entrevista con Eric Rouleau de Le Monde) y también los derechos conquistados por las mujeres en la era del Sha (entrevista con Oriana Fallaci para Corriere della Sera), y de que no las envolvería en el chador ni les aplicaría las leyes de hacía 14 siglos. Una vez en el poder, nos dimos cuenta de que había recurrido a taghiyya (disimulo, mentira), legitimado por el chiísmo para salvarse cuando se ven en situaciones de peligro, algo parecido a las “reservatis mentalis” de los jesuitas.
* Los islamistas recogieron las consignas de la izquierda (libertad, independencia y justicia social), a las que añadían un adjetivo “islámico”. Sobre la marcha entenderemos que la justicia islámica no era otra que la ley de castigos islámicos plasmada en el código penal aprobado en el 1982, donde la justicia es sinónimo de castigo físico, acompañada por el pago de limosna y otras fórmulas religiosas para mantener la pobreza. O que la libertad era para el “Partido de Dios”, Hizbulá (no confundirlo con el libanés), por ser el único partido mencionado en el libro sagrado. La terminología socialista que usaban, como "el Islam pertenece a los oprimidos, no a los opresores", ocultaba que los “oprimidos” en el libro sagrado son los perseguidos por su fe y no los trabajadores. ¡Importante matiz teórico! La misma constitución islámica divide a los ciudadanos en fieles y no fieles (condenados a muerte, de forma automática), musulmanes y no musulmanes, mujeres y hombres, todos desiguales ante la ley. La presidencia y los altos cargos, por ejemplo, están reservados sólo para varones, chiíes y fieles al jefe del Estado. Intentábamos no recordar que Jomeini fue enviado al exilio en 1964 por su oposición a dos reformas del Sha: otorgar el derecho al voto a la mujer y la "desamortización" de las tierras de los terratenientes y de la jerarquía chií.
* Los islamistas, de todas formas, iban a tomar el poder y no precisamente por el apoyo interior, ya que aparecieron meses después del inicio de las revueltas que estaban organizadas por la izquierda musulmana y marxista (atención a la postura ambigua de los Hermanos Musulmanes durante las revueltas egipcias). En el otoño del 78 empezaron a aparecer furgonetas que repartían chadores entre las manifestantes y nos obligaban separarnos de los varones. Las consignas ya se volvieron religiosas. Fue en 2005, y tras la publicación de los documentos de la cumbre del G4, celebrada en la isla Guadalupe en enero del 1978 (http://www.irdiplomacy.ir/index.php?Lang=fa&Page=26&DWritingId=155&Action=DWritingBodyView) cuando conocimos las negociaciones entre Sadegh Ghotbzadeh, la mano derecha de Jomeini (fue ejecutado dos años después en Irán, acusado de ser agente de la CIA) con Jimmy Carter y Giscard d'Estaing, quienes le ofrecieron su apoyo a cambio de impedir la influencia de los comunistas y de la Unión Soviética en el nuevo régimen. También menciona este acuerdo el secretario de prensa de la Casa Blanca, Pierre Salinger, en su libro America Held Hostage by Iran (http://www.ir-psri.com/Show.php?Page=ViewArticle&ArticleID=171). Así Washington creaba un cinturón verde (color del Islam) alrededor de la URSS. Lo hizo con Pakistán, con Afganistán y ahora con Irán.
La RI de Jomeini mantenía relaciones secretas con EE.UU. Lo supimos tras la revelación del acuerdo de Reagan con Irán para no liberar a los rehenes de EE.UU. en su embajada en Teherán en 1980, para derrotar a Carter; también en 1987 salió el escándalo Irán-contra, que señalaba las relaciones ocultas entre Irán, Israel y EE.UU. Las dictaduras de los países musulmanes siempre se han llevado mejor con los republicanos de EE.UU. que con los demócratas. No les gusta esa bandera de “derechos humanos” que llevaba Carter.
Lo que buscaban (y buscan) Israel y EE.UU. era el debilitamiento de Irán como potencia regional, y no iban contra la RI. Allí nos confundimos. Política que forma parte de la doctrina de “doble contención” (la de Irak e Irán a beneficio de Israel). Derrocaron a su aliado Saddam con el objetivo de eliminar al rival de Israel en la zona; luego tocaba reducir a Irán, independientemente de quien lo gobernase. Saddam no era antiestadounidense.
El odio hacia "el comunismo que es el ateísmo" es lo que ha unido a los islamistas con los colonialistas y el imperialismo. Igual que el nacionalcatolicismo de Franco. En el Islam no hay peor pecado que ser ateo, mientras que un banquero (cuya propiedad es sagrada) y un obrero pueden rezar al mismo Dios.
No nos dimos cuenta del fortísimo carácter anticomunista y antisocialista de los clérigos más allá de sus discursos cuando están en la oposición.
Reivindican su independencia con respecto a otras potencias, para no tener que responder de sus actos ante ninguna institución. De hecho la RI no reconoce ningún tratado internacional sobre los derechos de la mujer, la infancia y los trabajadores.
Aun sin la injerencia de EE.UU. e Israel, desde la plataforma de hoy, creo que la contrarrevolución –compuesta por los miembros del antiguo régimen y los oportunistas y reaccionarios recién llegados al poder-, abortó la revolución desde su inicio. Esto se refleja en la Constitución, en la composición del régimen y en sus actos. Pero, aun así, queríamos intentar el giro de la revolución a la derecha.
Desde el Tudeh se dio prioridad absoluta a la lucha antiestadounidense; fue quizás una de las consecuencias de la Guerra Fría y la amistad que le unía a la URSS. Todo lo demás se podría sacrificar en aras de esta batalla.
En la dirección del Tudeh existía la idea de que el Ayatolá era una persona honesta y de que se podría influir sobre sus decisiones a favor del pueblo. Una ingenuidad absoluta con respecto a un sacerdote mayor, fanático y fundamentalista que pretendía instalar un sistema político a semejanza de Mahoma en Irán. No habíamos leído todavía su principal libro "Tozih-ol-Masael (Hace años lo vi traducido al castellano). Sencillamente denigrante.
Separábamos el sector jomeinista de la derecha reaccionaria (religiosa o no). Se nos escapó prestar atención a los cambios que sufrió el propio Jomeini después de la toma del poder.
Por miedo a caer en el “izquierdismo” en un país musulmán, confundimos el respeto a las creencias de las masas con la aceptación del programa retrógrado político-religioso-social de los sacerdotes. Es otro de los errores que comete la izquierda europea y latinoamericana. Hay muchas citas de Marx, Engels y Lenin manipuladas al respecto en los foros.
Jomeini en 1982 al aprobar “La ley de los que entran en guerra con Dios» creó el fundamento de un estado policial. Cualquier crítica se consideraba “guerra contra Dios”.
Permitimos que prohibieran los sindicatos independientes, el derecho a la huelga, a la manifestación, etc. Impedíamos huelgas de obreros -que habían esperado muchos decenios para que los atendieran-, porque “debilitaban la revolución”, “hacían el juego al enemigo” (como si importase quién te oprime). Les despojamos de su única arma. Miles fueron detenidos, cientos ejecutados.
Pensábamos que el ayatolá Jomeini, honesto, evitaría la corrupción (nacida del aumento espectacular de precio del petróleo). ¿Cómo es posible, si no había ningún órgano del control popular sobre la gestión de quienes sólo admitían el control de Alá?
Los islamistas pueden ser anticapitalistas en la medida en que este sistema perjudica a las estructuras precapitalistas de sus sociedades y daña su influencia y poder. Dijeron que la propiedad era sagrada, y que iban a restaurar la sencilla economía del bazar, el feudalismo… como si esto fuera posible en un país como Irán. (Más información sobre la base económica de la RI en mi libro “Irak, Afganistán e Irán”).
Su oposición a la injerencia extranjera era, principalmente, para impedir la influencia de la modernidad que dañaba el poder del clero y para conservar las estructuras tradicionales. Irán es su “feudo” en el sentido amplio de la palabra y un laboratorio donde poner en práctica lo aprendido en las escuelas teológicas y de la comunidad tribal que dirigió Mahoma, en Arabia en el siglo VI, en un Irán no árabe, capitalista y con lazos con el mundo en progreso.
A pesar de ver ya por dónde iban sus políticas, no podíamos discutirlas en un congreso. Seguíamos en un estado semiclandestino. La velocidad de la marcha de los acontecimientos (la toma de la embajada de EE.UU., la invasión de Irak, la declaración de la lucha armada por parte de distintos grupos) hacían imposible una reflexión reposada sobre lo que estaba ocurriendo.
Las amenazas de una agresión militar de EEUU paralela a la de Irak (1980-88) otorgaba la prioridad de la defensa a la patria sobre la lucha por la democracia. Tampoco sabíamos entonces las razones de la negativa de la RI a la petición de paz de Saddam en 1981. “La guerra es la gracia de Dios” dijo Jomeini, y la alargó siete años más (con cientos de miles de muertos y millones de mutilados). Bajo la cortina de humo de la guerra patriótica, la ultraderecha religiosa tomó el poder, aplastó a todas las fuerzas políticas, sindicales, feministas, estudiantiles, detuvo a decenas de miles de activistas de todos los colores, los torturó y los ejecutó. En 1988 ya habían fusilado a unos 15.000 activistas. Fue cuando el ayatolá Montazeri, el sucesor de Jomeini, renunció y empezó a luchar contra él (ver mi artículo “Teología islámica de liberación” http://www.nazaninamirian.es/?p=30).
Aceptamos el sacrificio de las libertades a cambio de mejorar la situación de los pobres. ¡Esta visión atropella el abecé del marxismo y su lucha de clases! Los trabajadores necesitan los partidos comunistas y los sindicatos para defender sus derechos. Nadie más lo va a hacer por ellos.
La política económica de la RI era desconcertante: construyó carreteras, viviendas, hospitales en las zonas rurales, mientras destruía a la clase media del país. Repartía la pobreza y no la riqueza, a la vez que se lucraban con la inflación y la especulación propias de las guerras y el aumento del pecio del petróleo y convertía a los receptores de estas ayudas en su brazo militar-religioso.
Las luchas internas de la propia RI, así como atentados oscuros que eliminaron a los pensadores y políticos progresistas chiíes como los ayatolás Beheshti y Taleghani, contrarios a la figura Velayet-e faghih (gobierno del docto islámico, una especie de Califa con los poderes de un monarca absolutista) aumentó el balance del poder a favor de los derechistas. El hecho de que de repente Jomeini instaurase ese cargo -inexistente en el Islam- y a su beneficio, fue un signo de la contrarrevolución, y a pesar de criticarla no advertimos el peligro que suponía para la vida política del país. Hasta los propios ayatolás, entre ellos el ayatolá Kazemini Boroujerdi, que lleva en prisión desde 2006, criticaron el abuso del Islam por parte del régimen y pedían la separación entre la religión y el Estado. Un abuso, que entre otros factores eliminó el poso de las singularidades de la cultura persa que convirtió a la sociedad iraní en la más secular del Oriente Medio. Consecuencia de que esté la religión en el poder.
No pudo crear la sociedad feliz y devota (confundió un gran país situado en el mundo real con una tribu pequeña) y decidió realizar una profunda restauración religiosa prohibiendo la música, el baile, el arte, las fiestas milenarias persas, los colores vivos, hasta crearon leyes que multan reír en la calle o besarse en el propio domicilio. Un talibanismo antes de que los talibanes tomaran el poder en
Afganistán, significa que hay una visión compartida entre los islamistas, que bebe de la Sharia.
Tuvo un papel primordial el ejercicio de una violencia despiadada, aunque astutamente dividido en etapas. Primero fueron a por los monárquicos (y nosotros no protestamos), luego a por los bahaíes, muyahidines del pueblo (grupo islamista que reclamaba parte del poder), y la izquierda radical, luego las organizaciones musulmanas progresistas… y nosotros seguíamos callados, hasta que vinieron a por nosotros, y ya conocéis el resto del poema.
Carecíamos de cultura de defensa de los derechos humanos. Insensibles a la tortura, los castigos físicos a los niños, mujeres, a los débiles, etc. (Lo mismo que un importante sector de la izquierda mundial). Irán es el primer país que ejecuta a menores (la ley islámica considera adultas a las niñas a los 9 años y a los chicos a los 15). En la actualidad unos 130 niños están en el corredor de la muerte. No se trata de la cultura del país. El adulterio, hoy castigado con la lapidación, en la época del Sha no era un delito, sino un asunto de la pareja. Lo mismo que la homosexualidad. (Ver http://www.iranrights.org/english/document-289-681.php)
Los nuevos hombres que tomaron el poder eran antiguos excluidos sociales. Gentes arrancadas de su clase que paseaban por el limbo se apuntaron al partido del poder. Confundimos al lumpenproletariado con los trabajadores, por su aspecto. Sin duda es recomendable la lectura de “El 18 brumario de Luis Bonaparte” de Marx, para saber quiénes componen este grupo social y cómo actúan.
Entre 1980 y 1983 cerraron las universidades para hacer una “Revolución cultural” (de nuevo ideas de izquierda), expulsaron a miles de estudiantes, otros tanto detenidos y ejecutados. En su lugar entraron los basiyies y los guardianes islámicos, los familiares de los mártires de la guerra (como Ahmadineyad) sin pasar por la selectividad.
Nos callamos ante la discriminación legal de las minorías étnicas y religiosas del país (que son el 60% de la población) que les impide el acceso a los puestos de la administración y a ejercer sus tradiciones y cultos. Acusarlos de separatistas lo único que ha hecho es empujar a una parte de ellos a colaborar en las operaciones encubiertas de Israel y EE.UU. en el territorio iraní.
No captamos los peligros del aumento del poder político y social de los Guardianes Islámicos y sus decenas de brazos paramilitares en tareas de escuchas y vigilancia de los ciudadanos, utilizando masivamente a los mutilados de la guerra. Quizás los confundimos con el papel progresista que jugaron los militares en el nacionalismo árabe.
Aceptamos, sin la lucha que se merecería, la conversión de la mujer en un subgénero en las leyes que aprobaron, despojándolas de todos los derechos conseguidos durante décadas, como bajar la edad nupcial de los 18 años que era, a los 8 (legalizando la pedofilia), convertirla en una menor de edad que siempre necesita el permiso de un varón hasta para salir de casa, ¡en un país donde las dos terceras parte de los científicos son mujeres!
Nuestra política era “apoyar y criticar” a la RI. Sin embargo ella utilizaba nuestro “apoyo” para cubrirse de legitimidad en la escena interna pero sobre todo en la internacional, y ni caso a las críticas.
En 1983 ya sabíamos que todo estaba perdido, aquello ya era un régimen totalitario de corte fascista. Los cuadros se preparaban para regresar a la clandestinidad. Pero ya era tarde.
La revolución había sido secuestrada por una ultraderecha disfrazada religiosamente. En los años 90, la RI se parecía asombrosamente al nacionalcatolicismo sostenida por unos tribunales que imitan las funciones de la inquisición cristiana, y aplican la pedagogía del terror.
Con la revolución del 79 Irán mantuvo su estatus de potencia regional, esta vez no sometido a EE.UU., sino en coordinación con él.
Con la RI, los iraníes no solo no consiguieron libertades políticas ni una redistribución justa de los recursos del país, sino que además perdieron hasta las libertades personales –como elegir la indumentaria, su color-.
A pesar que aun suena en los oídos el discurso de los islamistas cuando tomaron el poder, en el que prometían agua y luz gratuitas para toda la población, mientras manejan el gobierno más rico de la historia de Irán en cuya caja ha entrado en los dos últimos años unos 120.000 millones de dólares gracias al oro negro. El aumento del déficit público ha arrojado al 25% de la población por debajo del umbral de la pobreza, según el ministerio de Bienestar Social.
Aun así en Irán (país que no es pobre), la principal exigencia de quienes protestan es la separación entre la religión y el poder. Creen que un gobierno laico pondría fin al desastre económico, la arbitrariedad, la discriminación entre los géneros, tendrá mejores relaciones con el mundo exterior, lo cual se traduce en inversiones, mejora económica y libertad. Cada año unos 170.000 iraníes titulados universitarios salen del país para no regresar.
¿Cuándo dejamos de apoyar a la RI?
Justo cuando nos atacaron. En febrero del 1983, los domicilios de miles de militantes y simpatizantes del PTI, así como 54 miembros de la dirección del partido fueron asaltados (www.tudehpartyiran.org/TN-207.pdf). Las inimaginables torturas a las que fueron sometidos los dirigentes (muchos mayores de 70 años) y cuadros del partido es otro capítulo de la oscura relación de la RI con los servicios de inteligencia británicos. (Mirad mi artículo http://blogs.publico.es/puntoyseguido/124/egipto-iran-%C2%BFhay-paralelismo/)
Hoy frente a los islamismos, y en concreto frente a la RI, la izquierda latinoamericana y europea repiten los errores que cometimos los comunistas iraníes.
Es hora de que miren con atención los acontecimientos que suceden en esta parte del mundo y empiecen a apoyar a las fuerzas progresistas y laicas. El Islam debe regresar al terreno personal de la vida del creyente, que cumpla su función espiritual y deje la política para los partidos políticos. La religión ya es un poder, cuando además ostenta el poder político, simplemente es una catástrofe.
El objetivo de este texto es exponer los motivos que llevaron a un sector importante de los comunistas iraníes, sobre todo al Partido Tudeh de Irán, a apoyar a la República Islámica (RI) y las razones que causaron la retirada de ese apoyo y llevaron a organizar su derrocamiento.
(Estas apreciaciones son un punto de vista personal)
(Estas apreciaciones son un punto de vista personal)
La repercusión de las protestas que ocurrieron en Irán bajo el nombre de “Movimiento Verde” (MV) en junio de 2009 pusieron de manifiesto las discrepancias dentro de la izquierda a nivel mundial en cuanto a su visión acerca de los movimientos islamistas, en el poder o en la oposición.
Un importante sector de la izquierda europea y latinoamericana dejó solos entonces a millones de iraníes que se echaron a las calles pidiendo unas elecciones limpias dentro del propio marco de la RI. Todavía acusan al Movimiento Verde de ser otro montaje de EE.UU. como sus revoluciones de colores en el espacio exsoviético.
¿Tenían esos compañeros suficiente información para llegar a una conclusión tan grave? Fueron (son) varios los motivos de este tipo de posicionamiento:
* Un maniqueísmo cuasi religioso que divide el mundo entre los “pro y los contra” estadounidenses. Se espera a que Washington adopte su postura en un asunto para colocarse enfrente, rebajando así el análisis científico del marxismo y la dialéctica de observar los acontecimientos en toda su complejidad al nivel del suelo. Así, si EE.UU. está en contra de la Revolución Islámica, ésta es progresista y quienes luchan contra ella están a sueldo del Mossad y la CIA.
* Otros consideran que la República Islámica es un contrapeso de Israel en la zona y no hay que debilitarla. Ignoran que Irán y Estados Unidos comparten el gobierno chií del Irak ocupado y, en parte, el de Afganistán. Y aunque fuera como dicen, una cosa son las alianzas estratégicas (incluso con el mismísimo diablo) y otra bien distinta confundir a la audiencia y denominarlas progresistas
* Niegan que en Irán o en otro país “amigo” haya lucha de clases. Como si por arte de magia ésta se hubiera paralizado, o debería paralizarse, por el bien de la paz (?) regional. En Irán todos los partidos políticos y sindicatos están prohibidos. ¿Representan los ayatolás y los militares los intereses de los trabajadores? ¿Dónde están las enseñanzas del marxismo sobre la independencia de la postura de los comunistas?
* Que fuesen los jóvenes (que además de universitarios vestían “a la occidental” en vez de ir en chanclas) y no los desharrapados quienes encabezaban las protestas, fortalecía todavía más la idea de la conspiración de la clase media y alta contra el gobierno de los desheredados. Otro de los pecados del MV fue el uso de la tecnología moderna para convocar las protestas. ¡Qué extraño que ahora nadie cuestione este punto en las rebeliones de los países árabes!
Desconocen que la mayoría de la población de Irán es menor de 30 años y que casi el 65% de los universitarios son mujeres. Irán es el primer país de Oriente Medio (OM) que consiguió tener un parlamento y una constitución, en 1911, tras la Revolución Constitucional (1906). La modernidad está presente en Irán. El resto lo hacen su milenaria civilización preislámica, la racionalidad y la idea de la justicia introducida en el Islam desde el chiísmo. Es un país en el que el 8 de marzo se celebraba desde 1921 y tuvo el partido comunista más fuerte de Asia por el apoyo popular. Por eso Irán fue la vanguardia de la lucha (en la región) contra la dictadura secular del Sha en 1979 y contra el totalitarismo religioso y por los derechos de la ciudadanía en 2005. Las singularidades de la historia de Irán y su compleja sociedad moderna imposibilitan que acepte el gobierno de una teocracia militar oscurantista y corrupta que legaliza la tortura y aplica la pena de muerte por una veintena de pecados y delitos (incluso a los niños de 15 años), lapida y corta manos y pies bajo la Ley de Talión. Ni en la Edad Media iraní hubo tanta barbarie.
* La debilidad y la pasividad de las fuerzas de la izquierda han llevado a ésta a buscar desesperadamente otra fuerza, la islamista, para que luche por ella contra el imperialismo. Espejismo total. Los talibanes, además de aliados tradicionales de los colonialistas británicos y franceses, y ahora de los estadounidenses, son más reaccionarios que la derecha laica de sus países. (Lean la historia de los Hermanos Musulmanes, por ejemplo, y su colaboración con los nazis).
Algunos analistas, en su amor incondicional hacia los islamismos, han llegado a tergiversar la realidad para justificar su postura. Thierry Meyssan negaba la existencia de la ley de lapidación en el código penal de la RI (ver mi artículo (www.nazaninamirian.es/?p=4739www.nazaninamirian.es/?p=4739) y otro, para denunciar al racista gobierno israelí, llegó a alabar a la RI como el paraíso de las minorías religiosas, donde “viven 25.000 judíos”, la mayor comunidad judía de Oriente Medio, después de Israel. No sabía que en 1978 había cerca de 100.000 hebreos en Irán y que unos 75.000 han abandonado el país (igual que otros 5 millones de personas en el mayor éxodo de la historia del país); o que muchos bahaies (fe que nació como una reforma del chiísmo a finales del siglo XIX), solo por serlo, han sido ejecutados, expulsados de sus trabajos y universidades y sus casas se han confiscado. Nos decía la propaganda que el templo bahaí estaba en Israel, sinónimo de que millones de sus fieles eran la quinta columna de Netanyahu. Ocultaban que su templo fue construido en Palestina y no en Israel, y aunque así fuera, nada justificaba el dolo que sufrieron estas personas. Ahora siete de ellos pueden ser ahorcados en cualquier momento.
Es incomprensible su trato benévolo hacia los dirigentes islamistas comparado con la actitud hacia la iglesia católica o los rabinos judíos. Escriben, por ejemplo, del abuso sobre menores por parte de miles de curas, pero nada sobre estos mismos delitos si los cometen religiosos musulmanes que legitiman el matrimonio con niñas de 6 u 8 años por mandato de Dios. Los libros sagrados de las tres religiones tienen el mismo contenido, sus sacerdotes la misma actitud con respecto a los problemas sociales y su solución, y su base social es la misma en general (mirad la fuerza de la iglesia en América Latina).
La RI tiene apoyo popular. Vale, pero lo tiene en un sector, como lo tuvieron, incluso más amplio, el nacionalsocialismo alemán o el nacionalcatolicismo de Franco. Esto no le confiere legitimidad ni la convierte en progresista.
El régimen de Irán es una de tantas formas de fascismo, sistemas que al contrario de las dictaduras, que se apoyan en las élites, crean una base social. Conviene volver a estudiar la composición de las masas que formaron las camisas pardas, los faccios, etc.
En Irán, con la guerra contra Irak (1980-88) y la paralización de la actividad industrial y agrícola, millones de jóvenes sólo encontraron trabajo en las instituciones militares, paramilitares, de seguridad y religiosas promovidas por el régimen. (Para conocer cómo fue este proceso y a qué clase representa el régimen actual, ver mis dos libros “Entre coronas y turbantes”, editorial Flor del viento, y “Afganistán, Irak e Irán” de lengua de Trapo)
La postura de los comunistas con respecto a la RI:
El Partido Tudeh de Irán (PTI), decidió apoyar al ayatolá Jomeini, a finales de 1978, tras importantes discrepancias en el Comité Central (en el exilio desde 1953) que terminaron con el cese del mítico Secretario General Iraj Eskandari (1907-1985), contrario a la defensa de los islamistas, y su sustitución por el gran estratega Nureddin Kianuri (1915-1999), nieto de un ayatolá, con una postura contraria que defendió hasta la muerte, basada en “alcanzar el socialismo, previo paso por la revolución nacional-democrática”, que a nuestro pesar caía en manos del clérigo.
Hay que recordar que la totalidad de las fuerzas democráticas de Irán (desde los musulmanes reformistas hasta la totalidad de la izquierda –maoísta, anarquista, marxista-leninista, trotskista, etc.-, los partidos nacionalistas kurdos y azerbaiyano), consideran que hoy la RI es un totalitarismo religioso, profundamente reaccionario y retrógrado, cuyas acciones en la región justifican la militarización de Oriente Medio y potencian las opciones no progresistas en los países donde tiene influencia. La principal discrepancia entre ellas consiste en determinar la fecha en la que la RI dejó de ser progresista. ¡Fechas arbitrarias que suelen situarse en el momento en que dichas fuerzas fueron atacadas por la RI, no antes!
Factores determinantes del apoyo del PTI a la RI:
* El desconocimiento acerca del Islam y el Islam político. Era la primera vez que la casta clerical chií tomaba el poder. Que el Corán estuviera escrito en árabe imposibilitaba el acceso directo a su contenido a los estudiosos. Tampoco conocíamos la Sharia que luego fue introducida en el código penal y civil, o no sabíamos de qué se trataba.
* La caída del Sha y la ausencia de una alternativa democrática a su régimen, por la durísima represión ejercida por aquel déspota durante décadas, no dejaba otra alternativa. Pensábamos que un régimen peor que el del Sha era imposible. Pero sí fue posible.
* Las promesas de Ayatolá Jomeini, desde Paris, de respetar las libertades políticas, incluyendo la del partido comunista (entrevista con Eric Rouleau de Le Monde) y también los derechos conquistados por las mujeres en la era del Sha (entrevista con Oriana Fallaci para Corriere della Sera), y de que no las envolvería en el chador ni les aplicaría las leyes de hacía 14 siglos. Una vez en el poder, nos dimos cuenta de que había recurrido a taghiyya (disimulo, mentira), legitimado por el chiísmo para salvarse cuando se ven en situaciones de peligro, algo parecido a las “reservatis mentalis” de los jesuitas.
* Los islamistas recogieron las consignas de la izquierda (libertad, independencia y justicia social), a las que añadían un adjetivo “islámico”. Sobre la marcha entenderemos que la justicia islámica no era otra que la ley de castigos islámicos plasmada en el código penal aprobado en el 1982, donde la justicia es sinónimo de castigo físico, acompañada por el pago de limosna y otras fórmulas religiosas para mantener la pobreza. O que la libertad era para el “Partido de Dios”, Hizbulá (no confundirlo con el libanés), por ser el único partido mencionado en el libro sagrado. La terminología socialista que usaban, como "el Islam pertenece a los oprimidos, no a los opresores", ocultaba que los “oprimidos” en el libro sagrado son los perseguidos por su fe y no los trabajadores. ¡Importante matiz teórico! La misma constitución islámica divide a los ciudadanos en fieles y no fieles (condenados a muerte, de forma automática), musulmanes y no musulmanes, mujeres y hombres, todos desiguales ante la ley. La presidencia y los altos cargos, por ejemplo, están reservados sólo para varones, chiíes y fieles al jefe del Estado. Intentábamos no recordar que Jomeini fue enviado al exilio en 1964 por su oposición a dos reformas del Sha: otorgar el derecho al voto a la mujer y la "desamortización" de las tierras de los terratenientes y de la jerarquía chií.
* Los islamistas, de todas formas, iban a tomar el poder y no precisamente por el apoyo interior, ya que aparecieron meses después del inicio de las revueltas que estaban organizadas por la izquierda musulmana y marxista (atención a la postura ambigua de los Hermanos Musulmanes durante las revueltas egipcias). En el otoño del 78 empezaron a aparecer furgonetas que repartían chadores entre las manifestantes y nos obligaban separarnos de los varones. Las consignas ya se volvieron religiosas. Fue en 2005, y tras la publicación de los documentos de la cumbre del G4, celebrada en la isla Guadalupe en enero del 1978 (http://www.irdiplomacy.ir/index.php?Lang=fa&Page=26&DWritingId=155&Action=DWritingBodyView) cuando conocimos las negociaciones entre Sadegh Ghotbzadeh, la mano derecha de Jomeini (fue ejecutado dos años después en Irán, acusado de ser agente de la CIA) con Jimmy Carter y Giscard d'Estaing, quienes le ofrecieron su apoyo a cambio de impedir la influencia de los comunistas y de la Unión Soviética en el nuevo régimen. También menciona este acuerdo el secretario de prensa de la Casa Blanca, Pierre Salinger, en su libro America Held Hostage by Iran (http://www.ir-psri.com/Show.php?Page=ViewArticle&ArticleID=171). Así Washington creaba un cinturón verde (color del Islam) alrededor de la URSS. Lo hizo con Pakistán, con Afganistán y ahora con Irán.
La RI de Jomeini mantenía relaciones secretas con EE.UU. Lo supimos tras la revelación del acuerdo de Reagan con Irán para no liberar a los rehenes de EE.UU. en su embajada en Teherán en 1980, para derrotar a Carter; también en 1987 salió el escándalo Irán-contra, que señalaba las relaciones ocultas entre Irán, Israel y EE.UU. Las dictaduras de los países musulmanes siempre se han llevado mejor con los republicanos de EE.UU. que con los demócratas. No les gusta esa bandera de “derechos humanos” que llevaba Carter.
Lo que buscaban (y buscan) Israel y EE.UU. era el debilitamiento de Irán como potencia regional, y no iban contra la RI. Allí nos confundimos. Política que forma parte de la doctrina de “doble contención” (la de Irak e Irán a beneficio de Israel). Derrocaron a su aliado Saddam con el objetivo de eliminar al rival de Israel en la zona; luego tocaba reducir a Irán, independientemente de quien lo gobernase. Saddam no era antiestadounidense.
El odio hacia "el comunismo que es el ateísmo" es lo que ha unido a los islamistas con los colonialistas y el imperialismo. Igual que el nacionalcatolicismo de Franco. En el Islam no hay peor pecado que ser ateo, mientras que un banquero (cuya propiedad es sagrada) y un obrero pueden rezar al mismo Dios.
No nos dimos cuenta del fortísimo carácter anticomunista y antisocialista de los clérigos más allá de sus discursos cuando están en la oposición.
Reivindican su independencia con respecto a otras potencias, para no tener que responder de sus actos ante ninguna institución. De hecho la RI no reconoce ningún tratado internacional sobre los derechos de la mujer, la infancia y los trabajadores.
Aun sin la injerencia de EE.UU. e Israel, desde la plataforma de hoy, creo que la contrarrevolución –compuesta por los miembros del antiguo régimen y los oportunistas y reaccionarios recién llegados al poder-, abortó la revolución desde su inicio. Esto se refleja en la Constitución, en la composición del régimen y en sus actos. Pero, aun así, queríamos intentar el giro de la revolución a la derecha.
Desde el Tudeh se dio prioridad absoluta a la lucha antiestadounidense; fue quizás una de las consecuencias de la Guerra Fría y la amistad que le unía a la URSS. Todo lo demás se podría sacrificar en aras de esta batalla.
En la dirección del Tudeh existía la idea de que el Ayatolá era una persona honesta y de que se podría influir sobre sus decisiones a favor del pueblo. Una ingenuidad absoluta con respecto a un sacerdote mayor, fanático y fundamentalista que pretendía instalar un sistema político a semejanza de Mahoma en Irán. No habíamos leído todavía su principal libro "Tozih-ol-Masael (Hace años lo vi traducido al castellano). Sencillamente denigrante.
Separábamos el sector jomeinista de la derecha reaccionaria (religiosa o no). Se nos escapó prestar atención a los cambios que sufrió el propio Jomeini después de la toma del poder.
Por miedo a caer en el “izquierdismo” en un país musulmán, confundimos el respeto a las creencias de las masas con la aceptación del programa retrógrado político-religioso-social de los sacerdotes. Es otro de los errores que comete la izquierda europea y latinoamericana. Hay muchas citas de Marx, Engels y Lenin manipuladas al respecto en los foros.
Jomeini en 1982 al aprobar “La ley de los que entran en guerra con Dios» creó el fundamento de un estado policial. Cualquier crítica se consideraba “guerra contra Dios”.
Permitimos que prohibieran los sindicatos independientes, el derecho a la huelga, a la manifestación, etc. Impedíamos huelgas de obreros -que habían esperado muchos decenios para que los atendieran-, porque “debilitaban la revolución”, “hacían el juego al enemigo” (como si importase quién te oprime). Les despojamos de su única arma. Miles fueron detenidos, cientos ejecutados.
Pensábamos que el ayatolá Jomeini, honesto, evitaría la corrupción (nacida del aumento espectacular de precio del petróleo). ¿Cómo es posible, si no había ningún órgano del control popular sobre la gestión de quienes sólo admitían el control de Alá?
Los islamistas pueden ser anticapitalistas en la medida en que este sistema perjudica a las estructuras precapitalistas de sus sociedades y daña su influencia y poder. Dijeron que la propiedad era sagrada, y que iban a restaurar la sencilla economía del bazar, el feudalismo… como si esto fuera posible en un país como Irán. (Más información sobre la base económica de la RI en mi libro “Irak, Afganistán e Irán”).
Su oposición a la injerencia extranjera era, principalmente, para impedir la influencia de la modernidad que dañaba el poder del clero y para conservar las estructuras tradicionales. Irán es su “feudo” en el sentido amplio de la palabra y un laboratorio donde poner en práctica lo aprendido en las escuelas teológicas y de la comunidad tribal que dirigió Mahoma, en Arabia en el siglo VI, en un Irán no árabe, capitalista y con lazos con el mundo en progreso.
A pesar de ver ya por dónde iban sus políticas, no podíamos discutirlas en un congreso. Seguíamos en un estado semiclandestino. La velocidad de la marcha de los acontecimientos (la toma de la embajada de EE.UU., la invasión de Irak, la declaración de la lucha armada por parte de distintos grupos) hacían imposible una reflexión reposada sobre lo que estaba ocurriendo.
Las amenazas de una agresión militar de EEUU paralela a la de Irak (1980-88) otorgaba la prioridad de la defensa a la patria sobre la lucha por la democracia. Tampoco sabíamos entonces las razones de la negativa de la RI a la petición de paz de Saddam en 1981. “La guerra es la gracia de Dios” dijo Jomeini, y la alargó siete años más (con cientos de miles de muertos y millones de mutilados). Bajo la cortina de humo de la guerra patriótica, la ultraderecha religiosa tomó el poder, aplastó a todas las fuerzas políticas, sindicales, feministas, estudiantiles, detuvo a decenas de miles de activistas de todos los colores, los torturó y los ejecutó. En 1988 ya habían fusilado a unos 15.000 activistas. Fue cuando el ayatolá Montazeri, el sucesor de Jomeini, renunció y empezó a luchar contra él (ver mi artículo “Teología islámica de liberación” http://www.nazaninamirian.es/?p=30).
Aceptamos el sacrificio de las libertades a cambio de mejorar la situación de los pobres. ¡Esta visión atropella el abecé del marxismo y su lucha de clases! Los trabajadores necesitan los partidos comunistas y los sindicatos para defender sus derechos. Nadie más lo va a hacer por ellos.
La política económica de la RI era desconcertante: construyó carreteras, viviendas, hospitales en las zonas rurales, mientras destruía a la clase media del país. Repartía la pobreza y no la riqueza, a la vez que se lucraban con la inflación y la especulación propias de las guerras y el aumento del pecio del petróleo y convertía a los receptores de estas ayudas en su brazo militar-religioso.
Las luchas internas de la propia RI, así como atentados oscuros que eliminaron a los pensadores y políticos progresistas chiíes como los ayatolás Beheshti y Taleghani, contrarios a la figura Velayet-e faghih (gobierno del docto islámico, una especie de Califa con los poderes de un monarca absolutista) aumentó el balance del poder a favor de los derechistas. El hecho de que de repente Jomeini instaurase ese cargo -inexistente en el Islam- y a su beneficio, fue un signo de la contrarrevolución, y a pesar de criticarla no advertimos el peligro que suponía para la vida política del país. Hasta los propios ayatolás, entre ellos el ayatolá Kazemini Boroujerdi, que lleva en prisión desde 2006, criticaron el abuso del Islam por parte del régimen y pedían la separación entre la religión y el Estado. Un abuso, que entre otros factores eliminó el poso de las singularidades de la cultura persa que convirtió a la sociedad iraní en la más secular del Oriente Medio. Consecuencia de que esté la religión en el poder.
No pudo crear la sociedad feliz y devota (confundió un gran país situado en el mundo real con una tribu pequeña) y decidió realizar una profunda restauración religiosa prohibiendo la música, el baile, el arte, las fiestas milenarias persas, los colores vivos, hasta crearon leyes que multan reír en la calle o besarse en el propio domicilio. Un talibanismo antes de que los talibanes tomaran el poder en
Afganistán, significa que hay una visión compartida entre los islamistas, que bebe de la Sharia.
Tuvo un papel primordial el ejercicio de una violencia despiadada, aunque astutamente dividido en etapas. Primero fueron a por los monárquicos (y nosotros no protestamos), luego a por los bahaíes, muyahidines del pueblo (grupo islamista que reclamaba parte del poder), y la izquierda radical, luego las organizaciones musulmanas progresistas… y nosotros seguíamos callados, hasta que vinieron a por nosotros, y ya conocéis el resto del poema.
Carecíamos de cultura de defensa de los derechos humanos. Insensibles a la tortura, los castigos físicos a los niños, mujeres, a los débiles, etc. (Lo mismo que un importante sector de la izquierda mundial). Irán es el primer país que ejecuta a menores (la ley islámica considera adultas a las niñas a los 9 años y a los chicos a los 15). En la actualidad unos 130 niños están en el corredor de la muerte. No se trata de la cultura del país. El adulterio, hoy castigado con la lapidación, en la época del Sha no era un delito, sino un asunto de la pareja. Lo mismo que la homosexualidad. (Ver http://www.iranrights.org/english/document-289-681.php)
Los nuevos hombres que tomaron el poder eran antiguos excluidos sociales. Gentes arrancadas de su clase que paseaban por el limbo se apuntaron al partido del poder. Confundimos al lumpenproletariado con los trabajadores, por su aspecto. Sin duda es recomendable la lectura de “El 18 brumario de Luis Bonaparte” de Marx, para saber quiénes componen este grupo social y cómo actúan.
Entre 1980 y 1983 cerraron las universidades para hacer una “Revolución cultural” (de nuevo ideas de izquierda), expulsaron a miles de estudiantes, otros tanto detenidos y ejecutados. En su lugar entraron los basiyies y los guardianes islámicos, los familiares de los mártires de la guerra (como Ahmadineyad) sin pasar por la selectividad.
Nos callamos ante la discriminación legal de las minorías étnicas y religiosas del país (que son el 60% de la población) que les impide el acceso a los puestos de la administración y a ejercer sus tradiciones y cultos. Acusarlos de separatistas lo único que ha hecho es empujar a una parte de ellos a colaborar en las operaciones encubiertas de Israel y EE.UU. en el territorio iraní.
No captamos los peligros del aumento del poder político y social de los Guardianes Islámicos y sus decenas de brazos paramilitares en tareas de escuchas y vigilancia de los ciudadanos, utilizando masivamente a los mutilados de la guerra. Quizás los confundimos con el papel progresista que jugaron los militares en el nacionalismo árabe.
Aceptamos, sin la lucha que se merecería, la conversión de la mujer en un subgénero en las leyes que aprobaron, despojándolas de todos los derechos conseguidos durante décadas, como bajar la edad nupcial de los 18 años que era, a los 8 (legalizando la pedofilia), convertirla en una menor de edad que siempre necesita el permiso de un varón hasta para salir de casa, ¡en un país donde las dos terceras parte de los científicos son mujeres!
Nuestra política era “apoyar y criticar” a la RI. Sin embargo ella utilizaba nuestro “apoyo” para cubrirse de legitimidad en la escena interna pero sobre todo en la internacional, y ni caso a las críticas.
En 1983 ya sabíamos que todo estaba perdido, aquello ya era un régimen totalitario de corte fascista. Los cuadros se preparaban para regresar a la clandestinidad. Pero ya era tarde.
La revolución había sido secuestrada por una ultraderecha disfrazada religiosamente. En los años 90, la RI se parecía asombrosamente al nacionalcatolicismo sostenida por unos tribunales que imitan las funciones de la inquisición cristiana, y aplican la pedagogía del terror.
Con la revolución del 79 Irán mantuvo su estatus de potencia regional, esta vez no sometido a EE.UU., sino en coordinación con él.
Con la RI, los iraníes no solo no consiguieron libertades políticas ni una redistribución justa de los recursos del país, sino que además perdieron hasta las libertades personales –como elegir la indumentaria, su color-.
A pesar que aun suena en los oídos el discurso de los islamistas cuando tomaron el poder, en el que prometían agua y luz gratuitas para toda la población, mientras manejan el gobierno más rico de la historia de Irán en cuya caja ha entrado en los dos últimos años unos 120.000 millones de dólares gracias al oro negro. El aumento del déficit público ha arrojado al 25% de la población por debajo del umbral de la pobreza, según el ministerio de Bienestar Social.
Aun así en Irán (país que no es pobre), la principal exigencia de quienes protestan es la separación entre la religión y el poder. Creen que un gobierno laico pondría fin al desastre económico, la arbitrariedad, la discriminación entre los géneros, tendrá mejores relaciones con el mundo exterior, lo cual se traduce en inversiones, mejora económica y libertad. Cada año unos 170.000 iraníes titulados universitarios salen del país para no regresar.
¿Cuándo dejamos de apoyar a la RI?
Justo cuando nos atacaron. En febrero del 1983, los domicilios de miles de militantes y simpatizantes del PTI, así como 54 miembros de la dirección del partido fueron asaltados (www.tudehpartyiran.org/TN-207.pdf). Las inimaginables torturas a las que fueron sometidos los dirigentes (muchos mayores de 70 años) y cuadros del partido es otro capítulo de la oscura relación de la RI con los servicios de inteligencia británicos. (Mirad mi artículo http://blogs.publico.es/puntoyseguido/124/egipto-iran-%C2%BFhay-paralelismo/)
Hoy frente a los islamismos, y en concreto frente a la RI, la izquierda latinoamericana y europea repiten los errores que cometimos los comunistas iraníes.
Es hora de que miren con atención los acontecimientos que suceden en esta parte del mundo y empiecen a apoyar a las fuerzas progresistas y laicas. El Islam debe regresar al terreno personal de la vida del creyente, que cumpla su función espiritual y deje la política para los partidos políticos. La religión ya es un poder, cuando además ostenta el poder político, simplemente es una catástrofe.
Entre Fernando Pessoa y la Revolución de los Claveles
Por Víctor Montoya
En julio de 1987 viajé a Portugal, con la intención de ver el proceso electoral que se venía desarrollando entre bombos y platillos. Cuando llegué a Lisboa, la ciudad blanca y cuna de conquistadores, me sorprendió ver una caravana de personas vestidas de naranja, cubiertas de pegatinas con el retrato de Aníbal Covaco Silva y agitando frenéticamente las banderas del Partido Social Demócrata (PSD).
Mientras era conducido al hotel, en medio del caos del tráfico, ante mis ojos cruzaban camionetas cargadas de megáfonos que hacían vivas a sus candidatos entre un estruendo de voces y bocinas. En las avenidas principales, la propaganda proselitista estaba dividida casi en partes iguales entre los carteles naranjas del PSD y los emblemas blanco-azules de la Coalición Democrática Unitaria (CDU), encabezada por el Partido Comunista Portugués (PCP).
La ciudad, que parecía nacida del abrazo del Tajo y el mar, desparramada por las siete colinas que dominan las aguas del mar de la Paja, tenía la fachada leprosa y los pavimentos agujereados. Esta capital, que antes olía a jazmín y canela, a sardinas asadas a la brasa y a café recién tostado, no olía más que a tubos de escape y gases de automóviles, y, por las tardes, cuando los cubos de basura salían a la calle, se observaba incluso a personas que buscaban su comida entre los desperdicios como aves de rapiña.
Todos los días, cuando el resplandor rosáceo de los rayos del sol anunciaba el ocaso, unas escalinatas y un laberinto de calles empinadas me conducían a los barrios típicos de Alfama, la Mauraria y el Barrio Alto; uno de los más pintorescos del casco antiguo de la ciudad, y hasta cuya cima se debía ascender por medio de un funicular en el que cabían pocas personas. Todo esfuerzo valía la pena si se quería degustar un buen plato de gambas con piri-piri cerca de la ventana de un restaurante que permitiera contemplar las aguas glaucas del mar y ver el aire salpicado de gaviotas.
Por las noches, como todo visitante ansioso por vivir y revivir las emociones más vibrantes de la ciudad, recorría las callejuelas de Alfama. De las ventanas salían jirones de música potuguesa o africana y de las puertas actores entrados en años. En medio de la calle habían hombres ataviados de negro, invitando a los transeúntes a pasar la noche en una especie de peña folklórica llamada “fado”, donde los portugueses ofrecían un espectáculo de su tristeza y su tragedia, a través de una viola acompañada de un canto desgarrado y melancólico. Además, en este barrio de vida nocturna, al igual que en el centro comercial de Baixa, que está entre la plaza del Rocío y la del Comercio, daba la impresión de haberse instalado el lujo en medio de la pobreza.
Tras los pasos de Fernando Pessoa
Queda claro que estando en Lisboa se hace necesario recorrer por las mismas calles que transitó Fernando Pessoa, un hombre enigmático y de heterónimos diversos, que de día ejercía como traductor, más exactamente como «corresponsal extranjero de casas comerciales», y de noche escribía poesía, una poesía que se desdoblaba en varios autores ficticios, como cuando un niño juega a su gusto y capricho con los personajes creados por las aventuras de su imaginación.
Aunque sus biógrafos coinciden en señalar que era partidario de un nacionalismo místico, del que debía ser abolida toda infiltración católico-romano, tenía divergencias con las ideas comunistas y simpatizaba con el orden monárquico de una nación, pues consideraba que el sistema monárquico sería el más apropiado para un país como Portugal, que en ese entonces tenía bajo su control a colonias allende los mares. Sin embargo, de haberse dado un plebiscito para elegir entre un regímen monárquico y un Estado republicano, él estaba dispuesto a votar a favor de la República.
Seguir las huellas de Pessoa en Lisboa, es seguir los pasos de uno de los escritores más grandes de la lengua portuguesa, aunque él se despidió del mundo sin haber visto publicada la mayor parte de su obra literaria, que sigue siendo motivo de análisis y controversias. Murió a los escasos 47 años de edad debido a afecciones hepáticas, asociadas a una cirrosis provocada por el excesivo consumo de “Águia Real”, un aguardiente que hoy se bebe tanto como la poesía de quien lo hizo famoso. Por eso los aficionados a su obra y al alcohol, están casi obligados a echarse unas copas de “Águia Real” a su paso por las calles donde estuvo el poeta como un fantasma enfundado en un traje oscuro, abrigo, sombrero y gafas.
Caminar por las calles de Chiado, que es una de las zonas más tradicionales de la ciudad, entre el Barrio Alto y la Baixa, es respirar y escuchar los versos de los poetas que frecuentaron los bares y restaurantes de este barrio a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. De todos ellos, Fernando Pessoa es quien más huellas ha dejado en las aceras. Por eso no es casual que, con el transcurso del tiempo, se le haya erigido una estatua de bronce hoy situada en la calle Garrett, cerca del “Largo do Chiado”, donde sus admiradores y admiradoras pueden verlo sentado en su silla preferida, luciendo sus 1,73 m de altura, con la pierna cruzada y la mano apoyada sobre la mesa, como quien espera con insoportable paciencia la copa que solicitó alejado de los quitasoles y consciente de que “ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación”.
La “Revolución de los Claveles”
En abril de 1974, bajo la luz pálida de un amanecer, se derrumbó a la dictadura fascista más vieja del Viejo Mundo, en menos de 24 horas y bajo la dirección de 200 capitanes, marcados por la experiencia de la guerra colonial.
Era de esperarse, pues ya a finales de la década de los ‘60, el régimen dictatorial se aisló y anquilosó, en un mundo occidental en plena efervescencia social e intelectual. Entretanto en sus viejas colonias, como Mozambique y Angola, arrastradas por los movimientos de descolonización, habían estallado en revueltas desde principios de la década y obligaban a Portugal a mantener por la fuerza de las armas el imperio portugués que estaba instalado en el imaginario de los ideólogos del régimen. De ahí que el país se vio abocado a invertir grandes esfuerzos en una guerra colonial de pacificación, actitud que contrastaba con el resto de potencias coloniales que trataban de asegurarse la salida del continente africano de la mejor manera posible.
Mientras esto sucedía en las colonias, en la capital portuguesa se abrían las alamedas para el triunfo de la revolución de abril; una sublevación armada en la cual no corrió sangre y que fue bautizada casi inmediatamente como la “Revolución de los Claveles”, gracias a una mujer anónima que, pertrechada de la flor de temporada, regaló un ramo de claveles a los soldados que tomaban posición en las calles de Lisboa. Horas más tarde, los millones de claves, que llegaron de los huertos y los campos aledaños a la ciudad, fueron puestos en el cañón de los fusiles, en los ojales de las camisas, en los jarros, cubos y latas. Así, la revolución de abril encontró su bandera en las manos de una mujer que, besando y abrazando a los soldados, distribuyó claveles en lugar de pitillos y cerillas.
En la madrugada del 26 de abril, la Junta de Salvación Nacional aparece en las pantallas de la televisión. En su primer mensaje, la Junta habla ya de la creación de una Asamblea Constituyente, de la celebración de elecciones y de la devolución del poder a los civiles. El pueblo festejó tres días y tres noches el fin de la dictadura y el desplome de un imperio de siglos en África. La alegría popular no cesó en las calles y el 1 de mayo, autorizado por primera vez, fue el punto culminante de la revolución esperada. Los dirigentes políticos de la oposición retornaron del exilio y los aliados del Dictador Oliveira Salazar abandonaron el país, seguidos por los empresarios privados.
Durante veinte meses, los portugueses vivieron la borrachera revolucionaria. Los campesinos tomaron las tierras y los obreros ocuparon las fábricas. Los grandes capitalistas huyeron con el dinero a cuestas y los esbirros de la dictadura fueron juzgados. La banca y las empresas transnacionales cayeron a golpes de nacionalización; en otras palabras, se liquidó en poco tiempo el latifundio y el capitalismo monopolista de Estado. Con todo, el Portugal, que producía vagones para el Metro de Chicago, grúas para el puerto de Nueva York y equipaba los teléfonos de Bahreim, seguía siendo un país subdesarrollado como cualquiera de África o América Latina.
Portugal nunca fue una potencia, ni antes ni después de la revolución de abril. Siempre mantuvo a una enorme burocracia parásita que vivía a costa del Estado, y a una clase media que se modernizaba por fuera pero no por dentro. Portugal era un país que importaba la mitad de los alimentos que consumía, aunque uno de cada cuatro habitantes trabajaba en la agricultura.
Sin embargo, nadie duda de que este país crecido a orillas del mar, desde donde un puñado de aventureros se lanzaron a conquistar África y América, haya sido en otrora un gran imperio, pero al mismo tiempo una colonia; primero de los ingleses y después de las transnacionales. Ahora bien, lo extraño no estriba en que Portugal siga siendo un país capitalista atrasado y dependiente, sino en que ese movimiento militar iniciado por los capitanes rebeldes, al son de una canción popular prohibida por el régimen dictatorial, haya desembocado en un proceso contrarrevolucionario. Primero, porque eliminó del escenario político al carismático teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho; y, segundo, porque el pueblo se volvió a dividir en dos bloques que representan dos modelos distintos de sociedad: la socialista y la capitalista.
Salir a las calles de Lisboa en julio de 1987, era como salir a experimentar una confusa convulsión social, donde nadie entendía a nadie. En las plazas miles de personas organizaban mítines para respaldar a sus respectivos candidatos; claro está, en medio de una agitación vocinglera. La caravana que acompañaba el coche del candidato socialdemócrata, Aníbal Cavaco Silva, iba rodeado de jóvenes embanderados en una ola de color naranja, mientras el candidato del Partido Socialista (PS), Víctor Constancio, caminaba seguido por una camioneta, desde la cual coreaban sus partidarios: “¡Constancio va a pie y no en un coche blindado!”. Cuando el líder socialista ingresó a la plaza, abriéndose paso entre la multitud, algunas de sus admiradoras se le abalanzaron queriendo besarle en la mejilla mientras otros intentaban mirarle de cerca y estrecharle la mano. Y, entre vozarrones que ensordecían a cualquier humano, Constancio levantó el puño y prometió: “No nos aliaremos con el Partido Socialdemócrata ni negociaremos con el Partido Comunista”.
En medio de este alboroto organizado, el Partido Comunista, dirigido por Álvaro Cunhal desde 1961, fue la única fuerza de izquierda capaz de retener un poco el vendaval de la derecha, con una actitud militante y eficaz. Al cierre de las urnas, se conocía ya la irresistible ascensión al poder de los socialdemócratas, con más del cincuenta por ciento de los votos. Este triunfo histórico de la derecha, que por primera vez obtuvo la mayoría desde la conquista de la democracia en 1974, implicaba el entierro definitivo de la “Revolución de los Claveles”, la estrepitosa derrota del Partido Renovador Democrático (PRD), del general Antonio Ramalho Eanes, y un jaque peligroso para la oposición de izquierda, dividida entre socialistas y comunistas.
Años después de aquel bullicio electoral, donde los partidarios de Cavaco Silva apoyaron el modelo de modernización marcado por el liberalismo económico, los portugueses han vuelto a su silenciosa rutina, las contradicciones de clase se han polarizado, las empresas capitalistas han vuelto a retomar el control de la economía nacional y, lo que es lamentable, la “Revolución de los Claveles” no es más que un viejo recuerdo, como tantas otras que se marchitaron antes de alcanzar su florecimiento total.
Noticias vienen, noticias van
En noviembre de 1987, a tres meses de mi retorno a Estocolmo, el teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho, símbolo de la “Revolución de los Claveles”, fue condenado a 15 años de prisión, por un tribunal que lo declaró culpable de sedición contra las instituciones del Estado.
En las fotografías de la prensa se lo veía sentado dentro de una jaula de cristal y de hierro, en tanto el tribunal declaraba que la organización clandestina denominada Fuerza Revolucionaria, fundadas y comandada por él, se dedicó a realizar “actos voluntarios y violencia armada”, como atentados con explosivos, atracos y atentados personales contra empresarios y agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. El tribunal también consideró que la organización defendía el uso de la violencia para impedir un eventual golpe fascista e instaurar el poder popular por vía de la insurrección armada.
El encarcelamiento de este militar carismático, que devolvió la democracia en Portugal y la independencia en Mozambique (colonia donde nació en 1936), dividió a los portugueses en partidarios y adversarios de la tesis de culpabilidad o inocencia. Los que estaban a favor dijeron que el proceso judicial contra él era un proceso político contra la “Revolución de los Claveles”, en tanto los más reaccionarios e institucionalistas dijeron que había que condenarlo a cadena perpetua por terrorista de extrema izquierda. Cuando en realidad, este hombre que fue el estratega del golpe de Estado que volteó a la dictadura fascista, debía haber sido considerado un héroe no sólo para Portugal sino también para todo el mundo. No en vano Saraiva de Carvalho fue homenajeado por Fidel Castro en persona, el 26 de julio de 1975; ocasión en la cual el mandatario cubano consideró al carismático líder militar "un héroe de la revolución portuguesa contra el fascismo, el imperialismo y la reacción".
De todos modos, Saravia de Carvalho pasó varios años haciendo rayitas en las paredes de su celda, como quien ha perdido toda esperanza de transformarse en el Fidel Castro portugués y en el protagonista de un proceso histórico que empezó con él y que acabó arrojándolo a la cárcel, como si hubiese sido estrangulado por la misma criatura que él vio nacer. Por suerte, como todo tiene su solución en esta vida, gracias a su condición de héroe del 25 de abril, se formó un amplio movimiento popular en demanda de su indulto, a consecuencia de lo cual se abrevió notoriamente su condena y el presidente Mário Soares le otorgó la amnistía en 1996, aun sabiendo que Saraiva de Carvalho seguiría siendo un puntal de referencia para la izquierda alternativa en Portugal, porque quien nació un día para vocear las aspiraciones populares, voceando muere otro día.
En julio de 1987 viajé a Portugal, con la intención de ver el proceso electoral que se venía desarrollando entre bombos y platillos. Cuando llegué a Lisboa, la ciudad blanca y cuna de conquistadores, me sorprendió ver una caravana de personas vestidas de naranja, cubiertas de pegatinas con el retrato de Aníbal Covaco Silva y agitando frenéticamente las banderas del Partido Social Demócrata (PSD).
Mientras era conducido al hotel, en medio del caos del tráfico, ante mis ojos cruzaban camionetas cargadas de megáfonos que hacían vivas a sus candidatos entre un estruendo de voces y bocinas. En las avenidas principales, la propaganda proselitista estaba dividida casi en partes iguales entre los carteles naranjas del PSD y los emblemas blanco-azules de la Coalición Democrática Unitaria (CDU), encabezada por el Partido Comunista Portugués (PCP).
La ciudad, que parecía nacida del abrazo del Tajo y el mar, desparramada por las siete colinas que dominan las aguas del mar de la Paja, tenía la fachada leprosa y los pavimentos agujereados. Esta capital, que antes olía a jazmín y canela, a sardinas asadas a la brasa y a café recién tostado, no olía más que a tubos de escape y gases de automóviles, y, por las tardes, cuando los cubos de basura salían a la calle, se observaba incluso a personas que buscaban su comida entre los desperdicios como aves de rapiña.
Todos los días, cuando el resplandor rosáceo de los rayos del sol anunciaba el ocaso, unas escalinatas y un laberinto de calles empinadas me conducían a los barrios típicos de Alfama, la Mauraria y el Barrio Alto; uno de los más pintorescos del casco antiguo de la ciudad, y hasta cuya cima se debía ascender por medio de un funicular en el que cabían pocas personas. Todo esfuerzo valía la pena si se quería degustar un buen plato de gambas con piri-piri cerca de la ventana de un restaurante que permitiera contemplar las aguas glaucas del mar y ver el aire salpicado de gaviotas.
Por las noches, como todo visitante ansioso por vivir y revivir las emociones más vibrantes de la ciudad, recorría las callejuelas de Alfama. De las ventanas salían jirones de música potuguesa o africana y de las puertas actores entrados en años. En medio de la calle habían hombres ataviados de negro, invitando a los transeúntes a pasar la noche en una especie de peña folklórica llamada “fado”, donde los portugueses ofrecían un espectáculo de su tristeza y su tragedia, a través de una viola acompañada de un canto desgarrado y melancólico. Además, en este barrio de vida nocturna, al igual que en el centro comercial de Baixa, que está entre la plaza del Rocío y la del Comercio, daba la impresión de haberse instalado el lujo en medio de la pobreza.
Tras los pasos de Fernando Pessoa
Queda claro que estando en Lisboa se hace necesario recorrer por las mismas calles que transitó Fernando Pessoa, un hombre enigmático y de heterónimos diversos, que de día ejercía como traductor, más exactamente como «corresponsal extranjero de casas comerciales», y de noche escribía poesía, una poesía que se desdoblaba en varios autores ficticios, como cuando un niño juega a su gusto y capricho con los personajes creados por las aventuras de su imaginación.
Aunque sus biógrafos coinciden en señalar que era partidario de un nacionalismo místico, del que debía ser abolida toda infiltración católico-romano, tenía divergencias con las ideas comunistas y simpatizaba con el orden monárquico de una nación, pues consideraba que el sistema monárquico sería el más apropiado para un país como Portugal, que en ese entonces tenía bajo su control a colonias allende los mares. Sin embargo, de haberse dado un plebiscito para elegir entre un regímen monárquico y un Estado republicano, él estaba dispuesto a votar a favor de la República.
Seguir las huellas de Pessoa en Lisboa, es seguir los pasos de uno de los escritores más grandes de la lengua portuguesa, aunque él se despidió del mundo sin haber visto publicada la mayor parte de su obra literaria, que sigue siendo motivo de análisis y controversias. Murió a los escasos 47 años de edad debido a afecciones hepáticas, asociadas a una cirrosis provocada por el excesivo consumo de “Águia Real”, un aguardiente que hoy se bebe tanto como la poesía de quien lo hizo famoso. Por eso los aficionados a su obra y al alcohol, están casi obligados a echarse unas copas de “Águia Real” a su paso por las calles donde estuvo el poeta como un fantasma enfundado en un traje oscuro, abrigo, sombrero y gafas.
Caminar por las calles de Chiado, que es una de las zonas más tradicionales de la ciudad, entre el Barrio Alto y la Baixa, es respirar y escuchar los versos de los poetas que frecuentaron los bares y restaurantes de este barrio a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. De todos ellos, Fernando Pessoa es quien más huellas ha dejado en las aceras. Por eso no es casual que, con el transcurso del tiempo, se le haya erigido una estatua de bronce hoy situada en la calle Garrett, cerca del “Largo do Chiado”, donde sus admiradores y admiradoras pueden verlo sentado en su silla preferida, luciendo sus 1,73 m de altura, con la pierna cruzada y la mano apoyada sobre la mesa, como quien espera con insoportable paciencia la copa que solicitó alejado de los quitasoles y consciente de que “ser poeta o escritor no constituye una profesión, sino una vocación”.
La “Revolución de los Claveles”
En abril de 1974, bajo la luz pálida de un amanecer, se derrumbó a la dictadura fascista más vieja del Viejo Mundo, en menos de 24 horas y bajo la dirección de 200 capitanes, marcados por la experiencia de la guerra colonial.
Era de esperarse, pues ya a finales de la década de los ‘60, el régimen dictatorial se aisló y anquilosó, en un mundo occidental en plena efervescencia social e intelectual. Entretanto en sus viejas colonias, como Mozambique y Angola, arrastradas por los movimientos de descolonización, habían estallado en revueltas desde principios de la década y obligaban a Portugal a mantener por la fuerza de las armas el imperio portugués que estaba instalado en el imaginario de los ideólogos del régimen. De ahí que el país se vio abocado a invertir grandes esfuerzos en una guerra colonial de pacificación, actitud que contrastaba con el resto de potencias coloniales que trataban de asegurarse la salida del continente africano de la mejor manera posible.
Mientras esto sucedía en las colonias, en la capital portuguesa se abrían las alamedas para el triunfo de la revolución de abril; una sublevación armada en la cual no corrió sangre y que fue bautizada casi inmediatamente como la “Revolución de los Claveles”, gracias a una mujer anónima que, pertrechada de la flor de temporada, regaló un ramo de claveles a los soldados que tomaban posición en las calles de Lisboa. Horas más tarde, los millones de claves, que llegaron de los huertos y los campos aledaños a la ciudad, fueron puestos en el cañón de los fusiles, en los ojales de las camisas, en los jarros, cubos y latas. Así, la revolución de abril encontró su bandera en las manos de una mujer que, besando y abrazando a los soldados, distribuyó claveles en lugar de pitillos y cerillas.
En la madrugada del 26 de abril, la Junta de Salvación Nacional aparece en las pantallas de la televisión. En su primer mensaje, la Junta habla ya de la creación de una Asamblea Constituyente, de la celebración de elecciones y de la devolución del poder a los civiles. El pueblo festejó tres días y tres noches el fin de la dictadura y el desplome de un imperio de siglos en África. La alegría popular no cesó en las calles y el 1 de mayo, autorizado por primera vez, fue el punto culminante de la revolución esperada. Los dirigentes políticos de la oposición retornaron del exilio y los aliados del Dictador Oliveira Salazar abandonaron el país, seguidos por los empresarios privados.
Durante veinte meses, los portugueses vivieron la borrachera revolucionaria. Los campesinos tomaron las tierras y los obreros ocuparon las fábricas. Los grandes capitalistas huyeron con el dinero a cuestas y los esbirros de la dictadura fueron juzgados. La banca y las empresas transnacionales cayeron a golpes de nacionalización; en otras palabras, se liquidó en poco tiempo el latifundio y el capitalismo monopolista de Estado. Con todo, el Portugal, que producía vagones para el Metro de Chicago, grúas para el puerto de Nueva York y equipaba los teléfonos de Bahreim, seguía siendo un país subdesarrollado como cualquiera de África o América Latina.
Portugal nunca fue una potencia, ni antes ni después de la revolución de abril. Siempre mantuvo a una enorme burocracia parásita que vivía a costa del Estado, y a una clase media que se modernizaba por fuera pero no por dentro. Portugal era un país que importaba la mitad de los alimentos que consumía, aunque uno de cada cuatro habitantes trabajaba en la agricultura.
Sin embargo, nadie duda de que este país crecido a orillas del mar, desde donde un puñado de aventureros se lanzaron a conquistar África y América, haya sido en otrora un gran imperio, pero al mismo tiempo una colonia; primero de los ingleses y después de las transnacionales. Ahora bien, lo extraño no estriba en que Portugal siga siendo un país capitalista atrasado y dependiente, sino en que ese movimiento militar iniciado por los capitanes rebeldes, al son de una canción popular prohibida por el régimen dictatorial, haya desembocado en un proceso contrarrevolucionario. Primero, porque eliminó del escenario político al carismático teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho; y, segundo, porque el pueblo se volvió a dividir en dos bloques que representan dos modelos distintos de sociedad: la socialista y la capitalista.
Salir a las calles de Lisboa en julio de 1987, era como salir a experimentar una confusa convulsión social, donde nadie entendía a nadie. En las plazas miles de personas organizaban mítines para respaldar a sus respectivos candidatos; claro está, en medio de una agitación vocinglera. La caravana que acompañaba el coche del candidato socialdemócrata, Aníbal Cavaco Silva, iba rodeado de jóvenes embanderados en una ola de color naranja, mientras el candidato del Partido Socialista (PS), Víctor Constancio, caminaba seguido por una camioneta, desde la cual coreaban sus partidarios: “¡Constancio va a pie y no en un coche blindado!”. Cuando el líder socialista ingresó a la plaza, abriéndose paso entre la multitud, algunas de sus admiradoras se le abalanzaron queriendo besarle en la mejilla mientras otros intentaban mirarle de cerca y estrecharle la mano. Y, entre vozarrones que ensordecían a cualquier humano, Constancio levantó el puño y prometió: “No nos aliaremos con el Partido Socialdemócrata ni negociaremos con el Partido Comunista”.
En medio de este alboroto organizado, el Partido Comunista, dirigido por Álvaro Cunhal desde 1961, fue la única fuerza de izquierda capaz de retener un poco el vendaval de la derecha, con una actitud militante y eficaz. Al cierre de las urnas, se conocía ya la irresistible ascensión al poder de los socialdemócratas, con más del cincuenta por ciento de los votos. Este triunfo histórico de la derecha, que por primera vez obtuvo la mayoría desde la conquista de la democracia en 1974, implicaba el entierro definitivo de la “Revolución de los Claveles”, la estrepitosa derrota del Partido Renovador Democrático (PRD), del general Antonio Ramalho Eanes, y un jaque peligroso para la oposición de izquierda, dividida entre socialistas y comunistas.
Años después de aquel bullicio electoral, donde los partidarios de Cavaco Silva apoyaron el modelo de modernización marcado por el liberalismo económico, los portugueses han vuelto a su silenciosa rutina, las contradicciones de clase se han polarizado, las empresas capitalistas han vuelto a retomar el control de la economía nacional y, lo que es lamentable, la “Revolución de los Claveles” no es más que un viejo recuerdo, como tantas otras que se marchitaron antes de alcanzar su florecimiento total.
Noticias vienen, noticias van
En noviembre de 1987, a tres meses de mi retorno a Estocolmo, el teniente coronel Otelo Saraiva de Carvalho, símbolo de la “Revolución de los Claveles”, fue condenado a 15 años de prisión, por un tribunal que lo declaró culpable de sedición contra las instituciones del Estado.
En las fotografías de la prensa se lo veía sentado dentro de una jaula de cristal y de hierro, en tanto el tribunal declaraba que la organización clandestina denominada Fuerza Revolucionaria, fundadas y comandada por él, se dedicó a realizar “actos voluntarios y violencia armada”, como atentados con explosivos, atracos y atentados personales contra empresarios y agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. El tribunal también consideró que la organización defendía el uso de la violencia para impedir un eventual golpe fascista e instaurar el poder popular por vía de la insurrección armada.
El encarcelamiento de este militar carismático, que devolvió la democracia en Portugal y la independencia en Mozambique (colonia donde nació en 1936), dividió a los portugueses en partidarios y adversarios de la tesis de culpabilidad o inocencia. Los que estaban a favor dijeron que el proceso judicial contra él era un proceso político contra la “Revolución de los Claveles”, en tanto los más reaccionarios e institucionalistas dijeron que había que condenarlo a cadena perpetua por terrorista de extrema izquierda. Cuando en realidad, este hombre que fue el estratega del golpe de Estado que volteó a la dictadura fascista, debía haber sido considerado un héroe no sólo para Portugal sino también para todo el mundo. No en vano Saraiva de Carvalho fue homenajeado por Fidel Castro en persona, el 26 de julio de 1975; ocasión en la cual el mandatario cubano consideró al carismático líder militar "un héroe de la revolución portuguesa contra el fascismo, el imperialismo y la reacción".
De todos modos, Saravia de Carvalho pasó varios años haciendo rayitas en las paredes de su celda, como quien ha perdido toda esperanza de transformarse en el Fidel Castro portugués y en el protagonista de un proceso histórico que empezó con él y que acabó arrojándolo a la cárcel, como si hubiese sido estrangulado por la misma criatura que él vio nacer. Por suerte, como todo tiene su solución en esta vida, gracias a su condición de héroe del 25 de abril, se formó un amplio movimiento popular en demanda de su indulto, a consecuencia de lo cual se abrevió notoriamente su condena y el presidente Mário Soares le otorgó la amnistía en 1996, aun sabiendo que Saraiva de Carvalho seguiría siendo un puntal de referencia para la izquierda alternativa en Portugal, porque quien nació un día para vocear las aspiraciones populares, voceando muere otro día.
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