lunes, 30 de agosto de 2010
Comunicado N° 1 Comité Regional de la Huelga General
El Comité Regional de la Huelga General integrado por: la Confederación Unitaria de Trabajadores de Honduras (CUTH), la Confederación de Trabajadores de Honduras (CTH), la Central General de Trabajadores (CGT) la Colectiva de Mujeres Hondureñas CODEMUH, el Bloque Popular, Coordinadora de Sindicatos Bananeros (COSIBA), estudiantes de secundaria y universitarios, representantes de otras instancias del pueblo hondureño, todas Miembras del FNRP, ante la problemática de violación a los derechos humanos/laborales y de género como ser: La manifiesta negativa del régimen de Porfirio Lobo Sosa de decretar el ajuste al salario mínimo y el propósito de aprobar vía decreto legislativo el “Plan Nacional Solidario de Empleo Anticrisis”, la indiferencia frente a la lucha del magisterio en defensa de la Educación Pública, recuperar sus ahorros que tenían en INPREMA para jubilación, que fueron saqueados por las y los golpistas, y en contra de la “Ley de Inversiones Pública Privada”. Planteamos lo siguiente:
1. Rechazamos la Ley Reguladora del Régimen de Participación Público Privada, por ser una iniciativa de privatización de los servicios públicos.
2. Exigimos a Porfirio Lobo Sosa el ajuste al salario mínimo con carácter retroactivo, que por ley tuvo que haber aprobado el 31 de diciembre, debiendo aplicarse a partir del 1 de enero y a la fecha no lo ha hecho efectivo. Para nadie es desconocido el elevado costo de la canasta básica y el incremento económico en materia de salud, educación y de todo lo que necesita el pueblo para sobrevivir, lo que representa un desequilibrio comparado con los ingresos de la población trabajadora, poniendo en precario la salud y la vida de las familias empobrecidas de este país; situación que se agudiza en el sector de la industria maquiladora donde las obreras y los obreros sobreviven con L.121.32 diarios, quienes no reciben el ajuste al salario mínimo desde hace tres años. También respaldamos la demanda de los empleados públicos en su lucha por un justo incremento salarial.
3. Rechazamos enérgicamente el “Plan Nacional Solidario de Empleos Anticrisis” porque de ser aprobado legalizara las violaciones a la legislación Nacional, a la Constitución de la República, el Código del Trabajo, Convenios y Tratados Internacionales, y la población trabajadora perderá todos los derechos laborales contemplados en la ley laboral. No desconocemos el problema de desempleo que existe en nuestro país, lo que no es culpa de los trabajadores y las trabajadoras, sino de una empresa privada sin iniciativa de desarrollo, y de gobiernos que a lo único que se dedican es a explotar a la clase trabajadora para obtener sus fabulosas ganancias a costa de hundir al pueblo en la miseria para que acepte cualquier trabajo aun en condiciones precarias para poder sobrevivir.
El Plan Anticrisis o trabajo temporal y a medio tiempo terminará con la estabilidad laboral, con los derechos a la organización Sindical y a cualquier otra forma de organización que luche verdaderamente por los derechos de la clase trabajadora, con el pago de Vacaciones, aguinaldo, al descaso por maternidad, el pago de los feriados y del séptimo día, el preaviso, el auxilio de cesantía, entre otros, derechos obtenidos a través de la lucha de la clase trabajadora desde hace 56 años, producto de la Huelga General de 1954, por lo tanto dejamos claro que no permitiremos que nos quiten nuestras conquistas.
4. Denunciamos y repudiamos la represión que ejerce el régimen de Porfirio Lobo Sosa en contra del sector magisterial; nos solidarizamos y les brindamos nuestro apoyo incondicional en la lucha por la defensa del derecho a la Educación Pública y la estabilidad financiera del INPREMA, institución a la que los golpistas que manejan el estado hondureño le saquearon más de 4,200 millones de lempiras que las maestras y maestros ahorran el 7% de su salario mensual para su jubilación. Reconocemos en la educación pública un instrumento fundamental de desarrollo social y nos preocupa la amenaza que presenta el anteproyecto de Ley General de Educación, que está en el pleno del Congreso Nacional para ser aprobada, la que restringe la educación pública para la juventud hasta los 15 años de edad, decisión discriminatoria a todas luces, ya que por razones económicas muchas veces no tienen acceso a la educación en su niñez, además con dicha ley la juventud solamente tendrá derecho a estudiar en los colegios públicos hasta el plan básico y para estudiar su carrera tendrán que pagar en colegios privados, lo que se vuelve imposible para las personas pobres. Por eso la lucha contra la privatización de la educación es responsabilidad de todo el pueblo y no solamente de las maestras y los maestros.
5. Exigimos al régimen de Porfirio Lobo Sosa cese la represión, el hostigamiento y una pronta solución del conflicto del sector campesino, especialmente de las compañeras y los compañeros del MUCA.
6. Denunciamos al régimen de Porfirio Lobo por el retroceso de los derechos de las mujeres y la indiferencia ante el incremente de los Femicidios, solamente en los primeros seis meses de su régimen han sido asesinadas con saña 168 mujeres, estadística oficial del Ministerio Público, sin que las instancias responsables de aplicar justicia hayan movido un dedo para investigar quienes son los culpables y aplicar la ley. Exigimos una verdadera investigación y castigo para los asesinos.
Convocamos a TODAS LAS ORGANIZACIONES del movimiento popular Y AL PUEBLO EN GENERAL a integrarse a la gran HUELGA GENERAL en defensa de nuestros sagrados derechos conquistados en luchas históricas. Para este gran acontecimiento estamos en la etapa preparatoria, ya organizamos el Comité de Huelga Central, además de los comités de huelga a nivel de las zonas Norte, Central, Sur y los comités de organizaciones de base.
¡URGE LA HUELGA GENERAL!
A más golpes, la huelga gneral es la respuesta
Editorial FNRP El Progreso 26 de agosto 2010
El régimen de Pepe Lobo, continuador del proyecto golpista, sigue fiel a los propósitos esenciales que motivaron la defenestración de Manuel Zelaya Rosales: Rompimiento del débil orden institucional para favorecer el incremento de los beneficios de los grupos patrocinadores del golpe.
Después de 14 meses de aquel inaudito acontecimiento las acciones de los asaltantes de Casa Presidencial dejan claro para qué se embarcaron en una aventura que la historia ya juzgaba como cosa del pasado.
Al saqueo que se ha hecho a las instituciones de previsión social, como ocurre con los más de 4 mil millones de lempiras en INPREMA, se suma la utilización de los fondos de las empresas del estado más allá de la capacidad financiera de las mismas, la aprobación de leyes que niegan los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, a la vez que se emiten otras para que unos pocos empresarios se apropien de los recursos financieros del estado y exploten indiscriminadamente los recursos naturales en perjuicio de la población.
Así vemos cómo a 22 días de una intensa lucha del magisterio aun no hay acuerdos concluyentes, por lo que este gremio incrementa sus acciones de presión y ha dejado claro que no volverá a las aulas sin antes obtener resultados satisfactorios en la mesa del dialogo.
El avance del proyecto golpista ha dejado otra evidencia con la aprobación de la Ley de Inversión Público Privada que viabiliza la privatización de los servicios públicos más esenciales, acentúa la precarización de las condiciones de trabajo y los niveles de saqueo de las finanzas públicas, así como la explotación de los recursos naturales y propicia que un alto porcentaje de la inversión bajo esta modalidad corresponderá al estado, dejando a la empresa privada la administración de esos recursos y quedarse con la ganancia.
Esa actitud rapaz de los golpistas ha llegado al descaro de haber iniciado la noche de ayer la aprobación de 47 proyectos de generación de energía eléctrica sin tomar en cuenta los daños que ocasionarán a las comunidades establecidas en los lugares donde se establecerán estos proyectos. Esto demuestra que a quienes promovieron el golpe y ahora sacan provecho de él, no les importa en lo más mínimo la situación de las comunidades empobrecidas, sino únicamente obtener el mayor lucro posible. Estos proyectos si fuesen concebidos para impulsar el desarrollo humano, involucrarían a los propios pueblos y evitarían los daños que se derivarán de la forma como se están impulsando, servirían para generar riqueza a favor de esas comunidades y no la mayor pobreza como ya se advierte que ocurrirá.
También anoche se decía que los diputados se aprestaban a derogar el Decreto N° 18 de 2008 que tibiamente permitía una solución favorable al reclamo de tierra de los campesinos que desde hace muchos años esperan que se les haga justicia. Tal decisión responde a la exigencia de los terratenientes que ilegítimamente han acaparado grandes extensiones de tierra y que así demuestran estar dispuestos a utilizar en su favor el control que tienen de los órganos del estado.
De manera que estamos ante un panorama de abierta violación a nuestros derechos y el empleo indiscriminado de la represión como respuesta a nuestros reclamos, frente a lo cual sólo nos queda incorporarnos con decisión a la Huelga General que está por convocarse.
Los quiebra vértebras y su estrategia anti-magisterial
Por Fabricio Estrada
La base del magisterio es la clave del asunto, y el golpismo lo sabe. La base del magisterio es la más extendida, la más combativa y eficiente organización democrática que existe en Honduras y, su dirigencia, es expresión negociadora, representación de sus aspiraciones. Y el golpismo lo sabe.
La dirigencia del magisterio está siendo atacada como una pinza envolvente que busca cortar su centro de mando: la base, es decir, el golpismo sabe perfectamente que separando a la dirigencia de su base puede presionar hasta lograr un acuerdo satisfactorio.
La dirigencia no puede negociar por decisión espontánea dentro de la mesa de negociaciones. Toda propuesta pasa por la asamblea general que valida si o no lo que se traiga de las negociaciones. Nunca el magisterio funciona al revés, y el golpismo lo sabe,por eso ataca a la base para meterle presión a la dirigencia negociadora, ataca a la base para que no haya tiempo que la dirigencia lleve a validar acuerdos en medio del caos, en medio del desalojo, es decir, atacan con fuerza para que la base no tenga dónde reunirse (por eso quisieron desalojarlos de su centro comando: la UPN).
El golpismo ataca con extrema brutalidad para que la dirigencia se ablande y rompa el ciclo acostumbrado de su accionar con la base. Es la única via que tienen ante sí dado el óptimo acto reflejo con que interactúan bases y dirigencia.
Pepe Lobo ha recibido instrucción directa de expertos disociadores del imperio y crea el caos para desorientar a la dirigencia. No se detendrán.
Honduras: boletín de un día de guerra contra los maestros
Por Ida Garberi
Es difícil saber por dónde empezar a denunciar todos los heridos y los detenidos, todas las violaciones de los derechos humanos, a pesar de que sabemos que hay un solo culpable, el presidente de facto Porfirio Lobo.
Para hacer “visible” el ambiente en torno a la Universidad Pedagógica, denunciamos muchas manchas de sangre en el piso, la policía disparó balas de verdad contra la multitud, golpeó salvajemente con toletes a los maestros cuando salían asfixiados de la universidad por granadas de gas lacrimógeno.
Denunciamos la presunta complicidad de las instituciones del Estado: un coche Ford Runner gris, con placa PPJ9117 disparó balas reales contra los profesores y… ¡resultó ser propiedad del Congreso Nacional!
Denunciamos una vez más un centro ilegal de detención de la policía de tránsito de la colonia (barrio) Kennedy, donde se lavan las pruebas de los presos heridos, para quitar la sangre del cuerpo y cambiar la ropa manchada y rota.
Denunciamos que hay maestros secuestrados dentro de la Universidad, están rodeados por la policía e intoxicados por el gas y no pueden ser atendidos.
Denunciamos que en la Plaza Democracia, frente a la Casa Presidencial, fueron detenidos, golpeados y secuestrados tres profesores durante tres horas: Dagoberto Espinal, José María Andino y Germán de Jesús Maldonado.
¿Desde cuándo un estacionamiento de la residencia presidencial es un centro de detención???????
Los tres profesores fueron liberados y hospitalizados en Hospimed gracias a la labor paciente y puntual de la coordinadora del COFADEH, Bertha Oliva y su equipo, quienes también obtuvieron la liberación de Nelson Díaz Milla, Néstor Alemán y Juan Ramón Márquez, quienes fueron detenidos y heridos por la ferocidad de la policía en la colonia (barrio) Kennedy.
Todos los detenidos son heridos e intoxicados.
La intoxicación más grave es la de una niña de 12 años, Jesy Reyes, quien es atendida en la Universidad por la Cruz Roja.
Otro muchacho muy joven, Randal Pineda, que pasaba en la calle y no tenía nada que ver con la Asamblea, fue brutalmente arrastrado a una patrulla y secuestrado durante unas horas en el Core-7.
Sergio Coca y Juan Miguel Ramos están hospitalizados en Hospimed después de recibir golpes inhumanos con toletes policiales.
Entonces... .. un mensaje para la comunidad internacional: ¿¿¿quien realmente puede creer que este gobierno es de reconciliación y que el país está volviendo lentamente a la normalidad tras el golpe de estado cívico-militar?????
Dejo la respuesta obvia a la conciencia de cada uno.
MUCA: ‘No nos vamos a quedar de brazos cruzados’ ante la indiferencia del gobierno
Adital
Por Giorgio Trucchi. *
El asesinato de tres miembros del Movimiento Unificado Campesino del Aguán (MUCA) el pasado 17 de agosto y el incumplimiento de varios puntos del Convenio firmado con el gobierno, hicieron nuevamente crecer la tensión en el Bajo Aguán. La organización campesina denuncia el silencio del gobierno y la estrategia dilatoria y represiva de los latifundistas productores de palma africana. Advierte que la paciencia se está acabando.
"La represión nunca ha terminado en el Bajo Aguán. La Policía y los guardias privados del terrateniente y productor palmero Miguel Facussé, siguen hostigándonos y atentando contra nuestras vidas", denunció a Sirel el directivo del MUCA Matías Valle.
Víctor Manuel Mata Oliva , Sergio Magdiel Amaya y Rodving Omar Villegas, de 40, 18 y 14 años respectivamente, fueron ultimados de varios disparos el pasado 17 de agosto.
Pertenecían al asentamiento La Aurora, donde en junio pasado fue salvajamente torturado y asesinado otro miembro del MUCA, el joven Oscar Geovanny Ramírez, de 17 años.
Vidas jóvenes segadas para siempre, en medio de un conflicto agrario y de un modelo productivo, el de la palma africana y de los monocultivos en general, que engendra pobreza, destrucción ambiental y que enriquece a unos pocos.
Una campaña de terror que en ocho meses ha dejado un saldo de diez campesinos asesinados, más de 200 juicios en contra de miembros del MUCA, y una situación de violencia y hostigamiento que la firma del Acta de Compromiso con el gobierno no ha detenido.
De acuerdo con un comunicado emitido recientemente por FIAN Honduras*, el Acta firmada con el gobierno prevé "mantener un entorno respetuoso de los derechos humanos".
Sin embargo, "los campesinos están bajo incertidumbre permanente", no sólo por las agresiones, la posibilidad de ser asesinados, las órdenes de captura y el riesgo de desalojo, sino también "por la precariedad en la que se encuentran junto con sus familias", explica el documento.
"De las 3 mil hectáreas ya cultivadas con palma africana sólo nos entregaron 1.700, y ya se venció el plazo para que se nos entregaran las otras 3 mil no cultivadas -explicó Valle-.
Tampoco se realizó el informe jurídico sobre la compra-venta de las tierras por parte de los terratenientes. Es decir, hay una reiterada violación de los acuerdos.
El que manda aquí es Miguel Facussé. Quiere cobrar una cantidad exagerada de dinero por las tierras y sigue con una campaña mediática y represiva contra nuestro movimiento. Y el gobierno no hace nada", dijo el directivo del MUCA.
Quieren derogar el Decreto 18-2008
La ya grave situación que se vive en el Bajo Aguán podría ahora extenderse al resto del país. Miles de campesinos marcharon el pasado 26 de agosto en defensa del Decreto 18-2008.
Con ese decreto aprobado por el Congreso durante el gobierno de Manuel Zelaya, se pretendía legalizar las tierras en manos de campesinos y resolver el delicado problema de la mora agraria.
Sin embargo, ante las presiones de la empresa privada, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) estaría a punto de derogarlo.
"La amenaza de la derogación del Decreto 18-2008 va en sentido contrario a la solución del conflicto agrario hondureño, al impedir la distribución equitativa de los recursos y con ello, de la superación de la pobreza.
Al mismo tiempo - explica FIAN Honduras en su comunicado- se incentivan las tomas de tierra como única salida frente a la inexistencia de políticas públicas".
Ante esta situación, el MUCA aclaró que no se va a quedar de brazos cruzados.
"Nos vamos a movilizar juntos con todo el movimiento campesino. Vamos a defender ese decreto hasta las útimas consecuencias. Si nos toca derramar nuestra sangre, lo vamos a hacer, porque lo que está en juego es el alimento para nuestras familias", advirtió Valle.
María Gutiérrez, secretaria de Vigilancia del MUCA, y Matías Valle remarcaron la importancia de la solidaridad internacional.
"Esa solidaridad permitió que se conociera nuestra lucha y nos dio más fuerza. Ya no nos sentimos solos, y le agradecemos a la UITA por el respaldo que nos ha brindado.
Es importante -continuaron los miembros del MUCA- que los ojos del mundo sigan puestos en el Bajo Aguán y en Honduras. Sin presión internacional, estos bárbaros someterían a todo el mundo.
No podemos permitir que sigan cercenando nuestro derecho a la tierra. Vamos a seguir presionando para que se cumpla lo acordado y a planear acciones futuras", concluyeron.
* Rel-UITA (Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines)
Por Giorgio Trucchi. *
El asesinato de tres miembros del Movimiento Unificado Campesino del Aguán (MUCA) el pasado 17 de agosto y el incumplimiento de varios puntos del Convenio firmado con el gobierno, hicieron nuevamente crecer la tensión en el Bajo Aguán. La organización campesina denuncia el silencio del gobierno y la estrategia dilatoria y represiva de los latifundistas productores de palma africana. Advierte que la paciencia se está acabando.
"La represión nunca ha terminado en el Bajo Aguán. La Policía y los guardias privados del terrateniente y productor palmero Miguel Facussé, siguen hostigándonos y atentando contra nuestras vidas", denunció a Sirel el directivo del MUCA Matías Valle.
Víctor Manuel Mata Oliva , Sergio Magdiel Amaya y Rodving Omar Villegas, de 40, 18 y 14 años respectivamente, fueron ultimados de varios disparos el pasado 17 de agosto.
Pertenecían al asentamiento La Aurora, donde en junio pasado fue salvajamente torturado y asesinado otro miembro del MUCA, el joven Oscar Geovanny Ramírez, de 17 años.
Vidas jóvenes segadas para siempre, en medio de un conflicto agrario y de un modelo productivo, el de la palma africana y de los monocultivos en general, que engendra pobreza, destrucción ambiental y que enriquece a unos pocos.
Una campaña de terror que en ocho meses ha dejado un saldo de diez campesinos asesinados, más de 200 juicios en contra de miembros del MUCA, y una situación de violencia y hostigamiento que la firma del Acta de Compromiso con el gobierno no ha detenido.
De acuerdo con un comunicado emitido recientemente por FIAN Honduras*, el Acta firmada con el gobierno prevé "mantener un entorno respetuoso de los derechos humanos".
Sin embargo, "los campesinos están bajo incertidumbre permanente", no sólo por las agresiones, la posibilidad de ser asesinados, las órdenes de captura y el riesgo de desalojo, sino también "por la precariedad en la que se encuentran junto con sus familias", explica el documento.
"De las 3 mil hectáreas ya cultivadas con palma africana sólo nos entregaron 1.700, y ya se venció el plazo para que se nos entregaran las otras 3 mil no cultivadas -explicó Valle-.
Tampoco se realizó el informe jurídico sobre la compra-venta de las tierras por parte de los terratenientes. Es decir, hay una reiterada violación de los acuerdos.
El que manda aquí es Miguel Facussé. Quiere cobrar una cantidad exagerada de dinero por las tierras y sigue con una campaña mediática y represiva contra nuestro movimiento. Y el gobierno no hace nada", dijo el directivo del MUCA.
Quieren derogar el Decreto 18-2008
La ya grave situación que se vive en el Bajo Aguán podría ahora extenderse al resto del país. Miles de campesinos marcharon el pasado 26 de agosto en defensa del Decreto 18-2008.
Con ese decreto aprobado por el Congreso durante el gobierno de Manuel Zelaya, se pretendía legalizar las tierras en manos de campesinos y resolver el delicado problema de la mora agraria.
Sin embargo, ante las presiones de la empresa privada, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) estaría a punto de derogarlo.
"La amenaza de la derogación del Decreto 18-2008 va en sentido contrario a la solución del conflicto agrario hondureño, al impedir la distribución equitativa de los recursos y con ello, de la superación de la pobreza.
Al mismo tiempo - explica FIAN Honduras en su comunicado- se incentivan las tomas de tierra como única salida frente a la inexistencia de políticas públicas".
Ante esta situación, el MUCA aclaró que no se va a quedar de brazos cruzados.
"Nos vamos a movilizar juntos con todo el movimiento campesino. Vamos a defender ese decreto hasta las útimas consecuencias. Si nos toca derramar nuestra sangre, lo vamos a hacer, porque lo que está en juego es el alimento para nuestras familias", advirtió Valle.
María Gutiérrez, secretaria de Vigilancia del MUCA, y Matías Valle remarcaron la importancia de la solidaridad internacional.
"Esa solidaridad permitió que se conociera nuestra lucha y nos dio más fuerza. Ya no nos sentimos solos, y le agradecemos a la UITA por el respaldo que nos ha brindado.
Es importante -continuaron los miembros del MUCA- que los ojos del mundo sigan puestos en el Bajo Aguán y en Honduras. Sin presión internacional, estos bárbaros someterían a todo el mundo.
No podemos permitir que sigan cercenando nuestro derecho a la tierra. Vamos a seguir presionando para que se cumpla lo acordado y a planear acciones futuras", concluyeron.
* Rel-UITA (Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines)
“La victoria estratégica”: Desembarco en el Sur (Capítulo 5)
Por Fidel Castro Ruz
El martes 10 de junio se produjo finalmente el desembarco enemigo por la costa sur de la Sierra, que nosotros estábamos esperando desde mucho antes del inicio efectivo de la ofensiva, y con ello, la apertura del Tercer Frente de combate, ahora en el sector sur de nuestro territorio.
Le tocó cumplir esa misión al Batallón 18, al mando del comandante José Quevedo Pérez. Este batallón había sido creado a los efectos de la ofensiva, a partir de una compañía mixta compuesta por personal del cuartel Maestre del Ejército, situado en la base de San Ambrosio, en La Habana, y personal de la Escuela de Cadetes. La compañía había sufrido un importante descalabro en el mes de febrero, en ocasión de el Combate de Pino del Agua, y el comandante Quevedo había sido designado como su jefe en los primeros días de marzo.
En las semanas anteriores al inicio de la primera fase de la ofensiva, estos efectivos habían sido ampliados hasta crear las compañías denominadas G-4 y Escuela de Cadetes, y se había agregado una nueva compañía -la 103- con personal del Regimiento 10 de Infantería, que tenían su base en San Antonio de los Baños.
Para esta operación, el Batallón 18 contaba con una plantilla completa de 315 efectivos, además de una sección de morteros y del personal sanitario. Disponía de un mortero de 81 milímetros, otro de 60, una bazuca de 3,5 pulgadas, dos fusiles automáticos Browning, una subametralladora Thompson, fusiles semiautomáticos Garand, carabinas San Cristóbal y fusiles Springfield. Las armas estaban provistas de parque relativamente abundante para la campaña que debían librar, y el personal disponía de suministros para un mes de operaciones en la montaña.
El batallón se movilizó el 9 de junio, y alrededor de las 4:00 de la tarde salió en camiones hacia Santiago de Cuba. Como parte del convoy, además del personal y los pertrechos, iban dos jeeps y otras tantas arrias de mulos recogidas en la zona de Contramaestre. Antes de la salida se le agregaron también a la tropa, en calidad de prácticos, cinco conocedores de la zona de la Sierra, donde iba a operar la unidad. Esa misma noche abordaron en Santiago de Cuba la fragata Máximo Gómez y otra embarcación.
Después de navegar toda la noche, las dos embarcaciones llegaron en horas de la mañana frente al lugar conocido como Las Cuevas, al pie mismo del macizo del Turquino.
Cerco al Batallón 18 al mando del comandante José Quevedo, combate en el río La Plata.
El desembarco comenzó de inmediato, y se dificultó por las condiciones de mar gruesa y oleaje fuerte, características de esa parte de la costa. La playa de Las Cuevas, en realidad, no es tal playa, sino una orilla de grandes piedras redondas. Los hombres iban llegando a la costa en pequeños botes de remos, mientras los mulos, alborotados y nerviosos, fueron echados al agua a tirones y empujones.
Mensaje del capitán Ramón Paz al Comandante Fidel Castro, en el cual le informa del desembarco enemigo por Las Cuevas y las deci- siones adoptadas; solicita parque 30.06 y espera sus órdenes, 10 de junio de 1958.
Salvo las exploraciones y los tiros de limpieza que acompañaban habitualmente una operación de este tipo, el desembarco se produjo sin incidencias combativas. En Las Cuevas no había personal rebelde. De hecho, era uno de los poquísimos lugares con condiciones relativas para el desembarco que no había sido cubierto por nosotros, producto de la escasez de fuerzas de que disponíamos en ese sector.
Debo decir que mi primera reacción al recibir las informaciones iniciales sobre el desembarco fue de sospecha. En un mensaje, enviado a Paz al día siguiente, escribí que, de ser cierta la noticia:
[...] indicará indudablemente que [las fuerzas enemigas] estaban en conocimiento de la posición de nuestras tropas [...].
Estaba esperando yo tener algunos hombres más armados para custodiar este último punto [Las Cuevas] que era el que nos faltaba.
Desgraciadamente, en la documentación ocupada al enemigo no existen referencias a las razones que determinaron la selección de Las Cuevas para el desembarco. Sin duda, las playas de Ocujal o de La Plata, por mencionar solo dos puntos, tenían mejores condiciones naturales y, por esa razón, eran los puntos mejor fortificados por nosotros y a los que habíamos destinado mayor cantidad de personal rebelde en espera del desembarco. Sin embargo, la decisión de escoger Las Cuevas -feliz para el mando enemigo- permitió que el desembarco del día 10 se llevara a cabo sin resistencia de ningún tipo. No era aventurado conjeturar que de haber estado emplazada en Las Cuevas, aunque fuera una patrulla rebelde, el desembarco, en las difíciles condiciones en que se produjo, hubiera sido prácticamente imposible o, en el peor de los casos, se hubiera llevado a cabo al costo de no pocas bajas del Ejército.
Por una coincidencia singular, el 9 de junio, el mismo día que se movilizó el Batallón 18 desde Maffo, escribía yo desde la Sierra un mensaje al jefe de esa tropa. Una hermana del combatiente rebelde Orlando Pantoja, Olo, que vivía cerca de Contramaestre, había subido en esos días a la loma con alguna misión. Por esa vía me había enterado de que el jefe de la tropa acantonada en Maffo era José
Quevedo, quien había sido un compañero de aulas en la Universidad de La Habana, y con quien había establecido entonces relaciones relativamente cordiales, antes del golpe de Estado de Batista. Decidí escribirle, tal como le puse en la carta (documento p. 435): “(…) sin pensarlo, sin decirte ni pedirte nada, sólo para saludarte y desearte muy sinceramente buena suerte”.
En realidad, en la carta hice bastante más que saludarlo:
Era difícil imaginar cuando usted y yo nos veíamos en la Universidad que algún día estaríamos luchando el uno contra el otro, a pesar de que, tal vez, ni siquiera albergamos distintos sentimientos respecto a la patria cuya sola idea estoy seguro usted venera como la venero yo.
Así comenzaba la carta, y proseguía con una amarga valoración de la conducta criminal del Ejército enemigo y de tantos jefes que, a diferencia de Quevedo, habían convertido el oficio militar en ocupación de matarife. Recordando aquellos años le escribía al antiguo compañero de estudios:
No tenía entonces, como no tengo hoy, a pesar de lo doloroso de las circunstancias que han situado a las Fuerzas Armadas junto a la más nefasta política que recuerda nuestra historia, sentimientos de odio contra los militares. He enjuiciado con palabra dura la actuación de muchos y en general del Ejército, pero jamás mis manos ni la de ninguno de mis compañeros se han manchado con la sangre ni envilecido con el maltrato de un militar prisionero [...].
Y concluía con esta apelación indirecta a los sentimientos de honor y honestidad del jefe militar:
Ni siquiera el espíritu de cuerpo, que es sostén de la unión, el sentimiento que explotan los que han llevado al Ejército a una guerra absurda e insensata, existe realmente, porque el más digno, el más honorable de los militares, por simples sospechas puede ser detenido, humillado, golpeado y lanzado a las mazmorras de una prisión como vulgar delincuente, lo que no toleraría jamás ningún ejército con verdadero espíritu de cuerpo en las personas de sus oficiales.
No era difícil adivinar la intención que se ocultaba tras esta carta. Al igual que Quevedo, en el Ejército de la tiranía había otros oficiales no comprometidos con los crímenes y abusos, potencialmente descontentos con el oprobio en que se había sumido la carrera de las armas en Cuba, y que, por esa vía, pudieran ser susceptibles de rebelarse ante esa situación. El llamado sutil e indirecto a la conciencia y al sentido del honor militar de vieja escuela pudiera sembrar en un individuo de los antecedentes de Quevedo -después me enteraría que incluso había estado involucrado en la conspiración militar contra Batista abortada en abril de 1956- la primera semilla de cuestionamiento.
Sin embargo, por razones obvias, la carta no pudo llegar a su destino. Mi siguiente contacto con este oficial tendría lugar en circunstancias bien distintas.
Las primeras noticias no confirmadas del desembarco enemigo me llegaron al anochecer del propio día 10. Mis disposiciones iniciales fueron mandar a buscar de la zona de Las Mercedes al pelotón de Andrés Cuevas, y pedirle al Che el rápido envío de siete hombres de Minas de Frío, cinco de ellos armados con fusiles Garand.
“Ahora hay que prestar a la costa el máximo de atención”, escribí al amanecer del miércoles 11 en un mensaje a Orlando Lara, quien para esa fecha había subido con parte de sus hombres desde el llano con la misión de ocupar posiciones en el camino de Las Mercedes a las Vegas de Jibacoa.
Después del desembarco en Las Cuevas, se hizo evidente el plan enemigo de avanzar sobre el corazón del territorio rebelde desde tres direcciones principales. Por el noroeste, desde Las Mercedes y Arroyón, rumbo a las Vegas de Jibacoa, y quizás Providencia; por el nordeste, desde la zona de Buey Arriba hacia el firme de la Maestra, hasta el momento -al parecer- en dirección de Santana y La Jeringa; y por el Sur, desde Las Cuevas hacia Palma Mocha y el alto de La Plata. Todavía en esta fecha no quedaba clara la dirección del golpe principal en el sector noroeste, aunque se presumía que estaría dirigido hacia San Lorenzo o las Vegas de Jibacoa, tampoco se había producido el cambio de trayectoria de la penetración del Batallón 11, que avanzaba desde Minas de Bueycito.
Maniobra realizada para el Plan F-F. Mayo-junio-julio de 1958. La ofensiva de verano intentó la penetración en el territorio rebelde por tres direcciones principales.
A partir del desembarco del Batallón 18 en Las Cuevas, la defensa de la zona del río La Plata adquirió importancia prioritaria porque, de las tres amenazas, era la que implicaba mayor riesgo. El acceso al territorio rebelde central era más factible desde el Sur, además, un avance desde esa dirección pondría en peligro inmediato el campo aéreo de la boca de Manacas. ”[...] hay que tratar de defender Alfa [la pista de los aviones] lo que se pueda y evitar que penetren desde el mar”, le escribí al Che en la noche del 10 de junio. En el mismo mensaje, le pedía los siete hombres de refuerzo: “La cuenca de la Plata es el punto que debemos retener más tiempo”.
No me cabía la menor duda, a esas alturas, de que el desembarco del Batallón 18 en el Sur, unido a las informaciones recibidas de Ramiro acerca del reinicio de violentas acciones en la zona de Minas de Bueycito, indicaban que el enemigo se disponía a lanzar la segunda fase de su ofensiva, es decir, la penetración a fondo en el corazón rebelde. Como parte de las disposiciones de reforzamiento general de la defensa del territorio en torno a La Plata, fue el 11 de junio, al día siguiente del desembarco, cuando cursé la orden a Camilo de regresar a la Sierra con los 40 hombres mejor armados y más aguerridos de su tropa en el llano.
Orden de Fidel a Camilo para que se trasladara de los llanos del Cauto a la zona del Primer Frente en la Sierra Maestra, con vistas a reforzar la defensa del territorio rebelde contra la ofensiva enemiga, 11 de junio de 1958. (1 de 2)
Orden de Fidel a Camilo para que se trasladara de los llanos del Cauto a la zona del Primer Frente en la Sierra Maestra, con vistas a reforzar la defensa del territorio rebelde contra la ofensiva enemiga, 11 de junio de 1958. (2 de 2)
En lo que respecta al frente sur, a raíz de las noticias sobre el desembarco del Batallón 18 en Las Cuevas, mi impresión, y casi convicción era que el enemigo desembarcaría posiblemente también al oeste de La Plata, en El Macho, El Macío o quizás, incluso, en La Magdalena, y avanzaría de manera simultánea desde el Este y el Oeste por los caminos de la costa hacia el río La Plata. Una vez unidos en la desembocadura, iniciarían el avance río arriba.
Por tanto, en la primera evaluación de la situación táctica que realicé después del desembarco enemigo en Las Cuevas, no figuraban en un primer plano, en ese preciso momento, otras variantes de acción del enemigo, como pudieran ser, entre algunas que cabría mencionar, la posibilidad de un desembarco directo en la desembocadura de La Plata, la penetración desde El Macho o El Macío -en caso de un desembarco en alguno de esos puntos- en dirección a la zona de Caracas, el avance por el río Palma Mocha o el desembarco en La Magdalena y el avance por ese río en dirección a El Coco y El Roble, y de ahí a Minas de Frío o hasta Cahuara, y de allí a Jigüe. De todas formas, estas contingencias, si bien más remotas, había que preverlas en algún momento en los planes defensivos.
Hay que tener en cuenta, además, que en lo que respecta específicamente al frente sur, la situación se tornó muy fluida en el curso de los días posteriores al desembarco enemigo, y con ella iba evolucionando también de manera muy dinámica nuestra planificación defensiva.
En mantenerse constantemente al tanto de los acontecimientos, y siempre un paso por delante de ellos, en esa suprema flexibilidad operativa radicó una de las claves tácticas más importantes del éxito del Ejército Rebelde. Esta primera fase de la campaña en el frente sur de la ofensiva, hasta la llegada de Quevedo a Jigüe, constituye quizás uno de los ejemplos más significativos.
Lo que sigue a continuación es un intento de reconstrucción de la vertiginosa marcha de los acontecimientos durante estas primeras jornadas de lucha en el Sur.
En un mensaje a Pedro Miret, quien seguía al frente de la fuerza rebelde atrincherada en la desembocadura del río La Plata, la mañana del 11 de junio, al día siguiente del desembarco del Batallón 18, le trasmití las instrucciones para la defensa de ese sector:
Carta de Fidel a Pedro Miret con indicaciones precisas sobre la resis- tencia en la costa y el envío de armamento, 11 de junio de 1958. (1 de 4)
La primera resistencia hay que hacerla en la costa y por los flancos lo más lejos posible en los lugares más estratégicos de los caminos que vienen del Macho y Palma Mocha. Cuando hayan tenido que replegarse hasta el río [La Plata], resistir entonces río arriba hasta el campo [de aviación], metro a metro. Destruir el avión si no podemos hacer nada por salvarlo e inutilizar el tractor quitándole y guardando algunas piezas esenciales. Después la resistencia hay que hacerla río arriba hasta el Jigüe. Es muy importante que tengan que pagar con muchas vidas cada kilómetro que avancen hacia nosotros. Hacer muchas trincheras donde quiera que vayan a resistir.
Como se puede apreciar, estas instrucciones recogían el sentido esencial de nuestro plan general, es decir, la resistencia escalonada y tenaz al enemigo, para dificultar y demorar su avance el mayor tiempo posible y desgastarlo de manera incesante e inexorable. No se trataba de detenerlo en un primer momento, difícilmente podríamos lograrlo con los efectivos rebeldes concentrados en la costa.
Obsérvese también la mención a Jigüe como último punto contemplado implícitamente en la retirada rebelde y, por tanto, en la penetración enemiga. De hecho, ya en este momento yo tenía previsto ese lugar como el posible escenario de la batalla decisiva en este sector. No se trataba de un sueño o una inspiración. Era el resultado de un íntimo conocimiento del terreno y de la consagración al estudio y el análisis de los modos de actuar del Ejército, lo que me llevaba a predecir, por lo general con bastante exactitud, lo que iba a ocurrir. De aquel ajedrez de batallones moviéndose, apoyados por la aviación militar y la marina podían salir todas las variantes, esos dos factores fueron esenciales en la elaboración de las ideas que condujeron a la derrota enemiga.
Y en otro mensaje inmediatamente posterior, volví a insistirle: “Tienes q. resistir de verdad y no dejarlos llegar al Jigüe ni a Purialón si es posible. Ese camino es formidable para combatir”.
Con el desembarco en Las Cuevas ya no tenía sentido la defensa de Ocujal y la permanencia allí del pelotón rebelde de Ramón Paz. Al día siguiente del desembarco ordené a Paz que se replegara hacia el río Palma Mocha, a la altura de la casa del colaborador campesino Emilio Cabrera, en El Jubal, que era donde venía a salir uno de los caminos que partían de Las Cuevas y, por tanto, una de las posibles vías de penetración del enemigo.
Cursadas las instrucciones antes citadas a Pedro Miret para la defensa del río La Plata, me dediqué entonces a organizar las primeras medidas defensivas en la zona entre el Turquino y Palma Mocha. Instruí también a Paz que ordenara a la escuadra de Vivino Teruel, la que hasta ese momento cuidaba la desembocadura del río Palma Mocha, que se retirara casi un kilómetro río arriba y preparara una primera línea defensiva en espera de nuevas instrucciones. Igualmente, Paz debía enviar una escuadra de su tropa “[...] lo más avanzada posible por el camino de la casa de Emilio [Cabrera] a las Cuevas, que esté al acecho de cualquier movimiento enemigo por ese camino y hacerle la primera resistencia”.
También le indiqué a Almeida que, con algunos de los hombres traídos por él desde el Tercer Frente, se ubicara en el alto de Palma Mocha, entre este río y el de La Plata, como una especie de reserva dispuesta a moverse hacia donde fuese necesario.
Ya en esos momentos, nuestra preocupación principal no era que el enemigo ocupara Ocujal o Las Cuevas, o cualquier otro punto de la costa, salvo la desembocadura del río La Plata. Así se lo hice saber a Paz en un extenso mensaje que le envié al mediodía del 11 de junio, en el que expresaba cuál constituía nuestro objetivo esencial a la luz de la situación táctica creada después del desembarco:
“Ahora lo que hay que impedir es que [el enemigo] avance hacia arriba”.
En ese mismo mensaje analicé los cursos más posibles de acción de la tropa que había desembarcado, partía de la premisa de que su primer movimiento sería la ocupación de Ocujal y de la playa de Palma Mocha para asegurar sus dos flancos. De ahí en adelante, las tres variantes principales eran: el avance desde Las Cuevas hacia el curso superior del río Palma Mocha por el camino que sale a El Jubal, el avance hacia el mismo punto a lo largo del camino que sigue el curso del río desde la desembocadura, y el avance hacia La Plata por el camino de la costa. En el primer caso, chocarían con la escuadra avanzada de la tropa de Paz; en el segundo, con la de Teruel; y en el tercero, con la que Miret tendría emplazada en el camino de la costa, lo más cerca posible del río Palma Mocha, de acuerdo con las instrucciones que yo le había enviado. En este último caso, la escuadra de Teruel debía hostigar a la fuerza enemiga desde la retaguardia.
Dentro de esta planificación inicial, el grueso del personal de Paz quedaría también como una reserva que debía maniobrar de acuerdo con las circunstancias. Había que prever también la contingencia de que uno de los dos caminos -el de la loma o el del río- fuera dominado por el enemigo; en tal caso, el ala rebelde que hubiera hecho contacto debía replegarse hasta la casa de Cabrera, punto que funcionaría como pivote en la planificación de contingencia. “[...] ahí comienza otro plan”, le anuncié a Paz y, en efecto, ya lo estaba elaborando sobre la base del redespliegue de esas mismas fuerzas en los distintos accesos al firme de la Maestra, en la zona de Palma Mocha.
Y, finalmente, como posibilidad más remota: “Ellos, los guardias, pueden poner una pica en Flandes y subir por el Turquino, pero si hacen eso, ya nos las arreglaremos para que no vuelvan a subir”. En esta improbable variante lo que procedería, además de reforzar las posiciones de la escuadra adelantada de Paz, sería cerrar con alguna otra fuerza la salida del pico Turquino hacia el alto del Joaquín y, eventualmente, hacia el curso superior del río Yara o el firme de la Maestra al este de La Plata.
En realidad, al enviar este mensaje yo suponía que Paz ya se había replegado desde Ocujal hacia el río Palma Mocha, en cumplimiento de las instrucciones que tenía en caso de que el desembarco enemigo se produjese en cualquier otro punto al oeste de Ocujal. Sin embargo, Paz había decidido esperar mi respuesta a la comunicación enviada sobre el desembarco, y se había limitado a reforzar al grupo que, al mando de Fernando Chávez, custodiaba la playa de Bella Pluma y el camino de la costa entre Las Cuevas y Ocujal. Teruel, en cambio, al observar el desembarco enemigo desde su posición en la desembocadura del río Palma Mocha, ejecutó en la mañana del día 11 el repliegue de su escuadra río arriba, lo único que, no solamente un kilómetro como yo le instruiría, sino hasta la misma casa de Emilio Cabrera.
Existía un camino que remontaba, aproximadamente de Sur a Norte, todo el curso del río Palma Mocha, desde la desembocadura hasta la casa de Emilio Cabrera. Ese era el que había seguido nuestra pequeña fuerza rebelde tras el primer combate victorioso en la desembocadura de La Plata, el 17 de enero de 1957. Todos estos eran, de más está decirlo, caminos o senderos de montaña en los que solo se podía transitar a pie y, en algunas porciones, en mulo o a caballo. La zona, además, estaba cubierta del monte virgen e impenetrable de la Sierra, por el que nada más sabían caminar campesinos y rebeldes.
En cuanto al sector más occidental de la costa, yo tenía en realidad pocas esperanzas de que los pequeños grupos rebeldes destacados en El Macho y El Macío -formados principalmente por personal no fogueado proveniente de la Columna 7 de Crescencio Pérez, constituida en su mayoría por campesinos de la zona- pudieran ofrecer una resistencia eficaz a cualquier intento de desembarco del enemigo por esos lugares. Por otra parte, dentro de mi esquema táctico, no resultaba tan importante la defensa de esos dos puntos de la costa como la del camino de acceso desde el Oeste hacia La Plata, donde se ubicaban Radio Rebelde y la Comandancia.
Teniendo en cuenta, inclusive, la posibilidad de un segundo desembarco en La Magdalena, entre La Plata y El Macho, aquellos grupos quedarían en ese caso en la retaguardia enemiga, y su función se limitaría a cubrir el acceso por el río de El Macío o el alto de El Macho hacia la zona de Caracas. Pero, entre las variantes de maniobra del enemigo, esta era la más improbable a mi juicio, ya que esa ruta los alejaría del centro fundamental del territorio rebelde. Aun así, orienté al Che, el día 12, que enviara instrucciones a Crescencio, responsable inmediato del sector más occidental, en el sentido de que fortificara el camino de El Macío a El Ají, Arroyones y San Lorenzo.
Sobre la base de todas estas consideraciones decidí, el día 11, retirar de El Macho la escuadra de seis hombres al mando del teniente Ciro del Río, enviado allí unos días atrás, y ponerla a las órdenes de Pedro Miret en el camino costero de La Magdalena a La Plata. Veremos más adelante que una parte adicional del personal de la Columna 7 fue destinada a cubrir otras posiciones importantes.
En definitiva, mi aspiración era organizar con los escasos recursos de que disponía una defensa lo suficientemente estructurada del río La Plata, que demorara todo lo posible el dominio enemigo sobre el río.
“Tengo un plan que me parece bueno para defender la cuenca de la Plata por lo menos tres meses, de modo que haya un punto seguro por donde recibir armas”, le escribí al Che en un mensaje al día siguiente del desembarco. Y a Miret le repetí en un tercer mensaje del propio día 11:
“Defenderemos La Plata tenazmente desde los dos flancos y por el mar”.
En realidad, todavía me pregunto por qué los estrategas enemigos no realizaron un desembarco de apoyo al Oeste, pues la presencia de sus fuerzas en la zona de El Macho nos hubiera obligado a dispersar aún más nuestros limitados recursos defensivos en el frente sur, con lo que las posibilidades de una penetración más rápida al interior del territorio rebelde hubiesen sido mucho mayores.
Cuevas llegó con su escuadra a Mompié, donde estaba situada momentáneamente mi Comandancia, a las 10:00 de la noche del mismo día 11. Llegaba de combatir durante más de cinco horas esa misma mañana en Las Mercedes, y de una caminata infernal bajo la lluvia, entre el fango, a través de ríos crecidos. “Esta gente de Cuevas es formidable”, escribí en un mensaje a Pedro Miret al día siguiente. “Ayer combatieron con el ejército en las Mercedes, desde las 8 hasta la 1 y 30, obligándolo a retroceder. A las 10 de la noche, bajo la lluvia, ya estaban aquí cumpliendo mi orden”. Con esta proeza, Cuevas demostró una vez más que era uno de los jefes rebeldes más eficientes, y capaces de realizar con los hombres bajo su mando las tareas más difíciles y heroicas.
Esa noche, la fatigada tropa de unos 15 hombres comió lo que Celia dispuso y descansó, mientras su jefe me informaba de los últimos acontecimientos en la zona de Las Mercedes, y escuchaba mis pormenorizadas instrucciones sobre su crucial misión. A la mañana siguiente, poco después del amanecer, ya estaban en camino hacia su nueva posición, del otro lado de la Maestra, acompañados por la escuadra solicitada al Che, al frente de la cual iba el teniente Hugo del Río, hermano de Ciro.
Con Cuevas envié nuevas disposiciones para los capitanes rebeldes de la costa. El pelotón de refuerzo debía situarse en la desembocadura del río Palma Mocha, sobre la margen que daba para La Plata, en una posición tal que dominara la orilla del mar, contra cualquier intento de desembarco, y el llano de la desembocadura, en caso de que el enemigo entrara por tierra desde Las Cuevas. Esta fuerza contaba con una ametralladora de trípode calibre 30, que manejaba Primitivo Pérez.
La ubicación de Cuevas en este lugar respondía al presupuesto táctico de que el objetivo principal del enemigo, desembarcado por el Sur, era el dominio de la cuenca de La Plata y que, para ello, como paso previo elemental, tendría que ocupar la desembocadura del río Palma Mocha, bien por tierra o por mar. Y como, por fortuna, tenía un estrecho conocimiento del terreno, sabía que este lugar era propicio para una buena emboscada, en cualquiera de los dos casos. La boca de Palma Mocha ya había servido de escenario, en agosto de 1957, de uno de los más violentos combates sostenidos durante el primer año de guerra.
Según mis nuevas instrucciones, la escuadra de Teruel se mantendría más arriba en el río, específicamente “[...] unos cincuenta metros más allá del punto donde el camino que viene de las Cuevas se une al de Palma Mocha”. Interpretando rigurosamente esta orientación, Teruel debía posicionarse más allá de la salida al río del ramal derecho del camino; de los dos primeros, el situado aguas arriba. Finalmente, cinco hombres ocuparían posiciones sobre ese mismo camino, en el firme de la margen izquierda del río, con el fin de impedir la llegada de refuerzos desde Las Cuevas a la tropa que hubiera chocado con la escuadra rebelde en el río.
Una muestra del grado de detalle con que en esos días tomábamos nuestras previsiones, está en la instrucción siguiente contenida en el mensaje: “Esos hombres no deben situarse entre el camino y el mar, sino por la parte de arriba del camino”. Es decir, se previó, inclusive, la posibilidad de que si se situaban del otro lado, pudieran quedar encerrados en el momento del combate entre la retaguardia de la columna enemiga y el mar.
Paz, mientras tanto, como oficial más antiguo, y como demostración de la confianza que tenía depositada en él, asumiría la responsabilidad general de estas posiciones, y se mantendría con la mayor parte de su tropa en la casa de Emilio Cabrera para moverse según las circunstancias. La ametralladora calibre 50 manipulada por Albio Ochoa y Fidel Vargas, una de las dos trasladadas de Costa Rica en el avión que trajo a Miret, se sumaría a Teruel para atacar por la retaguardia cuando chocaran con Cuevas, en caso de que la tropa enemiga bajara hacia la desembocadura del río.
Con estas disposiciones quedaba preparada lo que yo consideraba una trampa perfecta:
Situados así lo más conveniente para nosotros es que [los guardias] viniesen por tierra, donde podría ocurrir algo más grande que en el Oro o el Pozón, porque yo les aseguro que si entran allí no pueden salir. Si vienen por mar, también serían rechazados aunque no sería grande la encerrona.
Las referencias en este documento aluden a la emboscada en el Oro de Guisa contra el refuerzo, durante el Combate de Pino del Agua, en febrero de 1958, y al Combate del Pozón en abril, acciones ambas muy favorables para nosotros.
Segundo Combate de Pino del Agua 16 y 17 de febrero de 1958. En esta acción la guerrilla combinó tácticas y movimientos más complejos.
Las instrucciones a Paz y Pedrito se completaron con advertencias estrictas acerca del ocultamiento de las posiciones y evitar que se filtrara su ubicación, por indiscreción de algún vecino, al enemigo; la preparación de trincheras y fortificaciones adecuadas para resistir, incluso, el bombardeo naval y aéreo; y la necesidad de ahorrar al máximo el parque.
Finalmente, la última prevención a Pedro Miret: “Pedro debe tener siempre por lo menos dos hombres armados frente a la pista, por si ellos intentan un descenso de tropas en helicópteros”.
Por aquellos meses se había hablado de una compra de helicópteros realizada por Batista, y recuerdo que durante algún tiempo nos preocupó un desembarco helitransportado.
Sin embargo, al parecer, este nunca fue tenido como una opción por los planificadores militares de la tiranía.
El examen de las disposiciones tácticas, y mi evaluación de la situación operativa, lo realicé en esta comunicación dirigida al Che, a quien mantenía siempre informado al detalle de la marcha de los acontecimientos:
Los soldados están realmente en una posición mala, pues tienen que moverse. Ante la imposibilidad de trancarlos en las dos direcciones se les va a preparar la encerrona por Palma Mocha que ofrece excepcionales ventajas, al mismo tiempo que protege La Plata de un avance enemigo por ese lado. Hay que contar como perdido a Ocujal porque no hay hombres suficientes para defenderlo. También tenemos que descontar El Macho por donde desembarcan cuando quieran. [...]
Así, mientras el Turquino nos sirve de apoyo a la izquierda, impediremos que avancen hacia la Maestra desde Las Cuevas y hacia La Plata por la orilla del mar. Esta última puede ser defendida eficazmente desde el mar y por los caminos costeros. Estoy seguro de que hacia allí se dirige el plan del Ejército.
Casi al final de este mismo mensaje, por cierto, añadí con cierta displicencia: “Es una verdadera marea de soldados la que se nos viene encima”. Y era verdad, pero yo estaba absolutamente convencido de que podríamos contener y rechazar esa marea. Por esos días había expresado esta misma idea en una nota que escribí para Radio Rebelde:
Es una verdadera marea de soldados los que ha lanzado la dictadura contra nosotros. Será también un mar de sangre la que van a dejar en los caminos de la Sierra Maestra a medida que intenten avanzar, si es que encuentran valor suficiente en la causa vergonzosa que están defendiendo.
En los días inmediatamente posteriores al desembarco del Batallón 18 en Las Cuevas, ocurrido sin incidente combativo alguno, la tropa enemiga se dedicó a establecer su campamento y realizar algunas incursiones de exploración a lo largo de los dos caminos que salían del lugar, a saber, el de la costa, en dirección a El Dian y Bella Pluma; y el de la loma, en dirección al río Palma Mocha. En ninguna de estas primeras exploraciones se produjo contacto entre nuestras fuerzas y el enemigo. Los guardias llegaron, incluso, hasta ocupar temporalmente el caserío de Bella Pluma, observados de cerca por la patrulla rebelde al mando de Fernando Chávez, pero no realizaron ningún intento de avanzar más allá, en dirección a Ocujal, donde estaba situado el pelotón de Ramón Paz.
El jueves 12 de junio, el mismo día en que Andrés Cuevas salió de Mompié para ocupar su posición en la boca de Palma Mocha, un pelotón de la Compañía Escuela de Cadetes del batallón enemigo entró hasta ese lugar, y se retiró después de quemar las dos o tres casas campesinas que encontró a lo largo del río.
No fue sino hasta el día siguiente cuando las distintas fuerzas rebeldes en la zona comenzaron a ocupar las posiciones dispuestas en mis nuevas indicaciones. La pequeña tropita de Cuevas, después de realizar durante toda la jornada del 12 una marcha forzada a través de Mayajigüe, Camaroncito y El Naranjal, subió al atardecer al alto de La Caridad y se descolgó del otro lado. Esa noche acamparon y prepararon comida en la casa de Graciliano Hierrezuelo, en La Caridad, y Cuevas envió un mensajero a Ocujal para trasmitir a Paz mis instrucciones.
Al día siguiente, el personal rebelde dejó sus mochilas en la casa y bajó hasta el río Palma Mocha, y luego río abajo para ocupar su posición en la desembocadura. En la casa de Hierrezuelo, en La Caridad, quedaron tres combatientes, uno de ellos encargado de cocinar para la tropa, y los otros dos responsabilizados con la custodia de la cocina y las mochilas. El resto del personal, incluidos los de la ametralladora calibre 30 manejada por Primitivo Pérez, fue ubicado por Cuevas, de acuerdo con mis instrucciones, en la falda pedregosa que cerraba y dominaba desde el Oeste el llanito de la desembocadura del río Palma Mocha.
Al recibir las nuevas instrucciones, Paz trasladó su personal el propio día 13. Como tenía obstruido el camino de la costa por el enemigo, no le quedó más remedio que cortar a monte traviesa por las faldas del Turquino. Subió por el arroyo de Ocujal, cruzó a buscar los cabezos de El Dian, pasó por la casa de Fernando Martínez -donde se le agregaron a la tropa este campesino y su hijo Albioy descendió por un costado del alto de La Esmajagua hacia el río Palma Mocha. Al llegar distribuyó a sus hombres en una emboscada sobre el camino del río, aproximadamente un kilómetro más arriba de El Colmenar. Decidió enviar la ametralladora 50 a la posición de Cuevas, por lo que Albio Ochoa, Fidel Vargas y los otros combatientes a cargo de esta arma se trasladaron a la desembocadura. También sus mochilas quedaron con las de la tropa de Cuevas en La Caridad, y señalo este detalle por algo que ocurrió días después.
La escuadra de refuerzo enviada junto con Cuevas, al mando de Hugo del Río, ocupó posiciones con el personal de Paz en el río. La de Teruel, que se había retirado aguas arriba, fue ubicada por Paz a un lado del camino de Las Cuevas a El Colmenar, de acuerdo con el plan de dejar pasar al enemigo e impedir luego su retirada o la llegada de refuerzos. La posición sobre el camino de Las Cuevas a la casa de Emilio Cabrera fue reforzada con una escuadra al mando de Roberto Elías, y se situaron postas avanzadas en el camino cerca de Las Cuevas. Con esta disposición quedó, por tanto, ejecutado el plan para la gran encerrona que le teníamos preparada al enemigo en Palma Mocha; plan al cual Paz había hecho algunas modificaciones menores muy sensatas.
Desde la salida del capitán Cuevas de Mompié, no volví a recibir noticias claras de la situación en el sector de Palma Mocha hasta la tarde del día 15, lo cual me provocó cierta intranquilidad ante la incertidumbre de que las posiciones que había ordenado cubrir no se ocuparan antes del movimiento que seguramente debían iniciar los guardias muy pronto, y se perdiera, en consecuencia, la posibilidad de darles un golpe fuerte o, al menos, aguantar su avance hacia La Plata. En la mañana del día 15 recibí un primer mensaje de Cuevas, un tanto confuso, en el que no me aclaraba si había hecho contacto con Paz y si este había ejecutado mis instrucciones. Por eso le contesté:
No me gusta cómo van saliendo las cosas ahí. Tú no me das explicaciones claras. Paz no acaba de llegar y ustedes no se han encargado de averiguar qué pasa, si recibió o no mi mensaje.
Ya para entonces, sin embargo, Paz hacía dos días que había seguido mis órdenes, y el día anterior me había enviado dos mensajes que yo aún no había recibido. En uno de ellos me explicaba detalladamente todas sus disposiciones (documento p. 446), y en el otro me informaba que ese mismo día -el sábado 14 de junio- una compañía enemiga había entrado en
El Colmenar, a menos de un kilómetro de su posición, había disparado unos tiros y quemado la casa del campesino Alberto Peña, y se había retirado de nuevo hacia Las Cuevas. El tiroteo, por cierto, fue sentido en La Plata por Pedro Miret, quien el día antes había enviado al mensajero Luis Felipe Cruz Castillo, conocido por Juan Pescao, y uno de nuestros más eficaces enlaces, a Palma Mocha para hacer contacto con Cuevas y Paz.
Después de esta incursión de los guardias, Paz decidió con muy buen juicio trasladar su emboscada más abajo. La nueva posición que ocupó era muy cerca de El Colmenar, a pocas decenas de metros de la salida del camino que venía de Las Cuevas.
La llegada en la tarde del día 15 del mensaje de Paz, en el que me explicaba lo que había hecho, resolvió todas mis preocupaciones de los dos días anteriores con relación a este sector. Esa misma tarde le envié respuesta:
Me alegra muchísimo saber que ya arribaste a Palma Mocha. Tengo la impresión de que ahí vamos a obtener una de las primeras victorias.
Están muy bien las disposiciones y muy clarito el mapa. Lo único que no me explicas es el punto exacto donde está situado Teruel. Ten en cuenta que cualquier fuerza nuestra destinada a parar el refuerzo enemigo debe estar preferentemente situada en un alto estratégico hacia el punto de donde deba venir el refuerzo, con defensas convenientemente preparadas en lugar oculto donde tomen posición en el momento preciso. En el caso preciso del camino que viene de las Cuevas, bien sea el de cerca del mar o el de más arriba, como se supone que por allí deba venir la tropa, que se va a dejar entrar para que caiga en la emboscada, las defensas no pueden hacerse en el camino, sino a un lado, que debe ser por supuesto el más alto.
En el camino que viene de las Cuevas para la casa de Emilio, sí hay que plantarles las defensas, atravesadas en la ruta para no dejarlos pasar.
[En] Caso de combate en la Playa, lo más probable es que el refuerzo trate de llegar por el camino que sale a la casita donde dormí la última vez que nos vimos; pero aun considerando esto lo más lógico y probable, al producirse el combate, debes destacar aunque sea una avanzadilla de dos hombres por lo menos, por el camino de más arriba (el que sale cerca de donde tú estás situado) para que se adelante lo más posible hacia las Cuevas y le dispare a cualquier tropa que trate de avanzar por él y retardar lo más posible su avance.
También, si la escuadra situada en el camino de las Cuevas a Emilio, es gente rápida y buena, cuando vea que se está combatiendo por la playa de Palma Mocha, se puede adelantar por el camino, aproximarse a las postas y tirotearlas para hacerle creer a la guarnición que va a ser atacada y vacile en el envío de refuerzos. [...]
No descuides darle instrucciones muy precisas a Teruel, para que sepa lo que tiene que hacer en cualquier circunstancia de peligro de que le corten la retirada, sobre todo que esté convencido de que aquí en la Sierra es imposible que copen a nadie y que siempre es posible escapar si se combate bien.
Con estas disposiciones y con las medidas tomadas por Paz, la trampa que preparábamos quedaba dispuesta en sus menores detalles. A partir de ese momento, tuve la más absoluta certeza de que a la tropa enemiga que había desembarcado en Las Cuevas le esperaba un verdadero desastre una vez que decidiera moverse. Esta convicción estaba reforzada por la gran confianza que tenía depositada en Paz, en su inteligencia y espíritu combativo. No por gusto le dije en un mensaje el día 16:
Estás actuando muy bien. Continúa usando la cabeza y verás cómo le vamos a ocasionar un descalabro para empezar. En esta guerra que estamos librando la pericia es el factor decisivo.
En resumen, el plan consistía en lo siguiente: si el enemigo se movía por cualquiera de los dos caminos inferiores, la escuadra de Teruel lo dejaría pasar. Al llegar al río, podría seguir en dos direcciones. Si tomaba hacia arriba, chocaba con la fuerte emboscada de Paz y si bajaba, al llegar a la boca caía en la emboscada de Cuevas, mientras Paz lo encerraba por la retaguardia. La misión de Teruel sería impedir la retirada del adversario hacia Las Cuevas y detener los posibles refuerzos que pudieran enviarle desde allí. Si el enemigo se movía por el camino superior, en dirección a la casa de Emilio Cabrera, chocaba con la escuadra de Elías, y Paz debía actuar entonces a discreción, reforzando esa posición y cerrando la retirada de los guardias.
En la playa de La Plata, entretanto, Pedro Miret mantenía su posición para impedir cualquier intento de desembarco, y la escuadra de Ciro del Río cubría el camino de la costa hacia La Plata desde el Oeste, en el caso de un intento de penetración por esa dirección. En El Macho y El Macío, las fuerzas rebeldes de la Columna 7, al mando del teniente Raúl Podio, un magnífico oficial, deberían resistir en caso de desembarco y replegarse por el río Macío. De esta forma, parecían estar previstas todas las variantes y protegidos todos los accesos desde el Sur.
El martes 10 de junio se produjo finalmente el desembarco enemigo por la costa sur de la Sierra, que nosotros estábamos esperando desde mucho antes del inicio efectivo de la ofensiva, y con ello, la apertura del Tercer Frente de combate, ahora en el sector sur de nuestro territorio.
Le tocó cumplir esa misión al Batallón 18, al mando del comandante José Quevedo Pérez. Este batallón había sido creado a los efectos de la ofensiva, a partir de una compañía mixta compuesta por personal del cuartel Maestre del Ejército, situado en la base de San Ambrosio, en La Habana, y personal de la Escuela de Cadetes. La compañía había sufrido un importante descalabro en el mes de febrero, en ocasión de el Combate de Pino del Agua, y el comandante Quevedo había sido designado como su jefe en los primeros días de marzo.
En las semanas anteriores al inicio de la primera fase de la ofensiva, estos efectivos habían sido ampliados hasta crear las compañías denominadas G-4 y Escuela de Cadetes, y se había agregado una nueva compañía -la 103- con personal del Regimiento 10 de Infantería, que tenían su base en San Antonio de los Baños.
Para esta operación, el Batallón 18 contaba con una plantilla completa de 315 efectivos, además de una sección de morteros y del personal sanitario. Disponía de un mortero de 81 milímetros, otro de 60, una bazuca de 3,5 pulgadas, dos fusiles automáticos Browning, una subametralladora Thompson, fusiles semiautomáticos Garand, carabinas San Cristóbal y fusiles Springfield. Las armas estaban provistas de parque relativamente abundante para la campaña que debían librar, y el personal disponía de suministros para un mes de operaciones en la montaña.
El batallón se movilizó el 9 de junio, y alrededor de las 4:00 de la tarde salió en camiones hacia Santiago de Cuba. Como parte del convoy, además del personal y los pertrechos, iban dos jeeps y otras tantas arrias de mulos recogidas en la zona de Contramaestre. Antes de la salida se le agregaron también a la tropa, en calidad de prácticos, cinco conocedores de la zona de la Sierra, donde iba a operar la unidad. Esa misma noche abordaron en Santiago de Cuba la fragata Máximo Gómez y otra embarcación.
Después de navegar toda la noche, las dos embarcaciones llegaron en horas de la mañana frente al lugar conocido como Las Cuevas, al pie mismo del macizo del Turquino.
Cerco al Batallón 18 al mando del comandante José Quevedo, combate en el río La Plata.
Cerco al Batallón 18 al mando del comandante José Quevedo, combate en el río La Plata.
El desembarco comenzó de inmediato, y se dificultó por las condiciones de mar gruesa y oleaje fuerte, características de esa parte de la costa. La playa de Las Cuevas, en realidad, no es tal playa, sino una orilla de grandes piedras redondas. Los hombres iban llegando a la costa en pequeños botes de remos, mientras los mulos, alborotados y nerviosos, fueron echados al agua a tirones y empujones.
Mensaje del capitán Ramón Paz al Comandante Fidel Castro, en el cual le informa del desembarco enemigo por Las Cuevas y las deci- siones adoptadas; solicita parque 30.06 y espera sus órdenes, 10 de junio de 1958.
Salvo las exploraciones y los tiros de limpieza que acompañaban habitualmente una operación de este tipo, el desembarco se produjo sin incidencias combativas. En Las Cuevas no había personal rebelde. De hecho, era uno de los poquísimos lugares con condiciones relativas para el desembarco que no había sido cubierto por nosotros, producto de la escasez de fuerzas de que disponíamos en ese sector.
Debo decir que mi primera reacción al recibir las informaciones iniciales sobre el desembarco fue de sospecha. En un mensaje, enviado a Paz al día siguiente, escribí que, de ser cierta la noticia:
[...] indicará indudablemente que [las fuerzas enemigas] estaban en conocimiento de la posición de nuestras tropas [...].
Estaba esperando yo tener algunos hombres más armados para custodiar este último punto [Las Cuevas] que era el que nos faltaba.
Desgraciadamente, en la documentación ocupada al enemigo no existen referencias a las razones que determinaron la selección de Las Cuevas para el desembarco. Sin duda, las playas de Ocujal o de La Plata, por mencionar solo dos puntos, tenían mejores condiciones naturales y, por esa razón, eran los puntos mejor fortificados por nosotros y a los que habíamos destinado mayor cantidad de personal rebelde en espera del desembarco. Sin embargo, la decisión de escoger Las Cuevas -feliz para el mando enemigo- permitió que el desembarco del día 10 se llevara a cabo sin resistencia de ningún tipo. No era aventurado conjeturar que de haber estado emplazada en Las Cuevas, aunque fuera una patrulla rebelde, el desembarco, en las difíciles condiciones en que se produjo, hubiera sido prácticamente imposible o, en el peor de los casos, se hubiera llevado a cabo al costo de no pocas bajas del Ejército.
Por una coincidencia singular, el 9 de junio, el mismo día que se movilizó el Batallón 18 desde Maffo, escribía yo desde la Sierra un mensaje al jefe de esa tropa. Una hermana del combatiente rebelde Orlando Pantoja, Olo, que vivía cerca de Contramaestre, había subido en esos días a la loma con alguna misión. Por esa vía me había enterado de que el jefe de la tropa acantonada en Maffo era José
Quevedo, quien había sido un compañero de aulas en la Universidad de La Habana, y con quien había establecido entonces relaciones relativamente cordiales, antes del golpe de Estado de Batista. Decidí escribirle, tal como le puse en la carta (documento p. 435): “(…) sin pensarlo, sin decirte ni pedirte nada, sólo para saludarte y desearte muy sinceramente buena suerte”.
Carta de Fidel a José Quevedo, jefe del Batallón 18 del Ejército de la tiranía y antiguo compañero de estudios, en la cual apela al patriotismo y la honestidad del jefe militar, 9 de junio de 1958. (1 de 6)
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En realidad, en la carta hice bastante más que saludarlo:
Era difícil imaginar cuando usted y yo nos veíamos en la Universidad que algún día estaríamos luchando el uno contra el otro, a pesar de que, tal vez, ni siquiera albergamos distintos sentimientos respecto a la patria cuya sola idea estoy seguro usted venera como la venero yo.
Así comenzaba la carta, y proseguía con una amarga valoración de la conducta criminal del Ejército enemigo y de tantos jefes que, a diferencia de Quevedo, habían convertido el oficio militar en ocupación de matarife. Recordando aquellos años le escribía al antiguo compañero de estudios:
No tenía entonces, como no tengo hoy, a pesar de lo doloroso de las circunstancias que han situado a las Fuerzas Armadas junto a la más nefasta política que recuerda nuestra historia, sentimientos de odio contra los militares. He enjuiciado con palabra dura la actuación de muchos y en general del Ejército, pero jamás mis manos ni la de ninguno de mis compañeros se han manchado con la sangre ni envilecido con el maltrato de un militar prisionero [...].
Y concluía con esta apelación indirecta a los sentimientos de honor y honestidad del jefe militar:
Ni siquiera el espíritu de cuerpo, que es sostén de la unión, el sentimiento que explotan los que han llevado al Ejército a una guerra absurda e insensata, existe realmente, porque el más digno, el más honorable de los militares, por simples sospechas puede ser detenido, humillado, golpeado y lanzado a las mazmorras de una prisión como vulgar delincuente, lo que no toleraría jamás ningún ejército con verdadero espíritu de cuerpo en las personas de sus oficiales.
No era difícil adivinar la intención que se ocultaba tras esta carta. Al igual que Quevedo, en el Ejército de la tiranía había otros oficiales no comprometidos con los crímenes y abusos, potencialmente descontentos con el oprobio en que se había sumido la carrera de las armas en Cuba, y que, por esa vía, pudieran ser susceptibles de rebelarse ante esa situación. El llamado sutil e indirecto a la conciencia y al sentido del honor militar de vieja escuela pudiera sembrar en un individuo de los antecedentes de Quevedo -después me enteraría que incluso había estado involucrado en la conspiración militar contra Batista abortada en abril de 1956- la primera semilla de cuestionamiento.
Sin embargo, por razones obvias, la carta no pudo llegar a su destino. Mi siguiente contacto con este oficial tendría lugar en circunstancias bien distintas.
Las primeras noticias no confirmadas del desembarco enemigo me llegaron al anochecer del propio día 10. Mis disposiciones iniciales fueron mandar a buscar de la zona de Las Mercedes al pelotón de Andrés Cuevas, y pedirle al Che el rápido envío de siete hombres de Minas de Frío, cinco de ellos armados con fusiles Garand.
“Ahora hay que prestar a la costa el máximo de atención”, escribí al amanecer del miércoles 11 en un mensaje a Orlando Lara, quien para esa fecha había subido con parte de sus hombres desde el llano con la misión de ocupar posiciones en el camino de Las Mercedes a las Vegas de Jibacoa.
El capitán Orlando Lara
Después del desembarco en Las Cuevas, se hizo evidente el plan enemigo de avanzar sobre el corazón del territorio rebelde desde tres direcciones principales. Por el noroeste, desde Las Mercedes y Arroyón, rumbo a las Vegas de Jibacoa, y quizás Providencia; por el nordeste, desde la zona de Buey Arriba hacia el firme de la Maestra, hasta el momento -al parecer- en dirección de Santana y La Jeringa; y por el Sur, desde Las Cuevas hacia Palma Mocha y el alto de La Plata. Todavía en esta fecha no quedaba clara la dirección del golpe principal en el sector noroeste, aunque se presumía que estaría dirigido hacia San Lorenzo o las Vegas de Jibacoa, tampoco se había producido el cambio de trayectoria de la penetración del Batallón 11, que avanzaba desde Minas de Bueycito.
Maniobra realizada para el Plan F-F. Mayo-junio-julio de 1958. La ofensiva de verano intentó la penetración en el territorio rebelde por tres direcciones principales.
Maniobra realizada para el Plan F-F.
A partir del desembarco del Batallón 18 en Las Cuevas, la defensa de la zona del río La Plata adquirió importancia prioritaria porque, de las tres amenazas, era la que implicaba mayor riesgo. El acceso al territorio rebelde central era más factible desde el Sur, además, un avance desde esa dirección pondría en peligro inmediato el campo aéreo de la boca de Manacas. ”[...] hay que tratar de defender Alfa [la pista de los aviones] lo que se pueda y evitar que penetren desde el mar”, le escribí al Che en la noche del 10 de junio. En el mismo mensaje, le pedía los siete hombres de refuerzo: “La cuenca de la Plata es el punto que debemos retener más tiempo”.
No me cabía la menor duda, a esas alturas, de que el desembarco del Batallón 18 en el Sur, unido a las informaciones recibidas de Ramiro acerca del reinicio de violentas acciones en la zona de Minas de Bueycito, indicaban que el enemigo se disponía a lanzar la segunda fase de su ofensiva, es decir, la penetración a fondo en el corazón rebelde. Como parte de las disposiciones de reforzamiento general de la defensa del territorio en torno a La Plata, fue el 11 de junio, al día siguiente del desembarco, cuando cursé la orden a Camilo de regresar a la Sierra con los 40 hombres mejor armados y más aguerridos de su tropa en el llano.
Orden de Fidel a Camilo para que se trasladara de los llanos del Cauto a la zona del Primer Frente en la Sierra Maestra, con vistas a reforzar la defensa del territorio rebelde contra la ofensiva enemiga, 11 de junio de 1958. (1 de 2)
Orden de Fidel a Camilo para que se trasladara de los llanos del Cauto a la zona del Primer Frente en la Sierra Maestra, con vistas a reforzar la defensa del territorio rebelde contra la ofensiva enemiga, 11 de junio de 1958. (2 de 2)
En lo que respecta al frente sur, a raíz de las noticias sobre el desembarco del Batallón 18 en Las Cuevas, mi impresión, y casi convicción era que el enemigo desembarcaría posiblemente también al oeste de La Plata, en El Macho, El Macío o quizás, incluso, en La Magdalena, y avanzaría de manera simultánea desde el Este y el Oeste por los caminos de la costa hacia el río La Plata. Una vez unidos en la desembocadura, iniciarían el avance río arriba.
Por tanto, en la primera evaluación de la situación táctica que realicé después del desembarco enemigo en Las Cuevas, no figuraban en un primer plano, en ese preciso momento, otras variantes de acción del enemigo, como pudieran ser, entre algunas que cabría mencionar, la posibilidad de un desembarco directo en la desembocadura de La Plata, la penetración desde El Macho o El Macío -en caso de un desembarco en alguno de esos puntos- en dirección a la zona de Caracas, el avance por el río Palma Mocha o el desembarco en La Magdalena y el avance por ese río en dirección a El Coco y El Roble, y de ahí a Minas de Frío o hasta Cahuara, y de allí a Jigüe. De todas formas, estas contingencias, si bien más remotas, había que preverlas en algún momento en los planes defensivos.
Hay que tener en cuenta, además, que en lo que respecta específicamente al frente sur, la situación se tornó muy fluida en el curso de los días posteriores al desembarco enemigo, y con ella iba evolucionando también de manera muy dinámica nuestra planificación defensiva.
En mantenerse constantemente al tanto de los acontecimientos, y siempre un paso por delante de ellos, en esa suprema flexibilidad operativa radicó una de las claves tácticas más importantes del éxito del Ejército Rebelde. Esta primera fase de la campaña en el frente sur de la ofensiva, hasta la llegada de Quevedo a Jigüe, constituye quizás uno de los ejemplos más significativos.
Lo que sigue a continuación es un intento de reconstrucción de la vertiginosa marcha de los acontecimientos durante estas primeras jornadas de lucha en el Sur.
En un mensaje a Pedro Miret, quien seguía al frente de la fuerza rebelde atrincherada en la desembocadura del río La Plata, la mañana del 11 de junio, al día siguiente del desembarco del Batallón 18, le trasmití las instrucciones para la defensa de ese sector:
Carta de Fidel a Pedro Miret con indicaciones precisas sobre la resis- tencia en la costa y el envío de armamento, 11 de junio de 1958. (1 de 4)
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La primera resistencia hay que hacerla en la costa y por los flancos lo más lejos posible en los lugares más estratégicos de los caminos que vienen del Macho y Palma Mocha. Cuando hayan tenido que replegarse hasta el río [La Plata], resistir entonces río arriba hasta el campo [de aviación], metro a metro. Destruir el avión si no podemos hacer nada por salvarlo e inutilizar el tractor quitándole y guardando algunas piezas esenciales. Después la resistencia hay que hacerla río arriba hasta el Jigüe. Es muy importante que tengan que pagar con muchas vidas cada kilómetro que avancen hacia nosotros. Hacer muchas trincheras donde quiera que vayan a resistir.
Como se puede apreciar, estas instrucciones recogían el sentido esencial de nuestro plan general, es decir, la resistencia escalonada y tenaz al enemigo, para dificultar y demorar su avance el mayor tiempo posible y desgastarlo de manera incesante e inexorable. No se trataba de detenerlo en un primer momento, difícilmente podríamos lograrlo con los efectivos rebeldes concentrados en la costa.
Obsérvese también la mención a Jigüe como último punto contemplado implícitamente en la retirada rebelde y, por tanto, en la penetración enemiga. De hecho, ya en este momento yo tenía previsto ese lugar como el posible escenario de la batalla decisiva en este sector. No se trataba de un sueño o una inspiración. Era el resultado de un íntimo conocimiento del terreno y de la consagración al estudio y el análisis de los modos de actuar del Ejército, lo que me llevaba a predecir, por lo general con bastante exactitud, lo que iba a ocurrir. De aquel ajedrez de batallones moviéndose, apoyados por la aviación militar y la marina podían salir todas las variantes, esos dos factores fueron esenciales en la elaboración de las ideas que condujeron a la derrota enemiga.
Y en otro mensaje inmediatamente posterior, volví a insistirle: “Tienes q. resistir de verdad y no dejarlos llegar al Jigüe ni a Purialón si es posible. Ese camino es formidable para combatir”.
Con el desembarco en Las Cuevas ya no tenía sentido la defensa de Ocujal y la permanencia allí del pelotón rebelde de Ramón Paz. Al día siguiente del desembarco ordené a Paz que se replegara hacia el río Palma Mocha, a la altura de la casa del colaborador campesino Emilio Cabrera, en El Jubal, que era donde venía a salir uno de los caminos que partían de Las Cuevas y, por tanto, una de las posibles vías de penetración del enemigo.
El capitán Ramón Paz, de “probada inteligencia, iniciativa y decisión”
Cursadas las instrucciones antes citadas a Pedro Miret para la defensa del río La Plata, me dediqué entonces a organizar las primeras medidas defensivas en la zona entre el Turquino y Palma Mocha. Instruí también a Paz que ordenara a la escuadra de Vivino Teruel, la que hasta ese momento cuidaba la desembocadura del río Palma Mocha, que se retirara casi un kilómetro río arriba y preparara una primera línea defensiva en espera de nuevas instrucciones. Igualmente, Paz debía enviar una escuadra de su tropa “[...] lo más avanzada posible por el camino de la casa de Emilio [Cabrera] a las Cuevas, que esté al acecho de cualquier movimiento enemigo por ese camino y hacerle la primera resistencia”.
También le indiqué a Almeida que, con algunos de los hombres traídos por él desde el Tercer Frente, se ubicara en el alto de Palma Mocha, entre este río y el de La Plata, como una especie de reserva dispuesta a moverse hacia donde fuese necesario.
Ya en esos momentos, nuestra preocupación principal no era que el enemigo ocupara Ocujal o Las Cuevas, o cualquier otro punto de la costa, salvo la desembocadura del río La Plata. Así se lo hice saber a Paz en un extenso mensaje que le envié al mediodía del 11 de junio, en el que expresaba cuál constituía nuestro objetivo esencial a la luz de la situación táctica creada después del desembarco:
“Ahora lo que hay que impedir es que [el enemigo] avance hacia arriba”.
En ese mismo mensaje analicé los cursos más posibles de acción de la tropa que había desembarcado, partía de la premisa de que su primer movimiento sería la ocupación de Ocujal y de la playa de Palma Mocha para asegurar sus dos flancos. De ahí en adelante, las tres variantes principales eran: el avance desde Las Cuevas hacia el curso superior del río Palma Mocha por el camino que sale a El Jubal, el avance hacia el mismo punto a lo largo del camino que sigue el curso del río desde la desembocadura, y el avance hacia La Plata por el camino de la costa. En el primer caso, chocarían con la escuadra avanzada de la tropa de Paz; en el segundo, con la de Teruel; y en el tercero, con la que Miret tendría emplazada en el camino de la costa, lo más cerca posible del río Palma Mocha, de acuerdo con las instrucciones que yo le había enviado. En este último caso, la escuadra de Teruel debía hostigar a la fuerza enemiga desde la retaguardia.
El capitán Ramón Paz
Dentro de esta planificación inicial, el grueso del personal de Paz quedaría también como una reserva que debía maniobrar de acuerdo con las circunstancias. Había que prever también la contingencia de que uno de los dos caminos -el de la loma o el del río- fuera dominado por el enemigo; en tal caso, el ala rebelde que hubiera hecho contacto debía replegarse hasta la casa de Cabrera, punto que funcionaría como pivote en la planificación de contingencia. “[...] ahí comienza otro plan”, le anuncié a Paz y, en efecto, ya lo estaba elaborando sobre la base del redespliegue de esas mismas fuerzas en los distintos accesos al firme de la Maestra, en la zona de Palma Mocha.
Y, finalmente, como posibilidad más remota: “Ellos, los guardias, pueden poner una pica en Flandes y subir por el Turquino, pero si hacen eso, ya nos las arreglaremos para que no vuelvan a subir”. En esta improbable variante lo que procedería, además de reforzar las posiciones de la escuadra adelantada de Paz, sería cerrar con alguna otra fuerza la salida del pico Turquino hacia el alto del Joaquín y, eventualmente, hacia el curso superior del río Yara o el firme de la Maestra al este de La Plata.
En realidad, al enviar este mensaje yo suponía que Paz ya se había replegado desde Ocujal hacia el río Palma Mocha, en cumplimiento de las instrucciones que tenía en caso de que el desembarco enemigo se produjese en cualquier otro punto al oeste de Ocujal. Sin embargo, Paz había decidido esperar mi respuesta a la comunicación enviada sobre el desembarco, y se había limitado a reforzar al grupo que, al mando de Fernando Chávez, custodiaba la playa de Bella Pluma y el camino de la costa entre Las Cuevas y Ocujal. Teruel, en cambio, al observar el desembarco enemigo desde su posición en la desembocadura del río Palma Mocha, ejecutó en la mañana del día 11 el repliegue de su escuadra río arriba, lo único que, no solamente un kilómetro como yo le instruiría, sino hasta la misma casa de Emilio Cabrera.
Existía un camino que remontaba, aproximadamente de Sur a Norte, todo el curso del río Palma Mocha, desde la desembocadura hasta la casa de Emilio Cabrera. Ese era el que había seguido nuestra pequeña fuerza rebelde tras el primer combate victorioso en la desembocadura de La Plata, el 17 de enero de 1957. Todos estos eran, de más está decirlo, caminos o senderos de montaña en los que solo se podía transitar a pie y, en algunas porciones, en mulo o a caballo. La zona, además, estaba cubierta del monte virgen e impenetrable de la Sierra, por el que nada más sabían caminar campesinos y rebeldes.
En cuanto al sector más occidental de la costa, yo tenía en realidad pocas esperanzas de que los pequeños grupos rebeldes destacados en El Macho y El Macío -formados principalmente por personal no fogueado proveniente de la Columna 7 de Crescencio Pérez, constituida en su mayoría por campesinos de la zona- pudieran ofrecer una resistencia eficaz a cualquier intento de desembarco del enemigo por esos lugares. Por otra parte, dentro de mi esquema táctico, no resultaba tan importante la defensa de esos dos puntos de la costa como la del camino de acceso desde el Oeste hacia La Plata, donde se ubicaban Radio Rebelde y la Comandancia.
Teniendo en cuenta, inclusive, la posibilidad de un segundo desembarco en La Magdalena, entre La Plata y El Macho, aquellos grupos quedarían en ese caso en la retaguardia enemiga, y su función se limitaría a cubrir el acceso por el río de El Macío o el alto de El Macho hacia la zona de Caracas. Pero, entre las variantes de maniobra del enemigo, esta era la más improbable a mi juicio, ya que esa ruta los alejaría del centro fundamental del territorio rebelde. Aun así, orienté al Che, el día 12, que enviara instrucciones a Crescencio, responsable inmediato del sector más occidental, en el sentido de que fortificara el camino de El Macío a El Ají, Arroyones y San Lorenzo.
Sobre la base de todas estas consideraciones decidí, el día 11, retirar de El Macho la escuadra de seis hombres al mando del teniente Ciro del Río, enviado allí unos días atrás, y ponerla a las órdenes de Pedro Miret en el camino costero de La Magdalena a La Plata. Veremos más adelante que una parte adicional del personal de la Columna 7 fue destinada a cubrir otras posiciones importantes.
En definitiva, mi aspiración era organizar con los escasos recursos de que disponía una defensa lo suficientemente estructurada del río La Plata, que demorara todo lo posible el dominio enemigo sobre el río.
“Tengo un plan que me parece bueno para defender la cuenca de la Plata por lo menos tres meses, de modo que haya un punto seguro por donde recibir armas”, le escribí al Che en un mensaje al día siguiente del desembarco. Y a Miret le repetí en un tercer mensaje del propio día 11:
“Defenderemos La Plata tenazmente desde los dos flancos y por el mar”.
En realidad, todavía me pregunto por qué los estrategas enemigos no realizaron un desembarco de apoyo al Oeste, pues la presencia de sus fuerzas en la zona de El Macho nos hubiera obligado a dispersar aún más nuestros limitados recursos defensivos en el frente sur, con lo que las posibilidades de una penetración más rápida al interior del territorio rebelde hubiesen sido mucho mayores.
Cuevas llegó con su escuadra a Mompié, donde estaba situada momentáneamente mi Comandancia, a las 10:00 de la noche del mismo día 11. Llegaba de combatir durante más de cinco horas esa misma mañana en Las Mercedes, y de una caminata infernal bajo la lluvia, entre el fango, a través de ríos crecidos. “Esta gente de Cuevas es formidable”, escribí en un mensaje a Pedro Miret al día siguiente. “Ayer combatieron con el ejército en las Mercedes, desde las 8 hasta la 1 y 30, obligándolo a retroceder. A las 10 de la noche, bajo la lluvia, ya estaban aquí cumpliendo mi orden”. Con esta proeza, Cuevas demostró una vez más que era uno de los jefes rebeldes más eficientes, y capaces de realizar con los hombres bajo su mando las tareas más difíciles y heroicas.
Esa noche, la fatigada tropa de unos 15 hombres comió lo que Celia dispuso y descansó, mientras su jefe me informaba de los últimos acontecimientos en la zona de Las Mercedes, y escuchaba mis pormenorizadas instrucciones sobre su crucial misión. A la mañana siguiente, poco después del amanecer, ya estaban en camino hacia su nueva posición, del otro lado de la Maestra, acompañados por la escuadra solicitada al Che, al frente de la cual iba el teniente Hugo del Río, hermano de Ciro.
Con Cuevas envié nuevas disposiciones para los capitanes rebeldes de la costa. El pelotón de refuerzo debía situarse en la desembocadura del río Palma Mocha, sobre la margen que daba para La Plata, en una posición tal que dominara la orilla del mar, contra cualquier intento de desembarco, y el llano de la desembocadura, en caso de que el enemigo entrara por tierra desde Las Cuevas. Esta fuerza contaba con una ametralladora de trípode calibre 30, que manejaba Primitivo Pérez.
La ubicación de Cuevas en este lugar respondía al presupuesto táctico de que el objetivo principal del enemigo, desembarcado por el Sur, era el dominio de la cuenca de La Plata y que, para ello, como paso previo elemental, tendría que ocupar la desembocadura del río Palma Mocha, bien por tierra o por mar. Y como, por fortuna, tenía un estrecho conocimiento del terreno, sabía que este lugar era propicio para una buena emboscada, en cualquiera de los dos casos. La boca de Palma Mocha ya había servido de escenario, en agosto de 1957, de uno de los más violentos combates sostenidos durante el primer año de guerra.
Según mis nuevas instrucciones, la escuadra de Teruel se mantendría más arriba en el río, específicamente “[...] unos cincuenta metros más allá del punto donde el camino que viene de las Cuevas se une al de Palma Mocha”. Interpretando rigurosamente esta orientación, Teruel debía posicionarse más allá de la salida al río del ramal derecho del camino; de los dos primeros, el situado aguas arriba. Finalmente, cinco hombres ocuparían posiciones sobre ese mismo camino, en el firme de la margen izquierda del río, con el fin de impedir la llegada de refuerzos desde Las Cuevas a la tropa que hubiera chocado con la escuadra rebelde en el río.
Una muestra del grado de detalle con que en esos días tomábamos nuestras previsiones, está en la instrucción siguiente contenida en el mensaje: “Esos hombres no deben situarse entre el camino y el mar, sino por la parte de arriba del camino”. Es decir, se previó, inclusive, la posibilidad de que si se situaban del otro lado, pudieran quedar encerrados en el momento del combate entre la retaguardia de la columna enemiga y el mar.
Paz, mientras tanto, como oficial más antiguo, y como demostración de la confianza que tenía depositada en él, asumiría la responsabilidad general de estas posiciones, y se mantendría con la mayor parte de su tropa en la casa de Emilio Cabrera para moverse según las circunstancias. La ametralladora calibre 50 manipulada por Albio Ochoa y Fidel Vargas, una de las dos trasladadas de Costa Rica en el avión que trajo a Miret, se sumaría a Teruel para atacar por la retaguardia cuando chocaran con Cuevas, en caso de que la tropa enemiga bajara hacia la desembocadura del río.
Con estas disposiciones quedaba preparada lo que yo consideraba una trampa perfecta:
Situados así lo más conveniente para nosotros es que [los guardias] viniesen por tierra, donde podría ocurrir algo más grande que en el Oro o el Pozón, porque yo les aseguro que si entran allí no pueden salir. Si vienen por mar, también serían rechazados aunque no sería grande la encerrona.
Las referencias en este documento aluden a la emboscada en el Oro de Guisa contra el refuerzo, durante el Combate de Pino del Agua, en febrero de 1958, y al Combate del Pozón en abril, acciones ambas muy favorables para nosotros.
Segundo Combate de Pino del Agua 16 y 17 de febrero de 1958. En esta acción la guerrilla combinó tácticas y movimientos más complejos.
Segundo Combate de Pino del Agua
Las instrucciones a Paz y Pedrito se completaron con advertencias estrictas acerca del ocultamiento de las posiciones y evitar que se filtrara su ubicación, por indiscreción de algún vecino, al enemigo; la preparación de trincheras y fortificaciones adecuadas para resistir, incluso, el bombardeo naval y aéreo; y la necesidad de ahorrar al máximo el parque.
Finalmente, la última prevención a Pedro Miret: “Pedro debe tener siempre por lo menos dos hombres armados frente a la pista, por si ellos intentan un descenso de tropas en helicópteros”.
Por aquellos meses se había hablado de una compra de helicópteros realizada por Batista, y recuerdo que durante algún tiempo nos preocupó un desembarco helitransportado.
Sin embargo, al parecer, este nunca fue tenido como una opción por los planificadores militares de la tiranía.
El examen de las disposiciones tácticas, y mi evaluación de la situación operativa, lo realicé en esta comunicación dirigida al Che, a quien mantenía siempre informado al detalle de la marcha de los acontecimientos:
Los soldados están realmente en una posición mala, pues tienen que moverse. Ante la imposibilidad de trancarlos en las dos direcciones se les va a preparar la encerrona por Palma Mocha que ofrece excepcionales ventajas, al mismo tiempo que protege La Plata de un avance enemigo por ese lado. Hay que contar como perdido a Ocujal porque no hay hombres suficientes para defenderlo. También tenemos que descontar El Macho por donde desembarcan cuando quieran. [...]
Así, mientras el Turquino nos sirve de apoyo a la izquierda, impediremos que avancen hacia la Maestra desde Las Cuevas y hacia La Plata por la orilla del mar. Esta última puede ser defendida eficazmente desde el mar y por los caminos costeros. Estoy seguro de que hacia allí se dirige el plan del Ejército.
Casi al final de este mismo mensaje, por cierto, añadí con cierta displicencia: “Es una verdadera marea de soldados la que se nos viene encima”. Y era verdad, pero yo estaba absolutamente convencido de que podríamos contener y rechazar esa marea. Por esos días había expresado esta misma idea en una nota que escribí para Radio Rebelde:
Es una verdadera marea de soldados los que ha lanzado la dictadura contra nosotros. Será también un mar de sangre la que van a dejar en los caminos de la Sierra Maestra a medida que intenten avanzar, si es que encuentran valor suficiente en la causa vergonzosa que están defendiendo.
En los días inmediatamente posteriores al desembarco del Batallón 18 en Las Cuevas, ocurrido sin incidente combativo alguno, la tropa enemiga se dedicó a establecer su campamento y realizar algunas incursiones de exploración a lo largo de los dos caminos que salían del lugar, a saber, el de la costa, en dirección a El Dian y Bella Pluma; y el de la loma, en dirección al río Palma Mocha. En ninguna de estas primeras exploraciones se produjo contacto entre nuestras fuerzas y el enemigo. Los guardias llegaron, incluso, hasta ocupar temporalmente el caserío de Bella Pluma, observados de cerca por la patrulla rebelde al mando de Fernando Chávez, pero no realizaron ningún intento de avanzar más allá, en dirección a Ocujal, donde estaba situado el pelotón de Ramón Paz.
El jueves 12 de junio, el mismo día en que Andrés Cuevas salió de Mompié para ocupar su posición en la boca de Palma Mocha, un pelotón de la Compañía Escuela de Cadetes del batallón enemigo entró hasta ese lugar, y se retiró después de quemar las dos o tres casas campesinas que encontró a lo largo del río.
No fue sino hasta el día siguiente cuando las distintas fuerzas rebeldes en la zona comenzaron a ocupar las posiciones dispuestas en mis nuevas indicaciones. La pequeña tropita de Cuevas, después de realizar durante toda la jornada del 12 una marcha forzada a través de Mayajigüe, Camaroncito y El Naranjal, subió al atardecer al alto de La Caridad y se descolgó del otro lado. Esa noche acamparon y prepararon comida en la casa de Graciliano Hierrezuelo, en La Caridad, y Cuevas envió un mensajero a Ocujal para trasmitir a Paz mis instrucciones.
Al día siguiente, el personal rebelde dejó sus mochilas en la casa y bajó hasta el río Palma Mocha, y luego río abajo para ocupar su posición en la desembocadura. En la casa de Hierrezuelo, en La Caridad, quedaron tres combatientes, uno de ellos encargado de cocinar para la tropa, y los otros dos responsabilizados con la custodia de la cocina y las mochilas. El resto del personal, incluidos los de la ametralladora calibre 30 manejada por Primitivo Pérez, fue ubicado por Cuevas, de acuerdo con mis instrucciones, en la falda pedregosa que cerraba y dominaba desde el Oeste el llanito de la desembocadura del río Palma Mocha.
Al recibir las nuevas instrucciones, Paz trasladó su personal el propio día 13. Como tenía obstruido el camino de la costa por el enemigo, no le quedó más remedio que cortar a monte traviesa por las faldas del Turquino. Subió por el arroyo de Ocujal, cruzó a buscar los cabezos de El Dian, pasó por la casa de Fernando Martínez -donde se le agregaron a la tropa este campesino y su hijo Albioy descendió por un costado del alto de La Esmajagua hacia el río Palma Mocha. Al llegar distribuyó a sus hombres en una emboscada sobre el camino del río, aproximadamente un kilómetro más arriba de El Colmenar. Decidió enviar la ametralladora 50 a la posición de Cuevas, por lo que Albio Ochoa, Fidel Vargas y los otros combatientes a cargo de esta arma se trasladaron a la desembocadura. También sus mochilas quedaron con las de la tropa de Cuevas en La Caridad, y señalo este detalle por algo que ocurrió días después.
La escuadra de refuerzo enviada junto con Cuevas, al mando de Hugo del Río, ocupó posiciones con el personal de Paz en el río. La de Teruel, que se había retirado aguas arriba, fue ubicada por Paz a un lado del camino de Las Cuevas a El Colmenar, de acuerdo con el plan de dejar pasar al enemigo e impedir luego su retirada o la llegada de refuerzos. La posición sobre el camino de Las Cuevas a la casa de Emilio Cabrera fue reforzada con una escuadra al mando de Roberto Elías, y se situaron postas avanzadas en el camino cerca de Las Cuevas. Con esta disposición quedó, por tanto, ejecutado el plan para la gran encerrona que le teníamos preparada al enemigo en Palma Mocha; plan al cual Paz había hecho algunas modificaciones menores muy sensatas.
Desde la salida del capitán Cuevas de Mompié, no volví a recibir noticias claras de la situación en el sector de Palma Mocha hasta la tarde del día 15, lo cual me provocó cierta intranquilidad ante la incertidumbre de que las posiciones que había ordenado cubrir no se ocuparan antes del movimiento que seguramente debían iniciar los guardias muy pronto, y se perdiera, en consecuencia, la posibilidad de darles un golpe fuerte o, al menos, aguantar su avance hacia La Plata. En la mañana del día 15 recibí un primer mensaje de Cuevas, un tanto confuso, en el que no me aclaraba si había hecho contacto con Paz y si este había ejecutado mis instrucciones. Por eso le contesté:
No me gusta cómo van saliendo las cosas ahí. Tú no me das explicaciones claras. Paz no acaba de llegar y ustedes no se han encargado de averiguar qué pasa, si recibió o no mi mensaje.
Ya para entonces, sin embargo, Paz hacía dos días que había seguido mis órdenes, y el día anterior me había enviado dos mensajes que yo aún no había recibido. En uno de ellos me explicaba detalladamente todas sus disposiciones (documento p. 446), y en el otro me informaba que ese mismo día -el sábado 14 de junio- una compañía enemiga había entrado en
El Colmenar, a menos de un kilómetro de su posición, había disparado unos tiros y quemado la casa del campesino Alberto Peña, y se había retirado de nuevo hacia Las Cuevas. El tiroteo, por cierto, fue sentido en La Plata por Pedro Miret, quien el día antes había enviado al mensajero Luis Felipe Cruz Castillo, conocido por Juan Pescao, y uno de nuestros más eficaces enlaces, a Palma Mocha para hacer contacto con Cuevas y Paz.
Fidel en la Comandancia de La Plata, mientras elabora planes para la defensa del firme de la Maestra.
Después de esta incursión de los guardias, Paz decidió con muy buen juicio trasladar su emboscada más abajo. La nueva posición que ocupó era muy cerca de El Colmenar, a pocas decenas de metros de la salida del camino que venía de Las Cuevas.
La llegada en la tarde del día 15 del mensaje de Paz, en el que me explicaba lo que había hecho, resolvió todas mis preocupaciones de los dos días anteriores con relación a este sector. Esa misma tarde le envié respuesta:
Me alegra muchísimo saber que ya arribaste a Palma Mocha. Tengo la impresión de que ahí vamos a obtener una de las primeras victorias.
Están muy bien las disposiciones y muy clarito el mapa. Lo único que no me explicas es el punto exacto donde está situado Teruel. Ten en cuenta que cualquier fuerza nuestra destinada a parar el refuerzo enemigo debe estar preferentemente situada en un alto estratégico hacia el punto de donde deba venir el refuerzo, con defensas convenientemente preparadas en lugar oculto donde tomen posición en el momento preciso. En el caso preciso del camino que viene de las Cuevas, bien sea el de cerca del mar o el de más arriba, como se supone que por allí deba venir la tropa, que se va a dejar entrar para que caiga en la emboscada, las defensas no pueden hacerse en el camino, sino a un lado, que debe ser por supuesto el más alto.
En el camino que viene de las Cuevas para la casa de Emilio, sí hay que plantarles las defensas, atravesadas en la ruta para no dejarlos pasar.
[En] Caso de combate en la Playa, lo más probable es que el refuerzo trate de llegar por el camino que sale a la casita donde dormí la última vez que nos vimos; pero aun considerando esto lo más lógico y probable, al producirse el combate, debes destacar aunque sea una avanzadilla de dos hombres por lo menos, por el camino de más arriba (el que sale cerca de donde tú estás situado) para que se adelante lo más posible hacia las Cuevas y le dispare a cualquier tropa que trate de avanzar por él y retardar lo más posible su avance.
También, si la escuadra situada en el camino de las Cuevas a Emilio, es gente rápida y buena, cuando vea que se está combatiendo por la playa de Palma Mocha, se puede adelantar por el camino, aproximarse a las postas y tirotearlas para hacerle creer a la guarnición que va a ser atacada y vacile en el envío de refuerzos. [...]
No descuides darle instrucciones muy precisas a Teruel, para que sepa lo que tiene que hacer en cualquier circunstancia de peligro de que le corten la retirada, sobre todo que esté convencido de que aquí en la Sierra es imposible que copen a nadie y que siempre es posible escapar si se combate bien.
Con estas disposiciones y con las medidas tomadas por Paz, la trampa que preparábamos quedaba dispuesta en sus menores detalles. A partir de ese momento, tuve la más absoluta certeza de que a la tropa enemiga que había desembarcado en Las Cuevas le esperaba un verdadero desastre una vez que decidiera moverse. Esta convicción estaba reforzada por la gran confianza que tenía depositada en Paz, en su inteligencia y espíritu combativo. No por gusto le dije en un mensaje el día 16:
Estás actuando muy bien. Continúa usando la cabeza y verás cómo le vamos a ocasionar un descalabro para empezar. En esta guerra que estamos librando la pericia es el factor decisivo.
En resumen, el plan consistía en lo siguiente: si el enemigo se movía por cualquiera de los dos caminos inferiores, la escuadra de Teruel lo dejaría pasar. Al llegar al río, podría seguir en dos direcciones. Si tomaba hacia arriba, chocaba con la fuerte emboscada de Paz y si bajaba, al llegar a la boca caía en la emboscada de Cuevas, mientras Paz lo encerraba por la retaguardia. La misión de Teruel sería impedir la retirada del adversario hacia Las Cuevas y detener los posibles refuerzos que pudieran enviarle desde allí. Si el enemigo se movía por el camino superior, en dirección a la casa de Emilio Cabrera, chocaba con la escuadra de Elías, y Paz debía actuar entonces a discreción, reforzando esa posición y cerrando la retirada de los guardias.
En la playa de La Plata, entretanto, Pedro Miret mantenía su posición para impedir cualquier intento de desembarco, y la escuadra de Ciro del Río cubría el camino de la costa hacia La Plata desde el Oeste, en el caso de un intento de penetración por esa dirección. En El Macho y El Macío, las fuerzas rebeldes de la Columna 7, al mando del teniente Raúl Podio, un magnífico oficial, deberían resistir en caso de desembarco y replegarse por el río Macío. De esta forma, parecían estar previstas todas las variantes y protegidos todos los accesos desde el Sur.
Armas utilizadas por el Ejército de Batista contra los Rebelde
Fragata
La misión aérea de los Estados Unidos en Cuba propuso adquirir un escuadrón de estas aeronaves por ser un bombardero ligero, capaz de transportar 4 000 libras de bombas y probado en la guerra de Corea (1950-1953).
Para llevar a cabo las operaciones sobre la Sierra Maestra y garantizar un mayor radio de acción, el alto mando del Ejército ordenó crear en la base aérea de Camagüey un destacamento mixto de la FAEC, compuesto por aviones de combate, de enlace y de entrenamiento.
Nacionalidad: Estados Unidos
Longitud: 17,75 m
Envergadura: 21,64 m
Altura: 6,55 m
Peso cargado: 16,780 kg
Velocidad máxima: 454 km/h
Alcance: 1850km
Techo de servicio: 6400 m
Tripulación: 4
Ametralladoras Browning M2: 11 cal. 50
Bombas: 2359 kg
En 1943, fueron construidas las fragatas 301, José Martí; 302, Antonio Maceo y 303, Máximo Gómez, cuyos entrenamientos eran efectuados en la Base Naval de Guantánamo. Estas naves fueron empleadas en misiones de apoyo, desembarco y hostigamiento a las posiciones rebeldes.
Nacionalidad: Cuba
Desplazamiento: 2 199
Desplazamiento en pies: 304 (eslora) 37,5 (manga) 13,7 (calado)
Velocidad: 20 nudos
Armamento: 3 cañones de 3 pulgadas, calibre 50 2 cañones AA de 40 mm, excepto la Máximo Gómez, que tenía 3 6 cañones AA de 20 mm
Tripulación: 15 oficiales y 185 alistados, menos la José Martí que tenía 135.
Nacionalidad: Cuba
Desplazamiento: 2 199
Desplazamiento en pies: 304 (eslora) 37,5 (manga) 13,7 (calado)
Velocidad: 20 nudos
Armamento: 3 cañones de 3 pulgadas, calibre 50 2 cañones AA de 40 mm, excepto la Máximo Gómez, que tenía 3 6 cañones AA de 20 mm
Tripulación: 15 oficiales y 185 alistados, menos la José Martí que tenía 135.
Bombardero Douglas B-26B/C Invader.
La misión aérea de los Estados Unidos en Cuba propuso adquirir un escuadrón de estas aeronaves por ser un bombardero ligero, capaz de transportar 4 000 libras de bombas y probado en la guerra de Corea (1950-1953).
Para llevar a cabo las operaciones sobre la Sierra Maestra y garantizar un mayor radio de acción, el alto mando del Ejército ordenó crear en la base aérea de Camagüey un destacamento mixto de la FAEC, compuesto por aviones de combate, de enlace y de entrenamiento.
Nacionalidad: Estados Unidos
Longitud: 17,75 m
Envergadura: 21,64 m
Altura: 6,55 m
Peso cargado: 16,780 kg
Velocidad máxima: 454 km/h
Alcance: 1850km
Techo de servicio: 6400 m
Tripulación: 4
Ametralladoras Browning M2: 11 cal. 50
Bombas: 2359 kg
Sobre cómo se manipula el miedo para restringir derechos
Adital
Por Wilfredo Ardito Vega *
1. Sobre cómo se manipula el miedo para restringir derechos
"¿Alguien puede conseguir un millón de soles para que dos sicarios conviertan en cuadrapléjico a ese desgraciado?"
Uno a veces encuentra uno que otro mensaje violento en el Facebook, pero éste me parecía totalmente fuera de lugar. ¿Quién quería hacer tanto daño a quién? ¿Y por qué tenía tanto odio?
La persona que lo escribió seguramente no se consideraba a sí mismo un ser perverso: labora para una ONG que apoya a víctimas de la violencia y quiere mucho a su pequeño hijo. ¿Qué lo había transtornado así? La amplia cobertura periodística que se dio al caso de la niña Romina Cornejo, abaleada durante un asalto en la Vía Expresa, acompañada de una decena de noticias similares que terminaban generando masiva inseguridad aún a quien vive bajo rejas, llaves, muros y huachimanes. "Tres noches seguidas vi el noticiero de ATV y ya estaba totalmente angustiada", confiesa una amiga.
La generación de miedo, magnificando amenazas reales o supuestas es un fenómeno recurrente a nivel mundial. El año pasado, la propia OMS difundió irresponsablemente la alarma de una pandemia global, generando pánico en México y muchos países. En el Perú, ello generó que se desviara la atención respecto de las muertes perfectamente evitables de muchos niños en la zona andina.
Años antes, el gobierno de Bush usó los temores de la sociedad estadounidense para que ésta aceptara la sangrienta invasión de Irak y los crímenes de Guantánamo. Se desarrolla así la idea del "daño colateral", es decir "un hecho inevitable y lamentable que uno debe aceptar para evitar un perjuicio a toda la sociedad.
En el Perú, en los duros años de la violencia política, el miedo bloqueó muchas veces la razón. Lo mismo ocurrió en Trujillo entre agosto del 2008 y noviembre del 2009, cuando el Escuadrón de Emergencias mató a 46 personas. Pese a que evidentemente se trataba de ejecuciones extrajudiciales, muchos trujillanos aceptaron los crímenes, como necesarios, frente a las temibles bandas de extorsionadores. Las muertes de inocentes eran, precisamente "el daño colateral". Ni siquiera las voces ligadas a los derechos humanos en esa ciudad protestaron.
Respecto a la inseguridad que muchos sienten en Lima, la influencia más fuerte no son los delitos en sí mismos, sino los medios de comunicación, incluida la internet y los correos sobre "nuevas formas de asaltar en Lima", que muchas veces son copias de cadenas enviadas en otros países latinoamericanos.
En el Perú el número de homicidios es la cuarta parte del promedio de América Latina y la tasa de homicidios en Lima es también sumamente baja. Este informe, http://ciudadnuestra.org/facipub/upload/cont/1951/files/quienes_son_asesinados.pdf muestra además que la mayoría de homicidios no son parte de "la ola de delincuencia", sino son perpetrados por personas conocidas de la víctima, como en los casos de feminicidio y otras formas de violencia familiar.
Un dato importante es que de manera desproporcionada los asesinatos se producen los domingos: suelen estar ligados al consumo de consumo de alcohol los fines de semana, que elimina inhibiciones y que acompaña riñas, asaltos, etcétera.
Lejos de incidir en el problema real, el jueves pasado el Congreso se ha mostrado jaqueado por las campañas mediáticas, o quizás es parte del mismo juego. En todo caso, el mismo jueves los medios difundían por internet rostros de supuestos "taxistas-asaltantes -violadores", que estarían proliferando en Lima y que no correspondían a personas reales, pero sí generaban mayor inseguridad.
La más grave decisión que el Congreso tomó el jueves ha sido distorsionar la noción de flagrancia: la policía podrá detener a una persona, sin orden judicial, diciendo que hay una investigación en curso por un delito cometido en las últimas 24 horas. No es nada fuera de lugar lo que decimos: el mismo jueves, en el centro de Lima, a miles de personas se les pidió su DNI y quienes no lo tenían fueron detenidos. Otro ejemplo de daño colateral.
Como el año pasado con la gripe porcina, hemos visto nuevamente el poder de los medios de comunicación para generar pánico social. El miedo es el mejor agente dominador, a través del cual una sociedad asustada acepta todo tipo de medidas "para su protección". El caso de Romina Cornejo es especialmente cruel, porque se manipula lo más sagrado para muchos peruanos, que es el temor que algo les ocurra a sus hijos. Habrá que esperar a que haya tiempos de mayor cordura y precisar cómo el miedo paraliza nuestra capacidad crítica.
Entretanto, reducir el número de homicidios está más cerca de lo que podría creerse y, afortunadamente, no está en manos solamente del Ministerio del Interior o del Congreso. Restringir la venta y el consumo de bebidas alcohólicas han sido medidas efectivas en muchas ciudades. Campañas efectivas contra la violencia familiar siguen estando pendientes. Y, para no dejarnos inocular más miedo, sería más sano ver menos noticieros.
**********
2. Dense prisa que ya es hora de salir de Irak
Por Wilkie Delgado Correa
Cuando expresé en un artículo titulado "Mensaje de año nuevo: Mr. Obama, la guerra no es algo que se gana, pues se pierde siempre", lo hacía convencido de que en las guerras injustas el fin de la misma es la verdadera victoria.
Hoy y siempre, y más cuando se analizan los acontecimientos que amenazan a nuestro mundo convulso, uno no puede dejar de expresar sus deseos de una vida mejor y feliz para amigos y extraños, para los semejantes cercanos o lejanos, para los seres íntimos y para todos los seres que forman la humanidad, esa patria común. Y uno no puede dejar de pensar que la paz constituye un bien preciado para todos y es el basamento de la vida mejor y la felicidad.
Como es conocido la paz, ese derecho e ideal de los hombres y de los pueblos, es representada simbólicamente por una paloma blanca. Pero en estos tiempos, como en muchas épocas anteriores de la humanidad, la paloma vuela gravemente herida y con el alma triste y enlutada por tanta insania e insensatez de quienes apelan a la guerra injusta para alcanzar, por esta vía, un sueño imposible de lograr, aunque en realidad se trata de ambiciones de supremacías infinitas propias de enajenados por el poder.
A pesar de tantos problemas acumulados de las más variadas naturalezas, algunos tan graves que amenazan la existencia misma de la especie humana, tal parece que la locura, la necedad y la irracionalidad no dejan comprender a los dirigentes de las naciones poderosas que el crimen contra la naturaleza y las guerras contra naciones, librados a expensas de fabulosos gastos de recursos de todo tipo, y con horrendos resultados en víctimas humanas, en destrucción desoladora y en sufrimientos sin cuento, no solucionan los graves padecimientos y dolores de la humanidad sufriente ni del medio ambiente deteriorado, sino los agravan en forma mortífera.
En estos años de guerras despiadadas en Afganistán e Irak, de amenazas reales de otras, de agresiones de diversas índoles contra muchos países, todo lo que se ha conseguido, hasta ahora, es un montón de derrotas y penas, humanamente menores en los agresores e infinitamente mayores en los agredidos, pero moralmente mayores en las huestes de los agresores.
Nada bueno ha ocurrido desde el primer día en que se ordenó el estallido de esta hecatombe guerrerista, que amenazaba a extenderse a más de sesenta oscuros rincones del mundo. Las tumbas de los caídos de todos los bandos, el sufrimiento de sus familiares y sus pueblos, son el más impactante y sensible indicio de todo lo terrible y malo que ha acontecido en este lapso luctuoso de la historia humana.
Este año del 2010, a finales de Agosto, se ha producido la retirada prometida por Obama de dos tercios de las tropas de combate presentes en Irak. Se trata, por lo tanto, de una retirada parcial en cuanto al número de efectivos. El tercio restante, unos cincuenta mil militares con sus medios de guerra quedan en suelo iraquí, según se afirma, para continuar el entrenamiento de las tropas nacionales del país invadido. Quedan en sus bases, bien parapetados y resguardados, con lo cual deben sufrir menor número de bajas entre muertos y heridos. Está por ver si en el 2011 retirarán el contingente que aún permanece en su misión de conquistadores después de más de siete años de la invasión ilegal, al amparo de las más colosales mentiras esgrimidas por el presidente Bush, la cúpula dirigente de los Estados Unidos, y los gobiernos aliados serviles representados por Blair y Aznar.
En las actuales circunstancias, Obama debiera olvidarse de las macabras aspiraciones mesiánicas de guerras infinitas de W. Bush, debiera recordar, por el contrario, con veneración y fidelidad a Martin Luther King, quien defendió un sueño sublime y luchó hasta dar la vida por los derechos civiles para los norteamericanos negros y por la paz, y quien, sin duda alguna, desbrozó el camino que hizo posible, a partir de la conquista del reconocimiento esencial de la igualdad entre blancos y negros, la llegada a la Casa Blanca, unos años después de su asesinato, de un representante, el primero, de la raza históricamente esclavizada, explotada, empobrecida, discriminada y hasta encarcelada, asesinada y linchada en una proporción significativa en el país que blasonaba hipócritamente, desde su fundación, de reino de la democracia y la libertad. ¿Alguien podría afirmar que hay algo incierto en lo expresado anteriormente?
Dígase lo que se quiera decir sobre esta retirada, que tranquiliza en cierta forma al pueblo norteamericano, y afianza la credibilidad del presidente Obama, es inobjetable que ha tenido el carácter de una escapada o huida disfrazada hacia Kuwait, en una operación manejada con cautela y secreto, con medidas extremas de seguridad, para evitar que durante la misma ocurriera un atentado cruento por parte de la resistencia iraquí.
Al partir del país invadido -¿no dijeron que fue liberado?- no hubo nada de ceremonias oficiales de despedidas ni ríos humanos de iraquíes dando vivas y ofreciendo flores ni manos alzadas en gesto de saludos ni abrazos íntimos que reflejaran la fraternidad entre dos pueblos. ¡Qué poca o nula cosecha de gratitud por parte de una población liberada hacia una tropa que se ha sacrificado durante más de siete años! ¿No parece extraña esta realidad? ¿Alguien duda sobre las razones para que esta partida de Irak haya tenido tales características, que denuncian el carácter ofensivo de los conquistadores en tierras árabes? Se han ido éstos y se irán los otros, al fin se irán todos sin nunca arribar a las metas o destinos propuestos, no importa el tiempo que eso tarde.
Se ha cumplido aquello que dijimos hace años: "cuando salgan, años más o años menos, no podrán cantar victoria." El tiempo de permanencia de una tropa extranjera con su poderío descomunal en el territorio de un país invadido, en contra de su voluntad soberana, y que los desafía con su resistencia todos los días, no significará nunca una victoria, incluso si lo acompañara un período relativo de paz. Sólo bastaría para la derrota del invasor, el sentimiento de antipatía y odio y la conciencia, en el pueblo invadido, de que se trata de tropas enemigas con un comportamiento cruel y genocida. Y todo eso lo ha cosechado el ejército invasor norteamericano y el de otras nacionalidades. Involucrados en una guerra injustificable e ilegal, con fines espurios, han caído en una emboscada en que ni la marcha hacia delante ni la retirada pueden conducir a un destino cierto y salvador. La lección de la historia es valedera en cualquier época histórica: los invasores no tienen ni tendrán futuro.
El ejército invasor saldrá de Irak, derrotado en lo militar, en lo político y en lo moral. Y el actual gobierno iraquí o sus sucesores, serán a la larga también barridos del escenario político, por un nacionalismo que no les perdonará el haber servido de instrumento servil de los invasores, y por el entorno de los países árabes, que también les será adverso.
Pero queda una pregunta esencial: ¿cómo saldrán los invasores de Irak? La respuesta puede ser escueta: Saldrán derrotados y con la moral por el suelo?
La retirada definitiva de las tropas que quedan en Irak pudiera ocurrir dentro de unos meses, dentro de uno, diez o cien años, y el resultado sobre cómo saldrán será el mismo: derrotados. Pues el tiempo de la conquista no significará nunca la magnitud de una victoria legítima. Sin embargo, bastará que el sentimiento de odio y antipatía de los dominados sea generalizado, que exista conciencia sobre que los ocupantes son enemigos a los cuales se debe resistir tenazmente un día tras otro hasta desgastarlo, para que la derrota sea evidente y real. Si bien se puede afirmar con absoluta certeza que saldrán derrotados, vale la pena profundizar sobre todo lo que lleva implícito ese cómo llamado derrota.
A pesar de su inmenso poderío y de haber provocado pérdidas cuantiosas y desproporcionadas en vidas y recursos materiales de Irak, las tropas norteamericanas y aliadas, militares y civiles, saldrán con pérdidas significativas en vidas. El luto ha llegado también al pueblo norteamericano multiplicado en muchos más miles de padres, hijos, esposos y esposas, hermanos, parientes, amigos y vecinos de los caídos. También ha llegado el luto, en menor cuantía, a los pueblos cuyos gobernantes decidieron acompañar a Bush en su nefasta aventura invasora.
Saldrán las tropas invasoras anatematizadas por el genocidio practicado, que hoy se calcula en más de casi o más de un millón iraquíes muertos y heridos, y millones de desplazados. Muchos invasores, vaya usted a saber cuántos, saldrán calificados como criminales de guerra de lesa humanidad, aunque nunca puedan ser juzgados ni pierdan un pelo.
Saldrán como ejecutores de actos condenados por los pactos internacionales de derechos humanos y del derecho humanitario. Asesinato, violaciones, torturas, irrespeto y afrenta a las creencias, valores y dignidad de las personas y de las nacionalidades, persecuciones, cacerías, secuestros, desapariciones, exterminios, terrorismo, destrucción de hogares y de ciudades, así como de bienes patrimoniales de la humanidad
Saldrán como entronizadores del terror, la ilegalidad y las tropelías infinitas, incluyendo secuestros internacionales, cárceles secretas y cárceles de nuevo tipo o territorios amurallados, desconocimiento de los derechos de los detenidos y de las normas de tratamiento justo y civilizado.
Saldrán como soldados que con sus botas violaron principios sagrados de los pueblos como son la independencia, la soberanía, la autodeterminación y la paz, cumpliendo los dictados de la potencia imperial que desató una guerra ilegal e injustificable a pesar de la protesta del mundo y del propio pueblo norteamericano.
Saldrán heridos físicamente: sin piernas, sin brazos, tuertos y ciegos, en fin, con mutilaciones físicas diversas.
Saldrán traumatizados sicológicamente: ya sea con mentalidad de asesinos y torturadores, con sentimientos de odio, de miedo, de terror, de desconfianza, de culpa, de suicidio. En fin, saldrán con penas del alma que durante sus existencias quizás nunca sanarán. Padecerán de recuerdos y de pesadillas horribles.
Saldrán con pérdida o modificación de valores humanos esenciales que quizás los lleve o ya los han llevado a la autodestrucción (suicidio) y a la destrucción de sus familias o de otros ciudadanos (homicidios individuales o colectivos).
Saldrán con un sentimiento de haber sido engañados, de haber defendido intereses espurios de una clase política y de un gobierno mediocre y estúpido, pero criminal, de la inutilidad y de lo indefendible de la guerra librada. Saldrán defraudados y con las vendas de la patriotería caídas. Saldrán con el heroísmo y el patriotismo herido, por la traición de sus propios gobernantes. Los arrepentidos serán humanamente bien aventurados. Los fieles creyentes de las conquistas imperiales, seguirán siendo una amenaza para el pueblo norteamericano y la humanidad.
Saldrán acompañados de todas las mentiras propaladas por el gobierno norteamericano de Bush sobre las causas sobre la guerra, sobre fantasiosos rescate de soldados y heroínas, sobre supuestas muertes heroicas en combate, sobre los show propagandísticos, sobre los miles lados claros y oscuros de la guerra y sus consecuencias.
Saldrán con un record absurdo de afectación económica para su país, que será culpa del gobierno de los Estados Unidos. Los costos económicos ascenderán a miles de millones de dólares o más de un millón de millones, a fin de mantener los gastos diversos de la guerra y, por supuesto, la corrupción galopante de todos los tipos de funcionarios y de las empresas ligadas a los intereses gubernamentales. A su vez, ¿cuántos costará esta aventura a la economía iraquí?
Saldrán como víctimas o victimarios del llamado "fuego amigo", incluyendo a soldados y hasta periodistas.
Saldrán con cientos de desertores que, por sus razones legítimas de no ser partícipes de un crimen, más que condena merecen honor.
Saldrán con un sentimiento contrario y de condena de los hombres y mujeres de todos los pueblos del mundo, que en nombre de la paz y los principios que rigen en las Naciones Unidas, se han opuesto desde el principio o en etapas posteriores a esta guerra absurda que aplicó el terrorismo más ignominioso y brutal en nombre de un supuesto y engañoso combate contra el terrorismo "made in USA".
Saldrán repudiados, condenados, odiados, denunciados, castigados por sus actos.
Pero, en fin, sólo ellos individualmente, como soldados y oficiales, sabrán en lo más íntimo de sus conciencias como realmente saldrán, según sus vivencias y valoraciones personales, aunque jamás lo confiesen.
En resumen, los invasores de Irak saldrán desmoralizados y derrotados desde cualquier punto de vista que estos hechos sean analizados. Una vez más la historia confirmará que los conquistadores no han tenido ni tendrán futuro.
Recuerden eso, conquistadores y soldados de la fortuna o mercenarios en otras tierras del mundo.
* Abogado. Master en Derecho Internacional de los DH. Catedrático universitario. Miembro de la Mesa para la No Discriminación de la Coordinadora Nacional de DH. Resp. de Derechos Sociales, Económicos y Culturales de APRODEH
Por Wilfredo Ardito Vega *
Antoms
1. Sobre cómo se manipula el miedo para restringir derechos
"¿Alguien puede conseguir un millón de soles para que dos sicarios conviertan en cuadrapléjico a ese desgraciado?"
Uno a veces encuentra uno que otro mensaje violento en el Facebook, pero éste me parecía totalmente fuera de lugar. ¿Quién quería hacer tanto daño a quién? ¿Y por qué tenía tanto odio?
La persona que lo escribió seguramente no se consideraba a sí mismo un ser perverso: labora para una ONG que apoya a víctimas de la violencia y quiere mucho a su pequeño hijo. ¿Qué lo había transtornado así? La amplia cobertura periodística que se dio al caso de la niña Romina Cornejo, abaleada durante un asalto en la Vía Expresa, acompañada de una decena de noticias similares que terminaban generando masiva inseguridad aún a quien vive bajo rejas, llaves, muros y huachimanes. "Tres noches seguidas vi el noticiero de ATV y ya estaba totalmente angustiada", confiesa una amiga.
La generación de miedo, magnificando amenazas reales o supuestas es un fenómeno recurrente a nivel mundial. El año pasado, la propia OMS difundió irresponsablemente la alarma de una pandemia global, generando pánico en México y muchos países. En el Perú, ello generó que se desviara la atención respecto de las muertes perfectamente evitables de muchos niños en la zona andina.
Años antes, el gobierno de Bush usó los temores de la sociedad estadounidense para que ésta aceptara la sangrienta invasión de Irak y los crímenes de Guantánamo. Se desarrolla así la idea del "daño colateral", es decir "un hecho inevitable y lamentable que uno debe aceptar para evitar un perjuicio a toda la sociedad.
En el Perú, en los duros años de la violencia política, el miedo bloqueó muchas veces la razón. Lo mismo ocurrió en Trujillo entre agosto del 2008 y noviembre del 2009, cuando el Escuadrón de Emergencias mató a 46 personas. Pese a que evidentemente se trataba de ejecuciones extrajudiciales, muchos trujillanos aceptaron los crímenes, como necesarios, frente a las temibles bandas de extorsionadores. Las muertes de inocentes eran, precisamente "el daño colateral". Ni siquiera las voces ligadas a los derechos humanos en esa ciudad protestaron.
Respecto a la inseguridad que muchos sienten en Lima, la influencia más fuerte no son los delitos en sí mismos, sino los medios de comunicación, incluida la internet y los correos sobre "nuevas formas de asaltar en Lima", que muchas veces son copias de cadenas enviadas en otros países latinoamericanos.
En el Perú el número de homicidios es la cuarta parte del promedio de América Latina y la tasa de homicidios en Lima es también sumamente baja. Este informe, http://ciudadnuestra.org/facipub/upload/cont/1951/files/quienes_son_asesinados.pdf muestra además que la mayoría de homicidios no son parte de "la ola de delincuencia", sino son perpetrados por personas conocidas de la víctima, como en los casos de feminicidio y otras formas de violencia familiar.
Un dato importante es que de manera desproporcionada los asesinatos se producen los domingos: suelen estar ligados al consumo de consumo de alcohol los fines de semana, que elimina inhibiciones y que acompaña riñas, asaltos, etcétera.
Lejos de incidir en el problema real, el jueves pasado el Congreso se ha mostrado jaqueado por las campañas mediáticas, o quizás es parte del mismo juego. En todo caso, el mismo jueves los medios difundían por internet rostros de supuestos "taxistas-asaltantes -violadores", que estarían proliferando en Lima y que no correspondían a personas reales, pero sí generaban mayor inseguridad.
La más grave decisión que el Congreso tomó el jueves ha sido distorsionar la noción de flagrancia: la policía podrá detener a una persona, sin orden judicial, diciendo que hay una investigación en curso por un delito cometido en las últimas 24 horas. No es nada fuera de lugar lo que decimos: el mismo jueves, en el centro de Lima, a miles de personas se les pidió su DNI y quienes no lo tenían fueron detenidos. Otro ejemplo de daño colateral.
Como el año pasado con la gripe porcina, hemos visto nuevamente el poder de los medios de comunicación para generar pánico social. El miedo es el mejor agente dominador, a través del cual una sociedad asustada acepta todo tipo de medidas "para su protección". El caso de Romina Cornejo es especialmente cruel, porque se manipula lo más sagrado para muchos peruanos, que es el temor que algo les ocurra a sus hijos. Habrá que esperar a que haya tiempos de mayor cordura y precisar cómo el miedo paraliza nuestra capacidad crítica.
Entretanto, reducir el número de homicidios está más cerca de lo que podría creerse y, afortunadamente, no está en manos solamente del Ministerio del Interior o del Congreso. Restringir la venta y el consumo de bebidas alcohólicas han sido medidas efectivas en muchas ciudades. Campañas efectivas contra la violencia familiar siguen estando pendientes. Y, para no dejarnos inocular más miedo, sería más sano ver menos noticieros.
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2. Dense prisa que ya es hora de salir de Irak
Por Wilkie Delgado Correa
Cuando expresé en un artículo titulado "Mensaje de año nuevo: Mr. Obama, la guerra no es algo que se gana, pues se pierde siempre", lo hacía convencido de que en las guerras injustas el fin de la misma es la verdadera victoria.
Hoy y siempre, y más cuando se analizan los acontecimientos que amenazan a nuestro mundo convulso, uno no puede dejar de expresar sus deseos de una vida mejor y feliz para amigos y extraños, para los semejantes cercanos o lejanos, para los seres íntimos y para todos los seres que forman la humanidad, esa patria común. Y uno no puede dejar de pensar que la paz constituye un bien preciado para todos y es el basamento de la vida mejor y la felicidad.
Como es conocido la paz, ese derecho e ideal de los hombres y de los pueblos, es representada simbólicamente por una paloma blanca. Pero en estos tiempos, como en muchas épocas anteriores de la humanidad, la paloma vuela gravemente herida y con el alma triste y enlutada por tanta insania e insensatez de quienes apelan a la guerra injusta para alcanzar, por esta vía, un sueño imposible de lograr, aunque en realidad se trata de ambiciones de supremacías infinitas propias de enajenados por el poder.
A pesar de tantos problemas acumulados de las más variadas naturalezas, algunos tan graves que amenazan la existencia misma de la especie humana, tal parece que la locura, la necedad y la irracionalidad no dejan comprender a los dirigentes de las naciones poderosas que el crimen contra la naturaleza y las guerras contra naciones, librados a expensas de fabulosos gastos de recursos de todo tipo, y con horrendos resultados en víctimas humanas, en destrucción desoladora y en sufrimientos sin cuento, no solucionan los graves padecimientos y dolores de la humanidad sufriente ni del medio ambiente deteriorado, sino los agravan en forma mortífera.
En estos años de guerras despiadadas en Afganistán e Irak, de amenazas reales de otras, de agresiones de diversas índoles contra muchos países, todo lo que se ha conseguido, hasta ahora, es un montón de derrotas y penas, humanamente menores en los agresores e infinitamente mayores en los agredidos, pero moralmente mayores en las huestes de los agresores.
Nada bueno ha ocurrido desde el primer día en que se ordenó el estallido de esta hecatombe guerrerista, que amenazaba a extenderse a más de sesenta oscuros rincones del mundo. Las tumbas de los caídos de todos los bandos, el sufrimiento de sus familiares y sus pueblos, son el más impactante y sensible indicio de todo lo terrible y malo que ha acontecido en este lapso luctuoso de la historia humana.
Este año del 2010, a finales de Agosto, se ha producido la retirada prometida por Obama de dos tercios de las tropas de combate presentes en Irak. Se trata, por lo tanto, de una retirada parcial en cuanto al número de efectivos. El tercio restante, unos cincuenta mil militares con sus medios de guerra quedan en suelo iraquí, según se afirma, para continuar el entrenamiento de las tropas nacionales del país invadido. Quedan en sus bases, bien parapetados y resguardados, con lo cual deben sufrir menor número de bajas entre muertos y heridos. Está por ver si en el 2011 retirarán el contingente que aún permanece en su misión de conquistadores después de más de siete años de la invasión ilegal, al amparo de las más colosales mentiras esgrimidas por el presidente Bush, la cúpula dirigente de los Estados Unidos, y los gobiernos aliados serviles representados por Blair y Aznar.
En las actuales circunstancias, Obama debiera olvidarse de las macabras aspiraciones mesiánicas de guerras infinitas de W. Bush, debiera recordar, por el contrario, con veneración y fidelidad a Martin Luther King, quien defendió un sueño sublime y luchó hasta dar la vida por los derechos civiles para los norteamericanos negros y por la paz, y quien, sin duda alguna, desbrozó el camino que hizo posible, a partir de la conquista del reconocimiento esencial de la igualdad entre blancos y negros, la llegada a la Casa Blanca, unos años después de su asesinato, de un representante, el primero, de la raza históricamente esclavizada, explotada, empobrecida, discriminada y hasta encarcelada, asesinada y linchada en una proporción significativa en el país que blasonaba hipócritamente, desde su fundación, de reino de la democracia y la libertad. ¿Alguien podría afirmar que hay algo incierto en lo expresado anteriormente?
Dígase lo que se quiera decir sobre esta retirada, que tranquiliza en cierta forma al pueblo norteamericano, y afianza la credibilidad del presidente Obama, es inobjetable que ha tenido el carácter de una escapada o huida disfrazada hacia Kuwait, en una operación manejada con cautela y secreto, con medidas extremas de seguridad, para evitar que durante la misma ocurriera un atentado cruento por parte de la resistencia iraquí.
Al partir del país invadido -¿no dijeron que fue liberado?- no hubo nada de ceremonias oficiales de despedidas ni ríos humanos de iraquíes dando vivas y ofreciendo flores ni manos alzadas en gesto de saludos ni abrazos íntimos que reflejaran la fraternidad entre dos pueblos. ¡Qué poca o nula cosecha de gratitud por parte de una población liberada hacia una tropa que se ha sacrificado durante más de siete años! ¿No parece extraña esta realidad? ¿Alguien duda sobre las razones para que esta partida de Irak haya tenido tales características, que denuncian el carácter ofensivo de los conquistadores en tierras árabes? Se han ido éstos y se irán los otros, al fin se irán todos sin nunca arribar a las metas o destinos propuestos, no importa el tiempo que eso tarde.
Se ha cumplido aquello que dijimos hace años: "cuando salgan, años más o años menos, no podrán cantar victoria." El tiempo de permanencia de una tropa extranjera con su poderío descomunal en el territorio de un país invadido, en contra de su voluntad soberana, y que los desafía con su resistencia todos los días, no significará nunca una victoria, incluso si lo acompañara un período relativo de paz. Sólo bastaría para la derrota del invasor, el sentimiento de antipatía y odio y la conciencia, en el pueblo invadido, de que se trata de tropas enemigas con un comportamiento cruel y genocida. Y todo eso lo ha cosechado el ejército invasor norteamericano y el de otras nacionalidades. Involucrados en una guerra injustificable e ilegal, con fines espurios, han caído en una emboscada en que ni la marcha hacia delante ni la retirada pueden conducir a un destino cierto y salvador. La lección de la historia es valedera en cualquier época histórica: los invasores no tienen ni tendrán futuro.
El ejército invasor saldrá de Irak, derrotado en lo militar, en lo político y en lo moral. Y el actual gobierno iraquí o sus sucesores, serán a la larga también barridos del escenario político, por un nacionalismo que no les perdonará el haber servido de instrumento servil de los invasores, y por el entorno de los países árabes, que también les será adverso.
Pero queda una pregunta esencial: ¿cómo saldrán los invasores de Irak? La respuesta puede ser escueta: Saldrán derrotados y con la moral por el suelo?
La retirada definitiva de las tropas que quedan en Irak pudiera ocurrir dentro de unos meses, dentro de uno, diez o cien años, y el resultado sobre cómo saldrán será el mismo: derrotados. Pues el tiempo de la conquista no significará nunca la magnitud de una victoria legítima. Sin embargo, bastará que el sentimiento de odio y antipatía de los dominados sea generalizado, que exista conciencia sobre que los ocupantes son enemigos a los cuales se debe resistir tenazmente un día tras otro hasta desgastarlo, para que la derrota sea evidente y real. Si bien se puede afirmar con absoluta certeza que saldrán derrotados, vale la pena profundizar sobre todo lo que lleva implícito ese cómo llamado derrota.
A pesar de su inmenso poderío y de haber provocado pérdidas cuantiosas y desproporcionadas en vidas y recursos materiales de Irak, las tropas norteamericanas y aliadas, militares y civiles, saldrán con pérdidas significativas en vidas. El luto ha llegado también al pueblo norteamericano multiplicado en muchos más miles de padres, hijos, esposos y esposas, hermanos, parientes, amigos y vecinos de los caídos. También ha llegado el luto, en menor cuantía, a los pueblos cuyos gobernantes decidieron acompañar a Bush en su nefasta aventura invasora.
Saldrán las tropas invasoras anatematizadas por el genocidio practicado, que hoy se calcula en más de casi o más de un millón iraquíes muertos y heridos, y millones de desplazados. Muchos invasores, vaya usted a saber cuántos, saldrán calificados como criminales de guerra de lesa humanidad, aunque nunca puedan ser juzgados ni pierdan un pelo.
Saldrán como ejecutores de actos condenados por los pactos internacionales de derechos humanos y del derecho humanitario. Asesinato, violaciones, torturas, irrespeto y afrenta a las creencias, valores y dignidad de las personas y de las nacionalidades, persecuciones, cacerías, secuestros, desapariciones, exterminios, terrorismo, destrucción de hogares y de ciudades, así como de bienes patrimoniales de la humanidad
Saldrán como entronizadores del terror, la ilegalidad y las tropelías infinitas, incluyendo secuestros internacionales, cárceles secretas y cárceles de nuevo tipo o territorios amurallados, desconocimiento de los derechos de los detenidos y de las normas de tratamiento justo y civilizado.
Saldrán como soldados que con sus botas violaron principios sagrados de los pueblos como son la independencia, la soberanía, la autodeterminación y la paz, cumpliendo los dictados de la potencia imperial que desató una guerra ilegal e injustificable a pesar de la protesta del mundo y del propio pueblo norteamericano.
Saldrán heridos físicamente: sin piernas, sin brazos, tuertos y ciegos, en fin, con mutilaciones físicas diversas.
Saldrán traumatizados sicológicamente: ya sea con mentalidad de asesinos y torturadores, con sentimientos de odio, de miedo, de terror, de desconfianza, de culpa, de suicidio. En fin, saldrán con penas del alma que durante sus existencias quizás nunca sanarán. Padecerán de recuerdos y de pesadillas horribles.
Saldrán con pérdida o modificación de valores humanos esenciales que quizás los lleve o ya los han llevado a la autodestrucción (suicidio) y a la destrucción de sus familias o de otros ciudadanos (homicidios individuales o colectivos).
Saldrán con un sentimiento de haber sido engañados, de haber defendido intereses espurios de una clase política y de un gobierno mediocre y estúpido, pero criminal, de la inutilidad y de lo indefendible de la guerra librada. Saldrán defraudados y con las vendas de la patriotería caídas. Saldrán con el heroísmo y el patriotismo herido, por la traición de sus propios gobernantes. Los arrepentidos serán humanamente bien aventurados. Los fieles creyentes de las conquistas imperiales, seguirán siendo una amenaza para el pueblo norteamericano y la humanidad.
Saldrán acompañados de todas las mentiras propaladas por el gobierno norteamericano de Bush sobre las causas sobre la guerra, sobre fantasiosos rescate de soldados y heroínas, sobre supuestas muertes heroicas en combate, sobre los show propagandísticos, sobre los miles lados claros y oscuros de la guerra y sus consecuencias.
Saldrán con un record absurdo de afectación económica para su país, que será culpa del gobierno de los Estados Unidos. Los costos económicos ascenderán a miles de millones de dólares o más de un millón de millones, a fin de mantener los gastos diversos de la guerra y, por supuesto, la corrupción galopante de todos los tipos de funcionarios y de las empresas ligadas a los intereses gubernamentales. A su vez, ¿cuántos costará esta aventura a la economía iraquí?
Saldrán como víctimas o victimarios del llamado "fuego amigo", incluyendo a soldados y hasta periodistas.
Saldrán con cientos de desertores que, por sus razones legítimas de no ser partícipes de un crimen, más que condena merecen honor.
Saldrán con un sentimiento contrario y de condena de los hombres y mujeres de todos los pueblos del mundo, que en nombre de la paz y los principios que rigen en las Naciones Unidas, se han opuesto desde el principio o en etapas posteriores a esta guerra absurda que aplicó el terrorismo más ignominioso y brutal en nombre de un supuesto y engañoso combate contra el terrorismo "made in USA".
Saldrán repudiados, condenados, odiados, denunciados, castigados por sus actos.
Pero, en fin, sólo ellos individualmente, como soldados y oficiales, sabrán en lo más íntimo de sus conciencias como realmente saldrán, según sus vivencias y valoraciones personales, aunque jamás lo confiesen.
En resumen, los invasores de Irak saldrán desmoralizados y derrotados desde cualquier punto de vista que estos hechos sean analizados. Una vez más la historia confirmará que los conquistadores no han tenido ni tendrán futuro.
Recuerden eso, conquistadores y soldados de la fortuna o mercenarios en otras tierras del mundo.
* Abogado. Master en Derecho Internacional de los DH. Catedrático universitario. Miembro de la Mesa para la No Discriminación de la Coordinadora Nacional de DH. Resp. de Derechos Sociales, Económicos y Culturales de APRODEH
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