jueves, 30 de agosto de 2012

Arrebatos en el zoológico




Por Julio Escoto

Lo que mantiene en crisis permanente a Honduras no es la atribuida pérdida de valores sino una terrible confusión sobre lo debe hacerse para remediarla. La actual élite de gobierno da la apariencia de una explosión de juegos pirotécnicos donde cada quien de la estructura se dispara donde manda la imaginación pero sin ciencia o técnica probada, dejando la imagen de que jugadores de enchute se reunieron a buscar soluciones y a probar resultados sin éxito parcial ni final, más bien incrementando el desconcierto.

El último invento en ese caos son las comisiones reparadoras, encargadas de corregir metidas de extremidades, como en Dei, Pani, y Hondutel, a las que nombran ejecutivo y legislativo, tal la intromisión de un poder en funciones del otro.

Lo grave es que cada error multiplica desconfianza, desaliento y costo pues son fallas de dirección humana, no del destino, haciendo obvio que quienes administran no solo no estaban preparados para gobernar sino que ya en el cargo carecen de asesores ideales. Y no se trata exclusivamente de Lobo y sus gentes sino de la historia, pues es la misma situación repetida desde hace un siglo cuando el empirismo, el clientelismo y la ignorancia se adueñaron de la nación. “País del error” titulaba Valle a Centroamérica; república de improvisación llamaría a Honduras.

La equivocación política de 2009 revienta hoy en crisis económica sin que los actores aprendan la lección, o quizás para lucrar con ella, ya que un evangélico de reconocida subcultura afirma estar dispuesto a apoyar otro golpe de Estado, como si la violencia generara prosperidad. Vivimos como cuando los mandatarios bajaban a La Lima a rogar que las fruteras les proveyeran empréstitos, como cuando “Pacán” López Gutiérrez pagaba con bonos los salarios oficiales, como cuando se otorgaban onerosas concesiones y se repartía el país a extranjeros para generar impuestos sobrepasados por las mismas concesiones; daban mil para recibir cien. Alumnos pésimos estos: van a otorgar 20 años más de usufructo a una empresa aeroportuaria que es incapaz de financiar una construcción por ella misma. Eso no es disparate, es maldad.

El más reciente arrebato es zoológico. Por necesidad de caudillos ––deformación mental del atavismo––, por deseo subconsciente (sospechoso) de una figura macha que mande, por bestialismo y servilismo, ahora gira todo en torno a animales.

Un candidato a alcalde promete crear al “Puma”, que sería una policía unificada municipal o algo así; el presidente del congreso insiste en organizar su propia y pequeña Gestapo de doscientos agentes, que serían el “Tigre”, los chafarotes piden comprar Tucanos; operaciones represivas en las calles y el Aguán se llaman relámpago y trueno, vamos irremediablemente al “garrison state”, al Estado cuartel o barraca donde reina, entre climas de selva, la concepción ––plenamente errada, desde luego–– de que los problemas comunales, económicos, políticos y culturales se resuelven mejor con la fuerza que con el progreso y la negociación.

Y lo triste es que no acontece por ignorancia. Hay experiencias acumuladas en Nueva York, Nicaragua y Colombia que enseñan cómo la delincuencia y la criminalidad se reducen con educación y cerrando la brecha de la inequidad social, que es decir de la injusticia y la disparidad en ingreso y distribución de riqueza. Argentina canceló todas las compras de armas y rebajó el sueldo del estamento otrora intocable del ejército; Brasil decretó un IVA más alto para artículos suntuarios que para lo que compra el pobre, así como incrementó el costo de matrícula para automóviles con alto cilindraje; Ecuador es ejemplo en integración de policías comunitarias y en recuperación de bienes naturales, cuyos recursos destina a combatir la miseria poblacional.

O sea que modelos existen, lo que no hay es voluntad política para cambiar, arriesgando que el río crezca tanto que sea imposible cruzarlo y entonces, entonces sí, vivamos el zoológico de verdad.

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