miércoles, 24 de agosto de 2011

Nuevas relaciones laborales



Radio Progreso

“Salgo oscurito antes de las 4 de la madrugada y regreso casi de noche. Ganar esos 95 lempiras aquí nos cuesta muchos sacrificios, aquí la meta del día para quienes trabajamos en campo es limpiar 8 surcos diarios y eso es bastante, una termina sin fuerzas, y todo porque no tenemos otras oportunidades”.

Estas son las condiciones laborales que a diario enfrentan las trabajadoras de la zona sur del país, quienes laboran en la industria melonera y camaronera. El mismo modelo implementado desde los años 90 en las maquilas, se repite en esta industria que hace que hombres y mujeres laboren entre 10 y 12 horas bajo sol. Y en condiciones y sueldos comparados a los de hace varias décadas.

El cultivo del melón es estacionario, una modalidad de trabajo temporal. El periodo en que se intensifica la labor de cultivo se conoce como “zafra” la que tiene una duración de seis meses.

En esta industria la mayoría de empleados son jóvenes entre 18 a 21 años, trabajadores que desconocen de seguridad social, de salario mínimo y condiciones adecuadas donde pueden desarrollar su ocupación. La situación empeora en el caso de las mujeres, las cuales comienzan su jornada de trabajo en horas de la madrugada, puesto que antes de salir a los cultivos tienen que hacer los quehaceres del hogar y encargarse del cuido de sus hijos e hijas.

La situación de estos jornaleros es un claro ejemplo de la precarización laboral que afecta la vida de miles de mujeres, hombre, niños y niñas. Las grandes corporaciones y multinacionales que exportan millones y millones de cajas de melón hondureño a Estados Unidos y Europa se escudan al no contratar directamente al personal. Hacen uso de terceras personas librándose de toda responsabilidad. A esto se suma que estas empresas son exoneradas en el pago de sus impuestos, lo que empeora la situación de los trabajadores y trabajadoras.

Sabemos que estas violaciones que enfrentan trabajadoras de la zona sur con el cultivo del melón y camarón se repite en la maquila, en el comercio informal, con las mujeres que trabajan en la elaboración de artesanías en el departamento de Santa Bárbara, en la industria de la caña de azúcar y en muchos lugares más. Un empleo así convierte a nuestra gente en un pueblo a quien se le arrebata su dignidad. La gente de Honduras necesita empleo, pero en el marco de un nuevo pacto social, en el cual a nuestros compatriotas trabajadores se les trate como seres humanos, y con un empleo que les proporcione las condiciones para vivir de forma digna, y no únicamente para seguir explotándolos y seguir privilegiando el capital.